«Siempre queríamos tener una pelota en lugar de una muñeca»

¿Cómo nace tu amor por el fútbol?

El amor hacia este deporte nace desde pequeña. He jugado desde los 7 años. Además, mi familia siempre ha jugado fútbol, mis hermanos son profesionales y a mi hermana también le apasiona el deporte. Mi mamá nos cuenta que siempre queríamos tener una pelota en lugar de una muñeca.

¿Qué es lo más difícil que ha tenido que enfrentar en este deporte?

Lo más difícil ha sido el lesionarme en dos ocasiones. La lesión más dura fue la de un desgaste de meniscos, pero, luego de mucho trabajo, logré súperar las pruebas.

¿Te ha resultado complicado posicionarte en un deporte que ha sido liderado por hombres?

Sí, ha sido un poco difícil. Algunos hombres son machistas y, cuando ven a una mujer jugar, siempre critican. Es bastante difícil, pero pienso que con mucho carácter y esfuerzo se puede lograr. Ahora, las mujeres están demostrando que ellas también son capaces de hacer cosas que los hombres creían que no.

¿Qué es lo que más disfruta de su profesión?

Disfruto que en cada prueba pueda estar rodeada de mis compañeras y entrenadores, porque gracias a ellos nos desenvolvemos de la mejor manera en este deporte.

De seguir cómo va ¿cómo cree que va a estar en 10 años?

En 10 años me veo jugando en una liga de otro país. Cuento con un hermoso talento y sé que con mi trabajo y disciplina lograré alcanzar mi objetivo.

¿Cuál sería su empleo perfecto?

Mi empleo perfecto sería ganar bien por jugar, porque estaría haciendo lo que más amo y obteniendo beneficios económicos por ello.

¿Qué le hace falta para estar lista?

Pienso que hace falta un poco más de trabajo duro, y, claro, que salgan algunos clubes para poder ir y probar suerte.

Emigrar o morir: las opciones de los pacientes con VIH en Venezuela

Fotografía de El Universal, México

“Cada vez que me entregaban mis medicamentos era un alivio. El conocer que iba a tener calidad de vida, mientras duraran las pastillas, me llenaba el cuerpo de una felicidad inmensa, aunque fuera por tan solo unos segundos. La incertidumbre del no saber si el próximo mes iba a correr con la misma suerte, me generaba angustia”.

El testimonio de Gabriel, un joven seropositivo al VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana), es espejo de miles de pacientes que viven con la misma condición en Venezuela. La dificultad o imposibilidad de adquirir los antirretrovirales para atender este padecimiento los ha llevado a coincidir en la pregunta: ¿me quedo en el país o emigro?

En Venezuela, una amplia parte de su población percibe un salario mínimo de 40 mil bolívares (1 dólar con 82 centavos al cambio de este 29 de septiembre); el Estado, administrado por el gobierno de Nicolás Maduro, es el único que puede comprar y distribuir medicamentos, entre ellos los antirretrovirales, y no lo hace, lo que genera una necesidad de escape, en especial para quien vive con VIH, que ve como única solución salir de su país.

“Primero está mi vida”. La respuesta de Ronald Benítez, de 30 años de edad, fue inmediata. Desde el 2015, año en que fue diagnosticado, supo que a partir de ese momento su prioridad era vivir. Hace dos años y medio emigró a Bogotá, Colombia.

Hasta 2016, Benítez, como el resto de los 77 mil pacientes con VIH -de un total de 220 mil contagiados en el país- que reciben o están inscritos en el programa de obtención de medicamentos por parte del Estado venezolano -de acuerdo a las últimas cifras, del mismo año, aportadas por el Ministerio del Poder Popular para la Salud en Venezuela (MPPS)- pudo contar con los fármacos que controlan su padecimiento.

“Todo iba funcionando bien, luego se tornó a intermitente, para después, sencillamente, no recibir nada”, cuenta este joven de su experiencia en el centro hospitalario, ubicado en Caracas, en dónde le tocaba retirar su cóctel de medicamentos.

La situación obligó a Benítez a tomar la decisión de emigrar. “Llegué a tener un descontrol en mi medicación y eso es un lujo que los pacientes como yo no nos podemos permitir”, reflexionó.

Lo que seguía en la vida de Benítez estaba claro para él. Obligado a abandonar su país, optó por irse a Colombia, que era lo más cerca: “Fui, inicialmente, de vacaciones, y si las cosas funcionaban me quedaba”, pensaba.

Aunque aún no ha podido entrar a un programa que le garantice la adquisición de los antirretrovirales en Bogotá, por no contar con una permanencia legal en territorio colombiano, asegura que en comparación a como estaría en Venezuela, su calidad de vida es mejor en cuanto alimentación y otros factores necesarios para vivir con su condición de una manera digna.

Para Benítez nada ha cambiado ni mucho menos mejorado en el sistema sanitario venezolano. Pese a que todavía está inscrito en el programa del MPPS, sigue sin recibir los antirretrovirales que, por ley, tal como lo consagra la carta magna, le corresponde al Estado otorgarle para garantizar su derecho a la salud.

Desabastecidos. Los anaqueles de una farmacia en el centro de Caracas llevan varios meses vacíos

Así las cosas, fue en el mercado negro que consiguió este venezolano la alternativa para poder seguir con su medicación. Asegura que, por un tiempo, pagó mensualmente $30 a una enfermera en Venezuela que le vendía los antirrotrovirales. Su última compra fue en febrero. Aseguró su tratamiento por 8 meses. Luego de octubre 2019, si no regulariza su situación migratoria en Colombia, la incertidumbre para Benítez volverá.

Las posibilidades que ha tenido Benítez no son las mismas para quien vive con VIH y decide quedarse en Venezuela. En la otra cara de la moneda, la realidad es costosa, además de dura, de mucha paciencia y angustiante a la vez. Todos los sentimientos al mismo tiempo.

Día a día, los hospitales del país amanecen colmados de personas seropositivos que aguardan la esperanza de irse a casa con sus medicinas. El “vuelve después. Cuando lleguen (los antirretrovirales) te llamamos”, son palabras a las que deben hacer frente estos pacientes en medio de su desesperada e infructuosa búsqueda de la medicación.

Es el caso de Freddy Bravo. De los 13 años que lleva diagnosticado, los últimos 3 años han sido de preocupación constante. El no tener acceso al tratamiento que controla el virus en su organismo, ni dinero para comprarlo por su cuenta, lo ha hecho tomar “medidas extremas”.

“A partir 2016, cuando comenzó la falla en la entrega de los antirretrovirales, tuve que ingeniármelas. Comencé a tomarme las pastillas un día sí y otro no, aunque sé que eso estaba mal, o al menos, no era prudente. Mi salario no me alcanza para asumir lo costoso del tratamiento”, contó este hombre de 47 años de edad.

Desde hace ya varios años, desde que se agudizó la crisis en Venezuela, los análisis de carga viral y conteo de linfocitos CD4 dejaron de hacerse en los centros de salud públicos. Estos exámenes se pagan y son inalcanzables para la mayoría de pacientes seropositivos. En las pocas clínicas privadas que los realizan en Caracas, sus costos no son ni siquiera en moneda local: oscilan entre los $30 y $50. solo en algunas organizaciones no gubernamentales (ONG) en el país, resultan más económicos y permiten que sus precios, aunque dolarizados, sean pagados en bolívares.

“Yo he tenido que vender parte de mis pertenencias para poder hacerme esos exámenes. La situación económica y de salud del país es bastante difícil. He pensado en irme de Venezuela”, confesó Bravo, quien a la fecha ya tiene un año sin hacerse el conteo de sus linfocitos y de carga viral.

A finales de 2018, los pacientes portadores del virus vieron un rayo de esperanza. En reunión con autoridades sanitarias venezolanas, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y ONUSIDA diseñaron las guías del Plan Maestro para el reinicio del tratamiento antirretroviral.

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“PLAN MAESTRO”: VIVIR GRACIAS A DONACIONES

Desde 2016, el MPPS a través del Estado venezolano no ha comprado los medicamentos antirretrovirales ni reactivos para realizar los análisis de sangre de detección o seguimiento de la carga viral del VIH. Siendo esta la razón que origina la crisis, muchas han sido las alertas y las denuncias nacionales e internacionales por la falta de atención del gobierno de Nicolás Maduro da a este sector de la población.

Las ayudas han llegado de a poco, conforme el gobierno venezolano lo permite.

A finales de 2018, los pacientes portadores del virus vieron un rayo de esperanza. En reunión con autoridades sanitarias venezolanas, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y ONUSIDA diseñaron las guías del Plan Maestro para el reinicio del tratamiento antirretroviral en estas personas.

Para lograrlo, se destinaron casi 34 millones de dóalres que alcanzarán, en un principio, para la atención por tres años del VIH/Sida en Venezuela, con su única prioridad en la entrega de medicamentos.

A partir de febrero de 2019, el MPPS comenzó a distribuir esta donación.

“Yo agradezco que se buscó una solución a este problema, nuestros pacientes merecen estar bien”, expresó la infectóloga Patricia Valenzuela.

Pero aún no se ha resuelto todo, y está lejos de solucionarse. Los laboratorios clínicos siguen sin reactivos para la realización de pruebas diagnósticas, pruebas rápidas, y para la carga viral del VIH, que es el examen más importante que permite llevar el seguimiento a las personas que cumplen con el tratamiento.

“Es muy complicado una condición de salud en Venezuela, debido al desabastecimiento de medicamentos. Son momentos duros y difíciles para los infectólogos venezolanos. Vemos cómo perdemos y se viene abajo el trabajo de años de avance con los pacientes”, deploró la galena.

Valenzuela perdió la cuenta de cuántos de sus pacientes han tenido que emigrar por la falta de medicamentos en Venezuela: “Varias de las personas que atendía desde siempre se fueron marchando poco a poco para recibir los antirretrovirales, y les ha ido bien en esos países que le brindaron la mano”.

Hasta marzo, a la consulta de la doctora Valenzuela llegaban pacientes hasta con 10 meses sin recibir el tratamiento antirretroviral. “Durante ese periodo, hubo una serie de fallecimientos por la reaparición de enfermedades oportunistas, para las cuales no hubo, ni hay todavía tratamiento en el país”, lamentó.

“No es fácil, el paciente sufre y el tratante también”, reflexionó Valenzuela sobre la situación de salud en el país.

Solo de vista. Con lo poco que llegó de medicamentos a una farmacia caraqueña, solo alcanzará para rellenar la vitrina que ve el público. El resto del stock seguirá en números rojos.

EL AMOR ES UN DUENDE

EL AMOR ES UN DUENDE

La bailarina bajó de la amplia tarima donde actuaba todas las noches frente al auditorio masculino característico del lugar. Cuando hacía su número en el tubo crecía el entusiasmo de los asistentes, que a esa hora ya estaban poseídos por la euforia alcohólica. En el lugar, como era natural, reinaba una penumbra poblada de imágenes y de aromas muy propios, y lo que se sentía en todo momento era que ahí todos estaban a sus anchas. Pero, como siempre ocurre en cualquier circunstancia donde lo humano se manifiesta, dentro de cada mente había luces y sombras.

Ella se dirigió hacia la barra inmediata, donde alguien desde hacía buen rato estaba enviándole señales discretas pero inconfundibles. Era un hombre bien vestido, de mediana edad, que desde la perspectiva del lugar en que ella hacía su número parecía mayor de lo que mostraba la cercanía.

–Hola, ¿nos conocemos? –preguntó ella, con sonrisa provocativa.

–De seguro que sí, aunque yo sinceramente no te recuerdo –respondió él, devolviéndole la provocación.

–Entonces estamos correspondidos –agregó ella–, porque yo tampoco te recuerdo, aunque…

–Aunque todo puede pasar, sobre todo entre personas como tú y yo.

–Ah, ¿y eso qué significa?

–Que estamos hechos el uno para el otro.

Ella sonrió, y de inmediato soltó la carcajada.

–Sos un iluso, amigo. Porque yo no estoy hecha para nadie.

–Bueno, eso podemos comprobarlo.

–¿Cómo?

–Con una noche en penumbra en la que nuestras manos les hagan el trabajo a nuestros ojos…

–¡Qué lindo! ¡Vamos!

Y se fueron de ahí, sin decir a dónde. A la mañana siguiente cada quien apareció en su propio entorno. Nadie supo nunca lo que pasó aquella noche, pero no era necesario averiguarlo: a todas luces la felicidad los había convertido en fantasmas gemelos.

SI ANOCHECE, DESPIÉRTAME

Se conocieron una tarde de octubre, mientras caía sobre el parque una leve llovizna. Aunque siempre habían vivido en el mismo vecindario, extrañamente jamás se habían cruzado, y por ende aquel encuentro tenía la condición radiante de la primera vez. En cuanto se vieron comenzaron a sonreír, sin saber por qué. Y como el parque era de los de antes y estaba poblado de tupidos arriates, sin proponérselo conscientemente fueron dirigiéndose hacia el banco más rodeado de ramajes y de malezas, que más parecía un camarín olvidado. Al encontrarlo, ambos se sentaron. Hasta ahí, no había habido palabras. Pero al estar ubicados, las frases simultáneas se hicieron presentes:

–Tú te llamas Aurora, ¿verdad?

–Y tú te llamas Ángel, ¿no es cierto?

Se rieron suavemente al unísono.

–Pero no creas que vivo en las alturas.

–Ni tú vayas a pensar que tengo condición de luz primeriza.

De nuevo la risa los envolvió.

Se fueron separando a lentos pasos, hasta que estaban suficientemente cerca para escucharse y suficientemente lejos para no alcanzarse.

–¿Qué te parece si nos vamos juntos a esperar la noche en algún lugar que nos reciba como a viejos conocidos? –dijo él, provocativamente.

–¿Por ejemplo?

–Tu casa o la mía.

Ella bajó la cabeza, con expresión de vergüenza, mientras susurraba:

–Yo no tengo casa.

–Ah, pues yo tampoco.

–Qué misteriosa coincidencia.

–Y eso significa que, como dice aquel bolero clásico, estamos en las mismas condiciones –explicó él, con tono casi profesoral.

–Pues yo nunca he oído un bolero.

–Ah, pues te falta vivir mucho.

–Eso sí, porque aún soy virgen.

–¡Dios mío: milagro!

–¿Por qué, si la verdadera virginidad se aloja aquí? –afirmó ella, tocándose la sien, como si le hablara a un párvulo.

Se levantaron de la banca y se fueron al ático donde él tenía sus cosas de estudiante soltero. La tarde estaba en las últimas y ninguna luz se hallaba encendida.

–Somos libres –expresó él.

–Libres para jugar con el tiempo.

–Entonces, juguemos. Si anochece, despiértame.

–Y si amanece, acúname.

MISIÓN DEL HUMO

Era ya muy tarde en la noche cuando aquella pareja de recién reconciliados llegó de regreso a su vivienda, después de asistir a un espectáculo de música contemporánea en un pequeño teatro de los alrededores. Al abrir la puerta de entrada lo que les recibió fue una humareda con olor a cocina de las de antes. Se detuvieron sin entrar, como si la sorpresa les hubiera paralizado la voluntad. Pero él reaccionó casi de inmediato:

–Algo está pasando adentro. Vamos a ver.

Ella se resistió sin decir palabra, y sólo cedió cuando él la tomó de la cintura y la hizo avanzar con impulso de caricia.

Ingresaron, y, en cuanto estuvieron adentro la humareda pareció abrazarlos cariñosamente. A medida que penetraban hasta el dormitorio, que estaba en un segundo piso de madera crujiente, el humo iba adquiriendo, quizás por obra de una desconocida imaginación, el carácter de efusión consagrada.

No recordaban haber dejado así las cosas, pero el lecho matrimonial se encontraba perfectamente ordenado para ser el mejor refugio nocturno.

Se miraron a los ojos.

–Quizás alguien entró a darnos esta sorpresa –dijo ella, emocionada.

–¿Alguien? ¿Pero quién, si no tenemos parientes en los alrededores ni amigos en el vecindario?

–Es que en estos tiempos cualquier cosa puede pasar.

–Sí pero nosotros nunca olvidamos las llaves ni hay signos de que forzaron la cerradura…

–¿Y qué hacemos, pues?

–Nada. Gozar el momento.

espectrosMEMORIOSOS

Murió don Adilio después de padecer durante mucho tiempo una enfermedad terminal. Era un señor reservado y escurridizo. Sus familiares inmediatos –la esposa y dos hijos, un varón y una hembra a punto de dejar la adolescencia— ya se habían resignado a esa separación anunciada. Y por eso el velorio no estaba envuelto en aura deprimente, sino más bien parecía un encuentro de antiguos conocidos.

Ya cuando la noche iba alejándose de sus horas tempranas, casi no había nadie en el recinto, aunque los deudos cercanos permanecían reunidos muy cerca del féretro.

La esposa les dijo entonces a los hijos:

–Dentro de poco nos vamos, porque mañana tenemos que estar aquí temprano, ya que mucha gente prefiere dar el pésame lo más pronto posible…

Ambos asintieron aliviados. Y en ese justo momento ingresó un grupo de personas que para ninguno de ellos eran identificables.

Los recién llegados no saludaron a los presentes y se fueron a ubicar en un extremo de la sala.

De pronto esos recién llegados se incorporaron de sus asientos, y sin previo aviso comenzaron a cantar a capela. Canciones de los años 60. Rock en diversos estilos.

Al concluir una de esas canciones, el mayor de los cantores tomó la palabra:

–Esto es en honor a Dilo, nuestro compañero de tantas aventuras juveniles. Si no resucita con esto ya no habrá cómo…

Narcos aprovechan flaquezas de Uruguay

Sin ruta. La relaidad en Uruguay es que, pese al aumento de las exportaciones, desde 2009 no existe un plan de lucha contra el narcotráfico.

Dos escándalos consecutivos encendieron las luces rojas.

El 25 de julio se informó que en mayo un avión que había despegado de Uruguay aterrizó en Francia con 600 kilos de cocaína. Una semana después, en agosto, se anunció que 4,600 kilos de la misma droga fueron confiscados en Hamburgo dentro de un contenedor despachado en Montevideo. El director de Aduanas renunció al día siguiente en medio del escándalo y poco después la cadena alemana de noticias Deutsche Welle llamó a Uruguay «nueva bisagra del narcotráfico global», lo cual hizo sonar todas las alarmas nacionales.

Uruguay, un país de apenas de apenas 3,4 millones de habitantes, pocas veces es noticia mundial por temas de narcotráfico. Ahora, sin embargo, las autoridades en ambos lados del Atlántico han notado un cambio en los patrones de tráfico de cocaína desde Uruguay, y para algunos esto podría significar la reapertura de una ruta que se pensó cerrada.

Pero, ¿qué pasó? En Uruguay se cree que la explicación puede ser esta: en un afán por agilizar su comercio y bajar los costos, se descuidaron los controles aduaneros, y el narcotráfico lo comprendió. Las exportaciones uruguayas -que representan un 12.6% del producto interno bruto- son vitales y nadie quiere correr riesgos de que bajen.

«Somos una ruta, como hay otras. Pero es cierto que determinados controles están flaqueando o no están en los niveles que deberían», admitió el fiscal general Jorge Díaz.

Desde que se conocieron los primeros reportes de incautaciones de cocaína este año, se han organizado varias reuniones entre autoridades, despachantes de Aduana y exportadores buscando dónde está el error y cómo solucionar el problema, en medio de un gran hermetismo.

«Lo sucedido fue una conmoción y estamos trabajando muy fuerte para mejorar rápidamente los aspectos que debemos mejorar. Ahora es momento de trabajar y no hacer muchas declaraciones», dijo el viceministro de Economía, Pablo Ferreri.

Leonardo Couto, un despachante de aduana que está participando de las reuniones que buscan mejorar todo el sistema de control de exportaciones, admitió una parte de responsabilidad.

«Todos en la cadena fuimos omisos a no prestarle atención a este fenómeno, por ese afán de bajar y bajar costos, empezamos a relegar controles. No solo el estado. Todos», dijo el despachante que cada mes envía entre 300 y 400 contenedores con productos uruguayos a otras partes del mundo.

Couto explica que el énfasis de la Aduana siempre estuvo puesto en controlar las importaciones, que pagan impuestos mucho más elevados que las exportaciones.

En el puerto de Montevideo, el principal del país, están algunos de los eslabones débiles de la cadena: la terminal tiene un único scanner que es operado por funcionarios que solo trabajan en horario de oficina; jamás de noche. Además, la máquina se dedica en forma exclusiva a controlar importaciones.

Actividad. Cada mes salen entre 300 y 400 contenedores con productos uruguayos a otras partes del mundo.

Como inspeccionar uno por uno a todos los contenedores es imposible por los costos que tendría y las demoras que supondría, un programa informático inteligente –que toma en cuenta cuál es la mercadería, su destino, el empresario y otras variantes– determina cuáles son los pocos que son revisados, que no llegan al 3%.

El contenedor que fue descubierto en Alemania con cocaína era parte de un embarque poco usual: cuatro contendores con soja, un alimento que se suele embarcar en cantidades mucho mayores. El sistema, sin embargo, le dio la luz verde para salir sin ser controlado.

«La soja por lo general se exporta en barcos llenos, sin contenedores. Eso debió llamar la atención. Debió haber saltado que no parece lógico que una empresa exportara ese pequeño volumen de un producto que se vende de otra manera. Falló esa gestión de riesgo, no se hizo bien», dijo Couto.

El fiscal general Díaz ha visto de todo. Cocaína en embarques de carne y de lana; 500 kilos de cocaína disimuladas en redes de pesca que eran enviadas a Vigo y 2.000 kilos embarcados en un yate que se aprestaba a viajar a Serbia. Eso pasó entre 2003 y 2010. Después, comentó, hubo años de calma y se creyó que la ruta estaba cerrada. Pero los últimos hechos le demuestran que se ha vuelto a abrir. Quizás porque se bajó demasiado la guardia.

«Desde 2009 no existe un plan de combate al narcotráfico», dijo Díaz en una entrevista en la emisora Océano FM.

Laurent Laniel, investigador del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT), dijo que este año comenzaron a notar embarques de droga desde Uruguay, aunque aún en cantidades menores a otras naciones sudamericanas.

Según el reporte más reciente de la OEDT, en 2017 se decomisaron 140 toneladas de cocaína, toda procedente de las Américas. Y según Laniel, Colombia, Brasil y Ecuador son los principales países desde donde llega la droga.

Sin embargo, una muestra del rol que podría estar jugando el tráfico desde Uruguay es lo que pasa en torno al puerto de Amberes, que de acuerdo con Laniel es el principal puerto de decomiso de cocaína procedente de las Américas.

Este año, entre enero y julio, las autoridades hicieron dos decomisos de cocaína procedente de Uruguay y con destino a esa ciudad belga: uno de 4,6 toneladas el 15 de julio –el ya citado cargamento descubierto en Hamburgo antes de llegar a Amberes– y otro de 1,2 toneladas el 23 de julio en un contenedor que ya estaba en el puerto.

Si uno quiere comparar, en todo 2018 sólo se hizo un decomiso de 120 kilos de cocaína que venía de Uruguay y que también tenían como destino el puerto de Amberes.

Ninguna autoridad señala a algún cartel de las drogas en específico.

Cada año se mueven 750 millones de contenedores en el mundo y apenas el 2% de ellos se abren para ser inspeccionados, dijo Bob Van Den Bergh, experto en aplicación de leyes del Programa de Control de Contenedores de Naciones Unidas y la Unión Mundial de Aduanas.

Uruguay solicitó hace un año sumarse al programa, que opera actualmente en 16 países latinoamericanos. Sin embargo, un paso previo es que un país desarrollado financie la llegada de técnicos internacionales a un nuevo país. Ninguna de las naciones que participa en la región lo hace con dineros propios, dijo Van Den Berghe.

En el puerto de Montevideo, el principal del país, están algunos de los eslabones débiles de la cadena: la terminal tiene un único scanner que es operado por funcionarios que solo trabajan en horario de oficina; jamás de noche. Además, la máquina se dedica en forma exclusiva a controlar importaciones.

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Mediante el programa, los técnicos viajan a los países y enseñan a los funcionarios locales a reconocer indicadores de riesgo en documentos comerciales, a percibir las manipulaciones de sellos y precintos, a detectar espacios ocultos en las estructuras del contenedor.

«Buscamos evitar que se abran contenedores sin razón, porque no queremos retrasar la cadena del comercio y perjudicar a empresas y puertos. Buscamos menos inspecciones con más resultados», dijo Van der Berghe. «Antes de que un policía o un aduanero abra un contenedor, tienen que estar casi seguros de que allí hay un problema».

En el puerto brasileño de Santos, luego de la implementación del programa, las incautaciones de droga aumentaron un 30%, aseguró.

En 2018, en los puertos de América Latina y el Caribe donde trabaja el programa, se incautaron más de 53 toneladas de cocaína y en 2019 ya van 44. También requisaron armas y municiones, precursores químicos, fauna, flora y maderas protegidas.

Para Laniel, el experto del OEDT, el tráfico tampoco puede entenderse sin la corrupción.

El fiscal Díaz está de acuerdo: «los sobornos detectados son la punta del iceberg. Para llegar a ese nivel de descaro tiene que haber muchos otros». Y el ministro de Defensa, José Bayardi, dijo a la AP que la presencia de narcomafias le preocupa porque cuando prosperan «terminan por generar la desestructuración de la institucionalidad del país».

Las autoridades no han detectado ningún caso específico de corrupción en el puerto de Montevideo, pero respecto al avión que aterrizó en Francia con 600 kilos de drogas, la justicia ya envió a la cárcel a un cabo de la Fuerza Aérea que cobró 30.000 dólares por hacer la vista gorda cuando las valijas con la droga pasaron por el scanner.

Claire Georges, portavoz de la agencia policial europea, Europol, dijo a la AP que desde 2018 han visto reportes en «fuentes abiertas» -como medios de comunicación- del uso creciente de Uruguay para enviar cocaína a Europa, aunque los países del viejo continente le han dado poca información concreta sobre eso.

Uruguay, con todo, está lejos de ser el epicentro del tráfico de América a Europa.

El caso de Uruguay, dijo Laniel, «es una cosita que acaba de surgir. Vamos a ver si toma más amplitud».

Fachada. A Alemania llegaron cuatro contenedores con soja que, en realidad, llevaban droga.