{"id":6883,"date":"2019-12-22T00:10:32","date_gmt":"2019-12-22T06:10:32","guid":{"rendered":"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/?p=6883"},"modified":"2019-12-21T19:45:38","modified_gmt":"2019-12-22T01:45:38","slug":"la-soledad-de-los-errantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/la-soledad-de-los-errantes\/","title":{"rendered":"La soledad de los errantes"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_6884\" style=\"width: 1920px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"6884\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/la-soledad-de-los-errantes\/fsep22122019desplaza4-2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1.jpg\" data-orig-size=\"1920,1229\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep22122019desplaza4\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-300x192.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-1024x655.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-6884 size-full\" src=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1229\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1.jpg 1920w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-300x192.jpg 300w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-1024x655.jpg 1024w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-768x492.jpg 768w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-1536x983.jpg 1536w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-1900x1216.jpg 1900w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-1200x768.jpg 1200w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-500x320.jpg 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-1000x640.jpg 1000w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza4-1-700x448.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana<\/figcaption><\/figure>\n<h2>Los miro siempre<\/h2>\n<p>Hace dos meses que solo me atrevo a salir en la madrugada. Me vengo al guanacaste a tomarme el caf\u00e9. Desde esta loma puedo ver todo y a todos. Nadie me mira a m\u00ed.<br \/>\nAll\u00e1 abajo se van prendiendo como estrellas, una a una, las casas del cant\u00f3n. Oigo latir a los perros a lo lejos y comienza a pasar la gente por el camino de tierra. Van para la milpa o al ingenio. All\u00e1 va tambi\u00e9n mi pap\u00e1.<br \/>\nYa casi no extra\u00f1o las cosas que hac\u00eda antes, ni la cancha, ni los ensayos del grupo de m\u00fasica. Lo que s\u00ed quisiera es arriar las vacas en el terreno del pe\u00f1\u00f3n, donde vive mi hermana. Por ah\u00ed tambi\u00e9n vive la Silvita, la cipota de los camanances.<br \/>\nMi pap\u00e1 sigue buscando ad\u00f3nde irnos. Toda la gente cree que ya me fui, pero yo vivo encerrado. En las noches no puedo pegar el ojo, me pasa siempre, estoy en la cama, vuelta y vuelta, y de d\u00eda paso pegado a la ventana y a la tele: miro noticias y pel\u00edculas casi sin volumen, abro un poquito la cortina y los miro a ellos en este guanacaste que est\u00e1 a cincuenta varas de mi casa. Siempre est\u00e1n con los tel\u00e9fonos, fumando, mirando hacia el camino de tierra. Aqu\u00ed les gusta estar.<br \/>\nYo los miro siempre desde la ventana, los prime-ros llegan a las seis de la ma\u00f1ana. Los \u00faltimos se van ya noche, como a las once, pasan por el solar de mi casa, silbando.<br \/>\nEn este cant\u00f3n amanece bonito. Antes no me fijaba. Ahora me gusta mirar c\u00f3mo se va llenando el cielo de fuego y de azul. Salen de las cocinas chorros de humo y poco a poco va cayendo el d\u00eda en los tejares.<br \/>\n\u00abAnd\u00e1 a traerme un paquete al punto de buses\u00bb, me dec\u00edan siempre que me los encontraba. Pero yo no iba.<br \/>\n\u00abPrestame el caballo\u00bb, me dec\u00edan. Pero no se los daba, y me iba pasando en medio de todos, agachando la cabeza.<br \/>\nA mis primos y a mis amigos tambi\u00e9n les gustaba pasar en este guanacaste, siempre correte\u00e1bamos por aqu\u00ed, porque las ramas son bajitas y frondosas, y la sombra se queda quieta todo el d\u00eda. Pero algunos de ellos se tuvieron que ir, otros se brincaron. Despu\u00e9s qued\u00f3 silencio por estos lados.<br \/>\nPara el terreno del pe\u00f1\u00f3n iba yo el d\u00eda en que me sali\u00f3 el Chino, con otros varios que andaba siempre. \u00abSi te vuelvo a encontrar te mor\u00eds, hijueputa\u00bb, me dijo. Yo le iba a echar carrera al caballo cuando me bajaron. Solo de eso me acuerdo, despu\u00e9s ya estaba en la casa con la cara hinchada, como berenjena.<br \/>\nYa est\u00e1 aclarando. All\u00e1 abajo, por la vereda del molino, viene asomando el primero.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<h2>Nadie los vio llegar Llueve ceniza.<\/h2>\n<p>Los ca\u00f1ales cercanos a la casa de Rosa arden y las fibras calcinadas caen por todo el valle. El viento las mece como plumas. La mujer se limpia la cara con una manta y aprovecha para taparse la nariz, quiere descansar del tufo a muerto que le llega de la boca del hombre.<br \/>\nAl notar que ella se incomoda por su aliento, el visitante le regala una sonrisa amplia. Tiene la boca llena de coronas de oro y de una masa amarilla. Quiere convencerla de que le alquile la casa y el terreno en el que ella habita con su familia.<br \/>\n\u2014Perdone, se\u00f1or, pero esto me lo dej\u00f3 mi abuelo y va a ser de mis cipotes cuando me muera. No necesitamos m\u00e1s. No nos queremos ir al pueblo ni a la capital \u2014dice la mujer.<br \/>\nEl hombre le cuenta que las dem\u00e1s familias del caser\u00edo han aceptado la misma oferta que le est\u00e1 haciendo, que algunas al inicio se negaron, pero finalmente se fueron.<br \/>\nUn olor a carne y a pelo quemado se mezcla con la pudrici\u00f3n de la boca del hombre. Rosa hace otra mueca de malestar, le da de mamar a la ni\u00f1a que carga en brazos, no quiere que sienta el tufo, piensa que podr\u00eda enfermarla.<br \/>\nEl marido de Rosa y sus otros dos hijos asoman por la vereda. Se ven agotados.<br \/>\n\u2014\u00bfNo le dan l\u00e1stima? con lo que le ofrezco ya no van a tener que andar as\u00ed. Pero quiz\u00e1 despuesito cambie de opini\u00f3n, madre. Voy a pasar otro d\u00eda. Platique con su marido. Mire c\u00f3mo viene el pobre \u2014a\u00f1ade el hombre de la boca maloliente. Arranca su motocicleta y se va. Varios metros adelante lo comienza a seguir otra motocicleta, estuvo ah\u00ed desde el principio y Rosa no se dio cuenta.<br \/>\nLa mujer sabe que algunos de sus vecinos se han ido. Nadie dijo nada, todos dejaron las casas de noche. Est\u00e1n solos.<br \/>\nRosa entra, pone a su hija en la hamaca, la peque\u00f1a llora un rato, luego se duerme. La madre se apresura a servir la comida.<br \/>\n\u2014Quieren que alquilemos la casa y el terreno. Pero ofrecen una nadita, Mart\u00edn. El hombre ese me dijo que van a meter unos cultivos nuevos aqu\u00ed y que las otras familias ya aceptaron. \u00bfVos qu\u00e9 dec\u00eds, viejo, nos vamos? \u2014pregunta Rosa desde la hornilla.<br \/>\nAfuera el humo sube cada vez m\u00e1s negro.<\/p>\n<img data-attachment-id=\"6868\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/la-soledad-de-los-errantes\/fsep22122019desplaza6\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza6.jpg\" data-orig-size=\"510,600\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep22122019desplaza6\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza6-255x300.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza6.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-6868\" src=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza6.jpg\" alt=\"\" width=\"510\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza6.jpg 510w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza6-255x300.jpg 255w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza6-500x588.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 510px) 100vw, 510px\" \/>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>*** <\/strong><\/h1>\n<h2>Los ca\u00f1ales ardieron toda la noche.<\/h2>\n<p>La ni\u00f1a no ha dormido desde las tres de la madrugada, Rosa no cesa en sus intentos por hacerla sentir mejor. Le pasa un huevo indio, la ba\u00f1a con agua de hierba del susto, quema basura de cuatro esquinas en una cacerola atr\u00e1s de la casa, cree que puede controlar el mal antes de tener que ir a la cl\u00ednica.<br \/>\nEl ruido de unos pasos por la vereda que baja de la loma la asusta. La sorpresa se convierte en temor cuando mira al hombre de la boca de oro cerca de ella.<br \/>\n\u2014\u00a1No ande haciendo eso! Nadie le dio permiso para meterse \u2014recrimina Rosa casi a gritos, se agita. Nota que el hombre trae un rev\u00f3lver a la cintura, viene m\u00e1s sucio que la primera vez, parece que ha dormido en el monte.<br \/>\n\u2014Andaba aqu\u00ed nomasito, se\u00f1o, y quise venir a verla. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3, ya decidieron? mire que mucho tiempo no le voy mantener la oferta.<br \/>\nJos\u00e9, el hijo mayor de la familia, escucha a su madre, se levanta y va hasta la parte de atr\u00e1s. Lleva su corvo.<br \/>\n\u2014Rosita, necesitamos una respuesta. Si quiere vengo ma\u00f1ana a esta hora y le adelanto el cami\u00f3n para que vayan subiendo sus cosas.<br \/>\nEl joven acelera el paso \u2014Mire, a huevo que le estamos dando un buen trato, hasta mucho tiempo se han tardado. No detenga el progreso, que si no el progreso se los va a tragar.<br \/>\nJos\u00e9 se interpone entre Rosa y el invasor.<br \/>\n\u2014Piense en sus hijos, mire que est\u00e1n morros. Ac\u00e1 no van a tener ning\u00fan futuro. Por esta que no \u2014se besa los dedos y hace una se\u00f1al de cruz.<br \/>\nEl chico aparta a su madre y encara al visitante, el olor de su boca le da n\u00e1useas.<br \/>\n\u2014La onda es que la hemos agarrado al suave con ustedes. Decida ya: se van o se quedan. Los meros jefes son de mecha corta. La otra gente agarr\u00f3 el vacil r\u00e1pido y se pelaron. Nadie quiere que le den la foto, va.<br \/>\nJos\u00e9 empuja al hombre. Empu\u00f1a con fuerza su corvo. Algo lo enceguece, cae desorientado. El visitante trata de repetir el golpe. Rosa toma el arma de su hijo, dirige la punta al atacante. Tiene miedo. No entiende el cambio, pero reconoce esa forma de hablar. Tiembla.<br \/>\nUnos murmullos llegan desde la vereda, es Mart\u00edn y su hijo menor. Las voces cada vez se escuchan m\u00e1s fuertes.<br \/>\n\u2014La onda est\u00e1 as\u00ed: \u00a1se van a ir sin ni mierda, pero ya! \u2014grita el visitante mientras se marcha.<br \/>\nEl fuego avanza. La ni\u00f1a llora.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p>Varios trozos de ocote arden en el piso de la casa. Afuera, el monte en llamas ilumina los cerros.<br \/>\nRosa guarda la ropa de la ni\u00f1a en una pa\u00f1alera, acomoda la leche y las medicinas.<br \/>\nMart\u00edn y sus hijos ponen lo que pueden en sacos, tambi\u00e9n preparan un poco de comida para el viaje. No saben ad\u00f3nde ir\u00e1n.<br \/>\nUna luz blanca llena todo. Afuera se estacionan dos autom\u00f3viles, frente a los focos de los carros se paran cuatro siluetas, traen armas. La familia pone tranca a la puerta, apagan los trozos de madera, callan.<br \/>\nAlgo se estrella contra el techo, otro golpe suena en la puerta, uno m\u00e1s en la ventana. Adentro sube el calor. Una luz rojiza comienza a entrar a la casa, el humo inunda todo. El fuego se come el techo, trozos de madera caen, suena un disparo, los animales que resguardan tratan de salir, los gritos de la familia se mezclan con los chillidos de las bestias, suenan m\u00e1s disparos.<br \/>\nRosa moja un trapo, le tapa la boca a su hija, se arrin-cona. Algo hiere la pierna del hermano menor, sangra. Jos\u00e9 lo ve, abre una ventana, saca al chico, luego a su madre con la ni\u00f1a.<br \/>\nLos disparos dan una tregua, el fuego no. Una segunda tanda de escopetazos destroza la puerta. Una voz conocida da la orden de seguir.<br \/>\nLa familia est\u00e1 afuera, suena una tercera r\u00e1faga: alcanza a Jos\u00e9. El padre quiere volver, la madre lo detiene, vio c\u00f3mo volaron los sesos del joven. Corren hacia el barranco, el hijo menor avanza apoyado en su padre. Los hombres siguen disparando.<br \/>\nDel cielo no les llega ayuda, de la tierra solo el plomo les sopla en el cuello. Entran en una cueva, los pasos no cesan cerca de ellos, tampoco el fuego de las armas.<br \/>\nLa penumbra los cobija.<br \/>\nLos pasos paran, los disparos callan.<br \/>\nEl adolescente muerde un trapo, su padre le cubre la pierna con su camisa. La ni\u00f1a comienza a llorar.<br \/>\nRosa le pone el pecho para que se calme, la peque\u00f1a no quiere, el miedo tambi\u00e9n la domina. Los pasos vuelven a sonar cerca, la ni\u00f1a llora m\u00e1s. Rosa le pone nuevamente el pecho, la fuerza. Suena un tiro. La ni\u00f1a se queja, su llanto est\u00e1 ahogado pero sigue haciendo ruido. Rosa tambi\u00e9n llora, aprieta m\u00e1s la cabeza de su hija contra su pecho. Cree o\u00edr a alguien caminar fuera de la cueva, la aprieta a\u00fan m\u00e1s. El llanto de la ni\u00f1a cesa, tambi\u00e9n los pasos, tambi\u00e9n el plomo. El silencio se queda.<br \/>\nLa primera luz del d\u00eda llega. Rosa sale de la cueva, camina hacia el pueblo con el cuerpo de su hija en brazos.<br \/>\nLa ceniza no deja de caer.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<h2>Crucifixi\u00f3n<\/h2>\n<p>Me dice que no llore, porque a donde vamos hay un mont\u00f3n de juguetes con los que voy a jugar. Me dice que si quiero un pan, que si me ha dado fr\u00edo, que si me pasa algo, que por favor me calle, que ya estuvo bueno. Mi abuela me nalguea, para que al menos llore por algo. Mi t\u00eda va llorando a la par m\u00eda, y lloro porque ella llora.<br \/>\nUn hombre malo lleg\u00f3 a la casa cuando ella me cuidaba y est\u00e1bamos solos. \u00c9l ten\u00eda los ojos rojos rojos, como los del Cadejo, y dijo cosas feas mientras me se\u00f1alaba, y sent\u00ed un gran miedo. Mi t\u00eda me pidi\u00f3 que me fuera, y yo quer\u00eda hacerle caso, pero no pod\u00eda moverme. El hombre agarr\u00f3 a mi t\u00eda de las manos y las puso arriba de su cabeza, y ella hac\u00eda fuerzas para soltarse, pero la ten\u00eda crucificada, y la tir\u00f3 al suelo, y ella grit\u00f3 duro para que la ayudaran, pero \u00e9l le peg\u00f3 en la cara y luego en las rodillas para pon\u00e9rsele encima. Yo me acuerdo que segu\u00ed quieto porque me hab\u00eda hecho de piedra, pero mi t\u00eda empez\u00f3 a llorar porque le dol\u00eda, y el hombre malo le volvi\u00f3 a pegar.<br \/>\nEntonces me fui corriendo, pero no sab\u00eda ad\u00f3nde porque las l\u00e1grimas solo me dejaban ver bultos por todos lados, y me cruc\u00e9 la calle y segu\u00ed corriendo fuer-te, fuerte, hasta que escuch\u00e9 a mi abuela llamarme \u00ab\u00a1Luisito!\u00bb y me fui a agarrar de ella para que nos sal-vara. Solo alcanc\u00e9 a contarle que el hombre malo le estaba pegando a mi t\u00eda, y empez\u00f3 a correr como yo, pero de regreso a la casa, y la segu\u00ed.<br \/>\nSe puso a gritar cuando los hall\u00f3, pero el hombre malo solo se levant\u00f3 y se subi\u00f3 el pantal\u00f3n mientras la miraba, y ten\u00eda los ojos rojos, y le dijo que nos iba a matar si le dec\u00edamos a alguien, y mi abuela se qued\u00f3 quieta, y mi t\u00eda lloraba.<br \/>\n\u00c9l camin\u00f3 a la puerta, y mi abuela me agarr\u00f3 como con miedo de que me llevara, pero solo me puso la mano en la cabeza y se fue. Sent\u00ed que esa mano esta-ba sucia, pero cuando me revis\u00e9 el pelo vi que no te-n\u00eda nada.<br \/>\nMe alegr\u00e9 cuando mi abuela me cont\u00f3 que al hombre lo hab\u00edan metido preso, por malo, pero despu\u00e9s llegaron los amigos de \u00e9l. Me acuerdo que eran tres y que llevaban pistolas. El m\u00e1s gordo dijo que todo era culpa de ellas, y que m\u00e1s les val\u00eda que sacaran a su primo o si no, nos iban a despachar. As\u00ed dijo.<br \/>\nNos vamos, porque mi abuela tiene miedo. Nos vamos, porque a mi t\u00eda le duele.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<h2>Zopes<\/h2>\n<p>Donde viv\u00edamos antes me dec\u00edan \u00ab\u00bfDon Gustavo, c\u00f3mo le va?\u00bb. Pero de eso ya van seis meses que no lo escucho. Aqu\u00ed me miran igual que a los chuchos que andan pepenando conmigo&#8230; yo me hago el que no los veo y asunto arreglado.<br \/>\nY pues s\u00ed, bien que he de apestar, pero no es por mi gusto. Me encuentro tantas cochinadas en las bolsas que ya ni mi propio tufo siento. A veces me imagino que pedacitos de la pudrici\u00f3n se me meten, y me paso todo el d\u00eda afligido porque ando cargando adentro el tufo, \u00bfse figura usted? A veces, en lo que busco botellas y latas, hallo comida que todav\u00eda est\u00e1 buena y la guardo para mis hijos. Ayer encontr\u00e9 una mu\u00f1eca y se la llev\u00e9 a la ni\u00f1a. Le gust\u00f3 mucho\u2026 pues s\u00ed, algo de alegr\u00eda hay que llevarles, con todo lo que nos ha pasado&#8230;<br \/>\nNos vinimos a la capital porque nos llegaron a decir que ya no nos quer\u00edan ver. Y no es que uno pueda rezongar. Lo que dicen es y punto. As\u00ed que agarramos lo que alcanzamos y pusimos la champa cerca de donde una prima.<br \/>\nTodo lo malo empez\u00f3 cuando mi muchacho se nos perdi\u00f3. \u00c9l no se met\u00eda con nadie, pero ese fue el problema, que dicen que no quiso y pues\u2026 Lo fuimos a encontrar en un barranco, casi que en el otro cant\u00f3n. Viendo a los zopes llegamos a donde estaba.<br \/>\n\u00c9l era igualito a m\u00ed, hasta el mismo paso ten\u00edamos. Hall\u00e1rmelo as\u00ed, tirado como chucho, como que\u2026 y el olor\u2026 \u00bfPodr\u00e1 usted creer que eso era la \u00fanico en lo que yo pod\u00eda pensar cuando lo hall\u00e9? El tufo se me hab\u00eda metido, y desde ese d\u00eda, por m\u00e1s que me sueno la nariz, no tengo c\u00f3mo sacarlo.<br \/>\nYo lo ando cargando adentro.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<h2>Huir<\/h2>\n<p>Est\u00e1n solos. A esta hora de la madrugada, sus familias no saben que las ranas los levantaron, que los llevan casi desnudos caminando por veredas, descalzos, con los pulgares atados, con los pantalones abajo para que no corran.<br \/>\nLa luz de la luna ilumina sus espaldas, llevan las suelas de las botas tatuadas con lodo y sangre seca. Los culatazos no cesan, sus pasos se acortan, la respiraci\u00f3n honda los desnuda a\u00fan m\u00e1s, se pueden contar sus costillas.<br \/>\nLos chicos no ten\u00edan mucho de vivir en la zona. Llegaron con sus familias escapando de los bichos. Les hab\u00edan dado dos caminos: colaborar o morirse. Ellos escogieron huir.<br \/>\nEl cura de este pueblo les consigui\u00f3 refugio. La clica no los encontr\u00f3, pero los soldados no soportaron su juventud, su risa de hiena por las tardes en el parque, su terquedad cuando eran revisados, la resistencia de sus manos al apretarles los dedos enlazados tras la cabeza.<br \/>\nLos tres lamentan en silencio haberse escondido en el gallinero de la parroquia. Pensaron que la lejan\u00eda de sus casas y el ruido de los animales ser\u00edan un buen escudo. La noche anterior durmieron en el cerro, en la copa de los \u00e1rboles del lado m\u00e1s escabroso, les fue mejor.<br \/>\nLos sonidos de la violencia no alteran la calma de las milpas que cruzan. Los tacuazines corren des-preocupados, los perros ladran siempre a lo lejos. El peque\u00f1o universo de golpes e insultos se mueve lentamente, al ritmo de sus pasos. Nadie oye, nadie quiere o\u00edr.<br \/>\nUna orden lleg\u00f3 de arriba. Hab\u00eda que liberar la zona de amenazas, limpiarla de bichos, de sus amigos o de cualquiera que se pareciera a ellos. El m\u00e9todo era lo de menos, el pa\u00eds estaba amenazado El parque se convirti\u00f3 poco a poco en zona veda-da, los militares comenzaron a usar gorros navarones, borraron cualquier marca de identificaci\u00f3n de sus uniformes. Los cacheos fueron m\u00e1s frecuentes, m\u00e1s violentos. Los chicos buscaron otros espacios para estar, luego casi no pod\u00edan salir a la calle. Ya eran, sin serlo, la sombra de una amenaza.<br \/>\nSus lenguas son tejas secas, no hay saliva en ellas, solo la sangre que llena sus bocas rotas. Desconocen su destino. Piensan en correr pero se contienen. Escapar \u00fanicamente les dar\u00eda un motivo m\u00e1s para golpearlos, para jalar el gatillo.<br \/>\nPor un instante creen que eso ser\u00eda lo mejor. El ruido de las balas en la madrugada no se puede ignorar como a los gritos en la calle, como a la p\u00f3lvora en las ma-nos, como a los cuerpos en posici\u00f3n de huida, como a las marcas de tortura. Desisten, es una pel\u00edcula que vieron ya en este pueblo, el resultado fue el silencio. Nada puede contra la voz que se\u00f1ala a los muertos de terroristas, de agresores del Estado, de enemigos del bien com\u00fan.<br \/>\nA uno de sus amigos lo sacaron de madrugada. Era un operativo del Ej\u00e9rcito. Lo subieron al mismo picap blanco que ahora los escolta. La familia pens\u00f3 que en la ma\u00f1ana podr\u00edan llevarle comida a la bartolina. No estaba all\u00ed, tampoco en el cuartel.<br \/>\nAl mediod\u00eda les lleg\u00f3 la noticia del joven muerto. Cinco tiros en la espalda, uno en la nuca. Fue en un tiroteo, dijeron los jefes uniformados. Alguien habl\u00f3 de alteraci\u00f3n de la escena, de que el arma hab\u00eda sido colocada, de se\u00f1ales de ataduras en las manos, de livideces que no concordaban con la posici\u00f3n del cad\u00e1ver, de ejecuci\u00f3n. Despu\u00e9s, nada.<br \/>\nD\u00edas antes, el muchacho no se hab\u00eda dejado revisar, los soldados lo sometieron. Sus amigos intentaron ayudarlo, la punta de los fusiles los par\u00f3 en seco. Las madres llegaron a tiempo, increparon a los militares. Los chicos finalmente se fueron, pero los soldados no olvidaron.<br \/>\nLos j\u00f3venes comenzaron a dormir afuera de las casas tras el crimen. Cada noche buscaban un refugio nuevo, como sus padres en la guerra. Primero fue la iglesia, despu\u00e9s la casa comunal, luego el cerro, por \u00faltimo el gallinero.<br \/>\nNo escucharon al veh\u00edculo acercarse, lleg\u00f3 con las luces apagadas. La puerta no opuso resistencia, varias l\u00e1mparas les iluminaron el rostro, los cegaron. Los golpes llegaron sin aviso. Nadie escuch\u00f3 los gritos. Ni un solo hijueputa lleg\u00f3 a los o\u00eddos de los vecinos, ni un solo hijueputa quiso ser escuchado. Las gallinas fueron testigos del espanto, tambi\u00e9n gritaron, luego volvieron a dormir.<br \/>\nUno de los muchachos cae. Un soldado lo levanta por el cuello, le da un rodillazo en el est\u00f3mago. El chico se desploma nuevamente, vomita algo oscuro. El militar le pone el pie en el pecho, le orina la cara.<br \/>\nLos bultos en el horizonte comienzan a tomar forma de casas, no reconocen este pueblo, no es el suyo, no es el que les dio refugio. Una luz se prende y apaga a lo lejos, los j\u00f3venes piensan que son los compa\u00f1eros de los soldados, quieren creer que solo los llevar\u00e1n a encerrarlos a otro lado, que ma\u00f1ana no estar\u00e1n en un tiroteo fantasma, que ver\u00e1n a sus padres.<br \/>\nUnos n\u00fameros romanos pintados sobre un muro marcan una frontera, la cruzan. El terror se queda con los chicos.<br \/>\n\u2014Aqu\u00ed les traemos \u2014grita el soldado al mando. De las sombras se desprenden varias siluetas.<\/p>\n<figure id=\"attachment_6869\" style=\"width: 621px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"6869\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/la-soledad-de-los-errantes\/fsep22122019desplaza8\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza8.jpg\" data-orig-size=\"621,985\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep22122019desplaza8\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza8-189x300.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza8.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-6869 size-full\" src=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza8.jpg\" alt=\"\" width=\"621\" height=\"985\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza8.jpg 621w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza8-189x300.jpg 189w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/fsep22122019desplaza8-500x793.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 621px) 100vw, 621px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana<\/figcaption><\/figure>\n<h2>Feria<\/h2>\n<p>Han puesto un cono a la par m\u00eda. Alguien me arregl\u00f3 los brazos y las piernas y me puso la mantelina en la cara. Soy un cuerpo acostado boca arriba sobre piedras inc\u00f3modas. Un polic\u00eda me cuida mientras van por la cinta. Eso le dijeron. \u00abCuidala\u00bb. Pero no me mira. Hay gente sentada ah\u00ed nomasito, renegando que el bus se tarda. Una muchacha se r\u00ede diciendo que quiz\u00e1 celebr\u00e9 demasiado porque me qued\u00e9 dormida de tan borracha. Luego se calla. Se escuchan los cuetes y la bulla de la feria. Se distingue la calle solo por las luces de toda esa chorrera de carros que quiere entrar al pueblo. Nadie alcanza a ver el alambre en mi cuello morado. Mi familia no sabe que me dejaron aqu\u00ed tirada.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p>Cuando se metieron a la casa, nos ordenaron que quit\u00e1ramos la denuncia y nos fu\u00e9ramos o nos mataban. Trat\u00e9 de que no me temblara la voz: \u00abDios no permita, hija, \u2014le dije a la Ana\u2014 pero a ese que lo tengan preso por lo que le hizo a la ni\u00f1a\u00bb. Y no es tanto que yo fuera valiente, la verdad es que no ten\u00edamos para d\u00f3nde irnos. Nos quedamos, pero cerramos las ventanas con pasadores y trancamos la puerta. Ya ni dorm\u00eda bien por imaginarme todas las formas en que pod\u00edan matar a la Ana, que es salida y nunca distingue cu\u00e1ndo callarse la boca, y a la Karlita, que Dios sabe por qu\u00e9 le hicieron eso a ella y no a su nana. En la casa viv\u00edamos las tres, nadie m\u00e1s. Cuando las sent\u00eda hincarse juntas, a la par de la cama, y pedir que no nos pasara nada, solo me daba la vuelta y me hac\u00eda la dormida. Hac\u00eda tiempo que se me hab\u00eda acabado la fe, pero no era algo que les pudiera decir.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p>Despu\u00e9s de lo de Karlita, a la Ana le tocaba pedir permiso en el trabajo bien seguido, y al final la echaron. En esa misma semana fue que vinieron ellos y nos encerramos. Ayer, viendo que ya nos est\u00e1bamos quedando sin comida, agarr\u00e9 unas libras de ma\u00edz y frijoles que ten\u00eda guardados y me puse a hacer unos tamales pisques. Le ped\u00ed a la vecina que les contara a los dem\u00e1s en la colonia, pero casi no vend\u00ed. Hoy en la ma\u00f1ana o\u00ed unos cuetes y me acord\u00e9 de que hab\u00eda feria. Y cabal es la fecha en que el pueblo rebalsa de gente porque traen m\u00fasica y hacen la procesi\u00f3n. Le dije a Ana que me ayudara a llevar la mesa y los peroles al parque y se regresara. Me puse en una buena esquina. Para cuando se hizo de noche hab\u00eda vendido un mont\u00f3n y estaba bien contenta por eso. Vi a los ni\u00f1os jugar y me dio l\u00e1stima que Karlita, con lo inquieta que es, est\u00e9 ahora tan triste y encima tenga que pas\u00e1rsela encerrada todo el d\u00eda. Pero es de esas cosas que una piensa y sabe que es por gusto, de nada sirve lamentarse. Como a las ocho ya estaba m\u00e1s calmada la venta porque todos andaban en el baile. Le dije al de a la par: \u00abCu\u00eddeme aqu\u00ed en lo que voy al ba\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p>Tal vez fue porque no me hinqu\u00e9 a la par de mi hija y de mi nieta que me pas\u00f3 lo que me pas\u00f3. Tal vez solo me tocaba. Tal vez no, pero ellos me adelantaron; ellos, los que me hallaron en el camino y me sacaron del pueblo y despu\u00e9s me vinieron a tirar aqu\u00ed, en el predio que da a la entrada. Aunque hubiera gritado, \u00bfqui\u00e9n se iba a dar cuenta entre tanta cumbia? No me acuerdo qui\u00e9n me arregl\u00f3 las manos y las piernas. No s\u00e9 a qui\u00e9n se le ocurri\u00f3 taparme. Pero le agradezco. Debe ser feo verle la muerte en la cara a una vieja como yo.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p>Escucho a Ana pedirle al polic\u00eda que si las pueden acompa\u00f1ar a la casa, que las dejen subir un par de cosas al carro y que las lleven lejos, lejos, adonde sea. Ana nunca entendi\u00f3 que no se puede correr as\u00ed nom\u00e1s, sin saber para d\u00f3nde va uno. \u00bfQu\u00e9 va a ser de ellas? Ana empieza a gritar: \u00ab\u00a1\u00bfQue no ve que me la mataron?! \u00a1\u00bfQue no ve que ahora nos van a matar a nosotras?!\u00bb. La gente la mira desde los carros detenidos por la trabaz\u00f3n. El polic\u00eda le pide que se calme, que est\u00e1 asustando a los turistas. Ana sigue llorando abrazada a la ni\u00f1a, pero ya no grita: \u00abLl\u00e9venos lejos, por favor, se lo ruego, ll\u00e9venos adonde no nos sigan\u00bb. El polic\u00eda la ignora, como me ha ignorado a m\u00ed, tal vez para \u00e9l las dos estamos muertas.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La soledad de los errantes recoge una serie de relatos cortos basados en historias de personas que han sido v\u00edctimas de desplazamiento interno en El Salvador. Se escribi\u00f3 en el marco del proyecto Asistencia humanitaria para ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes y sus familias afectadas por otras formas de violencia en El Salvador, ejecutado por Fundaci\u00f3n Educo y Plan Internacional con el Financiamiento de la Agencia Espa\u00f1ola de Cooperaci\u00f3n Internacional para el Desarrollo (AECID). El libro surge de un asocio entre el colectivo literario La mosca azul y Fundaci\u00f3n Educo, quienes buscaron mostrar el impacto de la violencia social y el desplazamiento interno forzado del que son v\u00edctimas las ni\u00f1as, ni\u00f1os, adolescentes y sus familias. El libro fue escrito por Derlin De Le\u00f3n, Jannette Cruz, Hugo S\u00e1nchez y \u00d3scar Gonz\u00e1lez. Est\u00e1 compuesto por 14 relatos breves que retoman elementos de testimonios de v\u00edctimas; cada relato cuenta con elementos particulares de las historias reales en las que los autores se enfocaron para dar vida al libro.  <!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":6884,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"spay_email":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_is_tweetstorm":false,"jetpack_publicize_feature_enabled":true},"categories":[10],"tags":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v18.1 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>La soledad de los errantes - S\u00e9ptimo Sentido<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/la-soledad-de-los-errantes\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_US\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La soledad de los errantes - S\u00e9ptimo Sentido\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La soledad de los errantes recoge una serie de relatos cortos basados en historias de personas que han sido v\u00edctimas de desplazamiento interno en El Salvador. 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