{"id":5227,"date":"2019-02-10T00:10:57","date_gmt":"2019-02-10T06:10:57","guid":{"rendered":"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/?p=5227"},"modified":"2019-02-10T01:01:18","modified_gmt":"2019-02-10T07:01:18","slug":"vivir-en-comunidad-y-sin-escrituras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/vivir-en-comunidad-y-sin-escrituras\/","title":{"rendered":"Vivir en comunidad y sin escrituras"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_5228\" style=\"width: 1920px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"5228\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/vivir-en-comunidad-y-sin-escrituras\/fsep10022019fzcon05a\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a.jpg\" data-orig-size=\"1920,1080\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep10022019fzcon05a\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Comunidades sin escrituras&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Comunidades sin escrituras&lt;\/p&gt;\n\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-300x169.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-1024x576.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-5228\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1080\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a.jpg 1920w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-300x169.jpg 300w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-768x432.jpg 768w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-1900x1069.jpg 1900w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-1200x675.jpg 1200w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-500x281.jpg 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-1000x563.jpg 1000w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon05a-700x394.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Comunidades sin escrituras<\/figcaption><\/figure>\n<p>&#8220;Yo perd\u00ed mi clientela por tener mi casa. Me toc\u00f3 trabajar como hombre y me da\u00f1\u00e9 mis rodillas&#8221;, comienza a contar Ana Miriam, de 75 a\u00f1os. Esta tarde explica que todo el esfuerzo f\u00edsico ahora ya le pasa factura. A pesar de eso est\u00e1 contenta frente a la fachada de una casa que ella ayud\u00f3 a construir con sus manos.<\/p>\n<p>Ana Miriam es una de las fundadoras de la Asociaci\u00f3n de Cooperativa de Vivienda del barrio San Esteban en el Centro Hist\u00f3rico de San Salvador (ACOVIVAMSE). Paga $60 mensuales y tuvo voz y voto en la forma de construcci\u00f3n de su casa. Col\u00f3 arena, puso ladrillos y tambi\u00e9n fue vigilante nocturno cuando la obra estaba en construcci\u00f3n.<\/p>\n<p>No termin\u00f3 la escuela y se ocup\u00f3 de criar a sus hijos en un mes\u00f3n con la ganancia de una venta de comida. Ahora, con sus hijos ya grandes y la familia aumentada, sigue con su vida de comerciante. A su lado tiene un carrito de dulces y galletas. Se le ve cansada, pero pronto saldr\u00e1 a ofrecer sus productos. Esta vez no tendr\u00e1 que ir lejos. Ahora vende sus golosinas frente al port\u00f3n de la comunidad en la que vive desde hace seis a\u00f1os.<\/p>\n<p>La comerciante vive en un condominio con fachada amarilla, calles limpias y plantas cuidadas en el barrio San Esteban del Centro Hist\u00f3rico de San Salvador. El condominio es todo lo opuesto a la realidad de afuera: paredes grises, basura en la calle y humo por doquier.<\/p>\n<p>Antes viv\u00eda en un mes\u00f3n en el que ten\u00eda que levantarse antes de que amaneciera para poder ba\u00f1arse sin tener que hacer una gran fila en los ba\u00f1os comunales. Ese mes\u00f3n era lo \u00fanico que pod\u00eda pagar con lo que ganaba de vender comida. Una vez \u2013cuenta en esta tarde de diciembre\u2013 intentaron expulsar a los inquilinos de ese mes\u00f3n. Los inquilinos protestaron y resistieron. Estaba construido con puras l\u00e1minas, pero era su hogar, dice.<\/p>\n<p>Frente a la casa de concreto en la que ahora vive, sembr\u00f3 una rosa. Hoy no se preocupa m\u00e1s por un posible desalojo. Aunque no tiene escrituras de la propiedad de esta casa, tiene derecho a vivir ac\u00e1, y luego sus hijos heredar\u00e1n ese beneficio. La rosa ya dio 10 botones rojos.<\/p>\n<p>La cooperativa aglutina a 40 grupos familiares. Ninguna de esas familias tiene escritura propia de su casa. Nadie puede vender, alquilar o hipotecar estas peque\u00f1as viviendas de dos plantas. Pero ese no es problema entre los vecinos. En esta comunidad todos aceptaron construir bajo estos acuerdos. Como resultado, tienen una propiedad colectiva.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p><strong>Un oasis en San Esteban<\/strong><\/p>\n<p>Un grupo de ni\u00f1os juega f\u00fatbol en la cancha del complejo habitacional. Frente a ellos, dos ni\u00f1os hablan. De lejos, parece una conversaci\u00f3n seria y para ellos lo es. S\u00e1nder, de 11 a\u00f1os; y Zaila, de nueve, hablan de los regalos que les gustar\u00eda recibir. \u00c9l quiere un tel\u00e9fono y ella, una tableta. S\u00e1nder es nieto de Ana Miriam y tiene un vago recuerdo del mes\u00f3n en el que viv\u00eda antes con su familia. Lo que m\u00e1s le disgustaba era que el patio era muy chiquito para jugar.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os siguen con su pl\u00e1tica y el sol empieza a ocultarse en San Salvador. De la vida ca\u00f3tica del centro, el tr\u00e1fico de los buses y las ventas, los divide solo un port\u00f3n que, por regla, debe permanecer cerrado. La seguridad del lugar depende de todos.<\/p>\n<p>El Centro Hist\u00f3rico de San Salvador es un lugar controlado por pandillas. Los comerciantes deben pagar extorsi\u00f3n y es com\u00fan leer noticias de cad\u00e1veres que se encuentran en los alrededores de la zona. Durante estos seis a\u00f1os de habitar el complejo de viviendas, los cooperativistas afirman que no han tenido problemas con ninguna pandilla. El complejo se ha convertido en un oasis para los ni\u00f1os que a\u00fan pueden salir a jugar a los pasajes.<\/p>\n<p>&#8220;La inseguridad ha modificado la estructura de gastos familiares y las preferencias de la poblaci\u00f3n, que aspira a vivir en lugares seguros&#8221;, sostiene la Pol\u00edtica Nacional de Vivienda de El Salvador. Pero no solo eso, la inseguridad disminuye &#8220;las posibilidades de muchas familias de acceder a una vivienda&#8221;. Por ejemplo, el alquiler de una casa peque\u00f1a en una colonia con altos \u00edndices de criminalidad en Soyapango puede llegar a costar $40 mensuales. Mientras que el alquiler de una casa con caracter\u00edsticas similares en una zona sin alta criminalidad, cuesta \u2013como m\u00ednimo\u2013 $200.<\/p>\n<p>En ACOVIVAMSE viven personas que se enfrentaron a ese problema durante a\u00f1os viviendo en un mes\u00f3n. La asociaci\u00f3n se fund\u00f3 en 2007, conformada en su gran mayor\u00eda por jefas de hogar de la zona del Centro Hist\u00f3rico. Ellas se reunieron, fueron capacitadas, gestionaron ayudas y lograron conseguir el terreno en el que ahora viven. Con cooperaci\u00f3n internacional obtuvieron un financiamiento para construir sus casas y ahora se encuentran pag\u00e1ndolo. Como lo hicieron con sus propias manos, lograron reducir los costos. Terminar\u00e1n de pagar la construcci\u00f3n dentro de 14 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero la cooperativa no termina una vez se construyen las casas. Ahora, seis a\u00f1os despu\u00e9s, se encuentran en la fase de la convivencia. Cada uno de los asociados tiene responsabilidades y es parte de un comit\u00e9 dise\u00f1ado para que la coexistencia funcione.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed los asociados tienen normas: est\u00e1 reglamentado que, por cada casa, solo pueden vivir cuatro personas, tampoco se pueden tener perros y los vecinos deben participar en la limpieza y el cuido de un \u00e1rea com\u00fan. Adem\u00e1s, hay un convivio mensual para que los ni\u00f1os miren pel\u00edculas animadas. Tambi\u00e9n se realizan excursiones en comunidad y no se permiten borrachos en los pasajes. La idea es simple: lograr construir una comunidad que se cuide y respete a s\u00ed misma.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5229\" style=\"width: 1920px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"5229\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/vivir-en-comunidad-y-sin-escrituras\/fsep10022019fzcon16\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16.jpg\" data-orig-size=\"1920,1346\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep10022019fzcon16\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-300x210.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-1024x718.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-5229 size-full\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1346\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16.jpg 1920w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-300x210.jpg 300w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-768x538.jpg 768w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-1024x718.jpg 1024w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-1900x1332.jpg 1900w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-1200x841.jpg 1200w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-500x351.jpg 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-1000x701.jpg 1000w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon16-700x491.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\"><strong>Privilegio econ\u00f3mico<\/strong>. Para muchas familias, comprar una casa que se encuentre en una zona con baja criminalidad es una meta dif\u00edcil de alcanzar.<\/figcaption><\/figure>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p><strong>Cuando la propiedad es colectiva<\/strong><\/p>\n<p>&#8220;Se puede invertir $10 mil para hacer una casa o invertir $10 mil para formar a 100 cooperativistas que demandar\u00e1n una pol\u00edtica p\u00fablica y har\u00e1n 500 casas. Como cooperaci\u00f3n internacional, no vamos a construir viviendas, vamos a generar las condiciones para que autogestionen con el Estado, con la municipalidad o con otra cooperaci\u00f3n&#8221;, empieza por explicar M\u00f3nica Hern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>Hern\u00e1ndez es la coordinadora regional de Vivienda y H\u00e1bitat de la organizaci\u00f3n We effect, que antes se llamaba Centro Cooperativo Sueco. El modelo cooperativista de vivienda proviene de Suecia y, desde 2003, se empez\u00f3 a trabajar para cimentarlo en El Salvador.<\/p>\n<p>Hasta ahora, en todas las casas que han sido construidas por ayuda mutua, el financiamiento para la tierra y los ladrillos ha venido de otros pa\u00edses. El Estado salvadore\u00f1o no ha invertido, a pesar de que las cooperativas son entes con personer\u00eda jur\u00eddica que garantizan el pago de un posible financiamiento.<\/p>\n<p>Hern\u00e1ndez pone ejemplos de otras cooperativas que han sido financiadas con dinero alem\u00e1n, espa\u00f1ol y sueco. La construcci\u00f3n de estas colonias, considera, ha permitido demostrar que es un modelo que s\u00ed da frutos: &#8220;Esto ha servido para que el Estado salvadore\u00f1o vea que la gente trabaja y ahorra; que se puede organizar y no se roba la plata&#8221;.<\/p>\n<p>Actualmente hay un nuevo proyecto para otras cooperativas del Centro Hist\u00f3rico de San Salvador en el que se ver\u00edan beneficiadas m\u00e1s de 300 familias. &#8220;Lo financiar\u00e1 el Viceministerio de Vivienda con fondos de la cooperaci\u00f3n italiana, pero son fondos de cooperaci\u00f3n bilateral&#8221;, asegura la experta. Esta ser\u00eda la primera ocasi\u00f3n en la que el Estado salvadore\u00f1o invertir\u00eda directamente en cooperativas de este tipo. Pero el posible desembolso para esas 352 familias a\u00fan no ha ocurrido.<\/p>\n<p>Este modelo de construcci\u00f3n se basa en cuatro ejes que cada cooperativa debe asumir. El primero es la autogesti\u00f3n: las personas controlan el proceso de construcci\u00f3n y c\u00f3mo se maneja la comunidad. El segundo es la ayuda mutua, eso se traduce en que los miembros de la cooperativa brindan su tiempo y su mano de obra. El tercer eje es la propiedad colectiva, lo que significa que cada miembro de la cooperativa no puede vender su casa, y as\u00ed protegen el derecho a un espacio digno. El \u00faltimo pilar en que se basan es la asistencia t\u00e9cnica. Cada cooperativa es apoyada por expertos para garantizar la seguridad de sus edificaciones.<\/p>\n<p>&#8220;Pa\u00eds de propietarios. Tener un t\u00edtulo de propiedad es lo que se nos ha vendido, pero a la gente le interesaba resolver su necesidad de tener un espacio en donde vivir. Y no solo ese espacio&#8230; tener una comunidad&#8221;, dice Hern\u00e1ndez, de We Effect.<\/p>\n<p>Que la propiedad sea entendida de manera colectiva, explican algunos miembros de cooperativas, sirve para salvar a las viviendas de sus propios due\u00f1os. Julia Ramos, integrante de la Federaci\u00f3n Salvadore\u00f1a de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FESCOVAM), cuenta que conoce a personas de una comunidad donde &#8220;sali\u00f3 un proyecto de vivienda \u2013bajo otro modelo\u2013 y la gente obtuvo su vivienda, pero \u00bfqu\u00e9 es lo que pas\u00f3? En una necesidad hipotecaron la casa, ya la perdieron y ya se quedaron rebotando&#8221;.<\/p>\n<p>FESCOVAM aglutina a 20 cooperativas de vivienda en El Salvador. De esas 20, solo hay tres que ya tienen la construcci\u00f3n realizada y el resto se encuentra en los procesos de preobra. Es decir, est\u00e1n gestionando financiamientos, permisos y terrenos.<\/p>\n<h4>\u201cEsa tienda no es solo para que puedan generar ingresos, sino que el objetivo fundamental de esa tienda es que las mujeres disminuyan el tiempo que utilizan en hacer las compras y puedan tener m\u00e1s tiempo para participar organizativa y pol\u00edticamente\u201d, explica Hern\u00e1ndez. Dentro de las cooperativas de vivienda, la mayor\u00eda de personas asociadas son mujeres. A escala nacional, de acuerdo con estad\u00edsticas de FESCOVAM, 70 % de sus miembros son jefas de hogar. La mayor\u00eda de ellas se dedica al comercio informal.<\/h4>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p><strong>Lo que surgi\u00f3 del terremoto<\/strong><\/p>\n<p>Tras el terremoto del 13 de enero de 2001, al menos 90 mil viviendas quedaron da\u00f1adas. As\u00ed surgieron varias cooperativas de vivienda que buscaron apoyo a trav\u00e9s del Fondo Nacional de Vivienda Popular de El Salvador (FONAVIPO). La mayor\u00eda de las cooperativas formadas tras la tragedia se disolvi\u00f3 con el tiempo, pero eso no sucedi\u00f3 con una llamada Trece de Enero. Esta cooperativa agrup\u00f3 a 200 familias que buscaron apoyo en la Fundaci\u00f3n Salvadore\u00f1a de Desarrollo y Vivienda M\u00ednima (FUNDASAL). Ah\u00ed recibieron capacitaciones de cooperativismo y administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Seis a\u00f1os despu\u00e9s de haber perdido sus casas, los miembros de la Trece de Enero empezaron la construcci\u00f3n de su nueva comunidad. Para entonces \u2013en 2007\u2013 ya solo quedaban 34 familias dentro de la cooperativa. Decidieron que para hacerla funcionar deb\u00edan dividirse en varios equipos: consejo de administraci\u00f3n y junta de vigilancia; comit\u00e9s de educaci\u00f3n, de trabajo, obra, compras y bodega. Todas las decisiones fueron hechas por personas que hab\u00edan perdido sus casas, que no eran expertas en construcci\u00f3n, pero que hab\u00edan sido capacitadas en el tema.<\/p>\n<p>Trabajar con la premisa de ayuda mutua, permite hacer ahorros &#8220;de hasta el 25 %, seg\u00fan experiencias sistematizadas comparadas con otros modelos de vivienda popular en la regi\u00f3n&#8221;, asegura la organizaci\u00f3n We Effect.<\/p>\n<p>Lo primero que se construy\u00f3 en la Trece de Enero fue un sal\u00f3n comunal para tener un espacio en el que reunirse. A la hora de construir, cada familia deb\u00eda aportar 24 horas semanales de mano de obra, y en la \u00faltima etapa de la construcci\u00f3n se aument\u00f3 a 30 horas semanales, incluyendo turnos nocturnos. Ellos hicieron las zanjas, pusieron ladrillos, colaron la arena y pusieron el techo de sus casas de block. En julio de 2008 pudieron habitar las casas.<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os despu\u00e9s, la comunidad sigue en pie y la cooperativa ha desarrollado negocios para tener dinero propio. Por ejemplo, hay una tienda donde la cooperativa es la due\u00f1a. As\u00ed, las ganancias de las compras quedan dentro de la misma comunidad.<\/p>\n<p>&#8220;Esa tienda no es solo para que puedan generar ingresos, sino que el objetivo fundamental de esa tienda es que las mujeres disminuyan el tiempo que utilizan en hacer las compras y puedan tener m\u00e1s tiempo para participar organizativamente y pol\u00edticamente&#8221;, explica Hern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>Dentro de las cooperativas de vivienda, la mayor\u00eda de personas asociadas son mujeres. A escala nacional, de acuerdo con estad\u00edsticas de FESCOVAM, 70 % de sus miembros son jefas de hogar. La mayor\u00eda de ellas se dedica al comercio informal.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p><strong>La comuna<\/strong><\/p>\n<p>&#8220;Cada vez se ve que la ciudad es m\u00e1s cerrada, hay m\u00e1s muros, hay m\u00e1s razor, hay m\u00e1s portones y me da miedo el vecino de la par y el de enfrente, y yo no quiero que mi hijo crezca as\u00ed. Nosotros todav\u00eda jug\u00e1bamos en la calle. Yo tambi\u00e9n quiero que \u00e9l juegue en la calle&#8221;, dice Sof\u00eda Bonilla en un sal\u00f3n de la Universidad Centroamericana Jos\u00e9 Sime\u00f3n Ca\u00f1as. Alrededor de ella, un ni\u00f1o de un a\u00f1o estrena algunos de sus primeros pasos en el aula y emite sonidos como queriendo imitar a su mam\u00e1.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1 reunido un grupo de personas que forma parte de La Comuna. Hasta ahora, las cooperativas de vivienda han sido una forma de organizarse de aquellas que no pueden acceder a pr\u00e9stamos porque no tienen un trabajo formal. Esto diferencia a La Comuna del resto de cooperativas.<\/p>\n<p>Algunos la llaman &#8220;la cooperativa de profesionales&#8221; y ellos no parecen estar muy c\u00f3modos con el t\u00e9rmino porque aseguran que cualquier persona, profesional o no, est\u00e1 invitada a ser parte del colectivo en esta etapa. Pero lo cierto es una cosa: son la primera cooperativa de vivienda formada por arquitectos, abogados, m\u00fasicos, administradores, fil\u00f3sofos, etc.<\/p>\n<p>El primer acercamiento a este modelo que algunos de ellos tuvieron fue mientras estudiaban. Ah\u00ed conocieron de primera mano que hab\u00edan cooperativas de personas con bajos recursos en las que ellos mismos constru\u00edan sus casas.<\/p>\n<p>As\u00ed fue como Carlos Manzano, arquitecto, se dio cuenta de algo: &#8220;Nosotros como clase media trabajadora tambi\u00e9n somos excluidos de poder acceder a la vivienda&#8221;. \u00c9l se pregunt\u00f3 si era posible retomar el proyecto. Habl\u00f3 con algunos amigos y form\u00f3 un grupo de 10 familias que pretend\u00eda formar una cooperativa. Inicialmente se reunieron en una iglesia.<\/p>\n<p>En 2017, preguntaron al rector de la UCA si era posible que este grupo realizara sus reuniones de planificaci\u00f3n en la universidad. El centro de estudios dijo que s\u00ed bajo la condici\u00f3n de presentar el proyecto de vivienda a la comunidad universitaria. As\u00ed la cooperativa creci\u00f3 hasta tener 40 grupos familiares. Ellos se re\u00fanen los s\u00e1bados para formarse en temas de cooperativismo y entender c\u00f3mo funcionar\u00eda su comunidad de llegarse a construir. Reci\u00e9n en noviembre del a\u00f1o pasado lograron obtener su personer\u00eda jur\u00eddica.<\/p>\n<p>En La Comuna a\u00fan no se tiene definido el espacio donde construir\u00e1n sus casas si consiguen financiamiento, pero tienen una premisa: &#8220;No solamente vamos a construir una casa con tecnolog\u00eda alternativa, sino que tenemos que pensar en c\u00f3mo vamos a construir la sociedad, con m\u00e1s apertura, con disposici\u00f3n a la discusi\u00f3n&#8221;, sostiene Bonilla.<\/p>\n<p>Javier Rodr\u00edguez, miembro de La Comuna, indica que la idea de este proyecto habitacional no es solo construir casas para su propio beneficio. Esperan brindar alg\u00fan servicio a los vecinos que no formen parte de la cooperativa. \u00c9l pone de ejemplo la posibilidad de purificar su propia agua y compartirla con sus eventuales vecinos. &#8220;Creemos que, a trav\u00e9s del modelo cooperativo, podemos tener m\u00e1s incidencia en diferentes problem\u00e1ticas que tiene El Salvador. En cambio, otros de mis amigos solo quieren su casa y hasta ah\u00ed&#8221;.<\/p>\n<h4>\u201cMe cost\u00f3 ambientarme. Yo ya estaba acostumbrada a las champas\u201d, recuerda Ana Miriam antes de salir a vender sus golosinas. Dice que durante los primeros d\u00edas viviendo en la casa que construy\u00f3 se sent\u00eda contenta, pero algo la hac\u00eda sentirse fuera de lugar. Hasta que, poco a poco, se fue acostumbrando a tener m\u00e1s espacio en el que vivir.<\/h4>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<p><strong>La nueva vida en San Esteban<\/strong><\/p>\n<p>&#8220;Me cost\u00f3 ambientarme. Yo ya estaba acostumbrada a las champas&#8221;, recuerda Ana Miriam antes de salir a vender sus golosinas. Dice que durante los primeros d\u00edas viviendo en la casa que construy\u00f3 se sent\u00eda contenta, pero algo la hac\u00eda sentirse fuera de lugar. Hasta que, poco a poco, se fue acostumbrando a tener m\u00e1s espacio en el que vivir.<\/p>\n<p>Ella, solo hasta sus 69 a\u00f1os, pudo obtener un lugar propio y dejar de alquilar una casa de l\u00e1minas en un mes\u00f3n. Ahora est\u00e1 c\u00f3moda en su hogar. Cuenta que no le duele pagar cada vez que llega el fin de mes. Habla con orgullo de c\u00f3mo todos los cables de energ\u00eda van subterr\u00e1neos y se\u00f1ala, contenta, las gradas de algunas casas que construyeron. Luego, sale a vender los dulces al port\u00f3n de su comunidad. Cierra con llave. Adentro, en un lugar seguro, su nieto, S\u00e1nder, corre detr\u00e1s de una pelota.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5230\" style=\"width: 1600px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"5230\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/vivir-en-comunidad-y-sin-escrituras\/fsep10022019fzcon02\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/fsep10022019fzcon02.jpg\" data-orig-size=\"1600,1067\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep10022019fzcon02\" data-image-description=\"&lt;p&gt;En comunidad. 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Las familias realizan convivios tras la construcci\u00f3n. Si alguien desea salirse de la cooperativa y dejar su casa podr\u00e1 recuperar el dinero invertido cuando se sume un nuevo socio que cumpla las reglas del colectivo.<\/figcaption><\/figure>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comprar casa propia es un privilegio tan grande que algunas personas se han organizado para construirlas con sus propias manos. Desde 2003, en El Salvador se ha empezado a gestar un movimiento de cooperativas de vivienda por ayuda mutua. En el pa\u00eds solo el 53 % de los hogares son propietarios del terreno en el que se encuentra su casa. 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