El encarcelamiento no hace que nuestras comunidades sean más seguras

Eddie Bocanegra, Experto en prevención de violencia.

Eddie Bocanegra trabaja en la prevención de violencia y en cómo abordar los traumas que esta genera. Su historia lo ha llevado a enfocarse en las comunidades que más sufren la violencia en Chicago, la ciudad estadounidense más poblada del estado de Illinois. Desde 2017 es el director senior del programa READI Chicago, de la organización Heartland Alliance, donde le apuesta a construir una sociedad segura y con oportunidades.

Es hijo de padres migrantes, originarios de Nuevo León, en México, que se instalaron en La Villita, una comunidad de Chicago. Eddie creció en medio de vecinos, quienes en su mayoría también eran migrantes mexicanos y que, como sus padres, trabajaban en varios oficios para sobrevivir. En su comunidad conoció a las pandillas. Se les unió a los 14 años, justo un año después de haber visto el asesinato de un joven. Dice que consideraba que las pandillas tenían un «orgullo y autoestima grande», y pensó que en ellas podía encontrar voz y respaldo.

En 1994, a sus 18 años, fue condenado a 29 años de cárcel por homicidio, pero, para entonces, la ley establecía que podía cumplir solo la mitad de su condena. Pasó detenido 14 años y tres meses. En prisión, Eddie estudió bachillerato y también recibió diversas clases, como cocina y arte. Al salir, aceptó el trabajo de «interruptor» de violencia en poblaciones adultas de Chicago, como parte del programa CeaseFire. Su experiencia, junto a la de otros dos como él, fue retratada en el documental The Interruptors. Además, estudió una licenciatura en economía en la Universidad Estatal de Luisiana, una licenciatura en trabajo social en la Universidad del Noroeste de Illinois y cursó la maestría en trabajo social en la Universidad de Chicago.

“Yo ahorita estoy manejando un programa de $20 millones. He atendido clases en una de las mejores universidades, he hablando en las Naciones Unidas, he cumplido. Soy papá de cinco niñas, pero todo eso es porque gente me dio apoyo, porque la gente me miró y no se enfocó en el error que hice, sino en la potencia que tenía para hacer algo diferente”.

Eddie ha liderado varios programas de prevención de violencia, de lucha contra la desigualdad social y a favor de la reinserción de las personas que estuvieron en la cárcel. Actualmente es miembro del comité del Consejo de Liderazgo de Justicia Juvenil y de la junta de la Iniciativa de Justicia Juvenil, ambos de Illinois, y es administrador del Consejo de Justicia Criminal.

Entre el 30 de septiembre y el 4 de octubre, conoció El Salvador. Visitó el penal de Apanteos, en Santa Ana, y el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Niñez y la Adolescencia. También se reunió con diferentes representantes del sistema penitenciario, con 12 empresarios del consejo empresarial de la agencia internacional Catholic Relief Services, con estudiantes de psicología de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de la Academia Nacional de Seguridad Pública, y con el grupo Constructores de Paz, de la micro región El Bálsamo, para conocer sobre la reinserción social y rehabilitación que, acá, mínimamente se realiza.

Su percepción del sistema penitenciario salvadoreño -el segundo con más presos en el mundo- es que carece de recursos para rehabilitar. A esto le suma que no existe comunicación entre los sectores sociales que pueden potenciar la reinserción, y que hay gente que, en las cárceles, quiere sanar, pero no sabe cómo hacerlo.

Más que un lugar donde se restringen los derechos civiles de una persona, ¿qué debería significar una cárcel?

Ha habido bastantes estudios que dicen que encerrar a la gente no va a causar que tu comunidad sea más segura. También sabemos que no hay ningún beneficio para la sociedad encerrar a la gente y solamente encerrarla, porque la persona va a salir de un punto por otro. Me imagino que estás en tus 20. El día de mañana, si Dios quiere y si tú quieres, vas a tener un hijo. ¿Te imaginas si ahorita una persona cae presa y el juez dice: «Te vamos a sentenciar a 30 años, 25 años», y mañana tienes un hijo? Esa persona va a salir en 25 años. Tu hijo va a tener 25 años. Tú ya vas a tener como 50. La persona que va a pasar por más, que va a tener que lidiar con las consecuencias, va a ser tu hijo.

Estados Unidos ahorita es el país que más encarcela personas en todo el mundo. Yo creo, si no estoy equivocado, que el segundo país es El Salvador. Hemos hecho un gran error, porque las políticas, las leyes que se construyeron en los 60’s, en los 70’s, en los 80’s, fueron, muchas veces, a base del racismo. Es por eso que en las cárceles de los Estados Unidos se ve a mucha gente de raza negra y de raza latina, pero en estos últimos ocho, nueve años, 10 años, el Gobierno americano ha reconocido que no podemos ya encerrar a más gente, que no es un buen retorno de inversión ni nada bueno sale de eso, porque el 95 % de la gente va a salir para atrás. 95 % de la gente en el estado de Illinois sale. Los datos los tengo porque siempre estoy diciendo eso.

Fotografía de Ángel Gómez

¿A qué me refiero? Si no hay ningún recurso y si solamente las personas están sentenciadas en la cárcel con 10, 20, 30 años como castigo, no van a salir bien. Van a salir más traumadas de lo que entraron. Diría que si el Gobierno está corriendo las penitenciarías, las cárceles, como si fueran un negocio, el Gobierno está invirtiendo de una manera que no le va a dar nada. Es un negocio que va a caer en bancarrota, tarde o temprano. La gente que está en las cárceles no es gente que viene de comunidades como Santa Elena (Antiguo Cuscatlán), viene de comunidades como la IVU.

En mayo del año pasado, según la cadena de noticias BBC, en Estados Unidos, había 2.16 millones de personas presas en cárceles federales y locales. Por cada 100,000 habitantes hubo 655 encarcelados. Mientras que El Salvador, a inicios del año pasado, era el segundo país con más reos, con un total de 39,274. Es decir, que por cada 100,000 habitantes tuvo a 614 detenidos, de acuerdo con un informe de World Prison Brief que citó la cadena de noticias.

Cuando salió de prisión, ¿qué fue lo que le motivó a usted para trabajar con comunidades vulnerables a la violencia y también apostarle a la reinserción social?

Antes de que saliera de la penitenciaría, estuve tomando clases. Traté de hacer todo lo posible con los recursos que se me estaban ofreciendo, y el último año, antes que saliera, como en 2007, a principios de 2008, comencé a escribir planes de negocios. Dije «voy a vender, voy a poner un puesto pequeño, afuera, en la calle y voy a vender hot dogs. Y los voy a vender enfrente de la cárcel» (que estaba por mi casa, por donde yo crecí, que es una comunidad que se llama La Villita, porque en el lugar, en Chicago, hay casi 80 % de mexicanos). En esa comunidad está una de las cárceles más grandes en Estados Unidos, que se llama Cook County Jail. A la misma vez dije «yo quiero ver la manera de cómo ayudar a otra gente, especialmente a otros jóvenes». Y afortunadamente, uno de mis primos en ese tiempo, y todavía sigue, era un oficial de seguimiento de libertad condicional juvenil. Cuando le dije «primo, quiero hacer esto». Me dice «ok, ¿sabes qué? Hay un programa donde yo mando mucho a mis jóvenes, a lo mejor tú puedes ser un mentor». Yo dije «ah, está bien». Comencé ahí de voluntario como por tres meses, hasta que finalmente una persona de CeaseFire, un programa contra la violencia, pero enfocado más a los adultos, no en los jóvenes, dijo: «Hey, Eddie, tengo un trabajo para ti». Yo le dije «está bien». La semana que sigue, otra vez, me veo con los jóvenes, me dice «hey, tengo un trabajo para ti». Le dije «yo no quiero hacer lo que están haciendo ustedes. Yo estoy bien», porque me estaba alistando también en la escuela. Y al tercer mes, como al mes después, me dice «¿por qué no quieres hacer eso? Te estoy dando un trabajo, te voy a pagar por lo que estás haciendo ahorita. La misma cosa te voy a pagar». Ya para entonces dije «sería bueno que llegara el trabajo para ayudarle a mi primo» (con el que me estaba quedando, en su casa). Tomé el trabajo y trabajé ahí por tres años y medio, como interruptor de violencia.

Es más, hay un documental que se llama The Interruptors, que ganó muchos premios, muchos reconocimientos internacionales, y ese documental me dio la plataforma de seguir esa carrera. Aparte de eso, saqué mi maestría en la Universidad de Chicago, que es una de las mejores universidades en Estados Unidos, y eso también me dio otra plataforma de no hacer una historia solamente, sino que tener esas credenciales para decir que una persona como yo puede superarse.

¿Cuál es la importancia de que en uno de los países más violentos como El Salvador exista cohesión entre las instituciones del Estado, las empresas privadas y la sociedad civil para asumir la prevención de la violencia?

Si nomás una institución, si solamente el Gobierno se encarga de eso, no vamos a ir muy lejos. Por otra parte, si solamente dejamos que las empresas se encarguen de eso, tampoco ellas pueden. Si el Gobierno y los residentes, los ciudadanos de El Salvador, quieren un país que sea menos violento, se va a requerir que todas esas instituciones comiencen a hablarse una a la otra, cada cosa que estén haciendo. Si van a hablar sobre las escuelas, tienen que haber elementos de la violencia ahí, cómo compartir esto. Si están trabajando sobre pólizas u hospitales, por ejemplo, también tienen que haber elementos con enfoque sobre la violencia.

Lo que yo he visto esta última semana es la necesidad de cómo arreglar el sistema penal. Lo que he visto o he escuchado, porque no exactamente lo he visto de la gente, pero lo que he escuchado, es que la gente aquí en El Salvador no quiere ver a esa gente que está en las pandillas como parte de la sociedad.

Hay un discurso de odio, incluso de funcionarios públicos.

Sí, pero también lo que he visto es cómo cada grupo con el que hemos hablado está como en su propia isla, como que no se están comunicando entre ellos mismos. Algunos tienen buenas ideas, pero no se están hablando. El Gobierno está hablando con las ONG, el Gobierno está hablando con las empresas; las empresas no están hablando con las universidades y el Gobierno no está hablando tampoco con los directores de los penales, especialmente con los de los juveniles. Para mí esa es una oportunidad que se está perdiendo, si no puede haber un enfoque de cómo coordinar esas conversaciones y cómo podemos hablar para comenzar, no solamente el diálogo, pero pasos que se pueden hacer para cambiar algunos sistemas.

¿Usted ha conocido sobre el programa Yo Cambio? ¿Cuál es su valoración general de este programa?

Lo he escuchado y parece que es uno de los mejores programas, pero también parece que el Gobierno lo acaba de parar. Conocí a muchos muchachos de ese programa, que están adentro y los que han estado afuera también, después de salir. Sin leer los datos, solo puedo dar mi opinión de lo que he visto, parece que la estrategia y la manera en la que ese programa está implementado hace mucho sentido. Las personas que conocí, que han estado encarceladas, pero ya salieron, que ya son libres y que fueron parte de este programa, son personas a las que también se les ve que quieren encontrar la manera de cómo ayudar. Para mí, tuvo un impacto en esas personas. Yo diría que ese programa, por lo que he visto, sin leer los datos, parece un programa que debería ser más replicado o apoyado.

El modelo del programa Yo Cambio fue institucionalizado en las cárceles salvadoreñas en 2014, luego de cuatro años de prueba en el penal de Apanteos. El programa, sobre el cual el actual Gobierno dijo que haría una reingeniería y aún no se pronuncia al respecto, contemplaba, en la administración pasada del FMLN, diferentes talleres para los internos, incluso la creación de bandas musicales en los penales. Sin embargo, entre sus deficiencias estaba que no contaba con una línea presupuestaria, sino que funcionaba con fondos extraídos de una contribución especial, y que no incluyó a la población pandillera reclusa. Pese a que era el único programa estatal, dentro de las cárceles las iglesias también han trabajado en el proceso de rehabilitación.

Fotografía de Ángel Gómez

¿Cómo deberían diseñarse para nuestros países los programas eficientes de reinserción bajo un enfoque de derechos humanos?

La verdad es que me da mucha vergüenza y me da mucha pena cuando menciono que estuve en el penal, cuando menciono que tomé la vida de una persona, pero la razón por la que lo hago es porque necesito que el Gobierno y que la sociedad vean que las personas que están en los penales pueden cambiar cuando tienen los recursos apropiados. No importa qué clase de monstruo la gente piense que esa persona es. Cuando tiene el apoyo, cuando tiene los recursos y cuando hay esperanza que el día que salga puede haber algo, esta persona puede cambiar. Pero lo que yo he visto también, aquí, en El Salvador es que eso casi no existe, y yo hablaría sobre mi programa. Con el READI Chicago estoy en cuatro comunidades en la ciudad de Chicago, cuatro de las más violentas en la ciudad. Para darte los contextos, Chicago tiene 77 comunidades, pero, aunque tengo este programa, cada comunidad es un poco diferente. Diría que este país es diferente a Estados Unidos, las comunidades son muy diferentes una a otra, y las pandillas también son muy diferentes la una de la otra, aunque hay cosas en común.

Una recomendación que yo daría es cómo se puede hacer un estudio, por ejemplo, sobre las razones por las que los jóvenes se meten a las pandillas y las razones del por qué la persona que las deja, ya después de hacer su tiempo en la penitenciaría, regresa, porque parece que esos número están muy altos. Yo me preguntaría ¿por qué no hacer unos estudios para mejor entender el por qué? Las políticas van a comenzar a ser unas recomendaciones bajo estudios, qué clase de leyes deberían de cambiar, por ejemplo, o qué clase de programas podrían existir para prevenir que una persona regrese al penal o tal vez que una persona comience a ir al penal, pero sobre esas cosas la gente de El Salvador es la que tiene la respuesta. Lo que también puedo decir es que hay muchos programas como READI Chicago, donde hay elementos estudiados y trabajados, que a lo mejor puedan incorporar, pero todo eso depende de los estudios que se hagan para ver cuáles son los retos y cuáles son las razones que están causando que la gente se venga para atrás, para la prisión, o que la sociedad o las comunidades, al final, no la acepten.

Yo ahorita estoy manejando un programa de $20 millones. He atendido clases en una de las mejores universidades, he hablando en las Naciones Unidas, he cumplido. Soy papá de cinco niñas, pero todo eso es porque gente me dio apoyo, porque la gente me miró y no se enfocó en el error que hice, sino en la potencia que tenía para hacer algo diferente. Y lo que yo noté en mis visitas en las cárceles juveniles y adultas, y ojalá que apuntes esto, es todo el potencial que existe en el penal y con el que no estamos haciendo nada. No estamos haciendo exactamente lo que es nada, solamente los ponemos a barrer, a limpiar y eso es todo en algunos programas que vi, pero también fui a un penal bajo (de población) y mejor, ya me imagino cómo están los demás.

En 2015, la Community Renewal Society, donde usted trabajó, propuso un proyecto para eliminar las barreras que existían para que la personas con antecedentes penales optaran por un empleo en las escuelas de Chicago. Cuando una persona ha estado en prisión y sale, la sociedad todavía carga contra ella un estigma. ¿Cómo comenzar a sensibilizar a la población con este tema? ¿Y cómo el Estado debe abrir espacios para incorporarles a la vida laboral?

Lo que sabemos es que es un hecho que el encarcelamiento de personas no hace que nuestras comunidades sean más seguras o mejores. La investigación nos dice esto. También sabemos que excluir a grupos marginados no nos ayuda a construir una comunidad próspera. Las personas deben rendir cuentas, pero debe haber un punto en el que alguien ha pagado el precio de su error. Nadie en nuestra sociedad es perfecto y las personas que causaron daño deberían tener la oportunidad de encontrar formas de recuperarse y retribuir a las personas que les han quitado. Una manera de hacer esto es por medio de relaciones que no nos permitan ver las cosas simplemente en blanco y negro, sino ver el gris en medio. Las leyes tienen que cambiar y la comunidad necesita comprender cuáles son los hechos.

Históricamente El Salvador le ha apostado a la represión y no a la prevención del delito. De seguir así, ¿qué consecuencias a largo plazo usted prevé en un Estado punitivo, y con presencia de pandillas, como este?

Entiendo en el mundo de las políticas que, normalmente e históricamente, se ha visto que si la persona dice «vamos a tener leyes más fuertes, vamos a encarcelar a más gente, vamos a hacer esto, porque así es como vamos a remover a todos los delincuentes», la mayoría de las personas dicen «no, si esa persona va a ser buen presidente o esta persona va a ser buen alcalde». Pero el tiempo ha cambiado, por eso digo que, un buen ejemplo es cómo Estados Unidos está cambiando las leyes que se hicieron hace 20, 30, 40 años, porque ya está viendo que eso no está funcionado. La sociedad tiene que entender que esa no es la mejor manera y los políticos tienen que ser más valientes de reconocer qué es lo que nos están diciendo los estudios y tener una posición al respecto, enfocada en los estudios que se han hecho. Pero también se necesita a la sociedad, a las asociaciones, escuelas y todo eso, que empujen para adelante para que se cambien esas leyes.

Fotografía de Ángel Gómez

En 2016, la Asamblea Legislativa aprobó una serie de medidas a las que llamó «extraordinarias», que según los diputados y el Gobierno de turno reducirían la inseguridad. Sin embargo, en el marco de estas medidas aumentaron las detenciones masivas en zonas donde los jóvenes y la población en general son vulnerables a la violencia. Estas detenciones saturaron más las cárceles. ¿Cómo podemos hablar de resiliencia en medio de todos estos planes represivos?

Tarde o temprano, la población carcelaria estará explotando y fuera de control, y en los próximos años veremos la consecuencia colateral de esas decisiones. Estados Unidos es el mayor ejemplo. A principios de la década del 2000, se crearon leyes que hacen que las familias estén separadas y generaciones de niños pierdan la confianza en la aplicación de la ley. Creo que debemos entender por qué sucedió esto y por qué Estados Unidos ahora está cambiando sus políticas.

Tras la aprobación de las medidas extraordinarias, comenzaron las detenciones masivas en las comunidades. Esto saturó a los juzgados especializados, unos juzgados que nacieron en 2007 para aplicar la Ley contra el Crimen Organizado. Su característica principal es que en un solo caso pueden procesar a más de 100 personas, y esto, no va acorde a los plazos que el Código Procesal Penal regula para delitos que se procesan en un juzgado común. Los jueces especializados solicitaron a los diputados, en junio pasado, que ampliaran los plazos para resolver, pero su petición no fue solventada. Mientras que solo entre junio y julio, en el primer mes que el actual Gobierno implementó el Plan de Control Territorial, hubo 2,031 capturas, según reportó la Policía Nacional Civil.

Usted se ha reunido esta semana con empresarios. ¿Cuál es la percepción que se lleva de cómo ellos entienden el tema de la rehabilitación y reinserción social?

Lo que te puedo decir es que, por lo regular, casi la mayoría dijo que sí se necesita, pero la lucha está en que la sociedad no los quiere recibir de regreso como parte de ella. Hay empresas que dice «ok», porque hubo unos ejemplos que se dieron ayer (jueves 3 de octubre), dijeron: «Yo he contratado personas que han estado en el penal, pero también estoy con un negocio. Entonces, si no llegan a tiempo, las corro, pero yo reconozco que la necesidad existe y que también necesitamos trabajadores que trabajen en ese espacio». Eso fue por lo regular lo que escuché. Lo que te digo es que eran como unas 12 empresas que estaban ahí. ¿Dónde están las demás? ¿Por qué el cargo nomás se basa en 12? Tal vez haya más, ¿verdad? Pero ese cargo o esa responsabilidad no solamente debería ser de unas cuantas, sino de todas las empresas. Tienen que tener una parte de presencia, porque la violencia les afecta también a ellos y sus negocios. No está bien que nomás una docena de empresas estén envueltas en eso, y yo diría que es parte de cómo también el Gobierno puede darles trabajo a ellos, porque el Gobierno es una asociación más grande.

Novela histórica y sus héroes

¿Por qué es importante conocer memoria histórica de los héroes? ¿Qué es un héroe, qué cualidad es necesaria para ser declarado tal? Una razón principal sería para que su ejemplo de sacrificio y vida digna quede grabada en la conciencia de la nación.

Hay dos héroes inobjetables en América Latina, Simón Bolívar, que en once años liberó del imperio español a cinco países: Bolivia, Perú, Ecuador Colombia, Venezuela. Si pensamos en las distancias geográficas, nos damos cuenta de su proeza. Se dice que recorrió en caballo el equivalente a darle dos vueltas al planeta. Pese a todo, murió en la mayor pobreza, vejado. Y Martí, si bien cierto no fue un guerrero, fue el pensador de la independencia de su país, y considerado el apóstol de la independencia de Cuba, asegurando un gobierno con base popular. Desde niño, y muy joven, sufrió cárceles, incluso trabajos forzosos bajo las autoridades españolas.

Una búsqueda de heroísmo similar en nuestras luchas regionales fue la que me llevó al interés de la guerra centroamericana que tuvo como campo de batalla Nicaragua y Costa Rica, con participación de los cinco ejércitos regionales: «En defensa de la soberanía y la independencia», declararon los presidentes de Honduras, Guatemala y El Salvado. Walker fue vencido en 1857 haciéndolo retornar a su país por barcos norteamericanos que vieron sería derrotado con ignominia. En 1860 invade, nuevamente, Centroamérica por Honduras. Fue capturado y fusilado (1860).

La idea de Walker era imponer la esclavitud, para lo cual se había declarado presidente de Nicaragua, por la fuerza de sus armas y del ejército invasor. La historia lo conoce como el filibustero, un invasor de territorios, diferente a los piratas que asaltan mar adentro. Walker se consideraba un civilizador de países atrasados. Al proclamarse presidente de Nicaragua, su primer decreto fue establecer la esclavitud que desde 1824 se había abolido proclamándolo José Simeón Cañas, para Centroamérica. Para Walker la base de civilización era la agricultura y la esclavitud.

Sin apoyo oficial de sus gobiernos organizaba ejércitos privados que tenía como base la doctrina predominante en el Sur de ese país: racismo, y dominio total incluyendo México, Centroamérica y el Caribe. William Walker, era abogado, periodista, médico y poeta, y dejó un libro de memorias donde expresa su idea de invadir México y Centroamérica una territorio de retaguardia para sus fines civilizatorios. La guerra de Secesión estaba a las puertas. Siete meses antes de comenzar esa guerra, donde murieron casi ochocientos mil personas norteamericanos. Abraham Lincoln encabezó el ejército contra los esclavistas.

Volviendo a la guerra de malos nicaragüenses que se aliaron a los mercenarios de Walker, me pareció atinente hacer una investigación literaria de una guerra desconocida, darla a conocer a lectores diversos. Así surgió mi libro «Así en las Aguas como en la Tierra». Una novela histórica que sigue los pasos creativos conservando los datos fidedignos. Tres frases me indicaron de inmediato la dimensión de la épica centroamericana; fueron el impulso de escribir la obra.

Una de esas frases fue la del capitán y poeta salvadoreño Francisco Iraheta, al informar a su jefe general Ramón Belloso: «Señor, en mi compañía no hay más novedad que anoche murió el último». Se refiere a batallas cerca del lago de Granada. Otra frase: «El general Walker tiene la sabiduría de Dios y la valentía del demonio», dicha por el oficial favorito Timothy Crocker, hombre de varias guerras en Europa y México, gran experto en artillería.

La tercera frase es la siguiente: «La tronazón de cañones y fusilería parecía un infierno». Parte de guerra dirigida a Juan Rafal Mora, presidente de Costas Rica, y artífice de la alianza regional, y participante directo. En los últimos años ha sido proclamado, Héroe de la Patria Centroamericana, junto al salvadoreño general José María Cañas.

También están los héroes desconocidos, los soldados, los oficiales y funcionarios públicos caídos y que los anales de los países centroamericanos, lo han ido relegado al olvido. Los intelectuales en el poder del siglo XIX optaron por callar, debido a las diferencias ideológicas en una región que estaba por dividirse. Los muertos quedaron en las montañas y las ciudades, y las ideologías fueron enterradas a conveniencia. Eso me hace recordar un poema que, de niño, me decía mi madre: «No son los muertos los que en dulce calma/ la paz disfrutan de la tumba fría/, muertos son los que tienen muerta el alma/Y aun viven todavía». (Antonio Muñoz Feijoo 1851-1890, Colombia).

Terminada la guerra, al presidente Juan Rafael Mora le dieron un golpe de Estado los mismos militares que pelearon a sus órdenes., pero que vendieron su lealtad. El golpe de Estado expulsó a Mora y Cañas, quienes se asilaron en El Salvador, Santa Tecla. Era presidente Gerardo Barrios, amigo de los desterrados.

Comencé a escribir desconociendo el exilio de los dos héroes en nuestro país. Al conocer ese hecho vi que me faltaba el elemento mujer que siempre está presente en mis novelas. Reparé que sus parejas los habían acompañado al exilio, incluyendo sus hijos pequeños, Guadalupe, hermana del ex presidente Mora, estaba casada con Cañas; e Inesita, casada con Juan Rafael Mora.

En Santa Tecla llegó la hora que los dos héroes debían regresar vía Puntarenas, convencidos por sus asesores dentro de Costa Rica, fue el punto emotivo de la historia. Ambas estaban embarazadas, por lo cual su dolor e incertidumbre les hacía compartir la tragedia de la partida hacia un encuentro impensable de sus compañeros con la muerte. Que sucedió semanas después. Fueron capturados y pasados por las armas, fuera de todo proceso, por lo cual se considera un crimen de Estado.

En otra invasión de Walker a Honduras (1860) este fue capturado y ejecutado. La paradoja: seis meses después comenzó la Guerra de Secesión: del Sur contra el Norte (1861-1865). La sociedad industrial derrotó a los esclavistas. Y los héroes Cañas y Mora pasaron a figurar como los protagonistas de la épica más gloriosa de Centroamérica.

Mal presagio para 2020

Los economistas pronostican una nueva tormenta. El primer trimestre de 2020 pinta mal para la economía de El Salvador y el 90% de los países del mundo, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional. Una recesión global que iría desde las naciones más grandes a las periféricas. Muchos especialistas dan por hecho esta nueva crisis, pero no se atreven a dimensionar su envergadura. Un panorama gris y desalentador que afectaría frontalmente a una sociedad pobre como la salvadoreña. Y que hace recordar a la última crisis mundial que ocurrió en el bienio 2008 y 2009.

Esto implicaría una caída en la producción, reducción en las exportaciones y menos fuentes de empleo. Pero más allá de los fríos números económicos es de prestar particular atención a las graves implicaciones sociales que una recesión puede tener. Sea como sea, en las últimas décadas, ante cualquier crisis, El Salvador ha tenido la migración, principalmente a los Estados Unidos, como su válvula de escape. Pero ahora esa alternativa es cada vez más difícil por la política antiinmigrante de la administración de Donald Trump y los acuerdos para evitar este flujo que ha firmado con México, Guatemala, Honduras y El Salvador.

Si no hay oportunidades en el país, los salvadoreños las buscaron fuera, sobre todo en Norteamérica. La lógica siempre fue que era preferible correr el riesgo que quedarse sin la posibilidad de mejorar su condición. Pero ahora, muchas familias estarían acorraladas. Esto en un país donde, según las mismas estadísticas del Gobierno, más de medio millón de hogares sufren de pobreza y miles están en riesgo de caer en esa categoría. Con el agravante de la delicada situación que ya viven familias que dependen de sectores que tienen un estado crítico como la caficultura.

A esto se sumaría que los salvadoreños que ya están en Estados Unidos –y son un pilar de nuestra economía– también serían afectados por la recesión. El flujo de remesas bajaría porque EUA sería golpeado por su propia coyuntura. Según el FMI, uno de los detonantes de la posible crisis de 2020 es la guerra comercial que sostiene el gobierno estadounidense con China. De enero a julio de 2019, El Salvador recibió $3,228 millones en concepto de remesas y cada familia con este ingreso tuvo una remesa promedio de $266.80 al mes, en base a los datos del Banco Central de Reserva.

La disminución de este flujo, que para muchas familias sirve para sobrevivir, agravaría la situación. Un panorama que de por sí ya es delicado en el país y la región. Este 13 de octubre se cumple exactamente un año de la primera caravana de migrantes que salió desde Centroamérica hacia Estados Unidos. Un acontecimiento que ilustró con crudeza el nivel de desesperación de muchas familias por abandonar la realidad que se vive en el triángulo norte conformado por Guatemala, El Salvador y Honduras.

Ojalá los economistas se equivoquen y la recesión no pase a más. Que El Salvador tan siquiera mantenga el modesto crecimiento que ha tenido en la última década. Nadie quiere escuchar frases del tipo: «Si a Estados Unidos le da gripe, a El Salvador le da neumonía». El Gobierno debe de preparar un plan ante la urgencia. Sobre todo, por las repercusiones sociales que pueda tener en las personas con menores ingresos. Al final, las familias pobres son las que más sufren.

Filosofía práctica de una maestra zen

Muchas veces estoy con mis estudiantes en medio de una lección y, de ellos, siento surgir una ola de energía caótica y fuerte. Con los años, he aprendido que es imposible luchar en contra de esa ola. Las opciones son quedarte ahí de pie y esperar a que te noquee, o lanzarte de lleno a ella y dejar que te lleve, uniéndote con su fuerza; buscando la manera de utilizar su poder.

Lo peor que puedes hacer es dejarte llevar por el pánico de que estás perdiendo el control de la clase. Esos son los profesores que les gritan a sus estudiantes como los perros pequeños que ladran de miedo y ansiedad. En las mejores condiciones el profesor está presente como un guía para proveer cierta estructura dándoles a los estudiantes la oportunidad de construir su propio conocimiento alrededor del sujeto o materia.

No puedo elegir cómo va a romper la ola, pero sí como surfearla. Por ejemplo, hay días en que vengo con una lección bien preparada y mis clases se oponen a trabajar o a concentrarse. Sobre todo, al final del día, los estudiantes más jóvenes y con menos autodisciplina se dejan vencer por la hambre, el cansancio y las frustraciones y se cierran al aprendizaje. Sacan los celulares y se ocupan de sus «streaks» en Snapchat o quieren ponerse audífonos para ver videos en Youtube.

Me piden comida, me piden permiso para ir al baño, para ir a tomar agua, o para cualquier cosa que se les ocurra que los saque de la clase. No es que no quieran ser buenos estudiantes, sino que, por varias razones complejas y enredadas, no pueden ser exitosos en ese momento. Doy clases en una escuela pública, en un distrito donde el 65% de los estudiantes viven en condiciones de pobreza.

Según el examen más reciente del Estado, la tasa de alfabetización es el 23% y solo el 18% de los estudiantes es competente en las matemáticas. Sin embargo, mi distrito no es una anomalía, al contrario, representa bien la condición de la mayor parte de las escuelas públicas de los Estados Unidos.

Muchos de los estudiantes viven en condiciones precarias, con familias que les dan poca estabilidad o apoyo. Muchas veces, se portan de mala manera porque están buscando hacer una conexión con un profesor o con otros estudiantes.

Hace poco puse a la clase a leer algo y a escribir una práctica y se quejaron de que era aburrido hacerlo. Luego, les di instrucciones para otra actividad y muchos no entendieron lo que estábamos haciendo, porque no habían prestado atención. Habían otros que ya estaban revisando mejor las últimas notificaciones en sus celulares.

Sentí subir la ola. Un estudiante levantó la mano y me comentó: «Señora, usted quiere que seamos clutch, en la clase de español.» No sabía entonces qué era ser «clutch», pero la clase me dio el ejemplo de Tracy McGrady, un jugador de baloncesto para los Houston Rockets, y la noche en que anotó 13 puntos en los últimos 33 segundos contra los San Antonio Spurs para ganar el partido.

La lección ese día constó en poner el video y, juntos, analizar la concentración y la atención de Tracy McGrady. Se veía que estaba el cien por ciento, absolutamente enfocado en lo que estaba haciendo. Esos 33 segundos fueron la culminación de tantas horas de tedio, de trabajo, de años de entrenamiento, de enfoque y de disciplina. Algunos entendieron que eso es lo que nos exige la vida para ser «clutch».

En fin, a lo que quiero llegar es a que, a veces, mis estudiantes están dispuestos a aprender algo y, otras veces, yo soy la que termina aprendiendo más que los estudiantes. Pase lo que pase en una clase, a lo largo de los años mis estudiantes me han enseñado a mantener un estado de calma y de atención, dejando que la pedagogía se guíe por la intuición, más que por el esfuerzo consciente. Tal vez ese sea el zen de los profesores: uno se convierte en un solo organismo con la clase, perdido en el ritmo del momento y en la energía en cuestión.

Carta Editorial

Los sistemas de cumplimiento de penas carcelarias no tienen como misión solo alejar de la sociedad a quienes hayan cometido delitos. Su razón de ser también es la de reintegrar, una vez cumplida las penas, a estos individuos a la misma sociedad para sean parte de ella en igualdad de derechos que los demás. Este es el deber ser, el que está manifiesto en leyes, es hacia lo que cada acción debería estar enfocada.

Pero la recuperación y rehabilitación de las personas encarceladas pasa a muy segundo plano cuando se deja sin financiamiento. Y cuando todo enfila más hacia la represión y el encierro de cada vez más personas. Este mecanismo no funciona. Esto es parte de lo que vino a decir Eddie Bocanegra, un hombre que tras pagar 14 años de cárcel, ahora maneja un fondo de 20 millones de dólares que sirven para mantener en funciones una institución que se dedica a facilitar procesos de rehabilitación social.

Bocanegra, quien vive en Estados Unidos y es hijo de mexicanos, vino a El Salvador para reunirse con un grupo de empresarios. La idea es que la integración de las personas que salen de la cárcel no sea una tarea exclusiva de instituciones gubernamentales, sino que de cada uno de los que compone la sociedad.

Ver el castigo y el sufrimiento como la única manera de restituir el daño causado es una equivocación. Genera que haya más fracturas y que se aleje la posibilidad de, algún día, eliminar la necesidad de cárceles. Y, para Eddie Bocanegra, es un mal negocio para los gobierno porque, a la larga, si el tiempo en la cárcel no sirve para rehabilitar, entonces sirve para profundizar las conductas criminales.

Devolver a la sociedad seres humanos dispuestos a edificar un mejor presente no es fácil ni es inmediato. Requiere paciencia y, sobre todo, protocolos bien identificados. Es, eso sí, una de esas soluciones integrales de las que tanto le urgen a este país.

“Sé que me equivoco mucho, pero también sé que me sigo creando”

¿Qué es El Salvador?

Un país en el que todo está por hacer. Una realidad que exige compromiso.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Denominarme “tallerista de procesos artísticos”. Quien se denomina “tallerista” corre el riesgo de degradarse. Aquí se ve al tallerista como un subordinado reemplazable. Además, es una labor muy mal pagada.

¿Quién le habría gustado ser?

De pequeña sentí (con rabia) ganas de ser hombre. Es fácil percatarse de sus privilegios y envidiarlos. Hoy no, hoy he asumido que soy una mujer valiosa, pero no me elevo: sé que me equivoco mucho, pero también sé que me sigo creando. En vez de dar un nombre, puedo compartirte lo que me gustaría vivir: una temporada de aislamiento total, expuesta ante lo más poderoso de la naturaleza. Puntual: fantaseo con la experiencia de Andrés Morales, un marino chileno que vive en lo más cercano al fin del mundo, el cabo de Hornos.

¿Qué cosas tendría que repetir para asegurarse de que en un futuro va a volver a estar exactamente en la misma situación?

Decepcionarme de la educación artística, optar por la filosofía y acercarme al arte mediante el tallerismo.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuviera que comenzar otra vez?

Antropología o los alimentos (admiro a los cocineros apasionados).

¿Cuál es su mayor extravagancia?

Sentirme artista del tallerismo.

¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?

Desconfiar de todos.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (227)

1859. MISTERIO DE LA LUZ

Dentro de muy poco empezaría a amanecer, y ya algunos de los sonidos circundantes lo anunciaban con la puntualidad sabida. Las aguas, como era su inveterada costumbre, se movían como si estuvieran dando la bienvenida, en ese momento a la claridad emergente, que era la expresión entusiasta de un nuevo día. Éste, el día del arribo. Toda la tripulación se hallaba lista para integrar sus tareas, y nada parecía diferente a lo de todas las jornadas. Hasta que algo comenzó a dar la pauta de una extraordinaria novedad. Y es que lo que iba poniéndose a la vista no era el puerto esperado, sino una multitud de rocas inhóspitas. Los tripulantes se pusieron en guardia, y la luz del día les hizo saber que estaban por arribar al escombro del destino imaginado…

1860. SOL CON MEMORIA

Allá al fondo están los cerros de distintas tonalidades de color según la época del año: verdeantes o verdosos en tiempo de lluvias y cafés o terrosos en los meses de la temporada seca. La luz decide. Él los observa a diario por esa ventana que es su mirador desde que adquirió aquella vivienda precisamente para tener la anhelada perspectiva. Se halla justamente ahí esta tarde en que ya la luz solar comienza a mostrar las ansias de la despedida. Entonces él no puede contener el impulso de hablar en voz alta: “Amigo de toda la vida, ¿no te parece que ya es hora de que compartamos experiencias?” Y el Sol le toma de inmediato la palabra: “¡Si lo hemos hecho mil veces, hombre! Lo que hoy tenemos que hacer es irnos juntos de juerga entre la penumbra de la noche…”

1861. MISIÓN DEL CONACASTE

Había crecido tanto que ya casi todo su amplio ramaje se alzaba sobre la pendiente empinada que daba a la calle vecinal, que seguía siendo de polvo. Todos los habitantes de los alrededores tenían aquel árbol como una especie de guardián natural, y con frecuencia iban a reunirse bajo su sombra, como si cumplieran así con un ceremonial de espiritualidad espontánea, sin credo pero con fe. En algún momento llegó a instalarse al lugar aquel joven con pinta de misionero, y en cuanto llegó a estar debajo del conacaste se sintió envuelto por un aura de destino. Pronto se decidió a hablar entre los asistentes, no de religión sino de familiaridad. Todos empezaron a sentir que eran discípulos del árbol, que los abrazaba cada vez que estaban cerca. Protección perfecta.

1862. AUGURIO INMEMORIAL

Almorzaban en el restaurante Ibo, frente al Tajo, aquí río urbano que viene de tan lejanas alturas. Habían llegado a Lisboa, que era la última estación de su viaje de bodas, y al brindar con vino verde sintieron al unísono que aquel momento les traía augurios de entrega irreversible. ¿Por qué? Nada excepcional estaba pasando afuera: la ciudad, alzada sobre colinas, simplemente los observaba como a dos paseantes más; pero las aguas fluyentes sí parecían saludarlos a él y a ella como si se tratara de entrañables compañeros de ruta. El larguísimo río se entregaba a la inmensidad del mar a cada instante; y ellos estaban ingresando a cada instante en una nueva vida con horizonte abierto. Brindaron, entonces. Y ambos, ellos y el mar, se saludaban mutuamente.

1863. MISTER PRASAD

Al verlo por primera vez le pareció un curioso personaje fantasmal entre la impresionante arboleda de aquel bosque de ciudad. Supo que se trataba del encargado de cuidar el entorno natural en el hotel más que centenario que había sobrevivido con todos sus árboles en medio de las construcciones. Pero ese jardinero mayor mostraba una característica externa muy propia: siempre iba vestido de traje oscuro, con corbata y pañuelo, como en una ceremonia de gala. En algún momento de su estadía en el Taj West End se le acercó ya sabedor de que lo llamaban Mister Pradad. El aludido lo miró y de inmediato le dijo: “Gracias por estar aquí, en Bengaluru; la próxima vez que venga por favor tráigame semillas de su tierra, ya que nuestros climas son idénticos…”

1864. EL AIRE TAMBIÉN DUERME

A la hora de escoger dónde vivir en su nuevo destino profesional lo hizo con una dedicación personalizada al máximo, como si presintiera sin alternativa que iba a establecerse ahí para siempre. Se fue a la zona más alta de la ciudad de provincia donde había conseguido la mejor oportunidad laboral para un principiante, y ahí se decidió por aquella especie de balcón sobre la roca donde había una construcción muy antigua, recientemente rehabilitada para responder a las excentricidades del gusto actual. Se instaló, y el primer día soplaba un viento animado al máximo. Él, con ánimo juvenil, tuvo que aferrarse a un saliente para no volar. Pero al día siguiente la calma era total. Y él creyó entender el mensaje: “Es que también el aire tiene que reposar para poder cumplir con su tarea”…

1865. PRIMER AMOR

Fue adicto a ver películas románticas desde que inició, en la infancia más temprana, sus excursiones solitarias por la ciudad en la que vivía desde siempre. Sus padres habían tomado camino cada quién por su lado, y él estaba a cargo de la abuela materna, que pasaba el día entero dedicada a su labor docente. Aquella tarde de enero, ya cuando las vacaciones de fin de año tocaban a su fin, él se fue a su cine favorito a ver la película de reestreno que protagonizaban Ingrid Bergman y Humphrey Bogart. A la salida sintió que el aire le traía un mensaje, como si fuera una soplo fragante de arena del Sahara. Y desde aquel momento se marcó su camino: en algún momento del futuro llegaría al Marruecos imaginario, a revivir su Casablanca.

1866. VECINDARIO FUGAZ

¿Qué extraño fenómeno venía produciéndose y reproduciéndose en aquel reducido valle entre montañas imponentes? Los pocos habitantes del lugar no se lo preguntaban, porque nunca habían tenido ninguna tentación de interpretar los signos que les rodeaban. Fue el explorador recién llegado el que se cuestionó el hecho de que ahí, en abierto contraste con lo usual, todo parecía desaparecer con gran rapidez, hasta las vidas de los residentes. ¿Qué era aquello? Y al hacerse la pregunta, él mismo comenzó a desvanecerse. Y sintió la infinita paz de los elegidos del aire y de la luz…

La asfixia a los periódicos nicaragüenses

Fotografías de CONNECTAS

Después de casi 40 años continuos de historia en Nicaragua, El Nuevo Diario publicó el pasado viernes 27 de septiembre la suspensión de su edición impresa. Una decisión que no se había tomado ni en la guerra civil que vivió este país en los años 80, ni en los duros retos de la transición a la democracia. Un editorial, que circuló  a la medianoche en la edición digital, informó al público en general que la decisión ocurre por dificultades “económicas, técnicas y logísticas que hacen insostenible su funcionamiento”.

Casi con las mismas palabras, el diario Metro, asociado del primero, anunció también la suspensión y se despidió de los lectores con un agradecimiento. La medida ocurre nueve meses después de que ellos mismos, el segundo de mayor circulación nacional, cerró también su periódico popular Qhubo. La razón: la asfixia a los principales medios impresos del país impuesta por la Dirección General de Aduanas que retiene el papel, la tinta y otros insumos desde hace más de un año.  La Prensa, el decano del periodismo nacional con sus 93 años de existencia, es la otra víctima notable de este tipo de control.

Fundado en mayo de 1980 por ex trabajadores de La Prensa que se identificaron con la revolución sandinista, El Nuevo Diario desde diciembre del año pasado había dejado de circular los fines de semana para alargar su existencia. Igual redujo su paginaje entre semana. El nueve de julio pasado, la DGA sorpresivamente les entregó 9.6 toneladas de papel, el 20 por ciento del material retenido desde el año pasado. Además 15 barriles de tinta, 6,000 planchas y un cargamento de químicos necesarios para la impresión del rotativo. Sin embargo no fue suficiente y, en medio de la crisis política que vive desde abril del año pasado, fue anunciada la suspensión de la publicación de este rotativo.

Adiós. El reportero gráfico Jorge Ortega salía de las instalaciones del periódico El Nuevo Diario después de conocer que el diario dejaba de circular.

“Estamos conscientes de la importancia de El Nuevo Diario como medio de comunicación clave en la cobertura periodística de varias etapas relevantes en la historia reciente de Nicaragua, desde su fundación”, se lee en el editorial que marca el final de esta etapa en el periódico que se había trasladado en fechas recientes al sector sur de Managua a las instalaciones donde tiene su rotativa para ahorrar recursos.

Bajo el gobierno de Ortega, cuestionado por su autoritarismo y señalado de violaciones a derechos humanos, el diario La Prensa se encuentra también bajo amenaza: su edición es de cuatro páginas cuando en sus mejores tiempos, en administraciones anteriores a la actual, llegó a circular con 96 hojas e incluso 108.

La decisión gubernamental del bloqueo a los medios impresos no ha sido explicada por autoridad alguna. CONNECTAS, la plataforma líder en promover el periodismo colaborativo en la región llamó a la oficina de Aduanas, dirigida por Eddy Medrano Soto, pero no ha respondido la solicitud de una entrevista.

Eduardo Enríquez, editor principal de La Prensa, explicó en agosto pasado que para afrontar las medidas de Aduanas en el último año el diario realizó cuatro reducciones en su edición impresa, despidos de personal, disminución de gastos administrativos y centraron sus esfuerzos en fortalecer su edición digital. Sin embargo, el tiraje sigue siendo el mismo “a pesar que circulamos con menos páginas”, una situación de la que interpreta que “la gente quiere seguir leyendo el periódico y encuentra que la información que le servimos es útil y que vale la pena aunque sea de una manera reducida”.

El pasado cinco de agosto, la escritora Gioconda Belli, una de las más reconocidas autoras nicaraguenses en lengua española, traducida a más de 14 idiomas, se lamentaba, a través de su cuenta de Twitter, de que a su casa no había llegado este periódico, lo que trastocaba su rutina diaria. “Aunque fueran cuatro páginas, las leía con el café todos los días”, escribió en referencia a la reducción del paginaje de La Prensa. “No puedo imaginar que este Gobierno mate por inanición a este diario, compañero de mis mañanas. ¡Qué tragedia la de este país!”, se quejó la poeta.

Cierre. El Nuevo Diario publicó un editorial confirmando la suspensión de sus publicaciones y agradeciendo a sus lectores.

Belli representa en el país a PEN Internacional, la asociación mundial de escritores que expresó, al conocerse la noticia de El Nuevo Diario, su “consternación” y llamó al gobierno de Ortega a detener la campaña de acoso, intimidación y agresiones contra los medios independientes, aquellos que siguen cuestionando el poder político y no se encuentran bajo el control del gobierno, a quienes la vicepresidenta Rosario Murillo llama “medios sandinistas”.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha condenado la retención de papel a los medios de comunicación en Nicaragua y ha reclamado su devolución en junio pasado. Durante su última visita a Nicaragua, el pasado 12 de julio, la SIP instó al Gobierno a terminar con estas “medidas de censura indirecta” en contra de los medios de comunicación.

La situación de la libertad de expresión en Nicaragua es valorada como “uno de los episodios más graves en la región”, según declaró en enero pasado al rotativo  La Prensa Edison Lanza, relator especial de la libertad de expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA).

La historia de oposición de La Prensa al político sandinista data desde antes que Ortega retomara el poder en enero de 2007. El diario criticó sus posturas antidemocráticas desde los ochenta, cuando el actual presidente era el coordinador de la junta de reconstrucción, un órgano formado tras la caída de Somoza. Siguió siendo crítico durante la primera administración de él entre 1984 y 1990 y en sus años posteriores.  El cierre del diario parece inminente si se ve la bodega, ubicada a metros de la rotativa, donde antes rebosaba de papel y hoy solo se ven unas cuantas bobinas.

La asfixia a los medios contrasta con el discurso gubernamental que enaltece la libertad de expresión. En 2011, cuando era candidato presidencial, Ortega se comprometió a respetar la libertad de expresión al suscribir la declaración de Chapultepec. En el poder, el político sandinista ha atacado todo lo que ha concebido como crítica, sin distinguir entre medios y redes sociales.

En marzo de 2018, en un intento por controlar las redes sociales precisamente, la vicepresidenta Rosario Murillo, esposa del mandatario, dijo que las mismas estaban influenciando negativamente a los nicaragüenses. Su bancada entonces propuso una consulta legislativa supuestamente para encontrar una manera de evitar la propagación de “noticias falsas”.

El 18 de agosto pasado, Ortega sostuvo que existe una absoluta libertad de expresión y religiosa en Nicaragua contra lo que dicen sus críticos. La familia del gobernante tiene un rol protagónico en este sector. Controla un grupo de  medios de comunicación desde donde publican propaganda que circula a nivel nacional y que incluye radios y cuatro televisoras, algunas de ellas dirigidas por hijos del mandatario.

Cristiana Chamorro, directora de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro y vicepresidente de la junta directiva de La Prensa, explicó a NICARAGUA.CONNECTAS.ORG, un espacio para contar el país centroamericano a Latinoamérica,  que “cuando se cierran medios de comunicación, cuando se reduce la información vos te sentís desamparado, te  sentís como que te están quitando el aire, te están quitando el conocimiento, te están quitando tu derecho a saber”.

La situación que ha estado viviendo el país desde abril del año pasado, cuando iniciaron las protestas contra el gobierno, ha sido difícil para los periodistas y los medios. Según un monitoreo de la Fundación Violeta Barrios, se han registrado al menos 1.080 casos de violaciones a la libertad de prensa entre abril de 2018 y 2019, el asesinato del periodista Ángel Gahona, el encarcelamiento de dos periodistas y también se ha dado la confiscación de las instalaciones del diario digital Confidencial y la televisora 100% Noticias. Fue así que apresaron a los periodistas Miguel Mora y Lucía Pineda bajo acusaciones de incitación al odio. Ellos fueron liberados en junio tras seis meses de presidio.

Denuncias. El diario La Prensa denunció que, por las presiones de Aduanas durante el gobierno de Daniel Ortega, se podían quedar sin papel.

Mientras en el mundo entero los impresos viven duros momentos de sostenibilidad para sus ediciones con la llegada de la Era Digital, en el caso de Nicaragua, la prolongada agonía de la edición impresa de los periódicos también ha representado un aumento en los costos de producción. Enríquez precisa que en el caso de La Prensa ya “se ha acabado el papel periódico” y la empresa decidió utilizar otro tipo de papel para imprimir el diario, “pero es mucho más caro, lo que implica que hay mucho más costos de producción”. Sin embargo, esta ha sido la única manera que les ha permitido continuar circulando, según el editor.

Enríquez afirma que el diario “va usar hasta el último pedacito de papel que tengamos disponible” para continuar imprimiendo. “Calculamos que eso puede durar todavía varios meses. Es más costoso pero yo creo que podríamos terminar el año” con las reservas existentes.

Desde el 10 de septiembre de 2018, Aduanas mantiene retenidas 92 toneladas de papel a La Prensa, tinta, planchas, y repuestos para la imprenta. Estos materiales están valorados en 180.000 dólares y permanecen en un almacén fiscal desde esa fecha. En noviembre de ese mismo año, el diario apeló ante el Tribunal Aduanero y Tributario Administrativo (TATA) que dio lugar a la queja, pero hasta ahora no entregan la mercadería.

El pasado cinco de agosto, la escritora Gioconda Belli, una de las más reconocidas autoras nicaraguenses en lengua española, traducida a más de 14 idiomas, se lamentaba, a través de su cuenta de Twitter, de que a su casa no había llegado este periódico, lo que trastocaba su rutina diaria. “Aunque fueran cuatro páginas, las leía con el café todos los días”, escribió en referencia a la reducción del paginaje de La Prensa.

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Enríquez señala que el Gobierno “no ha dado ningún argumento” sobre la retención de la materia prima. Trabajadores del rotativo se han acercado en múltiples ocasiones a la DGA para tratar de recuperar los materiales y lo único que les contestan los funcionarios “es que no tienen instrucciones para hacerlo, lo cual es un absurdo porque todos los requisitos se han llenado”.

En varias publicaciones, La Prensa ha asegurado que mientras la materia prima no sea entregada por las autoridades de aduanas, no se realizarán nuevas importaciones, ya que hasta ahora ni con el pago de los impuestos, que por ley deben ser exonerados, se ha logrado recuperar los materiales. Actualmente el temor de La Prensa es que los insumos puedan vencerse o dañarse por estar en las bodegas estatales.

Róger Lagos, responsable de compras de esta empresa, explicó en abril pasado en una nota publicada por el rotativo: “Lo que más nos preocupa es el papel, por ser un material más sensible en su almacenamiento: aunque los almacenes puedan fumigar y mantener sus medidas de higiene, el papel puede contaminarse con polillas, plagas, servir de nido de ratas o dañarse con la humedad… Puede ser que una vez que salga (la materia prima) no todo el papel nos sea útil”.

Enríquez considera que la razón del bloqueo aduanero en contra de La Prensa es porque su línea editorial se caracteriza por defender “principios democráticos” y eso no es bien visto por el Gobierno que “a partir de 2018 dejó de ser autoritario y pasó a ser una dictadura sanguinaria”.

Según las cifras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la que una misión vino al país a investigar las denuncias, la represión a los manifestantes causó el asesinato de 328 personas, más de 2.000 heridos y más de 60.000 exiliados, entre ellos unos 68 periodistas. Asimismo centenares de presos políticos que sumaron más de 700 hasta que, por la presión internacional, el gobierno liberó a una gran parte en junio pasado. Quedaron al menos 120 en las cárceles.  El ejecutivo ha negado la represión y ha dicho que fue víctima de un golpe de Estado. Todo lo que se publica en sentido contrario es descrito por funcionarios como “noticias falsas”.

Sin materia prima. En esta portada, el diario nicaraguense con 93 años de existencia, denunciaba que se le agotaba la tinta por la medida del gobierno.

 “Medios, el último reducto de libertad”

Cristiana Chamorro, señala que el bloqueo aduanero contra el diario y también contra El Nuevo Diario es otro ejemplo de esas agresiones gubernamentales. “Aquí hacer periodismo es saber que tu vida está en peligro, es saber que sí, que estás cumpliendo una misión de alto riesgo”, explica. Para ella, el gobierno de Ortega criminaliza el ejercicio del periodismo en Nicaragua.

Chamorro advierte que actualmente en Nicaragua hay “un nivel de represión tan alto, que nadie se puede manifestar” y de alguna manera los medios de comunicación, pese a las limitaciones, se han convertido “en el último reducto de libertad” en este país. El periodismo independiente “se mantiene siempre en la primera fila informando… no los han podido callar”.

Al conocerse el cierre de El Nuevo Diario, Chamorro calificó el día como de “duelo nacional” y llamó dictadura a la administración de Ortega. “Nuestra solidaridad con todos sus trabajadores ahora en desempleo. Y como dijo Pedro Joaquín Chamorro, director asesinado de La Prensa en 1978: “Sin libertad de prensa no hay libertad””, sostuvo.

Editorial La Prensa S.A dejó clara su protesta contra el gobierno de Ortega por el bloqueo del papel y los otros insumos desde enero pasado. El 18 de enero de 2019, cuando se cumplían 20 semanas de retención de los mismos, el diario publicó una portada en blanco solo con la pregunta: “¿se ha imaginado vivir sin información?”.

En marzo de 2018, en un intento por controlar las redes sociales precisamente, la vicepresidenta Rosario Murillo, esposa del mandatario, dijo que las mismas estaban influenciando negativamente a los nicaragüenses. Su bancada entonces propuso una consulta legislativa supuestamente para encontrar una manera de evitar la propagación de “noticias falsas”.

La pregunta estaba dirigida a la ciudadanía nicaragüense, cuya libertad de expresión y libertad de información “enfrentan el asedio de la dictadura”, explicó el diario en un editorial. La portada en blanco le dio la vuelta al mundo y generó un debate sobre la importancia de la libertad de expresión y la libertad de prensa como ejes transversales para la democracia.  Decenas de lectores tomaron el diario y llenaron la página con sus propios titulares, algunos de los cuales eran consignas de la lucha contra Somoza. Así, le dijeron a Ortega: “¡qué se rinda tu madre!”, por ejemplo y las publicaron en sus cuentas en redes sociales.

El compromiso de los reporteros de La Prensa con sus lectores, al dar cobertura a las protestas ciudadanas, fue reconocido el siete de agosto de 2019. La SIP otorgó el Premio a la Excelencia Periodística 2019, en la categoría de Noticias por Internet y la calificó como “valiente y exhaustiva”. El periódico informó, a través de videos, fotografías, tuits, textos, que los periodistas enviaban desde el lugar de los hechos, la mayoría de veces en riesgo para sus propias vidas.

La reportera Leonor Álvarez, de la sección de política de La Prensa y una de quienes cubrió la protesta en las calles, explicó que tenía miedo, adrenalina y unas ganas de que todos supieran lo que estaba ocurriendo en el país centroamericano. Álvarez dijo que ella estaba consciente de que estaba haciendo un trabajo, pero igual en esa situación adversa no podía controlar sus emociones. “Siempre me pongo a temblar cuando estoy en medio de los estallidos y los policías rodeándonos”, recordó.

En medio de la crisis de los medios impresos, la dirección ha rebautizado como la “República Digital”,  recordando que en los años de la censura de Somoza su director Pablo Antonio Cuadra lo llamó la República de Papel. Es un legado que defienden definiéndose como una mesa redonda de opiniones libres, en diálogo permanente, con libertad de crítica e iniciativas. Mientras tanto, el país centroamericano resiente la pérdida de El Nuevo Diario.


*Esta historia hace parte de NICARAGUA.CONNECTAS, la nueva iniciativa para mostrar el país centroamericano en medio de un contexto adverso para la libertad de expresión.

Gilberto regresó sin un pie

Fotografía de Ángel Gómez

Gilberto Jiménez abordó La Bestia, un tren de carga que usan los migrantes centroamericanos para evitar unos 50 controles migratorios y atravesar sin ningún costo México. A Gilberto lo impulsó la certeza de que el tren lo acercaría a su destino en Los Ángeles, California, Estados Unidos.

Hace cinco meses, decidió que, para acabar con sus problemas económicos, migraría. Con poco dinero se las arregló para partir solo y sin un coyote. A los seis días de haber partido, estaba en Tenosique, Tabasco, México, y desde ahí se movilizó en La Bestia.

Pero, un día, a media mañana, el transporte hizo una estación en el estado de Huimanguillo, Tabasco. Ahí, las patrullas de migración mexicana esperaban sorprender a los migrantes.

Durante la redada, Gilberto intentó escapar, corrió en dirección al tren y se resbaló. Su pie izquierdo quedó atorado entre los rieles mientras La Bestia retrocedía. Aquella mañana del 11 de mayo de 2019, Gilberto perdió el pie izquierdo.

De enero a septiembre de 2019, según los registros del Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC), cinco salvadoreños, entre ellos Gilberto, regresaron a El Salvador con una amputación luego de sufrir un accidente en ruta hacia Estados Unidos.

Además, entre 2013 y 2018, 22 migrantes salvadoreños que se dirigían a Estados Unidos sufrieron accidentes que les ocasionaron una amputación. Y, de acuerdo con el CIRC, en México, otros 25 salvadoreños fueron atendidos por una mutilación en esos años.

Estas cifras, sin embargo, son parciales debido a que muchos migrantes deciden permanecer en la clandestinidad por temor a ser deportados.

Entre milpas. Jiménez vive en Las Marías, Morazán, una comunidad que está a cuatro horas de la capital. Para llegar a su casa hay que recorrer milpas.

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Entre las milpas de elote, cultivos de ayote, frijoles y un camino que conduce hasta las montañas del sur-este del departamento de Morazán, se encuentra el hogar de Gilberto.

En Las Marías, Morazán, una comunidad que está a unas cuatro horas de la capital, Gilberto ha construido su casa al final de una montaña a la que se llega caminando entre unas estrechas veredas.

Cuando Gilberto construyó su hogar jamás imaginó que, al faltarle un pie, ese camino sería su primer obstáculo para su recuperación. Para subir o bajar necesita que alguien lo cargue o lo vigile mientras da pequeños pasos con sus muletas.

Desde su repatriación, el 11 de junio de 2019, Gilberto regresó con complicaciones de salud. Su muñón, que es la parte del cuerpo que queda luego de la amputación, se infectó y tuvo que viajar por doce horas en autobús con su herida aún sangrando.

«Cuando regresé a El Salvador nos trasladaron al lugar donde llevan a los migrantes deportados, en la Chacra, ahí un encargado de migración escuchó mi historia y me dijo que tenía que ir a la Unidad de Salud para que me curaran y eso fue todo», cuenta Gilberto.

Denuncia que, desde el accidente, el consulado de El Salvador en México hizo muy poco por él. En el hospital, el cónsul lo visitó solo una vez para entregarle un kit de asistencia humanitaria. Tampoco pudo ayudarlo para que estuviera ingresado hospital de Villahermosa, Tabasco, durante su recuperación. Así que durmió los últimos 10 días en un albergue.

Según la Ley Orgánica del Servicio Consular de la República de El Salvador, los consulados deben de velar por la protección y garantía de los derechos humanos de los migrantes que residen o se encuentran de manera ilegal fuera del país.

La Bestia. Hace cinco meses, Gilberto Jiménez resbaló de La Bestia para huir de una redada de la patrulla de migración. Su pie izquierdo quedó atorado en los rieles del tren. Lo perdió en ese accidente.

En el artículo 109, la ley consular detalla que la función del cónsul, en caso de que un salvadoreño se encuentre «desvalido» o «enfermo», es tramitar la admisión de los salvadoreños en los establecimientos públicos de beneficencia para su atención y recuperación.

Además, en su artículo 110, señala que «es deber de los funcionarios consulares facilitar la repatriación de los salvadoreños que se encuentren en su distrito y concederles moderados auxilios».

En el caso de Gilberto esto no sucedió, regresó sin que nadie verificara su estado de salud.

El informe sobre personas migrantes amputadas, gravemente lesionadas o enfermas del CICR, en 2013, señala que, en los países del Triángulo Norte, es necesario fortalecer la coordinación del proceso de repatriación entre las autoridades migratorias y los representantes consulares ya que, a menudo, es meramente administrativa y no verifican las condiciones de salud de sus migrantes al emitir los documentos de viaje.

Recostado en su hamaca y con «pinky», su perro aguacatero que siempre lo acompaña. Gilberto recuerda que antes de migrar, escuchó sobre los peligros del camino y de abordar La Bestia, entre ellos, los asaltos, secuestros y el ser mutilados por el tren al tropezar o no subir a tiempo.

A pesar de conocer los riesgos, decidió marcharse. La hipoteca de su hogar, los $7 diarios que ganaba como jornalero y dos hijos, uno de 9 y otro de 5 años, le dieron más razones que miedos.

Según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), en El Salvador, entre las causas que obligan a los salvadoreños a migrar está la falta de condiciones económicas y laborales. Otra razón es que las personas huyen debido a la violencia.

Desde su accidente, Gilberto no puede trabajar, a pesar de que su muñón ha sanado, debe someterse a una nueva cirugía debido a que el corte de su amputación atraviesa un nervio. Esto le ha ocasionado una inflamación y la dificultad para su movimiento.

«Mire, aquí, el carcañal me han dejado puesto», dice Gilberto mientras señala su amputación.

Debido a sus complicaciones, Gilberto no ha podido realizar una rehabilitación física que le ayude recuperar el movimiento de su pie izquierdo. Tampoco ha podido pensar en una prótesis para volver a caminar.

Entre las dificultades a las que se enfrentan los migrantes luego de su discapacidad, está que no cuentan con un programa de atención en salud especial que les garantice la continuidad en su tratamiento, rehabilitación y acceso a una prótesis.

Registros. Como Gilberto, el CICR registró, entre enero y septiembre de 2019, cinco casos de migrantes salvadoreños que volvieron con amputaciones por accidentes.

El Estado ha reconocido, por medio de la Política Nacional para la Protección y Desarrollo de la Persona Migrante Salvadoreña y su Familia, elaborada en 2017, que es necesario promover y diseñar programas de desarrollo local y nacional enfocados en educación, vivienda digna, seguridad, oportunidades laborales y salud integral a través del fortalecimiento jurídico, institucional y financiero de las instituciones gubernamentales vinculadas a la población migrante.

El Ministerio de Justicia Seguridad Pública, a través de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME); Ministerio de Relaciones Exteriores (RREE), a través del Viceministerio para los Salvadoreños en el Exterior, Ministerio de Trabajo y Previsión Social (MTPS); Ministerio de Salud (MINSAL); Ministerio de Educación (MINED); Ministerio de Economía (MINEC); y el Instituto Salvadoreño para la Atención Integral de la Niñez y Adolescencia (ISNA) son algunas de las instituciones públicas que pueden cooperar con la atención.

Además, en su eje estratégico B1, numeral 10, la política enuncia que para la protección y atención de la población salvadoreña migrante en tránsito, es fundamental «brindar una atención especializada a población migrante con discapacidad resultante de accidentes durante el tránsito». Pero por el momento, no hay ningún plan especial.

El Consejo Nacional para la protección y desarrollo de la Persona Migrante y su Familia (CONMIGRANTE), que es la entidad encargada de elaborar, canalizar y verificar el cumplimiento de esta política y de todas las relacionadas a migración y desarrollo, no da respuesta sobre las acciones concretas en las que se ha trabajo para cumplir con la protección y atención de los migrantes retornados con una lesión.

Por medio de la oficina de comunicaciones del CONMIGRANTE, el director ejecutivo «sugería» que la persona indicada para conversar sobre los programas de atención al migrante retornado era la directora de la Dirección de Atención al Migrante (DAMI) de la DGME. Sin embargo, a los días, se acordó una entrevista que fue suspendida a último momento.

“Regresé a El Salvador con 17 años, ya tengo 19, fue muy difícil porque yo era una niña. Pensé que no iba a recuperarme o volver a caminar. Me deprimí mucho. El Estado no me ayudó. Fue por el CICR que pude ser atendida acá. Al venir, no recuerdo siquiera que me hicieran una entrevista, como las que dicen que hacen cuando uno regresa. Mi familia llegó al aeropuerto por mí y fue así como yo regresé a casa. No hubo alguien que me preguntara cómo había llegado o si necesitaba algo”, asegura Marleny Mancía.

***

En un intento por caminar, Gilberto muestra como su amputación se enrojece al dar unos pasos. Asegura que, desde que regresó, no fue atendido por el personal de migración para verificar su condición física.

Al llegar, fue trasladado a la DAMI, un espacio donde se asiste a los migrantes que vuelven desde las fronteras de México o Estados Unidos. Ahí, según Gilberto solo se le entrevistó para conocer los motivos que lo llevaron a migrar. Luego le extendieron una referencia para la curación de su amputación en una Unidad de Salud.

De acuerdo con el Programa Integral de Inserción para la población salvadoreña retornada del Ministerio de Relaciones Exteriores (RREE), para el recibimiento de los migrantes en la DAMI, la DGME, en un primer momento, debe identificar a las personas que necesitan atención médica y luego ser atendidas por MINSAL de acuerdo a su condición de salud.

Salvador Gutiérrez, Jefe de Misión Adjunto de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en El Salvador, asegura que entre los desafíos para la recepción de migrantes retornados, está el seguimiento de los casos luego del retorno.

Única. La Escuela de Órtesis y Prótesis de la UDB es la única con acreditación internacional de la Sociedad Internacional de Ortesis y Prótesis.

«Es necesario reforzar toda la oferta institucional porque la persona lo que busca es una respuesta rápida a su problema. Es necesario mantener un seguimiento y cubrir programas de atención en salud», dice Gutiérrez.

Gilberto no ha sido el único que sufrió la indiferencia del Estado. Melany Mancía, una joven de 19 años, regresó hace tres años sin su pie izquierdo cuando solo tenía 17.

Por teléfono, Marleny explica que es imposible visitarla en el municipio de San Antonio Pajonal, en Santa Ana. El río que está cerca de su comunidad se ha desbordado y ha imposibilitado el paso.

Sin poder recordar las fechas exactas, Marleny solo sabe que su accidente ocurrió en 2016. El coyote la subió a un camión que la llevaría hasta una de las fronteras de Estados Unidos. En el vehículo también viajaban otros siete migrantes que iban apretujados por el poco espacio.

La sobrecarga hizo que el camión volcara y en el accidente, Marleny perdió su pie izquierdo que quedó atrapado en los fierros del vehículo.

«Regresé a El Salvador con 17 años, ya tengo 19, fue muy difícil porque yo era una niña. Pensé que no iba a recuperarme o volver a caminar. Me deprimí mucho. El Estado no me ayudó. Fue por el CICR que pude ser atendida acá. Al venir, no recuerdo siquiera que me hicieran una entrevista, como las que dicen que hacen cuando uno regresa. Mi familia llegó al aeropuerto por mí y fue así como yo regresé a casa. No hubo alguien que me preguntara cómo había llegado o si necesitaba algo», asegura Marleny.

Desde que regresó, la recuperación de Marleny ha costado mucho. En los últimos dos años y medio le han realizado más de tres cirugías, ha sufrido infecciones y aún le cuesta movilizarse al hospital y al centro de rehabilitación. A parte del camino, que es difícil para andar, debe de costear su idas al hospital.

Sin recursos, Marleny ha solicitado la ayuda de la Alcaldía de su municipalidad para poder viajar.

«Mi vida era mejor antes. Me fui porque quería salir adelante, pero no salió como esperaba. Hoy, con la prótesis, he vuelto a tener una esperanza, pero no es igual, muchas cosas no han cambiado. Siempre están las dificultades económicas», dice Marleny y se despide.

Ayuda. Los estudiantes de la UDB ayudan a fabricar las órtesis y prótesis para reducir los costos a los usuarios.

A falta de una política pública que atienda las necesidades inmediatas en salud para los migrantes retornados, César Ríos, director del Instituto Salvadoreño del Migrante (INSAMI), una organización no gubernamental que trabaja con migrantes retornados, expresa que hay una falta de comprensión de la realidad de las personas que retornan.

«El Salvador es uno de los pocos países de la región que no tiene presupuesto para atender un programa de salud y migración. Es necesario brindar una asistencia post retorno. No se puede dedicar un esfuerzo solo al día de la llegada de los migrantes», destaca Ríos.

En Honduras, los casos de migrantes amputados sobrepasan a los de El Salvador, hasta la fecha, según la Comisión Nacional de Apoyo a Migrantes Retornados con Discapacidad (CONAMIREDIS), se contabilizan aproximadamente las 600 víctimas.

En la nación hondureña, la visibilización del fenómeno de parte de los migrantes retornados ha ayudado a contabilizar los casos de personas con una discapacidad.

En este país, los retornados han formado una organización para personas con discapacidad como la Asociación de Migrantes retornados con discapacidad (AMIREDIS) y han logrado que el Estado estudie la creación de políticas públicas para los migrantes amputados.

Por hoy, Marleny cuenta con una prótesis que fue costeada por el programa del CIRC. Con el tiempo, ella necesitará de una nueva prótesis. Pero la joven asegura que de seguir con las dificultades económicas, no podrá costear el cambio que se requiere cada tres o cuatro años.

Los precios para acceder a una prótesis varían entre los $500 a $1,000. Todo depende de la zona de la amputación.

Prueba. José Marín llegó una mañana de finales de septiembre a probarse sus nuevas piernas a la Escuela de Ortesis y Prótesis de la Universidad Don Bosco (UDB).

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José Marín ha llegado para probar sus nuevas piernas. Está en a Escuela de Ortesis y Prótesis de la Universidad Don Bosco (UDB), en Soyapango. Ansioso, espera sentado frente a una barras paralelas donde dará sus primeros pasos.

Primero, los técnicos ajustan las prótesis a sus piernas. Luego, dos estudiantes colocan los tenis azules que él ha llevado para comenzar nuevamente a andar. Al inicio, José expresa que siente molestias. Las zapatillas le han quedado muy apretadas.

En mayo, José Marín corrió tras La Bestia y tropezó. El cansancio de caminar por más de 43 kilómetros para poder abordar el tren en Chahuites, Oaxaca, en México le pasó factura. El accidente lo dejó sin sus dos piernas.

Una de las estudiantes, que nota la emoción de José por volver a caminar, se quita sus zapatos y le sugiere probar con los ella. Él y el personal ríen al ver que se tratan de unas zapatillas rosa. Las coge para practicar.

«Hoy sí. Hoy, luego de cuatro meses, me iré caminando, pensé que esto no iba ser posible», dice sonriente. Y una vez hecho el cambio, José da sus primeros pasos.En un principio, se apoya de la barra con sus dos manos; luego, emocionado logra hacerlo con una sola mano.

Primeros pasos. Con sus nuevas piernas, José Marín, comenzó a andar. Al inicio manifestó molestias, porque unas zapatillas que andaba le quedaban muy apretadas.

«En dos semanas usted podrá caminar sin ayuda», le explica Gilberto Abarca, encargado de la Escuela de Ortesis y Prótesis. Sin muchos ajustes, José está listo para regresar a casa caminando, se despide de la silla de ruedas y saluda a sus nuevas compañeras, dos muletas que le ayudarán a recuperar el paso.

El caso de José, es muy diferente a la de Gilberto y Marleny. Luego del accidente, el Estado respondió. Lo mediático del caso en redes sociales y la difusión del vídeo que registra su accidente, lo ayudó.

Desde su regreso, hace cuatro meses, José ha podido recibir terapias en el Hospital San Rafael, el MINSAL le ha dado seguimiento a su caso y desde Cancillería se ayuda con la movilización.

Al consultar a Cancillería sobre el seguimiento de otros casos de migrantes retornados con una discapacidad, como los de Gilberto y Marleny, la institución no da respuesta. El técnico encargado de verificar la atención a José aseguró que, para dar detalles sobre el trabajo que se realiza, necesitaba contar con una autorización. Sin embargo hasta el cierre de este reportaje no se obtuvo declaraciones.

José también es parte del programa del CICR que se encarga de otorgar prótesis a migrantes lesionados. Luego de cuatro meses él puede,nuevamente, andar.

Migrante. En mayo pasado, el salvadoreño corrió tras La Bestia y tropezó. El accidente lo dejó sin sus dos piernas.

El Estado, por el momento, solo ayuda con la movilización y logística para su atención. De ser necesaria una prótesis los casos son remitidos al CICR.

Para Gilberto la realidad es otra. Su necesidad fue tan grande que, a través de los medios de comunicación, solicitó donaciones económicas para continuar con su tratamiento y acabar, al menos, con su dolor.

«Yo no duermo. Me angustia esta situación. Mi familia dependía de mí y ahora estamos viviendo de lo nos da la gente. Mi esposa no puede trabajar porque cuida de mí. Ella también debe atender a nuestros hijos de 9 y 7 años. Duele pasar por esto y que nadie lo ayude», relata Gilberto.

Mientras tanto, Gilberto adeuda la hipoteca de su hogar y está en riesgo de perderla. No puede saldar la deuda a través de su seguro, debido a que el banco asegura que el beneficio solo aplica en caso de muerte.

Respuesta. A diferencia de otros casos, a José Marín el Estado sí le respondió cuando regresó a El Salvador.

Mucho más que palabras

El 2019 fue declarado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Un comunicado emitido por la organización a inicios de año, detalla que el objetivo de ello es «sensibilizar a la opinión pública sobre los riesgos que enfrentan estas lenguas y su valor como vehículos de la cultura, los sistemas de conocimiento y los modos de vida».

Las lenguas indígenas son una forma de patrimonio inmaterial que va más allá de una forma de hablar, ya que cada lengua implica en sí la carga de un largo y extenso bagaje de experiencia y conocimientos humanos. Estamos hablando de sistemas de información, de formas de construir pensamiento y la comprensión y asimilación del mundo mismo. Por ello, si se piensa que de las 6.700 lenguas que se hablan en el mundo, la mitad de ellas desaparecerá antes del fin de siglo, comprenderemos que lo que se pierde es algo más profundo y complejo que un grupo de palabras, y que esas pérdidas afectan al conjunto de la humanidad.

De esas 6.700 lenguas, el 96 % son habladas por apenas el 3 % de la población mundial, en su mayoría pueblos indígenas. Precisamente el racismo al que son sometidos estos pueblos es uno de los factores por los cuales estas lenguas tienden a desaparecer. En sus comunidades, los más jóvenes prefieren aprender las lenguas dominantes, lo que les brindará ventajas al intentar integrarse a la sociedad globalizada. Eso va limitando y reduciendo al número de personas que hablan lenguas originarias, en su mayoría personas mayores.

La sobrevivencia de dichas lenguas en el tipo de sociedad que estamos viviendo lo tiene todo en su contra. El español, el inglés, el ruso y el mandarín se expanden como idiomas dominantes no sólo en amplios territorios geográficos, sino también en el mundo virtual. Se da además una penetración peligrosa que va desplazando palabras de idiomas originales como, por ejemplo, los términos en inglés que se vienen infiltrando en el español centroamericano de manera intensiva desde hace poco más de una década.

Si consideramos que cada lengua indígena implica en sí formas ancestrales de conocimiento, es posible comprender la riqueza que representan para el tejido social de una región. Esto puede comprenderse fácilmente en nuestro propio país, cuando pensamos en la herida profunda a la identidad nacional que significó la masacre de 1932. Murieron miles de indígenas, pero la persecución de los cuerpos represivos continuó después contra quienes continuaran hablando su lengua, utilizaran sus indumentarias típicas y practicaran sus ritos y tradiciones. Para sobrevivir, nuestros indígenas tuvieron que invisibilizarse, hablar su lengua a escondidas o no enseñársela a sus hijos y nietos. El atrevimiento de desobedecer podía costar la vida misma.

Melanesia, el África Subsahariana y Latinoamérica son las regiones con el mayor número de lenguas en peligro de desaparecer. En El Salvador, el náhuat pipil se encuentra en estado crítico de extinción, según la UNESCO. Sin embargo, se realizan loables esfuerzos por parte de algunas instituciones y personas, como el etnolingüista Jorge Lemus, reconocido por ello con el Premio Nacional de Cultura 2010. A pesar de lo difícil que resulta intentar difundir el habla de una lengua que no tiene un uso más expandido, el Proyecto de la Revitalización de la Lengua Náhuat, impulsado desde la Universidad Don Bosco, cosecha algunos frutos al ir enseñando la lengua en un lugar como Santo Domingo de Guzmán, donde viven la mayoría de sus hablantes. Esto permite que los estudiantes puedan practicar un poco más, en su contexto cotidiano.

En El Salvador, el Decreto Legislativo No. 528 estableció que, a partir de 2017, cada 21 de febrero se celebrará el Día Nacional de la Lengua Náhuat. La fecha coincide con la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna, proclamado por las Naciones Unidas en 1999. Esto reconoce a la lengua náhuat como parte del patrimonio cultural inmaterial salvadoreño, pero continúa siendo insuficiente como mecanismo para la sobrevivencia de uno de nuestros idiomas originarios.

Cuando muere el último hablante de una lengua y ésta se da por extinta, se pierde para siempre todo un bagaje de conocimientos y tradiciones ancestrales. Pensemos en las leyendas que contaban nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos. Pensemos en los alimentos que comían, en las canciones que cantaban, en los poemas que recitaban. Pensemos en cómo se transmitían las instrucciones de una receta o de la ejecución de un rito sagrado, palabras que nacieron para describir lo cotidiano, intentar comprender lo inexplicable o admirar con asombro y humildad la belleza del mundo.

Quién sepa algo de historia podrá comprender el valor que tienen las lenguas que lograron sobrevivir a las diferentes colonizaciones, en todos los continentes. Sabrá que, en toda colonización, se impone borrar la lengua del vencido, como una manera de imponer silencio y censura, de agredir y de borrar la identidad ajena y, por ende, de humillar, rendir, vulnerar y finalmente exterminar al caído. En nuestro continente, se impuso la lengua del hombre blanco, y con ello también se impusieron su religión, su forma de vida y sus jerarquías sociales.

Fomentar el estudio y la preservación de las lenguas indígenas es una forma de reconocimiento de nuestra diversidad como seres humanos y de comprender que no existen pueblos únicos, mejores o peores. Existe la humanidad, con todas sus formas, colores y atributos. La diversidad es, precisamente, uno de los elementos que enriquece nuestra experiencia humana. Proteger una lengua implica también protección para sus hablantes, para sus derechos humanos y para la construcción de sociedades respetuosas e inclusivas. También reafirma una continuidad lingüística y, por lo tanto, cultural.

Para leer más sobre este tema, puede visitar la página web del Año Internacional de las Lenguas Indígenas en https://es.iyil2019.org, que ofrece de manera gratuita ensayos, actividades, material didáctico e información diversa sobre cómo otros pueblos encuentran estrategias novedosas para proteger y salvar sus lenguas alrededor del mundo.