Historias sin Cuento
Se estaba acercando el día de la partida y el color de las horas se le volvía cada vez más mortecino. Tenía muy poco que llevarse, porque era de esos seres que guardan la mayoría de sus pertenencias esenciales en la mente. Pero con algo había que cargar, porque iba hacia un lugar desconocido aunque todas las informaciones sobre el mismo estuvieran a su disposición en los folletos y en la Internet.