El narcotráfico en tiempos del coronavirus

Bajón. Aunque el precio de un kilo de hoja de coca en el Perú ha bajado hasta casi en un 50 % desde enero, los líderes de las organizaciones criminales se resisten a dejar morir el negocio.

Carreteras cortadas. Fronteras cerradas. Cientos de millones de personas confinadas y las finanzas mundiales camino de la ruina. El coronavirus está cambiando el planeta y ha diezmado las cuentas de sectores tan importantes como el de los combustibles. Pero también la economía sumergida se está viendo afectada. El narcotráfico, negocio en las sombras por excelencia, está sintiendo los efectos de la cuarentena decretada en la mayoría de los países latinoamericanos.

«Hay pequeños trasiegos por la selva de Puno y en el trapecio amazónico, pero en el resto del país hay un control absoluto. El tráfico aéreo, que era una constante con Colombia y Brasil, se ha paralizado», comenta Pedro Yaranga, analista en seguridad estratégica.

«El Vraem, que produce el 75 % de la droga que sale del país, es la zona más controlada. Pero no por el control del Ejército ni de la policía, sino por el de la población misma, organizada por los comités de autodefensa. Han impuesto un control estricto, hasta el punto de que por ahora allí no hay un solo caso de covid-19″, añade el experto.

El efecto del confinamiento de las comunidades es el descenso del precio de la hoja de coca, la pasta básica y clorhidrato de cocaína. Por ejemplo, el kilo de pasta base costaba unos $1,200 antes de la cuarentena. Ahora, se comercia por menos de $300. «Nadie compra. Lo único que se menciona es que los que tienen buenos capitales han comprado y lo están guardando bajo tierra para cuando se recupere», cree Yaranga.

Materia prima. De un 25 %ha sido el descenso, desde abril, de un kilo de clorhidrato de cocaína en el país.

En la vecina Colombia, el mayor productor y exportador mundial de cocaína y que alberga más de 212,000 hectáreas plantadas con hoja de coca, la situación es diferente. «El coronavirus ha cambiado las reglas en las zonas en que el Estado tiene control. Pero allá donde las organizaciones criminales están en dominio, no ha habido tantos cambios, y se siguen registrando incidentes de violencia y confrontación», explica Daniel Rico, investigador colombiano de economías criminales.

Aunque el flujo de cocaína por el Perú no es el mismo que antes de la cuarentena, los expertos aseguran que las mafias tienen abastecimiento suficiente como para continuar inundando el mercado. «La droga producida en Colombia puede tardar hasta dos años en distribuirse en Estados Unidos, y llevamos dos años con los picos más altos de producción. Hay inventarios en Colombia. También en los puntos intermedios, que son Centroamérica y México, y en el mercado final», declara Rico.

El comercio internacional sigue funcionando, y las mafias continuarían aprovechando envíos para colar la droga en los contenedores. «La economía ilegal siempre encuentra otras opciones, y esta situación no va a ser determinante. Lo único que sería decisivo es una reducción en la demanda», comenta Rico.

A pesar de que bares y discotecas están cerrados, los microtraficantes en EUA. y Europa estarían utilizando redes de envío a domicilio para colar droga e intentar mantener el negocio.

“El coronavirus ha cambiado las reglas en las zonas en que el Estado tiene control. Pero allá donde las organizaciones criminales están en dominio, no ha habido tantos cambios, y se siguen registrando incidentes de violencia y confrontación”, explica Daniel Rico, investigador colombiano de economías criminales.

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En México y Centroamérica

Los países de tránsito en Centroamérica han instaurado férreas medidas de cuarentena, especialmente El Salvador. «El cierre de fronteras, las restricciones a la movilidad y la suspensión prácticamente total de vuelos comerciales han dificultado el transporte de drogas hacia el norte. En los vuelos iban las mulas o burriers, donde fluían pequeñas cantidades», expone Tiziano Breza, analista en Centroamérica del International Crisis Group.

En México, la última escala de la droga, podrían generarse tensiones entre los más de 200 grupos que se dedican al narcotráfico si la cocaína deja de fluir, creen los expertos. Los grupos más pequeños, cuyas economías son más frágiles, quedarían debilitados, y los más grandes se verían tentados a iniciar conflictos violentos para arrebatarles las plazas.

Los asesinatos no se han reducido en México ni siquiera durante la época de distanciamiento social. Marzo fue el mes más violento de la historia del país, desde que hay registros, con más de 3,000 homicidios.

Los cárteles mexicanos han sido especialmente afectados por el cierre de empresas fabricantes de químicos en China, al ver dificultada la adquisición de materias primas indispensables para la producción de metanfetamina, fentanilo o heroína, drogas muy lucrativas para las mafias del país norteamericano.

El Gobierno de Estados Unidos incrementó la presencia de los cuerpos de seguridad en la frontera mexicana tras la llegada de la pandemia. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza ha reducido, en cambio, los decomisos de droga, lo que ha llevado a parte de los analistas a pensar que los narcotraficantes han detenido sus envíos.

Algunos son más cautos. «La reducción puede deberse a una adaptación al contexto y a un cambio en las modalidades en que se intentan introducir estos productos. También, por supuesto, a una disminución de la entrada, porque han aumentado los costos en toda la cadena», comenta el analista Breza.

Los cárteles mexicanos están, mientras tanto, intentando ampliar su base social, con envíos de víveres a la población más necesitada de las zonas que controlan. Las autoridades temen que los narcotraficantes sustituyan al Estado en varias regiones durante la crisis. La evolución de la situación dependerá, probablemente, de la evolución de la pandemia.

Sin ceder. La droga no pasa, pero la criminalidad no ha bajado. La delincuencia organizada mantiene control sobre los territorios a punta de actos violentos.

«Somos más que un cuerpo material»

¿Cómo surge su amor por las artes plásticas?

Desde pequeña tuve una atracción por el dibujo. Lamentablemente, no tuve la oportunidad de estar en algún espacio para aprender a dibujar. Así que lo hacía por mi cuenta en un experimento de a prueba y error.

¿Quiénes son sus escultores favoritos?

Existen muchos artistas a los que admiro, pero uno de mis favoritos por su dedicación autodidacta es: Napoleón Alberto (padre).

¿Qué es lo que tiene más valor de su situación actual?

Mi familia.

¿Dónde y cuándo es feliz?

Soy feliz cuando comparto con mis amistades y mi familia, al final, el lugar sale sobrando.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

Aprendí a enfocarme en mis proyectos de vida y persistir hasta lograrlo.

¿Qué significa para usted la muerte?

Cada día morimos poco a poco, pero somos más que un cuerpo material, somos espíritu.

¿Qué le hace falta para estar lista?

Desearlo.

«Los países pobres deben pensarse dos veces las estrategias de distanciamiento», dicen economistas de Yale

Fotografía de Archivo

Un estudio de la Universidad de Yale concluye que las medidas de distanciamiento son menos viables para los países pobres. No porque su capacidad de evitar que se propague el virus sea menor ni porque prevenga menos muertes. Sino porque podrían tener efectos adversos, poniendo en riesgo más vidas de las que salvan. Este análisis suma aportes para el dilema al que se enfrentan los países en vías de desarrollo: ¿Cómo protegerse ante el virus y, al mismo tiempo, sobrevivir ante la crisis económica?

Su cálculo subraya algo que en Guatemala ha sido obvio en las primeras semanas de crisis: la población vive en condiciones tan precarias que la pérdida de puestos de trabajo y el sustento diario representan un peligro mayor frente a una infección viral, aun siendo el covid-19 tan agresivo.

El distanciamiento se ha convertido en una característica de la sociedad actual. A falta de una vacuna que proteja a la población del covid-19, la alternativa es evitar el contacto físico. Se ha suspendido una gran cantidad de actividades laborales, las clases en todos los niveles y cualquier tipo de reunión.

Estas medidas son efectivas, sin duda, para evitar que se propague el virus. Pero tienen implicaciones económicas y afectarán de manera distinta a los países según sus ingresos.

La pregunta es si vale la pena implementar el distanciamiento social en todos los países sin tomar en cuenta su situación económica. Según el estudio de los economistas Zachary BarnettHowell y Mushfiq Mobarak, de la Universidad de Yale, los países con menos ingresos no deberían imitar a los ricos.

«No solo los beneficios epidemiológicos y económicos del distanciamiento social son mucho menores en los países más pobres, sino que estas políticas también pueden cobrar un alto precio en los más pobres y vulnerables», asegura el documento. «Los trabajadores del sector informal carecen de los recursos y las protecciones sociales para aislarse de los demás y sacrificar las oportunidades económicas hasta que el virus pase».

El Banco Mundial también abordó el tema. Berk Özler, economista del Grupo de investigaciones sobre el desarrollo de esta entidad financiera, señala que los países con mayores ingresos están enfocados en evitar el colapso de sus sistemas de salud por el covid-19. Y que dirigir toda la atención a esta enfermedad podría causarles perjudicar a quienes requieran cuidados intensivos por otras enfermedades.

De hecho, en 2009, después de la pandemia de H1N1, se disparó el dengue.

Los países pobres se enfrentan al mismo dilema de los países ricos, pero agravado: deben decidir entre practicar el distanciamiento social extremo o estar preparados para un sistema de salud de por sí abrumado, lo que generaría un alto nivel de mortalidad.

«Lo que queremos no es un estímulo para que los mercados funcionen como de costumbre, sino apoyar a las personas para que puedan satisfacer sus necesidades básicas mientras dure el distanciamiento social y garantizar que la recuperación económica cuando esto termine», aseguró.

Según los economistas de la Universidad de Yale, que publicaron un resumen de sus resultados en Foreign Policy, las medidas de distanciamiento social son poco efectivas si no se acompañan con medidas económicas que garanticen el bienestar económico de la población. De lo contrario, solo se están creando las condiciones para aumentar la pobreza, provocar migraciones de la ciudad al campo (lo que implica llevar el virus a regiones remotas) y aumentar la vulnerabilidad de la población.

«Al limitar su capacidad de ganarse la vida, el distanciamiento social puede conducir a un aumento del hambre, las privaciones y la mortalidad y la morbilidad relacionadas en los países pobres. Acoplar la curva epidemiológica de covid-19 para ganar tiempo hasta que se pueda desarrollar una vacuna puede no ser muy útil para los países pobres si el cronograma para el desarrollo de la vacuna es demasiado largo para mantener el distanciamiento social», señala el informe de investigación.

Los investigadores de la Universidad de Yale también toman en cuenta también que las medidas de distanciamiento social pretenden evitar que los sistemas de salud se saturen, pero que esto tiene menos sentido en los países más pobres, en los que los sistemas de salud no presentan niveles óptimos de eficiencia. «Retrasar las infecciones no es tan útil en países donde las limitadas de camas de hospital y los ventiladores ya no dan abasto y la mayoría no puede acceder a ellos», afirma el documento.

La ONU se manifestó sobre esta situación. A finales de marzo, en una reunión con el G20, el grupo de países con las economías más fuertes, el secretario general de la ONU, António Guterres, abordó el tema. «Debemos crear las condiciones y movilizar los recursos necesarios para garantizar que los países en desarrollo tengan las mismas oportunidades para responder a esta crisis en sus comunidades y economías. Cualquier cosa que no sea este compromiso conduciría a una pandemia de proporciones apocalípticas que nos afectaría a todos», aseguró Guterres.

«Al limitar su capacidad de ganarse la vida, el distanciamiento social puede conducir a un aumento del hambre, las privaciones y la mortalidad y la morbilidad relacionadas en los países pobres. Acoplar la curva epidemiológica de covid-19 para ganar tiempo hasta que se pueda desarrollar una vacuna puede no ser muy útil para los países pobres si el cronograma para el desarrollo de la vacuna es demasiado largo para mantener el distanciamiento social», señala el informe de investigación.

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¿CUÁNTO VALE UNA VIDA EN LOS PAÍSES POBRES?

Para determinar las pérdidas económicas que implica la muerte de un ser humano o la inversión que debe realizarse para mantenerlo con vida, la economía utiliza el concepto del valor estadístico de la vida (VEV). Es un cálculo descarnado que implica la valoración monetaria que la sociedad atribuye para evitar la muerte de uno de sus miembros ante una situación de riesgo.

Los economistas de Yale utilizaron este concepto para construir sus escenarios y determinar las diferencias del impacto económico de las medidas de distanciamiento entre los países con mayores ingresos y los más pobres.

«Una ventaja importante de usar VEV para valorar los beneficios relativos de la mitigación de covid-19 es que la reducción de la mortalidad mediante distanciamiento o supresión requiere algunos sacrificios económicos», aseguran. «Los países ricos y pobres naturalmente evaluarían esas compensaciones de manera diferente, dependiendo de cuán urgentes sean las necesidades económicas de su población».

Los países más ricos suelen invertir más en su población, por ello el VEV es alto en comparación con los países de bajos ingresos. Por ello los investigadores de Yale consideran que las medidas de distanciamiento social resultan en una mejor compensación económica para los países ricos.

Además, en la valoración del VEV también incide la disposición de la población a realizar sacrificios económicos para evitar la propagación del virus. En países como Guatemala, en donde la mayoría de la población se encuentra en pobreza o pobreza extrema, y en donde impera el comercio informal, las personas pueden estar más preocupadas en conseguir el alimento diario que en una infección viral.

En Guatemala la mayoría de la población se encuentra en pobreza o pobreza extrema. Según la más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), publicada en 2014, el 59 % de la población vive en pobreza, con un consumo por debajo de Q10,218 al año ($1,325), y el 15.7 % en pobreza extrema. Los índices de pobreza se concentran entre los pueblos indígenas (79.2 %) y en las áreas rurales (76.1 %).

Sin embargo, en estos tiempos particulares, en donde el impacto económico de la crisis puede alcanzar proporciones mayúsculas, cabe pensar que muchas personas pueden caer fácilmente en la pobreza. Organizaciones como Oxfam han calculado hasta 500 millones en el mundo.

Administración. Dirigir toda la atención y los recursos a las consecuencias del covid-19 puede derivar en el descuido de otras áreas importantes. El estudio de Yale indica que debe haber equilibrio.

El Fondo Monetario Internacional manifestó su preocupación ya que la crisis del covid-19 implicará una contracción de la economía mundial, con los mayores efectos en los países más pobres. «Numerosos países de mercados emergentes y en desarrollo se enfrentan a drásticas caídas de la demanda de exportaciones y los precios de las materias primas, fuertes salidas de capitales, escasez de divisas y crecientes cargas de deuda», aseguró el ente financiero internacional en el comunicado de su Reunión de Primavera que finalizó la semana pasada.

UNA VENTAJA IMPORTANTE DE LOS PAÍSES POBRES: LA POBLACIÓN JOVEN

El estudio de la Universidad de Yale señala que la población de los países con menores ingresos suele ser más joven, lo que implica una ventaja ante el COVID-19. Según informes sobre el comportamiento del virus y los datos sobre la edad de las personas fallecidas por la enfermedad, los adultos mayores de 65 son los más vulnerables, aunque eso no elimine el riesgo entre los jóvenes.

En Guatemala la población entre 0 y 64 años, es decir, la menos vulnerable por edad frente a COVID-19, es la mayoría. Según el Censo de población y Vivienda de 2018 casi 5 millones de personas (el 33.4 % de la población) tiene entre 0 y 14 años. Un poco más de 9 millones de personas tienen entre 15 y 64 años, y representan el 61 % del total.

«La baja fertilidad en los países ricos significa que una fracción más grande de su población es anciana. Al contrario, en los países pobres, en donde la mayoría de la población es joven, la mortalidad por covid-19 puede ser más baja», señala el documento.

Y así lo demuestra uno de los escenarios que construyeron. Los científicos de Yale emplearo el modelo matemático que desarrolló el Imperial College de Londres sobre el impacto del covid-19 en las tasas de mortalidad para obtener resultados en países o regiones más pobres.

Sin ningún tipo de mitigación frente al covid-19, el modelo muestra que países como Bangladesh y los del África Subsahariana presentarían una menor tasa de mortalidad que Estados Unidos. Esto se debe, principalmente a que en los países más pobres la población anciana es menor (3 %) comparada con la de países con mayores ingresos (17.4 %).

Sin embargo, el estudio reconoce que no se toman en cuenta la incidencia de enfermedades crónicas e infecciosas en la población más joven de los países de bajos ingresos, lo que probablemente subestime la tasa de fatalidad. Durante la fulgurante pandemia, se ha comprobado que las muertes son mucho más probables entre pacientes con enfermedades adicionales.

A partir del estudio sobre la propagación del covid-19 del Imperial College de Londres, los investigadores de la Universidad de Yale adaptaron el modelo para asignar un valor económico a la mortalidad por el virus en Estados Unidos.

En un escenario de mitigación del virus por medidas de distanciamiento, Estados Unidos logra un bienestar de alrededor de su 59 % del PIB. Se predice que estas restricciones salvarán 1.76 millones de vidas en ese país, con un valor de bienestar total de 7.9 billones de dólares.

Para países pobres como Bangladesh el bienestar económico que representarían las medidas de distanciamiento sería apenas del 14 % de su PIB.

«Más allá de los beneficios mucho más pequeños de la mitigación de covid-19 en los países más pobres, los trabajadores también son más vulnerables frente a la interrupción de la economía», subraya el documento. Es más probable que dependan de un salario en efectivo diario, su trabajo es práctico y no se puede hacer mientras exista el distanciamiento social».

De hecho, el informe describe una situación que viven actualmente muchos de los trabajadores y comerciantes informales que no están registrados en las municipalidades y que por eso no podrán recibir el bono de Q1,000 ($130) que aprobó el Congreso de Guatemala y entregará el Ejecutivo.

«Dichos trabajadores no siempre aparecen en los registros gubernamentales y burocráticos. Por lo tanto, incluso si se implementara una póliza de seguro social en estos países, no está claro qué tan rápido se podría ubicar a esas personas, si es que lo hacen, para brindarles beneficios de ayuda», señalan los investigadores de Yale.

El impacto de la crisis económica en los trabajadores informales y la ausencia de registros para recibir el beneficio también es motivo de preocupación para el Banco Mundial. «Los países de bajos ingresos no tienen más remedio que confiar en sus sistemas de protección social y sus redes de seguridad para proporcionar ayuda durante la pandemia», dijo Berk Özler economista del Banco Mundial.

En Guatemala, el acceso al agua todavía es una tarea pendiente. El último Censo de Población y Vivienda señala que el 58.9 % de los hogares tienen acceso a agua entubada en la casa. 15 de cada 100 hogares solo tienen acceso a agua por medio de chorros públicos o pozos y el 10.9 % debe recurrir a ríos, lagos, manantiales o camiones cisterna para abastecerse del líquido.

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LAS RECOMENDACIONES PARA LOS PAÍSES POBRES

La investigación de la Universidad de Yale concluye que el distanciamiento no debe aplicarse de igual manera en los países ricos y en los países pobres.

Para proteger del covid-19 a la población de los países con menos ingresos y causar el menor impacto económico posible, los investigadores de Yale recomiendan la implementación de algunas medidas, como el uso obligatorio de mascarillas en la calle y mejorar el acceso al agua potable para garantizar las medidas de higiene.

En Guatemala, el acceso al agua todavía es una tarea pendiente. El último Censo de Población y Vivienda señala que el 58.9 % de los hogares tienen acceso a agua entubada en la casa. 15 de cada 100 hogares solo tienen acceso a agua por medio de chorros públicos o pozos y el 10.9 % debe recurrir a ríos, lagos, manantiales o camiones cisterna para abastecerse del líquido.

Los investigadores de Yale también proponen medidas de distanciamiento o aislamiento social para los países pobres, pero solo para ancianos y otros grupos en riesgo. «Mientras que las personas productivas con perfiles de bajo riesgo podrían seguir trabajando», puntualiza el documento.

En cuanto a las medidas para enfrentar la crisis económica y que permitirían aplicar las medidas de distanciamiento social con menor impacto en el bolsillo de las personas, el Bando Mundial sugiere implementar las transferencias universales en los países en desarrollo, cuya población mayoritaria se encuentra en pobreza.

El Gobierno de Guatemala anunció que durante la última semana de abril o la primera de mayo iniciará la ejecución del Fondo Bono Familia. Dotado con Q6,000 mil millones ($780,000 millones), estará destinado al apoyo de las familias más vulnerables con Q1,000 mensuales ($130). Esta política estará a cargo del Ministerio de Desarrollo Social y para la selección de los beneficiados se utilizará el recibo de luz. Podrán recibir las transferencias los hogares con un consumo menor de 200Kwh.

Berk Özler, economista del Banco Mundial, aseguró que las transferencias en efectivo son la opción más obvia para garantizar la alimentación y la posibilidad de pagar las cuentas de las personas en situación de pobreza. En el caso de los países en desarrollo, en donde podría crecer este grupo, la medida debe ser universal. Pero si se hace necesario enfocar el beneficio, se debe recurrir a mapas de pobreza.

Un punto importante es que no debe existir ningún tipo de condición asociada a la entrega de la transferencia en efectivo. «La urgencia con la que se necesita el apoyo, las razones detrás de la necesidad y lo que la gente haría con el dinero por su cuenta apuntan a proporcionar los fondos sin condiciones», dice Özler.

«Los próximos 12 a 18 meses serán difíciles para casi todos en el mundo. Pero los gobiernos y las organizaciones internacionales de desarrollo pueden ayudar a aliviar la carga que causará la pandemia entre los más pobres de los pobres», enfatiza Özler.

«Las penas y el fracaso solo duran lo que yo decido»

¿Cómo se imaginaba que iba a ser su vida?

No tan buena como la vida que hoy tengo.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

Que las penas y el fracaso solo duran lo que yo decido.

¿Cuál es su estado más común?

Feliz, porque aunque siempre ando exigiéndome más, sé que lo que tengo, lo he logrado con esfuerzo y apoyo de mucha gente que me ama. Miro atrás de mí y solo puedo sonreír.

¿Qué es lo que más disfruta o le entristece al vivir en otro país?

Me gusta enseñarle a mis amigos extranjeros dónde queda El Salvador en el mapa y lo pequeño que parece, que siempre debo agrandarlo en la pantalla del celular para que lo ubiquen. Me gusta, porque todos ahora saben dónde queda y que allí hay aguacates, no paltas; hay frijoles, no porotos; y que hay gente buena, trabajadora y con gran talento. Y me gusta escucharlos decir: ¡Yo quiero ir!

¿Cuál es su posesión más preciada?

El apoyo incondicional de mis papás.

Si pudiera cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?

La falta de amor. Esa carencia de amor a nosotros mismos y que nos hace sentir frágiles y débiles ante el resto. O esa que nos hace dañar a otros o ir por la vida detestando a los que sí se aman.

¿Ave favorita?

No tengo una favorita, pero sí me gusta el cóndor andino desde que lo vi por primera vez volando sobre la cordillera de los Andes. Allí me contaron que este animal, cuando se siente viejo y débil, suele ir al pico de una montaña y dejarse caer para revivir su espíritu.

«Me puedo imaginar mi vida creando»

¿Qué la motivó a ser parte del movimiento audiovisual en El Salvador?

Siento el deseo de rebelarme, porque son espacios que muchas veces son negados a las mujeres. Me siento inspirada a utilizar los audiovisuales como una herramienta para contar historias y que ellas lleguen a muchas personas. También es un arte donde se puede hablar desde otro lenguaje.

¿En qué se inspira a la hora de crear una producción audiovisual?

Me inspiran esas historias, vivencias que me conectan con la alegría, los miedos, y dolores. Emociones que también son parte de mi vida. Todo eso me ayuda a crear.

¿Cómo imaginaba que iba a ser su vida?

De niña nunca me imaginé mi vida. En mi cabeza solo existía la imagen de ser esposa y madre, porque, en este sistema, es para lo que se educa a las mujeres. Pocas veces nos enseñan a soñar, crear y creer que podemos lograr otras cosas. Ahora es diferente. Me puedo imaginar mi vida creando, proponiendo y alcanzando sueños que pensé que no podía realizar por el hecho de ser mujer.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

Aprendí que el fracaso es una posibilidad de volver a comenzar.

¿Cuál es su posesión más preciada?

Mis posesiones más preciadas son mi familia y mis redes de apoyo.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Atreverme a ser la productora de la película «Yo soy Manuela».

Si pudiera cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?

Todas las formas de discriminación.

«Siempre busco retarme»

¿Qué canción resumiría su vida?

The air that I breath, de Albert Hammond. Amo las filosofías orientales, y siento que resume de forma magistral (occidentalmente hablando) todo lo referente al ser dentro de esa concepción de la vida.

¿Qué opina sobre el reggaetón?

Para mí, es un ritmo (dembow) caribeño sobreexplotado para el consumo masivo, por la carga de morbo sexual que impregnan a las letras, y que ha tenido gran eco en discotecas y antros nocturnos.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Enfrentarme a una pandilla estando solo.

¿Qué es lo más difícil de hacer música en El Salvador?

Todo, jajaja. Es broma. Creo que el autoestima de los y las músicos y la falta de incentivos sociales en la cultura nacional, donde todo, o es muy politizado o muy mercantilista.

¿Cómo imaginó que iba a ser su vida?

Con menos quebrantos del corazón y desengaños. Aparte de eso, soy muy feliz conmigo mismo y he alcanzado todas las metas que me propongo. Siempre busco retarme en ese sentido.

¿Cree en la inmortalidad el alma?

Sí. El alma sí viaja, y puede viajar al cielo o al infierno.

¿Cuáles son sus fortalezas / dones / talentos?

Muchos, pero creo que el que más me ha permitido ser feliz es que me da felicidad la felicidad ajena, y me indigna la injusticia, se vista del color que se vista.

Más de 60 sacerdotes muertos: la tragedia que impacta al clero italiano

Fotografía de archivo

Dicen en Italia que muchos sacerdotes católicos caminan como si fueran zombis.

Con mascarilla, gorra, guantes, sotana y extrañas gafas, decenas de ellos andan soñolientos entre féretros, enfermeros exhaustos, quejidos y lágrimas de moribundos que no solo tienen temor a la muerte, sino que además les aterra cerrar sus ojos sin haber visto por última vez el rostro de sus seres queridos. Se sienten solos, espiritualmente consternados y, al final de la carrera, sedientos de escuchar que su Dios los perdona y que el llanto de ahora se convertirá en gozo en un anhelado más allá.

Por eso los zombis con sotana se han resistido a dejarlos solos. En muchos casos, los ministros han puesto de primero sus obligaciones pastorales antes que su propia vida y al final han terminado compartiendo el mismo destino que sus «hijos espirituales»: han muerto en soledad, sin parientes a quienes decir adiós y, paradójicamente, sin funerales, esas ceremonias religiosas que en vida oficiaron centenares de veces.

Es la realidad, pero parece una ficción; en Italia el nuevo coronavirus (covid-19) se ha cobrado la vida de al menos 69 sacerdotes. Son números oficiales que, incluso, podrían ser más abultados, pues en ellos se registran los decesos de ministros diocesanos pero no con precisión a los pertenecientes a comunidades religiosas.

El 15 de marzo, aproximadamente, las noticias comenzaron a abrumar al clero. En medio de la emergencia sanitaria, que ha cobrado más de 11,000 víctimas en Italia, los medios oficiales de la iglesia y otros de carácter local encendieron las alarmas en las parroquias.

«Cinco muertes de sacerdotes de la diócesis de Parma, dos en Milán y Cremona, una en Brescia, sin contar los numerosos sacerdotes contagiados, algunos en cuidados intensivos», publicó en sus páginas el diario local L’Eco di Bérgamo, citado por la Deutsche Welle en un reportaje especial sobre el tema.

Pero ese dato solo significó el zarpazo inicial. El número de muertos se consolidaría con el paso de los días en el norte de Italia, un sector que como bien lo apunta Deutsche Welle es «particularmente creyente».

Un ejemplo de eso es la ciudad de Bérgamo -la más golpeada por el virus en toda Italia-. En ese lugar las tradiciones católicas son el corazón cultural del pueblo y sus sacerdotes sus queridos protagonistas. El pontífice Juan XXIII, mejor conocido como el «Papa bueno» por su recordado carisma, era originario de esa provincia, perteneciente a la región de Lombardía. Por eso, cuando el covid-19 comenzó a cobrar sus primeras víctimas, los sacerdotes de esa región salieron de sus sacristías sin reparo. ¿Acaso había opción? El pueblo clamaba por ellos y su vocación los llamaba a la acción.

“Los sacerdotes nunca se jubilan. Por eso, el virus los cazó. Porque su vida estaba inmersa en la de sus comunidades, y es probable que algunos de ellos se infectaran, sin darse cuenta o conscientes del peligro mortal, para ofrecer la extrema unción a un enfermo o simplemente atenderle en sus necesidades. Por ejemplo, confesarle».

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LAS VÍCTIMAS, SUS HISTORIAS

Según el diario L’Avvenire, con sede en Milán, la mayoría de sacerdotes fallecidos en Italia eran mayores de 70 años. Eso sí, el más joven de la lista era un padre de 45 años, perteneciente a la Diócesis de Salerno.

Suena lógico. Se sabe que el covid-19 se ensaña sobre todo con los adultos mayores, pero ¿acaso no estaban estos padres jubilados?

No estaban retirados. Tal como lo recordó la periodista e historiada italiana Lucetta Scarafia -famosa por ser una recurrente critica al sistema eclesiástico de Roma y por haber denunciado en L’Osservatore Romano los abusos sexuales cometidos contra monjas por parte de religiosos-, «la misión del sacerdote es una elección vital, que nunca termina».

«Los sacerdotes nunca se jubilan. Por eso, el virus los cazó. Porque su vida estaba inmersa en la de sus comunidades, y es probable que algunos de ellos se infectaran, sin darse cuenta o conscientes del peligro mortal, para ofrecer la extrema unción a un enfermo o simplemente atenderle en sus necesidades. Por ejemplo, confesarle», expresó Scarafia en su blog Desde el último banco, de la revista Vida Nueva Digital.

«El dolor que todos sentimos al ver que tantas personas enfermas mueren solas, sin consuelo espiritual, incluso ahora sin funerales, deja en claro cuán importante es la presencia de un sacerdote al final de su vida, y también cómo los sacramentos y los rituales ayudan. Quizás cuando volvamos a la vida normal, puede que la presencia de los sacerdotes en los hospitales ya no se considere algo desafortunado», finalizó la periodista.

En esa línea, medios católicos, como la agencia Vatican News, mencionan que muchos de los sacerdotes ancianos que murieron en Italia se mantenían activos de distintas maneras en sus pueblos, muchas veces para compensar una realidad que afecta a la Iglesia católica en todo el mundo: la disminución del clero, pues cada día menos jóvenes optan por ingresar al seminario.

Por ese motivo habría muerto de coronavirus el sacerdote Mario Cavalleri, que con 104 años de edad es el mayor de la lista. Se suma el caso de los sacerdotes gemelos Mario y Giovanni Boselli, de 87 años, y llama poderosamente la atención la perdida de 13 miembros de una comunidad de misioneros javerianos, en Parma.

Sin embargo, uno de los casos que más ha conmovido al mundo es el de Giuseppe Berardelli. Este sacerdote de 72 años, perteneciente a la diócesis de Bérgamo, fue contagiado con el covid-19 y falleció después de renunciar al respirador que sus feligreses le habían comprado.

Fe. Los sacerdotes en Italia han servido de soporte emocional a una población muy religiosa que, pese a sus creencias y costumbres, debe permanecer en casa acatando cuarentena.

Según ABC, de España, Berardelli donó su respirador a un paciente más joven, que él consideró tenía mayores posibilidades de sobrevivir. Su comunidad, que recuerda a Berardelli como un tipo bonachón, al que le encantaba trasladarse con una vieja moto para atender a sus feligreses y charlar con sus amigos del mercado, no lo pudo ni siquiera despedir.

Al padre Berardelli se lo llevaron al hospital y más nadie lo volvió a ver. Para honrarlo, lo único que pudieron hacer sus feligreses fue apostarse frente a su casa y dedicarle un sonoro aplauso. «Era un sacerdote que escuchaba a todos, sabía escuchar, quien se dirigía a él sabía que podía contar con su ayuda», dijo a la ABCClara Poli, quien fue alcaldesa de Fiorano, una comunidad a la que sirvió el presbítero hace varios años.

«Gracias a Berardelli se llegó a abrir un centro de ayuda para las familias en situación de vulnerabilidad. Cuando se le veía pasar era siempre alegre y lleno de entusiasmo. Ha regalado paz y alegría a nuestra comunidad», agregó Poli.

Otros sacerdotes fallecidos por covid-19 son Monseñor Angelo Moreschi, salesiano misionero que sirvió por muchos años en Etiopía, y el padre Cirillo Longo, de 95 años, quien según el sitio Aleteia.orgse habría despedido de este mundo con la siguiente frase: «¡Nos vemos en el Paraíso, recen el rosario!».

El saludo de Francisco y la «fantasía» pastoral

No por nada el Papa Francisco tomó una tarde el teléfono y llamó extremadamente preocupado al obispo de Bérgamo, Monseñor Francesco Beschi. Enterado de la complicada situación, el pontífice se quiso solidarizar extendiendo un mensaje de aliento a los sacerdotes en riesgo, pero también a sus feligreses.

«El Santo Padre ha sido muy cariñoso mostrando su cercanía paternal, conmigo, con los sacerdotes, con los enfermos, con los que los cuidan y con toda nuestra comunidad. Quería preguntar detalles sobre la situación que vive Bérgamo, sobre la que estaba muy bien informado», comunicó Monseñor Beschi.

Francisco dijo a Beschi que llevara su cercanía a los enfermos, a las familias dolientes y a todos aquellos que de diferentes maneras están haciendo un trabajo heroico por el bien de los demás. Sin embargo, hubo un detalle adicional que llamó la atención, pues en su mensaje el Papa mencionó estar conmovido por la «fantasía pastoral con la que los sacerdotes se inventan toda forma posible de cercanía a las familias, los ancianos y los niños, un signo de la propia cercanía de Dios».

Efectivamente, tras los trágicos acontecimientos, las autoridades de salud de Italia han ordenado a los sacerdotes evitar riesgos que puedan poner en peligro su vida. Ante el restrictivo panorama, muchos presbíteros han desoído los ordenamientos, pero otros se las han ingeniado para seguir sirviendo a sus feligreses con «fantasía pastoral».

Es el caso de fray Aquilino Apassiti, de 84 años, quien en el corazón del Hospital Juan XXIII, de Bérgamo, tiene que convivir todos los días con la muerte de decenas de pacientes por el covid-19. Conocedor del sufrimiento de los enfermos y de sus familiares por no poder llorar a sus muertos, se las ha arreglado para suavizar la triste situación. «Los familiares de los fallecidos me llaman, pongo mi móvil sobre los cuerpos de sus seres queridos y rezamos juntos», contó Apassiti a InBlu Radio, la cadena de radio católica de la Conferencia Episcopal Italiana.

Pero Fray Apassiti no se conforma con eso. Camina por los pabellones del hospital y, donde no lo dejan entrar por restricciones médicas, realiza oraciones especiales desde las puertas.

La bendición de los cadáveres es otro doloroso ritual realizado por el padre Apassiti. Con agua bendita en una jarra y un aspersor, el fray riega las bendiciones sobre el féretro a sabiendas que posiblemente es la única despedida religiosa que podrán tener. Lo hace en soledad, pues, aunque los familiares de la víctima desearían estar en ese momento, la cuarentena se los impide.

«El otro día una señora, incapaz de despedirse de su difunto marido, me pidió que hiciera este gesto. Bendije el cuerpo de su esposo, hice una oración, y luego ambos comenzamos a llorar por teléfono. Uno experimenta dolor en el dolor. Es un momento de gran prueba», dijo Apassiti a InBlu Radio.

La «fantasía pastoral» lleva a otros sacerdotes a celebrar misas, horas santas y bendiciones especiales con el Santísimo en Youtube o en las redes sociales. Otros, un poco más osados, salen de sus casas y organizan misas en plazas circundadas por unidades de apartamentos, a sabiendas de que los feligreses en cuarentena saldrán por las ventanas a escuchar la ceremonia.

Otros presbíteros organizan procesiones con el Santísimo por las calles o confiesan a varios metros de distancia a sus feligreses. Esto no solo pasa en Italia, en Costa Rica ya hemos visto varias procesiones de este tipo, mientras que en Maryland, Estados Unidos, un sacerdote llamado Scott Holmer se va para la calle, se sienta en una silla y escucha los pecados de algunos conductores de ‘larguito’, sin que tengan que bajarse de su auto. Es algo así como ir al autoservicio de un restaurante de comida rápida, solo que el combo no trae papitas fritas, sino una ración de consuelo en tiempos convulsos.

«Vamos a estar aquí el tiempo que la gente nos necesite», dijo el padre Scott al diario español La Vanguardia. «La emoción que la gente más expresa es la gratitud. Poder venir y ver a un sacerdote les da sensación de estabilidad en un momento en que todo es inestable», agregó.

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¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

El sacerdote costarricense Gerardo Rodríguez es, desde hace dos años y medio, el capellán del Hospital Spallanzani, de Roma. Rodríguez contó su experiencia a la agencia de noticias Rome Reports, pues Hospital Spallanzani es uno de los centros italianos dedicados, casi exclusivamente, a enfrentar la pandemia.

«En estos días, me sucede muy a menudo que tengo que dar yo solo la bendición con un ataúd. Solo estamos el difunto y yo. A lo mejor con un operador sanitario haciendo un video para la familia que está en la casa y no puede estar», comentó Rodríguez, poniendo como ejemplo a una mujer de 28 años que había dado a luz hace apenas dos meses y que finalmente murió sin nadie conocido a la par.

Otro caso dramático fue el de un hombre infectado que pidió un sacerdote antes de morir. Narra Rome Reports que, por evitar el contagio, Rodríguez tuvo que comunicarse con él de lejos y casi a los gritos.

«Le pedí al enfermo que hiciera algún movimiento pequeño de la mano, para asegurarme que me estaba escuchando. Le di la absolución de los pecados y le he recordado el amor que Dios le tiene y que posiblemente ya estaba apunto de entregar su alma al creador. El movía sus manos e incluso sus pies», narró el padre, que en medio de tanta angustia no pudo evitar hacerse una pregunta existencial.

-¿Dónde está Dios en todo esto?- se cuestiona el padre, para un segundo después auto responderse.

«Pues bueno, para mi Dios estaba en ese enfermo, para él, seguramente, Dios estaba en ese momento en mi persona. Eso es lo más difícil de hacer en este momento, hacer entender a las personas que Dios no los ha abandonado», reflexionó el costarricense, que desde el vidrio de una ventana tiene que comunicarse con un amigo suyo que también está internado en el hospital. El covid-19 no hace distinciones.

El diario italiano Corriere della Sera también recogió en sus páginas el testimonio del padre Rodríguez, quien contó como da la comunión con tantas restricciones.

«He tomado por sorpresa a más de un paciente. A más de uno, preocupado porque no se ha confesado, le respondo que no se preocupe, que confesaremos con el tiempo», narró el padre.

Pero las precauciones para dar la hostia son muchas. El sacerdote debe dejar el plato con la hostia en una antesala, y el paciente, si puede levantarse, va y lo toma con sus propias manos.

«Entonces hacemos una oración común y damos la bendición. El otro día mi fue cumpleaños y muchos pacientes hicieron la comunión. Yo leí eso como un regalo de Dios. Cuando llegué a casa puse música y me canté feliz cumpleaños. Solo…», finalizó conmovido.

Esa es la fe, en tiempos de la pandemia.

Edad. El riesgo que corren los sacerdotes se ve incrementado por la edad promedio de los mismos. Son una población de riesgo alto.

La Paciente 31 de Corea del Sur

Sin cautela. La Paciente 31 estuvo presente en varias actividades sociales a pesar de experimentar síntomas.

Tenía fiebre alta, pero todo «bien». Al parecer, salir de fiesta, cumplir ciegamente con sus singulares preceptos religiosos y las ganas insoportables de tener contacto social, pudieron más que cualquier «me siento mal».

En Corea del Sur, país asiático donde el coronavirus ha dejado ya 120 muertos y más de 9,000 contagiados, esta mujer de 35 años se arregló y asistió a dos cultos de su secta cristiana fundamentalista -la cuestionada Shincheonji de Jesús-. Luego se apareció sonriente en una boda, cenó junto a unos amigos en un hotel y hasta asistió a un funeral.

Por si fuera poco, tras estar involucrada en un accidente leve de tránsito, visitó varios hospitales de la ciudad de Daegu, donde tenía vínculos familiares muy fuertes.

Nada de lo que hizo la mujer es ‘pecado’, ciertamente, excepto porque tenía coronavirus (covid-19) y no se lo dijo a nadie aunque sus síntomas eran evidentes. Para ella, en todo caso, el ‘pecado’ hubiese sido decir que estaba enferma, pues en la secta Shincheonji de Jesús el estar enfermo es un estado relacionado estrechamente con «el pecado» y sus feligreses están obligados a asistir a sus multitudinarios cultos a pesar de padecer cualquier dolencia.

En resumen, la mujer era una bomba ambulante de covid-19 y explotó en el peor momento. Su onda expansiva y su irracional forma de comportarse terminaron contagiando a más de 1,000 personas. He aquí a la «supercontagiadora» de Corea del Sur, la anónima persona de la que no se sabe el nombre, pero sí de su nefasto legado.

VIAJERA INDESEABLE

Para contener una epidemia es clave ubicar a las personas infectadas, pero también es determinante identificar a aquellas con las que tuvieron contacto. De esa manera, es más fácil evitar que la enfermedad se siga propagando de forma exponencial.

Por eso, a medida que surgieron los primeros casos de covid-19 en Corea del Sur, las autoridades sanitarias comenzaron a aplicar este ejercicio de rastreo. De esta manera, en ese país el virus se confirmó por primera vez el 20 de enero, cuando una mujer china que voló desde Wuhan (la cuna del coronavirus) al aeropuerto internacional de Incheon, fue aislada al ingresar al territorio coreano.

En las cuatro semanas posteriores al incidente, Corea del Sur logró evitar un brote importante con solo 30 personas identificados con el virus. Sin embargo, de pronto, los contagios se multiplicaron y el sistema de salud comenzó a colapsar.

Fue entonces que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Corea del Sur (KCDC) detectaron a la «Paciente 31» y no hubo quien no se echara las manos a la cabeza y quedara impávido ante su increíble historia. Según los registros, entre el 6 y el 16 de febrero, esta mujer había disfrutado de la vida esparciendo el covid-19 a diestra y siniestra.

No está claro dónde se infectó la paciente 31, pero en los días previos a su diagnóstico, fue un hecho que asistió a lugares muy concurridos en Daegu y Seúl, sin restricción alguna. Nada la detuvo: dos cultos, un funeral, una cena y hasta un matrimonio, la tuvieron como protagonista.

Quizá, el único episodio en que su nefasta aventura se vio amenazada, fue cuando tuvo el accidente de tránsito. En ese momento, varios médicos de los hospitales a donde acudió la mujer le sugirieron que se hiciera una prueba de detección del coronavirus, pues la fiebre que tenía era muy sospechosa.

Sin embargo, según los testimonios recogidos, la mujer rechazó hacerse la prueba. Pero a medida que sus síntomas empeoraron, los doctores una vez más le aconsejaron que se hiciera la prueba. El 17 de febrero, finalmente, la mujer accedió y se sometió al test. Al día siguiente, sin dilatación alguna, las autoridades de salud anunciaron que ella era el caso número 31º confirmado en ese país.

Pero que ella fuera diagnosticada no fue lo relevante. Lo que llamó la atención es que, en cuestión de días, los contagios se dispararon en Corea del Sur y cientos de personas de la Iglesia Shincheonji y sus alrededores comenzaron a confirmarse con covid-19.

Los números no mienten. Desde que la Paciente 31 dio positivo, el número de contagios aumentó de 30 a 977 en un abrir y cerrar de ojos. El 80% los casos, según las investigaciones del KCDC, estarían relacionados con la secta a la que acudía la Paciente 31: la Shincheonji de Jesús.

Para ella, en todo caso, el ‘pecado’ hubiese sido decir que estaba enferma, pues en la secta Shincheonji de Jesús el estar enfermo es un estado relacionado estrechamente con “el pecado” y sus feligreses están obligados a asistir a sus multitudinarios cultos a pesar de padecer cualquier dolencia.

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JESUCRISTO HOMBRE, VERSIÓN COREANA

Apunte este nombre: Shincheonji, Iglesia de Jesús del Templo del Tabernáculo del Testimonio (SCJ), comúnmente conocido como Iglesia de Jesús Shincheonji o simplemente Shincheonji.

¿Su líder? Lee Man-hee, un hombre que afirma que Jesucristo mismo se apareció ante él y lo eligió para una misión extraordinaria: salvar a la humanidad.

En otras palabras, quien se congrega en Shincheonji, estaría adquiriendo su ‘pasaje al cielo’.

«En la página oficial del grupo, se presenta a Lee como el Pastor Prometido, mencionado en la Biblia como la segunda venida del Mesías», detalla la BBC, de Londres.

La Paciente 31 era ferviente seguidora de Lee Man-hee y su iglesia, que fue fundada en 1984 y actualmente cuenta con unos 250,000 adeptos.

«Las creencias del grupo se basan en la idea de que la Biblia está escrita en metáforas y que solo Lee puede interpretarlas correctamente… Es común entre los miembros de Shincheonji ocultar su pertenencia a la secta, dado que no es popular en el país. Sus formas de asociación, los rituales que practican y el culto a la personalidad de Lee la han ubicado a través de los años en el centro de varias controversias, según medios surcoreanos», agrega la BBC.

Según el diario La Razón, de España, una de sus creencias más singulares es la que pudo haber desatado el horror epidemiológico entre sus filas. En la secta coreana, no solo consideran que la enfermedad se relaciona con el pecado, sino que van más allá.

«El sufrimiento en la enfermedad es alentado. Se promueve prolongarlo sin intentar curaciones médicas», detalla el diario ibérico.

En esa misma línea, las críticas sobre las prácticas religiosas de Shincheonji se volvieron más agudas cuando el propio Lee Man-hee alzó la mano y pidió perdón por los contagios masivos en su iglesia.

«Quiero ofrecer mis más sinceras disculpas a la gente, en nombre de los miembros», expresó Lee Man-hee, postrándose en el suelo ante un grupo de periodistas.

«No fue intencionado, pero numerosas personas fueron contagiadas», agregó el cuestionado pastor.

Y aunque muchos catalogaron el gesto de Lee Man-hee como un derroche de humildad, otros lo consideran la consecuencia de un repentino ataque a su conciencia y hasta un reconocimiento público del delito.

El paso siguiente fue lógico. Las autoridades de salud pidieron a Shincheonji -que tiene más de 1,000 sedes en Corea del Sur- un registro completo de sus miles de fieles. Querían seguirlos, controlarlos, aislarlos. Al menos hasta donde se pudiera.

«El Gobierno aseguró que ya conoce los nombres de todos los integrantes y que ha sometido a una prueba de coronavirus a más de 100,000. Otros 90,000 miembros ya fueron contactados. Se trata de una búsqueda que es sentida como una persecución, una suerte de caza de brujas», publicó El País, de España.

Recorrido. La identidad de la Paciente 31 se mantiene bajo reserva. Pero las autoridades publicaron sus nexos epidemiológicos para advertir a otras personas del riesgo.

¿CASO CERRADO?

Conforme ha pasado el tiempo, las autoridades coreanas se muestran orgullosas del trabajo hecho para contener el coronavirus. Su estrategia, para estabilizar la curva de contagios, ha sido aplicar más de 260,000 testa su población, logrando aislar con mayor eficacia a los enfermos con covid-19.

Para muchos, el tema de la Paciente 31 no puede ni debe cerrarse. Un grupo de surcoreanos, en modo teoría de conspiración, dicen que el caso de la secta no es más que una cortina de humo para tapar la mala gestión del gobierno, en otras palabras, un chivo expiatorio.

Otro tanto, sin embargo, rechazan de plano las conspiraciones y se centran su discurso en la necesidad de hacer justicia. Consideran que la Iglesia y la mujer deben hacerse cargo del costo social y económico de sus funestas acciones.

Esas posiciones son alentadas por datos oficiales de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Corea del Sur. Según sus informes, 9,300 personas asistieron a los dos servicios religiosos a los que asistió la Paciente 31. De esa cifra, de 1,200 se quejaron de síntomas similares a los de la gripe, y otros cientos, fueron confirmados con el covid-19.

El otro grupo de contagiados, que identificaron oficialmente las autoridades, surge de un hospital cercano a Cheongdo, un condado cerca de la ciudad Daegu. En este caso, las autoridades están investigando los vínculos entre la iglesia y un servicio funerario en el hospital, al que asistieron varios miembros de la iglesia. Si se confirma, significa que la paciente 31 podría estar vinculada a ambos grupos, sumando más casos de contagio a su funesto conteo.

«El éxito es superarse a uno mismo»

¿Qué la motivó a ser una atleta de taekwondo?

Mi mamá me motivó a ser atleta. Ella me llevó a las clases y me incentivó. Siempre me gustaron las artes marciales, pero nunca salió de mí ir a una escuela. Tenía doce años.

¿Qué es lo que más disfruta del taekwondo?

Cuando empecé a practicarlo me hizo una joven más disciplina, respetuosa y humilde. Me gusta también porque me da la oportunidad de conocer a muchos más competidores de diferentes países del mundo.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

Ganar oro en un mundial organizado en Corea del Sur.

¿Quiénes la inspiran?

Mi madre, mi padre, mi hermano y mi entrenadora. Ellos siempre me alientan a seguir.

¿Qué cosas tendría que repetir para asegurarse de que en un futuro va a volver a estar exactamente en la misma situación?

Entrenar, tener buena alimentación y automotivación.

Si pudiera practicar otro deporte, ¿cuál sería?

La gimnasia rítmica. Este deporte supone muchos retos, entre ellos, la condición física y destreza acrobática.

¿Cuál es su idea sobre el éxito?

El éxito es superarse a uno mismo. Nunca es ganar una medalla o triunfar en un campeonato mundial. Siempre es superarse a uno mismo.

Los piratas de la tierra en Bolivia

Fotografías de Connectas

En 2006, cuando asumió como el primer presidente indígena de Bolivia, Evo Morales anunció una Revolución Agraria que “beneficiaría a los campesinos e indígenas del país que necesitaran tierras para trabajar” y que “aseguraría la soberanía alimentaria”. Catorce años después, el presidente de la Pachamama no solo les quedó debiendo, sino que los utilizó para fortalecer su proyecto político. Los indígenas y campesinos de Santa Cruz no recibieron la tierra prometida, mientras que dirigentes sindicales se llenaron los bolsillos con cobros ilegales a costa del sueño de que la tierra sería para quien la trabajara. Así lo revela esta investigación de Nathalie Iriarte, en alianza con CONNECTAS, con el apoyo del International Center for Journalists (ICFJ), como parte de la iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas.

En 2014, luego de ocho años de fallidos intentos, la anunciada Revolución tuvo uno de sus capítulos más notorios cuando en el departamento de Santa Cruz, motor de la agroindustria en Bolivia, se cuadruplicó la entrega de tierras del Estado en relación con los años anteriores. Durante la presidencia de Evo Morales, solo en Santa Cruz se entregaron 1,7 millones de hectáreas de tierras estatales a nuevos comunarios campesinos, es decir, casi el 70 por ciento de los 1,8 millones de hectáreas dotadas en 25 años.

Pero lejos de ser una medida que favoreció a los sectores más pobres, dicha revolución agraria benefició a miembros de una sola organización, la (CSUTCB) que se llevaron la mayoría de toda la tierra a través de dirigentes que habrían generado comunidades fantasmas, realizado cobros ilegales por los trámites y creado asentamientos que destruyen reservas naturales. El actual gobierno de transición investiga si conformaron especies de mafias para extorsionar a quienes reclamaban ser los dueños legítimos de las tierras y una serie de irregularidad en los trámites de dotación.

No hay acuerdos sobre el número real de comunidades y comunarios asentados. Según datos oficiales, hay 912 comunidades, pero según la Fundación Tierra este número asciende a 1.400. Lo cierto es que entre 31.000 y 50.000 nuevos colonos obtuvieron permisos del gobierno para asentarse y en 2015 cada uno de ellos obtuvo permiso para talar 20 hectáreas. El impacto ambiental, social y cultural de esta medida sin duda es enorme.

La investigación publicada en Página Siete, El Día y Los Tiempos de Bolivia, en alianza con la plataforma periodística regional CONNECTAS, revela cómo Juan Carlos León, el exdirector nacional del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) junto con dos dirigentes de la CSUTCB también de apellido León serían los más influyentes en los procesos al punto de prácticamente ostentar el poder a nivel nacional de repartir tierras a quienes señalaban. Este trío de temidos hombres proviene de un pequeño pueblo de Chuquisaca llamado Padilla y se conoce como “El clan de los Leones”. Ellos, además de compartir apellido, también tenían en común una ferviente y pública militancia con el partido de Evo Morales.

Juan Carlos León fue viceministro de Tierras en 2017, puesto que dejó a fines de 2018 para ser director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). A los cuatro meses de estar en el cargo que le daba el poder máximo de la asignación de tierras en Bolivia, se vio acorralado luego de que salieran a la luz casos de asentamientos de cocaleros en reservas naturales, autorizados por esta entidad. Pero esto no bastó para que el partido de Evo Morales lo alejara de su cúpula, al contrario, fue devuelto a su anterior cartera de viceministro de Tierras, donde permaneció hasta el final del gobierno de Morales en noviembre de 2019.

El otro es Adolfo León, secretario departamental de la CSUTCB en Santa Cruz entre los años 2014 y 2018, cuando se emitió la mayor cantidad de autorizaciones de asentamientos en los últimos 25 años en la historia de Bolivia. Este León fue un ferreo defensor de la postulación indefinida de Evo Morales como presidente, llegando a amenazar públicamente con movilizar campesinos si el tribunal electoral no otorgaba este privilegio a Evo Morales, a pesar de que la Constitución lo prohíbe.

Daño. La deforestación afecta varias áreas protegidas y territorios indígenas. Aquí, comunidades asentadas en Ñembiguasu.

El último hombre en esta trama es Henry León, quién fungía como dirigente regional de la organización campesina en Pailón, uno de los tres municipios que conforman la provincia de Chiquitos. Él manejaba “la llave de Pailón, que es la puerta de entrada a la Chiquitania, por ende, de la repartija de las tierras más valiosas y productivas de Santa Cruz”, relata para la investigación, Álvaro la Torre, abogado especialista en temas agrarios.

Una historia que deja en evidencia el entramado de estos piratas de la tierra en la Presidencia de Morales, es la de Anacleto Aguirre, campesino de Pailón: “Tengo un familiar, Nilo Aguirre, que nos llamó a mí y a mis hermanos y nos dijo que había tierras para nosotros. Yo, que nunca tuve terreno, me emocioné y nos fuimos para allá a asentarnos”. Una parcela había salido a su nombre con autorización del INRA, pero la sonrisa se le fue rápido cuando el mismo Nilo le pidió 500 dólares como comisión para el INRA y los dirigentes. Ese sería solo el primer pago que les demandarían a él y a otros beneficiarios por mantener su nombre en la comunidad. Negarse al pago tenía un costo: la expulsión. Anacleto fue sacado del predio junto con otras tres personas de su familia que tenían parcelas a su nombre y encima fue amenazado por los dirigentes.

La repartición de tierras benefició mayormente a migrantes de tierras altas, más que a campesinos e indígenas locales. El MAS dotó de tierras a cocaleros que ya contaban con parcelas en Cochabamba, a citadinos en vez de a pobladores rurales e incluso a profesionales con grado de licenciatura y con recursos económicos muy superiores a los de un campesino que aspira a ser un pequeño productor, como se documenta en esta investigación periodística que comenzó meses antes de la salida de Morales del poder.

Esta repartición a dedo también ocasionó una serie de conflictos entre comunarios locales que se vieron avasallados en su territorio y cultura por los nuevos colonos que fueron mandados como piratas a tomar por la fuerza lo que el INRA marcaba con una equis en el mapa. Para varios líderes indígenas de tierras bajas, el gobierno de Evo Morales puso por encima los intereses de sindicatos de campesinos cocaleros y de quienes lo apoyaron políticamente y no veló por sus hermanos indígenas, como les había prometido. “Este fue un intento de colonizarnos por razones políticas, trayendo gente para ganar alcaldías —decía Fernando Rojas, cacique de los cabildos indígenas de San Ignacio de Velasco, provincia chiquitana—. Encima depredaron el bosque y quisieron acallar nuestra cultura”.

Luego de la renuncia de Evo en noviembre pasado, el nuevo gobierno de transición de Jeanine Añez comenzó, a partir de diversas auditorías, una revisión de las tierras dotadas por el INRA en la anterior administración. Las comunidades que no cumplan con la función económico-social indicada por ley podrían ser revertidas al Estado. La revisión comenzó, especialmente, en los municipios donde la CSUTCB tuvo el poderío a través de Juan Carlos León, Adolfo León y Henry León. Estos fueron los tres reyes de la selva que crearon su propio imperio de irregularidades ante las que la ley boliviana parecía tener un parche en el ojo. Pero el botín de oro verde que vieron en los bosques de Santa Cruz parece habérseles acabado. El nuevo gobierno está investigando a estos tres personajes y a otras exautoridades por tráfico de tierras.

Según analistas del tema como Alcides Vadillo, de la Fundación Tierra en Bolivia, la herencia de estos años de “piratería terrestre” tendrá un grave impacto ambiental, social y cultural. “Esto implica a 1.400 comunidades. Solo con un cálculo de 35 personas por comunidad, estamos hablando de alrededor de 50 mil beneficiarios de tierras en la Chiquitania. Si van con la pareja y dos hijos, estamos hablando arriba de 200 mil personas que se están metiendo en la Chiquitania. Este era el objetivo político, cambiar el mapa electoral y buscar el control político de la región. Entonces, estamos prediciendo un nivel de avasallamiento y de destrucción de las culturas chiquitanas”, explica el experto que lleva más de 10 años investigando el tema.

Probablemente, esto también venga con un alto costo político para Evo Morales y su movimiento cuya principal promesa política fue una Revolución Agraria ahora muy cuestionada. Morales deberá defenderse desde el exilio en Argentina y en medio de numerosos escándalos y acusaciones mientras recarga baterías para que su partido compita (esta vez sin él como candidato) en las elecciones generales, cuando la crisis del coronavirus permita convocarlas.