Carta Editorial
Juana es una superviviente que lleva 36 años esperando que las instituciones pongan atención a su dolor y al crimen del que fueron víctimas cerca de 200 personas.
Juana es una superviviente que lleva 36 años esperando que las instituciones pongan atención a su dolor y al crimen del que fueron víctimas cerca de 200 personas.
Es necesario decirnos a nosotras y decirles a nuestros niños que ningún nombre, sentimiento, reputación o cargo vale la integridad física y emocional de una persona. Ninguno.
Entre 2013 y 2017, los hospitales públicos de El Salvador brindaron 91 mil consultas a extranjeros, a esto se suman 22 mil egresos y la atención de más de 5 mil emergencias. ¿Quién busca alivio en un país con un sistema sanitario tan marcado por limitantes? Guatemaltecos y hondureños componen el 97 % de esos extranjeros. A ellos los empuja hasta El Salvador la ausencia de servicios en sus lugares de residencia. Guatemala y Honduras no han hecho inversiones para descentralizar con eficacia la salud pública y acercarla a los vulnerables cordones fronterizos. Las necesidades de los habitantes de estas zonas permanecen ignoradas y solo se hacen visibles cuando llegan a El Salvador.
En las fronteras del Triángulo Norte, la región formada por El Salvador, Honduras y Nicaragua, se vive una crisis sanitaria que durante años los gobiernos han encontrado conveniente ignorar.
Estos cuatro empleados no se encargan de labores de seguridad, y aun así han tenido que mirar a la cara a gente que, arma en mano, les exige que se vayan.
La gente con sus años cumplidos para jubilarse se abstiene de hacerlo, porque no está garantizado que pueda recibir la pensión a la que tiene derecho.
Ya no se encuentran espacios para garantizarle a nadie que puede estar a salvo y vivir sin sentirse perseguido y vulnerable.
A su vocación artística la atravesaron la maternidad y el hogar. Y más allá de eso, volvió. Volvió a lo que le gusta hacer y en donde se siente plena.
Ojalá que en esta ola de popularidad que genera la canonización, su palabra deje de ser parte de los discursos vacíos de políticos y gobernantes y se convierta en vida.
El náhuat se ha vuelto a llenar de vida entre las voces de niños entre los tres y los cinco años.