Por su economía dolarizada y por su ubicación geográfica, El Salvador ha sido definido por entes internacionales como “un refugio ideal para el lavado” o como una de las plazas financieras del crimen organizado. A pesar de las reformas impulsadas en la legislación especial para combatirlos, los casos juzgados en el país relacionados con el delito de lavado de dinero son, en su mayoría, el resultado de incautaciones de efectivo en las fronteras. Pero el país podría ocultar flujos de dinero sucio, ocultados a través de diferentes estrategias, que las autoridades nacionales aún no son capaces de detectar.