Opinión desde acá

por Rosarlin Hernández, El prado de los soñadores

 

Rosarlin Hernández
Periodista

Mis 45

Renuncio a estar cerca de quienes se aprovechan de la debilidad de los demás para sentirse importantes y poderosos, de quienes no saben en qué país viven, de quienes menosprecian los poderes creadores y curativos del arte y la cultura.

Contrario a lo que siempre se nos ha dicho a las mujeres, para mí decir públicamente que he llegado a los 45 años es motivo de orgullo, de reflexión sobre el camino recorrido, de renuncias y reafirmaciones, de restar importancia a la opinión de los demás y de ser cada vez más yo con naturalidad y con menos miedos.

Digo que es motivo de orgullo porque llegar a esta edad en un país que desde el nacimiento te prepara para recibir una patada en el trasero y te marca los caminos según el género, la clase social, el color de la piel y tus opciones políticas es un auténtico motivo de celebración.

Sobre todo si pienso en las mujeres centroamericanas que todos los días se convierten en una cifra más de feminicidio, condena por aborto, violación, mala praxis, pobreza, analfabetismo, trata, ruta del migrante y todas las formas de morir, física o espiritualmente que tenemos en la región.

Y aunque no me gustan los números impares, creo que cumplir 45 es un buen momento para reflexionar sobre el camino recorrido. Esa vida que empieza con el despertar de la guerra civil salvadoreña y el asesinato de nuestro arzobispo que ahora es beato, que transcurre en medio de la revolución que me enseñó a pensar en los demás como si se tratara de mi propia vida, en la firma de la paz que me puso a imaginar con ilusión el país que venía, hasta llegar al acontecimiento más reciente: la izquierda gana el poder y el sueño se convierte en pesadilla.

No hay otra manera de recorrer este camino si no es tomando decisiones que implican renuncias y reafirmaciones. Por eso renuncio a ser amable y cordial con quienes no creo que merezcan mi consideración, a reservarme mis puntos de vista solo para evitar la controversia, a dudar de mis capacidades frente a la prepotencia de los otros, a ser la madre que cocina galletas de chocolate porque ahora sé que no era importante, al matrimonio que olvida el cortejo y pierde el sentido del humor, a la gente incapaz de reírse a carcajadas o dejar su vida en la pista bailando cualquier canción, o peor aún, a los que te saludan solo si defiendes sus intereses o si consideran que les otorga prestigio conocerte. De todos ellos, líbrame Señor.

Renuncio a estar cerca de quienes se aprovechan de la debilidad de los demás para sentirse importantes y poderosos, de quienes no saben en qué país viven, de quienes menosprecian los poderes creadores y curativos del arte y la cultura, de quienes se jactan de conocer a los pobres para lucir justos, de la izquierda que se arropa en los sacrificios del pasado para justificar los abusos del presente. De todos ellos también, líbrame Señor.

Junto a mis renuncias, me reafirmo como la mujer fuerte, capaz de sobrevivir cualquier tempestad sin perder el rumbo que marca la dignidad, la justicia y la honestidad; me reafirmo como la madre que ama con locura a su único hijo, como la hija que siempre estará orgullosa de tener unos padres que se atrevieron a subvertir un orden perverso; como la periodista que no podría vivir sin voz propia y sin armar este rompecabezas de palabras que se llama texto, como la niña que no pude ser a plenitud y que todavía tiene ganas de jugar y reírse de tonterías, como la amiga que nunca olvida a quienes me han querido como soy, como la eterna entusiasta de sumarse a casi cualquier causa perdida.

Sí, me reafirmo como la militante convencida que sigue creyendo en que vale la pena construir un país diferente.

Llego a los 45 orgullosa y cómoda de decir públicamente todo lo que creo y lo que no creo. Si usted encuentra entre mis afirmaciones alguna coincidencia, en buena hora. Si por el contrario, no está de acuerdo conmigo, tenga por seguro que respetaré su punto de vista, pero no intente cambiar el mío, porque este es mi camino y esta soy yo, cada vez más natural y con menos miedos.


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