Nuestra forma de leer
Vivo y concibo el ejercicio de la escritura como una forma de vida y de pensamiento. El escritor plantea dudas, busca respuestas, encuentra belleza.
Vivo y concibo el ejercicio de la escritura como una forma de vida y de pensamiento. El escritor plantea dudas, busca respuestas, encuentra belleza.
Cada espacio patrimonial destruido es una pérdida irreparable para el país, que deja incógnitas sobre nuestra historia.
Si hay malicia y engaño, si hay mezquindad, si siempre procuro lo mejor nada más que para mí, si todos hacemos lo mismo, ¿cómo esperamos que todo cambie, que todo mejore?
Nadie le debe lealtad incondicional a un dictador. Nadie le debe obediencia a quien ordena robar, torturar, secuestrar, violar, aterrorizar y matar. Sea de la ideología que sea.
Gritar un gol no significa que no estemos pendientes de los niños enjaulados por el gobierno de Donald Trump, de la represión de las protestas civiles en Nicaragua o de la falta de información sobre el caso de la agente policial Carla Ayala.
Cuando almuerza, siempre pide una ración doble de arroz: una para comérsela él y otra para dársela a un grupo de pájaros que lo esperan cada mediodía.
Ha sido esta columna, por encima de mis libros, la que me ha permitido conocer la opinión de quienes los escritores llamamos con orgullo “nuestros lectores”.
Los viejos cines perecieron por el desuso y su ubicación en zonas de peligrosidad urbana. Finalmente, muchos de ellos terminaron convertidos en iglesias.
Se otorgan permisos por maternidad, pero no se otorgan permisos para el cuido y acompañamiento de familiares enfermos o para permitir un tiempo para el duelo personal.
Los padres lectores no necesariamente se convierten en una influencia para sus hijos en cuanto a contagiarles la pasión por la lectura.