Él se sintió envuelto en una nube de deseos sin control. Y eso le hizo sentirse expuesto a un desafío casi mágico: la Divinidad acariciable dormía junto a él, sin tener que hacer ningún tránsito. Anhelo realizado.
Él se sintió envuelto en una nube de deseos sin control. Y eso le hizo sentirse expuesto a un desafío casi mágico: la Divinidad acariciable dormía junto a él, sin tener que hacer ningún tránsito. Anhelo realizado.
Tenía ganas de escribir algo sobre su más reciente experiencia con las sombras del alma, aunque no hallaba por dónde empezar.
Todas las estaciones del año tienen su agenda, porque la Naturaleza, como los seres personalizados, cumple un destino propio.
Entonces se empezó a producir el trastorno. Algunos desconocidos se habían colado. La luna creciente no aparecía por ninguna parte.
Algunas noches de cielo despejado se escuchaba en la vecindad inmediata un hábil guitarreo unido a una voz de tenor entusiasta.
Tenía ganas de escribir algo sobre su más reciente experiencia con las sombras del alma, aunque no hallaba por dónde empezar.
Estaban a punto de iniciar la vida en común, y lo primero era encontrar dónde vivir.
Su última voluntad fue que lo enterraran en la arena espumante, para no exponerse a padecer el calvario de la semilla.
El tren se detuvo en su lugar de llegada, que era un bloque de tablones antiguos. Parecía que todos habían descendido, y la máquina iba a ubicarse en el puesto de espera antes de la siguiente travesía.
El pequeño velero atracó en el muelle cuando apenas estaba por amanecer. De él desembarcaron unos cuantos pasajeros y unos pocos tripulantes. La embarcación se quedó sola, de seguro a la espera de iniciar la próxima travesía.