Daniel Ortega «vuelve» a la escuela

Fotografías de Óscar Navarrete/CONNECTAS

T​​​​​​​iene 12 años, estudia quinto grado en un colegio público de Managua y mete tres libros en su bolso para ir a la escuela. Uno es de Matemáticas, uno de Lengua y Literatura y otro de Convivencia y Civismo, pasta dura azul y blanco y con el mapa de Nicaragua en el centro. Cuando abre el último para estudiar, lee historias como esta:

«–Mamá, dice, ahora tenemos un Gobierno que se preocupa por las dificultades que tiene el pueblo, por eso a doña Lupe le hicieron su casa, destruida por el terremoto, a doña Lola le dieron zinc para cambiar el techo que era de plástico, a la Juana le entregaron su bono productivo alimentario, para que le diera vida a su parcela y saliera de la pobreza, multiplicando los animales recibidos y cultivando la tierra con las semillas, a la Panchita la beneficiaron con el préstamo de Usura Cero, para ampliar su fritanga, y a nosotras las agricultoras el Banco de la Producción nos da préstamos para el cultivo de café y granos básicos».

Ella dice que en su centro de estudios el único libro que le regalan es este de Convivencia y Civismo, cuyas ediciones tienen un capítulo que se llama «Bien Común», en la que explican todos los programas del gobierno de Daniel Ortega, presidente de Nicaragua desde 2007, y su esposa Rosario Murillo, vicepresidenta desde 2017 y secretaria del consejo de comunicación y ciudadanía en períodos anteriores. Los libros pueden descargarse con facilidad de la página electrónica del Ministerio de Educación (Mined).

Esta investigación de Nicaragua.Connectas, la nueva iniciativa para conversar sobre lo que pasa en el país centroamericano, descubrió que en la Nicaragua de hoy, no solo es que se mencione a la familia presidencial en estos textos escolares, sino que el Ministerio de Hacienda y Crédito Público presupuestó para la elaboración de los mismos en 2019 un total 650,257 dólares. Desde 2013 hasta la fecha, la inversión en este rubro ha sido de 1.3 millones de dólares. La publicidad estatal es mostrada además en los murales de los colegios, junto a la figura del poeta Rubén Darío. En el mismo espacio se exalta también a mártires del partido de gobierno, entre ellos Carlos Fonseca, el fundador del FSLN; el hermano de Ortega, Camilo, y al poeta sandinista Leonel Rugama, mientras la bandera rojinegra es colocada siempre a la par de la azul y blanco como si una fuese la sombra de la otra.

A diferencia de años electorales, si alguien visita los centros educativos en el país centroamericano, no se encontrará las papeletas con la imagen de la pareja presidencial en las paredes. Sin embargo, la propaganda llega a través de los libros a diario, en las lecciones que los niños leen. Dentro del presupuesto del Mined tampoco existen asignaciones presupuestarias a la propaganda partidaria. No obstante, el especialista, Alex Bonilla, investigador con una maestría en administración y gestión de la educación, explicó que el gobierno hace llegar esos insumos a través de su tendido político, como la Juventud Sandinista y los gabinetes de los barrios, que son los que colocan afiches y banderas rojinegras en los colegios con la anuencia de las mismas autoridades.

El discurso político, que se encuentra de manera subrepticia en las aulas, va dirigido a casi un millón y medio de estudiantes y sus familias en un país con índices de analfabetismo que hasta hace tres años llegaba al 15.8 %. Además el gobierno invierte $118.82 por estudiante de secundaria y $180 por alumno de primaria; cuando en países como Costa Rica, alcanza hasta $2,246.7 por cada joven. Es decir, los costarricenses invierten 19 veces más por cada niño, según datos del Banco Mundial hasta 2017.

La difusión de esta clase de mensajes en las aulas de Nicaragua provoca inconformidad entre los especialistas. Josefina Vijil, miembro del Centro de Investigación y Acción Educativa y Social (CIASES), un organismo privado de investigación y análisis de políticas educativas, dijo para este reportaje que el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo utiliza los libros de textos para reproducir su discurso.

«Han usado el sistema educativo como una red a través de la cual quieren enviar su mensaje partidario para seguirse manteniendo en el poder, y esto atenta contra todos los principios de educación», valora Vijil que lo considera además violatorio a la «constitución y a las leyes».

«Una mala educación es funcional para regímenes autoritarios como el de Daniel Ortega, que quiere convertir a los ciudadanos en clientes», sostiene la especialista. El exministro Carlos Tünnermann, quien dirigió la cartera de educación entre 1979 y 1984, destaca que todo esta propaganda se difunde mientras el sistema tiene carencias, entre ellas el hecho que los maestros reciben los salarios más bajos de la región: $238 mensuales.

El oficialismo defiende, no obstante, el «humanismo» con que enseñan. El diputado sandinista José Antonio Zepeda, dirigente de la Asamblea Nacional de Educadores (Anden), se excusó de dar declaraciones para CONNECTAS; pero, en junio de este año, aseguró a los medios del FSLN que la docencia está centrada y promovida en prácticas y en valores.

«Hoy sí tenemos que celebrar, tenemos que celebrar ese compromiso que ha sido reconocido por la política educativa del gobierno que dirige nuestro Comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo», afirmó Zepeda a esta investigación un 29 de junio cuando, a nivel nacional, se celebra el día del maestro.

El contenido propagandístico hace recordar a algunos padres de Nicaragua su experiencia de los años ochenta, durante el primer gobierno sandinista, cuando Ortega dirigió por primera vez el país entre 1984 y 1990; tiempos en que los chavalos recibían y aprendían sobre la Asociación de Niños Sandinistas en los libros «los Carlitos».

Cuarenta años después, el ejecutivo cuenta también su versión de la historia de la nación centroamericana y su protagonismo en ésta, a través de los libros escolares. Connectas, la plataforma lider de las Américas en periodismo colaborativo revisó 25 libros de primaria y secundaria de colegios públicos de este gobierno: 9 de Estudios Sociales, 11 de Lengua y Literatura y 5 de Convivencia y Civismo, en los que encontró 35 fotos del caudillo sandinista junto a alusiones constantes a los beneficios que dejan los proyectos gubernamentales.

Cuando los niños leen ahora estos textos pueden encontrar a los aliados políticos de la pareja presidencial como Evo Morales o referentes ideológicos para ellos como Hugo Chávez, Ernesto Che Guevara o Fidel Castro, así como organismos de la misma tendencia ideológica, tal como la Alianza Bolivariana para los Pueblo de Nuestra América (ALBA) o exaltaciones a proyectos que nunca se concretaron como el Canal Interoceánico.

En el libro de Estudios Sociales de séptimo grado, se retrata la historia del país centroamericano desde 1979, pero se insiste en que, a partir de que Ortega tomó el poder tras las elecciones de 2006, a la nación le va mejor. «Nicaragua estaba en un estado lamentable: con apagones todos los días, con un alto índice de desempleo, con la educación privatizada y con una alta tasa de analfabetismo…», empieza diciendo.

Según el texto de Estudios Sociales, el resultado de las políticas gubernamentales es que en «Nicaragua se viva en libertad y democracia, las autoridades son respetuosas de la ley y de las instituciones públicas. Sin persecución política ni presos políticos, ni torturas en las cárceles, sin exiliados ni golpes de Estado, sin represión militar o policiaca».

Ese escenario contrasta con las denuncias por concentración de poder y violaciones a derechos humanos contra Ortega, el aparato represivo del Estado y paramilitares desde abril del año pasado. Según organismos internacionales, entre ellos la OEA y Naciones Unidas, el uso excesivo de la fuerza provocó 328 personas asesinadas, más de dos mil heridos y el éxodo de 70 mil personas.

Las críticas no hacen mella en el esfuerzo gubernamental por proyectar a la familia presidencial. Otro ejemplo es la vicepresidenta Rosario Murillo. Los capítulos del texto de segundo grado de Convivencia y Civismo y el de décimo grado de Estudios Sociales son encabezados por imágenes de los Árboles de la Vida, que son estructuras metálicas de 21 metros que forman parte del ornato de Managua y que se atribuyen a la voluntad de la funcionaria. También se destaca junto a nombres como la premio nobel de la Paz Rigoberta Menchú, la ex presidenta de Brasil Dilma Rouseff y la exmandataria de Chile, Michelle Bachelet. La nueva historia económica de Nicaragua es tan autorreferencial que se destaca la «entrañable amistad» de Murillo con Hugo Chávez, a quien ella escribió unas líneas como homenaje que son reproducidas en el libro de octavo grado de estudios sociales.

«Usted, libertador. Usted, constructor. Usted, Comandante Presidente, comunicador.

Cuando los niños leen ahora estos textos pueden encontrar a los aliados políticos de la pareja presidencial como Evo Morales o referentes ideológicos para ellos como Hugo Chávez, Ernesto Che Guevara o Fidel Castro, así como organismos de la misma tendencia ideológica, tal como la Alianza Bolivariana para los Pueblo de Nuestra América (ALBA) o exaltaciones a proyectos que nunca se concretaron como el Canal Interoceánico.

Usted, consagrado, ¡ahora más que nunca consagrado! Usted, alegría, entrega. Usted, generosidad. Usted, inteligencia brillante ¡qué inteligencia! ¡qué estudioso! ¡qué capacidad! Usted, articulado. Usted, risa, sonrisa ¡siempre bromeando! Siempre encontrando el lado bonito de la vida. Usted, en todo lo lindo que hacemos y seguiremos haciendo. Porque su legado, Comandante-Presidente, es esa bandera que ondea en alto de todos nuestros corazones, y en la América Nuestra».

Paradójicamente, este gobierno que exalta a sus líderes políticos en el poder, vive una situación económica marcada por una reducción del presupuesto de inversión de 18.6 millones, lo que impide la construcción o remodelación de 56 escuelas, donde estudian 800 mil estudiantes. Aunque el presupuesto general de educación es de 430 millones de dólares, una de las realidades de Nicaragua es que el 92 % se destina al pago de salarios y mantenimiento de oficinas según los datos del Ministerio de Hacienda.

Hasta julio pasado, los niños que estudian en el colegio público de Chiquilistagüa, en la parte rural de Managua, les entregaban sus calificaciones en una hoja de papel desde el año pasado. Todos los meses llevaban un córdoba ($0.03) para que la maestra le sacara una fotocopia y colocara con el lapicero las notas del parcial. Solo al final del año les entregaban los resultados finales en su boleta, pero la espera se acabó con la evaluación de semestre. El argumento de no entregar el boletín es que se trataba de una medida administrativa.

Proselitismo. Estudiantes caminan en Carretera Sur de Managua en noviembre de 2008, en período de elecciones municipales.

«La gestión del Mined es de las más ineficientes de todo el Estado», dijo Alex Bonilla, especialista en educación. «La mayoría de recursos se utiliza para el pago de planillas y las pocas inversiones se destinan a proyectos de infraestructura y materiales escolares», agregó.

El Mined prioriza dar plazas de trabajo a los militantes del FSLN para que estos sirvan como agentes y así controlar e influir en las escuelas. De modo que una parte de los 61,433 trabajadores de este ministerio, entre ellos directores y profesores, forman parte de la base del partido que hace tareas políticas: marchas progubernamentales, adoctrinamiento en las escuelas y reuniones del tendido electoral según Bonilla.

De las inversiones presupuestadas de este año, un poco más del 50 por ciento será con financiamiento externo, que, a raíz de la crisis de abril del año pasado, está en peligro o se ha estancado porque muchos países y organismos multilaterales han suspendido su cooperación con el gobierno de Nicaragua por ser señalado de cometer crímenes de lesa humanidad.

Varios funcionarios, entre ellos la vicepresidenta de Nicaragua, fueron sancionados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Además, en junio se activó una ley de sanción conocida como Nica Act contra el gobierno de Nicaragua en el país norteamericano que conmina al gobierno de Donald Trump, que participa en las multilaterales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), a no aprobar préstamos al país centroamericano si no se respetan los derechos humanos y los principios democráticos.

El impacto de las medidas globales se hicieron sentir desde hace algunos meses en Nicaragua. A través de una reforma presupuestaria le quitaron 18.6 millones de dólares al Mined, que fue el recorte más grande que hizo Hacienda si se compara con los realizados a todos los ministerios. De estos fondos restados a educación, $6.8 millones provenían de préstamos del BM y donaciones externas que no fueron desembolsadas.

En el libro de Estudios Sociales de séptimo grado, se retrata la historia del país centroamericano desde 1979, pero se insiste en que, a partir de que Ortega tomó el poder tras las elecciones de 2006, a la nación le va mejor. “Nicaragua estaba en un estado lamentable: con apagones todos los días, con un alto índice de desempleo, con la educación privatizada y con una alta tasa de analfabetismo…”, empieza diciendo.

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VIGILANCIA POLÍTICA EN COLEGIOS

La libertad de expresión está en riesgo en todos los niveles del sistema educativo. La tarde del dos de julio pasado, las autoridades del colegio experimental México de Bello Horizonte prohibieron a CONNECTAS entrevistar a tres estudiantes de secundaria previamente citados y, al explicar su decisión, mostraron el control que ejerce el gobierno tanto a alumnos, profesores y directores a través de la vigilancia política.

«El cuestionario tiene que ser enviado a nosotros para que se pueda aprobar», dijo Marisol Pineda, subdirectora del Experimental México. En la dirección de este centro, cerca de una bandera rojinegra del Frente Sandinista, Pineda habló durante 15 minutos sobre los programas educativos promovidos por «el gobierno de reconciliación y unidad nacional». «Muchos estudiantes quizás no le puedan responder pero yo sí, porque ellos no conocen a profundidad todos los programas que hemos venido ejecutando».

Pineda afirmó que después de la crisis política de 2018, en los colegios de todo el país hay delegados del Mined que bajan las directrices del ejecutivo al resto de miembros de la comunidad educativa. «El cuestionario de preguntas lo mira el delegado y este lo pasa al ministerio para que después sea aprobado», dijo Pineda, quien de inmediato mostró a uno de los delegados, de camisas celestes y el emblema del gobierno en el pecho. «Lo que pasa es que ya hubo un problema por una información que salió de aquí, y ellos, los delegados, controlan todo», se excusó Pineda.

Las autoridades del colegio Experimental México tampoco permitieron entrevistas con profesores de este centro. Sin embargo, en el sistema educativo a nivel nacional hay profesores que desafían al gobierno. El maestro Antonio Chávez, de un colegio de Masaya, una ciudad a 25 kilómetros de la capital, dijo que el control de los delegados del Mined en las escuelas públicas de todo el país se ha incrementado a raíz de la crisis política.

«El adoctrinamiento en las escuelas se sostiene desde otras instancias del gobierno, de la estructura partidaria», dijo el especialista en educación, Alex Bonilla, y confirmó que estos colegios, como el Experimental México, sirven para reuniones o capacitaciones del tendido político del partido que es donde ejecutan estrategias de proselitismo.

En mayo de 2019 circuló en redes sociales un video en que estudiantes del colegio Maestro Gabriel, uno de los más grandes del país con una matrícula de 2,500 estudiantes, se quejaban de que las autoridades de este centro los estaban obligando a ver un documental hecho por Juventud Presidente (JP), del aparato propagandístico estatal, en que exculpan al Ejecutivo de las violaciones a los derechos humanos cometidas desde el año pasado.

El documental muestra la posición del gobierno sobre uno de los hechos más graves de la crisis de derechos humanos: la quema de una familia en el barrio Carlos Marx, en que murieron seis personas calcinadas, entre ellos dos niños de menos de tres años de edad y en el que sobrevivientes señalaron a paramilitares de cometer el crimen. La nueva versión señala que fueron los manifestantes, inconformes con el gobierno, los responsables.

En el video los estudiantes aseguran que la presentación del video estaba a cargo de la subdirectora del centro. Sin embargo, el director José Villegas alegó que «no sabía» y que no podía dar información.

«Por favor, vaya a pedir la información al Ministerio de Educación. Yo no estoy autorizado para hablar de eso», dijo Villegas, un tanto nervioso, a la par de dos oficiales de la Policía Nacional que escuchaban todo.

Además de la vigilancia política de comisarios del FSLN y de devengar salarios bajos por su trabajo, falta formación y perfeccionamiento de los maestros , explicó el exministro de educación, Carlos Tünnermann Bernheim.

El salario oficial de los docentes de primaria es de 8,000 córdobas ($238 al mes). A nivel centroamericano, los maestros nicaragüenses son los que reciben los salarios más bajos, según un estudio realizado por el organismo CIASES con base a datos de los institutos de los países en 2016. Un maestro nicaragüense gana un salario nueve veces menor que uno de Costa Rica, y seis veces menor que los de El Salvador y Honduras.

«Los salarios de los profesores no los dejan ni siquiera pagar los productos de la canasta básica. Por eso la carrera del magisterio no es atractiva porque a pesar de tener una profesión, siguen siendo pobres», dice Tünnermann.

«En el gremio le llaman los «pobresores» como seudónimo de profesores», sostiene el educador.

Lecciones. Una niña en Nicaragua lee uno de los libros escolares en los que se rinde culto a Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Una de las banderas del FSLN para hablar de los avances en educación es el supuesto aumento de la matrícula escolar en el período del gobierno de Daniel Ortega. La matrícula de este año, sin embargo, se redujo en 100 mil estudiantes con respecto al año pasado y 40 mil niños menos se matricularon de la meta que había proyectado el Mined para 2019: 1.74 millones de estudiantes.

Para 2006, antes que Ortega llegara al poder, el analfabetismo rondaba el 22.04 % y la última cifra reportada oficialmente fue de 15.8 % en 2016. El experto Alex Bonilla dijo que en los últimos cinco años se ha dedicado mayores esfuerzos en aumentar la escolarización. «Se han planteado que todo mundo vaya a las escuelas». Sin embargo, también en esto ve una estrategia política del Estado. «Lo que hay es un adoctrinamiento más cercano. Entonces ha sido una política clientelista», agrega.

Bonilla explica sus tesis de la siguiente manera: el gobierno destina bonos escolares a la gente en el campo, pero designa a sus delegados políticos su distribución. «De modo que hay una distribución inequitativa porque quienes tienen la potestad lo entregarán de acuerdo a su operación política, como una forma de chantaje», afirma.

El 17 de mayo en varios colegios del país se celebró el natalicio del general Augusto C. Sandino, en quien se inspiró el partido de gobierno. Ese día, en el colegio público que lleva su nombre en Ciudad Sandino, una ciudadela en el oeste de Managua, la directora Mayra Bermúdez en medio de una cancha de basquetbol gritaba frente a un micrófono «viva a Sandino», mientras los estudiantes a su alrededor respondían «viva». Con la mano derecha en alto, la profesora seguía «Viva el comandante Daniel Ortega», y los alumnos contestaban «viva». En el centro del lugar, con el bullicio alrededor, dos niños seguían sosteniendo la bandera del partido en el poder.

En otro video reciente, publicado en las redes sociales, puede verse también a una profesora enseñándole a deletrear a unos niños las iniciales FSLN del partido en el poder. Los niños repiten cada letra, mientras la profesora hace énfasis en que la letra F es «como (la palabra) Fuerte»; la S como el «Sol que nos ilumina», y la L es la «luz de libertad», otra imagen del sistema educativo nicaragüense.


*Esta historia hace parte de NICARAGUA  CUENTA, la nueva iniciativa para mostrar el país centroamericano en medio de un contexto adverso para la libertad de expresión.

«Los ideales no terminan; lo que pasa es la vida»

Sergio Ramírez escritor nicaragüense recibirá el Premio Miguel de Cervantes, este 23 de abril de 2018.

Renuncio de manera pública e irrevocable a pertenecer al Frente Sandinista para la Liberación Nacional”, dijo Sergio Ramírez después de sentarse frente a una mesa llena de micrófonos en 1995. A su espalda estaba colgado un retrato de Augusto Sandino, la inspiración para la revolución nicaragüense del siglo pasado. “El Frente al que yo me incorporé hace 20 años ya no existe”, dijo ese 10 de junio en una conferencia de prensa a la que él convocó.

Así fue como Sergio Ramírez inició el retorno hacia su vocación: la literatura. Para entonces, el nombre de Sergio Ramírez tenía un mayor tinte político que literario. Él fue parte de la movilización que derrocó la dictadura de los Somoza, y con el triunfo de la revolución sandinista se convirtió en vicepresidente del gobierno de Daniel Ortega de 1985 a 1990. Pero él asegura que el partido con el que había luchado, cambió para mal y en 1995 los diferencias entre él y la cúpula del partido se volvieron insostenibles.

De acuerdo con Ramírez, el FSLN no estaba dispuesto a democratizarse y se empezaba a instalar una línea autoritaria similar a la que ellos mismos habían combatido. “Todo aquello parecía irreal”, escribió Ramírez en su libro “Adiós, muchachos”, en el que se despidió del partido y de su papel como político.

Es originario de Masatepe, hijo de una maestra de escuela y un comerciante. En 1959 empezó a estudiar Derecho y a los 22 años se graduó como abogado, pero la escritura fue siempre su compañera. La producción literaria de más de cinco décadas lo comprueba. Veintitrés años después de salir del partido sandinista, este abril recibirá el Premio Miguel de Cervantes, uno de los reconocimientos literarios más importantes en la lengua española.

En marzo vino a El Salvador a presentar su novela “Ya nadie llora por mí”. El protagonista de esta novela es un investigador y excombatiente guerrillero que es contratado para resolver la desaparición de la hija de un matrimonio poderoso. La novela, de género policial, retrata la corrupción de algunas instituciones nicaragüenses y, además, recoge con humor la vida de la ciudad y sus habitantes.

“Esta novela es absolutamente contemporánea”, dice Sergio Ramírez. Tan contemporánea que hasta aparece nombrado el cantante de música pop Justin Bieber. Además, dentro del libro, las redes sociales y sus “hashtags” juegan un papel primordial para revelar ciertas verdades que el poder estatal quiere mantener escondidas.

Sergio Ramírez también es presidente del festival literario Centroamérica Cuenta, un festival que reúne a cientos de escritores y amantes de la literatura en Managua durante una semana. Este será en mayo y se realizarán presentaciones de libros, conversatorios, talleres de periodismo, edición y traducción. Y a pesar de que es uno de los festivales más grandes de la región, no cuenta con ningún apoyo del Estado nicaragüense. “Con que nos lo dejen hacer, suficiente”, dice el escritor. Y es que él no es bien visto por quienes antes fueron sus compañeros de lucha y gobierno.

Cuando le comunicaron sobre el Premio Cervantes usted dijo que se encontraba en “estado de gracia”, cuénteme, ¿sigue ahí?
Son noticias que llegan en la vida con cierta sorpresa. Yo había aparecido en las listas finales de candidatos y la verdadera sorpresa es la confirmación. Esa llamada oficial diciendo que he sido ganador del premio a las 7 de la mañana. La diferencia de horas también contribuye a crear este estado de incertidumbre, de sorpresa.

¿Al final no se rompió el silencio oficial del Gobierno para felicitarlo?
No, ja, ja. Una periodista que me preguntaba esto me decía: pero, ¿cómo es posible que no? Es como tener un elefante en la sala e ignorarlo.

La sorpresa sería lo contrario, ¿no?
Sí, en Centroamérica hubo mucha alegría. Siempre he pensado que tenemos una identidad cultural fuerte y que en momentos como estos es donde se manifiesta.

El Premio Latinoamericano de Cuento de la revista Imagen de Caracas fue su primer premio.
Sí, yo gané el premio de la revista que dirigía Guillermo Sucre, que era una muy importante en aquel tiempo, cuando Venezuela era un epicentro cultural de América Latina. Eso fue en el setenta y uno. Y tenía 29 años.

¿Hay algún punto de comparación entre ese primer premio y el Premio Cervantes?
Ganarse un primer premio internacional es importante… siendo la primera vez en que a esa edad se gana un premio convocado para toda América Latina por una revista de prestigio. De ahí nació mi libro “De tropeles y tropelías”, porque los cuentos ganadores fueron a dar a ese libro que se publicó aquí en la editorial universitaria de El Salvador. El año siguiente fue la toma militar de la Universidad de El Salvador y la edición se quedó ahí. No circuló. Este es un libro con una suerte extraordinaria. Salió el libro, pero se quedó en las bodegas. La universidad pasó tomada como un año.

¿El libro quedó secuestrado?
Sí, todo quedó ahí. Y luego se había hecho otra edición en Managua y vino el terremoto en diciembre de 1972 y entonces la edición quedó sepultada por el terremoto. Es un libro perseguido por los hados.

¿Qué influencia tiene su esposa en su literatura?
Ella ha sido un respaldo importante para mí porque en la literatura no todo es coser y cantar. Ha habido en nuestras vidas momentos muy difíciles como los de la revolución cuando faltaba el tiempo.

Usted publicó su primer libro “Cuentos” a los 20 años y luego escribió que Tulita Guerrero, su esposa, salió a venderlo de puerta en puerta por las calles de León.
Ja, ja, sí. Éramos novios y ella siempre ha sido muy entusiasta. Ella tomó el libro y salió de puerta en puerta a venderlo. Claro, eso me daba mucho terror a mí, mucha pena. Como cuando salió publicado mi primer cuento en la prensa y mi abuela salió a proclamar por el pueblo que había salido un cuento mío en el periódico. También me fui a esconder.

Usted ha escrito que entonces se llenó de horror y vergüenza.
Ocurrió cuando yo tenía 14 años porque mandé un cuento con un tema vernáculo al diario La Prensa en Managua. Había una página que dirigía Pablo Antonio Cuadra, un poeta. Y mandé este cuento y él lo publicó pensando que yo era un adulto. Era sobre la carreta náhuat, que es una carreta que arrea muertos y ese tipo de cuentos de camino. Esa es la primera vez que me di cuenta que la literatura tiene el poder de engañar.

Ahora, ¿qué siente antes de publicar?
Cuando recibo impreso el libro –que me llega generalmente un paquete con cuatro o cinco ejemplares– veo la tapa, pero no abro una página. Porque tengo cierto terror de que lo que está ahí no me vaya a gustar o que vaya a encontrar un error que ya no se pueda enmendar.

¿No lo revisa hasta que se presenta?
Sí, porque el libro ha pasado por un proceso que te lleva al cansancio. Escribir un borrador tras otro borrador. Imprimo el último borrador. Lo corrijo con lápiz de grafito. Vuelvo a incorporar las correcciones. Se lo doy a leer a alguien que me puede detectar errores ortográficos o sintácticos y luego se va a la editorial y me pone a un editor o editora que trabaja conmigo con preguntas. Yo las respondo. Se hacen aclaraciones. Y por fin, el libro se imprime. Entonces hay una especie de cansancio del texto. Y hay que agregar un tercer elemento. Y es que cuando este pan está saliendo del horno, uno está amasando otro porque ya está pensando en otro libro.

Galardonado. Sergio Ramírez en su entrevista con Séptimo Sentido en el marco de las actividades del festival Centroamérica Cuenta en El Salvador.

A nadie le interesa la felicidad. Interesa el conflicto, la contradicción y por lo tanto, si el lector encuentra que hay una visión crítica y que identifica los colores de esa ciudad como él piensa que son, pues excelente, se ha establecido esa comunicación crítica entre escritor y autor.

Considerando que su correspondencia personal y de trabajo se archiva en la Universidad de Princeton, ¿existe una vigilancia permanente de lo que escribe?
¿Sabés lo que pasa? Que ahora ya no se escriben cartas y en los archivos de este tipo donde se depositan documentos, los mensajes electrónicos no los consideran correspondencia, lo cual me parece que es un error que se va a llegar a corregir porque uno se comunica ahora a través de correo electrónico o de wasaps, etc.
De todas maneras, ahora a mí no se me ocurre escribir en un mensaje electrónico una carta de dos páginas como antes. Cuando vivía en Alemania era un buen corresponsal porque mis amigos estaban en América Latina, en otras partes de Europa y yo dedicaba una tarde entera a contestar correspondencia y recibía cartas de cuatro, cinco pliegos. Esas son las que están archivadas ahí, las de cuando vivía en Costa Rica y Alemania. Ahora la correspondencia se acabó. Yo tengo un archivo de todos mis correos electrónicos. Los tengo en un disco duro. Algún día le van a dar valor, ¿no?

A pesar de los problemas actuales de Nicaragua relativos a la democracia y a la corrupción, usted ha dicho que se mantiene optimista respecto al futuro del país. ¿Qué le hace pensar eso?
No hay mal que dure cien años. Pensar lo contrario sería un acto de desprecio a la voluntad popular, decir que la voluntad popular se va a quedar para siempre estancada. Los cambios se dan porque la historia obliga que se den y los cambios, por lo menos en mi íntima convicción, tienen que ser para bien.

Vemos cómo se han venido derrumbando en toda América Latina todas estas ambiciones de quedarse para siempre en el poder. En Ecuador hubo una salida tan elegante con el presidente Lenín Moreno que hizo que le dijeran no al continuismo de Correa, poniendo él por delante su propio cargo, porque tampoco puede reelegirse. Estos actos de honestidad, de entereza cívica, ¿por qué no van a repetirse en otras partes de América Latina? Los cambios generacionales también son importantes y creo que estamos destinados a la democracia, no al autoritarismo.

*

Tras la revolución, El Frente Sandinista de Liberación Nacional gobernó en Nicaragua desde 1979 a 1990. En ese periodo, el partido contó con figuras intelectuales prominentes como la poeta Gioconda Belli y el exministro de Cultura y poeta, Ernesto Cardenal. Ellos, como Sergio Ramírez, se opusieron a la dirección que el partido tomó liderado por Daniel Ortega y renunciaron a su posición dentro del Frente Sandinista. En 2006, Daniel Ortega volvió a la presidencia con el 37.99 % de los votos válidos en las elecciones presidenciales y ha sido reelecto en otras dos ocasiones, en 2011 y 2016.

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La poeta Gioconda Belli dijo: “Tenemos el cordón umbilical a la idea de la revolución. Esa ya no está, pero sí están con nosotros sus ideales”. ¿Cuál es su opinión acerca de esto?
Yo coincido con Gioconda. Yo escribí eso en el libro “Adiós, muchachos”. Los ideales no terminan; lo que pasa es la vida. Uno envejece y los ideales uno tiene que mirar hacia atrás para verlos. Lo que conservo cimentado en esos ideales es mi actitud crítica frente a lo que veo porque tampoco es que ahora voy a decir “no, ahora yo soy solo escritor y me olvidé de la realidad de mi país o de América Latina”. Al contrario, mantengo la persiana abierta. Me asomo por la ventana, veo lo que ocurre y hablo sobre lo que ocurre. Para eso tengo el espacio de mis artículos de prensa, las entrevistas y eso es aparte de mi oficio de escritor, pero va junto. Porque junto al oficio de escritor, tengo mi oficio de ciudadano.

En su última novela “Ya nadie llora por mí”, se habla un poco sobre el rol de la Iglesia en la revolución sandinista. Como ciudadano, ¿cuál es su lectura de la Iglesia en la Nicaragua actual?
La Iglesia en Nicaragua sigue teniendo una posición muy independiente. La mayoría de los obispos tiene una posición muy crítica y hay una lucha entre la posición moral de la Iglesia y lo que el Gobierno considera su propia política. Hay obispos que alzan más su voz que otros. Hay, pienso yo, una ofensiva del Gobierno para tratar de sonsacar obispos. Una lucha por el poder… es decir, cuando el poder quiere tenerlo todo, entonces se mete con todo.

El protagonista de su nueva novela, el inspector Dolores Morales, es alguien también crítico con quienes ocupan el poder.
Sí, porque él es mi alter ego a pesar de que el inspector Morales era más joven que yo cuando la revolución. Fue un combatiente guerrillero, yo no lo fui. Él peleó en el frente sur. Perdió una pierna. Tiene que aguantar toda su vida una prótesis. Es un hombre que viene de un estrato muy humilde de la sociedad, su abuela vendía carne en el mercado, pero él tenía ideales. Quería un mundo mejor, distinto al que representaba la dictadura somocista, y con el paso del tiempo y la caída de la revolución, él guarda esa nostalgia. Envuelve en su nostalgia ese viejo ideal que no abandona. Y lo que hace es transformarlo en humor negro.

Un eje clarísimo de la novela y sus personajes es el de interpelar al poder.
Una novela siempre viene desde la profundidad crítica, aunque el escritor no lo quiera o no sea ese su propósito. Porque cuando uno tiene el propósito de denunciar, de acusar, entonces se está equivocando de vehículo. Debería usar mejor el discurso, el panfleto, el manifiesto. La novela es un campo complejo donde uno le tiene que dar la voz a todo el mundo. Y los personajes tienen que estar en contradicción porque si no, no hay novela, no hay relato.

Los relatos paralelos, donde todo mundo piensa igual, no son atractivos. Los relatos siempre son infelices. Si se fija bien, cuando los cuentos terminan dicen “y vivieron felices para siempre… eso ya nadie lo cuenta. A nadie le interesa la felicidad. Interesa el conflicto, la contradicción y por lo tanto, si el lector encuentra que hay una visión crítica y que identifica los colores de esa ciudad como él piensa que son, pues excelente, se ha establecido esa comunicación crítica entre escritor y autor. Y si el lector no es nicaragüense e identifica su propia sociedad con lo que la novela dice, pues mayor triunfo del escritor porque está dándole perspectiva universal a una situación que no vive solo Nicaragua. Esto de la corrupción entre la oscuridad y el poder desgraciadamente es un mal de América Latina.

En su novela aborda temas como el aborto y las problemáticas de la comunidad gay ¿Cómo decide abordar temas tan actuales y necesarios de discutir?
Esta novela es absolutamente contemporánea, tanto que en la medida que la iba escribiendo, el tiempo iba pasando y si me levantaba de la máquina porque me iba de viaje y volvía, ya la novela había envejecido en cuanto a esa pretensión mía de que tenía que estar al día. Y si una película se está pasando en un cine, yo tenía que cambiar la película para que fuera más contemporánea. Los asuntos que están en la contemporaneidad hoy tienen que estar allí porque son parte del conflicto. Si los personajes entran en conflicto, entran en conflicto con las características de la sociedad. Religión, sexo, aborto, la política sobre los gays, todo eso está de por medio y (también) el abuso sexual.

Imagino que cuando usted empezó a escribir esta novela en 2013 muy pocos preveían que para 2017 se iba a desatar la ola de denuncias contra el acoso y abuso sexual que se ha visto en la actualidad.
Sí, cuando la novela se publicó todavía no había comenzado esa ola… pero es como un globo que solo necesitaba un pinchazo. Eso estaba ahí cargando la atmósfera y, en determinado momento, la valentía de una sola persona arrastra a otros. Porque siempre ha sido un estigma para una mujer decir “fui violada, fui acosada, abusada, a cambio de que me den un papel en el cine”. Que es lo mismo a decir a “cambio de que me den un trabajo”. ¿Cuántas veces no ocurre que una mujer se presenta a solicitar un trabajo y entonces el favor que le exigen a cambio es el sexual? Me parece que estamos viviendo un momento muy trascendental. Ojalá después de esta ola universal de denuncias, las cosas no volverán a ser las mismas.

¿Usted cree que se está haciendo lo suficiente para contar Nicaragua?
Sí, yo creo que ahora hay más narradores que antes porque hemos sido un país de poetas. En Nicaragua se es poeta mientras uno no pruebe lo contrario. Pero ahora hay más narradores, sobre todo entre los jóvenes, después de la generación que nació en los años ochenta, hay una expansión de la narración. Y eso todavía se está consolidando, vamos a ver más frutos. Me parece que está ocurriendo también en el resto de Centroamérica.

¿Cuál es su balance de estos años haciendo el festival Centroamérica Cuenta?
Lo hemos logrado consolidar. Este año vamos ya viento en popa, lo abrimos en la tercera semana de mayo. Tenemos una lista muy calificada de invitados. Más de 70 invitados que vienen de muchas partes: de México, de Italia, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Francia, Inglaterra y, por supuesto, de todos los países centroamericanos.

El festival tiene patrocinio de la empresa privada. ¿Hay algún apoyo del Estado nicaragüense?
No, ni pensarlo, no, no… con que nos lo dejen hacer, suficiente. Pero la empresa privada cada vez nos apoya más. Y entidades internacionales, fundaciones, gobiernos. Tenemos el apoyo del Gobierno de Francia, de España, de Alemania, de Brasil, de Colombia. Entonces… tenemos respaldo.

Sergio Ramírez