Un ecosistema marino limitado a su hallazgo

Pasto marino

Mediodía. A esta hora los moluscos conocidos como cascos de burro están bajo el fango y los pescadores ya se han ido a sus casas. En el playón solo quedan tres jóvenes que todavía buscan jaibas. Dos están a un costado de la barca que han usado ese día, donde tienen un barril de plástico, partido a la mitad, que sirve como recipiente para depositarlas. Jorge Mejía atrapa las jaibas y Miguel Yanes ayuda a acomodar las canastas y los changales, los instrumentos a base de hilo de trasmallo que sirven para pescarlas.

Han sido siete horas de pesca y ahora se preparan para ir a la casa, pero aclaran que aquí no hay hora para pescar. Siempre están las condiciones para hacerlo. «Hay unas 10 libras», dice Miguel, señalando las jaibas vivas que, por gusto, luchan por salir del barril. Miguel aprovecha para decir lo ricas que saben en sopa o guisadas con tomate, y con tortillas.

A unos 20 metros de donde están, el agua comienza a empozarse. La marea está subiendo, pero todavía deja a la vista pequeñas hojas verdes, parecidas a la grama de un campo de fútbol, que ellos han visto desde hace años. No saben cómo se llaman, tampoco cuándo las vieron por primera vez. «Ya tiene años de andar eso allá. Tiempazo«, dice Jorge. «Eso» es pasto marino: un complejo ecosistema que la ciencia descubrió en El Salvador hasta hace 11 años. Se ha extendido por diferentes partes de la Bahía de Jiquilisco, en Usulután, como en este lugar, la isla Rancho Viejo.

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Wilfredo López había vuelto de estudiar una maestría en Gestión de Ecosistemas Marinos de la Universidad de Alicante, en España. Allá, José Luis Sánchez, su tutor, lo había incitado a que buscara pastos marinos en El Salvador. «Yo siento que han de haber en tu país. Hay que buscar», le dijo. Aquel joven quedó con la terquedad de encontrarlos, porque había pasado los seis años de su carrera de Biología pensando que acá no existían.

En 2009, Wilfredo tenía 28 años y trabajaba, con un grupo de biólogos, en un proyecto sobre tortugas de carey con la Iniciativa Carey del Pacífico Oriental. El grupo había escuchado de pobladores y guarda recursos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) sobre unas plantas que no eran comunes. «Hay una cosa que parece cultivo de arroz», también le había dicho Óscar Carranza, un biólogo que, en más de una ocasión, vio las plantas cuando recorría la zona.

El grupo, liderado por Wilfredo, visitó el Golfo La Perra, en la Bahía de Jiquilisco. Vio que en lugar había tortugas prietas que se alimentaban de unas hojas. Al llegar al golfo, Wilfredo palpó las plantas y las analizó. A simple vista, no le parecieron algas marinas: tenían hojas, tallos y raíces. No encajaban en las características de un alga. Supo, entonces, que no estaba solo frente a una especie que no había visto antes en El Salvador, sino frente a todo un ecosistema.

Así comenzaron los trámites de permisos ambientales en MARN para continuar con los estudios. Fueron días de trabajo fijando muestras y revisándolas en el laboratorio del Centro de Investigación y Desarrollo en Salud de la Universidad de El Salvador, donde dispusieron de equipo. Wilfredo contactó a su tutor y le envió fotografías de la punta de las hojas. José Luis le confirmó que se trataba de pastos marinos. Pero faltaba descubrir cuál era la especie.

Wilfredo se empecinó en leer guías de identificación taxonómica. «No le hallo. No entiendo qué especie será esa», se dijo por días. Había visto otros tipos de pastos: plantas grandes, no pequeñas, de centímetros, como las del Golfo La Perra. Al inicio supuso que podrían ser dos tipos de plantas, una de ellas Halodule wrightii, que, sabía, crecía en el Océano Atlántico.

Tenía razón, se trataba de Halodule wrightii. José Luis le dijo que se había creído que esa planta solo crecía en el Océano Atlántico, pero también crece en el Pacífico.

El biólogo temía que cuestionaran su hallazgo. Por un tema de malinchismo, dice esta mañana, en un café, al recordar aquel viaje. Enseña, en su computadora, un álbum de fotos de las plantas, de las mediciones que hicieron en los pastos para los estudios y algunos de los animales encontrados en las hojas y en el lodo. Calcula que antes de descubrir el ecosistema, este tenía 10 años de existencia.

Distribución. La pradera marina está distribuida en seis áreas de la Bahía de Jiquilisco, entre ellas, el Golfo La Perra. La fotografía muestra la zona en la que Wilfredo López y su grupo la descubrieron.

 

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Los pastos marinos o praderas marinas son plantas que crecen donde hay mareas bajas, como en la Bahía de Jiquilisco. Forman todo un ecosistema que le sirve de hogar a diferentes especies de moluscos, crustáceos y equinodermos.

La bióloga salvadoreña Olga Tejada realizó la investigación «Praderas Submarinas de Bocas del Toro, Panamá», publicada en 2014, en la que dice que los pastos marinos representan menos del 0.2 % de los océanos del mundo y que anualmente toman el 10 % de carbono enterrado en sedimentos oceánicos. Almacenan dos veces más carbono que los bosques terrestres.

Alrededor del mundo, Wilfredo dice que la ciencia ha descubierto entre siete y ocho especies de pastos. Los hay de diferentes tamaños y extensiones. Los pastos que él y su equipo descubrieron siguen siendo los únicos de los que se sabe en el país. Según sus investigaciones, hasta la fecha hay 27 especies de invertebrados que ahí habitan, como cangrejos y almejas . Otros animales viven pegados a las hojas, pero de ellos todavía no conoce el nombre.

Algunas especies prefieren el lodo en el que nacen los pastos, otras prefieren las hojas o ambos lugares, como las conchas, dice; porque, cuando están en la etapa de cría, se pegan a las hojas o a los tallos y, cuando están adultas, se despegan y bajan al lodo.

Las hojas de los pastos, además, de acuerdo con datos del MARN, son, en un 62 %, la dieta de las tortugas prietas, aquellas que los científicos siguieron para descubrir el ecosistema.

En 2017, un grupo de científicas, entre ellas unas representantes del Museo de Historia Natural de El Salvador (MUHNES), publicó un estudio que estableció que el tipo de pasto que hay en el país, Halodule wrightii, se extiende en seis áreas de la Bahía de Jiquilisco: el Golfo La Perra, las islas Rancho Viejo y Corral de Mulas, y en El Golfito, La Chepona y El Bajón. Este estudio se basó en el trabajo previo que había hecho Wilfredo desde 2009.

Wilfredo dice que estudió la especie en los primeros dos lugares, además de El Icaco y El Tular, y supo de la extensión de los pastos en las demás áreas, pero estas no formaron parte de las muestras.

Las científicas tomaron como muestra el Golfo La Perra y Corral de Mulas, donde concluyeron que había una extensión de esta especie de 27.1 km 2, 26 en el golfo y 1.1 km2 en la isla. En estos lugares, establecieron que hay 22 especies de invertebrados.

El lugar donde está ubicada la pradera marina es un Área de Conservación Natural y ha sido reconocido como un sitio Ramsar. Es el Complejo Ramsar Bahía de Jiquilisco, una bahía que abarca seis municipios de Usulután y que alberga diversidad de especies animales y vegetales. El Fondo de Inversión Ambiental de El Salvador (FIAES) asegura que ahí se encuentra la mitad de los manglares del país.

La bahía, desde 2007, también es una Reserva de Biósfera que está amparada bajo el Programa sobre Hombre y la Biósfera de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Un nombramiento como este implica que exista conservación de toda la biodiversidad para que sea sostenible, que haya investigación, desarrollo económico y educación. Pero los pastos marinos, por hoy, apenas son conocidos y las instituciones del Estado todavía no le dan el valor científico que merecen.

“Nunca pensamos que iba a ser una pradera marina, porque la idea de la pradera marina es que son unas plantas frondosas, con las hojas grandes, gruesas y todo eso, cubierto en grandes extensiones, en zonas próximas a los corales. Esa es la idea que se tiene, ¿no? Pero esta del Pacífico es diferente, es delgadita, es pequeñita y aquí está”, recuerda Enrique Barraza, exjefe de Humedales del MARN e investigador especializado en la conservación de la

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«Cuando yo estaba en el Ministerio de Medio Ambiente, recuerdo que me dijeron: ‘Mire, vamos a ver una planta que ha aparecido’. Y dijimos: ‘Sí, aquí está una planta’, pero hasta ahí llegamos, no le dimos la importancia debida. Nunca pensamos que iba a ser una pradera marina, porque la idea de la pradera marina es que son unas plantas frondosas, con las hojas grandes, gruesas y todo eso, cubierto en grandes extensiones, en zonas próximas a los corales. Esa es la idea que se tiene, ¿no? Pero esta del Pacífico es diferente, es delgadita, es pequeñita y aquí está», recuerda Enrique Barraza, investigador especializado en la conservación de la biodiversidad acuática y exjefe de la Unidad de Humedales del MARN. Él también tiene todo un álbum de fotografías, que muestra esta mañana para explicar mejor el ecosistema.

Enrique -el primer exfuncionario al que Wilfredo le comunicó sobre el hallazgo de la pradera marina, porque para entonces era el referentes de los sitios Ramsar en El Salvador- dice que, aunque la pradera marina que está en la Bahía de Jiquilisco es la única descubierta a la fecha, recuerda que hace 15 años vio una en la Barra de Santiago, en Ahuachapán, pero desapareció. Cree que esto sucedió porque, en esa zona, la fuerte lluvia erosiona la costa y la arena comienza a cubrir lo que encuentra a su paso.

El especialista explica que las praderas marinas son ecosistemas que tienen una fijación un sedimento suave y que, en parte, ayudan a evitar la erosión en la costa. Además, representan una función importante ante el cambio climático, porque son sumideros de carbono. En el país aún no se sabe cuál es la tasa de incorporación de carbono que ha absorbido la pradera marina.

Las plantas, dice, viven en un fondo horizontal, con una leve pendiente que permita que reciban luz para hacer fotosíntesis. Son de aguas calmadas, claras y saladas. Las que están en el Golfo La Perra son cubiertas, máximo, por un aproximado de 2.5 metros cuando la marea está alta.

Enrique trabaja como investigador en el Laboratorio de Nanotecnología del Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia. Ahí conserva muestras de las hojas de Halodule wrightii bajo refrigeración y en frascos con alcohol. Las tomó en agosto del año pasado. Sobre una mesa pone 18 frascos con hojas del pasto y extrae, con una pinza, una de las más grandes. Dice que una planta completa puede llegar a medir 20 centímetros.

Espera enviarlas a un laboratorio de San Diego, California, en Estados Unidos, para un análisis genético de la especie y así conocer si la pradera que hay en El Salvador tiene similitudes con otras que están en el Pacífico panameño, costarricense y suramericano, o si se trata de una especie única. También para saber si el pasto está relacionado con un especie ancestral en común.

Sin embargo, al investigador le aqueja la burocracia que existe para enviarlas. Ya tiene los permisos ambientales para hacerlo, pero el proceso está detenido porque el Banco Central de Reserva le ha pedido, como si fuera un comerciante, facturas y permisos del Ministerio de Hacienda.

Los científicos todavía no saben cómo se reproduce la pradera marina en El Salvador. Wilfredo dice que las praderas marinas, en general, tienen dos formas de hacerlo. Una es por medio de la extensión de sus raíces, y la otra, por medio de semillas que permiten que otras plantas germinen. Él, de momento, todavía no le ha visto flores a los pastos de la Bahía de Jiquilisco, pero dice que la teoría indica que sus flores salen entre marzo o abril. Enrique se inclina por la primera forma de reproducción.

En su investigación, Olga advirtió que, a escala mundial, los pastos marinos han disminuidos en un 29 % desde hace décadas. Pero a Enrique le da la impresión que, en El Salvador, los pastos se están extendiendo debido a la contaminación, a la química del agua y al cambio climático. Una colega mexicana le dijo lo mismo.

biodiversidad acuática.

“Si se acaba la pradera, se acaba el hábitat de las especies. Así de simple. Ahí puede estar la cura del cáncer, la cura de un montón de enfermedades. Hay mucho qué hacer, el problema es que la investigación es lenta y no la pagan, y no podemos dedicarnos solo a eso. Y hay que estar haciendo un montón de proyectos para poder trabajarla” señala Wilfredo López.

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Leonel Rivas está en el Golfo La Perra, el lugar donde fueron localizados los primeros hallazgos de la pradera marina. Al fondo se observa toda la sierra Tecapa-Chinameca, que se extiende desde Berlín, Usulután, hasta San Miguel.

La lancha en la que Leonel ha viajado nueve kilómetros, desde Puerto Parada, está aparcada a unos 50 metros. De donde está, todavía falta un kilómetro para llegar a tierra firme. Aquí, con la marea baja, hay fango y pasto de donde salen cangrejos pequeños, conchas y caracoles. Al estar descalzo y permanecer fijo en un solo lugar, se siente el cosquilleo de pequeños animales.

«Puede ser que en este espacio no hubo pasto hace un tiempo. Se concentró en otra parte, pero llegó algo que no le gustaba y se vino para acá», dice Leonel, quien desde 2009 es uno de los guarda recursos del MARN. Su trabajo consiste en hacer patrullajes por toda la Bahía de Jiquilisco. Sabe que en unas horas el agua llegará a 2.5 metros, pero ahora, con el agua que llega hasta unos cinco centímetros, puede observarse, sin ninguna dificultad, la pradera marina. Por donde está la lancha, aclara, hay más pasto inundado del que todavía no se ha investigado el tamaño.

A un lado de Leonel, Daysi Herrera se agacha para tocar el fango y remover el agua, que rápido se vuelve oscura. Escarba, saca lodo, pero quiere palpar arena. La encuentra después de haber escarbado unos tres centímetros. A ella le asusta el alga que se ve entre las hojas de la pradera, que el color de sus plantas no sea verde claro, sino un verde apagado, y que al remover exista mucho sedimento y poca arena.

El nombre del alga que está sobre las plantas se llama caulerpa. Enrique tiene fotos de ella sobre los pastos. Dice que una colega norteamericana se asustó al verlas, porque es un alga que usualmente se asocia a la contaminación por la abundancia de fertilizantes, pero que está en la parte pacha del golfo, al adentrare al agua, desaparece.

Estudio. Enrique Barraza tiene muestras de los pastos marinos para enviarlas a un laboratorio de San Diego, California, Estados Unidos.

«Ella decía que van a desaparecer (los pastos)». Y yo no sé. Puede ser un ciclo, habría que ir a echar un vistazo. Esas fotos son de agosto, época lluviosa. Eso no debería estar ahí, porque eso es una carga extra, le quita espacio para la fotosíntesis a la plantita, pero puede ser una competencia de poca profundidad, algo natural. Pero también puede estar alimentado por la contaminación, por fertilizantes que recibe la Bahía de Jiquilisco«, dice.

Daysi, bióloga de FIAES y quien ha trabajado en diferentes proyectos en la zona, explica que los pastos marinos son un complemento del manglar y de los arrecifes para que exista una pesca sostenible. Sin embargo, acepta que actualmente no hay consciencia de las poblaciones aledañas al ecosistema sobre el cuido de los pastos, como sí lo hay con los manglares.

Insiste en que su protección también depende de buenas prácticas agrícolas, porque de esta forma se evitaría que la bahía –un lugar de agua quieta y que no alcanza grandes profundidades- sea contaminada por todo el sedimento que baja de las cuencas mediana y alta de la sierra Tecapa-Chinameca, donde hay municipios que cultivan granos básicos y caña de azúcar. En esta bahía también desemboca el río Gran de San Miguel, que recorre más de 10 municipios.

Por esa razón, Daysi remueve el agua y escarba, porque le preocupa que, en algún momento, la cantidad de sedimento supere a la arena de la bahía, y esto se convierta en un peligro para la pradera y las especies que en ella habitan.

Asentamientos. Las personas aledañas a las zonas donde hay pastos marinos aún no toman consciencia de la importancia de este ecosistema.

«Si se acaba la pradera, se acaba el hábitat de las especies. Así de simple. Ahí puede estar la cura del cáncer, la cura de un montón de enfermedades. Hay mucho qué hacer, el problema es que la investigación es lenta y no la pagan, y no podemos dedicarnos solo a eso. Y hay que estar haciendo un montón de proyectos para poder trabajarla. Nosotros hacemos investigación en nuestro tiempo libre o cuando nos está pagando una institución para hacerla», señala Wilfredo, quien trabaja investigaciones independientes, y además, es parte de la Asociación Territorios Vivos El Salvador.

El biólogo dice que la pradera marina podría estar vulnerable si existe una tala de manglares en la zona y los pastos quedan soterrados, porque habría sedimentación y también contaminación. Pero Enrique suma más peligros: la contaminación por fertilizantes, un derrame de hidrocarburos y la presencia de animales que no pertenezcan al ecosistema, como un cerdo, que está escarbando, que él fotografió cerca del Golfo La Perra, donde al igual que en la isla Rancho Viejo, hay asentamientos humanos. Cuenta que también ha visto a vacas en el pasto.

«(Las personas) no la conocen, no le han puesto coco. No saben que es algo diferente. Las autoridades, en conjunto, deberían estar ahí notificando que esto es único en el país», enfatiza Barraza.

Doris Nieto, de la Asociación de Municipios ASIBAHIA, que trabaja en el plan de ordenamiento territorial en municipios de la Bahía de Jiquilisco, dice que aún desconocen la cantidad de habitantes que hay en los lugares con asentamientos y donde hay registros de pastos marinos. La ha solicitado al Ministerio de Salud, que, por su trabajo comunitario, tiene un registro poblacional, pero el ministerio ha negado entregarla.

El MARN no cuenta con estudios propios sobre la pradera marina. La primera vez que expuso de su existencia a escala mundial fue en el Cuarto Informe al Convenio sobre Diversidad Biológica en El Salvador, en 2010, y partió de la documentación que recopiló Barraza. Lo reconoce el técnico en Biotecnología y Restauración de Ecosistemas de este ministerio, Carlos Rivera.

Características. Las hojas de los pastos marinos puedenmedir hasta 20 centímetros. Prefieren aguas calmadas y saladas, como las de la Bahía de Jiquilisco.

Carlos, para precisar la extensión de los pastos y el número de especies que viven en ellos, recurre a mediciones contempladas informe publicado en 2017 por las científicas independientes y el MUHNES. Agrega que, en Rancho Viejo, hay 4.12 km2 de pastos; en El Bajón, 0.26 km2; y en La Chepona, 4.12 km2.

«Esa es la cobertura estimada, que hay a la fecha, considerando que, por supuesto, son ecosistemas fluctuantes y cuyas fronteras varían dependiendo de la época del año y otros factores», dice. Por esto precisa que los datos tienen que corroborarse.

Según el técnico del MARN, como la pradera está dentro del Complejo Ramsar Bahía de Jiquilisco, existe un plan de manejo del humedal, creado el año pasado, que falta «interiorizarlo», pero que incluye regulaciones relacionadas con las zonas núcleos de todo el ecosistema. Para esto, indica, hay un comité. «Usted no va a encontrar una referencia directa a esto (la pradera marina)», justifica, y dice que esto es por la variedad de ecosistemas de la bahía, pero que todo está «armonizado» para su conservación.

Señala, además, que hay un Plan de Desarrollo Local Sostenible, proyectado hacia 2031, del cual ya existe un comité de Reserva de Biósfera destinado, entre otras actividades, a educar para evitar la contaminación de las cuencas media y alta, la contaminación de desechos sólidos y a tratar de mejorar los mecanismos de vertidos de residuos líquidos, como el caso de los estanques camaroneros. A esto, añade los patrullajes realizados en conjunto con instituciones, gobiernos locales y la Policía Nacional Civil.

Falta por descubrir particularidades de la pradera marina. Su reproducción y los demás animales que la ocupan de casa. Y, como dice su Wilfredo, «quizá ahí esté la cura del cáncer u otra enfermedad». Hoy es solo un hallazgo esperanzador.

Posible peligro. Por el momento, los pastos marinos están cubiertos por una alga asociada a la contaminación de las aguas. Faltan estudios que indiquen si esta podría causarles daños con el tiempo.

Alfabetización, libros, pensamiento y desarrollo

Cuando se habla de suprimir el analfabetismo, las estadísticas incluyen a quienes apenas aprendieron a escribir su nombre, su firma y conocer los números. No obstante, la gente humilde es feliz.

Recuerdo que le pregunté a una señora de una comunidad, allá por La Unión (el Caulotillo): «¿Qué importancia le da al hecho de haber recibido clases para alfabetizarse?». Me respondió: «Conocer los números del teléfono y poner mi firma, pues así puedo llamar a mi gente que vive en el exterior, y eso me permite firmar por las remesas».

Por supuesto que mealfabe sentí bien con su respuesta. Pero no basta, es grato que la población rural, alejada del mundanal ruido, tenga un conocimiento elemental para sobrevivir y defenderse de la pobreza. Es un primer paso, lo peor sería no darlo. Aunque esto no basta.

Otra vez, en San Miguel, recibí una demostración del aprendizaje de una señora de un barrio de alta vulnerabilidad (Milagro de la Paz), y cuando le pregunté al alfabetizador si los alfabetizados conocían los números, pidió una voluntaria, una mujer sencilla que mientras recibía las clases sus pequeños hijos jugaban en el corredor de la escuelita. El instructor le dictó una cantidad superior al millón. Me quedé sorprendido que la señora escribió la cantidad de inmediato.

Mi asombro va más allá, cuando he conocido casos de quienes reciben educación formal en niveles más altos, inclusive superiores, que no pueden escribir de inmediato una cantidad dictada, superior al millón. Hay más ejemplos pero no quiero parecer ofensivo señalando malas prácticas de aprendizaje. Aunque eso ya es sabido: que un título no es suficiente para evaluar calidad formativa. Pero esto último es otro tema.

Sin embargo, si no hay sostenibilidad repercute en falta de oportunidades para emprender, para vencer realidades, para defenderse de la pobreza. Y lo mismo se aplica cuando hay analfabetismo funcional, quienes sabiendo leer y escribir, no alcanzan a percibir la importancia de una educación autodidacta mediante el libro y la lectura. La carencia de ese hábito, no le permite contar con medios que le lleven a beneficiarse en su vida laboral, o cae en desempleo y en dificultad para sus emprendimientos de sobrevivencia.

Además, hay alto porcentaje de analfabetos por desuso, que retroceden en su capacidad de lectura y escritura porque jamás van a tener un libro en sus manos. Incluyo el libro en los tres soportes: digital, analógico y audiolibro. En algunos de nuestros países regionales hemos descuidado el factor público de continuidad, sea por inopia, por carencia de recursos financieros para esos rubros, no obstante que contamos con recursos humanos preparados para dar la luz verde para vencer esos vacíos. Se ha avanzado, en parte, implementando programas de formación alternativa, pero se nos hace tarde para asimilarnos con efectividad al siglo XXI, y la era tecnológica. Países de otras regiones tuvieron condiciones de retraso, en las últimas cuatro décadas y sin embargo son ahora ejemplo de un desarrollo que casi pareciera inexplicable. Y cuya visión ha sido de la información tecnológica que lleva al conocimiento y a la inventiva.

Asia es el ejemplo palpable; pero igual en países pequeños europeos, que han sufrido las consecuencias de dos aterradoras guerras mundiales, tales como Finlandia, Islandia, o Países Bajos. Los conflictos bélicos y dictaduras padecidos por cuatro países de América Central, no justifica permitir la paralización. Pese, repito, a contar con recursos humanos calificados.

¿Qué faltaría? Políticas de Estado; racionalización del gasto público para que cultura, salud y educación sean prioritarios. Más aun se está volviendo una necesidad la reforma a las leyes obsoletas no adecuadas a la era tecnológica. De no ser así será difícil cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como lo plantean las Naciones Unidas para superar todos los retrasos e inequidades. Y cultivar así una cultura de convivencia, a partir del respeto a las leyes.

En América Latina, hay por lo menos 10 países que tienen más del 98% de alfabetizados, por América Central se incluye Costa Rica en quinto lugar, después de Cuba, Chile, Uruguay y Argentina, en ese orden; pero no se trata de evaluar el hecho de leer y escribir, sino que han partido de esas acciones estratégicas para los logros educativos que incluye publicación de libros y fomento de esa industria que incluye promoción de lectura.

Si hay libros hay lectura, si no hay editoriales perdemos una base fundamental de desarrollo. México lo hace desde hace casi un siglo: publicación masiva para distribución en centros escolares.

A propósito, Alberto Fernández, presidente de Argentina, da una grata noticia: los programas educativos deben incluir la lectura de 183 libros en el año, entre ellos obras literarias. La lectura crea una cadena de resultados para favorecer el pensamiento crítico, hace comprender los problemas nacionales, y facilita la sinergia que permitirá una sociedad democrática y pacífica. Los países del mundo se fijaron una agenda de 30 años para cumplir los ODS.

Y al hablar de libros no debe hacerse distinción entre uno y otro soporte. En España, referente de desarrollo más cercano a nuestra cultura, el libro digital alcanza el primer renglón porcentual de lectura, seguido del audiolibro, y relegando a gran distancia al libro en papel, que no resta su importancia en la educación formal.

La idea es saltar la brecha que obstaculiza el camino hacia el logro del desarrollo sostenible según lo indica el PNUD. Aplicarlo en El Salvador es un compromiso para arribar a un país viable que priorice en programas hacia un país «productivo, educado, y seguro». Significa nuevo pensamiento, cambios de mentalidad hacia las limitaciones de los sectores más pobres.

Sobretodo visión de futuro, donde la calidad se valore a partir del conocimiento para adquirir habilidades creativas, valores y comprensión de la cultura contra las desigualdades; contar con agua potable, salud, educación de calidad, convivencia, igualdad de género. Son 17 objetivos planteados por las Naciones Unidas. Nuestro reto para salir del retraso secular.

Innovación para la democracia

Pensar, debatir, actuar. O pensar, investigar, prototipar y diseñar «nuevas formas de construir una ciudad más democrática. O desde la democracia y la colaboración, explorar «la intersección entre democracia, tecnologías y ciudad». ¿Conocen una entidad en nuestro país cuya misión sea esa? Pues el Laboratorio de Innovación Democrática del Ayuntamiento de Barcelona la tiene.

De hecho, uno de sus objetivos es «prototipar modelos de ciencia ciudadana, innovación social y co-gestión y gobernanza de laboratorios urbanos». ¿Qué tan familiarizados estamos con la posibilidad de mejorar la gobernanza de nuestros espacios locales a partir de investigaciones académicas o institucionales hechas junto a la ciudadanía? ¿O de que podemos trabajar con metodologías participativas y experienciales para solucionar problemas de nuestras ciudades? ¿Les parece esto lo suficientemente disruptivo?

En Barcelona se está planteando este proyecto desde Decidim, plataforma de la que hablamos en esta misma columna en junio del 2019 («¿Qué podemos hacer desde la ciudadanía digital?»). Esto implica que podemos entrar a la plataforma digital y conocer los planteamientos, los tiempos y las propuestas que las personas han ido brindando a lo largo del desarrollo de esta idea, lo que la vuelve un ejemplo de esa innovación para la democracia: el ocupar las tecnologías como una manera de potenciar la participación ciudadana.

Sin embargo, no es tan nuevo. Hace exactamente cinco años se formó el Laboratorio de Innovación Democrática (LID), «una comunidad de académicos y practicantes interesados en incrementar la calidad de la ciudadanía y fortalecer los espacios participativos. Con sede en Guadalajara, México, los integrantes del LID conformamos una organización de la sociedad civil sin fines de lucro, apartidista e independiente». En enero del 2015. En Barcelona, este laboratorio es parte de un proceso que, según se documenta en Decidim, inició en diciembre del 2015. ¿Y en El Salvador, estamos listos para (iniciar/planificar/ejecutar) un proyecto como este?

El Centro Cultural de España en El Salvador ha formado el Experimenta Ciudad, un proyecto de Medialab Prado lanzado en la red de centros culturales de la AECID y coordinado desde acá, que incluyen propuestas para mejorar San Salvador y el centro histórico. Vale la pena acercarse y unirse a la red.

Hoy más que nunca debemos «pensar globalmente y actuar localmente». Y eso implica que seamos capaces de repensar nuestras maneras de democratizar toda la toma de decisiones y de considerar cómo podemos innovar en estos procesos. Igual implica también el estudio y desarrollo de tecnologías (cívicas y tecnopolíticas) que pongan al usuario/ciudadano al centro para ayudarnos a (re)hacer juntos lo público. Así que vuelvo a insistir en que creo que podemos (re)crear un círculo virtuoso al tejer con esta perspectiva nuestras redes sociales físicas (humanas, institucionales) que mejoren la incidencia que tenemos en nuestras comunidades políticas con la ayuda de las redes sociales digitales, tecnopolíticas. Nuestra democracia también necesita innovación.

Cloaca legislativa

La corrupción y el nepotismo nos son prácticas recientes en el sector público. Ya sea desde el ejecutivo o el legislativo, año tras año vemos tal seguidilla de escándalos que es difícil mantenerse pendiente de cada uno. Más allá del daño que estas prácticas hacen a la institucionalidad, vale la pena estimar de alguna manera el impacto monetario que esto tiene en el bolsillo de los contribuyentes.

Uno de los casos más recientes es el de Cristina López, la exdiputada por el PCN. La exdiputada ha estado cobrando un salario de $2,000 dólares mensuales desde mayo sin siquiera residir en El Salvador. La exdiputada denunció en Twitter el caso de al menos otras cuatro personas allegadas al PCN que también cobran un salario sin llegar a trabajar.

También tenemos el caso del diputado Gallegos de GANA (partido con el cual ganó la presidencia Nayib Bukele) a quien el Tribunal de Ética Gubernamental (TEG) le abrió una investigación por nepotismo. Se le acusa de haber contratado al menos a unas 7 personas con algún vínculo familiar a su esposa. El TEG ya había abierto otra investigación contra Gallegos por más de $500,000 dólares que se concedieron desde la Asamblea Legislativa a APDEMES, una asociación donde trabajaban su esposa y otros asesores legislativos.

Tenemos el caso del expresidente de la Asamblea Legislativa, Sigfrido Reyes, a quien esta semana se le giró una orden de captura. Se le acusa de lavar $781,000 dólares a través de varias sociedades donde estarían involucrados familiares, empleados del IPSFA y empleados de la Corte de Cuentas. Reyes está ahora fuera del país y a su esposa se le ha dado libertad bajo fianza (entre $20,000 y $30,000) además de tener que usar un brazalete electrónico.

Así como estos casos seguramente podemos encontrar muchos más dentro de la Asamblea Legislativa. En 2008, la Asamblea tenía un total de 864 empleados estatales, número que ascendió a 2,367 empleados (300 de los cuales eran del área de «comunicación») en 2019, un aumento del 174%. Esto se traduce en unos $31 Millones de dólares adicionales que estamos pagando de manera anual para que parásitos estén viviendo de los fondos que el resto de la población genera. Además del impacto monetario también hay otro en la moral de algunos funcionarios públicos. Estoy seguro de que entre los empleados de la Asamblea Legislativa hay muchos que están muy bien preparados y con credenciales para estar en su puesto. No debe ser fácil para ellos ver esta invasión de gente incompetente, y al mismo tiempo ver que quienes están creciendo y subiendo de puestos de manera más rápida son los «compadres» de quienes los pusieron ahí y no quienes están agregando verdadero valor al trabajo legislativo.

Esperemos que estas investigaciones y acusaciones de corrupción a figuras importantes en la política salvadoreña dejen un buen precedente. Según el Fondo Monetario internacional, la corrupción en El Salvador nos cuesta unos $500 millones al año. Por lo menos ya vamos dimensionando el tamaño del problema del lado legislativo. Vale la pena hacer un ejercicio similar en el resto de los órganos del Estado. No me extrañaría que encontráramos un fenómeno similar en el ejecutivo, donde su líder tiene una definición bastante flexible y conveniente de la palabra nepotismo.

Carta Editorial

Esta vez es un pasto. Es uno marino, que tiene propiedades muy valiosas, al menos las que se pueden reconocer hasta ahora. Porque hace falta más investigación para poder otorgarle a este descubrimiento una justa dimensión. El Salvador mantiene escondidos una serie de tesoros, se podría decir. Y no, no es una frase bonita, porque significa que ha faltado voluntad o recursos para darlos a conocer al mundo. Y ha faltado, más importante aún, conocimiento para poder aprovechar lo que se tiene.

En el reportaje de esta edición, el periodista Stanley Luna cuenta cómo, gracias a la curiosidad y perseverancia de una persona, fue posible identificar áreas de pasto marino en la Bahía de Jiquilisco. Casi cada paso que se ha dado en esta investigación ha sido producto de ese mismo empuje que han tenido otros científicos que saben que están ante un descubrimiento de una gran magnitud. Ojalá el interés por la ciencia fuera masivo. Ojalá recibiera los recursos que reciben otras áreas. Ojalá aquí el foco estuviera en educar más en ciencia y no en armas.

Una educación distinta también ayudaría a acelerar mecanismos de protección que, por ahora, no se están ejecutando. Todo lo que sabemos es que en la Bahía de Jiquilisco, en El Salvador, hay pasto marino, pero hace falta hacer más estudios para determinar cómo se reproduce. Ante todo, también hace falta destinar recursos para protegerlo, porque, en la ignorancia, este hallazgo está a merced de cualquiera.

Muchas cosas cambiarían por acá si la ciencia tuviera más voz en la toma de decisiones. Si se le abrieran más espacios. Si se formara a la gente para valorarla y seguirla con entusiasmo.

«Creo en la inmortalidad de las personas a través de sus ideas»

¿Piensa dedicarse de por vida a la música?

Sí, también a la educación, porque parte de las dificultades que existen para cada artista, en nuestro contexto, es que no hay muchos lugares accesibles para la educación, ni lugares formales de estudio.

¿Cómo se interesó por la música?

Siempre me ha gustado la música, desde pequeña. Cuando decidí estudiar música quería aprender piano, porque admiraba a Ray Manzarek, pero no pude por mis horarios. Después decidí, por influencias del jazz, ska y ska punk, que quería tocar trompeta.

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que se enfrentan las mujeres jóvenes que quieren hacer música en El Salvador?

Por una parte, la aprobación de lo que es bueno o de lo que no, de parte de otros que ya se consideran profesionales en el ámbito. El contexto tampoco es favorable, porque «hay que dedicarse a lo que vaya a dejar dinero» y la música «no es una carrera». Nos enseñan a admirar a otros, pero, cuando ya se está grande, hay que buscar un trabajo en serio, tal vez casarse y tener hijos.

¿Cree en la inmortalidad del alma?

Creo que el concepto de alma puede interpretarse de diferentes maneras, pero creo en la inmortalidad de las personas a través de sus ideas y de sus aportes a la humanidad.

¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?

Dejar de trabajar y luchar por lo que se sueña, y transformarse en un cuerpo vacío y subordinado al mismo sistema que reproduce la pobreza.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Decidir dedicarme a la música y al arte.

¿Qué podría hacer que no esté haciendo?

Podría estar viajando, pero por el momento estoy haciendo cosas que me permitirán hacerlo en el futuro.

Historias sin Cuento

REGRESAR AL FINAL

Hizo todos los esfuerzos mentales y disciplinarios para obtener su grado académico al más alto nivel. Era esforzado por naturaleza, y tal condición estaba presente en todos sus ejercicios de voluntad, del tipo que fueren. Bueno, salvo en un punto: le era imposible, y siempre le había sido, controlar los impulsos del sueño, independientemente del lugar donde estuviera.

Sus familiares más cercanos ya estaban tranquilamente al tanto de tal condición y por eso la pasaban de largo sin ningún signo de alerta. Y sus amigos de siempre también. Bueno, salvo uno: el artista en cierne que conoció en una exposición de sus grabados imaginativos, ya que él también insospechadamente había empezado a sentir la vaga tentación de entrar en una de esas rutas creativas.

Ese amigo nuevo le dijo un día:

–Franz, tú eres un reconocido profesional de una de esas ingenierías de última moda, pero no creo que estés en lo tuyo.

–¿Y qué es lo mío? –le preguntó él con curiosidad casi inocente.

–Otra ingeniería, pero de las antiguas en el tiempo: la de las construcciones interiores…

–A ver, a ver, barajámela con más lentitud…

–Te lo digo con una sola frase: ese sueño que te persigue es tu propia búsqueda hacia adentro…

–¡Hombre, hablá claro!

–Aterrizo, entonces: ¿Qué te parece si intentás escribir tus memorias?

La risa se le volvió inevitable:

–¡Pero hombre! ¿Y qué tiene que ver el sueño con mis memorias?

–Eso es lo que vas a descubrir si te animás…

Unos cuantos días después, los dos amigos se encontraron de nuevo, y esta vez en el pequeño estudio del pintor imaginativo, y ahora por decisión no anunciada del novel ingeniero casi renunciante a tal ruta de vida.

–¡Hola, Franz, aunque no me avisaste que ibas a venir, sos bienvenido! Yo aquí paso, en intimidad con la imaginación…

–Quería decirte que ya estoy haciendo mi propio experimento. ¿Querés verlo?

–Sí, cuando querrás…

Entonces Franz comenzó a desvestirse y a enfundarse en una túnica que llevaba en un pequeño dispositivo. Luego buscó un rincón y ahí se tendió contra la pared en posición fetal. Unos segundos después, dormía profundamente, pero casi de inmediato se incorporó sin abrir los ojos. Y empezó a caminar como lo que ahora era: un sonámbulo.

El amigo se ubicó en un asiento próximo a contemplar la escena. Franz se sacó de algún hueco de la túnica un delgado cuaderno. Y en su momento se lo extendió a su amigo. Era el instante de despertar.

–¿Es tu diario?

–Adivinaste. Son mis recuerdos puestos en el papel…

–¿Y por qué no los estás escribiendo en la compu?

–Ah, porque recuerda que yo soy un ser de otro mundo mental, que deambula por su pasado y por su presente con toda la libertad del mundo. ¿No es lo que me auguraste?

Y ambos se abrazaron, como los hermanos inverosímiles que ya eran.

OTRA COPA, POR FAVOR

Cuando se trata de celebrar un acontecimiento tan entrañable como es el aniversario de bodas, lo que se impone como ilusión cumplida es hacerlo bajo la iluminación lunar. Y precisamente aquella vez su aniversario coincidía exactamente con la luna llena. Era, pues, una ocasión más que propicia para reverdecer laureles emocionales a la luz del generoso plenilunio.

Se preguntaron entonces con las miradas unánimes:

–¿A dónde vamos hoy por la noche?

Y la respuesta se dio por la misma vía:

–A la terraza de nuestro bar favorito.

Emprendieron camino de inmediato, y cuando llegaron al sitio lo encontraron cerrado, con un aviso en cartón sobre la puerta de entrada: «Clausurado por orden de la autoridad».

«¿Autoridad? ¿Y eso qué significa?», se preguntaron al unísono.

En un árbol vecino se oyó entonces un canto totalmente insospechado, porque estaban en pleno corazón urbano. Era un búho. Lo reconocieron, aunque era la primera vez que lo oían, y eso fue como una llave maestra para arribar al plano superior.

–¡Vamos, pues, al bar de los anhelos desconocidos a tomarnos una copa de inspiración sin límites!

–¡Vamos, que la noche es nuestra para siempre, como la vida en común!

BLACK FRIDAY

Por reflejo de lo que pasa en el Norte, las caudalosas ofertas comerciales del Black Friday estaban ganando cada vez más terreno. Y ahora también se empezaba a hablar del Ciber Monday. Y las experiencias al respecto iban de la mano con la sucesión generacional. Aunque, como siempre pasa, no todo podía ser previsible, porque como se dice por costumbre: cada cabeza es un mundo, que gira en su propia órbita. Así, pues, la casa de los Guerra Paz mostraba hoy su atmósfera propia, en la que las contradicciones parecían estar entrando en fase cada vez más surrealista.

Él, Ovidio Guerra, era la serenidad encarnada; y ella, Victoria Paz, representaba la adicción a los saltos en el vacío. Era, pues, como si sus respectivos nombres estuvieran invitándoles a la contradicción perfecta.

En ésas habían estado desde que se conocieron y muy pronto entablaran la relación permanente, que les surgió como un imperativo emocional irresistible. Ninguno de los dos se detuvo a reconocer la naturaleza posible de tal impulso, porque el sabor existencial del mismo era suficientemente vivo para que no prosperaran las preguntas dubitativas. Los jugos de la emoción pasional se les repartían por las venas como bocanadas de estación.

Y aquel día viernes, Black Friday, coincidieron en el impulso de ir a gastarse sus sueldos respectivos en los almacenes favoritos. Y por obra del azar se fueron de inicio a aquella tienda de vestimentas que estaban a un punto de ser disfraces, lo cual las hacía muy buscadas por los jóvenes del momento.

Anduvieron viendo perchas y estantes, como si peregrinaran por un mundo recién descubierto. Sus gestos faciales eran diferentes, pero de seguro venían de la misma fuente mental. Hasta que llegaron a aquel rincón. Ahí fueron directamente a lo que les captaba la atención con fuerza inefable:

–Quiero esta vestimenta.

–Yo, este juego.

Lo de ella, una especie de uniforme de batalla. Lo de él, un pantalón y una camisa flotantes, con simulación de alas.

Salieron de ahí con la emoción a flor de piel y a luz de labios:

–¡Aleluya!

–¡Aleluya!

Moria: el horror que esconde Europa

Fotografía de EFE

Llovizna en el monte y comienza a refrescar. Cuatro personas duermen en una tienda de campaña para dos, y otras seis lo hacen en un diminuto habitáculo techado. Los primeros buscan una manta para evitar que el agua se cuele. Muchos se quejan, protestan por las condiciones. Cunde la indignación y elevan el tono. Safi, sin embargo, no.

«Nunca volveré a Somalia -asegura-. Esto es mejor que estar allí. Si puedo pasar aquí diez años, estaré bien. No quiero volver a escuchar el sonido de las balas y de los coches bomba. Quiero vivir».

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UN CÓCTEL EXPLOSIVO

Solo lleva unos días en suelo griego, pero sus ojos ya han visto lo que hay: verjas, alambradas, bolsas de basura amontonadas, peleas diarias, agresiones sexuales, intentos de suicidio y colas de tres horas para recibir un plato de comida. Bienvenido a Moria.

Ubicado en la isla de Lesbos, el campo, unas instalaciones militares preparadas para albergar a 3,000 soldados de forma temporal, acoge ya a cerca de 18,000. Está tan masificado que se extiende por dos laderas contiguas fuera del recinto. Y las llegadas no cesan.

La gravedad de la situación ha llevado al nuevo Gobierno griego, de signo conservador, a anunciar su cierre. ¿La solución? Construir varios Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), uno de ellos en Lesbos, que sustituirán las deficientes instalaciones utilizadas ahora. El objetivo del Ejecutivo es restringir los movimientos de quienes piden asilo, que hasta hoy pueden moverse por la isla sin demasiados problemas.

«Moria está peor que nunca, vengo en shock», cuenta Philippa Kempson, quien trabaja junto a su marido Eric en la ONG británica Hope Project. Llevan más de cuatro años en Lesbos.

La llegada de refugiados marca el día a día de esta región, una pequeña isla bañada por el mar Egeo con cierto desarrollo turístico donde viven unas 80,000 personas. Cerca de 35,000 lo hacen en su capital Mytiline, con sus casitas blancas, sus bares, sus pubs de moda y su puerto náutico. Refugiados, voluntarios, locales y turistas conforman un ecosistema de contrastes. Hay tensión en el ambiente. Si el campo de Moria y sus aledaños fuera un núcleo poblacional, sería el segundo municipio más importante de una isla.

Solo en 2019 Lesbos ha recibido más de 27,000 nuevos solicitantes de asilo -en toda España, con una superficie 300 veces superior, se registraron 32,000-, según datos de la ONU, que reflejan cómo el flujo de pateras se disparó desde el verano hasta niveles que no se veían desde 2016.

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GEOPOLÍTICA COMO TRASFONDO

Safi es somalí, una minoría dentro del campo. Lo contrario que Zainab Mohammadi, de 19 años, nacida en Afganistán como el 80 % de los «vecinos» de Moria. Llegó hace once días procedente de la costa turca, en patera. Desde entonces duerme al raso junto a otros miembros de su familia, a la espera de conseguir una tienda de campaña. Unas mantas colocadas en el suelo delimitan su espacio. Están fuera del campo, en las laderas de la montaña, como otras miles de personas.

«Vinimos en un bote, fue aterrador… Tengo miedo al agua. Fueron dos horas de viaje, junto a otras 35 o 40 personas. Ahora mismo no sabemos dónde está nuestro padre, le perdimos el rastro en Turquía y no sabemos nada de él», relata.

La historia le suena. Es testigo cada noche. Se llama Edgar Garriga, tiene 29 años y es de Tarragona (España). Ingeniero informático, socorrista y patrón de barco. Colabora con la ONG Refugee Rescue, que rastrea a diario la costa en busca de pateras a las que guiar a tierra para que no encallen, como las que llevaron hasta allí a Zainab y Safi. En última instancia, se encargan de rescatar a quienes caen al agua.

No muy lejos de su cuartel general, en el norte de la isla, se encuentra el llamado «cementerio de chalecos», una suerte de vertedero con miles de estas prendas acumuladas junto a barcos y lanchas destrozados, ropas y restos. Erigido en un icono de la crisis humanitaria, incluso Google Maps señala el punto exacto donde se encuentra pese a la ausencia de indicaciones oficiales. Alejado de cualquier núcleo poblacional, solo las cabras y algún curioso transitan el lugar.

«En el mar vemos cómo guardacostas turcos entran en aguas territoriales griegas, retienen las embarcaciones de los refugiados y las devuelven a Turquía. Es un acto ilegal, pero se sienten impunes por el tratado firmado con la UE», denuncia Garriga. Aunque Safi y la mayoría de sus compañeros no sean conscientes, la geopolítica tiene mucho que ver en esta crisis. El acuerdo entre Bruselas y Ankara entró en vigor en 2016. Al país otomano llegan cientos de miles de sirios desplazados por la guerra, de acuerdo con estadísticas oficiales, pero también muchos afganos e iraquíes, entre otras nacionalidades. La UE aporta fondos a Turquía para ayudar a recibir a este contingente, a cambio de que no pase a su territorio. Las ONG coinciden al denunciar que las autoridades turcas regulan el flujo migratorio aus conveniencia, como mecanismo de presión.

«Moria está así porque es una forma de mandar un mensaje: no vengáis, permaneced lejos», lamenta la líder de otra ONG bajo condición de anonimato.

Desesperación. Los voluntarios que trabajan en Moria lo describen como un campo de concentración, como un lugar peligroso y una bomba de tiempo.

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«SIEMPRE HAY PELEAS»

«Campo de concentración», «peligroso» e «inseguro» son tres de los calificativos más repetidos por voluntarios y refugiados a la hora de definir Moria. «Siempre hay peleas. Siempre», repite como una letanía Mahmud, un niño palestino de 10 años.

Moria, controlado por las autoridades griegas y donde rara vez se permite la entrada a periodistas, tiene un perímetro delimitado por verjas y alambradas de espino. También dispone de una una prisión para los que van a ser deportados tras rechazar su petición de asilo. Pero su imagen de «fortín» se desvanece al dar la vuelta a una esquina, ya que en uno de sus lados hay varios agujeros en las vallas que dejan entrar y salir a todo aquel que quiere hacerlo sin pasar por la única puerta oficial y controlada. El trasiego por estas aberturas es constante, se produce incluso a la luz del día.

Contiguo se encuentra el llamado «olivar», una ladera donde se apiñan miles de personas. Se calcula que vive más gente fuera que dentro de las instalaciones. Las condiciones de unos y otros no difieren demasiado, salvo la existencia de partes techadas y cuartos de baño corrientes en el caso de los «afortunados» con hueco en Moria, frente a la intemperie y las duchas portátiles de quienes duermen fuera. El grado de masificación es tan elevado que, además del «olivar», hay decenas de pequeños asentamientos en las inmediaciones del recinto. Safi es solo un «inquilino» más en estos últimos.

La saturación tiene sus consecuencias en el reparto de comida, con esperas de hasta tres y cuatro horas para recibir un plato. «Cuando voy a la fila para conseguir alimento, siempre es muy larga y hay peleas porque no hay suficiente para todos. Además, la comida no es buena, hasta los médicos lo dicen (…) Vivir aquí es muy difícil», dice Ahmad Fajim, afgano de 30 años, antes de salir corriendo para llegar a tiempo de lograr una ración, algo que no siempre consigue.

“En el mar vemos cómo guardacostas turcos entran en aguas territoriales griegas, retienen las embarcaciones de los refugiados y las devuelven a Turquía. Es un acto ilegal, pero se sienten impunes por el tratado firmado con la UE», denuncia Garriga. Aunque Safi y la mayoría de sus compañeros no sean conscientes, la geopolítica tiene mucho que ver en esta crisis.

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NIÑOS QUE SE AUTOLESIONAN

Dentro del campo, la salud de Safi y del resto de refugiados está directamente en manos de ONG, que cuentan con una especie de hospital de reducido tamaño en su interior en el que decenas de personas esperan a ser atendidas. Fuera, justo enfrente, Médicos Sin Fronteras (MSF) atiende sobre todo a mujeres y niños. En los casos más graves, una ambulancia del sistema sanitario griego llega y se lleva al paciente al hospital, donde los medios son escasos y no siempre hay intérpretes.

«Hay mucha gente con ataques de pánico, la mayoría de los problemas de salud que vemos son psicológicos. El resto se solucionarían con comer y dormir bien», explica una médico británica voluntaria en el centro. «Vemos cada tarde a cuatro o cinco chicos jóvenes con cortes en los brazos, nos llega mucha gente con tendencias suicidas», apunta otra colaboradora de la misma ONG.

Lo constata el coordinador de MSF en Lesbos, Marco Sandrone: «Los números son increíblemente altos, vemos muchos casos de intentos de suicidio, incluso en nuestra clínica pediátrica, donde recibimos cada vez más niños que se quieren autolesionar». En su opinión, presentan «traumas» relacionados con lo vivido en su país de origen y durante el viaje hasta Europa, pero las condiciones de Moria y su insalubridad agravan la situación.

La falta de seguridad también se traduce en agresiones sexuales, tanto dentro como en los aledaños del campo. No hay cifras oficiales pero se trata de un secreto a voces. Tanto, que la ONG ya lo ha denunciado públicamente.

Clausura. La situación en la que viven los refugiados en Moria ha llevado al nuevo gobierno griego a anunciar el cierre de estas instalaciones.

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EL ARDUO PROCESO BUROCRÁTICO

El estatus de refugiado es una figura reconocida en el Derecho Internacional. Para recibir asilo es condición «sine qua non» estar perseguido o que la vida del solicitante corra peligro. En Lesbos, en torno al 40% de las solicitudes son rechazadas. Y el «no» significa la deportación.

El proceso para lograr el estatus de refugiado arranca nada más tocar suelo griego, pero la saturación y la burocracia hacen que el recién llegado tarde meses en recibir su tarjeta de demandante de asilo. Es el caso de Safi, quien durante ese período no recibirá la ayuda de 90 euros al mes que la UE entrega a cada uno de ellos -a través de Acnur-. Los comienzos son duros.

La clave del procedimiento es una entrevista en la que se pregunta al solicitante los motivos que le han llevado a salir de su país y se le pide documentación para comprobarlo, tras lo que cual se toma una decisión. Actualmente se están concediendo citas para esta entrevista a casi dos años vista (para 2022), según denuncian desde la ONG Legal Centre Lesvos.

Para la mayoría, el mejor escenario es lograr la condición de refugiado en un plazo de entre dos y tres años. Y después? Comienza a contar un plazo de seis meses, tras el cual se pierde el derecho de alojamiento y asignación mensual con la expectativa de que la persona encuentre trabajo y logre sus propios ingresos, algo extremadamente difícil en Grecia, con una de las tasas de paro más altas de la UE (hoy en torno al 17 %). Además, la documentación obtenida da derecho a residir en Grecia pero no a hacerlo en el resto de la UE.

«En Atenas ya se está viendo lo que provoca esta situación, con mucha gente viviendo en la calle, desesperada. Están atrapados, primero en Turquía, después en la isla de Lesbos y más tarde en Grecia (en la parte peninsular)», protesta Lorraine Leete, la responsable de Legal Centre Lesvos.

A la espera de la entrevista se encuentra Javad Emami, de 24 años, nacido en Afganistán. Pintor de profesión, colabora con una ONG como profesor de dibujo. Vive donde da clases, literalmente: cuenta con un pequeño camastro debajo de una especie de escenario que preside el espacio. El lugar está ambientado con centenares de cuadros hechos por refugiados que reflejan con crudeza la situación: barcos que encallan, verjas, cárceles, lágrimas.

Éste es su segundo intento. El primero le llevó como «ilegal» a Noruega, Alemania y Francia, entre 2015 y 2017, hasta que fue deportado a su país de origen. Ahora regresa. «Yo ya le dije a mi abogado que yo no quiero volver. Ahí no tengo nada».

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VIVIR EN LA EDAD DE PIEDRA

Safi, el somalí de 32 años que no quiere volver, era camionero en su país natal. Acaba de llegar hace cinco días a Moria y ya ha sido víctima de un robo junto a varios de sus amigos, lo que les lleva a buscar cobijo fuera del campo «oficial». Con el cielo cubierto de nubes y las gotas de lluvia comenzando a caer, reconoce que no se esperaba una situación tan dantesca. Aún así, pone al mal tiempo buena cara: «Si no hay comida, puedo ser paciente. Si no hay agua, puedo ser paciente. Si no tengo un techo, puedo ser paciente. Aunque tenga que estar al raso, con conseguir unas mantas ya está bien. Gracias a Grecia, ahora soy libre. Vivir como en la Edad de Piedra no es el problema». Y suelta una carcajada.

Respuesta. El gobierno griego espera aplacar la scríticas con al construcción de varios Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), uno de ellos en Lesbos.

Puerto Rico sin plan de acción ante terremotos

Destrucción. Un hombre observa los daños causados por el terremoto este martes en una casa en Puerto Rico.

H​​​​​​​ace más de dos años, el huracán María reveló que Puerto Rico no estaba en absoluto preparada para un poderoso huracán, pese a encontrarse en una de las regiones más vulnerables del mundo a las tormentas.

Ahora, una serie de sismos que incluyó un terremoto de magnitud 6.4 que mató a una persona y dañó cientos de edificios ha hecho que muchos vuelvan a acusar al gobierno de falta de preparación.

«Quedó demostrado que Puerto Rico no está preparado para un movimiento sísmico», dijo Nazario Lugo, presidente de la Asociación de Gestores de Emergencias de la isla. «El gobierno tiene que ser proactivo, y vimos que no fue de esa manera hasta que tenían el agua al cuello».

Lugo, exdirector de gestión de emergencias de Puerto Rico, dijo a que el gobierno no activó su centro de mando de emergencia hasta al día siguiente del sismo más grande, incumpliendo el protocolo.

Esto provocó comparaciones con la gestión del huracán María en 2017, que devastó la isla y mató a miles de personas. Los críticos señalaron que para cuando llegó la tormenta, las autoridades locales y federales contaban con suministros limitados en una isla con infraestructura mal mantenida, lo que provocó demoras en la respuesta debido a una falta de comunicación y organización.

Una serie de pequeños sismos empezó a golpear a Puerto Rico el 28 de diciembre. El 6 de enero, día de los Reyes Magos, un importante feriado en la isla, un temblor de magnitud 5.8 rompió una conocida formación rocosa en la costa.

«El primer día, cuando se estaban repartiendo juguetes, se debió haber tomado una determinación de comenzar un proceso de activación gubernamental», señaló.

Eso no ocurrió hasta el terremoto de magnitud 6.4 que golpeó el martes antes del amanecer. El sismo dejó sin electricidad a todo el territorio, derribó casas y escuelas y agrietó puentes. Muchos residentes en la costa sur se quedaron sin agua corriente y más de 4,000 personas buscaron cobijo en refugios del gobierno.

Tareas. La fachada de un edificio quedó dañada tras el sismo de 6.4. El suroeste de Puerto Rico continúa inmerso en tareas de ayuda a un número creciente de refugiados.

Aunque muchos puertorriqueños se sorprendieron, los científicos no. Era el caso de Christa von Hillebrandt, exdirectora de la Red Sísmica de la isla y gestora del programa de alerta de tsunami de la Administración Atmosférica y Oceánica Nacional.

«Por décadas, científicos y personas como yo hemos estado informando y alertando a la comunidad y al gobierno de Puerto Rico de la amenaza física», señaló. «Sobre los pasados 30 años definitivamente se elevó la conciencia sísmica en Puerto Rico, pero faltó mucha acción (…) Uno veía mejoras, pero algunas áreas críticas no recibieron suficiente atención».

Apenas unos días después del desastre natural, el director de gestión de emergencias, Carlos Acevedo, admitió a la prensa que el gobierno aún no había completado un protocolo de actuación en caso de terremoto en la isla.

Juan Alicea, presidente de la Sociedad puertorriqueña de Ingenieros Profesionales, dijo que no recibió un borrador del plan hasta el 5 de enero.

«Yo lo veo como una falta», dijo. «Tenemos que todos asumir nuestras responsabilidades».

Acevedo no respondió a mensajes pidiendo comentarios, y ha insistido en que Puerto Rico está preparada en caso de que se produzca otro temblor importante.

Von Hillebrandt se mostró de acuerdo en parte con esa afirmación, señalando que para 2003, las autoridades locales habían identificado las zonas de riesgo en caso de tsunami y en 2015 se completaron los mapas de evacuación. En 2016 se certificó que todas las poblaciones costeras estaban preparadas para un tsunami.

En octubre de 1918, un terremoto de magnitud 7.3 golpeó la costa noroeste de Puerto Rico, desencadenando un tsunami y matando a 116 personas.

Pese a las reservas sobre los preparativos de Puerto Rico, las autoridades federales han elogiado la respuesta del gobierno local.

“Por décadas, científicos y personas como yo hemos estado informando y alertando a la comunidad y al gobierno de Puerto Rico de la amenaza física”, señaló. “Sobre los pasados 30 años definitivamente se elevó la conciencia sísmica en Puerto Rico, pero faltó mucha acción. Uno veía mejoras, pero algunas áreas críticas no recibieron suficiente atención”.

Jeff Byard, de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA, por sus siglas en inglés), dijo estar extremadamente satisfecho con la operación tras los sismos.

«No puedo elogiar lo suficiente a la mancomunidad por la actitud proactiva con la que han proporcionado los recursos iniciales, el apoyo inicial», dijo.

Desde el 28 de diciembre se han registrado más de 1,280 sismos en el sur de Puerto Rico, más de dos docenas de ellos de magnitud 4.5 o más, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Dada esa actividad, Alicea dijo que es muy preocupante que unas 200,000 viviendas del territorio no cumplan las normas urbanísticas, como demostraron los daños de los últimos días.

«Si no se hace algo, nos va a costar mucho dinero y muchas vidas», dijo.

Otra preocupación es que unas 500 escuelas públicas de Puerto Rico se construyeron antes de 1987 y no cumplen con los nuevos planes urbanos, lo que pone en riesgo a los alumnos, señaló Alicea. El gobierno ha invertido dinero para actualizar muchas otras escuelas, pero las que quedan no están construidas para soportar terremotos.

El temblor de ese martes derribó varias escuelas y causó daños en una veintena de centros, obligando a las autoridades educativas a demorar el inicio de las clases en dos semanas y abrir solo las escuelas que pasen una inspección. El gobierno ha dicho que está identificando las escuelas más vulnerables y creando un plan para reforzarlas, un proceso que podría llevar meses y costar entre uno y cinco millones de dólares por centro.

Entre tanto, gente como Nancy Torres, de 58 años, prometieron no volver a su casa hasta que la tierra dejara de temblar.

Torres dormía con su marido en la parte delantera de un pequeño auto compacto de cuatro puertas, mientras que su hijo de 21 años dormía en la parte trasera. Su suegro construyó la casa en la que dormían cuando se produjo el terremoto, y ella no se fiaba de la estructura.

«Yo ni me podía levantar de la cama» el día del terremoto más grande, recordó. Si vuelve a la casa, señaló, es por periodos de tiempo muy cortos. «Uno ni se puede bañar bien».

Prioridad. Las autoridades puertorriqueñas tratan de que los miles de refugiados en el suroeste de la isla por los terremotos reciban la atención necesaria.

«Vivimos en crisis hídrica en términos de calidad, cantidad y acceso»

Andrés Mckinley, Especialista en temas de agua y minería.

Andrés Mckinley es un estadounidense nacido en Boston que, desde hace 40 años, reside en El Salvador. Un país del que según Mckinley, se ha enamorado tras conocer la lucha de los salvadoreños por la justicia social.

Desde los años 80, Mckinley ha trabajado con las comunidades del país en su desarrollo local y sustentabilidad. Pero desde hace 15 años, el norteamericano se ha especializado en el estudio de las industrias extractivas y el agua. Uno de los tema que considera clave para el país. Pero sin una normativa, que regule el acceso, calidad y distribución del agua, asegura que las repercusiones sociales y ambientales son alarmantes.

Es necesario idear una nueva forma de hacer política en este país, una que sea menos conflictiva, que entienda los intereses legítimos de otros sectores y busque alternativas.

Según el experto, en términos ambientales, la nación está al borde de una crisis hídrica debido a la sobreexplotación de los mantos acuíferos, la contaminación de las aguas superficiales y la falta de acceso al recurso. Y considera que, si este panorama no cambia -de inmediato-, la esperanza de viabilidad en el país, será mucho menor a lo planteado, en 2016, por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH). Es decir, a El Salvador le quedarían menos de 80 años para que sea sostenible.

Además, el académico sostiene que organismos internacionales como la Asociación Mundial de Agua (GWP, por sus siglas en inglés), el Tribunal Latinoamericano de Agua y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) también han alertado sobre esta crisis hídrica y sobre la amenaza de que el país no pueda responder a la demanda humana frente a la escasez del agua.

A pesar de este escenario, en los últimos 13 años, los diputados que han sido parte de la Comisión Medio Ambiente y Cambio Climático no han podido aprobar una Ley General de Aguas.

Por hoy, Mckinley trabaja con la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y con ellos ha propuesto iniciativas para garantizar el derecho humano al agua y su institucionalidad dentro de una política general.

¿Qué lo ha motivado a quedarse en El Salvador?

En El Salvador están los mejores seres humanos que he conocido en mi vida. Lo mejor de la humanidad está aquí, pero lo peor también. Existen personas que son capaces de hacer cosas que son difíciles de entender. Gente que daña o mata por poco. Otras que solo miran sus intereses y no piensan en los demás.

Pero en este país, también hay personas que están dispuestas a defender los intereses de la mayoría como: San Romero, Rutilio Grande y los sacerdotes jesuitas. Por gente así, uno empieza a enamorarse de este lugar. Y cuando uno comienza a entender sobre sus luchas, se enamora. Y cuando uno se enamora, no deja ir, se enraiza.

Yo estoy aquí por el amor al pueblo y poco a poco me les he unido a su lucha.

¿Cómo encaja en esto la exigencia de una normativa que regule y reconozca el derecho humano al agua?

En esta lucha por el agua hay actores invisibles. Existe gente en esta sociedad que no quiere regular el recurso, porque ellos ya tienen resuelto su problema con el agua. Mientras que las grandes mayorías necesitan de su regulación para poder tener acceso a ella.

Como especialista, habla mucho sobre la crisis hídrica que enfrenta el país.

Vivimos en crisis hídrica en términos de calidad, cantidad y acceso. Pero como todas las demás crisis, a veces , nos acostumbramos a vivir en ella.

En términos de cantidad de agua, hay un estudio de parte de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) que detalla que, durante en los últimos 20 años, todos los ríos más importantes de El Salvador han bajado su caudal entre el 15 y 70%.

Lo anterior, es un dato que se debe tomar en cuenta, pero aún sin datos, cuando uno viaja por El Salvador y lo recorre, nota como los ríos van desapareciendo. Yo, en 40 años de vivir aquí, lo he visto. Cuando he cruzado por el río Lempa, a veces, me he dicho: ¿Ese es el gran río Lempa del que se habla tanto en El Salvador?.

Andrés Mckinley, Especialista en temas de agua y minería.

Sin duda, hay una escasez. Ahora vemos con mucha más frecuencia como las comunidades están saliendo a las calles para protestar por la falta de agua.

Con respecto al acceso, la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) asegura que la institución pierde el 50% de las aguas que procesa, extrae y envía al sector urbano. Esto debido a que se enfrentan con problemas de tecnología y fallas en las tuberías .

La PDDH no ha sido la única que se ha pronunciado, organismos internacionales como la Asociación Mundial de Agua (GWP, por sus siglas en inglés), el Tribunal Latinoamericano de Agua y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) también han planteado que el país está al borde de un estrés hídrico y que no habrá suficiente agua para responder a la demanda de los salvadoreños.

Cuando la disponibilidad del agua llega a los 1,700 metros cúbicos por persona, al año, se considera que ya existe un estrés hídrico. Según los análisis de estos organismos, El Salvador tiene como disponibilidad de agua entre: 1,750 a 2,000 metros cúbicos de agua por persona al año.

Estamos al límite.

Sí, estamos al borde, por muy poco. Esto lo dice la CEPAL, El Tribunal Latinoamericano del Agua y la Asociación Mundial de Agua que es una asociación enorme de organizaciones sociales, gobiernos e instituciones. No es gente radical, no es gente con una agenda. Son personas con un análisis científico y ellos han planteado esto.

En comparación a otras naciones, nosotros estamos al borde. Por ejemplo, Belice cuenta con 64,000 o 65,000 metros cúbicos de agua por persona al año. Nicaragua, sino me equivoco, tiene como 35,000. Guatemala tiene 12,000. Mientras que El Salvador tiene entre: 1,750 a 2,000 de metros cúbicos de agua por persona al año.

Sin duda, hay una escasez. Ahora vemos con mucha más frecuencia como las comunidades están saliendo a las calles para protestar por la falta de agua.

Es espantoso pensar que la toma de decisión, sobre uno de los temas más estratégicos para El Salvador, está en manos de gente que no sabe de medio ambiente.

***

Una vez el país esté inmerso en esta crisis, ¿qué nos espera?

La batalla por el agua, frente a una crisis, vendrá en forma de: ¿cuál será la prioridad para el uso de agua?. Nosotros insistimos en que se debe priorizar en lo doméstico, en su uso diario. Pero otros sectores puede que insistan en que se utilice para la agricultura y se priorice en la industria o en la generación de energía, el turismo. Todos estos subsectores de agua pueden terminar compitiendo para el uso de los recursos.

Por esta razón, nosotros insistimos en que el agua debe ser un bien público y debe ser visto como un derecho humano. Un derecho que debe de ser administrado por el Estado.

Por 13 años, la discusión sobre una Ley General de Aguas se ha mantenido en la Asamblea Legislativa. La Comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático, por cuatro períodos, no ha podido llegar a un acuerdo. ¿A qué cree usted que se debe esta negativa de no aprobar, por años, una normativa?

Aquí hay una lucha de intereses. Y en ella, tenemos a los actores visibles que son los partidos políticos, los movimientos sociales, la iglesia, la UCA. Todos somos visibles, estamos ahí, moviéndonos, haciendo propuestas. Pero es la gran empresa la que no quiere que exista una regulación del agua.

Sin una institucionalidad adecuada, las grandes empresas han logrado monopolizar el recurso. Lo tienen garantizado. Son ellos los que quieren preservar esta situación.

Cada vez que la Comisión de Medio Ambiente se ha acercado a lograr acuerdos, el proceso se interrumpe, como en 2013.

Para ese período, los diputados consensuaron más de 80 artículos.

Sí, en 2013, la Comisión presidida por el diputado, Francis Zablah estaba llegando a acuerdos. Se estaban basando en una propuesta del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) presentada en 2012. En su momento, los diputados y diputadas empezaron a debatir y aprobaron 91 artículos, excluyeron los artículos de la institucionalidad porque nunca han podido ponerse de acuerdo con el ente rector, pero estaban avanzado.

¿Será posible que en esta legislatura se llegue a un consenso y finalmente se tenga ley?

Durante el transcurso de los años, las comisiones de medio ambiente han dejado mucho que desear. Pero la comisión actual borró el tema de la mesa cuando hizo un intento de pasar la Ley Integral de Agua, pero esto no fue posible ya que la Alianza Nacional contra la Privatización del Agua, la Universidad de El Salvador (UES) y la iglesia se pronunciaron, salieron a las calles.

Ellos anularon rápido esa decisión porque vieron una reacción inmediata de desaprobación de parte de la población. Para la comisión iba a ser dañino políticamente aprobar esa ley y un ente rector con mayor representación del sector privado cerca de las elecciones.

Ellos tiene el poder de decidir, ellos pueden pasar la ley que quieran porque tienen los votos, pero no tienen poder de influencia en la ciudadanía… no tienen el poder de la calle.

Andrés Mckinley, Especialista en temas de agua y minería.

Ahora, con las elecciones que se avecinan, ¿qué sucederá?

Vamos acercándonos a otra coyuntura electoral. Aquello fue una prueba de «a ver si podemos hacer esto y salir bien», pero no les fue posible. Aunque a mí me preocupa otro elemento.

¿Cuál?

En mi opinión esta comisión no ha tenido la capacidad. No solo es falta de voluntad, también es falta de capacidad. Han tenido cinco propuestas y no han podido formular una ley de concertación para esta nación. Esta es una gran falta de capacidad legislativa. Ellos no están legislando.

Desde 2017, El Salvador cuenta con una ley que prohíbe la minería metálica. ¿Qué incidió en los diputados?

Al principio, cuando la minería quería entrar al país, nadie sabía sobre el tema. Yo trabajaba en una organización que conocía sobre la minería. Teníamos programas en Indonesia, Estados Unidos y América del Sur. Viajé a Perú, Ecuador, Colombia para conocer al respecto. En su momento, era un reto trasladar ese conocimiento a las comunidades. Tuvimos que enseñar y decir: ¿Esto es algo bueno para ustedes o algo malo?

En esta lucha tuvimos que construir un sujeto político. La gente se empoderó, movilizó y hubo un despertar.

Andrés Mckinley, Especialista en temas de agua y minería.

Sin un consenso y sin una ley, ¿a qué nos enfrentamos?

El escenario que tenemos es de una comisión de medio ambiente con poca capacidad de concertar. Es espantoso pensar que la toma de decisión, sobre uno de los temas más estratégicos para El Salvador, está en manos de gente que no sabe de medio ambiente. Es espantoso pensar en ello. Pero nadie le da la dimensión que debe. Por hoy, no hay otro tema en el país que sea tan importante como el medio ambiente y el agua.

Por el momento, pienso que la comisión está en espera de la propuesta del gobierno. La misma Presidenta de la comisión ha dicho que está esperando esa propuesta. Por nuestra parte, nosotros estamos dialogando con el MARN para poder garantizar los principios de institucionalidad en esta iniciativa.

Hablando del papel del gobierno, el ministro de medio ambiente, Fernando López ha expresado que el Estado es quien debe regular el agua; también ha dicho que es importante incluir a la empresa privada, siempre y cuando el Estado esté al frente del ente rector.

Uno debe tomar siempre en cuenta los intereses del otro. La empresa privada tiene intereses legítimos, no todo es malo. Aquí en la UCA, por ejemplo, no decimos que todo lo que plantea la empresa privada es malo. La empresa privada está haciendo lo que debe hacer la empresa privada, defendiendo sus intereses. Mientras que nosotros estamos defendiendo los intereses de la población y la nación en su totalidad, ya que este país no tiene una viabilidad sin agua. La misma empresa tiene que despertar y reconocer de que sin agua no hay empresa privada.

Es necesario idear una nueva forma de hacer política en este país, una que sea menos conflictiva, que entienda los intereses legítimos de otros sectores y busque alternativas.

En el tema del agua, ¿cuáles serían estas alternativas?

Si usted analiza la propuesta de la UCA, nosotros le hemos dado una participación grande al sector privado, acá, en el Comité Consultivo; pero cero acá, en el ente rector. Ellos pueden opinar, incidir, dialogar, proponer, pero no decidir.

Cuando Nayib Bukele dice que la empresa privada debe participar, yo estoy de acuerdo. Pero debe ser en el Comité Consultivo, no en la junta directiva, que es donde está el poder de decisión del agua. Hay que entender estas dos diferencias: entre influir y decidir.

¿Cómo funciona la institucionalidad del agua en América Latina?

En estos países existen diferentes formas de garantizar la participación de la empresa privada, pero no está en el ente rector. Ni en Estados Unidos sucede esto. Hace unos siete meses, vino una experta que explicaba sobre la institucionalidad del agua en Sudáfrica y Estados Unidos, países que sufren grandes problemas de agua, y yo le pregunté: ¿En estos países las empresas exigen su participación en el ente rector de agua?. Ella respondió que no. Me dijo que no conocía ningún caso.

La poca participación ciudadana en estos temas supone un gran reto, ¿cómo esto puede cambiar? ¿qué se necesita?

Tenemos que aumentar nuestro poder. Tenemos que empoderarnos. En primer lugar, pienso que se debe realizar un trabajo constante con la ciudadanía para mantenerla informada. También es importante educar e informar a través de los medios de comunicación porque esto fortalecerá la postura de los ciudadanos. Ya que estamos frente a una lucha de ideas. Entre una verdad o una mentira.