Opinión desde acá

por Marlon Hernández-Anzora, Sin correcciones políticas

 

Marlon Hernández-Anzora
Politólogo

La esquina: reencuentro y reconciliación

No escucho a los candidatos de esta campaña hablar de dos grandes hechos que nos han marcado como nación: la migración y la violencia. No encuentro sus ideas sobre dos políticas de Estado que necesita urgentemente un país desangrado y en diáspora: políticas de reconciliación y políticas de reencuentro.

Hace unas semanas me agregaron a un grupo de WhatsApp que tiene por nombre La Esquina. No tuvieron que explicarme para comprender inmediatamente todo el sentido que tenía su nombre. En el grupo están agregados quienes conforman esa hermandad que solo se da en los tiempos de la infancia y la adolescencia, y que para nuestro caso –como el de muchos jóvenes salvadoreños– tenía como escenario la esquina de la colonia. La nuestra, la colonia Escalante, de Ilopango.

No voy a profundizar en estadísticas. Basta decir que la amplia mayoría de ese grupo ya no vive en El Salvador. Fueron parte de la diáspora entre finales de los noventas y principios del siglo XXI. Cuando alcanzamos la edad económicamente activa, el paraíso que presentaban en las cumbres internacionales los presidentes Francisco Flores y Antonio Saca no estaba para nosotros.

El lado más amplio y feo de la política neoliberal que gobernó los años noventa nos expulsó de los adoquines de nuestra colonia. La esquina donde pasamos tantas tardes y noches inolvidables se quedó sola. Y así, como la nuestra, se quedaron muchas otras, quizá cientos o miles, en aquel El Salvador de los tan mentados 20 años.

Muchos ahora tienen la solvencia económica para regresar a vivir cómodamente a las comunidades que un día dejaron, pero estas se han vuelto brutalmente hostiles. Además, en la mayoría de casos, ya quedan muy pocos, casi nadie, de quienes conformaron su comunidad. De hacerlo, volverían a un lugar extraño. En ese sentido, los migrantes salvadoreños, como genuinos Odiseos, parecen estar condenados a no poder volver.

Por eso decidí escribir esta columna, porque no escucho a los candidatos de esta campaña hablar de dos grandes hechos que nos han marcado como nación: la migración y la violencia. No encuentro sus ideas sobre dos políticas de Estado que necesita urgentemente un país desangrado y en diáspora: políticas de reconciliación y políticas de reencuentro.

El reencuentro en dos sentidos: políticas para el retorno (reencuentro) y políticas para la construcción de espacio público (encuentro). Las políticas de retorno, con dos grandes aristas: las políticas para aquellos que pueden y quieren regresar por su propia voluntad (para vivir su retiro acá, comenzar un negocio, etcétera), y las políticas para el tratamiento de los deportados. Dentro de estas últimas, medidas urgentes para el recibimiento de aquellos que migraron por violencia.

Además, políticas para la construcción de espacio público, pues ya no nos quedan muchos para encontrarnos como comunidades, ni siquiera aquellas esquinas. Necesitamos espacios para encontrarnos como nación y procesos para reconciliarnos, o talvez sería más preciso hablar de procesos para conciliarnos por primera vez en nuestra historia. Una reconciliación que nos aleje de esa nación que huye constantemente de sí misma y que construye monstruos a su imagen y semejanza.

Si queremos que El Salvador sea viable necesitamos implementar políticas de reconciliación para superar el conflicto de los ochentas y el que vivimos hoy: procesos de justicia restaurativa; diálogos para la pacificación, que incluyan a las víctimas y las autoridades, pero también a aquellos actores violentos que controlan a las comunidades; procesos de desistimiento masivo de la vida violenta asociada la pandilla; depuración de la policía, del ejército y del sistema judicial; transformación del sistema penitenciario; recuperación de la memoria histórica; reparación simbólica y económica para las víctimas, entre otras medidas.

Necesitamos reconstruir nuestras esquinas, como metáforas de la sociedad salvadoreña actual. Esas esquinas de jóvenes que se tuvieron que ir, por necesidad, por miedo o por ambas. Propiciar sus reencuentros es cuestión de Estado.

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  • 28 octubre, 2018 / Opinión desde acá de Marlon Hernández-Anzora  (SÉPTIMO SENTIDO)

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