Muchos escribimos para intentar comprender el mundo y la realidad. Para hacernos preguntas y contestarlas, desde un plano de honestidad que solamente la literatura puede permitir.
Muchos escribimos para intentar comprender el mundo y la realidad. Para hacernos preguntas y contestarlas, desde un plano de honestidad que solamente la literatura puede permitir.
Comencé a calcular distancias de otros soles, a puro lápiz. Hasta ahora sé que las chifladuras tienen que ver con la creatividad.
Funerarias, hospitales, aeropuertos comparten un olor común: el olor de las despedidas, el olor de la tristeza, el olor del llanto, el olor del final, el olor del adiós. El olor del dolor.
Se ve que desde aquellas épocas existió gueto literario en los países pequeños, donde la palabra no se vende o se vuelve prisionera.
El diablo anda suelto, es cierto, pero habita en los corazones de todos esos padres, tíos, hermanos, amigos, vecinos y maestros que atormentan a nuestras niñas.
De Costa Rica trajo hermosos poemas de amor dedicados a Urania, y desde Guatemala nos trajo la palabra para “seguir cantando lo que nos duele cotidianamente.
Hay un romanticismo distorsionado que exalta lo consecuente del artista sufrido, muerto de hambre y en permanente penuria.
“Oye, con él tenés abiertas las puertas de la universidad, tomale la palabra”. Yo tenía apenas tres meses de estar en Costa Rica y me sentía desempleado.
No se sabe el momento preciso en que escribió su carta de suicidio. Jamás ha sido publicada. Nicanor Parra, su hermano mayor, la guarda con celo. A pocos les ha permitido leerla. Quienes lo han hecho aseguran que el papel tiene pringas de sangre.
La otra cafetería importante, la Americana, no era visitada por los poetas, sino por políticos y señores respetables. Por su precio más elevado, no cabían los poetas, los periodistas, vendedores y menos los “orejas”.