Hispanos, el futuro de la Iglesia católica de EUA

Fotografía AP

María Chavira, administradora de la diócesis de Phoenix, lo describe como un «tsunami»: Los hispanos han pasado a ser el grupo étnico más grande de la Iglesia Católica de Estados Unidos.

En todo el sudoeste del país, donde el crecimiento de la población católica hispana ha sido más notable, los líderes de la Iglesia se muestran entusiasmados con las posibilidades que esto representa… y conscientes de los retos por delante.

Los hispanos representan el 40 % de los católicos de Estados Unidos y son mayoría entre los católicos en edad escolar. Los hispanoestadounidenses, no obstante, no están bien representados en las escuelas católicas y en el sacerdocio. Son menos del 19% de los alumnos de escuelas católicas y apenas el 3% de los sacerdotes de Estados Unidos.

En la diócesis de Phoenix hay 1,2 millones de católicos, de los cuales más de la mitad, 700,000, son hispanos. De sus 200 sacerdotes, sin embargo, solo siete son hispanos nacidos en Estados Unidos, de acuerdo con investigadores católicos.

Hay varias iniciativas para tratar de reducir esa brecha demográfica, de las que se habla en un estudio de cuatro años del Quinto Encuentro, que procuran solidificar la relación de la Iglesia con los hispanos.

«Tenemos muchas oportunidades», dijo Chavira, que supervisa la Oficina de la Misión Hispana y otros departamentos de la diócesis de Phoenix. «Puede haber algunas turbulencias por delante, pero vamos a salir a flote».

Chavira es una de más de dos docenas de líderes y activistas católicas que hablaron sobre el fenómeno de los hispanos católicos, algunas en entrevistas telefónicas y otras en persona en Arizona y la zona del Rio Grande Valley.

En Phoenix, dice Chavira, muchas iglesias donde se habla español «están que revientan». Miles de católicos hispanos bailan y desfilan por el centro de la ciudad en diciembre para celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe.

A nivel nacional, más de 1,200 escuelas católicas cerraron en la última década, generalmente por problemas financieros. En los suburbios al oeste de Phoenix, no obstante, se matriculan muchos chicos en una escuela secundaria católica nueva que sirve a una pujante comunidad hispana.

La escuela, que lleva el nombre del papa Juan Pablo II, fue inaugurada en 2018. Aproximadamente 70 % de sus 220 alumnos son hispanos y se planea una rápida expansión que le permita recibir 1,000 estudiantes.

Fuerte impacto. Desde 2004, el escándalo por los abusos sexuales cometidos por curas motivó la bancarrota de más de 20 diócesis.

«Estamos sirviendo a gente que no ha sido bien servida en esta nación», lamentó la directora de la escuela, la monja Mary Jordan Hoover. «Estos jóvenes quieren aprender para ser los futuros maestros, administradores, escritores, médicos. Sueñan en grande».

La esperanza que se percibe aquí contrasta con las circunstancias imperantes en otras regiones. Cientos de parroquias han cerrado en el noreste y el centro del país. El escándalo por los abusos sexuales de curas motivó la bancarrota de más de 20 diócesis desde 2004.

El sudoeste tampoco estuvo exento de escándalos. Diócesis de Tucson, Santa Fe y Gallup (Nuevo México) figuran entre las que se fueron a la quiebra.

Pero en los estados a lo largo de la frontera con México, los escándalos del pasado no atenúan el entusiasmo en torno a una futura Iglesia católica dominada por los hispanos. Más de 400 parroquias han sido inauguradas desde 1970 en estados fronterizos y muchos hispanos católicos están felices con la elección del arzobispo de Los Ángeles José Gómez, quien nació en México, como el primer presidente hispano de la conferencia de obispos.

«Es la historia de dos ciudades», indicó Hosffman Ospino, profesor del ministerio hispano del Boston College. «En Boston, veo un catolicismo muy reservado. En el sudoeste es muy público, muy expresivo».

Señaló que la edad promedio de los católicos hispanos de Estados Unidos es de 29 años, comparado con los 55 de los católicos blancos no hispanos.

«Hay mucha energía», expresó. «Gente que quiere ser reconocida y tener una voz en las decisiones de su Iglesia».

En todo el sudoeste hay tensiones derivadas de las políticas inmigratorias restrictivas del gobierno de Donald Trump. Esas medidas irritaron a los activistas católicos que ayudan a los migrantes y a numerosos hispanos con familiares que no tienen permiso de residencia.

«Me gustaría que nuestros obispos denunciasen esto con más fuerza», subrayó la monja Norma Pimental, quien dirige un centro de ayuda a los migrantes en McAllen, Texas.

Pimentel cree que los hispanos pueden revitalizar toda la iglesia estadounidense.

«Si hay algo que no perdimos es el sentido de comunidad», manifestó. «Espero que los católicos jóvenes puedan mantener eso y disfruten celebrando su fe. Ese es el futuro de nuestra Iglesia».

Un fuerte desafío para la jerarquía católica: Tratar de convencer a más jóvenes hispanos de que se dediquen al sacerdocio.

Un ejemplo de ese reto: Diego Piña López de 30 años, de Tucson. Consagró su vida al principio católico de apoyar la dignidad de todas las personas, incluidas las que piden asilo y que visitan Casa Alitas, el albergue católico en el que trabaja en Tucson.

Piña pasó su infancia en Nogales, Arizona, y por momentos consideró abocarse al sacerdocio, pero prefirió sacar títulos en trabajos sociales y salud pública. ¿Por qué no se hizo cura? «Quiero tener una familia», explicó.

Los reclutadores católicos escuchan esa justificación a menudo.

Según las últimas cifras de la conferencia de obispos, hay unos 37,300 sacerdotes en Estados Unidos. Solo 3,000 son hispanos, de los cuales más de 2,000 nacieron en el exterior. Esas cifras son sorprendentemente bajas considerando que 40 % de los católicos de Estados Unidos son hispanos.

Esa brecha podría reducirse, pero no a corto plazo. Investigadores de la Universidad de Georgetown indican que 14 % de los hombres que se iban a ordenar en el 2019 son hispanos. Muchos de ellos extranjeros.

Un problema, de acuerdo con Hosffman Ospino, es que el promedio de hispanos con estudios universitarios es más bajo que el del resto de la población, lo que reduce la cantidad de hispanos que pueden ingresar a un seminario. «Mientras que los niveles educativos de la comunidad hispana sigan siendo bajos, pocos podrán ser sacerdotes o maestros», expresó.

Los hispanos de segunda y tercera generación pueden cursar estudios universitarios, pero hay otros factores en juego.

«Esas generaciones están muy presionadas para pensar más en el progreso económico que en la gloria de Dios», dijo el obispo de Brownsville, Daniel Flores. «Debemos inculcarles el concepto de servicio, haciendo a un lado la noción de que hay que ganar lo máximo posible».

Brownsville es una de las diócesis más católicas del país. Aproximadamente la mitad de sus 120 curas son hispanos, dos tercios de ellos extranjeros.

Flores recomienda a los reclutadores que hablen personalmente con potenciales seminaristas y con sus padres.

«No basta con mandarles un correo electrónico o anunciarles un retiro vocacional», expresó. «Hay que invitarlos y aprender de ellos».

La oficina vocacional de la diócesis de Phoenix, que recluta y apoya a los seminaristas, está encabezada por el reverendo Paul Sullivan, quien además preside una parroquia abrumadoramente hispana. De los 11 seminaristas que fueron ordenados recientemente, cinco nacieron en Estados Unidos y cinco en México.

Sullivan admite que el deseo de tener una familia y de ganar dinero hace que mucha gente le dé la espalda al sacerdocio.

«El sacerdocio no el camino más seguido», comentó.

Un problema, de acuerdo con Hosffman Ospino, es que el promedio de hispanos con estudios universitarios es más bajo que el del resto de la población, lo que reduce la cantidad de hispanos que pueden ingresar a un seminario. “Mientras que los niveles educativos de la comunidad hispana sigan siendo bajos, pocos podrán ser sacerdotes o maestros”, expresó.

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Los esfuerzos por aumentar la presencia hispana en puestos de liderazgo de la Iglesia se ven perjudicados por otra brecha en la matriculación de estudiantes.

La matriculación en escuelas católicas bajó pronunciadamente en las últimas décadas en Estados Unidos, de 5.2 millones de personas en la década de 1970 a 1.73 millones este año. De los estudiantes actuales, solo el 18.5 % son hispanos, por más de que la mitad de los jóvenes en edad escolar sean hispanos.

Los expertos ofrecen varias explicaciones para esto. Muchos hispanos de Estados Unidos vienen de países latinoamericanos donde las escuelas privadas, incluidas las católicas, son vistas como un bastión de los ricos. Las matrículas cuestan 5,000 dólares para la primaria y 10,000 para la secundaria, lo que hace que la educación católica esté fuera del alcance de muchas familias. Bastantes escuelas católicas pierden alumnos que se pasan a escuelas «chárter», que tienen más acceso a fondos del gobierno.

Todos estos factores están presentes en la diócesis de Brownsville, donde la matriculación en las iglesias católicas bajó pronunciadamente en los últimos años por la competencia de las escuelas públicas y las «chárter» (escuelas que reciben fondos del gobierno pero operan en forma independiente del sistema escolar estatal).

Una escuela que se esfuerza por conservar sus alumnos es la Escuela Católica St. Mary. Su directora desde hace siete años Ana Gómez, dice que 95 % de los 350 alumnos son hispanos, incluidos unos 20 que vienen todos los días de Matamoros, del lado mexicano de la frontera.

Logra mantener los niveles de matriculación estables gracias a estrategias que aprendió en la Iniciativa de Matriculación de Hispanos (Latino Enrollment Initiative), un programa de la Universidad de Notre Dame. Entre sus tácticas figuran la de asegurarse que las escuelas sintonizan con la cultura de las familias hispanas y ayudan a los padres a pagar por las matrículas.

Unos 80 alumnos de la St. Mary reciben asistencia financiera, según Gómez.

Otra participante en la iniciativa de Notre Dame es la St. Agnes Elementary School de Phoenix, donde su directora Christine Tax dice que en cuatro años subió la cantidad de alumnos de 167 a 240. En 2016, dos tercios del estudiantado eran hispanos. Hoy lo son 95 % de los alumnos y casi todos reciben ayuda financiera del estado.

Personal de la escuela y expertos en asuntos impositivos ayudan a las familias a solicitar asistencia y becas, asegurándose de que reciben información en español. Además han incorporado festejos culturales como el de la Festividad de Nuestra Señora de Guadalupe a su calendario escolar.

«Muchas familias hispanas de bajos recursos sentían que no eran dignas de una educación católica», comentó Tax. «Tratamos de hacerles ver que sus hijos son merecedores de todo esto».

A nivel nacional, según la Asociación Nacional de Educación Católica, menos del 10% de los 12,000 empleados y profesores de las escuelas católicas son hispanos.

La monja Mary Jordan Hoover, directora de la Juan Pablo II, pule sus conocimientos de español.

«Tuve que hablarle en español a una mujer acerca de los problemas de su hijo», dijo Hoover. «Me entendió y me dio un abrazo».

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Si bien la población hispana está llamada a aumentar, no está claro hasta qué punto la Iglesia católica podrá contar con ella. El año pasado el Centro de Investigaciones Pew informó que los católicos ya no son mayoría entre los hispanos. Solo 47 % se describe como católico, comparado con 57 % de 2009. La cantidad de personas que se consideran ateas, agnósticas o «nada en particular» subió de 16 % a 23 %. Y el porcentaje de protestantes subió de 23 % a 26 %.

Melba Salazar-Lucio, profesora y activista defensora de los derechos de los migrantes de Brownsville, dice que la Iglesia católica de hoy le resulta muy rígida a los hispanos. Su madre ya no va a misa y sus tres hijos dejaron de ser católicos practicantes.

«Hay otras denominaciones que tienen más música y pastores más jóvenes que aceptan más la forma de ser de la gente», expresó Salazar-Lucio. «La Iglesia católica no está a tono con los tiempos».

En Phoenix, no obstante, los sectores tradicionales de la Iglesia reciben con los brazos abiertos a gente como el seminarista Juan Carlos Briones, que en el portal de su parroquia escribió: «Los sacerdotes de nuestra parroquia eran muy admirados por los feligreses, jóvenes y viejos, ricos y pobres. Todo joven católico debería ser receptivo, y no tenerle miedo, al llamado a la vida religiosa y al sacerdocio».

En un centro de ayuda al migrante de Nogales, México, próximo a la frontera con Arizona, el sacerdote jesuita Sean Carroll sirve todos los días a personas que quieren asilarse en Estados Unidos y que sueñan con sumarse a las filas de los católicos hispanos de este país.

«Traen su cultura, sus dones», comentó. «El desafío de la Iglesia es aceptar esos dones. Hacer que se sientan líderes. Que se sientan como en su casa».

Herencia social. Una buena parte de los católicos en Estados Unidos proviene de otro país. La familia y las tradiciones son parte de las razones para mantener una religión específica.

La muerte prevenible de un cubano que buscaba asilo en EUA

Fotografía de AP

El largo viaje de Roylan Hernández Diaz terminó en una celda de paredes blancas en el ala de confinamiento solitario de una cárcel en Luisiana.

Cerca de él estaban sus últimas pertenencias: un tubo de pasta de dientes, algunos vasos desechables y una hoja de papel que explicaba cómo podía solicitar su liberación del centro de detención de inmigrantes. Pero a él ya le habían negado tres veces la libertad.

El cubano había sido puesto en aislamiento seis días antes porque dijo que rechazaría sus alimentos en protesta por su detención. Los carceleros lo pusieron allí aun después de que el personal médico lo remitió a tratamiento de salud mental tres veces y documentó un trastorno intestinal que le provocaba un dolor insoportable.

Y durante al menos una hora antes de que descubrieran que se había ahorcado, nadie abrió la puerta para revisar si estaba vivo.

Su muerte podría haberse prevenido. Una investigación de The Associated Press en torno a la muerte de Hernández en octubre pasado encontró que hubo negligencia y aparentes violaciones de las políticas gubernamentales por parte de los carceleros del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), en un momento en el que la detención de inmigrantes ha alcanzado niveles récord y han surgido nuevos cuestionamientos sobre el trato que le da el gobierno de los Estados Unidos a las personas que buscan refugio.

ICE requiere que los inmigrantes detenidos en confinamiento solitario sean observados visualmente cada 30 minutos. El video de vigilancia muestra a una carcelera que pasa dos veces por la celda de Hernández en la hora previa a que fuera encontrado y que escribió en la carpeta guardada en la pared junto a la puerta de la celda. Sin embargo, no levantó la cubierta de la ventana de la puerta de la celda ni trató de mirar dentro. La última persona que miró por la ventana fue un empleado de la cárcel no identificado, 40 minutos antes de que Hernández fuera encontrado.

Una persona que trabaja en la cárcel y que habló con la AP bajo condición de anonimato dice que descubrieron después que Hernández no podía ser visto desde la ventana.

Yarelis Gutiérrez Barrios era la pareja de Hernández. Ella había estado con él desde hacía tres años mientras viajaban a través de Sudamérica y Centroamérica, siempre en busca de la manera de llegar a los Estados Unidos. El hombre que conoció era fuerte, dice, determinado a ganar su solicitud de asilo, no el tipo de hombre que se rendiría fácilmente.

«Creo que lo dejaron morir», dice ella.

Con el propósito de llenar cárceles vacías por la reforma de justicia penal, en las comunidades rurales de Luisiana se llenaron las camas de las cárceles con solicitantes de asilo y otros inmigrantes. En un momento del año pasado, Luisiana tenía unos 8,000 migrantes detenidos, sólo superado por Texas, cifra superior a los 2,000 que tenía al final de la administración Obama.

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Hernández pasó gran parte de sus 43 años en rebelión contra el gobierno comunista a 145 km de los Estados Unidos.

En su juventud, se rehusó a unirse a un grupo de jóvenes. Después se negó al servicio militar obligatorio y protestó contra el régimen de Fidel Castro.

En 1994, cuando tenía 18 años, trató de huir de la isla con su padre y su hermano en un bote, pero fueron capturados y encarcelados.

Hernández estuvo en prisión alrededor de dos semanas. Cuando trató de huir otra vez, en 2001, fue capturado de nuevo y sentenciado a nueve años de prisión. Tras su liberación, se le negaron trabajos y fue acosado por la policía.

En 2016, dejó Cuba para ir a Guyana, un diminuto país en Sudamérica, porque podía viajar hasta allí sin visa. Desde Guyana, se dirigió hacia los Estados Unidos.

Hernández y Gutiérrez se conocieron en Ecuador en 2016. Se encontraban entre un grupo de cubanos que acampaba fuera de la embajada mexicana en Quito, la capital de Ecuador, para demandar visas que les permitieran llegar a la frontera entre México y Estados Unidos para solicitar asilo. México se rehusó a otorgar las visas y Ecuador se movilizó para deportar a los manifestantes a Cuba.

Así que huyeron. Vendieron jugo en un carrito en Argentina, y después vivieron en Perú durante un año.

Tanto en Argentina como en Perú, recuerda Gutiérrez, lucharon para mantenerse y les dijeron que sería casi imposible que se les permitiera establecerse allí de manera permanente.

«Al final, íbamos a venir a los Estados Unidos», dijo ella.

Cruzaron Ecuador y Colombia, y llegaron al Tapón del Darién, la selva que conecta a Sudamérica con Centroamérica. La región no tiene caminos ni ley, y está controlada mayoritariamente por pandillas que se aprovechan de los miles de migrantes que tratan de atravesarla cada año.

La pareja caminó varios días en la luz y la oscuridad antes de llegar a un pueblo en Panamá. Y finalmente se entregaron a las autoridades en un puesto fronterizo.

Pero en la jungla, dice Gutiérrez, Roylan perdió los documentos que había traído consigo desde Cuba y que documentaban su encarcelamiento y problemas políticos —papeles que habrían sido clave para probar su caso de asilo en Estados Unidos—.

Fueron detenidos durante 10 días en Panamá, y después trasladados a un pueblo fronterizo en Costa Rica. Uno por uno, abordaron autobuses y atravesaron puestos de control fronterizo en cada país en el camino: Nicaragua, Honduras, Guatemala, México. Pasaron varios días detenidos en territorio mexicano.

Después de cinco meses, el 18 de mayo de 2019, llegaron al puente fronterizo entre Juárez, México, y El Paso, Texas. Esperaron a que se les permitiera entrar.

Después de dos meses, Hernández solicitó asilo y fue detenido.

Inicialmente, él y Gutiérrez fueron llevados al mismo centro de detención cerca del puente. Los hombres y las mujeres fueron separados y llevados a celdas pequeñas y frías.

Ella lo vio por última vez desde el otro lado del comedor unos días después de que cruzaron. Era la hora de la comida, pero no se les permitía hablar entre ellos.

Gutiérrez fue liberada eventualmente, pero un oficial de la instalación le dijo que Hernández había sido llevado a un centro de detención en Mississippi.

Después de unas semanas, sería trasladado a Luisiana, un estado que para miles de inmigrantes se ha convertido en sinónimo de una detención prolongada. Permaneció encarcelado, aunque una investigación preliminar determinó que su solicitud de asilo era creíble.

Restricción. Bajo el gobierno del presidente Donald Trump, Estados Unidos ha restringido las razones por las que las personas pueden solicitar asilo.

En los últimos días de su administración, el presidente Barack Obama revocó una política conocida como «pies mojados, pies secos» que dio a miles de cubanos un camino para conseguir la residencia permanente en los Estados Unidos y, eventualmente, la ciudadanía.

Bajo el gobierno del presidente Donald Trump, los Estados Unidos han restringido las razones por las que las personas pueden solicitar asilo y ha presionado a los jueces de los tribunales de inmigración para que procesen y rechacen las solicitudes más rápidamente. También ha detenido a miles de solicitantes de asilo a quienes anteriormente se les habría permitido vivir y trabajar en los Estados Unidos mientras sus casos estaban pendientes.

Esos cambios de política ocurrieron después de que Hernández dejó Cuba por última vez, pero dieron forma a los últimos meses de su vida.

El pasado 13 de junio, Hernández llegó al Centro Correccional de Richwood. Ubicado en Monroe, en la parte noreste del estado, Richwood es una de al menos seis cárceles de Luisiana que se convirtieron en centros de detención de inmigrantes durante la administración Trump.

Con el propósito de llenar cárceles vacías por la reforma de justicia penal, en las comunidades rurales de Luisiana se llenaron las camas de las cárceles con solicitantes de asilo y otros inmigrantes. En un momento del año pasado, Luisiana tenía unos 8,000 migrantes detenidos, sólo superado por Texas, cifra superior a los 2.000 que tenía al final de la administración Obama.

Luisiana también se ha hecho famoso por el amplio rango de rechazos de libertad condicional a los migrantes, particularmente a grandes poblaciones de cubanos, venezolanos y personas del sur de Asia. En septiembre, un juez federal dictaminó que la oficina de ICE en Nueva Orleans violaba las propias pautas de la agencia al no darle a cada migrante una determinación, caso por caso, sobre si podían ser liberados.

Poco cambió inmediatamente después de esa decisión, aunque ha habido algunas mejoras. Según la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), de 345 solicitudes entre el 17 de octubre y el 10 de diciembre, sólo cuatro fueron otorgadas. ICE otorgó libertad condicional a alrededor del 20% de los solicitantes de asilo en enero y febrero, dijo la ACLU de Luisiana, citando datos que ICE ha proporcionado en la demanda federal.

El portavoz de ICE, Bryan Cox, declinó comentar sobre las prácticas de libertad condicional en el estado, pero dijo que «cualquier sugerencia de que la mayoría de las personas arrestadas por ICE son detenidas, es falsa».

Los detenidos en Richwood y otros centros de detención han protestado reiteradamente.

En una cárcel de Luisiana, hombres provenientes del sur de Asia organizaron una huelga de hambre que ha durado 100 días y continúa. En otra, los funcionaros rociaron con gas pimienta a los inmigrantes que organizaron una protesta sentados para exigir libertad.

El año pasado, un recluso de Richwood escribió en una carta publicada por el grupo de defensa Freedom For Immigrants (Libertad para Inmigrantes): «Solo queremos nuestra libertad para proseguir con nuestros casos libremente y dejar este infierno, porque Luisiana es un cementerio de hombres vivos».

“Mi caso es mi caso. Ya he enviado mi evidencia”, dice Hernández, de acuerdo con un traductor que se escucha en la grabación. “He estado detenido aquí. Mis derechos han sido violados. No tengo ningún beneficio. Ya he enviado tres cartas y mi esposa está fuera, en la calle”.

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Por teléfono desde La Habana, un hombre que estuvo detenido en Richwood recuerda una vez que vio a Hernández parado en el patio.

Hernández estaba doblado por el dolor con las manos en el estómago. Estaba pálido. Había comido por accidente algo que tenía azúcar y eso agravó su condición.

De acuerdo con Dariel Hevia León, entonces detenido y hoy deportado, Hernández se quejaba constantemente por el dolor y sentía que el personal médico no lo atendía adecuadamente.

«Me dijo que ‘la cárcel me está matando’», dijo Hevia.

Según un informe de ICE compilado después de su muerte, el personal médico revisó a Hernández cuando llegó y confirmó que tenía síndrome de intestino irritable.

Yarelis Gutiérrez dice que le habían diagnosticado problemas intestinales en Perú y que necesitó ayuda médica en Panamá y México durante su viaje.

Las personas con síndrome de intestino irritable pueden controlar su dolor con medicamentos y dieta. El síndrome también ha sido asociado con la ansiedad y la depresión.

Cuando Hernández llegó a Richwood, rechazó una referencia de salud mental, dice el reporte de ICE. Dos veces fue referido a tratamientos de salud mental, en agosto y septiembre, aunque el reporte no dice por qué. Dice que se negó ambas veces.

Hernández le dijo a Gutiérrez, su pareja, y a otros detenidos en Richwood, que pelearía su caso en el tribunal de inmigración hasta el final. Pero de acuerdo con lo que Hernández dijo a otros después, enfrentaba un reto enorme y tal vez insuperable: la pérdida en la selva de gran parte de los papeles que documentaban su caso.

Llegó desde Richwood a su primera aparición en el tribunal de inmigración, y habló con un juez en Nueva York por video.

La Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración declinó revelar su grabación de esa audiencia. Según su pareja, el juez le dijo que necesitaba alguna evidencia para para probar su caso. Así que Gutiérrez comenzó a llamar a personas en Cuba y a cubanos que habían dejado la isla, para pedirles que escribieran cartas que apoyaran su afirmación de que fue acosado en el país.

«Apenas le conseguí tres cartas, porque me tomó mucho tiempo obtenerlas ya que la gente en Cuba tiene miedo de hablar», dijo ella. «Tiene miedo de involucrarse en problemas de esta magnitud, pero las conseguí».

El 9 de octubre tuvo la que sería su última audiencia en el tribunal. Según una grabación, el juez le dijo a Hernández que su audiencia final quedaría agendada para el 30 de enero, a más de tres meses de distancia. Hernández responde y dice que no entiende.

«Mi caso es mi caso. Ya he enviado mi evidencia», dice Hernández, de acuerdo con un traductor que se escucha en la grabación. «He estado detenido aquí. Mis derechos han sido violados. No tengo ningún beneficio. Ya he enviado tres cartas y mi esposa está fuera, en la calle».

El juez repitió que su audiencia final era el 30 de enero y dijo que podría tener a un abogado presente si quería. Mientras el traductor se lo explica a Hernández, el juez dice: «Que tenga un buen día». La grabación termina.

Rechazo. Luisiana también se ha hecho famoso por el amplio rango de rechazos de libertad condicional a los migrantes, particularmente a grandes poblaciones de cubanos, venezolanos y personas de Asia.

De acuerdo con Gutiérrez, Hernández la llamó después para decirle que iba a organizar otra huelga de hambre.

«Le dije ‘no lo hagas’, porque temía por su salud, que no la iba a soportar», dice ella. «Se enojó conmigo. Me dijo: ‘voy a hacerla. Apóyame porque es la única manera que tengo de salir de aquí’. En su mente, esa era la única forma».

Al día siguiente, 10 de octubre, el informe de ICE dice que le hicieron una evaluación médica antes de ser llevado a aislamiento por amenazar con una huelga de hambre. Una enfermera encontró que su salud física y mental era normal, «excepto por un estado emocional retraído».

El interior de la celda donde estaba recluido Hernández cuando murió no tenía vigilancia de video, según la Oficina del Sheriff del condado de Ouachita, la agencia de orden público local llamada para investigar poco después de que fuera encontrado muerto.

Pero la Oficina del Sheriff obtuvo un video del pasillo fuera de su celda que captura la última hora antes de que encontraran su cuerpo. Esto es lo que muestra:

-1:19 p.m.: una carcelera camina hasta la puerta de Hernández. Toma una carpeta de la pared junto a la puerta, escribe en ella y regresa la carpeta a la pared. Nunca mira por la ventana de la puerta de la celda de Hernández.

-1:26: un hombre vestido de civil pasa por la celda, se detiene a abrir la cubierta de la ventana en la puerta de la celda y mira al interior. La Oficina del Sheriff dice que el hombre era un empleado de la cárcel, pero no tiene su nombre en sus registros.

-1:54: la carcelera regresa. Una vez más, toma la carpeta, escribe en ella y la pone en su lugar sin mirar dentro de la celda.

-2:04: Tres miembros del personal y quien parece ser un administrador de la cárcel pasan frente a la celda y llenan casi todo el pasillo. Un capitán de la prisión rodea a la pequeña multitud y camina junto a la pared y la puerta de la celda de Hernández. El capitán, identificado por la oficina del sheriff como Gerald Hardwell, dijo después a los investigadores que había notado un «fuerte olor» que emanaba de la celda.

Hardwell se detiene y levanta la cubierta en la puerta de Hernández, como lo hizo el hombre vestido de civil. Comienza a golpear la puerta con la mano izquierda. Más tarde le dijo a la Oficina del Sheriff que no podía ver a Hernández.

Un minuto después, regresa con un juego de llaves. Usa la mano izquierda para levantar la cubierta en la puerta, la mano derecha para abrir la cerradura y empuja para abrir la puerta.

Hardwell asoma la cabeza dentro de la celda y huye de la celda, y cubre su boca con la mano izquierda.

Había descubierto que Hernández se colgó con una sábana atada al poste de su litera.

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El forense del condado de Ouachita registró la hora de su muerte a las 2:15 p.m. –10 minutos después de que estuviera aparentemente muerto para Hardwell y otros en la cárcel– y dijo que fue visto por última vez a la 1:50 p.m., contó la forense adjunta Joy Davis a la AP. El video muestra que el personal médico permaneció fuera de su celda mucho después de que fue descubierto, y que su cuerpo no fue retirado de la celda sino hasta casi las 4 p.m.

Las fotos tomadas de su cuerpo muestran que Hernández podría haber estado muerto varias horas antes de que se encontró, con base en cómo se había acumulado la sangre en sus manos, según un análisis realizado a petición de la AP por el Dr. Nizam Peerwani, el médico forense de Fort Worth, Texas, y experto forense del grupo de defensa Physicians for Human Rights (Médicos por los Derechos Humanos).

Peerwani descubrió que la cárcel no notó varias señales de advertencia que indicaban que Hernández merecía más atención: una historia bien documentada de problemas intestinales, sus negativas repetidas a recibir tratamiento de salud mental y sus huelgas de hambre. Peerwani dice que la muerte de Hernández no se debe a «la comisión de un acto de violencia perpetrado contra él, sino a la omisión».

Permanece la pregunta de si era necesario que permaneciera en aislamiento. De acuerdo con las pautas del Cuerpo de Servicios de Salud de ICE, en las primeras 72 horas de que fuera aislado por amenazar con una huelga de hambre, un proveedor de atención médica debería haber revisado si se podía mantener allí a Hernández. Esa revisión de 72 horas debió ocurrir a más tardar el 13 de octubre.

No hay referencia a que se realizara ninguna revisión en el informe de muerte de detenidos de ICE. El informe de ICE dice que el día de su muerte y los cuatro días previos, una enfermera observó que Hernández parecía normal y no estaba angustiado.

Y bajo los estándares nacionales de detención basados en el desempeño de ICE, cualquier persona en aislamiento debe ser monitoreada al menos cada 30 minutos.

El video mostrado por el sheriff sólo incluye la hora previa a que Hernández fuera encontrado muerto, así que es imposible determinar cuántas veces fue observado.

El empleado de la cárcel que habló con la AP bajo condición de anonimato dice que Hernández se colgó en una orilla de la celda que no se podía ver a través de la ventana de la puerta. El mismo empleado dijo que era de conocimiento común que los carceleros registraran falsamente las revisiones que se supone debían realizar.

ICE y LaSalle Corrections, la empresa privada que administra la cárcel, se negaron a informar si la carcelera que apareció fuera de la celda de Hernández fue despedida o si algún otro empleado fue considerado responsable.

ICE y LaSalle no respondieron la mayoría de las preguntas para esta investigación.

Scott Sutterfield, ejecutivo de desarrollo de LaSalle, se negó a responder cualquier pregunta «debido a un litigio pendiente». Sutterfield se unió a LaSalle el año pasado después de trabajar como director interino de la oficina local de ICE para la ejecución y remoción en Nueva Orleans; él negó una de las solicitudes de Hernández para ser liberado.

«Puedo decir que LaSalle Corrections está firmemente comprometida con la salud y el bienestar de todos quienes están bajo nuestra custodia», dijo Sutterfield.

«No podemos hablar por un contratista de la agencia», dijo Cox, el vocero de ICE, en un correo electrónico. Y agregó que ICE «obliga a su personal, contratistas incluidos, a mantener los más altos estándares de comportamiento profesional y ético.

Además, aunque cualquier muerte bajo custodia es desafortunada, las muertes bajo custodia de ICE son extremadamente raras y ocurren a una tasa alrededor de 100 veces menor que el promedio nacional para personas en custodia federal y estatal en todo el país», dijo Cox.

Ocho personas han muerto bajo custodia de ICE desde octubre, cuando inició el año fiscal, una menos que las ocho que murieron durante el año anterior. En Richwood, un hombre de Guatemala trato de suicidarse en diciembre mientras estaba detenido en aislamiento, meses después de la muerte de Hernández.

Lorena Perez-McGill, la abogada del hombre, dice que lo había visto más temprano ese día y le avisó al alcalde local que podría hacerse daño. Los guardias lograron evitar que se cortara cinco minutos después de que empezó.

Los carceleros lo llevaron a un hospital local donde le dieron puntos de sutura. Después, dice Perez-McGill, fue regresado a la misma celda de segregación.

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Además de Yarelis Gutiérrez, Hernández dejó a dos hijas y un hijo, además de a su madre y padre. La última vez que se fue de casa, su familia sabía que esperaba llegar a Estados Unidos con la intención de ganar dinero para mantenerlos. Ahora, tienen muchas preguntas sobre su muerte: ¿cómo alguien tan fuerte en sus convicciones pudo quitarse la vida? ¿Qué le pasó en su estancia en la cárcel y por qué?

«Había luchado por llegar a este país porque amaba este país, lo amaba con toda su vida», dijo Gutiérrez. «Dio su vida por este país».

México: universitarias se rebelan contra violencia de género

Fotografía de AP
Fotografía de AP

Las rejas que rodean la facultad de Ciencias Políticas y Sociales están cubiertas parcialmente con pancartas y dejan entrever pintas que adelantan algo de lo que ocurre adentro: «Paro separatista», «Feministas antifascistas».

Todas las puertas están cerradas, algunas bloqueadas con sillas, salvo una que tiene una cadena sin candado. No obstante, los miles que estudian o trabajan aquí saben que no pueden pasar porque la facultad -un complejo de una docena de edificios- está tomada por mujeres.

Desde octubre, las estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han ocupado por la fuerza y de forma no coordinada varias escuelas y facultades para exigir seguridad y mayores castigos a los agresores de mujeres. Son, también, la cara más radical de miles de feministas que han participado en marchas y protestas en distintos puntos del país para mostrar su hartazgo por los feminicidios y la falta de resultados para investigarlos o simplemente para prevenir la violencia de género.

Diez escuelas de la mayor universidad pública de México siguen tomadas, algunas de forma intermitente, y aunque han esquivado la presencia de los medios, de quienes dicen desconfiar, las estudiantes de Políticas autorizaron esta semana a The Associated Press a pasar 24 horas con ellas. Dos condiciones: no dar detalles de cuántas mujeres están y preservar la identidad de quienes así lo solicitaran.

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Al amanecer el frío se mete en los huesos. Las chicas de guardia se desperezan entre las cobijas, algunas tumbadas en unos sofás sacados de las oficinas y colocados junto a la pluma del estacionamiento, el único acceso a las instalaciones y donde hay estudiantes día y noche.

Un puñado de palos y barras metálicas descansan junto a la caseta de vigilancia.

La única presencia oficial son un par de patrullas de la universidad por la noche, pero las autoridades académicas no han hecho amagos por recuperar la instalaciones para evitar tensiones.

Las estudiantes ya no se asustan por las alarmas que suenan inesperadamente de madrugada en los edificios cercanos y que, dicen, son premeditadas para intentar intimidarlas.

Calientan agua en un hornillo sobre una mesa metálica donde se acumula la comida donada por amigos, profesoras o comerciantes que las apoyan.

Las jóvenes se relevan de acuerdo a las necesidades personales: el trabajo, la familia. Ninguna sabe cuánto tiempo estarán ahí.

En un pizarrón están las urgencias logísticas -queso, jamón, cigarros- y el recordatorio de la reunión prevista para el mediodía con representantes de otras facultades. Hay frases como «¿Planes de acción?» o «Revisión art. 98» en referencia al artículo del estatuto de la UNAM que las alumnas exigen modificar para que haya mayores castigos por el abuso y el acoso, un tema que genera problemas porque choca con los derechos laborales de trabajadores y profesores.

También hay propuestas, como hacer un «taller de mamás», porque muchas de sus madres han sido víctimas de la violencia, pero muy pocas han hablado del tema con ellas.

En la UNAM, como en otros muchos espacios públicos o privados de México, las quejas por acosos, abusos o delitos más graves como violaciones, desapariciones o muertes han sido recurrentes desde hace años. Y la exigencia de las mujeres a una vida sin violencia se repite a lo largo del continente de forma diversa: gritando, pintando monumentos, o con huelgas y tomas… como la de Políticas.

Esta mañana recuerdan las protestas más radicales en las que han participado. Las manos se agitan en el aire reviviendo las pintadas, los destrozos, la furia.

De repente, una visita inesperada cambia el ánimo. Una muchacha de otra escuela llega a pedir consejo para organizarse, pero acaba confesando el brutal acoso cibernético del que fue víctima. «Ni siquiera me acuerdo de todo lo que me pidió hacer… Me da mucho asco», dice.

Un nudo en la garganta las asfixia al escuchar los chantajes a los que era sometida y muchas no pueden contener las lágrimas. Ya no son las encapuchadas de las marchas que algunos despectivamente califican de «feminazis«, sólo chicas de entre 18 y 24 años sobrecogidas por el relato de una compañera.

«Las mujeres están despertando», asegura Andrea Ballarte, una alumna de Sociología de 18 años. «No creo que ser feminista sea algo que tengas que elegir. Yo lo vi como necesidad de sobrevivir a este sistema que nos trata como carne, como un saco de basura».

No es una metáfora. Este mes el cuerpo de una niña de 7 años fue hallado en una bolsa de basura al sur de la Ciudad de México y la foto de una joven desollada ha cubierto las portadas de algunos medios. Ambos crímenes detonaron las más recientes protestas.

«Todas tenemos miedo, pero no estamos solas», agrega la joven procedente del Estado de México, una de las regiones del país con mayor índice de feminicidios. «Entre más seamos, más rápido vamos a acabar con esto», confía. «Pero no es fácil».

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Las mujeres y sus reivindicaciones están más vivas que nunca.

Cintia Martínez, exprofesora del Colegio de Filosofía de la UNAM y actual investigadora de la Northwestern University de Chicago, considera que los últimos años ha habido un resurgimiento del feminismo. Hay, dice, «una suma de molestias colectivas» que transformaron a las mujeres «en sujetos políticos reales».

Uno de los escenarios es la UNAM, el mayor centro de estudios de América Latina.

Hace varios años se instalaron botones de pánico en los baños de mujeres de muchas facultades ante las constantes agresiones, también teléfonos amarillos de emergencia que se activan al descolgarlos. Pero en 2017 el asesinato en el campus de Lesvy Berlín marcó un punto de inflexión: el crimen de la joven de 22 años indignó profundamente, no sólo por su muerte, sino porque las autoridades lo calificaron de suicidio. En 2019, la fiscalía tuvo que pedir perdón públicamente y meses después su novio fue condenado por el asesinato. En la cabina telefónica donde la estranguló, hoy puede leerse «ni perdón ni olvido».

El hartazgo tomó nuevas formas cuando las unidades para atender denuncias que se habían puesto en marcha quedaron desbordadas y, o no conseguían pruebas, o archivaban los casos, aunque sí las encontraran. Hubo «tendederos de la vergüenza»: ropa sucia con los nombres de supuestos acosadores; se hicieron «escraches» a profesores o trabajadores a quienes las estudiantes perseguían por las facultades profiriéndoles insultos, y se empapelaron las paredes con las fotografías de supuestos abusadores. Que los trabajadores limpiaran las pintas y murales enojó aún más a las alumnas.

El ambiente se radicalizó. Según Martínez, esto se debió a que mezclaron denuncias inconsistentes con las serias y que ingresó una nueva generación de jóvenes de barrios mucho menos privilegiados que habían vivido la violencia muy de cerca y venían de un activismo más duro.

«Tenemos que empezar a crear caos para que las cosas se vayan moviendo», explica Rebecca Gamero, una estudiante de Sociología de 20 años y 1,80 metros de estatura que participó en la toma de Políticas.

El momento que Gamero recuerda más violento fue un enfrentamiento con alumnos de Ingeniería que se oponían a las feministas. «Las morras (las alumnas) nos dijeron quemen todo, rompan todo», dice y asegura que una de sus reglas es que son las mujeres de cada facultad las que marcan hasta dónde deben llegar las protestas en sus instalaciones.

«Nuestra forma de atacar el sistema es atacar sus espacios», añade. «Un vidrio no tiene la culpa, pero el vidrio está representando un sistema y nosotras no nos vamos a poner a matar diputados como nos matan a nosotras».

Fotografía de universitarias reunidas
En protesta. Rebeca, de 20 años, lee consignas en una de las tomas de la universidad.

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En 2019 fueron asesinadas 3,825 mujeres, aparentemente por el solo hecho de ser mujeres. Es un 7% más que en 2018, según las autoridades federales, aunque tanto el gobierno de Andrés Manuel López Obrador como el de la capital insisten en que se están tomando medidas contra la violencia de género.

López Obrador considera que las protestas feministas son alentadas por sus contrincantes políticos. «Hay un oportunismo de quienes no nos ven con buenos ojos y aprovechan el movimiento para perjudicarnos», afirma.

Las chicas ríen sonoramente cuando se las pregunta sobre las acusaciones de estar manipuladas por críticos del gobierno. «Dicen que el PRI (el opositor Partido Revolucionario Institucional) nos trae cerveza, pero no la veo por ningún lado», bromea una.

Pero varias cosas les preocupan: las críticas de otras estudiantes que ni se han acercado a ellas y se quejan de estar perdiendo muchas clases; que las autoridades las criminalicen o la presencia esporádica de «porros» para amedrentarlas, una especie de fuerzas de choque al servicio de diferentes partidos o grupos de poder que funcionan en México desde hace décadas.

Además, hay un sabor amargo entre alguna que reconocen haber votado por López Obrador, como una michoacana de 20 años que se siente defraudada. «Lo único que ha hecho es desacreditar al movimiento feminista», dice.

Es por la tarde, y después de haber comido unos sándwiches, galletas o sopas instantáneas, alguien da la señal de alarma. Algunas chicas toman un palo o barra, cualquier cosa para taparse la cara y corren hacia el edificio donde temen que alguien se coló. A su paso hay manos color rosa pintadas en el suelo con lemas como «Estamos en todos lados» o «Estado feminicida«.

Días antes, proyectores, luces y alarmas se conectaron inesperadamente, y optaron por tomar algunas precauciones: colocaron precintos para sellar algunas zonas y tener el espacio controlado.

«Quieren aterrorizarnos», dice una de ellas mientras inspecciona los rincones.

Se muestran decididas, aunque no ocultan sus temores. «Las cosas están feas», solloza Andrea Ballarte, la estudiante de Sociología que se reconoce como una niña vulnerable metida en una «armadura de mujer activista y luchadora».

Gamero, que cuida amorosamente a una gatita negra bautizada como Santa Úrsula, subraya la fuerza de las protestas colectivas y anónimas: «Te pones la capucha (y) te vuelves todas», explica. «Se va creando ese enojo colectivo (pero) a la vez se crea esa sanación colectiva».

“Las mujeres están despertando”, asegura Andrea Ballarte, una alumna de Sociología de 18 años. “No creo que ser feminista sea algo que tengas que elegir. Yo lo vi como necesidad de sobrevivir a este sistema que nos trata como carne, como un saco de basura”.

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En un momento de la jornada, la atención se va al auditorio de la facultad, donde representantes de diversas facultades celebran una asamblea. Sentadas en círculo debaten y toman acuerdos. Su estructura es horizontal y democrática, sin líderes, pero también excluyente: no aceptan hombres.

En algunos planteles se han hecho paros o tomas mixtas, pero las alumnas de Políticas y todas las ahí congregadas defienden el separatismo.

Hablan de cómo afrontar las propuestas de diálogo de la rectoría y de próximas acciones.

La presión de las estudiantes logró en los últimos meses algunos avances, pero para Márgara Millán, profesora de Sociología, el malestar siguió porque solo hubo respuestas a casos concretos y no una política generalizada.

Apenas el viernes, el rector de la UNAM, Enrique Graue, anunció una ambiciosa batería de propuestas para enfrentar la violencia de género: unidades de atención de denuncias en todas las escuelas (ahora solo funcionan en algunas), incorporar materias obligatorias sobre género e igualdad y la creación de una coordinación general que trate el tema.

«Son buenas noticias, fruto del trabajo de muchos años y del movimiento actual de paros y tomas», asegura Millán. La académica considera, sin embargo, que poner en práctica todas esas medidas no será sencillo porque todavía hay «mucha oposición» dentro de la UNAM. Y recuerda que queda pendiente decidir el destino de directivos que han sido acusados por las estudiantes de encubrir a acosadores.

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Antonia Avilés se ha pasado la noche pintando. Después de dormir unas horas en una tienda de campaña, toma un sándwich de frijoles y queso que le ha preparado una compañera y sale corriendo a su trabajo en una tienda de ropa. La joven menuda de 19 años volverá por la noche para acabar un mural: la «virgen abortista».

«Mi mamá sufría mucha violencia», dice subida a una mesa en uno de los pasillos de la facultad mientras colorea de verde el pañuelo que cubre la cara de la virgen. «Me harté de no tener voz y un día decidí involucrarme, actuar. El feminismo me salvó».

Por eso, aquí nadie suena dispuesta a tirar la toalla.

«Si me pasa algo no van a ser las autoridades las que actúen», afirma Avilés. «Pero ellas estarán ahí para quemarlo todo si no aparezco».

Por lo pronto, la toma de Políticas continúa mientras se analizan las propuestas del rector.

Activistas universitarias con el rostro cubierto
Sin fecha. La toma de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, o UNAM, en la Ciudad de México es de carácter indefinido.

La nueva vida de refugiados nicaragüenses en Costa Rica

Fotografía de AP
Volver. Incluso con todo el esfuerzo que han invertido para hacer que la tierra produzca en Costa Rica, muchos de los refugiados en el campamento dicen que regresarían a Nicaragua mañana, si la situación lo permitiera.

En el norte de Costa Rica, varios cientos de refugiados nicaragüenses sobreviven a fuerza de machetes y de la convicción de que podrían ser encarcelados o asesinados si regresan a su país.

En octubre del año pasado una pequeña avanzada de campesinos nicaragüenses se instaló en unas 117 hectáreas alquiladas que no habían sido cultivadas desde hacía 40 años. El objetivo era subsistir de la única forme en que saben hacerlo y contar con un sitio seguro donde esperar que se acabe la represión del presidente nicaragüense Daniel Ortega.

Dormían en el piso bajo toldos, se despertaban entre víboras y trabajaban desde la salida del sol hasta el anochecer despejando la tierra para plantar bananas, frijoles, yuca y maíz.

Son un pequeño porcentaje de los aproximadamente 75,000 nicaragüenses que han pedido asilo en Costa Rica desde que Nicaragua se hundió en una crisis política en abril del 2018, aunque las autoridades creen que esa cifra podría llegar a 125,000 -más del 2% de la población costarricense- hacia fin de año. Su espíritu emprendedor, el empeño que ponen en su trabajo y su objetivo de ser autosuficientes han llamado la atención de las Naciones Unidas y generado el respeto de los costarricenses.

Al frente de esta comunidad de refugiados está Francisca Ramírez, una abuela de 43 años conocida como «Doña Chica». Campesina y activista de la localidad nicaragüense de Nueva Guinea, tiene contactos con Washington y Bruselas que explota cada vez que puede para mejorar la situación de los refugiados. Cuando el secretario de estado estadounidense Mike Pompeo visitó Costa Rica en enero, Ramírez se reunió con él.

Doña Chica y su gente se instalaron en un terreno de cultivo que parecía una selva y han surgido asentamientos en otras partes del norte de Costa Rica. Producen la comida que consumen y generan dos cosas que Ramírez dice son vitales para cualquier refugiado: Una fuente de comida confiable y la dignidad del trabajo.

«He visto gente llorar porque para conseguir una enchilada, un plato de comida, se tienen que sacar una foto», dijo Ramírez, aludiendo a los protocolos de algunas organizaciones de ayuda. «Es algo duro. Es importante buscar mecanismos, si es que hay alguno, para que la gente haga lo que sabe hacer».

Lo que Ramírez y otras 57 familias de aquí saben hacer es cultivar. Las plantas de frijoles que se extienden hasta el horizonte son prueba de ello. Todos los días recibe llamadas de nicaragüenses que desean sumarse a una de esas comunidades. Ha tenido que rechazar esos pedidos. Dice que no pueden aceptar más gente hasta que tengan una cadena de suministro de comida afianzada.

La seguridad de estas comunidades es una preocupación. Ramírez ha sido una piedra en el zapato de Ortega por años y ha demostrado que es capaz de movilizar a la gente. A menudo es comparada con la ambientalista hondureña Berta Cáceres, quien fue asesinada. Las personas nuevas son aprobadas después de una investigación de antecedentes en la que usa su red de contactos adentro y afuera de Nicaragua.

“He visto gente llorar porque para conseguir una enchilada, un plato de comida, se tienen que sacar una foto”, dijo Ramírez, aludiendo a los protocolos de algunas organizaciones de ayuda. “Es algo duro. Es importante buscar mecanismos, si es que hay alguno, para que la gente haga lo que sabe hacer”.

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La mayoría de los refugiados que están con Ramírez provienen del sur de Nicaragua y tienen contactos con su Movimiento Campesino. Cuando se rebelaron en abril del 2018 para apoyar a los estudiantes universitarios cuyas protestas estaban siendo reprimidas violentamente, los campesinos eran veteranos con años de persecución del gobierno por su oposición al ambicioso proyecto de Ortega de construir un canal interoceánico, el cual jamás se hizo realidad. Hubiera conectado el océano Pacífico y el mar Caribe y hubiera requerido la confiscación de mucha tierra cultivable.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos comprobó que 325 personas murieron en esas protestas, que Ortega describió como un intento fallido de golpe. El gobierno tilda de terroristas a quienes bloquean carreteras. Las matanzas de personas siguen sin ser resueltas y organismos de derechos humanos las atribuyen a agrupaciones paramilitares que trabajan para el gobierno.

Ramírez dejó su granja, su ganado y una flota de camiones que transportaban sus productos a los mercados el 15 de septiembre del 2018 y caminó cinco días, hasta entrar a Costa Rica por un sector no vigilado de la frontera. Dijo que su vida corría peligro y que, en el mejor de los casos, hubiera sido arrestada junto con cientos de personas. Pidió asilo, paró un tiempo en la capital y trabajó en un mercado en otra ciudad.

Igual que la mayoría de los refugiados, le costó salir adelante en un nuevo país. Costa Rica ha brindado una buena acogida a los refugiados y algunos costarricenses ayudaron mucho su causa, según Ramírez.

Un conocido, por ejemplo, le sugirió que alquilase tierra arable y le prestó el dinero para comprar un camión. Otro se ofreció como garante del alquiler de la tierra. Un tercero le facilitó un chiquero. El gobierno agilizó el proceso para permitir que los hijos de refugiados se inscriban en las escuelas. La mayoría de los refugiados de su comunidad ya han pedido asilo.

De todos modos, subsistir mientras esperan la primera cosecha no ha sido fácil. En Costa Rica, la comida, el alquiler y el transporte cuestan entre el doble y el triple que en Nicaragua. Se saltean comidas. El alojamiento sigue siendo precario. Lo mismo que el acceso a atención médica.

«Hay miles de nicaragüenses en diferentes partes de Costa Rica que no tienen ni dónde acampar», dijo Ramírez. «Se decidieron pues hemos hecho este impulso para buscar mecanismos de que la gente pueda tener siquiera dónde dormir y dónde trabajar»

Ha tratado de establecer más asentamientos para refugiados, incluidos uno para artistas y una granja lechera que produce queso al estilo nicaragüense.

En febrero, Kelly Clements, funcionaria de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, visitó la comunidad campesina de Ramírez. El organismo aportó semillas y herramientas a los refugiados para que plantasen 20 hectáreas de frijoles.

«Estas no son donaciones humanitarias», dijo Clements. «Se trata de suministrar las herramientas y las instalaciones para que la gente pueda cultivar, mantener a sus familias, reconstruir sus vidas».

Patria. Una bandera nacional nicaragüense cuelga de un poste mientras los niños juegan dentro de su refugio en la comunidad de refugiados, en Upala, Costa Rica.

Lograr la autosuficiencia, por otro lado, aliviaría la carga de las comunidades que reciben a los refugiados, señaló. Eso es importante en un país con una tasa de desempleo por encima del 12% y una oposición que presiona al gobierno para que les cierre las puertas a los refugiados.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados lanzó un programa piloto en coordinación con el sistema de bienestar social de Costa Rica que permitirá a 6,000 personas que piden asilo recibir la misma atención médica que los costarricenses.

Una tarde reciente, Francisco Urbina Hernández estaba instalando un toldo para él y su hijo de 15 años. Había sido liberado hacía poco tras cumplir 15 meses de su condena a cinco años de prisión por participar en protestas antigubernamentales.

A los pocos días de ser excarcelado escuchó rumores de que planeaban matarlo, de modo que partió hacia Costa Rica.

Julio César González, de 55 años, se vino con sus dos hijos para pedir asilo en Costa Rica. Su oposición a Ortega se remonta a los días en que apoyó a los «contras» que trataban de voltear al gobierno sandinista en la década de 1980. Todavía habla en tono reverente de Ronald Reagan, el presidente estadounidense que respaldó a los contras.

González participó junto con Ramírez en las protestas en torno al canal y también apoyó a los estudiantes en el 2018. Si bien la tierra no es suya, dice que poder cultivar en Costa Rica lo ha ayudado mucho. Su hijo mayor ya está estudiante agronomía orgánica en una universidad costarricense.

«No venimos a ser una carga para el gobierno», afirmó.

González y otros dicen que regresarían a Nicaragua mañana mismo si la situación lo permitiese. Los alimentos que cultivan no son solo para satisfacer sus necesidades. Planean guardar una parte para poder subsistir mientras esperan la primera cosecha cuando regresen a su país.

Mientras tanto, González trata de aprovechar la capacitación que ofrecen a los refugiados, que podría serle útil para volver a Nicaragua.

«Lo importante son los conocimientos que estamos incorporando», manifestó. «Significa que a Nicaragua vamos a llegar diferentes».

El miedo avanza más rápido que el coronavirus

Fotografía de AP

Tal vez escuchó por ahí que el miedo al coronavirus se esparce más rápidamente que el propio virus.

De boca de funcionarios que tratan de calmar a la gente al ver que cunde el pánico. De su esposa. De sabelotodos que hablan de las distintas formas en que uno puede morir: por el cigarrillo, en accidentes de autos, por una gripe.

Nada de esto parece importar.

A medida que aumentan los casos -ya hay más de 76,000- el miedo avanza con la fuerza de un tsunami. Y no solo en los alrededores de la ciudad china de Wuhan, epicentro del brote.

Los trenes subterráneos de Tokio y Seúl parecen pasillos de hospitales, en los que personas con mascarillas miran mal a cualquiera que tosa o estornude. El propietario de un restaurante de un barrio chino sudcoreano dice que la clientela bajó en un 90%.

A esta altura uno tiene más probabilidades de ganar la lotería que de conseguir una mascarilla en partes de Asia. Se están cancelando conferencias y otros eventos en todos lados, desde Beijing hasta Barcelona y Boston. Hay peleas en Japón, desmanes en Ucrania. Rumores de que se puede usar papel higiénico y servilletas para armar mascarillas hicieron que se agotasen esos productos en Asia oriental.

«El miedo es una emoción muy fuerte y el temor al coronavirus hace que la gente haga cosas irracionales», dijo Bernie Huang, de 31 años, maestro de una escuela de Taipéi, Taiwán.

En realidad, a lo largo de la historia el pánico ha ido siempre de la mano de las pandemias. La plaga que devastó Atenas en el siglo 5 antes de Cristo. La Muerte Negra que erradicó buena parte de la población de Europa en el siglo 14. Y, más recientemente, los brotes de AIDS, ébola, SARS, MERS, gripe aviar e influenza porcina.

Científicos, expertos en estadísticas y todo aquél alejado de las zonas afectadas pueden burlarse de estos temores, pero el miedo, que se propaga de boca a boca y a través de la internet, es real.

«El miedo puede causar más daño que el virus», dijo el primer ministro de Singapur Lee Hsien Loong en respuesta a la compra desenfrenada de papel higiénico, comida enlatada y fideos instantáneos que hubo después de que el gobierno subió el nivel de alarma por el nuevo virus.

Ese temor se siente más que nada en los sitios donde se junta mucha gente: iglesias, centros comerciales y escuelas.

En las Filipinas, casi la mitad de los bancos de muchas iglesias estaban vacíos en las misas dominicales más recientes. En una iglesia protestante de Seúl se dispuso ofrecer servicios por la internet cuando se supo que se le había detectado el virus a una persona que había ido a una misa antes de saber que estaba infectada.

La enorme tienda por departamentos Lotte de Seúl cerró por varios días para ser desinfectada luego de que se supo que allí había estado un turista chino al que se le detectó el virus. Se calcula que perdió unos 16.9 millones de dólares en ingresos.

El temor, y un sentido del humor macabro, pueden explicar ciertos comportamientos extraños. Hay imágenes de personas que usan cáscaras de naranja como máscaras y de niños en cochecitos envueltos en lo que parecen ser bolsas de tintorerías.

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Una importante feria de telefonía móvil fue cancelada en Barcelona. Sony, fabricante del PlayStation, se retiró de una conferencia de videojuegos en Boston por temor al virus. Los organizadores dijeron que la conferencia se hará como estaba programada y que se tomarán medidas especiales de limpieza.

En Namdaemun, el mercado tradicional más grande de Seúl, las ventas bajaron enormemente al informarse que una persona contagiada con el virus había estado allí el mes pasado.

El ministerio de educación de Corea del Sur recomendó a las universidades que posterguen el inicio del semestre en marzo por temor a que estudiantes chinos puedan traer el virus.

El presidente sudcoreano Moon Jae-in expresó su preocupación de que un «temor exagerado» perjudique la economía al suspender el consumo y las actividades de distracción.

También reina la incertidumbre en torno a los esperados Juegos Olímpicos del 2020 en Tokio, a pesar de que los organizadores aseguran que todo se hará como está programado.

«Noto que el temor se esparce más rápido que el virus. Es importante atenuar el miedo», sostuvo Craig Spence, vocero del Comité Internacional Paralímpico.

En Japón, el miedo y el virus forman un potente cóctail en un crucero anclado en el puerto de Yokohama, donde miles de pasajeros y tripulación permanecen en cuarentena por dos semanas en vista de que cientos de personas a bordo contrajeron el virus.

Un pasajero en cuarentena colgó un cartel que dice: «No hay información. Muy tensos. Muchos rumores malos».

La internet facilita la propagación de esos rumores.

Cuando se supo que un periodista que informa desde la casa de gobierno de Japón había estado en contacto con un chofer que portaba el virus, una edición digital del Weekly Post afirmó: «El coronavirus estremece la oficina del primer ministro».

Protección. Después de varias muertes y contagios, el personal médico mejoró el sistema de protección como trajes especiales y ambulancias exclusivas.

El temor, y un sentido del humor macabro, pueden explicar ciertos comportamientos extraños. Hay imágenes de personas que usan cáscaras de naranja como máscaras y de niños en cochecitos envueltos en lo que parecen ser bolsas de tintorerías.

En Taiwán el temor hizo que la gente comprase papel higiénico y servilletas, tras circular el rumor de que podían ser usados para fabricar mascarillas que contienen el virus, según Yang Bo-ken, subdirector de la Oficina de Desarrollo Industrial del gobierno.

En Kobe, Japón, fueron robadas 6,000 mascarillas de un hospital.

Varios cientos de personas que temían haber sido infectadas en Ucrania protagonizaron enfrentamientos con la policía porque bloquearon una carretera que llevaba a un edificio donde había más de 70 personas evacuadas de China que debían permanecer allí en cuarentena.

Dos pasajeros en un tren subterráneo de Fukuoka, Japón, discutieron luego de que un individuo que no tenía mascarilla empezó a toser. Un hombre que estaba allí activó la alarma para emergencias, según la agencia noticiosa Kyodo.

Las autoridades municipales dijeron que recomendarán un código de conducta y el uso de mascarillas.

En Hong Kong, donde la gente tiene que hacer colas para comprar cosas básicas, tres personas con puñales robaron un cargamento de papel higiénico de un camión que hacía entregas de ese producto a un supermercado.

Los gobiernos no siempre saben cómo manejar las cosas.

A ocho ciudadanos de Samoa se les impidió el ingreso a su país y fueron enviados de vuelta a Fiji porque dijeron que habían estado en Singapur, que el gobierno considera una nación de «alto riesgo», de acuerdo con el Samoa Observer.

Jóvenes con DACA se movilizan, pese a que no pueden votar

Tony Valdovinos dirigiéndose a su audiencia
Sobre el escenario. Tony Valdovinos, activista, dirige su mensaje al público antes de que inicie el musical Americano.

T​​​​​​​ony Valdovinos no sabía que estaba en el país ilegalmente hasta que quiso incorporarse a la infantería de marina a los 18 años y se enteró de que había nacido en México.

Valdovinos, quien tiene hoy 29 años, hizo a un lado su malestar y se dedicó a militar en la política, golpeando puertas en barrios hispanos y registrando gente para que vote, por más que él no lo pueda hacer. También se acogió al programa instituido por el gobierno de Barack Obama que ofrecía protección a los jóvenes como él, amparándolos de la deportación y permitiéndoles trabajar. Hoy dirige una firma que apoya a candidatos a cargos públicos de Arizona.

«Este es el mejor país del mundo», dijo Valdovinos. «Siento la responsabilidad de servirle a esta nación».

Los jóvenes que se acogieron al programa conocido como Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, según sus siglas en inglés) desempeñan papeles prominentes en las campañas presidenciales de Bernie Sanders y Tom Steyer, así como en iniciativas que buscan movilizar a la gente en comunidades de inmigrantes, usando el idioma y una cultura común para generar confianza.

Jeanne Batalova, analista del Instituto de Políticas Migratorias de Washington, dijo que la participación en la política ayuda sentirse mejor a los jóvenes con DACA que enfrentan un futuro incierto.

«Hacen lo que pueden para hacer valer su voluntad, para dar forma a sus vidas y sus destinos», comentó Batalova.

Las campañas entran en calor en momentos en que la Corte Suprema se prepara para decidir el futuro del programa, que acoge a 652.880 personas y al que Donald Trump quiere poner fin. Igual que muchos de estos jóvenes, Valdovinos se considera estadounidense y quiere que todos sus pares se involucren en una elección que pueden definir su futuro más que ninguna otra.

Persona dando declaraciones
Sede. Los beneficiarios del DACA rara vez conservan un lazo fuerte con su país de origen. Están más afincados en EUA, en donde buscan continuar.

«El estado actual de DACA es muy precario», manifestó el representante demócrata de Arizona Rubén Gallego. «Hay que tener cuidado con esta administración y esta Corte Suprema, que son capaces de disponer deportaciones masivas de seres humanos que no conocen otro país que no sea Estados Unidos».

Gallego apoya desde hace tiempo a los jóvenes que se acogieron al DACA e incluso invitó a una, la maestra de segundo grado Vanessa Méndez, para que estuviese en la lectura del informe de Trump sobre el Estado de la Unión. Hace poco asistió a una función de «Americano!», un musical inspirado en la vida de Valdovinos.

«No debemos ceder al miedo», afirmó Valdovinos en alusión al fallo de la Corte Suprema. «Tenemos que pelear por el derecho a vivir nuestras vidas».

José Antonio Vargas, periodista y activista a favor de los inmigrantes de Berkeley, California, que causó revuelo al revelar que había sido traído ilegalmente de las Filipinas en un artículo del New York Times Magazine en el 2011, dijo que se identifica con los jóvenes con DACA a pesar de que él ya no tenía edad para acogerse a ese programa. Vargas tiene hoy 39 años y descubrió que estaba en el país ilegalmente a los 16, cuando quiso sacar una licencia de conducir.

Agregó que todos los inmigrantes como Valdovinos deben sentirse estadounidenses.

«Es parte de la maduración de esta generación, la sofisticación de cómo contamos nuestras historias», dijo Vargas. «Mucha gente con DACA figura entre los estadounidenses más comprometidos cívicamente que uno pueda encontrar».

Una de ellas es Belén Sisa, argentina de 25 años, subsecretaria de prensa de Sanders en Washington.

Los opositores al DACA dicen que el programa premia a familias que violaron las leyes. El representante republicano Paul Gosar pidió sin éxito la deportación de los jóvenes con DACA que fueron invitados por legisladores al discurso de Trump sobre el Estado de la Unión en el 2018.

Hay antecedentes de militancia política de personas que no votan en Estados Unidos, incluidos el de las mujeres que pelearon por el derecho a votar a principios del siglo 20 y el de los afroamericanos que derribaron muchas de las barreras que los postergaban.

La mayoría conservadora de la Corte Suprema indicó que es probable que elimine las protecciones del DACA para junio. Los miembros liberales de la Corte han dicho que el gobierno no justificó plenamente su decisión de suspender el DACA.

Si la Corte elimina esas protecciones, el Congreso tendría que intervenir para dar mayor sustento legal al programa. Sin embargo, las dificultades del Congreso para aprobar una reforma integral a las leyes de inmigración fueron lo que impulsó a Obama a crear el DACA en el 2012. El programa cobija a los jóvenes que estudian, terminaron la secundaria o sirvieron en las fuerzas armadas, dejando en suspenso por dos años sus deportaciones si no cometen delitos graves. Esa protección era renovable.

Trump dijo en un tuit de noviembre que si DACA era eliminado, se buscaría la forma de permitir que estos jóvenes permanezcan en el país, aunque agregó que algunos de los beneficiarios son «delincuentes bravos, reincidentes».

El director interino del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas Matthew Albence confirmó el mes pasado que esa agencia estaba reabriendo casos archivados de personas que pidieron acogerse al DACA «y poniéndolos en la lista de cosas pendientes para que puedan ser procesados por los tribunales de inmigración».

«Si la Corte Suprema determina que esta gente no tiene derecho a estar aquí, tendremos que hacer cumplir las órdenes de deportación que habían sido emitidas por un juez o someter a los individuos a un proceso legal para que un juez decida qué se hace» con ellos, dijo Albence.

Edder Díaz-Martínez, de 29 años, oriundo de la Ciudad de México que se acogió al DACA, es director de comunicaciones del Partido Demócrata en el condado de Maricopa, en Phoenix. Dijo que el programa es un remiendo temporal y que estos jóvenes necesitan una solución permanente.

Karen Martínez, directora de la página digital de Steyer en Nevada, está renovando su DACA a un costo de 500 dólares, sin saber si el programa seguirá vigente a fin de año. Hoy tiene 30 años y vino de Hidalgo, México, cuando tenía 10.

Tres personas sonriendo abrazándose
Arraigo. De origen mexicano, Valdovinos migró siendo un niño a Estados Unidos. Su vida está ahí, su arraigo, por esta razón participa activamente en la política.

Sostuvo que incluso si el programa es eliminado, «seguiré sintiéndome estadounidense».

Valdovinos dijo que trata de no pensar en lo que pueda pasar, señalando que vivió sin protecciones muchos años en Arizona, en la época en la que el sheriff Joe Arpaio realizaba redadas en busca de inmigrantes sin papeles en la zona de Phoenix y una legislación estatal permitió que la policía entregase al servicio de inmigración a los sospechosos de estar en el país ilegalmente.

Por esos días Valdovinos integró el Team Awsome, que incluía mayormente a personas con DACA, quienes golpeaban puertas en el distrito mayormente hispano de Maryvale para promover el voto a favor del chicano Daniel Hernández, aspirante a una banca en el concejo municipal de Phoenix en el 2011.

«La tarea política más dura es recorrer nuestras comunidades, hacer que se registren para votar, hacer que vayan a las urnas», manifestó. «Los formularios para votar por correo llegan junto con las cuentas y quedan por años en una pila de papeles».

Posteriormente Valdovinos creó la empresa La Machine Consulting Firm para ayudar a candidatos como Gallego, el concejal de Phoenix Carlos García y la alcaldesa Kate Gallego.

Una compañera de Team Awesome, Viridiana Hernández, que terminó regularizando su status al casarse con un estadounidense, dijo que la protección de DACA la ayudó a derrumbar barreras en los barrios.

«Podía hablar con la mujer de la casa en español y le decía, ‘mire, yo soy como usted, no tengo papeles’», relató Hernández. Acto seguido trataba de convencerla de la importancia de que todo familiar que es ciudadano se registre para votar.

Valdovinos no pudo integrar la infantería de marina, pero dice que espera poder sacar la ciudadanía.

«Sería hermoso poder votar después de haber golpeado tantas puertas», expresó.

El caos reina en las cortes de inmigración en EUA

Fotografía de AP
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En una sala cerrada del tribunal, dentro de un complejo rodeado por alambre de espino, el juez de inmigración Jerome Rothschild espera, y deja pasar el tiempo.

El intérprete de español llega tarde porque ha pinchado una rueda. Rothschild dice a los cinco inmigrantes que tiene delante que se tomará un descanso antes de que comiencen las sesiones. Confía en demorar el proceso lo suficiente como para que esas personas no tengan que quedarse sentadas sin comprender lo que ocurre mientras se decide su futuro.

«Estamos, lo que no es inusual, sin intérprete», dice Rothschild a un abogado que entra en la sala del Centro de Detención Stewart tras manejar desde Atlanta, a 225 kilómetros (140 millas) de distancia.

En su desorden, este es un día típico en el caótico, sobrepasado y confuso sistema judicial de inmigración de Estados Unidos, del que la sala de Rothschild es solo un pequeño rincón.

Envueltas en secretismo, las cortes migratorias que gestiona el Departamento de Justicia de Estados Unidos son disfuncionales desde hace años, y solo han empeorado. Un repunte en la llegada de solicitantes de asilo y la campaña del gobierno de Donald Trump sobre la frontera suroeste y la inmigración ilegal han dejado más gente en proceso de deportación, disparando a un millón el número de casos acumulados.

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Sin resolver. Los casos migratorios que llegan a la vista judicial llevan casi dos años en proceso. Muchos inmigrantes llevan esperando mucho más.

«Es un sistema enorme, engorroso, y sin embargo un gobierno tras otro llega e intenta utilizar el sistema para sus propios objetivos», dijo la juez de inmigración Amiena Khan en la ciudad de Nueva York, hablando como vicepresidenta de la Asociación Nacional de Jueces de Inmigración.

«Y cada vez, el sistema no cambia ni un ápice, porque no se puede hacer virar el Titanic», añadió.

The Associated Press visitó cortes de inmigración en 11 ciudades diferentes más de dos docenas de veces durante un periodo de 10 días a finales del otoño. En tribunales de Boston a San Diego, los reporteros asistieron a docenas de vistas que mostraban cómo una carga de trabajo abrumadora y los cambios de normativa han sumido los tribunales en una situación sin precedentes.

Por ejemplo, algunos jueces intentan hacer el ritmo de trabajo más eficiente programando el doble o el triple de citas. Como no es posible completarlas, se producen muchas cancelaciones. Los inmigrantes reciben nuevas citas, con años de diferencia.

Hay niños pequeños por todas partes, sentados en el suelo, de pie o llorando en salas judiciales abarrotadas. Muchos inmigrantes no saben cómo rellenar los formularios, conseguir traducciones de sus documentos o presentar su casa.

Hay niños pequeños por todas partes, sentados en el suelo, de pie o llorando en salas judiciales abarrotadas. Muchos inmigrantes no saben cómo rellenar los formularios, conseguir traducciones de sus documentos o presentar su casa.

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Los cambios frecuentes en la ley y las normas sobre cómo gestionan los jueces sus salas hacen imposible saber lo que deparará el futuro cuando los inmigrantes consigan su día ante el tribunal. A menudo, los documentos se pierden. Con frecuencia, no hay intérpretes.

En Georgia, el intérprete asignado a la sala de Rothschild termina llegando, pero la vista se interrumpe poco después cuando no se localiza a la abogada de un hombre mexicano, que debía intervenir por teléfono. Dejan a Rothschild en espera, y la animada música de espera suena en la sala.

El juez pasa a otros casos -un solicitante de asilo peruano, un cubano que pide una fianza- y aplaza el caso de la abogada desaparecida a la sesión de la tarde.

Para entonces la abogada sí responde, y se disculpa entre toses por no estar disponible antes, explicando que está enferma.

Ahora el intérprete está en otra sala, lo que deja a Rothschild en lo que el juez describe como la «incómoda posición» de juzgar el caso de alguien que no entiende lo que ocurre.

«Odio que un hombre salga de una vista sin tener ni idea de lo que ha pasado», dice, y pide a la abogada que resuma el resultado del proceso a su cliente en español.

Tras algo de discusión, la abogada accede a retirar la petición de fianza y volver a presentarla cuando pueda demostrar que el hombre lleva más tiempo en el país de lo que cree el gobierno, lo que podría aumentar sus opciones.

Por ahora, el hombre vuelve a detención.

En un edificio federal en el centro de Manhattan, la lista de citas ante los tribunales de inmigración abarca dos páginas. Una multitud espera en los pasillos a su turno para ver un juez, hablando en susurros entre ellos y con sus abogados, pegándose a la pared para dejar pasar a la gente.

Los guardias de seguridad pasan y les ordenan quedarse a un lado y dejar despejados los pasillos.

Los jueces de inmigración instruyen 30, 50 o cerca de 90 casos al día. Cuando asignan fechas futuras, se pide a los inmigrantes que vuelvan en febrero o marzo… de 2023.

La mayor acumulación de casos del país está en la Ciudad de Nueva York, donde se reparte en tres edificios diferentes. Uno de cada 10 casos judiciales de inmigración se dirime allí, según el directorio de información sobre administraciones públicas (TRAC, por sus siglas en inglés) que mantiene la Universidad de Siracusa.

De media, los casos migratorios que llegan a la vista judicial llevan casi dos años en proceso. Muchos inmigrantes llevan esperando mucho más, especialmente los que no están en centros de detención.

Como hay tantos casos, a menudo hay citas dobles y triples, lo que puede convertir la cita en un arriesgado juego de sillas musicales donde ser el que se queda sin sitio puede tener graves consecuencias.

Rubelio Sagastume-Cardona lleva dos años esperando a que un juez de Nueva York determine si debe recibir una «green card», una tarjeta de residencia permanente.

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Saturación. En muchos tribunales se repiten estas escenas, donde inmigrantes y abogados luchan por los espacios en agendas sobrecargadas.

El guatemalteco tenía una cita en mayo, pero se vio demorado para dejar hueco a otro caso. Esta vez compite por el espacio en la agenda de la juez Khan con el caso de otra persona, a pesar de que Sagastume-Cardona solo consiguió esta cita porque su abogado le cambió el hueco con otro cliente. Ahora debe esperar a 2023 para tener una vista.

«Está siendo más difícil conseguir una vista para el caso de mi cliente que litigarlo», dice su abogado, W. Paul Alvarez. «Es una locura».

Las largas esperas son agónicas para muchos inmigrantes y sus familias, angustiadas con la incertidumbre de qué -y cuándo- les ocurrirá a sus seres queridos.

Este problema no se limita a Nueva York. En muchos tribunales se repiten estas escenas, donde inmigrantes y abogados luchan por los espacios en agendas sobrecargadas.

Los tribunales de San Francisco y Los Ángeles tienen más de 60.000 casos cada uno. De Arlington, Virginia, a Omaha, Nebraska, hay casos que llevan pendientes una media de dos años, según TRAC.

En Boston, Audencio López, de 39 años, pidió asilo hace siete años. En 1997, cuando era adolescente, se marchó de su pueblo campesino en Guatemala para cruzar la frontera de manera ilegal y pronto encontró empleo en una firma de jardinería donde aún trabaja, manteniendo los jardines de escuelas de la zona. Pero no fue hasta el pasado noviembre cuando entró en la imponente corte de Boston para conocer qué sería de él.

Le acompañan su esposa y sus tres hijos, incluida una beba que mordisquea cereales sentada en el regazo de su madre hasta que llega la cita.

López le habla al juez de su devoción cristiana y sus estudios de la Biblia, de que sus hijos estudian en una escuela concertada y sueñan con ir a la universidad, de su miedo a tener que llevar a sus hijos a un lugar peligroso en el que nunca han estado.

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Tribunales. Los jueces de inmigración instruyen 30, 50 o cerca de 90 casos al día. Cuando asignan fechas futuras, se pide a los inmigrantes que vuelvan en febrero o marzo de 2023.

Él confía en poder quedarse en el país amparándose en una cláusula para inmigrantes que llevan más de una década en el país y tienen hijos estadounidenses que sufrirían si ellos no están.

Tras una hora de interrogatorios, el juez Lincoln Jalelian dice a López que el caso pasará a deliberaciones. La abogada del gobierno dice que no se opondrá a conceder una visa a López dado su historial «ejemplar» y sus servicios a la comunidad, lo que implica que probablemente podrá quedarse.

Pero mientras sueña con un futuro para su familia en Estados Unidos, López admite que la esperanza y la alegría se ven ensombrecidas por la incertidumbre, porque la situación de su esposa aún no está resuelta. Ella pidió asilo hace cinco años y aún no ha tenido su vista de inmigración.

«Es un buen primer paso», dice López una semana después. Da gracias a Dios, pero añade «esperemos que pueda mostrarnos otro milagro».

Puerto Rico sin plan de acción ante terremotos

Destrucción. Un hombre observa los daños causados por el terremoto este martes en una casa en Puerto Rico.

H​​​​​​​ace más de dos años, el huracán María reveló que Puerto Rico no estaba en absoluto preparada para un poderoso huracán, pese a encontrarse en una de las regiones más vulnerables del mundo a las tormentas.

Ahora, una serie de sismos que incluyó un terremoto de magnitud 6.4 que mató a una persona y dañó cientos de edificios ha hecho que muchos vuelvan a acusar al gobierno de falta de preparación.

«Quedó demostrado que Puerto Rico no está preparado para un movimiento sísmico», dijo Nazario Lugo, presidente de la Asociación de Gestores de Emergencias de la isla. «El gobierno tiene que ser proactivo, y vimos que no fue de esa manera hasta que tenían el agua al cuello».

Lugo, exdirector de gestión de emergencias de Puerto Rico, dijo a que el gobierno no activó su centro de mando de emergencia hasta al día siguiente del sismo más grande, incumpliendo el protocolo.

Esto provocó comparaciones con la gestión del huracán María en 2017, que devastó la isla y mató a miles de personas. Los críticos señalaron que para cuando llegó la tormenta, las autoridades locales y federales contaban con suministros limitados en una isla con infraestructura mal mantenida, lo que provocó demoras en la respuesta debido a una falta de comunicación y organización.

Una serie de pequeños sismos empezó a golpear a Puerto Rico el 28 de diciembre. El 6 de enero, día de los Reyes Magos, un importante feriado en la isla, un temblor de magnitud 5.8 rompió una conocida formación rocosa en la costa.

«El primer día, cuando se estaban repartiendo juguetes, se debió haber tomado una determinación de comenzar un proceso de activación gubernamental», señaló.

Eso no ocurrió hasta el terremoto de magnitud 6.4 que golpeó el martes antes del amanecer. El sismo dejó sin electricidad a todo el territorio, derribó casas y escuelas y agrietó puentes. Muchos residentes en la costa sur se quedaron sin agua corriente y más de 4,000 personas buscaron cobijo en refugios del gobierno.

Tareas. La fachada de un edificio quedó dañada tras el sismo de 6.4. El suroeste de Puerto Rico continúa inmerso en tareas de ayuda a un número creciente de refugiados.

Aunque muchos puertorriqueños se sorprendieron, los científicos no. Era el caso de Christa von Hillebrandt, exdirectora de la Red Sísmica de la isla y gestora del programa de alerta de tsunami de la Administración Atmosférica y Oceánica Nacional.

«Por décadas, científicos y personas como yo hemos estado informando y alertando a la comunidad y al gobierno de Puerto Rico de la amenaza física», señaló. «Sobre los pasados 30 años definitivamente se elevó la conciencia sísmica en Puerto Rico, pero faltó mucha acción (…) Uno veía mejoras, pero algunas áreas críticas no recibieron suficiente atención».

Apenas unos días después del desastre natural, el director de gestión de emergencias, Carlos Acevedo, admitió a la prensa que el gobierno aún no había completado un protocolo de actuación en caso de terremoto en la isla.

Juan Alicea, presidente de la Sociedad puertorriqueña de Ingenieros Profesionales, dijo que no recibió un borrador del plan hasta el 5 de enero.

«Yo lo veo como una falta», dijo. «Tenemos que todos asumir nuestras responsabilidades».

Acevedo no respondió a mensajes pidiendo comentarios, y ha insistido en que Puerto Rico está preparada en caso de que se produzca otro temblor importante.

Von Hillebrandt se mostró de acuerdo en parte con esa afirmación, señalando que para 2003, las autoridades locales habían identificado las zonas de riesgo en caso de tsunami y en 2015 se completaron los mapas de evacuación. En 2016 se certificó que todas las poblaciones costeras estaban preparadas para un tsunami.

En octubre de 1918, un terremoto de magnitud 7.3 golpeó la costa noroeste de Puerto Rico, desencadenando un tsunami y matando a 116 personas.

Pese a las reservas sobre los preparativos de Puerto Rico, las autoridades federales han elogiado la respuesta del gobierno local.

“Por décadas, científicos y personas como yo hemos estado informando y alertando a la comunidad y al gobierno de Puerto Rico de la amenaza física”, señaló. “Sobre los pasados 30 años definitivamente se elevó la conciencia sísmica en Puerto Rico, pero faltó mucha acción. Uno veía mejoras, pero algunas áreas críticas no recibieron suficiente atención”.

Jeff Byard, de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA, por sus siglas en inglés), dijo estar extremadamente satisfecho con la operación tras los sismos.

«No puedo elogiar lo suficiente a la mancomunidad por la actitud proactiva con la que han proporcionado los recursos iniciales, el apoyo inicial», dijo.

Desde el 28 de diciembre se han registrado más de 1,280 sismos en el sur de Puerto Rico, más de dos docenas de ellos de magnitud 4.5 o más, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Dada esa actividad, Alicea dijo que es muy preocupante que unas 200,000 viviendas del territorio no cumplan las normas urbanísticas, como demostraron los daños de los últimos días.

«Si no se hace algo, nos va a costar mucho dinero y muchas vidas», dijo.

Otra preocupación es que unas 500 escuelas públicas de Puerto Rico se construyeron antes de 1987 y no cumplen con los nuevos planes urbanos, lo que pone en riesgo a los alumnos, señaló Alicea. El gobierno ha invertido dinero para actualizar muchas otras escuelas, pero las que quedan no están construidas para soportar terremotos.

El temblor de ese martes derribó varias escuelas y causó daños en una veintena de centros, obligando a las autoridades educativas a demorar el inicio de las clases en dos semanas y abrir solo las escuelas que pasen una inspección. El gobierno ha dicho que está identificando las escuelas más vulnerables y creando un plan para reforzarlas, un proceso que podría llevar meses y costar entre uno y cinco millones de dólares por centro.

Entre tanto, gente como Nancy Torres, de 58 años, prometieron no volver a su casa hasta que la tierra dejara de temblar.

Torres dormía con su marido en la parte delantera de un pequeño auto compacto de cuatro puertas, mientras que su hijo de 21 años dormía en la parte trasera. Su suegro construyó la casa en la que dormían cuando se produjo el terremoto, y ella no se fiaba de la estructura.

«Yo ni me podía levantar de la cama» el día del terremoto más grande, recordó. Si vuelve a la casa, señaló, es por periodos de tiempo muy cortos. «Uno ni se puede bañar bien».

Prioridad. Las autoridades puertorriqueñas tratan de que los miles de refugiados en el suroeste de la isla por los terremotos reciban la atención necesaria.

Minorías son más vulnerables a abusos sexuales de curas

Fotografía de AP
Fotografía de AP

Los Sample eran una familia de raza negra de Chicago con seis hijos y pocos recursos. El sacerdote los ayudaba con las matrículas, ropa y las cuentas. Les ofrecía la promesa de oportunidades, de una vida mejor.

También abusaba de los niños.

No se lo dijeron a nadie. Temían que no les creyesen y perder lo poco que tenían, según uno de los muchachos, Terrence Sample. Y nadie preguntó nada, hasta que un abogado que investigaba presuntos abusos del mismo cura lo hizo romper un silencio que mantuvo durante 33 años.

«Alguien tenía que hacer el esfuerzo», dijo Sample. «¿Por qué no fue la iglesia?».

Si bien se comprometió a castigar a los curas depredadores y apoyar a las víctimas de los abusos de sacerdotes, la iglesia ha hecho poco por identificar y asistir a las víctimas de abusos sexuales. Para los sobrevivientes «de color», como les dicen en Estados Unidos a las minorías, que a menudo enfrentan barreras sociales y culturales adicionales si denuncian los abusos, la falta de apoyo de parte de la iglesia implica una menor difusión de sus dramas y más oportunidades de que los abusos continúen, sin ser detectados.

De las 88 diócesis que respondieron a una consulta de la Associated Press, siete conocían la etnicidad de las víctimas. Si bien quedó claro que al menos tres tenían archivos de algún tipo, solo una dijo que decidió recopilar esa información como parte del proceso de denuncia. Los pueblos originarios, afroamericanos, hispanos, asiáticos, hawaianos y oriundos de las islas del Pacífico constituyen el 46% de los fieles en Estados Unidos, según el Centro de Investigaciones Aplicadas en el Apostolado, una fuente confiable de información sobre la religión católica. Pero la Iglesia Católica no hizo esfuerzo alguno por seguirle el paso a esas víctimas.

«La iglesia tiene que salir de las sombras y encontrar a las personas que fueron víctimas, especialmente la gente de color», expresó Sample. «Hay otras personas como yo y mi familia que no van a hacer la denuncia a menos que alguien los vaya a buscar».

Brian Clites, profesor de la Case Western Reserve University de Cleveland y especialista en el tema de los abusos sexuales de los curas, dijo que la iglesia tiende a reasignar a los sacerdotes depredadores y a enviarlos a comunidades pobres, de minorías, donde las víctimas tienen mucho más que perder si hacen la denuncia.

«Es menos probable que sepan dónde buscar ayuda o que tengan dinero para un abogado, y son más vulnerables a contragolpes» de la iglesia, que contrata investigadores para perjudicar a los sobrevivientes, afirmó Clites.

Alaska tiene las tasas de violencia sexual más altas del país y según Florence Kenney la iglesia católica es en parte responsable de que se perpetúen los abusos de los pueblos originarios allí.

Kenney, quien hoy tiene 85 años, dijo que fue víctima de abusos en la Holly Cross Mission de Holy Cross, Alaska. Kenney es indígena y describió la relación entre la iglesia católica y los pueblos originarios de Alaska como depredadora y simbiótica al mismo tiempo: La iglesia ofrecía comida, dinero y recursos para el pueblo, indicó Kenney, a cambo de trabajo y de su silencio.

Levi Monagle, abogado de Albuquerque cuya firme tiene casi 200 clientes, incluidos indígenas e hispanos, dijo que hay cuestiones culturales y logísticas que impiden contactar a los sobrevivientes que no han hecho denuncias. “No vas de puerta en puerta haciendo preguntas, incluso si hay un depredador en serie y un sobreviviente que dice que sabe que hay otros monaguillos que viajaban con este tipo”, declaró Monagle.

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«La iglesia necesitaba a esa gente y esa gente necesitaba a la iglesia», expresó. «Una familia podía sacrificar uno o dos hijos, hacer la vista gorda, para preservar su relación con la iglesia en beneficio de los demás».

No hay estimados confiables de cuántas personas sufrieron abusos de curas. Un informe especial encargado por la procuraduría general de Colorado que analiza los abusos en siete diócesis y que fue difundido en octubre determinó que «las víctimas de abuso sexual de menores y sobre todo las que fueron violadas por curas son menos proclives a denunciar los abusos que las víctimas de otros delitos».

En cuanto a los sobrevivientes pertenecientes a minorías, las diócesis rara vez recaban información demográfica.

La AP contactó a 178 diócesis para ver si recababa esa información. Pocas de las que respondieron sabían la raza o la etnicidad de los denunciantes. Algunas dijeron que el componente demográfico no era relevante, mientras que otras mencionaron cuestiones de privacidad.

Una diócesis de Alexandria (Luisiana) compartió su información sobre los sobrevivientes, incluidos los datos demográficos, aunque sin usar sus nombres. La diócesis empezó a recabar esa información en el 2015, cuando Lee Kneipp se hizo cargo de la coordinación de la asistencia a las víctimas. Kneipp dijo que conocer la raza y la etnicidad de las víctimas ayuda en las investigaciones y facilita un estudio más profundo de los archivos y la detección de más víctimas que no han hecho denuncias.

Al estudiar la denuncia de un afroamericano, Kneipp pudo dar con otras dos víctimas de abusos pertenecientes a minorías de la misma parroquia. El cura, indicó, abusaba solo de nichos de comunidades negras de bajos recursos.

Levi Monagle, abogado de Albuquerque cuya firme tiene casi 200 clientes, incluidos indígenas e hispanos, dijo que hay cuestiones culturales y logísticas que impiden contactar a los sobrevivientes que no han hecho denuncias. «No vas de puerta en puerta haciendo preguntas, incluso si hay un depredador en serie y un sobreviviente que dice que sabe que hay otros monaguillos que viajaban con este tipo», declaró Monagle.

Agregó que algunas comunidades están muy aisladas y no tienen acceso a la prensa.

Richard King, de 70 años, dice que fue víctima de abusos cuando era niño en la reserva de Assiniboine, en Fort Belknap, Montana. Contó que los tabúes y la vergüenza hicieron que guardase silencio. Y cayese en las drogas y el alcohol. Señaló que esa era la forma en que los miembros de la tribu lidiaban con los abusos, en lugar de denunciarlos.

La tribu de su madre era muy católica y él pensó que no le creerían si hacía una denuncia.

«Si un chico les dice a sus padres que un cura abusó de él, lo más probable es que le den una paliza. Me hubieran dado una en la casa y otra en la iglesia», sostuvo King. «Te dicen, ‘¡cállate, esas cosas no pasan!».

Empezó a hablar de su abuso ante pequeños grupos a los que aconsejaba. Pero pasaron 50 años antes de que contactase con un abogado, Andrew Chasan. Estaba listo para contar lo que le había pasado y para hablar con la prensa.

Víctima. Terrence Sample, ahora de 58, era un estudiante de secundaria cuando fue abusado por un sacerdote.

Cuando la Sociedad de Jesús, Provincia de Oregon, enfrentó numerosas denuncias de abusos de curas, se declaró en bancarrota. King hizo una denuncia y recibió una compensación. En un comunicado enviado a la AP la organización religiosa dijo que el cura que abusó de King no era un jesuita.

Phillip Aaron, abogado de Seattle que representa a la familia Sample, dijo que tiene cientos de clientes afroamericanos que dicen haber sido víctimas de abusos por parte de curas, quienes guardaron silencio por temor al ridículo o a cosas peores.

«Era un gran estigma», explicó Aaron. «Todavía hoy. Hay muchas víctimas negras que no han hecho denuncias, que sufren en silencio por el estigma».

Algunas víctimas, como Sample, guardaron silencio porque no querían que se suspendiese la ayuda que daban los curas abusadores, expresó Aaron.

Sample, quien hoy tiene 58 años, asistía a la Escuela Católica San Procopio cuando un cura le puso el ojo. Lo preparó, aislándolo y abusando de él por varios años, relató.

«Me decía a mí mismo que tenía que guardar el secreto», manifestó Sample. «Teníamos que comer, tenía que seguir en la escuela y esto sería fatal para mi madre si se enteraba».

El secreto de Jacob Oliva respondía a otras razones. Se crió en California, hijo de inmigrantes mexicanos, y su padre era la personalización del machismo: Fuerte, callado, estoico. Oliva fue violado por un cura a los seis años y cuando su padre se enteró, le dijo que no dijese nada. No se volvió a tocar el tema, comentó. No recibió terapia ni tuvo la oportunidad de procesar lo que le había pasado.

«Tenía que quedarme callado, olvidarme de todo», dijo Oliva.

«Así funciona la comunidad hispana. Sienten reverencia por la iglesia. No se cuestiona nada. Se respeta a la iglesia y se respeta al padre», declaró. «Creo que fue algo que hizo que mi padre se sintiera orgulloso: El cura se interesa en mi hijo».

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Everglades: Una batalla contra el reloj… y el clima

Everglades

Aferrándose a una mata para conservar el equilibrio, Tiffany Troxler avanza cuidadosamente por un entablado improvisado al adentrarse en el pantano. El tablón se hunde y ella queda con agua color té hasta las rodillas.

«Esta es la parte más traicionera», comenta la investigadora de la Universidad Internacional de la Florida. «El nivel del agua es alto».

Este terreno de tono marrón y manglares del Parque Nacional Everglades puede parecer saludable, pero Troxler sabe bien lo que hay debajo de la superficie oscura. Señala hacia un sector de césped: debajo de la línea del agua, las raíces están expuestas. Esto revela que la gruesa capa de turba (combustible fósil formado por residuos vegetales acumulados en sitios pantanosos) que sustenta este ecosistema está desapareciendo. Y las investigaciones hacen pensar que la responsable de esto es el agua marina que se ha adentrado en la zona.

«Puedes ver a estas tierras como tu cuenta bancaria», dice Troxler, directora adjunta del Centro para Soluciones del Nivel del Mar de la Universidad Internacional de la Florida. «En las condiciones actuales de este pantano, las perspectivas no son buenas».

Formados hace unos 5,000 años, durante un período de subida del nivel de los mares, los Everglades eran mucho más grandes.

«El milagro de la luz se derrama sobre la extensión verde y marrón de la hierba y de agua, que brilla y se mueve lentamente, la hierba y el agua que son la esencia de Los Everglades«, escribió en 1947 la periodista y activista Marjory Stoneman Douglas. «Es un río de hierbas».

En el último siglo, no obstante, se perdió la mitad del sistema original, por los cultivos o la pavimentación, para nunca volver. Los 8 millones de habitantes del sur de la Florida se lo apropiaron para vivir, trabajar y divertirse allí.

La zona está hoy llena de canales y diques que reconfiguraron el paisaje y alteraron el hábitat de los animales, contaminado por los campos cultivados aguas arriba, transformado por especies invasores. Y ahora, el creciente nivel de las aguas -esta vez causado por el hombre- amenaza con arruinar lo que construyó la naturaleza a lo largo de miles de años.

Lo que sobrevive ya no es realmente un ecosistema natural, sino lo que queda de él, que depende -y está a merced- de una red de más de 3,360 kilómetros (2,100 millas) de canales, 3,200 kilómetros (2,000 millas) de diques y cientos de compuertas, estaciones de bombeo y otras estructuras para controlar el agua.

Lo que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército describe como un «sistema muy controlado», otros le dicen «Los Everglades de Disney«.

Dos décadas y 4,000 millones de dólares después de que se pusiese en marcha un Plan Integral de Restauración de los Everglades -un ambicioso proyecto a nivel estatal y nacional adoptado en el 2,000-, nuevos informes acerca del cambio climático plantean interrogantes acerca de qué porcentaje de los Everglades se puede salvar y lo que eso significa.

«Tiendo a pensar que se puede salvar todo», dice Fred Sklar, del Distrito de Manejo del Agua del Sur de la Florida que administra la infraestructura de los Everglades. «Restaurarlo es otra historia».

“Estamos empezando a ver que la vegetación responde. Hay más turba, más de esos cenagales de aguas abiertas”, dice Stephen Davis, ecólogo de la Fundación Everglades. “Confío mucho en que podemos restaurar el ecosistema. Por restauración quiero decir que podemos mejorar el funcionamiento de lo que queda”. “Pronto podremos ver si el trabajo de los últimos 20 años servirá de algo o no”, dice William Nuttle, consultor del Centro para la Ciencia del Medio Ambiente de la Universidad de Maryland, que empezó su carrera en los pantanos del sur de la Florida.

***

«Aquí no hay nobles picos que buscan el cielo, ni portentosos glaciares ni arroyos que erosionan la tierra», dijo el presidente Harry S. Truman en 1947 durante la inauguración del Parque Nacional de los Everglades. «Aquí hay tierra, tranquila en su serena belleza, que no sólo es una fuente de agua sino también la última receptora de ella. A su abundancia natural le debemos la espectacular vida animal y vegetal que distingue este sitio de todos los demás en nuestro país».

En el centro de todo esto estaba el Lago Okeechobee, el «corazón líquido» de los 1,890 kilómetros cuadrados (730 millas cuadradas) de los Everglades.

Hoy sabemos que los sistemas naturales como el de los Everglades ofrecen muchos beneficios: filtran el agua, permiten la reproducción de peces y otros animales silvestres, protegen de las tormentas y hasta absorben carbono. Pero para los habitantes de la Florida del siglo 19, el agua -y los mosquitos y reptiles que alberga- impedía el progreso.

Y cuando la Florida pasó a ser un estado en 1845, una de las primeras medidas de la Legislatura fue aprobar una resolución que pedía al Congreso que investigase esos pantanos «sin absolutamente ningún valor… con miras a su reciclaje».

A partir de la década de 1880, una serie de entidades empezaron a drenar el pantano. Cavaron canales al este y el oeste del Lago Okeechobee, que portaban agua llena de nutrientes que alteraron la salinidad de los estuarios costeros e hicieron proliferar algas tóxicas. Sembraron desde el aire una planta australiana que consume mucha agua llamada maleleuca. Los manzanares de la costa sur del lago fueron quemados.

El suelo de turba que se había acumulado por miles de años se secó y fue arrastrado por el viento. El resultado: en una estación de Investigaciones de la Universidad de la Florida de Belle Glade se hundió un medidor de cemento en el suelo orgánico hasta tocar la capa de piedra caliza y se comprobó que se había hundido más de unos 180 centímetros (seis pies) desde 1924.

No obstante eso, siguieron sin hacer nada.

En la década de 1960, el Cuerpo de Ingenieros empezó a enderezar el zigzagueante río Kissimmee, que se desborda fácilmente. Rodeado de pantanos tan exuberantes que se les dice «los Pequeños Everglades«, este río de más de 200 kilómetros (130 millas) de extensión fue lo que un experto en la vida silvestre describió como un «criadero de peces». Hacia 1971, los ingenieros habían enderezado el río, que dio paso a un canal con una extensión de 90 kilómetros (56 millas) y una profundidad de unos 9 metros (30 pies), burocráticamente bautizado C-38.

Pero fue un evento de 1928 el que más alteró los Everglades. Ese año, un huracán destruyó un dique en la costa sur del lago Okeechobee, causando una inundación que mató a 3,000 personas, la mayor parte de ellas campesinos negros, pobres. Se empezó a construir entonces la Represa Herbert Hoover, de 10 metros de altura y una extensión de 230 kilómetros (143 millas), que está casi terminada y que rodea el lago, aislándolo permanentemente del parque.

La principal misión del Cuerpo de Ingenieros era proteger a la gente, no el medio ambiente. Como dijo el narrador del documental de la década del 50 «Waters of Destiny» (Las aguas del destino), el Cuerpo se vio a sí mismo como victorioso en una guerra contra la naturaleza.

«El agua fluía desenfrenadamente. Agua que arruinó una tierra rica. Que mató personas y la tierra. Que causó desastres y la muerte de la tierra. Ahora, espera allí, tranquila, pacíficamente. Lista para acatar las órdenes del hombre y sus máquinas».

Daño. A partir de la década de 1880, una serie de entidades empezaron a drenar el pantano. Esto constituyó un daño de alta consideración, pero nadie hizo nada.

Los científicos estiman que más de 2,600 millones de litros de agua fresca bañaban anualmente lo que es hoy el Parque Nacional Everglades. En la actualidad, recibe 1,120 litros.

Muchos de los mismos canales, diques y bombas que ayudaron a drenar los Everglades están siendo usados para tratar de salvarlos. Junto a las plantaciones de caña de azúcar y de vegetales de invierno al sur del lago Okeechobee, grandes extensiones están siendo adaptadas para que puedan almacenar y limpiar agua a ser usada cuándo y dónde sea necesaria.

Tal vez el paso más importante que se ha dado hasta ahora es la recuperación del Camino de Tamiami, una carretera de este-oeste que sirvió como un dique en el corazón de los Everglades desde la década de 1920. A partir del 2013, trabajadores elevaron 5.28 kilómetros (3.3 millas) del camino, permitiendo que el agua fluya libremente hasta el Cenagal de Shark River, históricamente la parte más profunda de los Everglades.

«Estamos empezando a ver que la vegetación responde. Hay más turba, más de esos cenagales de aguas abiertas», dice Stephen Davis, ecólogo de la Fundación Everglades. «Confío mucho en que podemos restaurar el ecosistema. Por restauración quiero decir que podemos mejorar el funcionamiento de lo que queda». «Pronto podremos ver si el trabajo de los últimos 20 años servirá de algo o no», dice William Nuttle, consultor del Centro para la Ciencia del Medio Ambiente de la Universidad de Maryland, que empezó su carrera en los pantanos del sur de la Florida.

El tiempo, no obstante, no ayuda a los Everglades.

En la última década los científicos empezaron a notar una alarmante tendencia en los pantanos cerca del extremo sudoeste del parque, «cavernas» con agua llenas de vegetación muerta. El agua marina, dice Nuttle, estaba haciendo que amplias zonas de turba saludable «quedasen inutilizadas como sweaters de lana comidos por polillas».

La falta de agua fresca del norte y la intromisión de agua del mar han aumentado el nivel de salinidad de los pantanos, señalaron Troxler y otros, lo que parece estar afectando el crecimiento de las plantas.

Los científicos confían en que los manglares y otras plantas que toleran mejor la sal migren a tierra firme, hacia los llanos de turba, y creen una nueva barrera natural contra el cambio climático. Pero este cambio tal vez no llegue a tiempo. Cuando los autores del proyecto de restauración lanzaron su iniciativa en el 2000, pensaban que el mar subiría unos 18 centímetros (6 pulgadas) para el 2050. Pero el mar crece a un ritmo mucho más acelerado. Desde el 2000 ya creció 15 centímetros (5 pulgadas).

En su informe más reciente al Congreso, un equipo de la Academia Nacional de la Ciencia, la Ingeniería y la Medicina exhortó a hacer una amplia reevaluación del proyecto de restauración, advirtiendo que los trabajos actuales no avanzan a la velocidad del cambio climático y que podría tomar 65 años completar el proyecto con los niveles de financiación actuales.

«A este paso, es más imperativo todavía que las agencias se preparen para los Everglades del futuro», escribieron.

Invasores. Los Everglades se ha llenado de especies invasoras que alteran el equilibio, una de ellas es la serpiente pitón birmana, a la que en el estómago le han encontrado tanto roedores como pájaros.

El Parque Nacional de los Everglades cuenta con una impresionante variedad de vida silvestre.

Hay más de 360 especies de aves y se dice que es el único lugar de la tierra donde pueden convivir los caimanes de agua dulce y los cocodrilos de agua salada.

También hay numerosas especies no nativas que confunden a la naturaleza.

Una mañana de fines de octubre muy calurosa, el biólogo especializado en vida silvestre Ian Bartoszek, director de un programa de investigación y remoción de víboras de Conservancy of Southwest Florida, chapotea por un pantano con cipreses en las afueras de Naples.

En su mano derecha sostiene una antena con forma de H y escucha cómo aumenta la señal de un aparato en su otra mano. «A medida que el sonido se hace más fuerte, la víbora gigantesca está más cerca», expresó.

De todas las especies invasoras de los Everglades, la serpiente pitón birmana es la más conocida y probablemente la más arisca. Nadie sabe bien cómo fue que esta serpiente del sudeste asiático llegó a la Florida a fines de la década de 1970, aunque muchos creen que todo empezó con unos animales que eran mascotas y se escaparon. O fueron liberados. Se calcula que hay algunos cientos, si no miles, y se sabe que son voraces.

En el 2015, el equipo de Bartoszek capturó una hembra de 14 kilos (31.5 libras) que estaba digiriendo un cervatillo de 16 kilos (35 libras). Este grupo investigador y sus socios documentaron los restos de 23 especies de mamíferos y de 43 especies de aves en los estómagos de las pitones.

Los científicos sospechan que la pitón es la responsable de la desaparición de hasta el 99% de los conejos de los pantanos, los mapaches y otros mamíferos pequeños del parque nacional.

Las pitones pueden permanecer debajo del agua hasta media hora. Su tono negro, marrón y castaño les permite pasar inadvertidas. Todo esto hace que sea casi imposible detectarlas. Por ello, desde el 2013 Bartoszek está usando pitones para pillar otros pitones.

Todas las semanas sobrevuela el área, recogiendo las señales que emiten unos transmisores implantados en 25 serpientes y toma nota de su ubicación. La esperanza es que los guíen a otros animales, sobre todo hembras en edad de procrear.

Este día en particular recogieron la señal de la pitón número 21, un macho de poco más de 30 kilos (50 libras) y 3,5 metros (11 pies y medio) llamado Johnny Rebel que los ayudó a encontrar 20 pitonas adultas, incluidas ocho que tenían unos 560 huevos.

«Es nuestra pitón más valiosa», dice Bartoszek.

Bartoszek se ata un machete y con un gesto a la Sherlock Holmes, se adentra en el bosque. Siguiendo el rastro de un venado, él y su colaborador Ian Easterling pasan por encima de un viejo cerco de alambres de púas y de árboles malaleuca caídos mientras el receptor los guía más adentro de los arbustos. El sonido se intensifica.

«Nos acercamos», dice Bartoszek. «Debería estar por aquí».

«¡Veo una cabeza por allí!», grita Bartoszek poco después. «¡Confirmado!».

«Hay una serpiente que se mueve por allí», responde Easterling. Metiéndose entre los arbustos, Bartoszek se detiene un momento. «Pueden ser dos pitones».

Da la impresión de que Johnny tiene una novia.

Luego de recuperar el aliento, Bartoszek y Easterling meten la cabeza en el matorral, donde la serpiente está enroscada, y mirando a Easterling le dice «¡no te asustes!».

Easterling la toma de la cola mientras Bartoszek le pasa la mano por detrás de la cabeza. Ella está mudando su piel, lo que hace que resulte más difícil aferrarla.

«Ahora viene el momento decisivo», grita el biólogo mientras el reptil se retuerce de dolor, dejándose caer sobre sus muslos. Con un gemido profundo, deja ir el contenido de su tubo digestivo.

Se acabó la pelea.

De vuelta en el laboratorio, pesan y miden su botín: poco más de cuatro metros (14 pies) de largo y pesa 43 kilos (95 libras). Después de ponerla en una caja y encerrarla en un depósito, Bartoszek estudia sus excrementos y encuentra pedazos de huesos y lo que resultan ser las pezuñas de un venado de cola blanca, la presa preferida del leopardo de la Florida, una especia nativa en peligro de extinción.

«El laboratorio a veces parece ser parte de (la serie televisiva) ‘CSI: Escena del Crimen’», comenta. «Es la prueba del delito, lo que sucede allí en los Everglades«.

En los últimos seis años, el equipo de preservación de la naturaleza ha retirado más de 500 pitones con un peso combinado de 5,900 kilos (13,000 libras) en un área de 129 kilómetros cuadrados (50 millas cuadradas). A pesar de eso, Bartoszek dice que la erradicación total de la pitón «es imposible».

«Parece estar adaptándose y evolucionando en tiempo real en el ecosistema de los Everglades«, expresó. «Tal vez ya no corresponda hablar de la pitón birmana en los Everglades. Ahora es nuestra. Son de aquí».

Los científicos confían en que los manglares y otras plantas que toleran mejor la sal migren a tierra firme, hacia los llanos de turba, y creen una nueva barrera natural contra el cambio climático.

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Cuando se adoptó el plan de restauración de los Everglades en el 2000, el objetivo era volver a los tiempos previos al drenaje, del relato de Douglas. Pero con la subida de los mares y las fluctuantes temperaturas y lluvias, los expertos coinciden en que eso no será posible.

«La restauración de los Everglades siempre fue un proyecto ambicioso y complejo», declaró el panel de la Academia Nacional de Ciencias. «Nuestra visión actual pone énfasis en lo dinámico que es y en la importancia de enfocarse en la restauración de los Everglades del futuro, no en los del pasado».

Este año un grupo de expertos de distintas dependencias del gobierno que incluyó al Cuerpo de Ingenieros y el Servicio de Parques Nacionales difundió un nuevo informe sobre el estado del Sistema de los Everglades y no fue alentador.

«En términos generales, los Everglades de la Florida luchan por sobrevivir en medio de presiones sostenidas de actividades humanas y del creciente impacto del cambio climático», señaló el grupo. «Las anotaciones bajas del informe indican que los ecosistemas de la región se están degradando y que los beneficios ecológicos de la restauración todavía no se ven».

De todos modos, hay algunas señales positivas.

Se percibe alguna adaptación. Los científicos que examinen los estómagos del corocoro blanco, un «indicador de especies», encontraron señales de que está comiendo el jewelfish africano, un pez que no es nativo. Y un caracol de la región en peligro de extinción (el snail kite) está mostrando preferencia por otra especie exótica del molusco, que llegó no hace mucho a los Everglades.

Tal vez el elemento más alentador de todos es un proyecto de 578 millones de dólares que busca restaurar 103 kilómetros cuadrados (40 millas) de la cuenca del río Kissimmee. Desde la demolición de algunas represas, una parte del río encontró su viejo lecho. Están reapareciendo los pantanos y también la vida silvestre.

Thomas Van Lent, vicepresidente de ciencia y educación de la Fundación Everglades, hace poco recorrió en una lancha poco más de 3 kilómetros (2 millas) restaurados del río.

«Había caracoles por todos lados», comentó. «Es sorprendente ver el impacto» de la restauración.

Su colega Stephen Davis cree que el plan puede ofrecer protección de inundaciones -además de agua potable y recreación- al tiempo que recupera y preserva las funciones originales de los Everglades.

«Creo que hay quienes piensan que la restauración es lo mismo que arreglar un viejo automóvil para que se vea como en sus buenos tiempos», manifestó. «Ese no es el caso con la restauración de los Everglades«.

En el 2015 el Cuerpo de Ingenieros presentó un informe al Congreso y calculó que la restauración costará unos 16,000 millones de dólares, casi el doble de lo estimado inicialmente. No sorprende que haya mucha gente que cuestiona el gasto de semejante cantidad sin que haya garantías de éxito.

Una mañana reciente extremadamente calurosa, Michael Todd Tillman observó cómo tres grandes bombas que funcionaban las 24 horas del día desde mediados de año despedían agua en el Canal L-29 junto al Camino de Tamiami a un ritmo de 7 centímetros cúbicos (25 pies cúbicos) por segundo.

«Me van a llenar de agua», dijo el operador de la lancha, cuya familia tiene un campamento recreativo en el parque.

Tillman afirma que comprende lo que tratan de hacer los ingenieros, pero se pregunta si él y los demás pueden sobrevivir en base a las suposiciones de alguien.

«Han cometido grandes errores en el pasado», señaló. «¿Saben cuál es la respuesta indicada ahora?».

Sea cual fuere el precio final, Nuttle dice que los humanos crearon este «ecosistema híbrido» y que les corresponde a ellos mantenerlo, por el bien de la naturaleza y el nuestro.

«En el sur de la Florida le declaramos la guerra al ecosistema», manifestó. «No estamos pagando por una restauración, sino por una restitución».

Sin marcha atrás. La tarea de los científicos es salvar lo que queda. El retroceso en el daño ya causado a Los Everglades es imposible.