Filosofía práctica de una maestra zen

Muchas veces estoy con mis estudiantes en medio de una lección y, de ellos, siento surgir una ola de energía caótica y fuerte. Con los años, he aprendido que es imposible luchar en contra de esa ola. Las opciones son quedarte ahí de pie y esperar a que te noquee, o lanzarte de lleno a ella y dejar que te lleve, uniéndote con su fuerza; buscando la manera de utilizar su poder.

Lo peor que puedes hacer es dejarte llevar por el pánico de que estás perdiendo el control de la clase. Esos son los profesores que les gritan a sus estudiantes como los perros pequeños que ladran de miedo y ansiedad. En las mejores condiciones el profesor está presente como un guía para proveer cierta estructura dándoles a los estudiantes la oportunidad de construir su propio conocimiento alrededor del sujeto o materia.

No puedo elegir cómo va a romper la ola, pero sí como surfearla. Por ejemplo, hay días en que vengo con una lección bien preparada y mis clases se oponen a trabajar o a concentrarse. Sobre todo, al final del día, los estudiantes más jóvenes y con menos autodisciplina se dejan vencer por la hambre, el cansancio y las frustraciones y se cierran al aprendizaje. Sacan los celulares y se ocupan de sus «streaks» en Snapchat o quieren ponerse audífonos para ver videos en Youtube.

Me piden comida, me piden permiso para ir al baño, para ir a tomar agua, o para cualquier cosa que se les ocurra que los saque de la clase. No es que no quieran ser buenos estudiantes, sino que, por varias razones complejas y enredadas, no pueden ser exitosos en ese momento. Doy clases en una escuela pública, en un distrito donde el 65% de los estudiantes viven en condiciones de pobreza.

Según el examen más reciente del Estado, la tasa de alfabetización es el 23% y solo el 18% de los estudiantes es competente en las matemáticas. Sin embargo, mi distrito no es una anomalía, al contrario, representa bien la condición de la mayor parte de las escuelas públicas de los Estados Unidos.

Muchos de los estudiantes viven en condiciones precarias, con familias que les dan poca estabilidad o apoyo. Muchas veces, se portan de mala manera porque están buscando hacer una conexión con un profesor o con otros estudiantes.

Hace poco puse a la clase a leer algo y a escribir una práctica y se quejaron de que era aburrido hacerlo. Luego, les di instrucciones para otra actividad y muchos no entendieron lo que estábamos haciendo, porque no habían prestado atención. Habían otros que ya estaban revisando mejor las últimas notificaciones en sus celulares.

Sentí subir la ola. Un estudiante levantó la mano y me comentó: «Señora, usted quiere que seamos clutch, en la clase de español.» No sabía entonces qué era ser «clutch», pero la clase me dio el ejemplo de Tracy McGrady, un jugador de baloncesto para los Houston Rockets, y la noche en que anotó 13 puntos en los últimos 33 segundos contra los San Antonio Spurs para ganar el partido.

La lección ese día constó en poner el video y, juntos, analizar la concentración y la atención de Tracy McGrady. Se veía que estaba el cien por ciento, absolutamente enfocado en lo que estaba haciendo. Esos 33 segundos fueron la culminación de tantas horas de tedio, de trabajo, de años de entrenamiento, de enfoque y de disciplina. Algunos entendieron que eso es lo que nos exige la vida para ser «clutch».

En fin, a lo que quiero llegar es a que, a veces, mis estudiantes están dispuestos a aprender algo y, otras veces, yo soy la que termina aprendiendo más que los estudiantes. Pase lo que pase en una clase, a lo largo de los años mis estudiantes me han enseñado a mantener un estado de calma y de atención, dejando que la pedagogía se guíe por la intuición, más que por el esfuerzo consciente. Tal vez ese sea el zen de los profesores: uno se convierte en un solo organismo con la clase, perdido en el ritmo del momento y en la energía en cuestión.

Carta Editorial

Los sistemas de cumplimiento de penas carcelarias no tienen como misión solo alejar de la sociedad a quienes hayan cometido delitos. Su razón de ser también es la de reintegrar, una vez cumplida las penas, a estos individuos a la misma sociedad para sean parte de ella en igualdad de derechos que los demás. Este es el deber ser, el que está manifiesto en leyes, es hacia lo que cada acción debería estar enfocada.

Pero la recuperación y rehabilitación de las personas encarceladas pasa a muy segundo plano cuando se deja sin financiamiento. Y cuando todo enfila más hacia la represión y el encierro de cada vez más personas. Este mecanismo no funciona. Esto es parte de lo que vino a decir Eddie Bocanegra, un hombre que tras pagar 14 años de cárcel, ahora maneja un fondo de 20 millones de dólares que sirven para mantener en funciones una institución que se dedica a facilitar procesos de rehabilitación social.

Bocanegra, quien vive en Estados Unidos y es hijo de mexicanos, vino a El Salvador para reunirse con un grupo de empresarios. La idea es que la integración de las personas que salen de la cárcel no sea una tarea exclusiva de instituciones gubernamentales, sino que de cada uno de los que compone la sociedad.

Ver el castigo y el sufrimiento como la única manera de restituir el daño causado es una equivocación. Genera que haya más fracturas y que se aleje la posibilidad de, algún día, eliminar la necesidad de cárceles. Y, para Eddie Bocanegra, es un mal negocio para los gobierno porque, a la larga, si el tiempo en la cárcel no sirve para rehabilitar, entonces sirve para profundizar las conductas criminales.

Devolver a la sociedad seres humanos dispuestos a edificar un mejor presente no es fácil ni es inmediato. Requiere paciencia y, sobre todo, protocolos bien identificados. Es, eso sí, una de esas soluciones integrales de las que tanto le urgen a este país.

“Sé que me equivoco mucho, pero también sé que me sigo creando”

¿Qué es El Salvador?

Un país en el que todo está por hacer. Una realidad que exige compromiso.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Denominarme “tallerista de procesos artísticos”. Quien se denomina “tallerista” corre el riesgo de degradarse. Aquí se ve al tallerista como un subordinado reemplazable. Además, es una labor muy mal pagada.

¿Quién le habría gustado ser?

De pequeña sentí (con rabia) ganas de ser hombre. Es fácil percatarse de sus privilegios y envidiarlos. Hoy no, hoy he asumido que soy una mujer valiosa, pero no me elevo: sé que me equivoco mucho, pero también sé que me sigo creando. En vez de dar un nombre, puedo compartirte lo que me gustaría vivir: una temporada de aislamiento total, expuesta ante lo más poderoso de la naturaleza. Puntual: fantaseo con la experiencia de Andrés Morales, un marino chileno que vive en lo más cercano al fin del mundo, el cabo de Hornos.

¿Qué cosas tendría que repetir para asegurarse de que en un futuro va a volver a estar exactamente en la misma situación?

Decepcionarme de la educación artística, optar por la filosofía y acercarme al arte mediante el tallerismo.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuviera que comenzar otra vez?

Antropología o los alimentos (admiro a los cocineros apasionados).

¿Cuál es su mayor extravagancia?

Sentirme artista del tallerismo.

¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?

Desconfiar de todos.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (227)

1859. MISTERIO DE LA LUZ

Dentro de muy poco empezaría a amanecer, y ya algunos de los sonidos circundantes lo anunciaban con la puntualidad sabida. Las aguas, como era su inveterada costumbre, se movían como si estuvieran dando la bienvenida, en ese momento a la claridad emergente, que era la expresión entusiasta de un nuevo día. Éste, el día del arribo. Toda la tripulación se hallaba lista para integrar sus tareas, y nada parecía diferente a lo de todas las jornadas. Hasta que algo comenzó a dar la pauta de una extraordinaria novedad. Y es que lo que iba poniéndose a la vista no era el puerto esperado, sino una multitud de rocas inhóspitas. Los tripulantes se pusieron en guardia, y la luz del día les hizo saber que estaban por arribar al escombro del destino imaginado…

1860. SOL CON MEMORIA

Allá al fondo están los cerros de distintas tonalidades de color según la época del año: verdeantes o verdosos en tiempo de lluvias y cafés o terrosos en los meses de la temporada seca. La luz decide. Él los observa a diario por esa ventana que es su mirador desde que adquirió aquella vivienda precisamente para tener la anhelada perspectiva. Se halla justamente ahí esta tarde en que ya la luz solar comienza a mostrar las ansias de la despedida. Entonces él no puede contener el impulso de hablar en voz alta: “Amigo de toda la vida, ¿no te parece que ya es hora de que compartamos experiencias?” Y el Sol le toma de inmediato la palabra: “¡Si lo hemos hecho mil veces, hombre! Lo que hoy tenemos que hacer es irnos juntos de juerga entre la penumbra de la noche…”

1861. MISIÓN DEL CONACASTE

Había crecido tanto que ya casi todo su amplio ramaje se alzaba sobre la pendiente empinada que daba a la calle vecinal, que seguía siendo de polvo. Todos los habitantes de los alrededores tenían aquel árbol como una especie de guardián natural, y con frecuencia iban a reunirse bajo su sombra, como si cumplieran así con un ceremonial de espiritualidad espontánea, sin credo pero con fe. En algún momento llegó a instalarse al lugar aquel joven con pinta de misionero, y en cuanto llegó a estar debajo del conacaste se sintió envuelto por un aura de destino. Pronto se decidió a hablar entre los asistentes, no de religión sino de familiaridad. Todos empezaron a sentir que eran discípulos del árbol, que los abrazaba cada vez que estaban cerca. Protección perfecta.

1862. AUGURIO INMEMORIAL

Almorzaban en el restaurante Ibo, frente al Tajo, aquí río urbano que viene de tan lejanas alturas. Habían llegado a Lisboa, que era la última estación de su viaje de bodas, y al brindar con vino verde sintieron al unísono que aquel momento les traía augurios de entrega irreversible. ¿Por qué? Nada excepcional estaba pasando afuera: la ciudad, alzada sobre colinas, simplemente los observaba como a dos paseantes más; pero las aguas fluyentes sí parecían saludarlos a él y a ella como si se tratara de entrañables compañeros de ruta. El larguísimo río se entregaba a la inmensidad del mar a cada instante; y ellos estaban ingresando a cada instante en una nueva vida con horizonte abierto. Brindaron, entonces. Y ambos, ellos y el mar, se saludaban mutuamente.

1863. MISTER PRASAD

Al verlo por primera vez le pareció un curioso personaje fantasmal entre la impresionante arboleda de aquel bosque de ciudad. Supo que se trataba del encargado de cuidar el entorno natural en el hotel más que centenario que había sobrevivido con todos sus árboles en medio de las construcciones. Pero ese jardinero mayor mostraba una característica externa muy propia: siempre iba vestido de traje oscuro, con corbata y pañuelo, como en una ceremonia de gala. En algún momento de su estadía en el Taj West End se le acercó ya sabedor de que lo llamaban Mister Pradad. El aludido lo miró y de inmediato le dijo: “Gracias por estar aquí, en Bengaluru; la próxima vez que venga por favor tráigame semillas de su tierra, ya que nuestros climas son idénticos…”

1864. EL AIRE TAMBIÉN DUERME

A la hora de escoger dónde vivir en su nuevo destino profesional lo hizo con una dedicación personalizada al máximo, como si presintiera sin alternativa que iba a establecerse ahí para siempre. Se fue a la zona más alta de la ciudad de provincia donde había conseguido la mejor oportunidad laboral para un principiante, y ahí se decidió por aquella especie de balcón sobre la roca donde había una construcción muy antigua, recientemente rehabilitada para responder a las excentricidades del gusto actual. Se instaló, y el primer día soplaba un viento animado al máximo. Él, con ánimo juvenil, tuvo que aferrarse a un saliente para no volar. Pero al día siguiente la calma era total. Y él creyó entender el mensaje: “Es que también el aire tiene que reposar para poder cumplir con su tarea”…

1865. PRIMER AMOR

Fue adicto a ver películas románticas desde que inició, en la infancia más temprana, sus excursiones solitarias por la ciudad en la que vivía desde siempre. Sus padres habían tomado camino cada quién por su lado, y él estaba a cargo de la abuela materna, que pasaba el día entero dedicada a su labor docente. Aquella tarde de enero, ya cuando las vacaciones de fin de año tocaban a su fin, él se fue a su cine favorito a ver la película de reestreno que protagonizaban Ingrid Bergman y Humphrey Bogart. A la salida sintió que el aire le traía un mensaje, como si fuera una soplo fragante de arena del Sahara. Y desde aquel momento se marcó su camino: en algún momento del futuro llegaría al Marruecos imaginario, a revivir su Casablanca.

1866. VECINDARIO FUGAZ

¿Qué extraño fenómeno venía produciéndose y reproduciéndose en aquel reducido valle entre montañas imponentes? Los pocos habitantes del lugar no se lo preguntaban, porque nunca habían tenido ninguna tentación de interpretar los signos que les rodeaban. Fue el explorador recién llegado el que se cuestionó el hecho de que ahí, en abierto contraste con lo usual, todo parecía desaparecer con gran rapidez, hasta las vidas de los residentes. ¿Qué era aquello? Y al hacerse la pregunta, él mismo comenzó a desvanecerse. Y sintió la infinita paz de los elegidos del aire y de la luz…

La asfixia a los periódicos nicaragüenses

Fotografías de CONNECTAS

Después de casi 40 años continuos de historia en Nicaragua, El Nuevo Diario publicó el pasado viernes 27 de septiembre la suspensión de su edición impresa. Una decisión que no se había tomado ni en la guerra civil que vivió este país en los años 80, ni en los duros retos de la transición a la democracia. Un editorial, que circuló  a la medianoche en la edición digital, informó al público en general que la decisión ocurre por dificultades “económicas, técnicas y logísticas que hacen insostenible su funcionamiento”.

Casi con las mismas palabras, el diario Metro, asociado del primero, anunció también la suspensión y se despidió de los lectores con un agradecimiento. La medida ocurre nueve meses después de que ellos mismos, el segundo de mayor circulación nacional, cerró también su periódico popular Qhubo. La razón: la asfixia a los principales medios impresos del país impuesta por la Dirección General de Aduanas que retiene el papel, la tinta y otros insumos desde hace más de un año.  La Prensa, el decano del periodismo nacional con sus 93 años de existencia, es la otra víctima notable de este tipo de control.

Fundado en mayo de 1980 por ex trabajadores de La Prensa que se identificaron con la revolución sandinista, El Nuevo Diario desde diciembre del año pasado había dejado de circular los fines de semana para alargar su existencia. Igual redujo su paginaje entre semana. El nueve de julio pasado, la DGA sorpresivamente les entregó 9.6 toneladas de papel, el 20 por ciento del material retenido desde el año pasado. Además 15 barriles de tinta, 6,000 planchas y un cargamento de químicos necesarios para la impresión del rotativo. Sin embargo no fue suficiente y, en medio de la crisis política que vive desde abril del año pasado, fue anunciada la suspensión de la publicación de este rotativo.

Adiós. El reportero gráfico Jorge Ortega salía de las instalaciones del periódico El Nuevo Diario después de conocer que el diario dejaba de circular.

“Estamos conscientes de la importancia de El Nuevo Diario como medio de comunicación clave en la cobertura periodística de varias etapas relevantes en la historia reciente de Nicaragua, desde su fundación”, se lee en el editorial que marca el final de esta etapa en el periódico que se había trasladado en fechas recientes al sector sur de Managua a las instalaciones donde tiene su rotativa para ahorrar recursos.

Bajo el gobierno de Ortega, cuestionado por su autoritarismo y señalado de violaciones a derechos humanos, el diario La Prensa se encuentra también bajo amenaza: su edición es de cuatro páginas cuando en sus mejores tiempos, en administraciones anteriores a la actual, llegó a circular con 96 hojas e incluso 108.

La decisión gubernamental del bloqueo a los medios impresos no ha sido explicada por autoridad alguna. CONNECTAS, la plataforma líder en promover el periodismo colaborativo en la región llamó a la oficina de Aduanas, dirigida por Eddy Medrano Soto, pero no ha respondido la solicitud de una entrevista.

Eduardo Enríquez, editor principal de La Prensa, explicó en agosto pasado que para afrontar las medidas de Aduanas en el último año el diario realizó cuatro reducciones en su edición impresa, despidos de personal, disminución de gastos administrativos y centraron sus esfuerzos en fortalecer su edición digital. Sin embargo, el tiraje sigue siendo el mismo “a pesar que circulamos con menos páginas”, una situación de la que interpreta que “la gente quiere seguir leyendo el periódico y encuentra que la información que le servimos es útil y que vale la pena aunque sea de una manera reducida”.

El pasado cinco de agosto, la escritora Gioconda Belli, una de las más reconocidas autoras nicaraguenses en lengua española, traducida a más de 14 idiomas, se lamentaba, a través de su cuenta de Twitter, de que a su casa no había llegado este periódico, lo que trastocaba su rutina diaria. “Aunque fueran cuatro páginas, las leía con el café todos los días”, escribió en referencia a la reducción del paginaje de La Prensa. “No puedo imaginar que este Gobierno mate por inanición a este diario, compañero de mis mañanas. ¡Qué tragedia la de este país!”, se quejó la poeta.

Cierre. El Nuevo Diario publicó un editorial confirmando la suspensión de sus publicaciones y agradeciendo a sus lectores.

Belli representa en el país a PEN Internacional, la asociación mundial de escritores que expresó, al conocerse la noticia de El Nuevo Diario, su “consternación” y llamó al gobierno de Ortega a detener la campaña de acoso, intimidación y agresiones contra los medios independientes, aquellos que siguen cuestionando el poder político y no se encuentran bajo el control del gobierno, a quienes la vicepresidenta Rosario Murillo llama “medios sandinistas”.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha condenado la retención de papel a los medios de comunicación en Nicaragua y ha reclamado su devolución en junio pasado. Durante su última visita a Nicaragua, el pasado 12 de julio, la SIP instó al Gobierno a terminar con estas “medidas de censura indirecta” en contra de los medios de comunicación.

La situación de la libertad de expresión en Nicaragua es valorada como “uno de los episodios más graves en la región”, según declaró en enero pasado al rotativo  La Prensa Edison Lanza, relator especial de la libertad de expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA).

La historia de oposición de La Prensa al político sandinista data desde antes que Ortega retomara el poder en enero de 2007. El diario criticó sus posturas antidemocráticas desde los ochenta, cuando el actual presidente era el coordinador de la junta de reconstrucción, un órgano formado tras la caída de Somoza. Siguió siendo crítico durante la primera administración de él entre 1984 y 1990 y en sus años posteriores.  El cierre del diario parece inminente si se ve la bodega, ubicada a metros de la rotativa, donde antes rebosaba de papel y hoy solo se ven unas cuantas bobinas.

La asfixia a los medios contrasta con el discurso gubernamental que enaltece la libertad de expresión. En 2011, cuando era candidato presidencial, Ortega se comprometió a respetar la libertad de expresión al suscribir la declaración de Chapultepec. En el poder, el político sandinista ha atacado todo lo que ha concebido como crítica, sin distinguir entre medios y redes sociales.

En marzo de 2018, en un intento por controlar las redes sociales precisamente, la vicepresidenta Rosario Murillo, esposa del mandatario, dijo que las mismas estaban influenciando negativamente a los nicaragüenses. Su bancada entonces propuso una consulta legislativa supuestamente para encontrar una manera de evitar la propagación de “noticias falsas”.

El 18 de agosto pasado, Ortega sostuvo que existe una absoluta libertad de expresión y religiosa en Nicaragua contra lo que dicen sus críticos. La familia del gobernante tiene un rol protagónico en este sector. Controla un grupo de  medios de comunicación desde donde publican propaganda que circula a nivel nacional y que incluye radios y cuatro televisoras, algunas de ellas dirigidas por hijos del mandatario.

Cristiana Chamorro, directora de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro y vicepresidente de la junta directiva de La Prensa, explicó a NICARAGUA.CONNECTAS.ORG, un espacio para contar el país centroamericano a Latinoamérica,  que “cuando se cierran medios de comunicación, cuando se reduce la información vos te sentís desamparado, te  sentís como que te están quitando el aire, te están quitando el conocimiento, te están quitando tu derecho a saber”.

La situación que ha estado viviendo el país desde abril del año pasado, cuando iniciaron las protestas contra el gobierno, ha sido difícil para los periodistas y los medios. Según un monitoreo de la Fundación Violeta Barrios, se han registrado al menos 1.080 casos de violaciones a la libertad de prensa entre abril de 2018 y 2019, el asesinato del periodista Ángel Gahona, el encarcelamiento de dos periodistas y también se ha dado la confiscación de las instalaciones del diario digital Confidencial y la televisora 100% Noticias. Fue así que apresaron a los periodistas Miguel Mora y Lucía Pineda bajo acusaciones de incitación al odio. Ellos fueron liberados en junio tras seis meses de presidio.

Denuncias. El diario La Prensa denunció que, por las presiones de Aduanas durante el gobierno de Daniel Ortega, se podían quedar sin papel.

Mientras en el mundo entero los impresos viven duros momentos de sostenibilidad para sus ediciones con la llegada de la Era Digital, en el caso de Nicaragua, la prolongada agonía de la edición impresa de los periódicos también ha representado un aumento en los costos de producción. Enríquez precisa que en el caso de La Prensa ya “se ha acabado el papel periódico” y la empresa decidió utilizar otro tipo de papel para imprimir el diario, “pero es mucho más caro, lo que implica que hay mucho más costos de producción”. Sin embargo, esta ha sido la única manera que les ha permitido continuar circulando, según el editor.

Enríquez afirma que el diario “va usar hasta el último pedacito de papel que tengamos disponible” para continuar imprimiendo. “Calculamos que eso puede durar todavía varios meses. Es más costoso pero yo creo que podríamos terminar el año” con las reservas existentes.

Desde el 10 de septiembre de 2018, Aduanas mantiene retenidas 92 toneladas de papel a La Prensa, tinta, planchas, y repuestos para la imprenta. Estos materiales están valorados en 180.000 dólares y permanecen en un almacén fiscal desde esa fecha. En noviembre de ese mismo año, el diario apeló ante el Tribunal Aduanero y Tributario Administrativo (TATA) que dio lugar a la queja, pero hasta ahora no entregan la mercadería.

El pasado cinco de agosto, la escritora Gioconda Belli, una de las más reconocidas autoras nicaraguenses en lengua española, traducida a más de 14 idiomas, se lamentaba, a través de su cuenta de Twitter, de que a su casa no había llegado este periódico, lo que trastocaba su rutina diaria. “Aunque fueran cuatro páginas, las leía con el café todos los días”, escribió en referencia a la reducción del paginaje de La Prensa.

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Enríquez señala que el Gobierno “no ha dado ningún argumento” sobre la retención de la materia prima. Trabajadores del rotativo se han acercado en múltiples ocasiones a la DGA para tratar de recuperar los materiales y lo único que les contestan los funcionarios “es que no tienen instrucciones para hacerlo, lo cual es un absurdo porque todos los requisitos se han llenado”.

En varias publicaciones, La Prensa ha asegurado que mientras la materia prima no sea entregada por las autoridades de aduanas, no se realizarán nuevas importaciones, ya que hasta ahora ni con el pago de los impuestos, que por ley deben ser exonerados, se ha logrado recuperar los materiales. Actualmente el temor de La Prensa es que los insumos puedan vencerse o dañarse por estar en las bodegas estatales.

Róger Lagos, responsable de compras de esta empresa, explicó en abril pasado en una nota publicada por el rotativo: “Lo que más nos preocupa es el papel, por ser un material más sensible en su almacenamiento: aunque los almacenes puedan fumigar y mantener sus medidas de higiene, el papel puede contaminarse con polillas, plagas, servir de nido de ratas o dañarse con la humedad… Puede ser que una vez que salga (la materia prima) no todo el papel nos sea útil”.

Enríquez considera que la razón del bloqueo aduanero en contra de La Prensa es porque su línea editorial se caracteriza por defender “principios democráticos” y eso no es bien visto por el Gobierno que “a partir de 2018 dejó de ser autoritario y pasó a ser una dictadura sanguinaria”.

Según las cifras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la que una misión vino al país a investigar las denuncias, la represión a los manifestantes causó el asesinato de 328 personas, más de 2.000 heridos y más de 60.000 exiliados, entre ellos unos 68 periodistas. Asimismo centenares de presos políticos que sumaron más de 700 hasta que, por la presión internacional, el gobierno liberó a una gran parte en junio pasado. Quedaron al menos 120 en las cárceles.  El ejecutivo ha negado la represión y ha dicho que fue víctima de un golpe de Estado. Todo lo que se publica en sentido contrario es descrito por funcionarios como “noticias falsas”.

Sin materia prima. En esta portada, el diario nicaraguense con 93 años de existencia, denunciaba que se le agotaba la tinta por la medida del gobierno.

 “Medios, el último reducto de libertad”

Cristiana Chamorro, señala que el bloqueo aduanero contra el diario y también contra El Nuevo Diario es otro ejemplo de esas agresiones gubernamentales. “Aquí hacer periodismo es saber que tu vida está en peligro, es saber que sí, que estás cumpliendo una misión de alto riesgo”, explica. Para ella, el gobierno de Ortega criminaliza el ejercicio del periodismo en Nicaragua.

Chamorro advierte que actualmente en Nicaragua hay “un nivel de represión tan alto, que nadie se puede manifestar” y de alguna manera los medios de comunicación, pese a las limitaciones, se han convertido “en el último reducto de libertad” en este país. El periodismo independiente “se mantiene siempre en la primera fila informando… no los han podido callar”.

Al conocerse el cierre de El Nuevo Diario, Chamorro calificó el día como de “duelo nacional” y llamó dictadura a la administración de Ortega. “Nuestra solidaridad con todos sus trabajadores ahora en desempleo. Y como dijo Pedro Joaquín Chamorro, director asesinado de La Prensa en 1978: “Sin libertad de prensa no hay libertad””, sostuvo.

Editorial La Prensa S.A dejó clara su protesta contra el gobierno de Ortega por el bloqueo del papel y los otros insumos desde enero pasado. El 18 de enero de 2019, cuando se cumplían 20 semanas de retención de los mismos, el diario publicó una portada en blanco solo con la pregunta: “¿se ha imaginado vivir sin información?”.

En marzo de 2018, en un intento por controlar las redes sociales precisamente, la vicepresidenta Rosario Murillo, esposa del mandatario, dijo que las mismas estaban influenciando negativamente a los nicaragüenses. Su bancada entonces propuso una consulta legislativa supuestamente para encontrar una manera de evitar la propagación de “noticias falsas”.

La pregunta estaba dirigida a la ciudadanía nicaragüense, cuya libertad de expresión y libertad de información “enfrentan el asedio de la dictadura”, explicó el diario en un editorial. La portada en blanco le dio la vuelta al mundo y generó un debate sobre la importancia de la libertad de expresión y la libertad de prensa como ejes transversales para la democracia.  Decenas de lectores tomaron el diario y llenaron la página con sus propios titulares, algunos de los cuales eran consignas de la lucha contra Somoza. Así, le dijeron a Ortega: “¡qué se rinda tu madre!”, por ejemplo y las publicaron en sus cuentas en redes sociales.

El compromiso de los reporteros de La Prensa con sus lectores, al dar cobertura a las protestas ciudadanas, fue reconocido el siete de agosto de 2019. La SIP otorgó el Premio a la Excelencia Periodística 2019, en la categoría de Noticias por Internet y la calificó como “valiente y exhaustiva”. El periódico informó, a través de videos, fotografías, tuits, textos, que los periodistas enviaban desde el lugar de los hechos, la mayoría de veces en riesgo para sus propias vidas.

La reportera Leonor Álvarez, de la sección de política de La Prensa y una de quienes cubrió la protesta en las calles, explicó que tenía miedo, adrenalina y unas ganas de que todos supieran lo que estaba ocurriendo en el país centroamericano. Álvarez dijo que ella estaba consciente de que estaba haciendo un trabajo, pero igual en esa situación adversa no podía controlar sus emociones. “Siempre me pongo a temblar cuando estoy en medio de los estallidos y los policías rodeándonos”, recordó.

En medio de la crisis de los medios impresos, la dirección ha rebautizado como la “República Digital”,  recordando que en los años de la censura de Somoza su director Pablo Antonio Cuadra lo llamó la República de Papel. Es un legado que defienden definiéndose como una mesa redonda de opiniones libres, en diálogo permanente, con libertad de crítica e iniciativas. Mientras tanto, el país centroamericano resiente la pérdida de El Nuevo Diario.


*Esta historia hace parte de NICARAGUA.CONNECTAS, la nueva iniciativa para mostrar el país centroamericano en medio de un contexto adverso para la libertad de expresión.

Gilberto regresó sin un pie

Fotografía de Ángel Gómez

Gilberto Jiménez abordó La Bestia, un tren de carga que usan los migrantes centroamericanos para evitar unos 50 controles migratorios y atravesar sin ningún costo México. A Gilberto lo impulsó la certeza de que el tren lo acercaría a su destino en Los Ángeles, California, Estados Unidos.

Hace cinco meses, decidió que, para acabar con sus problemas económicos, migraría. Con poco dinero se las arregló para partir solo y sin un coyote. A los seis días de haber partido, estaba en Tenosique, Tabasco, México, y desde ahí se movilizó en La Bestia.

Pero, un día, a media mañana, el transporte hizo una estación en el estado de Huimanguillo, Tabasco. Ahí, las patrullas de migración mexicana esperaban sorprender a los migrantes.

Durante la redada, Gilberto intentó escapar, corrió en dirección al tren y se resbaló. Su pie izquierdo quedó atorado entre los rieles mientras La Bestia retrocedía. Aquella mañana del 11 de mayo de 2019, Gilberto perdió el pie izquierdo.

De enero a septiembre de 2019, según los registros del Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC), cinco salvadoreños, entre ellos Gilberto, regresaron a El Salvador con una amputación luego de sufrir un accidente en ruta hacia Estados Unidos.

Además, entre 2013 y 2018, 22 migrantes salvadoreños que se dirigían a Estados Unidos sufrieron accidentes que les ocasionaron una amputación. Y, de acuerdo con el CIRC, en México, otros 25 salvadoreños fueron atendidos por una mutilación en esos años.

Estas cifras, sin embargo, son parciales debido a que muchos migrantes deciden permanecer en la clandestinidad por temor a ser deportados.

Entre milpas. Jiménez vive en Las Marías, Morazán, una comunidad que está a cuatro horas de la capital. Para llegar a su casa hay que recorrer milpas.

***

Entre las milpas de elote, cultivos de ayote, frijoles y un camino que conduce hasta las montañas del sur-este del departamento de Morazán, se encuentra el hogar de Gilberto.

En Las Marías, Morazán, una comunidad que está a unas cuatro horas de la capital, Gilberto ha construido su casa al final de una montaña a la que se llega caminando entre unas estrechas veredas.

Cuando Gilberto construyó su hogar jamás imaginó que, al faltarle un pie, ese camino sería su primer obstáculo para su recuperación. Para subir o bajar necesita que alguien lo cargue o lo vigile mientras da pequeños pasos con sus muletas.

Desde su repatriación, el 11 de junio de 2019, Gilberto regresó con complicaciones de salud. Su muñón, que es la parte del cuerpo que queda luego de la amputación, se infectó y tuvo que viajar por doce horas en autobús con su herida aún sangrando.

«Cuando regresé a El Salvador nos trasladaron al lugar donde llevan a los migrantes deportados, en la Chacra, ahí un encargado de migración escuchó mi historia y me dijo que tenía que ir a la Unidad de Salud para que me curaran y eso fue todo», cuenta Gilberto.

Denuncia que, desde el accidente, el consulado de El Salvador en México hizo muy poco por él. En el hospital, el cónsul lo visitó solo una vez para entregarle un kit de asistencia humanitaria. Tampoco pudo ayudarlo para que estuviera ingresado hospital de Villahermosa, Tabasco, durante su recuperación. Así que durmió los últimos 10 días en un albergue.

Según la Ley Orgánica del Servicio Consular de la República de El Salvador, los consulados deben de velar por la protección y garantía de los derechos humanos de los migrantes que residen o se encuentran de manera ilegal fuera del país.

La Bestia. Hace cinco meses, Gilberto Jiménez resbaló de La Bestia para huir de una redada de la patrulla de migración. Su pie izquierdo quedó atorado en los rieles del tren. Lo perdió en ese accidente.

En el artículo 109, la ley consular detalla que la función del cónsul, en caso de que un salvadoreño se encuentre «desvalido» o «enfermo», es tramitar la admisión de los salvadoreños en los establecimientos públicos de beneficencia para su atención y recuperación.

Además, en su artículo 110, señala que «es deber de los funcionarios consulares facilitar la repatriación de los salvadoreños que se encuentren en su distrito y concederles moderados auxilios».

En el caso de Gilberto esto no sucedió, regresó sin que nadie verificara su estado de salud.

El informe sobre personas migrantes amputadas, gravemente lesionadas o enfermas del CICR, en 2013, señala que, en los países del Triángulo Norte, es necesario fortalecer la coordinación del proceso de repatriación entre las autoridades migratorias y los representantes consulares ya que, a menudo, es meramente administrativa y no verifican las condiciones de salud de sus migrantes al emitir los documentos de viaje.

Recostado en su hamaca y con «pinky», su perro aguacatero que siempre lo acompaña. Gilberto recuerda que antes de migrar, escuchó sobre los peligros del camino y de abordar La Bestia, entre ellos, los asaltos, secuestros y el ser mutilados por el tren al tropezar o no subir a tiempo.

A pesar de conocer los riesgos, decidió marcharse. La hipoteca de su hogar, los $7 diarios que ganaba como jornalero y dos hijos, uno de 9 y otro de 5 años, le dieron más razones que miedos.

Según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), en El Salvador, entre las causas que obligan a los salvadoreños a migrar está la falta de condiciones económicas y laborales. Otra razón es que las personas huyen debido a la violencia.

Desde su accidente, Gilberto no puede trabajar, a pesar de que su muñón ha sanado, debe someterse a una nueva cirugía debido a que el corte de su amputación atraviesa un nervio. Esto le ha ocasionado una inflamación y la dificultad para su movimiento.

«Mire, aquí, el carcañal me han dejado puesto», dice Gilberto mientras señala su amputación.

Debido a sus complicaciones, Gilberto no ha podido realizar una rehabilitación física que le ayude recuperar el movimiento de su pie izquierdo. Tampoco ha podido pensar en una prótesis para volver a caminar.

Entre las dificultades a las que se enfrentan los migrantes luego de su discapacidad, está que no cuentan con un programa de atención en salud especial que les garantice la continuidad en su tratamiento, rehabilitación y acceso a una prótesis.

Registros. Como Gilberto, el CICR registró, entre enero y septiembre de 2019, cinco casos de migrantes salvadoreños que volvieron con amputaciones por accidentes.

El Estado ha reconocido, por medio de la Política Nacional para la Protección y Desarrollo de la Persona Migrante Salvadoreña y su Familia, elaborada en 2017, que es necesario promover y diseñar programas de desarrollo local y nacional enfocados en educación, vivienda digna, seguridad, oportunidades laborales y salud integral a través del fortalecimiento jurídico, institucional y financiero de las instituciones gubernamentales vinculadas a la población migrante.

El Ministerio de Justicia Seguridad Pública, a través de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME); Ministerio de Relaciones Exteriores (RREE), a través del Viceministerio para los Salvadoreños en el Exterior, Ministerio de Trabajo y Previsión Social (MTPS); Ministerio de Salud (MINSAL); Ministerio de Educación (MINED); Ministerio de Economía (MINEC); y el Instituto Salvadoreño para la Atención Integral de la Niñez y Adolescencia (ISNA) son algunas de las instituciones públicas que pueden cooperar con la atención.

Además, en su eje estratégico B1, numeral 10, la política enuncia que para la protección y atención de la población salvadoreña migrante en tránsito, es fundamental «brindar una atención especializada a población migrante con discapacidad resultante de accidentes durante el tránsito». Pero por el momento, no hay ningún plan especial.

El Consejo Nacional para la protección y desarrollo de la Persona Migrante y su Familia (CONMIGRANTE), que es la entidad encargada de elaborar, canalizar y verificar el cumplimiento de esta política y de todas las relacionadas a migración y desarrollo, no da respuesta sobre las acciones concretas en las que se ha trabajo para cumplir con la protección y atención de los migrantes retornados con una lesión.

Por medio de la oficina de comunicaciones del CONMIGRANTE, el director ejecutivo «sugería» que la persona indicada para conversar sobre los programas de atención al migrante retornado era la directora de la Dirección de Atención al Migrante (DAMI) de la DGME. Sin embargo, a los días, se acordó una entrevista que fue suspendida a último momento.

“Regresé a El Salvador con 17 años, ya tengo 19, fue muy difícil porque yo era una niña. Pensé que no iba a recuperarme o volver a caminar. Me deprimí mucho. El Estado no me ayudó. Fue por el CICR que pude ser atendida acá. Al venir, no recuerdo siquiera que me hicieran una entrevista, como las que dicen que hacen cuando uno regresa. Mi familia llegó al aeropuerto por mí y fue así como yo regresé a casa. No hubo alguien que me preguntara cómo había llegado o si necesitaba algo”, asegura Marleny Mancía.

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En un intento por caminar, Gilberto muestra como su amputación se enrojece al dar unos pasos. Asegura que, desde que regresó, no fue atendido por el personal de migración para verificar su condición física.

Al llegar, fue trasladado a la DAMI, un espacio donde se asiste a los migrantes que vuelven desde las fronteras de México o Estados Unidos. Ahí, según Gilberto solo se le entrevistó para conocer los motivos que lo llevaron a migrar. Luego le extendieron una referencia para la curación de su amputación en una Unidad de Salud.

De acuerdo con el Programa Integral de Inserción para la población salvadoreña retornada del Ministerio de Relaciones Exteriores (RREE), para el recibimiento de los migrantes en la DAMI, la DGME, en un primer momento, debe identificar a las personas que necesitan atención médica y luego ser atendidas por MINSAL de acuerdo a su condición de salud.

Salvador Gutiérrez, Jefe de Misión Adjunto de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en El Salvador, asegura que entre los desafíos para la recepción de migrantes retornados, está el seguimiento de los casos luego del retorno.

Única. La Escuela de Órtesis y Prótesis de la UDB es la única con acreditación internacional de la Sociedad Internacional de Ortesis y Prótesis.

«Es necesario reforzar toda la oferta institucional porque la persona lo que busca es una respuesta rápida a su problema. Es necesario mantener un seguimiento y cubrir programas de atención en salud», dice Gutiérrez.

Gilberto no ha sido el único que sufrió la indiferencia del Estado. Melany Mancía, una joven de 19 años, regresó hace tres años sin su pie izquierdo cuando solo tenía 17.

Por teléfono, Marleny explica que es imposible visitarla en el municipio de San Antonio Pajonal, en Santa Ana. El río que está cerca de su comunidad se ha desbordado y ha imposibilitado el paso.

Sin poder recordar las fechas exactas, Marleny solo sabe que su accidente ocurrió en 2016. El coyote la subió a un camión que la llevaría hasta una de las fronteras de Estados Unidos. En el vehículo también viajaban otros siete migrantes que iban apretujados por el poco espacio.

La sobrecarga hizo que el camión volcara y en el accidente, Marleny perdió su pie izquierdo que quedó atrapado en los fierros del vehículo.

«Regresé a El Salvador con 17 años, ya tengo 19, fue muy difícil porque yo era una niña. Pensé que no iba a recuperarme o volver a caminar. Me deprimí mucho. El Estado no me ayudó. Fue por el CICR que pude ser atendida acá. Al venir, no recuerdo siquiera que me hicieran una entrevista, como las que dicen que hacen cuando uno regresa. Mi familia llegó al aeropuerto por mí y fue así como yo regresé a casa. No hubo alguien que me preguntara cómo había llegado o si necesitaba algo», asegura Marleny.

Desde que regresó, la recuperación de Marleny ha costado mucho. En los últimos dos años y medio le han realizado más de tres cirugías, ha sufrido infecciones y aún le cuesta movilizarse al hospital y al centro de rehabilitación. A parte del camino, que es difícil para andar, debe de costear su idas al hospital.

Sin recursos, Marleny ha solicitado la ayuda de la Alcaldía de su municipalidad para poder viajar.

«Mi vida era mejor antes. Me fui porque quería salir adelante, pero no salió como esperaba. Hoy, con la prótesis, he vuelto a tener una esperanza, pero no es igual, muchas cosas no han cambiado. Siempre están las dificultades económicas», dice Marleny y se despide.

Ayuda. Los estudiantes de la UDB ayudan a fabricar las órtesis y prótesis para reducir los costos a los usuarios.

A falta de una política pública que atienda las necesidades inmediatas en salud para los migrantes retornados, César Ríos, director del Instituto Salvadoreño del Migrante (INSAMI), una organización no gubernamental que trabaja con migrantes retornados, expresa que hay una falta de comprensión de la realidad de las personas que retornan.

«El Salvador es uno de los pocos países de la región que no tiene presupuesto para atender un programa de salud y migración. Es necesario brindar una asistencia post retorno. No se puede dedicar un esfuerzo solo al día de la llegada de los migrantes», destaca Ríos.

En Honduras, los casos de migrantes amputados sobrepasan a los de El Salvador, hasta la fecha, según la Comisión Nacional de Apoyo a Migrantes Retornados con Discapacidad (CONAMIREDIS), se contabilizan aproximadamente las 600 víctimas.

En la nación hondureña, la visibilización del fenómeno de parte de los migrantes retornados ha ayudado a contabilizar los casos de personas con una discapacidad.

En este país, los retornados han formado una organización para personas con discapacidad como la Asociación de Migrantes retornados con discapacidad (AMIREDIS) y han logrado que el Estado estudie la creación de políticas públicas para los migrantes amputados.

Por hoy, Marleny cuenta con una prótesis que fue costeada por el programa del CIRC. Con el tiempo, ella necesitará de una nueva prótesis. Pero la joven asegura que de seguir con las dificultades económicas, no podrá costear el cambio que se requiere cada tres o cuatro años.

Los precios para acceder a una prótesis varían entre los $500 a $1,000. Todo depende de la zona de la amputación.

Prueba. José Marín llegó una mañana de finales de septiembre a probarse sus nuevas piernas a la Escuela de Ortesis y Prótesis de la Universidad Don Bosco (UDB).

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José Marín ha llegado para probar sus nuevas piernas. Está en a Escuela de Ortesis y Prótesis de la Universidad Don Bosco (UDB), en Soyapango. Ansioso, espera sentado frente a una barras paralelas donde dará sus primeros pasos.

Primero, los técnicos ajustan las prótesis a sus piernas. Luego, dos estudiantes colocan los tenis azules que él ha llevado para comenzar nuevamente a andar. Al inicio, José expresa que siente molestias. Las zapatillas le han quedado muy apretadas.

En mayo, José Marín corrió tras La Bestia y tropezó. El cansancio de caminar por más de 43 kilómetros para poder abordar el tren en Chahuites, Oaxaca, en México le pasó factura. El accidente lo dejó sin sus dos piernas.

Una de las estudiantes, que nota la emoción de José por volver a caminar, se quita sus zapatos y le sugiere probar con los ella. Él y el personal ríen al ver que se tratan de unas zapatillas rosa. Las coge para practicar.

«Hoy sí. Hoy, luego de cuatro meses, me iré caminando, pensé que esto no iba ser posible», dice sonriente. Y una vez hecho el cambio, José da sus primeros pasos.En un principio, se apoya de la barra con sus dos manos; luego, emocionado logra hacerlo con una sola mano.

Primeros pasos. Con sus nuevas piernas, José Marín, comenzó a andar. Al inicio manifestó molestias, porque unas zapatillas que andaba le quedaban muy apretadas.

«En dos semanas usted podrá caminar sin ayuda», le explica Gilberto Abarca, encargado de la Escuela de Ortesis y Prótesis. Sin muchos ajustes, José está listo para regresar a casa caminando, se despide de la silla de ruedas y saluda a sus nuevas compañeras, dos muletas que le ayudarán a recuperar el paso.

El caso de José, es muy diferente a la de Gilberto y Marleny. Luego del accidente, el Estado respondió. Lo mediático del caso en redes sociales y la difusión del vídeo que registra su accidente, lo ayudó.

Desde su regreso, hace cuatro meses, José ha podido recibir terapias en el Hospital San Rafael, el MINSAL le ha dado seguimiento a su caso y desde Cancillería se ayuda con la movilización.

Al consultar a Cancillería sobre el seguimiento de otros casos de migrantes retornados con una discapacidad, como los de Gilberto y Marleny, la institución no da respuesta. El técnico encargado de verificar la atención a José aseguró que, para dar detalles sobre el trabajo que se realiza, necesitaba contar con una autorización. Sin embargo hasta el cierre de este reportaje no se obtuvo declaraciones.

José también es parte del programa del CICR que se encarga de otorgar prótesis a migrantes lesionados. Luego de cuatro meses él puede,nuevamente, andar.

Migrante. En mayo pasado, el salvadoreño corrió tras La Bestia y tropezó. El accidente lo dejó sin sus dos piernas.

El Estado, por el momento, solo ayuda con la movilización y logística para su atención. De ser necesaria una prótesis los casos son remitidos al CICR.

Para Gilberto la realidad es otra. Su necesidad fue tan grande que, a través de los medios de comunicación, solicitó donaciones económicas para continuar con su tratamiento y acabar, al menos, con su dolor.

«Yo no duermo. Me angustia esta situación. Mi familia dependía de mí y ahora estamos viviendo de lo nos da la gente. Mi esposa no puede trabajar porque cuida de mí. Ella también debe atender a nuestros hijos de 9 y 7 años. Duele pasar por esto y que nadie lo ayude», relata Gilberto.

Mientras tanto, Gilberto adeuda la hipoteca de su hogar y está en riesgo de perderla. No puede saldar la deuda a través de su seguro, debido a que el banco asegura que el beneficio solo aplica en caso de muerte.

Respuesta. A diferencia de otros casos, a José Marín el Estado sí le respondió cuando regresó a El Salvador.

Mucho más que palabras

El 2019 fue declarado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Un comunicado emitido por la organización a inicios de año, detalla que el objetivo de ello es «sensibilizar a la opinión pública sobre los riesgos que enfrentan estas lenguas y su valor como vehículos de la cultura, los sistemas de conocimiento y los modos de vida».

Las lenguas indígenas son una forma de patrimonio inmaterial que va más allá de una forma de hablar, ya que cada lengua implica en sí la carga de un largo y extenso bagaje de experiencia y conocimientos humanos. Estamos hablando de sistemas de información, de formas de construir pensamiento y la comprensión y asimilación del mundo mismo. Por ello, si se piensa que de las 6.700 lenguas que se hablan en el mundo, la mitad de ellas desaparecerá antes del fin de siglo, comprenderemos que lo que se pierde es algo más profundo y complejo que un grupo de palabras, y que esas pérdidas afectan al conjunto de la humanidad.

De esas 6.700 lenguas, el 96 % son habladas por apenas el 3 % de la población mundial, en su mayoría pueblos indígenas. Precisamente el racismo al que son sometidos estos pueblos es uno de los factores por los cuales estas lenguas tienden a desaparecer. En sus comunidades, los más jóvenes prefieren aprender las lenguas dominantes, lo que les brindará ventajas al intentar integrarse a la sociedad globalizada. Eso va limitando y reduciendo al número de personas que hablan lenguas originarias, en su mayoría personas mayores.

La sobrevivencia de dichas lenguas en el tipo de sociedad que estamos viviendo lo tiene todo en su contra. El español, el inglés, el ruso y el mandarín se expanden como idiomas dominantes no sólo en amplios territorios geográficos, sino también en el mundo virtual. Se da además una penetración peligrosa que va desplazando palabras de idiomas originales como, por ejemplo, los términos en inglés que se vienen infiltrando en el español centroamericano de manera intensiva desde hace poco más de una década.

Si consideramos que cada lengua indígena implica en sí formas ancestrales de conocimiento, es posible comprender la riqueza que representan para el tejido social de una región. Esto puede comprenderse fácilmente en nuestro propio país, cuando pensamos en la herida profunda a la identidad nacional que significó la masacre de 1932. Murieron miles de indígenas, pero la persecución de los cuerpos represivos continuó después contra quienes continuaran hablando su lengua, utilizaran sus indumentarias típicas y practicaran sus ritos y tradiciones. Para sobrevivir, nuestros indígenas tuvieron que invisibilizarse, hablar su lengua a escondidas o no enseñársela a sus hijos y nietos. El atrevimiento de desobedecer podía costar la vida misma.

Melanesia, el África Subsahariana y Latinoamérica son las regiones con el mayor número de lenguas en peligro de desaparecer. En El Salvador, el náhuat pipil se encuentra en estado crítico de extinción, según la UNESCO. Sin embargo, se realizan loables esfuerzos por parte de algunas instituciones y personas, como el etnolingüista Jorge Lemus, reconocido por ello con el Premio Nacional de Cultura 2010. A pesar de lo difícil que resulta intentar difundir el habla de una lengua que no tiene un uso más expandido, el Proyecto de la Revitalización de la Lengua Náhuat, impulsado desde la Universidad Don Bosco, cosecha algunos frutos al ir enseñando la lengua en un lugar como Santo Domingo de Guzmán, donde viven la mayoría de sus hablantes. Esto permite que los estudiantes puedan practicar un poco más, en su contexto cotidiano.

En El Salvador, el Decreto Legislativo No. 528 estableció que, a partir de 2017, cada 21 de febrero se celebrará el Día Nacional de la Lengua Náhuat. La fecha coincide con la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna, proclamado por las Naciones Unidas en 1999. Esto reconoce a la lengua náhuat como parte del patrimonio cultural inmaterial salvadoreño, pero continúa siendo insuficiente como mecanismo para la sobrevivencia de uno de nuestros idiomas originarios.

Cuando muere el último hablante de una lengua y ésta se da por extinta, se pierde para siempre todo un bagaje de conocimientos y tradiciones ancestrales. Pensemos en las leyendas que contaban nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos. Pensemos en los alimentos que comían, en las canciones que cantaban, en los poemas que recitaban. Pensemos en cómo se transmitían las instrucciones de una receta o de la ejecución de un rito sagrado, palabras que nacieron para describir lo cotidiano, intentar comprender lo inexplicable o admirar con asombro y humildad la belleza del mundo.

Quién sepa algo de historia podrá comprender el valor que tienen las lenguas que lograron sobrevivir a las diferentes colonizaciones, en todos los continentes. Sabrá que, en toda colonización, se impone borrar la lengua del vencido, como una manera de imponer silencio y censura, de agredir y de borrar la identidad ajena y, por ende, de humillar, rendir, vulnerar y finalmente exterminar al caído. En nuestro continente, se impuso la lengua del hombre blanco, y con ello también se impusieron su religión, su forma de vida y sus jerarquías sociales.

Fomentar el estudio y la preservación de las lenguas indígenas es una forma de reconocimiento de nuestra diversidad como seres humanos y de comprender que no existen pueblos únicos, mejores o peores. Existe la humanidad, con todas sus formas, colores y atributos. La diversidad es, precisamente, uno de los elementos que enriquece nuestra experiencia humana. Proteger una lengua implica también protección para sus hablantes, para sus derechos humanos y para la construcción de sociedades respetuosas e inclusivas. También reafirma una continuidad lingüística y, por lo tanto, cultural.

Para leer más sobre este tema, puede visitar la página web del Año Internacional de las Lenguas Indígenas en https://es.iyil2019.org, que ofrece de manera gratuita ensayos, actividades, material didáctico e información diversa sobre cómo otros pueblos encuentran estrategias novedosas para proteger y salvar sus lenguas alrededor del mundo.

Naturaleza, descanso y renovación para el individuo

Vivimos en una cultura que promueve la obsesión por el consumo y el hacer. Estas son formas de escape de la realidad personal y también funcionan como formas de control. Porque inducir al consumo a un individuo que no se conoce, dado que no tiene tiempo para conectarse consigo mismo y para reconocer los espacios en donde ejercer su poder personal, es más fácil. Ese tipo de personas son más influenciables y responden desde el miedo y la búsqueda de seguridad externa, volviéndose presas fáciles de la manipulación consumista o política.

Un individuo que no se conoce, que cree que el hacer y el trabajo, la posición social o los títulos son los que le dan valor está a merced de las condiciones externas y cuando aparecen los problemas y los desafíos, generalmente, su respuesta es hacer más y consumir más, en un intento por escapar de momentos de silencio y reflexión que lo llevarían a confrontarse y, sobre todo, a tomar decisiones.

Al vivir en esa vorágine de actividad y consumo, observamos a nuestros cuerpos como máquinas que no requieren cuidado ni descanso. Tan desconectados estamos de la naturaleza que nos cuesta entender que el mundo natural y sus ciclos de actividad-descanso-renovación también son útiles para el bienestar de cualquier individuo. La simplicidad y la perfección de lo que sucede allá afuera, en el cielo abierto, pasa desapercibido para quienes viven en ambientes artificiales, con aires acondicionados, cemento y hierro en donde la tierra, los árboles y lo verde han sido eliminados para dar paso a humanos que, como robots, han adormecido el gusto por la calma y la paz que ofrece la naturaleza.

Los humanos, al igual que otras especies, necesitamos jugar, descansar, recibir el sol, respirar aire natural, parar y también una cierta dosis de desafíos para ser efectivos en el mundo. Esto no es un deseo utópico, es una realidad científicamente demostrada en la que una persona que vive en armonía y equilibrio reduce la intoxicación química en su cuerpo producto del estrés excesivo y permanente.

Hace millones de años el estrés provenía de la intensa actividad sísmica y de la megafauna, y de forma controlada e intermitente servía para la sobrevivencia. Ahora, son los ambientes corporativos ultraexigentes, la sequía, la lluvia excesiva o las tierras degradas, que no producen constantemente, lo que nos evita pensar en la necesidad y en las ventajas que ofrece el descanso y la renovación. Vivimos bajo una cultura del miedo. Miedo a no tener aprobación, comida, protección, trabajo o estatus.

Sufrimos y somos testigos de la epidemia de estrés que afecta a millones de personas en el mundo entero. Según cálculos del Foro Económico Mundial, solo en Estados Unidos este tiene un costo para los empleadores de $300 mil millones al año y las muertes anuales relacionadas con el mismo ascienden a unas 120 mil.

En el informe preparado por el Instituto de Trabajo, Salud y Organizaciones de la Universidad de Nottingham, centro colaborador de la OMS para la salud ocupacional, y por el Centro Temático de la Agencia Europea sobre Estrés Laboral, se detalla que «un trabajador estresado suele ser más enfermizo, estar poco motivado, ser menos productivo y tener menos seguridad laboral; además, la entidad para la que trabaja suele tener peores perspectivas de éxito en un mercado competitivo».

Nos encontramos en una época de cambios de paradigmas y uno de ellos es el equilibrio entre trabajo y descanso, y la necesidad del mundo natural en la vida de cualquier persona para alcanzar la «salud» en los términos que la OMS define: «…un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

Ver el mundo arder

Todo el mundo está hablando de cambio climático. ¿Por qué? ¿De dónde viene tanto interés por el tema? ¿Qué es el acuerdo de Paris? ¿Qué es la COP? ¿Qué es el calentamiento global? ¿Y por qué debería importarme? Bueno, trataré de ser muy sintética y contarle.

Para esto, tendremos que remontarnos a la era industrial…

El boom de la producción industrial implicó la generación de emisiones al medio ambiente -CO2, bióxido de azufre, clorofluorocarbonos, metano, etc., mejor conocidos como Gases de Efecto Invernadero (GEI)-. Aunque todos asumíamos que esa gran humazón era contaminante, se volvió parte de lo normal. Hasta que estudios revelaron que la acumulación de estas sustancias en el ambiente provocaban un fenómeno al que se llamó «calentamiento global». Es decir, el aumento de las temperaturas de la tierra. ¿Y cuál sería el problema, pues?

Básicamente que, a largo plazo, el cambio en las condiciones climáticas del planeta tendría implicaciones en la producción de alimentos, en los desastres naturales y en el desarrollo económico: ¡falta de agua, falta de comida, inundaciones, sequías!

Por tanto, en 1992 y preocupada por esta situación, la ONU invitó a sus países miembros a adoptar la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que buscaba estabilizar la emisión de GEI para detener el calentamiento global. De este marco surgieron las COP, o «Conferencias de las Partes», donde los involucrados adoptaron varias iniciativas; como el Protocolo de Kioto, en 1997, y el Acuerdo de París, en 2015, que se aplicaría a partir de 2020.

En París, 97 partes acordaron preparar las medidas para mantener al planeta dentro del rango de los 1.5 a los 2 grados Celsius sobre las temperaturas preindustriales. Pero resulta que, en octubre de 2018, se publicaron los resultados de la investigación del Grupo Intergubernamental de Expertos Sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), que advirtieron que el aumento no debería ser mayor a 1.5 ºC, lo que claramente implica mayores esfuerzos de mitigación.

Este informe también advertía que la situación es ya irreversible, que el tiempo se está agotando y la crisis climática es una realidad: «El mundo no está actuando lo suficientemente rápido para evitar las futuras condiciones extremas de temperatura; mientras, el tiempo se agota velozmente.»

En 2017, Donald Trump retiró a EUA -uno de los mayores emisores de GEI- del Acuerdo de París.

En noviembre de 2018, otro estudio reveló que la proyección de las emisiones de C02 –el principal gas de efecto invernadero– para todos los países del mundo está muy cerca del límite establecido en el Acuerdo de París. Incluso proyecta que los objetivos de emisión actuales de todas las naciones terminarían en un aumento de la temperatura global promedio de 3.2 grados Celsius para 2100. Es decir que las metas planteadas en París no son suficientes.

Por eso, la COP 25 será clave para dar urgencia a la aplicación de los compromisos que ahora trascienden a los gobiernos: empresas, organizaciones, individuos. Todos debemos generar cambios rotundos para alcanzar las metas planteadas y, además, prepararnos para vivir las consecuencias del cambio climático.

Esta es la crisis adaptativa más profunda que deberemos atravesar. Es un escenario desconocido y por lo mismo, países como el nuestro que son ya vulnerables, deberán redoblar sus mecanismos de protección.

Démosle la urgencia que tiene.

Carta Editorial

Este pueblo migra desde siempre. Y no siempre sale bien. Llevamos décadas expulsando gente y, a estas alturas, los mecanismos para recibir a quienes no lo logran no funcionan con celeridad ni de forma universal. Mientras que a algunos los recibe una comitiva de funcionarios que hacen entrevistas, a otros no los acompaña nadie en ese complicado momento de regresar.

Entre el ya vulnerable grupo de personas que regresan después de un intento por llegar a otro país a establecerse, hay algunos cuya situación está todavía más complicada. Son las personas que han sufrido accidentes y han tenido que pasar por un proceso de amputación.

La periodista Wendy Hernández cuenta en esta edición cuál es el impacto de no tener políticas que sean funcionales para dar atención médica y en salud a quienes pasan por esto.

Las implicaciones son devastadoras. Cuando alguien es retornado a su país de origen, por lo general, los problemas por los que esta persona decidió, en un principio, migrar siguen ahí mismo, justo en donde los dejó. Esa persona, sin embargo, ya no es la misma. Aparte de la deuda, regresa con un problema más al que tener que hacerle frente.

En historias como la Gilberto se hace muy obvia la ausencia de sistemas educativos y de salud que sean inclusivos y equitativos. Se hace muy obvia la raíz de la desigualdad. Gilberto quiso alcanzar de un salto ese cielo de oportunidades, ese derecho a mejorar su vida y la de su familia y no se le hizo posible.

Las políticas sociales deberían ser lo primero a lo que se le debe poner atención ahora que este país tiene firmado con Estados Unidos un compromiso para recibir a quienes necesiten refugio.