Carta Editorial
Cualquier protesta que busque llegar a CAPRES se topa con una barrera metálica con púas a media calle.
Cualquier protesta que busque llegar a CAPRES se topa con una barrera metálica con púas a media calle.
La tragedia también es responsabilidad de los que, corrupción mediante, han impedido que se cumpla con lo que las leyes disponen para todos, incluso para los que han sido sentenciados a perder su libertad.
Hay en el camino demasiados factores que reducen las oportunidades de una persona para alcanzar una vida plena. La primera de todas, el acceso a la educación.
El delito de extorsión es con el que más licencias optimistas se han permitido las autoridades al hacer énfasis en una reducción, sin acotar que este es uno de los que más se hunden en el subregistro.
Esta manera de hacer negocios está sembrando liderazgos justo ahí en donde por tantos años ha hecho falta una estrategia de arraigo.
Una fotografía no se logra solo en el momento en que se aprieta el disparador. Las vidas de estas personas son un ejemplo de lo mucho que cuesta formar criterio.
En los halagos que empiezan con «la única mujer que» se esconde un alto grado de discriminación e inequidad.
Queda preguntar para qué y para quiénes trabajan los que se oponen a que esta ley tenga músculo suficiente para cumplir con la misión para la que fue pensada.
El sistema fomenta desigualdad. Mantiene la idea de que quien se queda con los hijos es quien tiene que ver cómo hace. Permite que haya personas que pueden reducir su participación en la crianza a una suma de dinero.
Este es un recorrido por esos rincones difíciles de creer, ahí en donde el remiendo temporal en uno de los recintos del aviario acaba por durar más de un lustro, y sigue.