Escritores y acciones de vida

Aprovecho mis vacaciones de fin de año para escribir e investigar sobre la vida cotidiana del escritor. Escudriñando en mis lecturas he encontrado varios pasajes de escritores, periodistas y poetas sobre una vida que contrasta con el concepto que se tiene tradicionalmente sobre ellos, muchas veces producto de una sociedad no lectora y desde ese punto de vista inculta. Entendido el concepto como falencias en la integración con la vida, no tiene que ver si se es profesional o de escasas letras. El mejor ejemplo lo da José Saramago cuando dice que su gran maestro de sabiduría fue su abuelo analfabeto. La falta de vida origina que el calificativo de poeta se confunda con modoso, sin oficio, vagabundo, ajeno a su realidad. Prejuicio que a la larga tiene alto costo cultural.

Pero veamos unos pocos ejemplos, pues he encontrado muchos casos que ilustran lo contrario del prejuicio.

Gordon George Byron (1778-1824), poeta y escritor inglés, aristócrata, heredero de grandes propiedades. El liberalismo de su época lo llevó a involucrarse en la insurgencia de otros países, al grado de formar batallones militares para apoyar la independencia griega del imperio turco. Siguió su propósito y eso le costó la vida a los 36 años. Es considerado un clásico inglés.

William Walker (1864-1860), poeta (precisamente su preferido era Lord Byron), médico (graduado de la mejor universidad de Estados Unidos, Pensilvania), periodista, abogado, políglota y militar. Al llegar a Nicaragua con su mercenarios se entronizó como presidente por el poder de sus armas; su mira era apoderarse de Centroamérica y el Caribe. Afirmaba: «La raza mestiza es la decadencia. ¿Qué se debía hacer? A mí me tocaba americanizar Centroamérica… regenerar a las razas mestizas?» (New Herald, 7 de junio de 1857). «Acción que solo puede hacerlo un país poderoso y civilizado». Su intervención guerrera costó la muerte de un aproximado de miles de centroamericanos, sin tomar en cuenta a sus mercenarios estadounidenses y de Europa. Incluso recibió elogios del gran poeta Walt Whitman por su valentía al invadir otros países atrasados (México, Cuba), que Walker calificó de ociosos y perversos (lo dice en sus memorias de guerra).

A propósito de esa gesta independentista centroamericana contra Walker, cito al capitán y poeta Francisco Iraheta, del ejército salvadoreño (no he encontrado referencias del escritor, solo históricas); aparece un parte que da la idea de esa guerra: «Señor, nada más debo darle parte que anoche murió el último soldado de mi compañía», se dirige a su general en jefe, Ramón Belloso.

Amos Oz (escritor y periodista israelí, 1939-2018). «Novelista prolífico, laico pero con profundo conocimiento de la tradición religiosa y hondo sentido de la compasión, y controvertido pacifista en una tierra donde condenar la violencia suele considerarse traición… Su obra refleja la historia milenaria de un pueblo y el conflictivo parto de una nación contemporánea» (Armando González, Letras Libres, México). Está considerado el mejor prosista en lengua hebrea moderna, egresado de universidades de Jerusalén y Oxford. Fue oficial en el ejército israelí y participó en las guerras de los Seis Días (1967) y en la del Yom Kipur (1973) (Enciclopedia en Línea).

Amos Oz habló del compromiso de un escritor desde su primera obra hasta su desarrollo total como escritor. Posteriormente se convertiría en destacado militante por la paz y simpatizante de los movimientos insurgentes de América Latina. Dedico más líneas a este escritor, que hablaba español, porque nos vimos varias veces en conferencias internacionales. Como eterno candidato al Premio Nobel, no habérselo dado –dice la crítica literaria– privó del Nobel a uno de los escritores más sobresalientes de la literatura contemporánea.

Franz Kafka (1883-1924), judío checo. Sus libros que más me influyeron fueron «Carta al padre» y «Cartas a Milena», aunque no son sus obras más representativas. Con casi todos sus libros sin publicar, en su lecho de muerte le dijo a su amigo y editor Max Brod que rompiera todos sus originales. Brod intuyó que la humanidad no podía perderse de su literatura y no le cumplió la promesa.

J. D. Salinger (1919-2010), su novela «El cazador oculto», conocida también como el «Cazador en el centeno», influyó en el asesinato de John Lennon, según lo manifestó el criminal. El hecho dio pie para hacer cine de tercera categoría de crímenes de carácter macabro.

A propósito, uno de los cuentos de Salinger, «Hace buen día para cazar el pez banana», lo leí en una revista con temas del hogar en una peluquería de quinta categoría en el Centro Histórico. El peluquero me la ofreció mientras ejercía su labor. Jamás había escuchado sobre Salinger y lo descubrí de casualidad. Este hecho trivial me anonadó e inspiró para escribir y publicar mi primera narración en 1964, titulada «El nombre» (Revista Vida Universitaria). Un hecho tan casual me tiene escribiendo hasta ahora narrativa en vez de poesía.

Un ejemplo paradigmático sobre ejercer oficios disímiles fue el de Miguel de Cervantes (1547-1616), quien como capitán peleó cinco años, de tal manera que en su tiempo fue considerado «soldado y poeta», por partes iguales en su vida. Combatió en Turquía y en Túnez. Fue prisionero y esclavo en las galeras, y casi pierde un brazo en la batalla de Lepanto.

Otro caso es la gran novela contemporánea: «Ulises«, de James Joyce (1882-1941). Sin embargo, cuando se la dieron a leer a la escritora y editora inglesa Virginia Woolf declaró que no había podido leer «semejante basura» (The Times). A propósito, años después, he tenido el honor de publicar dos novelas traducidas al inglés en esa editorial de Londres.

También pasó en España con «Cien años de soledad», rechazada por considerarla baladí, lo cual creó resentimiento en el escritor colombiano Gabriel García Márquez, pero lo superó posteriormente. España respiraba el oscurantismo fascista de Franco, pero la editorial era propiedad de editores y escritores aperturistas (Seix Barral) frente a la censura. Consideraron que esa obra como novela jamás tendría futuro en España ni en Europa. «Cosa veredes, amigo Sancho».

El agua no es de todos

No hay que engañarse. Hace tiempo que el agua en el país dejó de ser «de todos» y se ha convertido en un privilegio. Ahora, el acceso al líquido marca una profunda división social al igual que el acceso a servicios de salud de calidad o a la seguridad. No se ha necesitado privatizar el agua –ni la salud– para que esta sea un negocio, ante la mirada indolente y cómplice del Estado.

En ese gran marco de inequidad, en el que más de un millón de salvadoreños aún no cuenta con agua potable en sus hogares, se discute una ley de agua. Un proyecto que ha caldeado los ánimos de la gente y los primeros ya han salido a las calles a protestar. Esto por lo que se considera un intento de la derecha por privatizar el recurso. Aunque, en realidad, lo que hay en el país es una privatización fáctica del agua. Al menos para una buena parte de la población así lo es.

El agua es un lujo. Para las familias más pobres lo ha sido desde hace décadas. Privadas de un servicio de agua potable y de un saneamiento adecuado, han vivido una pesadilla que ahora el resto de la sociedad teme que se vuelva algo generalizado. Y solo porque se ha comenzado a plantear como un problema que puede afectar a todos los estratos sociales es que se le ha dado más atención al tema.

Pero muchas familias tienen años de comprar barriles de agua para vivir, encareciendo aún más su precaria situación. Solo un ejemplo: en el cantón El Coyolito, de La Unión, nunca han tenido acceso al agua potable. Sus pozos se secan en los meses sin lluvias y tienen que comprar toda el agua que consumen: la que beben y usan para los quehaceres domésticos. Se la compran a un vecino de otro cantón que ha descubierto un nacimiento en su patio y comercializa el líquido. Así, sin ninguna autoridad visible, el agua es una mercancía más en las desérticas afueras de La Unión.

El caso de esta comunidad no es aislado ni único, sino que se multiplica en los demás departamentos del país. LA PRENSA GRÁFICA publicó hace unos días cómo desde ranchos privados sacan agua a discreción del lago de Coatepeque para comercializarla. Pero no solo ahí. El marcado consumo de agua envasada en el área urbana es otra muestra de una privatización de facto del líquido. Comprar agua era algo impensado en el tiempo de nuestros abuelos, hace apenas tres generaciones. Sin embargo, ha pasado lo mismo que en el ámbito de la salud. El sector público brinda un servicio tan malo que los que pueden pagar prefieren lo privado. Incluso las instituciones del Estado, que así como contratan seguros médicos para sus empleados compran agua embotellada para sus oficinas. De nuevo, el acceso al agua de calidad se determina por el poder de compra.

Y en el centro de todo está la incompetencia de ANDA. La Asociación Salvadoreña de Industrias de Agua Envasada (ASIAGUA) lo tiene claro cuando refuta uno de los «mitos sobre el agua embotellada» que cree la población: «El problema no es que no exista suficiente agua para suplir la demanda de la población y la industria, el problema es que ANDA no es capaz de abastecer lo requerido debido al mal estado de sus cañerías y equipos de bombeo; por lo que, si las industrias desaparecieran, aun así seguirías sin el servicio de agua potable», apunta un afiche en su página oficial.

La discusión de la ley de agua no se puede trivializar. Tampoco se puede caer en la simpleza de asegurar que es una cortina de humo. Es un tema vital. Legislar sobre el agua es legislar tanto a los consumidores como a los poderosos. No solo a las empresas que la comercializan sino a la agroindustria. En los últimos años, el país ha reportado cosechas récord de caña de azúcar, lo cual conlleva uno de los principales consumos de agua del país. Ser un país productivo y garantizar agua para todos es lo que se debe discutir en el marco de la ley de agua. Los salvadoreños que no tienen acceso al líquido lo demandan. El agua debe ser de todos.

La tela del tiempo

«Uno solo es capaz de notar que el pasado es hermoso porque nunca comprende la totalidad de una experiencia en su momento. Se expande más tarde, y por lo tanto no tenemos emociones completas en el presente, solo en relación al pasado». Leo este comentario de Virginia Woolf en el tercer volumen de su diario. Ella lo anota unos momentos antes de cenar, la noche del 18 de marzo de 1925.

Me la puedo imaginar luego de cerrar el diario, guardarlo y de ahí levantarse del escritorio antes de dirigirse al comedor. Mientras me cuesta entender las propuestas sobre el tiempo de los físicos teóricos como Stephen Hawking y Einstein, esta frase de Woolf sobre la simultaneidad del pasado, el presente y el futuro y el hecho que la experiencia humana no se limita al presente me parece lógica y muy cierta.

Pienso en la idea de Woolf de no poder comprender la totalidad de una experiencia en su momento mientras limpio una mancha pequeña en una pared de la cocina, que parece ser salsa de tomate seca de hace años. Lo más probable es que nació de alguna vez que mi (ahora ex) marido cocinaba los espaguetis italianos que tanto le gustaban.

Ahí quedó grabada la mancha en el continuo espacio-temporal. Quién iba a poder deducir entonces que esa gota de salsa de tomate duraría más que mi matrimonio o que el significado de esa mancha seguiría expandiéndose en el tiempo, cobrando un significado mayor en el futuro. Ahora la veo y esa manchita es un símbolo perfecto de la impermanencia de algunas relaciones y la acabo de borrar con un trapo.

Hace poco tuve otra experiencia parecida del tiempo cuando volví a ojear un libro sobre la artista Camille Claudel, que me regaló mi abuela, Stella, luego de un viaje a París. Ella siempre firmaba los libros con dedicatoria y por eso sé que consiguió el libro en una librería que se llamaba Bretanos, Avenue de l’Opéra, en noviembre de 1994. Mi abuela vivía su presente pero con la consciencia de que en algún momento futuro no me iba a poder comunicar más lo que estaba en ese mensaje; lo mucho que pensó en mí durante su viaje y que me quería mucho, muchísimo.

Aparte de saber que me fascinaba la escultora, ella intuía que en algún momento futuro, que ella no alcanzaría a conocer, yo iba a volver a abrir el tapete de ese libro sobre Camille Claudel y recordarla. Así como decía Virginia Woolf, la experiencia se expande más tarde y es hasta entonces que logramos notar lo hermoso que es el pasado. En este caso, lo bello que es tener entre mis manos un mensaje de mi abuela de hace 24 años como una muestra tangible de su vida y de su amor en el presente.

La experiencia humana se expande en el tiempo como estelas en el mar. Puedo pensar en otro ejemplo de hace un par de años cuando a mi hija se le clavó la idea de cultivar un jardín con vegetales y flores, y lo hicimos en el patio de la casa de mis papás. Durante ese proceso de cavar hoyos en la tierra recordé que la última vez que había cultivado un jardín fue con mi papá en el mismo lugar del patio cuando yo misma era niña.

Ahora yo era madre y lo hacía con mi hija. Pensé que para la tierra lo que apenas fue un instante de tiempo, fueron para mí 35 años. La experiencia de cultivar un jardín de niña al lado de mi papá se expandió en ese momento. Noto lo hermoso que fue el proceso de hacer el jardín con mi papá hasta 35 años después cuando lo repito con Lilli. Virginia Woolf tenía toda la razón.

Carta Editorial

Nelly fue la primera bebé del milenio nacida en El Salvador. Y su historia ilustra a la perfección los grandes vacíos con los que esta generación, una que nació en la posguerra y en el albor de lo digital, ha tenido que crecer.

La de ella es una vida atravesada por todas las políticas equivocadas que se pusieron en práctica en este país y que dejaron a esta, y muchas generaciones más, sin acceso a servicios básicos. Entre las pérdidas más sensibles está la educación. Al limitarla, se reducen las posibilidades de desarrollo en todo sentido.

Cuando Nelly nació, no tuvo ni hospital cerca. Su madre necesitó viajar una distancia considerable para los servicios públicos de salud. Pese a que si se compara con la vida que tuvo su madre se nota que ha habido un avance, lo recorrido no alcanza para que esta joven tenga asegurada una educación superior tras terminar el bachillerato.
Nelly no vive en la capital ni en el Área Metropolitana.

Es del interior del país, ahí en donde más se resiente la ausencia de políticas encaminadas a reducir la brecha de desigualdad. Es irónico que en este país tan pequeño quepa un mundo de diferencia en la forma en la que crecen los niños lejos de San Salvador.

Es como si las medidas estatales estuvieran diseñadas por gente que solo mira de cerca y carece de visión nacional. Acá es donde pierde sentido la representatividad con la que se supone están conformados los tres órganos del Estado.

A Nelly se le debe mucho. No hay manera de saber cómo le hubiera ido si este país hubiera transitado por la posguerra con la mirada puesta en garantizar los servicios básicos, los Derechos Humanos, el acceso a justicia y la equidad. Ahora, ella y su generación tienen en sus manos por primera vez la oportunidad de votar y de construir para otros lo que para ellos hizo falta.

«El arte va más allá que simplemente la virtuosidad»

¿A qué persona viva admira?

Admiro a mi madre porque de ella he aprendido a ser profesional en la música y en cualquier cosa que me proponga.

Si de usted dependiera cambiar algo del medio artístico, ¿qué cambiaría?

El medio artístico necesita educación porque es la clave de cualquier crecimiento.Lastimosamente los artistas salen del país a buscar estudios. Si yo pudiera cambiar algo sería poner un Estudio Superior de Artes en El Salvador.

¿Cómo imagina su vida dentro de 10 años?

Con más estabilidad económica, tener un espacio para mujeres artistas y poder enseñar a las nuevas generaciones para que esto no muera.

¿Qué no perdonaría?

La traición.

¿Cuál es su palabra favorita?

Respeto.

¿Por qué le gustaría ser recordada?

Me gustaría ser recordada por ser una gran artista y ser humano.

¿Cuál es el rol del artista en la sociedad salvadoreña?

«Arte sin contenido solo es muestra de técnica». El arte va más allá que simplemente la virtuosidad. Si somos capaces de tocar las almas por medio de la música o artes escénicas, somos encargados de aportar algo más a este mundo y regalar esperanza ante tanta injusticia y maldad.

Historias sin Cuento

EL LUGAR ELEGIDO

En aquella comunidad de las afueras de la ciudad todos estaban emigrando, y más ahora cuando al sistema casi clandestino de coyotes pagados se le iba agregando la modalidad masiva de las caravanas al aire. Pero no todos se animaban a salir de sus lugares de arraigo para ir en busca de esos otros horizontes, cada vez más cargados de nubarrones amenazantes.

Zoila trabajaba como empleada doméstica de día y su marido, Edwin, era mecánico en un taller de las vecindades. Tenían dos hijos en edad de crecer, un niño y una niña, que ya acudían a la escuela pública más cercana. Un amigo, que lo había sido por muchos años y con quien se frecuentaban muy a menudo, llegó a verlos un domingo por la mañana, a tomar el cafecito de siempre con las quesadillas tradicionales, y luego de algunos rodeos les dio la noticia:

–Compadres, me voy p´arriba.

Él se rascó la garganta y quiso tomarlo a broma:

–¿A qué árbol te vas a subir, maistro?

–N´hombe, p´arriba de camino al Norte. Aquí ya topé.

–¿Y qué dice la doña?

–Pues se queda, a ver si después se va.

–Umm, cuidado, mano.

Llegó el día, sin decir agua va, y el amigo acudió a despedirse:

–Mañana es la cosa. Ya me avisó el coyote.

–Pues yo pensé que te ibas en caravana…

–Ni loco, vos. Tengo muchos callos en las patas y el solazo me atonta. Recogí el pisto y ya. Ahi te aviso al llegar.

Ese aviso nunca llegó. Y aunque al principio el silencio era esperable por las circunstancias que rodeaban la situación, cuando los días se convirtieron en semanas y éstas en meses comenzaron las preguntas entre los pocos conocidos. Hasta que se coló un murmullo:

–Iván se quedó en el camino, antes de llegar a la frontera. Iba en La Bestia y nunca se supo más de él.

El que lo decía era un compañero de viaje, que estaba de regreso, deportado. Edwin y Zoila comprimieron los rostros y se fueron a su iglesia habitual a rezar por el ausente, que no estaba en las sureñas lejanías del Norte sino en algún rincón de las estancias sin fin.

Se le había cumplido su deseo: ir en busca de fortuna a un lugar supuestamente mejor, y sin ningún riesgo de deportación.

S. O. S.

El reloj de mesa de noche, ubicado en cada uno de los dormitorios apiñados en fila, estaba por anunciar que el amanecer iba a asomarse a todas las ventanas, y los habitantes de aquella casa de retiro para personas mayores se hallaban ya listos para comenzar su otro día de reclusión con diversiones programadas. El líder, como siempre, era don Edilberto, a quien ahora todos llamaban don Eddie, lo cual a él le resultaba gustoso al máximo, porque le traía resonancias de su remota infancia, cuando su padre le decía así como reflejo de su devoción por el mundo hollywoodense de la época.

Estaban ya reunidos en el comedor que daba a un jardín de discretas dimensiones pero en el cual cabían dos árboles de buena figura: un morro de múltiples brazos y un naranjo chino que no cesaba de ofrecer sus frutos de animoso jugo. Don Eddie alzó la voz para ser escuchado por todos, incluyendo los que tenían audición limitada:

–Hermanos, hoy vamos a ir a caminar por los alrededores…

–¿Y si llueve? –dijo uno de los más retraídos.

–¡Hombre, qué va a andar lloviendo si estamos ya en diciembre! Mirá los colores del cielo.

Todos, en movimiento sincrónico, volvieron las miradas hacia afuera, y en verdad el aire se hallaba impregnado de colores admirables, que les llegaban por los portillos del ramaje. La emoción nostálgica les invadió la conciencia y les humedeció los ojos.

–¡Vamos, pues! –fue la consigna que circuló de inmediato, mientras se levantaban.

–Esperen, esperen –quiso detenerlos el que venía con la primera bandeja del desayuno.

Pero ellos no atendieron la advertencia. En rápidas filas fueron saliendo al descampado, como si alguien los estuviera esperando. Y ahí se empezaron a dispersar, dando la impresión de que cada uno de ellos respondía a un llamado diferente. Transcurridos unos buenos minutos, los servidores del retiro salieron a acompañar a los que habían salido, sabiendo que estarían por ahí nomás, respirando aire libre.

La búsqueda, sin embargo, se volvió un laberinto. Nadie aparecía, aunque no parecía haber dónde extraviarse o esconderse.

Los guardianes fueron a dar la alarma; y ya cuando estaban por entrar, una pequeña hoja de papel apareció volando sobre ellos. Uno tuvo un presentimiento y la alcanzó de un salto.

En la hoja arrugada había algo escrito con letra vacilante:

«Mejor ni nos busquen, porque no vamos a volver. Queremos pasear como lo hacíamos cuando niños. Y cuando tengamos necesidad, alguien nos va a dar cobijo. Y es que seguimos siendo niños, aunque ustedes no lo crean. Y como los demás no nos conocen, podemos convencerlos de eso sin ninguna dificultad. Les pedimos auxilio al aire y a la luz, y ellos nos atendieron».

En torno, el aire y la luz sonreían gratificados por su buena acción cotidiana.

ESE OTRO ESPEJO

El caserón familiar había conservado sus estructuras originales, pero la decoración moderna sobresalía en todos los espacios interiores. Era como un juego de mundos en convivencia cuidadosamente armoniosa. Y los gestores de esa especie de milagro cotidianizado eran los dos miembros de aquella pareja que habían llegado a vivir a la zona para salir por fin de todos sus enclaves existenciales, que ya los tenían hasta el cuello como las aguas de un estanque turbio.

Ese caserón costó poco dinero, porque todos los posibles compradores tendían a verlo como un simple resto del pasado, y en cambio ellos lo que recibían era la ilusión de transformar el presunto escombro en fulgor imaginativo. Esto desde luego no lo comentaron anticipadamente con nadie para que el precio no fuera a subir.

Lo más pronto posible se trasladaron a vivir a su nueva morada, y durante varias semanas estuvieron ocupados en reavivar el ambiente; para ello habían solicitado sus vacaciones acumuladas en los respectivos trabajos.

Cuando todo estuvo listo, organizaron un pequeño agasajo con sus más allegados: familiares y amigos. Sería una noche veraniega, de luna creciente y brisas suaves circulando por todas partes. Y como la cantidad de invitados era reducida, se animaron a preparar ellos mismos los bocados y a tener listas las botellas correspondientes. Llegaron todos, y la tertulia estaba por iniciar.

Entonces se empezó a producir el trastorno. Algunos desconocidos se habían colado. La luna creciente no aparecía por ninguna parte. Las tenues brisas eran aleteos perturbadores. Y los preparativos concretos del agasajo parecían no darse por aludidos. La pareja andaba de un lugar a otro, sin saber qué hacer. Hasta que un rayo de luz hizo acto de presencia. Solución perfecta. Ese rayo transitó por lo antiguo y por lo nuevo, y luego se detuvo en la pared más próxima y ahí se transfiguró en espejo. Ellos entonces ya podían sentirse fantasmas con toda naturalidad.

Una aldea de Guatemala llora a Felipe, el migrante de 8 años que murió

Fotografía de AP

Un pequeño altar con flores y veladoras yacía sobre una mesa dentro de la sencilla vivienda de madera en una remota región rural de Guatemala. Cerca de allí estaba un pequeño par de botas de hule, adecuadas para un niño de ocho años.

Pegadas a la pared había tres fotos acompañadas por un sencillo epitafio para el niño, cuya memoria se honraba con el improvisado altar: “Felipe Gómez Alonzo. Murió el 24 de diciembre de 2018 en Nuevo México, Estados Unidos”.
En Nochebuena, Felipe se convirtió en el segundo niño guatemalteco en un mes en morir bajo custodia de autoridades estadounidenses cerca de la frontera con México.

Los fallecimientos desataron críticas generalizadas hacia el presidente Donald Trump, que ha procurado responsabilizar de ello a sus rivales políticos, incluso mientras su secretaria de Seguridad Nacional prometía que se realizarán exámenes adicionales de salud a los niños migrantes detenidos.

En sus primeras declaraciones públicas sobre la muerte de estos dos niños guatemaltecos bajo custodia estadounidense, el presidente Donald Trump sostuvo que los dos pequeños migrantes ya estaban “muy enfermos” antes de que llegaran a la frontera, y le endosó la responsabilidad de sus muertes a los demócratas. Sin embargo, ambos niños pasaron los exámenes de salud iniciales de la Patrulla Fronteriza.

***

UNA ALDEA LEJANA
En el poblado de Yalambojoch, donde vivía el niño, en el occidente de Guatemala, las consecuencias políticas en Estados Unidos de lo ocurrido parecían muy distantes y solo había una profunda tristeza por su muerte.

Los parientes dijeron que no tenían idea de que podría ocurrir una tragedia así. Ni habían oído hablar de las políticas estadounidenses por las que miles de niños migrantes fueron separados de sus padres a principios de este año.
“No tenemos televisión, no tenemos radio”, dijo Catarina Gómez, hermana de Felipe. “No sabíamos que había pasado antes”, agregó, refiriéndose a que desconocían que otros niños migrantes ya habían muerto.
La aldea, situada sobre una planicie y rodeada de espectaculares montañas llenas de pinos verdes, es un sitio de pobreza aplastante y falta de oportunidades. Solo hay una pequeña escuela, no es posible transitar por las calles de tierra en época de lluvias y las viviendas son rudimentarias, sin pisos adecuados, agua ni electricidad.

En la comunidad habitan familias que huyeron a México durante los años más sangrientos de la guerra civil de Guatemala, de 1960 a 1996, pero regresaron tras la firma de los Acuerdos de Paz. No hay empleos, y la gente vive exiguamente de la agricultura de subsistencia y el comercio local. Los residentes dicen que el Gobierno guatemalteco ha permanecido impávido ante su sufrimiento, queja que puede escucharse en otros poblados pobres del país.

Catarina dice que desde hace algunos años en la comunidad “todos empezaron a irse a Estados Unidos”, tanto que un proyecto local para mejorar la educación, financiado con cooperación sueca, dejó de funcionar porque ya no había jóvenes a quienes darles clases.

“No tenemos televisión, no tenemos radio”, dijo Catarina Gómez, hermana de Felipe. “No sabíamos que había pasado antes”, agregó, refiriéndose a que desconocían que otros niños migrantes ya habían muerto. La aldea, situada sobre una planicie y rodeada de espectaculares montañas llenas de pinos verdes, es un sitio de pobreza aplastante y falta de oportunidades. Solo hay una pequeña escuela, no es posible transitar por las calles de tierra en época de lluvias y las viviendas son rudimentarias, sin pisos adecuados, agua ni electricidad.

***

LLUVIA DE CRÍTICAS
Los demócratas criticaron a Trump por tuitear que las políticas de inmigración demócratas fueron las responsables de las muertes. En tanto, la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, visitó a autoridades médicas de la Patrulla Fronteriza en Arizona y Texas, en medio de promesas de exámenes de salud adicionales para los niños migrantes.

El comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus iniciales en inglés), Kevin McAleenan, dijo la semana pasada que antes de diciembre, ningún niño había muerto bajo la custodia de la CBP en más de una década.

McAleenan incluso pidió una “solución multifacética” a la crisis de la inmigración, que incluya no solo una mejor seguridad fronteriza y nuevas leyes de inmigración, sino también más ayuda a los países centroamericanos de los que muchos de los inmigrantes han huido. Esto se contradice con un reciente tuit de Trump, en el que amenazó con cortar la ayuda a El Salvador, Guatemala y Honduras.

“Creo que el anuncio del Departamento de Estado de un aumento sin precedentes de la ayuda es un gran paso adelante”, dijo McAleenan en el programa “This Week”, de la cadena ABC. “Hay destellos de esperanza tanto en seguridad como en el frente económico en América Central. Necesitamos fomentar eso y ayudar a mejorar las oportunidades de quedarse en casa”.

El Gobierno de El Salvador, por su parte, rechazó las afirmaciones de Trump de que no hace lo suficiente para frenar la migración hacia Estados Unidos. El país centroamericano informó que ha realizado mejoras económicas y sociales para atacar las raíces del fenómeno migratorio.

En un comunicado, el Gobierno salvadoreño informó que ha realizado una campaña en medios de comunicación, y ha hecho constantes llamados a la población a no arriesgar sus vidas y las de sus familias, especialmente si se trata de niñas, niños y adolescentes. Afirmó que la migración en el país ha caído considerablemente.

Luto y tristeza. Mateo Gómez, de seis años, es hermano de Felipe, de ocho, el niño guatemalteco que murió mientras estaba bajo custodia de autoridades estadounidenses.

***

SIN NADA
Fueron la pobreza extrema y la falta de oportunidades las que impulsaron al padre de Felipe, Agustín Gómez, a decidir que él y el niño partirían rumbo a Estados Unidos. Otros integrantes de la comunidad ya habían podido cruzar la frontera estadounidense con niños, y pensó que tendrían la misma suerte.

Felipe fue elegido por ser el hermano varón más grande. Nadie pensó que el trayecto fuese peligroso.
“No pensé, porque ya varias familias se han ido y llegaron; pensé que iba a ser lo mismo”, dijo Catarina Alonzo, la madre de Felipe, en su lengua indígena chuj porque no habla español. Su hijastra funge como intérprete. Su localidad se ubica en el municipio de Nentón en la provincia de Huehuetenango, a unos 400 kilómetros al oeste de la Ciudad de Guatemala.

Felipe estaba sano cuando partieron, afirma su familia. La última vez que su madre habló con él, un día antes de que lo detuviera la Patrulla Fronteriza, le dijo que estaba bien, que había comido pollo y que la siguiente vez que hablaran la llamaría desde Estados Unidos.

Pero la llamada que entró fue la de su marido el día de Navidad para decirle que Felipe había muerto la víspera.
Ambos habían sido aprehendidos una semana antes, el 18 de diciembre, cerca del puente Paso del Norte que comunica a El Paso, en Texas, con Ciudad Juárez, en México, según funcionarios fronterizos. Padre e hijo fueron detenidos en el centro de procesamiento del puente y luego en la oficina de la Patrulla Fronteriza en El Paso, antes de ser transferidos el 23 de diciembre a unas instalaciones en Alamogordo, Nuevo México, a unos 145 kilómetros (90 millas) de distancia.

Después de que un agente se percató que Felipe estaba tosiendo, padre e hijo fueron transportados a un hospital en Alamogordo, donde al niño se le diagnosticó resfriado, con fiebre de 39.4 grados centígrados (103 Fahrenheit), señaló la CBP.

Felipe quedó en observación durante 90 minutos, se le recetó amoxicilina e ibuprofeno, dijo la CBP, y se le dio de alta. Pero horas después se sintió mal y reingresó al hospital. Falleció poco antes de la medianoche del lunes.

Entre los pobladores que lamentaban la muerte de Felipe estaba su amigo Kevin, de siete años. Dos días antes de que Felipe se fuera, se pelearon. “Andaban llorando porque se habían peleado”, dijo Catarina, la hermana de Felipe. “Luego mi hermanito se fue”. Cuando Kevin llegó a buscar a su amigo, este ya no estaba. Kevin ya sabe que el niño se murió, explican sus familiares.

***

EN REDES
El presidente Trump se refirió por primera vez en tuits al deceso de Jakelin Caal, una niña guatemalteca de siete años que murió el 8 de diciembre, y el fallecimiento de Felipe.

La CBP emitió detallados comunicados sobre los decesos de ambos niños. Una inspección inicial a Jakelin “no reveló evidencia de problemas de salud”, dijo la CBP el 14 de diciembre. No fue sino varias horas después que el padre de Jakelin, Nery Caal, les informó a los agentes que ella estaba “enferma y vomitando”, dijo la dependencia. Abogados de la familia Caal también han negado las afirmaciones de que Nery “no le dio agua en varios días”, como escribió Trump.

La CBP dijo que los agentes realizaron 23 inspecciones a Felipe y su padre durante los primeros dos días que estuvieron detenidos. El padre de Felipe, Agustín Gómez, dijo a un funcionario guatemalteco que el niño comenzó a presentar síntomas la mañana del lunes, el día en que murió.

A pesar de la declaración de Trump de que los demócratas eran responsables por sus “patéticas” políticas migratorias, al menos una de las leyes que su gobierno culpa –una legislación que impide la deportación inmediata de niños sin compañía de un adulto provenientes de países centroamericanos– fue promulgada en 2008 por el presidente republicano George W. Bush.

Los demócratas criticaron los tuits del presidente: “Manchó el recuerdo de Jakelin y volvió a traumar a su familia propagando mentiras de las causas de su muerte”, dijo el representante federal por Texas, Joaquín Castro.
Las declaraciones de Trump el fin de semana pasado ocurrieron el mismo día en que la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, visitaba Yuma, Arizona, donde se reunió con funcionarios fronterizos y personal médico. A través de un comunicado, informó que “el sistema evidentemente está rebasado y debemos trabajar juntos para atender esta crisis humanitaria y proteger a las poblaciones vulnerables”. Llamó al Congreso a “actuar con urgencia”.

Desolada. Para María Gómez, tía de Felipe, no hay consuelo. Solo una profunda tristeza por la muerte del sobrino de ocho años.

***

LAS CAUSAS
La autopsia mostró que Felipe tenía influenza, señalaron autoridades de Nuevo México, pero es necesario efectuar más exámenes antes de que pueda definirse de qué murió.

La otra niña guatemalteca, Jakelin Caal de siete años, mostraba síntomas de sepsis, una serie de anormalidades de diversa índole en el cuerpo humano relacionadas con una infección, según las autoridades.

Kevin McAleenan, comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, exhortó a que se implemente una “solución multifacética” a la inmigración, incluida no solo una mejor seguridad fronteriza y nuevas leyes migratorias, sino también más ayuda a los países centroamericanos de los que salen los migrantes.

Refiriéndose a la promesa estadounidense efectuada a principios de diciembre de destinar $5,800 millones para ayuda al desarrollo en América Central, McAleenan consideró que se trata de “un enorme paso adelante”.

“Hay indicios de recuperación tanto en el frente de seguridad como en el económico en Centroamérica. Necesitamos impulsar eso y ayudar a mejorar las oportunidades para quedarse en casa”, declaró a la cadena ABC.

El alcalde de El Paso, Dee Margo, dijo que se reunió con Nielsen e informó que está de acuerdo con ella en que las políticas migratorias están “fracturadas”. “El Paso lidia con los síntomas como resultado de la falta de fortaleza en Washington, en ambos lados, para lidiar con nuestras políticas migratorias”, dijo Margo, un republicano.

Felipe y Agustín Gómez fueron aprehendidos por agentes fronterizos el 18 de diciembre cerca del puente Paso del Norte –que conecta El Paso con Ciudad Juárez, en México–, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus iniciales en inglés). Ambos estuvieron detenidos en el centro de procesamiento del puente y luego en la oficina de la Patrulla Fronteriza en El Paso, hasta que alrededor de la 1 de la madrugada del domingo fueron trasladados a unas instalaciones en Alamogordo, Nuevo México.

Recuerdos. En la casa que habitaba, ahora hay una especie de altar con las fotos de Felipe.

***

EL LUTO
Afuera de la casa de los Gómez en Yalambojoch, se reunieron varias mujeres que vestían faldas de lavanda decoradas con los intrincados patrones utilizados en la ropa indígena de la región. Coloridas mantas colgaban en un tendedero sobre el terreno lodoso.

Pegados a la puerta estaban también unos dibujos que Felipe hizo en la escuela. Uno mostraba un globo azul con un hilo verde; en el otro, un caballo blanco saltaba una cerca y en el fondo brillaba un sol amarillo en un cielo anaranjado.

Entre los pobladores que lamentaban la muerte de Felipe estaba su amigo Kevin, de siete años. Dos días antes de que Felipe se fuera, se pelearon.
“Andaban llorando porque se habían peleado”, dijo Catarina, la hermana de Felipe. “Luego mi hermanito se fue”.
Cuando Kevin llegó a buscar a su amigo, este ya no estaba. Kevin ya sabe que el niño se murió, explican sus familiares.

Tratando de contener las lágrimas, Catarina Alonzo cuenta que su hijo le hizo algunas promesas antes de irse, como que cuando fuera un adulto trabajaría para mandarle dinero. Felipe también quería comprarle un celular para que ella pudiera ver imágenes.

En aquel momento solo esperaba dos cosas: que le devolvieran cuanto antes el cadáver de su hijo para poder sepultarlo, y que le permitan a su esposo quedarse en Estados Unidos porque aún tiene una deuda que pagar y otros hijos que mantener.

El consulado guatemalteco en Phoenix ha dicho que Agustín Gómez fue puesto en libertad con un permiso especial humanitario, el cual le permite estar en territorio estadounidense por ahora. Mientras, el cadáver de Felipe fue repatriado y ya descansa cerca de la aldea de la que salió con la esperanza de tener más oportunidades.

Sin oportunidades. Durante los años del conflicto armado, los habitantes de Yalambojoch huyeron hacia México. Regresaron tras la firma de los Acuerdos de Paz. Ahora, poco a poco, están volviendo a irse, esta vez, más al Norte.