Nuestra forma de escribir

Leer y escribir son dos caras de la misma moneda. Leer abre la posibilidad de la escritura. Para el escritor, leer es parte inequívoca de su oficio. Es un método de auto aprendizaje, de diálogo intelectual e intercambio humano. Es un carburante que alimenta nuestro motor narrativo, que lo mantiene activo.

Esta fusión entre la lectura y la escritura supone que así como los medios tecnológicos están transformando nuestra forma de leer, también están modificando nuestra forma de escribir y podrán impactar a futuro en nuestra concepción de la literatura, del oficio del escritor y de la industria editorial.

Gran parte de nuestra interacción tecnológica se realiza de forma escrita. Desde la mensajería privada hasta las más diversas redes sociales, practicamos un hábito de escritura cotidiana. Pero más allá de compartir artículos o información, hay personas que han encontrado en estos medios las herramientas para dar a conocer sus ficciones. Se definen como escritores, aunque su medio de publicación no sea el papel.

En columnas anteriores he mencionado Wattpad, una plataforma donde se pueden leer historias y publicar textos propios. Los lectores pueden comentar e interactuar con el escritor. Wattpad cuenta con más de 65 millones de usuarios y ha publicado más de 400 millones de historias desde su fundación en 2006. Esto llamó la atención de algunas editoriales estadounidenses, que tiene personal dedicado a leer esos textos y dar seguimiento a los más populares, en busca de posible material de publicación. Es conocido el caso de Anna Todd, autora de la serie “After”, que fue descubierta en Wattpad luego de que la primera de sus novelas logró millones de lecturas.

La inmediatez de la publicación y la interacción con quienes leen y comentan pueden ser estímulos suficientes para que un novato se anime a escribir. Algunas plataformas pueden ser una herramienta útil, una especie de taller literario virtual, no programado, donde los textos se ponen a prueba directa del lector, sin la mediación de un trabajo editorial.

Los géneros de las historias son variados: desde historias reales hasta ficciones de todo tipo. El hecho de publicar por entregas sumado a la reacción de los lectores, estimula la publicación espontánea y provoca modificaciones en la historia según los comentarios o “likes” ajenos, y no de acuerdo con una estructura planificada de antemano.
En 2012, la escritora canadiense Margaret Atwood sorprendió a muchos al abrir una cuenta en Wattpad. Con más de 111 mil seguidores, Atwood ha compartido 15 de sus obras de forma gratuita, entre ellas una novela colaborativa, un libro de poemas y algunos cuentos.

La autora fue cuestionada por hacerlo. Nadie entendía qué necesidad tenía de estar en Wattpad, ella que ha sido considerada para el Premio Nobel de Literatura. En un artículo publicado en The Guardian ese mismo año, Atwood explicaba lo valioso que le parecen este tipo de espacios y reflexionaba sobre los cambios que ha visto en la industria editorial desde los tiempos en que, para comenzar a dar a conocer sus escritos, los escribía a mano y los repartía entre sus familiares. Su perfil de Wattpad la define como ansiosa por explorar la manera en que se conectan lectores y escritores.

En un artículo titulado “Escritores y Facebook: cuando la red social funciona como probeta de historias y nuevos personajes”, publicado el pasado 15 de septiembre en el periódico La Nación de Argentina, su autor Daniel Gigena menciona varios casos de personas que comenzaron escribiendo en redes sociales y que luego dieron el salto al papel.

Félix Bruzzone, Julián López y Virginia Feinmann son algunos de estos casos. Utilizaron sus muros de Facebook para dar a conocer sus textos literarios. La cantidad de comentarios y de “me gusta” que generaron llamó la atención de las editoriales. Los tres han publicado en papel y no son los únicos.

Para Cristian Godoy, ocurrió algo más complejo. Según el artículo, estaba bloqueado con la escritura y el único lugar donde podía escribir de manera fluida era en la red social. “Creo que me sucede eso porque desacraliza el acto de escribir, porque todo lo que se publica ahí está atado a lo inmediato y a los 5 minutos ya es tema viejo de conversación”. Esa relajación de la solemnidad de la escritura se produce por el fácil acceso a instrumentos y aplicaciones que usan la escritura como medio fundamental para interactuar con los demás.

Las redes pueden servir como tarima de exposición y como un termómetro de lo que se escribe, pero también como una herramienta de trabajo. El ya mencionado Félix Bruzzone escribía y publicaba en los momentos en que se le ocurría alguna idea, mientras trabajaba como limpiador de piscinas, porque no le gusta cargar consigo una libreta de apuntes. Así nació su libro “Piletas”.

Estaremos en problemas si quienes se consideran escritores no se exigen un nivel superior de calidad en cada nuevo proyecto que emprendan, aunque su medio de publicación sigan siendo las redes sociales. Los lectores también estaremos en apuros si las editoriales tienen preferencia por publicar y visibilizar libros facilones que, aunque populares en otras plataformas, no contribuyen a construir diálogo, a formar criterio propio o por lo menos a entretener exigiendo de sus lectores una atención menos superficial, y sin repetir fórmulas argumentales que ya fueron mejor escritas.

No creo que el libro ni los escritores vayan a desaparecer. Es posible que sufran algún tipo de metamorfosis para adaptar el oficio tanto a la tecnología como a las nuevas costumbres lectoras. Pero esta adaptación no debería de sacrificar la calidad.

La tecnología ha permitido cierta horizontalidad en la escritura y la publicación. Eso hará más difícil detectar la Literatura, con ele mayúscula, entre los millones de productos que se publican en papel o en internet. Eso será como separar la paja del trigo.

Porque para hacer Literatura no basta con tener una buena historia. Hay que saber escribirla bien y tener lectores con el conocimiento y la sensibilidad necesarios para descubrirla.

Verdadero civismo

Cada septiembre, nuestro país se viste de azul y blanco. “Los colores patrios”, nos enseñan desde que estamos pequeños. Se canta el himno nacional, se recita la oración a la bandera y se hacen presentaciones de danzas folclóricas, en un amasijo curioso que se ha vuelto ya tradición para estas fechas.

Al crecer, vamos perdiendo el entusiasmo por este tipo de celebraciones, y comenzamos a reclamar que es una celebración vana. “¿Independientes de qué?”, dirán muchos, “si siempre dependemos de otras potencias mundiales”. Y sí, yo también me he sentido desencantada, pero creo que es momento de retomar el civismo y darle su verdadero valor.

Este país, querido lector, es su casa. En ningún otro lugar usted gozará de los derechos que tiene aquí —a menos que logre conseguir otra ciudadanía—, ni tendrá el arraigo cultural, emocional, de recuerdos y de vivencias que compartimos los salvadoreños.

Ahora, es posible que no le guste su casa, porque está sucia, manchada con emblemas de pandillas, con rastros de sangre, porque es un lugar violento y donde muchas veces es la ley del más fuerte la que impera. Lo entiendo y lo comparto. En lo que no estoy de acuerdo es con la idea errónea de que todo es culpa del vecino, del poderoso, del mal gobierno.

Es hora de apropiarnos de la casa y de cuidarla. De conocer y reconocer nuestros derechos ciudadanos –claro, no todo es exigir derechos–, y entender que lo aquí pasa nos afecta a todos.

¿Cree que la forma en la que se elabora el presupuesto general del Estado no le afecta? Pues le cuento: allí se junta la planificación de cómo se gastará lo que usted y yo y todos hemos pagado en impuestos, se decide si se recurrirá a más deuda, y se define en qué se usará. Si al año siguiente no hay suficientes insumos en los hospitales o pupitres o maestros en las escuelas, algo ha fallado en el diseño de ese presupuesto.

Por eso es un tema que nos debe interesar, que debemos comprender, y que debemos exigir que se maneje bien. Ya basta de darle el voto al político que nos habla bonito, al guapo o al popular. Al menos optemos por gente que tenga nociones básicas de política fiscal y que nos explique el tipo de modelo económico con el que simpatiza y que quiere impulsar.

¿Le parece que a usted como ciudadano común y corriente le da lo mismo que tengamos o no magistrados en la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia? Piénselo de nuevo. Ante cualquier atropello de parte del Estado, la última instancia para que los ciudadanos nos amparemos es la Corte. También han sido los magistrados, sobre todo los de la sala que recién salió, los que han llevado equilibrio a los otros dos poderes del Estado y que han evitado, por ejemplo, que nuestros ahorros para pensión los usara el gobierno de turno para pagar deuda.

Somos todos, los ciudadanos de esta gran casa, los responsables de reencauzarla, de ordenarla y limpiarla. Y nuestra incidencia individual se vuelve sumamente importante en momentos de decisión colectiva, como las elecciones. Escojamos bien a quiénes ponemos en el poder, hagamos las preguntas correctas, involucrémonos, informémonos. Dejarnos llevar por caras bonitas, o al menos simpáticas, sin buenas propuestas bajo el brazo, ya nos ha costado bastante caro.

Piense, si quiere, en El Salvador como un carro. Acá vamos todos en el mismo. Sí es su problema si algo va mal, porque si este carro se descarrila, nos descarrilamos todos con él. Sea un buen ciudadano, practique un civismo real, un civismo útil. Preocúpese por su país, por su casa, ayude a mejorarlo.

¿Cicies?

En El Salvador, empresarios y (hoy) un candidato presidencial, Nayib Bukele, se han llenado la boca con la posibilidad de apoyar una comisión internacional que ayude a la Fiscalía local a investigar y a perseguir penalmente la impunidad y la corrupción.

El modelo a seguir sería, según han dicho, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), establecida en ese país en 2007 y responsable, junto al Ministerio Público guatemalteco, de arrestos y persecuciones penales –algunas exitosas– de tres expresidentes, el mandatario actual, una docena de grandes empresarios, diputados y exmilitares acusados de crímenes de lesa humanidad, de genocidio, de narcotráfico, robo a las arcas públicas, financiamiento electoral ilícito y obstrucción a la justicia. Entre otros.

El mérito más importante de la Cicig es que ayudó a dinamitar el recio muro de impunidad que había rodeado históricamente a las élites económicas y políticas de Guatemala. Ese muro, como en El Salvador, está enraizado en una cultura criminal de funcionarios públicos y poderes fácticos según la cual los poderosos pueden hacer lo que quieran sin ser castigados.

Un caso conocido como La Línea, el esquema de corrupción en las aduanas guatemaltecas que capitaneaban el expresidente Otto Pérez Molina y su vicepresidenta Roxana Baldetti, es un buen ejemplo de lo que Cicig hace y de las consecuencias de esas investigaciones. La Línea terminó por botar a un gobierno corrupto, pero también por alimentar al menos cinco expedientes más que implican a constructores, importadores, banqueros y políticos de todo signo en otros esquemas de corrupción.

Hace un par de años, la idea de una “Cicies”, la Cicig salvadoreña, empezó a circular en redes, lo cual al final no es nada. El asunto no pasó nunca de ser eso, una alharaca en Twitter. Hasta que Bukele se apropió de la idea como parte de su campaña proselitista al decir que sí, que si llega a la presidencia, él apoyaría una comisión así.

Tomémosle la palabra y pongámonos en un escenario en que eso ocurre: el presidente Bukele pide a Naciones Unidas que gestione y financie una Cicies. La ONU acepta. Siguiente paso: la Asamblea tiene que aprobar un convenio que dé vida legal a la comisión. Ahí el primer problema (¿insalvable?): si los diputados de Gana, el partido que habría llevado a Bukele a la presidencia, ni siquiera han elegido Corte Suprema e intentaron reelegir al exfiscal Luis Martínez, preso por corrupción, ¿cómo creerles que darán sus votos para dar vida a un cuerpo investigador de corruptos?

¿Cómo creerle a Guillermo Gallegos, el líder de Gana señalado por recibir dinero de un dirigente político implicado con narcos y uno de los más importantes valedores del exfiscal Martínez, que apoyará la idea de una Cicies?
Puede ser también que Bukele siga adelante sin su partido en el empeño, y recurra ¿a quién? ¿A los diputados de Arena que también apoyaron al exfiscal y que modificaron la Ley de Extinción de Dominio? ¿A los del Frente, en cuyo primer gobierno se abortó el único intento real de traer una Cicig a El Salvador, y cuyo segundo presidente ha dicho sin tapujos que el país no necesita algo así?

Pero ampliemos el ejercicio de ficción y digamos que sí, que se instala la Cicies y que, al igual que en Guatemala, empieza a investigar a más poderosos… Y pensemos que la comisión se instala ya sea en una eventual presidencia Bukele, una de Carlos Calleja de Arena o una de Hugo Martínez del Fmln. ¿Tendrán estos presidenciables las agallas de apoyar a un comisionado o comisionada que empiece a meter presos a sus clientes, amigos, correligionarios corruptos?

No. La respuesta es no.

Carta Editorial

Al margen de lo que digan las leyes, la educación sigue siendo un privilegio en El Salvador, es eso que pocos alcanzan en plenitud. Y es uno en el que la exclusión no llega dada solo por dinero. También hay limitaciones de territorio, de distancia, de instalaciones y de acceso. A veces, recibir educación en este país se parece más a una carrera de obstáculos.

Y pasar por esta carrera se vuelve todavía más difícil cuando se es parte de una minoría. El reportaje que abre esta edición, escrito por Valeria Guzmán, describe todos esos mecanismos por medio de los cuales se les ha negado históricamente a las personas sordas el derecho a superarse por medio de la educación formal.

El reportaje internacional es una colaboración del periódico La Nación, de Costa Rica, y cuenta todas las vicisitudes que pasan las personas pequeñas en un mundo que no les concede ninguna adaptación. Mucho de lo que han logrado, de acuerdo con el texto, es fruto de un esfuerzo propio o familiar. Algo que es destacable, pero que no se puede calificar como idóneo.

Si las leyes que nos definen a todos como iguales fueran palabra viva, una discapacidad física no debería ser razón para la exclusión educativa o social. Sin embargo, en El Salvador hay solo cinco centros escolares para no oyentes. Están ubicados en San Salvador, San Miguel, Sonsonate, Santa Ana y Cuscatlán. Todas zonas urbanas, lo que supone para quienes se encuentren en la periferia una distancia que muchas veces es insalvable por tiempo o por dinero.

No se puede ver con ojos románticos los esfuerzos enormes que logran hacer algunos sin despertar la conciencia de que esos esfuerzos se podrían aprovechar mejor si los servicios funcionaran como debieran. Gran parte de lo que nos tiene hundidos en los últimos puestos de los indicadores sobre desarrollo es la insuficiente inversión en educación pública. Esta ha sido la fórmula con la que un derecho básico ha acabado convertido en privilegio.

“La felicidad se resuelve cada día”

¿Qué le gustaría que dijera su epitafio?

“No molestó a nadie y procuró dejar las cosas mejor que como las encontró”.

¿Qué consejo se daría?

Aprovechar mejor el tiempo.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

Que el mundo no se termina, que siempre hay posibilidades de volver a empezar.

¿Con cuál frase definiría al sistema de justicia salvadoreño?

Con la misma de Monseñor Romero, que muerde solo a los descalzos, como la serpiente.

¿Cuál considera que es el principal problema del país?

Que todavía mucha gente cree que está sobre los demás y, lo que es peor, efectivamente pasa sobre los demás

¿Cómo lo definiría un amigo suyo?

Como el más calmado, como el que nunca se enoja.

¿Qué le hace falta para ser completamente feliz?

Creo que soy feliz. La felicidad se resuelve cada día. Cada quién elige cómo lo hace.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (206)

1686. EL MEJOR AMIGO

Se llamaba Juan Ramón, y yo le decía Nenúfar, lo cual luego derivó en Nenuf. Era un guardián devoto e intrépido. Estaba siempre listo para cumplir con sus tareas de acompañante impecable. Y mostraba una característica reveladora de su naturaleza: jamás pedía nada a cambio. Nenuf es el mejor ejemplo de lo que debe ser un amigo que cumple a plenitud con su misión. Y lo pongo así, en presente, porque ahora mismo estoy viéndolo sentado sobre la hierba, al otro lado del ventanal cristalino, observando hacia adentro mientras el Sol lo envuelve. Como hoy podemos comunicarnos sin obstáculos de ningún tipo, le pregunto con el pensamiento: “Nenuf, ¿quieres que salgamos de paseo a algún maravilloso lugar de la galaxia?” Y él me responde con su ladrido característico: “Ya estamos aquí, en el jardín de la memoria…”

1687. ENCARGO PERSONAL

Como siempre había oído decir, en su casa y fuera de ella, que la política es sucia, cuando los más escondidos impulsos de su voluntad le hicieron inclinarse hacia ella lo primero que hizo fue ir en busca de los jabones y las lociones más de moda en el mercado. Desde un inicio se había destacado por su entrega vehemente a los impulsos que lo llevaban en la ruta de una carrera que de seguro le conduciría hasta las posiciones superiores. Y en verdad así fue, hasta el punto que pronto iba a aspirar nada menos que a la Presidencia de la República. Sin decírselo a nadie, fue en busca del consejo de una vidente que estaba en boga. Sus palabras lo regresaron a los orígenes: “Ya sabes que la política es sucia, y para no contaminarse no bastan los auxilios externos: hay que inmunizarse a diario por dentro. ¿Cómo? Sólo tu propia luz puede decirlo…”

1688. ELLOS ESTÁN AQUÍ

Eran hermanos del mismo parto, pero sus características individuales casi no evidenciaban nada en común. Para empezar, uno era castaño y el otro era rubio. Desde que los conocí, siendo yo un niño ilusionado por el despliegue de los verdes naturales, allá en los fértiles predios vecinos al cerro El Sartén, estuve muy cerca de ambos durante el tiempo de mis estancias campesinas. Debo decir que el castaño era para mí el más allegado, aunque ambos me acompañaban siempre en mis caminatas vespertinas. Cuando el tiempo fue pasando, me sentí cada vez más unido a aquellos compañeros entrañables, Pepito y Corsario, que nunca tuvieron pedigrí registrado pero que toda la vida tuvieron pedigrí existencial. Maravillosos personajes cuyas imágenes siempre estarán presentes, aquí a mi lado, entre las sombras más fieles.

1689. A MAR ABIERTO

La nave iba desplazándose sobre las ondulaciones del mar tranquilo, y no parecía que hubiera ninguna presencia climática amenazante en los entornos, que abarcaban un horizonte sin fronteras. Se dirigían hacia destino desconocido, y eso era lo que indicaba la descripción de los destinos enumerados en el programa de viaje. Faltaban aún muchas horas para el arribo y entretanto el día iba pasando con su natural evolución de luces. Cayó la tarde y apareció el rostro lunar a plenitud. En eso, las máquinas parecieron entrar en fase de silencio. Los pasajeros se asomaron a sus respectivas barandas. La nave estaba inmóvil. Pero en una de las cabinas el sueño podía más que todo. Él y ella, abrazados, dormían entre las sábanas. Acababan de llegar a destino. Ese destino desconocido que era su dulce naufragio interior.

1690. ENTRE HOJAS Y FLORES

Se lo dije una tarde, en medio del jardín, mientras caminábamos como los peregrinantes más asiduos, queriendo recibir en vivo y en directo los mejores influjos de la luz vivificante que iba en descenso momentáneo. Él me miró a los ojos, como si quisiera devolverme el mensaje. Ese ejercicio de correspondencias era entre nosotros una práctica cada vez más frecuente, dándole a aquella cercanía un cariz subliminal. Yo ya estaba convencido de que él era una especie de mensajero de otras latitudes, y eso lo ponía en posición superior. Y aquella tarde le hice la pregunta con el énfasis más hondo: “¿Nunca te cansarás de venir a mi encuentro, pase lo que pase?” Él, desde su otra latitud, respondió con un aullido profético. “¡Gracias, Goulding, por tu lealtad sin límites ni en el tiempo ni en el espacio!”

1691. UN LEVE MATIZ

Desde siempre había huido de toda notoriedad pública, así fuera en confianza. Ese día, nadie lo felicitó por su cumpleaños, y a él eso le resultó lo más gratificante que le podía pasar. Ya cuando la noche estaba cayendo pareció casual que uno de sus pocos amigos lo invitara, como muchas otras veces, a tomar una copa en el bar de siempre. Pero cuando llegaron al lugar, pese a que la noche apenas se iniciaba, todo estaba cerrado. Se detuvieron frente al portón, y éste se abrió de repente. Adentro se iniciaba el festejo, con una pequeña orquesta tradicional en acción. Él entendió de inmediato que era en su honor. Se conmovió, los abrazó a todos, y entró con ellos. Estaban eufóricos. Él aprovechó la emoción para escabullirse. ¿Hacia dónde? Hacia un bullicio superior: el de su silencio desbordado.

1692. INVITACIÓN ACEPTADA

En estas latitudes, tanto la estación seca como la estación lluviosa son fuentes de luz, cada una a su manera. Ella, Lucita, siempre actuaba como si su especialidad fueran los vaivenes climáticos, y por eso yo acudía a su consejo sin palabras antes de hacer cualquier movimiento al aire libre. En los días de asueto, que para mí son relativos desde que tengo memoria, le pedía a Lucita indicaciones precisas sobre lo que podía esperar del aire, casi siempre enigmático; y ella me lo hacía sentir de manera simbólica. Lloviznaba apenas, y todo hacía prever que la lluvia no iba para más. Salí a caminar sobre la hierba y ella iba detrás. Estábamos ya bajo la sombra del pomelo, junto a las ramas oferentes del heliotropo. Lucita me miró. Era su mirada más dulce. Me di por entendido. Estaba invitándome a quedarnos ahí, a respirar nuestra propia luz.

1693. RESIDENTES PERPETUOS

Ambos eran apasionados de la naturaleza florida, y por eso al unirse para compartir la existencia buscaron un sitio de arraigo que fuera sobre todo un jardín. En los días de asueto no salían de la pequeña casa, y si lo hacían era para divagar entre los árboles y las plantas. Así transcurría su existencia, hasta que llegó el incendió. Un incendio sorpresivo y atronador que lo consumió todo, incluyendo sus propias vidas. El lugar quedó arrasado. Pero los árboles y las plantas comenzaron a resucitar por obra de un poder insospechados. Ellos, invisibles, seguían caminando por ahí.

Personas pequeñas: la lucha por adaptarse a un mundo de talla grande

Fotografías de La Nación/Costa Rica/GDA

Matías Sandoval Marenco patina con gran facilidad por la pequeña sala de su casa. Va y viene mostrando su habilidad. Cuando se le aflojan los patines se sienta en un sofá cama y sube su pierna para lograr ajustarlos: dobla la rodilla y estira el brazo. Eso lo hace con una sonrisa cargada de camanances.

Él nació con acondroplasia (la forma más frecuente del enanismo) y ha aprendido a adaptar su vida a todo. No hay demasiadas diferencias en comparación con niños de talla promedio. De hecho, él solo encuentra una.

Matías tiene ocho años y cursa segundo grado. Es un niño tranquilo y brillante. Entiende que la única diferencia que tiene con sus compañeros de clase es que corre “más despacito” que ellos porque sus piernas son más cortas.

Kenia Marenco, de 28 años, es la mamá de Matías. Ella cuenta que cuando él estuvo en kínder y primer grado fue blanco de “crueldades”, pues supo que algunos compañeros alzaban a su hijo y lo columpiaban, otros le decían apodos relacionados con su estatura.

“Cuando ingresó a la escuela no alcanzaba los cierres de los baños y había chiquitos que lo encerraban. Una compañera una vez le dijo que por qué tenía la cabeza tan grande, que si estaba enfermo. Le han dicho de todo. Antes se extrañaban de verlo diferente a otros. Le decían bebé. Lo querían alzar”, relata la mamá, quien no juzga a los escolares, pues asegura que la educación debe venir desde casa.

A pesar de esas circunstancias, Kenia jamás victimiza a su hijo, por el contrario, ella lo ha educado para que sea respetuoso y que entienda que no hay condición física que su esfuerzo no pueda vencer. Si Matías necesita alcanzar algo usa unas graditas que tiene en su casa, en Curridabat.

Kenia, su esposo, Orlando Sandoval, y su hijo menor, Mateo, son de talla promedio. Matías es la única persona pequeña en su familia.

Matías es sobresaliente: sus notas nunca son menores al 92 y también es muy buen portero. Educación Física es su materia favorita.

—Matías, ¿qué es lo que más le gusta hacer?

—Me gusta ir a Educación Física para jugar bola, me gusta eso y patinar. También tengo una tableta con juegos.

—¿Le gusta ir a la escuela?

—Sí, me gusta ir.

—¿Cómo ha sido ser niño de talla baja?

—Ha sido fácil y difícil. A veces (los compañeros) me dicen palabras bonitas como “Matías, usted es lindo”. Otras veces me han molestado. En primero me molestaban. Este año la escuela ha ido bien. Tengo un montón de amigos.

—Me parece que usted es un niño muy inteligente y que patina muy bien. No veo mayor diferencia entre usted y otros niños…

—Yo soy igual, pero sé que hay que esforzarse en algunas cosas porque soy más bajo.

—¿Cómo en cuáles? ¿Hay algo que haga diferente?

—Eeeh (piensa por unos segundos). Yo diferente lo que hago es que corro despacito. Eso.

—¿Qué le gustaría ser cuando sea adulto?

—Bombero.

Kenia antes era una mamá sobreprotectora porque, además de la acondroplasia, Matías nació con hidrocefalia (trastorno cuya principal característica es la acumulación excesiva de líquido cefalorraquídeo en el cerebro) y es peligroso que se golpee la cabeza. Sin embargo, el propio Matías, quien es parte de los Boy Scouts, le ha enseñado que él puede hacerlo todo.

“Al bus se puede subir solo. Yo antes lo alzaba, pero me decía que él puede y así es. Hace poco lo metí en los Boy Scouts y a los paseos van solos, y él me dice que lo deje. En la casa le he enseñado que no se dice no puedo. Si algo no lo alcanza, él puede jalar una silla o usar palo de escoba”; dice orgullosísima.

Kenia es una mujer que emana serenidad y el trato que le da a Matías y a su hermano, Mateo (dos años), evidencia que procura hacer bien la tarea de mamá. Las fotos de sus pequeños, pegadas con cinta adhesiva en las paredes de su sala, respaldan que sus hijos lo son todo.

“Hay papás que no inculcan el respeto. Un señor me dijo que sí él era uno de los toreros (que aparecen dando espectáculos o toreando vaquillas en las transmisiones de fin de año). Yo le dije que no. Y él me dijo que para eso eran (las personas pequeñas). Eso no es así. Yo no estoy de acuerdo con ese oficio (el de toreros), imagínese un mal golpe en la cabeza o columna”, añadió Marenco.

En la Escuela Centroamérica, donde estudia Matías, paulatinamente han realizado dinámicas para que otros niños comprendan qué es la acondroplasia. Kenia coordinó con la escritora Carmen Flores, autora del libro “Pequeño” (que visibiliza el enanismo), para que leyera el cuento y los niños comprendieran mejor la condición de su compañero Matías, y también la de otros niños con alguna capacidad diferente.

“Pequeño no es raro, solo es diferente”, agregó Matías, quien con ocho años ha aprendido a ser más grande que las limitaciones, tal y como lo narra el libro “Pequeño”.

En su trabajo le adaptaron una silla y le proporcionaron un descansapies. Le iban a acondicionar un lavatorio, sin embargo, ella sugirió que con una gradita sería suficiente. Con sus compañeros lleva una relación de cordialidad y respeto.

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ACONDROPLASIA
En palabras sencillas, la acondroplasia es un trastorno del crecimiento de los huesos que ocasiona el tipo más frecuente de enanismo.

El doctor del Hospital Nacional de Niños Manuel Saborío Rocafort, quien cuenta con más de 20 años dedicado a la genética, explica que la acondroplasia es una enfermedad hereditaria que está relacionada con un gen dominante y la gran mayoría de los casos se heredan básicamente por dos mecanismos diferentes: uno por mutaciones espontáneas y el otro es que en el momento en el que se preparaba el óvulo o el espermatozoide, uno de ellos tiene una mutación. “Desde el momento de la fecundación, el niño va a padecer de acondroplasia”, indica el especialista.

Las personas pequeñas o de talla baja nacen del 80 al 90 % de las veces de padres de tamaño promedio.

“Esto se da por una mutación de novo que ocurre cuando papá preparaba el espermatozoide o mamá el óvulo, en ese momento ocurrió una mutación y una vez que nace ese niño tiene mutación en todas sus células y expresa la enfermedad”.

El otro 20 % o 10 % de niños con talla baja nacen de papás con acondroplasia. Los números han variado porque en el mundo se han ido creando asociaciones y personas pequeñas se conocen y encuentran afinidad, cuenta el doctor.

“Si nosotros vemos hace 30 años la relación era que el 90 % nacía de padres de talla normal”, explicó Saborío.

Valores deportivos. Esta selección de fútbol de gente pequeña se ha enfrentado a quienes los discriminan ofreciéndolos como una “rareza” y no en el marco de la competitividad deportiva.

Clínicamente la acondroplasia se describe como una forma de baja talla a expensas de extremidades cortas. Esta condición afecta vértebras, costillas, huesos del cráneo y pelvis. Esta condición es más evidente en los huesos que tienen que crecer más (húmero y fémur) porque esos van a ser más limitados en su crecimiento.

También existe la posibilidad de que padres de talla baja tengan hijos de tamaño promedio.

“La enfermedad se hereda. Cuando alguien tiene acondroplasia el riesgo de tener un hijo con la misma condición es de un 50 % para cada evento reproductivo. Si el hijo nace sano nunca va a transmitir la enfermedad”, explicó el doctor.

Las personas con acondroplasia también nacen de la unión de papá con acondroplasia y mamá de estatura promedio y viceversa, o cuando ambos son de talla baja.

Una persona es considerada de baja talla cuando siendo adulto mide menos de 1.42 m. Existen más de 80 enfermedades hereditarias que producen huesos cortos. La acondroplasia es una de ellas y es el “defecto esquelético más común”.

Saborío Rocafort informó que al año pueden nacer tres o cuatro niños con acondroplasia en Costa Rica, lo que significa uno por cada 20,000 nacimientos.

El genetista destaca lo bien articuladas que son las personas pequeñas, habilidad con la que compensan algunas limitaciones físicas mecánicas. “Como todo ser humano tiene ciertas limitaciones como para subir, bajar o salir corriendo. Corren rapidísimo pero no a la misma velocidad. Yo les digo a los papás que no se asusten si sus hijos son presidentes o líderes estudiantiles”, dijo.

Por otro lado, el especialista lamentó que “la gente los ve en relación con la estatura que tienen. La misma sociedad no tiene el respeto a ese ser humano como se lo tendría a una persona de estatura normal. Les cuesta mucho más conseguir trabajo. Ellos están deseosos de desempeñarse profesionalmente, ganarse su trabajo”, aseveró.

Respeto es lo que buscan las personas de talla baja que, además de Matías, le presentamos en este trabajo.

Jimmy Umaña, María Isabel Villalobos, Josafat Badilla, Linsey Montero, Armando Muñoz y Fabricio Bustos son costarricenses de talla baja, de varias edades, que trabajan y estudian en un mundo que no está adaptado (en tamaño) para ellos pero al cual han sabido acoplarse.

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RESPETO, POR FAVOR
Por suerte los tiempos cambian. Jimmy Umaña lo sabe. Él nació con acondroplasia y desde niño se le instó a hacer todo lo que quisiera: que estudiara, practicara deporte y se preparara para trabajar. Lamenta que “en el pasado” las personas que tenían una diferencia física eran apartadas, se dejaban en la casa y si estudiaban y eran víctimas de burlas, se les sacaba del colegio. Hoy cree que esos tiempos han quedado atrás.

Desde temprana edad, Jimmy vio que era igual que su papá, Jimmy Umaña Quesada; su abuelo, Juan Rafael; y su hermano Jafeth, quien llegó tiempo después. La única con talla promedio en su familia es su mamá, Karen Castillo.

Desde niño sus papás le fortalecieron sus capacidades y pudo hacer una vida normal social y académica. Hoy, con 31 años, tiene una especialidad técnica como supervisor de producción, la cual cursó en el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC).

“Mi papá nos empujó a salir adelante. En el estudio y trabajo, yo trato de que vean a Jimmy, no a la persona de talla baja. Yo siempre fui social. Salía con mis amigos. Pedía cajas de cervezas y les daba vuelta para estar ‘face to face’ (cara a cara) con ellos. Siempre me han tratado como a uno más. Hay chicos a los que han tenido en una burbujita (…)”, cuenta.

Jimmy es presidente de la Asociación Pro-Gente Pequeña de Costa Rica, cargo que le fue heredado por su papá. Esta organización tiene la premisa de “luchar por el bienestar de la gente pequeña en los campos sociales, de salud, de recreación y de deportes”.

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¿ES COSTA RICA UN PAÍS ADAPTADO PARA PERSONAS DE TALLA BAJA?
Ir al supermercado, subir gradas, sacar dinero del cajero automático, ir a alguna ventanilla de una institución, usar un lavamanos, sentarse a comer en las sillas de un “food court”, sentarse en la parada de bus a esperar, subirse al autobús, tocar el timbre para bajarse son tareas que una persona de talla promedio jamás consideraría difíciles. Para las personas pequeñas es casi que una odisea. Y Jimmy lo explica.

“La accesibilidad en este país va a ser difícil para cualquier persona con discapacidad. En muchos lugares tenemos problemas con las mesas, con las recepciones, con los baños; en el caso de los hombres, los orinales. La ley 7600 dice que toda mesa de atención tiene que estar no a más de 90 centímetros en lugares públicos, pero vas y están altas. He querido captar la atención del Colegio de Ingenieros, que a la hora de hacer los planos tomen en cuenta no solo a la población de talla baja, sino a adultos mayores, niños, personas con silla de ruedas”, expresa.

El enanismo es una condición. Sin embargo, hay circunstancias en las que las personas pequeñas son catalogadas discapacitadas.

“Para lo de la discapacidad aplican restricciones. Si yo voy a pedir trabajo como chofer de bus me van a decir que no, me ponen de lado, si quiero ser policía, no puedo. Me ponen limitaciones por ser de talla baja. Nos ven discapacitados (…)”, cuenta.

Los obstáculos en infraestructura son solo una de las situaciones con las que lidian las personas pequeñas cada día. También están el irrespeto e incomprensión.

“En lo social sí tenemos problema en el sentido de la burla, el rechazo, el etiquetar a la gente. Tenemos la historia de Armando, él es torero de entretenimiento (lea más adelante su experiencia); y a él le fascina y disfruta todo su ambiente, pero cuando yo ando en la calle la gente piensa ‘ahí va el torero’. La gente se viene con el teléfono en la mano, la gente nos ve a mi pareja (Ana Isabel Villalobos, a quien le presentamos en breve) y a mí y nos toman fotos. La gente nos ve en el “mall” y nos llama y dice “ey venga, usted, tómese una foto con mis hijos; yo quiero una foto de ustedes con mis hijos”. Le digo: “No señor, muchas gracias”, y me dice: “pero por qué se enoja”.

Dedicación. José Armando Muñoz Ugalde es parte de la selección de fútbol de gente pequeña. Asiste a los entrenamientos de forma disciplinada y constante.

Hay que entender que esto no es normal. Esto no está bien. No es toda la gente, pero sí pasa muy seguido. La gente nos toma fotos, nos quieren alzar. No hay educación para aceptar las diferencias de la gente”, afirma.

Jimmy Umaña ve que es indispensable que la población conozca y comprenda que las personas de talla baja pueden desempeñarse en muchísimas actividades que no tengan relación con el entretenimiento.

“Creen que somos para el circo, payasos, bufones. Nos agarran de patos. Ya uno sabe cuando una persona viene con intención mala. Nos ponen apodos. Los chicos de escuela tienen problemas con el “bullying”, ahí es donde la educación tiene que cambiar su método. Por ejemplo, que un niño explique qué es la acondroplasia, así como se expone el tema del ecosistema”, sugiere.

Gracias a sus estudios y a la capacidad mostrada, Jimmy trabaja como analista de cuentas por pagar de una trasnacional. Su experiencia ha sido más que satisfactoria, pues dice que sus empleadores vieron en él que cumple con requisitos y experiencias. No se fijaron en su talla.

Su espacio de trabajo ha sido adaptado: “La silla tiene un cojín, las sillas han sido bajadas, la recepción tiene espacio especial para poder atenderme, y la población, que somos 700 empleados, ha sido educada en que a una persona de talla baja se le trata con respeto”.

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EN EL TRABAJO, ESTUDIO Y AMOR
“La frase pobrecita la enanita, no va conmigo. Primero porque la palabra enano o enanito es despectiva. Segundo porque mis papás me criaron con una mente abierta (toda su familia es de talla promedio), me enseñaron a no acomplejarme y a hacer todo por mí misma. Lo principal es esforzarse y estudiar”, dice Ana Isabel Villalobos, quien nació con acondroplasia.

Ana Isabel tiene 26 años, trabaja en la oficina de cobros de Mutual Alajuela y está estudiando Recursos Humanos. También tiene un Técnico en Contabilidad, mas dejó esa carrera porque no sentía afinidad.

En su trabajo le adaptaron una silla y le proporcionaron un descansapies. Le iban a acondicionar un lavatorio, sin embargo, ella sugirió que con una gradita sería suficiente. Con sus compañeros lleva una relación de cordialidad y respeto; de la misma manera le va con los estudiantes de la universidad.

Ana tiene su propio apartamento en el que vive con su pareja, Jimmy Umaña. El hogar no está acondicionado para personas pequeñas: sus padres le enseñaron a realizarlo todo de la forma más normal. Bancos y gradas portátiles han sido sus aliados siempre.

“Vivimos juntos. Más adelante nos gustaría tener hijos. Ahorita no, porque la vida está muy dura”, asevera. Inmediatamente se cuestiona cómo sería andar con un bebé en autobús por la dificultad.

“Si me cuesta subirme sola, no imagino cómo podría hacer con un bebé. Imagínese”, agregó.

Ana tiene el cabello largo y claro, sus ojos son celestes y su sonrisa brillante y blanca. Es una mujer que emana seguridad y que espera de esta país un acceso más amigable con las personas de baja talla.

También quisiera no tener que lidiar con las risas burlescas de personas “ignorantes” cuando la ven pasar.

“Ignorante es la palabra que califica a esas personas que se burlan y no educan a sus hijos. A como hay personas que dicen: ‘Mira, ella es una persona de talla baja y es igual a todos’; hay otros que dicen: ‘¡Ay! mirá a la enana’, y se ríen, siguen la corriente a sus hijos cuando se burlan. Obviamente uno se siente incómodo, pero ya se está acostumbrado a eso. Yo ando normal y jamás me da vergüenza salir”, cuenta.

Cuando va de paseo con su novio es normal que les pidan fotos y que asuman que son las personas pequeñas que trabajan en los espectáculos taurinos y de baile que se presentan a fin de año.

“Eso es muy complicado”, afirma. La incomodidad que generan las miradas o la osadía de las personas de acercarse a pedir fotos no acomplejan a Ana Isabel, quien es una mujer muy segura y feliz con su condición.

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EL LÍDER DEL COLEGIO
La sonrisa de Josafat Badilla Rodríguez está llena de carisma. Él es un adolescente de 16 años que nació con la condición de acondroplasia. Al igual que la mayoría de las personas presentadas en este texto, él es el único de talla baja en su familia.

En julio, Josafat entregó la banda presidencial. Él fue el presidente del Colegio Técnico Profesional del Valle la Estrella por un año. Ese período terminó, mas el de buen estudiante no. Este joven, quien esta cursando la especialidad de Informática en Soporte, ha tenido excelentes calificaciones desde que empezó la escuela. Su mamá, Elena Rodríguez, sabe lo que es recibir de su hijo solamente buenas noticias.

“Ser la madre de un joven de talla baja ha sido una experiencia muy bonita y con tantas anécdotas: a veces con insultos de la gente y a veces se topa uno con personas que le dan palabras de ánimo.

Él ha sido para mí un ejemplo a seguir porque a pesar de su condición ha sabido salir adelante. En su niñez él siempre fue independiente y desde pequeño lo llevo a la Asociación Pro-Gente Pequeña y ha sido una gran ayuda, porque ahí conoció más personas iguales a él, con las cuales han hecho una bonita amistad: todos se ven como familia”, dice la madre.

La historia de Josafat no ha estado empañada por el “bullying”. Él ha sido muy querido por sus compañeros, quienes ven un líder en él.

“Siempre he sido cuadro de honor. He estado en la banda y me retiré en décimo. El año pasado fui líder estudiantil de un congreso de colegios técnicos. Yo fui el más destacado de mi colegio. He sentido mucha aceptación. Me han apoyado mucho”, cuenta el vecino del Valle de la Estrella, Limón.

—¿Cómo es tener talla baja y ser joven a la vez?

—Muchas veces lo siento normal. Pero muchas veces se llega a sentir como un reto. En ocasiones quiero jugar o hacer algo que yo por mi condición no puedo. A mí me gusta mucho andar en bicicleta con mis amigos, pero a veces, por mi condición, no puedo hacer algunas de las rutas que ellos hacen.

Su hermano, Breidy Carballo, de 24 años, dice que en la casa siempre le han dado acompañamiento, pero nunca lo han “alcahueteado”.

“A veces por pereza pedía que uno le pasara algo, pero entonces le decía: ve aquella silla, usted tiene sus manitas buenas y sus pies. Vaya y lo alcanza para que usted vea que también puede hacer sus cosas por sí mismo”, recuerda el hermano. “La verdad todo es cuestión de adaptarse”, agrega Josafat.

Aparte de ser dedicado con sus estudios, Josafat es baterista. Él toca en una iglesia evangélica. Los pedales de la batería están acondicionados con un tipo de zancos y con ello demuestra que ese instrumento “no es solo para personas altas”.

Para jóvenes que al igual que Josafat tienen acondroplasia, él envía un mensaje. “Les digo que no hay que poner atención a lo negativo que puedan decir. Solo hay que creer en sí mismos, entender que sí podemos. Con esfuerzo todo lo podemos hacer. Hay que intentar hasta poder hacerlo”, dice el adolescente que apenas salga del cole ingresará a cursar Ingeniería en Sistemas.

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UN TORERO DE TALLA BAJA
Muchas cosas se dicen alrededor del trabajo de Armando Muñoz Ugalde. Para él eso no tiene influencia absoluta, pues está muy complacido con su labor taurina.

Desde hace dos años es uno de los toreros de talla baja que aparecen en las transmisiones de fin de año. Aunque muchos consideran que su trabajo es para hacer reír o que por estar allí siendo perseguido por una vaquilla encasillan a la población, él afirma que su labor es un arte y que está orgulloso.

“Me encanta. Lo que más me gusta es conocer otros países. Gracias a esto conozco todo Centroamérica. Si Dios lo permite este año tal vez vaya a México. Son cosas que se dan aunque muchas personas están en contra y muchas a favor”, dice Armando, de 31 años.

Afirma que nunca se ha sentido mal ni mucho menos ridiculizado con su trabajo.

“En realidad no, porque es algo que disfruto. Yo no lo veo como ser payaso. Esto es hacer reír a las personas y yo no lo siento de mala manera o en son de burla. Nosotros hacemos un show, digamos yo trabajo con mi patrón, él monta un show y después se torea. Llamamos la atención, divertimos al público y después se torea, se hace adrenalina”, afirma.

La pasión por su ejercicio como torero ha hecho que Armando no ejerza su profesión como profesor de Educación Especial.

“No soy profesor porque no lo he podido encontrar. No he terminado mi ciclo taurino. Esto me apasiona. Todavía quiero más. Cuando salgo del país el trato es diferente. Uno es muy querido, bien recibido. Usted va como artista. Es un show lo que vamos a hacer. Nos respetan mucho. No tengo queja”, dice.

—¿Cómo siente que es la acogida de los toreros de talla baja en Costa Rica?

—Es demasiado lindo. Costa Rica es el país de uno. Esta es la cuna. Si Dios lo permite ya empiezo a meterme más en mi profesión.

Armando, quien es vecino de San Vito de Coto Brus, es muy extrovertido. Dice que sus padres (de talla promedio) nunca le limitaron “por ser pequeño”. Mientras estuvo en la escuela, colegio y universidad fue “muy querido”. Al “bullying” que a veces se asomaba nunca le prestó atención.

Eso sí, resalta que “a la sociedad le falta respeto, educación, un poquito de tolerancia, saber que no podemos hacer lo mismo en el tiempo que ellos pueden”, dice.

Armando es padre. Tiene una hija de tres años llamada Samantha. Ella nació de “tamaño normal”, según cuenta el papá.

“La mamá de ella es de talla normal. Como papá soy muy amoroso y cuando la veo la disfruto al máximo”, manifiesta con orgullo.

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ACEPTACIÓN Y SEGURIDAD

En actividades. Lindsey Moreno Chinchilla es otra de las involucradas en proyectos deportivos.

Desde niña Linsey Montero se acostumbró a “acomodarse al mundo, porque el mundo no se acomodaría a ella”. Ella tiene acondroplasia y nunca ha sido problema. Desde ya sueña con comprar su primer carro, hasta ha pensado en cómo adaptar los pedales para manejar con comodidad.

Con 19 años dejó su natal Zona de los Santos para venir a vivir a Heredia y poder trabajar y estudiar Ingeniería Industrial. “Yo soy la única talla baja de mi familia y también de la Zona de los Santos. Eso era muy divertido. Nunca me pusieron las cosas fáciles, siempre había bancos, escaleritas, cosas que me acoplaron para que me acomodara a todo normal. Siempre andaba un banquito conmigo”, cuenta.

Linsey ha tocado instrumentos, ha tenido novios y ha hecho “muchas cosas que la gente pensaría que por ser de talla baja no puede”.

“Ahora no tengo novio. He tenido pero talla promedio. Yo a los talla baja los veo como hermanitos, como familia. Uno se llega a acomodar porque es divertido. Uno va caminando con el muchacho y la gente se pregunta si son hermanos o qué”, dice.

Linsey es elocuente y simpática. Irradia felicidad. Su aceptación la ha acompañado desde siempre, a pesar de que en el primer año de colegio algunas compañeras le decían groserías y se reían de cómo corría.

“Yo le decía a mi mamá y ella me decía que yo podía. Son retos del día a día, uno va a la calle y se le quedan viendo como pensando ‘qué es esa cosa’, hay gente que nos pide fotos, a mi mamá le preguntaban que si yo hablaba. Ahora con esto de los chicos que son toreros, pienso que es bueno, yo los apoyo porque es un trabajo, pero generalizan y dicen que si yo soy la torera y nunca me ha gustado esta parte de que piensan que uno solo sirve para circos”.

“La gente no cree que uno puede trabajar en otras cosas, sino que solo vestiditos de payaso; yo sé que es un trabajo, pero generalizan mucho. Y le dicen a uno: ¿qué, se quiere meter a un circo a trabajar’. Yo personalmente le tengo mucho miedo a los payasos”, cuenta entre risas.

Linsey resalta que muchos jóvenes de talla baja tienen sus profesiones y negocios. “Lo único es que tenemos cortos son los brazos y las piernas, pero no es que eso impida hacer lo que queremos”.

Al igual que muchas jóvenes de su edad, Linsey gusta de la moda, del buen vestir. En ese aspecto también ha tenido complicaciones con las que ha aprendido a ingeniársela.

“Yo consigo pantalones de persona promedio y los corto. Con los zapatos, uno va a talla de pequeño, el asunto es que uno tiene pie grueso entonces no todo le queda. Yo calzo 32 y mido 1.30; con la parte de las blusas es más sencillo porque el tronco lo tenemos de un tamaño más promedio”.

Para jóvenes que al igual que Josafat tienen acondroplasia, él envía un mensaje. “Les digo que no hay que poner atención a lo negativo que puedan decir. Solo hay que creer en sí mismos, entender que sí podemos. Con esfuerzo todo lo podemos hacer. Hay que intentar hasta poder hacerlo”.

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SELECCIÓN DE FÚTBOL DE PERSONAS PEQUEÑAS

Necesidades. El acceso a servicios banacrios, como los cajeros automáticos, supone retos para las personas pequeñas.

Fabricio Bustos Apú es un joven moreno y fornido, decidido y esforzado. Desde hace un tiempo está a cargo de un proyecto que lo emociona por las posibilidades que le brinda a él como apasionado del deporte y a otras personas pequeñas.

Hace tres meses, Fabricio formó la Selección de Fútbol Talla Baja Costa Rica. La iniciativa proviene de la necesidad que él y allegados suyos, quienes son personas pequeñas, tenían de ejercitarse y hacer deporte.

El equipo de fútbol sala está conformado por hombres de talla baja con edades a partir de los 16 años. La selección de talla baja supo que en el mundo existen varias selecciones, por lo que, se realizan torneos en los que ellos quieren participar.

“Nosotros queremos ir a los torneos que organizan entre tres o cuatro selecciones en Suramérica. En octubre va a ser la primera Copa América que va a tener más selecciones suramericanas y además, las de México y Costa Rica como invitados. La confirmación de poder asistir depende de patrocinios. Andamos buscando recursos, por el tiempo se nos dificulta. La organización se encarga de todo lo que es hotelería, transporte y comida durante el torneo del 24 al 29 de octubre”, contó Fabricio, de 24 años.

Los jugadores que participen en este torneo deben tener una altura máxima de 1.45 cm. En el campo de juego las reglas son iguales, lo único que cambia son las dimensiones de la cancha: los marcos son más pequeños.

La selección de fútbol de talla baja es una gran motivación para varios muchachos que viajan hasta siete horas para llegar a los entrenamientos, que se realizan en San José. El obstáculo con el que han tropezado es la falta de recursos: no tienen uniformes, ni chalecos, ni tampoco conos, cuenta Fabricio.

“Los compañeros vienen desde lugares lejanos y es porque están motivados. Nunca se había hecho esto. Es el primer equipo de fútbol de talla baja. De hecho, es el primer equipo en deporte de talla baja”, afirmó.

Otro inconveniente, según refirió Jimmy Umaña antes, es que para muchos la selección es el “hazme reír”.

“Buscando patrocinios una vez nos dijeron: sería muy bonito ver un montón de enanos corriendo detrás de una bola. Y eso no es justo. Se menosprecia todo el esfuerzo que hacen los muchachos de Guanacaste, de Limón. Eso es parte de lidiar con el día a día de este país”.

Fabricio es vecino de Escazú y trabaja como diseñador gráfico en Sandía Studio, un emprendimiento que tiene con su hermano. Antes encontró empleo en un “call center”, y dice que nunca ha tenido problema para hallar trabajo, aunque sabe que a varias personas pequeñas se les han cerrado puertas por su tamaño.

Fabricio es la única persona pequeña en su familia, y al igual que los otros entrevistados él ha sabido ser más grande que cualquier obstáculo que les ha dicho “no pueden”.

Positivo. Josafat Badilla Rodríguez es consciente de las necesidades no satisfechas de este colectivo, pero su mensaje es optimista e invita a trabajar cada día más.

“Si no paramos, en unos años no habrá nada que proteger”

Andrés Pinto, colono de la finca Tonina, de Tepecoyo, camina al pie de los verdes bambúes que flanquean la entrada de la propiedad. Tiene 61 años y la mayor parte de ellos los ha ocupado para el cultivo de la tierra. Cuando avanza, lo hace casi sin mover las manos, como tratando de no gastar energía en actividades que no lo merecen.

Cuando no es el tiempo del café, siembra maíz y frijol en una parcela que está en el otro extremo de la finca. Y lo hace como lo ha venido haciendo desde hace décadas, ocupando abonos, foliares y herbicidas químicos, el método de trabajo más rápido, aunque no el más seguro para el ambiente, algo que se vuelve especialmente importante en estas tierras, que forman parte del área de conservación Los Cóbanos. Este engloba el espacio marino en el que está uno de los arrecifes de coral más importantes del continente, ubicado en Acajutla, Sonsonate. También el territorio de otros seis municipios en el occidente del país, en los que hay otros tipos de ecosistemas.

Todo forma parte de una cadena. En las montañas de Tepecoyo, por ejemplo, nacen los afluentes que van a dar a los ríos que luego desembocan en el bosque salado de la costa, que incide directamente sobre el ecosistema de Los Cóbanos, un espacio que fue declarado área natural protegida hasta febrero de 2008. Si los afluentes llevan sedimentos de herbicidas u otro tipo de elementos que puedan afectar el equilibrio en la parte baja, eso es un peligro para aquello que se pretende conservar.

Andrés Pinto asegura que han recibido capacitaciones por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), pero se queja de que se trata de períodos muy cortos. Dice que les mostraron, “a la carrera”, cómo hacer abonos orgánicos. Para él no fue suficiente.

“Es que no es lo mismo que a uno rapidito le digan así se hace, en una pizarra, a que vengan a donde uno trabaja y le enseñen a elaborar las cosas haciéndolas”, comenta, al subir una pronunciada pendiente hacia la milpa trabajada por Carlos Artiga, el mandador de la finca Tonina.

A diferencia de Pinto, Artiga ha sembrado esta manzana usando solo abonos orgánicos. Pero no lo ha hecho con un objetivo ambientalista: hacerlo de esa forma le sale más barato, aunque tenga que esperar un poco más de tiempo por los resultados.

El mandador recita los nombres de los árboles que él conoce dentro del sitio, pero se queja de que el MARN solo le haya dado una hoja con una multiplicidad de nombres científicos y comunes que, sin embargo, él no domina. Le da miedo que haya especies en peligro de extinción que no haya podido identificar. Aquí esos árboles son intocables. Talarlos les puede significar una multa. Eso si las autoridades se enteran de ello, lo que no es tan fácil.

Hace un cálculo al aire: el quintal de abono orgánico se prepara a base de gallinaza (heces de pollo), basura podrida y algunos elementos que ayuden a crear microorganismos, como la melaza. En cada quintal invierte $2, dice. Si decidiera hacerla con productos químicos, el costo subiría hasta los $12. Colaborar con el ambiente a veces puede ser rentable, concluye Artiga.

Lo mismo están haciendo con el café, un cultivo que requiere, sin embargo, mucho más tiempo. Un frijolar o una milpa de maíz tienen un ciclo de 72 días desde que se siembra hasta que se arranca. El arbusto que da el fruto de la bebida más popular del mundo requiere hasta un año con productos químicos, que empiezan a trabajar al instante. Hacerlo con orgánicos dobla el período de espera. Pero, de la misma forma, vale la pena.

“Viera qué bonito sale el fruto, más pesado y más dulce. Como que la tierra agradece que se le trate así, con más mimos”, comenta Andrés Pinto, el colono que, sin embargo, en cultivos propios ha preferido seguir laborando como lo hacía antes.

Carlos Artiga, el mandador, sigue trabajando en su milpa. Arranca las hierbas con su machete mientras conversa. El ambiente se ha comenzado a calentar. Muy cerca viene una tormenta, que empieza a notarse con un silbido entre las ramas de los árboles, de los que aquí hay una envidiable colección de especies amenazadas o en peligro de extinción. Conacastes, laureles, robles, cedros y el famoso bálsamo habitan la finca, como viejos amigos venidos de un tiempo muy lejano.

El mandador recita los nombres de los árboles que él conoce dentro del sitio, pero se queja de que el MARN solo le haya dado una hoja con una multiplicidad de nombres científicos y comunes que, sin embargo, él no domina. Le da miedo que haya especies en peligro de extinción que no haya podido identificar. Aquí esos árboles son intocables. Talarlos les puede significar una multa. Eso si las autoridades se enteran de ello, lo que no es tan fácil.

Tepecoyo vive un problema de inseguridad debido a las pandillas que han llegado a instalarse en los cantones de la parte alta. Decenas de familias han sido desplazadas de sus antiguos hogares. Por eso no es una zona que cualquiera pueda visitar de forma constante, sobre todo para un tema como la conservación del medio ambiente.

Manuel Valiente es el encargado de la Unidad de Recursos Naturales de la Alcaldía Municipal de Tepecoyo desde marzo de este año. Es el único empleado de ese departamento. Incluso debe colaborar con la Unidad de Adquisiciones y Contrataciones (UACI) debido a la escasez de personal.

A él le corresponde velar porque las fincas y cooperativas de la zona cumplan con lo requerido al formar parte de un área de conservación. En la práctica, funciona como una especie de guardarrecursos, pues es el enlace del MARN en Tepecoyo. \

Patrulla a bordo de su moto de enduro. Pero debido a la inseguridad, no lo hace tan a menudo. Sin embargo, ha podido obtener algunos resultados. Hace solo un par de semanas, él y un escuadrón de la División de Medio Ambiente de la PNC sorprendieron a un grupo de personas miembros de la Cooperativa El Shahuite haciendo tala rasa (eliminación de toda la vegetación en un terreno) para acondicionar allí sembradíos de maíz y frijol, una práctica prohibida. Esto favorece la erosión de la tierra, un factor de riesgo para el bosque salado y los arrecifes de coral en la costa.
“Nadie les había puesto un paro a esta gente. Yo creo que esa es una de las mayores deudas que tenemos. Hay unas metas de reforestación que se han cumplido, me atrevería a decir, solo en un 5 % de las manzanas depredadas”, comenta. Dice que un negocio que ha llegado en detrimento al esfuerzo es el de la manufactura de biomasa, de la que hay varias empresas en Colón y en Ateos que se nutren de la madera de lugares como Tepecoyo. La biomasa es utilizada como un potente combustible para carbón comprimido.

Valiente muestra las fotos en las que se mira a un lado la tierra yerma y al otro, la vegetación. También comparte una grabación en audio del operativo. Allí, quienes hablan son campesinos pobres, quienes ruegan porque los dejen seguir, pues eso significa una oportunidad para sembrar y llevarle subsistencia a los suyos. No hay muchos espacios para esto en Tepecoyo debido al crecimiento poblacional experimentado en las últimas décadas.

¿Cómo se conserva el medio ambiente en un espacio con tantas carencias, donde no están todavía solucionados problemas como el acceso a alimentos o el desempleo? En el municipio, el 24.2 % de la población vive bajo pobreza extrema, según el informe de Indicadores Municipales y Desarrollo Humano del PNUD. La alimentación es un problema fuerte, sobre todo para los más vulnerables: el 34.3 % de niños menores de cinco años tiene un peso menor al recomendado para su edad.

En Tepecoyo se vivieron tiempos mejores, cuando existían hasta tres beneficios de café que le daban trabajo permanente a cientos de personas. Ahora todos han cerrado operaciones.
“Hay que llegar a un punto de armonía, donde haya una agricultura sustentable, donde todos quedemos bien. Ahorita, sin embargo, yo no hallo alguna alternativa a la problemática”, comenta Valiente desde su escritorio en la UACI de la alcaldía municipal.

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EL MEDIODÍA CASI SE HA INSTALADO de lleno en las afueras de este bosque salado en el municipio de Sonsonate, otro punto del área de conservación Los Cóbanos. En la bocana, Saqueo Rodas lanza sus redes en espera de que el día sea de buena suerte.

Una y otra vez el laberinto de hilos penetra la superficie del agua, que se revienta en astillas de cristal. Al fin, parece que algo ha llenado el vacío. Tres peces se retuercen en el interior de la red. Saqueo los coloca en una pequeña laguna aislada del resto de agua. Nota que uno de los peces es pequeño y decide devolverlo a la bocana, para que siga su camino.
—Nosotros venimos de Chalatenango. Allá así se hace con la tilapia. Solo te aceptan de cierto tamaño. Más pequeño es como desperdicio –dice Saqueo, quien sonríe bajo el sombrero que lo protege del sol. —En unas semanas quizá ya esté bueno, más grande, y sea yo mismo el que lo vuelva a pescar. U otro compañero.

Esta es una práctica recomendada no solo en esta bocana, sino en toda el área de conservación, sobre todo en Los Cóbanos. Respetar la talla para pescar es una medida que permite que la especie se renueve y nunca escasee. No está prohibido que se pesque cualquier especie, pues a excepción del caballito de mar y del tiburón ballena, el MARN no reconoce en estado de amenaza o en peligro de extinción a ningún otro.

A pesar de tratarse de un área protegida, en los linderos del bosque hay un caserío, Barra Salada. Allí viven decenas de familias que fueron ubicadas a inicios del milenio. Desde la alcaldía se decidió cederles estos terrenos después de que las viviendas en las que vivían, ubicadas en la costa, fueron destruidas por una tormenta. En ese entonces, ni siquiera Los Cóbanos era reconocido como área natural protegida por el Estado salvadoreño. La medida fue humanitaria.

Dice que es así porque, de todas formas, la madera es un producto escaso en este bosque salado, parte de una extensa área de conservación. —Si aquí ya ni hay madera, usted –dice Santana con una mirada en la que se funde la complicidad y el enojo. —Usted puede ver que en la orilla se ven los manglares bien sanos, pero eso es solo allí, por la marea. Adentro hay manzanas y manzanas desérticas, que se han secado. De allí ya nada se puede sacar, ya no es como antes –comenta.

Santana, barba escasa, ojos vivos, sonrisa fácil, es una de estas personas. Su casa es una de las que más adentro del bosque se encuentran. Es un lugar paradisiaco, con mar y ríos que desembocan hasta donde puede alcanzar la vista. Lo único que arruina el paisaje es el intenso calor, que parece respetar a las flores que Santana ha sembrado en su jardín.

Uno de los principales problemas de la presencia de personas en el bosque salado es el de la tala de los árboles, sobre todo de los manglares, para conseguir leña y madera. Así lo asegura Jorge, presidente de la ADESCO del caserío. Dice que desde el MARN, la idea es que no se tale ninguna especie, sobre todo el muy valorado mangle rojo. Pero la realidad los supera: para algunas familias no es posible abastecerse de otra forma.

“Es que en eso deberían concentrarse las autoridades, en pensar en alternativas para el pobre”, comenta Jorge.
Santana, mientras trabaja en preparar sus anzuelos, apunta en medio de su casa que ya desde hace algunos años él prefiere la madera dulce: “La única diferencia entre las dos es que la dulce la tiene que comprar. La otra solo la tiene que ir a buscar al bosque”.

Alternativas. Las autoridades esperan que los habitantes del área protegida comiencen a diversificar sus fuentes de empleo. El turismo sustentable es una de las opciones.

Dice que es así porque, de todas formas, la madera es un producto escaso en este bosque salado, parte de una extensa área de conservación.
—Si aquí ya ni hay madera, usted –dice Santana con una mirada en la que se funde la complicidad y el enojo.
—Usted puede ver que en la orilla se ven los manglares bien sanos, pero eso es solo allí, por la marea. Adentro hay manzanas y manzanas desérticas, que se han secado. De allí ya nada se puede sacar, ya no es como antes –comenta.

Jorge, el presidente de la ADESCO, hace un gesto de aprobación para lo dicho por Santana mientras trabaja en el vivero de tortugas que FIAES y FUNZEL han habilitado en el caserío.
Dice que una de las razones principales para ello es un fenómeno que, desde hace algunos años, se ha comenzado a vivir con mayor regularidad: que el estero se tape. Es decir que el afluente de los ríos que desembocan en el bosque, el Mandinga y el Pululuya, no sea suficiente como para que estos se conecten con el mar.

Pasa sobre todo en verano. Cuando el sol logra penetrar en algún claro hasta el suelo fangoso, este comienza a calentarse. Llega a temperaturas que superan los 40 grados. Esto afecta los árboles más jóvenes y pequeños, que mueren debido a la presión. Si el problema aumenta, el agua puede hacer un efecto espejo y provocar pequeños incendios, que pueden cobrarse cientos de víctimas, incluso a los más robustos troncos. La muerte, dice Jorge, quien ha vivido aquí desde su infancia, puede extenderse por manzanas y manzanas.

—Antes eso pasaba cada 15 años. Era raro. Después se fue haciendo más frecuente, hasta que hace como 10 años ya era una cosa anual –dice, vistiendo una camisa de manga larga que se puso especialmente para esta entrevista. —Hasta que en 2016 pasó tres veces en el año. ¿Se imagina usted esa mortandad de palos y de animales? –comenta en un testimonio sobre el cambio climático que nada tiene de teórico. Este mismo fenómeno afecta directamente a los arrecifes ubicados más al occidente. Según los expertos, el aumento de las temperaturas hace que pierdan muchas de sus propiedades y que la vida alrededor comience a morir.

En 2016, la comunidad se organizó para construir un canal que permitiera desazolvar el estero. Una veintena de personas aportó su esfuerzo por varios días, algunos pusieron lanchas, otros sus pick ups para trabajar un poco más tierra adentro. Los dueños de los ranchos vacacionales de la zona aportaron dinero para la gasolina. La alcaldía ayudó con equipo pesado y personal para trabajar. El MARN dio los permisos para que lo hicieran.

Cuando el sol logra penetrar en algún claro hasta el suelo fangoso, este comienza a calentarse. Llega a temperaturas que superan los 40 grados. Esto afecta los árboles más jóvenes y pequeños, que mueren debido a la presión. Si el problema aumenta, el agua puede hacer un efecto espejo y provocar pequeños incendios, que pueden cobrarse cientos de víctimas, incluso a los más robustos troncos. La muerte, dice Jorge, quien ha vivido aquí desde su infancia, puede extenderse por manzanas y manzanas.

“Del ministerio vinieron y nos dijeron que habíamos hecho un excelente trabajo. Ayudó para que el estero no se tapara por un buen tiempo”, comenta Jorge.
Pero la medida será solo temporal. No pasará mucho rato para que vuelva a suceder lo que temen. Desde el MARN hay un proyecto que posiblemente comience a rodar en noviembre, en el que se pretende crear un canal de 2 kilómetros que sea difícil de azolvar.

Ana Velasco es parte de los tres guardarrecursos del MARN encargados del área protegida de Los Cóbanos, una de las más grandes del país. Con 32,623 manzanas de extensión, el trabajo de ella y sus compañeros es uno que bien podría resumir a este país de carencias: largas jornadas de trabajo y ni siquiera un vehículo para desplazarse a las zonas más alejadas, como la ubicada en el caserío Barra Salada, el bosque de manglar.

Por eso acepta que hay comunidades con las que no ha sido posible trabajar con la intensidad con la que se ha hecho en el caso de Los Cóbanos. Desde hace cinco años, este grupo de personas ha logrado librarse de algunas costumbres que afectaban al manglar, sobre todo la de pescar con red profunda.

Según Velasco, es posible que esta, que se deja por varios días en el lecho marino, arrastre no solo peces, sino otras especies protegidas y migrantes, como tortugas y ballenas. Apenas en marzo de este año se vivió un episodio de esta naturaleza, cuando dos ballenas jorobadas quedaron atrapadas en un trasmallo.
La red también puede enrollarse en los arrecifes de coral. Cuando es extraída, se lleva consigo un trozo de arrecife.
“Cuando esto pasa, el coral se muere. Y eso significa la muerte de un montón de especies que dependen de este”, dice Velasco.

Manuel es uno de los habitantes de la comunidad que han aprendido a vivir en la zona protegida. Sabe de memoria cuáles son todas las prohibiciones: no sacar arena (hacerlo dejaría la playa solo con piedras), respetar a las especies de animales (como aves y reptiles), no botar basura y un largo etcétera. Sin embargo, no siempre está de acuerdo con lo recomendado.
“Estos señores del ministerio son bien ignorantes, ¿sabe? Le dicen a uno ‘no pesque con trasmallo, no pesque con red’. Si esa cosa solo está encimita del agua y es tan delgadito el hilo que si una tortuga, digamos, se llega a trabar, bien fácil se suelta”, comenta.

El nivel del agua ha comenzado a aumentar cuando finaliza la tarde. Juguetonas barcas, amarradas a la orilla, parecen coquetear con el mar. Se alistan para salir más tarde. En medio de la noche, cuadrillas de hombres batallarán para traer el sustento a casa, entre olas y sombras.

Ahora, sin embargo, el ambiente es más relajado y se disipa en el humo de un salobre café. Los hermanos Guillermo y Douglas Ávalos disfrutan de este melancólico final de tarde. Son dos orgullosos habitantes del área protegida y evangelizan sobre la importancia del sitio, sus especies únicas, el hecho de que les provee de todo aquello que necesitan para vivir, en un diálogo de eterna paciencia: hay semanas buenas, en las que se gana lo necesario; hay otras malas, en las que no se cubren ni los costos.

Incluso en este nutrido ecosistema, la pesca es una actividad de subsistencia. Por lo menos para pescadores artesanales como los hermanos Ávalos, que son los que pescan hasta 3 millas náuticas dentro del mar. Otras 27 son para los barcos, que pescan en cantidades industriales. Vienen de todas partes, ninguno es de la comunidad. Según sus habitantes, estos son los que más violan el área protegida con enormes redes de profundidad.

Son los que están más lejos del alcance de los guardarrecursos, que ni siquiera pueden desplazarse en vehículo de un lugar a otro en las partes terrestres del área protegida. Su control le corresponde a la Fuerza Naval, que cubre, con escaso personal, otra variopinta lista de actividades.

“Si el ecosistema se muere, también nosotros nos vamos a morir. Nosotros no dependemos de nosotros mismos, dependemos de la naturaleza. Si no paramos, en unos años en esta área natural protegida ya no habrá nada que proteger”, dice como una especie de mantra la guardarrecursos Ana Velasco, sentada en su pequeño escritorio a un paso del mar.

Colección. El MARN cataloga 13 especies de coral en la categoría en peligro de extinción. Todas están presentes en el arrecife de Los Cóbanos. De allí su importancia.

Biblioteca Nacional y Francisco Gavidia

En 2020 cumplirá siglo y medio la institución responsable de preservar la memoria de la palabra escrita: el ensayo, la narrativa, el reportaje periodístico, la poesía, el testimonio histórico. Estamos preparándonos como se debe para conmemorar esa fecha significativa de la Biblioteca Nacional de El Salvador.

Antes que todo, hay decir que el libro es expresión creativa producto de un trabajo del intelecto cuya sumatoria forma parte del ser nacional; permite conocernos, descubrir nuestras señales de identidad nacional que debemos divulgar a donde quiera que haya connacionales o investigadores de la realidad salvadoreña. Y es así que hemos entrado con fuerza al proceso de la era tecnológica.

En Facebook contamos con 5,300 seguidores que se informan a diario en esa plataforma digital. En Twitter sumamos 900 personas siguiendo los pasos informativos de la Biblioteca Nacional de El Salvador. Y lo hemos logrado en menos de dos años de divulgación institucional, abriéndonos paso, sin mayor bullicio, hacia la visión institucional. Incluso superamos en número de seguidores a algunos ministerios con mayores recursos para la comunicación y con más años en la ruta tecnológica.

A esto agregamos las 3,000 visitas mensuales al sitio web Binaes.gob.sv, por el cual ofrecemos información básica a usuarios que nos buscan en cualquier lugar del mundo donde se encuentren.

Así comenzamos la conmemoración del siglo y medio de existencia en que ha jugado su rol el equipo informático de la biblioteca, junto al personal de recursos técnicos. Ambos en asocio trabajan fuera de tiempo laboral para crear un sistema de administración bibliotecaria KOHA, cuyo precio tiene costos inalcanzables para nuestro presupuesto.

No podemos ufanarnos de tales logros sin tener en mente el recuerdo de Francisco Gavidia (1865-1955), cuyo nombre lleva nuestra Biblioteca Nacional, que suma un resultado más: proyecta por dos plataformas informáticas los recursos históricos patrimoniales, la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano y REDICCES, (consorcio de una docena de universidades salvadoreñas).

Nos inspiramos en el humanista por antonomasia Gavidia, quien de 19 años recibió (1882) en su casa a Rubén Darío, de 17 años. Precoces ambos, Gavidia, investigador desde su adolescencia, y Darío, poeta niño. Dicha amistad contribuyó a la literatura universal, resultado cultural fraterno salvadoreño y nicaragüense.

Conocidas las dotes poéticas de Darío, había sido invitado por el presidente salvadoreño. Así lograron encontrarse sin saber que estaban por descubrir las claves de una poesía en castellano no experimentada por los españoles. Investigador precoz, Gavidia estuvo dispuesto a compartir los hallazgos de sonidos y estructuras con su amigo nicaragüense (“Autobiografía de Darío”).

Gavidia, que hablaba francés, dio a conocer a su amigo su traducción al español del poema “Stella”, de Víctor Hugo, leyó en voz alta para que el poeta percibiera lo novedoso del ritmo y quiebre del verso, y que fueron “descubiertos por mí al oído”, dice el salvadoreño. Entonces el poeta nicaragüense inició su aventura luminosa para renovar la poesía.

La realidad social mantuvo en su entorno nacional al humanista, navegando las utopías de la palabra en el mar tenebroso de un autoritarismo que divorciado de la creatividad y del pensamiento crítico. El nicaragüense optó por recorrer el mundo. Aventurero y genial, partió a Chile y Argentina, España y Francia para redescubrir la poesía castellana.

Gavidia se refugió en su casa estudiando los clásicos y el ser nacional para proyectarlo en sus aguas tormentosas.
“Yo había oído leer poesía francesa a franceses… y no me parecían versos de ningún modo, me parecía prosa distribuida en iguales renglones. El misterio no duró mucho tiempo pues sin maestro ni otro auxilio que mi sensualismo pertinaz por el ritmo, acerté a revelar en el interior del verso francés el corazón de la melodía… Feliz con mi hallazgo, leí a quien quiso oírme… Quien me oyó fue Rubén Darío, me prestó atención como yo lo deseaba: una y otra vez parrafadas de versos franceses, un día y otro día; y finalmente leyó (Darío) como yo mismo lo hacía” (Gavidia: “Sobre la versificación de los aeronautas”).

En fin, si tenemos que hablar de Gavidia, se debe hacer referencia necesaria del Príncipe de la Poesía Castellana, hermanos de la palabra estética. Hay que señalar que en el contexto salvadoreño de la época existía un atractivo especial por las bellas artes, en especial por la literatura, como lo comprueban las diferentes publicaciones periódicas de ese fin de siglo XIX. Lo comprueba la invitación que se hace al poeta niño para que se hiciera cargo de dirigir el periódico más importante de la época en El Salvador.

El nicaragüense universal rectificó en sus últimos años de vida los encuentros juveniles. Afirma: “Uno de mis amigos principales era Francisco Gavidia, quien quizá sea de los más sólidos humanistas y seguramente de los primeros poetas con que hoy cuenta la América Español… (y) surgió en mí la idea de renovación métrica, que debía ampliar y realizar más tarde”.

Sin esa obra autobiográfica de Darío, no tendríamos tanta certeza de la contribución que hizo el salvadoreño al nicaragüense para que renovara la poesía castellana. Por eso, aunque olvidados de Gavidia, la Biblioteca Nacional lleva el nombre de quien hizo un paradigma de la palabra literaria y científica de El Salvador. Nada mejor que la voz del humanista migueleño para acompañarnos para preservar el patrimonio bibliográfico de la nación salvadoreña. Estamos bien acompañados en la institución, el alma mater de las bibliotecas está pronta a cumplir y conmemorar siglo y medio de existencia, que traza una hoja de ruta hacia lo que hemos sido para saber lo que deseamos ser.

Esa memoria histórica de la Biblioteca Nacional fortalece para dar a conocer distintas facetas del esfuerzo institucional que nos lleva a visitar centros escolares o recibirlos en el Centro Histórico. O visitar con la biblioteca móvil las comunidades vulnerables, para llevar libros y lectura a lugares donde no llega una biblioteca. Todo ese proceso mencionado es nuestra mejor celebración del 150.º aniversario de la Biblioteca Nacional de El Salvador.

Desmemoria nacional

Fue el lunes, 15 de septiembre de 1879. Hace 139 años que se entonó por primera vez el himno nacional. El Salvador aún estaba en ciernes. La mañana de aquel día, sus propios autores lideraron el estreno público. El poeta y veterano militar de la guerra contra los filibusteros en Nicaragua, Juan José Cañas, autor de la letra, fue parte del acto en el Palacio Nacional. Los alumnos de los colegios y las escuelas de San Salvador habían ensayado por tres meses la letra escrita por Cañas. El general migueleño sumó un éxito más a su estandarte. A la mayoría pareció agradarle el himno, incluido al presidente de la república, Rafael Zaldívar, quien le había encomendado la misión de elaborarlo junto al músico napolitano Giovanni Aberle. Debió de ser un alivio. Los dos habían pasado largas jornadas de trabajo en la casa de Cañas en Santa Tecla.

A muchos puede parecernos una efeméride más entre tantas. Tan lejana a nosotros (en mi familia, aún faltaban seis años para que mi tatarabuela, Juana Ramírez, naciera en la misma Santa Tecla) y que no viene al caso. Es más, el debate sobre los símbolos patrios estaba fuera de foco hasta que un canal local realizó una especie de “tiro al plato” con los alumnos de un centro escolar en Mejicanos. Un hecho que ha originado diversos puntos de vista. Hay quienes han señalado la flagrante falta a la LEPINA por parte del medio, otros se han encargado de enfatizar la falta de conocimiento de los símbolos patrios de los estudiantes y hay quienes, ya en búsqueda de responsables, achacan a los profesores de la carencia de fervor de las nuevas generaciones en el marco del 197.º aniversario de independencia de Centroamérica.

Repercusiones más allá de lo que presupuestaba quien ideó la nota. En El Salvador pocas cosas parecen importan menos que la historia sobre los orígenes del Estado y su formación. Algo que es generalizado en la sociedad y que no se limita a las escuelas. Muchas veces los niños son el reflejo de los padres. Pero no solo se trata sobre los símbolos patrios, sino de recoger la historia del país. Saber de dónde venimos. Asumir las falencias de las generaciones que nos han precedido (no idealizar nada) y las nuestras. Saber que el progreso no se circunscribe a obras de infraestructura como carreteras, sino que avanzar en el desarrollo humano del país. En ese sentido, El Salvador llegará más que abollado al bicentenario.

Ha llovido mucho desde que Juan José Cañas y compañía entonaron el himno nacional por primera vez. Un hombre que también estuvo presente cuando se izó por primera vez la actual bandera nacional, el 15 de septiembre de 1912. Cañas encarnó a la primera generación de poetas de la república. Afortunado de ser más recordado por las letras que escribió que por actos militares. Era invitado a declamar en actos oficiales, como cuando se inauguró el primer tramo del ferrocarril en el país, de Acajutla a Sonsonate.

Pero los 15 de septiembre no solo han sido actos protocolarios y desfiles. Un viernes, el 15 de septiembre de 1882 se celebró una velada lírico literaria de la sociedad La Juventud de San Salvador, como lo retoma la acuciosa investigación presentada en el libro “El cielo de lo ideal”, de Ricardo Roque Baldovinos. En la reunión participó Rubén Darío, quien gozaría de la amistad de Cañas, y otros poetas locales. Uno de ellos Francisco Castañeda, quien expuso: “La fisonomía moral de los pueblos, su verdadera grandeza, se mide no por sus artefactos y adelantos materiales, sino que, por su intelectualidad, por los sentimientos que los dominan, por el espíritu que los inspira”.