Historia y bienestar humano

La semana pasada se ha estimulado mi trabajo literario que tiene como marco la historia centroamericana (1855-1860). Entre otras cosas, fui invitado como participante en la nominación como Beneméritos de la Patria a Juan Rafael Mora (expresidente de Costa Rica) y José María Cañas (salvadoreño). En 1860 partieron ambos desde Santa Tecla hacia Puntarenas. Una traición alevosa les preparó una emboscada de militares traidores que habían participado en la derrota de William Walker. Ambos fueron fusilados.

Como sabemos, Walker se apoderó de una parte de Nicaragua nombrándose presidente en unas elecciones falsas, similar a lo que tres años antes había hecho en Sonora y Baja California, México, declarándolas repúblicas independientes. Llegó a Nicaragua con el objetivo declarado de apoderarse de los cinco países de la región y continuar con Cuba. Un sueño loco producto de una mentalidad profética cuyo potencial era la supremacía blanca y traer esclavos africanos a la región.

Para lograrlo se hizo contratar por políticos nicaragüenses liberales que vieron en la formación de una falange americana la posibilidad de ganar la guerra civil contra la facción conservadora. Una guerra civil que llevaba cuatro años entre ambas facciones. El partido liberal radicado en León contrató a Walker y le dio grado de general y jefe del ejército más otras canonjías. Pero el sueño del filibustero era apoderarse de Centroamérica. Para ello dio un segundo paso: invadir Costa Rica, pese a que los conservadores nicaragüenses lo seguían combatiendo con grandes dificultades, pues el ejército filibustero se había agrandado con mercenarios internacionales bien armados, con aprovisionamiento continuo desde las dos costas de Estados Unidos. La invasión a Costa Rica se convirtió en un gran fracaso. La fracción internacional formada por militares europeos y aventureros estadounidenses no soportaba ni una hora de combate para salir en estampida. Walker lo reconoció en su libro por haber caído en la peor ridiculez en Centroamérica, lo vio como una derrota vergonzosa (autobiografía).

Lo raro de esa sangrienta confrontación bélica centroamericana (1855-1860) fue que se inició contratando mercenarios invasores por parte de los liberales nicaragüenses, que se hacían llamar “democráticos” y “revolucionarios” por ofrecer un programa progresista. La paradoja: quienes combatieron a Walker fueron los conservadores; sin embargo, después de varios crímenes incluyendo el incendio de la ciudad de Granada, sede de los conservadores, los liberales se dieron cuenta de los verdaderos planes del filibustero que ya dominaba gran parte del país. Además, los ejércitos centroamericanos ya habían llegado a Nicaragua para combatir a Walker.

Esa coyuntura histórica en Nicaragua me hace pensar en lo que facilita a los nicaragüenses hacer sinergia entre fuerzas ideológicas para lograr objetivos sociales comunes. Se nota más en la ausencia total de la violencia que para un país pobre significa destinar inversión financiera en salud, y evitar emigración para huir del propio país aun a costa de la vida; preferible afrontar el infierno ajeno, antes que el del barrio. Los nicaragüenses neutralizaron ese miedo. Digámoslo sin prejuicio.

Esas lecciones históricas del siglo XIX nos hacen pensar en el error de creer que la historia comenzó ayer. Este criterio no permite priorizar en el análisis interpretativo de un pasado que reitera las tragedias sociales por desconocer sus causas. La violencia ha echado raíces en siglo y medio, y eso hace difícil afrontarla con políticas del presente; y con desesperanza y desesperación se avanza por un camino de dolor.

Siguiendo con la guerra contra los filibusteros, a esa épica podríamos llamarla Guerra Patria Centroamericana. Porque en esos años tuvimos un “ejército aliado centroamericano”, peleando en Nicaragua, cuyos jefes en orden correlativo fueron los generales Ramón Belloso (salvadoreño), Florencio Xatruch (hondureño) y José Joaquín Mora (costarricense). Todos, pese a grandes diferencias, derrotaron a los supremacistas blancos que se hacían llamar inmortales, filibusteros o falange americana, con intención de civilizar con raza pura a Centroamérica, pues los originarios – los híbridos– eran raza impura formada por holgazanes, arteros, incivilizados, (bibliografía: libro del jefe filibustero William Walker, “La guerra en Nicaragua”).

Al reparar en los verdaderos objetivos de los invasores, los liberales y conservadores, no solo de Nicaragua, se unieron para salvar la nación centroamericana en una lucha que costó miles de muertos. La conciencia fue clara, pues luego de varias peticiones de Costa Rica, por su presidente Juan Rafael Mora, los ultraconservadores Francisco Dueñas y Rafael Carrera, presidentes de El Salvador y Guatemala respectivamente, se decidieron por participar para no dejar solas a Nicaragua y Costa Rica. Existen comunicados firmes de ambos mandatarios. Depusieron sus intereses para salvar la gran nación. Lo anterior pareciera leyenda o mito, pero al contrario, es historia real, aunque el tiempo la fue convirtiendo en mito o, lo peor, fue ocultando la épica más gloriosa de Centroamérica.
El desconocimiento de la historia centroamericana nos debilita. La ignoramos cuando tenemos sobre nuestra cabeza el fin del planeta, con dos grandes medios de destrucción masiva: el cambio climático y la destrucción atómica. El peligro se da en un momento donde las competencias deberían ser alrededor de la trepidante creatividad tecnológica que tiene la respuesta para echar mano en las energías renovables y lograr la salvación del planeta. Esto no es tremendismo. La historia universal nos da lecciones y, sin embargo, mientras construirnos palacios de cristal, descreemos en la solidaridad, en lo equitativo; creemos en la confrontación, no en la unidad de contrarios, como si cada facción ideológica fuera un país enemigo, convirtiendo a la nación en víctima de sus contradicciones facciosas.
Mi larga reflexión la despierta haber conocido a fondo esta historia, gracias a la Academia Morista Costarricense, que me hizo miembro correspondiente y me concedió una medalla impuesta por el presidente de la república. Sobre esta gesta escribí un libro con la idea de romper con la leyenda, rescatar a los verdaderos héroes que dieron su vida contra la esclavitud y por la soberanía. En esa gesta se distingue con Juan Rafael Mora el salvadoreño José María Cañas. Ambos beneméritos de Costa Rica. Deben serlo de Centroamérica.

De cuarta categoría

Explicar el valor del dinero a un niño de cuatro años puede ser complicado. Hace poco, viendo televisión con mi hijo de esa edad me preguntó por qué no compraba un pick up como los últimos modelos que salen en los anuncios. Le respondí que no tenía el dinero para comprarlo.

Fue lo primero que pude pensar y me faltó decirle que tampoco lo necesitaba. Él se fue corriendo a su cuarto. Oía que hurgaba en su mochila de los minions y regresó tan rápido como se había ido. Me dio una moneda de $0.05 que encontró tirada en el kínder. “Aquí tengo dinero, papá, es tuyo para que compres un pick up”, me dijo, convencido. “Anda, apurate”, agregó. Desde entonces ha inundado nuestras conversaciones con preguntas como: “¿Qué es un dueño?” “¿Cuánto vale eso?” “¿Qué es valor?” Las repite cada vez que puede y en momentos inesperados.

Aún no ha llegado a cuestionar cómo alguien puede morir de una enfermedad si hay tratamientos para combatirla pero no los puede pagar, o por qué hay desnutrición en países donde no hay problemas de escasez de alimentos y los anaqueles de las tiendas rebosan de comida. Tampoco me emociona explicarle que muchos determinan el valor de una persona por cuánto dinero acumula en su cuenta bancaria. O que la manera en cómo se invierte el dinero representa las prioridades que un individuo o institución posee. En qué gastar –lo mucho o lo poco que se tiene– puede decir más sobre nosotros que cualquier discurso. Aquellos objetos, experiencias o personas por quienes invertimos el dinero que, en la mayoría de los casos, tanto cuesta ganar. Igual pasa con los gobiernos y quienes los presiden. Su gasto infiere mucho de sus prioridades.

Ese es el caso salvadoreño. El Ministerio de Hacienda ya presentó el presupuesto para 2018, y de entrada saltó a la vista el gasto orientado a Educación. Una cantidad casi igual a la del año en curso y aún lejos de la promesa de la administración Sánchez Cerén de llegar a invertir el 6 % del Producto Interno Bruto (PIB) en esa cartera de Estado. Es un pírrico aumento de $5 millones (de $925 millones a $930 millones) que no está acorde, en lo más mínimo, a las grandes necesidades que se viven en el campo educativo, donde se tienen escuelas con baja calidad educativa, baños en mal estado, techos destruidos, áreas de recreo en deterioro, entre otras. Hace unos años, un estudio de ICEFI y Plan Internacional señaló que El Salvador invertía apenas $1.55 al día en sus niños, mientras que en Costa Rica –que tampoco es una utopía– la inversión era de $4.91. Con el agravante que cada año El Salvador aumentaba menos de $0.20 esa inversión por cada niño.

La crisis en las finanzas públicas no es excusa cuando el mismo ministro de Hacienda ha dicho que hay órganos del Estado con presupuestos “sobrados”, como la Corte Suprema de Justicia (CSJ) o la Asamblea Legislativa, que se recetó $3.4 millones en aumento de salarios para 2018. En los momentos de crisis quedan marcadas las prioridades de cada quien. No deja de ser icónico que en una ciudad como Santa Tecla se haya construido un imponente Centro Judicial Integrado mientras el Centro Escolar Daniel Hernández, en pleno centro de la ciudad, se cae a pedazos. Según una cifra que se barajó en el Consejo Nacional de Educación (CONED), que elaboró una propuesta que fue entregada al presidente de la república, se necesitan alrededor de $12,500 millones en 10 años para que la educación en el país sea de primer mundo. Algo descabellado de invertir en ciudadanos –nuestros niños– que, al parecer, son considerados de cuarta categoría.

Hace unos años escribí un reportaje del funcionamiento de las escuelas “unidocentes” en El Salvador, escuelas en los caseríos más perdidos del país en donde un profesor imparte lecciones a varios grados de manera simultánea. Esa es la educación a la que tienen acceso los más pobres. Funcionan con lo mínimo o menos. Muchos niños llegan seducidos por el refrigerio que brindan. En uno en particular, el Centro Escolar La Montaña, de Tacuba, se quedaban días sin su ración de alimentos por retrasos de las autoridades. Días después, un profesor me decía que siempre habría una explicación de parte del Gobierno: que antes estaban mucho peor, que poco a poco se va superando la brecha, que se ha mejorado. Sin embargo, cuántos funcionarios mandan a sus hijos a las escuelas, cuántos sufren porque sus hijos no estén en un lugar adecuado para aprender o que el centro escolar se quede sin agua potable. A ellos no les afecta, por eso no les importa. Sencillamente no son prioridad.

Semos espectadores emancipados

Es un acto sumamente íntimo que alguien, una persona desconocida, te entregue las manos para lavárselas. Eso aprendí bien hace unos días que les lavé las manos a cientos de personas. Ese rito de purificación fue parte de un performance titulado “Song for The Beloved” dirigido por Honor Ford-Smith y que recordaba la violencia política en Latinoamérica.

Quizás hablar de un performance no sea la mejor manera de describir lo que se llevó a cabo en escena. Era más bien un espacio intervenido con objetos, mesas, arena, velas, artefactos, piedras del mar e imágenes para montar una escena en que el público tenía la oportunidad de recordar a sus seres queridos, los que habían fallecido en situaciones violentas, y pensar en la reconciliación social.

Mientras el público caminaba por la escena, los actores los guiaban en actividades para facilitar la reflexión y el diálogo. Mi papel directo como actor en la instalación era lavarle las manos a cada participante como una manera de prepararlos para entrar a la escena. Más que un rito de purificación rápido, entendí que el hecho de lavarles las manos le señalaba a cada persona que estaba por entrar a un performance radicalmente diferente sin espectadores; les tocaba ser participantes activos y no voyeurs pasivos en la escena. Mojarles las manos con agua, pulsarlas táctilmente y luego secárselas con toalla les recordaba del poder de las manos y la potencia humana de actuar.

Mi participación en “Song for The Beloved” me llevó a reflexionar sobre el arte político de El Salvador. En varios momentos de la historia del arte y de la cultura visual en El Salvador el tema político ha sido evidenciado de manera frontal en monumentos, esculturas patrocinadas por el Estado, en murales, en algunas obras de teatro y en museos. Como parte del público nuestra función en relación con estas imágenes ha sido verlas pasivamente. En los años setenta-ochenta, por ejemplo, dichas visualidades fueron usadas en apoyo de proyectos políticos revolucionarios y las imágenes y escenas representadas pretendían despertar la consciencia del público.
En los últimos 20 años estas fueron resemantizadas para ajustarse a las distintas necesidades que surgieron y se afinaron en la posguerra. Siempre el papel del público ha sido recibir estas imágenes sin oposición ni diálogo. Si pensamos en los murales más recientes de Antonio Bonilla, por ejemplo, el arte político representa una versión necesaria de la historia a partir de la conquista, pero a la vez reproduce un modelo didáctico en que aprendemos sobre la memoria colectiva de una manera pasiva. Frente a estos murales somos espectadores distantes del pasado sin la posibilidad de traer a colación experiencias propias vividas y sin la capacidad de intervenir en la historia colectiva.

En su trabajo crítico, Jacques Ranciere escribe sobre esta paradoja, que el arte político precisa de un público para poder existir pero lo hace haciendo espectadores pasivos de seres humanos activos, gente con sus propias historias políticas. Cuando terminé lavándoles las manos a los últimos grupos que entraron en la escena de “Song for The Beloved”, me uní a unas de las mesas de diálogo que se habían formado en escena. La pregunta que discutían los participantes era sobre cómo era posible la reconciliación social luego de tantos traumas vividos y qué condiciones necesitaban darse para llegar a la paz social.
Son estos los diálogos y estos los tipos de espacios que nos precisa abrir en los centros artísticos de nuestro país, espacios donde no solo nos toca ser espectadores pasivos que miramos la violencia histórica y actual en representaciones artísticas e históricas, sino espacios para poder dialogar sobre estos temas de una forma dinámica, constructiva, catártica y curativa.

Carta editorial

En el reportaje que abre esta edición hay un obvio esfuerzo por cumplir labores que le corresponden al periodismo: explicar, traducir y colocar en contexto. Este texto del periodista Moisés Alvarado se detiene a desmenuzar algunas de las sentencias relativas al delito de lavado de dinero.

La ley que enmarca este delito ha sido motivo de discusión en diferentes ámbitos y no han sido pocos los que la han calificado como ejemplar o, al menos, satisfactoria. Pero qué tipo de recursos se tienen para ejercer todas las acciones que la aplicación de la norma demanda; con qué cuenta la Fiscalía General de la República para montar los casos; o cómo se ha fortalecido la Policía Nacional Civil para ejecutar lo que le corresponde.

Los casos que la Fiscalía ha logrado ganar, hasta el momento, guardan entre sí características similares. La ley se ha aplicado a quienes han sido encontrados mientras transportaban grandes cantidades de dinero sin cumplir con los requisitos legales necesarios.

No se han visto resultados de investigaciones que vayan encaminadas a desbaratar redes más sofisticadas de lavado de dinero que, como sugiere una de las fuentes consultadas, no sería raro encontrar en el país dado que las economías dolarizadas son las que más facilitan estas operaciones.

Hallar la ruta del dinero sucio es también ayudar a detener las acciones que lo producen. Es hacer menos rentable el narcotráfico y las violencias que provoca. Es una lucha frontal contra la corrupción; y es hacer que el delito se quede sin combustible para seguir avanzando. Los Estados que quieren mejorar la vida para sus ciudadanos deben buscar combatir el delito que se comete en las alturas, ahí donde se arman las estructuras y no solo entre los que ejecutan.

“No me hace falta nada”

¿Cuál es su mayor extravagancia?

Soy vanidosa. Me gusta ponerme buenos perfumes y tintes de pelo. Son lujos que para mí son extravagancias.

¿Cuál es su miedo más grande?

Ya pasada cierta edad nos sentimos incapaces de ciertas cosas. Tengo el miedo a estar enferma, a no poder hacer las cosas que siempre he podido hacer, a no poder valerme por mí misma.

¿Qué o quién es el más grande amor en su vida?

El amor a la vida, a la familia, a las buenas amistades y hasta a las buenas lecturas.

¿Quiénes son sus poetas favoritos?

Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y de los nacionales me gusta mucho Otoniel Guevara.

¿Qué le hace falta?

No me hace falta nada. Siento que estoy completa. Me realicé como mujer. Fui mamá, fui esposa. He cumplido todos mis objetivos.

¿Cómo le gustaría ser recordada?

A través de Leyla porque por ella he vivido los últimos 25 años. Quisiera ser recordada a través de ella y no por Argelia.

¿Usted cree en la inmortalidad del alma?

Es algo difícil de responder. Puedo decir sí y no. Como nunca me he muerto no puedo decir qué pasa después de la muerte. Lo que sí te puedo decir es que el alma de mi hija en mí puede estar presente-ausente. Es contradictorio, pero así lo siento.

Buzón

Buzón

Libre y sin control

El mercado de medicamentos de venta libre es muy competitivo debido a la falta de exigencia de receta que permite libertad de elección por parte de la población. La industria farmacéutica, encargada de la producción y comercialización de medicamentos, es uno de los sectores económicos más importantes del mundo. En El Salvador las disposiciones legales exigen registro de comercialización para los productos que van al mercado, pero los de venta libre se ofrecen en calles, mercados, autobuses y en cualquier lugar.

La Dirección Nacional de Medicamentos expone en algunos artículos de su normativa que “garantizará productos farmacéuticos de mayor calidad y hará asequibles los precios de los medicamentos”, pero luego autoriza a casi 500 propietarios de puestos en los mercados para la comercialización de medicinas sin supervisión, que no se sabe qué calidad es la que venden.

Siendo las medicinas un producto especial que pueden salvar vidas y mejorar la salud si se utilizan convenientemente, resulta también perjudicial y hasta letal si se usan de forma inadecuada. Es común entre los salvadoreños la automedicación y autoadministración de medicinas, sea porque leyó en internet, lo consultó con los abuelos o porque “es la misma que le cayó bien al vecino”, la fe hace ver eficacia en algunos casos, milagros en otros y hasta aparecen efectos placebos; de esa manera la enfermedad es un negocio para la industria farmacéutica y nos olvidamos de priorizar la salud como un valor preciado en las personas que debe ser tratado con estricto profesionalismo.

En el reportaje de Valeria Guzmán “Medicamentos que no curan” se logra percibir que hasta componendas pueden haber en el caso que allanan un negocio por irregularidades y sigue funcionando como si no pasa nada. Caemos en la cuenta que el riesgo siempre existe, por falta de supervisión y control, aunque haya una ley. Para el caso los fármacos con sildenafil son un albur para los consumidores y se venden sin receta médica como “pan caliente”, es un reto más para las autoridades competentes incorporar los medicamentos de venta libre a la regulación de precios y estándares de calidad igual que más de 7,400 ya regulados. Asimismo, hay 6,000 que no están reglamentados por ser de libre distribución. Lo que también sucede es que hay intercambio de productos farmacéuticos de venta ambulatoria entre los países y eso vuelve más complejos los controles.

Julio Roberto Magaña
[email protected]


Un relevo político

Se acerca el relevo de diputados y alcaldes y debemos ir analizando qué hicieron las personas a las que les dimos el voto en la contienda política anterior. Y hay que evaluar con los resultados y no con promesas ya que debemos evitar “tropezar de nuevo con la misma piedra”. Para liberarnos de toda la impotencia sufrida a la que nos ha sometido la clase política de turno por no lograr cumplir con lo prometido.

Es importante conocer la historia y trayectoria de los partidos políticos del país y conocer sus raíces, de dónde provienen, y si han cumplido lo que profesan para que, al momento de dar el voto, podamos elegir mejor de acuerdo con los intereses de la población.

Es de analizar que las élites políticas salvadoreñas, pese al grado de polarización mostrado en diversas formas, lograron consensuar para sacar la aprobación de la nueva ley de pensiones. Debido a la crisis de identidad política, la gente se mueve al vaivén de las promesas y se deja manipular por propuestas demagógicas de políticos ávidos de poder, ya que cuando inician se autodenominan redentores de la pobreza, desigualdad económica y social.

Leyendo la columna “Una vida sin políticos” de la comunicadora Leda Romero, me recuerda lo manifestado por el presidente Theodore Rooselvelt en 1906, de profundo significado y que anima a luchar y dedicarse de manera constante hasta obtener los propósitos trazados, evitando sobre todas las cosas el servilismo y el vivir de limosnas estatales: “He decidido no ser un hombre común, es mi derecho no ser alguien común si puedo hacerlo. Buscaré la oportunidad y no la seguridad. No deseo ser un ciudadano mantenido por el Estado, humillado y anulado por tener quién me cuide. Quiero asumir un riesgo calculado para soñar y construir, para fracasar y triunfar. Me rehúso a vivir solo llevándome la mano a la boca para comer, prefiero los retos de la vida a la existencia garantizada, la emoción de la plenitud a la calma anquilosada de la utopía. Nunca me inclinaré ante ningún amo, ni me doblegaré ante ninguna amenaza. Es mi legado pararme erguido, orgulloso y sin temor, para pensar y actuar por mí mismo y enfrentar al mundo audazmente y decir esto es lo que he hecho”.

Rutilio López
[email protected]


Injusticias de todos los días

En mi vida en los mercados he visto cómo la gente llega a tenerle mucha fe a la medicina que le venden del canasto o a la que le dicen “natural”. Nunca los he visto preguntarse por cuestiones de calidad ni nada.

Más los he visto dudar de la medicina “vencida” que les dan en los hospitales o de las “pastillas de azúcar” que dicen que les dan en las unidades de salud. Y es esta la fama que se han ganado los lugares públicos. Ahí la gente cree que solo hay matasanos, que no los curan, sino que solo los entretienen y que a esa gente que está ahí lo que le interesa es cualquier cosa menos curar. Por eso tiene tanto éxito el canasto y lo natural. No halla uno para dónde hacerse con un dolor bien puesto. No digamos con una enfermedad más complicada.

Es un crimen lo que hacen las altas autoridades de Salud desde hace décadas, así como lo que hacen los mercaderes de la salud que se aprovechan de la desesperación de los que en la ignorancia solo tienen la fe para conseguir algo de alivio, aunque sea falso. Gracias por los reportajes que hacen caer en estas injusticia que vemos pero que no analizamos.

Cristian Salazar
[email protected]

Historias sin Cuento

El tren de la mañana

Fue el que llevó a Magnolia al sitio ubicado en aquella colina que daba al norte. Se bajó en la estación con su pequeño equipaje y ya en el andén se dio cuenta de que no había nadie para recibirla. Le preguntó a alguien que andaba trabajando por ahí hacia dónde tenía que ir para dirigirse a su lugar de destino, y el jornalero se lo indicó. El camino polvoriento iba subiendo entre árboles y matorrales.
La casa era una construcción que parecía producto de la imaginación de un ermitaño de otro tiempo. Llegó a la pequeña explanada que estaba enfrente, y desde ahí se volvió para observar el entorno. Terrenos cultivados, algunas viviendas dispersas y al fondo el cielo abierto con nubes inmóviles. Un perro se acercó para olfatearla. Ella se dirigió hacia el interior de la casa.
—¿Hay alguien por aquí?
Silencio.
Recorrió los tres cuartos y llegó a la cocina.
Más silencio.
Entonces salió al patio posterior, labrado en el talpetate vivo. El perro volvió a acercársele. Era grande y casi negro. Husmeaba con gentileza. Ella se sentó en el borde de un arriate que era lo único que mostraba algún cuidado reciente. El perro se acomodó junto a ella.
Pasaron las horas, y la soledad se hacía más sensible. La luz solar lo envolvía todo, como dándole esperanzas de que el lugar podía volverse hospitalario. Se recostó en el hilo de piedra y sin quererlo se quedó dormida.
Una mano se posó suavemente sobre su hombro:
—Magnolia, ya estoy aquí.
Despertó sobresaltada.
—¿Tú quién eres? ¡No te conozco!
—Soy el jardinero de tu familia, el que te invitó a venir a este lugar. Me ha ido bien, y esta casa es la muestra. ¿Querés compartirla conmigo? ¡Te amo desde que eras una niña y yo un jovencito! ¡Magnolia, el sueño de mi vida!
—¡Pero el que me invitó fue un antiguo amigo de mi padre que quería verme por última vez!
—No, mírame, yo te ofrezco no la última vez sino la primera.
Magnolia se quedó quieta, pensando. Lo miró de pies a cabeza, como en examen definitivo. Sonrió, aspirando con fuerza el aire fresco y fluyente. El perro seguía junto a ella, con la cola en movimiento de bienvenida.
—¿Te animás?
—Bueno, probemos. Y se lo digo a él, al perro, no a ti.

MISIÓN dominical

Era el trabajador más puntual y eficiente de la empresa, y eso venía siendo así desde que se inició ahí al nomás concluir sus estudios formales. La voluntad de servir bien había sido su motor de conducta permanente, y eso lo reconocían los que habían contribuido a su formación en las aulas; entre ellos, su antiguo profesor de ciencias sociales, que hoy vivía muy cerca, en una casita de familia, porque estaba solo, sin ningún pariente accesible.
Él lo visitaba con alguna frecuencia los domingos, y así se hacía a la idea de seguir escuchando las mismas lecciones, solo que ahora sin amenaza de examen.
—Hola, profe. ¿Cómo se siente hoy?
—Me duele todo, menos la memoria.
—¡Usté tan guasón como siempre!
—Ay, muchacho, lo que menos me nace es guasa. Ahorita mismo, por ejemplo, si me preguntaras qué quiero hacer no vacilaría en contestarte que irme a alguna cantina a meterme unos cuantos talegazos para fondear despuesito.
—Ah, pues yo soy materia dispuesta. ¿Vamos?
Él tomó su chamarra y el profesor tomó su andadera. Un par de cuadras más adelante estaban frente al bar que había abierto recientemente. Él pidió una cerveza artesanal y el profesor un trago de ron. Y pronto estuvieron suficientemente animados para empezar a hablar, por turno, de sus emociones y de sus aspiraciones. Él, del ansia de perfección y del anhelo servicial; el profesor, del conocimiento compartido y de la promesa de enseñar siempre.
—¿Sabés una cosa, cipote?… Cuando te hablo siento que estoy en mi mundo y que muy pronto va a sonar la campana para el recreo.
—Pues mire, profe, lo que más le agradezco es que me ha hecho sentir que nunca se acaba de aprender y que hay que devolver lo aprendido en acciones.
—¡Salud, pues! ¡Que viva el domingo!
—Sí, porque si vive el domingo vive toda la semana.

EL SUEÑO DE nunca acabar

Por las noches, las ansias se le volvían presencias acompañantes, como si en esas horas de oscuridad externa se encendieran candiles inspiradores en sus alrededores anímicos. Esto no se lo contaba a nadie, para evitar los comentarios inquisidores, aunque las señales del insomnio reiterado despertaban preguntas entre los suyos:
—Otra vez amaneciste clareado, Johnny. Se te nota.
—Te estás imaginando cosas, mamá. Lo que pasa es que me quedé estudiando hasta tarde para salir bien en mis últimos exámenes.
—Tus últimos exámenes, es cierto. Qué rápido pasó el tiempo. Ya vas a ser licenciado.
—Y tengo varias ofertas de trabajo; pero la que más me gusta quizás no te va a gustar a ti.
—¿Y eso?
—Ahí te cuento. Ahorita me voy para la facultad.
A medida que pasaban los días en verdad la fatiga mental se le iba volviendo más y más absorbente. Pero era una fatiga diurna que hacía contraste vivo con el caudal energético que se le desataba por las noches. Estaba llegando al punto en que si le fuera posible escoger optaría sin dudarlo por vivir de noche y desaparecer de día, lo cual parecía a todas luces un dilema instalado en la telaraña del absurdo.
Hasta que se le produjo la crisis: aquella mañana no estaba en su habitación, y sus familiares creyeron que se había ausentado de madrugada; pero llegó la hora normal del regreso a casa y él no apareció. El temor permeó a la familia, ya que los ataques de la criminalidad no tenían freno, y así fueron de inmediato a dar parte de la desaparición. Les informaron que se activaba la búsqueda, pero que no daban seguridades de nada.
Eran gente religiosa, y en la capilla de la vecindad hicieron de inmediato loa ruegos del caso. La tarde pasó sin novedad, y la noche estaba por llegar. Con ella llegó el presunto desaparecido, sin ningún signo anormal.
—¡Mi muchachito! ¿Qué te pasó?
—A mí nada. Pero quizás es hora de que les informe: de hoy en adelante no apareceré por las noches. Ya terminé todos mis exámenes. Me gradúo con honores. Voy a trabajar como mánager en un negocio de placer para hombres pudientes…
—¡Dios mío! ¿Qué dices? Ese es el mundo del pecado…
—Ajá, del pecado más rentable. Y como yo soy hombre de la noche, pues ni qué mejor.
—¿Y de día, hijo?
—Pues voy a darle reposo a mi vigilia, por lo menos para mientras.
—¿Cómo es eso?
—Sí, para mientras me sale al encuentro la mujer de mis sueños, que va a ser virgen, ja,ja.

La máscara del terror oficial en Venezuela

Violencia. Entre julio de 2015 y junio de 2017, al menos 560 personas fueron asesinadas en Venezuela en la puesta en marcha de una política de seguridad ciudadana denominada Operación de Liberación y Protección del Pueblo (OLP).

Poco se conoce en el plano internacional de la violenta política que se implementa en Venezuela con el argumento de recuperar la tranquilidad ciudadana ante los altos índices de criminalidad. Bajo el nombre de la Operación de Liberación y Protección del Pueblo, OLP, el gobierno de Nicolás Maduro ha impulsado operativos conjuntos de las múltiples fuerzas armadas y de inteligencia a su cargo, para acorralar la delincuencia. Un documento “reservado” del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de ese país, define así el objetivo de la OLP: “…para combatir la delincuencia y, especialmente, el paramilitarismo, una práctica colombiana que ha sido importada para vulnerar la tranquilidad en Venezuela y con ello, dar al traste con la Revolución Bolivariana y los logros sociales”.

Sin embargo, el improvisado plan de seguridad ha estado fuera de control desde que se activó en julio de 2015. En una de sus primeras acciones en el populoso sector conocido como la Cota 905, al suroeste de Caracas, se reportó asociada a la intervención de la OLP una masacre de 15 personas. También se denunció el uso excesivo de la fuerza cuando autoridades destruyeron la propiedad y robaron bienes en las viviendas visitadas sin orden judicial. Estos maltratos y la violación sistemática de los derechos humanos se convirtieron en el sello de la política que se ha convertido en una “masacre por goteo”, como la denominó Keymer Ávila investigador y profesor de la Universidad Central de Venezuela.

Dolor y tristeza fue lo que dejó uno de estos operativos en los Vegas-Azuaje*. Aunque ya han pasado más de seis meses, el patriarca de esta familia no puede evitarlo, todavía se ahoga en llanto cuando recuerda ese día, el día que la OLP mató a su único hijo varón. “A mi hijo lo asesinaron el 10 de marzo. Aproximadamente a las 6:30 de la mañana entró la Policía Nacional Bolivariana, los llamados hombres de negro (Fuerza de Acciones Especiales de la PNB), algunos encapuchados y otros no. Le dieron un mandarriazo (golpearon con un mazo) a la puerta.

Los testimonios de víctimas y victimarios, así como el riguroso seguimiento a archivos oficiales, y cobertura de medios realizada para esta investigación del portal venezolano RunRun.es en alianza con la plataforma de Periodismo Latinoamericano CONNECTAS (Consultar acá todo el especial), documentan como bajo la OLP se han cometido 560 asesinatos con intervención de funcionarios públicos, en al menos 44 masacres. En la convulsionada Venezuela de hoy, esto ha sucedido sin escándalos mediáticos, pese a que las operaciones estaban caracterizadas por una espectacularidad casi cinematográfica que incluyó el uso de vehículos blindados, helicópteros, armas de guerra, dispositivos electrónicos y drones para la identificación de las víctimas.

Es así como la política de pacificación se ha traducido en una fórmula de terror y zozobra, que ha incluido hasta el uso de atemorizantes máscaras en los operativos, para mantener bajo control a los venezolanos principalmente en las zonas menos privilegiadas en diferentes partes del país, donde se han dado estos operativos.

Esta investigación además evidencia que detrás de algunos de estos procedimientos en realidad lo que había eran venganzas personales, el cambio de manos de territorios de un grupo criminal a otro, o la protección a los intereses de militares y personajes del alto gobierno. (Consultar acá todo el especial)

Menos paz. Con la OLP se cometieron 44 masacres y violaciones sistemáticas de derechos humanos. El operativo fue usado para sustituir grupos delictivos por colectivos.

Dolor y tristeza fue lo que dejó uno de estos operativos en los Vegas-Azuaje*. Aunque ya han pasado más de seis meses, el patriarca de esta familia no puede evitarlo, todavía se ahoga en llanto cuando recuerda ese día, el día que la OLP mató a su único hijo varón. “A mi hijo lo asesinaron el 10 de marzo. Aproximadamente a las 6:30 de la mañana entró la Policía Nacional Bolivariana, los llamados hombres de negro (Fuerza de Acciones Especiales de la PNB), algunos encapuchados y otros no. Le dieron un mandarriazo (golpearon con un mazo) a la puerta. A mi esposa, a mi hija y a mí nos sacaron a la fuerza, prácticamente desnudos. Estuvieron como media hora con él en el cuarto y lo golpeaban. A mi hijo lo mandaron a vestir, porque estaba durmiendo y lo bajaron a la sala. Le dieron un solo tiro en el corazón a mi muchachito de 16 años, sin ningún motivo… Me mataron a mi muchacho así, malamente”. Luego fue presentado como un “presunto delincuente”.

Tras la OLP la violencia no se ha reducido. Al contrario: el año pasado, los crímenes –según cifras oficiales– aumentaron un 12 por ciento con relación al año anterior llegando a la cifra de 21,752 homicidios. Tampoco está claro el argumento de ser una política contra una supuesta fuerza extranjera que busca desestabilizar, pues menos del uno por ciento de las víctimas, entre asesinatos y detenidos sin orden judicial son extranjeros. Dentro de ellos está el caso del religioso estadounidense Josjua Anthony Holt y su esposa Thamara Caleño Candelo, de nacionalidad ecuatoriana, detenidos hace más de un año sin ninguna fórmula de juicio luego de que en uno de los allanamientos masivos de una OLP, supuestamente encontraron en su residencia un fusil AK-47, una granada MK2 y municiones.

Se ha demostrado que en varios casos las OLP han sido operaciones selectivas. Estaban dirigidas a personas previamente escogidas. Los funcionarios de la fuerza pública llevaban teléfonos celulares y tabletas con fotos o nombres de los presuntos delincuentes a los que buscaban como resultado de labores de Inteligencia en los que han echado mano desde dispositivos electrónicos de monitoreo, de prostitutas que pasan información de sus clientes, hasta de información obtenida a través de la denominada “inteligencia social”, un mecanismo de información mediante el cual las comunidades, vecinos y representantes de las estructuras políticas del Gobierno suministran detalles de identidad y ubicación de los presuntos “paramilitares”. Así lo llamó públicamente la entonces viceministra del Sistema Integrado de Investigación Penal del Ministerio de Relaciones Interiores, Katherine Harrington. Luego se supo que varios de los informantes que estaban dentro de las propias comunidades y algunos de estos “delatores” fueron asesinados por las bandas delictivas que se quedaron tras la OLP.

Ejecuciones. Las acciones ejecutadas por las OLP encajan con las de una limpieza social para la que se usaron los recursos del Estado.

El equipo de investigación de RunRun.es visitó los cinco estados que han registrado más víctimas debido a los procedimientos de la OLP: Distrito Capital, Carabobo, Aragua, Miranda y Bolívar. Los familiares de las víctimas coinciden al asegurar que sus parientes fueron ejecutados por funcionarios de cuerpos de seguridad del Estado y en que ninguno ha tenido acceso a las autopsias, pese a haber casos desde 2015. La mayoría solo disponía de un acta de muerte expedida en la morgue de su localidad. Este documento no daba detalles de las causas de la muerte, solo especificaba si el cadáver presentaba herida de arma de fuego y en dos líneas una descripción de su efecto: “Hemorragia interna. Herida por arma de fuego toracoabdominal o shock hipovolémico”, era la explicación que más se repetía.

“Lo que buscan es que no se haga justicia. Las víctimas se cansan. Viven un duelo y luego caen en un sistema que las vuelve a revictimizar”, asegura Ronnie Boquier, abogado de la ONG Cofavic, organización que se ha especializado en atender casos de ejecuciones sumarias. Más de 95 por ciento de las denuncias que ha recibido Cofavic están en etapa de investigación y muchas tienen entre dos y cuatro años en ese estado. Eso es cuando las familias se deciden a denunciar, porque en la mayoría de casos, los deudos reciben amenazas y prefieren guardar silencio. La impunidad es el denominador común.

En la región, aún no se supera la conmoción por el centenar de muertos que hubo entre abril y julio de 2017 en Venezuela en medio de las protestas contra la controvertida realización de la asamblea nacional constituyente. La implementación de las OLP multiplica por cinco ese saldo trágico. Una política de seguridad que ha terminado convirtiendo a los ciudadanos no en los beneficiarios sino en el objetivo, todo en aras de una supuesta pacificación que no llega, y que lo único que ha traído es más angustia y dolor.

Encuentre los detalles de este reportaje en Runrun.es y Connectas.org.

Seleccionadas. Las OLP eran operaciones selectivas. Estaban dirigidas a personas previamente escogidas. Los funcionarios de la fuerza pública llevaban teléfonos celulares y tabletas con fotos o nombres de los presuntos delincuentes a los que buscaban.

Los 10 minutos de terror que apagaron Las Vegas

Homenaje. Cece Navarrette está sentada cerca de la cruz que simboliza la muerte de su primo, Bailey Schweitzer.

Jasmine Clayton todavía no puede volver a escuchar esa canción. “Oigo la primera frase y oigo los disparos”. El psicólogo le ha recomendado que vaya al lugar de los hechos y la vuelva a poner, que lo intente procesar así. Y eso estaba haciendo el miércoles por la tarde. Clayton, de 26 años, había ido a la esquina del bulevar principal de Las Vegas con la calle Reno, frente al hotel Mandalay Bay, para escuchar en su celular “When She Says Baby”, la canción que estaba tocando el artista country Jason Aldean cuando empezaron los disparos.

Eran las 22:05 del pasado domingo en Las Vegas y acababa de comenzar la mayor matanza a tiros de la historia de Estados Unidos. Un solo hombre, Stephen Paddock, de 64 años, encerrado en una habitación de hotel con 23 armas, estaba disparando desde la ventana una lluvia de tiros contra 22,000 personas que asistían al festival de música country Route 91 Harvest, en un descampado en la acera de enfrente. Murieron 58 personas y 487 resultaron heridas. Fueron 10 minutos de disparos, más de una hora de caza al asesino, una noche entera de caos en Las Vegas. El terror y el desconcierto aún no han terminado.

La mayoría de los testigos coincide en que pensaron que se trataba de algún tipo de pirotecnia de la actuación; otros, que era un helicóptero. Dicen que hubo una pausa después de los primeros tiros; y que entonces empezaron a caer ráfagas de balas del cielo sin parar. Algunos dicen que no reaccionaron hasta que vieron a alguien caer muerto delante de ellos; otros, que supieron inmediatamente lo que estaba pasando. Clayton y su amiga Marlena salieron corriendo hacia el lado opuesto a los disparos y se refugiaron entre dos camiones de comida. Tuvieron suerte. Mucha gente salió por la puerta de la calle, es decir, hacia el asesino.

Para hacerse una idea de la escena no vale con un solo relato. Tiffany Huizar, de 18 años, cayó al suelo con un balazo en la barriga. Aun así logró correr y salió de allí gracias a que un hombre la subió a un camión y se la llevó al hospital, contaba su tío, Enrique León, a las puertas del centro. Ha perdido parte del intestino. Randyn Recolan, de 17 años, estaba con su novia, Brianna Morchause, que cayó al suelo y le pasaron cinco personas por encima. El miércoles seguía en el hospital. Vio a la madre de una amiga echarse encima de ella y recibir un balazo en el cuello, contaba. “Empezó a caer gente al suelo a mi alrededor”. El cantante mexicano Israel Cabañas estaba entre el público. Recuerda “ver a la gente caer” a su alrededor. “Venían agarrándose el estómago, sangrando, heridos en la pierna… híjole”. Como muchos, empezó a agarrar vallas para convertirlas en camillas y sacar gente de allí.

Funeral. Sonny Melton es recordado en fotografías con amigos y familiares durante su funeral el 10 de octubre de 2017 en Big Sandy High School, en Big Sandy, Tenn. Melton, un enfermero registrado, murió protegiendo a su esposa durante el tiroteo en Las Vegas.

Mientras, en la acera de enfrente, un guardia de seguridad del hotel Mandalay Bay llamado Jesús Campos subió al piso 32. Se acercó por el pasillo a la habitación 135, una suite de dos habitaciones y 158 metros cuadrados, orientada al noreste y con vista panorámica de todo el strip, la avenida más turística de Las Vegas. Recibió una ráfaga de unos 200 disparos. Uno de ellos le alcanzó en la pierna. Dos policías, que estaban en el piso 31, se dieron cuenta de dónde venían los disparos. Las autoridades consideran que la distracción del asesino con Campos salvó muchas vidas. Paddock lo vio llegar porque tenía cámaras instaladas en el pasillo. A las 22:15, Paddock disparó el último tiro. Los agentes que estaban en el piso de abajo llegaron dos minutos después y Campos les explicó la situación.

Junto al recinto del concierto hay una gasolinera Arco con una tienda de alimentación AM/PM. Tras el mostrador estaba Pedro Saldaña, de 26 años. “Está aún traumatizado por lo que vio”, cuenta su hermana Cristina. La gente empezó a entrar en manada por la puerta y a esconderse en todos los rincones. “Se metieron en la cámara frigorífica”. Había tanta gente que rompieron los cristales de la puerta. En medio de la gasolinera hay una toalla que cubre un charco de sangre. “Allí murió un hombre al que la bala le había entrado por el ojo”, cuentan los empleados.
A 8 kilómetros de allí, Kevin Menes, médico de urgencias de 40 años, había empezado su turno a las 8 de la tarde en el Hospital Sunrise, al norte del strip. Ve heridas de bala todos los días. Cuando llegó al hospital escuchó el rumor de que había un suceso con múltiples víctimas, puso la radio de la Policía. “Pude oír los tiros mientras hablaban entre ellos”, contaba. Los cuatro médicos de guardia ordenaron inmediatamente preparar los 20 quirófanos del hospital, todas las camillas y todas las sillas de ruedas disponibles. Sobre las 22:30 llegaron los primeros heridos, y no pararon de llegar durante horas.

Su trabajo fue hacer el primer diagnóstico de gravedad, de un vistazo. “Tuve menos de 30 segundos para cada uno. En ese momento te concentras en encontrar el agujero y decidir si van a morir en cuestión de minutos o no”. Los fue clasificando: rojo, necesita ser intervenido inmediatamente; amarillo, puede aguantar un rato, pero necesita ir al quirófano; verde, su vida no corre peligro. “Si te equivocas, puedes matar a alguien”. No miraba a los ojos, no preguntaba nada, explica. Solo tenía tiempo para encontrar el agujero de bala y decidirse por un color. “La gente me señalaba el agujero de los más graves para ayudarme”. Vio agujeros “en todas las partes donde pueda entrar una bala, cuello, cabeza, pierna, genitales, todo lo que te puedas imaginar”.
Menes, especialista en técnicas de resucitación, recibió a más de 200 heridos de bala aquella noche. Todos fueron operados antes de las 5 de la madrugada, unos 30 a la hora. “Perdimos algunos, alrededor de una decena”. No sabe cuántos llegaron ya muertos, pero recuerda que a algunos no podía encontrarles el pulso durante esos pocos segundos de diagnóstico. “Yo los mandé al quirófano igual, para darles una última oportunidad”.

Escape. Julie Hart y su novio Mark Gay lograron sobrevivir porque corrieron hacia la valla del aeropuerto, junto a un grupo de personas, a través de las pistas.

Más de una hora después del último tiro, a las 23:27, un equipo de operaciones especiales de la Policía (SWAT) entró por la puerta de la suite y encontró el cadáver de Paddock y 23 armas. Al menos 12 de ellas eran rifles de asalto modificados legalmente para que dispararan como metralletas. Hay una nota. Las autoridades no han revelado su contenido, pero no es de suicidio.
A esas horas, los españoles Pedro Martín y Alejandro Urbano, de la empresa española Blue, Gray & Co., se encontraban con 11 clientes a las puertas de una discoteca del hotel casino Bellagio, a casi 2 kilómetros del suceso. “Empezó a venir una masa de gente corriendo. Como agua. Tiraban cosas, tiraban las vallas. El personal de la discoteca desapareció”, contaba Urbano. “Había familias con niños, la gente con la cara desencajada, como si hubieran visto algo”. Atravesaron el Bellagio por las cocinas. No llegaron a su hotel hasta las 2, después de horas encerrados en un bar con las calles vacías y tomadas por la policía.

El pánico se había extendido a toda la ciudad. Personas corriendo ensangrentadas entraban por los pasillos de los hoteles cercanos al suceso: New York-New York, MGM, Tropicana. Scarlett, de 25 años, que trabaja en el Hotel París Las Vegas y no quiere dar su apellido porque se supone que no debe hablar, asegura que les dijeron que habían informado a todos los casinos de que había tres tiradores. “Se llegó a decir que había un autobús que iba por la calle dejando tiradores en los casinos”. Los rumores de este tipo han durado toda la semana en Las Vegas, que no logra hacerse aún a la idea de que semejante caos fuera obra de un solo hombre.

Porque el relato todavía no tiene sentido. Las autoridades tampoco lo entienden. Paddock era, según su familia, un hombre con dinero, tenía una relación sentimental, varias casas, vivía la vida de jugador profesional que le permitía estar invitado en la suite del Mandalay Bay. Sin levantar aparentemente ninguna sospecha, ninguna alarma, compró 33 armas en los últimos 11 meses, planificó con todo detalle la masacre y la ejecutó. ¿Por qué? ¿Por qué ese concierto? ¿Por qué ese día? Una semana después, no hay móvil. Los investigadores comparten la frustración de todo el país. No hay relato, no hay un boceto de explicación, no hay consuelo. Solo los hechos y las víctimas.

Los medicamentos que no curan, pero se venden

Medicamentos falsos. Estos productos irregulares fueron decomisados en el Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero en 2015.

El kit valía $25 y prometía curar un sinfín de molestias: desde los dolores en la parte baja de la espalda hasta el mal aliento. Era una de esas medicinas que se conocen como “medicamentos milagro”.

El vendedor del kit reunió a los maestros de una escuela de La Libertad y los sorprendió. El llamado “kit renal de desintoxicación integral” estaba compuesto por cuatro frascos de 30 tabletas cada uno. Los frascos tenían productos llamados riñoclean, gastriclean, higaclean y coloclean. El comerciante aseguró que esto servía para limpiar los riñones, uréteres y vejiga, para la pérdida de peso, para la colitis y ayudaba para tener sana, incluso, la próstata.

Convencidos por la gran cantidad de beneficios que les aseguraban, algunos maestros pagaron el medicamento inmediatamente y decidieron, sin ninguna consulta médica, que lo que necesitaban sus cuerpos era desintoxicarse. La ilusión por este producto fue tal que otros maestros pidieron las pastillas fiadas.

Las pastillas no contaban con ningún registro sanitario. Es decir, no tenían permiso para ser comercializadas y no había forma de garantizar que no estuvieran contaminadas o fueran, en verdad, lo que decían ser. Debían confiar únicamente en la palabra del vendedor.

En junio de 2017, la Dirección Nacional de Medicamentos (DNM) emitió una alerta que prohibía la utilización de estas tabletas. Ese mes, cuando el vendedor volvió a la escuela a cobrar el dinero que se le había quedado debiendo, se encontró con la negativa de algunos docentes a pagar. Algunos le devolvieron los frascos. Otros, decidieron confiar a ciegas y consumir el producto, aunque no tuviera los permisos correspondientes.

La elaboración y comercio indebido de medicamentos es común en El Salvador. Tan común que la DNM recibe 300 denuncias al año por problemas de calidad de las medicinas. Vicente Coto, el director de dicha entidad, asegura que el problema es grande. Algunos no cuentan con registro sanitario porque son falsificados. Se venden como una cosa, pero en realidad son botes rellenos de otras sustancias. Hay estudios, afirma Coto, que permiten pensar que en países de renta media baja como El Salvador, el 50 % de los medicamentos que se venden son falsificados.

Operativo. Escena de un allanamiento a una bodega en el centro de San Salvador donde se almacenaba medicina vencida y sin registro sanitario, en junio de este año.

Pomadas a dólar, pastillas a $0.15

Con $2.45 en el Centro Histórico de San Salvador se pueden comprar pastillas para el dolor muscular, una pomada para infecciones y una pasta verde con olor a menta conocida como “mariguanol”. No hay que caminar mucho. Es posible encontrar todos estos remedios en diferentes puestos en la calle Rubén Darío.

El producto estrella de este lunes de septiembre es una pomada antibiótica y antiinflamatoria que se vende por $1, aunque en su caja esté marcada que cuesta $8.33. La llevan en la mano al menos una decena de vendedores, junto a pastas de dientes y toallas sanitarias. Es la cachada del día. En estas calles otra venta común es el “mariguanol”, que es vendido por $1. El bote transparente y de tapón verde no tiene registro sanitario, no está sellado y brinda alivio rápido, según dice la calcomanía del envase, a la artritis, los golpes, el dolor de espalda, el dolor de nuca, el dolor de cabeza, el reumatismo y la inflamación.

“Esas medicinas son buenas, lo que pasa es que son marca furgón”, dice un joven veinteañero, estudiante de Ingeniería en Hardware, acostumbrado a comprar fármacos en la calle. El problema no es solo que los medicamentos sean legales o ilegales. Para que estos puedan ser despachados y el comprador tenga la seguridad de que son confiables, no basta con ver su registro sanitario y la fecha de vencimiento. También se debe tomar en cuenta la cadena de custodia y dónde han estado almacenados.

Aunque una gran cantidad de los medicamentos que se venden en el centro de San Salvador especifican en su empaque que la venta se realiza “con receta médica”, en el comercio de la calle, no se necesita mostrar ningún papel.

“Cualquier acción de un profesional de la salud afecta cómo la población ve a los futuros profesionales. Si son profesionales y están actuando de esa manera, ¿qué se podría esperar de los nuevos médicos y farmacéuticos? Están mandando un mensaje a las futuras generaciones de que lo importante es hacer plata. No importa cómo”.

Este día ha llovido desde la mañana y una mujer se protege de la lluvia bajo una sombrilla. Frente a ella hay un canasto lleno de medicinas cubierto con un plástico transparente sobre el cual han caído las gotas de agua. Entre el ruido de la música y los televisores, ella ofrece pastillas a $0.15.

Esta práctica, tan diaria y cotidiana, constituye un delito. El artículo 273 del Código Penal lo identifica como despacho o comercio indebido de medicinas. La ley sostiene que pueden enfrentar prisión de uno a tres años quienes comercien con “medicamentos no autorizados, deteriorados o caducados”, o aquellas personas que no cumplen con las “exigencias técnicas relativas a su composición, estabilidad, conservación o eficacia”.

Quien compra medicina en la calle, “está botando su dinero”, asegura Remberto Mixco, coordinador de Farmacia Hospitalaria de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de El Salvador. Las condiciones de la calle no son propicias para conservarlos, aunque estos hayan sido elaborados en un buen laboratorio. Para eso hay una lógica científica. Mixco lo explica así: “Si el fabricante dice que se deben almacenar los medicamentos a no más de 28 grados centígrados y usted lo carga en una canasta, ¿qué temperatura alcanzará ese canasto al mediodía? El medicamento comienza a descomponerse, a arruinarse porque esos elementos empiezan a reaccionar frente al calor. Cuando llega a comprar esa medicina ya no le va a dar resultados, peor aún, le puede hacer daño”.

El medicamento sin registro también llega a las clínicas

Así como el medicamento sin registro llega a las escuelas, a las calles y a los buses, este también se vende en clínicas. Eso fue lo que aseguró la Fiscalía que sucedía en la clínica Dr. Zelaya, ubicada en la colonia Escalón.

Este lugar fue allanado el miércoles 27 de septiembre y sigue funcionando con normalidad. La clínica suele estar llena de clientes que buscan un servicio de medicina biológica o natural. De acuerdo con su página web, aquí se brindan servicios “con un enfoque diferente de la medicina tradicional”.

Del ISSS. En el allanamiento a una bodega del Centro Histórico se encontró también medicamento del Seguro Social.

Hace 11 días, cuando este local fue allanado, personas que trabajan en los locales que rodean la clínica salieron a observar la actividad inusual. Había fiscales, policías y periodistas en una calle que no suele ser foco de las noticias. Pocos parecían entender qué pasaba y por qué la clínica de un médico reconocido en una zona privilegiada de la capital estaba siendo intervenida.

Cerca de las 10 de la mañana el director de Intereses del Estado de la FGR, Mario Salazar, explicó el caso: “Los medicamentos que ellos manifestaban ser para la chikunguña son como un aceite que los médicos usan para calibrar (equipos). Estos medicamentos no contaban con la autorización de la DNM para ser comercializados”. Además, sostuvo Salazar, se giraron órdenes de captura contra oficiales y agentes aduaneros que, de acuerdo con sus investigaciones, falsificaron “facturas, sellos y firmas para la importación de este medicamento”.

El caso inició cuando en 2014, hace más de tres años, la DNM denunció el caso a la Fiscalía tras descubrir que en medios de comunicación se anunciaba la venta de un producto que ofrecía curar la fiebre chikunguña. La clínica que los anunciaba estaba ubicada en Santa Tecla y se encontró que obtenía estos productos de la Droguería Darío. Esta droguería, de acuerdo con un policía dentro del allanamiento, está conectada a través de una puerta con la clínica Dr. Zelaya.

Las investigaciones judiciales de este caso llevan un ritmo pausado, así lo sostiene Vicente Coto desde su oficina en Ciudad Merliot. “La FGR acaba de judicializar un caso que nosotros lo concluimos en 2014. A mi juicio es un proceso que va lento”, dice. La versión oficial sostiene que en esta droguería los inspectores de la DNM encontraron facturas con sello y firma falsa de importación de las sustancias, facturas de venta a otras clínicas y 198 medicamentos sin registro sanitario. El médico Pedro Zelaya niega que eso sea verídico.

“No es justo lo que le están haciendo al doctor, lo están poniendo como que es un ladrón y no es así”, asegura una empresaria que importa productos médicos y afirma conocer al señalado. Las opiniones respecto de Zelaya son variadas y opuestas. En las redes sociales de la clínica hay quienes le agradecen porque con sus métodos los ha sanado y hay otras personas que se quejan de la supuesta falta de profesionalismo.

Cinco días después del allanamiento se realizó la primera audiencia sobre este caso y pasó al proceso de instrucción, donde los fiscales deberán recabar pruebas que sostengan lo que ya han argumentado. Los señalados enfrentarán el proceso en libertad, incluido el doctor Pedro Zelaya. Él afirma que todo se trata de un malentendido entre la DNM y el tipo de medicina que en este lugar se practica.

“Nosotros nos dedicamos a una rama de la medicina que es la medicina alternativa. Es un ente que no es regido en el país porque el Consejo Superior de Salud Pública no tiene todavía un reglamento que ampare este tipo de medicinas. Creo que es una confusión la que ha habido”, dice el médico con seguridad desde su clínica. Luego explica que en este consultorio solo el 2 % de los tratamientos están compuestos por medicamentos y el 98 % restante se realiza a partir de “nutrientes, vitaminas, medicamentos naturales”.

Zelaya declara que entre la clínica y la FGR lo que hay es una situación mal comprendida. «El conflicto nace con unos productos que se utilizan para el análisis de estrés oxidativo, que ese es un producto como el calcio, la vitamina C, que el fabricante los pone como reactivos de laboratorio o medicamentos para ionización. Entonces, la DNM determina que estos no son medicamentos y entonces viene toda la situación”, argumenta.

Domingo L. nunca enfrentó cárcel por este delito a pesar de que en los productos que elaboraba, de acuerdo con los estudios realizados, se encontró “presencia de hongos, bacterias, coliformes fecales y por tanto existía el riesgo de que contengan la bacteria de la E. coli, salmonela”.

Zelaya sostiene que su clínica nunca promocionó dichos productos como la cura del chikunguña y que quien hizo tal aseveración fue un médico de una clínica en Santa Tecla. El Código de Salud señala como una infracción contra la salud “hacer falsa propaganda sobre las cualidades de los alimentos o productos y que induzcan a error o engaño al público”.

El experto en fármacos, Remberto Mixco, asegura, desde su oficina en la Universidad de El Salvador, que “cualquier acción de un profesional de la salud afecta cómo la población ve a los futuros profesionales. Si son profesionales y están actuando de esa manera, ¿qué se podría esperar de los nuevos médicos y farmacéuticos? Están mandando un mensaje a las futuras generaciones de que lo importante es hacer plata. No importa cómo”.

Al médico Zelaya también se le consulta sobre por qué 198 medicamentos que se vendían en la Droguería Darío, (negocio que él identifica como “empresa hermana” de la clínica) no tenían registro sanitario. El doctor afirma que hay algunos productos que “no necesitan registro porque son productos naturales. Necesitan registro como vitaminas y nutrientes, entonces la confusión se genera porque esas vitaminas nosotros en el país no tenemos registro de productos naturales hasta 2016”.

Una profesional responsable de algunas casas farmacéuticas en El Salvador, que pidió el anonimato, asegura que logró registrar medicamentos naturales que se importaban de Alemania desde los años noventa.

“Yo no sé los productos que él tenía, pero sí, los naturales ya se registraban. No teníamos una normativa, pero sí ya era una obligación que para comercializarse tenían que tener un registro. En los años noventa, nos tardábamos como cinco años en conseguir el registro. Sí existe una regulación, no sé a él quién lo asesoró”, sostiene la experta.

El Salvador, junto a Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua, aprobó hace cuatro años el reglamento técnico para el registro sanitario de productos naturales medicinales para uso humano. Ese reglamento fue firmado por los cinco países en mayo y entró en vigencia en noviembre de 2013.

Paso a paso: ¿Qué pasa tras una denuncia?

Exportación ilegal. El representante de la Dirección Nacional de Medicamentos, Vicente Coto, explica cómo algunas personas comercian con medicamento falsificado hacia Estados Unidos.

Domingo L. estudió hasta noveno grado. Para 2014 tenía ingresos mensuales de $2,000 como comerciante de medicina. La clave de su éxito como comerciante había sido que él mismo, en su casa, creaba medicamentos. Elaboraba Limpia Sangre Diabetín, Reumetamex Forte y Limpia Hígado Graso.

La DNM recibió una denuncia que decía que en el mercado Central de San Salvador se vendía medicina sin registro sanitario. La entidad realizó una inspección y encontró que en los pabellones 4 y 5 del mercado se vendían medicamentos ilegales. Los inspectores compraron Limpia Sangre Diabetín, Reumetamex Forte y Limpia Hígado Graso para hacerle estudios a las sustancias. La investigación siguió, se identificó a los vendedores y se descubrió que el producto era elaborado y distribuido en un inmueble de Zaragoza por Domingo L, quien también era el dueño de la casa que funcionaba como laboratorio.

Cuando se revisó ese lugar se encontró una escena opuesta a los controles de limpieza y buenas prácticas de manufactura: “Las condiciones higiénicas de las instalaciones donde se procesa el medicamento son deplorables (…) incluso existen servicios sanitarios en los espacios donde se manufactura”, se puede leer en el expediente judicial del caso.

Domingo L. fue encontrado culpable de “despacho o comercio indebido de medicinas”. La pena que se le impuso fue de dos años y esta se cambió por 96 jornadas de trabajo de utilidad pública. Domingo L. nunca enfrentó cárcel por este delito a pesar de que en los productos que elaboraba, de acuerdo con los estudios realizados, se encontró “presencia de hongos, bacterias, coliformes fecales y por tanto existía el riesgo de que contengan la bacteria de la E. coli, salmonela”.

En El Salvador hay 33 laboratorios autorizados para producir medicinas, y para todo el país hay 50 inspectores que se encargan de verificar que los productos que los salvadoreños consumen sean seguros. En teoría, estos laboratorios reciben una visita de inspección anual. De acuerdo con la memoria de labores de la DNM, de junio de 2016 a mayo de 2017, se realizaron 27 inspecciones de buenas prácticas de manufacturas a laboratorios farmacéuticos y tres a laboratorios naturales artesanales.

Cuando un ciudadano interpone una denuncia en la DNM, esta institución realiza un proceso administrativo interno. Por ejemplo, entre junio del año pasado y mayo de este año se canceló el registro sanitario de 506 productos.

Si lo que se encuentra en la inspección constituye un delito, como en el caso de la medicina contaminada con coliformes fecales, este se refiere a la Fiscalía. Si también se identifica que médicos o farmacéuticos actuaron con falta de profesionalismo, el expediente también es referido hacia la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica y al Consejo Superior de Salud Pública.

Vicente Coto, director de la DNM, asegura que consumir este tipo de productos “es una ruleta rusa”, ya que este tipo de medicamentos “no son inofensivos, le pueden producir hasta la muerte”.

Las ventas irregulares de medicamentos siguen

Sin registro. Los medicamentos que no han sido autorizados por la DNM pueden estar contaminados con hongos, bacterias y hasta coliformes fecales por el nulo control que se tiene a la hora de elaborarlos.

“Venimos de un mercado completamente irregulado y el régimen sancionatorio de la ley ha permitido ir ordenando el mercado”, dice Coto. Afuera de su oficina, la representante de una empresa familiar espera realizar trámites y se queja de los precios que debe pagar para poder importar productos médicos y comercializarlos.

A la empresaria el proceso le parece largo, caro y burocrático. Hay quienes deciden saltarse estos pasos; y no son pocos. En 2014 la DNM encontró 800 productos falsificados que eran llevados en equipaje de mano hacia el extranjero. Las personas que los intentaron transportar aseguraron que más de la mitad de estas sustancias habían sido compradas en Santa Rosa Lima, lo que hace pensar a las autoridades que venían de Guatemala u Honduras. Coto acepta que no se logró identificar de dónde provenía el medicamento y que, probablemente, había más de lo que pudieron encontrar.

No es posible conocer con seguridad la magnitud del problema de elaboración y comercio irregular de medicamentos y estos se siguen comerciando sin que las autoridades puedan detener su consumo.

De vuelta al centro, el sol ha comenzado a salir después de un día de lluvia. La mujer que vende medicina en su canasto tapado con plástico cuenta monedas para dar el cambio de tres pastillas y las entrega en una bolsa plástica transparente con un nudo. Nadie puede garantizar que estas pastillas sean de buena calidad o que, al menos, no estén vencidas. Ya que las pastillas son cortadas individualmente, no se puede leer la fecha de manufactura o vencimiento.

Medicamentos sin registro.

Además de pastillas para dolores musculares, de cabeza y para la diarrea, ella también vende tabletas destinadas a controlar la ansiedad moderada de las personas. Este producto no es de venta controlada, pero su uso está restringido en mujeres embarazadas por su posible relación con el nacimiento de bebés con paladar hendido. Además, entre las indicaciones sobre cómo debe mantenerse almacenado el principio activo de este medicamento, se especifica que debe almacenarse alejado del exceso de calor y humedad, las dos cosas que más abundan en el Centro Histórico. La vendedora, sin ninguna precaución de por medio, ofrece la medicina a la mujer que pregunta por las pastillas: “Son para dormir. Cora vale cada una”.