Un espejo inestable llamado laguna de Alegría

Laguna de Alegría, Usulután

De aquella llenura quedaron secuelas: las marcas de la laguna crecida en el espacio donde hoy quedan visibles restos de azufre y las piedras, las porterías oxidadas de una antigua cancha de fútbol y una escuela que tuvo que trasladarse a una propiedad privada para seguir en funciones cuando faltaban dos meses para que terminara el año escolar. Veintiséis centímetros de agua azufrada se acumularon en esta escuela pública.

Los carros se quedaban en la entrada, no podían, como lo hacían antes, darle la vuelta al cráter del volcán Tecapa. El nivel del agua había aumentado tanto que podía cubrir la cama de un pick up. En una parte del volcán, las mesas que son ocupadas para pícnic también quedaron cubiertas de agua. Y quienes querían pasar un día en familia, cocinar y descansar debían atreverse a bordear la laguna, metiéndose en algunas partes del bosque.

La laguna de Alegría –la que una vez la poetisa chilena Gabriela Mistral bautizó como «la esmeralda de América», por el verde de sus aguas volcánicas– había crecido y todo El Salvador mantuvo, por un rato, los ojos fijos en ella. Tiempo después, la olvidó.

***

La laguna con una sirena

Un brujo que mintió por venganza se enamoró de una joven que se llamó Xiri, pero ella no le correspondió. Fue por el siglo XII, cuando, cuentan, el volcán Tecapa entró en erupción. El brujo era parte de un grupo de invasores que asesinó a la familia de Xiri; enojado, fingió que predecía el futuro y que, para calmar su furia, el Tecapa necesitaba un sacrificio humano. Eligió a Xiri, quien tenía por mascota un ave, y la llevó a las laderas del volcán.

El sacrificio estaba a punto de consumarse, pero el ave comenzó a cantar y su canto fue suficiente para que el Tecapa llorara y parara su erupción. Sus lágrimas formaron la laguna de Alegría y desde entonces Xiri se convirtió en la sirena que hoy habita sus profundidades.

En 2012, dos artistas, Paola Lorenzana y Memo Araujo, que trabajaron por años proyectos culturales en Alegría, realizaron una caminata para colocar en una de las rocas del cráter una Xiri hecha y estructurada con piedras que donaron los habitantes de la ciudad. Hoy, la sirena está dañada, no tiene parte de su cara ni de sus pechos.

El nombre de Xiri, en la cultura popular, se relaciona con los hombres que se han ahogado en la laguna, pues otra de las leyendas habla de que en ese espejo de agua solo han muerto hombres jóvenes. Es Xiri la que los llama, dicen, los retiene en el fondo de la laguna y los expulsa después.

Carlos Mendoza, uno de los guarda recursos del volcán Tecapa, recuerda el caso de un joven que hace unos años subió a una de las piedras casi cubiertas por el agua, a la orilla de la laguna. Era una tarde a finales de año, volvía de cortar café de una de las fincas del volcán y decidió dar un paseo con su hermano. El joven se resbaló de la piedra y quedó pegado en el azufre bajo el agua. Así murió ahogado en minutos.

Mendoza es el presidente de la Asociación de Desarrollo Comunitario (ADESCO) del caserío Los Mendoza, uno de los cinco caseríos que pertenecen al cantón San Juan, ubicado a 2 kilómetros del casco urbano de Alegría, y donde está la laguna. Es un joven taciturno que conoce la zona, sus caminos, sus veredas, a los animales y a las plantas que conviven ahí.

“No tenemos reporte histórico, de la conquista para acá, no existe ningún escrito ni nada que nos permita decir que el volcán ha entrado en erupción. Se conoce que hace unos 700 años el volcán El Hoyón –que está en la parte oeste de la laguna de Alegría o de Tecapa, y es un pequeño cráter– tuvo un periodo eruptivo”, aclara Eduardo Gutiérrez, coordinador del Área de Vulcanología del MARN.

Esta mañana camina por una vereda que hace una semana fue a limpiar de maleza, en la ladera sur del Tecapa. Desde acá, cuando los árboles no cubren el paisaje, se ve la laguna, ese cuerpo de agua pequeño a la orilla de una zona blanca donde una vez hubo agua, pero hoy hay piedras de diferentes tamaños y marcas de azufre.

Hace cuatro años hubo un incendio que acabó con un bosque de pinos en esta ladera del volcán. El incendio, según la Alcaldía de Alegría, consumió 50 manzanas. Comenzó en las faldas del volcán y subió toda la pendiente. Comenzó a las 2 de la mañana del 2 de marzo de 2015, un día después de las elecciones de alcaldes y diputados, recuerda Mendoza. Las llamas salieron del caserío Nieto González, a 1.5 kilómetros de distancia de donde hoy lo cuenta. Desde lo alto del volcán, señala a lo lejos, una casa para ubicar que atrás de ella fue el punto de inicio.

«Al final, la naturaleza pagó algo que no debía», lamenta, porque en Alegría suponen que el culpable fue un político de un partido diferente al que en esa ocasión ganó las elecciones municipales, pero nada se investigó.

Bosque submontano. El volcán Tecapa tiene una altura de 1,600 metros sobre el nivel del mar. Al bosque que crece en este tipo de altura se le denomina submontano.

El incendio paró hasta que, a las 5 de la tarde, llegó la Fuerza Aérea a tirar agua de un helicóptero. Antes de esto, los habitantes del Nieto González subieron con cántaros para intentar apagar las llamas, que, por suerte, no dañaron sus casas.

En ese incendio, Mendoza vio morir pinos y también encontró a una mazacuata, una de las serpientes más comunes en la zona, sujeta y calcinada en un árbol. Dice que por cómo la encontró colgada, el animal daba la impresión que quería huir y no pudo.

Entre el 26 y el 30 de septiembre de 2010, El Salvador sufrió la tormenta tropical Matthew, que luego fue degradada a depresión tropical y produjo un temporal lluvioso que dejó inundaciones y deslizamientos en varias zonas del país.

La estación meteorológica ubicada en Santiago de María, en el departamento de Usulután, con la que el Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) monitorea el comportamiento de la lluvia en municipios de la zona norte de ese departamento, registró para entonces un acumulado de 253.5 milímetros de precipitación. Fue la zona donde llovió más en todo el país.

Si se parte de que el SNET determinó que el promedio histórico de lluvia fue un acumulado de 1,800 milímetros en todo el país –superados en 2010 por el paso de la tormenta–, en esa zona llovió en cada día del temporal casi tres veces más del promedio diario de toda la época lluviosa. Fue en ese año, según estudios realizados días después de la tormenta, que la laguna incrementó su nivel de agua desde abril a octubre de 1.55 a 2.35 metros. Otro estudio determinó que también había existido un incremento de agua similar en 1957.

Asentamiento. El caserío Nieto González está dentro de la zona que la Alcaldía de Alegría propuso en 2011 para que fuera declarada área natural protegida. Ahí viven unas 200 personas.

Para la geología, el volcán Tecapa es un volcán joven que fue formado hace aproximadamente 100,000 años por las grandes erupciones de un volcán que estuvo en Berlín, que hizo una caldera y dio origen al complejo volcánico Berlín-Tecapa, donde también está el volcán El Hoyón y el Cerro Pelón. Así lo dice un estudio que Jasmin Raymund, un canadiense experto en energía geotérmica e hidrología, realizó en 2001 con fines geotérmicos. Lo hizo para la LaGeo, una empresa de CEL, que extrae energía geotérmica en la zona de Alegría y Berlín.

Para el Ministerio de Medio Ambiente (MARN), lo que sucedió en octubre de 2010, cuando incrementó el nivel del agua de la laguna de Alegría, no fue que el volcán se inflara, sino que hubo una precipitación de lluvia. Esta laguna, explica Eduardo Gutiérrez, el coordinador del Área de Vulcanología de ese ministerio, no se alimenta de ningún afluente natural cercano que la llene, se alimenta de agua lluvia infiltrada, que no puede penetrar en los materiales porosos del volcán.

“Pareciera ser como si por dentro hay una corriente, como si tuvieras aquí la laguna y de pronto todo se colara, se fuera por un tubo, y toda el agua se perdió. Entonces como que está conectado a un río subterráneo y de pronto el río subterráneo disminuye de cantidad y la laguna se seca. El río aumenta y la laguna se llena. Coincide que los años que ha llovido muchísimo se desborda y llega hasta la escuela, pero en la mayoría de tiempo permanece bien pequeña”, señala el biólogo Néstor Herrera.

Desde que el MARN comenzó a monitorear la laguna de Alegría todavía no sabe cuánto tiene de profundidad, tampoco las características de su cámara magmática. Los lugareños que trabajan en la laguna hablan de 28 metros de profundidad, pero aún no hay estudios oficiales por la falta de recursos.

En uno de los edificios del MARN está el Centro Integrado de Monitoreo y Amenazas, el lugar donde se observa el comportamiento de la lluvia, los vientos, la tierra y los volcanes.

Para monitorear los volcanes, a través de equipo científico y tecnológico, hay tres personas que trabajan en conjunto con otros expertos para analizar los sismos y los deslaves.

El monitoreo volcánico consiste en detectar si hay alguna anomalía en un volcán, identificar las zonas que podría tener más impacto si existiera una erupción y en tener un sistema de alerta temprana con alcaldías y con la Dirección General de Protección Civil, por si es necesario evacuar a las personas.

«No tenemos reporte histórico, de la conquista para acá, no existe ningún escrito ni nada que nos permita decir que el volcán ha entrado en erupción. Se conoce que hace unos 700 años el volcán El Hoyón –que está en la parte oeste de la laguna de Alegría o de Tecapa, y es un pequeño cráter– tuvo un periodo eruptivo», aclara Eduardo Gutiérrez, en el espacio asignado al Área de Vulcanología, en el lado izquierdo de esta sala.

Bruja. La laguna de Alegría, según la tradición popular, es conocida como laguna bruja, ya que en época lluviosa se seca, pero en época seca se llena. Para los lugareños es un lugar misterioso.

Del equipo, el geoquímico Francisco Montalvo es el encargado de monitorear el comportamiento del volcán Tecapa y, por lo tanto, de su laguna cratérica. Esto lo hace de tres a cuatro meses por año. Montalvo es un hombre callado que está sentado frente a una computadora donde almacena gráficas y mapas que indican el comportamiento del volcán. Cuando se trata de volcanes, habla con propiedad de ese ser vivo que estudia. Lo hace sin pausas.

Antes de entrar en detalles, aclara que el comportamiento del Tecapa es similar al comportamiento del resto de volcanes activos que monitorean. Cuenta que su trabajo consiste en medir las temperaturas de la laguna, los niveles de agua y, desde hace dos años, también analiza la composición química de los gases de las fumarolas o las grietas que existe en el cráter.

Laguna de Alegría

Luego recolecta el agua, la lleva a un laboratorio y ahí analiza su nivel de cloruro, sulfato, sodio y potasio, para determinar los tipos de gases que el Tecapa está emitiendo, y así establecer si el volcán está tranquilo o si está incrementando su actividad. Al agua también le analiza su acidez (pH), que ronda entre los 1.7, 1.8 y 2.5, lo que indica que es ácida y de carácter volcánico; y su vapor, esto lo hacen con otro equipo del MARN.

Gutiérrez, por su parte, prefiere comparar la reacción del volcán cuando presenta un comportamiento fuera de lo normal con una persona que se comienza a sentir mal de salud y va donde un médico, y que al llegar al consultorio le hace saber que está irritada. El médico le hace el diagnóstico, y pese a que aún no identifique los signos que posteriormente vendrán, lo trata. El volcán es el enfermo dando señales de una posible enfermedad, los médicos son ellos.

Él muestra en una computadora una gráfica que representa las variaciones que han existido desde 2003, cuando el MARN comenzó a monitorear sistemáticamente el volcán, hasta el 29 de julio de este año, la última visita realizada. Se observan temperaturas que van desde los 50 hasta los 100 grados centígrados. El 29 de julio la temperatura fue de 72 grados.

El sulfato y el cloro son dos gases que están en el interior de la Tierra y acompañan al magma. Son los gases a los que, de acuerdo con Gutiérrez, les gusta ponerle atención, porque hacen relación entre estos y el nivel de volumen de la laguna. Las emanaciones de gases del volcán, dice, son las que aumentan el sulfato, y esto hace que la laguna tenga agua de color verde.

Laguna de Alegría

Para entender la combinación de estos gases, Gutiérrez pone otro ejemplo: si hay un vaso con agua al que se le ha mezclado una cucharada de azúcar y este se saca al sol, el agua va a comenzar a evaporarse, pero el azúcar no se va a mover. Por lo tanto, al medir nuevamente su nivel con el del agua, habrá más azúcar en relación con el agua.

Algo similar sucede con la laguna, si se comparan los niveles altos y subientes del espejo de agua se determina que la relación de dichos gases no ha cambiado. El Tecapa se mantiene dentro de un comportamiento normal de un volcán.

«Pareciera ser como si por dentro hay una corriente, como si tuvieras aquí la laguna y de pronto todo se colara, se fuera por un tubo, y toda el agua se perdió. Entonces como que está conectado a un río subterráneo y de pronto el río subterráneo disminuye de cantidad y la laguna se seca. El río aumenta y la laguna se llena. Coincide que los años que ha llovido muchísimo se desborda y llega hasta la escuela, pero en la mayoría de tiempo permanece bien pequeña», señala el biólogo Néstor Herrera, al referirse al comportamiento que históricamente ha tenido la laguna de Alegría, que forma parte del inventario de humedales del MARN.

Para la geología, el volcán Tecapa es un volcán joven que fue formado hace aproximadamente 100,000 años por las grandes erupciones de un volcán que estuvo en Berlín, que hizo una caldera y dio origen al complejo volcánico Berlín-Tecapa, donde también está el volcán El Hoyón y el Cerro Pelón. Así lo dice un estudio que Jasmin Raymund, un canadiense experto en energía geotérmica e hidrología, realizó en 2001 con fines geotérmicos.

Para Herrera, es probable que la laguna funcione así: el volcán Tecapa hizo erupción, pero hubo una roca que cerró. Los materiales de esta se hicieron impermeables y cayó el agua durante cientos de años y llegó un espejo de agua, que se hundió en un 10 %.

En una pendiente donde antes hubo cafetales y que está ubicada en la ladera externa del volcán Tecapa, cercana al casco urbano de Alegría, hay construcciones de casas en una parcelación y en una lotificación. Para hacer esas casas, asegura el coordinador de la Unidad de Medio Ambiente de la Alcaldía de Alegría, Mauricio Hernández, los dueños no solicitaron permisos.

Según Hernández, han abierto expedientes de estos casos después de recibir una alerta del MARN e inspeccionar la zona, ya que ninguna de las construcciones tiene los permisos de ese ministerio, de la alcaldía, del Ministerio de Agricultura y tampoco del Ministerio de Vivienda. Por el momento, las obras –que además están en una zona de riesgo por deslaves y en un municipio donde son frecuentes los sismos por su composición volcánica– están paralizadas.

Este tipo de construcciones, dice el biólogo Néstor Herrera, generan especulaciones, porque si más personas ven que en este sector hay casas, van a querer vivir ahí también, lo que implicaría mayor extracción de un manto acuífero que, de momento, no se sabe si está conectado con la laguna.

Él hace una comparación con un estudio que realizó en 1998 en la laguna Verde, en Apaneca, Ahuachapán, cuando había cuatro bombas que directamente le extraían agua. Veintiún años después, dice, hay seis bombas y el espejo de agua se ha reducido aproximadamente en un 30 %. De tal forma que prevé que en 20 años más, la laguna estará seca.

Planos. Este es uno de los dos planos de las construcciones que han comenzado sin autorización en las faldas del Tecapa. La zona donde ya hay inmuebles es propensa a deslaves.

Luis Castillo, experto en física y geofísica y profesor de la Universidad de El Salvador, señala que tras formarse la laguna, el espejo de agua se fue llenando con la precipitación en los diferentes ciclos hidrólogos por siglos. También comparte la idea de que esta no puede ser la única forma en que se llene, debido a que en algunos casos, un lago o una laguna cratérica tiene un sistema hidrotermal subterráneo que puede alimentarle de agua que se recicla en otros volcanes o en elevaciones cercanas, y que llegue hasta el espejo.

De acuerdo con Castillo, si en los tiempos precolombinos en la zona de Alegría hubo asentamientos es porque los habitantes buscaron condiciones mínimas para vivir, como el agua. Aunque, dice, en ese lugar no observa esto, así que posiblemente se pobló por lo fértil que es la tierra o por la siembra del café.

Actualmente la Alcaldía de Alegría y el MARN gestionan declarar la laguna y parte del volcán Tecapa como área natural protegida, tras una petición de convertir 303 hectáreas en monumento natural. En 2011, el MARN hizo una precalificación, pero todavía falta que la alcaldía compruebe a las autoridades ambientales que la laguna es propiedad municipal y falta estudiar la zona para determinar si el ecosistema encaja dentro la categoría planteada.

Con el paso de los años, los abuelos de Alegría no dejan de contar las historias acerca de la laguna y sus características. Otra de las leyendas que sobrevive al tiempo es que esta laguna, así como otras, la formó un brujo que se encargaba de robar lagunas. El hombre volaba sobre el cráter del volcán Tecapa y llevaba un huevo: en la mitad había una laguna de agua dulce y en la otra mitad agua azufrada. Por accidente, el huevo se le cayó y se quebró en el cráter del lado donde estaba el agua azufrada, y así nació aquel espejo de agua.

Sus aguas crecen en la época seca y disminuyen en la época lluviosa. Por eso en algún tiempo la llamaron la laguna bruja. Era misteriosa y lo sigue siendo. Alguien que no conozca su comportamiento desde la ciencia no se explica qué sucede con aquel espejo azufrado que se resiste a morir.

Construcciones. Estas son parte de las casas construidas sin permiso en una de las laderas del volcán Tecapa, cerca del casco urbano de Alegría.