En esta casa no hay nadie

Ilustración de Moris Aldana

J​​​​​​​uan se levantó de un salto, prendió la linterna y caminó hacia el interior del edificio.

—Ahora vuelvo —dijo.

—¿A dónde va?

—Espéreme —respondió, desapareciendo en la oscuridad.

Unos momentos después escuché unos fuertes golpes desde el interior del edificio. Después, pasos. El foco vacilante de la lámpara.

El viejo cojo volvía.

—¡Ayuda! —gritó.

—¿Qué pasa?

—¡Sígame!

Caminé detrás de él intentando no caer. El viejo poseía un instinto de sobrevivencia muy desarrollado. Había algo animal en su actitud.

Llegamos hasta la boca del piso 7. Prendió la lámpara y me mostró un promontorio de cartones y piezas de madera.

—El escritorio del puto asesor jurídico… — dijo, riendo.

 

2

Yo no podía dejar de pensar en la posibilidad de que el Milenio se desplomara de un momento a otro. Años atrás NatGeo publicó un escalofriante documental sobre un edificio que se vino al suelo una hora después de ocurrido el terremoto de la Ciudad de México. Esas cosas pasan. En aquel momento, sin ninguna comunicación, imaginaba que la ciudad estaba en ruinas.

—¿Faltará mucho para el amanecer?

El viejo lanzó un gruñido, como si mi pregunta le importara poco. Le puso fuego a una pequeña pirámide de astillas y papeles, y sopló la llama con una cadencia bien aprendida.

En cosa de segundos el fuego lanzó resplandores contra las paredes. El lugar se llenó con la presencia de nuestras sombras. Se agigantaban y se achicaban, meneándose de un lado a otro, en una danza con ecos ancestrales. Aquel pasadizo de paredes ásperas y amenazantes se convirtió en una acogedora caverna. Hace medio millón de años una simple fogata debió tener significados inimaginables en la vida de nuestros abuelos homínidos. Ahora tenía una idea de lo que eso significaba.

Mi ropa comenzó a emanar un tibio vapor y me senté en el suelo sin poder apartar la mirada del destello reconfortante de las llamas. Juan se desnudó y arrimó al fuego cada pieza de ropa que se quitaba, como si fueran trozos de su propia piel.

—Esta cicatriz la tengo desde que era un bicho —dijo, con cierto orgullo, mostrando el corte de uno de sus costados.

Otra —añadió, señalando la zona de la ingle. Una abultada cicatriz de color púrpura sobresalía debajo de la rodilla. Era como un pequeño demonio marcado de cicatrices.

Se puso en cuclillas frente a las llamas y comenzó a contarme la historia de sus cicatrices.

 

3

A lo largo de su vida usó muchos nombres, pero el suyo, el verdadero, era Juan. Como su padre, que también se llamó Juan. Como su propio padre. Y como el padre de este, que recibió el nombre de su padre, un tal Juan Abrego. Su madre se llamaba María, igual que su abuela, y la madre de esta, que recibió ese nombre de su madre, que era el nombre de su propia madre, heredado de María López, la tatarabuela.

Todos los Abrego nacieron con la ayuda de una partera. Si la mujer preñada no conseguía parir la hacían que se confesara, y si con eso no podía dar a luz traían al marido para que se confesara. Cuando la criatura nacía, la partera le hacía una raya con tile en un pie, para que le ayudara a no perderse en los montes, y pasados doce días llevaban a la criatura donde un sacerdote para que le diera un nombre. Todos los así nacidos tienen el ombligo enterrado alrededor de un rancho. El rancho era un rancho a la orilla de un caserío y el caserío era un puñado de chozas echadas sobre una ladera del volcán. El nombre del volcán es Chinchontepec, y el del caserío, La Cayetana.

A medida que Juan contaba esa historia yo me imaginaba una larga trenza de Juanes y Marías emergiendo de la fogata y caminando de la mano hacia el horizonte mientras los astros giraban enloquecidos. Sonará estúpido, siento que estoy contando una versión tropical de Tierra de osos.

Al igual que la mayoría de los habitantes de ese lugar, sus padres, sus tíos y sus hermanos trabajaban desde mucho tiempo atrás para la poderosa familia Segura, propietaria de cultivos de café, caña de azúcar y algodón que se extendían hasta donde alcanzaba la vista.

Todos los Juanes estaban acostumbrados a guardar silencio frente al mandador, el guardia, el cura, el alcalde y el juez. Las Marías también bajaban la vista cuando hablaba el juez, el alcalde, el cura, el guardia y el mandador.

Pero las cosas comenzaron a cambiar. Los Juanes y las Marías, los Humbertos y los Jesuses, las Marinas, los Abeles y las Lucrecias comenzaron su rebelión. La rebelión de las pequeñas cosas. Pidieron a los amos unos pocos centavos más por el jornal. Pidieron comida caliente. Dos cucharadas más de arroz. Una tortilla adicional. No lo consiguieron. Pidieron que les arrendaran tierras a buen precio para sus propios cultivos y para la crianza de sus animales, y protestaron porque

los pesticidas envenenaban el agua matando a los peces.

Algo les ha picado. Ya se les va a pasar, decían los patrones. Las cosas están bien y así deben seguir, decían.

Los Juanes y las Marías, los Humbertos y los Jesuses, las Marinas, los Abeles y las Lucrecias decidieron enviarles un mensaje a los patrones. Una noche cortaron a machetazos un campo de algodón a punto de brote, y los señores, enojados, llamaron a la Guardia. Dos parejas de agentes con los cascos calados hasta las cejas y los dedos puestos en el gatillo de sus fusiles entraron al caserío interrogando de forma amenazante a los pobladores. Todo lo que oyeron fue que nadie sabía nada. Los guardias se fueron advirtiéndoles que se anduvieran con cuidado.

Esa fue la noche del algodón.

Después vino la noche de la caña.

Un humo negro y olisco se elevó hasta el firmamento entre un resplandor de color naranja. Doce manzanas de caña ardieron esa noche. Cuando se hizo de día, una llovizna de ceniza cayó sobre los árboles, los techos, los caminos y la ropa tendida.

La madre de Juan barría el traspatio cuando escuchó el ruido de los motores. Llamó al bichito flaco y le dijo que fuera a esconderse, y que no saliera de allí hasta que ella fuera a buscarlo.

En las palanganas de cinco camiones venían los guardias dejando una hedentina a diesel y aceite quemado por donde quiera que pasaban. Se apearon de los vehículos y rodearon el caserío. Un grupo numeroso se apostó frente a la ermita con los fusiles terciados y un cabo ordenó a voces que todos salieran de sus casas. Para que no quedara duda de sus intenciones dispararon unas ráfagas al aire.

La gente salió con las manos alzadas. Los guardias acostaban a la gente, boca abajo, con la cara pegada al polvo y las manos sobre la cabeza.

«¡Ahora van a entregar las armas!», gritó el oficial.

Nadie respondió nada. A una orden, los guardias levantaron del pelo a unos hombres y, a la vista de todos, los golpearon con la culata de los fusiles hasta desfigurarlos.

Un joven se atrevió a protestar y lo mataron en el acto de un tiro en la cabeza. Su padre se indignó y también fue muerto.

Frente a la ermita se formaron charcos de sangre revueltos con la ceniza que seguía cayendo.

La bulla de que la Guardia estaba en el pueblo llegó hasta una finca de café, volcán arriba, donde se encontraba un grupo de cortadores. Ocho hombres bajaron al caserío para pedirles a los agentes que no maltrataran a la gente.

Los ocho fueron detenidos y llevados a un lugar donde les dieron muerte a cuchillo y dejaron sus cabezas en el camino.

Antes de retirarse, al atardecer, los guardias dispararon al aire. Juan escuchó la tronazón y sintió un quemón a un lado de la espalda. Era una bala perdida, que le entró en la carne rompiéndole una costilla.

—No tiene orificio de salida —me dijo, enseñándome

el calazo.

Los puntos de sutura le dejaron la piel como la espina dorsal de un pescado.

 

4

«Los proyectiles salían de la instalación del destacamento militar, en la represa, y caían en un macizo montañoso inclinado sobre el río. Cuando los soldados detectaban un movimiento extraño llamaban a una avioneta de observación para que les indicara las coordenadas y afinaran la puntería. Si las avionetas estaban ocupadas, simplemente disparaban contra lo que fuera.

«Los soldados percibieron un movimiento de personas entre los cerros. Temieron que se preparara un ataque contra la represa y lanzaron morteros. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete rondas o más. En realidad lo que se movía entre la espesura era una columna de ancianos, mujeres y niños que buscaban la manera de cruzar la frontera y refugiarse en las montañas de Honduras. Se extraviaron y fueron a parar a los cerros frente a la represa.»

Entre aquella muchedumbre venía la familia de Juan.

Al otro lado del río, sin enterarse de lo que estaba pasando, Juan se recuperaba en un improvisado puesto médico de un balazo que recibió cuando cargaba a una combatiente herida. En el intercambio de fuego, la muchacha recibió de lleno una ráfaga de tiros. A Juan le entró un balazo por la nalga y le salió por la ingle.

—Aquí —dijo.

Se bajó el calzoncillo y me mostró un desgarramiento rosáceo entre los pelos.

—Cuando me curé me enviaron al campamento de la radioemisora, donde los muchachos vivían como topos para no ser detectados.

 

5

Por fin, cerca de la medianoche me contó qué le pasó después de que dejamos el taller donde tenían al X.

—Salí de mi casa a la discoteca y cerca de la parada de buses miré la Chevrolet negra.

—Era gris —le interrumpí.

—No. Era negra.

—Quizá era otra —insistí.

—Tenía la misma placa. Yo la memoricé mientras usted estuvo adentro. Alguien permanecía frente al volante porque estaban prendidas las luces de los frenos. En ese momento salieron dos hombres con pistolas y las caras cubiertas. Venían por mí. Corrí en medio del gentío buscando la quebrada en dirección a La Tabacalera. Yo conocía bien esas calles. Cuando iba llegando al bordo de la quebrada me dejaron ir unos plomazos. Un tiro me pegó en un hueso, aquí, en la pierna, y caí al suelo. Como llevaba impulso, no me detuve. Me fui devanando entre piedras y breñales hasta que topé con una piedra grande en el fondo de la quebrada.

¡Calavera! ¡Calavera! ¡Sos hombre muerto! —gritó uno de ellos. Era Bartolo. Algunas piedras rodaron quebrada abajo. Venían por mí. Saqué la mecha, me aposté en la piedra y les solté unos pijazos. No se lo esperaban. Los tipos respondieron, pero no tuvieron huevos de bajar. Todo quedó en silencio. Solo se oían los perros. Me mantuve alerta, con los dientes apretados, empuñando la mecha. Estaba mareado. Sonaban las putas chicharras. ¡Qué animales para chillar! Los árboles se volvieron invisibles. Alguien venía caminando, despacio, entre la hojarasca. Yo estaba listo para jalarle no más apareciera. Apareció entre la penumbra un chucho seco y jiotoso, que al verme salió espantado. Me apliqué un torniquete con el cincho. Soplaba un viento caliente, que no era de agua. Faltaba para que empezaran las lluvias. No iba a quedarme a morir en aquel zanjón. Tomé un trago del agua chuca de la quebrada y caminé río arriba, por toda la orilla. Cojeando. Ayudándome con una rama seca. En algún lugar alguien cocía frijoles. Juan, tenés que volver a probar frijoles, me decía a mí mismo, para darme ánimos. Se escuchaban risas, llantos de niños y toses que provenían de las covachas. Me detuve cuando sentí un mal olor. Estaba a unos pasos del basurero. No muy lejos de allí quedaba la 28 de Diciembre, donde vivía Santiago, un viejo amigo, conocido como Teo, aunque su nombre verdadero era Gerardo. La 28 nació como un campamento de refugiados. Le pusieron ese nombre porque las primeras familias llegaron a ese predio el propio Día de los Santos Inocentes. Trepé por la vereda de los pepenadores hasta la explanada. Unos perros salieron al paso gruñendo. La puerta de la casucha se abrió y en ese momento me desvanecí.

Desperté. El sol estaba alto. Una mosca sobrevolaba mi nariz. Entró Santiago. Teo, le dije, contento de verlo otra vez. Habían pasado varios años. Me pidió que no hablara. Ya habría tiempo de platicar. Santiago estuvo entre los primeros que llegaron a la 28. Terminó la guerra y los refugiados volvieron a sus lugares. Santiago prefirió quedarse en la ciudad. Ya no quería ser campesino. Había aprendido un oficio. Su compañera se hizo enfermera y trabajaba en la clínica comunal. Sus hijos se hicieron muchachos grandes, con novias y amigos. Ninguno quería volver al pasado. Pero el pasado lo persigue a uno.

«Una de las primeras cosas que le pedí a Santiago fue que averiguara cómo estaban mi mujer y mi hijo. Mi niño estaba enfermo. Nació con un problema. Aquel mandó a un cipote a vender jocotes embolsados. Llegó a la casa, golpeó la puerta y nadie respondió. Volvió al día siguiente. Pomponeó la puerta. Nada. Una mujer le dijo ‘en esa casa no hay nadie’. Era merodeada por hombres en automóviles. Que se fuera de allí. Nunca volví a saber nada de mi mujer y de mi niño. Dejé las cosas como estaban. Ni loco se me hubiera ocurrido ir a la policía. La bulla del hombre vaciado estaba en las noticias. Era obvio que Bartolo estaba involucrado en esa muerte y que me buscaba para no dejar testigos. Pensé que usted era parte de ese plan. Juré que iba a matarlo si volvía a encontrármelo. Lloré amargamente la pérdida de mi familia, sin mencionarle a nadie una palabra. A Santiago le dije que el ataque que me hicieron era obra del enemigo. Escuadroneros. Santiago pensó igual. Todavía estaba fresco el recuerdo de los guerrilleros que aparecían muertos después de la paz. Grupos armados que actuaban al margen, se decía. Uno nunca lo sabe todo. Ni hace falta. Éramos personas acostumbradas a no preguntar más de lo debido.»

Santiago se enteró de que unos desconocidos llegaron a los alrededores preguntando por un herido, un tipo peligroso que era buscado por las autoridades. Era hora de marcharse. Necesitaba una nueva identidad y largarse a donde nadie lo conociera. Se dejó el bigote. Se decoloró el pelo hasta dejárselo blanco, como el de un viejo. El trámite para su nuevos papeles no fue complicado. Los sediciosos quemaron numerosas alcaldías. Al finalizar la guerra un arreglo transitorio estableció que una persona podía obtener un documento de identidad presentando a dos personas que legitimaran la veracidad de su origen. Santiago y su mujer acompañaron a Juan a la alcaldía de San Pedro Perulapán, donde los registros municipales fueron reducidos a ceniza, y en cosa de minutos consiguió un nuevo documento. Pasó a llamarse Noé Basilio Monge. Soltero. Agricultor. Se despide de sus amigos. Inventa una historia sobre su origen y sus calamidades. No es pecado engañar al diablo.

Mecapalero en Gotera.

Pescador en La Barra.

Pordiosero en Divisadero.

Cortador en Nuevo Edén.

Mesero en una pupusería de El Amatillo.

Con el paso de los años, Juan decide acercarse a las ciudades, donde es más fácil encontrar algo que hacer.

Ayudante de fontanero.

Motorista de un picap de mudanzas en San Miguel.

Alquila una pieza en La Curruncha, en la falda del volcán Chaparrastique. Vive rodeado por cuatro bandas de malhechores. Sale ileso de un fuego cruzado entre un grupo de exterminio y una clica de pandilleros.

 

6

Dos tipos vestidos de payasos suben al bus. Uno de ellos camina hasta la puerta de salida haciéndoles muecas a los pasajeros. El otro se queda a la entrada. El vehículo sigue su marcha.

—¿Les decimos, vos? —grita uno, con voz chillona.

—Mejor no. No van a querer —responde el otro, riéndose.

—Entonces, ¿les cantamos?

—Vos cantás muy feo.

La gente se ríe.

—Y ustedes, ¿de qué se ríen? ¿Me ven cara de payaso? —reclama. La gente se ríe a carcajadas.

Mirá, se están riendo. ¿Les decimos?

—Ya te dije. No van a querer.

—Les voy a preguntar.

El payaso se dirige a la gente.

—¿Quieren que se los digamos?

—Sí —responden unos niños.

—¿De veras quieren que se los digamos? — grita el otro, desde atrás.

—¡Sí!

—Vaya pues. Todos tienen que decir que sí.

—¡Sí! —responden los pasajeros.

—¡No se oye! A ver, ¿de veras, quieren que se los digamos?

—¡Sí! —grita la gente.

—Vaya. Se los vamos a decir —dice el payaso, sacando un enorme cuchillo.

—¡Este es un asalto! ¡Nadie se mueva! —grita el otro, pistola en mano.

Los payasos desvalijan a los pasajeros. Teléfonos. Cadenas. Monederos. Golpean a quien se les resiste. Uno de los payasos llega al lado de una muchacha.

—¿Nos llevamos a esta? —grita.

—Está bien buena. Démosle remolque —responde el otro.

El payaso le pone el cuchillo en la garganta y le soba una chiche. La joven se rompe a llorar. Un hombre que comparte asiento con Noé golpea al payaso. Se arma una pelea. El payaso de la pistola dispara a mansalva. Todos gritan. El motorista frena el bus. El payaso del puñal pierde el equilibrio y cae sobre la gente. Noé intenta cogerlo. En medio del forcejeo recibe un golpe en un ojo. Los payasos saltan a la calle y huyen despavoridos disparando al aire. En el interior del bus quedan personas heridas. El hombre que venía sentado al lado de Noé mana sangre por la garganta. A Noé le inyectan un sedante, le colocan una bolsa de

hielo en el ojo.

«¡Juan!», le susurra al oído una voz de mujer. Cree que está soñando. Abre los ojos y mira a una oficial de la policía. Ha llegado a tomarle declaración. «Me ha confundido. Mi nombre es Noé», responde. La mujer lo tranquiliza. «Te conozco.

Sos uno de los Abrego.» Escribe su número de teléfono en un papel y se lo introduce en un bolsillo.

—¿Quién era ella? —le pregunté.

Mélida. Su familia es de mi cantón. Me recomendó para este trabajo —dijo, señalando el pasillo oscuro.

 

7

—Y la Dante… ¿supo cómo pasaron las cosas? —me preguntó Noé.

—La Dante —repetí, saboreando el nombre—. Ninguno sabe bien cómo pasaron las cosas.

Noé se rió.

—Yo no tengo las manos manchadas con la sangre de ese muchacho —contestó.

—¡Matarlo no estaba en el plan!

—Y entonces ¿qué pasó?

—Les ordené que lo soltaran. No me obedecieron. El lunes el hombre apareció en todas las noticias…

Juan se puso de pie, con el foco en la mano.

—Intentaron matarme.

—Nunca volví a saber nada de Bartolo. Bueno, sí. No sé si se enteró…

—¡Ese maldito! —exclamó, y escupió en el piso.

Bibliotecas: expresión universal de la cultura

Las Bibliotecas Nacionales son entidades existentes en cada país del mundo, una por cada país, le importan dramas históricos sin divisiones políticas, ni sesgos ideológicos. Menos de una decena de países en el globo carecen de estas «catedrales del conocimiento», como le llamaron los egipcios; o «república de las letras», como dicen los chinos. Nosotros hemos retomado el concepto de «biblioteca en la calle», que implica salir de las paredes y del escritorio hacia los usuarios que lo necesitan. Son tradición de humanismo para el desarrollo humano.

En Nínive (Siria) se edifica la primera biblioteca organizada más reconocida, con obras en tabletas de arcilla de hace 2700 años. Y luego está la de Alejandría, (Egipto, 2300 años), ahora una de las más grandes y bellas del mundo. Esa perennidad es la función patrimonial que preserva valores de identidad, conocimiento, información documental.

Con estas características las Bibliotecas Nacionales se convierten en acompañantes imprescindibles de desarrollo, brazo a abrazo con la humanidad. Y vistas en la era tecnológica se agrega como fuente adicionada a la investigación científica. En fin, son colectivos de nacionalidad, que, articulada con otras instituciones, despliega políticas de lectura promoviendo el libro como eje transversal educativo. Este gran paisaje nos lleva a pensar que una biblioteca también alfabetiza en emociones, sensibiliza, crea socialización familiar; fuente inicial para recrear ideas, y contribuir al pensamiento crítico que incide en formar sujetos propositivos y creativos. Incide en crear sensibilidad y sociedad democrática y conviviente. Es referente nacional e internacional de la producción literaria y cultural de un país.

Estas ideas parecieran nuevas, sin embargo, en El Salvador ya lo dijo un visionario del desarrollo social y la economía. ¿Qué fines tienen el libro que cultiva valores en la comunidad? Alberto Masferrer responde en su obra «Leer y Escribir» (1915): «Crea un nivel de cultura que contribuye a la democratización, a la salud y al bienestar como realidad posible, (ofrece) una extensa comunicación mental que nos vincula». De otra manera «viviremos en la anarquía de ideas y aspiraciones cada quien por su lado, sin posibilidad de transformar la Nación». Noten como este visionario autor salvadoreño incluye desde aquellas épocas salud mental y control de las emociones con el libro y la lectura.

En el caso de una Biblioteca Nacional es algo mucho más que el repositorio de obras que ofrece al usuario. Significa comunicación que humaniza con su información. Entra en contacto con la vida y con los que viven en un entorno social sin exclusiones de ningún tipo.

Y para no quedar solo en palabras, en el caso nuestro, la Biblioteca Nacional recibe jóvenes que no llegan solo por un libro, o una publicación periódica; también buscan descubrir el significado de su máxima institución bibliográfica que ofrece un diálogo con los bibliotecarios para compartir historia y libertad de pensamiento.

Porque desde ABINIA-América Central se decidió contar con funciones adicionales como la Biblioteca Móvil, destinadas a las comunidades; la Sala Infantil; promoción de la lectura y libros; y diversas formas de extensión cultural. Ofrece también un servicio adicional al usuario que necesita el diálogo para resolver limitaciones y vacíos de conocimiento, no solo tener acceso a la obra analógica o digital. Y en el caso de los niños se debe ofrecer dinámicas lúdicas para empatía y vocación por el libro y la lectura.

Porque las bibliotecas no solo deben limitarse a entregar obras para leerlas o investigar. Sino convertirse en hacedores adicionales de una civilización edificante para fortalecer la mejoría intelectiva y social desde edades tempranas.

Aprovecho para citar ideas del filósofo y escritor español Fernando Savater, quien hace un planteamiento innovador sobre libros y bibliotecas: formar seres humanos completos, ofrecer una perpetuación humanística: «Nos hacemos humanos unos a otros, repartimos humanidad a nuestro alrededor y la recibimos de los demás». Porque la Nación no es definida «por la tierra o sus componentes naturales», también se construye «por un estado de derecho, por el respeto a una Carta Fundamental y a las leyes de un país».

De modo que debemos obligarnos a educar como si cada ciudadano pueda ser un futuro gobernante. Insiste: «La educación es lo que lucha contra esa fatalidad que hace que el pobre siempre tenga hijos pobres y que el ignorante siempre tenga hijos ignorantes». Savater habla de la educación por medio del libro: «La literatura como alegría y salvación en el arte de educar para multiplicar nuestra alma». Y continúa: «La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene goces extraordinarios. El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana… (pero) la riqueza que nos dan los libros es real, duradera y limpia».

Estas ideas expuestas llevan a la necesidad de apropiarnos del concepto extenso de las bibliotecas: educan, recrean, transforman mentalidades para una sociedad emocionalmente pacífica, porque significa formar en inclusión, equidad, tolerancia, solidaridad social, ética política, honestidad, como prevención de la violencia. Por eso muchos países han hecho de las bibliotecas un espacio espectacular con arquitecturas asombrosas y similares contenidos.

Cito los ocho millones de libros de la actual biblioteca de Alejandría, fundada hace dos mil años. La Nacional de China, con 31 millones de ejemplares, la más grande de Asia, «una especie de sumun del conocimiento».

Las Bibliotecas Nacionales conservan el patrimonio bibliográfico como función estratégica formativa de civilización de lo cual se ha ido apropiando en el curso de los siglos. Tal las Nacionales de Taiwán, de Irlanda, Croacia, España. Las Reales de Dinamarca y Suecia. Todas con un sistema que aúnan investigación científica y bienestar social, catedrales y repúblicas del libro. Soporte humanístico para el desarrollo integral.

Son diferentes las Bibliotecas Públicas, orientada a las comunidades con lecturas y atención a la niñez. De estas conozco espectaculares como las de Nueva York, San Francisco, Estocolmo. Pero esto es tema aparte.

Nota.- Segunda parte y final del trabajo solicitado por «Journal of Science, Technology and Society«.

El Salvador y el mar

La historia cuenta que el pueblo de Jucuarán fue atacado por un grupo de piratas ingleses. Los invasores asaltaron e incendiaron el poblado anclado en la actual costa de Usulután, y masacraron a muchos de sus habitantes, mientras que los sobrevivientes se refugiaron en los cerros vecinos. Corría el año de 1682. La costa del Pacífico centroamericano era testigo y víctima de la incursión pirata en una ruta comercial española, que movía mercancías entre el Perú, Centroamérica y la Nueva España (actual México). La consigna para los europeos era que el que dominaba el mar –sus rutas de navegación– dominaba el mundo. Hacía menos de 15 años que Henry Morgan había saqueado Maracaibo y Panamá. Lo ocurrido en Jucuarán también parece sacado de una de las crónicas escritas por Alexandre Exquemelin.

Pasado el peligro, los jucuarenses que quedaron retornaron a su pueblo nativo, pero decidieron ya no edificar la población en el mismo lugar. Se mudaron a la ubicación actual del poblado, más alejado de la costa, en una decisión defensiva. No querían revivir su tragedia mientras los piratas merodeaban también el golfo de Fonseca. Aunque los ingleses hacían expediciones terrestres, al menos les daba más tiempo para huir. Presos del miedo, los pobladores renunciaron a estar más cerca del mar. Esta es parte de la historia sobre Jucuarán que recopiló el académico Jorge Lardé y Larín y publicó originalmente en 1957. La historia de Jucuarán ilustra bien lo que ocurrió con El Salvador y cómo le dio la espalda al mar en buena parte del siglo XX.

La zona costera del país ha estado abandonada a su suerte. Y cuando se hace esta afirmación, no se refiere a grandes obras de infraestructura moderna; sino a los problemas más básicos de aguas residuales y vías de acceso. Algo generalizado en casi todo el litoral salvadoreño, con casos como la contaminación en la bahía de Jiquilisco, por los ríos que la alimentan; la falta de acceso al agua potable de muchas comunidades cercanas al puerto de La Libertad; la escasa oferta laboral, más allá de la pesca en la mayoría del territorio, entre muchos otros. Una falta de oportunidades generalizada que, incluso, ha provocado el éxodo de generaciones completas en poblaciones como la de la playa El Tamarindo, en el departamento de La Unión.

Incapaz de dar respuesta a población en la costa, ahora el Estado, al fin, parece arrancar una intervención que puede mejorar el nivel de vida de algunas de estas comunidades. Uno de los proyectos que sería financiado con la cooperación china. Si bien es cierto que se coloca al turismo como uno de los ejes centrales para el desarrollo de la zona costera, vale hacer la acotación que en Latinoamérica hay grandes centros turísticos –como Cartagena de Indias o Cancún– rodeados por cinturones de pobreza. Se debe promover un desarrollo integral de la zona costera. Que el centro de los proyectos sea la población. Se ha dicho hasta la saciedad que el crecimiento económico no implica, en el sistema en el que vivimos, que se mejore la calidad de vida de la gente.

Actualmente, si uno recorre la costa de Jucuarán –más de 300 años después de los hechos que marcaron su cambio de ubicación– se encuentran comunidades dispersas de «mareños» con vías de acceso en mal estado, altos índices de pobreza y familias que luchan por subsistir. Es un contraste cruel. En el lugar ya hay pocos hostales y hoteles construidos en este paraje idílico que albergan, en su mayoría, a turistas europeos y norteamericanos que llegan atraídos por las olas y las playas de origen volcánico. Uno de los lugareños de la costa de Jucuarán me lo resumió tristemente: «Aquí estamos en el monte, vivimos como en los tiempos de antes».

La mujer salvadoreña en la lucha armada

«Eugenia» es el apodo de Ana María Castillo Rivas. Nace el 7 de mayo de 1950 en San Salvador y es la hija mayor de una familia de clase media acomodada. En el colegio empieza a participar con la organización Juventud de Estudiantes Cristianos (JEC). Ahí, por su trabajo con las clases menos favorecidas y con los indígenas, se va concientizando políticamente. En 1975 es estudiante de psicología en la UCA y deja pendiente su tesis para meterse del todo a trabajar con organizaciones que en ese momento incorporan los campesinos a la revolución. Se casa con Javier, otro revolucionario, en 1976. Deciden esperar dos años antes de tener una hija (Ana Patricia) que nace en 1979. El 17 de enero de 1981, a ocho días de ofensiva general, Eugenia cae junto a tres compañeros mientras transportan armas. Aunque los últimos momentos de su vida son difíciles de reconstruir, Alegría y Flakoll sugieren que Eugenia se mata disparándose con una subametralladora como una última muestra de su compromiso absoluto, «!Por el terramplén de la izquierda! –gritó Eugenia-. ¡Qué no nos agarren vivos!»

No me agarran viva: La mujer salvadoreña en la lucha de Claribel Alegría y D.J. Flakoll (UCA, 1987) se enfoca en reconstruir la vida de Eugenia, una militante en las Fuerzas Populares de Liberación. Recoge los testimonios de militantes y de parientes y las cartas de Eugenia a su marido. En el prólogo, los autores recalcan que Eugenia no es un caso excepcional y que es típica de tantas mujeres salvadoreñas que dedicaron sus vidas a la lucha armada de modo que Alegría y Flakoll proponen a Eugenia como una metáfora para la mujer salvadoreña en la revolución.

Este libro nos revela cómo se construye el ideal militante de la mujer salvadoreña en la lucha armada. Uno de los principios de la vida de un revolucionario es desprenderse de su familia para dedicarse a la lucha. Vemos como Eugenia, primero, pospone ser madre por su compromiso político y, luego, cuando decide tener hijos, conceptualiza la maternidad como una obra colectiva y depende de los demás compañeros para criar a su hija: «… ella, comprendiendo la vida del revolucionario, integraba emocionalmente a la niña al colectivo» (111). Los testimonios sobre su persona enfatizan la disciplina, la capacidad de trabajo, y el compromiso absoluto de Eugenia. A pesar de trabajar muchas veces de la madrugada hasta muy tarde, Eugenia es una madre cariñosa: «Ese cariño contrastaba con la disciplina, con la firmeza que siempre tuvo en sus tareas revolucionarias ni éstas fueron un obstáculo en la educación de la niña» (112). Sin embargo, entiende que en cualquier momento puede caer así que trata de acostumbrar a su hija a que la cuiden los demás y a la distancia emocional. Ella combina integralmente las tareas de una revolucionaria, de una madre y de una compañera. Con la construcción del heroísmo de Eugenia, No me agarran viva presenta un modelo femenino ejemplar de abnegación, de sacrificio y de heroísmo revolucionario.

No me agarran viva presenta varios problemas éticos. Primero, Eugenia no solo se sacrifica personalmente sino que exige que su hija también sacrifique por la revolución. Cuando Eugenia muere Ana Patricia pierde su madre y crece con el conocimiento de que el compromiso absoluto de Eugenia no era con ella sino con la lucha armada. De ahí, la experiencia de Ana Patricia es un silencio notable en No me agarran viva. Obviamente, como Ana Patricia era una niña pequeña, su perspectiva sobre el involucramiento de su madre no entra en los testimonios. Sin embargo, hoy, más de treinta años después, sería necesario recoger el testimonio clave de Ana Patricia para darle voz a los niños cuyas relaciones con sus madres se sacrificaron por la lucha armada. Por otra parte, Eugenia es un ejemplo inalcanzable para muchas mujeres que no pudieron reconciliar su compromiso como madre con su compromiso político. Tienen que haber muchas que optaron por no tener hijos y otras que se salieron de la lucha para dedicarse a la familia. ¿Cómo darle voz a estas experiencias de auto-sacrificio que no encajan dentro del modelo de heroísmo que se construye en la persona de Eugenia?

Carta Editorial

Hace un par de años, Miguel Huezo Mixco dijo en una entrevista publicada en estas páginas que pensaba que iba a morir rápido. Era parte de la guerrilla. Su jefe directo era Salvador Sánchez Cerén, el expresidente, que, para aquel tiempo, se hacía llamar Leonel. Tras la muerte de su entonces pareja, Huezo Mixco solicitó permiso para retirarse y escribir. Leonel se lo negó y lo instó a escribir desde la trinchera.

Sobrevivió a la guerra y más. Convertido en poeta y escritor, Huezo Mixco está hoy en plena promoción de Días del Olimpo, el título que cierra la trilogía que comenzó con Camino de Hormigas y La casa de Moravia. Los tres son un esfuerzo por rescatar la memoria desde un punto de vista íntimo y lleno de sentimientos que encuentran autenticidad en las acciones.

En esta edición, entregamos un adelanto de este libro que toma su nombre de un centro nocturno gay que se mantuvo en funciones durante el tiempo de la posguerra. El Salvador no es país para letras, lo hemos escuchado y lo hemos sufrido. Pero hay mucho de esperanzador en cómo este país, ingrato con sus escritores, está siendo narrado ahora. Hay, acá, una voz particular que es indicativo de que algo se hizo bien en algún punto. Huezo Mixco, por ejemplo, insistió en seguir escribiendo y se agradece.

En estos tiempos en los que la intolerancia y la polarización parecen ser las grandes conquistadoras de los espacios públicos, vale muchísimo la pena apostarle a la diversidad de discurso. Sí, la guerra ha sido contada antes, y en cada oportunidad ha habido verdad. Cada aporte ha sido valioso y desde estas páginas seguimos abriendo espacios para ganar en dos vías: difusión y conocimiento, para que saber quiénes son los escritores y para que enriquecer el criterio entre sus letras.

«Cada estado de ánimo te hace crear algo nuevo»

Si lo que tiene ahora no le gusta, ¿cómo cree que debería ser?

La vida es un constante movimiento donde lo que deja de gustarme me inspira a un cambio y, luego, esto se convierte en una experiencia nueva, siempre con un enfoque en lo que me encanta, como el diseño y el arte.

¿Qué le gustaría que pasara hoy que no esté pasando?

Estoy abierto a lo que la vida me dé. Así que lo que esté pasando en este momento es cuestión de mis propias decisiones, y si decido que debería de pasar algo mejor, simplemente muevo el timón de mi vida a otra dirección.

¿Cuál es su posesión más preciada?

Mis sueños, pues de ahí nace lo que alimenta mi creatividad, que luego se transforma en mi proyecto de vida.

¿Con qué estado de ánimo prefiere diseñar?

Hubo un momento de mi vida que descubrí que cada estado de ánimo te hace crear algo nuevo, intenso, único y original. Nunca dejé de diseñar o de crear, independientemente de mi estado de ánimo. A veces lo que sientes es más fácil expresarlo con arte.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuviera que comenzar otra vez?

No tengo por qué considerarlo, siempre escogería el diseño gráfico.

¿A qué persona viva admira?

Al maestro espiritual Sadhguru, yogui y místico. Su visión sobre el autoconocimiento te hace reflexionar quién eres y hacia dónde vas.

¿Quién fue su inspiración para que se dedicara al diseño gráfico?

No fue alguien en específico, desde pequeño sabía que mis habilidades artísticas podían ser algo de lo cual viviría y así fue.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (20)

MONTAÑAS DORMIDAS

Se hallan alrededor con todas las memorias familiares haciéndome sentir que Albuquerque estará siempre aquí para darme la misma bienvenida.

31 DE OCTUBRE

Halloween para mí no significa nada; para mí el 31 de octubre es el anochecer en que comienza la antigua vacación escolar que se repite entre los sueños.

NUBES EN ASUETO

Todos los días, al asomarme a la ventana, busco mis nubes preferidas, y con frecuencia están ausentes gozando de su día de descanso.

LUNA FUGAZ

Ella se siente eterna, pero yo estoy seguro de que a diario cambia de identidad. La de este día me mira de reojo y me susurra: «Al fin poeta».

ENTRE PALOMAS MENSAJERAS

El sol va zigzagueando como un desorientado vagabundo.

EL MAR ESTÁ MUY LEJOS

Bueno, es que me hallo ahora en el centro mismo de Nuevo México; pero los ecos de las olas me vienen a buscar día a día sin falta.

DESDE EL OCTAVO PISO

Los vecindarios son alfombras íntimas; las montañas reviven sus reposos descalzos; los pocos transeúntes nunca pasan de largo; las espesuras verdes se hacen criptas rosadas…

RICHARD Y JOHANNA

Están sentados en sus sillas cuando llego a buscarlos. Me miran y sonríen. Son mis dos bisabuelos con los que sigo hablando en lenguaje de señas.

TEMPLO AMADO

Sus paredes son ramas enlazadas. Sus vitrales son nidos de colores. Sus asientos son húmedas raíces. Y sus rituales son serenatas de grillos…

VUELOS POSIBLES

Lo reafirmo este día al pie de estas colinas abrazadas que no han dejado nunca de estar aquí y a la vez me acompañan en cada uno de mis pasos.

EL BUEN VECINO

Vive junto a la casa donde viví bajo la identidad de mis antepasados aquí en las vecindades de Albuquerque hace más, mucho más de 100 años.

ÁRBOL CON FRÍO

Lo percibo al sólo contemplarlo mientras camino por la calle solitaria, y de inmediato me animo a darle protección juntando alrededor los anímicos fuegos ancestrales.

CARAVANA DE LUCIÉRNAGAS

Viene avanzando desde siempre para cruzar a tiempo la frontera entre el crepúsculo y la noche.

IGUAL A ENTONCES

Porque los corazones, las sienes y los pulsos siguen siendo los mismos, sin importar lo que haga creer el calendario.

DEL EVANGELIOINMEMORIAL

La roca donde habita el ojo de agua es el mejor altar para poner en práctica las abluciones naturales.

ALGUIEN PASA A MI LADO

¿Será un cartero del pasado, un cibernauta del presente, un emisario del futuro?

PAZ INTERIOR

Es la que vive la ciudad soñada desde que el mundo es mundo.

RECIÉN LLEGADOS

No hay música ni tragos. No hay vítores ni palmas. Lo único que hay son gestos tímidos para que cada quien se ubique en el lugar eterno que le toca.

DESAYUNO EN FAMILIA

Puede ocurrir a cualquier hora del día o de la noche; pero en todo momento los presentes se ubican en los mismos puestos, dicen las mismas frases, desenfundan las mismas remembranzas…

LUNA NUEVA

Hay un desierto amable donde todas las tardes se inaugura una iglesia para que duerma sin temor la nueva luna.

TIERRA DE SABIOS

Esa en la que no hay fuegos afligidos ni manantiales desconfiados.

VOY A HABLAR EN AZUL

Cuando me lo propongo sin decirlo, mis palabras más fieles se quedan expectantes para que el cielo se anime a conocerlas.

LA PRIMAVERA ANÓNIMA

Cada año nos visita sin revelar su identidad pero dejando que circulen sin miedo todas sus energías aleteantes.

LO QUE DICE EL OTOÑO

Como no tiene residencia aquí, el otoño circula pidiendo albergue en todas las viviendas que le parecen amigables.

GRACIAS, VERANO

Pero no vayas a creer que nos tienes en tus manos sólo porque sentimos que tu fresca armonía nos toca el alma desde siempre.

INVIERNO MAGISTRAL

Porque cada año alguna de sus intrépidas tormentas se gana la medalla de los efectos zodiacales.

DESCALZO EN EL ARROYO

Me aventuro al revuelo juvenil de estas aguas para entrenarme en la prueba que viene: el salvaje heroísmo de las olas agónicas.

El poder de las iglesias evangélicas en Latinoamérica

GDA

Los evangélicos en la región han aprovechado ventajas como el no tener que hacer aportaciones tributarias, leyes que en el mejor de los casos son vagas y, en el peor, inexistentes y les permiten actuar con libertad. Aunque hay casos específicos donde se les asocia con algún partido político en particular, estas asociaciones han sabido adaptarse a los cambios y, señalan expertos, su objetivo es acercarse al poder, esté en manos de quien esté.

Su ascenso no ha estado exento de polémica; al contrario, y es apenas el principio. «La iglesia evangélica recién empieza a asomar la cabeza», advierte a El Nuevo Día el doctor Samuel Silva Gotay, profesor distinguido de Historia y Sociología de la Religión en la Universidad de Puerto Rico.

Aunque diversas, las iglesias evangélicas tienen una agenda común que pasa por el No al aborto, la lucha contra los derechos de la comunidad LGBTTQ (en Puerto Rico impulsaron en el Senado un proyecto para aplicar terapias de conversión de menores homosexuales y transexuales que el gobierno frenó) y ganar acceso a los medios de comunicación donde no los tienen son algunos ejemplos.

Ha sido una labor de décadas. En Brasil, uno de los ejemplos más notorios del poder evangélico, estos grupos se consolidaron en la década de 1970, y hoy en día su influencia se ha disparado en el gobierno del presidente Jair Bolsonaro, cuya candidatura impulsaron.

En México, agrupaciones evangélicas como los protestantes y pentecostales se incrementaron, en poco menos de 10 años, 35 %, al pasar de mil 331 en 2010 a 5 mil 843 en la actualidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

En Uruguay, señala El País, aunque sólo 7 % de la población se define como evangélica, según Latinobarómetro (2018), los expertos coinciden en que la cifra subestima la realidad y, desde 2009 un pastor, Jorge Márquez, intentó contender en las elecciones.

Venezuela vivió en 2018 el llamado fenómeno Bertucci, cuando el pastor evangélico Javier Bertucci se lanzó como candidato presidencial y su partido, Esperanza por el Cambio, alcanzó más de un millón de votos, una cifra histórica para una organización política de esa tendencia religiosa, advierte El Nacional. En este país, 17% se declara evangélico o protestante, según Latinobarómetro (2018).

De todo el universo de iglesias evangélicas, destacan por su poder económico y político los pentecostaeles y neopentecostales. En Puerto Rico, suman 840 mil creyentes, de un total de 3 millones de habitantes.

En Uruguay se fundó en 2004 el Consejo de Representatividad Evangélica (CREU), que aglutina a las iglesias de este tipo y representa a más de 700 congregaciones locales en el país. Y aunque no se les asocia al presidente, en las primarias de este año al menos 16 listas electorales fueron encabezadas por pastores evangélicos. Tres legisladores titulares son evangélicos, todos del Partido Nacional.

Un caso particular en México que ha destacado es el de la Luz del Mundo, fundada en 1926 y que afirma contar con más de 600 mil fieles. Tiene empresas filiales de diversos giros comerciales en sectores inmobiliarios, cultural, editorial e informativo. A nivel político, cuenta con tres legisladores y se le ha asociado a diferentes partidos políticos, como el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y el que está actualmente en el poder, MORENA.

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BRASIL, LA MECA

Un caso que cabe destacar es el de Brasil, no sólo por la relación evangélicos-Bolsonaro, sino por la fuerza política, mediática y económica de este grupo.

La Iglesia Universal del Reino de Dios (conocida en México como Pare de Sufrir) es considerada una pionera en la expansión nacional e internacional de la iglesia neopentecostal, indica O Globo. Es propietaria de Radio Aleluia, con más de 90 emisoras y su fundador, el obispo Edir Macedo, es dueño de Grupo Record.

Otro obispo, Marcelo Crivella, fue senador y nominado a ministro de Estado en el gobierno de Dilma Rousseff. Hoy es alcalde de Río de Janeiro.

De las filas de una de las iglesias evangélicas más antiguas de Brasil, la Asamblea de Dios, han salido también pastores que han sido líderes políticos, como Everaldo Pereira. En el censo de 2010, 12.3 millones de personas se declararon fieles de esta iglesia.

En México existe la Cofraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Cofraternice), que agrupa a 7 mil iglesias. La presidente Arturo Farela, quien se declara amigo de años del actual presidente Andrés Manuel López Obrador.

De acuerdo con datos de El Universal, la presencia de los grupos evangélicos se ha incrementado en la administración actual, en la que han solicitado acceso a medios electrónicos de comunicación y han asistido a por lo menos cinco actos públicos del mandatario, quien durante su campaña estableció una alianza con el Partido Encuentro Social, de filiación cristiano-evangélica.

El censo de 2010 identificaba a 8 millones 386 mil mexicanos protestantes, pentecostales, cristianos o evangélicos.

Un caso particular en México que ha destacado es el de la Luz del Mundo, fundada en 1926 y que afirma contar con más de 600 mil fieles. Tiene empresas filiales de diversos giros comerciales en sectores inmobiliarios, cultural, editorial e informativo. A nivel político, cuenta con tres legisladores y se le ha asociado a diferentes partidos políticos, como el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y el que está actualmente en el poder, MORENA.

Gran polémica causó en el país un evento realizado el 5 de mayo en el recinto cultural de Bellas Artes, en la Ciudad de México, para homenajear al líder de la Luz del Mundo, Naasón Joaquín, García, al que asistieron legisladores morenistas. Naasón está hoy detenido en Estados Unidos, acusado de violación de menores y tráfico de personas, entre otros cargos.

En Colombia, explica El Tiempo, hay dos partidos con personería jurídica y cada uno cuenta con tres senadores. Ambas agrupaciones políticas son cercanas al llamado uribismo, el movimiento de apoyo al expresidente Álvaro Uribe. Uno de ellos es el partido Mira, derivado de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y con presencia en el Congreso colombiano desde el 2000.

En Chile, los últimos 20 años han visto la caída en el número de fieles católicos y el ascenso de los evangélicos. Los primeros pasaron de representar 73% de la población en 1998 a 55% en 2018; por contraparte, los segundos pasaron de 14% a 16%, o un total de 3 millones 57 mil 154 fieles, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadísticas proporcionados por El Mercurio.

Pareciera un número pequeño, pero ha ido aparejado de un aumento en su poder económico: para 2017, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Valores y Seguros, más de 40 distintas iglesias y corporaciones del mundo protestante poseían acciones en empresas que cotizan en la Bolsa de Comercio.

Los evangélicos pentecostales se han enfocado además en la compra/renta de medios. Tienen dos canales de tv, un centenar de radiodifusoras, como radio Armonía y radio Corporación.

A nivel político, hay siete diputados evangélicos, de un total de 155, y hoy la apuesta es a conformar, ellos mismos, agrupaciones políticas que puedan contender en el futuro.

GDA

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EL SALVADOR, CATÓLICOS A LA BAJA

Uno de los ascensos más notorios de los evangélicos se ha dado en El Salvador, donde pasaron de tener 28.70 % de fieles en 2004 a 39.50 % en 2019. Los católicos, primer grupo religioso del país, han sufrido un declive igualmente impactante en el mismo periodo: de 55.10 % a 40.50 %.

Igual que en otros países, se han hecho de medios de comunicación y forman parte de consejos ciudadanos para el diseño de políticas públicas.

No se les asocia con un partido político en particular, sino con el poder, explica LA PRENSA GRÁFICA. Se llevan bien con quien gane. Muestra de ello es que en las tomas de posesión de los últimos cuatro presidentes ha habido presencia de sacerdotes católicos, pero también de pastores, y en la Asamblea Legislativa se han realizado sesiones especiales con motivaciones religiosas.

En Argentina aún no se nota tanto la influencia de los evangélicos, a pesar de que son el segundo grupo religioso más importante, con 3 millones 600 mil fieles, de acuerdo con datos recabados por La Nación, en un país con una población de unos 40 millones.

Una de las razones por las que no son tan influyentes es que no han logrado constituir una organización política que los estructure. Tampoco cuentan con algún candidato político con suficiente trayectoria.

Durante las protestas de este año contra el gobernador Ricardo Antonio Rosselló, Raschke no sólo criticó el Paro Nacional, durante el cual más de 500 mil personas marcharon para exigir la dimisión del gobernante, inmerso en un escándalo por comentarios denigrantes de su parte y otros funcionarios que salieron a la luz, sino también la protesta al ritmo de reguetón denominada “perreo combativo”, cerca de la casa oficial del Ejecutivo, y en la que participaron manifestantes de la comunidad LGBTTTI.

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DE LA CARTILLA MORAL A LA DECLARACIÓN MÉXICO-URUGUAY

El acercamiento de los grupos evangélicos al poder tiene un objetivo particular: impulsar su agenda. Y en algunos países, eso se ha traducido en acciones muy concretas.

Es el caso de México, donde la Cofraternice se encargará de distribuir la cartilla moral impulsada por el presidente López Obrador, con la que busca, según ha declarado, «reconstruir el tejido social» para disminuir la violencia que hay en el país. Será difundida en 7 mil iglesias evangélicas y los pastores planean incluso ir casa por casa.

La Cofraternice busca sumarse, asimismo, a programas «emblema» del gobierno de López Obrador, como Jóvenes Construyendo el Futuro, que otorga becas a personas de entre 18 y 29 años por ser capacitados en empresas, y Sembrando Vida, para impulsar políticas de desarrollo que ayuden a disminuir la migración centroamericana.

En Brasil, los evangélicos se anotaron un gran triunfo en mayo de 2019, cuando a pedido del propio presidente Bolsonaro la Reserva Federal acordó flexibilizar las obligaciones accesorias de las iglesias (sus declaraciones diarias y mensuales de movimientos financieros).

El mandatario causó polémica al advertir que tendrá la oportunidad de nominar a dos ministros para el Tribunal Supremo y que uno de ellos será «terriblemente evangélico».

En Uruguay, el 15 de junio de 2017 fue una fecha clave para los evangélicos. Ese día, 670 parlamentarios de la región, incluyendo tres evangélicos uruguayos, suscribieron la Declaración de México, que se opone a que las resoluciones de organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos obliguen a los Estados miembros a modificar sus leyes locales «en asuntos relacionados a la vida, la familia y la libertad religiosa».

En Colombia, estos movimientos mostraron su poder al impulsar el voto por el «No» a los acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el plebiscito de 2016, que finalmente se impuso. Tras el fracaso del Sí, el presidente Juan Manuel Santos se reunió con una decena de pastores para escuchar sus planteamientos.

Paso a paso, las iglesias evangélicas han ganado terreno en Latinoamérica. Su cercanía al poder está redibujando la división Iglesia-Estado que solía prevalecer. Y van por más.

Fotografía de referencia

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PERSONAJES POLÉMICOS LIGADOS A LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS

Algunos de los líderes de las iglesias evangélicas más importantes o populares se han visto envueltos en escándalos de corrupción o, incluso, de delitos más graves por los que se encuentran en prisión.

En México destaca el caso del líder mundial de la Iglesia de La Luz del Mundo, Naasón Joaquín García, quien fue detenido en junio y está acusado por la fiscalía de California de 26 delitos graves, incluidos pornografía infantil, abuso sexual a menores y tráfico de personas. Se le denegó libertad bajo fianza después de que se dieron a conocer videos sexuales de Joaquín García en los que aparecía un menor; también se detectaron imágenes de pornografía infantil en un teléfono del acusado.

Apenas el 15 de mayo anterior, Naasón recibió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes por su cumpleaños número 50; en el recinto se presentó la ópera El Guardián en el Espejo, en un evento organizado por la Asociación de Profesionistas y Empresarios de México (APEM) y presidido por Rogelio Zamora, padre del senador Israel Zamora y de Alma Zamora, esposa de Joaquín García, menciona EL UNIVERSAL de México.

Al lugar acudieron miembros de la clase política; por ejemplo, el entonces presidente de la Mesa Directiva del Senado, el morenista Martí Batres Guadarrama; el diputado Sergio Mayer Bretón (Morena), presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados; los senadores Ricardo Ahued, Julio Menchaca, Félix Salgado Macedonio, Roberto Moya, Gabriela Benavides, Juan Manuel Fócil y el senador del Partido Verde, Rogelio Israel Zamora, quien gestionó el evento.

Además, Joaquín García tuvo otro homenaje el 22 de mayo a nombre de la Cámara de Diputados por al menos 35 legisladores, sobre todo de Movimiento Ciudadano. El personaje recibió dos reconocimientos, uno tras el concierto en Bellas Artes y costó 7 mil pesos; el otro se lo dieron diputados federales de Jalisco.

Imagen de referencia

En Venezuela causó gran revuelo la candidatura presidencial de Javier Bertucci, pastor de la Iglesia Maranatha Venezuela. Hubo quienes lo acusaron de actuar en complicidad con el presidente Nicolás Maduro, al validar con su participación unas elecciones que no fueron reconocidas por un gran sector de la oposición.

Durante la candidatura de Bertucci salieron a la luz presuntos vínculos con casos de corrupción que fueron expuestos en la filtración de los Panama Papers en 2016. Una investigación de la periodista Katherine Pennacchio mostró que Bertucci fue presidente de Stockwin Enterprises Inc, una compañía creada en Panamá el 3 de enero de 2012 con un capital de 5 millones de dólares dedicada a la compra-venta de insumos, principalmente la importación de materias primas del sector alimenticio. Para importar se necesitaba conseguir una licencia de importación y dólares de Cadivi, pero ninguna de las dos cosas de obtuvieron. Luego de la publicación del reportaje, Bertucci explicó en un comunicado que la iniciativa no se concretó y que no tenía los recursos como para poseer cuentas en paraísos fiscales.

En Puerto Rico, Jorge Raschke, pastor de Asambleas de Dios, presidente del Ministerio Clamor de Dios Internacional y asesor del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha causado más de un revuelo.

En junio de 2018 fue desautorizado por la Conferencia Evangélica Pentecostés de las Asambleas de Dios de Nicaragua por apoyar las posturas del cuestionado gobierno de Ortega. Además, ha desatado polémicas por sus posturas conservadoras y ataques contra figuras políticas, de la farándula y líderes activistas.

Durante las protestas de este año contra el gobernador Ricardo Antonio Rosselló, Raschke no sólo criticó el Paro Nacional, durante el cual más de 500 mil personas marcharon para exigir la dimisión del gobernante, inmerso en un escándalo por comentarios denigrantes de su parte y otros funcionarios que salieron a la luz, sino también la protesta al ritmo de reguetón denominada «perreo combativo», cerca de la casa oficial del Ejecutivo, y en la que participaron manifestantes de la comunidad LGBTTTI.

«Las asquerosidades que vimos fuera en la prensa, los videos de gente teniendo sexo en las calles… Eso no se puede permitir. Y Bad Bunny y Ricky Martin (…) y Calle 13, ¿quiénes son ellos? Que no viven ni aquí», declaró el pastor.

En Brasil una figura divisiva es el alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella. En 2018 anunció ante un público de pastores evangélicos que se les daría prioridad a integrantes de la iglesia para cirugías de cataratas y varices en la red hospitalaria pública. Esas declaraciones dieron origen a un pedido de destitución del alcalde, que al final acabó siendo archivado por la Cámara Legislativa Municipal.

Otros escándalos involucran a Damares Alves, pastora evangélica y educadora brasileña, actual ministra de la Mujer, quien causó polémica luego de decir: «Comienza una nueva era. Los niños visten de azul, las niñas de rosa». Posteriormente argumentó que era una metáfora «contra la ideología de género».

En Chile hubo cuestionamientos a los evangélicos en 2017, después de que durante un Te Deum, ceremonia organizada por la Unión de Iglesias evangélicas, la entonces presidenta Michelle Bachelet fue objeto de ataques y gritos que la calificaron de «asesina» y «vergüenza nacional» debido al impulso que daba el gobierno a proyectos como el aborto bajo tres causales o el matrimonio igualitario.


* El GDA está integrado por La Nación (Argentina), O Globo (Brasil), El Mercurio (Chile), El Tiempo (Colombia), La Nación (Costa Rica), El Universal (México), El Comercio (Perú), El Nuevo Día (Puerto Rico), El País (Uruguay), El Nacional (Venezuela) y La Prensa Gráfica (Salvador).

A Camila la mataron antes de poder dejar las calles

A Camila la mataron antes de poder dejar las calles

Camila Díaz llegó a pedir trabajo a la Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano (Aspidh Arcoiris Trans) el martes 29 de enero de este año. Camila quería alejarse del trabajo sexual y Mónica Linares, la directora de esta organización que promueve los derechos de la población LGBTI en El Salvador, recuerda haberle ofrecido que se inscribiera en un programa en el que recibiría clases y, luego, podría comenzar un pequeño negocio. Un camino largo, complicado, que Camila aceptó. Pero que no pudo recorrer. La mataron antes de poder dejar la calle.

A las 11 de la noche del 30 de enero, está narrado en documentos de la Fiscalía General de la República (FGR), Camila estuvo hablando con una amiga a través de notas de voz de Whatsapp. Le contó que había una persona que se llevaba con pandilleros y que la había amenazado con embriagarla y cortarle el pelo, pero que ella, por temor, prefería quedarse callada. «Ahorita, aquí ando ya en estas calles. En estas calles horrendas y fatales, pero aquí ando, ni modo, aguantando a esas niñas chambrosas, peleoneras, venenosas, egoístas. No sé ni cómo llamarlas ya», le dijo a las 11:21 de la noche.

Horas después, a las 3 de la madrugada, Camila fue privada de libertad por tres policías del 911, entre la 23 calle Poniente y la 25 avenida Norte de San Salvador, cerca del Policlínico de la Policía Nacional Civil (PNC). Los agentes justificaron su presencia diciendo que una persona había llamado al sistema y había reportado que ella estaba haciendo desorden, por eso, personal del policlínico la tenía ya esposada.

Los agentes Luis Alfredo Avelar y Carlos Valentín la subieron a la cama de la patrulla. Jaime Geovany Mendoza manejó el carro, que inició el recorrido desde ese lugar hasta el kilómetro 5/2 de la prolongación del bulevar Constitución, donde, media hora después, Camila fue arrojada de la patrulla en marcha. En el camino, Avelar y Valentín la iban golpeando. Hay escenas que quedaron grabadas en cámaras de videovigilancia y que la fiscalía maneja como pruebas.

Moribunda, Camila fue trasladada al Hospital Rosales, a las 5 de la mañana, luego de que personas que transitaban en carro sobre el bulevar, donde quedó tirada, reportaron que una mujer pedía ayuda desde una acera. La FGR dice que una patrulla del 911 llegó al lugar y también una ambulancia de Fosalud, que llevó a Camila al hospital. Tenía golpes en cara, en abdomen, en piernas y en la espalda. Los golpes que recibió esa madrugada le provocaron hemorragias y, durante tres días, mientras el país se preparaba para las elecciones presidenciales, ella se debatió entre la vida y la muerte.

El domingo 3 de febrero de 2019, el día de las elecciones, Camila murió sola en el hospital, a las 5 de la mañana. Desde la noche su privación de libertad, su mejor amiga, con quien además ella compartía casa, se preocupó porque no había llegado a dormir y comenzó a buscarla, hasta que en una delegación policial le indicaron que en Hospital Rosales había ingresado una persona con las características de Camila.

Esta amiga, dice Mónica, llegó a Aspidh Arcoiris Trans a pedirle que le acompañara al hospital. Hallaron a Camila, su cuerpo ya estaba en la morgue. La amiga se encargó de contactar a la mamá, la única que podía reclamar el cuerpo.

El Centro por la Justicia y el Derecho Internacional define los crímenes de odio como actos, que en su mayoría, son realizados con saña y que pretenden causar daño a la integridad de una persona o acabar con su vida. Son motivados por la intolerancia y la discriminación a grupos vulnerables, como la población LGBTI.

De los 22 asesinatos de mujeres trans que la Federación Salvadoreña LGBTI registra desde 2017 a la fecha, el caso de Camila ha sido el único presentado en los juzgados como un homicidio agravado que fue motivado por odio a la orientación sexual, identidad y expresión de género. Esta, y el agravante del delito de amenazas por las mismas razones, fueron dos reformas que la Asamblea Legislativa hizo al Código Penal en septiembre de 2015.

Sin embargo, en el expediente del caso consta que fue el juez Quinto de Paz de San Salvador, Salomón Landaverde, quien en la audiencia inicial contra los tres policías capturados hizo este razonamiento, porque la FGR no lo explicó explícitamente en su acusación.

Aunque la reforma legislativa ya cumplió cuatro años, las organizaciones que conforman la Federación han denunciado que la FGR sigue clasificando los asesinatos de acuerdo a los genitales de las víctimas e invisibilidad su orientación sexual, su identidad y expresión de género.

Mónica señala que ante la ausencia de un registro oficial, históricamente han sido las organizaciones las que se han encargado de sistematizar los crímenes, con la deficiencia que ellas parten de monitoreo de noticias, no de un relato de los hechos como el que hacen las autoridades en otros casos. Desde 1996 a la fecha, cuentan más de 500 crímenes.

Por medio de una solicitud, la Unidad de Acceso a la Información de la FGR dijo que, entre septiembre de 2015 y octubre de 2019, se han judicializado 22 casos de homicidios agravados cometidos contra personas de la población LGBTI. Pero no especificó si este agravante es bajo la reforma legislativa.

La reforma abrió paso para que la FGR investigue los crímenes contra la población LGBTI con los agravantes delictivos agregados, pero todavía no existe una política penal ni un protocolo que sirvan como lineamiento a los fiscales para probarle a los jueces que quienes cometieron los crímenes se basaron en la intolerancia u odio hacia las víctimas.

En el caso de los feminicidios, la creación de una legislación contra la violencia de género, ha permitido que la FGR cuente con lineamientos específicos y con un equipo capacitado para comprobar que entre las características particulares de estos crímenes, previo a la muerte, la víctima sufrió antecedentes de violencia.

El informe Violencia contra las Personas LGBTI en América, publicado en 2015 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), señaló que el promedio de vida para una mujer trans en la región es entre 30 a 35 años. Camila tenía 32 años cuando fue asesinada. A ellas, dice la comisión, la violencia, los prejuicios y la discriminación social, aún dentro de las familias, no les permiten acceder a la educación, a la salud a un mercado laboral formal. Todos estos factores las vuelven vulnerables a diversas formas de violencia. A esto se suma la falta de reconocimiento de su identidad de género.

Ante esta carencia de oportunidades e invisibilización social, es difícil que una persona trans en el país pueda acceder a un trabajo o a una educación formal. Por esto es que en el caso de las mujeres trans, como Camila, la única forma de ganarse la vida es a través del trabajo sexual o un negocio, como el que ella hubiese creado después de recibir clases.

El Salvador sigue sin contar con una Ley de Identidad de Género que permita que las personas trans sean reconocidas según su identidad de género y no con el nombre asignado al nacer, que aparece en el DUI y que es usado hasta por las instituciones de justicia cuando abren investigaciones o judicializan crímenes. La exdiputada efemelenista Lorena Peña presentó un anteproyecto de ley, en marzo del año pasado, pero la propuesta sigue engavetada.

Josué Godoy, diputado de ARENA y quien forma parte de la Comisión de la Mujer e Igualdad de Género, la que tiene que discutir este anteproyecto, señala que la aprobación de esta ley es importante, pero que su discusión iniciará luego que se discutan reformas a la Ley Especial Integral para Una Vida Libre de Violencia para las Mujeres. «Creo que es prioritaria desde el hecho que estamos viendo que es una comunidad que está siendo vulnerada de sus derechos, que la están matando. Creo que tenemos que dejar de lado agendas de partidos, o agendas personales, para legislar para todos los salvadoreño», dice Godoy.

El Decreto 56 permitió la creación de la Dirección de la Diversidad Sexual, en 2010, que estaba bajo la Secretaría de Inclusión Social, una secretaría que dependía de la Presidencia. Esta dirección era un vínculo entre las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones del Ejecutivo, y de esa forma permitía crear acciones a favor de la población LGBTI. Pero en la administración de Nayib Bukele, la secretaría fue eliminada y el gobierno designó sus funciones al Ministerio de Cultura, como parte de la Unidad de Género que ya existía, pero que ahora se llamada Unidad de Género y Diversidad. Una decisión que la Federación Salvadoreña LGBTI ha calificado como un retroceso.

«Con la caída de la dirección hay retroceso. La secretaría, en teoría, queda, pero absorbida por Cultura. Ahora se llama Unidad Género y Diversidad, hasta ahí, pero no dice diversidad sexual. Eso quiere decir que son un montón de temas más, no se está hablando de diversidad sexual. Queda en el limbo, en el aire, con quién vamos a hablar, qué vamos a hacer, qué es lo que podemos hacer», sostiene Mónica.

 

A las 11 de la noche del 30 de enero, está narrado en documentos de la Fiscalía General de la República (FGR), Camila estuvo hablando con una amiga a través de notas de voz de Whatssapp. Le contó que había una persona que se llevaba con pandilleros y que la había amenazado con embriagarla y cortarle el pelo, pero que ella, por temor, prefería quedarse callada. “Ahorita, aquí ando ya en estas calles. En estas calles horrendas y fatales, pero aquí ando, ni modo, aguantando a esas niñas chambrosas, peleoneras, venenosas, egoístas. No sé ni cómo llamarlas ya”, le dijo a las 11:21 de la noche.

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LA INSTITUCIÓN AUSENTE

Entre octubre y noviembre fueron asesinadas tres mujeres trans. Anahí Rivas fue arrastrada desde un carro por el bulevar Los Héroes, la madrugada de sábado 26 de octubre, mientras ejercía el trabajo sexual; el 9 de noviembre, Jade Díaz, una lideresa comunitaria, fue hallada asesinada en el río Torola, en Morazán, tras tres días de estar desaparecida; mientras que el 17 de noviembre, Victora fue asesinada en el barrio San Martín, en el cantón Cara Sucia, en San Francisco Menéndez, Ahuachapán. En todas las escenas, las autoridades encontraron señales de tortura. Hasta el momento no hay personas capturadas.

La Organización de las Naciones Unidas se pronunció sobre estos asesinatos y llamó a las autoridades salvadoreñas a investigarlos. Les recordó que la transfobia es uno de los agravantes que implementó la legislación en 2015. Además, pidió medidas urgentes para prevenir más crímenes basados en odio y prejuicio contra la población LGBTI.

El viernes 29 de noviembre, Jeylyn Beckers, una mujer trans, llevaba dos días de desaparecida. La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) confirmó que ella fue vista por última vez a las 3 de la mañana del pasado miércoles sobre el bulevar Los Héroes. Esa noche ella había salido con un grupo de amigos. Hasta el viernes por la tarde, no había sido localizada. La PDDH pidió reportes al Instituto de Medicina Legal (IML) y la PNC, pero estas instituciones no tenían registros de personas con las características de Jeylyn. Amigos de ella tampoco la habían encontrado en tres hospitales de San Salvador.

«Ya se dio una reforma normativa, la del 2015, y no ha pasado nada. Tenés casos de violencia grosera, violencia increíble de odio manifiesto, que no ha sido categorizada como tal en la Fiscalía General de la República», señala Carlos Rodríguez, el procurador adjunto para la Defensa de los Derechos Civiles e Individuales de la PDDH.

La PDDH, dice Rodríguez, ha registrado desde 2009 hasta la fecha, 31 asesinatos contra la población LGBTI. Doce más que los ya contemplados en el informe que la institución publicó en 2017, el Primer Informe Situacional sobre Crímenes de Odio Cometidos en Contra de la Población LGBTI.

La mayoría de las víctimas han sido mujeres trans. Según este informe, el 52.2 % de ellas son víctimas de amenazas de muerte o de violencia basada en la transfobia y en la extorsión que les es impuesta por las pandillas en el trabajo sexual. También, de todos los sectores de la diversidad sexual, son las más afectadas por su expresión de género y porque están expuestas en las calles.

Rodríguez aclara que los casos que conoce la PDDH fueron abiertos de oficio, a través de noticias que monitorearon en medios de comunicación, avisos recibidos por organizaciones LGBTI, aliados de las organizaciones o amigos de las víctimas. En los casos, explica, sobre todo en los crímenes contra las personas trans, las familias no denuncian por la discriminación que las víctimas sufrieron en sus casas por su identidad y expresión de género.

Sin embargo, Rodríguez dice que esta sistematización de casos es una tarea que le corresponde a la FGR, pero no lo hace. En estos 10 últimos años, el reporte de PDDH refleja que hay casos que ya están archivados en la FGR, no trascendieron a judicializarse.

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UNA PLEGARIA

Un grupo de activistas da la bienvenida en el lobby del Teatro de Cámara Roque Dalton. Entre el grupo, una mujer se encarga de preguntarle a cada persona que llega si tiene a un ser querido asesinado. Si la respuesta es sí, pide anotar el nombre de la víctima en una hoja que está sobre una mesa.

En la terraza de este teatro, visibles para los transeúntes, resaltan varias banderas arcoíris y banderas rosadas con celeste, la bandera de la comunidad trans. Aquí, adentro del teatro, las únicas luces encendidas son las del escenario. El ambiente es sereno y poco a poco comienza a llegar la gente. Algunos llegan solos, otros en parejas, en familia o con amigos.

Es sábado 22 de junio y está por comenzar la Plegaria Rosa. Desde 2012, este evento se realiza una semana antes de la marcha por la diversidad sexual, para exigirle al Estado que investigue todos los crímenes impunes contra la población LGBTI.

En el escenario, hay una pantalla que reproduce noticias sobre todos los crímenes cometidos contra esta población. También, en el centro, hay un altar y una rosa sostenida por dos pilares pequeños. No es una flor natural, es de papel. Atrás hay seis velas encendidas.

Entre los puntos de la agenda, una madre que asiste a la Iglesia Anglicana es presentada por un ministro que acaba de dar un mensaje sobre el amor al prójimo. Ella y su hijo suben al escenario. La madre testifica cómo fue su proceso para aceptar a su hijo cuando él le dijo que era gay. Habla de la importancia del amor y la tolerancia en la familia, y también de los prejuicios que existen en torno a la población LGBTI. Los asistentes asienten con la cabeza a sus palabras y cuando termina de hablar, el teatro se llena de aplausos.

Cuando la tarde cae, llega la hora de salir del teatro y tomar en el lobby una vela que será encendida en la terraza. Los asistentes suben a la terraza. Hay personas con encendedores que acercan la llama a las velas envueltas en faroles blancos y morados. Hay abrazos, ojos cerrados y manos tomadas de otras manos. Es el momento de recordar a ese familiar, a ese amigo o ese conocido asesinado, cuyo nombre fue escrito en la página, a la entrada del teatro. A medida que las velas su juntan a la orilla del escenario, la luz aumenta.

Los carros circulan alrededor del teatro. En la calle, aquel acto llama la atención de quienes van de paso. También de un grupo de policías que, desde afuera de una patrulla, observan callados y curiosos. «En la gloria de Dios tendré el descanso para mis pies. Con su manto, mi frío, desaparecerá y descansaré», cantan los congregados. La alabanza termina. Frente a las velas encendidas, que son luz y calor, hay lágrimas. La Plegaria Rosa ha acabado. El nombre de Camila Díaz ya forma parte de la lista de asesinatos.

“La verdad es que estoy muy decepcionada. No sé cómo ese tipo de personas se pueden llamar fiscales, porque él era como ‘ajá… cuénteme’. Como quien dice que ‘me contás para que te desahogués y pensés que te voy a hacer caso, pero no te voy a hacer caso’. Porque esa actitud denotaba”, recuerda Mónica Linares sobre el fiscal que atendió la denuncia por el asesinato de Camila Díaz.

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SIN DÓNDE IR

Luego de la muerte de Camila, Mónica acompañó a su amiga a denunciar su asesinato a la oficina fiscal de Soyapango, donde, dice que el fiscal que les atendió no tomó ni apuntes sobre los datos que le dieron. Mónica le sugirió que, ya que la privación de libertad de Camila había sido en una zona transitada de San Salvador, tendrían que haber cámaras que documentaran lo sucedido, por lo tanto, esta debía ser una de las primeras diligencias de investigación que la institución tenía que hacer antes que los videos se borraran.

«La verdad es que estoy muy decepcionada. No sé cómo ese tipo de personas se pueden llamar fiscales, porque era él como ‘ajá… cuénteme’. Como quien dice que ‘me contás para que te desahogués y pensés que te voy a hacer caso, pero no te voy a hacer caso’. Porque esa actitud denotaba», recuerda Mónica.

Días después, ella dice que cambiaron al fiscal asignado al caso y el que retomó la investigación le envió una carta en la que le pedía que citara en las oficinas de Aspidh Arcoiris Trans a personas que hubiesen sido testigos del crimen de Camila, un trabajo propio de las autoridades. Ella se negó.

Mónica dice que el caso de Camila se ha convertido en simbólico porque hay detenidos y estos son agentes de seguridad pública. Para la PDDH también es un caso «ejemplarizante», porque la institución tiene registros de la violencia a la que Camila fue sometida años antes de su muerte y por la cual las autoridades nunca hicieron nada.

El procurador Rodríguez dice que, cuando la FGR abrió un expediente de investigación por el caso de Camila, decía que su muerte había sido culposa, a causa de un atropellamiento. Sin embargo, los procuradores encargados del caso consultaron con los médicos del Hospital Rosales que la atendieron, y aunque ellos no se atrevían a dar la opinión de un forense, aseguraron que los golpes que ella presentaba no eran propios de un atropellamiento. Fue así que la FGR cambió el delito de homicidio culposo a homicidio agravado.

Semanas después del asesinato, la FGR no tenía a ningún presunto responsable. Pero de acuerdo con la PDDH, desde hace años, Camila era víctima de lesiones, amenazas de violencia por parte de policías, pandilleros y personas particulares, las cuales denunció a la FGR y la PNC, pero nunca recibió un acompañamiento.

Ante este peligro, en 2014, ella migró a México, donde le dieron la residencia en 2015. El 8 de agosto de 2017 cruzó, junto a una amiga, la frontera con Estados Unidos. Se entregó a las autoridades migratorias y, para solicitar asilo, les expuso los antecedentes de violencia que había sufrido en El Salvador, pero ellas se negaron a creerle y Camila estuvo detenida por tres meses en el Centro de Detención Otay Mesa, en San Diego, California. Fue deportada en diciembre de ese año y regresó al país en donde, 13 meses después, la asesinaron. Todos estos hechos forman parte de una resolución que la PDDH está por publicar.

En mayo del año pasado, la FGR creó la Dirección Nacional de la Mujer, Niñez, Adolescencia, Población LGBTI y otros Grupos en Condiciones de Vulnerabilidad. De acuerdo con Mónica, en la administración de Douglas Meléndez, la Federación Salvadoreña LGBTI nunca tuvo una reunión con él. Tampoco ha tenido reuniones con el actual fiscal general, Raúl Melara, quien solo a través de Twitter se pronunció por la muerte de Anahí y el martes pasado dijo que trabajan en protocolos de investigación para esclarecer los crímenes contra esta población.

El 31 de octubre, cuando la Federación montó una conferencia para pronunciarse por los 20 crímenes contra mujeres trans registrados en los últimos tres años, hasta esa fecha, y la desaparición de la Dirección de Diversidad Sexual, exigió a Melara que aprobara una política penal y un protocolo para atender estos casos. Ambos documentos fueron trabajados desde mayo entre las organizaciones, la FGR, PNC y el IML, con apoyo de un proyecto de cooperación internacional, aseguró una persona cercana a este proceso, pero quien no quiso identificarse.

Ella dijo que el protocolo de investigación aún está en la etapa de validación, pero que la política penal ya está lista y solo está a la espera de la firma de Melara para que se apruebe, ya que se la entregaron hace semanas. La titular de la nueva dirección fiscal, Marina de Ortega, por su parte, confirmó el 8 de noviembre que el grupo de fiscales aún revisando la política y el protocolo antes de remitirlos a Melara.

Contrario a la postura de las organizaciones LGBTI, De Ortega justificó que la dirección, conformada por cuatro fiscales que brindan asistencia técnica, capacita a otros fiscales sobre cómo investigar los delitos bajo los agravantes de las reformas de 2015.

«Estas investigaciones tienen un componente diferente a la investigación tradicional de homicidios en otra modalidad, porque acá nosotros tenemos que buscar ese prejuicio, ese odio a la orientación, a la expresión o identidad de género, la saña con la cual el delito se ha cometido, antecedentes del agresor, el por qué esta persona tiene ese sentimiento de odio para esta persona», dijo. Pero en la relación de los hechos del caso de Camila, la FGR ni siquiera menciona la violencia, documentada por la PDDH, que ella sufrió años previos a su muerte.

Camila tenía 14 años de no vivir con su familia. Cuando su mamá llegó a retirar su cuerpo al Hospital Rosales, lo llevó hasta un municipio de la zona paracentral del país, donde fue su entierro.

«De vez en cuando sueño que llega a la casa y me habla», le ha dicho la señora a un psicólogo forense. A la FGR le ha dicho que no sabe por qué la mataron de esa forma, si Camila no se metía con nadie, pero no descarta que fue por ser una persona diferente.

Tribulaciones compartidas

La reciente publicación del libro Lo que fue presente (Diarios 1985-2006), del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, me dejó pensando en lo que me parece es un tipo de género literario que iremos viendo cada vez con menor frecuencia: los diarios personales.

He sido lectora de diarios de escritores desde hace años, porque busco en ellos la tribulación compartida de un oficio ingrato y poco estimado. Conocer algo de la vida o la manera de pensar y reaccionar del escritor en su entorno cotidiano, puede dar elementos para comprender o valorar aún más su obra.

Muchos escritores han ocupado sus diarios como semillero de ideas para sus textos, como ocurrió con los Carnets de Albert Camus o El oficio de vivir de Cesare Pavese. Los múltiples volúmenes de diarios de Anaïs Nin, permiten conocer facetas de otros artistas o escritores con los que Nin pudo relacionarse, así como las reflexiones sobre el arte y la literatura de una mujer que siempre estuvo a la vanguardia de su tiempo. Los cuadernos de Lanzarote de José Saramago, son oportunos para conocer con mayor profundidad el pensamiento del escritor, pero también para conocer la agobiante rutina de compromisos públicos a la que se mira enfrentado un autor reconocido y el cansancio que eso puede llegar a generar.

No es extraño encontrar diarios que parecen ignorar o minimizar eventos históricos y que se concentran sobre todo en los eventos privados, esos que marcan a todo ser humano y que pueden ser algo así como terremotos emocionales, que sacuden la personalidad de quien escribe, marcándole para bien o para mal. Pero como lectora de diarios de escritores, siempre encuentro que estos tienen el punto común de largas y profundas reflexiones sobre el oficio, que es lo que más me atrae de ellos.

Las dudas sobre el talento propio; las ideas que en un momento se convierten casi en obsesión y que luego, por el impedimento de desarrollarlas, pierden su importancia; la lectura de otros escritores donde se encuentran palabras o ideas mejor expresadas que las propias; la escritura como una especie de columna vertebral, de estructura que sostiene la vida y la psique del escritor, son todos elementos que siempre están ahí y que pueden servir de bálsamo y aliento para quienes nos desmotivamos con nuestro oficio en más de alguna etapa de la vida.

Ciertos escritores llevaron disciplinadamente la escritura de sus diarios con la clara intención de que, algún día serían publicados. Es el caso de los Diarios de John Cheever, quien dejó instrucciones a su familia de publicar sus diarios, como lo aclaró su hijo Benjamin, en la introducción de los mismos. La intención de publicar sus diarios no le impidió a Cheever escribir honestas confesiones sobre su bisexualidad y la lucha con su alcoholismo.

Por su parte, Ricardo Piglia, a pesar de estar enfermo de esclerosis lateral amiotrófica, pasó los últimos tres años de su vida trabajando con la ayuda de su asistente, Luisa Fernández, para seleccionar el material de sus diarios, que comenzó a escribir desde que tenía 16 años. Así pudo conformar los tres volúmenes de Los diarios de Emilio Renzi. Casi puede decirse que sus diarios son el retrato de la formación de un escritor y de su visión sobre la literatura, que se fue desarrollando a lo largo de su existencia.

Para otros autores, el diario es un acompañante de vida que queda interrumpido por la muerte. Los diarios de las suicidas Silvia Plath y Alejandra Pizarnik, por ejemplo, fueron descubiertos por sus familias y editados en el peor sentido posible, es decir, censurándolos y cortándolos para dizque proteger la memoria de las fallecidas, por temas que podrían causar vergüenzas familiares. Solo el correr de los años y la magnitud que ambas escritoras alcanzaron en el concierto de la literatura universal, permitieron revisiones y nuevas ediciones íntegras del material original.

Parecerá un sinsentido que alguien que escribe textos de diferentes géneros, desde novelas hasta artículos, tenga todavía tiempo o deseos de escribir algo que no necesariamente resultará en su publicación inmediata o que, incluso, nunca será publicado. Pero la redacción de un diario, aparte de ser un desahogo o un recuento periódico de eventos y reflexiones, es un gran ejercicio de escritura, que obliga a mantener «la mano caliente». Cuando se escribe con honestidad, el diario obliga a encontrar la definición adecuada de sentimientos y sensaciones; a nombrar lo indecible ante los demás; de ejecutar descripciones de situaciones, objetos y personas o, simplemente, de mejorar las habilidades de redacción, lograr fluidez e ir al grano de lo que se quiere decir, sin rodeos o evasiones. Ejercitar dicho tipo de redacción contribuye, sin duda alguna, a la escritura de los diversos tipos de géneros literarios y a hacerlo con mayor precisión y claridad.

Es posible que, con el tiempo, los diarios de escritores se conviertan en una curiosidad que llame la atención, sobre todo para escritores incipientes, para admiradores de la obra de sus autores y para lectores que buscan algo más allá de sus lecturas acostumbradas.

La masiva utilización de las redes sociales como destinatario de desahogos y frivolidades por parte de todo tipo de personas, da la sensación de que la intimidad y la privacidad, necesarios para la escritura de un diario, son asuntos sobrevalorados e inexistentes. El ruido de las redes explota el morbo, el egocentrismo y el facilismo, dando incluso la impresión distorsionada de que lo que se redacta «es bueno» porque acumula miles de «likes», haciéndole pensar a algunos que ello los convierte en poetas o escritores, pese a no contar con un oficio regular como tal, publicaciones en papel o lo más necesario para serlo: calidad literaria y algo que decir.

Los diarios de escritores son, en ese sentido, un recordatorio vital de que la escritura no es una pose pública sino una forma de vida que, una vez asumida, encarnaremos hasta la muerte. La simbiosis entre la intimidad y el oficio, reflejada en tantos diarios literarios, así lo demuestra.