ÁLBUM DE LIBÉLULAS (217)

1774. HAY QUE SABER SOÑAR

La temporada de lluvias nos tomó desprevenidos, y los planes que teníamos para el par de semanas finales de la temporada seca tuvieron que quedar en la gaveta, con muchos costos prepagados. Y es que aquel año el clima parecía haber perdido todo autocontrol, hasta el punto que el sol y las nubes parecían almas en pena. Y nosotros nos pusimos a la defensiva, por si acaso. Como de alguna manera había que aprovechar el asueto programado, nos sentamos en el corredor posterior para ver qué podíamos hacer. Nos miramos. La sonrisa se nos dibujó por dentro, y cuando salió al aire ya teníamos la manos unidas. No había necesidad de hablar. Ambos tuvimos al unísono la sensación de que el tiempo nos estaba invitando a una segunda luna de miel, en casa. Suspiramos emocionados. No hay temporal que por cielo claro no venga.

1775. DESPERTAR ENTRE PÉTALOS

Aquella había sido una unión arreglada por los progenitores, que eran grandes amigos desde siempre, allá en el vecindario de gente acomodada por tradición. Ellos, Marga y Fermín, crecieron juntos, pero sin que nunca surgiera entre ellos algún indicio de atracción sentimental. Se fueron a vivir a un apartamento rentado por sus padres, que de inmediato comenzaron a exigirles descendencia. Lo que estos no sabían es que ellos jamás se habían tocado. Pero de repente algo comenzó a cambiar en la extraña intimidad que compartían. Un amigo en común les regaló una perrita pastora alemana, y eso lo cambió todo. Ellos fueron donde sus padres y les exigieron una casa por pequeña que fuera pero con jardín. Y la primera noche mientras Alba dormía, ellos hicieron el amor. Y al día siguiente despertaron cubiertos de pétalos.

1776. AQUÍ ESTAMOS, A BORDO

“¿Qué será que el vuelo no despega, cuando ya tenemos más de una hora de estar ubicados todos los pasajeros y de hallarse el avión en la pista?” Se lo preguntó a la azafata, que le respondió con una sonrisa enigmática: “No se preocupe, estamos a tiempo”. Ella miró su reloj de puño, que había sido el último regalo de su esposo recién fallecido en un accidente de motocicleta mientras se desplazaba a gran velocidad por un terreno montañoso. Siguieron pasando los minutos, y ella quiso distraerse un poco abriendo su laptop. Y, aunque no había entrado en Facebook, un mensaje le salió de inmediato al paso: “Gaviota, no te impacientes. El mar está picado, y es peligroso volar en este momento. Mejor duérmete unos minutos. Yo te cuido”. Sí, era él, desde su nueva latitud. No hubo sollozo, sino suspiro.

1777. ALBOR CREPUSCULAR

El calendario se hallaba colgado en la pared y ellos lo tenían a la vista a cada instante. Pero esta vez el diálogo entre los tres –ellos dos y el calendario— tuvo más movilidad emocional.

— Como la vida avanza, hay que programar –dijo él.

— Pero si uno programa, se pierde la gracia de lo inesperado –acotó ella.

— ¿Y tú qué piensas? –se dirigió él al calendario.

La hoja que estaba expuesta se quedó impávida.

— Ya ves, el calendario nos lo deja todo a nosotros –sonrió ella.

— Nos trata como a adolescentes maduros –concluyó él, devolviendo la sonrisa.

Y el calendario también pareció sonreír como un maestro satisfecho.

1778. POR LA CALLE DE ZORRILLA

Desde que estaba en Madrid haciendo su Maestría en Letras Hispánicas iba a recorrer La Castellana casi como un rito. Compartía alojamiento con unos compatriotas que también estudiaban especialidad, y sin decirlo él anhelaba vivir solo. Muchas veces había pasado frente a la boca de aquella angosta calle que iba en ascenso por el Viejo Madrid; y el nombre de la calle era evocador: calle de Zorrilla. Ese día, soleado en pleno invierno, tuvo el repentino impulso de doblar hacia arriba, y al pasar junto al restorán La Ancha no resistió la tentación de entrar. Esa misma tarde inició la búsqueda de un pequeño piso en aquella calle. Cuando se lo comunicó a sus compañeros de vivienda, uno de ellos soltó la carcajada: “¡Ya apareció el peine! De seguro sos un Tenorio solapado, y hoy estás saliendo del clóset existencial. ¡Buen provecho, mano!”

1779. EN LA ESPALDA DEL CERRO

Los caminos nacían en las tierras bajas y tomaban impulso hacia arriba. Ahí, a la par de una quebrada que iba a disolverse en el río más próximo, el Guaicume, andaba él de la mano de aquella señora que parecía una figura de tiempos remotos, pero que hablaba como los personajes de las radionovelas del momento. A medida que avanzaban la vereda se iba haciendo más empinada y más sólida, como si el terreno se sintiera inspirado por la ascensión y anhelara llegar la cumbre para animarse al salto. La señora se detuvo y el niño que llevaba de la mano le preguntó: “Carmen, ¿ya llegamos?” “Sí, niño José, ya va a poder descansar en una hamaca”. Y ahí enfrente estaba la choza rústica, que no tenía puertas ni ventanas. Se detuvieron. La vereda seguía subiendo, sin mirar hacia atrás. Ellos se quedaron ahí, y de seguro siguen estando ahí.

1780. ME LO DIJO JUAN RUIZ DE TORRES

Conocí a Juan sin proponérmelo, como ocurre casi siempre en el mundo de las letras que vuelan alrededor. No era aún la época de las redes sociales, y ya no recuerdo si él me envió alguno de sus trabajos o si yo le hice llegar uno de los míos. Lo cierto es que cuando contactamos, su energía creadora inagotable ya no dejó de sorprenderme. Tenía proyectos literarios a granel, y me invitó a participar en muchos de ellos. Un día de tantos, en el Madrid enerino, departíamos con nuestras respectivas esposas en la Vinoteca Barbechera, frente a la plaza de Santa Ana. Yo le pregunté de pronto: “Juan, ¿qué piensas hacer mañana?” Me miró con su expresión inquisitiva: “¿A qué mañana te refieres?” “Al único que existe: el que amanece y anochece”. “Ah, pues entonces te respondo: “Voy a rasurarme, voy a salir a la calle y voy a escribir una línea, una sola…”

1781. ENTRE COMETAS

— ¿A ti cuándo te toca ir a recordarles a los mortales que existimos?

— Después de ti.

— ¡No me digas! Entonces puedes esperar sentado.

1782. HUELGA DE TAXIS

Era la noticia del día: “Los taxis de Madrid le han declarado la guerra al Uber y a sus congéneres”. Y debajo una nota: “La guerra comercial ha bajado de las esferas globales a los laberintos urbanos”.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (13)

LLEGÓ LA HORA

Y todos los minutos se aglomeran en torno, a recibir las órdenes del día.

EL OJO DE AGUA

Cuando va a atardecer sus gotas tienen intención de lágrimas.

SIEMPRE FALTA ALGUNO

Es lo que piensa el horizonte al vernos asomar por la vereda más cercana.

ENJAMBRE SÍSMICO

Se hizo presente aquella noche cuando cayó rendido el Primer Día de la Creación.

HABLÓ EL PROFETA

Y todos los búhos quedaron en silencio, a la espera del próximo solsticio.

SIGILOSA VERDAD

Lo intuíamos: la fe mueve montañas, pero no puede mover pozos.

EN EL ESPEJO PRÓXIMO

Somos imágenes en busca de refugio, con la eterna esperanza de que el próximo espejo nos acoja.

VIENTO INVISIBLE

Cuando menos se espera asoma por alguna rendija imaginaria de nuestra alcoba preferida.

PARÍS, EN CUALQUIER CALLE

Y no se necesita ni siquiera indagar en qué siglo, en qué año, en qué mes, en qué día… La sola invocación descorre las cortinas de la luz.

INTELIGENCIA CÓSMICA

Cada día tendríamos que hacernos la pregunta: “¿Qué nos falta por ver antes de que la sombra nos acomode en sus almohadas?”

EL INSTINTO NOS GUÍA

Nunca sabemos hacia dónde, y ese enigma es un don de los dioses que están siempre detrás, haciendo guardia.

EN CLAVE AZUL

Mientras el infinito nos invite a su mesa todos los sótanos del alma son espesuras soportables.

ESTE SERENO VÉRTIGO

Respirar con los ojos extasiados, transpirar entre espejos impasibles, conspirar sin que el aire se dé cuenta…

DESTINO DE CONTRASTES

Somos seres en clave duplicada: por instantes moramos al pie del precipicio y hay horas en que hacemos jornada por los valles.

EL ALMA TIENE ROSTRO

Eso es lo natural porque el cuerpo y el alma son hermanos gemelos.

DESDE LOS ORÍGENES

Las semillas del ser andan buscando arriates propicios para instalar sus tiendas de campaña.

BAJO EL ALMENDRO

Y los mejores intérpretes del vals criollo son los azacuanes que andan buscando alero.

LA FIDELIDAD PAGA

Las nubes parecen alejarse hacia lo desconocido, pero el aire paternal siempre las hace volver hacia los hogares de siempre.

EN CLAVE INCÓGNITA

La memoria es un hilo de hormigas que ha olvidado el Oriente de su propio hormiguero.

LA NUEVA ERA

Pongámonos en guardia porque hoy el universo es un vitral perdido en las redes sociales.

EL OTRO AMANECER

Para encontrarlo hay que abrir las cortinas de la conciencia subterránea.

LA FUENTE DEL JARDÍN

Nunca reposa, pero a cada instante adquiere nuevo impulso su energía fluyente porque tiene el poder de las aguas felices.

CRISTAL DE SALVACIÓN

Cuando lo hallemos en algún rincón de la esperanza sepamos que la luz ha venido a buscarnos.

EL MAR DESCONOCIDO

Los navegantes fieles no necesitan brújula ni mapa.

LOS AÑOS SON VIAJEROS

Y aunque parezca que se van del todo regresan con frecuencia con vestiduras irreconocibles.

LEY DE VIDA

El primer espejismo casi siempre reencarna en el último.

¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Y el troyano y el griego se miraron sonrientes como antiguos cómplices.

HIDROPONÍA MÁGICA (4)

OTRA REVELACIÓN

El Día y la Noche fornican diariamente y el orgasmo es un cielo estrellado.

TAREA PRIORITARIA

Los humanos vivimos atrapados en una red de desvelos, y la sabiduría consiste en transformar los desvelos en vigilias.

DESDE EL SILENCIO LEVITANTE

Hay que seguirles la pista a las palabras, que si se dejan sueltas se pierden en el polvo.

FUNCIÓN VITAL

Lo que siempre hemos querido es que la vida sea un manual con todos sus criterios expuestos y ordenados; y por eso la vida, que es rebelde por naturaleza, va rompiendo todas las páginas que se le ponen enfrente.

EL ÁRBOL HABLA

Anochece en el parque. Los visitantes vespertinos se van retirando a sus espacios personales. Y cuando la Luna asoma, la pequeña arboleda ya no tiene a nadie ajeno a sí misma. Como cada día, hay un árbol designado para comunicarse con La Luna a nombre de todos.

–Te saludamos como a nuestra amiga favorita.

–Gracias, hermanos. Les traigo hoy otro regalo: este pequeño rayo de luz para que lo guarden en su alacena imaginaria.

FUEGOS ALADOS

El tiempo abrió los ojos, y todas las nubes circundantes se pusieron en guardia. Era domingo por la mañana: el momento para iniciar la ceremonia semanal. Comenzó la música, que sólo los pájaros podían escuchar. Luego una de las nubes, elegida de antemano, saludó en nombre de todos. El tiempo estaba ubicado en el sillón central, que era una mezcla de raíces y de ramas. Todos los presentes fueron recibiendo su mensaje específico. La concurrencia vegetal y animal se ordenó para esperar la bendición ritual, que era otorgada por el tiempo. Y sus palabras finales sí fueron inteligibles para nosotros los humanos:

–Sigan siendo un conglomerado de ánimas afines, porque somos familia inmemorial…

BIBLIOTECA VIRTUAL

Cuando los textos aprendieron a volar, el aire recordó que es un reservorio de mensajes.

A LA HORA NONA

Hubo una conmoción de espejos, que se hicieron presentes para que nadie olvidara que no hay imagen que escape a su destino.

ESTA OTRA BASÍLICA

Y cuando lo digo estoy de pronto en París, en cualquier hora intemporal de la memoria.

LOS DÍAS SIEMPRE VUELVEN

Y como nunca lo pensamos, nuestra experiencia cotidiana se nos presenta siempre en un lugar desconocido.

CUANDO EL ALTAR SONRÍE

No caemos en cuenta de que se nos anuncia el milagro supremo.

DIÁLOGO JUNTO AL AGUA

–Vine hasta aquí para sentir que existes.

–Entonces te recuerdo que hay un lazo feliz entre nosotros.

–Gracias, Espuma, porque me recuerdas.

–No te recuerdo a ti sino a tu huella…

RECIBIMIENTO CÓSMICO

El tren prácticamente volaba sobre los rieles, y dentro de pocos minutos llegaríamos a nuestra estación de destino. Alrededor, las aldeas y las colinas se turnaban con agilidad insólita. Cuando la máquina se detuvo llegó con ella la penumbra que era el primer velamen de la noche. Los pasajeros nos fuimos bajando por los escalones estrechos. Al tocarme el turno me quedé inmóvil, como si esperara otra orden. Y esa orden vino de inmediato.

Un cuervo inesperado se posó en mi hombro. De ahí en adelante ya no había cómo perderse hacia el monasterio más próximo. Y a mi oído llegó el susurro:

–¡Bienvenida, alma en pena!

MISTERIO CIUDADANO

Llueve sobre la ciudad. Y cuando llueve, la ciudad respira de otra manera. No es extraño. Cada ciudad tiene su estilo respiratorio propio. Cada ciudad es irrepetible por la forma en que cambia de respiración.

San Salvador respira como una doncella distraída en los días soleados, que son los más. Como un animalito doméstico en las tardes de llovizna persistente. Como un volcán imaginario cuando la tormenta la envuelve. Como un navegante que espera barco, en las noches de luna. Y así.

Este día, la lluvia ha venido de lejos. Se sabe, se siente. Meteorólogos aparte, la sensación es la que manda. Y cuando la lluvia viene de lejos la ciudad respira de una manera diferente, de veras muy diferente a cuando la lluvia llega de ahí nomás.

Me quedo oyendo la lluvia por unos instantes, en silencio.

–Es tarde de rezo –me dice de pronto una ráfaga–. Tenés que cubrirte para aguantar la armonía del cielo.

Y sigue lloviendo sobre la ciudad, que esta vez es una capilla donde respiran los dioses ausentes.

TERTULIA CLÁSICA

–¿Estamos todos?

Nos recorremos con los ojos, como si tuviéramos que reconocernos. Y uno de nosotros responde:

–Sólo falta alguien: mi otro yo.

–¡Hey, estoy aquí, y me quitaste la palabra: sólo faltas tú, que eres mi otro yo!

Y el que hizo la primera pregunta hace un gesto de calma:

–¡Paz, paz, paz…, aquí todos somos imágenes dobles, y de eso nadie escapa! Empecemos, pues…

ROSTROS OLVIDADOS

–¿Es la película mexicana en la que aparece tu actriz favorita: Martha Roth?

–Sí, pero es más que eso: es revivir mi ilusión de que el tiempo me consiente con mis imágenes más amadas, sin que importen los años…

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (216)

1766. PARÁBOLA INVERNAL

Cuando llegaban los meses del invierno, mucha gente del vecindario le ponía atención al riachuelo que cruzaba en medio y que parecía ser pacífico por naturaleza. Nunca había pasado nada, pero quién quita. Ellos, que vivían justamente al borde de la pendiente, también esperaban las tormentas con aprensión. Ese año la temporada invernal parecía extrañamente sigilosa, como si no quisiera soltar prenda sobre sus verdaderas intenciones. Aquella mañana, antes de que despuntaran las primeras iluminaciones solares, se dio un retumbo subterráneo, que quizás anunciaba algún brote sísmico. Pero lo que en verdad estaba pasando es que el riachuelo crecía sin explicación visible. Y cuando se desbordó, ellos sacaron su balsa escondida y se fueron con la corriente, que hoy sí les despertaba confianza, porque venía de adentro y no de afuera.

1767. EL MEJOR ENLACE

El amor es la sustancia más volátil que existe, aunque cuando uno lo siente se imagine que está ante un misterio de insobornable solidez. Mariluz miraba a los ojos a Floridor, y esa simple mirada producía en él una corriente de ida y vuelta, que hacía retornar hacia ella todas las emociones acumuladas a lo largo del tiempo. Estaban a punto de hacer un enlace duradero, pero las fuerzas traviesas de la voluntad se les alborotaban de inmediato, impidiéndoles la conexión permanente. Así las cosas, este día ambos se hallan inesperadamente resueltos a no dejar pasar ni un día más. “¿Me aceptas como soy?”, le pregunta él, con voz radiante. “Siempre que tú me aceptes como soy”, responde ella, con pálpito aromado. Él es la luz y ella es la flor. Armonía perfecta, de nombres y de almas. El amor vuela alrededor, ya sin temor a sus propios impulsos.

1768. SALIDA LATERAL

—¿Qué haces ahora, Irene, después de que te fuiste de tu último empleo?

—Trabajo en casa.

—¿Y lo haces en línea?

—No, lo hago con los ojos cerrados.

—¿Cómo así?

—Soy buscadora de fantasmas.

—Entonces, ¿es brujería?

—No. Es servicio de limpieza anímica. Hay gran clientela.

—Ya me imagino. La locura global es tu negocio.

1769. MIGRANTE CON AUREOLA

Cuando las bandas criminales invadieron la zona para imponer su ley sin que nadie se les pusiera enfrente, él, un joven de origen humilde pero con ambiciones ilimitadas, sintió que era el momento de emigrar. Un tío instalado en el Norte desde hacía mucho le ofreció pagarle el costo del ingreso sin documentos. Así ocurrió. De una colonia en las vecindades soleadas de Apopa a un vecindario congelado de Wisconsin. Pero no podía quedarse mucho ahí, porque el tío padecía Mal de Parkinson y tenía que irse a vivir con uno de sus hijos. ¿Y él, ahora qué? Se puso a trabajar en un restaurante de comida rápida. Y ahí, en la cocina, conoció a Amalie, inmigrante de otra latitud. Entre los olores y los sabores se instaló aquel suspiro mutuo. Ella tomó la iniciativa de besarlo, luego del beso él exclamó: “Gracias por la saliva mágica. ¡Sobreviviremos!”

1770. OPERACIÓN CLANDESTINA

Desde el primer momento se sintió vinculada a él por un lazo que era aún más fuerte que los lazos de sangre. Y, sin que hablaran de ello, él sentía lo mismo. Armonía subliminal hubiera dicho un experto en misterios psíquicos. Se veían casi clandestinamente, porque las condiciones del ambiente así lo determinaban –vivían en una comunidad donde dominaban dos pandillas contrapuestas–, y siempre en lugares escondidos que favorecían la intimidad. Una intimidad que, contra todo lo que hubiera sido presumible, nunca se daba en el plano físico. Y es que ellos, por sus respectivas naturalezas anímicas, se asumían más como almas que como cuerpos. Aquello no tenían que decírselo a nadie, precisamente porque era una convicción y no un secreto. Así les llegó el punto en que todo los impulsaba a hacer vida en común. La hicieron desapareciendo.

1771. A VECES LO QUE BRILLA ES CENIZA

—Te propongo lo mejor que puedo proponerte.

—¿Boda?

—Es que eso ya no lo necesitamos. Somos uno.

—De todas maneras importan los papeles.

—Sobre todo los papeles en blanco.

—¿Qué quieres decir?

—Que te propongo que escribamos juntos una historia.

—Ah, tus consejeras las libélulas andan por aquí.

—No, no son ellas. Son los restos de las hogueras que nos quemaron antes de conocernos.

1772. LITURGIA SOLAR

Caminaba como siempre por una de aquellas callecitas del viejo Madrid que tenía un nombre grande: calle Lope de Vega. Y lo hacía a diario, en ruta al trabajo en una de los restaurantes de la zona, porque su ilusión cotidiana era ver, aunque fuera desde lejos, a aquel muchacho que provenía sin duda de otra zona del mundo. Cada vez lo veía menos, como si se le estuviera ocultando. Pero en ese momento de la mañana, un impulso desconocido la fue conduciendo hacia ese vivero que estaba muy cerca de la plaza de Santa Ana, a la par de la iglesia donde está enterrado Lope de Vega. Entró en el vivero, cuyo nombre es El Jardín del Ángel, y ahí estaba él, con traje de servicio. “¿Eres tú?”, le preguntó, conmovida. Él sonrió. “¿No reconoces a tu ángel de la guarda?” El beso fue inmediato y fragante. Y el sol se abrió paso entre las nubes de invierno.

1773. INTIMIDADES DE LA LUZ

Aquella pareja de jóvenes estaba apenas conociéndose, y a las habilidades del tacto iban sumándole las animaciones de la trascendencia. Parecían seres comunes, y en realidad lo eran, aunque esa normalidad se les apareciera de pronto como una deidad voluntariosa. “Yo soy un enamorado del crepúsculo”. “Y yo una apasionada de la aurora”. ¿Y cuál es la diferencia?” “La aurora nunca duerme y el crepúsculo siempre sueña”. “Ah, entonces son perfectamente compatibles”. “Como tú y como yo”. “Probémoslo, pues, en el lecho de los elegidos”. “¡Qué buena onda”.

HIDROPONÍA MÁGICA (3)

LA GRAN AVENTURA

Habíamos caminado muchas horas, sin descanso. Salimos de la huerta, cruzamos el sembradío, atravesamos la aldea, subimos la colina, recorrimos la duna, llegamos a la playa. Enfrente, el mar hablaba con fervorosa elocuencia de espuma. Entonces, nos arrodillamos como ante un altar. Una mano invisible nos fue conduciendo dentro del agua, que tenía toda la frescura de las verdades inmutables. Y antes de que al agua nos cubriera, nos dijimos al unísono:

–¡Buenos días, amor!

DIÁLOGO INTEMPORAL

Inmediatamente después de ver el reportaje televisivo, te anuncio:

–Viajaremos en A380.

Tú me aclaras:

–El año próximo estará disponible ese maravilloso Airbus en Singapore Airlines.

Puntualizo, sorprendido:

–¡Yo hablaba en metáfora nostálgica! Hace 100 años que comenzó a volar el A380.

Tú me preguntas entonces:

–¿Qué canal estamos viendo?

–The History Channel –te respondo.

–¡Ah, esa es la confusión! –me explicas–. Yo estoy viendo las últimas noticias por CNN.

UN TRAVIESO ARGUMENTO

–Me cuesta mucho creer en Dios…

–Ahí está el error: pensar que la cuestión es de fe.

–¿Y entonces?

–La cuestión es de duda.

–Dudo de Dios.

–Luego, Dios existe.

–¿Qué diría Descartes?

–Que diga misa.

MORALEJA CON ALAS

El abejorro zumba insistentemente alrededor del cristal cerrado de la ventana. Afuera están abiertas las flores propias de la estación. De pronto, alguno de nosotros pregunta:

–¿Qué buscará el abejorro dentro de la casa?

Y alguien responde:

–Busca lo que le es imposible alcanzar.

Y alguien más filosofa:

–Entonces, el abejorro es perfectamente humano.

PASEO DOMINICAL

Tomó de la mano a su imagen y se fue a deambular con ella dentro de sí mismo.

DESCRIPCIÓN DEL SITIO

Estamos sentados alrededor de la mesa, con las manos abiertas sobre su superficie. Y uno de nosotros indaga:

–¿De qué bosque será la madera con que construyeron esta mesa?

Otro supone:

–Quizás del bosque mental.

El que está a mi lado –que podría ser mi otro yo—exclama:

–¡Exacto! Porque nos hallamos ante una mesa de bruma.

ESCENA CLAVE

Se puso las botas y se encajó el pasamontañas. Luego se cubrió la cabeza con un sombrero peliculesco. Entonces pasó al escenario. Todo estaba listo para iniciar el rodaje. Se oyó una voz que tenía el acento de los mensajeros celestes:

–¡El que esté libre de palabras sordas que suelte la primera bala!

ESTABA ESCRITO

¡Lo intuíamos, lo adivinábamos, lo sabíamos: la única oración que perdura es el silencio!

EL DIÁLOGO MÁS ANTIGUO

–¿Falta mucho para que amanezca?

–No lo sé: aquí todas las ventanas están cerradas.

–¿Dónde?

–En el ático de la conciencia.

ENIGMAS DEL MOMENTO

Mi madre está presente esta tarde, en su sillón de siempre, junto al jardín que ella misma cultiva. Hay una rosa deslumbrante en la cumbre del rosal.

–¿Ha visto esa rosa, mamá? –le pregunto–. Es de su rosal favorito.

Ella mira hacia la rosa, y luego vuelve la mirada hacia el entorno interior de la sala. No estoy seguro de que haya reparado en mi presencia.

–Estoy reconociendo el lugar –parece explicarse a sí misma.

Ante esas palabras, casi me animo a recordarle que esta es su casa, que ese es su jardín, que aquí está lo suyo. Su música, sus libros. Sus perros. Y yo, su hijo. Pero me detengo. Vuelvo la mirada hacia la rosa magnífica, y tengo la súbita sensación de que la rosa me sonríe…

EL JARDÍN NUNCA DUERME

Anoche quedó prendida una luz en el jardín. No hallé cómo apagarla. Y hoy he descubierto la razón de eso: esa luz es mi ilusión de dormir al desnudo entre los árboles y las plantas, como en la mejor placenta del espacio.

Desperté feliz.

Historias sin Cuento

EN LA CUMBRE DEL ANHELO

Y entonces se hicieron novios, aunque el término era muy poco ilustrativo sobre la verdadera relación que llevaban. Sus respectivas familias vieron aquella unión como un capricho de jóvenes que apenas estaban saliendo de la adolescencia, y para no crear fricciones que pudieran ser contraproducentes en la línea de la extravagancia, los dejaron estar con sonrisas forzadas y con ayudas calculadas. Ellos no parecían tomar en serio nada de aquello, y estaban dedicados a lo suyo, con una disciplina existencial de seguro digna de mayor edad y de mejor causa.

Aunque aún no era tiempo de formalizar la alianza de vida, ellos, sin decírselo a nadie, la formalizaron a su manera. Alquilaron por un fin de semana aquella pequeña construcción de madera y lámina que estaba en la parte más alta de una colina no muy distante, y hacia allí se fueron a pasar aquellas horas juntos, sin tener a nadie alrededor; bueno, salvo las presencias vegetales visibles y las presencias animales invisibles.

Cuando estuvieron ahí, ambos, sin hacer ninguna referencia al respecto, empezaron a sentir que una especie de aura voladora se les iba despertando por dentro. Eso les hacía sentir como si estuvieran a punto de levitar sin proponérselo, y curiosamente de la manera más espontánea.

Sólo estarían ahí una noche, y por eso aquellas horas eran claves para sentir a fondo lo que estaban sintiendo. Tomaron el bocado que llevaban, se pusieron cómodos con las ropas que también llevaban y se dispusieron a la aventura posible.

–¿Qué quieres hacer? –le preguntó él.

–Ya lo sabes: el amor.

–Bueno, pero el amor ya está hecho. ¿Qué más?

–Hacerlo en otro plano.

–¿Cuál plano?

–El de los sueños que vuelan.

–¡Vamos, entonces!

Y sin decir más, se unieron en un abrazo volador. El cielo los estaba esperando con sus colchones nebulosos.

EL TIEMPO NOS VISITA

Su bisabuela había sido artesana de figuras religiosas. Su abuela fue dueña de un jardín donde se cultivaban flores comercializables. Su madre estaba aún dedicada a producir trajes para ocasiones solemnes. Y ahora le tocaba a ella definir su dedicación de cara al futuro.

De seguro por su propia naturaleza anímica aquella definición iba saltando, sin resolverse, de mes en mes, con la amenaza de que no fuera a producirse nunca. Hasta que una mañana cualquiera, que en verdad resultó ser un momento estelar en su vida, se encontró con aquel compañero de kindergarten a quien no había visto, y ni siquiera recordado, desde entonces:

–Hola, vos sos Elisa, ¿verdá?

–¿Y vos sos Franco, no es cierto?

Ambos se rieron. Sobraban aquellas dos preguntas, pero las respuestas sonoras valían la pena. Y al sólo mencionar los nombres se les activó en ambas conciencias un eléctrico vínculo totalmente insospechado.

–¿Qué ha sido de tu vida, desde aquellos tiempos en que eras una niña colocha y contemplativa?

–¿Y qué ha sido de la tuya, desde que usabas tus primeros bluyines y tenías voz más ronca que ahora?

Ambos comenzaron a reírse entre dientes, hasta acabar en la carcajada conjunta. Y esa carcajada espumosa fue como una señal de perspectivas abiertas. Sin darse cuenta, estaban ya tomados de las manos.

–Elisa, vos sos una artista nata. Tus acuarelas son un encuentro de colores vivos.

–¿Y cómo lo sabés, Franco, si yo jamás he pintado una acuarela?

–¿En serio? Entonces estás como yo.

–¿Qué querés decir?

–Que yo en este instante acabo de descubrir lo que soy: un descifrador de latidos del alma…

–¿Y que hacemos ahora?

–¡Esto!

Y sin decir más se le acercó hasta que se juntaron las respiraciones. De ahí brotó el suspiro, que hizo temblar todas las hojas alrededor. El antiguo kindergarten se habia transfigurado en un templo, íntimo y aromado.

CORRIENTES INMEMORIALES

El arroyo corría ladera abajo, como si tuviera prisa por ir a cada instante al encuentro de su destino natural, que era aquel pequeño lago al que la mayoría de los lugareños no le prestaban ni la mínima atención.
Y cuando aquel desconocido recién llegado se instaló en una cabañita casi derruida que estaba en una de las orillas donde el agua era más accesible algo pareció animarse en la atmósfera del lugar.

El sábado siguiente algunos de los habitantes de los alrededores se fueron acercando sin ningún acuerdo previo a las aguas fluyentes. Entre ellos, el más anciano y el más joven de los pobladores. Era una tertulia perfectamente improvisada, y eso hacía que los concurrentes se hallaran dispuestos a expresar con libertad lo que sentían.

–Por favor, que los que tengan guitarra vayan a su vivienda y la traigan. ¡Le vamos a dar serenata al agua viva!

Frente a esa invitación que tenía todas las características de una orden, muchos se fueron alejando para darle cumplimiento. Y en menos de un cuarto de hora la concurrencia pudo empezar a oír improvisaciones de veras sorprendentes. Todas eran melodías no identificables, que le daban a la ocasión un pulso casi mágico.

En eso, el más anciano y del más joven de los presentes se salieron del grupo de los espectadores y pidieron silencio con un gesto unánime:

–El arroyo ha sido nuestro maestro, y tenemos que declararle nuestra devoción permanente. La señal nos la ha traído un mensajero silencioso. Vamos a buscarlo…

Y todos en fila se dirigieron a la cabañita del desconocido. Se detuvieron frente a la puerta. Adentro lo que se oía era un sonido de aguas semejantes a las del arroyo.

Los más desconfiados comenzaron a preguntarse qué estaba pasando, y en ese mismo instante se entreabrió la puerta. Lo que apareció fue la imagen del desconocido, cuya forma humana tenía hoy la energía de un manantial encariñado con la luz.

–¡Gracias a todos! Seguiré aquí, soltando toda la liquidez de mi ser mientras el aire y la tierra me lo permitan… Gocemos juntos, los presentes y los que vendrán, el misterio de las aguas vivas. Y la sangre que habita en ustedes es el arroyo fraternal que nunca duerme. ¡Feliz desvelo, almas gemelas!

HIDROPONÍA MÁGICA (2)

HIDROPONÍA MÁGICA

Obras son amores… que casi nunca sobreviven.

PÁGINA EN BLANCO

¡Shhhh!… A las palabras que aquí se cuelen que no se les olvide que tendrán que mantenerse siempre clandestinas.

DESPUÉS DE LA TERTULIA

Todas las sombras vuelven a su oficio normal: ser guiadoras de seres despistados.

QUE SIRVAN YA LA CENA

–¿Qué estamos celebrando?
–El cumpleaños de la memoria.
–Ah, pues entonces que nadie se quede sin brindar…
–¿En honor a quién?

LAS HOGUERAS MÁS PRÓXIMAS

Deberíamos saberlo por intuición de origen: todos los fuegos naturales se entrenan en nuestras estancias interiores.

AÑORANZA CUMPLIDA

Aquel atardecer otoñal en Santa Fe de Nuevo México nos trajo a ambos el mejor regalo: sentirnos invitados a la feliz terraza de los dioses.

PASIÓN DE PEREGRINOS

Ya estamos listos para empezar de nuevo la jornada: los carruajes alados nos aguardan.

ESPESURA AL ACECHO

La autopista se vuelve de pronto carretera polvorienta. ¿Qué ha pasado para que tal mutación ocurra? Pues lo mismo de siempre: que las antiguas soledades boscosas siguen en guardia para no perder del todo su derecho a existir.

ALGUIEN ESTÁ LLAMANDO

El silencio nocturno era perfecto. Alrededor no se movía ni la hoja de un árbol. En eso, pareció en la acera una figura que tenía todas las trazas de ser un vagabundo. Se detuvo frente a una puerta e hizo el gesto de llamar, aunque el gesto no llegó a consumarse. Pero ese gesto bastó para que una cadena de toques se desatara en los entornos. Todas las puertas se entreabrieron, cautelosas. El vagabundo sonreía, invisible.

EL BUEN SAMARITANO

Después de cada empeño bondadoso busca refugio en el desván de los oficios olvidados.

FRENTE AL SENA

–¿Dónde estamos? París se pierde de vista en los atardeceres del otoño.
–Pues estamos aquí, junto al puente más fiel: ese que se prepara a dormir entre imágenes.

BRISAS DEL NORTE

Nos salen al encuentro cuando se nos olvida en el armario La Rosa de los Vientos.

CÍRCULO VIRTUAL

Cada mañana se preguntaba:
–¿Llegaré al anochecer?
Hasta que un día la noche se le acercó al oído mientras la luz aún era plena:
–Me voy de viaje, y ojalá que te acostumbres al desvelo eterno.

FAMILIA DE VELÁMENES

Peregrinaje feliz: de Lanzarote en las Islas Canarias a Los Lunas en Nuevo México a Armenia en El Salvador. Aquí tengo el mapa, en una pequeña gaveta del subconsciente atávico.

SENTIMIENTOS SIDERALES

Cuando gozamos la caída de la tarde, el ascenso de la aurora nos contempla con ojos recelosos.

AQUEL DÍA EN SORRENTO

Subíamos por la escalera de piedra como los peregrinos del crepúsculo en busca de la posada silenciosa donde nos esperaba el concierto de todas las nostalgias.

EN EL OTRO TEMPLO

–Te he venido siguiendo a lo largo de todo este camino…
–Pero no me conoces. Ni siquiera adivinas quién soy.
–¿Y qué me darás si acierto al decírtelo?
–Un beso de bienvenida.
–¡Gracias, Afrodita!

DESDE EL BALCÓN

Podemos ver los verdes muros del Paraíso, siempre que estemos juntos.

ESTRENO DE VIERNES

Una película sin nombre para que los que la veamos esta tarde en el Cine Apolo no la olvidemos nunca.

POR DERECHO PROPIO

Si todo sale bien, la próxima noche de sábado habrá plenilunio, aunque el calendario no se entere.

SABIDURÍA FIEL

Cuando canta el tecolote, las ánimas de la noche siempre le hacen coro.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (215)

1758. PRINCIPIO DEL FESTIVAL

Sonó la alarma de incendio, y como era hora en que todos los habitantes del lugar se hallaban en sus recintos luego de la jornada laboral, la estampida fue inmediata. Bajaron sin tiempo para recoger nada hasta la primera planta por las escaleras de emergencia, y ahí se congregaron a observar lo que estaba ocurriendo. No se observaba nada anómalo, ni siquiera un conato de humareda. En las terracitas había ya algunos focos prendidos, como siempre. Alguien fue a buscar al encargado de seguridad, que era un joven recién llegado al puesto. “¿Podría decirnos dónde está el fuego que se anuncia?” “¿Fuego? ¿Cuál fuego?” “Pues el que hizo sonar la alarma… ¿Que no se dio cuenta?” El aludido hizo un gesto de desconcierto. Y en ese mismo instante las llamas coparon el lugar, pero como una invasión de bailarinas astrales.

1759. ¿SERÁ BROMA, ACASO?

Se sacudió el polvo del camino e ingresó en la casa para darse una ducha reconfortante. La noche se anunciaba con burbujas voladoras, y aunque aquella era una sensación típicamente anímica, en el aire parecían estarle respondiendo con igual signo los fantasmas risueños con los que siempre había tenido tan buena relación. Cuando salió del baño con la toalla amarrada a la cintura marcó el número de Tania. “El número que usted marcó no existe”. “¡Qué joden! ¿Cómo no va a existir?” Dos, tres, cuatro veces. Igual. Se fue en busca de Tania, a quien aquella noche le pediría formalizar la relación. Llegó al edificio de apartamentos y en la recepción le informaron: “Desalojó hoy por la mañana. Su vuelo salía al mediodía”. “¿Vuelo? ¿Hacia dónde?” “Sólo le dejó esta tarjeta en blanco”. Las burbujas voladoras se posaron sobre sus hombros por si quería seguir la pista…

1760. EN RUTA HACIA ARRIBA

El amigo astrólogo le dijo, sin que aparentemente viniera al caso, mientras departían aquella tarde de sábado en el bar de la esquina donde se habían reunido desde que eran contemporáneos en la universidad: “Quizás lo que necesitás es entenderte con el tiempo, para que él te provea el password de tu verdadera identidad”. Cuando él se quedó inmóvil ante tal consejo, el astrónomo le dio un sorbo a su copa de ron campestre y esbozó una sonrisa ingenua. Desde aquel momento, él siguió rumiando las enigmáticas palabras, hasta que tuvo un golpe de intuición, que quedó para sus adentros: “Ya estoy empezando a calar en el significado de lo que me dijo mi amigo conocedor de las fuerzas estelares: el tiempo, que siempre está aquí, tendría que darme la clave para pasar al otro plano, al de las nubes y al de los astros… ¡Consejo fino, que voy a seguir al pie de la letra!”

1761. LA ETERNA AVENTURA

Después de conversar con Ángel durante unos pocos minutos, lo que le quedó fue un sabor agridulce y una sensación polvihúmeda. Aunque la diferencia de edad entre ellos era casi simbólica, Ángel había sido durante muchos años su consejero espiritual, y ahora estaba dirigiéndose a un estadio de la vida en el que todo se va volviendo distante. Tuvo que preguntarle: “¿Estás pensando dejar este mundo por otro mejor?” Ángel lo miró directamente a los ojos: “Pues esa idea nunca se debe descartar del todo. Tú, que eres un imaginativo por excelencia, deberías comprenderlo con más claridad que nadie”. “¿Yo? Pero si continúo siendo un aprendiz casi de todo…” “Por eso mismo: porque los aprendices son los que verdaderamente ejercen sabiduría. Quiero ser como tú. ¿Me lo permites? El cambio de roles es la mejor vía para evolucionar…”

1762. EL MEJOR MECANISMO DE DEFENSA

El jefe la había acosado de muchas maneras, sin lograr que ella cediera ni un milímetro en su negativa a convertirse en objeto sexual; y aunque de seguro él continuaría haciéndolo, algo impedía que aquel acoso se convirtiera en agresión material. Una tarde, ya cuando la jornada estaba por concluir, él se acercó al escritorio donde ella se hallaba instalada: “Quiero invitarla a dar un paseo por el jardín, para que me aconseje sobre algunas plantas”. Ella lo miró con ojos incrédulos: “Yo nunca he tenido jardín y no sé nada de eso”. Él sonrió: “Pero si usted es como un jardín viviente, y no me vaya a decir que no”. El argumento pareció surtir efecto, aunque las consecuencias pusieron las cosas en su sitio. Unos minutos después, él se había transfigurado en un gorgojo que perseguía inútilmente a una libélula.

1763. OTRO JUEGO DEL TIEMPO

Estuvimos en esa taberna penumbrosa donde antes se reunían los mayores descendentes y los jóvenes emergentes. Lo que más nos gustaba del lugar era que abundaban las parejas, lo cual le daba a la atmósfera un toque de familiaridad hogareña que inducía a una dulce frivolidad. Ya cuando estábamos por retirarnos, nos encontramos con Lucy y Marcelo que iban subiendo por una escalera que parecía venir de un sótano que todos creíamos sellado. Ellos eran nuestros amigos de siempre, pero en cuanto los encontramos nos dimos cuenta de que mostraban una cierta imagen desconocida. Intercambiamos sólo unas pocas palabras, y lo que más nos tocó fue una frase de Marcelo: “Todos estamos por salir a un viaje muy largo, pero no tenemos que despedirnos”. Enigma total. Se fueron sin más, y nosotros también. Hoy es el día siguiente, aunque no lo parece.

1764. PETICIÓN CUMPLIDA

“Que los ángeles me ayuden a encontrarte”, esa era la petición que él hacía cada día en un susurro que iba repitiendo tanto entre paredes como al aire libre. Pero los ángeles parecían estar ocupados en otras cosas, porque no aparecía por ningún lado alguna señal de que el encuentro estuviera por ocurrir. Los signos, sin embargo, se presentan cuando uno menos lo espera; y para él eso se manifestó aquella tarde mientras regresaba a su vivienda solitaria por una ruta enmontada. De pronto estaba junto a un pequeño arroyo que jamás había descubierto, y al seguirlo se halló ante una fila de ashokas que cubrían la entrada de una cueva entre las rocas. Ya en la cueva se percató de que en verdad era una capilla subterránea. Al fondo, la oficiante se volvió: ¡Era ella, la diosa anhelada! Y a su alrededor, los ángeles disfrazados de duendes le hacían valla…

1765. PUDIERA SER VERDAD

Toda la vida estuvo marcado por un ansia indescifrable: acercarse a cualquier forma de Divinidad sin perder contacto con los anhelos cotidianos. Y nunca se lo dijo a nadie para no perder la pureza del impulso. Pero pasaba el tiempo y poco a poco iba sintiéndose ajeno a sí mismo. Entonces le vino una prueba de fuego emocional: conoció a Nadine, que era una virgen incandescente. Él se sintió envuelto en una nube de deseos sin control. Y eso le hizo sentirse expuesto a un desafío casi mágico: la Divinidad acariciable dormía junto a él, sin tener que hacer ningún tránsito. Anhelo realizado.

CIUDADANÍA FANTASMAL (21)

LA AURORA SIEMPRE VUELVE

Perdió el empleo y su matrimonio colapsó. Quizás algo le querían decir los astros, a cuyos mensajes había sido siempre tan adicto. Pero esta vez el doble impacto traía, sin duda, alguna revelación más penetrante. Su vida estaba llegando a un cruce de caminos, porque lo que hasta aquel momento había sido la base de su existencia, al menos externamente, quedaba al borde de la ruta, y tal vacío se magnificaba en su interior como un apremio de nuevos rumbos. Tembló por un instante y luego se quedó quieto.

Esa quietud lo movió a salir al aire. Estaba empezando a anochecer. Tenía que volver a su casa, en la que ahora estaba solo, a hacer recuento de lo que podía vender con el propósito de allegarse algunos fondos para su manutención mientras encontraba algún trabajo. Pero en vez de dirigirse hacia ahí tomó la dirección contraria.

No tuvo que caminar mucho: lo que se abría ante sus ojos empañados era el campo abierto, con todas las luces mortecinas a la vista. Siguió caminando, como si supiera hacia donde se dirigía, y la noche llegaba a su encuentro como una nodriza diligente.

Así fueron pasando las horas, y en algún momento sintió que aquella ruta no tendría fin. Recordó entonces que alguien, hacía mucho tiempo, le había hablado de “la eterna noche”. Volvió a temblar. Tuvo la tentación de buscar algún lugar para reposar, pero no se atrevió. La marcha fatigada no podía parar. La noche aún estaba en pleno, con algunos grillos y algunas luciérnagas en brotes repentinos.

Él caminaba ya como un autómata sin escapatoria, y todas las imágenes de su debacle existencial iban acompañándolo como testigos insensibles. Hasta que llegó a aquella explanada que parecía el final del camino.

–¿Dónde estoy?

–En tu primera estación. Deja que corran los minutos. ¡Ya!

Y los fulgores nacientes de la aurora empezaron a hacerse sentir. Al percatarse de ello, un manantial se le activó desde su interioridad más profunda:

–¡Gracias, aurora, por enseñarme que la noche nunca será eterna!

MÁS ALLÁ DEL ESCOMBRO

La casa de habitación de sus antepasados ahora le pertenecía, y como él había vivido siempre en una ciudad distante y las relaciones familiares nunca fueron verdaderamente tales, no la había conocido antes de heredarla por ser único descendiente visible. Desde el mismo instante en que cruzó el umbral, un flujo de emoción desconocida le circuló por las venas, como si su sangre se fuera mezclando fraternalmente con otras sangres. Y en ese momento mismo tomó la decisión final: se quedaría ahí de inmediato y para siempre.

Lo curioso era que en la monumental edificación sólo había dos espacios ocupados: la gran biblioteca y el reducido dormitorio. Asumió tal hecho como si fuera lo más natural del mundo, y luego de instalar sus ínfimas pertenencias se fue hacia su verdadero lugar de destino: la catedral de los libros. Y tuvo la sensación instantánea de que había recorrido infinidad de millas para llegar hasta ahí, y no en el terreno físico sino en las rutas del alma. Sin duda era el reencuentro con lo que siempre había estado añorando sin poder imaginárselo.

Se arrodilló, como si se hallara ante un altar, y entonces comenzó el desprendimiento de los libros, que cayeron en torrente sobre él. Y después de los libros vinieron los estantes y las paredes. Un montón de ruinas, envueltas de repente en un aura inmemorial. Lo único que quedaba palpitando era el pequeño celular de última generación desde el que una voz que parecía venir de otro mundo anunciaba constantemente: “Misión cumplida, misión cumplida, misión cumplida…”

PASIÓN DE TRES

Como la cortina de vidrio estaba enteramente abierta, cuando aquella ola de fuerza inusual saltó desde las rocas inmediatas todo en la reducida estancia que le servía a él de albergue se llenó de salpicaduras de espuma y de leves gotas deslizantes. Él se hallaba acostado sobre el viejo colchón de cara a la pared del fondo, y hasta ahí llegaron los efectos de la ola invasora. Apenas estaba durmiéndose y sintió aquel baño inesperado como un saludo de la noche encapotada. Se incorporó y se quedó expectante.

Y aunque algunas ráfagas externas presagiaban otras olas como la que acababa de hacerse presente, él no movió la cortina. Se quedó en el centro de la ésta mientras la noche impulsiva mostraba su naturaleza juvenil. Él, sonriente, iba animándose a murmurar:

–Aquí estoy, listo para revivir el milagro nocturno.

Entonces, como en gozoso intercambio entre muy antiguos conocidos, la ola volvió a alzarse, y con intensidad más viva. Las salpicaduras y las gotas parecieron invadirlo todo, hasta el punto de parecer el inicio de una inundación plena. Él, inmóvil, representaba la imagen de un ser escultórico que hubiera sido testigo inmemorial de catástrofes en serie. Cuando la ola se calmó, reapareció el murmullo:

–Qué felices somos al compartir destino…

Una profunda calma fue arribando desde todos los rumbos. ¿Dónde estaban la noche y la marea? El suspiro fue la respuesta: podían dormir tranquilos porque su aliado en tierra tenía los brazos abiertos para recibirlos. Y así los tres, ahora abrazados sobre el viejo colchón, podían dedicarse al merecido descanso, como desde hacía siglos.

CRISTALES OLVIDADOS

Todos los altares del templo estaban listos para darle comienzo a la ceremonia de reapertura de los oficios sagrados después de tanto tiempo en abandono total. Los feligreses se habían organizado para que aquel silencio inerte quedara en el pasado, y lo lograron porque hubo una intervención que muchos calificaron como sobrenatural. El oficiante surgió de una reducida puerta lateral, y ninguno de los asistentes, que eran pobladores tradicionales del lugar, sabía de quién se trataba. Él, enfundado en su túnica blanca, subió los escalones del altar principal, y cuando llegó al centro del mismo se quitó la vestimenta que llevaba encima y quedó en perfecta desnudez. Eso no pareció sorprender a nadie.

La voz que surgió de sus labios más semejaba un eco sin edad:

–Hermanos, por si no me reconocen, voy a presentarme ante ustedes: soy el primer habitante de este mundo, y por eso quiero que me reciban en mi condición original. Se preguntarán de inmediato por qué estoy aquí, y yo les respondo sin evasivas: para que todos juntos reiniciemos el camino como el Poder Supremo nos lo ha encomendado. Y como ya una vez nos perdimos en la ruta, lo pertinente hoy es acudir a los signos que están dibujados en los vitrales que nos rodean…

Al decirlo, esos vitrales, ordenados en fila en lo alto de las paredes del templo, empezaron a soltar sus estructuras cristalinas, que se derramaron sobre la multitud como una lluvia de mensajes hirientes. El único ileso era el que había hablado, que bajó a conducirlos a todos al descampado:

–¡Vamos hacia nuestro siguiente destino: la eternidad en vida, con todas las laceraciones al aire!

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (214)

1750. PRUEBA FINAL

El taxi se detuvo frente al número indicado en la calle correspondiente, la 78. El pasajero, vestido como si tuviera que asistir de inmediato a una ceremonia formal, pagó la carrera desde el aeropuerto internacional y esperó que el portero del edificio le ayudara con el equipaje. Pero nadie apareció. Entró y el sitio del doorman se hallaba vacío. Entonces se dirigió hacia el ascensor para subir al piso 12 donde estaba ubicado su apartamento. Caminó hasta su puerta, y tuvo la sensación de que lo hacía por una larga ruta desconocida, aunque externamente todo estaba igual. Llegó a la puerta y en cuanto introdujo la llave la hoja se abrió. ¿Pero qué era aquello? Un espacio totalmente ajeno al suyo. Entonces, sin ninguna ansiedad, empezó a sospecharlo: todo era el ensayo de una nueva realidad en otra dimensión, y por eso sin proponérselo iba vestido así.

1751. ENCUENTRO EN EL CAMINO

La vio en una parada de buses y desde el primer instante sintió que la atracción era irresistible, al menos de su parte. Iban en la misma ruta hacia el mismo punto: una colonia suburbana, superpoblada y peligrosa como tantas otras. Ella se bajó antes que él, y él no tuvo tiempo de hacerlo antes de que el vehículo reemprendiera la marcha. Desde ese momento, el ansia de identificar el lugar donde ella vivía se le volvió obsesiva. Hasta que lo logró algunos días después. Era en una casita que parecía choza, al borde de una ladera con quebrada al fondo. Se le acercó, sin más. “Estoy dispuesto a acompañarte a donde me digas. Tengo vacaciones en mi trabajo y dispongo de todo el tiempo libre”. Ella no pareció sorprenderse por el ofrecimiento repentino: “Ah, pues entonces vámonos hacia el nuevo destino. Soy un hada que está de paso y que ya quiere escapar…”

1752. ACCIÓN DE GRACIAS

El jueves 22 de noviembre de 2018 fue el día de Thanksgiving en Estados Unidos, y por una de esas travesuras cada vez más usuales del clima resultó el más frío desde 1901. En la escalera de la iglesia de Santa Mónica, en la neoyorquina Calle 79 ya muy cerca del cruce con la 2ª. Avenida, el indigente mayor que acudía siempre a la iglesia a buscar refugio y no consuelo estaba esperando que el templo abriera sus puertas. La frigidez del aire contrastaba con la luminosidad del cielo. Parecía un contraste fuera de razón natural, y en el interior de aquel hombre perfectamente desprotegido ese contraste tenía su reflejo fiel: la necesidad total con el ansia sublime. Si alguien hubiera podido escuchar el susurro que salía de sus labios habría oído una oración sin fin con propósito de trascendencia agradecida. Se abrieron las hojas de entrada, pero él se quedó ahí, en éxtasis ya perpetuo.

1753. DE LAS OLAS AL NIDO

Despertó en el límite del tiempo necesario para estar listo a iniciar la jornada. Para colmo era lunes, ese día en que según decían nuestros antepasados “ni las gallinas ponen”. Él había nacido un lunes, a las 4:20 de la madrugada, y siempre le dijo a su madre: “Dicen que el lunes ni las gallinas ponen, pero usté sí puso”. Habían pasado los años y este era otro lunes, el día en que le tocaba ir a pedir la mano de Debbie, la novia que había descubierto en una de las playas donde menudean los surfistas. Iban, pues, a emprender la aventura sobre otras olas. Pero él lo que ahora quería era nido. Y luego de la petición de mano, ya cuando todos los presentes alzaban sus copas, él le expresó casi al oído a su novia ya formal: “Lo que te pido es que no nos casemos un lunes caluroso, porque lo que anhelo es que mi gallinita dé a luz entre las mantas suaves y no entre la espuma crispada…”

1754. PETICIÓN NATURAL

La fiesta se prolongó hasta que la luz solar estuvo a las puertas. Era uno de esos días especialmente luminosos, como si el aire quisiera demostrar a plenitud sus poderes más íntimos. Y cuando la señora encargada del servicio se asomó al amplio espacio de la casa donde se había dado el festejo, lo que vio fue una buena cantidad de jóvenes acomodados en los muebles o tendidos en el suelo, en total privación durmiente. No hizo ningún ruido, pero su presencia tuvo efecto. El que despertó era el más bizarro, y la orden estentórea no se hizo esperar: “¡Arriba, huevones, que la vida sigue!” Todos reaccionaron, cada uno a su manera, menos la bailarina del vientre, que parecía inmersa en un reposo mágico. Él fue a animarla, y ella al fin abrió los ojos: “No me interrumpas, que estoy ensayando mi próximo manejo de placenta…”

1755. EL MEJOR CONSEJO

En el cielo no había ni una sola nube. Era, pues, muy oportuno salir a pasear al aire libre para recibir directamente los efluvios de aquella nitidez estelar. Y así lo hizo, en compañía de su perrita basset hound, que ya tenía bastantes años de estar con ella. Mientras caminaban por una calle tranquila de los alrededores se les acercó casi corriendo un joven con un paquete en las manos. Ella se retrajo asustada, pero él quiso tranquilizarla, jadeante: “No tema nada, señora, que yo lo que quiero es ofrecerle esta mercancía con la que estoy juntado pisto para irme hacia el Norte”. Abrió el paquete y aparecieron las imágenes pintadas en los cartones. Ella las revisó. “Ésta”. Era su basset hound en persona. Le pagó mucho más de lo que él le pedía. “Gracias, sos un alma grande aunque parezcás un cipote pequeño. Y no tenés que irte al Norte: buscá los cuatro puntos cardinales…”

1756. TESTIMONIO VIVIENTE

Estaban preparando su próxima exposición en común, y ya había acuerdo en llamarla “La Artista y el Poeta”. Ella era escultora y pintora y él narrador y poeta. La combinación perfecta, afirmaban los que los conocían. Habría imágenes y textos alternados. Lo que nadie advirtió, ni ellos mismos, fue que aquello que en apariencia era sólo un esfuerzo de armonía en común iba a convertirse en una aventura existencial de proyecciones abiertas. Cuando la exposición estaba montada, y la inauguración vendría muy pronto, fueron ellos dos solos, una tarde ya casi de noche, a revisar lo expuesto. En la penumbra, las dos figuras fantasmales iban recorriendo su propio universo íntimo. Cuando concluyeron la caminata, se quedaron detenidos en la puerta de acceso, y entonces el horizonte se les dilató hasta sus respectivos infinitos. La noche viva los llevaba de la mano.

1757. LA COMPAÑÍA IDEAL

Todas las estaciones del año tienen su agenda, porque la Naturaleza, como los seres personalizados, cumple un destino propio. En ese momento, y en el hemisferio norte, el otoño estaba en funciones. Y, como es normal en estos tiempos imprevisibles, había días gélidos y días amables. ¿Cómo era aquel día? Los recién casados salieron a la intemperie a constatarlo. Y lo primero que ella hizo fue preguntarle a su compañero: “¿Y nosotros en qué estación estamos?” Él se quedó dudando sin responder. Ella lo miró a los ojos: “Tu respuesta es perfecta: el calendario es todo nuestro…”