{"id":5482,"date":"2019-03-31T00:04:48","date_gmt":"2019-03-31T06:04:48","guid":{"rendered":"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/?p=5482"},"modified":"2019-03-30T23:48:59","modified_gmt":"2019-03-31T05:48:59","slug":"historias-sin-cuento-31-de-marzo-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/historias-sin-cuento-31-de-marzo-2019\/","title":{"rendered":"Historias sin Cuento"},"content":{"rendered":"<div class=\"card\">\n<div class=\"card-block\">\n<h3 class=\"card-title text-center\"><span class=\"h7s-orange\">PODER DEL FUEGO<br \/>\n<\/span><\/h3>\n<p>Seg\u00fan las respectivas normas familiares, ellos eran muy j\u00f3venes para tener una relaci\u00f3n en forma, y por eso s\u00f3lo se ve\u00edan de reojo cuando hab\u00eda alguien alrededor. Pero un d\u00eda de tantos, en sus casas se percataron de que algo muy raro estaba pas\u00e1ndoles: ten\u00edan los rostros intensamente requemados, como si hubieran estado expuestos a agresiva combusti\u00f3n solar. El di\u00e1logo fue igual en ambos casos:<\/p>\n<p>&#8211;\u00bfQu\u00e9 te ha pasado? \u00bfC\u00f3mo te quemaste as\u00ed?<\/p>\n<p>&#8211;No es nada, s\u00f3lo que la hoguera que tengo adentro se sali\u00f3 de su escondite y me envolvi\u00f3 sin que pudiera evitarlo\u2026<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"card\">\n<div class=\"card-block\">\n<h3 class=\"card-title text-center\"><span class=\"h7s-orange\">MEMORIA DE LA ALTURA<\/span><\/h3>\n<p>El sendero polvoriento iba hacia arriba, entre la espesa vegetaci\u00f3n de arbustos que extend\u00edan sus brazos como si fueran una multitud en pose fraternal frente a cualquier presencia invisible. Por esa ruta iba un grupo de laborantes sencillos con destino directo hacia la parte m\u00e1s alta del terreno, donde todo estaba listo para el trabajo de cada d\u00eda en esa \u00e9poca del a\u00f1o. El clima era, desde luego, el director de orquesta, con todas sus excentricidades a la mano, y el nombre de la finca cafetalera invitaba al juego de la veleidad sincronizada: La Rosa de los Vientos.<\/p>\n<p>La voz del mandador se hizo o\u00edr, con el imperativo tono de siempre:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a1Ap\u00farense, muchachos, que los granos rojos no esperan, sobre todo cuando hay amenazas de aguacero!<\/p>\n<p>Y en efecto aquella voz pareci\u00f3 ser una se\u00f1al permisiva lanzada hacia las nubes, que se congregaron al instante y soltaron sus r\u00e1fagas l\u00edquidas como si ya no resistieran los apremios urinarios. Los cortadores corrieron a refugiarse en una galera que estaba muy cerca de ah\u00ed, y donde se guardaban antes de ser aplicados los fertilizantes y los venenos. El lugar era sombr\u00edo, y el mandador, que era experto en ese tipo de emergencias, fue a sacar unas l\u00e1mparas de mano para que todos se sintieran seguros en la oscuridad. No era la primera vez que lo hac\u00edan, y por eso no hab\u00eda de qu\u00e9 asustarse.<\/p>\n<p>La tormenta novembrina fue mucho m\u00e1s intensa de lo esperable, y todo hac\u00eda indicar que aquel a\u00f1o la cosecha de caf\u00e9 ser\u00eda m\u00e1s reducida que las de los a\u00f1os anteriores, cuando ya la productividad de las fincas ven\u00eda en descenso por el agobio de las plagas y por las excentricidades del clima. Al amanecer del d\u00eda siguiente, Romualdo, el mandador, fue a reconocer los estragos en las distintas zonas de la propiedad, desde las partes bajas que estaban a la par de la carretera pavimentada hasta los tablones que sub\u00edan por las faldas del cerro.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s llam\u00f3 por tel\u00e9fono al propietario de la finca para informarle de lo ocurrido. Don Eligio estaba fuera del pa\u00eds por algunos d\u00edas, y \u00e9l ten\u00eda que tomar la decisi\u00f3n de recolectar de inmediato los granos ca\u00eddos, que formaban una alfombra purp\u00farea extendida hacia todos los linderos. As\u00ed lo hizo.<\/p>\n<p>En los d\u00edas siguientes, la atm\u00f3sfera clim\u00e1tica pareci\u00f3 querer entrar en contacto directo con los cultivos de estaci\u00f3n, y el caf\u00e9 era el m\u00e1s sensible de todos. Los arbustos, en cercan\u00eda fraternal, se estaban reponiendo an\u00edmicamente del embate de las aguas superiores, y eso hac\u00eda que toda aquella comunidad vegetal de brazos entrelazados fuera una invitaci\u00f3n al encuentro fervoroso de los esp\u00edritus anhelantes de confianza inmemorial. Los cortadores con sus sacos a cuestas iban a depositarlos en el amplio patio ubicado frente a la casa patronal, que no hac\u00eda mucho hab\u00eda sido remodelada para que el due\u00f1o y su familia pudieran ir a pasar ah\u00ed c\u00f3modamente sus vacaciones de fin de a\u00f1o, recibiendo los frescos efluvios de las tierras de altura. Muy pronto llegar\u00edan esas fechas en la segunda quincena de diciembre.<\/p>\n<p>La cosecha estaba en \u00e1scuas, y las tormentas inesperadas tra\u00edan malos augurios. Por eso cada d\u00eda, al amanecer, Romualdo lo primero que hac\u00eda era abrir la ventana de su casita de madera para ver el cielo, y si la claridad estaba intacta siempre le agradec\u00eda en voz alta a la Virgen de Guadalupe:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a1Gracias, Se\u00f1ora, por mantener a raya a las nubes rebeldes!<\/p>\n<p>La frase se mantuvo inc\u00f3lume durante los d\u00edas siguientes, hasta aquel en que estaba anunciado el regreso de don Eligio. Esa ma\u00f1ana, m\u00e1s temprano que de costumbre, Romualdo, en vez de asomarse a su ventana sali\u00f3 directamente al aire. Dada su experiencia clim\u00e1tica, percibi\u00f3 al instante que la humedad estaba de vuelta.<\/p>\n<p>Refunfu\u00f1\u00f3 sin hablar, y unos segundos despu\u00e9s solt\u00f3 la frase:<\/p>\n<p>&#8211;S\u00f3lo esto nos faltaba.<\/p>\n<p>Los cortadores iban recogiendo ya sus aperos de colecta para irse a los tablones que ten\u00edan asignados, desde aquella explanada rumbo a la coronilla del volc\u00e1n.<\/p>\n<p>Romualdo les pregunt\u00f3 cuando ya estaban reunidos:<\/p>\n<p>&#8211;\u00bfNo sienten que est\u00e1 cayendo una lloviznita menuda?<\/p>\n<p>Todos extendieron los brazos con las palmas de las manos hacia arriba. La mayor\u00eda neg\u00f3 con un gesto, pero aquel cipote que estaba inici\u00e1ndose en las labores se anim\u00f3 a decir:<\/p>\n<p>&#8211;A m\u00ed me cay\u00f3 una gota.<\/p>\n<p>En ese preciso momento son\u00f3 muy cerca el veh\u00edculo del due\u00f1o, que todos conoc\u00edan. Una camioneta de doble tracci\u00f3n, apta para caminos como aquellos en cualquier \u00e9poca del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Don Eligio desmontaba de un salto, a su estilo de equilibrista frustrado. Y se dirigi\u00f3 a Romualdo, como si los otros no existieran:<\/p>\n<p>&#8211;Vamos adentro, porque tenemos que hablar.<\/p>\n<p>En el interior, que era un c\u00f3modo espacio m\u00e1s urbano que rural, don Eligio, de pie, le inform\u00f3 a Romualdo:<\/p>\n<p>&#8211;Voy a vender esta finca. Ya tengo el comprador.<\/p>\n<p>El mandador tuvo al instante la sensaci\u00f3n de que a su alrededor todos los espacios estaban a la expectativa. Aquel anuncio no era tan inesperado como parec\u00eda, porque en varias ocasiones de los tiempos recientes hab\u00eda so\u00f1ado que la finca cambiaba de due\u00f1o, y los nuevos propietarios se le aparec\u00edan con distintos rostros.<\/p>\n<p>&#8211;\u00bfY se puede saber qui\u00e9n es?<\/p>\n<p>&#8211;S\u00ed, se puede: Valent\u00edn, el vecino.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a1Ah, don Valent\u00edn, estuve hablando ayer con \u00e9l!<\/p>\n<p>&#8211;\u00bfY no te dijo nada?<\/p>\n<p>&#8211;S\u00f3lo me dijo que no hay que tenerles miedo a las nubes que llegan.<\/p>\n<p>&#8211;\u00bfNubes? \u00bfCu\u00e1les nubes?<\/p>\n<p>Romualdo se qued\u00f3 haciendo gestos para que don Eligio no insistiera en m\u00e1s explicaciones. Valent\u00edn era un reci\u00e9n llegado al cultivo del caf\u00e9, porque hac\u00eda muy poco que hab\u00eda heredado la finca de su padre. Romualdo discretamente le estaba dando consejos para que pudiera trabajar con eficiencia en esta \u00e9poca de m\u00faltiples desaf\u00edos tanto naturales como comerciales.<\/p>\n<p>Cuando Romualdo sali\u00f3 al aire, sinti\u00f3 que las nubes estaban esper\u00e1ndolo. Hab\u00edan bajado a encontrarse con \u00e9l desde la cumbre del volc\u00e1n.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"card\"><img data-attachment-id=\"55\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/album-de-libelulas-171\/pluma\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/pluma.png\" data-orig-size=\"500,600\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"pluma\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/pluma-250x300.png\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/pluma.png\" loading=\"lazy\" class=\"img-responsive aligncenter wp-image-55 size-full\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/pluma.png\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/pluma.png 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/pluma-250x300.png 250w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/div>\n<div class=\"card\">\n<div class=\"card-block\">\n<h3 class=\"card-title text-center\"><span class=\"h7s-orange\">BUENOS D\u00cdAS, DESVELO<\/span><\/h3>\n<p>Su habitaci\u00f3n era la m\u00e1s distante de la puerta de entrada y daba a un predio bald\u00edo que luego se extend\u00eda hacia una arboleda r\u00fastica. Y quiz\u00e1s por las crecientes tensiones del trabajo, refugiarse en ese rinc\u00f3n se le hab\u00eda vuelto adictivo.<\/p>\n<p>Aquella noche el ambiente estaba cargado de amenazas de lluvia. Se acost\u00f3 sobre su lado derecho, casi frente a la ventana que daba al entorno. Empezaron a destellar rel\u00e1mpagos y las agitadas r\u00e1fagas l\u00edquidas no se hicieron esperar.<\/p>\n<p>\u00c9l, que era fervoroso amigo de las emociones naturales, estaba casi en \u00e9xtasis. Los truenos de diferentes registros eran el anuncio de un entra\u00f1able concierto de m\u00fasica pop. Y as\u00ed fue pasando en vela la noche entera, hasta que las luminarias del d\u00eda se hicieron presentes. Entonces \u00e9l se incorpor\u00f3 y se arrodill\u00f3 en la cama.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquella noche el ambiente estaba cargado de amenazas de lluvia. 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