Un nuevo escándalo de abusos a menores surge en la Iglesia Católica Latinoamericana. Esta vez por cuenta de un “ritual de expiación” no reconocido por la institución, que incluía lo que la misma Iglesia consideró atentados contra la integridad sexual de las víctimas y que era practicado por un sacerdote ecuatoriano. Pese a que sus superiores conocían de sus conductas impropias con chicos, se le permitió por años mantenerse al frente de grupos juveniles católicos. El señalado defiende su inocencia.