Vamos a volver al origen: somos campesinos y volveremos a serlo…” Hubo un relámpago, y de repente todos estaban sentados sobre el polvo húmedo, con todos sus otros recuerdos borrados.
Vamos a volver al origen: somos campesinos y volveremos a serlo…” Hubo un relámpago, y de repente todos estaban sentados sobre el polvo húmedo, con todos sus otros recuerdos borrados.
Al llegar a su refugio fue a buscar de inmediato el mapamundi que le entregara su jefe, y lo extendió junto a él en el reducido lecho. Se durmió casi al instante, y el sueño fue la nave aérea más veloz del mundo.
Desde aquel mensaje, lo que se abrió fue un vacío que tenía todas las características de una ausencia sin retorno. Pero el misterio seguía revolviendo sus ecos.
Él movía la cabeza, como lo hacen los hindúes para decir sí o no, según se interprete.
Él tembló de emoción, como nunca antes lo había hecho. No se lo iba a decir a nadie, porque el destino profundo no es compartible.
Desde la más temprana edad fue adicta a los deportes extremos, sin acatar ninguna advertencia. Y así, cuando llegó el momento de decidir destino expresó tajante: “Voy a ser alpinista, y en las cumbres más altas del mundo”.
Él movía la cabeza, como lo hacen los hindúes para decir sí o no, según se interprete.
Y las aves cantantes fueron a avisarle al aludido, que era el heliotropo junto a la fuente. Como si le dijeran: “Te has dormido, hermano, es tu turno…”
Él tembló de emoción, como nunca antes lo había hecho. No se lo iba a decir a nadie, porque el destino profundo no es compartible.
Ellos movieron las cabezas, incrédulos y confundidos, pero no dijeron nada. Sabían que Edwin era inconmovible.