INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (12)

EL PRIMER DÍA

Cuando lo recordamos se vuelve el único.

EN EL TERRENO FÉRTIL

No olvidemos jamás que todas las palabras son semillas en vela.

CLARIDAD EN PAREJA

Las luces apagadas son la mejor invitación al desvelo radiante.

VELÁMENES AZULES

¿Estarán esperándonos en el confín de la memoria?

ALGUIEN TOCA EL CRISTAL

La imagen transparente que anda buscando afinidades íntimas.

CIUDAD QUE VUELVE

San Salvador se acuerda de sí misma en su versión de lámina y madera.

UBICACIÓN SAGRADA

Nos conocimos en el atelier de nuestras húmedas respiraciones.

TE DESCUBRÍ EN UN CRUCE

Que no fue de caminos ni de calles, sino de pensamientos olvidados.

AQUÍ EN EL CINE APOLO

Hubo una vez un templo para los dioses del Lejano Oeste.

EN LA HORA PRIMA

Las nubes soñolientas se me acercan a protegerme como al hijo pródigo.

EN LA HORA NONA

Hay que asomarse al tragaluz más próximo a recibir a la primera estrella.

VERDAD FLUYENTE

Cuando el alma suena es que escombros lleva.

SERVICIO A DOMICILIO

El ansia de soñar hace que las imágenes estén siempre dispuestas a acudir al instante.

RESIDENCIAL PROFÉTICA

Debemos habitar en las afueras de la vida vivida, sin perderla de vista.

AYER PASÓ EL COMETA

Y la mejor prueba de ello es que tenemos intenciones de inventar un eclipse.

LA MAÑANA DEL SÁBADO

Salimos a vagar por las acogedoras espesuras del alma compartida.

EN EL VALLE DE SAN ANDRÉS

Los árboles se abrazan desde ambos lados de la calle como si recordaran su hermandad.

VITRAL QUE NUNCA DUERME

En él venimos conociendo las rutas de nuestra intimidad desconocida.

LOS HUMANOS SOMOS

Veleros vagabundos que lo que menos quieren es llegar a puerto.

EL PRÓXIMO EQUINOCCIO

Las colinas recogen sus chales nebulosos para entrar en confianza con la puntualidad del calendario.

AL PIE DEL ALTAR

Todas las oraciones hacen fila para aguardar su turno en el reparto de suspiros.

COFRE DE MONERÍAS

¿Quién lo dejó olvidado en el umbral trasero del Primer Día de la Creación?

COLÓN ERA UN FANTASMA

Y estamos descubriéndolo mientras el viejo Océano ordena sus memorias.

EL CIELO EXISTE

Sólo hay que ir a encontrarlo en algún ático del subconsciente.

REGRESAR ES VIVIR

Y por eso nos da tanta ilusión reencarnar cada vez que nos sea posible.

SIN VUELTA DE HOJA

Es lo que dice el bosque cuando le preguntamos cuál es su ley de vida.

LA ROSA DE LOS VIENTOS

Se conserva intacta porque cambia de pétalos a diario.

EN RUTA INEVITABLE

Para llegar a la cumbre del alma hay que tomar el funicular de la memoria.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (209)

1710. LA FICCIÓN MÁS REAL

Las filas de vehículos eran interminables a aquella hora de la tarde, cuando los trabajadores de todo nivel iban de regreso a sus hogares luego de la jornada laboral. Ellos estaban en una de esas filas y la impaciencia por el atascamiento les ganó la voluntad. En la siguiente bocacalle doblaron hacia la derecha, y de inmediato se dieron cuenta de que aquella zona de callejas y callejones parecía instalada en otra época. Como ya no era viable regresar, siguieron adelante, y muy poco después se hallaban en una plazoleta rodeada de edificaciones, a todas luces habitacionales. “¿Te acuerdas de este lugar?” le preguntó él a ella, con un dejo de emoción. “Sí, en uno de estos edificios vivían tus padres contigo, y en otro mis padres conmigo”. “¿Pero cómo puede ser, si nosotros aquí somos inmigrantes?” Se quedaron mudos. La nostalgia los acunaba como a recién nacidos.

1711. CONOCIÉNDOSE AL FIN

“¿Y usted, de dónde ha salido?” La pregunta era un soplo. “Yo soy un residente de siempre en este lugar”. Rechazo sin paliativos, como si el soplo se volviera ráfaga: “¡No mienta, usted es un intruso recién llegado, y la prueba es que no me ha reconocido…” El interrogado pareció sacudirse un peso de encima: “¿Quiere conocer el espacio donde resido?” Silencio, evidentemente de duda. “Bueno, como dicen que el que calla, otorga, tomo su respuesta. Sígame, por favor”. Las voces se esfumaron. Todo quedó en quietud, como siempre. Pero el jardín parecía otro, aunque los detalles de eso eran muy sutiles. Por ejemplo, un reguero de hojas verdes que llegaba hasta la boca entreabierta del hormiguero. ¿Y quiénes habían sido entonces los interlocutores recientes? Quizás el brote que nació ahí y que regresó en maceta y el recién elegido líder del hormiguero.

1712. PARÁBOLA DE LA SALVACIÓN

Cuando lo encontraron, tirado en una rústica acera de la pequeña urbanización donde vivía gente de recursos casi inexistentes, todos supusieron que era una de esas víctimas que acribillan en un lugar y van a abandonar en otro. Las autoridades, luego de unas simples indagaciones, lo dieron por desconocido, como a tantos otros. Pero unos pocos días después apareció en el lugar una mujer desconsolada que preguntaba por el ausente. Nadie le daba razón, hasta que se topó con otro desconocido, que merodeaba por ahí. “Yo sé a quién busca. Era narco clandestino, como yo. Cada vez que nos veíamos me hablaba de usted, “la Rubia”, y me pedía que la protegiera cuando él ya no estuviera. ¿Me deja hacerlo? A él se lo acabó la mara contraria…” Ella sollozó, confortada. Y ambos desaparecieron, pero por huida, no por muerte, aunque la diferencia sea tan sutil.

1713. NUEVO DESTINO

La luz se encendió sin que nadie activara ningún dispositivo mecánico. ¿Puro efecto de la voluntad, entonces? Puede ser, aunque esos efectos inesperados nadie puede probarlos. Los presentes se encontraban ya sentados alrededor de la mesa, con sus copas de vino servidas, a la espera del brindis. El que estaba en la cabecera era el más joven, y abrió el encuentro en estos términos: “Como siempre, Él nos ha convocado, pero esta vez no quiere estar en persona, para que lo podamos recordar sin ninguna reserva…” Alguien pidió la palabra: “Como esta es la primera vez que nos reunimos sin Él, tenemos que hacerle honor a su presencia, que es el mensaje que nos encarga”. Otro alzó la mano: “Yo, como el mayor que soy, siento que su decisión nos une y debe unirnos para siempre: expresemos, pues, el compromiso alzando la copa sagrada…” Y la reacción fue unánime: “¡A la salud del Espíritu Universal!”

1714. IDENTIDAD RECUPERADA

La mañana despertó con una luminosidad que no era la común en aquellos días del año, en los que las brumas están prontas a imponerse. Él salió a la pequeña terraza del apartamento ubicado entre el mar y la montaña. Y, para su sorpresa, el mar parecía haberse recluido en una esquina y la montaña mostraba una amplitud de la que comúnmente carecía. Era, pues, momento propicio para salir a caminar por las sendas arboladas. Se apresuró a dirigirse hacia ahí. Como normalmente no lo hacía, cualquier sensación sería inesperada. Se internó al azar, y pronto estuvo en un claro cuyo centro era una pieza intacta, con todas las características de las imágenes clásicas en los monasterios más antiguos. Se preguntó en voz alta: “¿Dónde estoy?” Y un rumor entre las hojas le dio respuesta: “En el inicio de tu retorno a los orígenes. Eres un monje sin edad”.

1715. GESTIÓN DEFINITIVA

La ceremonia sería al borde del agua, en aquel hotel de playa que era el más solicitado del momento. Todo estaba a punto, con el mobiliario, los arreglos florales y los adornos previstos. Los contrayentes se hallaban en sus respectivas habitaciones, arreglándose para cuando llegara la hora. El mar parecía otro invitado expectante, con un suave oleaje animador. El grueso de los asistentes ya se hallaba ahí, y entre ellos ninguno se percató de que había una presencia que nadie conocía. Se dio la señal. Aparecieron los novios. El letrado celebrante ocupaba su puesto. Dio comienzo el acto. Llegó el instante del enlace, y al ir a consumarse una ola se alzó envolviéndolo todo. Desastre total. La presencia desconocida se hallaba en un rincón, a salvo. Era la otra enamorada del novio, la desdeñada, que se había aliado con poderes oscuros para reponerse del daño.

1716. OFERTA CON ORÍGENES

Ahí, enfrente, se alzaba la formación rocosa que tenía en su parte superior aquel monumento inconfundible. Él, que era anímicamente un turista de mochila, estaba sin embargo hospedado en un hotel de cinco estrellas, en cuyo piso superior había un restaurante con vista total sobre el paisaje en el que convivían los grises de las colinas con los verdes de los boscajes y en medio las urbanizaciones blancas. Esa mañana, ya en vísperas del equinoccio de otoño, aquel hombre de mediana edad que andaba en busca de emociones de tránsito vital, era de los primeros en llegar a tomar su desayuno en el restaurante del piso octavo, y lo primero que vio fue aquella mujer joven ataviada como una deidad antigua: “¿Eres tú, Afrodita?” Ella sonrió, halagada. “Pues si no lo soy, puedo serlo: la Diosa del Amor… Si quieres te lo demuestro, aquí frente a la imagen milenaria del Partenón”.

1717. LA SUERTE DE DON ELÍAS

La pregunta surgió como un cometa repentino: “¿Alguien aquí recuerda a don Elías?” Todos se miraron entre sí sin atinar. El que había hecho la pregunta se sintió obligado a dar algún tipo de explicación: “Don Elías circulaba por todas partes en el Barrio San Miguelito, donde crecimos. ¿No se acuerdan? Era el cartero”. Entonces todos sonrieron, y algunos hasta soltaron la risa. ¿El cartero? Oficio en vías de desaparecer, porque ya no hay cartas, ni postales, ni tarjetas de Navidad… “¿Y qué se ha hecho don Elías?” “Está en un asilo, de seguro recibiendo cartas del más allá…”

CIUDADANÍA FANTASMAL (18)

CASOS DE LA VIDA REAL

El cuerpo exánime estaba tendido en el suelo, y algunos de los presentes se esmeraban nerviosamente en reanimarlo. Era inútil. Y la causa estaba a la vista: aquella ingesta de alcohol que había sido un grifo abierto desde hacía horas en una celebración entre amigos por el motivo que fuera, que siempre los hay a la mano. Llegaron los paramédicos, y luego de un prologado empeño, lo declararon difunto. A su lado, la esposa sollozaba, inconsolable. Entonces trasladaron el cadáver a la morgue.

Ya casi de madrugada, el velador de turno oyó sonidos en la cámara. La abrió. El cadáver se estaba incorporando. Y, sin más, saltó al suelo.

–¡Ya me voy, no aguanto los encierros! Ah, ¿dónde está mi mujer?

–Se fue en cuanto lo depositaron ahí.

Él salió volado hacia el lugar donde había pasado el percance. Los pocos presentes lo recibieron con susto alcoholizado:

–¡Regresó el que estaba ausente! ¡A su salud!

–Gracias, cuates. ¿Dónde está Ulises? Ah, ni me lo digan, de seguro con mi mujer. Voy ahorita mismo a aguarles la fiesta a esos cabrones. La Providencia está de mi parte. ¡Ajúa!

SELFIE INMEMORIAL

A él siempre le habían inculcado que la familia es sagrada, y tal afirmación la mantenía fija en el subconsciente, como una marca de fábrica. Cuando la decisión de formar familia propia estaba tomada, la antigua verdad asumida le resurgió como un aura envolvente, con luz y con aroma originales. Y en la celebración de la boda, que se realizaba en un resort de playa con características paradisíacas, el momento de las fotografías testimoniales había llegado:

–¡A ver, que en cada mesa alguien active un selfie que incluya a todos los que están ahí!

El movimiento se hizo notar en los grupos, que eran numerosos y pequeños. Los celulares comenzaron accionar. Aquel parecía de pronto un convivio de luciérnagas.

En la mesa de los contrayentes sólo estaban ellos y sus respectivos padres. El novio tomó la instantánea. Y cuando la mostró, los gestos de incredulidad se hicieron virales. Y es que en ese selfie había algo inexplicable: en primera plana, los seis presentes –los cuatro padres y los dos recién casados— y detrás de ellos una multitud de rostros de los cuales sólo unos cuantos eran identificables. ¿Serían los antepasados que se asomaban a dar su aval?

EL OTRO VELAMEN

El equinoccio de otoño estaba bien próximo, y aunque en aquella zona tropical eso no estuviera marcado en el calendario, se podía adivinar en los pálpitos del aire que habría cambio de estación. Para los seres más sensibles, ese era una especie de llamado al recogimiento propio de las impresiones otoñales, que tienen luz y frescura características.

En la diminuta vivienda de aquella pareja recién unida ambos compartían la sensibilidad de lo inefable. Esto les daba un impulso de armonía que iba surgiendo desde muy adentro, y por eso fue espontánea la reacción ante la propensión del clima:

–Es hora de navegar, mi amor. El aire nos lleva hacia el agua.

–Ah, pues vamos, para que el fuego no se nos vaya a esconder en la tierra.

Se fueron al puerto más cercano y buscaron el velero anhelado. No había ninguno que hiciera excursiones. Había que contratar uno para desplazarse en solitario. Lo hicieron. Ya en las olas y con las velas alzadas, él y ella se abrazaron, conmovidos. Empezaban a descubrir que aquel era un velero imaginario, en el que podrían navegar para siempre.

UN JARDÍN ANÓNIMO

Desde el doble ventanal de la sala en el apartamento del piso 11, el despliegue de los entornos era una comunidad de edificios de diversas edades y alturas. Algunos, a todas luces de otro tiempo aunque con prestancia visible; otros, ya en proceso de sustitución arquitectónica para aprovechar los espacios en edificaciones al día; y unos cuantos ya característicos de los tiempos presentes. En fin, un despliegue de presencias verticales en el apiñamiento característico de las grandes urbes.

Él, que era un recién llegado por efecto de las condiciones imperantes en su país de origen, se asomaba constantemente a dicho ventanal, para sentirse partícipe del paisaje urbano, tan diferente a aquél en que siempre había vivido. Tenía suficientes recursos para estar ubicado donde estaba, pero había algo que era en su mente una pérdida no resuelta.

Por eso estaba ahí, junto al ventanal de cortinas levantadas, todo el tiempo que le era posible, muy escaso por cierto porque andaba en busca de ocupación en aquella ciudad desconocida, que además era una isla concentrada al máximo.

¿Y qué era lo que buscaba con tanta ansiedad? Siquiera un remedo inspirador de aquello que allá, en su vecindario de colonia de buen nivel, había sido lo natural a lo largo del tiempo: el jardín envolvente instalado en la tierra viva. ¿Pero aquí cómo? Eso se lo preguntaba a diario, hasta que esa tarde su mirador se fue convirtiendo en una pista insospechada: ahí, en un hueco entre edificios esbeltos, parecía hallarse refugiada una familia de verdor.

Se quedó en éxtasis. ¡Su jardín anhelado, que se le aparecía después de tanta ilusión de encontrarlo! Y entonces exclamó sin palabras: ¡Gracias, Manhattan, por devolverme la emoción de estar aquí y allá al mismo tiempo!

CUANDO LA HORA SUENA

Los cuervos revoloteaban alrededor, y en contraste con las imágenes tradicionales ese cruce de vuelos mostraba todos los visos de ser un ejercicio ceremonial. El monasterio a aquella hora se encontraba sumergido en un letargo silencioso, porque todos sus habitantes permanecían en trance de meditación crepuscular. Sólo uno de ellos deambulaba por ahí, como si los cuervos entusiastas lo mantuvieran en alerta.

La iluminación atmosférica se iba difuminando minuto a minuto, y eso hacía que las sombras fueran apareciendo con voluntad invasora. Y entre las que tomaban cuerpo con más nitidez, una se acercó hacia él como si tuviera un mensaje que darle:

–¿Ya te diste cuenta en qué año estamos, en qué mes estamos, en qué día estamos?

El aludido se quedó en suspenso, y tardó unos segundos en reaccionar:

–¿Por qué me pregunta eso, señor? Yo no lo conozco.

–De seguro no me recuerdas, porque somos viejos conocidos, desde antes de tener memoria…

–Pues va a tener que explicármelo, porque yo no entiendo nada.

–Aquí está tu calendario personal, con las fechas envueltas en círculos.

En ese preciso instante sonó una campana, que para él era inconfundible, porque era la del monasterio. Hizo el gesto de volver hacia ahí.

–No, espera, hoy te toca ir a otro monasterio, que es el de tu época siguiente…

Y de inmediato la oscuridad se hizo plena mientras los cuervos seguían revoloteando alrededor.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (208)

1702. EL PRIMER APLAUSO

La intensidad azul de aquel mar tranquilo era la mejor acogida. El bote que transportaba pasajeros se detuvo junto al muelle, y todos empezaron a salir. La mayoría turistas de mochila. Uno de ellos, un joven que llevaba una bolsa de ropa y un violín en su estuche, caminó hacia el restaurante Gariful, que estaba enfrente, y cuyas mesas daban hacia afuera. Antes de que llegara salió a su encuentro aquella muchacha que mostraba tanta emoción que parecía a punto de alzar vuelo. Abrazo intenso. “¡Por fin llegas, el concierto empezará en unos instantes!” Él tuvo un segundo de confusión. “¿El concierto? ¿Que no será pasado mañana?” Ella se rio, ilusionada: “¡Hablo del nuestro, del que se iniciará en unos minutos, en la habitación que tienes reservada, después de tanto tiempo de que estuvimos juntos en el Conservatorio! ¡Bienvenido a Hvar, intérprete virtuoso, Croacia es tuya!”

1703. FICCIÓN IDEAL

Había sido una tertulia impregnada de recuerdos cálidos, como cada vez que estaban reunidos todos los que integraban aquel grupo que se empezó a formar desde los remotos años de la convivencia parvularia. Pero en esa oportunidad se dio una presencia inesperada: aquel silencio con alma de ausente. Todos hablaban y reían como siempre, entre vasos rebosantes, pero él parecía envuelto en una túnica impenetrable. “¿Qué te pasa, Gabriel?”, le preguntó uno de los presentes, y la pregunta se animó de pronto como el vuelo de un insecto provocador. Él no salió de su cápsula envolvente, pero envió una mirada que era a la vez mensaje y advertencia. “Estoy aquí, pero siento que no estoy”. “¿Y eso? ¿Ya te volviste pensador extravagante?” Él sacudió la cabeza antes de responder: “Quizás, y por eso me voy”. “¿Hacia dónde?” “Hacia el vitral más próximo…”

1704. RECORDATORIO LABORAL

Estaba dormido en una banca del parquecito aledaño a la iglesia, y por su apariencia era muy difícil identificarlo como un indigente o como un excéntrico. Los transeúntes pasaban a su alrededor, sin percatarse de su presencia. Hasta que aquella señora con su perrito atado a una correa iba a pasar cerca del durmiente. Ella se detuvo a la par del sujeto inmóvil, que parecía una figura ideada por algún pintor subconscientemente surrealista. Allá a lo lejos, desde una lejanía de ésas que parecen producto de la imaginación, surgió un repique de campanas. Había llegado la hora. Mientras el perrito lanzaba un aullido de bienvenida, ella llamó al que reposaba: “¡Ángel, es tiempo de que vuelvas a tu función natural!” Él se incorporó como ante un llamado insoslayable. “¡Gracias, Memoria, estoy dispuesto!” Ella sonrió, alejándose. Él, como ángel de la guarda, tornaría a su trabajo.

1705. BLOODY MARY FELIZ

Cada vez que le pagaban la mensualidad de su pensión se sentía habilitado para recuperar experiencias vividas, así fueran las que podían considerarse más simples e ingenuas. Ese día recibió su sobre y ni siquiera contó lo que había adentro. Se fue directamente al bar donde desde siempre iba a desahogar sus ansias de libertad interior, ya que la libertad exterior se hallaba tan sometida por las adversidades cotidianas. Desde que probó el Bloody Mary fue su coctel favorito. Como buen lobo solitario, nunca había nadie con él; pero esta vez el Bloody Mary tenía un sabor nostálgico que no era común. Entrecerró los ojos y comenzó a ver imágenes. ¿Por cuál iba a decidirse? Sí, por esa, la de Maribel, su primera novia. Lo dejó por un piloto. Murieron en un accidente aéreo. Él sonrió: “Gracias, Maribel, por dejarme en tierra, como un caminante más…”

1706. MOMENTO ÍNTIMO

La parte de la Plaza junto al agua, y el café-bar AlTodaro al aire libre estaba repleto. Verano vivo. Repicó la campana y ellos, que andaban buscando dónde reposar a la luz de un Bloody Mary y de un gin and tonic, ocuparon una mesa bajo la claridad soleada. El mesero de alta figura, que parecía sacada de una muestra de personajes de antaño, se acercó con la orden. Los vasos llenos y los recipientes con galletas y papas fritas. Se hallaban en un lugar clásicamente mágico: la Plaza de San Marcos en Venecia, y el movimiento humano era constante; pero eso no les quitaba su naturalidad invasora a los cientos de palomas que andaban a la busca de algún bocado. Él comenzó a despenicar las galletas y las papas. Se acercó Leonardo el mesero, y él le preguntó: “¿Está prohibido?” Gesto de sí. “Entonces, sigamos, porque la Naturaleza manda”. Y el revuelo de palomas invadió la Plaza.

1707. HONRAR LA NATURALEZA

Dicen que no hay dos sin tres; y cuando él lo pensaba, una sonrisa de múltiples significados posibles se le dibujaba en el rostro. Su naturaleza desafiante no mostraba agresividades inútiles, y eso hacía que se le considerara un ser sociable y entrador, como decían sus amigos. Y quienes mejor recibían tal condición eran las jóvenes de las que siempre andaba rodeado. Cuando el tiempo pareció llegar, se formalizó con Irene, la hija de un empresario farmacéutico muy notorio. Él mostraba un enamoramiento pleno, y ella le correspondía. Uno de los allegados más de confianza le preguntó: “¿Qué andás buscando, Trébol?” Ese era el sobrenombre que le cayó desde siempre. “Nada, sólo ser feliz con lo que tengo”. “¿Y qué tenés?” “La gracia de mi apodo”. “¿Cómo así?” “Dicen que no hay dos sin tres, y como yo soy Trébol, el tercero que soñamos ya viene en camino…”

1708. KOPER, 4 P.M.

El mar sereno estaba muy cerca, y la tranquilidad empedrada del ambiente era perfecta. Se detuvo ante la puerta de la Catedral de la Asunción y dudó entre ingresar o seguir adelante. Él ahora era un peregrino, y así tenía que manejar su búsqueda. Luego de asomarse y enviar una mirada intensa hacia el altar, dispuso seguir caminando. Lo que no advertía es que aquella mirada iba volando detrás de él, hasta que se posó en su hombro. De pronto, una motocicleta inesperada se detuvo a su lado. “¡Sí, es ella, Lorella!”, a quien conociera cuando ambos estudiaban en Roma, adolescentes extranjeros. Lo cautivó y desapareció. Sólo sabía que era una joven eslovena, originaria de Koper, el puerto sobre el agua azul. Y entonces la mirada que seguía posada sobre su hombro voló para posarse sobre el hombro de ella. Ya podían seguir el viaje juntos hacia el ensueño siguiente.

1709. LEY DE VIDA

Dispuso ser músico desde que tuvo conciencia de que los sonidos podían tener vida propia. A partir de aquel momento, la vivienda hogareña se convirtió en un foco de armonías improvisadas. Pero había una cosa curiosa: aunque todas las casas estaban pegaditas, los sonidos de aquélla no se percibían en el entorno inmediato. Y es que los sonidos eran su forma espontánea de respirar. No podía dejarlos porque caería exánime. Era músico porque el aire le permitía serlo. Ahí se quedaría, pero no como un alma en pena sino como un alma en gracia.

CUENTOS DE MEDIO MINUTO (14)

PRIMER INDOCUMENTADO

(Homenaje al cuentista húngaro István Örkény)

Cuando regresó por la vía de la deportación, lo primero que hizo, después del encuentro en familia, fue dirigirse al predio baldío que estaba inmediato. Ahí se arrodilló, y aspiró a profundidad el aire:
–Estoy aquí contigo, aire libre, porque sé que fuiste el primer indocumentado, y por eso me podés entender como nadie…
La ráfaga pasó sobre su frente, como el aleteo del buen augurio más inspirador.

EN LA FILA INDIA

Aquella ordenada multitud no cesaba de moverse hacia el interior en ningún momento del día, ni siquiera en la nocturnidad. Todos los aspirantes al ingreso parecían aceptar la espera con voluntad pacífica. Hasta que se acerca aquel anciano a todas luces iracundo. Cuando llegó a la entrada, le espetó al empleado:
–¿Y vos qué dijiste: este pendejo ya aceptó volver a su hogar de origen? ¡Pues no, cabrón, yo sigo siendo Adán, y quiero ser libre!

FICCIÓN AZUL

Las nubes se organizaban para aquella que sería, según todos los cálculos, la primera jornada estelar de la estación lluviosa. Y alguien, que ninguno de los bloques gaseosos presentes podía identificar, se venía acercando por una de las estribaciones del terreno, y al llegar les advirtió de pronto:
–Les aviso que se acercan las nuevas corrientes cálidas del cambio climático. Tienen que dejar de ser tan inocentes, muchachas…

EL NUEVO CICLO

Colgaron en la pared principal aquella manta que contenía un dibujo del mapamundi. Todos se ubicaron frente al dibujo, como si estuvieran en un aula de las de antes. El conductor de la sesión dio el toque para el comienzo:
–¿Listos? Aquí está el mapa. Hay que decidir a dónde vamos a ir a establecernos…
Alguien preguntó:
–¿Y por qué no se lo dejamos al azar? Eso es lo más congruente con nuestra naturaleza…
El conductor se mesó la esponjosa barba blanca:
–Sí, pero recuerden que fuimos dioses y hoy ya nadie nos lo reconoce.

MISIÓN FRAGANTE

La tierra estaba húmeda y el aire estaba seco. El caminante venía moviéndose desde una lejanía que se hallaba mucho más allá de la cadena de montañas visibles. Y como ya le pesaba la pequeña bolsa que traía colgada del hombro, buscó ayuda. Entró en una tiendita de antigüedades, y de inmediato ofreció:
–¿Quiere comprarme algo para tener yo con qué comer?
–¿Y qué trae?
–Las últimas flores del jardín de mi conciencia.

AL AIRE LIBRE

Cuando llegó la primera golondrina, alguien le preguntó desde algún ramaje próximo:
–¿Ya te cansaste de querer hacer verano?
Arribó entonces el jilguero despistado y la misma voz le dijo:
–Qué bueno que has renunciado a ser solista…
El cuervo estaba por posarse y la voz tuvo un amago de burla:
–Vas a tener que pedirle a tu amigo Edgar Allan que te ayude.
Los tres miraron hacia el ramaje:
–Nunca vas a salir de ese rincón donde has estado siempre, envidioso de las alas.

LA VERDADERA IDENTIDAD

Sonó el reloj de pie, con su repique clásico. Aunque se hallaba en un rincón, tenía la actitud de ser el centro de todo. La noche estaba empezando y los invitados comenzaban a llegar. El dueño de la casa se acercó al reloj:
–Como siempre, te pido silencio cuando estén aquí. Ya los conoces.
El reloj los conocía mejor que nadie. Eran las almas en pena que se reunían en la casa de su guardián para emocionarse con sus remembranzas, y lo que más angustia les daba era recordar que el tiempo existía y que tenía voz.

REVELACIÓN DEL ECO

Mientras las frases seguían destellando en el aire, el silencio del lugar parecía estar a la defensiva. Así lo sentía él, que era el protagonista, a pesar de todo.
¿Y qué significaba “todo”?
–La pregunta te compro.
–¿Y vos quién sos?
–Si lo adivinás te lo digo –ofreció entre risas.
–Ah, ya sé. El de siempre.
–¿Cómo así?
–Mi eco favorito.
–Cuidado, sin ofender. Yo no soy tu eco: soy tu otro yo.

EL OTRO OFICIO

Los empleados iban llegando a la oficina del jefe, para la reunión a la que habían sido convocados, y se ubicaban en sus asientos de siempre. Aquel lugar era por costumbre el orden en persona. Pero en aquel encuentro algo indefinible parecía variar la rutina.
Cuando el jefe apareció, todos se pusieron en guardia. ¿Qué era aquello? El señor se colocó en su podio y comenzó a gemir. Total silencio en torno.
Pasados unos cuantos minutos, el jefe carraspeó y dio inicio a su explicación:
–Los he reunido para anunciarles que esta empresa se cierra. No es cuestión de números, sino de letras. Yo me voy a dedicar a escribir mi historia y ustedes van a tener que buscar otras ocupaciones. No quedarán en el aire, porque yo voy a estar pendiente de ustedes en todo momento. Es lo que nos toca a los espíritus liberados de sus ataduras inútiles.

HORA PICO

El tráfico era un caos anunciado. Las filas de vehículos salían por todas partes. Y, para colmo, empezaba el azote de la lluvia. Como era natural a aquella hora, ellos iban uno detrás del otro, y aunque al principio él pensó que el todoterreno de ella estaba simplemente esperando turno de avance, cuando pasaron los minutos y la pitazón se hizo estruendosa, él se dio cuenta de que el vehículo de adelante estaba detenido.
Los dos se bajaron al mismo tiempo. Y al nomás verse todo lo que les rodeaba desapareció como por encanto. Dicen que la ilusión le cierra los ojos a la realidad.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (207)

1694. SOLUCIÓN INESPERADA

Sin proponérnoslo, poco a poco nos fuimos convirtiendo en una familia indefinible. Tanto así que en el vecindario donde todos se conocían empezaron a proliferar los murmullos sobre un posible trastorno anímico. Nosotros lo supimos, porque los chismes son como roedores atrevidos. Así las cosas, un día de tantos uno de nosotros compró un billete de la lotería, y fue como si la suerte tuviera prisa en beneficiarnos. Ganamos el premio mayor, que era de muchos miles de dólares. Como nunca habíamos pensado en nada semejante, tuvimos que hacer de inmediato una especie de consejo de familia. Los padres callaban. Nosotros, los hijos, estábamos a la expectativa, hasta que el menor habló: “Bueno, hoy podemos encerrarnos aquí para siempre, sin tener que pensar en cómo sobrevivir. Somos libres”.

1695. ¿DESTINOS PARALELOS?

Sin proponérselo, empezó a relacionarse con aquella joven del vecindario, Vanessa, a quien llamaban la sacerdotisa. A él le llamaban el pequeño burgués. ¿Y qué tenían en común? El ser extraños, como decían las malas lenguas, que nunca faltan. Se conocieron en el descuidado parquecito de la zona, cada quien leyendo lo suyo. En algún momento levantaron la vista de los respectivos textos, completamente distintos, por cierto, y se miraron a los ojos, como queriendo descubrir mensajes comunes. Así comenzó el vínculo: sin palabras. Se fueron frecuentando, pero las palabras apenas aparecían. Hasta que en un determinado instante los silencios parecieron entrar en verdadera alianza. Los vieron caminar tomados de las manos. “Miren, ahí van los extraños, de seguro a su catacumba con cama incluida…”

1696. EL DEDO DEL DESTINO

¡Huyamos, huyamos, huyamos!… Esa fue la consigna que se corrió por los alrededores luego de que una serie de acciones criminales sembraran el pánico en el lugar. El punto era hacia dónde huir, si las ondas del crimen organizado se expandían por todas partes. Entonces surgió en nuestro núcleo familiar una propuesta precisa: “Vámonos al mesón de la tía Clara…” Nadie hubiera pensado en eso, porque era volver a los orígenes de una ciudad prácticamente abandonada. “Pues precisamente por eso: porque nadie va a imaginar que ahí se puede estar seguro…” Armaron sus bártulos y cogieron camino. El mesón era hoy un tugurio casi en ruinas. La tía Clara ya no existía; hoy el encargado era uno de sus nietos completamente tatuado. “¿Vienen a quedarse?” Ellos no respondieron. La suerte estaba echada.

1697. LECCIÓN CALLEJERA

Uno de sus pocos allegados de siempre le dijo, mientras caminaban por la calle: “Ese que está ahí es tu tío Alfonso. Tu tío abuelo. Se ve más joven de lo esperable, ¿verdad?” Él se quedó a la expectativa, porque no acababa de entender la referencia. ¿El tío Alfonso? ¿Era el militar que había desaparecido en la Guerra de las Cien Horas con Honduras? ¿O era el comerciante de bienes básicos que se perdió de vista durante un operativo de la guerrilla en el interior del país? El impulso entonces fue irresistible: se acercó a la esquina donde aquel señor al que acababan de señalarle como su tío Alfonso parecía aguardar a alguien. “Soy yo, tío Alfonso. ¿Regresaste?” El aludido se quedó en silencio con una sonrisa. “Ah, pues ahora entiendo: estás aquí para recordarnos que existe el eterno retorno…”

1698. EMOCIÓN ESTELAR

Los domingos tenía que escoger a cuál de los cines se dirigiría por la tarde. La elección estaba entre el Principal, el Nacional y el Popular. Casi era un juego de azar. Y aquel domingo le tocó el turno al Principal, ubicado ya en la bajada de la calle de Mejicanos, cerca de La Familiar y de la librería del Choco Albino. La función comenzaba a las 2:45, y él siempre llegaba a la taquilla que estaba inmediatamente después de las gradas de acceso con tiempo para ser uno de los primeros. Aquel domingo, como anunciaba el gran cartel que estaba encima del cine, daban “El inocente”, con Pedro Infante y Silvia Pinal. Era, pues, domingo de comedia. Lo ideal para el momento. Cuando concluyó la función, desde luego con final feliz, el niño espectador salió a la calle. San Salvador sonreía. No lo olvidaría nunca.

1699. ¿ALGUIEN TIENE ALGÚN INDICIO?

Se llamaba Alicia, pero no vivía en el país de las maravillas. Al menos eso era lo que decían los noticieros diariamente. Pero en uno de los apartamentos inmediatos parecía estarse dibujando una apertura inimaginada. El sueño de Alicia había sido desde un inicio convertirse en personaje de telenovela, al estilo de las clásicas, y hasta la fecha el ambiente no mostraba opciones para que ese sueño se pudiera encaminar hacia la realidad. En aquel apartamento inmediato, sin embargo, un actor retirado estaba iniciando clases de actuación casi clandestinas. Ella llegó a inscribirse. “¿Alicia dices? Ese nombre es tu credencial. Podemos comenzar mañana, muy temprano. ¿Estás de acuerdo?” Entusiasmada y aromada llegó a la hora. “Vamos”, le indicó el maestro. “¿A dónde?” “Al país de las maravillas…” Sonrisa malévola.

1700. ESPERAR ES UN ARTE

La ilusión nunca había sido para él experiencia de vida cotidiana. Era el único hijo de aquella pareja fallida, que antes de que él tuviera conciencia propia se disolvió sin más. Cada uno cogió por su lado, y él anduvo desde entonces en una especie de puente colgante que parecía no tener fin. La madre se casó pronto con un señor anímicamente emproblemado y el padre se esfumó porque no quería tener otro propósito de vida que ser un mujeriego perpetuo. A él, que pasó de ser un niño anhelante a convertirse en un adolescente imaginativo y luego en un joven adulto apremiado, el ansia de llenar su vacío emocional se le fue volviendo cada vez más imperiosa. Para eso necesitaba a alguien, y comenzó a buscarla. ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? Preguntas inútiles. Llegaría, de la mano de la ilusión. Fórmula insuperable.

1701. ITINERARIO ABIERTO

Se conocieron en un campamento de verano, y hoy la opción existencial era dónde ir a pasar el invierno. Él era un músico clásico y ella era una narradora en perspectiva. Destinos contrastantes, pero anhelos coincidentes. La nueva estación estaba por llegar, y ambos se dispusieron a hacer planes. Sentados en la terraza del bar frecuentado intercambiaban imágenes al respecto. ¿Una cabaña en los montes? ¿Un ático en el centro urbano? ¿Una habitación en la playa? No se ponían de acuerdo. “Entonces, quedémonos así, en el limbo de lo indefinido… Es lo más seguro…”

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (11)

Y AHORA TODO ES MÚSICA

Pues quedamos curados de silencio por lo vivido antes del Primer Día de la Creación.

CON JOAN MANUEL SERRAT

Nos hicimos amigos en una taberna del viejo Madrid, en algún siglo venidero.

GRACIAS, MEDITERRÁNEO

Te prometemos que mañana, antes de que amanezca, volveremos al nido de tu espuma.

ESPESURAS CRUZADAS

Cuando empezamos a conocernos de veras, se hizo la luz.

EL CRISTAL DE LOS AÑOS

Se va volviendo cada vez más frágil y al mismo tiempo más intrépido.

FUEGOS INVERNALES

Empieza el ciclo de la lluvia y los candiles escondidos se desperezan en sus áticos.

DE BUEN AGÜERO

¿Es la aurora que se despide o es el crepúsculo que llega? El aire nunca sabe.

BAJO EL AMATE

Los hormigueros forman su sociedad de oficios múltiples.

CUANDO EL ARROYO CALLA

Los duendes que habitan en los alrededores se ponen al acecho.

PRISA POR DESPERTAR

Es la que tuvo el Dios Creador en su primera jornada de trabajo.

OFICIOS SIEMPRE VÍRGENES

Los llevamos guardados en el baúl de la conciencia para que nunca falte algo que hacer.

HOGAR FELIZ

Nos levantamos cada día con la certeza de que no hay mejor destino que el amor.

BUENAS NOCHES, AURORA

Te lo decimos al anochecer para que sueñes con nosotros.

ORQUÍDEAS EN CONVIVIO

Están siempre invitándonos a mantenernos fieles a los misterios del jardín.

BREVIARIO ERÓTICO

Lo tenemos sabido desde el primer instante de sentirnos humanos.

LA LUZ NUNCA REGRESA

Aunque eso imaginemos cada día al abrir las cortinas de la mente.

LOS NAVEGANTES CLÁSICOS

Hay siempre un muelle en el que se congregan los veleros a compartir sus remembranzas.

SÍNDROME DE TOURETTE

Es el que viene padeciendo –con sonidos y gestos repentinos— la Creación desde su Primer Día.

MORALEJA SEGURA

Cuando el silencio habla las palabras se esconden.

LA EMERGENCIA MÁS GRAVE

Todas nuestras corrientes naturales necesitan entrar en Cuidados Intensivos.

MISIÓN PARA DESCONFIADOS

Hay que armar cada día un rompecabezas diferente.

COMPETENCIA OLÍMPICA

La que se produce a diario entre los sueños que se van y los sueños que regresan.

EN ALGÚN LUGAR DE LA MANCHA

Se necesita tener a la mano un jabón especial para que no quede huella.

REAL NOCHE DE BODAS

Lo digo por experiencia: dura 24 horas y sigue adelante.

AQUEL DÍA EN BILBAO

Monseñor Ricardo Blázquez nos dio la bendición, y eso bastó para acreditar nuestro destino.

ENTRE CRISANTEMOS

Le rendimos tributo a la ilusión siempre lozana de compartir jardín hasta el fin de los tiempos.

RESPIRAR ES LA PRUEBA

Venimos a este plano a ser discípulos del aire.

LA MISIÓN DE LA FE

Es suficiente un sorbo cotidiano para que todas nuestras células entonen su aleluya.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (206)

1686. EL MEJOR AMIGO

Se llamaba Juan Ramón, y yo le decía Nenúfar, lo cual luego derivó en Nenuf. Era un guardián devoto e intrépido. Estaba siempre listo para cumplir con sus tareas de acompañante impecable. Y mostraba una característica reveladora de su naturaleza: jamás pedía nada a cambio. Nenuf es el mejor ejemplo de lo que debe ser un amigo que cumple a plenitud con su misión. Y lo pongo así, en presente, porque ahora mismo estoy viéndolo sentado sobre la hierba, al otro lado del ventanal cristalino, observando hacia adentro mientras el Sol lo envuelve. Como hoy podemos comunicarnos sin obstáculos de ningún tipo, le pregunto con el pensamiento: “Nenuf, ¿quieres que salgamos de paseo a algún maravilloso lugar de la galaxia?” Y él me responde con su ladrido característico: “Ya estamos aquí, en el jardín de la memoria…”

1687. ENCARGO PERSONAL

Como siempre había oído decir, en su casa y fuera de ella, que la política es sucia, cuando los más escondidos impulsos de su voluntad le hicieron inclinarse hacia ella lo primero que hizo fue ir en busca de los jabones y las lociones más de moda en el mercado. Desde un inicio se había destacado por su entrega vehemente a los impulsos que lo llevaban en la ruta de una carrera que de seguro le conduciría hasta las posiciones superiores. Y en verdad así fue, hasta el punto que pronto iba a aspirar nada menos que a la Presidencia de la República. Sin decírselo a nadie, fue en busca del consejo de una vidente que estaba en boga. Sus palabras lo regresaron a los orígenes: “Ya sabes que la política es sucia, y para no contaminarse no bastan los auxilios externos: hay que inmunizarse a diario por dentro. ¿Cómo? Sólo tu propia luz puede decirlo…”

1688. ELLOS ESTÁN AQUÍ

Eran hermanos del mismo parto, pero sus características individuales casi no evidenciaban nada en común. Para empezar, uno era castaño y el otro era rubio. Desde que los conocí, siendo yo un niño ilusionado por el despliegue de los verdes naturales, allá en los fértiles predios vecinos al cerro El Sartén, estuve muy cerca de ambos durante el tiempo de mis estancias campesinas. Debo decir que el castaño era para mí el más allegado, aunque ambos me acompañaban siempre en mis caminatas vespertinas. Cuando el tiempo fue pasando, me sentí cada vez más unido a aquellos compañeros entrañables, Pepito y Corsario, que nunca tuvieron pedigrí registrado pero que toda la vida tuvieron pedigrí existencial. Maravillosos personajes cuyas imágenes siempre estarán presentes, aquí a mi lado, entre las sombras más fieles.

1689. A MAR ABIERTO

La nave iba desplazándose sobre las ondulaciones del mar tranquilo, y no parecía que hubiera ninguna presencia climática amenazante en los entornos, que abarcaban un horizonte sin fronteras. Se dirigían hacia destino desconocido, y eso era lo que indicaba la descripción de los destinos enumerados en el programa de viaje. Faltaban aún muchas horas para el arribo y entretanto el día iba pasando con su natural evolución de luces. Cayó la tarde y apareció el rostro lunar a plenitud. En eso, las máquinas parecieron entrar en fase de silencio. Los pasajeros se asomaron a sus respectivas barandas. La nave estaba inmóvil. Pero en una de las cabinas el sueño podía más que todo. Él y ella, abrazados, dormían entre las sábanas. Acababan de llegar a destino. Ese destino desconocido que era su dulce naufragio interior.

1690. ENTRE HOJAS Y FLORES

Se lo dije una tarde, en medio del jardín, mientras caminábamos como los peregrinantes más asiduos, queriendo recibir en vivo y en directo los mejores influjos de la luz vivificante que iba en descenso momentáneo. Él me miró a los ojos, como si quisiera devolverme el mensaje. Ese ejercicio de correspondencias era entre nosotros una práctica cada vez más frecuente, dándole a aquella cercanía un cariz subliminal. Yo ya estaba convencido de que él era una especie de mensajero de otras latitudes, y eso lo ponía en posición superior. Y aquella tarde le hice la pregunta con el énfasis más hondo: “¿Nunca te cansarás de venir a mi encuentro, pase lo que pase?” Él, desde su otra latitud, respondió con un aullido profético. “¡Gracias, Goulding, por tu lealtad sin límites ni en el tiempo ni en el espacio!”

1691. UN LEVE MATIZ

Desde siempre había huido de toda notoriedad pública, así fuera en confianza. Ese día, nadie lo felicitó por su cumpleaños, y a él eso le resultó lo más gratificante que le podía pasar. Ya cuando la noche estaba cayendo pareció casual que uno de sus pocos amigos lo invitara, como muchas otras veces, a tomar una copa en el bar de siempre. Pero cuando llegaron al lugar, pese a que la noche apenas se iniciaba, todo estaba cerrado. Se detuvieron frente al portón, y éste se abrió de repente. Adentro se iniciaba el festejo, con una pequeña orquesta tradicional en acción. Él entendió de inmediato que era en su honor. Se conmovió, los abrazó a todos, y entró con ellos. Estaban eufóricos. Él aprovechó la emoción para escabullirse. ¿Hacia dónde? Hacia un bullicio superior: el de su silencio desbordado.

1692. INVITACIÓN ACEPTADA

En estas latitudes, tanto la estación seca como la estación lluviosa son fuentes de luz, cada una a su manera. Ella, Lucita, siempre actuaba como si su especialidad fueran los vaivenes climáticos, y por eso yo acudía a su consejo sin palabras antes de hacer cualquier movimiento al aire libre. En los días de asueto, que para mí son relativos desde que tengo memoria, le pedía a Lucita indicaciones precisas sobre lo que podía esperar del aire, casi siempre enigmático; y ella me lo hacía sentir de manera simbólica. Lloviznaba apenas, y todo hacía prever que la lluvia no iba para más. Salí a caminar sobre la hierba y ella iba detrás. Estábamos ya bajo la sombra del pomelo, junto a las ramas oferentes del heliotropo. Lucita me miró. Era su mirada más dulce. Me di por entendido. Estaba invitándome a quedarnos ahí, a respirar nuestra propia luz.

1693. RESIDENTES PERPETUOS

Ambos eran apasionados de la naturaleza florida, y por eso al unirse para compartir la existencia buscaron un sitio de arraigo que fuera sobre todo un jardín. En los días de asueto no salían de la pequeña casa, y si lo hacían era para divagar entre los árboles y las plantas. Así transcurría su existencia, hasta que llegó el incendió. Un incendio sorpresivo y atronador que lo consumió todo, incluyendo sus propias vidas. El lugar quedó arrasado. Pero los árboles y las plantas comenzaron a resucitar por obra de un poder insospechados. Ellos, invisibles, seguían caminando por ahí.

Instantáneas del verbo apasionado (10)

NO ES POSIBLE OLVIDARLO

Es lo que digo cada vez que la memoria me reclama por algún recuerdo roto.

TRAS LA VENTANA

¿Qué diera por sentir que el mar se encuentra ahí siempre llamándome?

EL RELOJ VIVE EN VELA

Y por eso lo admiro más que a nadie.

ATENAS AMANECIENTE

Todos los silbos de Occidente se reúnen a cantar el Aleluya.

FRAGANCIA FIEL

La descubro en la almohada cada vez que despertamos.

¿QUIÉN ESTÁ AL VOLANTE?

Como en todo momento, el horizonte.

EL HORMIGUERO MÁS FECUNDO

Es el de los anhelos enamorados de la realidad.

REVELACIÓN SIN HUELLA

Es la que cada día recibo de la aurora y del crepúsculo.

EN COMPAÑÍA DE LOS AUSENTES

Aviso que esta tarde estaré dedicado a mi tertulia favorita en un lugar desconocido.

LA ETERNIDAD TRANSPIRA

Y en una gota de ese astral sudor se resumen los fuegos de todas las edades.

ESTOY MIRÁNDOTE EN SILENCIO

No necesito más para ser el perfecto mensajero de las voces mágicas.

EN ARCA ABIERTA

Los espejismos fatuos hacen su agosto.

CUANDO EL RÍO SUENA

Es que los espíritus de la arena profunda quieren salir a respirar sin miedo.

UN ECO ENTRE CAMPANAS

Es el grillo del tiempo que se ha colado para concelebrar la ceremonia zodiacal.

OBRAS SON AMORES

Y también buenas razones, aunque nos cueste tanto reconocerlo.

EN EL PRINCIPIO FUE LA OSCURIDAD

Que trajo consigo de la mano a la luz, su hermana siamesa.

ENCUENTRO DE CAMINOS

El que viene del norte y el que viene del sur siempre pasan de largo, pero sonrientes.

LA TERRAZA MÁS ALTA

Cuando el sótano se aburre sube con rapidez la escalera de caracol en busca de su entorno.

ANOCHECER EN PAZ

Es lo que recomiendan las Sagradas Escrituras del jardín.

LOS COLORES DEL SUEÑO

Son los mejores publicistas de la noche.

PREGUNTAS INOCENTES

Las que le hace la fe a la inspiración.

CON LAS HORAS CONTADAS

Los humanos tenemos una inmensa ventaja: la duración de nuestras horas será un misterio siempre.

LA TENTACIÓN DE REGRESAR

Es nuestra carta de ciudadanía.

EN LA HUMEDAD DEL FUEGO

Y como somos seres paradójicos no es de extrañar que así nos sintamos alma adentro

PASIÓN A MEDIA VOZ

Porque el murmullo desvelado es la manera más radiante que tengo de decírtelo.

LES RUEGO QUE ME CREAN

Si alguna vez reencarno querría hacerlo así: como un arroyo de montaña.

SE ACERCA LA CANÍCULA

Y los senderos se quedan en suspenso como si recordaran que el polvo es su destino.

ALMOHADAS VINCULANTES

Nos invitan al único descanso que florece: el de las sienes enlazadas.

EN PLENO VUELO

Es ella. ¿Quién lo duda? Es Amparo Rivelles. Y las imágenes en blanco y negro se aglomeran en torno.

NUESTRA CAPILLA FAVORITA

La compartimos con ardillas y cuervos en un rincón boscoso del Taj West End.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (205)

1678. PARÁBOLA DEL ARRAIGO

Aunque aquel jardín era un espacio físicamente simbólico, lo que él necesitaba sí lo tenía a su disposición, que era hallarse a diario en contacto con su familia vegetal. Le agradecía a la suerte ya no necesitar trabajo remunerado, porque así podía dedicarle su tiempo diario al convivio con las ramas, las hojas y las flores. Y en eso estaba cuando la pandilla que controlaba la zona agudizó sus ataques contra los habitantes del vecindario, exigiéndoles de todo. Salir del lugar era perentorio, pero él no lo hizo. La soledad y el silencio se apoderaron de todo. Los pandilleros llegaron a ocupar las casas. La de él estaba sellada a piedra y lodo, como si fuera un sepulcro. Los nuevos habitantes botaron todas las resistencias, pero afortunadamente nada podían contra un alma en pena, gozosa de sobrevivir en su hogar hasta el fin de los tiempos.

1679. IDENTIDAD SUPREMA

Todo parece lo de siempre; pero cada día es distinto, y hay que ir de inmediato a la búsqueda de señales que indiquen cuál es la naturaleza propia del día que corre. Él, que es una especie de recolector de imágenes existenciales, parece habilitado para descifrar el enigma cotidiano, y hoy domingo se halla en plena disposición de ejercer su función personal predilecta. Lo primero es ir al encuentro de las nubes. Están ahí, en fila, como si lo aguardaran. Se asoma al mirador más alto del lugar y desde esa posición les hace un gesto a las nubes que hacen acto de prescencia, y que parecen responderle de inmediato. Se acercan más y lo envuelven. En ese instante, él se siente como un recién nacido abrigado por los brazos maternos. No puede ser más claro el mensaje: ese día es el del retorno al origen. Y todas sus fuerzas interiores cantan aleluya.

1680. INSOMNIO CON MENSAJE

Desde hacía algún tiempo venía padeciendo trastornos del sueño, y tal situación tenía todos los visos de ser efecto de condiciones más profundas. Al respecto, no tuvo el impulso de ir en busca de apoyo profesional, porque sus voces interiores venían diciéndole que ningún diagnóstico ni ninguna medicina le servirían de nada. Entonces, se decidió a dejar que sus impulsos mentales fluyeran a su gusto. El sueño pareció agradecerle la confianza. La misma noche en que tomó tal decisión se quedó dormido casi de inmediato, pero en forma plenamente consciente. Estaba ahí, recostado en el diván donde su abuela siempre había hecho la siesta, y que él heredara aparentemente por carambola. En cuanto él se acomodó ella se acercó: “Hey, Joe, ¿listo para salir de paseo bajo las estrellas?” Invitación irresistible. Era el sueño más perfecto de todos los posibles.

1681. AUTOCONSEJO

Se había formado como experto en comunicación visual, y en ese momento se hallaba desempleado, como tantos otros graduados de su edad. Ese es uno de los signos reveladores de los tiempos actuales. Tenía suficientes recursos acumulados para no tener urgencia de trabajo formal, pero eso no invalidaba sus ansiedades sobre el futuro. ¿Futuro? Acababa de planteárselo, y en la pantalla de la mente lo que se dibujada era un camino desierto. Entonces fue a interrogar a su consejero espiritual, que era un monje budista que había llegado a aquel lugar quién sabe por qué rutas. “Te pregunto una vez más: ¿Qué quieres hacer de tu vida?” “Una caminata hacia adentro”, respondió, ahora sin vacilar. El consejero reaccionó con emoción: “Si es así, olvídate de todo lo demás. Que tu experticia visual te guíe”…

1682. LA MISIÓN DEL SILENCIO

Se conocieron en la cafetería de la Facultad, y en los primeros ciclos académicos la cosa no pasó de ahí; pero llegó un momento en que aquella relación amistosa empezó a mostrar fisuras inesperadas, y no por acciones o reacciones de alguno de ellos sino por efecto de la falta de acercamientos inspiradores. Ella tomó entonces la iniciativa: “¿Te animás a que tratemos de ser pareja?” La pregunta directa hizo que él se quedara casi con la boca abierta. “El que calla, otorga”, confirmó ella, dándose por respondida. Estaban en los últimos tramos de la carrera común, que era arquitectura de interiores, y ya a punto de titularse fue él quien hizo la pregunta: “¿Qué te parece si construimos nuestra interioridad compartida como el verdadero trabajo de graduación?” Sorpresa. Y él se apuró a sentenciar: “¡El que calla, otorga!”

1683. EL MEJOR VITRAL

La cocina estaba permanentemente abierta, de día y de noche, porque no había puerta de acceso. Era cocina de finca, y lo que tenía en medio era una plancha de hierro montada en una estructura de adobe que permitía un juego de fogones. El día apenas se anunciaba en el aire, y la señora María estaba ya empeñada en el torteo matinal. Los corraleros, que acababan de concluir el ordeño en el establo vecino, iban llegando para recibir sus raciones. Ella hacía lo suyo, sin prestarles atención, pero de repente se oyó el coro de ladridos en los alrededores. Era el patrón que llegaba a caballo de sus andadas nocturnas. Descabalgó frente a la cocina: “María, dame mi ración”. Ella ya estaba lista con las chengas y los frijoles. Los chuchos seguían latiendo. El día, desde el tabanco de la luz, aguardaba también su ración.

1684. PARÁBOLA DEL DESPERTAR

La luz natural venía anunciándose con la timidez de siempre, y los primeros en celebrarlo eran los pájaros que circulaban entre los ramajes vecinos, sobre todo los torogoces y los dichosofuí. El durmiente parecía más renuente de lo usual a incorporarse, y hubo necesidad de que unas cuantas gotas de lluvia le bañaran la frente, por la ruta de una gotera abierta en la lámina deteriorada que servía de techo. Sólo unas gotas, porque la luz matutina se iba apoderando del aire. Se levantó como si acabara de recibir un llamado superior, y salió al predio que rodeaba su pequeña vivienda. Al nomás hacerlo, un repentino rayo solar se hizo presente, y él se arrodilló como si estuviera en el centro de su capilla de confianza., que era el claro de una espesura inmemorial. Los pájaros seguían dándole la bienvenida.

1685. SIEMPRE HAY CAMINOS 

En la gaveta más baja del archivero de madera, que había permanecido cerrado por largo tiempo, se aglomeraba un montón de cartapacios y carpetas sin señales de contenido. Aquel domingo todo parecía dispuesto para el descanso relajante, pero él tenía un repentino impulso aventurero, y como el momento no era para andar seguro por las calles, el archivero era la opción disponible. Fue a abrirlo en la gaveta más baja. Los cartapacios y las carpetas parecía que lo estaban esperando. Él sacó lo que pudo. ¿Qué iba a descubrir ahí? Era la perfecta aventura compartida.