Un laberinto de torturas

Ilustración de Moris Aldana

La arritmia cardíaca ha sido una de las enfermedades que le diagnosticaron después que Rodrigo desapareció. A sus 64 años, Nicola también padece de diabetes, tiene deformados los pies y padece de hipotiroidismo. Recuerda que, antes de octubre 2007, era una mujer delgada y llena de vida, a la que poco le preocupaban los gastos de la casa, porque eran repartidos entre Rodrigo y su hermano.

La que está ahora hablando parece otra. En estos 12 años ha tenido que prestar dinero y lavar trastes ajenos para conseguir apenas lo suficiente para comer y para buscar a su hijo. Más lo segundo que lo primero. Nicola invierte mucho de lo poco que gana en viajar entre hospitales y las morgues del Instituto de Medicina Legal (IML) con la esperanza de hallar a su Rodrigo.

«La verdad, esto de mi hijo a mí me llevó a caminar para atrás. Todo se descontroló. Mi casa parece como de locos, porque es una incertidumbre que uno vive, una angustia», dice y se ahoga en llanto en un cuarto blanco e iluminado, en un consultorio de un hospital de la zona Norte de San Salvador. Esta mañana lluviosa de octubre, se verá con su psiquiatra y le dirá cómo se ha sentido los últimos días.

Para contar su historia, Nicola ha esperado estar segura en este hospital y en este consultorio. Allá afuera, en el pasillo, sus ojos tristes y cansados miraban a todos lados y arrastraba las palabras al hablar de Rodrigo y lo agotadores que han sido los últimos 12 años de búsqueda. En su cantón, de donde salió a las 6 de la mañana para llegar tres horas después a su consulta psiquiátrica, se siente vigilada todo el tiempo.

Nicola está en tratamiento médico con especialistas en el Hospital Nacional Rosales. Desde que su hijo menor desapareció, comenzó a sufrir de ataques de ansiedad y depresión. Empezó a sufrir desmayos con frecuencia. Su condición física se fue completa a pique.

Nicola está en tratamiento en diferentes dependencias. Pero estar en tratamiento bajo los términos de la Salud Pública salvadoreña significa que sus consultas son programadas a los seis meses o al año. Y significa, también, que la última vez que la cardióloga la vio, la regañó.

Por falta de dinero, Nicola no pudo comprarse las medicinas que la doctora le recetó y que el hospital no tuvo. La respuesta de la cardióloga, cuenta Nicola, fue que si no tenía dinero, que prestara. Y le recordó que tiene arritmia cardíaca y que, así como puede estarse riendo en la mañana, por la noche puede estar muerta.

La advertencia de la cardióloga sería solo intensa en un país menos sufrido. Pero, aquí, también es desafortunada, inoportuna, llena de ignorancia e insensible. Porque esta paciente con arritmia cardíaca que ahora es Nicola pasó encerrada en su casa por dos años. Estuvo sola.

La desaparición de Rodrigo detonó a una familia que había formado tres hogares. En un mismo terreno, además de la casa de Nicola, Rodrigo y su hermano levantaron las propias. Con la desaparición, aumentó el riesgo. La esposa de Rodrigo se mudó y se llevó al hijo de ambos, entonces de 1 año. Diez meses después, hubo amenazas y el hijo mayor de Nicola también tuvo que huir con su esposa y sus dos hijos. Al adolescente de este grupo, la pandilla lo obligó a recoger la extorsión y fue capturado en una entrega controlada por policías. Salió de prisión a los tres días, pero el abogado público que le defendió, le recomendó a los cuatro que huyeran. Y así lo hicieron. Hoy andan deambulando de casa en casa y los nietos de Nicola no pueden trabajar. Por un lado está la pandilla 18 y por otro está la MS. Tampoco han podido salir del país con asilo.

Toda persona importante en la vida de Nicola se fue. En menos de un año, Nicola pasó de vivir rodeada de hijos y nietos, a ver pasar noches eternas en ese terreno con tres casas llenas de nadie.

A Nicola, entonces, la atrapó el miedo. Empezó a mentir. Desconfiaba de sus vecinos. No quería que supieran que vivía sola y les dijo que, por las noches, un tío llegaba a la casa a dormir con ella. «Quedé yo en la casa. No quería hablar con nadie. En las noches, solo lloraba y lloraba. Pasaba paseándome en medio de las tres casas. Y yo le decía ‘Señor, tú sos mi consuelo, mi refugio’. Y así pasé dos años encerrada», recuerda.

La arritmia cardíaca, las pastillas que el hospital no le puede dar y que ella no puede comprar, las tres horas de camino desde su casa hasta el hospital y el regaño de una cardióloga rebotan en las paredes de este cuarto blanco, que es el mismo en el que una tras otra, se escuchan más historias de gente que intenta vivir con desapariciones a cuestas.

A Nicola, entonces, la atrapó el miedo. Empezó a mentir. Desconfiaba de sus vecinos. No quería que supieran que vivía sola y les dijo que, por las noches, un tío llegaba a la casa a dormir con ella. “Quedé yo en la casa. No quería hablar con nadie. En las noches, solo lloraba y lloraba. Pasaba paseándome en medio de las tres casas. Y yo le decía ‘Señor, tú sos mi consuelo, mi refugio’. Y así pasé dos años encerrada”, recuerda.

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UNA PÉRDIDA AMBIGUA

Hace una hora, Nicola tuvo consulta con su psiquiatra. Él le extendió la dosis de las pastillas Lorazepam para otro mes. Ella las vendrá a recoger dentro de tres semanas. Si no lo hace, sabe que la ansiedad la va a atacar por las noches y no quiere repetir los tres meses de insomnio en los que lo único que pensaba era en los huesos de Rodrigo. El Estado, para Nicola, es esas pastillas gracias a las cuales ahora puede dormir. En todo lo demás, para ella, no ha habido Estado.

«Me daban ganas de irme. Decía ‘ay, Dios mío, me voy a morir. Me quiero morir’. Ha habido momentos, en la noche, que he querido salir corriendo, gritando», dice. Aunque ya concilia el sueño, todavía se desorienta, sufre olvidos. Un día iba a preparar chocolate para un rezo que haría una de sus hermanas, buscó por minutos las tablillas y, luego, se dio cuenta de que las tenía enfrente.

La desaparición es un símil de la tortura. En El Salvador, miles de personas como Nicola están pensando si otros Rodrigos están vivos, están comiendo, están encerrados o están sufriendo. «Cada segundo es una evocación constante de ese ser querido», explica Fabiola Alas, coordinadora de la Unidad de Atención Psicosocial a Víctimas de Violencia de la Cruz Roja Salvadoreña. Las personas están secuestradas por el miedo y la incertidumbre. Por esto puede fallarles su capacidad de memoria y su capacidad crítica, además, el miedo influye en la toma de decisiones, dice.

En la psicología existe una categorización de enfermedades llamadas somáticas, que son producto de situaciones de estrés, depresión y ansiedad. Las desapariciones provocan esto, un vacío en toda una familia y desencadenan malestares de salud.

Para atender las emociones en el proceso de búsqueda de un desaparecido, la psicología ha utilizado diferentes enfoques como la pérdida ambigua, desarrollado en la década de los 70’s por la estadounidense Pauline Boss. Este consiste en una terapia sistémica, en la que se entiende que, ante una pérdida, el dolor no es cargado por una sola persona, sino, por el grupo familiar.

El enfoque se utiliza no solo para casos de desapariciones o migraciones, hechos que desprenden físicamente a una persona de los suyos. También es usado para tratar aquellas ausencias psicológicas, como un familiar que padece de alzhéimer.

«La búsqueda es un concepto más amplio que la persecución del delito porque, si de momento no encuentro al perpetrador, la búsqueda tiene que seguir y tiene que ser accesible», explica Álvaro Bermúdez, responsable del programa de personas desaparecidas del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Bermúdez señala que una propuesta de hoja de ruta para las desapariciones tiene que considerar la investigación, la búsqueda y las cuestiones asociadas las consecuencias y tiene que incluir atención psicosocial. «Hay que decirle a la gente que hay más personas pasando por esto», señala.

Ilustración de Moris Aldana

El CICR trabaja en varios países con el enfoque de pérdida ambigua para atender, desde una perspectiva psicosocial, el dolor que provocan las desapariciones. El año pasado capacitó a 30 psicólogos y psiquiatras que trabajan en hospitales nacionales del Área Metropolitana de San Salvador, y a otros profesionales que trabajan la salud mental en diferentes organizaciones de la sociedad civil.

Nadia Guevara, responsable de los Programas de Salud Mental y Soporte Psicosocial del CICR y quien impartió el diplomado sobre pérdida ambigua, dice que focalizaron la capacitación para el personal de salud mental del sector público en las zonas donde, según las autoridades, hay más desaparecidos. El departamento de San Salvador, según cifras de la Fiscalía General de la República (FGR), encabezó los casos de desapariciones en 2018. Hubo 838 casos.

Al conversar con familiares de personas desaparecidas, señala Nadia, se dieron cuenta de que los hospitales públicos eran los lugares donde ellos acudían para tratar sus emociones. Sin embargo, se quejaban de que el dolor que cargan, el mismo que Nicola carga desde hace 12 años, no era comprendido. El personal de salud mental solo entendía un luto normal. «¿Cómo vas a llevar una búsqueda si olvidas, si pierdes el objetivo?», pregunta.

Este año, el Ministerio de Salud (Minsal) lanzó los Lineamientos Técnicos de Atención Integral en Salud de las Personas Afectadas por Violencia, un documento que establece cómo el personal de salud mental debe abordar diferentes traumas provocada por las afectaciones de hechos violentos, pero que no incluye a los familiares de desaparecidos, a pesar de la visibilidad que el tema ha ido ganando en instituciones estatales.

Enrique Carranza, coordinador de la Unidad de Salud Mental, de la Dirección de Enfermedades no Transmisibles, del Minsal, señala que actualmente en este ministerio no existe un plan o un protocolo para atender específicamente a familiares de personas desaparecidas, pero que están por presentar un manual de actuación para asistir, en conjunto con Cancillería, a personas migrantes, y este es un manual con el que también se podrían atender a víctimas como Nicola.

Nicola recibió terapias psicológicas durante un año en la Cruz Roja Salvadoreña y ya cumplió otro año de terapias psicológicas y psiquiátricas en el hospital de la zona Norte de San Salvador. Forma parte de un grupo terapéutico conformado por mujeres víctimas de la violencia, donde realiza diferentes técnicas para sanar.

Fabiola Alas señala que grupos de terapia como estos son los que logran sanar heridas y las relaciones con aquellas instituciones que les vulneraron sus derechos, porque las personas interactúan con otras que han vivido lo mismo y así crean vínculos de confianza.

Esto es lo que ha sucedido con Luz y Esperanza, un colectivo que ha nacido bajo la Unidad de Atención Psicosocial a Víctimas de Violencia de la Cruz Roja Salvadoreña, y que reúne entre 25 y 30 familias que han sobrevivido a diferentes hechos violentos. Estas familias se han vuelto activistas en sus comunidades, orienta a otras víctimas a cómo hacer funcionar a las instituciones estatales. Todo ha sido un proceso que ha implicado sesiones terapéuticas individuales o grupales, y una formación en derechos humanos.

 

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ERNESTO PIDE SABER LA VERDAD

Ernesto, el nieto de Nicola, ya tiene 13 años, pero todavía no sabe qué fue lo que realmente ocurrió con su papá. Ya le pidió a su abuela que le cuente la verdad, pero ella no tiene el valor y tampoco sabe cómo hacerlo. Le dijo que lo llevaría donde la psicóloga que la asiste en terapias, para que ella se lo cuente.

La mamá sí le dijo hace tres años a Ernesto que Rodrigo desapareció, pero este no es un tema del que se hable en la familia. Hace poco, dice, Ernesto llegó con su mamá a una terapia. Después fue su turno. La psicóloga les insistió a la dos que tienen que ponerse de acuerdo para hablarle a Ernesto sobre su padre. Él lleva siete años conviviendo con un padrastro.

«El chico dice que se siente presionado porque con el padrastro ha tenido buena relación, mientras que la abuela le remarca mucho al padre. No hay un recuerdo claro generado por él mismo de su padre, pero sí se siente culpable de lo que siente por el padrastro a través de lo que la abuela le está proyectando acerca de Rodrigo», asegura la psicóloga que atiende a Nicola, quien trabaja con las terapias grupales a las que ella asiste cada cierto tiempo.

Ernesto pasa el día con Nicola y la noche con la abuela materna. Pero en los últimos días, han pasado la noche juntos, porque se han desvelado haciendo tareas. Su nieto está por reprobar séptimo grado, dice que en clases no deja de hablar y que se ha vuelto rebelde. Una vez, le robó $60 a su mamá para comprar un celular y lo castigaron.

A Nicola le asusta que Ernesto juegue en las calles de su cantón y sea visto por los pandilleros. El hijo de su hijo mayor, el adolescente que fue capturado en 2008, también anduvo por estas calles. Trabajó en una carpintería del cantón y fue ahí donde los pandilleros comenzaron a presionarlo para que se uniera al grupo, hasta que lo amenazaron para que recogiera la extorsión.

El Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2018 «¡Soy Joven! ¿Y ahora qué?», publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, señala que las pandillas representan una amenaza para personas que, como Nicola y su nieto, viven en lugares marginales. Las autoridades políticas, dice, no prestaron atención a este fenómeno, pero con el paso del tiempo, el discurso oficial las perfila como «la principal fuente de inseguridad e inestabilidad social», y esto repercute en la que sociedad vincule directamente a los jóvenes con las pandillas.

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LAS VISITAS

Unos días después de la desaparición de Rodrigo, un pandillero del cantón llegó hasta la casa de Nicola para decirle que la MS estaba para cuidarla. Era uno que recién había salido de la cárcel.

-Me han contado que a usted le han puesto una renta.

-¿Y cómo sabés eso vos? Si fuera así, yo de dónde les voy a dar pisto. Si solo en el hospital paso. Si me vas a ver que salgo, para allá voy.

Nicola aún tiene fresca aquella conversación. Dice que intentó sostenerla en medio del llanto y mientras su cuerpo temblaba y, al mismo tiempo, deseaba tener una pistola.

No fue la única visita que recibió. Tres veces también se acercó a su casa una pandillera joven a la que Nicola vio crecer en su comunidad. Era de la pandilla contraria a la zona. Le preguntaba por Rodrigo y Nicola siempre le dijo que él se había ido a vivir a La Unión. Ella no le creyó y le dijo que ya sabía que a su hijo lo habían matado y se ofreció para vengar su muerte.

«Mi corazón lo tengo deshecho, pero también, no le voy a negar que, en un momento, se me cruzaron malos pensamientos, pero ya se los confesé al Señor», dice. Nicola buscó refugio en la iglesia. El día de la última visita de la pandillera, se fue a la iglesia Don Rúa. Años después, el psiquiatra le ha dicho que eso le ayudó a contener el dolor.

La psicóloga de Nicola sostiene que ante la falta de una cobertura de servicios de salud mental en las zonas rurales del país, las personas acuden a las iglesias, pero esto no es recomendable. Sin embargo, dice que las personas que llegan al hospital donde ella trabaja, lo hacen porque son referidas por una institución estatal, de lo contrario, es difícil que, por su cuenta, busquen apoyo psicológico como sí buscan una iglesia.

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ALBAÑILES QUE DESAPARECEN OSAMENTAS

En el cantón donde vivió Rodrigo, y aún vive Nicola, manda la MS. Aunque una persona no tenga vínculos con la pandilla, es inevitable convivir con ella. La estructura está por todos lados, es tanto el niño al que se vio crecer, como la comadre de la iglesia y el señor de la tienda. En las zonas como esta, vulnerables a la violencia, las víctimas son criminalizadas o revictimizadas por las instituciones estatales. No a todas se les respeta el derecho constitucional a la pronta y cumplida justicia.

Rodrigo tenía 29 años cuando desapareció, el jueves 16 de octubre de 2007. Dos días antes, comenzó a recibir llamadas desde un penal. Eran pandilleros que le ofrecían una casa en Sonsonate y entrenamiento en armas en San Miguel. Ese jueves salió de su casa a las 5 de la tarde y ya no regresó.

Una vecina le contó a Nicola que había escuchado, de los pandilleros, que su hijo estaba enterrado cerca del cantón donde viven, en unos terrenos donde iniciaría la construcción de una residencial. En diciembre de 2016, cuando la constructora comenzó a excavar, un familiar de Nicola escuchó en una tortillería que dos albañiles hablaban de un cementerio clandestino bajo esa tierra. Nicola pensó que había llegado el momento de encontrar a Rodrigo. También pensó que, posiblemente, ahí estaban los cuerpos de otras tres personas de su comunidad que fueron desaparecidas.

Fue por ese tiempo que Nicola sufrió de episodios de insomnio que se le alargaron por tres meses, pero todavía no asistía a terapias psicosociales prolongadas. En medio de la búsqueda de Rodrigo, todavía no tenía a alguien que le dijera que tratar sus emociones era importante.

Ante esta realidad, German Cerros, psicólogo del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (IDHUCA), hace dos preguntas: ¿Cuántos de los profesionales de la psicología están preparados para atender exactamente la magnitud del drama con la que llegan las personas a las instituciones estatales? Y también cuestiona si los profesionales que trabajan en estas instituciones están preparados para recibir el dolor con el que llegan las víctimas.

Después de haber pasado nueve años llegando tres veces por semana al IML de San Salvador y de haberse dado una pausa de seis meses, porque se le acabó el dinero, Nicola volvió al Departamento de de Atención a Familiares de Personas Fallecidas y Desaparecidas. Aquí hay un equipo de psicólogos para atender de forma inmediata las crisis emocionales de los usuarios. Nicola les preguntó a estos psicólogos si tenían reporte de las osamentas encontradas cerca de su casa. No había nada. Ellos la remitieron a la Cruz Roja Salvadoreña para recibir terapias psicológicas.

Para saber más sobre las osamentas desenterradas, Nicola se asesoró con abogados. En ese proceso, como prefirió hacerlo en esta historia, cambió su nombre. Compró un chip y llamó a una sede fiscal, tampoco encontró información. Lo botó y compró otro para llamar a la subdelegación policial del municipio donde todavía vive.

En este lugar la remitieron a otro puesto. En este otro lugar, escuchó algo que, durante un rato, le alumbró la esperanza. Escuchó, al otro lado del teléfono, a un policía que le dijo que un jefe había llegado a la zona solo para preguntar por las osamentas. La esperanza de Nicola se esfumó cuando oyó que uno de los encargados de la construcción negó la noticia que se había regado entre los lugareños. Después de eso, nadie investigó nada sobre el tumulto de huesos y la ropa desgastada que se supone que un grupo de albañiles desenterró.

Ilustración de Moris Aldana

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UNA DENUNCIA INTERMITENTE

Nicola reportó la desaparición de su hijo en la Policía Nacional Civil (PNC) un día después de que ya no lo encontró en su cantón, pero la retiró porque la esposa y la suegra de Rodrigo le dijeron que si seguía con la búsqueda, los pandilleros le iban dar donde más le doliera.

A Nicola esta amenaza no le importó y al año siguiente simuló un disfraz: se envolvió la cabeza con una prenda, se puso un vestido largo y con mangas largas, para evitar que la reconocieran en el procesamiento de una masacre, a kilómetros de su casa.

Pidió asesoría jurídica al Arzobispado de San Salvador y, con un abogado, en 2016, puso la denuncia en la sede central de FGR, en Antiguo Cuscatlán, donde la remitieron a la oficina fiscal de Apopa, porque en esta jurisdicción había ocurrido la desaparición. Otra vez, por las amenazas que recibía a través de su suegra, Nicola retiró la denuncia. No fue hasta 2018 cuando volvió a reactivarla.

Aunque el problema de las personas desaparecidas por violencia en El Salvador ha llevado a la FGR a crear una unidad especializada para su búsqueda y a la PNC a habilitar un portal para informar sobre estos hechos, históricamente ambas instituciones no han tenido unificados el número de casos y esto dificulta su investigación. Por ejemplo, en julio pasado, el director de la PNC, Mauricio Arriaza Chicas, dijo que el 90 % de las personas desaparecidas en el país son encontradas, pero dos días después, el fiscal general, Raúl Melara, dijo que este no era un dato exacto.

Además, fue hasta el 15 de octubre de este año que la Asamblea Legislativa, por petición de la FGR, acordó incluir en el Código Penal el delito de desaparición forzada, con el cual existirán penas que van entre los 20 a los 45 años, para los civiles que cometan una desaparición. Por hoy, sin la modificación de la legislación salvadoreña, solo hay castigo cuando la desaparición es cometida por agentes estatales. Las desapariciones cometidas por civiles están bajo la figura del delito de privación de libertad.

La unidad fiscal que busca a desaparecidos, creada en julio pasado, investiga 36 casos, pero entre enero al 23 de octubre de 2019, la FGR reporta 2,674. Guadalupe de Echeverría, la jefa de esta unidad, sostiene que esto se debe a que no todos los casos reúnen los criterios del delito de privación de libertad y son investigados por las oficinas fiscales locales.

«Se trata de casos donde las personas ausentes abandonan sus casas por diferentes razones, otras deciden irse del país y otras se fugan con sus parejas y no avisan a sus familias», justifica Guadalupe el por qué solo investigan ese número de casos.

Como Nicola, cientos de víctimas visitan cada día las instituciones estatales para denunciar o pedir información de los procesos, pero en estas se encuentran con un personal que no sabe cómo atender las crisis emocionales que ellas sufren y las revictimizan. Fabiola Alas dice que en la Cruz Roja Salvadoreña han atendido a personas que les dicen que, por primera vez, alguien les ha preguntado cómo se sienten o que llegan con diagnósticos de esquizofrenia, cuando lo que enfrentan, en realidad, son afectaciones de hechos violentos.

De acuerdo con German Cerros, es cuestionable si el sistema salvadoreño fue creado exactamente para dar una respuesta a estas víctimas y si la respuesta está a la altura del problema de la desaparición.

Con la reactivación de la denuncia en 2018, Nicola llegó a la FGR buscando una respuesta. Un joven la atendió, le pidió su nombre y el nombre de su hijo. Ingresó los nombres en una base de dato y en minutos le dijo, sin tacto, que su hijo estaba enterrado en una fosa clandestina junto a otras tres personas, pero no le explicó dónde estaba esa fosa.

Con esta información, Nicola todavía no sabe dónde buscar a Rodrigo. En ninguna institución ha encontrado guía. «Le digo al Señor que me dé otros días más, porque si es el último día que pueda agarrar los huesitos de mi hijo, bienvenidos sean, porque sé dónde los voy a dejar. Yo quiero dejarlos en un cementerio, porque él no era marero, él no era de los que andaban haciendo y deshaciendo», dice sin poder contener las lágrimas.

Es mediodía. Nicola extiende su sombrilla negra y se retira del hospital. Tiene que volver a su casa, al cantón del municipio de San Salvador que se le ha vuelto un laberinto de torturas.

Literatura: periferia y mujer en la novela

En las entrevistas que me piden los jóvenes y docentes hay dos preguntas que nunca faltan, una es sobre la «Generación Comprometida». Y la otra, sobre el papel de las mujeres como personajes en mi narrativa. Dejo lo de la «Generación» para otra oportunidad y retomo al compromiso de dar voz a la mujer desde sus espacios de vida. De lo que estoy seguro es de que ambos temas tienen que ver con el proceso de desarrollo cultural. Y quizás eso le pone un acento didáctico a mis libros, pese a que todo escritor rechaza cualquier didactismo en su obra literaria.

En verdad, si acaso hay algo de didáctico, el mostrar una faceta de la mujer como agente cambiante de vida, no solamente un ser sin voz, o madre sacrificada que acepta que los otros decidan por ella, sino activa y participante, de acuerdo a las aguas del río social que no deja de fluir. Incluso en la madre hay transformaciones que implican una presencia más visible.

Al este respeto, tengo un poema titulado «Mamá» (publicado por 1978), en el que me gusta cómo queda completo con un epígrafe de mi buen compañero de letras el periodista, historiador, poeta y fundador de editoriales Ítalo López Vallecillos: «Si algún sentido tiene el concepto patria, hay que buscarlo en las madres de este país, ellas son sin duda la Patria ofendida». Frase de Ítalo que motivó posteriores personajes mujer en mi obra narrativa.

Dicho epígrafe me pareció muy apropiado al poema, y posteriores novelas: la mujer que simboliza la patria. Así, a la vez que inspiré a Ítalo al mencionar mujer y patria para referirse al poema, del cual ofrezco a mis lectores los primeros versos: «Mamá querida, oración por todos./Llena eres de gracia como las primeras lluvias que originan las primeras milpas». Esto como reconocimiento a quien alimenta desde sus senos, y con ello incide en salud, y rendimiento escolar. La madre a quien, pese a todo, se le impone una carga injusta de exclusiones.

Retomando el hilo, como se hace en Twitter, ya no me referiría a la mujer sacrificada, «o mujer maléfica», «ligera de faldas» (como la cultura patriarcal nominó. A la rosa de El Principito, Consuelo Suncín). Pienso en esa «patria ofendida» y que para compensar, por lo menos en los países del Triángulo Centroamericano, merecería cambiarse el nombre Patria por Matria, las humilladas en sus limitaciones, las que con modestias económicas, han hecho sobrevivir la población en esos países.

En resumen, aspiro a proyectar a la mujer en la historia, no como heroína de inventiva; y menos objeto de intereses ofensivos, sino como la mujer en el tiempo dentro de una sociedad que se distinguió siempre por el prejuicio y la desigualdad.

Se trata de manejar lo literario relacionándolo con un proceso de ubicación, un reconocimiento a las necesidades e intereses de la mujer en sus particularidades como persona, como agente de transformación social, y no el ser objeto para atraer una atención sesgada, sino participante directa en la vida social, económica y política. Tampoco se trata del ser despechado, o la madre sufrida, la mujer «mártir».

La mujer debe estar donde le toca estar, empoderada o empoderándose en sus decisiones. A los demás nos toca avanzar en cultura para garantizar espacios incluyentes.

Conozco mujeres que en su rol de madres concilian la vida familia con la vida laboral, no importa si son criticadas hasta por la misma familia extendida; ellas rompen con paradigmas, cumplen con las exigencias del trabajo y a su vez garantizan el bienestar de sus hijos e hijas haciéndose acompañar de ellos en sus labores. En fin de cuentas la mujer orienta en la formación inicial, sin edad límite para comenzar su función, puede ser desde el vientre materno o desde sus primeros meses. Es la que asume las obligaciones vitales, aunque la cultura tradicional le resulta difícil reconocerlo con hechos. De esta manera de educar hay frutos, en mágica conciliación entre trabajo y responsabilidad familiar. Es otro diferente caso cuando la mujer trabaja en casa sin percibir salario sin reconocimiento a su aporte en la productividad del país, no obstante que las labores hogareñas hacen que cada quien tome sus responsabilidades ocupacionales aunque la madre no se devengue sueldo.

Además, tiene la ventaja histórica y función orgánica natural, y privilegio maravilloso, de procrear, en el mal nominado «producto» o embarazo, toda una ventaja de la naturaleza, aunque tanto hombre como la mujer son los que resultan embarazados. Otra cosa es que la cultura patriarcal solo atribuya el embarazo a la madre y la responsabilice si dicho «producto» no llega a feliz término. Al respecto, les invito a leer «Los poetas del mal», mi novela con temática de la mujer arraigada y desarraigada de su entorno social que me permitió destejer sus emociones de historia personal y colectiva. ¡Una reedición, please! Además, tiene otro privilegio de la naturaleza consistente en que solo ella tiene otro privilegio de darle un futuro de sanidad temprana, como es el hecho de amamantar, el acto más humano en el desarrollo de salud integral futura.

De modo que si la narrativa es pasión, debe ser pasión por visibilizarla en su historia íntima de necesidades e intereses comunes, en su participación para el cambio social, lo que da la pauta al crecimiento, incluyendo sensibilización y salud preventiva al nuevo ser, cuando con su calor compartido por el cuerpo materno otorga uno de los valores más fundamentales de la humanidad: la sensibilidad fortalece una vida digna. La cultura tecnológica debe promover ese proceso que previene las desviaciones violentas y las depredaciones sin sentido.

Nota.- Agradezco a docentes universitarios de los EUA por sus invitaciones este año y el próximo que me permiten conmemorar cuarenta años de «Un día en la vida», semilla germinativa literaria donde la mujer es personaje de la sociedad en transformación.

Alfabetización para hacer ciudadanía

Sonia Livingstone me cambió la vida con un artículo de trece páginas. «Concepciones convergentes sobre alfabetización» es un texto de esta sicóloga social inglesa que expone las diferencias que pueden verse entre distintos autores o entidades que trabajan estas temáticas. Ella contrasta cómo suele estudiarse la alfabetización mediática, dirigida a maneras de comprender, analizar y crear materiales para diversos formatos (referidos a medios de comunicación), con la alfabetización informativa, que le suma a lo anterior el uso o comunicación de la información que se ha extraído para abordar problemas o situaciones.

Si vamos más despacio, la alfabetización es el aprendizaje a leer y escribir; por ello puede asociarse a procesos de entender críticamente un texto, de relacionar una novela con un contexto cultural o de interpretar una poesía. Algunos tuvimos la fortuna de que también nos pusieran a trabajar con textos informativos. Y bueno, algunos estudiamos esto antes de Internet… ¿cambia algo la llegada de esta red y de algunos nuevos formatos?

Sí, sí cambia. Hay dos cuestiones que veo fundamentales: debemos aprender nuevas maneras de comunicarnos (hashtags o emojis) y debemos aprender a producir nuestro propio contenido (YouTube, Instagram, Flickr). Saber no solamente cómo descargar una aplicación en el teléfono o en otro dispositivo, o cómo crear un usuario, sino cómo sacarle el mayor provecho posible a esa plataforma.

En esta sociedad de la información y del conocimiento, nos hemos vuelto prosumidores: consumimos lo que los medios o estas redes sociodigitales nos muestran, pero también contamos con herramientas para crear nuestro propio contenido. Y he aquí la cuestión: ¿estamos capacitados para recoger información y producir contenido? ¿Recogemos información de manera crítica y producimos contenido útil?

Retomo de nuevo a Livingstone: «La alfabetización informativa considera la información como una herramienta con la que actuar sobre el mundo». Es decir, volvernos conscientes de lo que leemos en Twitter, lo que «decimos» a través de la foto que subimos a Flickr, lo que dice el video que compartimos en una historia Instagram. No solo de lo que leo o veo, sino de lo que yo produzco, comparto, subo a estas redes o a un blog personal o a una página web (incluso si es institucional o empresarial).

Toda esa información que vamos «subiendo» a Internet es esa herramienta con la cual podremos actuar sobre el mundo. Y por eso la Alfabetización Mediática e Informativa (AMI) es fundamental. Es, parafraseando a Livingstone, lo que nos permite reubicarnos como usuarios activos de los medios de comunicación: nos hace parte de la ciudadanía, en tanto nos hacemos cargo de nuestra incidencia en el ambiente que nos rodea.

Si vemos pasar algún taller o encuesta en estos días de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y la Escuela de Comunicación Mónica Herrera (ECMH) vayamos o llenémosla. Julio César Mateus, comunicador peruano, dio una conferencia como parte del #CampusAMI de la DW Akademie donde la relacionó con una interacción crítica con los medios de comunicación: acceso a medios, qué consumimos en ellos y cuánto estamos expuestos a estos y a los medios sociales.

Y eso, para estas reflexiones tecnopolíticas, nos permite elegir cuáles medios nos aportan «herramientas con las que actuar sobre el mundo», como diría Livingstone. Y esa toma de conciencia y de acción es lo que nos convierte en ciudadanía, que debería integrar tanto el ejercicio en el mundo físico como en el espacio digital. Por eso, dice Mateus, no puede ser una competencia de comunicadores y expertos, sino de todas las personas. Todas las que, eso sí, queramos hacer ciudadanía.

¿Entonces, nos alfabetizamos?

Migrantes, remesas y nuestra fuga de talentos

Hoy en día se estima que alrededor de 1.4 millones de salvadoreños viven en Estados Unidos, eso significa que, por cada 5 salvadoreños que viven en El Salvador, hay uno que vive en EUA. La mayoría de los salvadoreños conocemos a alguien o tenemos a algún pariente que migró hacia el norte. Este fenómeno migratorio ha sido constante desde hace décadas.Y, aunque sus causas son variadas, ha tenido un gran impacto social y económico en El Salvador.

La mayoría no emigra porque quiere. En nuestro caso, la pobreza y la violencia naturalmente obligan. La tasa de pobreza que tenemos en el país es de 35% (¡Más de 2.3 millones de personas!) y una tasa de desempleo del 7%. Las tasas de homicidio, aunque han mejorado recientemente, todavía están a niveles altísimos: unos 50 homicidios por cada 100,000 habitantes. Solo Honduras y Venezuela nos superan en términos de homicidios. Esta combinación de pobreza, falta de oportunidades, exclusión y violencia hace que, para muchos, el exponerse a los peligros de emigrar ilegalmente a Estados Unidos sea una decisión racional, pero, básicamente, obligada.

Hay otro grupo que también ha tomado la decisión de emigrar por razones un poco distintas al grupo descrito anteriormente. Jóvenes profesionales y con preparación no encuentran espacios ni oportunidades en el mercado laboral salvadoreño. Saben que sus competencias y habilidades son mejor remuneradas en otras economías y que hay muy pocos trabajos en El Salvador que puedan valorar esas competencias a un nivel similar. Y, en mi opinión, no es tanto un tema de que las empresas no quieran pagar más y mejores salarios, es un tema de costos y beneficios. Nuestra economía es simplemente muy pequeña y el mercado está muy poco desarrollado como para poder sostener la oferta de talento preparado que tenemos en el país.

El impacto más medible e inmediato por este fenómeno migratorio es el de las remesas, las cuales son, básicamente, un motor de consumo para la economía salvadoreña. Para dar un poco de contexto, la economía de El Salvador (Medida por el «PIB» o Producto Interno Bruto) asciende a unos $27.5 mil millones, mientras que las remesas ascienden a unos $5.5 mil millones, representado un 20% de la economía nacional. Esto trae consigo beneficios y complicaciones. Por un lado, es una fuente de consumo que beneficia a un 20% de los hogares del país; por otro, hace resaltar la incómoda realidad de que somos un país poco productivo y mayormente consumista. El tener una fuente de ingresos externa tan grande hace que importemos mucho más de lo que exportamos, en detrimento de nuestra balanza comercial.

Sin embargo, no todo el dinero de las remesas se va a consumo, muchos de los hogares (especialmente en aquellos donde la cabeza de la familia es una mujer) destinan mucho de ese dinero a educación, lo cual tiene un impacto positivo en el ingreso esperado de los hogares en el futuro. Un segundo impacto menos visible es el costo de la fuga de talentos que tenemos. Estos profesionales que están trabajando, no sólo en EUA, pero también en otras economías como España, México, Chile y más, están innovando y generando riqueza fuera del país. Por el momento, parece que muy poco está cambiando social y económicamente, para motivar a estos profesionales a regresar o para lograr que los que se quieren ir se queden.

Carta Editorial

Ún día una mujer vive en un terreno con tres casas. Pasa rodeada de nietos y de sus dos hijos que están pendientes de que tenga todo lo necesario. Menos de un año después, esta misma mujer deambula de noche por esas tres casas ya deshabitadas. La inundan la ansiedad y el miedo; nunca duerme, no come y no tiene dinero. La desaparición de una persona destroza a muchas más alrededor. Y es la lección alrededor de este delito que, como país, nos está costando reconocer.

La desaparición del hijo menor de esta mujer derivó en una serie de amenazas que hicieron huir a la nuera, con su bebé, y al otro hijo, también con su familia. Ella decidió quedarse no por una valentía hueca ni por necedad. Lo hizo porque ella sigue buscando a su hijo. Después de que las autoridades hicieran de lado su responsabilidad de investigar, ella es la única que sigue pendiente de saber en dónde está su Rodrigo.

Cuando en enero iniciamos con esta serie de publicaciones acerca de los desaparecidos, sabíamos que había mucho por decir. Incluso con esto presupuestado, a lo largo de diez entregas nos hemos encontrado con un problema de raíces profundas y muy oscuras. A la falta de delito, a la negligencia de las autoridades en la investigación, al doble discurso, y a la discriminación a la hora de abrir un proceso se suma el dolor mal contenido.

La historia que ocupa estas páginas es la de Nicola y en ella están representados muchísimos de los problemas que enfrentan los familiares de desaparecidos. Y, en esta ocasión, el periodista Stanley Luna se ha centrado en el deterioro de la salud mental que, a su vez, lleva a un declive de la salud física.
La vida que se había construido Nicola fue desbaratada. Esta clase de golpes no tiene un cierre. Y el desgaste es incalculable. Las instituciones todavía no han hecho una cuenta realista y apegada a rigor científico acerca de lo mucho que estos casos van a afectar al país a la vuelta de unos años. Nicola, como mucha gente, está rota por dentro y es necesario, justo y urgente que reciba asistencia integral.

«Al vivir escribiendo, siento que estoy haciendo todo lo que el día de hoy quisiera»

¿Qué es lo que El Salvador necesita contar a través de la literatura y que todavía no ha contado?

Pienso que todo se ha contado ya, pero siempre es necesario volver a contar las historias con la mirada y las palabras de cada época. Y en el caso de El Salvador, además de contar, es urgente difundir lo que se escribe, porque las historias están allí, pero muy pocos las conocen.

¿Qué opina de la literatura producida por los escritores salvadoreños contemporáneos?

Que es muy buena, de una gran calidad, y que se ha abierto y nos está mostrando que somos ciudadanos del mundo.

¿Cuál es el mayor reto al momento de escribir un texto?

Escuchar, no meterme en el camino del texto. Dejarme escribir exactamente lo que estoy pensando, porque ese es el mejor material de escritura que tengo.

¿Qué podría hacer que no esté haciendo?

No lo sé. Al vivir escribiendo, siento que estoy haciendo todo lo que el día de hoy quisiera y soy capaz de hacer.

¿Cuáles son las palabras que más usa?

Escribir, poesía, literatura, luz, amanecer, corazón, estrella.

¿Cuáles son los héroes de novela que prefiere?

Gente común, que se equivoca, y que al buscar reparar su error encuentra algo muy valioso dentro de sí misma.

¿Cuál es su miedo más grande?

La muerte.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (228)

1867. TERTULIA CON AUSENTES

Simpatizaron en las aulas universitarias. Y un día de tantos, la simpatía derivó en atracción, ya cuando estaban a punto de graduarse. Y de la atracción brotó el enlace. Reunidos en un bar inmediato, ella le dijo: «Me gustaría mucho conocer a tu familia». Él reaccionó como si se le hiciera un desafío inesperado. Se quedó en total silencio. Ella, lejos de alarmarse, pareció recibir una señal tranquilizadora. En los días siguientes, la relación fue entrando rápidamente en zona de intimidad. Y una tarde cualquiera él la invitó con sonrisa entrañable: «¿Quieres que vayamos a compartir con los nuestros?» Y ambos se dirigieron a un parque vecino con vegetación tupida en cuyo centro había un claro luminoso. Ahí se sentaron sobre el césped, cerraron los ojos y se dejaron envolver por las voces del silencio.

1868. SANTA FRAGANCIA

Se conocieron en un parque donde todos los árboles, arbustos y pequeñas plantas de flor parecían haber formado una hermandad para mantener vivo el mosaico de los colores naturales, entre los que el verde era el almirante indiscutido. Allá al fondo asomaba un faro majestuoso, porque aquel era puerto de primer nivel. Inmediatamente después de conocerse fueron a tomar una copa de vino verdejo en La Taberna del Obispo, enfrente de la Catedral. Estuvieron ahí, aprovechando la frescura de la mañana nebulosa, y a medida que hablaban se les iba despertando un ansia de estar juntos en algún jardín privado. Y como no conocían la ciudad por ser viajeros de crucero, se hicieron la pregunta crucial: «¿En cuál crucero viajas?»… ¡Era el mismo! El jardín lo tenían a la mano…

1869. MISTERIO NATURAL

Se decía en todos los medios: el cambio climático y la irresponsabilidad humana trabajan en creciente alianza para arruinar la vida en todas las latitudes. Y ellos, que habitaban en un poblado que se había vuelto destino de buscadores de emociones naturales, lo experimentaban cada día más. Ahí, a unos pasos, las aguas del lago daban muestra perturbadora del fenómeno. Suciedades indefinidas y residuos plásticos colmaban la superficie líquida, y se iban volviendo dominantes en la superficie anímica. Ellos, que eran sinceramente religiosos, empezaron a orar por la salvación de las aguas. Dejaron sus eventuales quehaceres y la miseria empezó a rondarles. Entonces llegó el aviso: las aguas, por su sola cuenta, empezaron a lanzar al aire todos sus residuos. Y el milagro anónimo sólo ellos lo advertían.

1870. DESDE EL BALCÓN MÁS ALTO

Lo soñó siempre, y ahora ese anhelo reanimante estaba a punto de hacérsele realidad. Con el empleo que había conseguido luego de graduarse con honores en la mejor Universidad del país podía financiarse la vivienda que quisiera, y eso era justamente lo que estaba haciendo: ir hacia el mirador más encumbrado que pudiera encontrar. Era una especie de torre con un apartamento por piso. Escogió el más alto, e invitó a su novia a que se fuera a vivir con él. Ella dudó, y en aquella duda él presintió que no había unión suficiente. Pero él sí se trasladó a habitar el lugar. Ahora estaba ahí, asomado al balcón, y el impulso de volar se le hacía irresistible. Una tentación peligrosa, que le produjo una angustia súbita. Y así comenzó a entender que el balcón no era tan confiable como él soñara…

1871. HAY SÍMBOLOS QUE MANDAN

Estaba en una de las mesitas ubicadas en la pequeña plaza. Junto a él, su esposa gozaba también del paseo mañanero por las calles de la ciudad. Ella bebía una copa de tinto y él un vaso de cerveza. La mezcla cervecera de agua, cebada malteada, levadura y lúpulo parecía abrirle zonas de evocación. Entonces, justamente cuando daba el primer sorbo, empezó a repicar el campanario más cercano. En ese instante un hombre mayor se detuvo junto a ellos, con un objeto rústico para limpiar zapatos. «Señor, ¿me permite que le limpie los suyos?… Necesito ganar algo para comer este día». «No, gracias, ya nos vamos». Entonces el hombre hizo una irónica reverencia: «Buen viaje, amigos, que su insensibilidad les acompañe». Él entonces le extendió unas monedas, y el limpiabotas las recibió con sonrisa de misión cumplida.

1872. A SOÑAR DESCALZOS

Las inundaciones y las sequías se hallaban alternativamente a la orden del día, como si el clima sufriera trastornos bipolares. Esa vez, al fin de la estación lluviosa, los impulsos rafagosos venían con violencia excepcional. Y ellos, la pareja de jóvenes que iniciaban su vida en condiciones muy estrechas, tenían que ingeniárselas para llegar a sus trabajos: él como cuidador de ventanas y ella como limpiadora de pisos. Hasta que en esa fecha el agobio turbulento era tal que no pudieron salir. La casucha en que vivían estaba por inundarse y quizás por derrumbarse. Ellos, desvelados y abrazados sobre el lecho frágil, aguardaban, sin saber cómo resguardarse de lo que podría ocurrir. Y entonces algo pasó. Cesó de súbito la borrasca y el sol se asomó por el ventanuco, para decirles: «¡Salgan al aire, se lo ofrezco a ambos para que vayan a soñar descalzos!»

1873. LIBERACIÓN ANTICIPADA

El día que fue a pedir la mano de Aurelia fue justamente el siguiente después de aquella noche en que durmieron juntos por primera vez en la más estricta clandestinidad, porque ambas familias eran tradicionales de pura cepa, y no admitían ninguna libertad fuera de lo establecido. Cuando estuvieron todos sentados en las poltronas heredadas, las miradas comenzaron a cruzarse, como si todos estuvieran tratando de averiguar algo. Por fin, y ya cuando la bandeja andaba repartiendo copas de Dom Perignon, la madre de la novia rasguñó el incómodo silencio: «Que un beso de amor inaugure la nueva época…» Los futuros desposados se rieron, bajando las miradas; y eso bastó para que el ambiente se alterara de súbito. Todos comenzaron a levantarse, y los novios, liberados, se fueron a un rincón a hacer planes para su nueva vida sin ataduras formales.

1874. IMAGEN PARA DESPISTADOS

Estaba acumulando días para tener a la mano lo más pronto posible su período vacacional. En la empresa donde trabajaba las consideraciones para los empleados eran prácticamente inexistentes, y por eso él no se hacía muchas ilusiones. Al final consiguió un par de semanas. Y en cuanto les dio inicio se dio cuenta de que no tenía ningún plan previsto. La pregunta de siempre volvió a brotarle: «¿Y ahora para dónde cojo?» Se sentó en el borde de la acera y todos los que pasaban junto a él imaginaban de seguro que era un indigente. Y sin saberlo estaban en lo justo.

Los millones de la fe en Nicaragua

El líder sandinista Daniel Ortega se ha declarado como católico practicante. En su vida política, el gobernante ha aparecido incluso en misas comulgando.

Un grupo de pastores evangélicos nicaragüenses y el sacerdote católico Antonio Castro se reúnen con seguidores del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional en la rotonda Hugo Chávez de Managua. Son visibles las banderas rojinegras en esta jornada de ayuno por la paz en Nicaragua realizada en mayo de 2018, un mes después que iniciaron las protestas contra la administración de Daniel Ortega.

El gobierno es denunciado por violaciones a derechos humanos contra los manifestantes, pero el sacerdote Castro se dirige en su mensaje televisado por el oficialismo a la multitud que protesta inconforme con Ortega e intenta apaciguarla. «No (se) puede decir soy cristiano y estoy lleno de odio y resentimiento», afirma. Los sandinistas se mantienen en su sitio, pese al día lluvioso. Escuchan y oran. La propaganda estatal agrega, al presentar después la nota sobre el evento, que la estabilidad y la paz son factores necesarios para que «el país siga progresando».

Las palabras del religioso son particularmente influyentes en Nicaragua, un país de 6.2 millones de habitantes, según los datos del Banco Mundial en 2017. Los católicos representan el 44.3 %, mientras los evangélicos representan el 38.1 % de los que no se consideran católicos, acorde a una encuesta de M&R Consultores publicada en febrero pasado, cuyos datos son citados en esta investigación realizada por La Lupa en alianza con CONNECTAS, y que forma parte de un espacio informativo para contar la realidad del país centroamericano.

El reverendo Neftalí Cortez, presidente del Concilio Nacional de Iglesias Evangélicas de Nicaragua, dice más de un año después de la jornada de aquel día de mayo que los evangélicos se mantienen en oración permanente por «el comandante y la vicepresidenta, para que la Asamblea Nacional legisle leyes que beneficien a Nicaragua».

Un sector de los líderes evangélicos se siente agradecido con el gobierno, porque aseguran que les ha cumplido sus promesas. Con ellos, Ortega ha implementado la estrategia de legalizar fundaciones religiosas y donarles propiedades.

Las posturas públicas de religiosos, apuntalando la imagen de Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo en momentos de crisis, son el resultado de una estrategia calculada del presidente nicaragüense con la que se ha granjeado el apoyo de sectores católicos y evangélicos. Por un lado, el ejecutivo implementa la política estatal de asignar recursos a iglesias u organizaciones vinculadas a líderes religiosos, las que en el presupuesto anual son enlistadas bajo el título de subvenciones. También usan otros recursos como nombramiento en cargos, legalizaciones de terrenos para sus obras o la creación de nuevas iglesias en el caso de los evangélicos, lo que se ha conocido públicamente a partir de las noticias publicadas por los medios oficialistas.

Aunque el artículo 14 de la Constitución de Nicaragua declara que el Estado no tiene religión oficial, el gobierno de Ortega financió con casi veinte millones de dólares entre 2007 y 2018 a iglesias, fundaciones y a una universidad privada fundada por un alto jerarca católico fallecido.

«Todo el tema del uso de los recursos públicos para comprar conciencias ha ocurrido tanto con la Iglesia Católica como con la Iglesia Evangélica, pero como la Iglesia Católica tiene más poder, pues por mucho tiempo le dieron más recursos no solo para restaurar iglesias también para comprar sacerdotes. Este gobierno les ha dado recursos como una manera de comprarlos, y a los que no pudieron comprar por supuesto que los alejaron, que los discriminaron, que incluso los atacaron en cierto momento», explica la socióloga nicaragüense, María Teresa Blandón a CONNECTAS, la plataforma líder de periodismo colaborativo en la región.

Según esta investigación periodística, basada en informes oficiales del Ministerio de Hacienda y Crédito Público en el período 2007-2018, más de 150 iglesias y organizaciones religiosas fueron beneficiadas por año con partidas de fondos públicos que no especifican el destino específico en cada caso de los fondos, es decir si por ejemplo serían usados para reparar techos o hacer remodelaciones concretas. En total, de los 19 millones 939 mil dólares, el 44.21 % del presupuesto fue dirigido al sector católico, el 12.50 % a protestantes y el 43.29 % asignado a la Universidad Católica Redemptoris Máter. Esta casa de estudios, fundada en 1992 por el fallecido cardenal Miguel Obando, quien fue aliado de Ortega hasta su muerte el año pasado, está bajo control de la familia del expresidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, quien ocupa el cargo de vicerrector académico. La rectora es su hermana Michelle Rivas Reyes y otra de sus hermanas, Carol M. Rivas Reyes, es directora de registro académico según la gaceta diario oficial del 15 de julio pasado.

La relación de Obando con los Rivas surgió hace más de treinta años. La madre de Rivas, Josefa Reyes Valenzuela, fue asistente del Cardenal y su familia mantuvo una amistad con el religioso que duró décadas. Al ser el presupuesto de la UNICA equiparable a todo el resto de las iglesias y templos del país, Ortega financió con fondos públicos a una institución educativa en la que también participa Rivas, señalado por la oposición de convertirse en el contador de votos del FSLN.

CONNECTAS solicitó una entrevista con las autoridades de la Universidad a finales de septiembre, pero la solicitud no fue respondida. La idea era abordar en qué invierten los fondos públicos que el gobierno ha mantenido en un promedio de 600 mil dólares cada año desde 2007. Rivas desapareció de la escena pública desde su salida del CSE, consecuencia directa de las sanciones impuestas por Estados Unidos en diciembre pasado cuando el Departamento de Estado lo acusó de «corrupción significativa».

«Como presidente del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua, con un salario del gobierno de $ 60,000 por año, Roberto José Rivas Reyes (Rivas) ha sido acusado en la prensa de acumular una riqueza personal considerable, que incluye múltiples propiedades, aviones privados, vehículos de lujo y un yate. Rivas ha sido descrito por un Contralor General nicaragüense como «por encima de la ley», y las investigaciones sobre su corrupción han sido bloqueadas por funcionarios del gobierno nicaragüense. También ha perpetrado fraude electoral que socava las instituciones electorales de Nicaragua», dice la resolución del departamento del Tesoro de EUA.

María Teresa Blandón, socióloga nicaragüense.

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LA DIVISIÓN ENTRE LÍDERES CATÓLICOS

El ejecutivo no se comportó como hizo con Obando con los otros miembros de la Conferencia Episcopal. Ortega intentó dividir a esa institución que es presidida desde 2005 por el Cardenal Leopoldo Brenes, el sucesor de Obando y líder de la Conferencia de los jerarcas católicos. Los obispos bajo el liderazgo del actual arzobispo se pronunciaron a favor de los derechos humanos, el Estado de derecho y el respeto a la institucionalidad en contraste con los intereses gubernamentales.

En el contexto de las protestas contra el gobierno, sacerdotes han recibido amenazas por respaldar a la población en sus demandas de justicia y democracia. El seis de octubre pasado, el Cardenal Brenes denunció esto en declaraciones al canal católico de Nicaragua. «Muchos sacerdotes no solo de la Arquidiócesis, sino también de otras Diócesis están en esta situación. A nosotros eso no nos preocupa», sostuvo el religioso.

El intento del gobierno por comprar sacerdotes fue denunciado desde finales de diciembre de 2012 por el Obispo Auxiliar de Managua, Silvio José Báez, hoy en Roma a pedido del papa Francisco, quien dijo públicamente que ofrecían dinero y prebendas para evitar la crítica desde los púlpitos. «Yo he tenido, y lo puedo denunciar, información de algunos sacerdotes que el gobierno les ha ofrecido dinero limpio para que lo usen, sin dar cuentas, a cambio de olvidar su conciencia y eso nos preocupa», afirmó el prelado al diario La Prensa en aquel tiempo.

La socióloga Blandón, autora de la investigación «Uso y abuso de Dios y la Virgen, su impacto en la vida de las mujeres nicaraguenses», afirmó que este gobierno no es ni socialista, ni cristiano, ni solidario como se autoproclama en la propaganda estatal. «No puede haber un gobierno cristiano por la sencilla razón de que el gobierno no es una persona. No encajan en los 10 mandamientos de la Ley de Dios que se construye o que constituye el núcleo de la moralidad cristiana», afirma.

De acuerdo con el presupuesto de la nación, la Catedral de León, un monumento histórico del país adonde se encuentra la tumba de Rubén Darío, recibió del erario 1 millón 65 mil 579 dólares entre 2007 y 2018. La Diócesis de León fue dirigida durante veinte años, hasta junio de 2019, por monseñor Bosco Vivas, a quien los opositores cuestionaron por evitar críticas públicas personales a Ortega en el contexto de las protestas desde abril del año pasado, aunque suscribió los textos de los obispos como grupo colegiado al demandar institucionalidad.

Caritas de la Arquidiócesis de Managua, cuyos documentos contables se encuentran bajo revisión del Ministerio de Gobernación según han publicado los diarios nicaragüenses, recibió 506 mil 724 dólares. En los primeros diez puestos, de los beneficiados, figura la Iglesia La Merced con 231 mil 655 dólares. El párroco de este último templo es el sacerdote Antonio Castro, el mismo que participó en la jornada de oración por la paz el año pasado.

«No sólo es a los templos católicos también es a las organizaciones evangélicas, etcétera. El gobierno desde hace mucho tiempo destina presupuesto para las catedrales como la de León que los feligreses no van a poder (mantener) ese edificio», explica monseñor Carlos Avilés, vicario general de la Arquidiócesis de Managua.

A criterio del exdiputado opositor Enrique Sáenz, el gobierno ha seguido una estrategia de «manipulación de la religiosidad popular, las religiones y la jerarquía utilizando la vía presupuestaria, el discurso cargado de frases bíblicas, dividir la jerarquía católica y otorgar concesiones a connotados pastores evangélicos».

«La pareja presidencial aparece como grandes conversos religiosos, y pretenden pasar de cometer delitos de lesa humanidad (durante las protestas de abril del año pasado) a ser catequistas. Ortega dice en algunos de sus discursos «Dios quita reyes y pone reyes», eso va directo a la mente de gente sencilla que asocia eso que dice con la frase bíblica y entonces el origen del poder (del gobernante) se convierte en divino», explica.

Las posturas públicas de religiosos, apuntalando la imagen de Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo en momentos de crisis, son el resultado de una estrategia calculada del presidente nicaragüense con la que se ha granjeado el apoyo de sectores católicos y evangélicos.

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A UNOS CON DINERO Y A OTROS CON PERMISOS

La legalización de terrenos para los protestantes y la aprobación de nuevas fundaciones religiosas en el Parlamento son parte de la estrategia gubernamental con el sector evangélico. En total, se crearon 1 mil 32 organizaciones evangélicas desde 2007 según información oficial del diario La Gaceta. El propósito de las mismas es «construir iglesias para predicar el evangelio de nuestro señor Jesucristo», acorde con los estatutos. De otras 68 organizaciones legalizadas por el poder Legislativo, adicionales a las evangélicas en el período 2007-2018, 33 correspondieron a católicas, 25 adventistas, cinco bautistas, una islámica, una krishnaismo, otra taoísta, una mixta y una judaista, conforme a esta investigación periodística. Estas fundaciones le permiten tener una estructura legal para gestionar recursos.

El segundo secretario de la junta directiva de la Asamblea Nacional, el diputado sandinista Wilfredo Navarro, ha promovido la legalización de 53 fundaciones evangélicas por separado. «Apoyo todo lo que es bueno para el país y si estás haciendo el bien y desarrollando el país te voy apoyar. Eso no tiene nada que ver, no es un compromiso con los evangélicos, así como apoyamos a la católica se apoya a la iglesia evangélica, pero si hacemos un balance el mayor apoyo era para la iglesia católica y ahí está en los presupuestos», les dijo a periodistas para esta investigación.

Otros colegas de Navarro en la Asamblea Nacional, que promueven también la legalización de organizaciones evangélicas en el país, son los sandinistas Filiberto Rodríguez, Juan Ramón Jiménez y Carlos Emilio López con 50, 45 y 39 en sus gestiones respectivas. Sumado a eso, públicamente, el Parlamento entregó en septiembre pasado un reconocimiento público a 41 pastores por «su aporte a la promoción de la paz desde la Biblia», lo que fue celebrado por la vicepresidenta Murillo en los medios oficialistas.

lideres evangélicos nicaragüenses
Legalizaciones. Un sector de los líderes evangélicos se siente agradecido con el gobierno, porque aseguran que les ha cumplido sus promesas.

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EVANGÉLICOS AGRADECIDOS CON ORTEGA

Un fuerte sector de los líderes del sector evangélico ha manifestado agradecimiento con el gobernante sandinista. El reverendo Neftalí Cortez, quien dijo que como comunidad religiosa viven en oración permanente por los gobernantes de Nicaragua, asegura que han crecido por la apertura de la actual administración. «Nosotros en 2007 tuvimos la presencia del comandante y apoyamos su candidatura con una promesa que hizo a las iglesias evangélicas que iba a crear la Plaza de la Biblia, la cual cumplió y también iba a dar apertura a las iglesias en muchas formas», añadió.

Cortez preside el Concilio Nacional de Iglesias Evangélicas de Nicaragua, cuya organización ha recibido 341 mil 262 dólares desde 2007 hasta 2018. En la repartición del presupuesto, no sobresalen templos particulares, sino asociaciones de pastores que han sido reconocidos por la población como cercanos al ejecutivo durante los últimos años: La Asociación de Capellanes Cristianos Evangélicos le asignaron 253 mil 510 dólares; las Iglesias de la Región Autónoma del Atlántico Norte y Atlántico Sur con 373 mil 805 dólares; la Fundación El Camino del diputado del Parlamento Centroamericano, Guillermo Osorno, con 155 mil 395 dólares; la Alianza Evangélica de Nicaragua con 131 mil 836 dólares; la Sociedad Bíblica de Nicaragua con 127 mil 765 dólares; la Red Nacional para la Fundación de Iglesias con 76 mil 570 dólares; El Concejo Nacional de Pastores Evangélicos de Nicaragua 72 mil 672 dólares; La Iglesia Evangélica El Mesías con 55 mil 539 dólares y el Centro de Adoración Familiar sumó 46 mil 194 dólares.

Desde 2007 hasta marzo de 2018, la iglesia evangélica aceptó además de la Procuraduría General de la República la legalización de 853 propiedades para «la construcción de templos». Según Fidel Moreno, secretario general de la Alcaldía de Managua, quedaron pendientes de tramitar entonces dos mil solicitudes. No se tienen detalles de dónde están ubicadas ni el costo que podría tener cada propiedad.

«Hay pastores prominentes que han utilizado esa prominencia para entrar en contubernio con el régimen», explica el exdiputado Sáenz, quien considera que el financiamiento a las iglesias no solo sale del presupuesto sino también de «los fondos que se les asignan a los diputados». Se trata de una partida de aproximadamente 1. 1 millón de dólares que es entregada cada año para obras sociales y que es repartida a un promedio de 12 mil dólares por cada legislador. Son 92 diputados los que tiene el Parlamento.

«Los evangélicos cobraron su propia cuota porque dijeron: bueno, pero qué es esto ustedes (al gobierno) no pueden tener privilegios solo para la iglesia católica entonces pusieron a (reverendo) Miguel Ángel Casco en la Procuraduría de los Derechos Humanos. Otros carguitos a otros y les dieron dinerito a algunos pastores evangélicos, para que más o menos se contentaran y también de vez en cuando los ponían en la tarima (presidencial), aunque no aparecían públicamente», afirmó la socióloga Blandón.

Las iglesias. Este es el número de asociaciones religiosas aprobadas por la Asamblea Nacional, un poder del Estado de mayoría sandinista.

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RELIGIÓN Y MISTICISMO, LA MEZCLA DEL PODER EN NICARAGUA

El estilo del gobierno de Nicaragua está caracterizado por una mezcla de religiosidad y el misticismo atribuido a la vicepresidenta Rosario Murillo. Un día se le puede escucharse a ella, en los medios oficialistas, anunciar los «tiempos de victoria» bajo la guía de Dios y en otro sus funcionarios, o sus hijos, pueden participar en celebraciones católicas y evangélicas. Son acciones que, a criterio de Blandón, «no le corresponde al Estado porque son celebraciones de la iglesia católica».

«Hay muchísimos, muchísimos funcionarios de este gobierno que actúan como si fueran pastores evangélicos. También le están haciendo la competencia a la iglesia católica por los siervos, por las almas, por los corderos a los cuales van a pastorear. Se han convertido en una especie de pastores evangélicos desde el propio Estado y utilizando para ello los recursos públicos», insiste Blandón.

La repartición de los fondos públicos según el tipo de iglesia, según lo dispuesto por el gobierno, entre 2007 y 2018. Infografía: Luis González.

La última misión religiosa que los Ortega encomendaron a un funcionario público fue la del diputado Carlos Emilio López, enviado para instalar 10 mil comisiones de paz y reconciliación a nivel nacional como una medida de respuesta a la crisis surgida por la represión estatal el año pasado. En esos grupos, participan los simpatizantes políticos del FSLN incluyendo pastores evangélicos. El principal problema es que la violencia contra la ciudadanía continúa. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos sigue denunciando la falta de garantías reinante en el país. En un video publicado en las redes sociales, el legislador López clama por la paz y la reconciliación, pero sin mencionar una sola palabra sobre los 328 asesinados en el contexto de las manifestaciones. El funcionario está en Wiwilí, en el departamento de Jinotega al norte nicaragüense, y, mientras le dice a la población que deben comprometerse a seguir los lineamientos del «Maestro», en referencia a Jesús, un grupo de simpatizantes sandinistas juntan sus manos como símbolo de unidad.

La pareja presidencial de Nicaragua exalta sus vínculos con Dios en las actividades públicas. El 19 de julio pasado, durante el 40 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, Ortega reúne a un grupo de reverendos y sacerdotes con Antonio Bolainez, asesor en temas religiosos del expresidente estadounidense Barack Obama y el reverendo Ralph Drollinger, guía espiritual del gabinete de Donald Trump. Según una investigación del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, publicada en agosto pasado, a este último Ortega lo invitó para que instaure un ministerio en su gobierno. Públicamente de ese tema no hablan ante los simpatizantes congregados para la celebración de la caída de Somoza. Viéndolos a los religiosos juntos, el gobernante saluda a sus simpatizantes como el orador principal de la actividad. Luego el gobernante dice sobre su visión de la religión: «católicos y evangélicos compartimos, porque desde niño me formé en el catolicismo, y aprendí a lo largo del tiempo que, entre católicos y evangélicos, hay un punto de unidad y es ¡Cristo!». Simpatizantes y religiosos lo aplauden.

Para ver los aportes económicos a las diferentes denominaciones religiosas vea acá: Los millones de la fe: la inversión del Estado de Nicaragua


*Este reportaje hace parte de NICARAGUA.CONNECTAS.ORG, un espacio para contar al país centroamericano en un contexto adverso para la libertad de expresión.

Los niños que no tienen qué comer

Fotografía de Ángel Gómez

Selena amamanta a su hijo Josué, un bebé de nueve meses que se afianza al pecho de su madre. Selena cuenta que desde que su hijo nació, en diciembre de 2018, al niño le ha costado ganar peso y ha crecido poco.

Josué es un bebé pequeño, sus manitas, sus piernas y su cuerpo aparentan las de un niño de tres meses. Y su peso y tamaño, están de la edad de dos meses, ya que apenas alcanza las 8.81 libras cuando debería llegar a las 19. Selena dice que el diagnóstico de su hijo, desde hace cuatro meses, es desnutrición severa.

La desnutrición crónica o severa, es una condición que se genera debido a la escasez de vitaminas y nutrientes en el cuerpo, como el hierro, yodo, vitamina A, ácido fólico y proteínas. Esta condición genera en los niños la falta de crecimiento según su edad, afecta su capacidad intelectual y puede propiciar el desarrollo de otros padecimientos.

La Unidad de Seguridad Alimentaria y Nutricional del Ministerio de Salud (MINSAL), registró en 2018, a través del Sistema Morbimortalidad y Estadísticas Vitales- SIMMOW, 10,959 casos por desnutrición crónica e identificó que son los niños y niñas menores de cinco años la población más vulnerable. De los diez mil casos reportados, 8,962 corresponden a menores de cinco años.

Y sobre los casos correspondientes a este año, el MINSAL ha consolidado de enero a agosto de 2019, 5,880 reportes de niños con desnutrición crónica.

Selena asegura que con la llegada de Josué, ahora son 12 miembros en la familia. Por el momento, es su padre quien ayuda con los ingresos mensuales al trabajar como asistente de albañilería en San Salvador. Su salario de $200 mensuales cubre apenas los gastos para la alimentación.

Un sueldo que según Selena alcanza para los huevos, aceite, frijoles, arroz, azúcar, y café. Lo demás, su familia lo consigue de la cosecha de maíz y de la crianza de una o dos gallinas que puede dar para más huevos o «una sopita».

Según el el MINSAL, el problema de la desnutrición crónica prevalece en las familias con escasos recursos económicos y pocas condiciones para su desarrollo, como el acceso a agua potable, letrinización, higiene en los alimentos, vivienda, entre otros factores.

«La comida la compramos por poco, por poquito, porque no hay chance de comprar en grandes cantidad. No nos faltan los frijoles con arroz, y un par de huevitos», dice Selena.

La Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) asegura que para el desarrollo humano y la seguridad nutricional, es necesario el acceso físico, social y económico a los alimentos que satisfacen las necesidades diarias de la población.

En el caso de Selena, una madre soltera, sin empleo y dedicada al hogar, su alimentación y la de Josué depende de la ayuda económica que le den sus padres. Y al ser parte de un grupo familiar grande, la comida se raciona entre 10 personas.

“La desnutrición crónica en los primeros dos años vida trae un daño irreversible en el crecimiento del niño. Su talla se ve afectada y este es un aspecto que no se puede recuperar. Si un niño dejó de crecer dos centímetros en sus primeros dos años de vida, el menor ya no lo recuperará. Otras de las secuelas, es el daño al sistema inmunológico para combatir enfermedades e infecciones”, Elda Carolina Guerra, nutricionista y colaboradora técnica de la Unidad de Seguridad Alimentaria y Nutricional del MINSAL.

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La casa de Selena se encuentra en la zona rural del cantón El Jícaro, al sur del municipio de Tacuba, departamento de Ahuachapán. Para llegar hasta su comunidad, hay que atravesar una zona montañosa, andar por unas calles que aún no están pavimentadas y cruzar un río que en la época lluviosa crece e impide el paso.

Su hogar, es una pequeña casa de adobe, con tres cuartos y tres camas donde duermen más de dos personas apretujadas; con una cocina que está rodeada por pequeños cultivos maíz y chipilín.

La última encuesta nacional de salud, que identifica la situación nutricional de la niñez, por medio del Censo de Tallas en escolares de primer grado, indicó que en 2016, los departamentos más afectados por la desnutrición crónica fueron: Ahuachapán, Morazán, Sonsonate, Cuscatlán y la Paz.

Elda Carolina Guerra, nutricionista y colaboradora técnica de la Unidad de Seguridad Alimentaria y Nutricional del MINSAL, explica que desde el sistema de salud, el tratamiento por desnutrición crónica depende de la gravedad de los casos y de dónde la madre ha solicitado la atención.

Si el caso es identificado por un promotor de salud, el niño deberá ser referido a la Unidad de Salud o Eco Familiar de la comunidad, donde se determinará por medio de dos especialistas, un pediatra y un nutricionista, el grado de desnutrición del menor. De no padecer otra enfermedad, el niño quedará en control ambulatorio en la Unidad o Eco Familiar.

Pero si los niños enfrentan otras complicaciones de salud debido a la desnutrición, los pequeños serán referidos a los hospitales nacionales para un tratamiento de recuperación que puede variar de tres a seis meses.

«La desnutrición crónica en los primeros dos años vida trae un daño irreversible en el crecimiento del niño. Su talla se ve afectada y este es un aspecto que no se puede recuperar. Si un niño dejó de crecer dos centímetros en sus primeros dos años de vida, el menor ya no lo recuperará. Otras de las secuelas, es el daño al sistema inmunológico para combatir enfermedades e infecciones», explica Guerra.

Debido a su condición, Josué no ha crecido lo suficiente y, a su edad, ya ha sufrido complicaciones por la desnutrición, hace unos meses tuvo neumonía por sus bajas defensas.

«Al niño le gusta mucho el pecho», dice Selena. Y, mientras sostiene a su hijo, muestra la cartilla de control que le han dado en el Eco Familiar de la comunidad.

En el gráfico de crecimiento de su cartilla de control, Josué está en la curva DS (desnutrición severa). Desde hace cuatro meses, Josué se mantiene en el mismo punto, no desciende y tampoco sube de los 4 kilogramos.

Esta tendencia, según su cartilla de control, apunta a que su tratamiento no es el adecuado.

Selena asegura que en el Eco Familiar, a Josué lo han tratado con hierro. Mientras que a ella le han indicado que debe de «alimentar bien» a su bebé.

Fotografía de Ángel Gómez

«Para el desayuno me dijeron que le esté dando un suplemento nutricional que contenga hierro, zinc, ácido fólico, harina de maíz y soya y lo acompañe con guineo y de refrigerio de las diez, un puré de zanahoria y para el almuerzo pollo, luego plátano para las tres de la tarde y en la cena frijoles licuados y pipianes con crema», cuenta Selena.

David Sandoval, promotor de salud de los cantones El Jícaro y El Carrizal de Tacuba, asegura que el caso de Josué es uno de los más delicados de la comunidad. También dice que el problema de la desnutrición severa es muy común en los niños de la zona. Luego de 16 años de trabajar y vivir en lugar, asegura que anualmente identifica, al menos, a 12 niños con este problema.

«Aquí a la gente solo se le dice cómo puede hacer para alimentar a su hijo. Se le dan recomendaciones; pero aquí, la realidad es que la gente sobrevive a la gracia de Dios», expresa Sandoval.

De acuerdo, con Michelle Tobar, doctora del Eco Familiar del cantón El Jícaro, uno de los problema en este sector de Tacuba, es de que las familias se enfrentan a una pobreza extrema y las madres tienen a su cuidado hasta a diez hijos, lo que hace aún más difícil la ración de alimentos para los niños.

«Acá, las madres, a veces, se presentan al Eco Familiar con su doceavo embarazo y una ‘cola’ de niños desnutridos. La mayoría de niños menores de tres años acá van con tendencia de desnutrición. Erradicar esta condición en este cantón es muy difícil por los recursos económicos, acá la gente se alimenta de lo que hay», dice Tobar.

Debido a la desnutrición severa de Josué, el niño ha sido referido al Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom para su control.

Selena, explica que, por el momento, los doctores del Hospital Bloom atienden a Josué por su padecimiento de hidrocefalia. Aún el niño no ha sido atendido para controlar su problema de nutrición.

Para conocer sobre la atención médica que brinda el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom, a los niños con problemas de desnutrición severa, se solicitó una entrevista a través de la unidad de comunicaciones con el director del hospital, pero hasta el cierre de este reportaje, no se concretó una entrevista.

Al caso de Josué también se suma el de Rubén y Henry, dos niños que sufren de desnutrición severa, y que a diferencia de Josué han sido internados por una organización no gubernamental para tratar su problema.

Atención. El promotor de salud del cantón El Jícaro, en el municipio de Tacuba, asegura que la desnutrición severa es muy común en los niños de la zona.

Rubén es un niño de un año y cinco meses que pertenece al cantón de Cara Sucia, municipio San Francisco Menéndez, del departamento de Ahuachapán. En una mañana de inicios de octubre, Rubén recibe su fisioterapia para recuperar la movilidad y superar su retraso motor.

Su fisioterapista lo pone en su andadera para que pueda dar pasos y saltar. Luego viene la terapia del habla. Debido a su condición de desnutrición severa, Rubén no ha podido decir sus primeras palabras. Su doctor asegura que es parte de las secuelas por su problema de nutrición.

Rubén está internado en una organización que ayuda a los niños y niñas con problemas de desnutrición severa en San Salvador. Desde hace cuatro meses, el 27 de mayo de 2019, el pequeño fue ingresado para su recuperación y reside en la fundación.

Su madre una joven de 22 años, ha llegado un sábado para ver a Rubén, aunque los días de visita son los jueves, Ana María ha decidido llegar ese día para poder celebrar junto a su hijo el día del niño. Su presupuesto solo le alcanza para viajar un día a la semana a San Salvador.

Ana María cuenta que al año de nacido, Rubén no subía de peso y tampoco crecía. El niño a los doce meses vomitaba todo lo comía. Y fue, por una complicación en los bronquios que la joven se enteró que su hijo enfrentaba problemas de desnutrición.

Recursos. La desnutricióncrónica prevalece en las familias con pocas condiciones económicas.

Rubén fue diagnosticado, a principios del 2019, con desnutrición severa y fue referido inmediatamente por la Unidad de Salud de Cara Sucia a la Fundación Vínculo de Amor.

La madre de Rubén cuenta que el proceso ha sido difícil ya que lleva separada de su hijo cuatro meses. Sin embargo, considera que es la opción más oportuna debido a que ella y a su esposo, no tienen los recursos para su dieta de recuperación.

El programa de nutrición para los niños y las niñas consiste en leche de fórmula, carnes rojas, pollo, pescado, papillas de frutas y verduras que contengan yodo y hierro.

Xiomara Ocho, doctora de la Fundación Vínculo de Amor, detalla que en 2019, la organización ha atendido 34 niños por desnutrición severa. Asegura que la mayoría de casos vienen referidos de hospitales nacionales y unidades de salud, luego que, los promotores, doctores y enfermeras «han identificado que el niño se ha estancado en el peso y no ha presentado mejoría en su recuperación».

En 2018, el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASAN), lanzó la Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (2018- 2028), tras identificar que la desnutrición crónica, el incremento del sobrepeso y la obesidad y las enfermedades crónicas se deben a los problemas de malnutrición en la sociedad salvadoreña.

En 2018, el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASAN), lanzó la Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (2018- 2028), tras identificar que la desnutrición crónica, el incremento del sobrepeso y la obesidad y las enfermedades crónicas se deben a los problemas de malnutrición en la sociedad salvadoreña.

De acuerdo con la Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, el Estado trabajará con los gobiernos locales, instituciones públicas y comunidades para mejorar «progresivamente» la disponibilidad de alimentos a la población y se trabajará en la atención integral para la nutrición de los salvadoreños.

Sin embargo, al consultar al CONASAN sobre los avances de la política e implementación de programas para la atención integral en la nutrición, no se obtuvo ninguna respuesta. Se intentó agendar una entrevista con la directora ejecutiva, Daysi de Márquez, pero hasta el cierre del reportaje no se consignó un espacio en su agenda.

El papá de Henry también ha llegado a la celebración del día del niño en San Salvador. Henry es un bebé de nueves meses que pesa las 12.63 libras y aparenta la edad de un niño de seis meses.

A su edad, Henry debería de pasar las 19 libras. Por esta razón, desde septiembre, él ha ingresado al programa de nutrición de la fundación. Debido a su poco peso, los músculos Henry son débiles y no puede gatear.

Alexander, su padre dice que ha madrugado para poder llegar a las 9:00 de la mañana hasta esta parte del centro de San Salvador. Salir desde el cantón San José Primero, en San Martín, le lleva alrededor de unas tres horas.

Nutrición. El país, por el momento, no cuenta con un programa de atención nutricional para los niños menores de cinco años.. El país, por el momento, no cuenta con un programa de atención nutricional para los niños menores de cinco años.

Cuando Alexander habla sobre las causas de la desnutrición de Henry, explica que a pesar de sus esfuerzos tiene problemas para conseguir un empleo. Su ingreso mensual es de $40. Un sueldo que debe alcanzar para su esposa, su otro hijo de siete años y su bebé de nueve meses.

Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), asegura que en la lucha contra la desnutrición infantil, los gobiernos deben reforzar el trabajo de prevención, realizar intervenciones durante los 1.000 días del embarazo y atender a los niños de manera integral en los primeros dos años de vida.

En el caso de Rubén y Henry, se estima que su recuperación se dé en unos cuatro meses o más. En ese tiempo, la fundación instruye a la familia para que se adecue el hogar de acuerdo a sus recursos y puedan recibir a los pequeños en un mejor ambiente.

La realidad de Josué es otra. Selena es madre es soltera y en su hogar, las mujeres se dedican a atender los hijos. Así que a falta de un programa de nutrición que atienda su hijo, una organización local de Tacuba, ayuda a Selena con la compra de un suplemento nutricional que contenga hierro, zinc, ácido fólico, harina de maíz y soya para recuperar a Josué.

Sin ello, Selena depende de los ingresos de su padre y de la cosecha para alimentar a su hijo.

Recuperación. Seis niños se recuperan de la desnutrición severa. Una organización no gubernamental ayuda a su tratamiento nutricional.

El rompecabezas de nuestra historia

Por asuntos de trabajo, me ha tocado hacer una investigación que me obliga a repasar y profundizar en la historia salvadoreña de los últimos 50 años, un período importante y determinante para el país, que involucra sucesos políticos, catástrofes naturales, la guerra y la posguerra, con todas sus causas y consecuencias.

Es un trabajo interesante pero también agotador. Es fascinante reconstruir la narrativa histórica nacional y darse cuenta de cómo las decisiones o la desidia de los gobernantes, los políticos y la sociedad en su conjunto, se fueron acumulando hasta arrastrarnos a consecuencias inimaginables. Por ejemplo, la falta de atención y reparación adecuada de los daños del terremoto de 1965 a la infraestructura afectada en aquel entonces, fue uno de los antecedentes por los cuales los daños del terremoto de 1986 en el centro de San Salvador fueron tan grandes. Estructuras viejas y averiadas, que sólo recibieron renovaciones cosméticas se desplomaron, borrando o inutilizando muchos de los edificios emblemáticos del centro de la ciudad.

No es posible dejar de conmoverse o indignarse ante varios eventos históricos y el manejo que se ha hecho de los mismos. Pero quizás lo más desconcertante es darse cuenta de la enorme cantidad de carencias de las fuentes investigativas con las que se cuenta en el país.

Quienes nos vemos en la necesidad de hacer trabajos de investigación debemos convertirnos en auténticos detectives, no sólo para cotejar y verificar fuentes y versiones, sino sobre todo para rastrear y encontrar la documentación que se necesita. Esto es alarmante si se piensa que se trata de la historia contemporánea reciente. Mientras más antiguos sean los documentos que se buscan, más compleja y extensa se torna la investigación y más brumosa se torna la realidad.

Hay grandes vacíos de información y de documentos que respalden, analicen y sirvan para comprender nuestro devenir social. Nos hemos tragado las versiones oficiales de nuestra historia, sin tomarnos la molestia de cuestionar, verificar o ahondar en ellas, poniéndonos en riesgo de ser manipulados ideológicamente, según conveniencias coyunturales.

Esto obliga al investigador a consultar numerosas fuentes para terminar con fragmentos que se deben armar, como un rompecabezas. Es parte de la tarea, claro, pero en El Salvador las dificultades para ello se multiplican. Aparte de la dispersión y escasez de fuentes, uno de los problemas es el estado de conservación del material bibliográfico y documental, archivos visuales (fotográficos o filmados) y archivos sonoros (entrevistas, discursos, programas de radio, etc.). Muchos están en deterioro y no han recibido restauración alguna, o no son mantenidos en las condiciones adecuadas, sufriendo el peligro de perderse para siempre. Vea cualquiera el video de la firma de los Acuerdos de Paz en Chapultepec y sabrá a lo que me refiero.

Cuesta encontrar documentos en sus versiones íntegras. Ya que estamos con el ejemplo, un documento vital como los Acuerdos de Paz completos, que consta de 98 páginas, no es fácilmente localizable en internet. Lo cual nos lleva al problema del acceso y la digitalización. Hay escasas iniciativas por digitalizar el patrimonio documental y ponerlo a disposición de la población. Muchas instituciones carecen del equipo, el financiamiento y el personal para realizarlo de la mejor manera, pero también da la impresión de que hay personas que prefieren que los documentos se pierdan o los guardan con un celo mezquino incomprensible, sin tomar en consideración que la documentación histórica de un país no puede ser privilegio de unos cuantos. Dicha documentación es parte de nuestro patrimonio cultural material e inmaterial y tiene un valor que trasciende lo económico y lo ideológico.

Igual de valiosas son las fuentes vivas, personas que vivieron y fueron partícipes o testigos de momentos fundamentales de nuestra historia, que guardan no sólo recuerdos importantes, sino que también, a veces, conservan objetos, recortes de periódicos, cartas, diarios y otros materiales que por ser personales se consideran subjetivos pero que pueden contribuir a complementar las narrativas oficiales o académicas y dar un color humano a los sucesos.

Dentro de este contexto, hay instituciones que llevan adelante iniciativas de carácter independiente, cuyo trabajo tampoco es valorado en toda su magnitud. El Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), las bibliotecas y centros de documentación de universidades e instituciones independientes, como la UCA y FUNDASAL (que, por cierto, alberga documentación valiosa sobre uno de los temas menospreciados del país: la vivienda, y en particular, la vivienda popular y asentamientos humanos), son algunos ejemplos. Recordemos la inundación que sufrió la Biblioteca Nacional a fines de abril de este año y la afectación de cientos de periódicos y otros documentos que fueron rescatados de manera oportuna gracias a las diligencias de su director, del personal y de grupos de voluntarios que apoyaron dicha labor. Este tipo de riesgos y peligros son una amenaza real permanente a nuestro acervo cultural.

Todas estas carencias terminan reflejadas en la evidente subestimación y desprecio de la importancia de nuestra historia, de la construcción de una narrativa objetiva y equilibrada de la misma, no sólo para comprender cómo los vaivenes de nuestro quehacer a lo largo del tiempo han marcado y determinado buena parte de los eventos que nos atormentan en el tiempo presente, sino también para comprender en qué consiste y de dónde proviene lo que consideramos nuestra salvadoreñidad.

Es imprescindible pensar en fundar instituciones, desde la sociedad civil, que financien y fomenten la investigación, la preservación y digitalización del patrimonio documental, así como la redacción y publicación de estudios y ensayos que ahonden en nuestro pasado, de manera veraz, objetiva y no ideologizada.

También se necesita fomentar los estudios humanísticos a nivel universitario y de bachillerato, para crear ciudadanía crítica, pensante y con capacidad de análisis, que sepa discriminar y reconocer los vacíos, contradicciones y peligros en la narrativa manipulada de las versiones de nuestra historia, que venimos tragando pasivamente desde antes de la guerra.

Quizás así podamos tener, algún día, un cuadro realista y equilibrado de lo que por ahora continúa siendo el rompecabezas de nuestra historia nacional.