Centroamérica de silencio profundo
En la actualidad el silencio histórico solo es roto por Costa Rica y Nicaragua; sin embargo, encontré en El Salvador dos libros de esa gesta libertaria.
En la actualidad el silencio histórico solo es roto por Costa Rica y Nicaragua; sin embargo, encontré en El Salvador dos libros de esa gesta libertaria.
“¿Y si nos ahorcamos?” –dice un personaje de la obra de teatro “Esperando a Godot”, queriendo salir de la desesperanza; pero Godot no llegará nunca a solventar una existencia pasiva.
Las innovaciones educativas implican no dejar tareas a menores de 10 años, ni tampoco facilitar libros de colorear.
Me hace recordar a un amigo con alto cargo en el Gobierno. Hace unos 12 años me decía: “¿Cómo podemos hacer para que los salvadoreños dentro del territorio tengan el mismo empuje que tienen afuera?”
¿Qué harían los miles de misiles atómicos esperando ser descargados sobre las ciudades en una “guerra caliente”?
A veces, la imaginación crea realidades que son inentendibles por una sociedad contemporánea del artista, caso emblemático es Mozart, genio cósmico.
Veamos lo que escribió Walker en el diario oficial de Nicaragua, una vez que se impuso presidente por la fuerza: “Los hombres no son todos iguales. La maldita raza mestiza es la perdición de Centroamérica…”
Es posible que Masferrer estuviera influenciado por una filosofía de origen quechua, ancestral, desde nuestros orígenes americanos.
Y a 25 años de la paz en El Salvador, nunca vimos los escombros materiales, y ese espejismo nos engañó pensando que no había ninguna destrucción.
Porque leer también implica educarse en emociones y sensibilidad humana. Todo libro trasciende la historia personal para convertirse en historia común.