{"id":2317,"date":"2017-12-10T00:09:06","date_gmt":"2017-12-10T06:09:06","guid":{"rendered":"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/?p=2317"},"modified":"2017-12-08T18:49:26","modified_gmt":"2017-12-09T00:49:26","slug":"el-libro-como-identidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/el-libro-como-identidad\/","title":{"rendered":"El libro como identidad"},"content":{"rendered":"<p>Hace poco publiqu\u00e9 en Facebook la portada de mi novela \u201cEl valle de las hamacas\u201d (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 1970) y me dec\u00eda un contacto de esa red social que le dijera una raz\u00f3n de \u201cpor qu\u00e9 leer esa novela\u201d. Aunque mi intenci\u00f3n no era invitar a leer, sino documentar su existencia por los olvidos. Uno de los m\u00e9ritos que le encuentro es que fue publicada tres a\u00f1os despu\u00e9s de que Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez hab\u00eda publicado la primera edici\u00f3n en esa editorial argentina de su monumental \u201cCien a\u00f1os de soledad\u201d (1967). En la nota de la red dije que considero un honor compartir editorial con la obra m\u00e1s conocida de Am\u00e9rica Latina, y con un agregado m\u00e1s: en 1970 muy dif\u00edcilmente los suramericanos conoc\u00edan la existencia de El Salvador.<\/p>\n<p>Comprobado. Mientras camino para dar una charla en la Universidad de Stanford (1985) acompa\u00f1ado del presidente de la Uni\u00f3n de Escritores de Chile el narrador y periodista Poli D\u00e9lano, y me dec\u00eda que en los setenta era muy dif\u00edcil que alguien conociera un pa\u00eds llamado El Salvador. \u201cNosotros, por ejemplo, me dec\u00eda Poli, sab\u00edamos que pod\u00eda existir ese pa\u00eds porque m\u00e1s de alguna vez una revista chilena public\u00f3 un poema de Roque Dalton, y entre par\u00e9ntesis dec\u00eda \u201cEl Salvador\u201d. No se sab\u00eda d\u00f3nde quedaba en el mapa. Cosa que no debe extra\u00f1arnos, pues pese a la tecnolog\u00eda inform\u00e1tica actual, conocemos lo cotidiano, lo que nos interesa. Por ejemplo, muchos desconocen la existencia en el mapa de pa\u00edses como Palaos y Eritrea o Macedonia.<\/p>\n<p>Bien; por medio de los libros se sensibiliza la sociedad, se conoce la identidad de naci\u00f3n, modos de vida. Hace poco le\u00ed la novela \u201cEl cisne\u201d (Tusquets Ediciones, 1997), del island\u00e9s Gudbergur Bergsson, que permite saber c\u00f3mo viven, como son los habitantes de esa lejana isla de fuego y hielo, y aun m\u00e1s se dan ciertas sincron\u00edas, pues se trata de una novela \u201cpicaresca y autobiogr\u00e1fica sobre la infancia del autor\u201d. Mi novela \u201cSiglo de O(g)ro\u201d (DPI, 2000) tambi\u00e9n es picaresca sobre mi ni\u00f1ez.<\/p>\n<p>Un libro se lee porque se es lector. Se lee como recreaci\u00f3n, para conocimiento, y como ampliaci\u00f3n de las capacidades cerebrales, caso de la lectura en primera infancia (de cero a seis a\u00f1os).<\/p>\n<p>Si leo \u201cHistoria de la conquista de la Nueva Espa\u00f1a\u201d, de Bernal D\u00edaz del Castillo, un soldado de Cort\u00e9s, conozco los detalles de c\u00f3mo era Tenochtitl\u00e1n por la descripci\u00f3n de un testigo participante del asalto de esa ciudad por los espa\u00f1oles (1519), sus mercados, sus \u201cservicios sanitarios\u201d, donde se recog\u00edan sus excretas como abono, el asesinato de los emperadores aztecas, los combates, en una ciudad mexicana m\u00e1s grande que Par\u00eds y Londres. Incre\u00edble.<\/p>\n<p>Esa recreaci\u00f3n, motivada por inter\u00e9s o por cultivo familiar, nos permite saber datos, manejar el idioma, expresarse con exactitud ante circunstancias que lo exigen, en la pol\u00edtica, por ejemplo. Todo eso que forma parte del conocimiento. Caso de la novela \u201cGuerra y paz\u201d, (1865-1869, publicada en fasc\u00edculos) de Le\u00f3n Tolst\u00f3i, conozco la derrota de un ej\u00e9rcito moderno dirigido por Napole\u00f3n Bonaparte, que quiere liberar a la Rusia, atrasada y oprimida en sus pobres. Conozco la lucha de ese pueblo en contra de una invasi\u00f3n extranjera. Fue el primer fracaso de Bonaparte.<\/p>\n<p>En libros est\u00e1n \u201cLa guerra del fin del mundo\u201d, de Vargas Llosa, con esa obra conozco la guerra de los Canudos entre el ej\u00e9rcito de Brasil y el movimiento popular campesino (1896-1897); o con \u201cEl sue\u00f1o del celta\u201d, novela sobre el origen de la esclavitud, los africanos cazados o mutilados junto con sus familias para traerlos a Am\u00e9rica y producir riqueza en las plantaciones agr\u00edcolas; o \u201cCinco esquinas\u201d, obra sobre la primera mujer feminista (Flora Trist\u00e1n, 1803-1844) y su tragedia ante un patriarcado desp\u00f3tico protegido por las leyes.<\/p>\n<p>No se trata porque sean novelas hist\u00f3ricas. Cuando estudiaba Educaci\u00f3n Media le\u00ed casi toda la novela de V\u00edctor Hugo, y as\u00ed supe a temprana edad c\u00f3mo era Par\u00eds (por \u201cLos miserables\u201d, obra rom\u00e1ntica, de tema social y an\u00e1lisis te\u00f3rico); o \u201cCrimen y castigo\u201d, del ruso Fedor Dostoieski (1821-1881), novela sicol\u00f3gica que se considera hizo tantos aportes en esta materia como Freud. Adem\u00e1s, con esta obra conoc\u00ed los rincones urbanos de la ciudad de San Petersburgo.<\/p>\n<p>O bien otra novela del mismo Dostoievski, \u201cLos hermanos Karamazov\u201d, obra de la cual Albert Einstein dijo que por ella hab\u00eda conocido las fortalezas y debilidades del ser humano. Aunque el franc\u00e9s y el ruso narran y describen en el siglo XIX, a\u00fan subsisten sus palacios, la bella arquitectura, pasiones, amor, odio y violencia. Ninguna de estas obras pierde esencia frente al futuro.<\/p>\n<p>Cuando visit\u00e9 Par\u00eds como estudiante universitario lo primero que quise ver fue la catedral de Notre-Dame, pues hab\u00eda le\u00eddo \u201cNuestra Se\u00f1ora de Par\u00eds\u201d (escrita en 1831). Cuyo escenario es dicha catedral. Y \u201cLos miserables\u201d (publicada en 1862), ambas de V\u00edctor Hugo. La \u00faltima tiene como marco Par\u00eds, sus pobrezas y las luchas revolucionarias de los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>O cuando para dar a conocer \u201cUn d\u00eda en la vida\u201d en idioma bengal\u00ed, visit\u00e9 la Universidad de Nueva Delhi, y la casa de Rabindranath Tagore (1861-1941) cuyos poemas hab\u00eda le\u00eddo en mi infancia. Porque leer tambi\u00e9n implica educarse en emociones y sensibilidad humana. Todo libro trasciende la historia personal para convertirse en historia com\u00fan, de todos. Por eso cuando escuch\u00e9 las denuncias que hac\u00edan las mujeres salvadore\u00f1as de los a\u00f1os setenta, decid\u00ed retomar mi oficio de escritor y evidenciar las atrocidades humanas de un Estado en contra de la poblaci\u00f3n m\u00e1s vulnerable, y la \u00fanica manera que encontr\u00e9 de resarcir la violencia estructural a la que sobreviven las mujeres en cualquier etapa de su vida es visibilizando en mis obras las Guadalupe, las Beatriz, Adelinas y Romelias que viven en Centroam\u00e9rica. Es la importancia de la obra literaria como documento de identidad universal que me motiva a insistir con necedad incansable el cultivo de emociones, eso es la lectura, una poderosa estrategia para construir un pa\u00eds. Equitativo, solidario, fuente de saberes, preparaci\u00f3n clave para el desarrollo humano sostenible.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Porque leer tambi\u00e9n implica educarse en emociones y sensibilidad humana. 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