{"id":5300,"date":"2019-03-03T00:10:55","date_gmt":"2019-03-03T06:10:55","guid":{"rendered":"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/?p=5300"},"modified":"2019-03-03T00:21:04","modified_gmt":"2019-03-03T06:21:04","slug":"el-territorio-del-cipres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/el-territorio-del-cipres\/","title":{"rendered":"\u201cEl territorio del cipr\u00e9s\u201d"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_5301\" style=\"width: 1920px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"5301\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/el-territorio-del-cipres\/fsep03032019cuento1\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1.jpg\" data-orig-size=\"1920,1183\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep03032019cuento1\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana&lt;\/p&gt;\n\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-300x185.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-1024x631.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-5301\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1183\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1.jpg 1920w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-300x185.jpg 300w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-768x473.jpg 768w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-1024x631.jpg 1024w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-1900x1171.jpg 1900w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-1200x739.jpg 1200w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-500x308.jpg 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-1000x616.jpg 1000w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento1-700x431.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana<\/figcaption><\/figure>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>&#8220;Marina&#8221;<\/strong><\/h1>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><em>Hugo G. S\u00e1nchez<\/em><\/h3>\n<p>Marina despierta con el desaliento empotrado en el cuerpo, siente que le carcome los huesos y le invita cada ma\u00f1ana a terminar de derrumbarse. La mujer se sienta y contempla en una mesa, junto a su cama, la mecha negra y marchita de la vela que durante mucho tiempo ha iluminado el rostro de su hijo. Se apresura a sacar de su delantal una veladora nueva, una con la estampita de san Judas Tadeo, y la enciende. Su madre le ense\u00f1\u00f3 que cada vela en favor de un ausente es una plegaria perenne y una gu\u00eda, y que, si se apaga, este perder\u00e1 el camino de regreso. Ella sabe que el cansancio y el tiempo le han comenzado a ganar la carrera y le hacen m\u00e1s corto el aliento; siente verg\u00fcenza y un presentimiento indescifrable le golpea el pecho, cree que con su descuido ha llamado a la desgracia.<\/p>\n<p>Saca de debajo de la cama el guacal con agua limpia que llen\u00f3 por la noche, moja un trozo de tela ro\u00edda y comienza a limpiarse de la cara a los pies; despu\u00e9s se humedece el cabello, lo peina, hace una bola con el pelo que queda en sus manos y la tira al suelo. Se viste con ropa limpia y comienza a preparar las prendas para la venta. Uno a uno se coloca los bl\u00fameres, las tangas, los hilos y los cacheteros en el brazo derecho, lo copa. En el izquierdo repite el ritual con los brasieres, los de varilla, sin varilla, con relleno, con &#8220;push up&#8221; y los &#8220;strapless&#8221;.<\/p>\n<p>Marina sale, camina hacia el centro de San Salvador, all\u00ed se la ve casi a diario revolotear como una mariposa. Las telas de la ropa que vende le dan textura y color a sus alas. En las delegaciones de la Polic\u00eda, en los hospitales y en las morgues tambi\u00e9n se la ve, pero como una mariposa triste.<\/p>\n<p>Su caminar da frutos lentamente, tarda m\u00e1s de lo esperado en vender lo suficiente como para continuar con la b\u00fasqueda de su hijo, para pagar los pasajes para llegar hasta al lugar donde el ingeniero la ha citado. La tarde se acerca, ella se dirige al sitio con una leve esperanza, pero tambi\u00e9n con el t\u00edmido deseo de no concluir ah\u00ed su faena.<\/p>\n<p>El d\u00eda que el chico se ausent\u00f3, Marina estaba despierta desde las 5, se qued\u00f3 en cama a la espera de que sonara la alarma del tel\u00e9fono de su hijo. El aparato marc\u00f3 las 6, ella se cambi\u00f3 de ropa para salir a la calle por dos sobres de caf\u00e9 Listo, dos huevos, una cora de frijoles y pan. Afuera clareaba, el humo de los buses empa\u00f1aba los paisajes, sus pitos golpeaban los o\u00eddos, el bullicio de la ciudad se aceleraba a cada momento como un coraz\u00f3n nervioso. Regres\u00f3 pronto, la alarma segu\u00eda sonando, prepar\u00f3 la comida. El joven sali\u00f3 de la ducha que compart\u00eda con todos los habitantes del mes\u00f3n, desayun\u00f3 y visti\u00f3 la camisa blanca, ya de tono amarillento, y el pantal\u00f3n azul del uniforme escolar. Marina lo bes\u00f3 en la frente, le puso el escapulario que le regal\u00f3 por sus 15 a\u00f1os y le pidi\u00f3 que se cuidara mucho. \u00c9l se limpi\u00f3 la saliva con el brazo, ocult\u00f3 la prenda baj\u00f3 la camisa y se fue.<\/p>\n<p>Marina, con los brazos llenos de calzones y brasieres, se fue a vender y regres\u00f3 al mes\u00f3n pasadas las 11 de la ma\u00f1ana para esperar a su hijo con el almuerzo y retomar juntos la venta. Lo esper\u00f3 hasta cerca de la 1 de la tarde, pero el chico no volvi\u00f3. La mujer le dej\u00f3 para almorzar una pieza de sardina, un pu\u00f1ado de arroz y dos tortillas. Se fue tranquila porque no era la primera vez que \u00e9l se iba por la tarde a vagar. Cuando hac\u00eda esto, el muchacho la esperaba en la noche en una esquina cerca del mes\u00f3n. Esta vez no fue as\u00ed.<\/p>\n<p>Algo sombr\u00edo se pos\u00f3 en la mente de Marina cuando volvi\u00f3 y el joven no estaba. La inund\u00f3 un sentimiento de enojo, por la prolongada salida, y de temor, porque la ciudad a oscuras, San Salvador a oscuras, es tierra enemiga, aunque uno sea hijo de ese mismo concreto.<\/p>\n<p>En vela esper\u00f3 a que asomara la ma\u00f1ana. Llegada la hora en la que entraban los estudiantes a la escuela march\u00f3 para preguntar por su muchacho. Por boca de varias personas supo que el chico lleg\u00f3 a tiempo, que recibi\u00f3 clases, que sali\u00f3 a recreo, que se pele\u00f3 con alguien, a quien nadie quiso se\u00f1alar y que ante la pregunta de su nombre el silencio era la respuesta. Tambi\u00e9n supo que lo dejaron castigado bajo el sol hasta el segundo recreo, que se fue a la hora de siempre. Nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Trat\u00f3 de reconstruir los pasos de su hijo: fue a una cancha cercana, rond\u00f3 el mercado Tinetti, camin\u00f3 entre sus corredores. Pregunt\u00f3 a qui\u00e9n pudo y cuando se cans\u00f3 de preguntar, pregunt\u00f3 m\u00e1s. A mediod\u00eda deshizo el camino andado y volvi\u00f3 al mes\u00f3n, la esperanza de encontrarlo en casa fue vana. Dej\u00f3 nuevamente un plato con comida para el chico y sali\u00f3 a vender.<\/p>\n<p>En el centro pregunt\u00f3 a varias de sus compa\u00f1eras de calle, algunas eran madres de otros muchachos que cursaban estudios con su hijo, pero ninguna sab\u00eda nada diferente a lo que Marina hab\u00eda escuchado. Una de ellas le dijo que apurara el paso, que fuera a la Polic\u00eda si no llegaba esa noche, que hab\u00edan rumores de que los bichos estaban limpiando la zona de los que no era brincados, que letras y n\u00fameros andaban en las mismas.<\/p>\n<p>Cerca de las 6 de la tarde, volvi\u00f3 al mes\u00f3n. La esquina estaba nuevamente sola. Esa noche solo el miedo la acompa\u00f1\u00f3.<\/p>\n<p>Los primeros rayos que entraron por la ventana le hirieron la mirada, se levant\u00f3 de la cama, todo le parec\u00eda opaco, como envuelto por una niebla. Bebi\u00f3 un caf\u00e9, busc\u00f3 la foto m\u00e1s reciente del chico, tambi\u00e9n su partida de nacimiento. Prendi\u00f3 una vieja radio, sonaban himnos religiosos, crey\u00f3 que eso la reconfortar\u00eda, pero las voces eran tenues, lejanas, irreales. Las dej\u00f3 un rato solo para sentir algo de compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a la escuela, volvi\u00f3 a la cancha, volvi\u00f3 al mercado, al mediod\u00eda volvi\u00f3 a su cuarto y nada. En ninguna esquina nadie la aguardaba.<\/p>\n<p>Marina dej\u00f3 nuevamente un plato con comida, visti\u00f3 sus alas y se fue a vender. Se dirigi\u00f3 a los chupaderos de El Zurita, era una ruta acostumbrada y que sab\u00eda que su hijo disfrutaba por la cercan\u00eda con las mujeres vestidas solo en los pechos y la entrepierna. Ella entr\u00f3 a varios negocios con la foto del muchacho en mano y pregunt\u00f3 a las encargadas, a las putas, a los lustradores, a los bolos y nadie sab\u00eda nada, parec\u00eda que en esta ciudad nadie nunca sabe nada.<\/p>\n<p>La \u00fanica pista que obtuvo fue en el local de la Charlotte, uno de los travestis m\u00e1s cotizados de la cuadra, una cliente asidua de sus hilos y tangas, y con quien sospechaba que su hijo se hab\u00eda desvirgado. Al ver llegar a Marina, Charlotte se apresur\u00f3 a llevarla hasta el ba\u00f1o con el pretexto de probarse algunas prendas, ah\u00ed se encerraron.<\/p>\n<p>\u2014A su hijo lo vieron pelearse con &#8220;el Skinny&#8221; en la escuela y dicen que despu\u00e9s se encontraron en una de las entradas del Hoyo, de ah\u00ed nadie sabe para d\u00f3nde se lo llev\u00f3 y no vaya a decir ni mierda de que yo le cont\u00e9, que los bichos me van a batear, sino es que amanezco ensabanada en la calle \u2013le dijo la Charlotte.<\/p>\n<p>Antes de marcharse, las mujeres se congregaron alrededor suyo y en un gesto solidario algunas abonaron sus deudas, otras se quedaron con m\u00e1s ropa y sus cuentas en un viejo cuaderno crecieron un poco m\u00e1s.<\/p>\n<p>Marina conoc\u00eda al &#8220;Skinny&#8221;, record\u00f3 que era uno de los chequeos en el barrio San Esteban y que estaba a punto de brincarse y sinti\u00f3 m\u00e1s miedo.<\/p>\n<p>De la rocola sal\u00eda la voz de un charro, la vida misma le dedicaba una canci\u00f3n a Marina: &#8220;Cuatro caminos hay en mi vida, cu\u00e1l de los cuatro ser\u00e1 el mejor, t\u00fa que me viste llorar de angustia, dime, paloma, por cu\u00e1l me voy&#8221;.<\/p>\n<p>Esa noche prendi\u00f3 por primera vez una veladora frente a la foto del chico.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5302\" style=\"width: 1920px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"5302\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/el-territorio-del-cipres\/fsep03032019cuento2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2.jpg\" data-orig-size=\"1920,1183\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep03032019cuento2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana&lt;\/p&gt;\n\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-300x185.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-1024x631.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-5302\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1183\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2.jpg 1920w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-300x185.jpg 300w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-768x473.jpg 768w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-1024x631.jpg 1024w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-1900x1171.jpg 1900w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-1200x739.jpg 1200w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-500x308.jpg 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-1000x616.jpg 1000w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento2-700x431.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana<\/figcaption><\/figure>\n<p>Lleg\u00f3 la ma\u00f1ana del cuarto d\u00eda. Intuy\u00f3 que ser\u00eda un desperdicio de tiempo buscar al &#8220;Skinny&#8221; y decidi\u00f3 apuntar m\u00e1s arriba, se fue a hablar con &#8220;el \u00c1cido&#8221;, el palabrero de la zona y a quien conoc\u00eda desde cipote. Lo encontr\u00f3 en La Barca del Olvido, un chupadero de fachada para la casa destroyer. Marina lleg\u00f3 hasta la mesa en la que estaba, le desliz\u00f3 la foto de su hijo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUstedes lo tienen? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2013pregunt\u00f3 Marina sin recibir respuesta\u2013. Lo vieron con uno de tus bichos, entreg\u00e1melo y te juro que nos vamos de aqu\u00ed y no nos vuelven a ver.<\/p>\n<p>El hombre segu\u00eda sin pronunciar palabra, Marina lloraba, una mezcla de aflicci\u00f3n, impotencia y miedo le apretaba la garganta.<\/p>\n<p>\u2014Por la memoria de tu viejita ayudame, mi hijo no les ha hecho nada o por lo menos decime d\u00f3nde buscar.<\/p>\n<p>\u2014Por respeto a mi jefita no le voy dar plomo, va, que aqu\u00ed no se viene sin permiso aunque sea la nana de Tarz\u00e1n \u2013dijo &#8220;el \u00c1cido&#8221; mientras colocaba un rev\u00f3lver junto a la foto del muchacho\u2013, y mejor qu\u00e9dese quieta, madre, que si no le vamos a dar luz verde \u2013sin respuestas, Marina volvi\u00f3 al camino.<\/p>\n<p>No esper\u00f3 a que llegara el mediod\u00eda para gastar su \u00faltimo cartucho, se fue a la Polic\u00eda a denunciar la ausencia de su hijo, a decir lo que sab\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014No se agite, madre, vaya a descansar que nosotros nos encargamos de buscar a su muchacho \u2013le dijo el agente que le tom\u00f3 la declaraci\u00f3n. Despu\u00e9s se fue al hospital y finalmente a la morgue. As\u00ed Marina comenz\u00f3 el ritual que le marcar\u00eda la vida.<\/p>\n<p>En su recorrido fue parando ante cada persona que encontraba para preguntar por su hijo, con sus alas variopintas subi\u00f3 del Castillo de la Polic\u00eda por la Calle de la Amargura, en la que cada Semana Santa pasan las procesiones, viviendo su propio viacrucis, sin espectadores, sin cantos, sin penitencias de otros, hasta el mercado Central. Esa noche su cuarto fue un abismo. Esa noche, la cuarta sin el muchacho, la visitaron los bichos.<\/p>\n<p>\u2014Te vas a morir, vieja puta, por andar de bocona, callate o te vamos a partir en pedacitos y te vamos a dar de hartar a los perros \u2013amenaz\u00f3 una voz tras la puerta\u2013. Marina se hundi\u00f3 en el rinc\u00f3n m\u00e1s oscuro de su habitaci\u00f3n, arropada solo por la luz de la vela.<\/p>\n<p>Llegaron un par de veces m\u00e1s, pero con los d\u00edas fue cesando el acoso, los bichos terminaron comprendiendo que no val\u00eda la pena gastar plomo en una vieja a la que nadie iba a escuchar.<\/p>\n<p>Al ingeniero, un forense que coleccionaba fotos de desaparecidos y que trataba de ayudar a madres como ella, lo conoci\u00f3 cuando agreg\u00f3 los cementerios clandestinos que los bichos van dejando a la cam\u00e1ndula de sitios que visita para dar con su muchacho.<\/p>\n<p>El forense la cit\u00f3 en las cercan\u00edas del cerro de San Jacinto. Marina llega hasta una pronunciada cuesta, en el lugar conoce m\u00e1s a fondo la barbarie, el miedo la deja y la posee el dolor. All\u00ed cree reconocer unos zapatos, una camisa, un escapulario. El ingeniero le toma muestras, le da una contrase\u00f1a, le pide que tenga fe, que aguarde los resultados.<\/p>\n<p>Marina baja del cerro por la Santa Marta y hace se\u00f1as a un autob\u00fas, este para varios metros adelante, Marina trata de caminar r\u00e1pido para subirse por la puerta trasera, siente que en ese esfuerzo se le va la vida.<\/p>\n<p>Se deshace de sus alas, las mete en unas bolsas, coloca su carga en un asiento. Camina por el pasillo del viejo bus, paga los 20 centavos y cuando trata de regresar ve, con el rabillo del ojo, una camisa blanca con el cuello curtido, un olor agrio le penetra la nariz, es la mezcla de un perfume barato de lavanda y el sudor del d\u00eda. Todo es tan familiar.<\/p>\n<p>Un joven habla por tel\u00e9fono, la voz hace que los ojos se le empa\u00f1en a Marina, ruedan m\u00e1s l\u00e1grimas por su rostro, le toca el hombro.<\/p>\n<p>\u2014Perdone, madre, creo que se ha equivocado \u2013le dice el pasajero tras mirarla por unos segundos y entender la mueca de su rostro.<\/p>\n<p>\u2014Perd\u00f3neme usted, lo confund\u00ed con alguien m\u00e1s \u2013contesta ella y vuelve a su asiento sabiendo que a estas alturas su muchacho posiblemente no tenga retorno.<\/p>\n<p>Marina llega a su cuarto, se sienta a la orilla de su cama, descarga el llanto acumulado. Se asegura de que la vela est\u00e9 bien encendida, toma el retrato de su hijo, lo besa, se recuesta y trata de dormir.<\/p>\n<p>La canci\u00f3n que son\u00f3 en el local de la Charlotte vuelve a ella, le resuena en la memoria como ese d\u00eda: &#8220;Si es que te marchas, paloma blanca, alza tu vuelo poquito a poco, ll\u00e9vate mi alma bajo tus alas y dime adi\u00f3s a pesar de todo&#8221;.<\/p>\n<p>Un fuerte viento entra por la ventana, la llama flaquea, las gruesas facciones del rostro del chico comienzan a desaparecer en la penumbra junto a la silueta de su madre acostada. La mariposa se marchita, la oscuridad se come todo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5327\" style=\"width: 1920px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"5327\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/el-territorio-del-cipres\/fsep03032019cuento3\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3.jpg\" data-orig-size=\"1920,1080\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep03032019cuento3\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana&lt;\/p&gt;\n\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-300x169.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-1024x576.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-5327\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1080\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3.jpg 1920w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-300x169.jpg 300w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-768x432.jpg 768w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-1900x1069.jpg 1900w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-1200x675.jpg 1200w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-500x281.jpg 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-1000x563.jpg 1000w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/fsep03032019cuento3-700x394.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustraci\u00f3n de Moris Aldana<\/figcaption><\/figure>\n<hr \/>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"ppJHfEzpEn\"><p><a href=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/el-territorio-del-cipres-cuento-ii\/\">\u201cEl territorio del cipr\u00e9s\u201d &#8211; cuento II<\/a><\/p><\/blockquote>\n<iframe class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/el-territorio-del-cipres-cuento-ii\/embed\/#?secret=ppJHfEzpEn\" data-secret=\"ppJHfEzpEn\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;\u201cEl territorio del cipr\u00e9s\u201d &#8211; cuento II&#8221; &#8212; S\u00e9ptimo Sentido\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl territorio del cipr\u00e9s\u201d es una antolog\u00eda narrativa que re\u00fane el trabajo de ocho personas. \u201cEl Taller Literario Palabra y Obra empez\u00f3 en 2013, en la cafeter\u00eda del Teatro Nacional de San Salvador. 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