{"id":2169,"date":"2017-11-19T00:09:37","date_gmt":"2017-11-19T06:09:37","guid":{"rendered":"http:\/\/7s.laprensagrafica.com\/?p=2169"},"modified":"2017-11-18T04:40:03","modified_gmt":"2017-11-18T10:40:03","slug":"la-pasion-segun-lispector","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/7s.laprensagrafica.com\/en\/la-pasion-segun-lispector\/","title":{"rendered":"La pasi\u00f3n seg\u00fan Lispector"},"content":{"rendered":"<p>En agosto de 1967, el peri\u00f3dico Jornal do Brasil le ofreci\u00f3 a Clarice Lispector la posibilidad de escribir cr\u00f3nicas de manera semanal. Para Lispector, el ejercicio no ser\u00eda algo nuevo. Hab\u00eda publicado cr\u00f3nicas period\u00edsticas en los a\u00f1os cuarenta, en un peri\u00f3dico de Campinas, ciudad de la municipalidad de Sao Paulo. Luego, en los a\u00f1os cincuenta, public\u00f3 una columna llamada \u201cEntre mujeres\u201d que firmaba con los seud\u00f3nimos de Ilka Soares y Helen Palmer. Hablaba de maquillaje, moda y cocina.<\/p>\n<p>Pese a dudarlo un poco, Lispector acept\u00f3 la oferta del Jornal do Brasil. La necesidad econ\u00f3mica se impuso sobre su temor de escribir cr\u00f3nicas, un asunto que ser\u00eda incluso tema ocasional de su columna. \u201cS\u00e9 que lo que escribo aqu\u00ed no puede llamarse cr\u00f3nica, ni columna, ni art\u00edculo\u201d, escribe en alguna entrega. Lo cuestionar\u00e1 hasta diciembre de 1973 en que dej\u00f3 de publicarlas, luego de producir poco m\u00e1s de 400 textos que pueden leerse en diversas antolog\u00edas.<\/p>\n<p>Las dudas sobre su escritura period\u00edstica estaban relacionadas con lo que consideraba su verdadero oficio literario. Lispector escrib\u00eda novela y cuentos de ficci\u00f3n. Hab\u00eda construido un estilo y un lenguaje propios con un tono tan particular que resulta dif\u00edcil definirla. En una gripe, en un hombre que ve desde el asiento de un taxi, en una conversaci\u00f3n con los hijos, en una canci\u00f3n canturreada por la asistente dom\u00e9stica, en la evocaci\u00f3n de los paseos familiares al mar, en el recuerdo de cuando era ni\u00f1a y robaba rosas, en las preguntas hechas en silencio pero que jam\u00e1s se enuncian porque son tan banales que no merecen ni el sonido de una voz, en detalles as\u00ed Lispector encontr\u00f3 el material para la exploraci\u00f3n de la vida y del ser humano a trav\u00e9s de la palabra escrita.<br \/>\nLa construcci\u00f3n de su estilo tan particular le gan\u00f3 el respeto de sus contempor\u00e1neos y la lealtad de un p\u00fablico lector que segu\u00eda sus publicaciones con reverencia. A Lispector le agradaba que se le considerara como una escritora seria, pero casi no daba entrevistas y pocas veces asist\u00eda a eventos literarios. Eso no le impidi\u00f3 demostrar su felicidad cuando, en una fiesta, Jo\u00e3o Guimar\u00e3es Rosa (uno de los novelistas m\u00e1s importantes de Brasil) le confes\u00f3 que la le\u00eda \u201cno para la literatura, sino para la vida\u201d, para luego citar de memoria varias frases que ella ni siquiera recordaba haber escrito. Lo cuenta en uno de los textos incluidos en \u201cAprendiendo a vivir y otras cr\u00f3nicas\u201d (Ediciones Siruela, 2007), una selecci\u00f3n de sus columnas sabatinas en el Jornal do Brasil.<br \/>\nQuien lea sus cr\u00f3nicas podr\u00e1 encontrar vasos comunicantes con su obra narrativa y la construcci\u00f3n de su estilo. M\u00e1s de alguno de sus cuentos podr\u00eda pasar por una de sus cr\u00f3nicas period\u00edsticas, por ejemplo. Siempre est\u00e1 presente en su narrativa la sensaci\u00f3n de que Lispector escribe como solt\u00e1ndole una confidencia casual al lector, una confidencia dicha con despreocupaci\u00f3n, en un susurro, con el olor del humo de uno de sus cigarrillos.<\/p>\n<p>En una de dichas cr\u00f3nicas, Lispector cuenta que su hijo le pregunta un d\u00eda \u201c\u00bfpor qu\u00e9 a veces escribes sobre cosas personales?\u201d A lo que ella responde: \u201cNunca he tocado realmente mis cuestiones personales, incluso soy una persona muy secreta. (&#8230;) Es inevitable, en una columna que aparece cada s\u00e1bado, acabar comentando sin querer las repercusiones en nosotros de nuestra vida diaria y nuestra vida extra\u00f1a\u201d. Lispector lo constata pregunt\u00e1ndole a otros cronistas, quienes coinciden con ella en que el escritor siempre se termina revelando a s\u00ed mismo en el texto.<\/p>\n<p>Lispector tambi\u00e9n insiste en que tampoco es personal en su narrativa y que en sus libros no se incluye como personaje. Esto puede resultar desconcertante y hasta dif\u00edcil de creer para sus lectores. M\u00e1s de alguna vez en sus textos y novelas, la voz narradora interviene en la historia o en los asuntos del personaje para comentar o hacer preguntas, como ocurre en su novela \u201cLa hora de la estrella\u201d. Esas intervenciones son una de las particularidades de su ejecuci\u00f3n narrativa, donde lo importante no es tanto la acci\u00f3n como la incidencia de alg\u00fan hecho, por min\u00fasculo que sea, en el mundo subjetivo de los personajes, del narrador y del lector mismo.<\/p>\n<p>Su novela \u201cLa pasi\u00f3n seg\u00fan G. H.\u201d es la culminaci\u00f3n de la b\u00fasqueda interior a trav\u00e9s del lenguaje y no de la acci\u00f3n exterior. El lector acompa\u00f1a a una escultora sola en su casa, recorriendo los espacios vac\u00edos hasta llegar a la \u00faltima habitaci\u00f3n, la de la asistente dom\u00e9stica. Encontrar ah\u00ed una cucaracha desata recuerdos, reflexiones sobre la vida y la muerte, la inmortalidad, el lenguaje y el sentido de la existencia en un mon\u00f3logo interno denso. No en vano, la misma Lispector advierte al inicio de la novela que ella se sentir\u00eda contenta si el libro fuese le\u00eddo \u00fanicamente por \u201cpersonas con el alma ya formada\u201d. Hay que estar en una disposici\u00f3n particular de \u00e1nimo para leer dicho libro, apreciarlo y dejarse llevar por el fluir anal\u00edtico al que nos somete Lispector.<\/p>\n<p>La intensidad de su relaci\u00f3n con el lenguaje se complementa con su labor de traductora literaria, una faceta suya de la que se habla poco. Desde Oscar Wilde y Edgar Allan Poe hasta Anne Rice y Agatha Christie, la cantidad de traducciones al portugu\u00e9s de obras literarias de diversos autores realizadas por Lispector, tambi\u00e9n dej\u00f3 una huella importante en el mundo cultural brasile\u00f1o.<br \/>\nEscribir es una maldici\u00f3n, \u201cpero una maldici\u00f3n que salva\u201d, dice Lispector en alguna de sus cr\u00f3nicas. Maldici\u00f3n \u201cporque obliga y arrastra como un vicio penoso del que es casi imposible librarse, porque nada lo sustituye\u201d. Salvaci\u00f3n porque \u201csalva del d\u00eda que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba\u201d.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de su escritura introspectiva, Clarice Lispector supo develar el intimismo de lo cotidiano, de los momentos ordinarios que, pasados por su prosa, se convierten en asuntos trascendentales del ser humano.<\/p>\n<p>Quien busque comprender algo sobre la profundidad de la vida har\u00e1 bien en leerla.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En agosto de 1967, el peri\u00f3dico Jornal do Brasil le ofreci\u00f3 a Clarice Lispector la posibilidad de escribir cr\u00f3nicas de manera semanal. Para Lispector, el ejercicio no ser\u00eda algo nuevo. Hab\u00eda publicado cr\u00f3nicas period\u00edsticas en los a\u00f1os cuarenta, en un peri\u00f3dico de Campinas, ciudad de la municipalidad de Sao Paulo. 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