Un palacio, iluminado por fuera, alberga documentos que se deterioran

Fachada del Palacio Nacional de El Salvador
Un palacio, iluminado por fuera, alberga documentos que se deterioran.

El Archivo General de la Nación custodia los documentos históricos de El Salvador, archivos que datan desde 1653, papeles que dan cuenta de los cimientos de la República, que tejen los recuerdos de la Colonia y la Federación Centroamericana. Es un espacio que preserva los lienzos fotográficos de los mandatarios de la época y la arquitectura del centro histórico y la nación en los últimos 60 años.

Un registro documental que también se nutre de colecciones privadas como la del escritor Alberto Masferrer, el ex presidente Maximiliano Hernández Martínez y series de instituciones bancarias y portuarias -ya extintas- como el Banco Industrial de El Salvador, Banco Nacional de El Salvador y la Compañía de Puerto El Triunfo.

A sus 72 años, pese a su matriz de papel, el archivo de la nación no cuenta con un área para recuperar acervos documentales de hace más de 100 años. Hay documentos que, desde que fueron escritos, no han sido restaurados por la falta de materiales y especialistas.

Son aproximadamente, 12 millones de folios que no pueden ser evaluados. Una extensión que se asemeja a calles repletas de documentos, tanta como la distancia desde el centro de San Salvador hasta el municipio de San Marcos.

Dar vida nuevamente al papel requiere de una suma delicadeza y de una infinidad de caricias. Cada documento es como un rompecabezas. Unir cada hoja, cada letra, es un desafío que depende de la antigüedad de la pieza y de reconstruir la obra lo más parecido a su estado original.

Cada hoja debe ser restaurada con base a sus niveles de pH debido a que cada documento contiene diferentes niveles de acidez, tipo tinta, composición química, pigmentos y sales de hierro.

Algo esencial para intervenir los archivos de la nación frente a su antigüedad y base de tintas ferrogálicas que devoran el papel.

Restaurar también supone tratar los archivos con materiales libres de acidez, insumos como pegamentos, adhesivos, pliegos de papel japonés con distintas bases para los injertos -un proceso donde se imita nuevamente la hoja y se reconstruyen las partes que faltan del documento-, y equipos para hidratar, encapsular, coser y reintegrar el papel.

Han sido años de descuido, años que su director, Luis Huezo Mixco reconoce en un memorándum como respuesta a una solicitud de información que pide a detalle el plan de restauración de los últimos dos años: 2018 y 2019.

El director del AGN escribe que -en 2018- no hubo ni un solo trabajo de restauración. Además asegura que, a inicios de 2019, el archivo general comenzó hacer un trabajo de recuperación luego de 11 años y múltiples solicitudes para adquirir materiales.

Anaqueles con los archivo general de la nación
Incalculable. El AGN no puede cuantificar los daños de su acervo documental. Se habla de 12 millones de folios que no pueden ser evaluados.

«El área estaba inactiva por carencia de materiales desde 2008. La prioridad fue, entonces, gestionar la compra de materiales en el extranjero. Como se verá, posteriormente, en los documentos que se incluyen en este mismo informe», asegura Mixco.

Ese año se elaboraron 450 cajas protectoras cuya compra fue local. Estos fueron productos que no estaban hechos del mejor material, pues cada estuche fue elaborado con bases de cartón compuestas por altos niveles de acidez. Y es que, en El Salvador, no hay ningún proveedor nacional que cuente con insumos para restaurar debido a que los costos son muy elevados y nadie ve mercado en la restauración.

En los últimos años, tampoco hubo un presupuesto definido para el AGN, el archivo general contaba con un fondo circulante que no sobrepasaba los $600. Un monto que también era compartido con la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES).

Los fondos del AGN, en este gobierno, dependen de la Dirección General de Investigaciones, Acervos Documentales y Ediciones (DIGIADE) del Ministerio de Cultura. Para este 2020, MICULTURA cuenta con un presupuesto de $21 millones.

De esta cantidad, según el documento oficial, se ha destinado $18 millones para los servicios de protección, conservación, formación y difusión del arte y cultura. En este detalle no se precisa la cantidad con la que funcionará el Archivo General de la Nación.

A sus 72 años, pese a su matriz de papel, el archivo de la nación no cuenta con un área para recuperar acervos documentales de hace más de 100 años. Hay documentos que, desde que fueron escritos, no han sido restaurados por la falta de materiales y especialistas.

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No había pega para empastar, tampoco cuchillas, ni tablas para cortar. Ante la falta de estampadoras de papel, se ocupaban cintas adhesivas para identificar los documentos. La guillotina estaba escondida, porque «era demasiado grande» y cualquier empleado podría sufrir algún percance. Tampoco habían pesas adecuadas que aplastaran el papel, las disponibles eran unas hechas a bases de baterías de vehículo desechadas, plomo perjudicial para el humano y también para los documentos.

Denise, una especialista en la restauración documental, que llegó al archivo más grande del país para darle vida nuevamente al papel, tenía, literalmente, que sacar dinero de su bolsa y comprar los materiales para recuperar los documentos. Era julio de 2018. El año en el que el AGN, la institución encargada del patrimonio documental de El Salvador, no restauró ni un solo folio por la falta de materiales.

En aquel tiempo, Denise y el equipo de restauración -conformado por solo un restaurador a medio tiempo-, se las ingeniaban para recuperar un poco del patrimonio documental. Su capacidad se puso a prueba cuando tuvo que intervenir un diario oficial de 1876.

Cuando habla de curar un periódico antiguo, Denise, no calla. Habla con suavidad y acaricia una servilleta como si se tratara de un diario de la época. Repite cada que puede su propia norma.

Archivo histórico en restauración
Daño. El AGN no cuenta con un área de restuación documental. En 2018, la institución no restauró ni un solo documento a falta de material y personal.

Primero se limpia, luego se calca, se dibuja sobre la hoja, se hace una especie de fotocopia para restaurar lo roto y se encuaderna. 400 hojas fueron conservadas luego de que, Denise, ideara una fórmula con engrudo, pegamento de madera, papel de arroz y cartón piedra.

Bajo el anonimato, restauradores de papel coinciden en que se trabaja con carencias. Agregan que es necesario -un taller de restauración nacional- un espacio que esté equipado y conformado por biólogos, químicos, laboratoristas clínicos ya que «recuperar el papel va más que allá que una página rota». Y es que, tratar un documento, también requiere descifrar la causa de su aspecto amarillento, la cantidad de insectos que pueden alimentarse del papel y de las mezclas químicas que puede resistir cada manuscrito.

En su estancia de siete meses por el AGN, bajo la promesa de que sería contratada como restauradora a tiempo completo, Denise solo pudo empastar 10 libros e intervenir aquel diario oficial de 1876. No se le dio prioridad a su función. Su retiro del archivo general, se dio luego de que su trabajo no fuera remunerado y se congelara la plaza.

La Ley del Archivo General de la Nación, que regula las atribuciones y funciones del AGN desde 1948, detalla que la institución es la encargada de la conservación de manuscritos históricos y administrativos del gobierno central y municipal desde 1660.

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El panorama sigue igual en el AGN. El único restaurador apenas alcanza a verificar los pasillos del Palacio Nacional para dar una que otra sugerencia a sus compañeros sobre cómo conservar.

La Ley del Archivo General de la Nación, que regula las atribuciones y funciones del AGN desde 1948, detalla que la institución es la encargada de la conservación de manuscritos históricos y administrativos del gobierno central y municipal desde 1660.

Este archivo custodia la historia de «la cultura de varias generaciones» y es, por hoy, el centro de gestión documental de mayor proporción en el país. En este espacio, según la norma, se debe de conservar, restaurar, clasificar, describir, e inventariar el tesoro cultural documental.

En 2019, el Archivo General de la Nación pudo realizar su primera compra por $10,000 a través de una empresa nacional. En este pedido, el AGN adquirió materiales básicos para la restauración, entre ellos, pliegos de papel japonés con distintas bases para injertos, adhesivo libre de ácido y pegamento a base de metil celulosa.

Archivos históricos
Antigüedad. Los archivos históricos de El Salvador datan, según el Ministerio de Cultura,desde 1653.

A pesar de este primer intento por recuperar los documentos, la única persona con potestad dentro del AGN, tras 15 años como restaurador, no duda en responder: «La institución aún está en pañales». Y explica que, no solo se requieren insumos, también es necesario realizar un diagnóstico ambiental, determinar la temperatura, humedad, medir los niveles de contaminación, precisar la cantidad de organismos como el moho, hongos e insectos que acaban con el papel.

«Eso no más es el engaño. Yo por eso ya les dije a la gente que para procesos de restauración se necesita los equipos», asegura.

Luego de una consulta por archivos de 1932, es evidente que los procesos de restauración marchan lento. Un documento de la condición jurídica del gobierno de Maximiliano Hernández Martínez se despedaza. No hay usuario que pueda concentrarse entre una tapa dañada que pareciera que el mismo papel se la traga y las páginas que apenas alcanzan a estar empastadas por una tira de adhesivo transparente.

Entre las instrucciones del AGN reza el tratar «delicadamente» los documentos. Se puede tomar fotografías, pero no manchar, ni destruir. Aunque la regla fue rota en libro de Martínez. En la portada se lee, a lápiz, un «cod 82″ para identificar la pasta.

Anaqueles con archivos
Sin condiciones. El Palacio Nacional no reune las condiciones para preservar los archivos históricos de El Salvador.

En algunos espacios -de los fondos documentales- aún hay hojas sueltas, rotas, amarillentas, toldos de papel kraft que «protegen» los documentos y rótulos de cartón señalizados con marcador para ubicar los pasillos de cada archivo.

El secretismo, con respecto al problema, impera desde el Ministerio de Cultura, esta institución no autorizó, luego de un mes de insistencia, ni una sola entrevista para conversar con los empleados y su director sobre los métodos de restauración. Hasta el cierre de este reporte no se otorgó ninguna respuesta.

«Entre más color mucho más es la acidez del papel», esta frase se repite como un mandamiento entre los especialistas de papel, pero en el AGN las cajas protectoras a primera vista son de color marrón y cada fondo funciona bajo las consideraciones de cada archivista.

Sin respuesta del Ministerio de Cultura, con respecto a la protección de los archivos históricos dentro del AGN, lo más cercano a la visión del gobierno es el plan Cuscatlán. En el ramo de cultura se menciona brevemente el resguardo de archivos. En tres líneas se lee: «Promoveremos la reestructuración, digitalización, reordenamiento y reubicación de los archivos históricos según los lineamientos de las normativas nacionales e internacionales».

Guadalupe Lobos, vicepresidente del Comité Memoria del Mundo en El Salvador, un organismo creado -desde 1999- por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) para identificar los fondos documentales más importantes del país, asegura que no ha existido voluntad política ni interés de los gobiernos de turno para restaurar y conservar los archivos históricos que son parte del patrimonio.

Lobos, también como ex directora del AGN, considera que a escala de país no hay ninguna ley que respalde o empuje con fuerza el tema de la custodia y protección de los patrimonios históricos y únicos.

«La Ley Especial de Protección al Patrimonio está, pero lo que dice es una generalidad. El enfoque con el que ha trabajado el Ministerio de Cultura siempre ha sido bajo la declaratoria de bienes muebles e inmuebles. No hemos llegado a la parte del patrimonio documental. Es una plana pendiente. Se debe oficializar la propuesta para evitar el robo y el saqueo de archivos históricos que no cuentan con la protección y son patrimonio partidos», enfatiza.

La necesidad de un plan de restauración dentro del AGN no es nuevo. Un informe especial de gestión ambiental de la Corte de Cuentas la República determinó, en 2017, que el Archivo General de la Nación no contaba con un proyecto de conservación y recuperación de documentos históricos.

Mesa para estudiar
Incalculable. El AGN no puede cuantificar los daños de su acervo documental. Se habla de 12 millones de folios que no pueden ser evaluados.

Esta situación llevó a que la Corte de Cuentas sugiriera el diseño de planes para la conservación, restauración, clasificación y descripción de los folios.

Luego de dos años, el director del AGN, válida un plan de restauración con base a un proyecto de preservación documental. Un proceso que difiere con la recuperación de archivos. La conservación se basa en un trabajo preventivo, en frenar el daño, a través de la limpieza, empastado y cuido de los documentos, pero no en recuperar.

Este plan, elaborado en febrero de 2018 y vigente para 2020, señala que: el personal está desactualizado en prácticas modernas de preservación, la falta de un manual de procesos técnicos aplicables, la ausencia de un inventario de materiales para la restauración y la indiferencia de las necesidades del AGN «a causa del desconocimiento sobre el rol del archivo general en la preservación del patrimonio».

En el archivo de la nación se respira más que incertidumbre. Los empleados alertan que en el sótano, donde se guarda el fondo de la Corte de Cuentas, el aire llevan más que polvo y se aspira moho. Los deshumidificadores de aire se echan andar tres veces por semana y no todos funcionan.

Instalar nuevos equipos supone un reto. Sobre todo porque el Palacio Nacional es parte del patrimonio desde 1980 y no es un edificio administrado por el AGN. Es decir, el monumento no puede ser intervenido, ni modificado por ningún motivo. Con los años, esto también ha afectado al AGN para la conservación de los archivos.

El Palacio Nacional, de acuerdo con un ex subdirector del AGN, no reúne las condiciones para albergar documentos. En primer lugar porque ya no hay espacio para más archivos y, en segundo, porque los daños en la instalación son serios. En invierno hay goteras, cambios de temperatura, poca iluminación y existe el peligro de colapso frente a un terremoto.

Estas condiciones frenan los avances para acceder a la información documental del AGN. El proceso de clasificación, catalogación y restauración es lento. Sin un orden, no hay oportunidad de conocer toda la información disponible dentro del archivo.

El centro histórico palpita con cada una de sus edificaciones, con su gente, su bullicio. El Palacio Nacional es una de las obras que se ubica en el corazón de la ciudad de San Salvador, un monumento que se destaca por su arquitectura y sus 100 años de antigüedad. Un tesoro que cobra vida cada mañana, cada tarde, cuando sus aceras se convierten en un lugar para estar, descansar o contemplar la majestuosidad de la catedral.

Aunque muchos se ven atraídos por un Palacio Nacional que se ilumina y atrae a los turistas y a su mismo pueblo, al final de una tarde, el Archivo General de la Nación con suerte recibe a cuatro usuarios al día. De momento, el AGN trabaja con lo que puede y tiene.

Aún cuando supone un gran reto pensar en el futuro, sin poder controlar todo lo del presente, la dirección del AGN asegura que entre los planes está el diseñar un espacio para un nuevo archivo. Uno que cumpla con los estándares y sea ideado junto a especialistas del Archivo General de la Nación de Costa Rica, los mayores referentes centroamericanos en la gestión documental.

Folios del archivo general de la nacion
Materiales. El AGN no contó con insumos para la restauración de documentos por 11 años.