La voz nicaragüense en El Salvador

Protestas
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Una manera de entender el presente es echando un vistazo al pasado. Lo sostiene Luis Sepúlveda, escritor y periodista chileno. Lo refuerzan Diana Domínguez y Diego Mendoza, nicaragüenses residentes en El Salvador. La historia se repite 40 años después de la revolución sandinista. El considerado como uno de los países más seguros de la región, con una tasa de homicidios de siete por cada 100,000 habitantes, vive una crisis política que ha cobrado decenas de vidas. Esta vez, los papeles se han invertido. En Managua, Masaya, Granada o León, la población se toma las calles y va en contra del Frente Sandinista para la Liberación Nacional. A más de 400 kilómetros de distancia, en El Salvador, Nicaragua también se vive con angustia.

Hasta el momento, no hay una cifra oficial que aclare cuántos nicaragüenses residen de forma legal en El Salvador. Sin embargo, en la Encuesta de Caracterización de Migrantes Nicaragüenses con Arraigo en el Oriente de El Salvador (2012), elaborada por la Dirección Nacional de Estadística y Censos (DIGESTYC), se determinó, tomando como base el último Censo de Población y Vivienda (2007), que la población nicaragüense en el país ascendía a 6,958 habitantes. De esos, 52.7 % eran hombres y 47.2 % mujeres, con un 75.9 % en el área urbana y un 24.0 % en la zona rural.

Las estadísticas pueden variar. Lo que por ahora uniforma el ánimo de los entrevistados es el sentimiento que mezcla miedo, repudio, indignación, coraje y orgullo de llevar la sangre nica en sus venas. Al menos, eso aseguran. Esta es la historia, voz y testimonio de algunos de ellos, quienes desde lejos ven lo que ocurre en su tierra natal.
La cita con Diana Domínguez es bajo el suave sol de una tarde en Antiguo Cuscatlán, La Libertad. Ella es nicaragüense, tiene 40 años y es originaria de León, ciudad en el oeste de Nicaragua. Se sienta con cuidado en las bancas de un centro comercial, a pocas cuadras de su residencia, a la que describe como una burbuja, apartada de la realidad. Las primeras palabras que salen de su boca son para quejarse de los problemas que tuvo hace unos días en el Aeropuerto Internacional Augusto Sandino al tomar un vuelo con destino hacia El Salvador. De hecho, todavía carga con su pasaporte y residencia. También con el dolor y repudio a lo que denomina el “régimen dictatorial de la pareja Ortega-Murillo”. Reconoce ser sandinista, pero no orteguista.

Domínguez ha vivido 17 años en el extranjero. La mayoría del tiempo en Europa. Vino a El Salvador en agosto de 2017. Forma parte de una generación nica que sufrió los embates de la guerra en los años ochenta. Sus padres, como muchos, trabajaron en el gobierno sandinista que vino tras esta, en donde, según ella, se soñaba con construir un mundo mejor. Dieron la vida para ello. Es una herida que no estaba bien sanada y que se ha reabierto con los últimos sucesos, pero también es para ella un proceso que reivindicó mucho a la mujer. “La mujer nicaragüense es brava, de temple, que lucha al lado del hombre. Si vos te fijás, las líderes de los movimientos estudiantiles son mujeres”, explica.

Ella es una de esas mujeres. Su mirada es profunda y habla con propiedad. Ahora está en tierra ajena, pero tanto el 28 de abril como el 9 de mayo participó en la Marcha por la Justicia y Democratización de Nicaragua. Estando ahí, se dio cuenta de que había en todo ese ambiente un aire de futuro, de esperanza, de unidad.
“El pobre caminó al lado del rico, por primera vez la bota de hule del campesino que carga un machete se unió con el zapato de marca de una persona que tiene mucha plata”, describe.

Y la compara con la entrada de 1979 en Managua. Es decir, cuando los campesinos y guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) confluyeron, en el inicio de la revolución, unidos bajo un solo objetivo: derrocar a Anastasio Somoza. Esta fue una de las primeras impresiones que tuvo Domínguez después de haber presenciado las marchas.

El origen de ellas es la gota que derramó el vaso. En primer lugar están las reformas al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS). Uno de sus puntos era –según la publicación del Gobierno en La Gaceta, diario oficial– la deducción del 5 % de las pensiones. Decisión anunciada el 16 de abril, publicada dos días después en el diario oficial y revocada el 22. Sin embargo, fue demasiado tarde. El caos ya había iniciado.

“¿Vos te imaginás para un adulto mayor, que recibe una pensión mísera, todavía tener que dejar 5 % más sobre lo que recibe porque el INSS se fue a la quiebra gracias a un mal manejo de fondos?”, expresa Domínguez. De su cartera extrae una serie de papeles con datos. En uno de ellos se menciona que cuando Ortega recibió el INSS en 2007, había un superávit de más de 1,000 millones de córdobas ($31 millones). A partir de 2013, este comenzó a estar en números rojos. De hecho, según publicó el Banco Central de Nicaragua (BCR), de 2013 a 2015, esta entidad tuvo su peor déficit económico en los últimos 16 años.

No obstante, la reforma no fue lo único que exacerbó los ánimos nicas. También el incendio (por supuestas causas naturales) de la Reserva Biológica Indio Maíz, a inicios de abril, que quemó, según informes oficiales del Gobierno, más de 4,500 hectáreas de bosque.

Se trata de una de las reservas tropicales más importantes de Centroamérica, de acuerdo con organizaciones medioambientales. Incluso se habló de la catástrofe ecológica más dramática que Nicaragua haya experimentado. Sin embargo, la ayuda internacional de Costa Rica, país vecino, fue rechazada: 40 bomberos y 10 vehículos. El Gobierno optó por reforzar la zona con soldados del ejército y con un helicóptero cisterna de la Fuerza Aérea Mexicana, según informaron los medios nicaragüenses.

Todos los asesinatos que ocurrieron fueron de jóvenes por balazos certeros en la cabeza, en el cuello y en el pecho, relata Diana Domínguez. “Lo que queremos es que la dictadura de Ortega-Murillo se vaya del país y estamos dispuestos, como nicaragüenses, a que se hagan unas elecciones limpias, porque lo que queremos es un proceso de transición pacífico. Esos hijos no se los devolverá nadie a sus madres. Nadie devolverá esos padres a los niños que quedaron en la orfandad’’.

“Es casi imposible que el incendio se haya generado de forma espontánea, ese fue un incendio creado, de eso estamos seguros”, manifiesta Domínguez.
El 18 de abril comenzaron las protestas. Los estudiantes se atrincheraron en las universidades (UPOLI, UNA, UNI y UCA). El resto es historia. En opinión de Diana Domínguez, la orden que dio el Gobierno a través de la Policía fue matar, no herir ni dispersar. Sesenta y tres muertes han sido, hasta el cierre de esta nota, el resultado a lamentar.
Todos los asesinatos que ocurrieron fueron de jóvenes por balazos certeros en la cabeza, en el cuello y en el pecho, relata Domínguez. “Lo que queremos es que la dictadura de Ortega-Murillo se vaya del país y estamos dispuestos, como nicaragüenses, a que se hagan unas elecciones limpias, porque lo que queremos es un proceso de transición pacífico. Esos hijos no se los devolverá nadie a sus madres. Nadie devolverá esos padres a los niños que quedaron en la orfandad. Nadie va a restituir el dolor que tenemos de que se está repitiendo la misma historia de hace 40 años… cuando había un dictador, Somoza”.

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EL SENTIMIENTO DETRÁS de las palabras de Domínguez es compartido por Diego Mendoza, nicaragüense de 19 años. Para él, lo ocurrido en su país es un malestar acumulado de muchos años, donde el problema no solo fue la reforma al INSS, sino la reelección de Ortega en 2016 y la decisión de colocar a la primera dama, Rosario Murillo, como vicepresidenta. La misma que llamó “grupos minúsculos, almas pequeñas, tóxicas y llenas de odio” a los manifestantes.

Miedo. Como algunos nicaragüenses, Diego Mendoza prefiere ocultar su rostro. La razón: el temor al régimen.

Diego Mendoza vive en El Salvador desde 2010. Cuando estalló la crisis en Nicaragua, el 18 y 19 de abril, fueron momentos muy difíciles en su hogar. Él se quedó con la sensación de estar con los brazos cruzados. Sus padres, llenos de incertidumbre.
El resto de su familia está distribuida en Managua. Unos viven en la parte norte, otros en el centro. En los días de la efervescencia, fue necesario hacer llamadas telefónicas para saber, con mayor exactitud, lo que pasaba o estaba por ocurrir. Junto a las llamadas se acrecentaba el deseo de estar con los suyos. Aquí o allá.

“Mis primos me decían: ‘Sí, las cosas están feas’. ‘¿Dónde están?’, pregunté yo. ‘Estamos en la marcha’, respondieron. ‘¿Quieren que me preocupe más?’, dije. ¿Es que no nos podíamos quedar con los brazos cruzados. No nos podíamos quedar en la casa’, me contestaron”, comenta.

Mientras en Nicaragua cada muerte encendía más la llama del universitario, en la casa de Mendoza se empezaba a escuchar música de los años ochenta, es decir, de la revolución sandinista. Música que habla sobre una población unificada y llena de esperanza: “Nicaragua, nicaragüita, yo sé que te veré un día libre y por eso te quiero más”.
“Lloré, son cosas que te dan sentimiento, te remarcan que venís de un pueblo luchador, quizá no el más rico de Centroamérica, pero sí uno que ha librado grandes batallas”, menciona Mendoza.

—Hombre, si estuviéramos allá, yo al menos al paro hubiera ido –afirma su madre.
—Hombre, yo quizá ni al paro, sino a las marchas universitarias –responde él.

En una de esas marchas murió Álvaro Conrado, de 15 años. Era estudiante de cuarto año del Instituto Loyola. Según medios internacionales, se trata de la víctima más joven en las protestas. De acuerdo con el acta de defunción emitida por el Hospital Bautista de Managua, un disparo de arma de fuego le provocó lesiones en la tráquea y el esófago. Los daños fueron irreversibles.

“Su pecado fue llevarle agua a los estudiantes en las protestas del 20 de abril”, expresa Mendoza, quien, de igual forma, destaca el papel que han jugado las redes sociales para convocar e informar de lo sucedido en las manifestaciones. Gracias a ello, se ha enterado de todo. No confía en los medios de comunicación porque en su mayoría son controlados por Ortega.

Un reportaje del medio digital Onda Local reveló que ocho de los nueve canales en televisión abierta que existen en Nicaragua son controlados por la familia Ortega-Murillo, así como la dirección del sistema informativo de Canal 2.
“¿Cómo en dos días se pudo arruinar lo que le costó tanto al gobierno de Daniel Ortega?”, se cuestiona Mendoza. Por unos cuantos segundos guarda un profundo silencio. Luego se vuelve a soltar. No cree que la situación en Nicaragua se normalice al 100 %, mucho menos que el Frente Sandinista vuelva a ganar otro período presidencial.
“Después de las muertes y violaciones a los derechos humanos, la comunidad universitaria será un factor clave para que el Frente Sandinista no vuelva a ganar”, vaticina.

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Dividida. Tamara nació en El Salvador, pero se siente más identificada con Nicaragua. Su madre siempre le dijo que lleva la sangre caliente de un nica y el ser político de un salvadoreño.

TAMARA GARCÍA, de 23 años, tiene doble nacionalidad. Es estudiante universitaria. Nació en El Salvador. Pero los mejores años de su vida están a más de 400 kilómetros: en Monte Tabor, un barrio a las afueras de Managua. Lo visita en cada vacación. Allá dejó clavada su niñez.
Su papá es nica. Su mamá, salvadoreña. Ella vivió 15 años en Nicaragua, es decir, un pedazo de guerra y posguerra. Ahora, cada quien está por su lado. La familia de García, en su mayoría, emigró hacia Estados Unidos en pleno conflicto armado. Sin embargo, una parte se quedó en Monte Tabor. Como su padre, quien vive allá desde 2015. Es comerciante, se dedica a vender automóviles. O, al menos, eso hacía antes de que estallara la crisis política. Desde entonces, apenas y ha podido salir de su casa. Tampoco ha recibido muchas llamadas de personas interesadas por algún coche.

El contacto de García con su familia ha sido diario. Su tía abuela de 83 años incluso ha dicho que la situación está peor que en el conflicto armado. Su padre, quien ha estado en las marchas, comparte todo tipo de información. Entre más visible se haga, mejor, consideran. Primos, tíos, tías o conocidos. Siempre han sido de esas familias grandes que se crecen en un barrio y todo el mundo los conoce. Allá, dice, el apellido García pasa desapercibido. Son reconocidos como los Siqueira. No solo en Monte Tabor, también en Masaya y en Estelí.
“Ahora da miedo salir a la calle, da miedo quedarte atrapado en una manifestación, da miedo que de repente los agarren a balazos”, declara Tamara.

El día del enfrentamiento en la UCA, el padre de García estaba en los alrededores del campus. “Mi papá llevó a mi abuela –quien desde hace 20 años vive en EUA y llegó de visita– a comer pupusas. Pero después no se podían regresar. Estuvieron ahí como 20 minutos antes del enfrentamiento. Pasó una turba de jóvenes de la Juventud Sandinista y le llevaron el teléfono. Lo tenía en la mesa y se lo llevaron. Es bien feo, se les olvida que lastiman a sus propios hermanos”, opina.

“Nicaragua, te quiero libre”, decía el cartel que García llevó hace unas semanas a la embajada de Nicaragua en El Salvador. Una bandera y tres personas más le acompañaban. Considera que el nicaragüense es “muy sangre caliente y rápido para cooperar”, que hace lo que dice y no se deja pisotear. En cambio, para ella, el salvadoreño se queja, se indigna, pero no hace nada. Es más individualista.

Tamara García lo tiene claro: en un futuro no tan lejano, le gustaría vivir en Nicaragua. Carretera a Masaya, ahí está la casa de sus sueños. De acuerdo con ella, es más probable que el flujo migratorio se genere desde El Salvador hacia Nicaragua que viceversa.

“La misma inseguridad del Estado hace que la gente no se quiera ir, porque quieren ver un cambio, porque quieren colaborar y estar metidos. El nicaragüense es muy unido, huir no se les dará”, afirma.
Esta revista solicitó a la embajada de Nicaragua en El Salvador una entrevista para saber, entre otras cuestiones, si se ha tomado alguna medida especial por la crisis.

“La embajada de Nicaragua en El Salvador se excusa de responder a la entrevista, pues la embajadora Gilda Bolt va a salir del país”, fue la respuesta.

Según la Encuesta de Caracterización de Migrantes Nicaragüenses con Arraigo en el Oriente de El Salvador (2012), elaborada por la Dirección Nacional de Estadística y Censos (DIGESTYC), La Unión, con un 45.1 %, es el departamento con mayor cantidad de hogares de migrantes nicaragüenses, seguido de San Miguel con el 39.8 %, Morazán con el 9.7 % y Usulután con el 4.9 %. El mismo estudio también señala que los municipios donde se concentra la mayor cantidad de familias nicaragüenses en el departamento de La Unión son Pasaquina, Santa Rosa de Lima, Bolívar, Anamorós, La Unión, El Carmen, Lislique, Conchagua, San Alejo y Polorós.

—El barrio Monte Tabor: ahí crecimos, nacimos y ahí vamos a morir, creo yo –dice Tamara García. Su tía es la dueña de la tiendita del barrio.
“Ahí, todo el mundo te conoce desde que estás en la panza”, asegura. A Monte Tabor, un pedacito de Nicaragua, lo lleva en el corazón. “Las puertas siempre están abiertas de par en par. Cuando mi abuela y mi tía están, se ponen las mecedoras afuera”.
Tamara García está aquí, pero sigue viviendo allá: “Preguntame cómo llegar a mi casa acá, en El Salvador, y no sé, pero preguntame cómo llegar a Monte Tabor, es ver la iglesia, pasar del túmulo y sentirme en casa”.

Mientras en Nicaragua cada muerte encendía más la llama del universitario, en la casa de Diego Mendoza se empezaba a escuchar música de los años ochenta, es decir, de la revolución sandinista. Música que habla sobre una población unificada y llena de esperanza.

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Juventud. Felipe Gutiérrez lleva un año viviendo fuera de Nicaragua. Su punto de vista sobre la crisis política parece ser neutro. Eso no quita su indignación.

FELIPE GUTIÉRREZ tiene 24 años y es originario de Managua. Reside en El Salvador desde agosto de 2017. Es director nacional de Marketing en una ONG. El 23 de abril viajó a Nicaragua, cuando el caos comenzaba a predominar. Se encontró, dice, con gente peleadora, que cuando se quieren unir, se unen.
“Si ya lo hicieron en el pasado, lo pueden volver a hacer”, manifiesta.

A diferencia de los demás entrevistados, Gutiérrez define la situación vivida con una sola palabra: circo. Un circo por parte de las autoridades, donde no hay transparencia ni respeto a los derechos humanos. “Lo que me afectó fue saber que mi familia estaba allá. No quería que les pasara nada malo”, puntualiza.

Los entrevistados coinciden en sentimientos como miedo, orgullo, indignación e incertidumbre hacia el futuro. Piden, además de que se restituya la paz, la salida del denominado régimen Ortega-Murillo.
De la misma forma lo pidió Lesther Alemán, uno de los jóvenes que lideran y representan a los grupos universitarios en Nicaragua. Tiene 20 años y estudia en la Universidad Centroamericana (UCA). Frente al presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta, exigió el cese inmediato de la represión.

“Esta no es una mesa de diálogo, es una mesa para negociar su salida. Ríndase ante todo este pueblo. Lo que se ha cometido en este país ha sido un genocidio”, dijo en la primera sesión instaurada en la sede del Seminario Nuestra Señora de Fátima, en Managua.

Nicaragua vive hoy las horas más oscuras y violentas de su historia reciente. Así son las primeras líneas de una carta abierta de escritores, artistas, intelectuales, periodistas y académicos ante los acontecimientos de violencia que iniciaron el 18 de abril de 2018: “Condenamos cada uno de los asesinatos de los jóvenes estudiantes, repudiamos todos los actos de violencia cometidos por las fuerzas especiales del Gobierno, y hacemos un llamado contundente a las autoridades nicaragüenses para que cesen de inmediato sus actos de violencia en contra de la sociedad. Exigimos que todos los crímenes sean investigados y los responsables llevados a juicio para que Nicaragua vuelva a ser en su presente un país con futuro”.

Repudio. “¿Cómo va a ser posible que el Gobierno te mate a tu propio hijo, en quienes se supone que te tienen que proteger?” se cuestiona Tamara García. Sesenta y tres fallecidos ha causado la crisis.

Una muerte digna

Es irónico cómo viviendo rodeados de tanta muerte y violencia, hablamos poco de ella. Del proceso de la muerte. Del duelo. Del dolor. De la muerte de nuestros seres cercanos. De la muerte de personas en nuestra comunidad, en nuestro territorio geográfico. De nuestra propia muerte.

Es un tema espinoso. No nos gusta asumirnos mortales. No nos gusta asumir que, tarde o temprano, pasaremos por dicho trámite. Todos. Sin excepción alguna. Sin importar las creencias espirituales o filosóficas, nos movemos con incomodidad y rechazo ante la vejez, las enfermedades terminales, los funerales y el duelo mortuorio. La muerte es un tema tabú al que preferimos no acercarnos.

Esto hace que como sociedad asumamos conductas defensivas ante ella. Delegamos en instituciones de diverso tipo el cuidado de las personas en sus procesos de enfermedad y agonía. Pero dichas instituciones se enfocan sobre todo en cuidados de tipo físico. Pocas veces toman en consideración que el paciente tenga una muerte digna. Así mismo, pocas veces toman en consideración el dolor de los seres cercanos.

Tenemos reacciones contradictorias. El trabajo y las ocupaciones de sobrevivencia drenan nuestro tiempo y energía personales, por lo que preferimos o nos vemos obligados a delegar en manos de otros el cuidado de nuestros adultos mayores. Muchas veces se piensa que, pagando un asilo que se haga cargo de la situación, el problema está solucionado. Pero no tener el problema enfrente, a la vista inmediata, no es garantía de que todo marche bien.

Hay demasiadas historias indignantes sobre lo mal que son tratados los adultos mayores en asilos y hospitales, aún en los de pago. Y sin embargo, cuando se recibe un pronóstico de muerte inminente o de una condición irreversible, familiares y médicos insisten en prolongar artificialmente la vida del paciente sin tomar en consideración la dignidad o la voluntad del moribundo. Los familiares se aferran al espejismo de una esperanza, a la negación de la muerte.
Quienes debido a migraciones, guerras, conflictos familiares u otras circunstancias se ven abandonados a la soledad, no tienen más alternativa que la resignación y esperar a ver cuándo, cómo y dónde toca la lotería de la muerte. Muchos mueren en pobreza extrema, en condiciones que una política estatal integral podría evitar.

Más allá de que el sistema público de salud deba garantizar una cama y atención adecuada para quien lo necesite, también deberían existir políticas públicas que brinden la calidad debida al proceso de muerte, no solo desde el punto de vista asistencial, sino también desde el punto de vista humano. Subestimamos la importancia que tiene un gesto empático en un momento de dificultad. Por ejemplo: se otorgan permisos por maternidad, pero no se otorgan permisos para el cuido y acompañamiento de familiares enfermos o para permitir un tiempo para el duelo personal.
Existen un par de movimientos que promueven a escala internacional la construcción de un sistema que mejore esto. En 2005, Allan Kellehear, un experto australiano en salud pública, comenzó a impulsar el concepto de “ciudades compasivas”, convencido de que el proceso del final de la vida no debería ser un asunto exclusivo de los hospitales y asilos.

Entre los objetivos de las ciudades compasivas están no solo la implementación de políticas públicas que permitan el acompañamiento familiar o afectivo de los enfermos, sino también un proceso educativo para que niños y jóvenes puedan enfrentar sus propios procesos de duelo. Contempla, además, medidas para extender todo tipo de cuidados paliativos a sectores que, por lo general, no cuentan con los recursos económicos para financiarlos, como la población de las cárceles y los asilos públicos.

Colombia es la pionera latinoamericana en implementarlo. Cali, Bogotá, Fusagasugá y Medellín son las cuatro primeras ciudades en las que se busca fomentar esta participación de los ciudadanos como parte esencial de los cuidados paliativos y una muerte digna en procesos de enfermedad avanzada.

Para otras personas, la dignidad en la muerte se interpreta como la posibilidad de terminar la vida propia en el momento deseado, antes de que el deterioro físico o mental de la edad o la enfermedad los reduzca a no tener lucidez y perder el control sobre sus decisiones, sobre su movilidad y sobre su calidad de vida.

Dicha discusión se avivó de nuevo a raíz de la muerte de David Goodall, un botánico y ecologista australiano de 104 años que viajó a Suiza para someterse a un suicidio asistido. La eutanasia voluntaria es legal en ese país, así como en Canadá, Bélgica, Luxemburgo, los Países Bajos y algunos estados de Estados Unidos.

Goodall no estaba enfermo y conservó su lucidez hasta el último momento, pero su calidad de vida se había deteriorado debido a las limitaciones físicas de su edad. Pese a haber trabajado en una universidad australiana hasta los 102 años, no se sentía feliz y su vida había perdido todo sentido, según él mismo explicó.

En una conferencia de prensa previa a su muerte, el científico dijo: “Una vez que se pasa la edad de 50 o 60 años, uno debería ser libre de decidir por sí mismo si quiere seguir viviendo o no”. Goodall dijo que le gustaría ser recordado “como un instrumento para liberar a los ancianos y que puedan elegir su propia muerte”. Esperaba que su acto pueda impulsar a la reflexión para que más países adopten la legalización de la eutanasia voluntaria.

Vivimos en una época que nos impone un código superficial de belleza, juventud, actitud, fortaleza, felicidad a niveles donde la frontera con la mezquindad, la altanería, el narcisismo, la impasibilidad y la crueldad está a un pelo de distancia. Con demasiada frecuencia olvidamos el factor humano, ese que nos hermana a todos. Nuestras vidas encuentran su punto común en nuestra mortalidad, aunque no queramos admitirlo.

Lo menos que se le puede pedir a la vida, después de haber pagado nuestro correspondiente impuesto de dolor por vivirla, es una muerte con dignidad, ¿no les parece?
Pensemos en ello.

De prejuicios, crisis y redes sociales

Vivimos en una época con acceso irrestricto a información y conocimiento, en el que la denuncia de prácticas y creencias que hasta hace muy poco eran aceptadas se ha vuelto la norma. Grupos de población que antes se habían replegado frente a los abusos e irrespeto de sus derechos ahora están hablando abierta y directamente. Estamos conectados con el planeta y esto nos ha permitido ampliar la comprensión del mundo que habitamos; aunque también nos ha hecho más vulnerables a información falsa y ataques personales.

Las crisis en redes sociales son una constante. Nadie está exento. Por lo que se vuelve importante evaluar a fondo los cambios que se están produciendo en el mundo con apoyo de estas herramientas. Aquellos que ocupan posiciones públicas o liderazgos activos, o simplemente quienes aprovechan el espacio virtual para expresar sus ideas, valores o estilos de vida, enfrentan el enorme desafío del escrutinio de sus palabras y, sobre todo, de sus acciones. Ahora es requerido ser coherente y volverse ejemplo de lo que se promueve.

Además, han tomado fuerza movimientos étnicos, colectivos relacionados con el género, la sexualidad y movimientos de inmigrantes que han sido forzados a huir de sus lugares de origen en el mundo entero. Todos ellos están reclamando su derecho a recuperar y vivir sus tradiciones y valores. Asimismo, existe una serie de conceptos que no son nuevos, pero que están resurgiendo con la presencia de activistas que han ampliado su voz a través de lo digital. Hay mucho que comprender acerca de temas como la supremacía blanca, el patriarcado o el feminismo interseccional.

Sin lugar a dudas, la humanidad entera ha vivido por milenios bajo el paradigma que considera a la raza blanca superior al resto. Esta idea y otras, como que las mujeres tienen menores capacidades intelectuales que los hombres, o que los negros delinquen más que los blancos, o que los indígenas son violentos por naturaleza, han sido asumidas en el inconsciente colectivo y han sido promovidas en beneficio de unos y prejuicio de otros; convirtiéndose en verdades absolutas que muy pocos se atrevían a cuestionar hasta hace unos años. Estos prejuicios nos han llevado a deshumanizar y a creer que unas vidas valen más que otras, y esta diferenciación justificó la dominación, el maltrato, la expulsión, llegando hasta el asesinato de millones de seres humanos.

Esta es la época que nos ha tocado vivir y somos testigos de las consecuencias devastadoras en las vidas de millones de personas por causa de esos paradigmas. Nuestra responsabilidad, como mínimo, es tratar de comprender el impacto y autoanalizarnos para evaluar cómo nos han afectado y cómo hemos afectado a otros con estas creencias.

Si la intención es tener algún impacto en nuestros entornos más cercanos e incluso ampliarlos a través de las redes sociales, es deseable reconocer esta realidad y reducir el margen de enfrentar una crisis debido a prejuicios o ideas que se expresan sin haber sido evaluadas. Es recomendable autoaplicar un “doble clic” y revisar esos prejuicios ocultos que nos hacen opinar sin empatizar con realidades que, por no vivirlas, no las comprendemos. En este nuevo contexto se vuelve relevante, también, entender cómo los privilegios que una persona ha tenido (mejor educación, oportunidades laborales, protección familiar, entre otros) no son la norma para millones de individuos y, por lo tanto, es indebido creer que estas ventajas aplican igual para todos.

Escuchar para comprender a fondo cómo esos paradigmas, bajo los cuales hemos vivido y actuado, han tenido impactos en diversas poblaciones, es una forma que el ejercicio del liderazgo, desde cualquier ámbito, exige en esta época de transparencia extrema.

La burbuja digital

Facebook y por tanto su dueño, Mark Zuckerberg, se vieron recientemente involucrados en un escándalo de filtración de datos personales de miles de usuarios de la red social. Este impase llevó al mundo entero a cuestionarse cómo funcionan las redes sociales: qué información nos proveen, qué datos les estamos entregando, quién maneja esa información personal y para qué la utilizan.

Cuando empezaron a surgir, las redes sociales no eran más que un medio entretenido y novedoso para comunicarse y compartir fotografías. Pero, a medida que se han ido masificando se han convertido en un imprescindible transversal a cualquier generación que, incluso, permitió la gestación de una de las grandes revoluciones sociales de los últimos tiempos: la Primavera Árabe.

Es decir, las redes sociales se han ido convirtiendo en una fuente de información fidedigna y válida mundialmente.

Los primeros usuarios de redes sociales, o sea los “millennials”, hemos sido juez y parte en el éxito y masificación de este nuevo medio de comunicación. Hemos ido descubriendo, poco a poco, y en la medida que las usamos para qué sirven, cómo usarlas, qué nos gusta y qué no. De hecho, el desarrollo y las innovaciones de las redes sociales se debe en importante medida a las exigencias de los usuarios. Pero al mismo tiempo, nos declaramos víctimas porque nos conocen demasiado, tienen muchísima información personal y se aprovechan de eso.

Al menos en mi caso, Facebook se ha empeñado en hacer un loop infinito de los posts de un mismo grupo de personas que, curiosamente, resultan tener intereses y gustos bastante afines a los míos; aunque mi relación con ellos en la plataforma sea reducida.

Entonces ¿cómo escoge Facebook qué poner en mi feed? La respuesta es un algoritmo de esos top secret que Zuckerberg escribe en dos segundos y con los ojos vendados –según la película–. Lo que nos lleva a la siguiente reflexión: si el contenido que empezamos a recibir en Google y Facebook ha sido programado por máquinas que solo toman en cuenta solo nuestros me gusta, ¿qué posibilidades hay de expandir nuestras perspectivas y obtener nuevos puntos de vista?

No hay que ver esta dominación de Facebook sobre lo que vemos –y dejamos de ver– tan a la ligera. Debemos tomar cierta conciencia de que estamos viviendo en una especie de burbuja cibernética que solo nos expone a la información que encontraremos afín, con la cual, por tanto, seguramente estaremos de acuerdo. ¿Qué consecuencias puede tener esto, sobre todo cuando la política ha encontrado en las redes sociales un asidero fértil para la reproducción de sus mensajes?

La personalización de contenidos es un arma de doble filo: en temas de marketing y comportamiento del consumidor es un gran aliado para la segmentación y la customización de publicidad; pero cuando se trata de ampliar los puntos de vista, es un espejismo.

En una sociedad como la salvadoreña en que la polarización es un riesgo social inminente, es importante tomar conciencia de cuáles son los contenidos con los que simpatizamos, así como las fuentes de las cuales obtenemos información y cuestionarnos: ¿qué tan objetiva es la información que estoy recibiendo?

La polarización es el caldo de cultivo para la confrontación, la intolerancia y la ignorancia; mientras lo que El Salvador necesita es diálogo, tolerancia y sabiduría para salir de su permanente crisis social.

Carta Editorial

Ya se cuentan más de 60 muertos y casi una veintena de desaparecidos y Nicaragua sigue volcada en las calles. Desde la primera sesión de la mesa de diálogo, un estudiante universitario marcó el tono de las demandas. Quieren que cesen los actos violentos de los cuerpos de seguridad y que el matrimonio de Daniel y rosario Ortega deje los cargos de presidente y vicepresidenta de la república.

Nicaragua no se va a detener. Cada una de las protestas convocadas ha contado con más participantes. Los Árboles de Vida, un ornamento de metal y luces colocado en las principales vías de todo el país y que se han convertido en símbolo del poder de Rosario Ortega, siguen cayendo al suelo entre el alborto de las turbas. Uno de ellos, se cobró la vida de un documentalista guatemalteco. La violencia es siempre una opción lamentable, tras lustros de contenida frustración, la calle se ha convertido en ese lienzo en el que ahora se dibuja un punto de quiebre.

¿Cómo se vive el caos desde lejos? Miembros de la comunidad nicaragüense radicada en El Salvador explican qué es vivir desde lejos estos cambios trascendentales. Algunos de ellos han viajado a sus ciudades de origen exclusivamente para poder ser parte de las marchas y dejar en claro un punto: que hay unidad y que no habrá retroceso.

“La historia de Nicaragua se repite”, dicen con frecuencia los entrevistados en este reportaje. Y sí, se repiten los caudillos entronizados que buscan quedarse con el poder para siempre y, de ser posible, hasta heredarlo. Pero, también importante es que se repite la respuesta coordinada de unos habitantes capaces de colocar un límite y decir “hasta aquí”. Con el dolor de las muertes y las desapariciones a cuestas, Nicaragua no se va a detener en este proceso con el que busca, una vez más, alcanzar democracia.

“En Nicaragua, la gente confía en el periodismo que uno hace”

¿Qué significa para vos la muerte?

Es un concepto que uno nunca lo piensa, normalmente te genera temor el saber cómo vas a morir. Lo que uno nunca piensa es morir en un contexto de represión, que no es esperado. Vos esperás morir de una enfermedad natural.

¿Qué te hace feliz?

Estar en tranquilidad. No preocuparte por nada de lo que está a tu alrededor y que simplemente podás trabajar en un ambiente seguro. También estar en un ambiente natural, sin mucho ruido de la ciudad. Yo nací en la zona rural. Nunca me he acostumbrado al ruido.

¿Cuál es la principal característica de hacer periodismo en Nicaragua?

Hay mucha cercanía de la gente; la gente confía en el periodismo que uno hace. Te tienen como referencia de que el periodismo puede hacerse con ética, con profesionalismo.

¿Qué es lo más valioso de tu situación actual?

La enorme solidaridad que se ha despertado conmigo. Mucha gente me ha mandado mensajes de solidaridad, de que están conmigo. Incluso hay especialistas que han puesto sus capacidades para que yo pueda recuperar la salud y no han cobrado nada.

¿A qué le tenés miedo?

Tengo miedo por la familia, saber qué pueden hacer contra mi familia por el trabajo que uno hace.

¿Cuál es tu principal vulnerabilidad?

La física, el hecho de saber que vas a una cobertura y no tenés las herramientas para estar un tanto más seguro en el espacio donde estás, eso nos expone, ni siquiera andamos un casco, un chaleco antibalas.

¿Cómo te imaginabas que iba a ser tu vida?

Cuando tenía seis años, trabajaba en las labores agrícolas por la mañana y estudiaba en la tarde. Siempre caminaba con un radio junto a mí, escuchando programas informativos, programas de opinión. Tenía pensado trabajar en una radio.

Buzón

Buzón

No crecemos

El domingo sacaron un buen artículo sobre la realidad de la comunidad rural. Debido a mi profesión y a que tengo raíces familiares que aún viven en la zona rural considero que no solo debe conocerse el problema, sino que también sus causas históricas. Cuando se ha querido potenciar la organización de productores, los aprovechados de siempre enarbolan la bandera del mercado y bombardean las asociaciones de productores. Si los productores estuvieran organizados, tuvieran acceso a información de mercado y a mejores condiciones de financiamiento. En los países desarrollados todos los productores están organizados, por lo tanto, tienen capacidad de exigir. Han llegado a tecnificar el sector agropecuario y dar valor agregado a la producción. En el caso del maíz y frijol, parece raro pero es una realidad, aún se trabaja con técnicas ancestrales. Lo único que ha cambiado es que nuestros ancestros utilizaban una vara con una punta de barro endurecida, y actualmente esa punta es de metal. No podemos crecer.

Manny Nagula,
mjlaguna59@hotmail.com


Crisis agroalimentaria

La juventud se niega a seguir con la tradición de trabajar la tierra debido a la “territorialización” de los grupos ilícitos, así lo sugiere el reportaje de Moisés Alvarado, “El campo se queda sin jóvenes”. La agricultura familiar contribuye en más del 70 % a la producción de alimentos, a pesar de que esa población campesina es la que más de cerca enfrenta la inseguridad que se vive. Es paradójico que los cultivadores de nuestros alimentos sean los más vulnerables. Vemos cómo últimamente la producción de granos básicos ha bajado y no se tienen alternativas innovadoras como propuestas para los agricultores. El sistema actual de mercadeo de granos básicos no favorece al productor, ya que por necesidad vende en el momento de la cosecha cuando el precio está en su menor punto, y este solo se queda con el sudor sin ganancia para otros menesteres.

Julio Roberto Magaña,
jrobertomasa@hotmail.com

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (197)

1612. EL MISIONERO

El aire olía a fuego pasado, pero no había cenizas visibles. En los alrededores, lo que quedaba a cada instante en evidencia era aquella extraña normalidad que ponía todas las vidas en vilo. El lugar, entonces, venía a ser ideal para alguien que quisiera descubrir misterios y contribuir a reparar entuertos, con la impresión muy personal de que nada de aquello le iba a producir trastornos inmanejables, sino todo lo contrario: que todo aquello era como ir al encuentro de la propia misión en el mundo. El recién llegado lo intuyó desde el primer instante: ahí estaba todo lo que pudiera desear para realizar su propósito de vida: predicar las bondades de la memoria y los poderes de la valentía. Se instaló y fue visitando a todos los vecinos. Le oían sin responder. Su prédica se dispersaba como un aroma inútil. Y entonces le brotó la sospecha: había llegado a un pueblo fantasma.

1613. SÍNTESIS DEL DESTINO

El fuego es aire, el aire es tierra, la tierra es agua, y el agua se vuelve cómplice de todos… El hombre del cuento venía transitando por esa cadena originaria de misterios naturales, sin percatarse de que iba haciendo su propia ruta, esa que alguna fuerza superior le tenía destinada. Un día estaba poseído por la fogosidad chisporroteante; otro día respiraba por los poros de la razón; en algún momento sus pasos se convertían en huellas de polvo sobre el cemento; en otro momento parecía ir flotando como un navío inmemorial; y no faltaba la ocasión en que todo aquel despliegue se convertía en equilibrio fuera de control. Así llegó a aquella antesala de la mente en la que aguardaba el panel de los medidores de la vida. Una sola pregunta: “¿Quiere seguir siendo agente privilegiado de su origen?” Y la respuesta ideal: “No lo sé, pero sigo…”

1614. MAR ADENTRO

El vuelo iba a despegar de las pistas del JFK de Nueva York. A unos pasos, el Atlántico aguardaba con su respiración de siempre, aprendida en la escuela parvularia de los tiempos desconocidos. Allá al fondo, Europa, vitral que se pintaba y despintaba a diario. Más al Oriente, por las rutas mil veces transitadas y aún desconocidas, Asia. En la ventanilla ovalada cabía todo, como si fuera la pupila de una deidad intrépida. Él hombre joven que observaba a través del amplio cristal de la sala de espera, en el ala de los pasajeros de la sección económica, se sentía una de esas aves que están saliendo de la espesura a los espacios sin fin. Estaba por iniciar el viaje hacia el mañana. Era uno de los emigrantes de siempre, apenas retocado por las imaginerías globales. ¿Hacia dónde iba? Como sus congéneres inmemoriales, en verdad no lo sabía. El mar abierto le palpitaba dentro de las sienes…

1615. IMÁGENES EN VELA

Al retirarse, el abuelo, que había sido el empecinado y expansivo emprendedor, le transfirió al hijo la empresa de envíos internacionales que había fundado de la nada; y cuando llegó el momento correspondiente, el hijo dejó en manos del nieto la responsabilidad empresarial del futuro. Entonces se produjo un tránsito insospechado: el joven puso en venta la empresa para dedicarse a su sueño entrañable, que era recorrer el mundo en todas las direcciones. Aquella noche estaba durmiendo en el hotel The Peninsula, en Hong Kong, en la víspera de tomar un crucero de muchos días, cuando el sueño se le volvió consejo de familia: el abuelo y el padre estaban ahí, con caras de pocos amigos. Afortunadamente para él, despertó antes de que estallaran los reproches. Se asomó a la ventana. Y sonrió aliviado: la luna nueva sí estaba a su favor.

1616. PARÁBOLA DEL VESTUARIO

La Policía andaba tras él, y eso, paradójicamente, lejos de crearle ansiedad de fuga le provocaba ansia divertida de juego peligroso. Cada día deambulaba por las calles con disfraces diferentes, que lo hacían irreconocible para cualquiera, incluyendo a los más experimentados agentes de la autoridad. ¿De dónde sacaba todos aquellos trajes que parecían producto de un diseñador de primer nivel, imaginativo y sorprendente? Ni siquiera él lo sabía. Las piezas estaban siempre a su disposición en el antiguo ropero que era sucesiva herencia familiar. Pero un día de tantos, al abrir la puerta de bisagras crujientes se halló frente a un espacio vacío. ¿Qué hacer? ¿Quedarse encerrado sin escapatoria o entregarse de una vez al poder de la ley? Y en ese preciso instante, los disfraces reaparecieron, como por arte de magia. Se oyó una risita. Las bromas del otro yo.

1617. LA LUNA ENTRE EL FOLLAJE

Como era adicto a las aldeas, las ciudades le producían diversas formas de alergia. Aquel amanecer en Hong Kong parecía una estampa recién inventada, como en las épocas originarias, y por eso, aunque el entorno urbano era de actualidad desbordante, la sensación que le nacía era la de los años dormidos en el tiempo. Desde su balcón en el hotel de Kowloon, inmediato a la bahía, con todas las edificaciones esbeltas enfrente, podía tener casi a la mano aquel paisaje de modernidad nunca desmentida, ni siquiera en los momentos de crisis. Y tal sensación se hizo aún más aguda cuando sobre los rascacielos en estrecha hermandad comenzó a dibujarse el disco áureo. Un día antes había sido luna llena, que se hallaba en su apogeo. La saludo con efusión, y entonces los edificios parecieron alzar los brazos como si fueran un bosque que redescubriera su ser.

1618. NO BROMEES, ESPEJO

Nació como un pequeño tesoro de vida casi aleteante. Cuando pudo caminar, corría por todas partes con la risa a flor de piel, como si anduviera buscando sorpresas prometidas. Ya en la adolescencia, toda aquella gracia se le fue convirtiendo en imán. Era, en verdad, como una diosa resucitada, y en su entorno sólo había palabras de admiración y suspiros de anhelo. Al arribar a la primera juventud todos creían que su futuro sería mágico. Sin embargo, por extraña paradoja, ni los aspirantes ni los pretendientes aparecían. En el entorno familiar más cercano comenzaron a menudear las inquietudes al respecto. Por fin, la convencieron de ir a visitar a un psíquico joven que ayudara a descifrar el enigma. El psíquico la observó con mirada fija. “¿Qué miras?”, le preguntó ella. “Te veo a ti, como si me viera en un espejo. Me estás llamando, y eso me hace feliz…”

1619. ESQUINA CON DESTINO

Ahí, en aquella esquina en la que se juntaban las dos calles más transitadas de la zona, se hallaba la tienda de la Niña Consuelo, que estaba a punto de cumplir los cien años. “Mis primeros cien años”, como decía ella. En el vecindario todos la conocían, hasta los pobladores más recientes. Incluyendo, desde luego, aquella niña de apenas ocho años, que parecía tener todas las preguntas guardadas en su cajita de música. “Niña Consuelito, ¿y usté por qué vive en esta esquina?” “Porque aquí se cruzan los días y se van de paseo juntos… Así se olvidan de mí… ¿Entendés?”

Revelan sanción del Vaticano a prestigioso sacerdote por ritual no aceptado de la “Dinámica del Pecado”

Ilustración por Paula de la Cruz

El Papa Francisco en su más reciente visita a América Latina, a principios de año, pagó un alto costo por los abusos sexuales de sacerdotes a menores de edad. En Chile, uno de los países incluidos en la gira, fue cuestionado por organizaciones que le tacharon de inacción para castigar a un obispo acusado de encubrir a un sacerdote que incurrió en estos vejámenes. Así mismo se desató una ola de insatisfacción por el papel de la iglesia, que removió escándalos que aún claman por justicia en países como Perú y México donde además de los abusos, se alega conspiración para mantener ocultos los hechos.

Ahora una investigación de la revista digital GK realizada en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del ICFJ en alianza con CONNECTAS y publicado aquí, revela que en Ecuador también ocurrieron sucesos graves. Un país donde la opinión pública no ha sido expuesta con frecuencia a esta clase de denuncias, recibe ahora la revelación de un caso del que tenían conocimiento solo un reducido grupo de personas.

Según esta investigación, Luis Fernando Intriago, un sacerdote de alto reconocimiento en Guayaquil, aplicó a adolescentes un ritual no autorizado por la Iglesia Católica al cual denominaba la “Dinámica del Pecado”. Consistía en sesiones privadas en las que pedía a los menores de edad vestir ropa interior o desnudarse, aceptar ataduras y vendajes en los ojos, además de permitir contacto físico en forma de toques pero también de golpes, llaves de artes marciales y hasta descargas eléctricas, de acuerdo con testimonios recopilados por los periodistas de GK autores de la nota.

Estos abusos los habría cometido principalmente mientras estuvo al frente de grupos juveniles en la iglesia Nuestra Señora de Czestochowa, una parroquia en Guayaquil, ciudad portuaria y la más poblada del Ecuador.  La investigación periodística confirmó que en  2003 y 2009 hubo quejas de algunos fieles escandalizados por la conducta del padre. La última de esas quejas refería a la presencia nocturna de jovencitos en la residencia del clérigo.

Los superiores llamaron la atención a Intriago por comportamiento impropio, pero fue solo hasta 2014 cuando la Congregación de la Doctrina de la Fe, institución del Vaticano encargada de casos de abuso, autorizó el inicio de un proceso administrativo penal especial contra Intriago. El trámite quedó a cargo del Arzobispado de Guayaquil. En 2015 se emitió un decreto de dimisión del estado clerical por el cual se separó al padre del ejercicio del sacerdocio. La Congregación de la Doctrina de la Fe en 2016 rechazó una apelación de Intriago y confirmó la decisión de expulsión por considerar que las prácticas en las que había incurrido constituyeron una violación a la integridad sexual de las víctimas, aunque no implicaron la penetración o el contacto con los genitales de los agraviados según los testimonios y la documentación a la que accedió GK. Actualmente, Intriago sigue esperando una resolución definitiva de su caso.

Padre Fernando Intriago. Foto tomada de Facebook.

La legislación ecuatoriana también tipifica como abuso aquellas acciones en los que no hay “acceso carnal”, pero tienen contenido sexual y se perpetran en contra de la voluntad de las víctimas o sacando ventaja de que no tienen conciencia de la situación a la que los llevaron.

GK ubicó a diez hombres que aseguran que, cuando eran adolescentes, fueron inducidos a la mencionada “Dinámica del Pecado” aplicada por Intriago. El hecho tuvo un gran impacto en sus vidas. “Esto es lo más asqueroso que me ha pasado”, afirmó uno de los consultados en la investigación y quien habló a condición de anonimato. Otro, igualmente bajo la reserva de su nombre afirmó lo siguiente: “Cuando él me hizo una vez la Dinámica completa, desde allí pensé ‘esto no está bien’. La completa tenía temas de electrocutarme (…). Había una barra, entonces me colgaba en la barra, desnudo. Ese día si terminé mal”.

Diego Guzmán también atravesó la experiencia y afirma que cuando el padre le rozó con la barba en el hombro le pidió ser desatado y le habló. “Le dije ‘Padre, tú eres mi pana, y si no quieres tener un problema no le hagas a nadie más, porque acá no pasó nada, pero esa vaina no está bien’. Michael Manzur, otro de los jóvenes de la parroquia, al principio no le creyó a sus compañeros e incluso llegó a declarar a favor de Intriago. Hoy cambió de opinión y cree que sí hubo abusos.

La “Dinámica” les era presentada a los adolescentes como un sacrificio en nombre de Jesucristo. Juan José Bayas, quien aceptó ser grabado en su testimonio, no recuerda cuántas veces fue sometido a la sesión y golpeado mientras el padre le decía que podía “vencer al mundo”. “Él decía ‘el que falla en lo chiquito, falla en lo grande’”. En su evaluación, cuyo contenido era ignorado por la mayoría de los ecuatorianos, la Congregación de la Doctrina de la Fe consideró que el padre Intriago solo tenía motivaciones libidinosas al propiciar contactos de esa manera con adolescentes.

Según revela este trabajo periodístico, a pesar de los llamados de atención de 2003 y 2009, el sacerdote permaneció frente al manejo de grupos juveniles.

La pregunta de por qué no se le apartó del contacto con menores ante los primeros indicios fue formulada a monseñor Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, quien argumentó que él asumió su cargo en 2015 y no podía responder por hechos previos. Sin embargo, en su lectura de los hechos, comparó el abuso sexual con la esclavitud: “Antes estaba legalizada y parecía normal. Después se tomó conciencia, se hizo todo lo posible para abolir la esclavitud porque eso es un acto gravísimo. En el campo de la sexualidad es algo parecido. Hoy por hoy las cosas están muy claras, de tal manera que para la Iglesia Católica el abuso sexual debidamente comprobado es considerado un crimen, un delito (…). Estoy respondiendo su pregunta, cómo es que sabiendo por qué le confiaron… Quizás no era la época. No es para justificar de ninguna manera es simplemente para explicar el contexto.”

Monseñor Antonio Arregui, antecesor de Cabrera, contó que quería trasladar a Intriago a otro lugar meses antes de un episodio ocurrido en 2013 cuando la madre de Bayas confrontó al sacerdote a gritos en la parroquia mientras él ingresaba con su vehículo. “Él no tenía mucho deseo de salir, y me pidió un año más. Tampoco se muere nadie por un año más.”  Tras prorrogar su presencia en la parroquia la situación empeoró: “Justo en este momento llegaron denuncias de cinco, seis jóvenes, de unos tratamientos extraños que les hacía como para fomentar el arrepentimiento de sus pecados y la disposición para llevar una buena vida cristiana”.

Diego Guzmán le pidió en su momento al sacedorte sancionado que no aplicara a la dinámica a otros jóvenes

Kevin Rivas denunció por escrito al padre en febrero de 2014 ante el Arzobispado de Guayaquil. En el documento afirmó que fue sometido a la dinámica y relató casos de otros compañeros. Luego pidió a la Fiscalía una investigación. Bayas y a su madre no pudieron actuar judicialmente porque antes de hacerlo Intriago los demandó por injuria y delitos de odio y por esta vía logró contener el escándalo en su momento.

No se conoce registro de que la Arquidiócesis de Guayaquil solicitara la intervención de la justicia penal frente a los hechos, porque según voceros de la curia, no les correspondía adoptar acciones en ese ámbito. Aún así, Fiscales ecuatorianos iniciaron en septiembre de 2017 dos investigaciones contra el sacerdote: una por abuso sexual y otra por tortura. Ninguna hasta la fecha ha concluido.

Intriago fungió en Guayaquil como asesor espiritual del Sodalicio de Vida Cristiana, fundado en Perú por el laico Luis Fernando Figari, quien vive en un Roma mientras se le procesa por acusaciones de abuso sexual a menores en su país. El Ministerio Público peruano ha solicitado su prisión. La organización apartó a Intriago de sus funciones asesoras en 2014 al conocer los casos de la dinámica.

Michael Manzur no creyó a sus compañeros en un principio, pero hoy piensa que fueron abusados.

Intriago, quien ha gozado de prestigio en la sociedad de la sociedad de Guayaquil, defiende su inocencia, ha apelado dos veces la sanción que se le impuso desde el Vaticano y espera respuesta definitiva sobre su caso. Los reporteros de GK contactaron a Intriago para que diera su versión. fue contundente en su respuesta: “Cuidado van a estar dando voces a personas que hacen denuncias desde la oscuridad”, dijo. Un día después, su abogado llamó para decir que ni él ni su cliente darían declaraciones porque la ley se lo prohíbe ya que hay una investigación en curso de la Fiscalía.

El Papa luego de la visita a Chile rectificó sobre su valoración del caso por el cual recibió reclamos. Dijo haber carecido previamente de información veraz y pidió perdón por ello. El gesto, en algunos, fue recibido como otro paso en un camino aún largo de la Iglesia Católica para castigar a perpetradores y encubridores de los abusos sexuales, y por los abusados como una esperanza de justicia terrenal. La misma que esperan quienes se sienten víctimas del sacerdote Intriago.


Este reportaje fue realizado por Isabela Ponce Ycaza y José María León Cabrera, con ilustraciones de Paula de la Cruz para la revista GK en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del ICFJ en alianza con CONNECTAS.

Esta elección es falsa

Lilian Tintori, vocera de la oposición venezolana

Lilian Tintori es una de las voces más representativas de la oposición venezolana. Hoy se realizan en este país suramericano unas elecciones que no gozan de las validaciones y garantías internacionales. Tintori destaca la ausencia de un candidato opositor y el vacío que dejan los observadores imparciales.

El opositor Leopoldo López, uno de los políticos presos más conocidos de América Latina, no puede pronunciarse públicamente sobre las elecciones presidenciales de Venezuela por las condiciones de su arresto domiciliario.
La esposa de López, Lilian Tintori, es desde hace años la portavoz del líder del partido centrista Voluntad Popular, condenado en 2015 a más de 13 años de prisión por cargos de incitar a la violencia durante otra ola de protestas un año antes. López cumple desde 2017 su pena en el régimen de “casa por cárcel”.

Tintori habló en Caracas sobre la crisis humanitaria en su país y sobre por qué cree que los comicios en los que el socialista Nicolás Maduro buscará un segundo mandato de seis años, el domingo, no son una elección democrática tras casi 20 años de chavismo.

¿Cuál es la situación de Venezuela?
Estamos viviendo una emergencia humanitaria. Leopoldo, en 2014, denunció al régimen. Dijo que era antidemocrático, corrupto, ineficiente. Dijo que iban a faltar comida y medicinas. Y mucha gente no le creyó. Y fíjate después de cuatro años todo lo que ha pasado. No hay comida, no hay insumos médicos, los niños se mueren por desnutrición.
Venezuela es hoy una alarma en el mundo. Hay éxodo. Las fronteras están llenas de venezolanos con problemas, con enfermedades. Hay campamentos en Brasil, hay campamentos en Colombia, hay venezolanos regados por el mundo, que huyen. Huyen porque los intimidan o huyen porque tienen hambre y quieren buscar un futuro.

¿Cuáles son las causas de esa crisis?
El desastre que estamos viviendo es por un desastre de gestión, del sistema. Es una violación sistemática de los derechos humanos. Hay presos políticos.
Y hay una crisis económica, hay hiperinflación. Un venezolano para comprar la cesta básica necesita una cantidad de sueldos… Hoy, nueve de cada 10 venezolanos se acuestan con hambre. Y no hay autonomía de los poderes públicos.

¿Cuál cree usted que es la solución?
Leopoldo lo ha dicho siempre desde 2014: la salida es pacífica, constitucional y electoral. La democracia es escuchar al pueblo. De eso se trata, que la gente decida su futuro. El venezolano quiere votar y que su voto valga, no que se lo roben. Votar y que le reconozcan ese derecho legítimo. Hoy no tenemos eso. No hay una observación internacional cualificada. No hay candidatos como los que quiere la gente. Los candidatos fuertes que pueden ganar una elección están hoy presos, inhabilitados o en el exilio.

Votar y que le reconozcan ese derecho legítimo. Hoy no tenemos eso. No hay una observación internacional cualificada. No hay candidatos como los que quiere la gente.

Si creen que la solución es votar, ¿por qué no van a votar en la elección presidencial del 20 de mayo?
Eso no es una elección. En una elección se trata de elegir, de decidir. Ahí nosotros ni siquiera tenemos a nuestro candidato opositor que nos represente. La oposición no está representada por ninguno de los candidatos que están corriendo (postulando). Los que están corriendo le están haciendo el juego a Maduro. Lo que está planteado el 20 de mayo es una ruptura más del hilo constitucional de Venezuela. Eso es una elección falsa, un fraude desde su origen. Porque quien convoca es la Asamblea Nacional Constituyente. Y muchos países han declarado firmemente que la Asamblea Nacional Constituyente es ilegítima.

¿Qué le parece la candidatura opositora de Henri Falcón?
Cualquier candidatura en el marco de esta fecha es una candidatura sin legalidad. No tiene fuerza, no es legítima, no se escogió con la gente. Los candidatos que están tratando de medirse no representan la voluntad de Venezuela. Porque es una elección sin mínimas condiciones.

¿Y qué va pasar después de la elección?
El día 21 la crisis continuará, porque es un día más con Maduro, un día más con un régimen sin humanidad, que ni siquiera reconoce que hay crisis. El 21 Venezuela va a estar peor.

El año pasado hubo protestas durante meses, pero ahora ya no hay casi gente en las calles. ¿Por qué?
El año pasado salimos a protestar pacíficamente durante tres meses seguidos. Se movilizó mucha gente, sociedad civil, estudiantes, líderes de la oposición. Pero hubo personas que murieron en el marco de las protestas. Estos asesinatos están registrados, muchos de ellos en video. Y quienes dispararon son personas del Estado. Definitivamente la gente salió con mucha fuerza a protestar, pero al mismo tiempo la gente no quiere morir. La gente no va a dejar de protestar, pero en Venezuela hoy salir a protestar no te garantiza la vida.

¿Cómo está Leopoldo López?
Está recuperando espacios con su familia, con sus hijos, conmigo. Está en la casa pero está preso. Tiene muchísimas ganas de trabajar, de hacer gestión. No duda ni un minuto de que lo que ha hecho, esa denuncia tan fuerte en 2014 hizo que Venezuela cambiara.

¿Cómo está de ánimo?
Fuerte. Para mí él es una roca. Es la roca de Venezuela y es la roca en mi casa. Yo siempre estuve muy firme cuando él estaba en (la cárcel) Ramo Verde por la fuerza que él me daba en la celda. Y yo con esa fuerza salía por el mundo. Y logramos muchísimo, logramos transformar a la comunidad internacional. Los pronunciamientos de cada país son una esperanza para nosotros.

Usted no pudo salir del país el año pasado. ¿Cuál es su situación actual?
Pareciera que no nos reconocen como ciudadanos venezolanos. Así como a Leopoldo no lo dejan hablar, a mí me violan todos los derechos. Me quitaron el pasaporte y no me dejan transitar libremente ni dentro ni fuera de Venezuela. Nos han bloqueado las vías principales del país para no llegar de un estado a otro.

¿Tiene algo más que pedirle a la comunidad internacional?
Que no podemos esperar más. Se tienen que acelerar los tiempos para pronunciarse fuertemente. No se puede esperar más. Los tiempos de la diplomacia y de la política internacional se tienen que acelerar. No podemos esperar más. Porque cada día que pasa significa más muertes en Venezuela, más éxodo, más crisis.