«Ortega no va a lograr empujar a Nicaragua a una guerra civil»

Fotografía de Archivo

Carlos Fernando Chamorro, periodista, está seguro de que Daniel Ortega, presidente, está fracasando en su estrategia de llevar a Nicaragua hacia una guerra civil como única alternativa de salida a la crisis política que, hasta enero, acumula nueve meses.

Así lo dijo en Costa Rica, país donde se ha exiliado por razones de seguridad, quien ha sido director del diario digital Confidencial, la revista Niú y los programas de televisión «Esta semana» y «Esta noche».

«Aunque es cierto que hay grupos (opositores) que desesperadamente están tratando de buscar ese camino (la vía armada), yo creo que Ortega está fracasando. O sea, que no va a lograr empujar al país a una guerra civil», ha dicho Chamorro, en el programa «Malas compañías», de Teletica Radio, con los periodistas Armando González e Ignacio Santos.

Según Chamorro, la historia demuestra que para producir cambios duraderos son mejores la revoluciones cívicas que armadas, y eso lo ha entendido Nicaragua.

Citó como ejemplo la revolución Sandinista en Nicaragua que, si bien a su juicio fue épica al derrocar en 1979 a la dictadura de los Somoza, a la postre no produjo los cambios verdaderos que el país necesitaba.

«Ha nacido (desde las protestas de abril) una convicción poderosa en Nicaragua de que esta vez debe de hacerse un cambio político pacífico y no a través de la vía armada», dijo Chamorro.

«Aquí (desde abril) no existe nada parecido al equivalente de una organización guerrillera como lo fue el Frente Sandinista en los años setenta y particularmente en el setenta y nueve. Esta ha sido una rebelión espontánea donde, poco a poco, han ido surgiendo los líderes universitarios, la mayoría están presos, otros están exiliados en Costa Rica y en otras partes, los mismos líderes empresariales…», añadió el periodista.

En Nicaragua, hay voces como la del escritor y disidente sandinista Sergio Ramírez que dicen que Ortega busca empujar al país hacia una guerra civil para masacrar una posible rebelión armada y que él tenga una posibilidad de llamar al Ejército a las calles.

«Una resistencia ciudadana es la única arma que tenemos», aseveró Ramírez el 18 de julio en entrevista con La Nación.

La represión gubernamental para sofocar la protesta ciudadana que se inició el 18 de abril de 2018 ha dejado 325 muertes, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La CIDH también ha detectado la existencia de fuerzas parapoliciales (civiles armados) al servicio del Estado, que han participado en la represión de las protestas.

La represión gubernamental para sofocar la protesta ciudadana que se inició el 18 de abril de 2018 ha dejado 325 muertes, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La CIDH también ha detectado la existencia de fuerzas parapoliciales (civiles armados) al servicio del Estado, que han participado en la represión de las protestas.

Chamorro dijo no compartir la visión del exmagistrado sandinista Rafael Solís, también exiliado en Costa Rica tras renunciar a su cargo y a la militancia del Frente Sandinista, de que la represión gubernamental puede provocar una guerra civil en Nicaragua.

El periodista asegura que los nicaragüenses van por otro camino: el de conseguir por la vía cívica reformas más difíciles, pero que son duraderas como mejoras al Estado, en la educación, en lo fiscal y en lo electoral.

Chamorro es hijo del periodista Pedro Joaquín Chamorro, conocido como el «mártir de las libertades públicas en Nicaragua», asesinado el 10 de enero de 1978 por la dictadura de Somoza.

También es hijo de Violeta Barrios, la mujer que derrotó en las urnas a Daniel Ortega en 1990 y que gobernó ese país hasta enero de 1997.

Entre 1979 y 1993, Carlos Fernando Chamorro fue director de Barricada, el periódico oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que gobernó en la revolución durante la década de 1980, el cual fue un periodo de persecución y de censura de prensa en Nicaragua.

Desde hace 23 años dirige, primero en versión papel y luego en digital, el semanario Confidencial, el programa de televisión dominical «Esta semana» y luego «Esta noche».

Durante la emisión de «Esta noche», la noche del domingo por Canal 12 de Nicaragua, Chamorro anunció que se exiliaba en Costa Rica para «resguardar mi integridad física y mi libertad y, sobre todo, para seguir ejerciendo el periodismo independiente desde Costa Rica».

Dijo recibir amenazas extremas del régimen de Ortega en contra del ejercicio periodístico y, sobre todo, hacia los medios que él dirige.

«(La decisión del exilio) fue un largo proceso, porque nosotros hemos venido resistiendo a lo largo de varios años, pero particularmente en estos meses desde que inició la rebelión de abril todo tipo de persecuciones, amenazas, espionaje político, acosos, hackeos, diferentes tipos de procesos de intimidación que siempre han tenido como objetivo callarnos y autocensurarnos», dijo Chamorro.

El periodista nicaragüense también denunció la situación crítica del periodismo en Nicaragua desde las protestas de abril.

Un periodista fue asesinado, medios independientes han sido destruidos como el Canal 100 % Noticias, al tiempo que su dueño Miguel Mora y de la periodista Lucía Pineda fueron encarcelados.

Chamorro recordó la «ocupación y el asalto» a la redacción de los medios que él dirige en Managua, la noche del 12 de diciembre, cuando la Policía Nacional allanó la redacción para llevarse documentos y equipos sin presentar ninguna orden judicial.

Un día después, la Policía tomó el inmueble donde se ubicaban los medios que él dirige luego del intento de Chamorro y de sus trabajadores de reconstruir lo allanado. Y una semana después, recuerda, el Gobierno cerró el Canal 100 % Noticias y encarceló a Mora y Pineda, quienes son acusados por la Fiscalía de incitar al odio, al terrorismo y a la conspiración a través de las informaciones divulgadas en el canal.

Distancia. Carlos Fernando Chamorro, periodista y fundador de medios de comunicación, tuvo que exiliarse en Costa Rica después de que cuerpos de seguridad incautaran su equipo de trabajo.

Nicaragua vive «estado de excepción de facto»

«Todo eso se hace a posteriori. Primero se hacen las acciones, la ocupación y asalto (…) y posteriormente se fabrican procesos criminales. En concreto, el asalto y la agresión con este nivel de virulencia contra los medios de comunicación, viene a convertirse en la última o penúltima etapa del proceso de descalabro y la represión de la dictadura de Ortega-Murillo», dijo Chamorro.

Chamorro dice que al inicio de las protestas «vino la matanza» de parte del Gobierno que dejó 325 muertos, luego llegó la «operación limpieza» con la participación de «bandas paramilitares» para levantar bloqueos en carreteras levantados por manifestantes.

Añadió que, como tercera etapa de la represión, siguió el encarcelamiento de más de 500 presos políticos y, ahora, el país está en un «estado de excepción de facto» porque están conculcados derechos constitucionales básicos como el de reunión, manifestación, de movilización y las libertades de prensa y de expresión sin que se haya decretado un estado de emergencia.

«Te pueden capturar sin orden de captura, se pueden tomar un medio de comunicación sin una orden judicial», sostuvo Chamorro.

Lucía Pineda cumple un mes detenida

Después de cumplirse un mes de la captura de la periodista Lucía Pineda Ubao, de 45 años, en Nicaragua, es poco lo que se sabe acerca de su proceso judicial y su condición de salud.

En este periodo, el Gobierno de Costa Rica ha enviado nueve notas oficiales dirigidas al Viceministerio de Gobernación nicaragüense con el propósito de que se le permita al cónsul tico en Managua, Óscar Camacho, efectuar una visita a la cárcel donde se encuentra recluida la comunicadora.

Sin embargo, el Gobierno de Nicaragua sigue sin dar respuestas y alienta aún más la incertidumbre.

«En todas la notas ha habido silencio. También hice una consulta en forma verbal y me dijeron que las misivas serían respondidas por la vía diplomática», afirmó Camacho.

La última misiva oficial emitida por Costa Rica fue enviada el jueves 17 de enero.

Pineda, quien posee nacionalidad costarricense y nicaragüense, fue detenida el 21 de diciembre mientras estaba en la redacción del canal independiente 100 % Noticias, donde se desempeñaba como jefa de prensa. El director y dueño del medio, Miguel Mora Barberena, también se encuentra en prisión desde entonces.

Ambos son acusados de cometer los delitos de «provocación, preposición y conspiración para cometer actos terroristas», según consta en el expediente judicial 020017-ORM4-2018PN, al que tuvo acceso La Nación.

También se les atribuye «apología e inducción para cometer delitos impulsados por el odio, como circunstancias agravantes de discriminación por razones de ideología política».

El Poder Judicial de Nicaragua consignó, en una publicación realizada en su página web, que el 25 de enero será la primera audiencia sobre el caso de Pineda.

Inquietudes

Óscar Camacho explicó que la vía diplomática es la única posibilidad que tiene a su alcance para tratar de tener contacto con Pineda. Aunque no esconde su preocupación al cumplirse ya un mes sin tener mayores noticias acerca de la situación de la periodista.

Además, el cónsul cree que la comunicadora podría encontrarse en la cárcel El Chipote, considerada por organismos de derechos humanos como un centro de tortura, pero debido al impedimento de la visita su ubicación no se ha comprobado.

El Consulado tico registra la detención de 13 costarricenses en Nicaragua desde que comenzó la crisis política en ese país, el 18 de abril de 2018. Todos fueron capturados por estar relacionados con las protestas contra el presidente Ortega. En la actualidad, solo dos de ellos están en prisión, mientras que otras dos personas permanecen en arresto domiciliario.

Ataques en ascenso

La ofensiva por parte del gobierno de Daniel Ortega contra la prensa independiente se ha tornado más violenta en las últimas semanas.

La emisora Radio Darío fue sacada del aire por la Policía Nacional a inicios de diciembre y sus trabajadores debieron esconderse en casas de refugio luego de ser amenazados por los agentes.

Armados. El Gobierno usó al menos 20 patrullas, cada una con 10 policías élite y antimotines, todos portando escopetas o AK-47 para cerrar el Canal 100 % Noticias.

«Los ideales no terminan; lo que pasa es la vida»

Sergio Ramírez escritor nicaragüense recibirá el Premio Miguel de Cervantes, este 23 de abril de 2018.

Renuncio de manera pública e irrevocable a pertenecer al Frente Sandinista para la Liberación Nacional”, dijo Sergio Ramírez después de sentarse frente a una mesa llena de micrófonos en 1995. A su espalda estaba colgado un retrato de Augusto Sandino, la inspiración para la revolución nicaragüense del siglo pasado. “El Frente al que yo me incorporé hace 20 años ya no existe”, dijo ese 10 de junio en una conferencia de prensa a la que él convocó.

Así fue como Sergio Ramírez inició el retorno hacia su vocación: la literatura. Para entonces, el nombre de Sergio Ramírez tenía un mayor tinte político que literario. Él fue parte de la movilización que derrocó la dictadura de los Somoza, y con el triunfo de la revolución sandinista se convirtió en vicepresidente del gobierno de Daniel Ortega de 1985 a 1990. Pero él asegura que el partido con el que había luchado, cambió para mal y en 1995 los diferencias entre él y la cúpula del partido se volvieron insostenibles.

De acuerdo con Ramírez, el FSLN no estaba dispuesto a democratizarse y se empezaba a instalar una línea autoritaria similar a la que ellos mismos habían combatido. “Todo aquello parecía irreal”, escribió Ramírez en su libro “Adiós, muchachos”, en el que se despidió del partido y de su papel como político.

Es originario de Masatepe, hijo de una maestra de escuela y un comerciante. En 1959 empezó a estudiar Derecho y a los 22 años se graduó como abogado, pero la escritura fue siempre su compañera. La producción literaria de más de cinco décadas lo comprueba. Veintitrés años después de salir del partido sandinista, este abril recibirá el Premio Miguel de Cervantes, uno de los reconocimientos literarios más importantes en la lengua española.

En marzo vino a El Salvador a presentar su novela “Ya nadie llora por mí”. El protagonista de esta novela es un investigador y excombatiente guerrillero que es contratado para resolver la desaparición de la hija de un matrimonio poderoso. La novela, de género policial, retrata la corrupción de algunas instituciones nicaragüenses y, además, recoge con humor la vida de la ciudad y sus habitantes.

“Esta novela es absolutamente contemporánea”, dice Sergio Ramírez. Tan contemporánea que hasta aparece nombrado el cantante de música pop Justin Bieber. Además, dentro del libro, las redes sociales y sus “hashtags” juegan un papel primordial para revelar ciertas verdades que el poder estatal quiere mantener escondidas.

Sergio Ramírez también es presidente del festival literario Centroamérica Cuenta, un festival que reúne a cientos de escritores y amantes de la literatura en Managua durante una semana. Este será en mayo y se realizarán presentaciones de libros, conversatorios, talleres de periodismo, edición y traducción. Y a pesar de que es uno de los festivales más grandes de la región, no cuenta con ningún apoyo del Estado nicaragüense. “Con que nos lo dejen hacer, suficiente”, dice el escritor. Y es que él no es bien visto por quienes antes fueron sus compañeros de lucha y gobierno.

Cuando le comunicaron sobre el Premio Cervantes usted dijo que se encontraba en “estado de gracia”, cuénteme, ¿sigue ahí?
Son noticias que llegan en la vida con cierta sorpresa. Yo había aparecido en las listas finales de candidatos y la verdadera sorpresa es la confirmación. Esa llamada oficial diciendo que he sido ganador del premio a las 7 de la mañana. La diferencia de horas también contribuye a crear este estado de incertidumbre, de sorpresa.

¿Al final no se rompió el silencio oficial del Gobierno para felicitarlo?
No, ja, ja. Una periodista que me preguntaba esto me decía: pero, ¿cómo es posible que no? Es como tener un elefante en la sala e ignorarlo.

La sorpresa sería lo contrario, ¿no?
Sí, en Centroamérica hubo mucha alegría. Siempre he pensado que tenemos una identidad cultural fuerte y que en momentos como estos es donde se manifiesta.

El Premio Latinoamericano de Cuento de la revista Imagen de Caracas fue su primer premio.
Sí, yo gané el premio de la revista que dirigía Guillermo Sucre, que era una muy importante en aquel tiempo, cuando Venezuela era un epicentro cultural de América Latina. Eso fue en el setenta y uno. Y tenía 29 años.

¿Hay algún punto de comparación entre ese primer premio y el Premio Cervantes?
Ganarse un primer premio internacional es importante… siendo la primera vez en que a esa edad se gana un premio convocado para toda América Latina por una revista de prestigio. De ahí nació mi libro “De tropeles y tropelías”, porque los cuentos ganadores fueron a dar a ese libro que se publicó aquí en la editorial universitaria de El Salvador. El año siguiente fue la toma militar de la Universidad de El Salvador y la edición se quedó ahí. No circuló. Este es un libro con una suerte extraordinaria. Salió el libro, pero se quedó en las bodegas. La universidad pasó tomada como un año.

¿El libro quedó secuestrado?
Sí, todo quedó ahí. Y luego se había hecho otra edición en Managua y vino el terremoto en diciembre de 1972 y entonces la edición quedó sepultada por el terremoto. Es un libro perseguido por los hados.

¿Qué influencia tiene su esposa en su literatura?
Ella ha sido un respaldo importante para mí porque en la literatura no todo es coser y cantar. Ha habido en nuestras vidas momentos muy difíciles como los de la revolución cuando faltaba el tiempo.

Usted publicó su primer libro “Cuentos” a los 20 años y luego escribió que Tulita Guerrero, su esposa, salió a venderlo de puerta en puerta por las calles de León.
Ja, ja, sí. Éramos novios y ella siempre ha sido muy entusiasta. Ella tomó el libro y salió de puerta en puerta a venderlo. Claro, eso me daba mucho terror a mí, mucha pena. Como cuando salió publicado mi primer cuento en la prensa y mi abuela salió a proclamar por el pueblo que había salido un cuento mío en el periódico. También me fui a esconder.

Usted ha escrito que entonces se llenó de horror y vergüenza.
Ocurrió cuando yo tenía 14 años porque mandé un cuento con un tema vernáculo al diario La Prensa en Managua. Había una página que dirigía Pablo Antonio Cuadra, un poeta. Y mandé este cuento y él lo publicó pensando que yo era un adulto. Era sobre la carreta náhuat, que es una carreta que arrea muertos y ese tipo de cuentos de camino. Esa es la primera vez que me di cuenta que la literatura tiene el poder de engañar.

Ahora, ¿qué siente antes de publicar?
Cuando recibo impreso el libro –que me llega generalmente un paquete con cuatro o cinco ejemplares– veo la tapa, pero no abro una página. Porque tengo cierto terror de que lo que está ahí no me vaya a gustar o que vaya a encontrar un error que ya no se pueda enmendar.

¿No lo revisa hasta que se presenta?
Sí, porque el libro ha pasado por un proceso que te lleva al cansancio. Escribir un borrador tras otro borrador. Imprimo el último borrador. Lo corrijo con lápiz de grafito. Vuelvo a incorporar las correcciones. Se lo doy a leer a alguien que me puede detectar errores ortográficos o sintácticos y luego se va a la editorial y me pone a un editor o editora que trabaja conmigo con preguntas. Yo las respondo. Se hacen aclaraciones. Y por fin, el libro se imprime. Entonces hay una especie de cansancio del texto. Y hay que agregar un tercer elemento. Y es que cuando este pan está saliendo del horno, uno está amasando otro porque ya está pensando en otro libro.

Galardonado. Sergio Ramírez en su entrevista con Séptimo Sentido en el marco de las actividades del festival Centroamérica Cuenta en El Salvador.

A nadie le interesa la felicidad. Interesa el conflicto, la contradicción y por lo tanto, si el lector encuentra que hay una visión crítica y que identifica los colores de esa ciudad como él piensa que son, pues excelente, se ha establecido esa comunicación crítica entre escritor y autor.

Considerando que su correspondencia personal y de trabajo se archiva en la Universidad de Princeton, ¿existe una vigilancia permanente de lo que escribe?
¿Sabés lo que pasa? Que ahora ya no se escriben cartas y en los archivos de este tipo donde se depositan documentos, los mensajes electrónicos no los consideran correspondencia, lo cual me parece que es un error que se va a llegar a corregir porque uno se comunica ahora a través de correo electrónico o de wasaps, etc.
De todas maneras, ahora a mí no se me ocurre escribir en un mensaje electrónico una carta de dos páginas como antes. Cuando vivía en Alemania era un buen corresponsal porque mis amigos estaban en América Latina, en otras partes de Europa y yo dedicaba una tarde entera a contestar correspondencia y recibía cartas de cuatro, cinco pliegos. Esas son las que están archivadas ahí, las de cuando vivía en Costa Rica y Alemania. Ahora la correspondencia se acabó. Yo tengo un archivo de todos mis correos electrónicos. Los tengo en un disco duro. Algún día le van a dar valor, ¿no?

A pesar de los problemas actuales de Nicaragua relativos a la democracia y a la corrupción, usted ha dicho que se mantiene optimista respecto al futuro del país. ¿Qué le hace pensar eso?
No hay mal que dure cien años. Pensar lo contrario sería un acto de desprecio a la voluntad popular, decir que la voluntad popular se va a quedar para siempre estancada. Los cambios se dan porque la historia obliga que se den y los cambios, por lo menos en mi íntima convicción, tienen que ser para bien.

Vemos cómo se han venido derrumbando en toda América Latina todas estas ambiciones de quedarse para siempre en el poder. En Ecuador hubo una salida tan elegante con el presidente Lenín Moreno que hizo que le dijeran no al continuismo de Correa, poniendo él por delante su propio cargo, porque tampoco puede reelegirse. Estos actos de honestidad, de entereza cívica, ¿por qué no van a repetirse en otras partes de América Latina? Los cambios generacionales también son importantes y creo que estamos destinados a la democracia, no al autoritarismo.

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Tras la revolución, El Frente Sandinista de Liberación Nacional gobernó en Nicaragua desde 1979 a 1990. En ese periodo, el partido contó con figuras intelectuales prominentes como la poeta Gioconda Belli y el exministro de Cultura y poeta, Ernesto Cardenal. Ellos, como Sergio Ramírez, se opusieron a la dirección que el partido tomó liderado por Daniel Ortega y renunciaron a su posición dentro del Frente Sandinista. En 2006, Daniel Ortega volvió a la presidencia con el 37.99 % de los votos válidos en las elecciones presidenciales y ha sido reelecto en otras dos ocasiones, en 2011 y 2016.

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La poeta Gioconda Belli dijo: “Tenemos el cordón umbilical a la idea de la revolución. Esa ya no está, pero sí están con nosotros sus ideales”. ¿Cuál es su opinión acerca de esto?
Yo coincido con Gioconda. Yo escribí eso en el libro “Adiós, muchachos”. Los ideales no terminan; lo que pasa es la vida. Uno envejece y los ideales uno tiene que mirar hacia atrás para verlos. Lo que conservo cimentado en esos ideales es mi actitud crítica frente a lo que veo porque tampoco es que ahora voy a decir “no, ahora yo soy solo escritor y me olvidé de la realidad de mi país o de América Latina”. Al contrario, mantengo la persiana abierta. Me asomo por la ventana, veo lo que ocurre y hablo sobre lo que ocurre. Para eso tengo el espacio de mis artículos de prensa, las entrevistas y eso es aparte de mi oficio de escritor, pero va junto. Porque junto al oficio de escritor, tengo mi oficio de ciudadano.

En su última novela “Ya nadie llora por mí”, se habla un poco sobre el rol de la Iglesia en la revolución sandinista. Como ciudadano, ¿cuál es su lectura de la Iglesia en la Nicaragua actual?
La Iglesia en Nicaragua sigue teniendo una posición muy independiente. La mayoría de los obispos tiene una posición muy crítica y hay una lucha entre la posición moral de la Iglesia y lo que el Gobierno considera su propia política. Hay obispos que alzan más su voz que otros. Hay, pienso yo, una ofensiva del Gobierno para tratar de sonsacar obispos. Una lucha por el poder… es decir, cuando el poder quiere tenerlo todo, entonces se mete con todo.

El protagonista de su nueva novela, el inspector Dolores Morales, es alguien también crítico con quienes ocupan el poder.
Sí, porque él es mi alter ego a pesar de que el inspector Morales era más joven que yo cuando la revolución. Fue un combatiente guerrillero, yo no lo fui. Él peleó en el frente sur. Perdió una pierna. Tiene que aguantar toda su vida una prótesis. Es un hombre que viene de un estrato muy humilde de la sociedad, su abuela vendía carne en el mercado, pero él tenía ideales. Quería un mundo mejor, distinto al que representaba la dictadura somocista, y con el paso del tiempo y la caída de la revolución, él guarda esa nostalgia. Envuelve en su nostalgia ese viejo ideal que no abandona. Y lo que hace es transformarlo en humor negro.

Un eje clarísimo de la novela y sus personajes es el de interpelar al poder.
Una novela siempre viene desde la profundidad crítica, aunque el escritor no lo quiera o no sea ese su propósito. Porque cuando uno tiene el propósito de denunciar, de acusar, entonces se está equivocando de vehículo. Debería usar mejor el discurso, el panfleto, el manifiesto. La novela es un campo complejo donde uno le tiene que dar la voz a todo el mundo. Y los personajes tienen que estar en contradicción porque si no, no hay novela, no hay relato.

Los relatos paralelos, donde todo mundo piensa igual, no son atractivos. Los relatos siempre son infelices. Si se fija bien, cuando los cuentos terminan dicen “y vivieron felices para siempre… eso ya nadie lo cuenta. A nadie le interesa la felicidad. Interesa el conflicto, la contradicción y por lo tanto, si el lector encuentra que hay una visión crítica y que identifica los colores de esa ciudad como él piensa que son, pues excelente, se ha establecido esa comunicación crítica entre escritor y autor. Y si el lector no es nicaragüense e identifica su propia sociedad con lo que la novela dice, pues mayor triunfo del escritor porque está dándole perspectiva universal a una situación que no vive solo Nicaragua. Esto de la corrupción entre la oscuridad y el poder desgraciadamente es un mal de América Latina.

En su novela aborda temas como el aborto y las problemáticas de la comunidad gay ¿Cómo decide abordar temas tan actuales y necesarios de discutir?
Esta novela es absolutamente contemporánea, tanto que en la medida que la iba escribiendo, el tiempo iba pasando y si me levantaba de la máquina porque me iba de viaje y volvía, ya la novela había envejecido en cuanto a esa pretensión mía de que tenía que estar al día. Y si una película se está pasando en un cine, yo tenía que cambiar la película para que fuera más contemporánea. Los asuntos que están en la contemporaneidad hoy tienen que estar allí porque son parte del conflicto. Si los personajes entran en conflicto, entran en conflicto con las características de la sociedad. Religión, sexo, aborto, la política sobre los gays, todo eso está de por medio y (también) el abuso sexual.

Imagino que cuando usted empezó a escribir esta novela en 2013 muy pocos preveían que para 2017 se iba a desatar la ola de denuncias contra el acoso y abuso sexual que se ha visto en la actualidad.
Sí, cuando la novela se publicó todavía no había comenzado esa ola… pero es como un globo que solo necesitaba un pinchazo. Eso estaba ahí cargando la atmósfera y, en determinado momento, la valentía de una sola persona arrastra a otros. Porque siempre ha sido un estigma para una mujer decir “fui violada, fui acosada, abusada, a cambio de que me den un papel en el cine”. Que es lo mismo a decir a “cambio de que me den un trabajo”. ¿Cuántas veces no ocurre que una mujer se presenta a solicitar un trabajo y entonces el favor que le exigen a cambio es el sexual? Me parece que estamos viviendo un momento muy trascendental. Ojalá después de esta ola universal de denuncias, las cosas no volverán a ser las mismas.

¿Usted cree que se está haciendo lo suficiente para contar Nicaragua?
Sí, yo creo que ahora hay más narradores que antes porque hemos sido un país de poetas. En Nicaragua se es poeta mientras uno no pruebe lo contrario. Pero ahora hay más narradores, sobre todo entre los jóvenes, después de la generación que nació en los años ochenta, hay una expansión de la narración. Y eso todavía se está consolidando, vamos a ver más frutos. Me parece que está ocurriendo también en el resto de Centroamérica.

¿Cuál es su balance de estos años haciendo el festival Centroamérica Cuenta?
Lo hemos logrado consolidar. Este año vamos ya viento en popa, lo abrimos en la tercera semana de mayo. Tenemos una lista muy calificada de invitados. Más de 70 invitados que vienen de muchas partes: de México, de Italia, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Francia, Inglaterra y, por supuesto, de todos los países centroamericanos.

El festival tiene patrocinio de la empresa privada. ¿Hay algún apoyo del Estado nicaragüense?
No, ni pensarlo, no, no… con que nos lo dejen hacer, suficiente. Pero la empresa privada cada vez nos apoya más. Y entidades internacionales, fundaciones, gobiernos. Tenemos el apoyo del Gobierno de Francia, de España, de Alemania, de Brasil, de Colombia. Entonces… tenemos respaldo.

Sergio Ramírez