Ciencia, tecnología y creatividad
Para no imponer la lectura se requiere que el docente se emocione, conozca la obra, traslade su emoción al niño o al joven.
Para no imponer la lectura se requiere que el docente se emocione, conozca la obra, traslade su emoción al niño o al joven.
Un ejemplo paradigmático sobre ejercer oficios disímiles fue el de Miguel de Cervantes (1547-1616), quien como capitán peleó cinco años, de tal manera que en su tiempo fue considerado «soldado y poeta».
La clave estaría en una educación ciudadana que pueda incidir en decisiones públicas, una ciudadanía participante no solamente para ir a colocar su voto en unas urnas.
«¿Crees que la renuencia política estadounidense para apoyar la emigración sea de tipo cultural?», le pregunto a un amigo. Me responde que la persecución se centra en los latinoamericanos.
En el siglo pasado, entre nosotros, la caldera social estalló en levantamientos por exigencias de mejor vida, desde los genocidios de las etnias mayas en Guatemala, a la guerra civil en El Salvador.
Escribo esta columna conmocionado por los niños y adultos que dejan su país, la patria a la que se dedica la oración a la bandera.
Es menos evidente la rebeldía en la pintura y la música, el teatro y la danza, aunque transforma por igual la realidad objetiva. Ocurre que en el escritor es más fácil que se confundan sus visiones con alucinaciones que parecieran poner en riesgo las realidades subjetivas de la tradición.
No era fácil un proyecto de inversión millonaria en la UES. Además había oposición interna, pues se suponía que el GOES pediría privatizar la universidad. Nada de eso sucedió.
El docente debe manejar los códigos que descifran una obra de arte, sin que sea un artista en esas áreas.
Optó por recorrer el mundo. Aventurero y genial, partió a Chile y Argentina, España y Francia para redescubrir la poesía castellana.