La colección “Torre de Babel” incluye en sus páginas el trabajo de autores reconocidos dentro del canon nacional y de aquellos que no habían sido incluidos en él. Aquí presentamos apenas 10 poemas, que han sido elegidos por el mismo Vladimir Amaya solo atado a sus gustos personales. Hay escritores de todas las épocas.

Pequeñísimo fragmento de la torre

Selección de Vladimir Amaya

Francisco Gavidia (1863/65?-1955)

“SONETO”

 

Duerme. La curva de su casto pecho

que alza su seno al respirar tranquila,

como ola mansa voluptuosa oscila

en el mar de blancura de su lecho.


Pecho armonioso y al suspiro estrecho

que a los aires su bálsamo destila;

nieve en que se abisma la pupila;

busto que el arte y el amor han hecho;


redondeces de espuma en que se embriaga

como torrente de otro de oro desatado

la luz que en vuestro piélago naufraga:  


formó esa curva sobre el mar salado,

Venus, cuando al nacer, flotante y vaga,

rasgó la onda su seno nacarado.

“Los atormentados azules”, volumen II

 

Vicente Rosales y Rosales (1894-1980)

“INVIERNO”

 

I


Brumoso el ideal, la carne inerte…

para otros dieron lana las vicuñas…

En este invierno –macho de la muerte–

¡cuántos nos hemos de comer las uñas!


Tres meses de hospital a leche cruda

terminar mendigo y en muletas

¡Hoy esta noche dormirás desnuda

mientras se mueren de hambre los poetas!


Se cuentan casos extraordinarios

de los que el frío flageló siniestro:

con estos casos se hacen hoy los diarios.


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¡Tal vez mañana se refiere el nuestro!

II


Invierno, viejo mío, se apaga ya tu pipa;

el humo de la niebla me invade la nariz.

Un lácteo sol, con tierna maternidad, disipa

la hiposa tos del humo que da la bruma gris.


Paterno sol de leche,  la nata de la bruma

flota en la fresca de un árbol y, todo es

una plenilunaria palpitación de espuma

que invade en lirios sacros la gracia de tus pies.


De pronto sobre el arco de las frentes, la altura

joven de toda herrumbre se pone a estar feliz.


Con el rostro azulado después de la rasura

mi viejo amigo explota su muerta barba gris.  

Alberto Guerra Trigueros (1898-1950)

“TE DEUM”

 

Señor, yo te doy las gracias de tener un nombre;

de ser un hombre, y no una cosa innominada;

gracias te doy de ser un hombre,

tan solo un hombre, y de saber que no sé nada.


Yo te doy gracias por tu cumbre y por mi abismo;

por el que no ha nacido, y por el que murió;

y por ti mismo, y por mi mismo:

porque eras Tú, porque soy yo.


Porque Tú has dado a mis arterias su latido,

oh mi Señor; porque he sabido

lo que es nacer; ¡por el ayer y por el hoy,

gracias te doy, gracias te doy!

¡Gracias te doy porque he vivido,

porque algún día he sido

y todavía soy!

Porque yo soy la vida, y no materia inerte:

porque yo he de vivir hasta el postrer instante

y no conoceré mi muerte,

¡gracias, oh Dios, mi semejante!


Gracias te doy por ser efímero y no eterno;

porque soy uno, y no soy dos;

¡por el cielo, y por el infierno,

gracias te doy de ser un hombre, y no ser Dios!

“Los nómadas celeste”, volumen V

Juan Cotto (1900-1938)

“TOLSTOI”

a Antonio Caso

 

Haced de pino la caja

para Tolstoi,

de pino puro fragante

como él.

¡Oh campesino!

Cortad el pino

que esté más alto

y tenga pájaros

en su ramaje…


¡Cortad el pino

en cuya copa

pongan las nubes

agua de estrellas

que filtre un viento

de primavera!


Haced de pino la caja

para Tolstoi…

para ¡que duerma

en su propia fragancia, eternamente! 

Lilian Serpas (1905-1985)

“ISLA”


Isla de sueño en soledad anclada

ojo de luz en ópalos dormida;

vago espejismo que mis nieblas dora

                 y el mar azul vigila.


Música en derredor bordea el alba  

                 y ángeles abstraídos…


invaden olas tu yacente muro

y te repliegas cándidos velámenes…

Sufres todas las lluvias

y te azotan los vientos fugitivos,

mas tu páramo en nieblas es refugio

de náufragos y pájaros marinos…


Bandeja de oro que se ofrece al canto

                 en manos estelares…

Peregrina de sueños te he encontrado

en el instante en que agoniza el alma,

                 en horarios mortales…


hoy me alimento de tus zumos claros

                 –árbol en soledad acrisolada–

¡Isla de sueño en dimensión de edades…!  

“Los solitarios magenta”, volumen VI

Hugo Lindo (1917-1985)

“LA HOJA DISECADA”

   Estas que fueron pompa y alegría…
Calderón de la Barca


Esta que nervatura veis ahora

sin verde que suavice su textura,

ayer fue mucho más que nervatura,

gala en el pecho de la dulce Flora.


Hoy un libro sus formas atesora

y reduce a esqueleto en la escritura.

Hoy la inocente joya de Natura

en la docta lectura se doctora.


Es un encaje de oro y armonía,

una de espacio mezcla y de diseño,

hoja vencida que elevó su dueño


a vanos aires de filosofía.

Y aquí la veis, dorada como un sueño

y como un sueño frágil y vacía.

“Los blasfemos púrpura”, volumen VII

Ítalo López Vallecillos (1932-1986)

“EL OTOÑO ES TRISTE COMO TU SONRISA”

El otoño es triste como tu sonrisa.


Yo no sé

por qué el viento se disfraza de niño

mientras lloran en lo alto las estrellas.


Ni siquiera sospecho

si los celajes tienen hundida alguna pena;

solo sé que fría y pálida,

la tarde cae

como sombra azul sobre los árboles.


El otoño es triste como tu sonrisa

y como el recuerdo de la madre ausente;

no me digas que miento

porque vendrían a matarme

todos los suspiros del alba.


¡Otoño! ¡oh crudo otoño de mi melancolía!

Camarada invisible de mis noches sin rumbo.


Amo tus vientos que desnudan el día.

Mañana el invierno

cubrirá de sombras mi esperanza,

y la nieve vendrá

como un fantasma a entristecerme.

“Los sedentarios café”, volumen IX

Carmen González Huguet (1958)

“JUEGOS FURTIVOS”
(soneto)

Quiero escribir, pero me sale espuma…
César Vallejo

 

Préstame un rato, amor, el dulce le-

con el que a diario, fiel, siempre reto-

y sus pendientes joyas tan hermo-

que con placer puntual chupo y orde-


No te acomplejes, no, no es tan peque-,

no ocultes con prudencias vergonzo-

A mi tacto sus ganas amoro-,

ni a mi constante afán frunzas el ce-


que sea realidad mi fantasí-

Protagonista de una eterna juer-

No se cansa, se dobla, ni se enfrí-


Y a toda hora su fervor se yer-

enarbolada y lista noche y dí-

La tortura exquisita de tu ver-

“Los impúdicos lila”, volumen XI

Jorge Galán (1973)

“LA NOVIA IMPERECEDERA”

 

Alguien partió la niebla volviéndola dos bosques

como la luna parte la noche en dos abismos.

No supe cómo vino, solo sentí un aroma

y entonces me di cuenta que me hallaba saciado.

Alguien bebió la sangre de todos mis ocasos.

Una luz femenina, precisa e inclemente,

que lo derrumbó todo y lo levantó todo:

fue de la sombra al polvo, del polvo hasta el milagro,

y nunca supe cómo creció bajo mi cuerpo

y sintió con mis nervios el frío de la niebla

que se hundía en mis ojos como se hunde en la frente

de la indócil tormenta la lanza del relámpago.

Luego, de alguna forma, lo ha inaugurado todo

dotando de ademanes benditos a mis manos.

Alguien en cuyos ojos se disipó mi espanto.

El espanto ha pasado porque de alguna forma

la luz bajo mis manos está sobre mis manos,

y mientras digo esto también ella está hablando:

mira el cielo esta noche con mis ojos abiertos,

dormirá bajo el cielo con mis ojos cerrados,

cuando el invierno abrace la quietud de sus hombros

también mis propios hombros sentirán ese abrazo,       

porque, de alguna forma, la que habito me habita

y por mí está habitada la luz que me ha habitado.

No hay diferencia alguna que reste por tallarse:

cuando digo mi nombre lo pronuncian sus labios.

“Los quiméricos fucsia”, volumen XIII

Manuel Ramos (1987)

“MI PRIMA-HOMBRE”

 

AA mi prima no la ama su padre.

No la ama su novio.

Porque es una mujer sencilla, de pocas palabras.


Porque  antes de llamarse Clara soñaba con avispas en su nombre.

Con una piel más tibia entre sus párpados.


Mi prima es un ancla en la garganta de su madre.

Es un ser distinto a la muerte. Y le temen.

Y lo odian.


Ella es un nudo de músculos de otro espesor.

Es un pasillo de sombras.

Un hombre que duerme a medio cuerpo.


Mi prima tiene una voz más grave que conoce las cosas del mundo.

Pero su voz no le dará  otra voz que espese con el tiempo.

No le dará un ser que repose en su corazón.


Mi prima,

no conoce hijos, no conoce mucha gente.

Porque ella es clara.

Clara como su nombre.


Y su familia la recuerda

con más fuerza,

con otros vértices:

Muerto.

“Los huérfanos grises”, volumen XIV

 


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