Electrónicos para el hogar cada vez más vivos… y metidos

Críticas a la tecnología. Algunas personas afirman que los electrónicos inteligentes “son una droga poderosa que ayuda a la gente a olvidarse del hecho de que la están espiando”.

Va a llegar el día en que encontrar un horno que simplemente cocina sus platos preferidos va a resultar tan difícil como dar con un televisor en el que solo hay que cambiar de canal.

La tecnología conectada a la internet está en todos lados: automóviles, refrigeradoras, termostatos, juguetes y todo lo que hay en su casa. Los últimos productos, incluido un horno que se coordina con sus recetas y un inodoro que se activa con un comando hablado son exhibidos esta semana en una feria electrónica en Las Vegas.

Y con cada aparato adicional que llega a su casa, las empresas pueden reunir más detalles de su vida diaria, que pueden ser usados para que otros productos se enfoquen en usted de una forma mucho más precisa que si la única fuente de datos es su teléfono multiusos.

“Es una vigilancia descentralizada”, dijo Jeff Chester, director ejecutivo del Centro para la Democracia Digital, organismo de Washington que promueve la privacidad digital. “Vivimos en un mundo en el que estamos atados a un servicio en línea que furtivamente recaba información sobre nosotros”.

Los consumidores, no obstante, parecen felices con todos estos productos. La firma de investigaciones IDC calcula que en 2022 se venderán 1,300 millones de estos aparatos en todo el mundo, dos veces lo que se vendió en 2018.

Las empresas dicen que dan a estos aparatos esas funciones no para husmear en la vida de los demás sino por conveniencia, aunque Amazon, Google y otras firmas pueden usar la información que reúnen para ofrecer servicios y publicidad hechos a la medida de una persona.

“Es una vigilancia descentralizada”, dijo Jeff Chester, director ejecutivo del Centro para la Democracia Digital, organismo de Washington que promueve la privacidad digital. “Vivimos en un mundo en el que estamos atados a un servicio en línea que furtivamente recaba información sobre nosotros”.

Whirlpool, por ejemplo, está ensayando un horno con una puerta con imágenes. El cocinero podrá ver lo que hay adentro, y el vidrio puede mostrar el sitio ideal para colocar el pavo.

El horno puede a su vez sincronizarse con su calendario digital y recomendar recetas dependiendo del tiempo que tiene para cocinar. Puede ayudar a coordinar varias recetas de modo que no cocine de más los acompañantes, si se enfoca demasiado en el plato principal. Una cámara adentro del horno permite ver de cerca si el queso de la lasaña se ha dorado lo suficiente sin necesidad de abrir la puerta del horno.

En cuanto al inodoro, el Numi de Kohler responderá a comandos hablados para subir o bajar la tapa, o para vaciar el inodoro. Y también lo puede hacer desde una aplicación. La firma dice que el objetivo es ofrecer opciones que no impliquen el uso de las manos en un entorno muy personal. El inodoro se calienta y puede ofrecer música y noticias a través de parlantes.

Predicciones. Se calcula en 2022 se venderán 1,300 millones de estos aparatos inteligentes en todo el mundo, el doble de lo que se vendió el año pasado.

Kohler tiene, además, una bañadera que ajusta la temperatura del agua según sus preferencias y una canilla de cocina que suelta la cantidad justa de agua para su receta.

El consumidor no pide estas funciones, pero las empresas “tratan de ser innovadoras y ofrecer cosas que los clientes ni saben que necesitan”, según dice el portavoz de Samsung Louis Masses.

Whirlpool dice que el simple hecho de observar cuántas veces una persona abre el horno para ver cómo va la comida, y deja escapar el calor, suministra datos útiles.

Samsung tiene varios productos que responden a comandos hablados, incluido un refrigerador que tiene una aplicación que permite ver lo que hay adentro mientras uno está en el supermercado. Y este año está ofreciendo máquinas de lavar ropa que alertan al televisor cuando la ropa está lista.

Otras funciones que ofrecen los aparatos conectados a la web:

–una caña de pescar que permite armar un mapa en línea de los sitios donde atrapó más peces

–un cepillo de dientes que recomienda dónde cepillar más

–un aerosol aromático que permite controlar cómo huele su casa desde una aplicación de su teléfono.

Ya hay en el mercado productos como cámaras de seguridad, cerraduras y termostatos conectados a la internet. Estos últimos permiten ajustar la temperatura de la casa automáticamente desde cualquier sitio.

Realidad Virtual.

Chester sostuvo que el consumidor a menudo se siente impulsado a comprar estos aparatos porque el vecino ya los tiene y no quiere ser menos. Los electrónicos “son una droga poderosa que ayuda a la gente a olvidarse del hecho de que los están espiando”.

Los aparatos que responden a comandos hablados no transmiten información alguna a los servidores de las firmas hasta que alguien usa palabras como “Alexa” o “OK Google“. Pero a veces captan mal conversaciones inocuas que consideran comandos legítimos y pueden divulgar conversaciones privadas.

Incluso cuando funcionan bien, los comandos pueden ser almacenados indefinidamente y las empresas pueden usar la información para ofrecer experiencias, y avisos, a la medida. Las conversaciones, por otro lado, pueden ser grabadas y captadas por un háker o surgir de la nada en juicios o investigaciones.

Saber lo que cocina uno o lo que tiene en la nevera puede parecer inocuo. Pero si las aseguradoras obtienen esa información, pueden cobrar más porque uno tiene una dieta poco saludable, por ejemplo, según Paul Stephens, de Privacy Rights Clearinghouse de San Diego. También se puede descifrar el origen étnico de una persona a partir de lo que consume.

Los fabricantes destacan las cosas positivas, como el hecho de que la cantidad de agua usada en una canilla permite a una aplicación de Kohler ofrecer información útil acerca de cómo se consume el agua en una casa.

El consumidor puede desactivar estas funciones o simplemente no comprar estos productos.

“Soy un firme creyente en la noción de que cuanto más sencillo, mejor. Si no necesita estos aparatos llenos de funciones nuevas, no los compre”, dijo Stephens. “¿Necesitas realmente una nevera que lleva la cuenta de todo lo que tienes y te avisa si te estás quedando sin leche?”.


*Los reporteros Joseph Pisani, Matt O’Brien (ambos desde Las Vegas) y Frank Bajak (Boston) colaboraron en este despacho.

Crisis de los opioides se siente con fuerza en Puerto Rico

Adicción mortal. La crisis de opioides mató a 48,000 personas en Estados Unidos el año pasado.

José Carlos Laviena vació sus bolsillos, se quitó los zapatos y esperó la muerte.

Se acababa de inyectar un nuevo tipo de heroína que le recomendó su abastecedor y la sensación fue tan intensa que Laviena pensó que había incurrido en una sobredosis. El hombre de 35 años dio por sentado que se moriría y planeó la forma en que quería que encontrasen su cadáver.

“Es algo que de verdad es súperfuerte“, comentó, aludiendo a lo que cree fue una heroína mezclada con fentanilo. “Esa vez sentí la muerte”.

La experiencia casi fatal de Laviena en un vagón abandonado en el sudeste de Puerto Rico es uno de varios indicios de que la isla no se ha librado de la crisis de opioides que estremece a Estados Unidos, y el problema parece haber aumentado como consecuencia del devastador huracán María.

Al Gobierno le cuesta salir adelante y no ha solicitado a Estados Unidos millones de dólares, que según activistas, hubieran podido salvar vidas.

En 2017 se reportaron más de 600 sobredosis que incluyeron fentanilo y 60 muertes, la mayoría de ellas antes del paso del huracán. Esa cifra representa un fuerte aumento respecto las 200 sobredosis y ocho muertes del año previo. Si bien es una crisis menos severa que la de algunos estados estadounidenses, activistas y expertos dicen que el problema parece estar expandiéndose rápidamente a medida que aumenta el uso de fentanilo, un opioide al que se atribuye buena parte del problema en Estados Unidos.

La Administración de Control de Drogas de Estados Unidos y organizaciones locales sin fines de lucro dicen que la información oficial no refleja el verdadero alcance de la situación, porque el Gobierno de la isla no lleva una cuenta apropiada de las muertes y las sobredosis.

A pesar de todo esto, este territorio estadounidense nunca solicitó al Congreso un fondo de $7.8 millones disponibles para tratar a la gente. El dinero fue repartido entre otros estados.

“Es absurdo. Es un dinero muy necesario”, expresó Carmen Dávila, enfermera que asiste a drogadictos en zonas rurales de Puerto Rico. Dávila teme que la cantidad de sobredosis aumente y pone en duda la cifra de 612 sobredosis reportadas por el Gobierno el año pasado. “Yo diría que, siendo conservadora, es tres veces más que eso basado en los testimonios de personas que hemos servido”.

Julissa Pérez, portavoz de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción de Puerto Rico, dijo que era muy difícil para esa pequeña dependencia –escasa de personal debido a recortes presupuestarios– solicitar el dinero al tiempo que coordina el trabajo usando programas y fondos previos.

“Estoy sumamente preocupado, porque representa una epidemia no reconocida”, declaró el senador local José Vargas Vidot, un médico que ha asistido por años como voluntario a los drogadictos de la isla. “Nunca en 30 años que llevo en las calles había visto cómo en un solo sector, en una sola calle, murieran tres a cuatro personas semanales… Cambió exageradamente el panorama después de María”.

Vargas dijo que la fuerte presencia policial en la isla después del paso del huracán de categoría 4, el 20 de septiembre de 2017, combinada con una prolongada parálisis de todos los medios de transporte usados por los traficantes, obligó a los vendedores a sustituir la heroína importada con fentanilo, que estaba disponible en los hospitales porque es producido en Puerto Rico. Indicó que a él y otros médicos les llegó información de que los delincuentes estaban amenazando al personal de los hospitales con lastimarlos o incluso matarlos, si no les entregaban el fentanilo.

Muchos pacientes, por otro lado, no tuvieron acceso a servicios médicos básicos por semanas tras el paso del huracán y las farmacias empezaron a vender la droga sin recetas médicas en un gesto humanitario, según dijo. En medio de todo esto, se exacerbaron los trastornos mentales debido a María, y hubo personas que tuvieron que esperar un año para que se restableciese el suministro de agua y electricidad.

“Hubo un boom de trastornos de ansiedad y de suicidios”, manifestó Vargas. “Todas esas cosas contribuyeron a que el fentanilo y otras drogas estuvieran mucho más de moda”.

Además del fentanilo producido en la isla, las autoridades dicen que está circulando una versión menos controlada traída de contrabando de China y la India, la cual es mezclada con heroína e incluso con cocaína y marihuana. Las autoridades informaron de una serie de sobredosis en Mayagüez, en la costa occidental, seguida de más sobredosis en una cárcel vecina en Aguadilla. De allí, afirman los activistas, se expandió el uso de fentanilo ilegal y de otros opioides a todas las ciudades, incluida la capital.

En Humacao, al sudeste, un grupo de adictos a la heroína y la cocaína se reunieron recientemente en torno a una mesa de plástico en una casa abandonada y se inyectaron entre sí. Uno de ellos se puso un dedo en la boca y sopló hacia afuera, haciendo que se agrandase la vena del cuello para poder inyectarse. En la mesa había decenas de agujas sucias, pequeñas botellas de agua y calentadores (cookers).

Personal de un programa de intercambio de agujas, llamado Intercambios Puerto Rico, se acercó al grupo, recogió las agujas usadas y colocó un pedazo de papel en un par de cookers. Minutos después apareció una raya roja, indicio de que se había detectado la presencia de fentanilo.

El director del programa, Rafael Torruella, aseveró que notó un aumento en las sobredosis después del paso de María y que su organización empezó a hacer análisis en los calentadores en busca de fentanilo. Ahora casi todos dan positivo.

Laviena fue uno de los adictos que encontraron los trabajadores sociales ese día. Dejó allí 140 agujas usadas, recogió cookers limpios y luego de una pausa relató su experiencia casi fatal antes de desaparecer del lugar.

“En Puerto Rico se habla bien poco de este problema, como si no existiera”, dijo Torruella, quien instruye además a personal de servicios de emergencia sobre cómo tratar a una persona con una sobredosis. “El fentanilo está aquí y hay que hacer algo al respecto”.

Eso no es sencillo en una isla sumida en una recesión que ya lleva 12 años, con fuertes recortes presupuestarios forzados por la bancarrota del Estado.

“Estoy sumamente preocupado, porque representa una epidemia no reconocida”, declaró el senador local José Vargas Vidot, un médico que ha asistido por años como voluntario a los drogadictos de la isla. “Nunca en 30 años que llevo en las calles había visto cómo en un solo sector, en una sola calle, murieran tres a cuatro personas semanales… Cambió exageradamente el panorama después de María”.

La Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción de Puerto Rico confirmó 40 muertes por fentanilo hasta marzo de este año, pero no se pudo confirmar otras posibles 75 ocurridas desde entonces por recortes presupuestarios.

“Ahora mismo tenemos serias limitaciones”, expresó Suzanne Roig, quien supervisa la agencia.

A las autoridades les preocupa la legalidad de los analgésicos recetados. El gobernador, Ricardo Rosselló, dispuso un estado de alerta el año pasado relacionado con las sobredosis, y dijo que el Gobierno estaría pendiente del uso de opioides legales como el fentanilo y la hidrocodona. En los siete meses que pasaron desde entonces, las autoridades contabilizaron unas 60 recetas por cada 100 personas. Eso equivale a un año de empleo de esas drogas en todo Estados Unidos.

“Hay un gran problema de adicción a medicamentos legalmente obtenidos”, dijo Roig.

La crisis de Puerto Rico no alcanza los niveles epidémicos de Estados Unidos, pero las autoridades creen que puede llegar a equipararse en el futuro. La crisis de opioides mató a 48,000 personas en Estados Unidos el año pasado, 5,400 por sobredosis tan solo en Pensilvania, que tuvo las cifras más altas de todos los estados. Los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos dicen que el fentanilo fue responsable del mayor porcentaje de sobredosis fatales en 2016, seguido por la heroína y la cocaína.

Activistas se quejan de que Puerto Rico no ha respondido al problema con seriedad, y no solo porque no pidió fondos al gobierno federal.

Varios legisladores han promovido por más de dos años una medida que permitiría a personal no médico y no especializado en emergencias suministrar naloxona, que puede revertir las fallas respiratorias derivadas de las sobredosis de opioides. El senado isleño envió el año pasado un nuevo proyecto a un comité, donde languideció por meses.

Antes de la tragedia. En 2017 se reportaron más de 600 sobredosis que incluyeron fentanilo y 60 muertes, la mayoría de ellas antes del paso del huracán María.

La reportera de la Associated Press especializada en temas de medicina Carla K. Johnson colaboró en este despacho.

Una aldea de Guatemala llora a Felipe, el migrante de 8 años que murió

Fotografía de AP

Un pequeño altar con flores y veladoras yacía sobre una mesa dentro de la sencilla vivienda de madera en una remota región rural de Guatemala. Cerca de allí estaba un pequeño par de botas de hule, adecuadas para un niño de ocho años.

Pegadas a la pared había tres fotos acompañadas por un sencillo epitafio para el niño, cuya memoria se honraba con el improvisado altar: “Felipe Gómez Alonzo. Murió el 24 de diciembre de 2018 en Nuevo México, Estados Unidos”.
En Nochebuena, Felipe se convirtió en el segundo niño guatemalteco en un mes en morir bajo custodia de autoridades estadounidenses cerca de la frontera con México.

Los fallecimientos desataron críticas generalizadas hacia el presidente Donald Trump, que ha procurado responsabilizar de ello a sus rivales políticos, incluso mientras su secretaria de Seguridad Nacional prometía que se realizarán exámenes adicionales de salud a los niños migrantes detenidos.

En sus primeras declaraciones públicas sobre la muerte de estos dos niños guatemaltecos bajo custodia estadounidense, el presidente Donald Trump sostuvo que los dos pequeños migrantes ya estaban “muy enfermos” antes de que llegaran a la frontera, y le endosó la responsabilidad de sus muertes a los demócratas. Sin embargo, ambos niños pasaron los exámenes de salud iniciales de la Patrulla Fronteriza.

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UNA ALDEA LEJANA
En el poblado de Yalambojoch, donde vivía el niño, en el occidente de Guatemala, las consecuencias políticas en Estados Unidos de lo ocurrido parecían muy distantes y solo había una profunda tristeza por su muerte.

Los parientes dijeron que no tenían idea de que podría ocurrir una tragedia así. Ni habían oído hablar de las políticas estadounidenses por las que miles de niños migrantes fueron separados de sus padres a principios de este año.
“No tenemos televisión, no tenemos radio”, dijo Catarina Gómez, hermana de Felipe. “No sabíamos que había pasado antes”, agregó, refiriéndose a que desconocían que otros niños migrantes ya habían muerto.
La aldea, situada sobre una planicie y rodeada de espectaculares montañas llenas de pinos verdes, es un sitio de pobreza aplastante y falta de oportunidades. Solo hay una pequeña escuela, no es posible transitar por las calles de tierra en época de lluvias y las viviendas son rudimentarias, sin pisos adecuados, agua ni electricidad.

En la comunidad habitan familias que huyeron a México durante los años más sangrientos de la guerra civil de Guatemala, de 1960 a 1996, pero regresaron tras la firma de los Acuerdos de Paz. No hay empleos, y la gente vive exiguamente de la agricultura de subsistencia y el comercio local. Los residentes dicen que el Gobierno guatemalteco ha permanecido impávido ante su sufrimiento, queja que puede escucharse en otros poblados pobres del país.

Catarina dice que desde hace algunos años en la comunidad “todos empezaron a irse a Estados Unidos”, tanto que un proyecto local para mejorar la educación, financiado con cooperación sueca, dejó de funcionar porque ya no había jóvenes a quienes darles clases.

“No tenemos televisión, no tenemos radio”, dijo Catarina Gómez, hermana de Felipe. “No sabíamos que había pasado antes”, agregó, refiriéndose a que desconocían que otros niños migrantes ya habían muerto. La aldea, situada sobre una planicie y rodeada de espectaculares montañas llenas de pinos verdes, es un sitio de pobreza aplastante y falta de oportunidades. Solo hay una pequeña escuela, no es posible transitar por las calles de tierra en época de lluvias y las viviendas son rudimentarias, sin pisos adecuados, agua ni electricidad.

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LLUVIA DE CRÍTICAS
Los demócratas criticaron a Trump por tuitear que las políticas de inmigración demócratas fueron las responsables de las muertes. En tanto, la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, visitó a autoridades médicas de la Patrulla Fronteriza en Arizona y Texas, en medio de promesas de exámenes de salud adicionales para los niños migrantes.

El comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus iniciales en inglés), Kevin McAleenan, dijo la semana pasada que antes de diciembre, ningún niño había muerto bajo la custodia de la CBP en más de una década.

McAleenan incluso pidió una “solución multifacética” a la crisis de la inmigración, que incluya no solo una mejor seguridad fronteriza y nuevas leyes de inmigración, sino también más ayuda a los países centroamericanos de los que muchos de los inmigrantes han huido. Esto se contradice con un reciente tuit de Trump, en el que amenazó con cortar la ayuda a El Salvador, Guatemala y Honduras.

“Creo que el anuncio del Departamento de Estado de un aumento sin precedentes de la ayuda es un gran paso adelante”, dijo McAleenan en el programa “This Week”, de la cadena ABC. “Hay destellos de esperanza tanto en seguridad como en el frente económico en América Central. Necesitamos fomentar eso y ayudar a mejorar las oportunidades de quedarse en casa”.

El Gobierno de El Salvador, por su parte, rechazó las afirmaciones de Trump de que no hace lo suficiente para frenar la migración hacia Estados Unidos. El país centroamericano informó que ha realizado mejoras económicas y sociales para atacar las raíces del fenómeno migratorio.

En un comunicado, el Gobierno salvadoreño informó que ha realizado una campaña en medios de comunicación, y ha hecho constantes llamados a la población a no arriesgar sus vidas y las de sus familias, especialmente si se trata de niñas, niños y adolescentes. Afirmó que la migración en el país ha caído considerablemente.

Luto y tristeza. Mateo Gómez, de seis años, es hermano de Felipe, de ocho, el niño guatemalteco que murió mientras estaba bajo custodia de autoridades estadounidenses.

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SIN NADA
Fueron la pobreza extrema y la falta de oportunidades las que impulsaron al padre de Felipe, Agustín Gómez, a decidir que él y el niño partirían rumbo a Estados Unidos. Otros integrantes de la comunidad ya habían podido cruzar la frontera estadounidense con niños, y pensó que tendrían la misma suerte.

Felipe fue elegido por ser el hermano varón más grande. Nadie pensó que el trayecto fuese peligroso.
“No pensé, porque ya varias familias se han ido y llegaron; pensé que iba a ser lo mismo”, dijo Catarina Alonzo, la madre de Felipe, en su lengua indígena chuj porque no habla español. Su hijastra funge como intérprete. Su localidad se ubica en el municipio de Nentón en la provincia de Huehuetenango, a unos 400 kilómetros al oeste de la Ciudad de Guatemala.

Felipe estaba sano cuando partieron, afirma su familia. La última vez que su madre habló con él, un día antes de que lo detuviera la Patrulla Fronteriza, le dijo que estaba bien, que había comido pollo y que la siguiente vez que hablaran la llamaría desde Estados Unidos.

Pero la llamada que entró fue la de su marido el día de Navidad para decirle que Felipe había muerto la víspera.
Ambos habían sido aprehendidos una semana antes, el 18 de diciembre, cerca del puente Paso del Norte que comunica a El Paso, en Texas, con Ciudad Juárez, en México, según funcionarios fronterizos. Padre e hijo fueron detenidos en el centro de procesamiento del puente y luego en la oficina de la Patrulla Fronteriza en El Paso, antes de ser transferidos el 23 de diciembre a unas instalaciones en Alamogordo, Nuevo México, a unos 145 kilómetros (90 millas) de distancia.

Después de que un agente se percató que Felipe estaba tosiendo, padre e hijo fueron transportados a un hospital en Alamogordo, donde al niño se le diagnosticó resfriado, con fiebre de 39.4 grados centígrados (103 Fahrenheit), señaló la CBP.

Felipe quedó en observación durante 90 minutos, se le recetó amoxicilina e ibuprofeno, dijo la CBP, y se le dio de alta. Pero horas después se sintió mal y reingresó al hospital. Falleció poco antes de la medianoche del lunes.

Entre los pobladores que lamentaban la muerte de Felipe estaba su amigo Kevin, de siete años. Dos días antes de que Felipe se fuera, se pelearon. “Andaban llorando porque se habían peleado”, dijo Catarina, la hermana de Felipe. “Luego mi hermanito se fue”. Cuando Kevin llegó a buscar a su amigo, este ya no estaba. Kevin ya sabe que el niño se murió, explican sus familiares.

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EN REDES
El presidente Trump se refirió por primera vez en tuits al deceso de Jakelin Caal, una niña guatemalteca de siete años que murió el 8 de diciembre, y el fallecimiento de Felipe.

La CBP emitió detallados comunicados sobre los decesos de ambos niños. Una inspección inicial a Jakelin “no reveló evidencia de problemas de salud”, dijo la CBP el 14 de diciembre. No fue sino varias horas después que el padre de Jakelin, Nery Caal, les informó a los agentes que ella estaba “enferma y vomitando”, dijo la dependencia. Abogados de la familia Caal también han negado las afirmaciones de que Nery “no le dio agua en varios días”, como escribió Trump.

La CBP dijo que los agentes realizaron 23 inspecciones a Felipe y su padre durante los primeros dos días que estuvieron detenidos. El padre de Felipe, Agustín Gómez, dijo a un funcionario guatemalteco que el niño comenzó a presentar síntomas la mañana del lunes, el día en que murió.

A pesar de la declaración de Trump de que los demócratas eran responsables por sus “patéticas” políticas migratorias, al menos una de las leyes que su gobierno culpa –una legislación que impide la deportación inmediata de niños sin compañía de un adulto provenientes de países centroamericanos– fue promulgada en 2008 por el presidente republicano George W. Bush.

Los demócratas criticaron los tuits del presidente: “Manchó el recuerdo de Jakelin y volvió a traumar a su familia propagando mentiras de las causas de su muerte”, dijo el representante federal por Texas, Joaquín Castro.
Las declaraciones de Trump el fin de semana pasado ocurrieron el mismo día en que la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, visitaba Yuma, Arizona, donde se reunió con funcionarios fronterizos y personal médico. A través de un comunicado, informó que “el sistema evidentemente está rebasado y debemos trabajar juntos para atender esta crisis humanitaria y proteger a las poblaciones vulnerables”. Llamó al Congreso a “actuar con urgencia”.

Desolada. Para María Gómez, tía de Felipe, no hay consuelo. Solo una profunda tristeza por la muerte del sobrino de ocho años.

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LAS CAUSAS
La autopsia mostró que Felipe tenía influenza, señalaron autoridades de Nuevo México, pero es necesario efectuar más exámenes antes de que pueda definirse de qué murió.

La otra niña guatemalteca, Jakelin Caal de siete años, mostraba síntomas de sepsis, una serie de anormalidades de diversa índole en el cuerpo humano relacionadas con una infección, según las autoridades.

Kevin McAleenan, comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, exhortó a que se implemente una “solución multifacética” a la inmigración, incluida no solo una mejor seguridad fronteriza y nuevas leyes migratorias, sino también más ayuda a los países centroamericanos de los que salen los migrantes.

Refiriéndose a la promesa estadounidense efectuada a principios de diciembre de destinar $5,800 millones para ayuda al desarrollo en América Central, McAleenan consideró que se trata de “un enorme paso adelante”.

“Hay indicios de recuperación tanto en el frente de seguridad como en el económico en Centroamérica. Necesitamos impulsar eso y ayudar a mejorar las oportunidades para quedarse en casa”, declaró a la cadena ABC.

El alcalde de El Paso, Dee Margo, dijo que se reunió con Nielsen e informó que está de acuerdo con ella en que las políticas migratorias están “fracturadas”. “El Paso lidia con los síntomas como resultado de la falta de fortaleza en Washington, en ambos lados, para lidiar con nuestras políticas migratorias”, dijo Margo, un republicano.

Felipe y Agustín Gómez fueron aprehendidos por agentes fronterizos el 18 de diciembre cerca del puente Paso del Norte –que conecta El Paso con Ciudad Juárez, en México–, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus iniciales en inglés). Ambos estuvieron detenidos en el centro de procesamiento del puente y luego en la oficina de la Patrulla Fronteriza en El Paso, hasta que alrededor de la 1 de la madrugada del domingo fueron trasladados a unas instalaciones en Alamogordo, Nuevo México.

Recuerdos. En la casa que habitaba, ahora hay una especie de altar con las fotos de Felipe.

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EL LUTO
Afuera de la casa de los Gómez en Yalambojoch, se reunieron varias mujeres que vestían faldas de lavanda decoradas con los intrincados patrones utilizados en la ropa indígena de la región. Coloridas mantas colgaban en un tendedero sobre el terreno lodoso.

Pegados a la puerta estaban también unos dibujos que Felipe hizo en la escuela. Uno mostraba un globo azul con un hilo verde; en el otro, un caballo blanco saltaba una cerca y en el fondo brillaba un sol amarillo en un cielo anaranjado.

Entre los pobladores que lamentaban la muerte de Felipe estaba su amigo Kevin, de siete años. Dos días antes de que Felipe se fuera, se pelearon.
“Andaban llorando porque se habían peleado”, dijo Catarina, la hermana de Felipe. “Luego mi hermanito se fue”.
Cuando Kevin llegó a buscar a su amigo, este ya no estaba. Kevin ya sabe que el niño se murió, explican sus familiares.

Tratando de contener las lágrimas, Catarina Alonzo cuenta que su hijo le hizo algunas promesas antes de irse, como que cuando fuera un adulto trabajaría para mandarle dinero. Felipe también quería comprarle un celular para que ella pudiera ver imágenes.

En aquel momento solo esperaba dos cosas: que le devolvieran cuanto antes el cadáver de su hijo para poder sepultarlo, y que le permitan a su esposo quedarse en Estados Unidos porque aún tiene una deuda que pagar y otros hijos que mantener.

El consulado guatemalteco en Phoenix ha dicho que Agustín Gómez fue puesto en libertad con un permiso especial humanitario, el cual le permite estar en territorio estadounidense por ahora. Mientras, el cadáver de Felipe fue repatriado y ya descansa cerca de la aldea de la que salió con la esperanza de tener más oportunidades.

Sin oportunidades. Durante los años del conflicto armado, los habitantes de Yalambojoch huyeron hacia México. Regresaron tras la firma de los Acuerdos de Paz. Ahora, poco a poco, están volviendo a irse, esta vez, más al Norte.

Cincuenta personajes dicen qué fue lo mejor de la cultura en 2018

Lo mejor de la cultura en 2018

“Roma”, una épica sentimental

“Mi obra de arte de este año es la película ‘Roma’, de Alfonso Cuarón, espléndido viaje indagatorio hacia la vida de infancia en la colonia Roma de la Ciudad de México del comienzo de los años setenta del siglo XX, hermoso lienzo hiperreal en blanco y negro que asombra por la fidelidad a los escenarios y por el tono de dramatismo sostenido y contenido del relato que deja de ser doméstico para volverse épico. Una épica sentimental. Un gran director, una gran película”.

Sergio Ramírez, escritor nicaragüense

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“‘Roma’ es la película más personal del director mexicano Alfonso Cuarón, y varios coincidimos en que también es la mejor de su carrera y que, definitivamente, es una obra maestra. Aunque la pude ver desde septiembre en el festival internacional de cine de Toronto (Canadá), apenas está haciendo su poco convencional paso por salas de cine, gracias a que Netflix accedió a presentarla en pantalla gigante (como merece ser admirada), antes de publicarla en su plataforma digital. La discusión sobre ‘Roma’ ha girado principalmente en torno a la consagración de su autor o a la pelea entre distribuidores de cine convencionales y los de la era digital, pero no se nos olvide que, ante todo, se trata de un emotivo viaje a nuestra niñez, cuando los problemas de los adultos nos resultaban ajenos, gracias al halo de protección con el que nos cubrían esas señoras que se encargaban de los quehaceres domésticos en nuestros hogares y que desarrollaban vínculos emotivos no siempre correspondidos. Con ‘Roma’, Cuarón rinde homenaje a su nana y –sin quererlo– a mujeres que en nuestras vidas representaron el amor más puro y desinteresado”.

Juan Carlos Arciniegas, periodista colombiano, presentador en CNN

Roma

“El testigo”

“Me impresionó el poder de la imagen en la exposición ‘El testigo’, de Jesús Abad Colorado. Fotos muy conmovedoras que me hicieron sentir el horror vivido en Colombia durante este interminable conflicto. Interminable porque esas fotos nos hacen ver que el conflicto no ha acabado y nos llevan a pensar en la necesidad urgente de buscar caminos que conduzcan a la paz y a la reconciliación definitiva”.
Sergio Cabrera, director de cine colombiano

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“La exposición de fotografías en el Claustro de San Agustín, en Bogotá, de Jesús Abad Colorado, quien con su cámara ha registrado todas las formas del horror en la espiral de violencia que ha vivido este país en las últimas décadas. Es imposible permanecer indiferente al observar esas imágenes, crudas y sensibles a la vez, y que son una invitación a reflexionar sobre la importancia de la reconciliación en nuestra
sociedad”.
Vladdo, caricaturista colombiano

“El caso Sparsholt”

“Este año he leído toda la obra del escritor inglés Alan Hollinghurst. Lo que se presenta en estos libros es un panorama de la vida gay desde la Primera Guerra Mundial hasta hoy. Son libros que combinan una franqueza sexual muy contemporánea con los placeres clásicos del romance inglés; tramas complicadas, personajes complejos, escenarios tradicionales: internados, mansiones señoriales, barrios bohemios, reuniones políticas. Su más reciente novela, ‘El caso Sparsholt’, aún no ha sido traducida al español. Ojalá llegue pronto”.
Benjamin Moser, escritor estadounidense

Una ceremonia maya

“En el páramo barrido por el viento de la cumbre llamada Alaska, a unos tres mil metros sobre el nivel del mar, un numeroso grupo de mujeres, hombres y niños se han reunido para conmemorar la matanza de varios miembros de las comunidades mayas que protestaban contra el gobierno central ocurrida aquí hace seis años. A orillas de la carretera Panamericana, los rezadores y contadores de los días han consagrado un gran altar circular hecho de ramos de flores, bolas de incienso y velas de varios colores. Más de cien personas que ostentan varas de autoridad mayas se ordenan en círculos concéntricos alrededor del fuego santo, mientras, los principales empiezan a orar. Un humo con olor religioso se arremolina sobre turbantes, capas y sayos de colores, y los muertos son invocados una y otra vez. Recibo una impresión de fuerza espiritual que no esperaba. Pienso: ningún diario hablará de esta ceremonia, que es un acto de magia. Mientras duren las oraciones y arda el fuego las víctimas de la matanza estarán vivas. Y volverán a vivir cada vez que los rezadores invoquen sus nombres”.
Rodrigo Rey Rosa, escritor guatemalteco

“La belleza del universo”

“Este libro anuncia ‘las grandes cuestiones de la física como nunca te las habían contado’. Y efectivamente es eso: una narración para no expertos, llena de anécdotas y ejemplos divertidos. El autor es el alemán Stefan Klein, quien estudió física y filosofía analítica. Desde preguntas que parecen obvias, como por qué la noche es oscura, hasta si puede existir vida en otros planetas, son resueltas con una prosa sencilla, amena, sin dejar de lado reflexiones sobre la existencia misma de cualquier persona”.
Diego Garzón, periodista, director de la Feria del Millón

“Utopia Tour”

“Para mí lo mejor del año fue la gira de David Byrne. Reinventó la manera de presentar una banda de pop-rock en vivo. Creo que hay un antes y un después de un ‘Utopia Tour’ que pone patas arriba cualquier concepción previa sobre lo que debe ser un concierto. Un escenario desnudo, sin atriles ni amplificadores ni tarimas. Once músicos que en el escenario son también bailarines de una coreografía distinta para cada tema. Una puesta en escena minimalista que aprovecha todo el espacio y que permite crear una atmósfera distinta para cada canción. Es complicado compararlo con algo porque no se ha visto nada igual”.
Marc Caellas, director de teatro y escritor español

“Labranza arcaica”

“‘Labranza arcaica’, de Raduan Nassar. No solo la mejor novela que se ha publicado en castellano este año (aunque se escribió en portugués en 1975), sino la mejor que he leído en mucho tiempo. Esta alabanza del lenguaje, esta apoteosis prosística, nos adentran en una narrativa poética y virtuosa, de resonancias bíblicas y de turbulencias familiares”.
Alejandro Morellón, escritor español

Philip Kerr y su detective

“Lo mejor para mí de 2018, aparte de ver jugar a Lionel Messi, ha sido descubrir las novelas negras del autor inglés Philip Kerr. Su protagonista es un detective en la Alemania nazi llamado Bernie Gunther. Las historias son siempre amenas, tensas y deliciosamente bien escritas. Evoca la atmósfera de la época, en lo moral y en lo físico, con seductora autenticidad. Kerr acaba de morir. Gunther no morirá nunca”.
John Carlin, escritor británico

“All too human”

“Pude ver la exposición ‘All too human’ en la Tate Britain de Londres. Reunía a pintores del siglo XX británico que habían ampliado las posibilidades de la interpretación de la vida a su alrededor, con Bacon y Freud como figuras principales. Me emocionaron la belleza de los cuadros y la voluntad de estos genios de ir más allá de la representación naturalista, con el fin de capturar la humanidad de los sujetos pintados. Sentí que sus esfuerzos eran coincidentes con las búsquedas de la literatura, porque pusieron su foco en lo propiamente humano y en cómo sacarlo del enclaustramiento de la rigidez formal, los límites de la técnica y los estereotipos”.
Pablo Simonetti, escritor chileno

“María Magdalena”

“La película ‘María Magdalena’, dirigida por Garth Davis, me pareció una obra maestra que se convirtió ya en un clásico contemporáneo. La reivindicación de María de Magdala como la discípula número 13, la más cercana de todos, la más mística, la compañera que en realidad entendía la importancia de la misión del Maestro, convierte esta película en una revisión histórica que va más allá de la imagen de la Magdalena como la perdida, la pecadora o la prostituta. La actriz Rooney Mara le otorga al personaje una fuerza muy curiosa que la hace más humana, más cercana al espectador. Y el papel de Jesús, en manos de Joaquín Phoenix, es quizás el mejor de toda su carrera (al menos por ahora, antes de su rol como el Joker en el nuevo Batman). Un Jesús marginal, dotado de una dulzura estremecedora, que se recuesta junto a los enfermos y apestados para abrazarlos y sanarlos. Un Jesús contradictorio también, que sufre, que duda de su misión, que no sabe hasta qué punto su muerte sí redimirá a los demás de todos sus pecados. Definitivamente, este film, recién estrenado, es ya una obra de arte muy difícil de olvidar”.
Mario Mendoza, escritor colombiano

Hilma af Klint, en el Guggenheim

“La exposición de Hilma af Klint, en el Museo Guggenheim. Esta artista sueca nació a finales del siglo XIX y fue la primera pintora de obras abstractas. Se compara con artistas tan importantes como Kandinsky o Mondrian. Lo cierto es que ella hizo su obra antes que ellos, y esto hace que muchos pintores hayan sido influenciados por su trabajo. En mi opinión, es la mejor exhibición que se ha realizado este año. Ella había dicho que no quería que su obra fuera expuesta en ninguna galería, y ahora se conoce. Es un trabajo increíble. Para mí ha sido una revelación”.
Juan Montoya, diseñador colombiano

Dos libros de historia colombiana

“En medio de un país exaltado, casi adicto a los escándalos, incapaz de pensar objetivamente en sus problemas, quisiera resaltar como un hecho cultural del año el gran éxito de un libro académico: ‘Historia mínima de Colombia’, de Jorge Orlando Melo. Un libro exhaustivo, tranquilo, sin radicalismos, casi pudoroso, que muestra, entre otras cosas, la importancia de la geografía y el legado colonial en la historia de Colombia, nuestra excesiva ideologización y la paradoja de un país gobernado por letrados, pero siempre dispuesto a usar la violencia como instrumento para el cambio social”.
Alejandro Gaviria, economista y escritor colombiano

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“En el campo de la cultura, lo más significativo a mi parecer fue la publicación, con muy poca distancia temporal, de dos libros sobre historia de Colombia: ‘Historia de Colombia y sus oligarquías’, de Antonio Caballero; e ‘Historia mínima de Colombia’, de Jorge Orlando Melo. Me parece oportuno que estas reflexiones se presenten en el momento del posconflicto”.
Beatriz González, artista colombiana

Atwood, Münter y Smith

“Los superlativos son siempre muy difíciles y sobre todo para elegir lo mejor de la experiencia cultural de 2018. Así que voy a contar varios momentos culturales que disfruté enormemente. Uno de ellos en el Hay Festival, en Gales, con una charla maravillosa de Margaret Atwood, una gran autora y una gran conversadora llena de humor y humanidad. Mi exposición favorita fue una retrospectiva de Gabriele Münter, artista hasta recientemente olvidada del expresionismo alemán, en el Museo Louisiana, en Copenhague; me sorprendió la variedad de estilos y su consistencia a lo largo de toda su vida. Y el concierto-lectura de poemas de Patti Smith, en el Hay Festival Querétaro”.
Cristina Fuentes, directora del Hay Festival

Las mujeres que se pusieron de pie

“Lo mejor de la cultura este año, para mí, no fue un concierto, ni una serie de televisión, ni un libro, aunque hubo muchos artistas o escritores que me impresionaron o me enseñaron algo. Lo mejor fueron todas aquellas mujeres que se pusieron de pie, que encontraron una voz para denunciar la violencia y el abuso; todas las mujeres en Argentina o en Brasil, en Colombia o en Chile, que no aceptaron el papel que se les asignó, que hallaron formas de disidencia muy poéticas, muy creativas, que exigían sus derechos, exigían ser vistas como algo más que un objeto, que crearon un hecho político. Eso me encantó. Su coraje, su sentido del humor, su creatividad fueron inspiradores. A menudo la cultura es mal entendida como algo puramente centrado en el mundo artístico. Pero la cultura es la conversación social que tenemos entre nosotros acerca de quiénes queremos ser y cómo queremos vivir”.
Carolin Emcke, escritora y filósofa alemana

María Magdalena

Festival de Cine en Gibara

“El Festival Internacional de Cine de Gibara, en Holguín, Cuba. Este evento se hace cada año y en él se proyectan películas de todas partes del mundo, se hacen exposiciones de arte, obras de teatro, danza, y todas las noches se realizan varios conciertos de diferentes géneros musicales. Es un festival extraordinario, en el que los moradores de esta mágica ciudad y sus visitantes se sumergen durante una semana en una experiencia cultural y diversa”.
Haydée Milanés, cantante cubana

El último libro de Jiro Taniguchi

“El japonés Jiro Taniguchi fue el autor de manga más respetado y conocido en Occidente, tal vez por la influencia francesa que flotaba sobre muchas de sus creaciones. Falleció en 2017 tras haber dibujado obras maestras como ‘Barrio lejano’, ‘Los años dulces’, ‘El caminante’ o ‘El Gourmet solitario’. En muchos de sus tebeos no pasa nada, o no pasa mucho y, sin embargo, atrapan al lector desde el arranque porque hablan de los recovecos de la vida, con una sensibilidad y una belleza poco comunes. En 2018, se publicó su última obra, ‘El bosque milenario’, que dejó escrita al morir. Es su cómic más francés, que insiste en muchos de sus temas: la familia, la infancia, pero sobre todo la relación con una naturaleza cada vez más frágil. Es un tebeo emocionante, sobre todo porque sabemos que será nuestra última incursión en el pequeño y, sin embargo, enorme mundo del maestro japonés”.
Guillermo Altares, periodista español

Adiós a Hawking

“2018 será recordado como el año en que nos dejó uno de los científicos más importantes de todos los tiempos, Stephen Hawking. Él fue más que un pionero en relatividad y agujeros negros, en cosmología y el Big Bang; más que un símbolo del pensamiento científico, el pacifismo, el desarrollo y los valores que defiende la ciencia. Él fue también una llama que iluminó muchas vidas, que contagió a millones de personas con su pasión por la ciencia y su particular forma de entender el mundo. Nos ha legado, entre otras muchas cosas, libros de divulgación maravillosos y para todos los públicos, como ‘Historia del tiempo’, un clásico de la literatura científica. Y en este año se publicó, de forma póstuma, su última obra: ‘Breves respuestas a grandes preguntas’”.
Javier Santaolalla, físico y escritor español

La ausencia de Nobel de Literatura

“Me pareció muy interesante que no se diera el Premio Nobel de Literatura este año por los escándalos de abusos sexuales y corrupción que salieron a la luz en la Academia Sueca y el ambiente que la rodea. Culturalmente es más importante asumir estos delitos, hacerse cargo, y construir una mejor sociedad hacia el futuro que darle un premio manchado a un escritor o a una escritora. Por otra parte, la ausencia de Nobel de Literatura oficial permitió hechos culturales alternativos para compensar la falta. Por ejemplo, en Buenos Aires, durante el Filba, un grupo de escritores internacionales notables eligieron al Nobel 2018 y le dieron el premio a Jorge Luis Borges. Una reparación muy justa que la Academia Sueca ya no podrá hacer porque solo premia autores vivos”.
Claudia Piñeiro, escritora argentina

Fiesta en el Petronio

“El Petronio Álvarez. El festival de música del Pacífico prende a Cali en agosto. La marimba del Petronio traduce en armonías el ritmo de las olas, y una cadencia multitudinaria las baila en golpe de currulao, izados los pañuelos como velas, como alas, como fiesta. Si usted no lo lleva, allá se lo venden. Y le tienen, además, las delicias gastronómicas del Pacífico; para que se entone le ofrecen el tumbacatre y el arrechón. Y no verá en ningún otro lugar mujeres más luminosas. El Petronio Álvarez es una verdadera fiesta”.
Adelaida Fernández Ochoa, escritora colombiana

La ‘autodestrucción’ de una obra de Banksy

“2018 pasará a la historia del arte por Bansky, el artista británico que planeó la autodestrucción de uno de sus cuadros, y ejecutó su profecía en el momento mismo en que una subasta le puso un precio: US$ 1.4 millones. El video del acontecimiento se hizo viral. No eran, por supuesto, las imágenes de los últimos instantes de una obra: la destrucción era la obra, una performance inesperada —el lienzo en tiritas, como los documentos secretos—. Hay algo muy contemporáneo en el gesto de Bansky. Su previsión, cerebral, nos conecta con estos tiempos de códigos y programas: el mecanismo había sido diseñado años atrás para hacer lo que hizo cuando cierta condición se cumpliera. La “detonación”, posiblemente a control remoto, nos remite a Hollywood, a seres siniestros y geniales como Walter White. La audacia no es nueva. Bansky, cuya identidad permanece anónima ganó fama por sus intervenciones temerarias con grafitos en las calles, siempre divertidas y con un pie en la delincuencia más elaborada: llegó a poner a un prisionero en Guantánamo inflable en Disney World. La gran autodestrucción de este año no solo generó revuelo. Fue una forma de sacarle la vuelta a la especulación del fetiche, que convierte la obra en una joya absurdamente cara. Bansky también nos habla la fugacidad de todo. ¿Para qué buscar obsesivamente la preservación si las cosas se desvanecerán de nuestra memoria de todos modos? No es casual que el artista haya publicado la “broma” en Instagram, ese lugar paradójico de las fotos perfectas y fugaces: no para la conservación sino para el golpe emocional”.
Juan Manuel Robles, escritor peruano

“La hermana menor: un retrato de Silvina Ocampo”

“Publicado originalmente por la Universidad Diego Portales en Chile, y reeditado este mismo año por Anagrama, ‘La hermana menor’ asedia la biografía de quien fue probablemente la mayor escritora argentina del siglo XX. Aunando la implacable tensión narrativa que caracteriza sus relatos y el oficio indagador de la experta periodista que también es, Mariana Enríquez no solo sintetiza la fascinante trayectoria personal de Silvina Ocampo. También la pone en pie como auténtico personaje, poniendo a dialogar la lógica fantástica y perversa de la obra de ambas. Y retrata de manera coral su entorno íntimo, incluyendo a su legendaria hermana Victoria, las huidizas lealtades de su esposo Bioy y el patriarcado literario del inolvidable Grupo Sur, encabezado por un Borges que pareció admirar, temer e incomprender a su amiga. Acaso igual que hizo su tiempo”.
Andrés Neuman, escritor argentino

“Entre la pluma y la cruz”

“En junio de este año se publicó en Paraguay ‘Entre la pluma y la cruz, El clérigo Martín González y la desconocida historia de su defensa de los indios del Paraguay’. Documentos inéditos (1543-1575), copilados y analizados por Guillaume Candela. Esas cartas de hace 600 años, almacenadas en el archivo de Indias de Sevilla, dan cuenta de la realidad de la conquista en Paraguay. Durante años se repitió que fue un encuentro pacífico y cordial, distinto a la conquista en el resto del continente. Estas cartas ponen fin a la leyenda. Queda claro, después de la lectura, que se robaron mujeres de sus pueblos, hubo traslado forzoso de esas mujeres a las ciudades, se las sometió a trabajo forzoso y abuso sexual, se las tomó como botín de guerra, fueron entregadas como remuneración y un gran número de ellas se suicidaron. Es un libro que no puede ser ignorado por los historiadores, para mí es el libro del año”.
Gabriela Alemán, escritora ecuatoriana

Acuarelas de Turner

“La muestra de Joseph Mallord William Turner se exhibe, discreta, en el Museo Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires. Son acuarelas aparentemente silenciosas que, sin embargo, revolucionan las sensaciones de quien observa. La maestría de Turner es avasallante. La precisión para trabajar con los vacíos del lienzo, sorprendente. Lo lamentable fue la decisión del Gobierno argentino de cobrar entrada para verla, dificultando el acceso a una gran exposición”.
Federico Bianchini, periodista argentino

Rosalia

El fenómeno llamado Rosalía

“Si tuviera que destacar un único fenómeno cultural de este año sería el de Rosalía. Desde la periferia de la periferia de la cultura española, una joven cantante procedente del mundo del flamenco ha desafiado la industria global con un disco que se lee como una novela, que tiene una fuerte carga de crítica del machismo, que hibrida el flamenco con el pop y las músicas urbanas, y que dialoga en los videoclips y la puesta en escena con las iconografías más actuales de la performance, el diseño y el arte contemporáneo. Memorable”.
Jorge Carrión, escritor y periodista español

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“Lo más relevante de la cultura española de 2018 fue el producto de una joven dispuesta a romper moldes. Rosalía (Barcelona, 1993) se inspiró en una novela anónima del siglo XIII para narrar una historia de seducción y maltrato que suena contemporánea y urgente, en no menor medida, debido a la excepcional mezcla de flamenco, trap, R&B y pop bailable que propone su creadora. Solo otras dos personas se habían atrevido antes a llevar el flamenco (cuyo conservadurismo es tanto su mayor fortaleza como su principal debilidad) a su límite, Camarón de la Isla y Enrique Morente: Rosalía es la tercera de esta lista excepcional de revolucionarios. La cantante se ha rodeado de muy buenos colaboradores y la industria ha sabido capitalizar su mezcla de tradición y modernidad, pero su talento no es un producto comercial, es auténtico y está desatado”.
Patricio Pron, escritor argentino

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“Uno de los fenómenos musicales, y diría que culturales en general, del año ha sido la edición del disco ‘El mal querer’, de la joven cantante Rosalía, suerte de Bjork hispana que combina el cancionero popular con pop, trap, rock, auto-tune, fandango y toda una constelación de influencias globales, propias del producto artístico salido de una cultura ‘millennial’. Además, la gramática visual de sus videos no son mera promoción: participan de todas esas influencias. Ha sido llamativo que determinados colectivos, muy conservadores, la hayan acusado de “apropiarse” de elementos de otras culturas, lo que ha abierto un encarnizado debate, tan antiguo que en el arte contemporáneo se da por superado, porque, salvo los dioses (en caso de existir), nadie crea desde la nada, y toda expresión cultural, es decir, artística o científica, se nutre y cambia mediante la técnica del apropiacionismo: tomar de elementos de otras culturas e introducirles mutaciones al ser combinados con la tuya propia. Y nadie debería ofenderse por ello, ya que pertenecer a una cultura no quiere decir que esa cultura te pertenezca”.
Agustín Fernández Mallo, escritor español

“No contar todo”

“Pienso en la novela ‘No contar todo’, de Emiliano Monge, un libro que me parece muy importante en 2018. Monge escribe una suerte de autobiografía expandida, que incluye las historias de su abuelo y su padre y explora las relaciones entre los tres, con una prosa ambiciosa y una arquitectura narrativa compleja y bien lograda. Creo que fue el libro escrito en español que más disfruté en el año”.
Antonio Ortuño, escritor mexicano

“The Terror”

“En tiempos de películas y series y podcasts dedicados a los superhéroes, una de las mejores historias que vi este año (junto a ‘The Marvelous Mrs. Maisel’ y a ‘The Good Fight’) habla de unos héroes humanos, marinos y tripulantes de dos barcos ingleses (el HMS Terror y el HMS Erebus) que intentaron encontrar una ruta comercial imposible a través del Ártico, a mediados del siglo XIX, y de los que jamás se supo su final. Dan Simmons escribió una novela que fantaseaba con lo que pudo ocurrirles en medio de los hielos perpetuos, y el canal AMC lo adaptó conservando su nombre, ‘The Terror’, con un reparto extraordinario, lleno de esos actores grandiosos y no tan bonitos que hacen papeles secundarios en otras series, como Jared Harris o Ciarán Hinds. Combinación hipnótica de relato de terror, de aventura imposible y de drama sicológico que muestra cómo las situaciones extremas puede ir sacando los demonios que habitan en cada quien, esta miniserie maravillosa (tan exitosa que la volvieron serie antológica) es una de las razones para seguir creyendo en las historias que la televisión actual es capaz de contar”.
Samuel Castro, escritor y crítico de cine colombiano

Perspectiva de género

“Más que un libro, una película o una exposición de 2018, yo destacaría una mayor sensibilidad hacia la cultura desde una perspectiva de género. Este acto de justicia y reparación nos ha hecho denunciar los feminicidios y la violencia contra las mujeres en los ámbitos privado y público, las desigualdades y desventajas económicas y sociales, pero también ha conseguido que nos replanteemos la validez del canon cultural y la necesidad de completarlo con nombres de mujeres invisibilizadas en el momento actual o a lo largo de nuestras historias culturales. Creo que todo ello ha redundado en la construcción de una mirada crítica a la hora de interpretar la cultura y en la conciencia de que un país culto no es el que hace listas de libros prohibidos, sino el que enseña a leer a su ciudadanía”.
Marta Sanz, escritora española

Nick Cave & The Bad Seeds

“El concierto de Nick Cave & The Bad Seeds el 10 de octubre, en Buenos Aires. Tan íntimo y tan intenso, pero también profesional, una indescriptible puesta en escena del control dentro del más absoluto descontrol, de la perfomance cuidada en un torbellino de dolor, duelo, violencia, rabia, erotismo y tenebrosa belleza. Nick Cave está construyendo una obra sublime, hermosa, muy triste, desencajada. Nada en su música es compatible con la vida cotidiana: solo se le puede escuchar en soledad o durante el sexo, que es una especie de soledad compartida. El show de Buenos Aires fue voraz y destructor y generoso. Todos quedamos temblando. Fue la primera vez que lloré durante un concierto de rock. Bueno, acabo de mentir: también lloré en un concierto de Suede, en 2012, porque los recuerdos de mi juventud perdida me aplastaron como una topadora. Casualmente, creo que el nuevo disco de Suede, ‘The Blue Hour’, es otro de los acontecimientos del año: una banda que vampirizó la juventud en los noventa y, sin embargo, ahora, logra escribir sobre la madurez de una manera desafiante, con canciones sobre rotondas y animales muertos, sobre círculos de tiza sobre el pavimento y las manos frías de un niño perdido”.
Mariana Enríquez, escritora argentina

Patti Smith, en vivo

“Los conciertos de Patti Smith en el Centro Cultural Kirchner, de Buenos Aires. Dos noches inolvidables. La primera: un concierto íntimo de lectura de poesía junto al guitarrista y pianista Tony Shanahan. Ella habló de escribir como “un acto de amor” y recordó a sus amigos Bob Dylan, Sam Shepard y ese largo etcétera que nos dejó extasiados. Entre tanto, el artista argentino Guillermo Kuitca dibujaba. En la segunda noche: la reina del punk nos regaló un espectáculo lleno de poesía, los temas compuestos a dúo con Bruce Springsteen, su oda a William Blake, y, cómo no, ‘A Hard Rain’s A- Gonna Fall’ y su homenaje a Lou Reed (‘Perfect Day’). Terminamos todos sintiendo nostalgia de la nostalgia misma”.
Octavio Arbeláez, director del Festival de Teatro de Manizales

“Bohemian Rhapsody”

“Más allá de los aciertos o desaciertos que haya tenido como película, lo importante de esta producción es el impacto sobre la cultura musical en todo el planeta. El regreso de la música de Queen ha reventado las redes sociales, ha sido número uno en los listados del mundo entero y en las descargas de plataformas como Spotify. Que una canción, y otras del mismo álbum, vuelva a ser un éxito 43 años después, junto con la excitación que ha desatado la vida de Freddie Mercury y sus compañeros de banda, es una bocanada de aire fresco y renovado que llega muy oportunamente”.
Jorge Franco, escritor colombiano

La entrega del Premio Cervantes a Sergio Ramírez

“2018 ha dado libros magníficos y películas sobresalientes, pero a mi juicio lo más destacado es el reconocimiento público que el Premio Cervantes le otorga a un escritor de tanta altura como Sergio Ramírez. En él, además, está representada simbólicamente la literatura centroamericana, que necesita un empuje. Es de destacar el discurso que pronunció el premiado en el acto de entrega, el 23 de abril, recobrando el espíritu cívico que está en su obra y denunciando la represión nicaragüense”.
Luisgé Martín, escritor español

Beatriz González por el mundo

“Considero relevante la visibilidad en vida que ha tenido la obra de la maestra Beatriz González. Sus exposiciones más recientes en Burdeos (Francia), Madrid (España), Berlín (Alemania) y, próximamente, en Houston y Miami (Estados Unidos) son muestra de su mérito, su tenacidad y su disciplina. Destaco, así mismo, la exposición ‘Geometrías del Sur: desde México a Tierra del Fuego’, en la Fundación Cartier, en París. En ella se hace un merecido reconocimiento a la escultora venezolana Gego, al destinar una sala del museo a un cuerpo importante de sus obras. También sobresale Paris Photo, en el Grand Palais, en París. Esta feria impacta a museos, centros culturales y galerías en toda la ciudad difundiendo el lenguaje fotográfico en el gran público, desde el más especializado hasta el transeúnte desprevenido”.
Johanna Calle, artista colombiana

La forma del agua

“La forma del agua”

“Esta película se estrenó en Francia en 2018, y durante meses he recordado sus imágenes cautivadoras. Me encanta el cine de Guillermo del Toro, pero hay una dulzura especial en este film. Lo que me conmovió es que vivimos la maravilla a través de la heroína. El mundo está loco, el mundo es peligroso, quizás el mundo sea feo, pero siempre hay alguien que lo mira con benevolencia. Es una película locamente optimista sobre el amor y la sensualidad que se puede crear entre dos seres, más allá de todas las fronteras”.
David Foenkinos, escritor francés

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“Hermosa y muy especial comedia musical sobre dos corazones puros en un mundo de monstruos”.
Benjamin Lacombe, ilustrador francés

Tres obras para reflexionar

“Elijo tres obras de arte muy diferentes, pero que tienen en común que nos llevan a la reflexión. La primera es ‘Fragmentos’, el contramonumento a la paz de la artista Doris Salcedo. Esta obra es tan sorprendente que me da escalofríos de solo imaginarla: fundir armas y transformarlas en piso –marcado por el martilleo de mujeres maltratadas por la violencia generada por esas mismas armas– es la mejor manera de quitarles el poder. No podemos eliminar el dolor causado, pero al caminar sobre ellas, aplastadas en el contra-monumento de Salcedo, podemos contemplar su daño. Es un recordatorio: si se nos da la oportunidad, ¡podemos elegir la paz! La segunda es la novela ‘Dune Song’, de la escritora marroquí-franco-estadounidense Anissa Bouziane, que explora lo que le sucede a la protagonista Jihan, una musulmana secular y académica de Nueva York, tras la caída de las Torres Gemelas, cuando su identidad ante los ojos de los que la rodean cambia de un momento a otro. El libro narra su lucha por recuperar algún tipo de equilibrio en su vida, que al final logra cuando está en casa, en el desierto marroquí. Y por último, la exhibición ‘Alif’, del pintor pakistaní Mohammad Ali Talpur, que vi en febrero en Lahore; una serie de espectaculares pinturas caligráficas que parece ser una página escrita, un poema, un ejercicio del Corán o un documento personal. Sin embargo, es una caligrafía sin significado. La belleza de la forma de la escritura sin el sentido de las palabras. El artista desea trabajar con la forma, sin mensaje, pero para mí esta es una manera sorprendente de responder a la ola actual de noticias falsas, de abusos en internet, de reglas y restricciones por parte de gobiernos autocráticos”.
Janne Teller, escritora danesa

“Geometrías del Sur”

“La exposición ‘Geometrías del Sur, de México a Tierra de Fuego’, en la Fundación Cartier, en París, que construye un paralelo entre geometrías modernas contemporáneas con estéticas indígenas y vernáculas de América Latina. La pregunta que surge es si lo precolombino y popular es lo moderno antes de lo moderno. La respuesta indudable es que sí. Pinturas corporales de los kayapo o kadiweu, así como dibujos o arquitectura indígena del Paraguay y Colombia, son resignificados desde el arte para rechazar jerarquías innecesarias. La muestra establece diálogos entre preceptos estéticos de lo que se considera un arte (y no una mera artesanía), como influencia para muchos artistas del siglo XX”.
María Wills, curadora de arte colombiana

“Escuelas creativas”, de Ken Robinson

“En 2018 me encontré con la edición argentina de un libro que me pareció magnífico: “Escuelas creativas”, del educador inglés Ken Robinson. Magnífico porque es un autor empeñado en que cada persona encuentre su verdadera vocación en la vida y cómo desde las escuelas y desde la educación en general se puede enseñar a los niños a buscarla, hallarla y desarrollarla, de tal manera que se logre asegurar la plenitud como seres humanos. También recomiendo mucho su libro ‘El elemento’. No tienen desperdicio”.
Mariano Castagneto, escritor y periodista cultural argentino

“Dinastías”

“Reivindico documentales de naturaleza como obra de arte donde ciencia, fotografía y cuentacuentos se fusionan para producir un espectáculo audiovisual de primer orden. La serie ‘Dinastías’ se atreve con ‘clásicos’ de la disciplina como los leones, los pingüinos emperadores o los chimpancés. La BBC apuesta por seguir durante uno o dos años a uno de estos personajes con la esperanza de capturar el drama que constituye su vida. El resultado es, a menudo, espectacular. La fotografía de esta serie es en ocasiones poética; el drama, asegurado, y los desenlaces, épicos. Se disipan las líneas entre hombre, animal, cultura y comportamiento. Deja un sabor de boca en el que no está claro si los animales son humanos o los humanos solo meros animales”.
Carlos Magdalena, botánico y escritor español

“Los cuadernos de N”, de Nicolás Suescún

“Pasaron 24 años para que volviera a sus lectores uno de los libros más atractivos, experimentales, vanguardistas y originales de la literatura colombiana del siglo XX: ‘Los cuadernos de N’, de Nicolás Suescún. En esta ‘antinovela’ encontramos un personaje que, desde su aparente reclusión voluntaria en su habitación, se abre al mundo –gracias a su agudo sentido de observación, la literatura, el humor y la poesía– para dejar su testimonio sobre él”.
Álvaro Castillo G., librero y escritor colombiano

“Mujeres radicales”

“Lo mejor fue la exposición ‘Mujeres radicales (‘Radical Women’), arte latinoamericano 1960-1985’, que curó el Museo Hammer de Los Ángeles, se exhibió en la Pinacoteca de São Paulo y debiera mostrarse en toda Hispanoamérica por elemental sentido común, y ojalá en el resto del planeta. En palabras de Hammer, “esta exposición revaloriza las contribuciones de las artistas latinoamericanas y las artistas latinas y chicanas al arte contemporáneo”. De hecho, es más que esto, y no solo porque vivamos en tiempos de #MeToo. Es cierto que el movimiento mencionado da a la exposición particular intensidad, pero también que las artistas radicales lo superan con sus propuestas”.
Carmen Boullosa, escritora mexicana

Dos libros

“‘Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán’, de Rüdiger Safranski. Una mirada diferente a la razón y a la eficacia como modelo de la construcción de la sociedad. El concepto de lo romántico nos llena de esperanza en un mundo basado en ideales más humanos y menos materiales. Y La resistencia íntima. ‘Ensayo de una filosofía sobre la proximidad’, de Josep María Esquirol. Revaloriza ideas como proximidad, el calor de la casa y la resistencia, como opuestos a la inmediatez y la velocidad del mundo contemporáneo”.
Giancarlo Mazzanti, arquitecto colombiano

La casa de papel

“La casa de papel”

“Este año revela el poder y la calidad de la serie producida o distribuida por los nuevos canales de difusión de ficción, de los cuales Netflix es el más emblemático. Las dos temporadas de ‘La casa de papel’ (la segunda se estrenó en marzo) atestiguan este fenómeno. Una serie en español con actrices y actores desconocidos para el público en general se convierte en un fenómeno global. Por mi parte, esta serie me fascinó: la calidad de la escritura, la puesta en escena, la tensión dramática, el juego de los actores alcanzan en ‘La casa de papel’ un nivel impresionante. Estoy mirándola por segunda vez, con un ojo más profesional, y estoy fascinado de nuevo. Creo que este tipo de producción obligará a los creadores clásicos del cine a redoblar esfuerzos para ofrecer al público películas tan poderosas”.
Philippe Claudel, escritor francés

‘30 años de Navidad’, de Misi

“El evento cultural de 2018 fue el espectáculo ‘30 años de Navidad’, de Misi Producciones. María Isabel Murillo Samper logró en estas tres décadas consolidar un género que entonces era nuevo en Colombia: el teatro musical. Y lo hizo a un nivel internacional y con tal solidez que su compañía la sobrevive y continúa. Nos harás tanta falta, Misi”.
Valeriano Lanchas, cantante lírico colombiano

Nueva mirada a la guerra de Vietnam

“’La guerra de Vietnam’, la serie de documentales de televisión dirigida por Ken Burns y Lynn Novick, que se puede ver en Netflix, me ha parecido un acontecimiento por su tratamiento de la historia. Con un guion exhaustivo de Geoffrey Ward, la serie se propone reconstruir ‘toda la verdad’ desde ‘todos los puntos de vista’, por primera vez si exceptuamos narraciones fragmentarias sobre el conflicto y el abordaje de la ficción. La eficacia y belleza de estos telefilms, de una hora y media cada uno, es su inmersión cinematográfica total. Burns y Novick echaron mano de testimonios primarios y pietaje poco conocido, y también de entrevistas a cuadros militares del Viet Cong, que cuentan el revés del discurso oficial estadounidense (y que a menudo contradicen hasta la doctrina de epopeya que el comunismo construyó a partir de la victoria). Contra la trillada figura del héroe, automatizada en la cultura de EUA, emerge la inventiva que es treta de los débiles, y una sociedad civil que inaugura la disidencia masiva y la contracultura juvenil, con las ‘playlists’ del rock en los sesenta. La serie le habla al presente: desnuda la patraña política, una de las ‘fake news’ mortíferas del siglo XX. Movimientos telúricos del documentalismo americano en busca de la verdad antes de que se extingan todas sus voces”.
Matilde Sánchez, escritora argentina, directora de la Revista Ñ

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“La serie documental ‘La guerra de Vietnam’, que este año se estrenó en Netflix, es una producción inédita en su enfoque y su alcance. Pone en su justa medida lo que representó esta guerra para Estados Unidos y para el sudeste asiático; desmitifica un montón de pendejadas que el cine de Hollywood había elevado –incluido Oliver Stone– y les da la voz a los vietnamitas. Esto último es impresionante: le permite a Occidente escuchar la interpretación que los vietnamitas hacen de su guerra y contrapone esa versión con la de los gringos. La otra virtud, insospechada por demás, es que le permite a América Latina entender una cantidad de intromisiones del Gobierno estadounidense en la política regional con las dictaduras del Cono Sur, Centroamérica y la guerra contrainsurgente que evitaron hacer de cuerpo presente en Colombia. Un último dato: aclara el origen y el objetivo de la estrategia del Body Count a la hora de reportar los informes públicos de guerra, y que aquí en Colombia sabemos que ocasionó los crímenes de Estado llamados ‘falsos positivos’”.
Juan Miguel Álvarez, periodista colombiano

La amenaza a los derechos humanos recorre América Latina

Muro fronterizo de EUA

El panorama de los derechos humanos en América Latina es preocupante en varios países de la región.

VENEZUELA

Venezuela atraviesa la peor situación en materia de derechos humanos en los últimos 30 años, según informes de ONG que han sido replicados por organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos.

En los últimos años, más de 2 millones de venezolanos se han visto obligados a dejar su país, un hecho que, según dijo a Efe el coordinador general del Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea), Rafael Uzcátegui, refleja que “hay un contexto de ausencia de democracia” y “un retroceso en materia de derechos civiles y políticos”.

A ello se suma “la peor situación de pobreza y de exclusión en las últimas décadas” que explica la crisis migratoria porque “los venezolanos no tienen posibilidades de garantizar su integridad con el fruto de su trabajo”.

El parlamento venezolano, de mayoría opositora, ONG y familiares de más de 400 presos políticos han solicitado en siete ocasiones la visita de la alta comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a Venezuela para que constante, aseguran, la “violación” de los derechos humanos.

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NICARAGUA

Nicaragua vive un año marcado por la llamada “insurrección cívica” antigubernamental. Organismos humanitarios han computado hasta ahora entre 325 y 545 muertos –29 niños entre ellos–, 1,315 personas “secuestradas” por la Policía y paramilitares, 610 “presos políticos”, cientos de desaparecidos, 4,533 heridos y más de 25,000 exiliados.

El Gobierno tan solo reconoce 199 muertos y 273 reos, que califica como “terroristas”, “golpistas” o “delincuentes comunes”, y niega que en Nicaragua haya presos políticos.

Tanto la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Amnistía Internacional responsabilizaron al Gobierno de cientos de muertos, así como de ejecuciones extrajudiciales, torturas, obstrucción a la atención médica, detenciones arbitrarias, secuestros y violencia sexual, mientras el gobierno de Ortega asegura que el país “está normal”.

El Gobierno de Nicaragua tan solo reconoce 199 muertos y 273 reos, que califica como “terroristas”, “golpistas” o “delincuentes comunes”, y niega que en Nicaragua haya presos políticos. Tanto la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Amnistía Internacional responsabilizaron al Gobierno de cientos de muertos, así como de ejecuciones extrajudiciales, torturas, obstrucción a la atención médica, detenciones arbitrarias, secuestros y violencia sexual, mientras el gobierno de Ortega asegura que el país “está normal”.

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MÉXICO

México está sumida en una espiral de violencia agudizada por la guerra contra el narcotráfico emprendida por el expresidente Felipe Calderón (2006-2012). El año pasado fue el más violento en dos décadas y se prevé que 2018 vuelva a marcar un máximo. Solo en los nueve primeros meses se han cometido 21,283 homicidios, 18 % más que en 2017.

Asimismo, hay más de 37,000 desaparecidos, numerosos feminicidios –organizaciones civiles registraron 1,420 asesinatos de mujeres entre 2014 y 2017, aunque no todos se investigan como feminicidios– y el ex relator especial de la ONU Juan Méndez llegó a decir que la tortura es “generalizada”.

México también es considerado uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), 47 comunicadores fueron asesinados y la impunidad de estos crímenes se sitúa en el 99.2 %, de acuerdo con el artículo 19.

Tierras del narco. La guerra contra el narcotráfico está desangrando México. Este año ha sido el más violento en dos décadas.

CUBA

Las organizaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado reiteradamente la falta de libertades civiles en Cuba, el único país comunista de América, donde solo es legal el gobernante Partido Comunista, los únicos medios de comunicación permitidos son los estatales y el derecho de asociación está estrictamente regulado.

Los presos políticos se cifran en 120 –a los que el Gobierno cubano no reconoce como tales– y en lo que va de año se han producido cada mes más de 200 detenciones temporales arbitrarias, según datos recopilados por la disidencia interna, ya que a la isla no tienen acceso organizaciones civiles extranjeras.

El único caso actual de un líder de la disidencia entre rejas es el del médico Eduardo Cardet, quien sustituyó al frente del Movimiento Cristiano de Liberación a Oswaldo Payá, fallecido en un polémico accidente en 2012.

Cardet lleva dos años en prisión –de una condena de tres años– acusado de un delito de atentado contra la autoridad que él y su familia niegan, y ha sido declarado “preso de conciencia” por Amnistía Internacional.

En términos de libertad de prensa, en los últimos años y con el aumento del acceso a internet desde Cuba han surgido varios medios independientes “alegales” que tratan, con éxito pero también sorteando continuas dificultades, de contar la realidad cubana sin filtros ni censura.

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ESTADOS UNIDOS

Históricamente, EUA ha visto con escepticismo los tratados internacionales que salvaguardan los derechos humanos porque considera que podrían limitar su soberanía, razón por la que Washington, por ejemplo, no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ve aún con mayor escepticismo esos organismos multilaterales y ha iniciado el proceso para retirarse como miembro de pleno derecho de la UNESCO y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

En cuestiones migratorias, Trump ha intentado atajar la entrada irregular de inmigrantes mediante la construcción de un muro fronterizo, la firma de decretos legislativos y el despliegue de tropas en la frontera.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos se han posicionado en contra de las políticas migratorias implementadas por Trump, desde la separación de niños en la frontera hasta las restricciones al derecho al asilo.

Además, la CIDH ha expresado preocupación por las represalias que EUA ha tomado contra los inmigrantes indocumentados que lideran movimientos sociales en defensa de sus derechos.

Una de esas víctimas es el mexicano Enrique Balcázar, quien implementó en el estado de Vermont la campaña “Leche con dignidad”, con la que los trabajadores inmigrantes de la cadena de suministro de productos lácteos piden condiciones dignas de trabajo, incluido seguro médico e indemnizaciones por despido.

Gracias a Balcázar, los trabajadores lograron en 2017 un acuerdo con la famosa casa de helados Ben & Jerrys, originaria de Vermont, para mejorar las condiciones laborales.

Sin embargo, Balcázar cuenta a Efe que en 2017 recibió una orden de deportación y opina que el Gobierno busca “callarlo” y “desarticular” el movimiento de resistencia que ha fraguado.

EUA. El cerco a los migrantes se ha reducido cada vez más en Estados Unidos. Entre políticas para no dejarlos entrar y medidas para sacar a los que están adentro, la situación se vuelve complicada de cara a 2019.

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BRASIL

Los asesinatos contra los homosexuales crecieron un 30 % en Brasil en el último año, desde 343 en 2016 hasta 445 en 2017, un promedio de una víctima a cada 19 horas, lo que lo convierte en el país donde más se comete este tipo de crimen del mundo.

Los datos también dejan mal parado a Brasil en lo relacionado con feminicidios. De las 2,795 mujeres víctimas de feminicidio en 23 países de América Latina y el Caribe en 2017, un total de 1,133 casos se registraron en Brasil, país que encabeza la lista, según la CEPAL.

En Brasil, país donde más se cometen homicidios contra la población LGTB en el mundo, sobrevivir es un “reto” por los discursos de odio que promueven grupos religiosos fundamentalistas.

Así lo aseguró a Efe Felipe Carvalho, presidente de la Asociación Brasileña de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transexuales e Intersexuales (ABGLT) y quien alertó que esa población cada vez tiene más miedo de morir.

“Buena parte de la población LGTBI del país corresponde a gente muy vulnerable, que trabaja en las calles, que se prostituye. La situación que estamos viviendo en los últimos años es cada vez peor y ahora sobrevivir es un reto”, precisó.

Los pueblos indígenas temen un aumento de la violencia en el campo y de los ataques que sufren en las disputas por la tierra con la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro, que fue elegido con un discurso de total oposición a la concesión de más tierras para los indios.

“Ya aumentaron los ataques de paramilitares. Con certeza, la situación va a agravarse. Las comunidades están muy tensas. Nuestros chamanes y caciques no entienden la situación y dicen que van a resistir. El conflicto es inminente”, afirmó a Efe el abogado Wilson Matos da Silva, un guaraní residente en la aldea Jaguapirú y coordinador regional del Observatorio de los Derechos Indígenas (ODIN).

En el campo de la defensa del medio ambiente, Brasil es el país donde más se matan defensores ambientales en el mundo. Para Antonia Melo, defensora ambiental del estado amazónico de Pará, la coyuntura actual es “muy peligrosa” y con el Gobierno de Bolsonaro “esa situación no va a mejorar”. El futuro que se avecina es “negro” para los defensores ambientales, agregó.

“Bolsonaro es un ser supraarcaico, dictatorial, que apoya la violencia y la dictadura, y con el que no tenemos ninguna esperanza de que esta situación vaya a mejorar. Al contrario, con él nos sentimos más amenazados e intimidados”, aseguró la militante a Efe.

“Ya aumentaron los ataques de paramilitares. Con certeza la situación va a agravarse. Las comunidades están muy tensas. Nuestros chamanes y caciques no entienden la situación y dicen que van a resistir. El conflicto es inminente”, afirmó el abogado Wilson Matos da Silva, un guaraní residente en la aldea Jaguapirú y coordinador regional del Observatorio de los Derechos Indígenas (ODIN), en Brasil.

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GUATEMALA

El Gobierno de Guatemala trabaja en la actualidad en la solución de 1,501 conflictos agrarios derivados de ocupaciones o disputas territoriales tras el fin de la guerra civil en 1996.

A las disputas que surgen por la tenencia de la tierra se suman los conflictos que tienen que ver con el uso de bienes naturales y los impactos sociales y ambientales de proyectos energéticos y extractivos en las comunidades indígenas afectadas, otro de los graves problemas del país.

Desde 1954, la historia reciente ha estado marcada por el saqueo de tierras a comunidades indígenas, adjudicaciones anómalas a grandes terratenientes o tierras arrasadas. Usurpaciones que vivieron su auge bajo el militarismo de la guerra (1960-1996).

La FAO, por su parte, indica en su último informe que entre 2005 y 2015 se dieron 37,234 conflictos asociados o derivados de la propiedad, la posesión y la tenencia de la tierra, en un país de unos 16 millones de personas de los que el 50.5 % vive en el área rural y el 59.3 % en condiciones de pobreza.

Precisamente en mayo pasado, la relatora especial de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, pidió romper el ciclo de racismo, exclusión y discriminación que existe contra los pueblos originarios, quienes sufren “una segregación racial de facto”, y mencionó la tenencia de la tierra.

“La principal causa de la situación es la inseguridad de la tenencia de la tierra. Guatemala no ha adoptado legislación ni mecanismos para la protección de los derechos de los pueblos a las tierras, territorios y recursos naturales”, proclamó, y criticó la criminalización contra los líderes que buscan soluciones pacíficas.

Este abandono y criminalización provoca graves violaciones a los derechos humanos de los pueblos indígenas, incluido el asesinato de sus líderes para exigir la recuperación de sus tierras.

“Ya no podemos salir a las calles porque allí anda la policía”, asegura a Efe Sandra Tuc, una de las dirigentes del Comité Campesino del Altiplano (CCDA).

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HONDURAS

En Honduras, la tenencia de la tierra sigue siendo un problema debido a la mala distribución que aducen campesinos organizados y pueblos indígenas, que con frecuencia denuncian ser víctimas de desalojos, a veces con saldo de muertos, por parte de guardias de seguridad privada de terratenientes, con el apoyo de policías y militares.

Muchos campesinos sobreviven con lo poco que pueden cultivar, por lo general maíz y frijoles, en un pedazo de tierra que les permite su patrón, con el agravante de que cuando la sequía es prolongada, o llueve demasiado, no hay cosecha o en su mayoría se pierde.

El pasado día 3, la Empresa Asociativa Campesina de Producción Unidos Lucharemos y la Plataforma Agraria Regional del Aguán, en el caribeño departamento de Colón, informó que sus familias (28) fueron “desalojadas de sus tierras el 29 de noviembre por miembros de la Policía y el Ejército”.

Los campesinos afectados, según indicó la Plataforma Agraria Regional del Aguán, aducen que las tierras les pertenecen, pero que una jueza, identificada como Soe Guifarro, está obedeciendo “a intereses económicos y lazos familiares con los supuestos reclamantes de la tierra”.

Entre los pueblos indígenas y otras comunidades también hay oposición a proyectos de explotación minera e hidroeléctricos, aduciendo daños al medio ambiente.

Un caso más conocido es el de la ambientalista Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016 y por el que fueron acusadas y condenadas siete personas, dos de ellas, ejecutivos de la empresa Desarrollos Energéticos (DESA). “No puedo decir que siento satisfacción, pero por lo menos se hizo justicia”, dijo la madre de la ambientalista, Austra Bertha Flores, tras conocer el veredicto el 29 de noviembre.

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COSTA RICA

La lucha de los indígenas térrabas, del sur de Costa Rica, consiguió parar la construcción del proyecto hidroeléctrico El Diquís, que iba a ser la hidroeléctrica más grande de Centroamérica con 650 megavatios y una inversión calculada en $2,100 millones. El líder indígena Pablo Sibar calificó como “una victoria esperada por años” la decisión.

La Sala Constitucional de Costa Rica emitió en agosto pasado un histórico fallo que legalizará el matrimonio gay, al derogar artículos de leyes que impedían este tipo de uniones.

“Se escribe una página nueva para la historia de Costa Rica y para los derechos humanos a nivel centroamericano”, dijo entonces el representante de la organización Movimiento Diversidad, Geovanny Delgado.

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BOLIVIA

Bolivia tiene pendiente el esclarecimiento de las desapariciones durante las dictaduras militares.

En 2017, el Gobierno boliviano creó una Comisión de la Verdad para investigar los crímenes de las dictaduras de 1964 a 1982, incluida la desaparición del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Tras la muerte en abril pasado del dictador Luis García Meza (1980-1981), las familias de las víctimas expresaron su temor de que los crímenes ocurridos en ese período permanezcan impunes.

Contra civiles. En Nicaragua, los cuerpos de seguridad han disparado en contra de manifestaciones civiles y han sumado víctimas mortales.

Un hijo que migra, ocho años de espera para reencontrarlo

Haydee Posada

Haydee Posadas tuvo que esperar ocho años hasta reencontrarse con su hijo. Eran tantos los nervios, que la noche anterior no pudo dormir.
Su hijo salió de Honduras rumbo a Estados Unidos en 2010, en parte por las amenazas de las pandillas, tal como hace unas semanas hicieron miles de migrantes que se fueron en caravana, algunos de ellos, de su mismo barrio. Pero al cruzar México, también como muchos otros, Wílmer Gerardo Núñez, de 35 años, desapareció en medio de la violencia desbocada del crimen organizado, no tan distinta de aquella que buscaba dejar atrás. Su madre, desesperada, no dejaba de rezar en busca de una respuesta.
“Estoy entre la espada y la pared”, se repetía la mujer año tras año. “No sé nada de mi hijo, si está muerto, si está vivo”.
La historia de Núñez es similar a la de muchas otras víctimas de la migración a su paso por México. Solo en los últimos cuatro años, casi 4,000 migrantes han desaparecido o muerto en su ruta hacia Estados Unidos, según una investigación de The Associated Press. La cifra a la que llegó AP es de 1,573 personas más que la última estimación de Naciones Unidas y, aun así, sigue siendo un recuento conservador porque puede haber cadáveres perdidos en puntos desconocidos del desierto, enterrados en fosas clandestinas a lo largo de la ruta o familias que ni siquiera se han atrevido a denunciar que les falta alguien.
Esos casi 4,000 latinoamericanos forman parte de los 56,800 migrantes desaparecidos o muertos en todo el mundo en el mismo período.
Migrar significa, en todo el planeta, correr riesgos. Cruzar México implica, además, recorrer territorios controlados por los carteles donde el crimen organizado opera muchas veces casi con total impunidad. Más de 37,000 personas han desaparecido en el país en medio de la violencia del narcotráfico, y el estado fronterizo de Tamaulipas, por donde pasa la ruta más corta para llegar a Estados Unidos desde Centroamérica, es el que tiene mayor número de desaparecidos. Lo abultado de las cifras, unido a la burocracia, la fragmentación de la información, la falta de voluntad política y el miedo a los carteles, hace que la recopilación de datos sobre un migrante desaparecido sea como armar un enorme rompecabezas en el que siempre faltan piezas.
Pero en ocasiones, gracias al trabajo de un sinfín de organizaciones, las respuestas llegan aunque sea a través de un pequeño trozo de papel manuscrito abandonado en una tiendita.

Ciudad Planeta, en las afueras de San Pedro Sula, podría parecer un barrio humilde como cualquier otro, con casas de una planta y techo de lámina. Solo las rejas que protegen la mayoría de viviendas hacen intuir la realidad: que es una de las colonias más peligrosas de uno de los países más violentos del mundo.
De ahí salió Núñez por primera vez en los años noventa, con 16 años, cuando su madre perdió el trabajo en una maquila.
“No me dijo nada, un día simplemente se fue”, recuerda Posadas, una mujer bajita de 73 años y ojos chispeantes, sentada en el porche enrejado que construyeron con el primer dinero que les envió desde Estados Unidos “para que no se colaran los ladrones”.
Núñez no era el mayor de sus 10 hijos, pero sí el que velaba por todos. “Estaba lejos pero me acostumbré a tenerlo cerca, casi todos los días me llamaba”.
Hombre atlético que siempre lucía un cuidado bigote y barba de perilla, Wílmer había sido deportado dos veces, pero siempre regresaba a Estados Unidos porque allí había hecho su vida. En 2007 se enamoró de una mexicana, María Esther Lozano, quien ahora tiene 38 años, y tuvieron una niña, Dachell. Cuando Lozano estaba a punto de dar a luz de nuevo, en julio de 2010, Núñez fue deportado por tercera vez.

Hombre atlético que siempre lucía un cuidado bigote y barba de perilla, Wílmer había sido deportado dos veces, pero siempre regresaba a Estados Unidos porque allí había hecho su vida. En 2007 se enamoró de una mexicana, María Esther Lozano, quien ahora tiene 38 años, y tuvieron una niña, Dachell. Cuando Lozano estaba a punto de dar a luz de nuevo, en julio de 2010, Núñez fue deportado por tercera vez.

Para su madre, las deportaciones eran sinónimo de felicidad porque podía disfrutar de su hijo en casa.
“‘Viejita, ¿qué hacemos de almuerzo?’, me decía, porque cocinaba mejor que una mujer”. A Posadas se le ilumina la cara con el recuerdo. “Hacía carne guisada, amasaba harina de tortillas, cocinaba plátano maduro o tajadas”.
En aquellos años, Ciudad Planeta ya se había convertido en centro de operaciones de las pandillas y en escenario de sanguinarias redadas. Ocho de los hijos de Posada se fueron del país.
La anciana sabía lo peligroso de la situación. Unas noches se despertaba por el estruendo de las pisadas de alguien huyendo sobre los techos de las casas; otras, por una balacera. O esa vez que su hija, la única que queda en Honduras, quedó esposada a las rejas de su vivienda mientras supuestos policías entraban y le pegaban un tiro a su nieto, a quien acusaban de estar involucrado con las maras, una de las pesadillas actuales no solo de Honduras, sino de otros países centroamericanos.
Pero la anciana, conocida por todos como mamá Haydee, tiene un lema de supervivencia básico en la Planeta, como coloquialmente se llama al barrio: “Si vio, no vio; si oyó, no oyó; y todos callados”.
La última vez que Núñez fue deportado, la situación era tan crítica que apenas salió de la casa.
“Lo veía muy pensativo”, rememora Posadas. “‘Siento temor’, me decía”.
Quería regresar cuanto antes para conocer a su niña recién nacida, y después de unos días en San Pedro Sula, su salida se precipitó aparentemente por una amenaza.
“Me tengo que ir de aquí ya”, le dijo a Lozano, su mujer, por teléfono, sin más explicaciones el día antes de dejar la Planeta.
Junto con su sobrino y dos vecinos, Núñez tomó el autobús de medianoche que cada día lleva a decenas de migrantes hasta la frontera de Guatemala. Entre lo poco que tenía en su bolsa estaban unas baleadas preparadas por su tía: tortillas con frijoles y huevo, uno de los platos más populares de la peligrosa Ciudad Planeta.
Núñez siempre cruzaba por Mexicali –en la frontera con California– con un coyote de su confianza. En esa ocasión, sin embargo, al llegar a Veracruz, “lo corretearon Los Zetas y se lastimó un tobillo”, cuenta su esposa. Eso lo obligó a cambiar de ruta y seguir rumbo a Texas, un camino más corto pero también más peligroso.
“Me llamaba todos los días, incluso desde el teléfono del coyote”, dice Lozano. Al guía lo acababa de conocer. Le parecía buena persona, aunque él estaba preocupado porque el grupo era muy grande. Viajaban en dos camiones.

Documentos. Haydee Posada muestra la licencia de conducir de Wilber Núñez, un hondureño que hizo vida en EUA, fue deportado en dos ocasiones y decidió volver a ingresar sin documentos.

Una semana después de salir de Honduras, habló con su madre por última vez y le pidió que rezara por él. Un día más tarde, llamó a Lozano y estuvieron de plática una hora. Rula, que es como le llamaban, estaba de buen humor y estuvieron bromeando sobre lo mucho que se echaban de menos.
Le dijo que estaban en Piedras Negras, Coahuila, al otro lado de Eagle Pass, Texas. “Me advirtió ‘ya vamos a cruzar, no te vayas a dormir’, porque yo tenía que depositar la mitad del dinero –$3,000– y esperar a que su hermana me avisara que había llegado bien para pagar el resto”.
Esa llamada nunca llegó. María Esther Lozano no volvió a contactar con Núñez. Habló al coyote un par de veces, él le dijo que estaban todavía esperando para cruzar.
Luego nadie volvió a contestar el teléfono.

Al principio, Posadas y Lozano no estaban muy preocupadas porque era normal que durante el cruce perdieran el contacto unos días. Pero poco después, el 24 de agosto, una noticia en la televisión le encogió el alma a la anciana: el hallazgo de 72 cadáveres en un rancho de San Fernando, en Tamaulipas. Todos eran migrantes.
La mexicana lo tomó con más calma porque sabía que San Fernando está a casi 600 kilómetros de Piedras Negras, donde Núñez le dijo que estaba la última vez que hablaron.
Al paso de los días se supo que una decena de personas en vehículos marcados con una “Z” habían cortado el paso a dos camiones. Se llevaron a los migrantes y les preguntaron si querían “trabajar para la guerra”, la de los carteles de la droga. Solo uno aceptó. A todos los demás les vendaron los ojos, les ataron las manos y tumbados en el sueño los ejecutaron. Un ecuatoriano que sobrevivió logró huir del lugar y alertó a la Marina mexicana.
“Me puse a llorar como loca. No salían nombres, pero yo me revolvía”, recuerda Posadas.
Una lista de víctimas apareció poco después. Los nombres de su nieto y los dos vecinos que viajaban con ellos estaban ahí, pero de Núñez, ni rastro. Las autoridades le dijeron que si no estaba entre los muertos, estaría vivo.
La vida de Haydee Posadas comenzó a cambiar ese día. Preguntó por su hijo en la Fiscalía, en la cancillería, ante las autoridades mexicanas para que rastrearan por todas partes. Su anterior pareja, el padre biológico de Núñez, se ofreció a ir a dejar una muestra de ADN para que lo compararan con el de los cadáveres todavía no identificados. Nada. Tampoco le reconocieron en las fotos de los cadáveres.
Posadas y Lozano, madre y esposa, quedaron unidas por un solo objetivo: buscar a Núñez. Lozano iba todos los días al consulado de Honduras, dio nombres, fotos, describió sus tatuajes, incluido uno que ponía Dachell y otro con el número ocho. Y todavía nada.
Poco después se supo que el ecuatoriano que sobrevivió a la matanza dijo que había otro superviviente que lo desató y le ayudó a salir del rancho. Era un hondureño. Lozano preguntó a autoridades de Honduras y México si podía ser su marido. Nada. Le negaron toda información porque se trataba de un testigo protegido.
En la embajada de Ecuador no tuvo más suerte. Pidió que le hicieran llegar al ecuatoriano una foto de Núñez. “No quería verlo, ni hablar con él, solo que viera la foto y me dijera si era la misma persona que le ayudó”, solloza recordando la desesperación del momento.
Desde Honduras, Posadas no avanzaba más. Marchó a Tegucigalpa a insistir en todas las instituciones, pero ni siquiera encontró quien le dijera qué había pasado con la prueba de ADN que supuestamente se había realizado su exmarido.
“Yo llamando y llamando siempre, hasta que se cumplió un año. Luego ya no me contestaron, y dije ‘¿para qué seguir?’”.
Solo quedaba ir a buscarlo a México, pero ¿a dónde podía ir una anciana enferma? Lozano no estaba en mejor situación: con cinco hijos dependiendo de ella, la más pequeña de meses, y sin documentos legales para residir en Estados Unidos.
Hermanos de la mexicana fueron a Tamaulipas. Allí contrataron a un abogado que pudiera entrar a las cárceles y entonces apareció otra luz: les dijo que había visto a una persona con las características de Núñez en una de las prisiones.
En la casa de la Planeta, en San Pedro Sula, Posadas se preguntaba: “¿Será que Dios ha escuchado mis plegarias?”.
Pero esa pista también se esfumó. Nunca supieron nada más del abogado, y los hermanos de Lozano tuvieron que dejar la búsqueda porque los amenazaron Los Zetas.
Posadas pensaba que si hubiera sobrevivido, habría llamado. También se repetía que como no había ni rastro de su cadáver, quizá había esperanza. A los tres años, el pesimismo comenzaba a imponerse.
“Sentía que estaba cayendo en una depresión tremenda”, reconoce. No dormía, se levantaba y pasaba las horas sentada en su pequeña sala llena de adornos, fotografías (entre ellas, una de Núñez de adolescente), un televisor y telas con versículos de la biblia.
Los días eran igual de desesperantes. “Andaba por la calle y me miraban que sonreía, pero era por fuera, nadie sabía cómo estaba yo por dentro”.

***

LOS CADÁVERES DE LA MASACRE de San Fernando, debidamente numerados, fueron llevados del rancho donde los mataron, a una base naval, donde permanecieron dos días expuestos a la intemperie, luego a una funeraria local y más tarde a la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, en la frontera con McAllen, Texas.
Algunos cadáveres fueron repatriados, aunque las identificaciones fueron cuestionadas en varios casos porque hubo entrega de restos equivocados a algunas familias. La mayoría de los cadáveres, ya en descomposición, fueron trasladados a Ciudad de México. Fueron llevados en un camión no refrigerado que apestaba a varias cuadras de distancia y que por esquivar a la prensa, chocó con unos coches, atropelló a una persona y quedó varado en medio de la calle.
Un día después de conocerse la matanza, el 25 de agosto de 2010, quedó registrado en el expediente oficial que el cadáver número 63 era un varón con tatuajes, entre otros, uno con la leyenda “Dachell” y otro con el número ocho. En documentos fechados un día después, se constata el hallazgo de una licencia hondureña a nombre de Wílmer Gerardo Núñez Posadas, con la foto de un hombre con bigote bien cuidado y barba de perilla.
Nadie hizo pública esta información.
Diez meses después de llegar a la capital mexicana, los restos que todavía estaban sin identificar, incluido el número 63, fueron enterraron en una fosa común.
En septiembre de 2013, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y otras ONG que participan en una iniciativa regional de búsqueda de migrantes desaparecidos, denominada Proyecto Frontera, firmaron un acuerdo con la Fiscalía mexicana para crear una comisión forense e identificar más de 200 cadáveres de un total de 314 víctimas de tres masacres de migrantes, entre ellas, la de San Fernando. Los restos que estaban en la fosa común se exhumaron para nuevas autopsias.
En marzo de 2015, la PGR mandó un escrito a la Corte Suprema de Honduras. Pedía ayuda para localizar a los familiares de dos hombres, uno de ellos era Núñez.
Nadie llegó a Ciudad Planeta.
Cuando los peritos argentinos se enteraron de la existencia de la licencia de Núñez, intentaron buscar a su familia y averiguaron dónde vivía.
“Yo dejé claro que a ese sector yo no podía entrar”, recuerda Allang Rodríguez, un psicólogo del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos de El Progreso, uno de los muchos grupos que trabajan con el EAAF.
Las organizaciones empezaron a remover cielo y tierra, acudieron a la Iglesia católica y preguntaron a las Scalabrinianas, unas monjas que trabajan con migrantes y deportados. Una de sus colaboradoras, Geraldina Garay, conocía a un taxista que vivía en la Planeta, y el hombre se ofreció a dejar un papel con un teléfono para Posadas en una de las “pulperías”, como se les conoce a las tiendas en el barrio, situada en un callejón detrás de la casa de Posadas. Era finales de 2017.
La anciana miró con extrañeza el trozo de papel con un número de teléfono que le había llevado su vecina. Marcó y la voz al otro lado le dijo que quería verla para hablar con ella sobre su hijo desaparecido.
“Hoy sí tengo esperanza”, pensó en ese momento.
Cuando se reunió con los peritos que viajaron hasta San Pedro Sula para hablar con ella, le contaron lo de la credencial y los tatuajes del cadáver número 63. Antes de acabar 2017, le tomaron muestras de sangre tanto a ella como a Wílmer Turcios Sarmiento, un joven de 18 años que todos creían que era hijo de Núñez fruto de una relación de adolescencia.
En mayo de 2018 les dieron los resultados. Fue una más de las 183 identificaciones de migrantes logradas por el EAAF gracias al Proyecto Frontera.
“Me dolió el corazón tanto… sobre todo por la muerte que él sufrió, que ni supo quién lo asesinó, con los ojos vendados, las manos amarradas… ahí sí sentí que…” No acaba la frase. Por primera vez los ojos se le llenan de lágrimas, la coraza que la anciana tardó ocho años en construir se rompió.
La prueba de ADN demostró también que Turcios era hijo de Núñez. Fue como encontrar y perder a un padre al mismo tiempo, recuerda Posadas que le comentó su nieto, el vivo retrato de su hijo.

Víctimas. Wilber fue parte de un grupo de migrantes a los que un grupo de sicarios privó de libertad y luego ejecutó en México.

Esa noche, Posadas volvió a dormir. “La verdad, aunque duela, siempre trae tranquilidad”, dice.
Pero en su cabeza retumbaba sin respuesta una sola pregunta, la que más le dolió: “¿Por qué? ¿Por qué tendiendo las pruebas las ocultaron tanto tiempo? ¿Por qué?”.
El informe que le entregaron a Posadas habla de errores en las autopsias, de irregularidades en el manejo de los cadáveres, de contradicciones, y pide que se investigue con las autoridades correspondientes de ambos países, Honduras y México, el motivo de la demora en la respuesta a la familia.
Ocho años y tres meses después de la masacre, no hay ningún condenado por los 72 asesinatos, y nueve personas siguen sin identificar. Las autoridades mexicanas no quisieron hacer ningún comentario.
Para Posadas, solo quedaba un último paso.

Algunos cadáveres fueron repatriados, aunque las identificaciones fueron cuestionadas en varios casos porque hubo entrega de restos equivocados a algunas familias. La mayoría de los cadáveres, ya en descomposición, fueron trasladados a Ciudad de México. Fueron llevados en un camión no refrigerado que apestaba a varias cuadras de distancia y que por esquivar a la prensa, chocó con unos coches, atropelló a una persona y quedó varado en medio de la calle.

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EL 31 DE OCTUBRE, Wílmer Gerardo Núñez regresó a Honduras.
El cadáver llegó al aeropuerto de San Pedro Sula en un embalaje de cartón con una estrecha cinta negra y su nombre escrito a mano. De ahí fue trasladado a la morgue local.
Al abrir el ataúd, un olor a muerte suavizado con productos químicos se apoderó del salón.
Posadas, con una pequeña toalla roja en la mano con la que se secaba las lágrimas y el sudor, se acercó a la caja acompañada de su marido, su hermana y el psicólogo. Una forense del EAAF abrió la envoltura que cubría el cadáver. El rostro era ya una calavera, pero los brazos conservaban parte de su antigua fortaleza y la piel. Le mostró los primeros tatuajes. Posadas no quiso ver más. Era él.
Una veintena de personas acompañó a la familia durante el breve velorio organizado en la Planeta. El ataúd ocupaba toda la sala de la casa, que bajo un sol implacable se había convertido en un horno.
Después de ocho años de espera, el último adiós a Núñez no podía prolongarse más de dos horas porque si no, los pandilleros llegarían y eso era lo último que Posadas quería.
En la víspera se escucharon disparos a pocas cuadras de su casa.
Un autobús amarillo de la Iglesia Bautista Planeta llevó a la familia hasta un diminuto cementerio a pie de carretera, al que se entra por una caseta de cemento con una desvencijada puerta de hierro, la cual da paso a un cúmulo de abigarradas tumbas descuidadas y puestas sin orden.
“Ya estoy segura: es él, es él. Doy gracias a Dios”, solloza Posadas antes de derrumbarse junto al ataúd. Ni el conmovedor abrazo de su nieto que casi la cubrió por completo pudo calmar sus lágrimas.
El último viaje de los restos de Wílmer Gerardo Núñez fue a hombros de familiares y amigos que debieron trepar, bajar y esquivar tumbas hasta llegar a la señalada. Quedó sepultado sobre su primo, mientras media docena de celulares grababan o transmitían el momento a través de Facebook para los familiares que emigraron y ahora viven en Estados Unidos.
Hoy, las únicas que aún no saben que Núñez murió son sus hijas.
La pequeña, Sulek Haydee, ahora de ocho años, cada vez que habla con su abuelita por internet desde Los Ángeles, no deja de preguntarle: “¿Dónde está mi ‘daddy’? ¿Por qué no viene a vernos?”. “No puede, mamita, está trabajando”, contesta la anciana con un nudo en la garganta.
El hijo mayor de Núñez, Turcios, sueña con dejar atrás Ciudad Planeta para ir a Estados Unidos… o adonde sea. “Cualquier cosa mejor que esto”, dice.
Ocho años y tres meses después del último abrazo, Posadas dice sentir paz por primera vez.
Sabe que queda pendiente que se haga justicia, pero ahora reza para que a su nieto se le quiten las ganas de emigrar.

Sepultura. Haydee Posadas encontró a Wilber y logró darle sepultura. Esto no es posible para muchas familias que se extravían entre la burocracia y la desidia de las autoridades.

Dos caras de la caravana: los que migran, los que se quedan

Problemas. Deysi Orellana, Brithani Lizeth, de 3 años, Janeisy Nicolle, de 5 años, y Evangelina Murillo, se reúnen fuera de su hogar. Los padres de Brithani se perdieron la fiesta de su tercer cumpleaños después de unirse a una caravana de migrantes centroamericanos.

En el tercer cumpleaños de la hondureña Brithani Lizeth Cardona Orellana hubo pastel, pero también llanto.

Su abuela y su tía intentaron convertir la humilde casa de concreto en las afueras de San Pedro Sula en un salón de fiestas, pero la niña de pelo corto ondulado y sonrisa pícara no tenía las dos cosas que más quería en ese momento: una piñata con forma de muñeca y sus padres.

Ese mismo día de octubre su madre, Orbelina Orellana, de 26 años, y su padre, Élmer Alberto Cardona, de 27, dormían en la calle de un pueblo del sur de México junto a miles de migrantes que intentan llegar a Estados Unidos en una caravana sin precedentes.

A pesar de la distancia, Orellana consiguió por WhatsApp una foto del cumpleaños con un audio de la niña. Escucharla llorar y decir “te amo, mamita”, la hizo derrumbarse. “No me quería ni levantar”, dijo por teléfono.

Las redes sociales, los mensajes de texto y las breves conversaciones telefónicas son la vía mediante la que miles como Orellana y Cardona contactan con sus familias para confirmar que siguen bien mientras cruzan México, un país donde muchos migrantes son secuestrados, asesinados o simplemente desaparecen.

Escuchar a sus seres queridos hace que los invada la nostalgia, como ocurrió el día del cumpleaños de Brithani, pero también les da fuerza para continuar el difícil viaje de casi 5,000 kilómetros desde su tierra natal a la ciudad mexicana de Tijuana, en la frontera de Estados Unidos.

Hace años el camino al Norte podía convertirse en un agujero negro de información en el que las familias podían pasar semanas o meses sin saber de sus seres queridos, que podían llamar tiempo después de entrar a Estados Unidos o aparecer en la puerta de la casa porque los habían deportado.

Pero las redes sociales han cambiado todo.

En esta caravana, que ha llegado a reunir a 7,000 migrantes en algunos momentos, tener un celular es un tesoro del que no todos disfrutan. Si disponen de uno, generalmente tiene conexión a internet, hay que tener cobertura, batería -no siempre es sencillo cargarla- y, sobre todo, saldo. Los afortunados suelen compartirlo con sus compañeros de viaje para que entren un momento a Facebook para decir que están bien, mandar un mensaje de texto o pedirles recargas a familiares en Estados Unidos.

Orellana y Cardona tenían un teléfono e intentaban llamar todas las tardes a San Pedro Sula a medida que la caravana descansaba, si había suerte bajo techo o instalados en la calle o plazas públicas.

“Yo le digo que siempre la voy a querer y también que la amo mucho, y ella me dice que mejor que no la extrañe, que ella me va a mandar a traer”, explicó Janeisy Nicolle, la hija mediana de la pareja de cinco años, desde la casa de su abuela.

En esas breves conversaciones no siempre se dice toda la verdad para no preocupar más de la cuenta. Es mejor omitir detalles, como cuando el matrimonio quedó varado en la carretera del norte de México en un sitio frecuentado por el crimen organizado o que en la casa en San Pedro Sula escasean el arroz o los frijoles ahora que el pequeño sembradío de piñas de la familia no tiene nada para vender.

“Aquí es dura la vida”, dijo Deysi, la hermana de 29 años de Orellana. “Pero ahí también es difícil”.

Muchas personas de la caravana optaron por viajar con sus hijos -había más de 300 menores de cinco años a su paso por la Ciudad de México, según un censo hecho por las autoridades capitalinas- porque no tienen con quién dejarlos o ven más peligrosa esa opción. Otros, en circunstancias similares, deciden todo lo contrario.

Orellana y Cardona siguen creyendo que dejar a sus hijos en San Pedro Sula fue la mejor elección, aunque tienen claro que en cuanto consigan trabajo en Estados Unidos o México, los llevarán consigo.

A fines del año pasado, cuando la reelección del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, provocó muchas protestas, el negocio de la pareja se resintió con los disturbios que hicieron cerrar muchas tiendas de pequeños productos electrónicos que ellos compraban y revendían en la calle. A veces, casi todo lo que ganaban se les iba en transporte y les quedaba poco para la comida.

Pidieron un préstamo a los únicos que les fían a los pobres: los pandilleros. Pero los problemas se multiplicaron cuando al comenzar a retrasarse en los pagos, una deuda de $250 se convirtió en una de $700. Entonces llegaron las amenazas de muerte.

“Si no hay cómo pagar, ellos buscan otras maneras, por eso me da miedo”, explicó Orellana.

Para colmo de males, su pequeña casa de madera se derrumbó por acción de las polillas.

“Sufrían mucho… hasta lloraban a veces”, dijo la madre de Orellana, Evangelina Murillo, una enferma de cáncer de 69 años que vive con su hija, su yerno, dos hijos solteros y ahora con sus tres nietos en la casa con una habitación y una cocina que le regaló una iglesia cristiana. La vivienda está en una colonia rural en las afueras de San Pedro Sula, una de las ciudades más violentas de Honduras, donde pueden matar a un hombre para robarle un cerdo, como le pasó a uno de sus hijos.

Historias de pobreza o violencia similares se multiplican entre los integrantes de la caravana de centroamericanos que buscan una vida mejor pero que todavía no saben cuál será su destino, ya que los trámites de asilo en Estados Unidos se han endurecido y podrían quedarse meses varados en Tijuana.

Orellana y Cardona habían intentado emigrar hace cuatro años, pero fueron deportados desde el sur de México. Cuando escucharon en la televisión que se estaba formando una caravana, no lo pensaron. Orellana pasó corriendo a la casa de su madre para buscar unas zapatillas y se fueron colina abajo hacia la terminal de San Pedro Sula.

Pidieron un préstamo a los únicos que les fían a los pobres: los pandilleros. Pero los problemas se multiplicaron cuando al comenzar a retrasarse en los pagos, una deuda de $250 se convirtió en una de $700. Entonces llegaron las amenazas de muerte.

Lo más duro fue escuchar a la más pequeña gritando “no me dejes, mamita, no me dejes” mientras se aferraba a sus piernas.

“Yo decía ‘no me la puedo llevar, es mucho riesgo’”, recordó Orellana, con el corazón partido y aferrada a dos medallitas de la Virgen de Guadalupe que lleva colgadas al cuello, una con las iniciales de sus hijos.

Su hermana Deysi quedó a cargo de las dos niñas y del niño, Kelmer Alberto, de nueve años. “‘Ahí me los cuidás’, me dijo Orbelina. ‘Váyanse, entonces’, dije yo. Si nosotros comemos, ellos van a comer, si nosotros aguantamos, ellos aguantan”, explicó la mujer de labios gruesos y pelo alborotado reconvertida en madre de los pequeños.

Las comunicaciones casi diarias desde México se interrumpieron cuando a la pareja le robaron el celular. En esos momentos la única información era la que llegaba por televisión, siempre encendida en la casa, y donde los choques en la frontera o los rumores infundados sobre la muerte de un niño intranquilizaban.

“Cuando vemos esas imágenes, nos ponemos preocupados y solo pido a Dios que me los guarde”, afirmó la madre.

Pensar en sus hijos le dio fuerza al matrimonio en los momentos más duros: cuando perdieron sus identificaciones en el puente que une Guatemala con México, al subirse en camiones de basura para recorrer más rápidamente algunos tramos, al caminar bajo un sol abrasador o enfermarse cuando el frío los sorprendía en el camino.

“Cuando me daban ganas de regresarme, me decía ‘púchica, voy a la misma miseria siempre. Si ya estoy aquí, tengo que enfrentarme a lo que venga para darles una vida mejor a mis hijos’”, señaló Orellana.

A punto de llegar a Tijuana, donde todavía no saben si intentarán cruzar a Estados Unidos o pedir refugio en México, el matrimonio planeó hablar con sus hijos este domingo, una fecha importante. Janeisy Nicolle cumplirá seis años.

Conectados. Elmer Cardona, de 27 años, y Orbelina Orellana, de 26, descansan al lado de una carretera en Tapanatepec, estado de Oaxaca. El mismo día, Brithani Lizeth, la menor de sus tres hijos, celebraba su tercer cumpleaños en Honduras.

“Nadie sabía que yo llevaba al ‘Chapo’ en mi vehículo”

En solitario. “El Chapo” enfrenta juicio en Nueva York. Ha estado detenido en confinamiento solitario desde su extradición a Estados Unidos a principios del año pasado.

Tengo un tío que es 12 años más grande que yo y que también es policía federal. Cuando estaba chico, veía que llegaba con su uniforme y patrulla, lo que me causaba mucha admiración.
En alguna época vivimos cerca de una autopista, donde alcanzaba a ver las patrullas, y de ahí fue creciendo mi interés por formar parte de la Policía Federal de Caminos, como se llamaba entonces nuestra Institución.

No era fácil ingresar, eran muy estrictos. De inicio, había que ir bien vestidos y con el cabello bien arreglado tan solo para pedir informes. “¿A qué vienes? ¿A pedir informes o a pedir trabajo?”, nos decían los comandantes.

Me regresaron tres veces tan solo para tener informes de cómo ingresar. Ya con el cabello corto y bien presentado, pude saber de lo que necesitaba para poder ingresar a la Policía Federal de Caminos. Me tocó ir a las oficinas casi a diario durante siete meses, hacer ejercicio y correr para ganarme mi ficha de aspirante.

Aunque no era un procedimiento institucional, era un filtro que ponían los propios comandantes para que ingresaran solo aquellos que de verdad tenían la vocación para ser policías.
Cuando le dije a mi papá que quería ser policía federal de caminos, él solo se me quedó viendo y me dijo: “Sé lo que quieras ser, pero trata de ser el mejor”. Mi mamá, un poco más aprehensiva, se espantó, pero poco a poco fue entendiendo y cuando me dieron la lista de prendas que debía llevar a la academia, ella misma me compró todo.

En la academia de San Luis Potosí no solo conocí a compañeros de profesión, sino también a amigos que hasta la fecha frecuento y que han llegado a ser parte de mi familia.

Los retos que se nos fueron presentando, primero como cadetes y luego como policías federales ya graduados, fueron creando fuertes lazos entre nosotros.

El día de la detención de Joaquín “el Chapo” Guzmán, yo estaba en el tercer turno en Los Mochis, Sinaloa. Debía cubrir el horario de las 11 de la noche a las 7 de la mañana.

En el día, por la carretera Los Mochis-Navojoa, circulan muchos vehículos, incluyendo agricultores y gente que se dedica a la pesca, mientras que en la noche hay muy poca circulación.

Un turno cualquiera implicaba realizar mis recorridos, hacer folios de infracción si era el caso y, en general, estar al pendiente de prevenir y atender cualquier delito que se pudiera registrar.

Ese día se sentía algo raro. A las 3 o 4 de la mañana, comenzamos a escuchar helicópteros cerca, lo que me pareció extraño debido a que Los Mochis es una ciudad pequeña. Me imaginé que podría tratarse de un operativo de Sedena o Marina, pero no más.

Estábamos tres patrullas en el servicio. Yo conducía la patrulla acompañado de otro compañero, estaba también el responsable de turno, o RT, y otros compañeros más en la carretera que va hacia el norte, en los límites con Sonora.

A mí me tocó cubrir de Los Mochis hacia el sur, rumbo a Guasave.

Era una madrugada más sola que de costumbre. En algún momento, nos reunimos con el RT en uno de los tramos.
—Está medio raro. ¿Ya escuchaste los helicópteros?
—Yo también escuché. ¿Qué será?
—No, pues, quién sabe. Ahí nos vemos al rato.

Y el RT siguió con su recorrido.

Fue amaneciendo y comenzamos a escuchar disparos, por lo que nos acercamos a Los Mochis para reunirnos en un puente que está antes de entrar a la ciudad. En algún momento pensamos que los disparos podían ser a causa de un enfrentamiento entre delincuentes, pero el operador de radio nos informó que había un operativo de Marina y que había que estar pendientes.
El titular de la estación nos ordenó que todas las unidades estuviéramos atentas y esperar en la carretera a que llegara el primer turno. Para entonces, eran alrededor de las 6 de la mañana.
Me tocó quedarme debajo del puente donde nos habíamos reunido, desde donde se veía la afluencia de vehículos que venían de la ciudad para salir a la carretera.

Al poco tiempo cesaron los disparos y el ruido del helicóptero.

Instantes después recibimos vía radio la información sobre un reporte de robo de vehículo por parte del C4, instancia que sube a todas las autoridades este tipo de información por si tenemos contacto con el vehículo.

Estaba debajo de la patrulla junto con mi compañero cuando, a los 10 minutos, vi que venía el carro Focus rojo reportado. “¿Tan pronto? –pensé– No creo que tan rápido llegue aquí si se lo robaron en el centro”.

Solo alcancé a ver los últimos números de la placa y luego corroboré con mi compañero los datos del reporte.

Todavía vi cómo el vehículo se paraba con toda naturalidad ante una señal vial de “alto”, para segundos después dar la vuelta a la izquierda e ingresar a la carretera con dirección al sur.
Con la duda sobre si se trataba del vehículo robado, inicié el camino para verificarlo.

Más adelante se encontraba mi RT, a quien le hablé por radio: “Jefe, pasó un carro, un Focus rojo, nada más alcancé a ver los últimos números de la placa. No estoy seguro, voy a pararlo para que sepas y si es positivo, me ayudes”.

No aceleré mucho el vehículo porque estaba lloviznando y el pavimento estaba mojado, pero lo alcancé con facilidad.

El RT y yo le dimos alcance al mismo tiempo al vehículo y le solicitamos el alto. El vehículo se detuvo de manera normal.

Caminé y me paré del lado del acompañante del vehículo. Abrí la puerta y el pasajero se me quedó viendo. “¡Ah, canijo! Es ‘el Chapo’”, pensé.
—Comandante, comandante, échenme la mano.
—A ver, patrón, bájese tantito.

Al notar que las placas coincidían con el reporte de robo, nos bajamos de las patrullas con mayor precaución.

Del Focus se bajó primero el conductor, quien hizo contacto con el RT, mientras que yo me paré del otro lado de la patrulla para darle cobertura. “Comandante, traigo al patrón, échenme la mano”, alcancé a escuchar que decía el conductor, lo que me pareció muy extraño.

Caminé y me paré del lado del acompañante del vehículo. Abrí la puerta y el pasajero se me quedó viendo. “¡Ah, canijo! Es ‘el Chapo’”, pensé.
—Comandante, comandante, échenme la mano.
—A ver, patrón, bájese tantito.

Lo bajé y lo tomé del hombro. Alcancé a ver que traía una pistola debajo de sus piernas, por lo que rápido lo jalé para conmigo, como abrazándolo para ver si no traía un arma fajada.

Lo jalé y empecé a caminar a la parte trasera de mi patrulla. Cuando iba llegando a la puerta, le puse rápido las esposas. “¿Por qué, comandante? ¿Por qué me esposas? ¿Por qué me tratas así?”, me decía.
“Espérese, espérese, ahorita vemos”, le contesté.
Abrí la puerta de la patrulla y lo aventé hacia adentro. “Espérese, ¿por qué me trata así?”, me gritó.
Cerré la puerta y vi que todavía mi RT interaccionaba con quien en ese momento supe que era “el Cholo”. Le grité que lo esposara y enseguida lo empujó hacia adelante y le puso las esposas.
“Es ‘el Cholo’ y acá traigo al ‘Chapo’”, le grité.
“¿Qué vas a hacer?”, me dijo el RT. “Vámonos de aquí, nos van a matar”, le contesté, mientras comencé a ver que a lo lejos había un fuerte movimiento de vehículos en la carretera.
—Lléveme a Che Ríos. Ahí está mi gente, ahí nos van a apoyar.
—Sí, sí, ahorita vamos para allá.

En mi mente estaba claro que no tenía nada que ir a hacer a un lugar en donde me esperaba una muerte segura. En el primer retorno me di la vuelta en sentido contrario. Nadie sabía que yo llevaba al “Chapo” en mi vehículo.
Del otro lado comenzaron a pasar distintos vehículo, mientras yo seguía mi camino en el sentido contrario. Primero pensé en ir a la oficina de Policía Federal, pero eso significaba entrar a la ciudad y un gran riesgo, así que lo descarté. Luego me acordé de la guarnición militar, un lugar a donde a veces íbamos a hacer prácticas de tiro y que estaba sobre la carretera. “Ahí es un lugar seguro”, pensé.
Pasé el entronque de Los Mochis rumbo a la guarnición, mientras que mi pasajero insistía que lo lleváramos a Che Ríos. “Ahorita, ahorita, espérese tantito. Ahorita vemos qué hacemos”, le decía. “Bueno, bueno, está bien, está bien”, me dijo sin ponerse agresivo.
Cuando iba a medio camino, a lo lejos vi unas camionetas y sentí miedo. Entonces vi un hotel donde a veces comíamos y se me hizo fácil meterme. Sabía que ahí era menos probable que me encontraran.
Adentro, comencé a marcar. Para ese momento, el RT ya le había informado al jefe de estación que yo traía al “Chapo” en mi patrulla.

Nunca estuvo en duda avisarles a mis compañeros y mandos. Los conozco y tengo plena confianza en ellos.

Estuve a solas con él un rato. Fue entonces cuando me ofreció dinero.
—Ayúdeme y no va a volver a trabajar. Comandante, dígame qué quiere, pero ya écheme la mano.
—Ahorita vemos, ahorita platicamos de eso.
—Le ofrezco dos o tres empresas de aquí, de Sinaloa; es más, le dejo $50 millones para que no vuelva a trabajar nunca en su vida.
—Ahorita, espérese. Ahorita vemos qué hacemos.
—Comandante, no se vale. Tanto huir y tanto dinero para que usted venga y me entregue. No se vale.
—También entiéndame, estoy haciendo mi trabajo. Nadie me dijo que ahí venía usted. Yo soy policía y estoy haciendo mi trabajo. No vaya a creer que alguien me avisó.
—No ya sé. Ese fue un atorón bien.
—Ahí está. Nomás entiéndame que es mi trabajo.
—Está bien, comandante.
Se quedó callado, se agachó y no me volvió a hablar o a ofrecerme algo.

Al poco rato llegó el RT en la otra patrulla con “el Cholo” y nos quedamos ahí, en la habitación, con los dos hombres esposados.

Me asomé y vi que había personas en la azotea, pero me di cuenta de que eran compañeros policías federales que ya estaban dando el apoyo.
Luego bajó un helicóptero de Marina y llegó Sedena.

Yo ya estaba más tranquilo por todo el apoyo de las instituciones que había en el lugar. Entonces llegaron integrantes del grupo de operaciones especiales de la Marina, que se asomaron a la habitación donde estaba “el Chapo”.
—Tú fuiste, ¿verdad?
—No, no.
—¡Ah, cómo no! No sabes lo que acabas de hacer.

Con una cara de satisfacción y emoción, el marino se dio la media vuelta y se fue.

Hay quien me pregunta por qué no acepté el dinero que me daba. Para mí, fue sencillo: aún con todo su dinero, lo vi sucio, mojado, venía del drenaje, maloliente. Y yo nunca me quería ver así. “Cincuenta millones de dólares que en mi vida me voy a gastar, pero así me voy a ver, huyendo”, pensé.

Como policía, hice lo que debía hacer. Es “el Chapo”: detenlo, espósalo y llévatelo. No había otra opción.

En mi carrera como policía, durante 20 años de trabajo, siempre he tenido que tomar decisiones rápidas y que afortunadamente siempre han sido las correctas.

Para ser un policía que pase pruebas de $50 millones o de 500,000 pesos, hay que querer ser policía, sentir todos los días a la Policía, salir orgulloso y con ganas.
Eso se logra con educación, desde la casa, desde la academia.

Si no hubiera tenido a los padres que tengo, buenos instructores y buenos compañeros, que me enseñaron cosas buenas, talvez hubiera tomado otra decisión. La Policía Federal es mi vida. Es de donde mi familia depende. Es mi orgullo. Es lo que me gusta ser.

La detención del “Chapo” me cambió la vida entera.

En lo familiar, significó hablar con claridad y sinceridad sobre lo que había pasado. Aunque mi hija estaba pequeña, tuve que explicarle que su vida también iba a cambiar. “Entiendo”, me dijo.
También cambió mi vida en el trabajo. Tuve mandos que le dieron un correcto valor al trabajo, un valor real, y eso me permitió tener un ascenso y un reconocimiento a alguien que, como policía, hizo lo correcto.

Hoy estoy convencido de que los policías debemos comportarnos en todo momento como se esperaría que se comporte un policía íntegro y profesional.

Eso significa hacer cosas buenas para que la sociedad siga viéndonos bien, que no siempre ha sido fácil, porque a veces se dejan llevar por una imagen distinta a lo que en realidad somos.
Si no actuamos en todo momento con el corazón, nos vamos a tardar en lograr la confianza y el respeto de la ciudadanía, que es indispensable en la tarea policial.

Tengo la fortuna de ser ejemplo de que cuando actúas de forma correcta, las cosas salen bien, que la Policía Federal te lo reconoce y eso te motiva a echarle más ganas.

Sé que de haber decidido otra cosa aquella mañana, habría perdido lo que ya gané, que es el respeto de mi familia y de quienes en mí confían. Además de que hubiera decidido seguir una vida que me condenaba a estar siempre huyendo y en la que difícilmente hubiera tenido un buen final.

“Yo tenía que compartir el instrumento con otros 20 violinistas”

Dirigiendo la orquesta

El director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel tiene muy presente en todo momento sus orígenes, a pesar de su fama internacional y de haber logrado uno de sus sueños: dirigir la Filarmónica de Berlín, con la que actualmente está de gira por Asia.

En esta entrevista, habla de las diferencias entre las orquestas, la importancia de acercar la música clásica a los jóvenes, su pasión por romper barreras, los problemas actuales de su país y del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, donde se formó.

¿Qué significa para usted dirigir la Filarmónica de Berlin?
Un sueño hecho realidad. Conversaba el otro día con un amigo y le decía que para mí, ha sido lo más natural del mundo. Yo nunca me he presionado para lograrlo. Pero mi primer sueño musical está relacionado con esta orquesta. Me acuerdo que iba a los conciertos en Barquisimeto de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Lara y me sentaba en la primera fila del Teatro Juárez, un teatro de principios del siglo XX. Y ya entonces soñaba con estar aquí, en Berlín.

¿Se tiene que pellizcar a veces?
Sí, porque uno no debe perder la inocencia. Cuando pierdes la inocencia, todo se vuelve rutinario.

Usted es el director musical de la Filarmónica de Los Ángeles. ¿Puede definir en qué se diferencia una orquesta norteamericana de una europea?
Dudamel: Con Los Ángeles, donde ya dirijo desde hace 10 años, hemos construido un discurso sonoro juntos. Es una orquesta maravillosa, a la que dirigieron desde Zubin Mehta hasta el gran Otto Klemperer. Pero cuando llegas a una orquesta como invitado, como es el caso de Berlín, llegas como el invitado a una casa. Si es tu casa, tratas de disfrutarlo. Así es con una orquesta. Toda orquesta tiene una tradición, un sonido, una forma de tocar que tú, antes de imponer algo, tienes que escuchar. Es como bailar: vas enseñando y aprendiendo un poco el movimiento de tu pareja y te vas adaptando. O como manejar un coche: no es lo mismo manejar un Ferrari que un Aston Martin. Son dos carros rápidos pero los dos son muy distintos.

¿Ya manejó uno?
Alguna vez, por diversión. Me encantan los coches, desde que era niño, por la tecnología. Pero volviendo al tema, no puedo hacer sonar a la Filarmónica de Los Ángeles como la Filarmónica de Berlín.

Llegó a Los Ángeles con un proyecto de aproximación a la comunidad, sobre todo latina, de la ciudad.
Sí. La primera propuesta fue crear una orquesta con niños. La Filarmónica de Los Ángeles tiene que participar en moldear el futuro de la sociedad. Yo provengo de una iniciativa similar, pero de mucha más larga data: el Sistema de Coros y Orquestas juveniles de Venezuela, creado por el maestro José Antonio Abreu. La filarmónica asumió la propuesta inmediatamente. Y en estos 10 años que existe YOLA, la orquesta juvenil, ya vamos por el séptimo centro. Ahora el arquitecto Frank Gehry esta diseñando un centro en Inglewood, una zona de escasos recursos, complicada, dónde hay un banco que se reestructuró y se va a convertir en un escenario y en un espacio musical.

Su figura hasta hoy, con sus 38 años, está asociada a la juventud….
A pesar de las canas que me están saliendo.

¿Cuál es la importancia de ganar un público nuevo, más joven?
Es fundamental, y eso no es una fantasía, sino una realidad con mucha base. Yo crecí en un proyecto así, el sistema, y por eso sé que funciona. El objetivo no es que esos niños luego sean músicos profesionales, sino que tengan un aprendizaje musical. Algunos después deciden ser músicos, otros no. De los compañeros de mi generación, han salido ingenieros, emprendedores, médicos. Pero nunca dejan de estar en contacto con la orquesta y nunca dejan de escuchar conciertos. De esta forma han aprendido a desarrollarse como espectadores y atraen a su vez a gente que no tiene nada que ver con la música. Por eso no podemos quedarnos sentados en un trono. Tenemos que ir hacia la gente y hacer entender lo que hacemos. Porque tampoco es llegar y tocar, sino mostrar la posibilidad transformadora que tiene la música.

En los ensayos para el show del Super Bowl en 2016, actuamos con Beyoncé, Bruno Mars y Chris Martin de Coldplay. Ensayamos cada detalle, cada movimiento, el sonido. Es un trabajo y eso se respeta. Por eso yo no pongo muros entre la música, el arte. Incluso hay un video de la Filarmónica de Berlín tocando con los Scorpions. Todo eso crea un puente hacia un público que no está acostumbrado a escuchar música clásica. Hay una frase de Miguel de Unamuno: “La libertad que hay que darle al pueblo es la cultura”.

A diferencia de Europa, en Estados Unidos las orquestas no tienen problemas en trabajar con músicos pop.
No, y está bien que así sea. Estas superestrellas, en algunos casos verdaderas leyendas, son artistas maravillosos. No te imaginas el nivel de perfección en los ensayos, cómo aprecian cada detalle. En los ensayos para el show del Super Bowl en 2016, actuamos con Beyoncé, Bruno Mars y Chris Martin de Coldplay. Ensayamos cada detalle, cada movimiento, el sonido. Es un trabajo y eso se respeta. Por eso yo no pongo muros entre la música, el arte. Incluso hay un video de la Filarmónica de Berlín tocando con los Scorpions. Todo eso crea un puente hacia un público que no está acostumbrado a escuchar música clásica. Hay una frase de Miguel de Unamuno: “La libertad que hay que darle al pueblo es la cultura”.

¿Es una experiencia que llevó de Venezuela a Los Ángeles?
Sí, la de romper barreras. Cuando comencé a dirigir en Los Ángeles, nos embarcamos en proyectos maravillosos. Nunca me hubiera imaginado hacer una ópera con Frank Gehry, pero así fue. Me ayudó a que hiciéramos la trilogía de las óperas de Mozart con los libretos de Da Ponte con tres arquitectos: Jean Nouvel, que hizo “Las bodas de Fígaro”, Zaha Hadid, que hizo “Cosi Fan Tutte” y Gehry con “Don Juan”. Ahora acabo de hacer con el coreógrafo Benjamin Millepied, el esposo de Natalie Portman, una versión de “Romeo y Julieta” con una filmación en vivo de ciertas partes del ballet. Todo lo que estaba sucediendo alrededor del hall aparecía en una pantalla en el escenario simultáneamente con la danza.

¿En qué situación está el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela?
El sistema sigue adelante a pesar de la complejísima situación que estamos viviendo en Venezuela -económica, social, espiritual. Hoy es un emblema de esperanza. Esto no lo digo como una frase hecha, porque a pesar de todo, el sistema no se ha detenido. Estamos viviendo un momento muy complejo debido a la salida de muchos talentos del país. Pero de alguna manera también, a pesar de la compleja situación, de lo difícil que puede ser para un músico, para cualquier tipo de profesional, salir del país, veo muchos de ellos en todo el mundo y no pierdo la fe en que volverán y que se están enriqueciendo y están siempre en contacto con sus compañeros en Venezuela.

¿Es decir que el sistema tendrá en el futuro un papel que ahora ya no puede tener?
Mientras haya un niño en los núcleos, el Sistema está vivo. Un solo niño, un maestro. Aun hoy, en la situación actual, eso genera un efecto multiplicador. El sistema se ha hecho de adversidades. Cuando el maestro (José Antonio) Abreu lo creó, nadie creía en él. Le costó muchísimo abrirse camino. Cuando estaba en Barquisimeto, no teníamos un sitio dónde tocar, no había instrumentos. Yo tenía que compartir el instrumento con otros 20 violinistas, uno tocaba una hora, después el otro. Nos decían “la orquesta de los sin techo”. Y a pesar de todas las crisis que hemos estado viviendo en los ochenta, en los noventa, todavía estamos.

Gustavo Dudamel. Director de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles

¿Es una situación terminal?
El filósofo francés (Jean-Jacques) Rousseau le preguntaba a Dios en “Las confesiones” por qué le había hecho pasar tantas situaciones adversas. La respuesta: te he hecho débil para caer en el hueco, porque te he hecho lo suficientemente fuerte para salir de él. Yo podría hablarte de todo lo terrible que está sucediendo en mi país, que es triste y doloroso. Cada vez que veo salir a un joven, me duele. Cuando veo que la gente no tiene la posibilidad de comprar los bienes básicos, me duele, también porque allá vive mi familia, de la que nunca me he desconectado. Pero al mismo tiempo debemos seguir luchando porque al final del túnel hay una luz, y esa luz significa unión. Porque la polarización ha calado hondo hasta en las mismas familias.

Para que la unión suceda, ¿Nicolás Maduro deberá dejar el poder?
Yo creo que el pueblo es sabio y sabrá decidir cuál es su futuro. El problema es hoy la sobrepolitización, y de eso tenemos que proteger a nuestros niños. No podemos enfermarlos con esta diatriba política y esta pelea permanente de que si tú eres culpable. Cada uno tiene que asumir su responsabilidad y su culpa. Nosotros, desde las pequeñas posiciones en que estamos, tenemos que construir el país.

¿Pero existe hoy ese margen en Venezuela?
Absolutamente. Creo que ahora es el momento. Pero los tiempos de un país son distintos a los tiempos de un individuo. Nosotros podemos desesperarnos, pero un país necesita mucho tiempo para transformarse. Basta con ver lo que vivió Alemania: dos guerras mundiales, regímenes dictatoriales, un muro que los separó. Tantos años de sufrimiento y tantas equivocaciones. Nosotros también hemos sido muy golpeados, también por nosotros mismos, por no tener la disciplina suficiente. Pero no es momento de achacarnos culpa. Es el momento para que cada quien asuma la responsabilidad que tiene.

¿Se siente como protector del sistema desde el exterior?
Completamente. Yo soy un papá.

¿Y esa posición también le ha llevado a mantenerle en silencio durante mucho tiempo?
Pero es que yo nunca he estado en silencio. La gente sabe solo el 0.1 % del trabajo que hago. Yo muchas veces he estado en Venezuela y nadie sabe que estoy ahí. Viajamos por el país viendo cómo están los núcleos, pero yo no hago alarde de eso o me tomo una selfie. He estado metido en sótanos viendo ensayos de orquestas, nunca en la sala grande; me he reunido con los muchachos, estoy en contacto con ellos a través de Skype…

¿Cuál es su papel como ciudadano de Venezuela?
Mi papel es de unir y no dividir. Porque para mí, es muy difícil tener un público que está completamente dividido y yo dividirlo más. Mi función es que el publico sienta que cuando está escuchando música, se está uniendo. Habrá otros que hacen discursos políticos, pero esa no es mi función. El resto es trabajar, no por un lado o por un color, sino por toda Venezuela.

¿Cuál es la base de su optimismo?
Cuando me pasan los videos de todo lo que está sucediendo en Venezuela y veo toda la cacofonía que se vive, y al mismo tiempo veo niños en un curso de oboe -ahora vas a pensar que estoy loco-, es que eso es lo que brinda esperanza, tal cual lo concibió el maestro Abreu con el sistema. Por eso tengo fe en que vendrá el momento en que Venezuela se desarrolle, porque ahora estamos en el hueco, pero nos han hecho lo suficientemente fuertes para salir de él.

Región sin remedio

Es un problema mundial, pero golpea especialmente a esta región del globo: el acceso a los medicamentos caros, la sustentabilidad de los sistemas para lograrlo y la vía judicial como herramienta que muchas veces termina favoreciendo a los pacientes, pero poniendo en aprietos a los Estados.

Desde el punto de vista económico es un fenómeno particular. Sucede que quien paga el medicamento no es quien decide su prescripción (el médico) ni quien lo consume (el paciente). La demanda es inelástica, porque la gente no decide enfermarse, y cuando se enferma suele estar dispuesta a endeudarse y pagar lo que sea por el medicamento que le prometa más o mejor vida. A su vez, la investigación en torno de los medicamentos no está en manos de los Estados, sino de la industria, y las patentes son la forma que tienen los laboratorios de recuperar el costo de sus investigaciones. Sin embargo, esto habilita los monopolios u oligopolios de medicamentos, y la consecuencia es el cierre del círculo: precios inaccesibles.

Así lo expuso recientemente Tomas Pipo Briant, asesor en medicamentos, tecnologías de la salud e investigación en la Organización Panamericana de la Salud (OPS), durante un congreso regional organizado por el Banco Mundial y que tuvo lugar en Montevideo a principios de septiembre. “¿Cuánto cuesta desarrollar una molécula?”, se preguntó Pipo Briant en esa instancia. Y si bien distintos estudios han intentado responderlo, los resultados revelan que no lo sabemos a ciencia cierta: las estimaciones van desde $100 millones hasta $4,200 millones.

¿Y qué tan redituable termina siendo para los laboratorios? Los datos demuestran que en cualquiera de esos dos escenarios, la ganancia supera la inversión, y con creces. Algunos ejemplos: en 17 años, la empresa que creó el Rituximab se hizo de $110,000 millones; la que generó el Trastuzumab ganó $ 88,000 millones en el mismo lapso; y la que desarrolló el Imatinib, $63,000 millones en 15 años. De ahí que en el sector se esté queriendo acuñar el término “medicamentos de alto precio” en vez de “de alto costo”.

Así, ningún país del mundo ha logrado brindar todo a todos. En el mismo congreso, Juliana Vallini, representante del Fondo Estratégico para Suministros de Salud Pública, también de la OPS, consideró que “garantizar un acceso equitativo a los medicamentos” con limitaciones presupuestarias ha sido más difícil en América Latina.

¿Por qué? Puede haber distintas explicaciones —una de ellas, sostuvo, es la falta de agencias independientes de evaluación de fármacos, como hay en Europa. Pero más allá de las causas, Vallini puso el foco en posibles soluciones. Primero, apostar a “evidencias de calidad”, y para ello pidió que los países se apoyen en las guías que emite la OMS. Aunque eso no es garantía, porque a menudo sucede que un país quiere un medicamento y la industria no está interesada en brindárselo a un país con poca demanda; o porque en otros casos el Estado dice “no quiero comprar tal medicamento porque no cierra la ecuación costo-beneficio”, y termina comprándolo igual por mandato judicial.

Vallini contó casos exitosos de compra conjunta a través del fondo de adquisición de medicamentos de OPS. Con el Darunavir, por ejemplo, Suramérica consiguió el precio de venta más bajo de la historia de este fármaco. Las compras centralizadas como región, en las que cada país pone sobre la mesa sus volúmenes de demanda, han dado buenos resultados.

En países como Brasil y Colombia se ha incursionado en políticas de regulación de los precios. En Argentina, la compra conjunta entre varios organismos logró bajar un 80 % el precio que imponía la industria para el Factor VIII, que se usa para el tratamiento de la hemofilia tipo A. Uruguay, en tanto, logró un acuerdo de riesgo compartido con el laboratorio que produce Trastuzumab, por el cual el Estado paga una cuota fija por mes si el número de pacientes nuevos se mantiene en un rango, sin importar en qué fase del cáncer se encuentren. En este caso rige una cláusula de confidencialidad —el país está impedido de divulgar el precio final— y el laboratorio asume el riesgo de financiar el medicamento aún en casos de bajo costo-efectividad.

Otro camino que la región y el mundo están transitando es la incorporación de biosimilares, es decir, copias de los biológicos originales. Esto conlleva ciertos riesgos y si bien se espera que en un futuro implique una reducción de los precios, la diferencia aún no es considerada suficiente.

En lo que todos están de acuerdo —médicos, abogados, pacientes, autoridades— es en la perversión del sistema tal como viene funcionando, y en la inconveniencia de la judicialización. Sin embargo, la obtención de un medicamento por decisión de un juez sigue siendo una realidad en la mayoría de los países de la región, y en varios viene en aumento.

Los datos demuestran que en cualquiera de esos dos escenarios, la ganancia supera la inversión, y con creces. Algunos ejemplos: en 17 años, la empresa que creó el Rituximab se hizo de $110,000 millones; la que generó el Trastuzumab ganó $88,000 millones en el mismo lapso; y la que desarrolló el Imatinib, $63,000 millones en 15 años. De ahí que en el sector se esté queriendo acuñar el término “medicamentos de alto precio”, en vez de “de alto costo”.

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BIOSIMILARES SEDUCEN COMO UNA FORMA DE ABARATAR

Los medicamentos más caros son los biológicos. Se diferencian de los sintéticos (como la Aspirina), porque se los desarrolla a partir de seres vivos.

La unidad de medida que se utiliza para saber el peso molecular de los medicamentos es el dalton. Un remedio de síntesis no suele tener más de 1,000; un biosimilar pequeño —como la insulina— tiene 6,000. De los remedios más pequeños se puede saber todo: la cantidad de átomos y la conformación exacta de la molécula, por ejemplo. Pero de los más grandes, los biológicos, no se puede saber tanto. Esto es lo que lleva a que las copias sean similares —biosimilares— y no idénticas.

Con las copias no se hacen tantos ensayos clínicos como con los originales, pues el costo del proceso sería carísimo y el precio terminaría siendo parecido al del original. Por eso, muchos efectos adversos se descubren recién cuando los remedios son probados por los pacientes.

En varios países de la región se empezaron a aprobar medicamentos biosimilares. Uruguay habilitó este año una copia de Rituximab. Este fármaco es entregado por el Estado, pero no para todas las patologías para las que los médicos suelen indicarlo. De hecho, el Ministerio de Salud recibió el año pasado 25 juicios por Rituximab, siendo así el segundo fármaco más reclamado. Argentina también tiene aprobada la venta del Rituximab biosimilar, y de un Bevacizumab. Perú, en tanto, aprobó el Infiximab.

En Brasil aún no hay biosimilares, pero se estudia la incorporación y producción de estos medicamentos. Colombia está en la misma situación.

El Rituximab aprobado en Uruguay, que es del laboratorio argentino Elea, fue retirado del mercado en República Dominicana por falta de pruebas. Algunos expertos, como el farmacólogo mexicano Gilberto Castañera, han denunciado que el Rituximab argentino es un “biomimic”, como se le llama a las copias mal hechas de biosimilares.

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EN LA JUSTICIA

Un trabajo conjunto de 11 medios de América Latina permite concluir que al menos en ocho naciones la judicialización de los medicamentos está instalada. Brasil es, de acuerdo con la información recabada, el país que ocupa el primer lugar en este podio. Los últimos datos del Consejo Nacional de Justicia (CNJ), correspondientes a 2016, dan cuenta de al menos 312,147 acciones pidiendo financiamiento de medicamentos, la mayoría de alto costo. El número total puede ser mayor, porque la clasificación no es bien vista por los tribunales, lo que impide un cálculo preciso. Asimismo, no hay información sobre el número de juicios favorables al paciente.

En Brasil, donde hay 19,000 magistrados, preocupa la eventual falta de contrapunto técnico científico para tomar decisiones correctas. Por eso el CNJ implementó, en noviembre de 2017, una plataforma de asesoramiento para que los jueces puedan salir de dudas respecto de los efectos y la conveniencia de los medicamentos que se reclaman.

En Colombia, Argentina, Costa Rica y Uruguay, tramitar un recurso de amparo para acceder a un medicamento o un tratamiento no incluido en la cobertura es algo habitual. Colombia y Costa Rica cuentan con una herramienta por la cual no es necesario tener un abogado para demandar al Estado. En Colombia, donde viven casi 50 millones de personas, el mecanismo de tutela favorece cada año a cerca 20,000 ciudadanos que reclaman medicamentos de alto costo. En Costa Rica, en tanto, con una población de poco más de 4 millones de habitantes, los recursos de amparo por este tipo de remedios se duplicaron en los últimos ocho años; en 2017 fueron 317 y el 59 % se resolvió de modo favorable a los pacientes.

La judicialización también existe en Argentina, pero al ser varios los organismos que entregan medicamentos resulta muy difícil cuantificarla. Esa fragmentación de la cobertura y la financiación diferencial de determinadas patologías llevó a que se multiplicaran las posibilidades de entablar juicios, principalmente mediante recursos de amparo. En Argentina sí se requiere de un abogado y el costo corre por parte del demandante, aunque hay asociaciones de pacientes e incluso laboratorios que colaboran.

Los peores escenarios. A pesar de que el acceso a los medicamentos es un problema de toda la región, en países como Venezuela es complicado encontrar medicamentos considerados comunes.

De acuerdo con la respuesta de la Secretaría de Salud de la Nación, se registran en los archivos de los últimos años 26 reclamos judiciales de acceso a medicamentos de alto costo, de los cuales 21 se iniciaron en 2017 y cinco en lo que va de 2018. El pago por obligaciones judiciales liquidadas en 2018 es de $1,295,867. De todas formas, la información global de la judicialización allí no es de acceso público.

En Uruguay, si bien se hacen juicios particulares, la bandera de los recursos de amparo por medicamentos y tratamientos caros la lleva, sobre todo, el consultorio jurídico de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, que brinda asesoramiento gratuito a las personas de menos recursos. Los datos del consultorio dan cuenta de un crecimiento sostenido de las demandas en los últimos nueve años, y en 2018 ya se batió el récord con 185 juicios realizados al Ministerio de Salud Pública y al Fondo Nacional de Recursos, organismo encargado de brindar estos medicamentos. De las demandas presentadas desde el consultorio este año, el 98 % fueron favorables a los pacientes.

Hay países en los que llegar al juzgado por salud es posible, pero no es tan habitual. México, Perú y Puerto Rico no tienen instalada está práctica, lo cual no significa que tengan resuelto el acceso a los medicamentos.

En Venezuela y en Cuba, en tanto, todos los tratamientos están cubiertos en la teoría, aunque en la práctica se esté lejos de lograrlo. Venezuela atraviesa un severo desabastecimiento de medicamentos desde 2016, pero nunca un reclamo llegó a la justicia local (las ONG que defienden el derecho a la salud han recurrido, sí, a organismos internacionales). En Cuba, si bien se producen muchos medicamentos, el embargo económico ha provocado la falta de otros que no solo se consiguen de afuera, y en consecuencia ha proliferado el mercado negro. Apelar a la justicia allí no es una opción real.

Hay un país donde la judicialización ha sido vencida. Es Chile, donde en los últimos cinco años tan solo 170 personas demandaron un tratamiento, y de esos menos del 5 % se resolvió a favor del demandante. Estas cifras, que son fruto de la ley conocida como Ricarte Soto y aprobada en 2015, enorgullecen a los chilenos y provocan admiración en la región.

Cuando la decisión judicial es proteger la vida del paciente más allá de estas consideraciones, los ministerios y organismos oficiales apuntan contra el Poder Judicial por inmiscuirse en asuntos técnicos y amenazar así la sustentabilidad de sus sistemas. Los operadores judiciales, en tanto, suelen responder que su tarea no es cuidar las finanzas de los Estados, sino salvaguardar derechos de las personas.

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EN EL ESTADO

“La mayoría de las personas no se están muriendo a causa de enfermedades incurables, se están muriendo porque, en ciertas sociedades, aún no se ha decidido que vale la pena salvarles la vida”. La frase pertenece al médico egipcio Mahmoud Fathalla, que fue premiado por Naciones Unidas en 2009. ¿Qué tanto refleja lo que sucede en América Latina? Todas las constituciones latinoamericanas consagran de alguna forma el derecho a la vida y a la salud. Pero a la hora de resguardar ese derecho, los caminos elegidos han sido disímiles.

En el libro “Respuestas a las enfermedades catastróficas”, publicado en 2015 por el instituto argentino CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, una organización independiente), se aborda el problema de la financiación de los medicamentos caros en la región en general y en Argentina en particular. De allí se desprende que la mayoría de los países latinoamericanos generaron, en la última década, un programa o un fondo para evitar que las enfermedades de alto costo determinaran la ruina de los sistemas de salud. En muchos casos se rigen por normas más ágiles y tienen cierta autonomía, pero siempre funcionan bajo el mando de la autoridad sanitaria máxima, lo cual los mantiene ligados a los gobiernos.

A grandes rasgos, hay países que prevén un sistema gratuito y universal (Cuba, Venezuela, Uruguay, Costa Rica, Perú, Colombia, Brasil, Chile), otros que exigen copagos en función de los ingresos (Puerto Rico) y otros que solo financian medicamentos de alto costo a los ciudadanos que se atienden en el sector público (México, Argentina).

De acuerdo con las cifras aportadas por los distintos medios que colaboraron con este informe, los países de la región prevén en promedio 0.5 % de su PIB en medicamentos y tratamientos caros. Pero eso no incluye lo que luego terminan gastando por orden judicial. En Brasil, por ejemplo, el monto presupuestado en 2017 fue de unos $ 1,879 millones, mientras que lo que se gastó en juicios fue $319 millones. En Uruguay, lo presupuestado ese año fue $260 millones, pero el Estado debió desembolsar más de $4.8 millones por la vía judicial. En proporción, la judicialización en Brasil representa el 14.5 % del total de lo que se gasta, y en Uruguay es el 1.8 % —aunque ya se prevé que este año será más del doble.

La mayoría de los países resuelven su cobertura de medicamentos de alto costo con base en una lista taxativa de enfermedades o de medicamentos indicados para algunos estadios de ciertas patologías. Esto explica la proliferación de reclamos administrativos y judiciales de pacientes cuyos médicos les indican un tratamiento que el Estado no contempla entre sus prestaciones obligatorias. Muchas veces, la discusión en los juzgados se centra en si los medicamentos reclamados tienen suficiente evidencia científica o no, y en si su financiación es válida en términos de costo-efectividad.

Cuando la decisión judicial es proteger la vida del paciente más allá de estas consideraciones, los ministerios y organismos oficiales apuntan contra el Poder Judicial por inmiscuirse en asuntos técnicos y amenazar así la sustentabilidad de sus sistemas. Los operadores judiciales, en tanto, suelen responder que su tarea no es cuidar las finanzas de los Estados, sino salvaguardar derechos de las personas.

Chile ha logrado zafar de este conflicto porque “el Poder Judicial tiene bastante consciencia en general de que el rol de la distribución de los recursos corresponde al Ejecutivo”, dice Jaime Burrows, exsubsecretario de Salud de ese país. ¿Cómo lo hizo? Según Burrows, una de las claves es la transparencia en los procesos de decisión: el ministerio es capaz de explicar los motivos de la inclusión o exclusión de cada medicamento en la cobertura. Otra de las razones es la participación de los pacientes en esas decisiones, algo que en otros países aún se debe.

En el primer mundo, donde el gasto en medicamentos es mayor que en la región, el partido se juega hoy en poner freno al lucro de la industria. Sin soluciones sencillas, pero con algunas ideas de por dónde se debería transitar, la región tiene por delante este desafío de alta complejidad.

El primer mundo. En países como los europeos, la discusión gira en torno de si se debe o no poner un freno al lucro de la industria farmacéutica.