CIUDADANÍA FANTASMAL (21)
Tenía ganas de escribir algo sobre su más reciente experiencia con las sombras del alma, aunque no hallaba por dónde empezar.
Tenía ganas de escribir algo sobre su más reciente experiencia con las sombras del alma, aunque no hallaba por dónde empezar.
Todas las estaciones del año tienen su agenda, porque la Naturaleza, como los seres personalizados, cumple un destino propio.
Entonces se empezó a producir el trastorno. Algunos desconocidos se habían colado. La luna creciente no aparecía por ninguna parte.
Algunas noches de cielo despejado se escuchaba en la vecindad inmediata un hábil guitarreo unido a una voz de tenor entusiasta.
Tenía ganas de escribir algo sobre su más reciente experiencia con las sombras del alma, aunque no hallaba por dónde empezar.
Estaban a punto de iniciar la vida en común, y lo primero era encontrar dónde vivir.
Su última voluntad fue que lo enterraran en la arena espumante, para no exponerse a padecer el calvario de la semilla.
El tren se detuvo en su lugar de llegada, que era un bloque de tablones antiguos. Parecía que todos habían descendido, y la máquina iba a ubicarse en el puesto de espera antes de la siguiente travesía.
El pequeño velero atracó en el muelle cuando apenas estaba por amanecer. De él desembarcaron unos cuantos pasajeros y unos pocos tripulantes. La embarcación se quedó sola, de seguro a la espera de iniciar la próxima travesía.
Fue a buscar en la Internet el pronóstico climático de los días siguientes, para hacer sus planes hogareños. Decían que venía una intensa tormenta tropical y que las condiciones serían de cuidado.