ÁLBUM DE LIBÉLULAS (233)

1907. ALTAR SONRIENTE

En los bordes de los tejados vecinos los grupos de palomas que venían en bandadas a volar en torno se alineaban con disciplina impecable. Siempre juntas, como si fueran una comunidad monástica. Él, que era el habitante mayor en el edificio de apartamentos que se hallaba enfrente, se asomaba constantemente desde su ventana en uno de los pisos superiores a participar contemplativamente del rito que parecía programado por un maestro que no fallaba nunca; y el fiel cumplimiento de aquella contemplación le producía una serenidad que les daba alivio inmediato a los distintos avatares de una cotidianidad cada vez más poblada de sobresaltos. Pero llegó un día en que tuvo que preguntarse a sí mismo cuál era la identidad de lo que le producía tal sensación. Y del fondo de su propia experiencia brotó la respuesta: “Estoy ante el altar del aire que sonríe…”

1908. CAMINO DE POLVO

Desde que tenía memoria, su afición a caminar descalzo por las veredas del cerro vecino se había vuelto parte natural de su rutina cotidiana. Esto sólo podía hacerlo entonces en los fines de semana y en los tiempos de vacaciones, que eran cuando estaba en la casa de la finca donde vivían su madre y su padrastro. Pero todo aquello fue cambiando para él con el paso del tiempo: cuando ingresó en la vida universitaria desaparecieron las vacaciones programadas, y sus visitas al lugar se hicieron fugaces e imprevistas. Sin embargo, la atracción original seguía ahí, en una comarca perfectamente identificable de su mente. Y el desenlace llegó cuando se decidió a adquirir vivienda propia: regresó al lugar originario, buscó a Lucía, reemprendió con ella el romance de adolescencia, y la invitó a irse en un camino de polvo, descalzos ambos, hacia el futuro.

1909. UN RESPIRO INEFABLE

La casa familiar se fue vaciando en corto tiempo, a partir de la hora en que sus padres dispusieron separarse luego de muchos años de distanciamiento progresivo. Ambos tomaron cada quien por su lado, porque los hijos ya estaban en edad de manejarse por su cuenta. Bueno, salvo él, que era el único graduado universitario pero no sabía cómo administrar su cotidianidad. Él se quedó en la casa, solo y en plan de indigente con recursos. Sólo salía a comprar algunos comestibles y, muy de vez en cuando, piezas de vestir. En verdad, sólo contaba con la compañía de su ventana, que abría muy de vez en cuando. Era como un ermitaño constipado de soledad. Pero un día recibió un regalo sin enviador ni destinatario. El bote con una sustancia para fumigación fragante. Y entonces recordó que existe el aire puro y se fue al jardín más próximo a reconciliarse con él.

1910. LA SOLEDAD ES UN ESPEJO

Sus padres casi se lo preguntaban a diario cuando era un adolescente a punto de concluir su formación secundaria: “Hijito, ¿qué querés ser cuando seás grande?” Y él, ya por costumbre, se quedaba mirándolos sin responder. Sacó su bachillerato y era la hora de elegir carrera universitaria, pero entonces les avisó a sus padres: “Me voy a ir unos cuantos días como turista de mochila. Ahi me comunico con ustedes en el trayecto…” Ellos no hallaron qué decir, y él se fue de inmediato. Pasaron los días y las semanas. Los padres comenzaron a inquietarse, pero en eso reapareció. Parecía otro. Vestido de traje oscuro, con gesto de joven emprendedor y mirada de adulto inminente. Ellos indagaron por su actitud. Él respondió: “No se extrañen. Fui a terapia conmigo mismo. La soledad es un espejo que gira hacia el interior…”

1911. QUE HABLEN LAS HOJAS

Todas las palabras se quedaban en vilo cuando aquel señor de misterioso porte aparecía en el umbral. Aquella tarde, ya con la claridad solar en retirada, el sitio de reunión, rodeado por un amplio boscaje, se hallaba prácticamente vacío, y eso le daba a la ocasión un tinte de originalidad a la vez sutil y comprometedora. Sólo había un par de jóvenes sentados sobre la alfombra, que mostraban la actitud de los iniciados incipientes. Ellos parecieron no advertir la presencia del señor, y él, sin darse por aludido por aquella inadvertencia, fue a ubicarse en su atril, se despojó de su chamarra y abrió el libro que estaba dispuesto. Comenzó su disertación trascendental, pero ellos no se dieron por aludidos. Al final, el señor les pregunto: “¿Qué les pareció el mensaje?” Ellos no disimularon su opinión: “Nosotros sólo escuchamos el mensaje de las hojas…”

1912. SERVICIO SUPERIOR

“¿Qué te pasa, amor?” Era la pregunta de siempre, y él respondió también lo de siempre: “Nada que no sea mi realidad”. Ella entonces simuló un aplauso y lanzó su frase favorita: “Eres el rutinario más original que existe. ¡Bendiciones!” Se abrazaron y ya estaban dispuestos a salir al aire abierto a buscar el lugar más propicio para tomar sus bocadillos vespertinos. Aquel restaurantito con terraza que era posición ideal aquella noche de luna creciente. Les dieron su sitio favorito, y no había nadie en las mesas aledañas. Ya ubicados, pidieron una copa de vino tinto, y él tomó impulso para sincerarse: “Debo confesarme contigo: mi realidad me impulsa a tomar mi camino en solitario. ¿Comprendes?” Ella le tomó mano, emocionada: “¡Amor, estamos en la misma onda! Si nuestros caminos se encuentran, el aire lo dirá!”

1913. LA CORBATA GRIS

Fecha de la boda estaba cada día más próxima, y los preparativos se aceleraban al mismo ritmo. Los contrayentes eran contrastantes: él, un vagabundo que se había convertido en emprendedor; ella, una bailarina que había derivado en promotora de modas. Sus personalidades, sin embargo, coincidían en algo muy básico: el ansia de notoriedad. Así las cosas, llegaron a los umbrales del compromiso definitivo. En uno de los días inmediatos había que definir los últimos detalles. Y él se centró en uno que parecía insignificante: la corbata de su traje. “Es smoking, pero yo voy a llevar mi corbata favorita. La gris que me regaló mi abuelo, que fue la primera que usé en la vida”. “¿Gris?”, preguntó ella con gesto desabrido: “¿A quién se le ocurre? Puede ser hasta de mala suerte”. “Entonces, aquí lo dejamos. Gris o nada”. Ella dio la vuelta. Adiós.

1914. INMEMORIAL FIDELIDAD

La estación lluviosa se estaba iniciando y las siembras comenzaban a multiplicarse en los entornos. Era una planicie propicia para ello, y en las pocas viviendas rústicas que había en el lugar también se activaban los huertos hogareños. Todo parecía exactamente igual a lo ocurrido por costumbre en aquella época del año, pero un curioso habitante emergía sin que nadie pareciera advertirlo. Era él, el retoño de la planta exótica que sus dueños trajeran de muy lejos hacía unas pocas semanas. Estaba habituándose al clima y a la compañía. Y si le hubieran preguntado habría respondido: “Voy a crecer hasta las nubes para atisbar desde aquí mi jardín de origen”.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (14)

TENGÁMOSLO PRESENTE

Las palabras no cumplen su misión si no están asistidas por la benevolencia de sus ecos.

NOTRE DAME ARDIENDO

Dicen que lo predijo Nostradamus; pero esto solo pudo predecirlo un soplo de aire negro que se coló por la primera rendija del milenio.

SABOR GLOBAL

Ahora el mundo tiene vocación de galaxia y sus platos servidos son la fusión de todas las fantasías cardinales.

FUSIÓN DE ALIENTOS

Y basta con pensarlo para que nos sintamos por enésima vez la pareja perfecta.

HABLA EL PROFETA

Enciendan por favor sus aparatos electrónicos para poder oír esa voz que ha venido rodando de desierto en desierto.

BUEN DÍA, CHOCO ALBINO

He llegado esta vez para reencontrarme con tus libros más fieles, mientras afuera el viejo San Salvador nos abre su ropero de imágenes.

LÓGICA NATURAL

Si todos los caminos llevan a Roma lo natural entonces es que todos los jardines tengan salidas al Paraíso.

MANUAL DE PROMESAS

Lo escribimos a diario para que ningún día se nos vaya a olvidar que el amor es la suma sin fin de los momentos prometidos.

UN CAMINO ENTRE ORQUÍDEAS

Es el que lleva a todas las ventanas del espíritu.

TIEMBLA EL 8 DE ABRIL

Ese día nació y murió María Félix, y es como si los astros se hubieran entendido para concelebrar a su mejor estrella.

MEMORIA.COM

El password es una copa anónima de vino proveniente de las viñas más fértiles de la propia experiencia indescifrable.

CUENTAS ALEGRES

Las hacen todos nuestros sueños con la ilusión de despertar en alguna comarca del terruño escondido entre las sienes.

CON OLOR A NARDO

En esta época sobrecargada de alevosas vibras hay que traer los nardos saneadores para que limpien con su aroma sagrado todas las estancias.

CUANDO LLEGA EL INVIERNO

No hay cristal que resista las avanzadas amorosas de las nubes que buscan compañía.

UNA LÁGRIMA BASTA

Todo lo que tenemos como seres en clave de animación circulatoria es un pequeño río que espera la señal para hacerse visible.

AYER EN BROADWAY

Todas las luces se quedaron quietas viendo pasar la caravana que llevaba en andas a Rodgers & Hammerstein, a los compases de The Sound of Music.

MAÑANA HABRÁ COMETA

Lo dicen los espejos congregándose en torno al tragaluz más próximo.

CAMPIÑA SIEMPRE JOVEN

Aunque pasen los años, desaparezcan los ferrocarriles, los patios olvidados echen moho y los niños de entonces ya duerman en un álbum de recuerdos…

FICCIÓN DE INVERNADERO

Los antiguos rosales cantan gloria porque ninguno de sus pétalos les ha sido infiel.

SALARRUÉ MIRA HACIA LA CALLE

Y como estamos en lo alto de la pequeña cordillera, los celajes lo toman de la mano como a su amigo más seguro.

EL MAR ESTÁ A LA VUELTA

No de la esquina, sino del anhelo.

EL AZAR NO FALLA

Y la mejor prueba de ello es lo que resultó de aquellos días que no llegaron a ser semana en los que estuvieron activos los brotes entusiastas de la creación.

EN EL OLIMPO

Todas las noches son de fiesta; lo único que cambia es el reflejo de la luna en la memoria de los dioses.

UN VITRAL CLANDESTINO

Lo descubre la aurora cada día, y de inmediato lo coloca en su página web para que sea del dominio público.

CERRAR CAPÍTULO

Es lo que hace el desvelo cuando las golondrinas en bandada llegan a refugiarse en su alero durmiente.

TE DOY LAS GRACIAS

Y la mejor manera es albergar mi sien entre tu almohada.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (220)

1802. LITURGIA ÍNTIMA

Llegó bastante más temprano que otros días a ocupar su escritorio en la oficina donde estaba ubicado desde que lo elevaran de nivel en la empresa. En el espacio había otros tres escritorios, que antes fueron de los más antiguos y hoy eran de los más modernos. Él se dedicó a escudriñar en sus archivos, aprovechando que se hallaba solo. Llegó a aquel legajo de páginas manuscritas. Cartas de amor de las de antes. Y mientras leía sintió una punzada en el corazón, y se lo apretó con ambas manos, gimiendo. Parecía un gemido terminal, pero se incorporó de pronto como si nada hubiera pasado. Acarició la carta que tenía visible, con un suspiro que venía del fondo del alma. Pronto empezaron a llegar los ocupantes de los otros tres escritorios. Él los saludó sonriente: “Llegué más temprano para que me alcanzara el tiempo”. No dijo para qué porque la punzada en el corazón venía de nuevo, y esta vez para quedarse.

1803. ODISEA DE BARRIO

Como lo hacía a diario, estaba viendo y oyendo el noticiero de CNN cuando aquella golondrina comenzó a pasar y repasar al otro lado de su ventana en la pequeña estancia que le servía de vivienda. Siempre había oído decir que una sola golondrina no hace verano, pero lo que él estaba sintiendo en aquel preciso momento era que el verano se iba haciendo presente de manera expansiva como el recién llegado más espontáneo y ceremonioso. La golondrina hizo un leve piqueteo en el cristal, y él entendió que le pedía permiso para entrar. En ese preciso momento las imágenes de CNN iban recorriendo una serie de paisajes de las más diversas latitudes. Entonces él se preguntó sin palabras: “¿En qué lugar estoy?” Y la golondrina, que ya se hallaba adentro le respondió a su modo: “En tu barrio, que es el mundo…”

1804. MISTERIO SUBTERRÁNEO

“Quién iba a decirlo”, se dijo mientras pasaban a su alrededor todos sus vecinos de siempre. Y es que se trataba de una protesta callejera por la ya prolongada ausencia de agua potable en aquella colonia que todo el tiempo había estado bien abastecida de los servicios básicos. Entre los manifestantes iba ella, que todo el tiempo lo pasaba dentro de su casa escribiendo historias de seres imaginarios. No pudo contener el impulso y se le acercó: “Alexia, ¿qué andás haciendo aquí?” Ella lo miró como si él fuera un completo desconocido, y así le espetó: “¡Defendiendo nuestros derechos! ¿No le parece suficiente?” Él se sintió agredido: “¡Alexia, ¿qué te pasa? Si querés hago el trabajo por vos!” Ella soltó la carcajada sarcástica, pero en ese mismo instante fueron brotando del suelo chorros de agua que lo mojaban todo. Y la manifestación se dispersó de repente.

1805. WINGS OF PEACE

El muelle se hallaba solitario cuando la nave atracó para estar ahí por algunas horas. Ellos, que habían trasnochado en el Panorama Lounge, al ritmo de la música disco que activaba el discjockey Rob, que mostraba una energía muy a tono con su tarea nocturna, apenas estaban despertando. “¿Dónde estamos?”, preguntó ella, liberando el bostezo sobre la almohada. “En cualquier lugar en ruinas –respondió él, que era adicto a dramatizar en broma–; y por eso aquí todos los tours tienen guías fantasma…”. Y soltó la carcajada. Ella se incorporó para abrir la cortina. La luz del día era perfectamente vivificante. Ahí enfrente, en el muelle, un conjunto típico del lugar daba la bienvenida. Y los buses de las excursiones estaban en fila. “¿En cuál vamos?”, preguntó ella; y él respondió: “¡En aquél!” En el costado del bus había un rótulo: “Wings of peace”. ¡Perfecto augurio!

1806. DESTINOS PARALELOS

La primera sonrisa del bebé llenó la casa de destellos subliminales. Y esos destellos, que de algún modo eran perceptibles para todos, iban inequívocamente dirigidos hacia él, bisabuelo paterno. Un señor que no parecía ni siquiera abuelo. La interrogación saltaba de boca en boca: “¿Cómo hará don Fili para ganarle todos los días la batalla al calendario?” Y él, don Filiberto, que nunca se daba por aludido, apenas sonreía. Desde el primer instante, el bebé solo tuvo ojos para don Fili. Era como si los padres y los abuelos no existieran. Y así fue cada vez más con el paso del tiempo. Cuando el bisnieto estaba por cumplir 15 años, el bisabuelo le hizo una propuesta: “¿Te gustaría que nos fuéramos juntos a recorrer el mundo?” Los otros parientes pusieron cara de estupor. “¡Sí, señores, dejen vivir a los jóvenes! Es la ley de la vida”.

1807. RITUAL CON MENSAJE

Era el comienzo de la Semana Santa y la ciudad iba entrando en el estado de siempre: una suerte de placidez atávica que ni siquiera las incursiones incansables del crimen eran capaces de borrar de los espacios urbanos. En los alrededores de aquella iglesia, que no era de las principales del lugar, esa quietud mostraba de pronto destellos inesperados. ¿Qué se estaba anunciando? En la arboleda descuidada que rodeaba el templo se podían percibir algunas vibraciones inexplicables. De pronto, la antigua y ya casi inservible campana silenciosa por tanto tiempo empezó a repicar. Y de entre los arbustos resecos y los árboles descuidados fueron saliendo las figuras en procesión. Eran todos los mendigos y vagabundos de la zona. Se alinearon frente a la puerta principal y la iglesia pareció revivir como una basílica clásica. Milagro anónimo, como todos los milagros verdaderos.

1808. SALIDA AL MUNDO

El viento soplaba con ráfagas entusiastas, como si circulara por la atmósfera un propósito consciente de recorrer horizontes. Y él, un joven que acababa de emprender el tránsito de adolescencia, de seguro se sentiría animado, por afinidad natural, a responder a tal impulso; pero curiosamente su reacción era todo lo contrario: lo que le nacía en aquel instante era el ansia de buscar refugio para que el viento no pudiera encontrarlo. Así llegó sin proponérselo al ático de la casa, ese lugar al que nunca había subido, ni siquiera por curiosidad. Cajas y cajones amontonados. Roperos antiguos. Estantes medio llenos. Y objetos abandonados en desorden. Fue a esconderse en alguno de los rincones, y le brotó entonces la voz de muy adentro: “No me temas, quiero que me acompañes…” Puso cara de estupor. “Soy un enviado del viento, tu nuevo guía”.

1809. UNA NUEVA LECCIÓN

Aquel cuaderno era el destinatario de sus apuntes íntimos y por eso lo guardaba en el fondo de la gaveta de su mesa de noche, y esa vez no tenía ningún deseo de escribir nada, porque la semana había sido más monótona que nunca. Aun así, abrió la gaveta y extrajo el cuaderno. Para su sorpresa casi alucinante, las páginas estaban en blanco. Lo soltó, como si fuera un objeto peligroso. Y al caer abierto, todas las palabras reaparecieron. Entonces él se dio por satisfecho. ¿Para qué indagar, si lo mismo pasaba en su mente, que se quedaba en blanco cuando le daba la gana?