Quien se dedica a la escritura en la región centroamericana, sobre todo a la novela, lo hace porque está maldito o bendito (nunca sabré la diferencia) por el fuego literario.
Quien se dedica a la escritura en la región centroamericana, sobre todo a la novela, lo hace porque está maldito o bendito (nunca sabré la diferencia) por el fuego literario.
En mis anteriores planteamientos he insistido en algo que cae por su peso: invertir en educación debe ser una acción estratégica para prevenir la violencia, asegurado con políticas públicas.
En agosto de 1967, el periódico Jornal do Brasil le ofreció a Clarice Lispector la posibilidad de escribir crónicas de manera semanal. Para Lispector, el ejercicio no sería algo nuevo. Había publicado crónicas periodísticas en los años cuarenta, en un periódico de Campinas, ciudad de la municipalidad de Sao Paulo. Luego, en los años cincuenta, […]
La proyección por la lectura desde la institución pública, en nuestro caso, nos permite acudir a una audiencia de adultos, niños y jóvenes que acogen entusiastas las iniciativas relacionadas con el tema.
Nos cuesta comprender, pero sobre todo aceptar que somos un eslabón dentro de un sistema complejo, pero rico en posibilidades de convivencia e interacción constructiva mutua.
Sobre el concepto de belleza dice Salarrué en la Carta a los patriotas: Una puesta de sol, el río que pasa por tu casa, el cerro o el volcán que te absorbe la vista desde que te levantas, esa es mi patria.
Desde el punto de vista laboral, prescindir de los servicios de personas que pasan de cierta edad significa cerrarse a la experiencia acumulada.
La violencia ha echado raíces en siglo y medio, y eso hace difícil afrontarla con políticas del presente; y con desesperanza y desesperación se avanza por un camino de dolor.
Queda demostrado después de todos estos años que no hablar ni ventilar nuestro pasado, ignorarlo y esconderlo ante las nuevas generaciones, no ha hecho más que mantener latente un dolor y un quiebre interno.
Porque hay dos clases de realidades, la que se cree porque se percibe por la razón; y la que, por ser literatura, se acepta por las emociones que produce.