La herencia de Romero en el primer cardenal salvadoreño

Jerarquía. Rosa Chávez pasará a integrar el colegio cardenalicio, definido como una especie de senado dentro de la Santa Sede. Eso no lo coloca sobre la figura de José Luis Escobar, quien continuará siendo el arzobispo titular de San Salvador.
Agradecimiento. El día en que el Papa Francisco anunció su nombramiento como cardenal,
se realizó una misa en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador,
donde está enterrado el beato Óscar Romero.

Desde fuera, desde lejos, la de este sacerdote es una imagen de fría intelectualidad, dice el pastor Mario Vega, de la iglesia evangélica Elim. En efecto, en entrevistas y comparecencias públicas, parece calcular hasta el extremo el peso de sus palabras, la intensidad de sus gestos, la frecuencia de sus sonrisas. Es la seriedad hecha persona.

Ahora, un día después de que el papa Francisco sorprendió a toda la comunidad católica en El Salvador (él incluido) anunciando su futuro nombramiento como cardenal de la Iglesia, monseñor Gregorio Rosa Chávez luce emocionado por un reconocimiento que, quizá, tampoco se esperaba: un enorme sobre con las cartas escritas para él por alumnos del Complejo Educativo San Francisco.

Una joven, de voz entrecortada y nerviosa, ha sido la elegida para su entrega. Monseñor espera en actitud solemne, el cuerpo estricto, tomándose de las manos.

—Estamos emocionados por este nuevo nombramiento que le da la Iglesia y le ofrecemos nuestro más sentido… eh –dice la muchacha, quien parece no encontrar el siguiente eslabón de la cadena.

—Pésame –complementa Rosa Chávez, mientras explota, en este patio de limpieza monasterial, un petardo de risas adolescentes.

En el sobre pueden leerse algunas frases, puestas ahí a través de letras recortadas en papel multicolor: “Siempre hay tiempo para lo que se ama”, “Se vale soñar”. Son las mismas que repite ocasionalmente a los alumnos y docentes de este centro educativo, el mismo del que se convirtió en director el 20 de julio de 1996, cuando fue nombrado párroco de la iglesia San Francisco, un templo que se erige, con su esqueleto de maciza madera, en pleno centro de San Salvador.

Desde una voz, que puede ser la de todos, se escucha una consigna en altas voces.

—¡Qué viva nuestro primer cardenal!

—¡Qué viva! –secundan otras gargantas igualmente emocionadas.

—Habrá un segundo, habrá un segundo –responde Rosa Chávez, restándole importancia al hito, para después evocar a las figuras del beato Óscar Romero y Rutilio Grande, a quienes pertenece, aclara, realmente este reconocimiento. Luego, sacerdote y alumnos se funden en un abrazo. Al futuro cardenal, que en septiembre cumplirá 75 años, una sonrisa amplia le llena la cara.

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Las ideas. “Esa imagen de que uno camina con la gente dice mucho. Para mí, es ya una cosa natural, pues lo vi en mis maestros”, dice el sacerdote.

La primera misa de la iglesia San Francisco, como todos los días, ha terminado un poco después de las 7 de la mañana. Y, como todos aquellos días en los que no tiene un compromiso inmediato en el Arzobispado de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez atiende a aquel que llega a buscarlo, aunque sea sin previo aviso.

Las personas que lo requieren son de varios tipos: ancianas, algunas más jóvenes que él, quienes lo inquieren para ser parte de un sistema de asistencias, en el que cada semana reciben $6 en víveres, entregados discreta y directamente por el clérigo; periodistas que buscan su postura para un tema cualquiera; o personas que lo solicitan para contar con su intercesión, como una madre hace unos meses que, afirmó, perdió a su hijo, un estudiante de la Universidad de El Salvador, durante la guerra civil, cuando un retén del Ejército lo sorprendió llevando mensajes para la guerrilla. Dijo que quienes gobiernan ahora el país no han sido capaces de darle referencias de dónde quedó su cadáver, a pesar de que era un colaborador de su organización. Rosa Chávez era su última esperanza. Una que fue respondida.

“Aquí la gente entra como por su casa, porque es una iglesia para gente que no es adinerada. Eso no se podría hacer en un templo de otra naturaleza o en un espacio de oficinas, con muchas murallas que franquear, donde hay mucho protocolo”, dirá el sacerdote más tarde.
Este día de junio también se ha acercado al templo un joven alumno de la Universidad Don Bosco. Ha tenido que esperar un rato mientras Rosa Chávez atiende a una feligrés que llegó para pedirle consejo espiritual. Con lágrimas en los ojos, como quien ha encontrado lo que buscaba, la señora se despide y es el turno del estudiante.

—Entonces, ¿cómo está la cosa? –pregunta el sacerdote, y el joven le explica que está realizando un material audiovisual centrado en la figura del beato Óscar Romero y que, por ello, quiere hacerle una entrevista.

—La hacemos, entonces. ¿Vas a grabar? –dice, y el muchacho lo encuadra en su cámara mientras con la otra mano sostiene un celular y lo coloca lo más cerca posible de su rostro, para obtener un audio más fiel.

Rosa Chávez se explaya diciendo cosas que ha dicho en muchas ocasiones: que a pesar de que les dolió la muerte del beato, sabían que era una cosa que iba a pasar, como cuando se divisan nubes de tormenta en el mar, o que su rostro, cuando vieron el cuerpo con el pecho destrozado, tenía una serenidad de santo. Lo dice, sin embargo, con el tono de quien lo comparte por primera vez, de quien lo revela.

En un punto cita, al pie de la letra, el diario de Monseñor Romero, justamente el pasaje donde se refiere a él como un “amigo que lo ha sido desde tanto tiempo y muy de fondo”. Al hacerlo, hace un gesto de timidez, como el de un sonrojo ante un halago.

Pocas cosas hay de las que monseñor Rosa Chávez se jacte en público. Una de ellas es la de ser la única persona que estuvo en todos los diálogos del proceso de paz de 1984 a 1989, antes de que la Iglesia católica fuera reemplazada por la ONU como mediadora entre la guerrilla y el Gobierno. A lo largo de muchas entrevistas, ha dicho que a él le corresponde “ese récord”. La otra es su amistad con Monseñor Romero y el hecho de que sea el suyo uno de los nombres que más aparecen en sus diarios, los mismos que recogen sus tres intensos años como arzobispo de San Salvador. Según un conteo hecho al material, Gregorio Rosa o el padre Goyito, como lo llamó el beato, está plasmado en el texto en 16 ocasiones.

Las primeras entradas donde aparece, referentes al 24 de abril y al 3 de junio de 1978, tienen un tema en común. Un angustiado y solitario Romero pensaba en una carta enviada por el entonces obispo de San Vicente, Pedro Aparicio, a la Nunciatura y a la Sagrada Congregación para la Educación Católica. Su colega lo acusaba de fomentar “una falta de disciplina en el seminario, incluso de sembrar ideas izquierdistas entre los alumnos”. Y con quienes primero compartió sus penurias fue con Rosa Chávez, entonces rector del seminario San José de la Montaña, y con Abel Morán, prefecto de estudios, ahora parte de la iglesia El Calvario de Santa Ana. Los dos jóvenes sacerdotes le compartían su frustración porque ni siquiera les habían dado la oportunidad de defenderse.

En la segunda entrada, la del 3 de junio, Romero alababa los aportes de Rosa Chávez para redactar su respuesta, la que sería enviada al Vaticano como prueba de descargo. El futuro cardenal le aconsejó atenerse a los datos científicos, comprobables, medibles, algo que el beato no había tenido en cuenta.

“Vi el primer borrador de lo que había escrito y era un texto muy pasional, en el que se había dejado llevar por las emociones… Monseñor era así, un hombre primario, que tenía que hacerlo todo ya… Yo, en cambio, no soy una persona apasionada, siempre he tratado de ser más cerebral, es mi naturaleza. Además, como director del seminario, tenía muchos datos a la mano”, apuntará más tarde Rosa Chávez. La respuesta final, la que permitió que Romero continuara siendo él mismo, fue enviada tal como lo aconsejó su amigo, tras varias noches y mañanas de trabajo conjunto.

La entrevista termina y el estudiante se retira satisfecho. Confiesa que nunca creyó que sería tan fácil cumplir con su misión.

—Bueno, me retiro a desayunar –dice Rosa Chávez, mientras abre la puerta que desde el templo de San Francisco conecta al espacio donde están sus aposentos.

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Los modelos. En la primera imagen, Rosa Chávez aparece al lado de Óscar Romero,
cuando el primero era director del seminario San José de la Montaña.
En la segunda, el libro que recoje las cartas publicadas en la revista
Orientación por Arturo Rivera y Damas, de quien fue arzobispo auxiliar,
descansa en su mesa.

Desde fuera, desde lejos, la de este sacerdote es una imagen de fría intelectualidad, dice el pastor Mario Vega, de la iglesia evangélica Elim. Sin embargo, cuando se ve más de cerca, aclara, la misma se vuelve calurosa, de un afecto que no duda en expresar.

Ambos líderes religiosos han coincidido en diferentes espacios, aunque el de más regularidad ha sido el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia. Ahí, dice, ha podido ser testigo de una mente rigurosa, inclusiva, tolerante, que basa sus opiniones en el argumento más poderoso: la experiencia. Y de alguien con una tremenda “capacidad de síntesis”.

“Recuerdo cuando se hizo la primera visita a uno de los municipios priorizados. Cuando decía que el consejo nacional lo que hace es ver el panorama completo, el de la nación, pero era al consejo municipal al que le correspondía, ya en el lugar, ejecutar las acciones. Esa capacidad de visualizar dos funciones diferentes y establecer los roles de cada uno… me parece que sintetizó en esa sola frase todo el quehacer del Plan El Salvador Seguro”, comenta el pastor, quien define al sacerdote como “alguien con quien no es difícil entenderse”.

La amistad se puede cultivar aún sorteando las más grandes murallas. Como la de las convicciones religiosas. Eso lo demuestran Rosa Chávez y su amigo el obispo luterano Medardo Gómez. Desde el otro lado del teléfono, esperando la hora para partir al aeropuerto hacia un nuevo destino, Gómez habla con entusiasmo del próximo nombramiento del clérigo.
Dice que para él, eso representó un alivio: pronto a cumplir 75 años, cuando llegara ese cumpleaños, debería abandonar su puesto como arzobispo auxiliar, como lo indican las leyes de la Iglesia. El nombramiento como cardenal, además de elevarlo, amplió sus años de servicio.

“Se ha hecho justicia”, dice Gómez, para luego pasar a una confidencia que no es la que más lo llena de orgullo: al contrario de Rosa Chávez y su arzobispo, Arturo Rivera y Damas, quienes permanecieron hasta el final, el luterano decidió abandonar el país tras ser amenazado en el marco de la ofensiva Hasta El Tope, en 1989.

Gómez escuda su decisión en su familia, su esposa y sus hijos, “los que de nada tenían la culpa”. Esa valentía de Rosa, opina el sacerdote luterano, es parte del testimonio que ahora le vale, “testimonio seguro que el papa tuvo en cuenta”.

“Por eso a mí siempre me extrañó que eligieran a otros como arzobispos cuando él era la opción más lógica, el auténtico heredero de esa tradición”, opina Gómez. “Aunque siempre me lo expliqué con el hecho de que representaba una voz demasiado incómoda para el poder”.

Gómez señala, especialmente, el período en el que se desempeñó como administrador diocesano del Arzobispado de San Salvador (diciembre de 1994-abril de 1995), tras la muerte de Arturo Rivera y Damas y en espera del arribo de un nuevo arzobispo.

Mientras ocupó el puesto, nunca dejó de usar la homilía como instrumento para denunciar lo que, en su opinión, no llevaba un rumbo correcto, una tradición que se remonta hasta Luis Chávez y González, el predecesor de Romero en el cargo. Para ello utilizó la misma herramienta instaurada por Rivera y Damas, una sección colocada justo al final del discurso, a la que simplemente titulaban “Los hechos de la semana”. Durante la guerra, fue en este espacio donde se hablaba, de forma sistematizada, de las violaciones a los derechos humanos que documentaba Tutela Legal del Arzobispado.

Mediador. Su experiencia como garante del diálogo en la guerra civil le sirvió para estar en medio de otros procesos en el nuevo milenio,
como el conflicto entre médicos y Gobierno registrado en 2003. En la foto aparece junto al político Héctor Silva, quien también participó como garante.

Rosa Chávez fue uno de los primeros en criticar el hecho de que los compromisos adquiridos con los Acuerdos de Paz no se estaban cumpliendo. “¿Y cómo pueden tener paz los salvadoreños que contemplan el deprimente cuadro de corrupción e impunidad que parece incontrolable y que anida incluso en las esferas oficiales?”, decía en su homilía del 15 de enero de 1995, un día antes del tercer aniversario de los Acuerdos de Paz.

También leía con preocupación los diferentes informes que los organismos internacionales realizaban en apoyo al proceso de paz del país, como los generados por ONUSAL, la comisión de Naciones Unidas destinada como aparato contralor. Rosa Chávez criticaba el hecho de que las autoridades no atendieran las recomendaciones como era debido. En la homilía del 11 de diciembre de 1994, por ejemplo, retoma el informe número 12, que pone especial énfasis en la recién creada Policía Nacional Civil. La ONUSAL describía como un problema la “excesiva autonomía” de que gozaban “dentro de la PNC las divisiones Antinarcotráfico y de Investigación Criminal”. En la última de estas dos unidades, posteriormente, se descubrió la existencia de redes de sicariato heredadas de estructuras creadas durante el conflicto armado. En este sentido, tampoco dejó de denunciar las operaciones de escuadrones de la muerte, una figura que se creía superada cuando se firmaron los Acuerdos de Paz.

El tema económico no escapó de sus homilías, sobre todo cuando exigía que las medidas estructurales que se tomarían más tarde no fueran en desmedro de la calidad de vida de la población, sobre todo de los más pobres.

“Juan Pablo II afirmó también que ahora es más necesario que nunca ‘defender claramente el principio de la supremacía de los valores de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y la supremacía del bien común en la organización social’. Me parece que el señor presidente comparte la visión del papa. Sin embargo, a veces tengo la impresión de que en la mente de muchos de sus técnicos y consultores la persona humana está al servicio de la economía y no al revés. No pongamos la carreta delante de los bueyes”, dijo el 5 de febrero de 1995.

La Iglesia decidió inclinarse por un personaje menos polémico para nombrarlo como arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle. Desde su primera semana en la silla, dejó clara su posición de no hablar nunca de política. La realidad y sobre todo la prensa hicieron que luego cambiara su posición y decidiera instaurar las conferencias que, hasta ahora, continúan con José Luis Escobar.

Fernando Sáenz Lacalle sigue siendo un eminente miembro del Opus Dei en El Salvador. Debido a su avanzada edad (este año cumple 85 años), sus actividades se limitan a la celebración de pocas misas al año y a su labor como confesor en la parroquia de Montelena, en Santa Elena.

Trabajo. Rosa Chávez participa en una actividad del Consejo Nacional Educativo, en 2010. La educación, para el sacerdote, es la base de una sociedad para la paz.
También ha formado parte de otras instancias, como el Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Vestido todo de blanco, atendido el último feligrés, Fernando se da un poco de tiempo, mientras camina al carro que lo llevará a su casa, para hablar de su colega, aunque advierte que su memoria no lo dejará ser muy preciso. También el hecho de que la realidad de ahora y la de entonces son muy diferentes, pues en el presente él es un sacerdote y quien fue su auxiliar, un príncipe de la Iglesia.

—Cuando trabajábamos juntos, parecía que éramos figuras contrapuestas. Pero él siempre fue mi apoyo seguro. Es un hombre hecho de diálogo. Todo lo que le está pasando lo tiene bien merecido –comenta Sáenz, con la suavidad de una voz de 84 años.

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El conflicto. En una foto ya famosa, aparece al fondo junto a Arturo Rivera en las negociaciones entre la guerrilla y el Gobierno de El Salvador.

Monseñor Gregorio Rosa Chávez acaba de recibir de manos de dos sacerdotes salesianos la túnica que antes le pertenecía a su predecesor como cardenal. Una cosa más que le hace caer en cuenta que esto de ser cardenal todavía es muy nuevo para él, algo que no termina de asimilar. Hasta la semana pasada, ni siquiera contaba con un escudo que lo representara en esta etapa próxima a iniciar o, como lo expresó anoche en su homilía, en “el nuevo taburete que le concede una nueva misión”, como dice una canción popular. Un diseñador en el Vaticano se encargó de confeccionárselo, aprovechando la visita que realizó a la Santa Sede.

Anoche, también, en la iglesia San Antonio de Padua, en Santa Tecla, volvió a hablar de algo que se ha convertido en uno de sus temas predilectos: su alergia a una Iglesia de gente acomodada en un país como El Salvador, con una historia tan difícil.

“Si colocáramos aquí, en fotos grandes, las imágenes de nuestros mártires sacerdotes tal como quedaron destrozados cuando fueron asesinados, ¿los viéramos?”, preguntó. Los feligreses, a los que hace unos minutos había dado personalmente la mano, aguardaban en incómoda espera.

“¿Qué hacemos con esa sangre? ¿Qué hacemos con esa entrega? ¿Qué nos pide Jesucristo a nosotros ahora como cristianos, en este momento de la historia? Dar testimonio… Alguien me visitó hace poco y me dijo: ‘He renunciado a mi cargo porque no puedo aceptar la corrupción, me quedo sin trabajo, pero mi fe me impide que yo sea cómplice de la corrupción’. Eso pocos lo hacen. Por tanto, necesitamos almas de mártires. Saber decir ‘no’ a la maldad, aunque paguemos el precio”.

Esta mañana, sus preocupaciones son un poco menos trascendentes. Al espacio donde vive, a un costado de la iglesia San Francisco, acaba de arribar un periodista televisivo para realizar una nueva entrevista, otra de una larga lista. Esta mañana dará una más. Antes de que el clérigo baje de hablar con los sacerdotes salesianos, el periodista es recibido por la madre Reina Angélica –ojos claros, vivos–, líder de la orden de las Siervas de la Misericordia de Dios y mano derecha de Rosa Chávez. Es ella la encargada de cubrirlo en los compromisos que no alcanza a atender. También la de confeccionarle su apretada agenda, la que muchas veces representa un reto de malabarismo: además de sus obligaciones en el Arzobispado, está la dirección de Cáritas de El Salvador, sus grupos juveniles, el trabajo social.

Estatus. Desde que fue anunciado su futuro nombramiento, el entusiamo por su figura ha crecido.
No falta ocasión en que un feligrés pida hacerse una foto junto a él.

Como una suerte de agente de relaciones públicas, pregunta por los encuadres que se necesitarán, cuál será el escenario ideal para la conversación. Rosa Chávez desciende de sus aposentos. También pregunta qué será mejor para usar, si el negro o el blanco, o si debe cambiar de aspecto. Le responden que no se preocupe, que lo importantes es “el personaje”.

La entrevista se mueve hacia la iglesia, donde un grupo de niños reza ante el Santísimo.

“Te agradecemos por el nombramiento de nuestro cardenal, que será de gran beneficio para el país”, dice la maestra encargada del grupo, y los infantes lo repiten.

Rosa Chávez hace una única petición, que el rostro de Monseñor Romero, ubicado cerca del altar, quede en medio de la toma. El sacerdote es un apasionado de los medios. No es casual, pues estudió Comunicación Social en la Universidad de Lovaina, Bélgica. Incluso ahora cuenta con un programa de radio, “La oración de la noche”, heredado de Arturo Rivera y Damas, transmitido por Radio Paz. Por eso no cuesta entrevistarlo: las anécdotas, los retazos de color se le salen a borbotones a la menor provocación.

Finalizada la entrevista, el clérigo pregunta al periodista si no le gustaría grabar una escena en el complejo educativo, donde están sus alumnos. La respuesta es “no”. Una mueca de leve resignación se le dibuja en la cara.

Sus estudiantes significan mucho para él. Eso aseguró hace unos días Tarsiso Martínez, subdirector del complejo, quien ha estado a su lado desde que arribó en 1996. Para él y los que entonces laboraban en el sitio, que alguien de su categoría (el mediador en los Acuerdos de Paz, el rector del seminario San José de la Montaña) llegara a esta parroquia era una suerte de castigo que al clérigo se le imponía.

“Pero para nosotros ha sido una bendición”, comentó Tarsiso. Bajo su mandato, el colegio, al resguardo de la curia arzobispal, ha saneado sus finanzas, creado canchas para el esparcimiento de los estudiantes e inaugurado el bachillerato, para el que se construyó un nuevo edificio. “No sé cómo ha hecho, es a puro donativo, porque lo que se recoge aquí no da para hacer tanto”, dijo el docente.

Rosa Chávez regresa al espacio común donde también habitan las Siervas de la Misericordia. Ahí se da cuenta de que la madre Reina Angélica lleva un tiempo reunida con una representante del Arzobispado. Junto a otra de las religiosas que lo apoyan, Marta Lidia Ávila, trabajan minuciosamente en establecer cuál será la comitiva que lo acompañará a Roma cuando sea nombrado cardenal, el 28 de junio. Casi 100 personas, entre sacerdotes y laicos, estarán con él. Eso sin contar a los miembros de su familia, que suman 60.

Al ver todos esos nombres sobre la mesa, Rosa Chávez se pone emocionado, como quien ya no puede esperar, y da con ambas manos un par de golpes apenas perceptibles en el respaldo de la silla donde está sentada la hermana Marta. Eso se distancia un poco de una de sus cualidades más señaladas: la serenidad. La misma que le ha servido para mediar en diferentes conflictos. Incluso aquellos en los que ha estado involucrada la propia Iglesia. El ejemplo más notorio que se viene a la mente es del sorpresivo cierre, por órdenes de José Luis Escobar, de Tutela Legal del Arzobispado, en 2013.

Según Alejandro Díaz, miembro de la oficina surgida tras ello, Tutela Legal María Julia Hernández, fue él quien se reunió con ellos, los exempleados de la oficina, para limar, definitivamente, las asperezas existentes.

“Nos dijo que él tampoco estaba de acuerdo con la decisión, pero que debíamos bajar el nivel de las aguas, que quienes quedaban en medio de este conflicto eran las víctimas. No lo habíamos visto así”, comentó hace unos días Alejandro sobre el clérigo, “el único miembro de la alta jerarquía de la Iglesia que en verdad se preocupaba por los casos en concreto” mientras existía Tutela Legal.

El sacerdote debe retirarse nuevamente para cumplir con el compromiso de una nueva entrevista, esta vez con un medio radial, donde de seguro sus respuestas contarán con citas de cosas dichas por Óscar Romero, Arturo Rivera y alguno de los papas. Ese es otro de sus sellos: casi siempre hablar con las palabras de los otros, sus mayores, aquellos con los que no osa compararse.

La madre Reina Angélica, su mano derecha desde hace 20 años, hace notar, precisamente, la primera de esas devociones, el hecho de que el sacerdote ya era romeriano cuando ser romeriano podía costar la vida. Pone un ejemplo de su propia experiencia y recuerda el día en que, siendo aún una adolescente, la Guardia Nacional llegó a su barrio y ella tuvo que esconder, en el patio y a toda marcha, la biblia y las estampillas que tenían la imagen del ahora venerado beato.

Cumplido el último compromiso, en toda esta mañana Rosa Chávez por primera vez goza de un momento de descanso.

“Entonces, ¿qué hacemos?”, pregunta, e inicia una conversación informal sobre variados temas, en los que se cuelan las virtudes necesarias para hacer radio, sus maestros franceses de periodismo en la Universidad de Lovaina y las anécdotas de la vida del bonachón papa Juan XXIII. A cada momento es interrumpido por el insistente sonido del teléfono, con llamadas del Arzobispado, de la Nunciatura… prepararse para ser cardenal también puede volverse latoso.

Ahora se le pregunta sobre el arzobispo del que su estilo abreva más, si fuera capaz de hacer lo que hacía Romero, dejar todo de lado para acudir a la ayuda de un necesitado.
“Yo tengo a mi alrededor un equipo, como tú has visto. Tengo un pararrayos, filtros. Nunca seré un Monseñor Romero. Él es irrepetible”, comenta el sacerdote.

Sentado en este espacio, al que ha bautizado el Rincón Mariano, por el que el sol entra pleno en el verde de las plantas, contempla las cosas que han representado su cotidianidad desde hace décadas. A un costado está su alcoba, apenas una cama y espacio para guardar su ropa y su biblioteca, de la que atesora de manera especial ocho volúmenes: los que corresponden a los todavía inéditos diarios de monseñor Rivera y Damas.

Gregorio Rosa Chávez dice no saber qué pasará a partir del 28 de junio, qué misión le tiene deparada el Papa Francisco para cumplir a partir de entonces. Pero una posibilidad es la de quedarse siempre aquí, “con algunas salidas ocasionales a la Santa Sede”. Es la opción que más prefiere.

“Si Dios quiere, espero que me permitan seguir siendo el mismo de siempre”, afirma, fiel a su estilo, sin un ápice de emoción en la voz.

Funciones. Como cardenal, el sacerdote puede formar parte de una comisión en el Vaticano.
Ya ha sido tentado por la de Comunicaciones, asegura.
También puede ser requerido como consejero permanente del papa Francisco
o le puede ser destinada una misión de investigación sobre un tema determinado.

La omisión de la cultura

Una de las grandes omisiones del informe de tres años de gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén fue mencionar que durante el transcurso de los últimos 12 meses se aprobó una Ley de Cultura. De hecho, en todo su discurso no hizo referencia ni una vez, de manera directa, al tema cultural.

La única mención más o menos relacionada fue de forma general en el siguiente párrafo que reproduzco textual: “Fortaleceremos el tejido social a través de la convivencia y participación ciudadana, las expresiones artísticas, la Red de Casas de la Cultura y Convivencia, el teatro nacional infantil con La Colmenita, los encuentros culturales y el deporte”.

En otro párrafo posterior, hace una alusión aún más difusa y lejana al tema, donde “los trabajadores del arte” aparecemos mezclados, junto a los deportistas, los niños, la juventud, los empresarios y todo el pueblo, siendo felicitados por participar “con entusiasmo a nivel nacional en actividades que llevan alegría y sana convivencia a las comunidades”.

Si se lee bien, eso de “fortalecer el tejido social” tiene que ver en realidad con los planes de prevención de violencia que el Gobierno intenta instaurar y para los cuales los espacios artísticos y culturales serán utilizados como puntos de reunión para actividades recreativas y de entretenimiento para población en zonas de riesgo.

“Fortalecer el tejido social” no implica, en este caso, reforzar la creación y la formación artística, abrir espacios de discusión e intercambio de pensamiento e ideas ni elevar la calidad de los eventos que se ofrece a los salvadoreños ampliando las perspectivas más allá de lo meramente folclórico.

La omisión del presidente sobre el tema cultural en su discurso de logros de gobierno dice mucho de la nula importancia que le da al tema. La Ley de Cultura fue una promesa de campaña y fue uno de los temas alrededor de los cuales se logró reunir a trabajadores culturales, artísticos e intelectuales, gremio que siempre es reacio a este tipo de cosas.

En varias ocasiones fuimos convocados por la Secretaría Nacional de Arte y Cultura del FMLN para discutir y analizar el anteproyecto de ley. Una ley que cuando finalmente fue aprobada en agosto del año pasado, quedó reducida a su mínima expresión y dejó por fuera peticiones de vital importancia para quienes trabajamos en cultura, como la pensión y el seguro social.

Varios de los elementos discutidos y que se suponían vitales para fomentar y elevar la calidad, no solo de la producción cultural nacional, sino de su percepción por parte de la ciudadanía, no solo fueron sacados de la ley, sino que al día de hoy no se ha vuelto a hablar nada del asunto. Nada se sabe de los avances en la reglamentación de la ley ni de las alternativas para cumplir con las promesas de pensión y seguro social para los trabajadores artísticos y culturales.

¿Por qué no se ha renovado la editorial del Estado? ¿Por qué no se realiza una Feria Internacional del Libro de lujo, como ocurre en otros países de la región? ¿Por qué nuestro orgullo cultural se reduce a las pupusas y al fútbol, sin recordar que tenemos grandes artistas, escritores, pintores, fotógrafos, músicos, escultores, actores, cineastas? ¿Será porque no los conocemos? ¿Será porque no hay suficientes espacios para la difusión y la preservación de sus obras?

Es absurdo seguir disculpando el descuido y la falta de asignación de un presupuesto decente en la labor cultural, argumentando que es prioritario resolver los problemas urgentes de país que ya todos sabemos. Pero este país siempre está en emergencia y con problemas graves sobre la nuca. ¿Cuándo hemos estado bien? Siempre estamos resolviendo los mismos problemas. O intentándolo, pero la verdad es que nunca lo logramos.

Alguna vez leí que después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se reorganizó el Gobierno alemán, hubo muchas discusiones en torno al presupuesto a asignarse al área cultural. Algunos decían que no era el problema prioritario, que después resolverían qué hacer al respecto. El país estaba en ruinas, la economía en el suelo, la honra nacional destrozada. No había tiempo ni ánimo para pensar en el arte. No había presupuesto para invertir en cultura. Todo debía ir para la reconstrucción.

Pero otro grupo pensaba lo contrario. También había que pensar en reconstruir el alma nacional. Era necesario comenzar una labor para rescatar la sensibilidad de la ciudadanía hacia la belleza, después de tanta muerte y destrucción. Era necesario superar el complejo de culpa y la humillación del vencido ante un mundo impactado por el genocidio. Era necesario que los artistas participaran activamente de la reconstrucción porque sus testimonios y observaciones eran vitales para el retrato de lo que pasaba en aquel momento. Era necesario volver a crear. Prevaleció este último grupo.

Queda claro que el Gobierno salvadoreño maneja un concepto limitado y desfasado de lo que es cultura. Se limita a considerarlo como un instrumento de entretenimiento colectivo y de terapia de prevención de violencia, pero no como una herramienta que permite reflexionar, cuestionar e inquirir sobre nuestra realidad y nuestra condición humana. No considera el talento, la creatividad y la inteligencia de sus ciudadanos como un valor nacional en el cual hay que invertir y se conforma con aplaudir los triunfos que muchos de ellos logran en el exterior, porque en su propia tierra no encontraron el espacio para desarrollar todo su potencial y se vieron obligados a realizar sus proyectos en otra parte.

Es lamentable que el FMLN, ya con un segundo gobierno, haya perdido la oportunidad histórica de darle un giro al trabajo cultural de este país. Aunque ya sabemos que la cultura ocupa el último lugar de importancia en El Salvador, no hay que callar al respecto. A dos años de terminar el actual mandato, habrá que aceptar una vez más que quedarán en deuda varias promesas de campaña.

La cultura nacional continuará siendo una tarea pendiente, la eterna deuda de los gobernantes con la ciudadanía.

Poder ciudadano

Los salvadoreños necesitamos vernos a nosotros mismos y al país de forma diferente. Debemos dejar de pensar y creer que al país lo definen únicamente el actuar de los políticos o la delincuencia. Precisamos vernos como ciudadanos con capacidad de hacer y de exigir a quienes hemos designado para que gestionen el destino político, económico y social de la República.

Solo por medio del pago del IVA, los ciudadanos le generamos al Estado, según datos del Ministerio de Hacienda, un millonario ingreso que, en 2016, por ejemplo, ascendió a más de $1,800 millones. Eso sin contar que, por medio del voto, cedemos parte de nuestra cuota de poder a alcaldes, diputados y al presidente de la República.

Lo anterior representa poder ciudadano. Los salvadoreños necesitamos asumirlo si en realidad nos interesa formar parte de la solución a nuestros problemas de nación y dejar de ser simples espectadores.

Ejercer el poder ciudadano es un derecho, pero también conlleva una cuota de responsabilidad, en la que es necesario que cada uno asuma el rol de corresponsable del país que construimos día a día. Nuestras acciones en lo individual talvez no sean visibles; sin embargo, en la suma de ellas es donde radica la posibilidad de cambio para El Salvador.

Para nadie es un secreto que el sistema político salvadoreño se encuentra en cuidados intensivos y que es urgente sembrar la semilla de la cual nazca un sistema político nuevo, transparente y efectivo, que responda a intereses más diversos e inclusivos.

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, dijo Einstein, y por eso creo que el cambio que este país necesita solo será posible si los ciudadanos asumimos el rol que nos corresponde.

Pero ¿qué significa asumir ese rol? Considero que pasa por reconocer nuestro aporte en el desarrollo de la sociedad que habitamos. Siendo conscientes del impacto de nuestras decisiones, tanto en nosotros mismos como en los demás, cuando respetamos o irrespetamos la ley, o cuando caemos en la tentación de actuar con impunidad porque otros también lo hacen.

Abrigo la esperanza de que un día entendamos que el poder en un país, en una comunidad o en una familia es compartido. Y cada individuo que conforma esos grupos tiene una porción del poder que debe ejercer con seguridad y respeto para sí mismo y para el resto de miembros, asumiendo un rol activo en la solución de los problemas que afectan a las mayorías.

Entiendo también que no todos pueden asumir esa postura activa. Hay demasiados salvadoreños que están en situación de supervivencia y es también por ellos que quienes disfrutamos de mejores condiciones debemos actuar responsable y conscientemente desde nuestros espacios y exigir objetivamente a quienes dirigen el país, sin importar el color de su partido político o de su ideología.

El Salvador no le pertenece a un solo grupo. Un ciudadano lo es sin importar su religión, su condición económica y social o su preferencia política o sexual. “Todas las personas son iguales ante la ley”, al menos eso declara la Constitución de la República que tanto decimos respetar.

La clave está en dejar la comodidad del espectador, que solo se ríe, se burla o llora. Dejar de seguir a quienes promueven posiciones extremas que solo nos dividen, porque en el equilibrio radica el respeto y la paz. Ser conscientes que nuestras acciones en lo individual generan impacto cuando sumamos a todos los ciudadanos. Así como escribió Tolstói a Gandhi en su célebre “Carta a un hindú”: “No solo resistas al mal, no participes de él…”

La (in)seguridad de confiar

Últimamente escucho por todas partes el término “colaborativo”. Es una especie de bonita descripción que está de moda para ponerle como apellido a casi todo. Buscando información al respecto, di con un artículo –no muy nuevo– titulado “El boom del consumo colaborativo”, publicado por Carlos Fresneda en www.elmundo.es

El artículo habla sobre la rápida expansión de opciones colaborativas para gran diversidad de actividades que van desde el turismo, con Airbnb; transporte, con Uber; financiamiento, con Crowndfunding; hasta trabajo, con Coworking, por mencionar algunas.

Este tipo de “economía compartida” o “consumo colaborativo” está asociado al auge de la conectividad a través de los teléfonos inteligentes y a la búsqueda de intercambios comerciales de persona a persona que resulten menos costosos y más eficientes.

La tendencia apunta hacia nuevos modelos económicos que privilegien la colaboración y el intercambio, generando formas novedosas de ganar dinero y, al mismo tiempo, creando nuevos mercados y diferentes maneras de hacer cosas más bien tradicionales: como ir en taxi o alojarse en un hotel.

Sin embargo, y es aquí donde la cosa se pone interesante, el autor del artículo hace énfasis en que, para que este modelo de consumo sea exitoso, hay un factor clave: la confianza.
Estos intercambios colaborativos están basados en un voto de confianza entre usuarios. Por ejemplo, en el caso de Airbnb, el turista “confía” en que el arrendatario cumplirá con la promesa realizada y recibirá los productos y servicios acordados, por el precio definido. Es casi como volver a lo básico: yo te digo la verdad y tú me crees.

No se trata de un intercambio con una gran empresa o con una razón social. Se trata de intercambios entre personas comunes y corrientes que hacen un voto de confianza que le permite al sistema funcionar.

Yendo a terreno nacional y con un ejemplo concreto, Uber ha llegado a El Salvador. Este polémico nuevo estilo de transporte que en otros países existe hace años, en El Salvador se ha tardado mucho en aparecer y no dejó de levantar dudas y miedos con respecto a temas de seguridad.

Y es que, gracias a la inseguridad y violencia que se vive en nuestro país, es difícil confiar en subirte al carro de un desconocido. Y una vez más, como mensaje recurrente en mis columnas, insisto en cómo la violencia modifica de manera trascendental la forma en que suceden las cosas. En un país no violento, los problemas de Uber tienen que ver con la legalidad del servicio, pero no con temas de confianza/seguridad.

La confianza es un tema transversal a las personas y a las instituciones que, en países con altos índices de violencia como el nuestro, se vuelve un valor difícil de encontrar. Desconfiar se transforma casi en una forma de supervivencia: confiar puede ser peligroso.

Por tanto, esta gravísima crisis de confianza por la que atravesamos, alentada por las circunstancias violentas que nos rodean, limitan enormemente el desarrollo de nuestro país, colocando barreras de entrada casi infranqueables para la innovación, como el caso de esta nueva tendencia en consumo colaborativo.

Entonces, como conclusión, es inmensamente relevante trabajar en temas de seguridad y disminución de los índices de delincuencia para recién ahí empezar un importante camino hacia la reconstrucción de la confianza que nos permita, como fin último, vivir en libertad.

Carta Editorial

Gregorio Rosa Chávez es un hombre que desde la Iglesia a la que representa ha visto en la labor educativa una manera de edificar comunidades. Así se refleja en el perfil que forma parte de esta edición.

El periodista Moisés Alvarado reúne una serie de escenas que se escapan del protocolo con el que por lo general se maneja una persona en su cargo. En estos retazos de la vida de Rosa Chávez hay risas, preocupaciones, alegrías, nerviosismo; en fin, espontaneidad.

Uno de sus legados más valiosos es el que ha dejado en el Complejo Educativo San Francisco. Y es de este lugar de donde se arranca la parte más sensible de su influencia. Los alumnos ven en él a alguien que ha ayudado a hacer de su proceso educativo algo más integral.

Bajo su cargo, como reseña el personal de la institución, el complejo ha crecido en infraestructura y también en la calidad de la enseñanza que se imparte. Una muestra más de que el camino más efectivo para la transformación de un país es este en el que se enseña a las nuevas generaciones a elevar cada vez más lejos sus ambiciones.

Monseñor Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, viajará a Roma el 28 de junio para ser nombrado cardenal, el primer cardenal del país.

En sus primeras reacciones no ha dejado de nombrar a Monseñor Óscar Arnulfo Romero y al sacerdote Rutilio Grande, ambos asesinados en un intento por callar las injusticias de las que ellos hablaban y que siguen vigentes en muchos sentidos. Rosa Chávez evoca sus figuras y sus palabras, una semilla con un efecto transformador en esta sociedad tan sedienta de modelos.

“Me encanta el amor a la antigua”

¿Qué cosas pasadas de moda todavía hace?

No sé qué tan pasado de moda sea, pero me encanta el amor a la antigua y todo lo que esto involucra.

¿Contribuye la exposición del horror a deshumanizar?

No, el miedo es parte del ser humano. Quizá el experimentarlo con mayor frecuencia hace que estemos un poco acostumbrados a eso, pero siempre nos causa algo.

¿Qué significa ser salvadoreño?

Una persona que siempre le da la mano a los demás, que pregunta de todo para conocer y crecer, que trata de estar en todo y así es como llega a ser grande.

¿Qué opina del periodismo televisivo actual?

Es un tema muy amplio. En muchos medios hay amarillismo, pero es lo que le gusta a la mayoría de televidentes. Si algo no se consume, no se hace.

¿Qué es lo más importante en su código ético?

El respeto a los demás y la responsabilidad.

¿Con qué metáfora definiría a la sociedad salvadoreña?

La cuna de los luchadores.

¿Se siente parte de la farándula?

Sí. Afortunadamente, tengo a muchísimas personas que están muy pendientes de mí y que a diario me demuestran su cariño de una manera incomparable.

Buzón

Biodiversidad en peligro

El Parque Nacional Montecristo es un universo complejo, pero frágil. Es un ecosistema, una valiosa fuente de agua dulce de la cual dependen millones de seres vivos de Guatemala, Honduras y El Salvador. La vegetación del bosque condensa el agua de la densa niebla durante los meses de verano. El proceso de nuestra madre naturaleza es guardar en las hojas caídas el agua que luego es liberada poco a poco y sirve de alimentación de nacimientos, ríos y el resto de ecosistemas que lo rodean; de aquí la importancia de proteger los bosques circundantes y que están siendo talados para otros usos. El reportaje “El desgaste de Montecristo” del periodista Fernando Castellanos muestra la investigación realizada y narra el por qué es vital cuidar este ecosistema que es considerado estratégico por la riqueza de los recursos naturales que ahí existen. Aunque se habla de la biodiversidad de Montecristo, la importancia es mínima ya que los programas ejecutados fuera del parque han tenido el objetivo principal, que es la conservación del bosque natural. Pero algunos fondos asignados se han utilizado para abrir carreteras hasta lugares remotos del bosque virgen, haciéndolo más vulnerable al avance de la actividad agrícola. Se necesita un programa de pago por servicios ambientales para los propietarios que protegen sus bosques; además, hay que promover el rescate de las áreas depredadas por la agricultura o ganadería y es de felicitar que algunos propietarios han sembrado la semilla de protección del bosque a sus generaciones y les han inculcado que el precio que hay que pagar es poco si consideramos que de la vida del bosque nebuloso Montecristo depende nuestra subsistencia.

Rutilio López Cortez
rutilio_lopezcortez@outlook.com


El devastador efecto humano

La evolución del ser humano está dejando a su paso la extinción de miles de especies, una descontrolada contaminación del medio ambiente y los deshielos de los glaciares. “El desgaste de Montecristo” de Fernando Castellanos reporta las calamidades ambientales y sus riesgos por la poca atención en las zonas de reserva. El trifinio es un punto de encuentro que oficialmente se llama Reserva de la Biosfera Fronteriza Trifinio-Fraternidad, donde el año anterior se inauguró un obelisco como muestra de integración de los tres países que convergen en ese pulmón de la naturaleza. Hay muchas aristas que distraen la atención para atender celosamente nuestro ecosistema nacional, incluso en el sistema educativo es muy poco lo concerniente al tema, como escaso el cumplimiento de leyes llamadas a proteger lo que va quedando del ecosistema, hace falta conciencia ecológica para reconocer el rol que cada uno debemos asumir en la conservación y protección del medio del cual dependemos; mientras la población crece desenfrenadamente, los recursos escasean, es una antítesis porque a más habitantes más deterioro, que redunda en una guerra humana en contra de su propio entorno. Lo que esperamos mañana debemos trabajarlo hoy porque el devastador efecto humano no se detiene en la cultura de autodestrucción, tampoco se toma conciencia de cómo debemos comportarnos con el medio, seguimos construyendo un siniestro futuro con el agua y no es de ayer que seamos uno de los países más deforestados, nos falta mucho para vivir en concordancia con los tiempos y la naturaleza. Cuidar del medio ambiente es tan importante como el pan de cada día, con proyectos como Plantatón 2017, lanzado recientemente, solo asoma la esperanza pero rápido se desvanece.

La biodiversidad biológica, el consumo de leña, la vocación de la agricultura de subsistencia, restauración de suelos, resguardo de mantos acuíferos, la siembra de nuevas variedades aclimatadas a prolongadas sequías y la adaptación a fenómenos climáticos extremos son algunos de los aspectos a tomar en cuenta de acuerdo con los nuevos tiempos donde todos los años aparecen eventos climatológicos inesperados. Aunque los tres países hagan esfuerzos por preservar la zona limítrofe, estos continúan siendo insuficientes, ni siquiera la mitad del total está protegida, por supuesto que a Guatemala le corresponde el 45 %, a Honduras 38 % y El Salvador el 17 %, pero el común denominador es que son franjas de pobreza con más del 50 % de pobreza extrema.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Amenazas

Me agrada que ustedes presenten el reportaje de cómo personas en otras partes del mundo están huyendo de la violencia sin que las autoridades hagan nada al respecto. Mis felicitaciones porque esto es lo que necesitamos aprender sobre cómo la narcoviolencia está afectando a muchas familias en México, similar a cómo las pandillas amenazan a muchos Centroamericanos. Una vez más, lo mejor y felicitaciones en futuras investigaciones.

José Corado
josecorado@sbcglobal.net

Álbum de Libélulas (172)

1402. BOSQUE PERFECTO

Fue a ver a una psíquica cuyo servicio le recomendó un amigo dado a los acercamientos esotéricos, porque las inquietudes anímicas le estaban desembocando en soledad depresiva. El lugar de la consulta parecía un tugurio, y eso, curiosamente, le pareció buena señal. La señora, que estaba a todas luces en sus años medios, apenas soltaba palabra. Pero le dijo un par de cosas que se le grabaron de inmediato, sobre todo una: “Vas a encontrar a Dios entre los árboles”. Pero él vivía en una ciudad superpoblada, y cualquier zona boscosa era inaccesible. Se sintió confundido, hasta que la psíquica se le reapareció en un sueño: “No me di a entender contigo, ¿verdad? Te hablé de Dios al que ibas a encontrar en algún bosque… Lo que no te dije es que ese bosque está dentro de ti, y que es ahí donde debes internarte… Puedes hacerlo ahora mismo… La entrada es este sueño…”

1403. LAS PALABRAS NO DUERMEN

Estaba constantemente con ellas, porque constituían el material espontáneo de su trabajo. Sí, era escritor, aunque en verdad su trato con las palabras parecía ser aún más íntimo, como si el vínculo viniera de lejanías indescifrables, quizás en los espacios de otras vidas. Así las cosas, se fue volviendo una especie de ermitaño que apenas tenía los contactos externos que posibilitaban la supervivencia material. Aunque cultivaba varios géneros literarios, lo que le proveía ingresos era la labor periodística y lo que le fertilizaba inspiraciones era la labor poética. Eso hacía que las palabras se hallaran aquí como en su casa. Y así iba sintiendo cada vez más que su vida era un refugio al que solo él y sus palabras tenían acceso. Un allegado le preguntó un día: “¿No te angustia la soledad?” Y él reaccionó: “¿Cuál soledad si estoy siempre rodeado por mis amigas que nunca duermen?…”

1404. AURORA CON MENSAJE

Con el terremoto más reciente muchas construcciones fueron destruidas; y como el lugar era nido de pobrezas, no hubo reconstrucción posible. Él y su familia quedaron prácticamente sin abrigo y tuvieron que ir a arrimarse al sitio donde se hallaban algunas viviendas medio en pie. Los habitantes, que eran conocidos, los miraron con recelo, pero no los ahuyentaron. Eso sí, les advirtieron que no querían relación con ellos. Y ellos lo aceptaron sin chistar, porque no había de otra. Y aunque conservaban los trabajos, la penuria era sentimiento diario. Dormían casi a la intemperie, como cualquier indigente. Y él comenzó a padecer insomnio. Cada día estaba atento a las primeras señales del amanecer. Pero aquel día, esas señales no aparecieron. Se incorporó, ansioso: “¿Dónde estás?” La luz matinal se hizo sentir: “Aquí, a tu lado. Cuidándote aunque no lo parezca”.

1405. SANTA VIDA

Entró en la capilla que frecuentaba desde que, sin que nadie lo instruyera al respecto, presintió y sintió que estar en presencia de un espíritu superior era condición indispensable para vivir de veras. Era niño entonces. Fueron pasando los años y aquel convencimiento se le volvió conciencia; y por desconocido lazo, era en aquella capilla donde se sentía realmente en posesión de esa verdad que aleteaba siempre en su interior. Una noche invernal, la tormenta fue casi un diluvio, y a la mañana siguiente se conoció el estrago principal: la capilla se había desplomado por la fuerza del agua huracanada. Él estaba frente al estrago, como un doliente inmóvil. Una ráfaga sobreviviente lo envolvió de pronto, en función de madre protectora. Y él lo supo de inmediato: era la Vida, recordándole que siempre estaría ahí, como delegada mayor de todos los espíritus superiores.

1406. MISIÓN ASTRAL

Generalmente las preguntas parecen desahogos sin trascendencia, pero aquella vez la pregunta brotó con ánimo casi sagrado, lo cual es mucho decir en la superpoblada cotidianidad. No la dijo en palabras audibles, sino en un murmullo que se le quedó rondando por las estancias cambiantes del interior: “¿Me recuerdas, verdad? Soy un viejo conocido…” Él no supo qué responder, porque las imágenes se le revolvían como si ninguna pudiera prevalecer sobre las otras. “Ah, sí –dijo entonces el murmullo–, estamos en completa sintonía: porque el silencio es la mejor respuesta. Tenemos faena. Ven”. Hubiera querido indagar: “¿Hacia dónde?” Fue como si lo preguntara, porque la voz le explicó, tal si fuera un escolar recién llegado: “Vamos hacia lo más profundo de ti mismo. Yo soy tu destino, y ahora empezaremos a explorar tu universo, eso que llaman alma, ¿entiendes?…”

1407. EL MEJOR AMIGO DEL AIRE

A primera hora, los pájaros de los alrededores comenzaron, como todos los días, a anunciar que el día estaba por llegar. El peregrino, que había hecho infinidad de jornadas hasta llegar a aquel punto, fue despertando como si se tratara de una ceremonia a la vez simple y solemne. Se incorporó en plena desnudez y solo se puso una especie de manto para salir a la intemperie, que era prácticamente donde había dormido, porque no tuvo ningún otro sitio disponible. Aquel en realidad era un parque, descuidado y lleno de malezas, pero sus pies descalzos estaban habituados a todas las rispideces del terreno. Se detuvo en un punto y aspiró a profundidad. Desde esa profundidad una voz le agradeció el gesto: “Gracias de nuevo porque me has puesto en contacto con mi mejor amigo”. Sonrió. Sabía quién era: su espíritu, que volvía a agradecerle la gracia de respirar.

1408. FULGOR DE IDENTIDAD

Se detuvo ante el retrato que estaba en una de las esquinas de la sala, y luego de una minuciosa contemplación se dijo para sus adentros: “Es ella, mi abuela Lillian, y es como si estuviera viéndola por medio del retrovisor más fiel”. Fue a la oficina del museo a hacer la indagación del caso y no pudieron darle ningún dato del autor: “Recuerde que son pintores desconocidos, y muchos envían sus obras en total anonimato”. Él lo que recordó fue que en algún momento del pasado su abuela le había contado que uno de sus hermanos en Nuevo México era aficionado a la pintura. ¿Sería obra de él aquella pintura tan evocativa? Y si lo era, ¿cómo había llegado ahí, tantísimos años después? Entonces se fijó en la casi invisible inscripción en uno de los extremos inferiores del cuadro. ¿Qué era aquello? Su nombre, ¡su nombre! Cerró los ojos para que las lágrimas se le escurrieran hacia adentro…

1409. UN VECINO CONFIABLE

Aquel señor tan poco comunicativo llegó a instalarse en el vecindario sin que nadie conociera su procedencia. Algunos creyeron que era un convicto recién liberado y otros pensaron que era un emigrante que estaba de vuelta. Pero en verdad no había ningún indicio que diera pistas sobre su real condición. Hasta que un adolescente de los entornos propagó lo que había descubierto en el laberinto virtual: era un profeta disfrazado de persona común. Y entonces los vecinos respiraron tranquilos, sin percatarse de que ahora estaban expuestos a todos los enigmas de lo sobrenatural.

Un expresidente no tan excepcional

Ingresos asegurados. Barack Obama recibe una pensión de más de $200,000 al año por ser expresidente de EUA.

Después de dejar la Casa Blanca, a Barack Obama se le ha visto disfrutar de un deporte que como presidente se le había vetado por el riesgo que supone, el kitesurf, y dedicarse a algo que como gobernante también tenía prohibido: ganar mucho dinero y muy rápido. Hace unas semanas se hizo público que un fondo de inversión llamado Cantor Fitzgerald le pagará $400,000 por dar una conferencia sobre sanidad en septiembre próximo. Poco antes, se supo que él y su esposa, Michelle, habían vendido sus memorias por $61 millones, según el Financial Times y otros medios, aunque donarán una parte a su fundación.

Previamente, y como descanso después de ocho años de un trabajo duro, muy duro, se tomó unas vacaciones que incluyeron paseos en el yate del millonario David Geffer por la Polinesia Francesa –en compañía de celebridades como Tom Hanks y Oprah Winfrey– y la práctica del añorado kitesurf con otro magnate, Richard Branson, dueño de la aerolínea Virgin.

Algunos republicanos le han criticado, pero también los sectores más progresistas de su partido le han afeado los cobros millonarios por discursos. “El expresidente Obama es un ciudadano normal ahora y puede hacer lo que quiera, pero me parece desafortunado. El expresidente de Goldman Sachs es el consejero económico de Donald Trump, y entonces ves esto, me parece desafortunado”, dijo Bernie Sanders, rival de Hillary Clinton en las primarias demócratas.  “Muestra el poder de Wall Street y la influencia de las grandes fortunas en política”, lamentó. Al ser preguntada sobre este asunto, la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren, referente de los demócratas y azote del sector financiero, respondió con un lacónico “me preocupa”.

Estos gestos de Obama no benefician a los demócratas, que se enfrentan a un reto clave: conseguir que su partido vuelva a ser visto como el de la clase media y recuperar el voto de muchos obreros y jóvenes millennials que rechazaron a Hillary Clinton por considerarla amiga de Wall Street, puro establishment.

“Como anunciamos hace un tiempo, el expresidente Obama dará discursos de cuando en cuando, unos serán remunerados y otros no”, señaló su portavoz, Eric Schultz, y aseguró que el exmandatario pensaba dedicar la mayor parte de su tiempo a escribir y ayudar a formar a una nueva generación de líderes. En cuanto a la conferencia de septiembre, Schultz recalcó que “en 2008 Obama logró de Wall Street más fondos que ningún otro candidato en la historia y aplicó en ese sector las reformas más duras desde Roosevelt”.

Lo cierto es que la moda de discutir sobre las ganancias de expresidentes la inauguró Gerald Ford (el primero en facturar a placer por conferencias y entrar en consejos de administración) y se mantuvo con otros muchos, como Bush y Clinton (el caché de Bill se dice que rondaba los $200,000 y el de Bush hijo oscilaba entre los $100,000 y los $200,000 al dejar la Casa Blanca).

Forma de vida. Bill Clinton y George Bush hijo también han hecho cobros por dar discursos
después de dejar la presidencia de Estados Unidos.

Pero una polémica especialmente señalada en la hemeroteca es la de Ronald Reagan. El actor, considerado como uno de los mejores gobernantes de la historia de EUA, dio la campanada cuando en 1989, pocos meses después de dejar la presidencia, se fue de viaje durante nueve días por Japón, invitado por el Gobierno nipón, con el patrocinio de un grupo de comunicación llamado Fujisankei. Esta empresa le pagó $2 millones (de los de entonces) por conceder entrevistas a algunos periódicos y cadenas de televisión. La guinda fue que esta gira tuvo lugar en un momento de tensión económica entre Japón y Estados Unidos. Según una crónica de la época de The New York Times, Reagan no tuvo problemas en tachar de “hipócritas” los recelos de algunos estadounidenses hacia las grandes inversiones niponas.

Así que Obama parece seguir el patrón de otros expresidentes. Pero es precisamente ahí donde reside la sorpresa para muchos: que un jefe de Estado tan excepcional en ciertos aspectos se parezca tanto a sus antecesores en este tema. Los presidentes de EUA tienen garantizada una vida acomodada cuando dejan el cargo: cobran una generosa pensión vitalicia (actualmente de $207,000 anuales) que se fijó en los años cincuenta después de que Harry Truman se quedó, tras salir de la Casa Blanca, con una pensión del Ejército de $112 al mes como único ingreso. Truman, quien regresó a vivir a su modesta casa de Misuri, rechazó jugosas ofertas para trabajar como consultor o lobista, aunque vendió los derechos de sus memorias a la revista Life. “Nunca me prestaría a una transacción que, aunque respetable, mercantilizase el prestigio de la presidencia”, dijo.

Entonces había unos estándares que no existen ahora, admite el historiador Mark Updegrove, autor de “Second Acts. Lives and legacies after the White House” (“Segundos actos. Vidas y legados después de la Casa Blanca”). El experto explica que la moda de los expresidentes conferenciantes fue creciendo “a medida que ha crecido la globalización y el peso de EUA en el mundo”. Updegrove defiende a Obama: “Entiendo que Truman no quisiera que pareciera que comerciaba con la presidencia, pero no creo que cobrar un honorario lo sea”. “No veo contradicción entre señalar la desigualdad y al mismo tiempo aceptar esas cantidades de dinero; además, vamos a ver a Obama volcarse en buenas obras a través de su instituto y de su biblioteca, le veremos devolver mucho más dinero del que se queda”, sostiene el historiador.

A Hillary Clinton sus cachés de unos $200,000 como conferenciante le persiguieron durante toda la campaña electoral. La diferencia con Obama es que él no tiene intención de presentarse a ningún cargo político y se libra, así, de la sospecha de que esos pagos generosos puedan traducirse en leyes más favorables para, por ejemplo, la banca. Pese a todo, que un gran fondo de inversión le pague el equivalente a un buen salario de todo un año por hora y media de conferencia es la quintaesencia de los excesos del mundo financiero que Obama ha criticado.

Ni la pobreza da carta de pureza progresista ni ganar dinero inhabilita a alguien para arengar contra la desigualdad, pero no hay duda de que las fotografías a bordo de yates de millonarios y la química especial que Obama muestra con ellos se incluirán en la lista de las contradicciones del expresidente.

Los estándares han cambiado mucho desde la época de Truman. Gerald Ford se saltó el tabú y el resto de expresidentes han seguido sus pasos. Obama, simplemente, parece que ha optado por no romper con esto.

Dejar África para llegar a una Europa asustada

Presión. El 9 de diciembre de 2016, unas 400 personas migrantes provenientes de África asaltaron una valla fronteriza
ubicada entre Marruecos y Ceuta, enclave español en el norte del continente.

Guerras, pobreza, violencia, persecución, muchas son las causas que llevan a decenas de miles de seres humanos a abandonar cada año sus hogares en Oriente Medio y África subsahariana para, cruzando el Mediterráneo, alcanzar una mayor seguridad en Europa.

En África negra, donde la emigración hacia Europa es un fenómeno existente desde hace varias décadas, los analistas en seguridad tienen claro que los emigrantes se han convertido en otro “bien” más para las redes que trafican armas, drogas o cualquier mercancía ilegal.

Europa da por sentado que la emigración de África subsahariana tiene motivaciones económicas.

Lo cierto es que esa idea esconde la difícil vida de muchos colectivos o minorías, ya sean cristianos en tierra musulmana (con varias milicias yihadistas operando, como Boko Haram o Al Shabab), homosexuales, albinos (malditos en casi toda África), seropositivos o madres solteras.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), unos 55,000 migrantes del norte, este y oeste de África son introducidos en Europa cada año por las redes de traficantes, que obtienen unos beneficios de $150 millones.

La anarquía en Libia y la multiplicación de medios de rescate, tanto estatales como de ONG, en el Mediterráneo han disparado ese flujo: desde principios de enero hasta el pasado 4 de junio, se registró la llegada de 71,418 inmigrantes, el 85 % de ellos por Italia.

Llegada. Europa registró la llegada de 71,418 inmigrantes entre principios de enero hasta el pasado 4 de junio, el 85 % de ellos por Italia.

La mayoría eran nigerianos.

Benin City es capital del estado nigeriano de Edo, que durante 30 años ha tenido como principal y casi exclusiva fuente de ingresos las remesas que sus hijos emigrados envían desde el exterior ($21,000 millones en 2015, según el Banco Mundial). Aquí, cada pequeña suma llegada del extranjero puede suponer un salario mensual para una familia, siempre que sea en divisas.

El sueño de la emigración ha suplantado incluso a las aspiraciones a una educación digna que suelen ser comunes en todos los países pobres. Socialmente, emigrar es mejor que estudiar, como reconoce el vicegobernador de Edo, Philip Saibu. Las familias de Edo ya no buscan la mejor universidad, sino al mejor agente para llegar a Europa.

Si la candidata al viaje es una mujer, sabe que con gran probabilidad acabará en el mundo de la prostitución, aunque en Benin City lo disfrazan con otra palabra: “hustling” (trapicheo). Las menos viajan creyendo que van a ser peluqueras o azafatas, las más se imaginan en el mundo de la prostitución de lujo, pero la realidad es que terminan haciendo la calle en Palermo o París, cobrando poco más de $10 por servicio para pagar a la mafia una deuda por los “préstamos” contraídos para el viaje, que puede ascender a los $60,000.

Las chicas de Benin City no conocen mucho mundo, pero tienen muy arraigada la idea de que la vida tiene que ser mejor en cualquier otro lugar. “En Europa la gente es buena, son como Jesús”, dice cándidamente la joven nigeriana Miracle, entrevistada por AFP en un hospicio regentado por una iglesia evangélica.

Miracle fue rescatada de las redes de prostitución en Italia.

El salto. Unas 70 personas migrantes provenientes del África subsahariano celebran que han logrado saltar la valla fronteriza
que separa Melilla, ciudad española, de Marruecos, en una foto de diciembre de 2016.

Encrucijada de todos los éxodos

Agadez, en el centro geográfico de Níger, es una ciudad famosa entre los emigrantes: de ella parten las rutas del éxodo.

La de Libia es la preferida desde la caída de Muamar al Gadafi en 2011, gracias a la ausencia del control de las fronteras, aunque ello suponga un riesgo enorme de bandidaje o terrorismo en el camino.

De Agadez parten en horario nocturno viejos camiones atestados de emigrantes. A partir de esa ciudad, todo es desierto y hasta la frontera libia (tres días de viaje) solo existe otra localidad, Dirkou. Los vehículos solo paran para repostar o para que los ocupantes hagan sus necesidades.

Es en esa ruta donde con cierta frecuencia un camión se avería en mitad de la nada y la mayoría de sus ocupantes mueren de sed antes de poder recibir ningún auxilio. El último caso sucedió el pasado 29 de mayo, cuando un camión que transportaba a 50 ghaneses y nigerinos, con numerosas mujeres y niños, se averió y de él solo se salvaron seis personas que llegaron vivas hasta un pozo tras caminar 48 horas.

Aun sabiendo todo esto, emigrantes del centro y oeste de África siguen llegando a Agadez, donde las mafias les prometen un pronto viaje, cuando las condiciones lo permitan. El tiempo de espera lo pasan en “casas de conexión”, construcciones rudimentarias a las afueras de la ciudad fuera del control policial.

Raramente cuentan con agua y electricidad y constan de poco más que un techo bajo el que se agolpan decenas de colchones donde los emigrantes aguardan semanas o meses.

Sus ahorros pronto se agotan, mientras que las mafias les exigen más y más en concepto de “alquiler” en Agadez, lo que obliga a muchos a buscarse pequeños trabajos ilegales en la ciudad, que para las mujeres son sistemáticamente actividades de prostitución.

Otras veces es aún peor: “Nos hacen llamar a los parientes en casa y les tenemos que decir ‘mandadme dinero, o me matan’”, relató el senegalés Ibrahim Kandé.

Quienes parten del oeste de África tienen el camino fácil por una zona de libre circulación hasta Níger. Una vez allí, las redes ilegales los llevan hacia Libia, por unos $170, a los que habrá que sumar más de $1,000 por el cruce del Mediterráneo, reveló el portavoz de la agencia europea de fronteras (FRONTEX), Fabrice Leggeri.

La ruta oriental, que toman eritreos, somalíes o etíopes, es más cara pues todo el viaje es organizado por bandas criminales nacionales que trabajan de forma coordinada. “La tarifa puede llegar a más de $3,000, desde el Cuerno de África a Italia”, según Leggeri.

Un fenómeno que se repite. Un cayuco, barco de pesca utilizado en Senegal para travesías más largas, usado por los traficantes durante la crisis migratoria de 2006.

Huir de la guerra

Los sirios o iraquíes que huyen de la guerra o de la ocupación del llamado Estado Islámico (EI) confluyen en su mayor parte en la larga frontera oriental de Turquía, donde se han desarrollado redes de traficantes que conocen al dedillo las montañas kurdas y los pasos por los que se puede transitar sin ser avistados por los agentes turcos.

Para la mayoría, la vía más segura es la individual, pues un hombre solo se mueve con más discreción y puede cambiar fácilmente de ruta, y una vez refugiado en Europa puede ampararse en la política europea de reunificación familiar.

“Los jóvenes viajan ligeros y pueden correr si se necesita”, explicó a la agencia alemana DPA el sirio Ali, quien huyó de Alepo con su familia en 2014 y se instaló en la provincia turca de Hatay.

Este año, su primo ha escapado solo pagando $500. Mujeres, ancianos o familias deben abonar entre $700 y $800 (de 625 a 715 euros) cada uno para cruzar a Turquía.

En el caso de los iraquíes, al precio se suma el cruce desde su país a Siria.

Aunque el control de vastas áreas del norte de Siria e Irak por parte del EI ha favorecido en cierto modo el tránsito de personas al desaparecer la frontera, eso no significa que los yihadistas no detengan a los migrantes, que viajan en burro camuflados como pastores o en las cisternas de camiones de combustible.

Todo tiene un precio: los conductores de los camiones piden entre $1,200 y $1,500 por persona para llevarlos hasta Turquía.

Una nueva conciencia del problema

Un millón de personas lograron llegar irregularmente a Europa en 2015, la mitad de ellas sirios que entraron en los Balcanes por el Mediterráneo oriental, según datos de la OIM.

EUROPOL calculó que, en ese año de llegadas récord a territorio de la UE, el contrabando de migrantes movió entre $5,700 y $6,700 millones.

La cifra cayó unos $2,000 millones el año pasado, tras cerrarse por acuerdo con Turquía la ruta balcánica, mayoritariamente utilizada por sirios e iraquíes, además de afganos.

En 2016, la cifra de inmigrantes arribados descendió a unos 360,000 y la mayoría provino, nuevamente, de África negra.

La OIM calcula que en Libia hay entre 700,000 y 1 millón de personas esperando su oportunidad para embarcar hacia Europa, la mayoría de Egipto, Níger, Sudán, Nigeria, Bangladesh, Siria y Mali.

Aunque sean menos los que emprenden el viaje, las muertes registradas en el Mediterráneo no dejan de aumentar: 3,770 en 2015, 5,079 en 2016, 1,650 en lo que va de 2017.

Imposible saber cuántos perecieron antes en el desierto.

El director regional para el centro-oeste de África de la OIM, Richard Danzinger, dijo que se abre paso entre todos los países la conciencia de que “el coste humano no es aceptable, ya hablemos de ahogarse en el Mediterráneo o de morir en el desierto”.

Incluso el migrante que sí llega a su destino lo hace físicamente exhausto, debilitado por el hambre y la malaria y con numerosos problemas sicológicos por la violencia de que ha sido objeto y testigo en el camino.

Solo los propios inmigrantes podrían explicar a sus compatriotas las enormes penalidades que deben sufrir en la travesía y también en el país de acogida, pero los sociólogos han demostrado en numerosos estudios que nunca reconocen las dificultades en las que viven.

Está el oprobio que supone el reconocimiento del fracaso: Balde Aboubakar Sidiki, un guineano de 35 años, tuvo que pedir a su familia que vendiera todas sus tierras por $1,800 para poder emigrar a Europa, pero su viaje terminó en una prisión en Libia, donde era maltratado por sus captores.

Al salir de ella, prefirió quedarse en Agadez por “no poder soportar la vergüenza de haber vendido toda la tierra de la  familia para nada”, según su testimonio.

Para los países africanos, la emigración ha sido implícitamente una válvula de escape nunca confesada ante la presión demográfica y económica, y solo en los últimos años comienzan a cobrar conciencia de los riesgos que suponen los flujos incontrolados de personas desde el punto de vista policial, sanitario y humanitario.

Así, el Gobierno de Nigeria ha anunciado planes para castigar el contrabando de personas, aún por concretar; mientras que las autoridades de Níger endurecieron sus leyes en 2015 con castigos que van hasta los 30 años de cárcel.

La UE ha ofrecido un paquete de $1,900 millones en ayuda económica a varios países del centro de África, pero condicionados a que apliquen políticas de control migratorio.

Aun aplicando solo el prisma policial, existe el problema de los medios: en algunas rutas, los traficantes cuentan con sofisticados sistemas de telecomunicación para sortear los controles fronterizos, como sucede en la frontera de Sudán, donde redes eritreas controlan el tráfico llegado desde el Cuerno de África hacia Egipto o Libia.

“Necesitamos ayuda internacional, tecnología sofisticada de telecomunicación, vehículos, cámaras y hasta drones para monitorear la frontera”, dijo a AFP el general de Policía de Kasala (Sudán), Yahya Suleimán.