{"id":2518,"date":"2017-12-31T00:10:50","date_gmt":"2017-12-31T06:10:50","guid":{"rendered":"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/?p=2518"},"modified":"2017-12-29T21:35:00","modified_gmt":"2017-12-30T03:35:00","slug":"las-luces-las-crio-salarrue","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/las-luces-las-crio-salarrue\/","title":{"rendered":"Las luces a las que crio Salarru\u00e9"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_2523\" style=\"width: 1920px\"  class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-attachment-id=\"2523\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/las-luces-las-crio-salarrue\/fsep31122017arcsala07\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07.jpg\" data-orig-size=\"1920,955\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep31122017arcsala07\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Hermanas.  Olga (15 de septiembre de 1923-11 de enero de 2004), A\u00edda (1926-1995) y Mar\u00eda Teresa, mejor conocida como Maya (1925-17 de junio de 1995).&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Hermanas.  Olga (15 de septiembre de 1923-11 de enero de 2004), A\u00edda (1926-1995) y Mar\u00eda Teresa, mejor conocida como Maya (1925-17 de junio de 1995).&lt;\/p&gt;\n\" data-medium-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-300x149.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-1024x509.jpg\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-2523\" src=\"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"955\" srcset=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07.jpg 1920w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-300x149.jpg 300w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-768x382.jpg 768w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-1024x509.jpg 1024w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-1900x945.jpg 1900w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-1200x597.jpg 1200w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-500x249.jpg 500w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-1000x497.jpg 1000w, https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala07-700x348.jpg 700w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\"><strong>Hermanas<\/strong>. Olga (15 de septiembre de 1923-11 de enero de 2004), A\u00edda (1926-1995) y Mar\u00eda Teresa, mejor conocida como Maya (1925-17 de junio de 1995).<\/figcaption><\/figure>\n<p>En esta fotograf\u00eda, el ata\u00fad con los restos de Salvador Salazar Arru\u00e9 es escoltado por sus amigos hacia una iglesia. Y junto a ellos est\u00e1 una mujer vestida de monja. Su semblante es sereno e, incluso, parece esforzarse por parecer triste. Se trata de Mar\u00eda Teresa Salazar Lard\u00e9, conocida como Maya Salarru\u00e9, la hija del escritor, quien por esa \u00e9poca ya hab\u00eda regresado de su experiencia en un convento de clausura en Panam\u00e1, donde imparti\u00f3 clases de dibujo.<\/p>\n<p>La foto decora una de las paredes de la Casa del Escritor, en Los Planes de Renderos. La propiedad fue comprada por el gobierno de Francisco Flores al albacea del autor, Ricardo Aguilar, en 2003. Decidieron convertirla en esa instituci\u00f3n que est\u00e1 a punto de cumplir 14 a\u00f1os. Ahora tambi\u00e9n hay una especie de peque\u00f1o museo con papeles relacionados con el artista.<\/p>\n<p>\u201cEn esta casa, Villa Monserrat, vivi\u00f3 nuestro poeta, escritor, pintor, escultor y m\u00fasico Salvador Salazar Arru\u00e9\u201d, dice la placa colocada a la entrada del inmueble. Esta no habla de las mujeres (su esposa y sus tres hijas) que lo acompa\u00f1aron en su d\u00eda a d\u00eda en sus momentos de mayor fecundidad creativa, incluso cuando \u201cCuentos de barro\u201d y \u201cCuentos de cipotes\u201d, sus dos libros fundacionales, todav\u00eda no hab\u00edan salido de sus manos. No habla de Zeli\u00e9 Lard\u00e9, parte de una familia de intelectuales que marcaron el rumbo de las ideas en el pa\u00eds comandados por su hermano mayor, el hombre orquesta Jorge Lard\u00e9 Arthes, en la que tambi\u00e9n estaban incluidos hermanos ilustres como la poetisa Alice Lard\u00e9 de Venturino y el m\u00e9dico Carlos Lard\u00e9. No habla de los tres reto\u00f1os de esta relaci\u00f3n, Mar\u00eda Teresa (Maya), Olga y A\u00edda, quienes compart\u00edan con sus padres un mundo de arte.<\/p>\n<p>Sin embargo, en la sala m\u00e1s grande de esta casa, conviviendo con los libros de varios autores, est\u00e1 una exposici\u00f3n llamada \u201cLas mujeres Salarru\u00e9\u201d, conformada por poco m\u00e1s que algunas fotograf\u00edas y afiches facilitadas por el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI). Aqu\u00ed el visitante puede conocer a las personas que constituyeron el entorno m\u00e1s \u00edntimo del autor, uno que rebosaba de creatividad. Se hace aunque sea con pocos elementos, que combinan datos con notas de color.<\/p>\n<p>De A\u00edda, la menor de todas, se dice que pod\u00eda escuchar los pensamientos ajenos, lo que combinaba con sus habilidades para la ilustraci\u00f3n y el dise\u00f1o de vestuario. Y de Olga, la mayor y \u201cla m\u00e1s intelectual\u201d, que ten\u00eda la facilidad de salir de su cuerpo en viajes astrales con \u201csolo dar un brinquito\u201d. De seguro esos candorosos aportes fueron dados por Ricardo Aguilar, el albacea de Salarru\u00e9, quien habla de especies parecidas como si de hechos comprobados se tratara. Pero esto se queda corto para el trabajo de a\u00f1os de estas mujeres, uno que todav\u00eda hoy solo se conoce de manera parcial perdido entre decenas de colecciones privadas, incluso las que pertenecen a sus descendientes, quienes viven en el exterior.<\/p>\n<p>El \u00fanico legado accesible a todo el p\u00fablico de las mujeres en la vida de Salarru\u00e9 descansa ahora en el archivo del MUPI y en las colecciones donadas al MARTE. Se trata de una obra que, a pesar de estar rasgada por el estigma de lo inacabado, da muestras de inquietudes art\u00edsticas tan marcadas como las del autor de \u201cCuentos de cipotes\u201d.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\">***<\/h1>\n<p><strong>EL MUSEO DE LA PALABRA<\/strong> y la Imagen es la instituci\u00f3n que ahora se encarga de la conservaci\u00f3n del legado de Salarru\u00e9 y de su familia. Y esto no es una cuesti\u00f3n de elecci\u00f3n, es un destino que le toc\u00f3 al ser una de las pocas organizaciones dedicadas a la conservaci\u00f3n de material hist\u00f3rico. En pocas palabras, hace lo que en un mundo ideal le corresponder\u00eda al Estado.<\/p>\n<p>Este les fue entregado en 2003 por el albacea de Salarru\u00e9, Ricardo Aguilar, quien d\u00e9cadas antes descubri\u00f3 que las cosas creadas por su amigo y por su familia, aquellas que no se hab\u00edan vendido a particulares, estaban a punto de perderse en la casa de Los Planes de Renderos donde reposaban. La \u00fanica que viv\u00eda ah\u00ed era una Maya agotada por los a\u00f1os y la soledad. Dentro, las polillas y la humedad hac\u00edan su trabajo.<\/p>\n<p>La casa sufri\u00f3 da\u00f1os en su infraestructura en 1986, cuando el terremoto que asol\u00f3 al pa\u00eds no le tuvo piedad. Tras eso, en la \u00e9poca de las lluvias la casa era una suma de cataratas. Los lugare\u00f1os del sitio comentan que la \u00fanica ayuda que recibi\u00f3 la artista en los a\u00f1os de soledad antes de su muerte, en 1995, fue la visita de extra\u00f1os, que le compraban uno que otro cuadro, \u201cde Salarru\u00e9 y de ellas mismas\u201d, a cambio de unos pocos billetes. Los mismos, ahora, forman parte de colecciones privadas.<\/p>\n<p>\u201cAh\u00ed se perdi\u00f3 m\u00e1s de la mitad, hermano, en el deterioro. Cuadros, manuscritos, correspondencia, ilustraciones\u2026 sobre todo de Maya, A\u00edda y Olga. Es una pena, nunca tendremos realmente una imagen de la altura de sus posibilidades\u201d, dice Aguilar en su casa de San Salvador, acompa\u00f1ado de sus propios cuadros.<\/p>\n<p>Ahora el MUPI posee un cat\u00e1logo que, solo hablando de Zeli\u00e9 y sus hijas, alcanza las 25 pinturas, m\u00e1s de un centenar de ilustraciones (sobre todo de Maya) y una inesperada colecci\u00f3n de canciones, de las que, sin embargo, la m\u00fasica se ha perdido en el tiempo. Tambi\u00e9n de otro tipo de trabajos, como vestimenta de mu\u00f1ecas o peque\u00f1as esculturas. Muestra de una creatividad que no estaba hecha para quedarse quieta.<\/p>\n<p>De lo poco que se conserv\u00f3 de ese material que reposaba en la casa de Los Planes de Renderos, sin embargo, pueden sacarse en limpio algunas caracter\u00edsticas. La m\u00e1s conocida quiz\u00e1 sea la madre, la que es considerada como una de las iniciadoras de la pintura primitivista en El Salvador, tal como lo recoge Astrid Bahamond Panam\u00e1, historiadora y cr\u00edtica de arte, en su libro \u201cProcesos del arte en El Salvador\u201d.<\/p>\n<p>Aunque sus cuadros no posean una t\u00e9cnica depurada, y m\u00e1s bien sean abundantes en l\u00edneas gruesas y colores puros, fue su sensibilidad para representar los coloridos paisajes de la vida cotidiana campesina salvadore\u00f1a, esa siempre olvidada, la que le asegur\u00f3 un lugar en lo mejor del proceso de la pintura en el pa\u00eds. Una especie de perfecta expresi\u00f3n pict\u00f3rica de los \u201cCuentos de cipotes\u201d de su esposo.<\/p>\n<p>\u201cCon esto, la creaci\u00f3n femenina es vanguardia del arte considerado no acad\u00e9mico con el cual Zeli\u00e9 se\u00a0adelantar\u00e1 a las apropiaciones del arte popular hacia el \u2018arte mayor\u2019, propias del primitivismo de los setenta\u201d, afirma Bahamond en su libro, en referencia a un trabajo que se remonta a la d\u00e9cada de los treinta.<br \/>\nSu hija Maya tom\u00f3 el testigo de ese arte primitivista, seg\u00fan Tania Preza, del MUPI, con la intenci\u00f3n de ganar dinero a trav\u00e9s del arte. A diferencia de su madre, era due\u00f1a de una mano educada, que lo mismo flu\u00eda en el c\u00f3mic como en la pintura surrealista.<\/p>\n<p>Muestra de la primera de las tendencias es una exposici\u00f3n abierta al p\u00fablico en el MUPI. Casi dos docenas de cuadros llenos de colores, de \u00e1rboles que bien podr\u00edan ser maquilishuat o de fuego, retratan la vida campesina en pocas pinceladas. Ah\u00ed est\u00e1n contenidas costumbres que resultan incomprensibles para el salvadore\u00f1o actual, que se sorprende con formas que, a pesar de verse llenas de vida, se han perdido en el olvido.<\/p>\n<p>Tania Preza es una de las principales entusiastas del trabajo de las Salazar Lard\u00e9 y una de las responsables de que su trabajo se est\u00e9 volviendo cada vez m\u00e1s conocido. En esta tarde de finales de enero, da una mirada a la exposici\u00f3n que el sitio donde trabaja ahora tiene sobre Maya. Mira con cari\u00f1o los colores y las formas, pero invita a no dejarse enga\u00f1ar por esos golpes de ternura.<br \/>\n\u201cFijate, la mayor\u00eda de ni\u00f1os y adultos aparecen descalzos, con ropas ra\u00eddas. Parecen contentos, pero algo todav\u00eda no termina de completar la alegr\u00eda. Es una espl\u00e9ndida cr\u00edtica social de la \u00e9poca vestida de arte primitivo\u201d, comenta Preza.<\/p>\n<p>Maya tambi\u00e9n fue la elegida para ilustrar una de las ediciones m\u00e1s famosas de \u201cCuentos de cipotes\u201d de su padre y varios libros de otros autores, especialmente aquellos de Claudia Lars relativos a temas de nostalgia e infancia. La escritora armeniense elogi\u00f3 la sensibilidad de Maya, capaz de darle fijeza pl\u00e1stica a un mundo lleno de sue\u00f1os e incertidumbre, propio de los ni\u00f1os.<br \/>\nDe Mar\u00eda Teresa tambi\u00e9n se pudieron rescatar muestras de sus c\u00f3mics. El m\u00e1s completo quiz\u00e1 sea el titulado \u201cDick Turpin\u201d, personaje para el que cre\u00f3 varias entregas. La ilustraci\u00f3n est\u00e1 dise\u00f1ada en blanco y negro. Quiz\u00e1 sea una representaci\u00f3n de ese aventurero del esp\u00edritu que fue su padre.<\/p>\n<p>En el c\u00f3mic, Dick se esconde de la ley en la fortaleza en la que vive su amigo, Moscarda, quien se hace pasar por una mujer para distraer a las autoridades, que no cejar\u00e1n en su intento por atrapar al h\u00e9roe. Este, agazapado en su escondite, no est\u00e1 a salvo, pues en la m\u00edstica casa habita un monstruo dispuesto a convertirlo en su cena.<\/p>\n<p>La escena de la pelea y aquella donde Moscarda logra deshacerse de las fuerzas de la autoridad bas\u00e1ndose en la astucia est\u00e1 resuelta en apenas seis cuadros llenos de acci\u00f3n, que se asemejan a los c\u00f3mics de superh\u00e9roes norteamericanos de la \u00e9poca, todo un reto para una mujer que estuvo apenas unos meses en Nueva York para convivir con esa cultura. Las ilustraciones, en apariencia juveniles, tambi\u00e9n contienen algunos despliegues de su t\u00e9cnica, como aquellas donde las acciones se reflejan en espejos o en el agua del suelo. Parte de estos trabajos tuvieron un corto tiempo de exhibici\u00f3n en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) el a\u00f1o pasado, en un especial dedicado, precisamente, a la ilustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>De Olga y A\u00edda es de quienes menos trabajos perdonaron las polillas y la humedad en Los Planes de Renderos. Sin embargo, en los pocos cuadros salidos de sus manos se percibe la b\u00fasqueda de la creaci\u00f3n de un mundo propio, que bebe de lo realizado por su padre, pero que se atreve a volar con sus propias alas.<\/p>\n<p>A la autor\u00eda de Olga pertenece el \u00f3leo sobre tela \u201cDance of the Silence\u201d. El blanco y negro conforman un paisaje sombr\u00edo, al que parece que se avecina el incendio o la cat\u00e1strofe. Ah\u00ed, en medio del bosque, del mismo color de los \u00e1rboles, un s\u00e1tiro joven espera pacientemente su destino tocando la flauta ante las ra\u00edces que se pierden en la nada del negro puro.<\/p>\n<p>De A\u00edda, quien dedic\u00f3 su vida m\u00e1s al dise\u00f1o de vestimenta para teatro, primero en El Salvador y luego en M\u00e9xico, donde fij\u00f3 su residencia al casarse, el MUPI posee dos pinturas, en las que el influjo de su padre es m\u00e1s poderoso que en sus dos hermanas. As\u00ed lo muestra el retrato de un personaje andr\u00f3gino, blanco como la leche pero cubierto en la mitad de su rostro por una sombra que no parece venir desde el exterior, sino desde su propio ser. Recuerda a obras igualmente ambiguas que est\u00e1n entre lo mejor de la producci\u00f3n de Salarru\u00e9, entre las que se encuentra \u201cLa monja blanca\u201d, aquella figura donde el t\u00edtulo parece describir menos a su protagonista (de cara achinada y siniestra) que a la flor que toma entre las manos.<\/p>\n<p>Si bien hay noticia de que alguna vez las hermanas expusieron de manera conjunta en la Galer\u00eda Nacional de Arte en las d\u00e9cadas de los cincuenta y sesenta, solo Maya y Zeli\u00e9 han formado parte de una muestra en un museo en los \u00faltimos a\u00f1os. Incluso ahora se puede ir a contemplar parte de su trabajo al MARTE, pues tres pinturas de cada una forman parte de la colecci\u00f3n privada de la familia Borja, donada recientemente a la instituci\u00f3n. Ah\u00ed comparten espacio con algunos de los artistas m\u00e1s importantes del pa\u00eds, como Valero Lecha y Carlos Ca\u00f1as.<\/p>\n<p>\u201cEn lo poco que tenemos de ellas podemos ver el trabajo de artistas que destacan por sus propios m\u00e9ritos. Quiz\u00e1 han sido eclipsadas por una figura tan importante como Salarru\u00e9, quiz\u00e1 el artista m\u00e1s integral que ha dado nuestro pa\u00eds. En la medida en que vayamos teniendo m\u00e1s obras de ellas, ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil montar algo dedicado, en exclusiva, a ellas\u201d, comenta Rafael Alas, director de Programaci\u00f3n del MARTE.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<figure id=\"attachment_2522\" style=\"width: 650px\"  class=\"wp-caption alignleft\"><img data-attachment-id=\"2522\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/las-luces-las-crio-salarrue\/fsep31122017arcsala03621\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala03621.jpg\" data-orig-size=\"650,999\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep31122017arcsala03621\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Las menores.  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A\u00edda y Mar\u00eda Teresa Salazar Lard\u00e9 posan junto a su padre en una foto conservada por el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI).<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>\u201cS\u00cd, FUE UNA VIDA LINDA<\/strong>, dolorosa en cierta parte, pero linda, me dej\u00f3 tanto, aprend\u00ed tanto de pap\u00e1 y mam\u00e1. Estar\u00e9 siempre agradecida por eso, por haber nacido en la tierra de El Salvador, que era tan linda cuando yo era ni\u00f1a, y de haber nacido en esa familia\u201d, dijo Olga Salarru\u00e9, la \u00faltima de las hermanas que sobrevivi\u00f3, en una entrevista dada a Carlos Henr\u00edquez Consalvi en 2003, un a\u00f1o antes de su muerte, en Nueva Jersey, Estados Unidos, la ciudad donde vivi\u00f3 sus \u00faltimos d\u00edas.<\/p>\n<p>Las palabras de Olga resumen una paradoja, la magia y las complicaciones de pertenecer a una familia que viv\u00eda para el arte. De los ensue\u00f1os hay m\u00faltiples ejemplos en lo que posee el Museo de la Palabra y la Imagen, como aquellas candorosas cartas que las hijas le escrib\u00edan al padre durante sus estancias lejos de casa. Ah\u00ed hablan de sue\u00f1os, visiones y de las obras literarias que Salarru\u00e9 publicaba, como \u201c\u00cdngrimo\u201d, una historia agridulce de la que las j\u00f3venes hablaban, sin embargo, en clave de comedia. En otras cartas tambi\u00e9n se habla de peticiones de dinero de Zeli\u00e9 o de las j\u00f3venes a su padre, las que no son satisfechas en el corto plazo.<\/p>\n<p>La muestra m\u00e1s palpable de una cotidianidad llena de creaci\u00f3n la conforman los cuatro cuadernos de canciones compuestas por los cinco miembros de la familia Salarru\u00e9, de los que hay varias copias manuscritas, como si se hubieran encargado de que cada uno tuviera el suyo adonde quiera que fuera.<\/p>\n<p>En cada uno de ellos se escrib\u00eda la portada \u201cLibro de canciones\u201d, que se acompa\u00f1aba de las palabras \u201cEscritas por los Salarru\u00e9, con m\u00fasica de los mismos\u201d. Luego se explicaba que cada pieza estaba firmada por una sola letra correspondiente a la inicial de cada nombre y se hac\u00eda constar que la m\u00fasica era del mismo autor de los versos.<\/p>\n<p>Los temas son variados, van desde enso\u00f1aciones medievales hasta retratos de la vida vista en Panchimalco o en las inmediaciones de Los Planes de Renderos, como en la canci\u00f3n \u201cIndio callado\u201d, de Zeli\u00e9: \u201cMi indio callado,\/ que rompes el surco\/ para que la vida\/ brote luego de \u00e9l,\/ tiene tu mirada\/ toda la tristeza,\/ de la raza antigua\/ de un lejano ayer\u201d. En la suma de los vol\u00famenes se alcanza la sorprendente cantidad de 500 canciones de extensi\u00f3n variada, una muestra de una incesante actividad que se extendi\u00f3 por a\u00f1os, quiz\u00e1 desde que las muchachas comenzaban a aprender sus primeras palabras.<\/p>\n<p>La m\u00fasica que acompa\u00f1aba a las letras ahora est\u00e1 en el terreno de lo irrecuperable. Nadie sabe c\u00f3mo sonaban, pues el sistema con el que se escrib\u00eda era una solfa creada por el mismo Salarru\u00e9 y su familia con caracteres num\u00e9ricos. Ah\u00ed apenas se indica qu\u00e9 instrumentos se utilizar\u00edan. Como si la familia quisiera tener en secreto esos sonidos, para disfrutarlos en el l\u00edmite de su casa. Solo en tres piezas no ha pasado eso, pues Ricardo Aguilar logr\u00f3 que Maya se las interpretara y quedaran grabadas en un casete. Entre ellas estaba \u201cCuando yo muera\u201d, canci\u00f3n que han versionado varios trovadores salvadore\u00f1os.<\/p>\n<p>Era, por lo tanto, un mundo donde la expresi\u00f3n se convert\u00eda en una actividad tan com\u00fan como respirar. Por ello tanto hijas como esposa compartieron la integralidad que hace de Salarru\u00e9 el artista m\u00e1s prol\u00edfico de El Salvador, a\u00fan por encima de Francisco Gavidia, quien, a pesar de contar con una bibliograf\u00eda m\u00e1s amplia, no entr\u00f3 en los terrenos que el sonsonateco hizo suyos.<br \/>\nLa paradoja est\u00e1 en el otro lado, en el de una infancia dura, llena de limitaciones en algunas \u00e9pocas, a pesar de que Salarru\u00e9 era uno de los artistas m\u00e1s importantes de la \u00e9poca. En una entrevista concedida a esta revista en 2015 sobre la figura de Alicia Lard\u00e9 de Nash, prima de las muchachas, Ricardo Aguilar, el albacea de Salarru\u00e9, comparaba la figura de esta con la de su t\u00eda Zeli\u00e9.\u201cLas dos<\/p>\n<p>eran mujeres muy fuertes y sin ellas, salvando las distancias, cada genio en particular no ser\u00eda lo que es\u201d, asegur\u00f3 entonces. Ahora, en su casa de San Salvador, Aguilar sostiene que fue a Zeli\u00e9 a quien le toc\u00f3 ser la piedra de sost\u00e9n en esa casa, representar la parte pr\u00e1ctica de la vida, como pagar las cuentas y asegurar el sustento de ella misma, Salarru\u00e9 y sus hijas, al menos hasta que estas volaron con sus propias alas. El autor de \u201cO-Yarkandal\u201d nunca aprovech\u00f3 su fama para enriquecerse o, siquiera, asegurarle una vida f\u00e1cil a los suyos todo el tiempo.<\/p>\n<h4>Un d\u00eda de tantos, la familia no ten\u00eda dinero para comprar comida cuando viv\u00edan en un cuarto dentro del caser\u00f3n de la Cruz Roja, ubicado en el mismo lugar donde est\u00e1 ahora, en el Centro de Gobierno de San Salvador. Entonces, Salarru\u00e9 tom\u00f3 una medida que, para ojos comunes, puede rayar en la crueldad: tom\u00f3 sus pinceles y les dibuj\u00f3 alimentos en los platos vac\u00edos, en un momento donde la imaginaci\u00f3n no pod\u00eda sustituir a la sobrevivencia.<\/h4>\n<p>Aguilar rememora algunas an\u00e9cdotas a prop\u00f3sito de lo anterior y dibuja a un Salarru\u00e9 acaso demasiado desprendido: \u201cSi \u00e9l, por ejemplo, hab\u00eda vendido un cuadro por 200 colones y usted se lo encontraba por la calle para decirle que le prestara 50, \u00e9l se los daba, a pesar de que su familia los necesitara. Tambi\u00e9n no dejaba de llevar una gran cantidad de dulces para los ni\u00f1os que viv\u00edan alrededor de su casa\u201d, comenta el pintor, en una versi\u00f3n que es apoyada por otros autores que conocieron al artista.<\/p>\n<p>Luego recuerda otras cosas, como las historias contadas por Olga en sus encuentros en El Salvador relativas a la \u00e9poca en que ella y sus hermanas eran ni\u00f1as. Una, en la que afirma que, un d\u00eda de tantos, la familia no ten\u00eda dinero para comprar comida cuando viv\u00edan en un cuarto dentro del caser\u00f3n de la Cruz Roja, ubicado en el mismo lugar donde est\u00e1 ahora, en el Centro de Gobierno de San Salvador. Entonces, Salarru\u00e9 tom\u00f3 una medida que, para ojos comunes, puede rayar en la crueldad: tom\u00f3 sus pinceles y les dibuj\u00f3 alimentos en los platos vac\u00edos, en un momento donde la imaginaci\u00f3n no pod\u00eda sustituir a la sobrevivencia.<\/p>\n<p>U otra m\u00e1s, cuando sub\u00edan al techo de dicho cuarto, rodeado de terrenos todav\u00eda agrestes. Ah\u00ed, se\u00f1alando los alrededores, para disimular la estrechez en la que se encontraba su vida de entonces, Salarru\u00e9 bromeaba con sus hijas diciendo \u201ccontemplen los jardines de nuestra casa\u201d, unos a los que no pod\u00edan entrar porque se trataba de terrenos bald\u00edos.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/h1>\n<figure id=\"attachment_2521\" style=\"width: 650px\"  class=\"wp-caption alignright\"><img data-attachment-id=\"2521\" data-permalink=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/las-luces-las-crio-salarrue\/fsep31122017arcsala01\/\" data-orig-file=\"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/fsep31122017arcsala01.jpg\" data-orig-size=\"650,434\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"fsep31122017arcsala01\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Una muestra del talento individual.  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Un vigilante que parece no muy animado conforma la \u00fanica presencia humana en el sitio, decorada con objetos relativos al autor. No hay mucho que ver y lo incluido puede recorrerse en apenas 10 minutos. El visitante, por tanto, sale un poco decepcionado de que el peregrinaje a la casa del autor y los suyos d\u00e9 tan poco.<\/p>\n<p>Todo parece estar tan desparramado. Incluso la familia est\u00e1 sepultada en diferentes lugares: Maya y Salarru\u00e9 en el Cementerio General de San Salvador, en una tumba a la que corona una escultura realizada por la primera; Zeli\u00e9, fallecida en 1974, un a\u00f1o antes que su esposo, en una no ubicable tumba en La Bermeja; Olga y A\u00edda, en las respectivas ciudades donde murieron: Nueva Jersey y M\u00e9xico, D. F. All\u00e1 viven sus descendientes, quienes, sin embargo, no han mostrado inter\u00e9s y tampoco tienen los recursos para que el legado de sus mayores est\u00e9 en el lugar que les corresponde.<\/p>\n<p>Fuera de la Casa del Escritor, un lugare\u00f1o, que solo se presenta como Mart\u00edn, comparte con quien acaba de visitar el inmueble su decepci\u00f3n, mientras espera el bus que lo llevar\u00e1 a San Salvador. Opina que el Estado deber\u00eda tomarse en serio centralizar un poco m\u00e1s las obras de esta familia, hacer de este sitio un verdadero punto de peregrinaje para los admiradores del autor y para que estos conozcan el trabajo de su esposa y sus hijas.<\/p>\n<p>\u201cCreo que la Casa del Escritor puede ser cualquiera. Pero la casa de Salarru\u00e9 deber\u00eda ser su museo y el de su esposa y sus hijas. O d\u00edgame usted, \u00bfen qu\u00e9 otra parte del mundo va a encontrar una familia como esta, que hizo del arte una parte tan importante de su vida? Los salvadore\u00f1os de veras que somos buenos para no ver la riqueza que nos pertenece\u201d, dice Mart\u00edn, haciendo la parada al autob\u00fas.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salvador Salazar Arru\u00e9 es reconocido como uno de los artistas m\u00e1s importantes de El Salvador. Sin embargo, algo no tan conocido es su entorno familiar repleto de talento y creatividad conformado por su esposa, Zeli\u00e9 Lard\u00e9, y sus tres hijas: Maya, A\u00edda y Olga. El MUPI y otras colecciones privadas resguardan parte de su legado, en el que se muestran como artistas que brillan por su cuenta. 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