Cansados de llorar y de esperar que las instituciones del Estado den con sus hijos desaparecidos, en Bolivia hay padres que están arriesgando sus vidas al meterse en las entrañas de la trata y tráfico de personas. Desde 2012 hasta julio de 2017, el país registró 3,000 casos. Solo el 1.3 % ha llegado a sentencia.