El reclamo de transparencia que llega desde una colonia que se inunda

Riesgo. Una de las residentes de Jardines de Zaragoza señala hasta dónde puede llegar el agua cuando hay inundación. Los dos muros que se observan están débiles después de varios embates.

El esposo de Ana Violeta quería colocar un clavo en esa pared que linda con la casa contigua y da a su área de lavadero. “Con el primer martillazo, todo esto se meció como que era hamaca”, relata ella, parada en el mismo lugar en el que, dice, se puso su esposo. Este muro-hamaca se cruza con el otro, el que está peor, porque tiene una inclinación de unos 30 grados. No se cae porque lo sostiene un árbol. Aquella vez, desistieron. Así es vivir acá, en Jardines de Zaragoza. No se puede colocar un clavo en una casa que apenas se mantiene en pie después de soportar 10 años de inundaciones, una detrás de otra.

Alicia Montano ha venido hasta esta esquina y se ha parado frente a estos desvencijados muros de la casa de Ana Violeta para argumentar que el proyecto de instalación de tuberías que ejecuta la alcaldía no va a ser suficiente para detener un caudal que ya ha botado otros muros y que tiene a este otro en agonía. “A esta casa viene a parar el agua lluvia de tres cuadras para allá y de otras tres cuadras para acá –apunta con los brazos abiertos–, esos que ve ahí son los únicos tragantes que hay desde allá, hasta allá”, vuelve a señalar con los brazos a lo más que le dan.

Alicia conoce bien sobre este problema, no solo como parte de los afectados, sino como una activa lideresa. Su cabello largo y cano y sus trajes de falda recta y blusa de botones se han paseado por la alcaldía, por el Ministerio de Obras Públicas, y más recientemente, por el Instituto de Acceso a la Información. Busca datos que sirvan para decirle a la alcaldía eso que parada desde esta esquina se le hace a ella bastante obvio: que la canaleta de más o menos 1.5 metros de profundidad que están haciendo en medio de uno de los pasajes que más sufre inundaciones no será suficiente para terminar con el problema. “Pero para poder pararnos bien en esto, nos hace falta información, esa que nos pertenece y no nos han querido dar todavía”, explica con un fajo de papeles en la mano.

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—¿Falta más cultura democrática entre los políticos o entre la sociedad civil?
—Falta entre los políticos y entre los ciudadanos. Yo creo que no hay democracia si no hay demócratas, ciudadanos comprometidos. Mi lucha contra la corrupción tiene mucho que ver con la democracia, lo que estamos discutiendo es la calidad de la democracia. Si uno busca la definición de democracia, siempre ve que existe una conexión directa con la transparencia.
Así respondió a una agencia de noticias Delia Ferreira, quien desde octubre de 2017 preside Transparencia Internacional, el principal organismo de lucha contra la corrupción. Ferreira fue una de las panelistas durante el Encuentro Regional de las Américas de la Alianza por el Gobierno Abierto. En Buenos Aires, Argentina, ante un auditorio lleno, dijo algo que a Alicia en Zaragoza, La Libertad, se le hace palabra viva: “No podemos estar discutiendo en términos de ‘participación, sí o participación, no’; este es un derecho que nos hemos ganado”.
Un día antes de mostrar la casa con los muros a medio caer, Alicia estuvo en el Instituto de Acceso a la Información. Llegó a San Salvador en una día frío y de ventisca para hacer el que, en teoría, debe ser el último trámite para recibir lo que han solicitado a la alcaldía. Ella y la ADESCO (Asociación de Desarrollo Comunitario), a la que representa, se han metido a llevar a cabo un proceso de solicitud del presupuesto y los planos, entre otras cosas, de la obra que la alcaldía ejecuta en la colonia.

A Alicia, y con ella la gente a la que representa, le tocó que solicitar en tres ocasiones la misma información. En una colonia en donde se construyeron casas encima de cajas receptoras de aguas lluvias, la junta de vecinos quería tener acceso a los presupuestos y planos del proyecto de tuberías para verificar que la obra y la inversión estuvieran al mismo nivel de la necesidad.

Los entresijos de pedir información que es pública no son algo que domina cualquiera en el municipio. Alicia y Norma Rivas son dos mujeres que forman parte del Comité de Educación de Comunidades por la Transparencia y la Contraloría de Zaragoza. Este organismo fue creado el 18 de noviembre de este año y es el fruto de haber formado parte de un diplomado sobre transparencia y acceso a la información que facilitó la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
“Para lo que nos sirvió eso fue para sentirnos más empoderadas para pedir esa información que nos sirve para saber cómo están los proyectos de la comunidad”, explica Norma, mientras recorre con Alicia un pasaje angosto y zanjado por la mitad en donde trabajan cuatro hombres.

La obra en papel. A falta de planos, Alicia consiguió que el maestro de obra le dibujara en una hoja de papel un esquema rústico de qué es lo que se está ejecutando.

El Salvador forma parte de la Alianza por el Gobierno Abierto (AGA) desde 2011. La AGA es un acuerdo suscrito por 70 países. Parte de sus responsabilidades como miembro, en el país se creó en 2015, es el Observatorio de Gobierno Abierto. Este estuvo formado en un principio por 25 instituciones de la sociedad civil y por representantes de universidades.

En papel, El Salvador ha suscrito 92 compromisos y ha cumplido 76. Así se confirma en la página web de la AGA que es alimentada con la información que brinda el observatorio. En la calle, sin embargo, la realidad es otra.
A Alicia, y con ella la gente a la que representa, le tocó que solicitar en tres ocasiones la misma información. En una colonia en donde se construyeron casas encima de cajas receptoras de aguas lluvias, la junta de vecinos quería tener acceso a los presupuestos y planos del proyecto de tuberías para verificar que la obra y la inversión estuvieran al mismo nivel de la necesidad. Aquí no es raro escuchar a la gente contar que ha tenido que botar los colchones de las camas hasta en tres ocasiones en la misma cantidad de años. La mayoría tiene bien fresco en la memoria aquel día en que el agua saltó muros y, a algunos, los tiró. Y no, no se confían, pero en su búsqueda de datos han encontrado vacíos.
“Primero nos dieron unos documentos en los que no venía el presupuesto detallado y, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que la gente que está trabajando ahí, no tiene los planos a la mano”, cuenta Alicia.

“No es que los Gobiernos no hayan hecho nada, porque muchos Gobiernos están trabajando en acceso a información pública, pero hay muchas cosas que corregir”, explicaba Ferreira, en nombre de Transparencia Internacional.

El maestro de obra que trabaja en la zanja del pasaje saca una cinta de medir de la cintura y la usa para decir con exactitud que la actual canaleta solo tiene 80 centímetros de profundidad. Además, la rejilla de la tapa tiene las varillas muy unidas, lo que hace que se tape fácilmente. Con eso así, no se explica cómo las inundaciones en Jardines de Zaragoza no han pasado a más. El proyecto en el que trabaja, dice, primero buscaba colocar unas tuberías; sin embargo, hace unas semanas la indicación cambió. Se harán canaletas con dimensiones que superan por mucho las actuales. Y no, no tiene los planos. “Esos, usted sabe, quedan allá en las oficinas”.
Tras la insatisfacción que le produjo la primera entrega de documentos, Alicia volvió dos veces más. En ambas ocasiones, dice, le entregaron el mismo fajo de papeles fotocopiados. Algo en la comunicación establecida parecía no llegar a las autoridades municipales.

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“Yo tengo una fórmula de cuatro letras ‘i’ que me parece que si las abordamos, solucionamos el problema: más información, más integridad, menos impunidad y menos indiferencia. No es que los gobiernos no hayan hecho nada, porque muchos gobiernos están trabajando en acceso a información pública, pero hay muchas cosas que corregir”, explicó Ferreira, en nombre de Transparencia Internacional en la entrevista publicada por la agencia noticiosa dpa.
El Salvador, como miembro de AGA, ha ejecutado ya dos planes de trabajo en esto de abrir las instituciones a la gente que así lo demande. En el tercero, a ejecutarse entre 2016 y 2018 tiene 14 compromisos, que se agrupan en cinco componentes: transparencia, desarrollo económico y social, mejora de servicios públicos, medio ambiente sustentable y participación ciudadana.
En la carrera por hacer méritos suficientes para marcar como cumplidos los compromisos se han presentado retos. Uno de los más importantes ha sido que, pese a que El Salvador marca 100 % en los indicadores de marco legal, el grado de arbitrariedad con el que se maneja la información todavía es alto. “Tenemos que entender que cualquier información pública le pertenece a la gente; y si la tiene el funcionario, es en su calidad de delegado de la sociedad, pero la información sigue perteneciendo a la gente”, declara Ramón Villalta, de la Iniciativa Social para la Democracia (ISD) durante la presentación de un informe con un nombre tan largo como el alcance pretendido: “Balance Técnico y Político del año 2017 en los Temas de Acceso a la Información, Transparencia y Lucha contra la Corrupción por parte del Observatorio de Gobierno Abierto.
El ISD ha calificado como retroceso, por ejemplo, una de las decisiones de la Sala de lo Constitucional. En octubre de este año se conoció que esta sala declaró como inaccesible tres clases de información. Una, los aspectos “superfluos” como mobiliario y papelería, entre otros. La otra, es la que “implique un importante desvío de recursos humanos y materiales para su producción”. Y, la tercera, cuando se considere que la solicitud busca bloquear el trabajo de la institución. La Sala de lo Constitucional también cree inconveniente que los ciudadanos pidan datos sobre hechos que no tuvieron lugar en presencia de los titulares actuales de las instituciones.
“La Corte Suprema de Justicia debe ser consecuente con la Constitución y asumir de manera directa compromisos para combatir la impunidad, discrecionalidad y arbitrariedad que en algunas instancias judiciales aún se mantienen”, señala el informe del ISD por escrito.

Antes de despedirse, Ana Violeta, la dueña de la casa con los muros tambaleantes, le cuenta a Alicia que cada vez que llueve, los niños de la zona son los primeros en sacar a cuenta lo de irse al albergue. En esta colonia no hay uno como tal, con los requisitos reglamentarios, pero a falta de eso, lo que los niños ven como un lugar seguro en momentos de crisis no es otra que la casa de Alicia. Ella abre las puertas a quien necesite compañía o un lugar más o menos seco para pasar el agua.

El libre acceso a la información ha sido el concepto en torno al cual giró otro evento, uno organizado por el Consorcio por la Transparencia y Lucha contra la Corrupción, que entre sus instituciones miembros cuenta a la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES). Durante el primero de los cuatro días de la actividad, se tuvo como invitado al secretario de Transparencia, Marcos Rodríguez. Durante una parte de su ponencia, Rodríguez acompañó sus palabras con una diapositiva en la que delimitó el trabajo de la institución que dirige: “El papel de esta secretaría es preventivo (lo colocó en negrita) en materia anticorrupción y proactivo (también en negrita) en la promoción de la transparencia y la participación ciudadana”. Rodríguez destacó que en tres años se ha incrementado en casi tres veces el número de requerimientos a instituciones del gobierno central. Por último, también habló de la necesidad de que haya mayor coordinación con las municipalidad. Ahí, en donde Alicia y sus vecinos libran una batalla en la que, pese a que muchas instituciones hablan y escriben del tema, pocas acaban por entender, dimensionar y acompañar.

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En comunidad. Norma Rivas y Alicia Montano visitan a una de las vecinas que más sufre las consecuencias de las inundaciones.

Javier Guevara Turcios es el alcalde de Zaragoza. Aparece en la sala de recepción del edificio del Instituto de Acceso a la Información pocos minutos después de que Alicia se ha retirado. Guevara escribe con prisa un mensaje en el celular. “No me gusta ir pendiente del celular ya cuando manejo”, se excusa.
Lo primero que aclara es que la alcaldía ha aceptado entregar a los vecinos de Jardines de Zaragoza la información sobre la obra de ampliación de tuberías de agua lluvia.
—¿Por qué no se les ha entregado la información?
—Porque en la carpeta no está tal y como la señora la pedía. Ahí no está el presupuesto así como de todas las partes. Esto lo están tratando más en un contexto político.
—Los presupuestos de las obras son públicos. —¿Por qué no se le entregó eso desde el principio?
—No en la forma en la que ella lo pide.
A continuación, el alcalde se excusa en que no puede hablar más del tema porque se mete en problemas. Señala con efusividad que tiene cuatro contendientes para las próximas elecciones municipales, en las que piensa reelegirse, y que sí, que los presupuestos son públicos, pero no para ser usados en contextos políticos. “Perdone que no le diga más, pero me meto en líos si lo hago, y este es un momento en que tengo que encarar el pago de $125,000 en aguinaldos”, dicho esto, se retira.
Guevara Turcios enfrentó en septiembre de este año una audiencia inicial en el Juzgado de Paz de Zaragoza. Una empleada de la municipalidad lo denunció por agredirla verbalmente. Al alcalde se le acusó de violar la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia contra las Mujeres.

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La Semana de la Transparencia impulsada por el consorcio cerró con una conclusión que suena a llamado: “La lucha contra la corrupción y la promoción de la transparencia en El Salvador requiere no solo de las actuaciones de las instituciones públicas, sino también de la participación de todos los sectores de la sociedad salvadoreña. Todos los ciudadanos podemos incidir en estas elecciones, exigiendo a los candidatos a diputados y alcaldes que elegiremos en marzo de 2018 que se comprometan con una agenda anticorrupción”.
Al plan de acción 2016-2017 le quedan unos siete meses de vigencia y su avance, según el Observatorio de Gobierno Abierto, es del 48 %. Esto sin contar que dos compromisos sensibles han sido retirados: uno que buscaba facilitar el acceso a información actualizada sobre el abastecimiento de medicamentos para enfermedades crónicas en el sistema público de salud y el otro que pretendía echar luz sobre los procesos de producción agrícola azucarera. Según el observatorio, esto le ha restado ambición y relevancia al plan.
Al igual que el Consorcio para la Transparencia, Óscar Campos, del ISD, reclama la importancia del siguiente plan de acción, ya que enmarca un proceso de elecciones municipales y legislativas en las que el acceso a la información va a ser determinante tanto para confirmar la idoneidad de los candidatos como para medir el grado de ejecución de promesas de quienes en la actualidad tienen un cargo público. “Este es un momento en el que necesitamos que todas las instituciones avancen en transparencia y en ejercicio de rendición de cuentas”.
Desde su balcón como directora de Transparencia Internacional, Delia Ferreira define la relación entre ciudadanos e información abierta de una manera visceral: “Las víctimas de la corrupción son los ciudadanos de a pie, esos son los que sufren, porque el dinero que se fue por corrupción es el que falta en educación, hospitales, desarrollo o infraestructuras. Toda la sociedad. Si uno fuera consciente de que la víctima es uno, probablemente fuese más activo”.

Después de encender proyectos y plantar conceptos en 70 países, en el encuentro regional de AGA, en Buenos Aires, se habló de ir más allá de “gobierno abierto” para apuntar a algo que sea un “Estado abierto”. Este es un tipo de fiscalización que no se limita a gobiernos centrales y municipales, sino que abarca a organizaciones no gubernamentales y al sector privado. Una discusión a la que El Salvador todavía no puede asistir porque tiene temas básicos en proceso, de acuerdo con lo expuesto por expertos.

Antes de despedirse, Ana Violeta, la dueña de la casa con los muros tambaleantes, le cuenta a Alicia que cada vez que llueve, los niños de la zona son los primeros en sacar a cuenta lo de irse al albergue. En esta colonia no hay uno como tal, con los requisitos reglamentarios, pero a falta de eso, lo que los niños ven como un lugar seguro en momentos de crisis no es otra que la casa de Alicia. Ella abre las puertas a quien necesite compañía o un lugar más o menos seco para pasar el agua. “¿Y va a creer que todavía dicen que esto puede ser político?”, pregunta.
Tras el último careo en el IAIP, el alcalde de Zaragoza se comprometió a dar el presupuesto y los planos, la información en los términos solicitados. Tiene hasta el 20 de diciembre para cumplir. Alicia cuenta que el funcionario pidió un plazo más largo, pero ella no accedió debido a que hacerlo implicaba esperar a que el personal volviera de las vacaciones de fin de año y a ella, como a los demás vecinos, le urge prepararse para la siguiente época lluviosa en esta colonia que se inunda.

En proceso. Así se ve por estos días el proyecto de ampliación de canaletas de aguas lluvias en Jardines de Zaragoza.

Un museo para nuestra memoria

¿Necesita el país un museo para el rescate y la conservación de la memoria?, ¿nos ayudaría a avanzar y a consolidar la tan anhelada reconciliación nacional?, ¿es un proyecto viable, dadas las condiciones económicas y sociales del país?, ¿qué contenidos debería incluir dicho museo?, ¿quién debería velar por su administración?, ¿qué bases legales se necesitarán para que su propuesta no sea manipulada ideológicamente o asfixiada en su funcionamiento cada vez que ocurra un cambio de gobierno?

Estas son algunas de las inquietudes que se han discutido en diversos encuentros iniciados este año, como parte del proceso de consultas que está impulsando el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre la posible formación de un Museo Nacional para la Memoria y la Reconciliación. La iniciativa retoma el Informe de la Comisión de la Verdad, donde se recomienda al Estado salvadoreño una serie de medidas para la reparación, tanto material como moral, de las víctimas de la guerra de los años ochenta.

A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, la narrativa sobre los eventos de la década de los ochenta sigue fragmentada y dispersa, pero sobre todo, muy manipulada ideológicamente. Pese a la existencia de un par de monumentos e iniciativas privadas para el rescate documental de la guerra, la fundación de un museo de la memoria vendría a llenar un vacío informativo no solo para la ciudadanía, sino también para investigadores y académicos locales e internacionales. Un museo de esta naturaleza permitiría también preservar y restaurar archivos, testimonios, fotografías, audios, videos y otro tipo de documentación relacionada con aquellos años.

Una de las preocupaciones fundamentales sobre este museo es su formato y el público hacia el que irá dirigido. Es vital crear una propuesta que sea atractiva para las nuevas generaciones, que se encuentran en un estado anímico de hartazgo y de indiferencia sobre el tema. Ese hartazgo resulta comprensible si se toma en consideración la manera superficial y profundamente ideologizada con que se manejan de manera pública algunos sucesos de la guerra.

Se espera conformar un espacio que puede ser físico, pero sin la solemnidad o el tedio de exposiciones donde el espectador recibe información de manera pasiva. La idea es conformar espacios interactivos y lúdicos que motiven a la reflexión y a la participación de los asistentes. Se piensa también en un espacio en internet que permita el acceso a los contenidos del museo desde cualquier parte del mundo y que, por ende, permitirá también la participación de los salvadoreños residentes en el exterior, muchos de los cuales están precisamente viviendo en otros países a consecuencia de la guerra misma.

El museo podría funcionar también como parte de una red de memoria, necesaria para hilvanar las diferentes iniciativas que existen en algunas ciudades y poblaciones del país. Asimismo, el museo serviría para intercambiar información y aprender de las experiencias de otros países como Chile, Argentina y Guatemala, que han logrado erigir espacios propios dedicados a informar, documentar y honrar a las víctimas de sus respectivos conflictos nacionales.

La iniciativa se encuentra en sus discusiones iniciales, pero justamente por eso, la participación y la opinión ciudadana son importantes. Mediante las consultas que impulsa el PNUD, será posible moldear y construir una propuesta de museo acorde a nuestra realidad y necesidades específicas. Llama la atención que en las discusiones siempre falta tiempo para discutir y afinar detalles, lo cual deja en evidencia el interés por contar nuestras inquietudes en cuanto a este tema.

Justamente una de dichas inquietudes es que el museo pueda servir como lugar de encuentro para motivar y promover diálogos intersectoriales e intergeneracionales, que hablen de la experiencia de la guerra desde todos los ángulos vividos. Asimismo, desde ese ánimo de inclusión y equilibrio en la narrativa de la memoria, se espera que el museo pueda tener exposiciones itinerantes por todo el país, para que la experiencia no quede centralizada en la capital.

Parecerá que El Salvador está rezagado en la creación de un museo como este. Pero hay que recordar que las guerras son eventos sociales traumáticos profundos que requieren de un tiempo largo para ser digeridos por sus individuos. Si a eso le sumamos la cultura del silencio en la vivimos y hemos sido educados (cultura resultante de una larga práctica de represión, censura y doble discurso vivido en el país), ese rezago y negación a hablar sobre nuestro pasado reciente es incluso comprensible.

Tenemos la ventaja de que muchos de los actores de aquel tiempo siguen vivos. Los contenidos de un museo de esta naturaleza pueden verse enriquecidos por el aporte de testigos vivenciales directos. En ese sentido, una de las tareas urgentes es recopilar el testimonio de estas fuentes vivas antes de que mueran.

Una de las preocupaciones mostradas por los participantes y organizadores de las consultas es lograr aterrizar una propuesta equilibrada. Para ello, el PNUD continuará las consultas el próximo año, para que la concepción del museo sea lo más amplia e inclusiva posible. Porque no se trata de construir o elaborar un espacio que se incline hacia uno u otro lado del espectro ideológico nacional, sino de crear un espacio que permita el diálogo como fundamento para crear el respeto entre los diferentes sectores de nuestra sociedad.

Más allá de una mera recopilación documental, un museo de esta naturaleza funciona también como reconocimiento y desagravio por parte de la sociedad hacia las víctimas del conflicto. Una forma de restitución moral que la sociedad salvadoreña ofrecería a todo su conjunto. Pero lo más importante es tratar de fundar un espacio con elementos y materiales que permitan la reflexión para comprender el origen de los problemas actuales y encontrar soluciones prácticas que impidan desbordamientos o explosiones sociales que, como ha quedado evidenciado en nuestra historia, ocurren de manera cíclica.

Todavía falta mucho por hacer y discutir para concretar este museo, pero saludo esta iniciativa indispensable para nuestro país.

Aprender a recibir

¿Por qué a veces nos cuesta tanto recibir regalo, ayuda, incluso alguna palabra bonita? Nos hacen un cumplido y nos da pena, decimos “nooooo, ¿cómo va a creer?”. Curioso, ¿no? Pareciera que no se nos enseñó a recibir.

Si bien hay gente que realmente parece embudo –todo nomás para dentro–, lo más común es lo contrario. Y le vemos cuando alguien tiene necesidad y no te lo cuenta, está enfermo y no te lo comenta. Para no molestar, para no importunar.

Hay ejemplos más tristes aún. Conozco muchas madres que se niegan a demandar a los padres de sus hijos para pedir la manutención “porque mis hijos no lo necesitan, para eso me tienen a mí”. Si usted les trata de explicar que no es un tema de necesidad, que muchas veces sí la existe, sino de derechos y deberes, generalmente se impone el orgullo.

Y esa es quizá, la cara más triste del no saber recibir: no exigir nuestros derechos. Todos, como ciudadanos, como personas, tenemos derecho a cosas tan básicas como la dignidad. Como trabajadores, a un trato y una remuneración justas. Como parte de la sociedad, a involucrarnos y a que los gobernantes, a quienes se les paga con lo que nos cobran en impuestos, pongan lo mejor de sí para servirnos, no para servirse.

Pero no es mi intención de hoy hablar de política. Esta es mi última columna antes de Navidad, y entre tanto tema triste y noticia negativa decidí hablar de algo que para mí es una lección reciente: no darle la espalda a quienes ofrecen ayudarnos.

Verán, yo crecí en una familia muy, muy humilde. A veces, un efecto secundario de la humildad es generar una coraza de orgullo para evitar humillaciones. Ese fue, exactamente, mi caso. Me cuesta contar cuando estoy mal, cuando me hace falta algo, ya no se diga pedir favores. Este año atravesé un par de situaciones de las que, sin el apoyo de terceros, me habría sido muy difícil salir. En una de ellas, la persona que me terminó ayudando tuvo que enfrentar mis reiteradas negativas a recibir el apoyo que me ofrecía, hasta que me dejó callada con una frase: “Por favor, tómelo, no me niegue la bendición”.

Sea cual sea la fe que usted profese, de seguro en algún lado se habla de dar para recibir. La ley del talión: se da lo que se recibe y un poco más. Y sí, definitivamente tenderle la mano a alguien más tiene hermosos efectos multiplicadores, no solo para quien da y quien recibe, sino para otros, que más adelante serán objeto de actos de bondad generados por un primer gesto de generosidad.

Yo he aprendido que tan importante es dar como saber recibir, y luego, cuando la vida nos trata mejor, saber retribuir eso bueno que en algún momento nos llegó. Quizá no con nuestro benefactor, que a la mejor está lejos o no lo necesita, sino con otros, con quien en ese momento está pasando una necesidad.

Y ese es mi mensaje para usted que me lee hoy. No tema recibir cuando lo necesite, no rehúya a pedir lo que por derecho es suyo, no somos débiles y menos por aceptar ayuda. Y cuando usted pueda y vea la oportunidad, devuelva al mundo un poco de lo que a sus manos ha caído. Dar, recibir, compartir, tender la mano, y que todo se vuelva una cadena que nos permita ser mejores y hacer algo mejor por nuestro entorno. ¡Feliz Navidad!

¿Y hoy contra quién va a perder la Fiscalía?

Cualquier aficionado al fútbol sabe que la del título es una formulación hecha por los amigos para burlarse de uno cuando el equipo favorito navega por la calle de la amargura en el torneo. ¿Y hoy con quién pierde Águila?, suelo escuchar cada vez más a menudo. Pero este asunto, el de la Fiscalía, es más serio que el de cualquier equipo mediocre de El Salvador.

La Fiscalía de Douglas Meléndez ha vuelto a probar esta semana, con el caso del “Gordo Max” y Ernesto Regalado, que es una entidad mediocre, a la que le cuesta muchísimo ganar casos. Y, a poco menos de un año para terminar su mandato, el actual fiscal general tiene muy poco que presentar como lista de logros.

Seamos claros: el fiscal gana poco y, por lo visto en varios de los casos que ha presentado a los tribunales –el de la tregua, es uno de los que vienen a la mente–, pierde porque los abogados bajo su cargo no son capaces de presentar investigaciones sustentadas o de construir prueba sólida. Lo dicho, mediocres.

Los principales problemas de esta Fiscalía General no son la corrupción o la obstrucción de justicia, como sí lo fueron cuando la principal oficina del Ministerio Público estuvo presidida por fiscales a los que la Asamblea Legislativa eligió, en los años de ARENA, para no investigar crímenes de cuello blanco, o cuando, ya durante la primera gestión del FMLN en el Ejecutivo, los diputados eligieron a Luis Martínez, acaso el fiscal general más corrupto del que se tiene memoria.

En la época de Martínez, la Fiscalía se vendió siempre al mejor postor, fuera este un funcionario del gobierno de turno o un empresario urgido de ganar casos en los tribunales, como Enrique Rais. Ese no ha sido el caso de la Fiscalía de Meléndez, pero, de nuevo, eso no debería de ser un alivio.

Tampoco es que la Fiscalía de Meléndez responda a un plan macabro de la “derecha oligárquica”, como suele tuitear el expresidente Mauricio Funes, condenado por enriquecimiento ilícito en El Salvador y asilado en Nicaragua, en parte por consejo de su expartido, el FMLN. La hemorragia tuitera de Funes no es más que el lamento de un exfuncionario corrupto oído y vencido en juicio.
Meléndez llegó, como ya escribí antes en más de una ocasión, arropado por la esperanza de que él iba a ser mejor que Martínez, Garrid Safie o Astor Escalante, lo cual, de nuevo, era un mínimo. Pero también llegó el fiscal actual empujado por la ola contra la corrupción que había nacido en el Triángulo Norte de Centroamérica tras la gestión de Claudia Paz en Guatemala, los logros de CICIG, las manifestaciones populares en Honduras y el apoyo de la comunidad internacional. A poco del final de su gestión, sin embargo, Meléndez está dejando mucho a deber.

Gana poco, decía. Pierde mucho porque sus fiscales no litigan ni investigan bien. Y cada vez que pierde suele echar las culpas afuera. Que si los jueces, que si funcionarios que no le colaboran con información, que si los bancos. Es casi siempre cierto que el sistema judicial, los funcionarios y los bancos del sistema salvadoreño que han visto pasar dinero por sus pasillos llevan décadas acostumbrados a fiscales corruptos o flojos y que eso de colaborar con la justicia es para ellos un chiste, pero Douglas Meléndez es el fiscal general, el abogado acusador del Estado y bien podría procesarlos en lugar de creer que el asunto se resuelve con frases altisonantes que no pasarán de un titular en los periódicos.

No debería de ser un chiste, pero ya empieza a serlo en las reuniones de pauta entre periodistas: ¿Y hoy contra quién va a perder la Fiscalía?

Buzón

Buzón

Gratitud

El mundo se divide entre quienes leen y los que no leen. El amor por los libros debe cimentarse en el mejor de los casos en compañía de la leche materna; un hábito cariñoso a temperatura temprana en el mundo de la palabra. Su continuación por esa ruta es una de las gentilezas más ingeniosas de formar el carácter del futuro amante de los libros que luego con un pequeño salto le encuentra el sabor oculto a la literatura. El Premio Nobel de las Letras 1978, Isaac Bashevis Singer, dijo alguna vez “existen quinientas razones por las que escribo para niños”. Y es que escribir para niños no es fácil, adentrarse en su universo implica conocer a fondo las necesidades de lectura que anhelan, ya que los textos deben concebirse desde el mismo interés del niño donde no cabe ninguna imposición. “Cómo escribir libros para niños de dos mundos” es el aporte que esta vez nos comparte Moisés Alvarado en alusión al oficio de la literatura infantil y el consumo de esas lecturas que deben hacer los infantes desde sus primeros años de vida. Al disponerse escribir una obra para peques se debe nutrir con los infaltables ingredientes de la imaginación y la fantasía como piedras angulares. Estas deben hospedarse en cada obra que se fecunde en función del potencial del pequeño lector que al intimar de manera libre y feliz con sus amigos imaginarios les dará vida a los personajes de la ficción hasta llegar a considerarlos como si fuesen de carne y hueso. Además, la obra debe llevar inherente el componente didáctico que por años ha sido el medio más adecuado para fortalecer el inventario moral. Los que se dedican a la sublime tarea de escribir para los lectores de edad temprana, llevándolos de la mano en la formación de ese virtuoso hábito, tienen corazón de niño, pero además son un apoyo imprescindible para las familias que lanzan a sus hijos al infinito cultural, “también tiene que ver con la construcción de la identidad”, añade la carta editorial. Hay que leer siempre y también escribir cuando se pueda para comprender mejor la realidad y tener una cosmovisión amplia del mundo en que vivimos. La literatura infantil concede su gratitud a quienes piensan en los niños.

Julio Roberto Magaña
[email protected]


Hábitos de lectura

En el reportaje “Cómo escribir libros para niños de dos mundos”, Moisés Alvarado difunde un libro que trata acerca de los niños que por alguna razón tuvieron que emigrar. El libro busca que ahora tengan un pedazo de historia de su país, narrada en su nueva lengua, que es la que dominan. El principal promotor es el escritor Jorge Argueta, que realiza lo que tiene a su alcance para sembrar la semilla del hábito de lectura para que estos niños no pierdan sus raíces culturales, que debido a las nuevas tecnologías se pierden. Por esta razón padres e hijos es el binomio perfecto para no decaer en la lucha de encontrar lecturas amenas en base con lo sucedido en nuestro país. El ejemplo dado por Jorge Argueta de acomodar una pequeña biblioteca en donde residió por un tiempo es digno de imitar. La empresa privada y el Gobierno son los más indicados en promover este tipo de actividades en beneficio de la niñez. Los escritores que narran para los infantes nutren el espíritu del niño, sin embargo, son excluidos en del ámbito literario, y a los padres nos corresponde fomentar el hábito de la lectura en nuestros hijos. Una forma es interactuar leyéndoles libros de cuentos antes de dormir para que los niños se sientan atraídos y para que, en un futuro, tengan la capacidad de seleccionar los libros que les gusten y, al mismo tiempo, mejoren su expresión verbal para que florezca su léxico y analicen lo que leen. Es muy importante evitar la lectura como una obligación.

Rutilio López Cortez
[email protected]

“No podemos vivir sin música”

¿Cuándo se interesó por la música?

La música siempre ha sido parte de mi familia, crecí escuchándolos cantar con una guitarra. Comencé en la música porque mi papá siempre quiso ser pianista, aunque es un cantante increíble

¿Cuál es el mejor sonido que conoce?

El que imagino y el que deseo tener la capacidad y el conocimiento para plasmarlo en lo que hago.

¿Por qué hacer música en El Salvador?

La música es indeleble al ser humano. Para mí no es sino un lenguaje. No podemos vivir sin música. La música es nacer y morir, enamorarse y perder un amor.

¿Quiénes son sus músicos preferidos?

Dentro de la música popular Bruno Mars, Michael Jackson, Rawayana, Snarky Puppy, etc.

¿Qué ritmos de música nunca tocaría?

Respeto toda la música que sea buena y de calidad, pero algo que no tocaría es música de banda, bachata o trap, son cosas con las que no vibro.

¿Cómo describiría la escena musical nacional?

La nueva escena es chiquita, todos se conocen y aspiran a grandes cosas y vienen con muchas ganas de crear, pero está el reto de formarse, conformar equipos de trabajo y estrategias.

¿Qué sueña?

Ser músico al nivel más profesional que pueda y demostrarle a los demás que también son capaces, llevar música alrededor del mundo y motivar a más personas a invertir en sí mismos y luchar por conseguir sus sueños.

Carta Editorial

Zaragoza, en La Libertad, no es un municipio por donde se pueda andar por cualquier lado. La delincuencia ha colocado límites que vuelven pesado el ambiente y que obligan a sus habitantes a desarrollar un instinto extra de autoprotección. Zaragoza no es un municipio que viva en paz. En medio de este panorama, hay un grupo de personas que se toma mucho esfuerzo por mejorar las condiciones estructurales de una de las zonas más populosas de ese lugar. En medio de una situación de seguridad pública complicada, hay gente a la que le interesa seguir viendo a Zaragoza como un hogar, como su lugar de arraigo.

Alicia Montano y Norma Díaz son parte de un grupo de personas involucradas en conocer los pormenores de un proyecto de ampliación de tuberías de agua lluvia en la colonia Jardines de Zaragoza. Los problemas de inundaciones en cada época lluviosa comenzaron hace unos 10 años y se han ido complicando junto con el aumento de la población.

Ahora, cuando la alcaldía municipal ha puesto en marcha las obras, los vecinos han empezado de forma paralela el proceso para obtener información que les sirva para confirmar que estas son las obras que necesitan para ya no tener que estar viviendo calvarios cada vez que llegan las lluvias.

El proceso ha sido más complejo de lo que esperaban. Porque pese a que El Salvador ha suscrito compromisos en favor de la transparencia, la gobernabilidad y la participación ciudadana, en la calle tener acceso a la información que es pública como tal sigue siendo una lucha en contra de las arbitrariedades.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (186)

1523. ALIANZA EN VIVO

La aurora es experta en travesuras siderales. A diario saca de su gaveta íntima la caja de lápices de todos los colores y escoge al azar el que usará ese amanecer. Entonces, los seres humanos tendríamos también que tener lista nuestra respectiva reacción personalizada de cada día, con su color correspondiente. Por fortuna, en lo que a mí corresponde, la inclinación traviesa es parte viva de mi ser natural. Este día domingo octubrino, por ejemplo, he despertado con el impulso de salir a esperar la llegada de la aurora en descampado. Observo, a cielo abierto, que la claridad viene desplazándose como una colonia de abejorros encarnados. De inmediato se me ocurre sacar a relucir una estrofa que es como un pañuelo carmesí. Y el clic emocional es instantáneo. La aurora y yo nos reímos, cada uno a su manera.

1524. NICE LADY

Estaba hoy en Portland, Maine, y lo que ahí lo recibió aquella tarde fue uno de aquellos crepúsculos de inicio del otoño que él no se cansaba de imaginar en sus memorias escritas disfrazadas de narraciones. El color del cielo iba cambiando con el paso de los minutos, sobre todo cuando el Sol ya se había escapado por el horizonte, dejando su estela memoriosa. Al fondo, el azul que parecía una serena colección de gasas; y sobre él, los amarillos con ansia de desvanecerse y los naranjas deseosos de alzar vuelo. Desde el ventanal de su cuartito en la posada que le servía de refugio podía contemplar el retorno de la noche, que venía envuelta en el traje de gasas que él recordaba desde siempre en sus otras latitudes del sur. Se conmovió hasta las lágrimas con el detalle, y sólo pudo decir en un susurro: “Nice lady…”

1525. NADA ES EN VANO

Después del sismo la ciudad quedó convertida en muestrario de escombros, como si un extravagante experto en instalaciones artísticas se hubiera trasladado hacia ahí. De inmediato comenzaron las operaciones de restauración, que eran puro trabajo mecánico. Y entonces aquellos dos jóvenes, que evidentemente eran pareja porque ella estaba en “la dulce espera”, y que hasta ese momento habían pasado inadvertidos, iniciaron una activa campaña para proteger algunos de los escombros más dramáticos. La iniciativa tuvo eco, y muy pronto una caravana de jóvenes recorría la ciudad poniéndoles lazos de protección a algunos sitios donde la destrucción había sido mayor. “¿Y ustedes qué se proponen?”, les preguntó alguien. Y uno de ellos respondió: “Que la destrucción nos invite al renacimiento”.

1526. MENSAJE RECIBIDO

Se hallaba recién instalado en aquella vecindad de Boston que tenía espacios para todos los gustos, y muy en especial para los estudiantes que venían de países lejanos. Él era un estudiante original y tardío, cuya ilusión era aprender algo nuevo sin tener de antemano una idea precisa. Por eso buscó un destino externo haciendo uso de una especie de lotería interesada. Puso el mapa sobre la mesa y lanzó la pieza rodante sobre él. Se detuvo un poco arriba de Nueva York, y él interpretó que era Boston. Por eso estaba ahí. ¿Haciendo qué? Recorriendo calles y releyendo los libros de siempre. Así llegó aquella tarde a la taberna irlandesa “The Black Rose”, en Commercial Street. Llevaba consigo su novela favorita, que era un cuaderno en blanco. Pensó de inmediato: “Mensaje recibido: a crear sin miedo”.

1527. FOTOSHOP

Marcelo tenía su pequeño taller de fotografía profesional en una zona sobrepoblada, donde paradójicamente podía pasar inadvertido. Prácticamente todos sus contactos de trabajo los hacía electrónicamente, porque la mayoría de sus clientes eran gente joven, ya que él había ganado fama como creador de imágenes con vida propia. Pero aquel día le llamó una voz femenina que a todas luces pertenecía a una persona de edad. “Me han dicho que usted es un artista, y quiero pedirle que me lo demuestre”. Cuando ella llegó al estudio, él comprobó que era una señora muy mayor y marcada por el tiempo. Le hizo unas cuantas tomas. Y al tener ella el producto ante sus ojos solo pudo exclamar: “Usted se ha equivocado. Esta no soy yo”. Él sonrió: “Usted vino a buscarme como artista. Esta es la que usted quiere ser. Anímese”.

1528. MISIÓN DEL CALENDARIO

De adolescente quise ser astronauta, en aquellos años en que el sueño de la conquista del espacio era lo más natural. Pasó el tiempo, y nada de aquello pasó a más. La Luna seguía ahí, impávida; y los planetas inmediatos, tan distantes como siempre. Había que volver, pues, a las veredas conocidas. Y, en mi caso, esas veredas tenían un destino confluyente: aquella casita de adobe en la que las hadas seguían habitando. Sin proponérmelo así, la ruta de retorno se me volvió una aventura inédita. Esta sí era mi auténtica conquista del espacio, no externo sino interior. Ahí enfrente estaba la casita de adobe, que parecía vestida de cristal. Cuando me acerqué se abrió la puerta, y las hadas me recibieron como al mejor bienvenido. Alrededor, las páginas del calendario giraban en el aire como hojas vivas.

1529. VISITA CON MENSAJE

Sonó el timbre de la puerta de entrada. Ella vivía sola en su encierro que era ya casi una catacumba, y las condiciones de inseguridad imperantes en el ambiente daban pie para ello. Descorrió la cortinita que permitía ver hacia afuera sin abrir la puerta, y no vio a nadie. Pensó que podía haber sido una ilusión acústica; pero en cuanto dio la vuelta para alejarse, el timbre volvió a sonar, y esta vez con mayor apremio. Hizo de nuevo la maniobra visual, y tampoco pudo ver nada junto a la puerta. Eso le produjo aún más temor, y se dirigió rápidamente hacia las piezas interiores. Ahí se encerró, pero seguía oyendo el timbre, como si alguien tuviera urgencia de entrar. Al fin se animó, y a pasos lentos se dirigió a la puerta. Entreabrió como si estuviera haciendo algo prohibido. Y lo que había era un rayo de Sol posado sobre el timbre.

1530. NI ELLOS SE SALVAN

Lo veníamos presintiendo desde hacía bastante tiempo, sin que hubiera ninguna señal visible de ello. Cada uno de nosotros tenía apartamento propio, en el que había todo lo que se pudiera desear. Al fin de cuentas éramos seres privilegiados por naturaleza. De ahí que cuando los signos de la escasez y del deterioro comenzaron a hacerse sensibles, lo que empezó a cundir fue el miedo a lo desconocido. Y lo desconocido llegó por vía subterránea. Aquel sábado una catástrofe sísmica lo destrozó todo. Logramos escapar, pero el Olimpo en que vivíamos pasó a la historia.

Imágenes contra la violencia

“Hay colectivos de ilustradores donde hay una o dos mujeres, pero generalmente el protagonismo es masculino y ellos son los que deciden”, asegura la artista Paola Lorenzana, quien junto a Mercy González y Daniela Moisa, estuvo encargada de la curaduría de esta exposición.

La presentación de los trabajos se realizó como parte del cierre de la campaña de 16 días de activismo para luchar contra la violencia contra niñas y mujeres. En ella se resaltó el trabajo de 13 artistas jóvenes. Paola Lorenzana sostiene que la exposición surgió como una respuesta hacia una realidad de desintegración de algunas mujeres y su medio artístico. “La idea era explorar que, hasta cierto punto, (ellas) no se sienten integradas dentro del mundo de la ilustración, que se sintieran parte de un colectivo y que empezaran a soñar con un mundo libre de violencia”. Las técnicas utilizadas van desde el dibujo tradicional hasta la ilustración digital o “collage”.

En busca del nuevo Caribe colombiano

Caribe Colombiano
Menos ingresos. El ingreso per cápita en el Caribe Colombiano está en un 30 % por debajo del promedio del resto del país.

Decir Caribe supone una reflexión sobre el sentimiento de pertenencia. Hablar de una conciencia casi familiar que define en buena medida la identidad de esta región de Colombia, una de las más mitificadas y a la vez olvidadas del país. La tierra de Gabriel García Márquez, la costa de Cartagena de Indias, una de las urbes que marcaron el destino de América, la de Barranquilla y del pueblo wayúu es hoy un territorio que busca dejar atrás la pobreza, los latigazos de la corrupción y allanar el camino a la transformación y el crecimiento. Ese propósito quedó negro sobre blanco la semana pasada en la ciudad de Santa Marta con un compromiso, impulsado por Casa Grande Caribe, una iniciativa apoyada por el Banco de la República –inspirada en el título de la novela del escritor Álvaro Cepeda Samudio– que persigue la inversión de $16,548 millones en 12 años en un ambicioso programa de inclusión social.

La región, con alrededor de 10 millones de habitantes repartidos en ocho departamentos, tiene que hacer frente a emergencias en materia de nutrición, salud, educación, suministro de agua y alcantarillado. La mortalidad infantil es de 254 niños por cada 100,000 personas, el analfabetismo supera el 9 % y, por ejemplo, en La Guajira solo el 56.5 % de la población tiene acceso a un acueducto. “El Caribe colombiano, que es más grande que muchos países latinoamericanos, es parte de la periferia colombiana y esa periferia tiene niveles de pobreza y de ingresos per cápita menores que el resto del país”, explica Adolfo Meisel, codirector del Banco de la República y organizador de la cumbre que reunió a algunas de las personalidades más respetadas de la costa y trató de dibujar un nuevo horizonte.

“El ingreso per cápita del Caribe colombiano está un 30 % por debajo del promedio del resto de Colombia. Y una tercera parte de los pobres vive en este territorio. Durante el boom petrolero no se invirtió en las prioridades. Hay muchos elefantes blancos. Hay la plata, falta la voluntad”, continúa Meisel. “El problema para avanzar en la lucha contra la pobreza extrema no tiene que ver ya con falta de recursos. Tiene que ver con el liderazgo, con un liderazgo que es inadecuado, por la corrupción, por la mediocridad, por la ineptitud y por la irresponsabilidad”. El alcalde de Cartagena, Manuel Vicente Duque, fue detenido en agosto con la acusación de cohecho y tráfico de influencias. El de Santa Marta estuvo bajo arresto dos días la semana pasada por presuntas irregularidades en la concesión de contratos.

Menos ingresos. El ingreso per cápita en el Caribe Colombiano está en un 30 % por debajo del promedio del resto del país.

Desde el puerto de esa ciudad se exporta café, carbón, aceite o banano. La región cuenta con cauces para crecer, pero debe mutar. “Tiene una falla de liderazgo en el sector empresarial, el sector político, académico, en los medios que guardan silencio. Y eso tiene que empezar a cambiar. Casa Grande Caribe tiene que vincular a gente joven, gente muy bien preparada, gente que tiene una ética muy diferente”, razona el directivo del Banco de la República.

El pacto recoge “el firme propósito de apoyar las inversiones y políticas públicas necesarias para eliminar las inhumanas condiciones de vida de amplios de sectores de la población del Caribe”. El objetivo consiste en alcanzar una inversión de $3,002 millones en nutrición, $6,275 en educación, $2,158 en salud y $5,113 en mejora y construcción de alcantarillado y suministro de agua. La iniciativa, apoyada por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), calcula que esas cantidades pueden salir “de los recaudos tributarios propios de la región, de los ingresos de regalías (las concesiones que pagan las empresas que extraen recursos naturales no renovables, por ejemplo, hidrocarburos y minerales) y de la participación del Caribe en el presupuesto nacional”. Casa Grande asegura que “en esas fuentes habrá recursos más que suficientes”.

No obstante, para ello es necesaria una reforma de la ley de regalías. Por esta razón, cuando faltan seis meses para las elecciones presidenciales de 2018, los promotores del pacto instan a los candidatos que lleguen a la segunda vuelta a participar en un debate público “para que se pronuncien sobre estas propuestas y respectivas inversiones. Que el próximo presidente apoye esta iniciativa de inversión en capital humano es la prioridad de la región y que le dé participación a nuevos líderes del Caribe, que no estén contaminados”, concluye Meisel.

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LOS RETOS DE LA COMUNICACIÓN

El papel de la conversación pública y de los medios resulta decisivo en la construcción de esta cultura. Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), incide en la importancia del momento. “Estamos asistiendo a una evolución del regionalismo del Caribe colombiano. Está basado en una identidad cultural, en el territorio y tiene la sensación de que ha estado históricamente rezagado. En este encuentro nos estamos poniendo una meta muy concreta, sensata, para cerrar esa brecha social. Se está proponiendo generar un consenso”, señala.

“Pero tenemos amenazas, y la mayor de todas es la corrupción”, advierte Abello. Para combatirla, explica, el periodismo tiene que intervenir en tres niveles. “Uno, que la gente esté mejor informada. En segundo lugar, una clásica tarea de vigilancia del poder. Hay que luchar contra la tendencia a una alta dependencia de lo público, especialmente de lo oficial. Hay que desoficializar la agenda informativa. Lo tercero es generar esa gran conversación pública a través de esa manera de actuar que pueden ser las redes sociales”, reflexiona.

Desde el puerto de esa ciudad se exporta café, carbón, aceite o banano. La región cuenta con cauces para crecer, pero debe mutar. “Tiene una falla de liderazgo en el sector empresarial, el sector político, académico, en los medios que guardan silencio. Y eso tiene que empezar a cambiar”.

Mejoras en la alimentación. Uno de los grandes objetivos de la región es alcanzar una inversión de $3,002 millones en nutrición.

El compromiso se firmó en Santa Marta, capital del departamento del Magdalena, donde Gabo se subía al tren para regresar a su casa, en Aracataca. Carlos Nelson Noches, amigo de infancia del premio nobel, contó hace unos meses a EL PAÍS que cuando pasaba por la finca bananera de la United Fruit Company veía esa tablilla que decía finca Macondo. El universo del pueblo literario de “Cien años de soledad” contribuyó a difundir un imaginario colectivo del Caribe.

“Él y sus amigos como Álvaro Cepeda Samudio, yo creo que aspiraban a que el Caribe pudiera lograr la dignidad de vivir decentemente sin perder nuestra esencia cultural, nuestra manera de ser, nuestra identidad, y sobre todo demostrando que se puede ser feliz en la tierra del eterno verano”, apunta Jaime Abello. La necesidad de fortalecer ese sentimiento de pertenencia se traduce hoy también en el deporte. En el fútbol, por ejemplo. En la cumbre participó el cantante Carlos Vives, quien señaló que algo está fallando, cuando los niños caribeños dicen ser hinchas del Atlético o del Madrid. Eso quizá tenga que ver, sin más, con un mundo globalizado. En cualquier caso, la anécdota habla de un orgullo regional sin complejos, otra de las premisas para la transformación del Caribe.