La ausencia entre rincones y objetos

 

LAS HISTORIAS

El hijo de una odontóloga

Goles y medallas

La colección de peluches

 

El hijo de una odontóloga

 

“Hay algunas personas que todavía, con el pasar de los tiempos –y uno bien se da cuenta a qué nivel ha llegado el trauma psicológico, psicosocial que presentan–, todavía ponen los platos de comida en sus mesas, todavía lloran el recuerdo”. German Cerros, psicólogo del Instituto de Derechos Humanos de la UCA

Viaje. Emilio Bolaños tenía 11 años cuando su madre le tomó esta foto junto a su hermana. Fue para un paseo a las ruinas de Tazumal, en Chalchuapa, Santa Ana. Emilio era el primero de tres hermanos y también padre de un niño. Patricia Rodríguez lo recuerda como un hombre amoroso.

Patricia Rodríguez limpia cada cierto tiempo el cuarto de su hijo. Lo hace, incluso, desde el 7 de marzo de 2016, cuando ya no lo volvió a ver. En este espacio, al final de la casa de una colonia de Quezaltepeque, en La Libertad, se ha quedado huérfana una biblia en una mesa de noche. Era la que hojeaba Emilio Bolaños, desaparecido cuando tenía 32 años.

Su madre conserva intactas sus prendas: cuatro pantalones y una camisa que su hijo dejó sobre su cama, sus zapatos ordenados en un mueble, una chumpa sobre una bicicleta estática y una camiseta sobre el borde de una pared. En esta pared, que la humedad y el tiempo desgastan, Emilio dejó una gorra y un armazón sin lentes que así solía usar.

“Me llena de fortaleza saber que, al menos, tengo esos recuerdos que fueron parte de su vida”, dice Patricia.

Tras la desaparición de Emilio, colegas artistas del break dance le hicieron un homenaje. En ese evento, Patricia recibió un cuadro con el rostro de Emilio. Colgarlo arriba de la cabecera de la cama es la única alteración que ha hecho en este espacio.

Emilio, un bailarín y gestor de la cultura hip hop en El Salvador y Centroamérica, era conocido en el mundo artístico como “Milo Breakstars” o “Bboy Milo”. El Breakstars hace referencia al grupo de baile que formó con amigos. Con ellos comenzó a bailar en su antigua casa, siempre en Quezaltepeque, y también practicó en el quiosco del parque de esa ciudad, el parque Roberto Argüello Morán.
Patricia ha visitado todas las morgues del país y se ha plantado atrás de la línea amarilla de las escenas de homicidio buscando a su hijo. Es odontóloga y espera reconocerlo algún día por su dentadura. “Últimamente, en estas épocas, yo lo que quiero es recoger las osamentas de él. Si es de reconocerlo, yo misma lo puedo reconocer, porque yo le arreglé sus dientes”. Mientras, seguirá limpiando el cuarto de su hijo hasta que ese día llegue.

 


 

Goles y medallas

 

 

“La Fiscalía General de la República dice que algunos familiares intentan mantenerse serenos ante una desaparición, pero recomienda que, mientras la persona no aparezca, se continúen celebrando los acontecimientos que son importantes para la familia. Aunque signifique un esfuerzo”.

Delantera. La familia de Jocelyn asistía a esta cancha a verla jugar. Este fue el primer lugar donde la vinieron a buscar el pasado 22 de mayo, en la noche.

En la cama donde una vez durmió Jocelyn Cisneros su familia tiene esta tarde parte de su ropa. Hay dos jeans doblados, una blusa blanca con puntos negros que su hermana mayor le regaló para un cumpleaños, dos camisetas con las que algún día jugó fútbol y una con el logo del Instituto Nacional General Francisco Menéndez, del que se graduó de bachiller.
También están la mochila y los cuadernos que ocupaba para ir a la Universidad de El Salvador, donde estudiaba Economía. De ahí volvía aquella noche del pasado 22 de mayo, cuando la vieron por última vez.

Alguien que ve por primera vez estas paredes no duda de la dedicación de Jocelyn. Aquí cuelgan cinco medallas que, entre 2016 y 2017, ganó jugando fútbol. Y hay dos más, estas las ganó por perseverancia como estudiante en 2015.

“Ella no quería que le celebraran los 15 años, sino que los 16, porque ella decía que no quería algo grande, sino que quería algo más sencillo. Para ella fue algo grandioso, hermoso”, dice su hermana cuando habla de otro de los recuerdos de Jocelyn que conservan. Es una muñeca color celeste, testigo de aquella celebración.
El padre de Jocelyn dice que tuvo acceso a los videos de las cámaras dentro de la UES, en los que se observa que su hija llegó a las 5:30 a la universidad. Media hora después salió a comprar con una compañera y luego estuvieron sentadas bajo un palo de conacaste. La compañera salió de la universidad a las 6 de la tarde y a los 10 minutos salió Jocelyn por la entrada de la plaza Minerva.

Es lo único que sabe porque, dice, las autoridades no colaboran.

A cuadras de esta casa ubicada al norte de San Salvador hay un parque pequeño con una cancha de cemento, encerrada entre tela metálica y oxidada. En esa cancha, hoy tapizada de hojas caídas, Jocelyn jugó fútbol con una selección de la colonia. Era delantera y goleadora. Desde la parte izquierda del parque su familia se reunió varias veces para verla jugar. Cuando desapareció, fue el primer lugar en donde la buscaron.

“Casi tres meses han pasado y no nos han dado ninguna respuesta. Uno, que está viviendo en carne propia este dolor, vive una incertidumbre”, cuenta su padre de regreso en la entrada de esta casa, donde esperan que Jocelyn vuelva.

 


 

La colección de peluches

 

“Muchos siguen buscando hasta que encuentran respuestas, aunque les lleve años. Desde su perspectiva, suspender la búsqueda antes sería como abandonar para siempre a la persona desaparecida”. Comité Internacional de la Cruz Roja.

“Aquí vi mucho sus caprichitos de niño. Vi mucho su infancia, corrimos juntos, gritábamos, nos deslizábamos juntos. Jugábamos pelota. Fue un lugar muy bonito para hacer contacto entre madre e hijo”. María Elena Larios está sentada en un borde del parque Cuscatlán. En las piernas tiene un peluche del Demonio de Tazmania que viste una camiseta blanca. Y con la mano izquierda sostiene una fotografía del rostro de Heriberto Antonio González, su hijo.

Aunque no está habilitado para el público, desde afuera de la Sala de Exposiciones Salarrué, el parque Cuscatlán es un espacio de San Salvador que le recuerda a Heriberto, a quien vio por última vez el 6 de marzo de 2010, cuando salió, solo y de 18 años, hacia Estados Unidos.

Desde entonces, María Elena conserva una colección de peluches del Demonio de Tazmania –“los Taz”, le dice ella– que dejó Heriberto. Recuerda que él, siempre que podía, compraba un peluche de ese personaje.

Esta mañana ella también carga otra foto de Heriberto. La lleva guardada en un sobre manila. El niño está parado frente a uno de los árboles del parque Cuscatlán. De eso ya han pasado 26 años. La foto tiene escrito atrás: 14 meses.

“¿Por qué cree que ando encima, encima, encima y no me gasto?”, pregunta María Elena. “Porque lo voy a encontrar», dice segura con una sonrisa. En los tres recorridos que ha hecho en México con la caravana de familiares de migrantes desaparecidos, entre 2016 y 2018, ha encontrado pistas, dice, que le dan esperanza.

 

Lluvia plástica

A mediados de agosto, la revista Science Advances publicó un estudio que demuestra que la contaminación por plástico está presente no solo en el fondo de los mares, sino también en los lugares más remotos e inhabitados del planeta.

Entre 2015 y 2017, un grupo de investigadores tomó muestras de nieve en tres lugares diferentes de Alemania, en los Alpes suizos y en el Ártico, que tras ser analizadas, mostraron presencia de microplásticos. Debido a su tamaño y ligereza dichas partículas pueden moverse con facilidad en la atmósfera e incluso viajar y llegar a lugares con escasa presencia humana, como el Ártico.

Los tipos de plástico encontrados en las muestras tenían diferentes orígenes y provienen de objetos como pintura, llantas, mangueras, empaques de hule y otros de uso industrial.

Por su parte, el Servicio Geológico de Estados Unidos analizó también de forma reciente muestras de agua de lluvia recolectadas en las Montañas Rocosas del estado de Colorado. Detectaron que el 90 % de las muestras tomadas tenía presencia de microplásticos. El hallazgo fue accidental, ya que lo que se buscaba era estudiar la contaminación por nitrógeno, pero al analizar las muestras, la presencia de fibras y fragmentos multicolores inusuales obligaron a investigar su origen. De la misma manera que con las muestras de nieve, se concluyó que los materiales llegaron a la lluvia porque su tamaño les permitió moverse libremente en la atmósfera.

Este tipo de contaminación, no tan evidente por su tamaño, ha puesto en alerta a la comunidad científica que desconoce los efectos que los microplásticos tendrán en la salud humana, ha medida que dicha contaminación aumente. Debido a que el plástico ya se encuentra como elemento contaminante en los océanos, una persona promedio ingiere ya alrededor de 100 partículas de plástico anuales tan solo por consumir crustáceos. Pero las investigaciones demuestran que no solo estamos comiendo plástico y absorbiéndolo a través de la piel debido al uso de numerosos productos, sino que ahora también lo estamos respirando.

Una señal de que estamos siendo abrumados por la presencia del plástico es que las empresas globales que lo producen no han reducido sus porcentajes de producción, sino más bien todo lo contrario. Diversas organizaciones estiman que en 2016 se produjeron 335 millones de toneladas de plástico. Se calcula que para el próximo 2020, la producción superará los 500 millones de toneladas anuales.

Es necesario mencionar que el plástico es prácticamente eterno y puede tardar cientos y hasta mil años en degradarse total y efectivamente. Como demuestran también los estudios citados al inicio, el plástico se termina fragmentando en partículas micro y nanoscópicas que siguen presentes y propagándose, ahora hasta en la lluvia, la nieve y el aire. También hay que mencionar que el plástico, al ser expuesto a la radiación solar emite metano y etileno, dos potentes gases que crean el efecto invernadero y que son buena parte de los culpables del actual cambio climático.

Tampoco podemos limitarnos a creer que la solución del problema es el reciclaje. Una investigación realizada por la National Geographic indicó que en los últimos 70 años se han producido 8,300 millones de toneladas métricas de plástico, la mayoría de ellas de objetos desechables. De esa cifra apenas se ha reciclado el 9 %. El resto va a parar a los rellenos sanitarios o a los océanos, donde la basura acumulada se convierte en islas flotantes o es consumida por los organismos vivos. Recordemos los numerosos casos de ballenas y otros animales muertos que aparecen en las playas con sus estómagos llenos de bolsas y otros objetos.

Por lo general, cuando se difunde este tipo de estudios, las recomendaciones finales insisten en orientarse hacia los consumidores y sugerir cambio en los hábitos de compra y consumo. Pero la verdad es que el entorno no ayuda a efectuar esos cambios de manera que tengan un impacto significativo. Si pensamos que la mayoría de productos vienen empacados, tienen componentes o están hechos totalmente de plástico, los esfuerzos individuales por minimizar su uso son bastante inocuos, sobre todo en países como el nuestro donde no existen normativas ni leyes para regular la producción, disposición y mucho menos el reciclaje de este tipo de material.

Aunque el cambio de hábitos de consumo de las personas es imprescindible para poder reducir de manera significativa este tipo de contaminación, los esfuerzos deben enfocarse también y sobre todo en negocios, empresas y grandes corporaciones que fabrican y ofrecen sus productos finales empaquetados o producidos con plásticos de diverso tipo. Los gobiernos y políticos también deben ser presionados para implementar medidas, leyes y sobre todo sanciones ejemplarizantes que impidan la creciente contaminación.

Pero dichos cambios tienen que ser, sobre todo, culturales. Es imprescindible cambiar la costumbre de lo desechable, del comprar y botar, del uso único. Se debe pensar en un regreso a otro tipo de materiales ciento por ciento biodegradables (como el papel) o reutilizables (como el vidrio y los envases metálicos). La fabricación de plástico, lejos de aumentar cada año, debe disminuir.

Para lograr estos cambios, todos deberemos hacer sacrificios, grandes y pequeños, pero ahí reside buena parte del problema. ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a sacrificar un poco de nuestra pequeña comodidad personal y andar cargando con pajillas de metal, bolsas de tela y otros recipientes cada vez que vayamos a comprar comida? ¿Cuándo se inaugurarán en el país supermercados y almacenes que vendan productos a granel y con cero uso de plástico? ¿Cuántos de esos grandes consorcios y corporaciones están dispuestos a modificar sus ingresos económicos y cesar o reducir al mínimo imprescindible la fabricación de plástico y su utilización como empaque para miles de productos de la vida cotidiana?

No solo los consumidores debemos cambiar nuestros hábitos. También debe cambiar el diseño de una economía que no es amigable más que para el bolsillo de unos pocos, pero que nos está matando lenta y silenciosamente a todos, personas, animales, plantas y hasta al planeta mismo

Seguridad, tecnología y ciudades inteligentes

Aquello de que de las crisis nacen las oportunidades parece ya una frase trillada, pero es muy cierta. Y si hay un pueblo que sabe de crisis, es el salvadoreño. Venimos de una guerra que nos desangró en todos los sentidos, y de una posguerra en la que hemos bregado con el bajo crecimiento económico, con la descomposición del tejido social y con la inseguridad.

Y es esto último lo que cientos de miles de salvadoreños perciben como el principal de nuestros problemas. La delincuencia y la criminalidad, en sus diferentes manifestaciones, no solo merman casi una quinta parte del Producto Nacional Bruto, sino que tiene tremendas consecuencias humanas y sociales.

Pero es curioso que las necesidades que surgen debido a esta realidad se conviertan en ventanas de oportunidad para que El Salvador se adentre a temas de primer mundo, como las ciudades inteligentes.

En una ciudad inteligente, o «smart city» según el término anglosajón original, se aprovecha el potencial de la tecnología y de la innovación, junto con otros recursos, con el objetivo de promover un desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

En estas, el día a día se maneja a través del aprovechamiento del «big data», de las aplicaciones móviles, del internet de las cosas y de la denominada industria 4.0, con un enfoque de uso racional de los recursos, ahorro de recursos para los ciudadanos, gobiernos transparentes y producción más limpia, entre otros.

Y si bien es algo que quizá nos suene aún futurista, se vuelve poco a poco una realidad y una cotidianidad en diferentes partes del mundo.

En El Salvador ya están presentes empresas que lideran estos procesos en otras ciudades. Una de ellas es IndigoVision, originaria de Reino Unido y con sede en Escocia. Se especializa en videovigilancia y opera en unos 30 países, pero además trabaja ya en procesos de ciudades inteligentes en países como Colombia, Chile y Perú.

Al país han llegado de la mano de la local Radiocom, principalmente para trabajar la instalación de cámaras de seguridad de alta tecnología que echan mano de inteligencia artificial para ser eficientes y aumentar su capacidad, velocidad y calidad de reacción.

En el país han instalado equipos en el puerto de Acajutla y en el Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero, a través de contratos con la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA). Su sistema de videovigilancia IP ofrece, entre otras cosas, reconocimiento facial y numérico para facilitar la identificación tanto de personas como de placas de vehículos.

El enfoque de la seguridad en las ciudades inteligentes aprovecha la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías para la vigilancia, pero también para la prevención del delito. La identificación facial y numérica también facilita la obtención de indicios para las fases de investigación y de pruebas, una vez judicializado el delito.

Contar con sistemas integrados de seguridad que ofrecen este tipo de vigilancia, generalmente combinados con mecanismos de alerta inmediata, se convierten también en un desincentivo para la criminalidad, desde el punto de vista de la economía del delito: hace más probable que alguien que comete un ilícito sea capturado, procesado y finalmente condenado, algo en lo que países como el nuestro aún tienen una deuda grande.

La tecnología, las herramientas y los mecanismos están disponibles. Lo que falta es que se tomen decisiones para implementarlos de forma adecuada para hacer un combate más efectivo a la criminalidad, más enfocado y preciso.

Y, por qué no, aprovechar este primer paso para ir abriendo las puertas a que nuestras ciudades se vuelvan ciudades inteligentes, no bajo la receta de otros, sino como respuesta a nuestras particularidades y necesidades como país.

Esta es, definitivamente, una oportunidad que se puede y se debe aprovechar

Patrulla fronteriza

El Salvador acaba de anunciar la creación de una patrulla de fronteras que contará con 350 agentes del Estado, cuya misión será «golpear a… los grupos terroristas, que obligan a la ciudadanía a la migración forzada». Es la nueva política para intentar frenar los flujos migratorios de salvadoreños hacia Estados Unidos. No es una buena idea en realidad.

Lo anunciado por el gobierno Bukele solo puede leerse como un intento para congraciarse con las políticas migratorias que, desde Washington, dicta la Casa Blanca de Donald Trump.

No es casualidad que Rogelio Rivas, el ministro de Seguridad de Bukele, lo haya anunciado en Panamá frente a Kevin McAleenan, su homólogo estadounidense, quien ha llegado a Centroamérica como el más reciente vocero de la retórica antiinmigrante de Trump y como nuevo supervisor de que la política exterior de Washington en la región, basada exclusivamente en la criminalización de la migración, se cumpla.

La patrulla fronteriza no es una buena idea, dije arriba. No lo es porque parte, en el mejor de los casos, del absoluto desconocimiento de las causas y los matices de las migraciones centroamericanas hacia el norte.

Es cierto que hay un buen número de viajes que son provocados por las amenazas de las pandillas a familias que, en los barrios y cantones de El Salvador, no cumplen con las exigencias que esos grupos criminales hacen en el ejercicio del control territorial, que es absoluto entre otras cosas por el fallo miserable del Estado de recuperar los tejidos sociales en estos lugares.

Pero también es verdad que cuando, en las cortes migratorias de Estados Unidos, los salvadoreños solicitantes de asilo alegan persecuciones no se refieren solo a las pandillas, sino también a agentes del Estado, sobre todo a policías que los han acosado o violentado gracias, de nuevo, a la permisividad del Gobierno. Eso de los grupos terroristas debería de incluir, también, a varios agentes del Estado.

Y así sean pandilleros o exterminadores estatales los que empujan la migración, a estos no se les combate en los puntos ciegos que rodean El Poy o Las Chinamas; se les persigue ahí donde operan, que es en los barrios o, incluso, en recintos oficiales, luego se les investiga y se les lleva donde un juez.

Estuve hace poco en Agua Caliente, punto fronterizo entre Honduras y Guatemala y punto nodal de la ruta más transitada por migrantes en los últimos años. Ahí confirmé dos cosas. Una es que la principal causa que empuja a los centroamericanos a salir de sus países sigue siendo la desesperanza, generada por la violencia, la falta de oportunidades económicas y, no menos importante, la desconfianza en que las élites políticas o empresariales de los países puedan o quieran hacer algo por aliviar esas condiciones. La desesperanza tampoco se resuelve con agentes del Estado en las fronteras.

También vi en Agua Caliente los primeros efectos de las medidas manoduristas que la administración Trump está empujando en Centroamérica, como la llamada política de tercer país seguro, ya instaurada en Guatemala. Lo que esto ha provocado, por ahora, es que regresen desde tierras guatemaltecas a más hondureños y salvadoreños, muchos de los cuales no vuelven hasta sus lugares de origen, sino que pululan en las fronteras a la espera de que los traficantes de personas que ahí se mueven los pasen.

Si el ministro se refiere a esos grupos criminales, a los coyotes, tendrá que tomar en cuenta que estos han sobrevivido décadas porque la desesperanza de los migrantes les paga bien, y porque se han amparado siempre en la corrupción de los policías fronterizos y de los políticos. Esa corrupción tampoco se combate en los puntos ciegos.

Al final, el anuncio de la flamante patrulla fronteriza salvadoreña puede quedar bien para titular de primera plana, pero resolverá muy poco en las fronteras. Lo que sí hará, muy probablemente, es anotar más puntos a la administración Bukele en los pasillos del trumpismo

Carta Editorial

Somos de las personas a las que el trabajo pudre por dentro.

Pasamos el día pensando en cómo contar una tragedia. En cómo hacer para que sea “atractiva”, para que interese en un país que rebalsa tragedias.

Cuando terminamos, nos vamos a casa. Pero nos vamos con plena consciencia de que esa casa es un privilegio, que llegar es un privilegio, que llegar y encontrar en esa casa a alguien querido y olerlo mientras nos abraza es un privilegio. Es uno al que las personas de las que escribimos no han tenido acceso. Y, con conocimiento pleno de la desigualdad, es difícil disfrutar. No se debe. Porque suena a ser parte de una injusticia que se perpetúa justamente en la distracción de quienes, quizá con más empatía, podrían hacer algo.

Sentir lo que sabemos nos marchita. Pero no tenemos derecho a aquejarnos. Porque lo único que debe ocuparnos es el compromiso que tenemos de contar, y bien, a todos los que, bajo riesgos que ni nos imaginamos, nos tienen la suficiente confianza de hablarnos. Estas personas se abren de alma no para generar lástima, sino que para reclamar la dignidad que les ha sido arrebatada entre delitos e impunidades.

Y acá estamos otra vez, compungidos, sin saber qué tiempo verbal usar para contar esto. ¿Pasado? Cuando no lo hemos superado. ¿Presente? Cuando hablamos de ausencias. ¿Futuro? Ojalá que no. Ojalá que no pase, que no sigamos así.

Los periodistas somos un instrumento, un medio. Intentamos cada día ejercer con la altura que merece el cargo. Pero nos pudre. Nos pudre tanto privilegio. Nos pudre seguir vivos y presentes en un país en el que se sufren tanto las ausencias y en el que la sonrisa hace rato dejó de ser una marca nacional. Ahora es ese lujo que deberíamos pensar bien en ejercer.

Hoy tenemos que presentar la octava entrega sobre las desapariciones. No es fácil seguir transitando entre pérdidas. Es necesario, sí, pero sería mejor que no lo fuera. A veces, cargados de algo parecido a la candidez, deseamos acabarnos todas las historias como estas. Y que no haya más. Pero todavía quedan tantas.

Para que se acaben, antes las tenemos que conocer a fondo. Por eso hoy nos abrazamos a las medallas de Jocelyn, a los Taz de Heriberto y a las camisas que Emilio dejó sobre la cama.

«Hacer una pausa no es lo mismo que rendirse»

¿Cuál es su posesión más preciada?

No soy mucho de bienes materiales, lo que más aprecio son mis cualidades: mi resiliencia y empatía. Ellas me han mantenido viva y me hacen la persona que soy.

¿Cómo reacciona a las críticas si cree que son injustificadas?

En primera instancia, me chocan; pero la vida me ha enseñado a ser prudente y a estar segura de mí misma, también a escuchar; así que, si recibo una crítica, independientemente de su naturaleza, examino si me ayuda a crecer y si no, la descarto.

¿Cuál es su mayor extravagancia?

En general creo que soy bastante común, a excepción de mi amor por los felinos, me considero una loca de los gatos.

¿Qué hace cuando tiene dificultades para resolver un problema?

Me tomo el tiempo para buscar una solución. Hacer una pausa no es lo mismo que rendirse, hay que saber que a veces es necesario detenerse y mirar todo el panorama.

¿Qué le pondría una sonrisa en la cara?

Ayudar a mis papás a ser felices, a que cumplan sus sueños y disfruten la vida. Y tener más gatos.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

Aprendí a ser más cuidadosa, a no ser tan confiada, a darme mi lugar siempre y estar más segura de mis capacidades y de mi trabajo.

¿Con qué cosas cuenta para alcanzar su meta en este momento?

Con mi determinación, mi valentía y mi optimismo.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (224)

1834. ALBORADA CREPUSCULAR

La jornada estaba por concluir y todos se preparaban para regresar a los respectivos espacios hogareños. Era en ese momento cuando Erick se sentía más ajeno a todo, porque desde hacía unas pocas semanas carecía de hogar. El día en cuestión empezó a percibir desde temprano que algo estaba reverberando dentro de su conciencia. Cerró todo en su pequeño despacho, salió de la oficina y se quedó vagando por los alrededores. Sin proponérselo, estaba ahí, en el parquecito que hacía tanto que no visitaba. Se internó en él, y de pronto la vio. Era ella, Ligia, su aún esposa. Se le acercó: “¿Me permites?” “¿Qué?” “Compartir el silencio”. Ella lo miró con un énfasis olvidado: “Vamos entonces a nuestra casa, la que dejamos al separarnos. Necesitamos refugio…”

1835. OTRA FORMA DE AMAR

Se miraron intensamente a los ojos frente al reflejo vivo de la luna llena, que estaba haciéndose presente como lo que era, una deidad puntual, y aunque muchas veces lo habían hecho antes, en esta oportunidad el flujo compartido tenía un toque de tierna luminosidad que bien se podía calificar de mágico. Pero ellos no sentían en ese instante ningún efecto desconocido; por el contrario, la naturalidad más espontánea iba envolviéndolos hasta que ambos murmuraron al unísono: “Vamos a visitar la espuma de la playa…” Y de inmediato emprendieron camino, como si el sonido de la eternidad estuviera llamándoles con urgencia. De seguro el trayecto fue muy largo, porque cuando el mar en movimiento espumoso estuvo a su alcance ya casi era noche de luna nueva. Entonces volvieron a mirarse a los ojos, y en compañía de la espuma se sumergieron en el mar del alma.

1836. LOS NAVEGANTES SIGILOSOS

En el muelle principal, que había sido reconstruido, cada día iban apareciendo naves diferentes, desde veleros clásicos hasta buques casi virtuales. Por ahí circulaban a toda hora los encargados de atraque, de descarga, de limpieza y de seguridad; pero había muchos momentos en los que la soledad y el silencio imperaban de manera impecable. Y aquel era uno de esos momentos. De pronto, apareció una figura en uno de los extremos del muelle, a la que se le fueron uniendo otras. Y cuando todas estuvieron reunidas frente a una de las embarcaciones, alguno de los presentes dio la orden en silencio, pero con una elocuencia irresistible. Subieron entonces por la escalinata que había aparecido de repente. Al ingresar el último, el barco se desperezó y alzó vuelo. Nadie se dio cuenta.

1837. TAREA DEL DÍA

No era por supuesto la primera tarea en la ruta, ni siquiera una de las primeras. Aquella especie de batallón servicial cumplía encargos sucesivos. Los miembros del grupo, organizados con disciplina estricta, lo tenían todo preparado. Y como era de esperar, en un instante llegó la orden inapelable. Todos comenzaron a moverse hacia el objetivo, que ya era visible: un volcán de desechos en el filo de un muro de piedra antigua. Avanzaron, se acercaron, llegaron. Al estar frente al promontorio, el que dirigía la tarea se puso enfrente y dio las órdenes del caso. Cada uno de los participantes tomó su carga, y todos, en fila india, se fueron dirigiendo de regreso a su lugar de origen, que estaba ahí, a flor de tierra, porque todos pertenecían al mismo hormiguero.

1838. EL VIENTO SÍ RESPONDE

Tuvo siempre la ilusión obsesiva de que los seres naturales se comunicaran con él por la vía que fuera. Y así, cuando era niño, arrimaba el oído a los troncos de los árboles del entorno, para tratar de recibir alguna señal de vida que fuera reconocible; cuando era adolescente, se arrodillaba al borde del arroyo que le salía al paso en la ruta cotidiana, y ahí, con los ojos cerrados, aguardaba los mensajes del agua fluyente; luego, en su primera adultez, iba a los parques con la novia de turno y se tendían juntos sobre la hierba fresca para descubrir algún pálpito subterráneo. Nada en ningún momento. Y hoy, cuando ya andaba en trance de madurez mayor, se propuso el último intento. Subió la colina y cerró los ojos. Luego de un tiempo indefinido oyó aquella voz. La del viento en su interior.

1839. TODO PUEDE PASAR

La autoridad policial y militar ha emprendido la tarea de recuperar el control territorial usurpado por las organizaciones pandilleriles. Los policías y los soldados patrullan por colonias y caseríos en busca de delincuentes, y en cualquier momento del día y de la noche pueden aparecer de improviso. Así ha ocurrido esta madrugada en el pasaje que sirve de frontera entre los territorios que controlan ahí las dos maras presentes. Los habitantes de la casita número 7 duermen como todos los días, y no se dan cuenta de nada de lo que pasa afuera. Cuando amanece, comienza la actividad matutina. Y al salir ellos a sus respectivos destinos cotidianos se percatan: una curiosa quietud impera. Parece que están en un mundo totalmente deshabitado. Nadie circula. Nada se mueve. Hasta el aire brilla por su ausencia. ¿Es un juego del tiempo?

1840. LAS FLORES POR VENIR

Estaba iniciando su formación universitaria, y había escogido una carrera que nadie hubiera imaginado: horticultura urbana. Él había sido siempre muy reservado, aunque sin llegar a la hurañez; y su madre se animó a preguntarle cuál era su mayor deseo de cara al futuro. Luego de un silencio característico respondió: “Tener mi propio huerto con alma de jardín”. Ella sonrió en tono que estaba a punto de ser burlón: “Pero hijo, para tener jardín primero tienes que tener casa, y para tener casa tienes que estar en condiciones de adquirirla… Nada de eso puede darse como por obra de magia. La vida es un proyecto”. Él soltó su respuesta, que parecía preparada: “Voy a ser un horticultor exitoso, ya van a ver. Y ese jardín que anhelo ya se está preparando aquí…” Y se tocó la sien. Ella entonces dejó el tema tranquilo.

1841. MANDATO SUPERIOR

El consejo de familia estaba reunido para tratar el caso de Máximo, que era el nieto menor, cuya extraña conducta ponía velos sombríos sobre la suerte del conglomerado familiar. Máximo, sin ser invitado, se hizo presente: “Dejen a un lado todas sus especulaciones. Yo soy un emisario de nuestros antepasados y vengo a poner orden… Vamos a volver al origen: somos campesinos y volveremos a serlo…” Hubo un relámpago, y de repente todos estaban sentados sobre el polvo húmedo, con todos sus otros recuerdos borrados.

Turismo con animales: crueldad por una foto

Cadenas. Turista posa para una foto junto a un tigre encadenado en el Templo del Tigre, de la provincia de Kanchanaburi, Tailandia.

Con teclear en un buscador «vacaciones con animales» se puede encontrar una variada oferta de planes de ocio que incluyen animales: desde hoteles en los que admiten a las mascotas hasta granjas escuelas.

Otras opciones incluyen la interacción con especies exóticas o salvajes y, aunque puedan resultar atractivas, en ocasiones se incurre en situaciones crueles para los animales.

No es extraño ver en redes sociales o folletos promocionales fotos de personas a lomos de un elefante en un paraje paradisíaco como reclamo vacacional. Esta es una de las prácticas que, aunque puede parecer inofensiva, esconde una historia de maltrato.

Las estadísticas dicen que en Tailandia hay alrededor de 10,000 elefantes en cautividad. Algunos de ellos son los que, explotados por sus dueños, pasean a los turistas.

Estos animales son apartados de sus madres cuando son crías y son domesticados con técnicas dudosas. También es normal verlos encadenados o encerrados cuando no están «prestando el servicio».

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ESPECTÁCULO Y CRUELDAD

La asociación World Animal Protection lleva años recogiendo en sus campañas algunas de las atracciones turísticas más dañinas para los animales y documenta los logros en materia de protección del entorno en el sector turístico.

Además de la de los elefantes, World Animal Protection señala otras prácticas crueles: sacarse fotografías con crías de tigre y león; sostener y fotografiarse con tortugas marinas; o los espectáculos de delfines.

Tanto las crías de leones como de tigres son apartadas de sus madres y sus manadas y encadenadas para que el turista, tras pagar el precio convenido, las abrace y se lleve la fotografía a casa.

La protectora, según informa en su web, contabilizó en un informe, hace tres años, que había alrededor de 830 tigres retenidos en locales para fines turísticos.

Los animales que son usados para estas atracciones no pueden ser devueltos nunca a la naturaleza porque han sido criados para convivir con los humanos, por lo que, cuando crecen, les espera una vida en cautividad, probablemente de espectáculo en espectáculo.

Los animales marinos siempre han resultado atractivos para las personas. En las últimas décadas del siglo pasado proliferaron centros de entretenimiento en el que la diversión la ponían animales como los delfines.

Estos centros están prohibidos en algunos países; en otros se aplican leyes restrictivas, pero en otros siguen siendo legales y operativos.

Salpicar, saludar, nadar con niños, atravesar aros y hacer otras piruetas es lo que espera a los delfines en estas funciones. Permanecen toda su vida en espacios acotados y sufriendo los pases una y otra vez.

Desde hace años se está apoyando un tipo de turismo sostenible que busca minimizar el impacto de los viajeros en otras comunidades y ecosistemas. Se lucha contra la crueldad animal, pero la responsabilidad comienza por uno mismo y es necesario viajar con conciencia.

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COMPORTAMIENTOS ALTERADOS

Al teclear en búsqueda de imágenes «tiburón ballena», de las primeras que aparecerán en la pantalla son de estos impresionantes animales con alguna persona nadando cerca.

«Convivencia con tiburón ballena», «nadar con tiburones ballena», «¿cuánto cuesta nadar con tiburón ballena?» es una práctica turística en alza, pero ¿cómo de recomendable es para los animales envueltos en ella?

Según publica la Agencia SINC –Servicio de Información y Noticias Científicas–, los tiburones ballena están en peligro de extinción y sus poblaciones en aguas asiáticas han disminuido un 63 % en las últimas tres generaciones.

Esta atracción bajo la etiqueta de ecoturismo no parece serlo tanto. Un equipo de Royal Society Open Science ha investigado cómo la práctica de alimentar a los tiburones ballena en Oslob, en Filipinas, está alterando el comportamiento natural de estos animales que podrían desarrollar una dependencia alimentaria en otras fases de su vida.

Recorrido. Así se pasean los turistas: sobre un elefante al suroccidente de Bangkok, Tailandia.

«Esta práctica ha dado lugar a una gran industria de observación de tiburones que brinda importantes ingresos a una comunidad remota gracias al turismo, pero el impacto a largo plazo sobre los escualos sigue siendo poco conocido», explica el informe de los científicos.

La alteración del comportamiento natural del animal por la interacción del hombre también se ha documentado en otras especies, como las rayas, otra de las especies predilectas para viajeros e «instagrammers».

Desde hace años se está apoyando un tipo de turismo sostenible que busca minimizar el impacto de los viajeros en otras comunidades y ecosistemas. Se han desarrollado leyes de protección y, poco a poco, se lucha contra la crueldad animal, pero la responsabilidad comienza por uno mismo y es necesario viajar con conciencia.

Los animales no están para satisfacer la curiosidad de los turistas o para que sus fotografías obtengan más «like». Y para saber cómo actuar, diferentes asociaciones han redactado consejos a la hora de viajar.

También ofrecen una gran recomendación para cuando se regresa: compartir con los amigos y familiares las experiencias y reportar a las autoridades correspondientes si ha sido testigo de algún caso de maltrato en los animales.

Los pisos granja. Un nuevo sistema de construcción modular

Hasta arriba. El sistema constructivo The Farmhouse, desarrollado por el matrimonio Precht, consta de módulos de madera prefabricados que pueden acumularse hasta conformar un rascacielos.

¿Le gustaría residir en un edificio que vive y respira gracias a la presencia masiva de plantas integradas en su estructura, y donde pueda obtener las verduras para una ensalada sin salir a la calle?

Esto será posible gracias a un nuevo concepto de construcción basado en módulos triangulares con vegetación incorporada, que podrán acoplarse unos a otros y que permitirán construir desde casas sencillas y viviendas unifamiliares hasta torres residenciales. Todos destinados a reconectar a los residentes con el circuito alimentario y con la naturaleza.

Este sistema llamado The Farmhouse (La casa-granja) lo ha desarrollado la firma Studio Precht, SP, (www.precht.at) del matrimonio de arquitectos Chris Precht y Fei Tang Precht, inspirados en su propia experiencia de vivir en un sitio remoto en las montañas de Austria y de manera lo más autosuficiente posible con conexión directa a la naturaleza.

Estos jóvenes arquitectos llevan trabajando desde 2017 en este innovador sistema constructivo y ahora están buscando asociados para «convertir esta visión en realidad», adelantan.

«Creo que los seres humanos extrañan su conexión física y mental con la naturaleza y este proyecto podría servir para volver a conectarlos, así como unir la arquitectura y la agricultura, cambiando y mejorando ambas», señala Chris Precht.

«Vivimos y trabajamos fuera de la red y cultivamos la mayoría de nuestros alimentos, obteniendo el resto de los agricultores vecinos, pero somos conscientes de que este estilo de vida no es una opción para todos, por lo que tratamos de desarrollar proyectos como The Farmhouse que traigan comida a las ciudades», señala Fei Precht.

«Las granjas verticales podrán producir más y mejor. Además, el clima interior de sus invernaderos protegerá a los alimentos de las condiciones climáticas variables y ofrecerá diferentes ecosistemas para plantas también distintas», recalcan los Precht.

«Nuestra granja funcionará como un ciclo de vida orgánico de subproductos situado dentro del edificio, donde un proceso de producción da entrada a otro proceso; por ejemplo, reutilizando gran cantidad de calor que se genera en su interior para que crezcan plantas como patatas, nueces o alubias», apuntan.

Esta granja y residencia vertical funcionará como un ciclo de vida orgánico dentro del edificio, donde un proceso de producción dará entrada a otro proceso, por ejemplo reutilizando la gran cantidad de calor que se genera en su interior para que crezcan plantas como patatas, nueces o alubias, apunta SP.

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MÓDULOS DE MADERA LLENOS DE VIDA

Un sistema de tratamiento filtrará el agua de lluvia y las aguas residuales, y enriquecerá el agua filtrada con nutrientes. Después la enviará de regreso a los invernaderos, en tanto que los desperdicios de comida podrán ser recolectados en el sótano del edificio y transformados en compost (abono natural terroso) para cultivar más alimentos, según SP.

«La comida es una parte importante de nuestra vida diaria y su proceso de producción se hará visible en The Farmhouse, entrando en nuestras ciudades y en nuestras mentes», asegura Fei Tang Precht.

Explica que las estructuras, acabados y jardineras de los módulos estarán hechos con paneles prefabricados de madera laminada cruzada o CLT, los cuales se empaquetarán y entregarán mediante camiones en el lugar de construcción, donde se montarán y ensamblarán de acuerdo al plano del edificio.

Este sistema de construcción modular se basa en las casas tradicionales con estructura en forma de A y las paredes de cada módulo constan de tres estratos: una capa interior con acabados, electricidad y tuberías; una capa intermedia con la estructura propiamente dicha y aislamiento; y una capa exterior con elementos de jardinería y suministro de agua.

Este sistema permitirá construir torres de apartamentos o viviendas unifamiliares, que los propietarios podrán diseñar e incluso montar con sus propias manos al estilo «hágalo usted mismo».

De madera. El sistema constructivo The Farmhouse está inspirado en la naturaleza y en la sostenibilidad. Las habitaciones son adecuadas a la estructura de madera que conforma el piso.

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UN ECOSISTEMA DENTRO DE UN EDIFICIO

Los elementos estructurales y de jardinería, las unidades de gestión de residuos y tratamiento de aguas, los sistemas alimentados por energía solar y la hidroponía (cultivo de plantas en agua sin necesidad de tierra) podrán seleccionarse de un catálogo de módulos y ofrecerán una cierta flexibilidad para diseñar distintos tipos de construcciones, según los Precht.

Las estructuras podrán ensamblarse con los marcos en A formando dúplex, que proporcionarán un gran espacio abierto en el primer piso para situar una sala de estar y la cocina; y un espacio más reducido en el segundo piso para situar allí los dormitorios y baños, según los arquitectos.

Apuntan que las paredes anguladas de los módulos darán espacio para instalar la jardinería en su exterior, y en las torres crearán una zona de amortiguación en forma de V entre unos apartamentos y otros, lo cual también permitirá la ventilación natural y la entrada de luz natural en el edificio.

Los residentes podrán utilizar los jardines de manera privada para cultivar sus propios alimentos, o para plantar vegetales y hierbas para una comunidad de vecinos más amplia.

Después de la cosecha, los alimentos se podrán compartir o vender en un mercado de agricultores en los pisos inferiores del edificio, que contará con un sótano con unidades de compostaje, como parte del circuito ecológico de The Farmhouse.

La configuración de vivienda más pequeña disponible es de 9 metros cuadrados con un balcón de 2.5 metros cuadrados y, como este sistema es adaptable para edificar distintas estructuras, en teoría podrían construirse torres de CLT tan altas como lo permitieran las regulaciones de una ciudad, según SP.

«Para que las personas se preocupen por el medio ambiente, necesitamos traer el medio ambiente a las ciudades, construyendo edificios que se puedan ‘escuchar’, porque las aves y las abejas serán parte de su ecosistema, y ‘oler’ gracias al aroma de sus vegetales, y que en parte se puedan ‘comer’, al incluir la producción de alimentos», señalan los Precht.

«The Farmhouse será un edificio que vivirá, respirará, crecerá y formará parte de nuestro ecosistema y de un vecindario mucho más amplio en lugar de ser una isla en la ciudad», concluyen.

Un espejo inestable llamado laguna de Alegría

Laguna de Alegría, Usulután

De aquella llenura quedaron secuelas: las marcas de la laguna crecida en el espacio donde hoy quedan visibles restos de azufre y las piedras, las porterías oxidadas de una antigua cancha de fútbol y una escuela que tuvo que trasladarse a una propiedad privada para seguir en funciones cuando faltaban dos meses para que terminara el año escolar. Veintiséis centímetros de agua azufrada se acumularon en esta escuela pública.

Los carros se quedaban en la entrada, no podían, como lo hacían antes, darle la vuelta al cráter del volcán Tecapa. El nivel del agua había aumentado tanto que podía cubrir la cama de un pick up. En una parte del volcán, las mesas que son ocupadas para pícnic también quedaron cubiertas de agua. Y quienes querían pasar un día en familia, cocinar y descansar debían atreverse a bordear la laguna, metiéndose en algunas partes del bosque.

La laguna de Alegría –la que una vez la poetisa chilena Gabriela Mistral bautizó como «la esmeralda de América», por el verde de sus aguas volcánicas– había crecido y todo El Salvador mantuvo, por un rato, los ojos fijos en ella. Tiempo después, la olvidó.

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La laguna con una sirena

Un brujo que mintió por venganza se enamoró de una joven que se llamó Xiri, pero ella no le correspondió. Fue por el siglo XII, cuando, cuentan, el volcán Tecapa entró en erupción. El brujo era parte de un grupo de invasores que asesinó a la familia de Xiri; enojado, fingió que predecía el futuro y que, para calmar su furia, el Tecapa necesitaba un sacrificio humano. Eligió a Xiri, quien tenía por mascota un ave, y la llevó a las laderas del volcán.

El sacrificio estaba a punto de consumarse, pero el ave comenzó a cantar y su canto fue suficiente para que el Tecapa llorara y parara su erupción. Sus lágrimas formaron la laguna de Alegría y desde entonces Xiri se convirtió en la sirena que hoy habita sus profundidades.

En 2012, dos artistas, Paola Lorenzana y Memo Araujo, que trabajaron por años proyectos culturales en Alegría, realizaron una caminata para colocar en una de las rocas del cráter una Xiri hecha y estructurada con piedras que donaron los habitantes de la ciudad. Hoy, la sirena está dañada, no tiene parte de su cara ni de sus pechos.

El nombre de Xiri, en la cultura popular, se relaciona con los hombres que se han ahogado en la laguna, pues otra de las leyendas habla de que en ese espejo de agua solo han muerto hombres jóvenes. Es Xiri la que los llama, dicen, los retiene en el fondo de la laguna y los expulsa después.

Carlos Mendoza, uno de los guarda recursos del volcán Tecapa, recuerda el caso de un joven que hace unos años subió a una de las piedras casi cubiertas por el agua, a la orilla de la laguna. Era una tarde a finales de año, volvía de cortar café de una de las fincas del volcán y decidió dar un paseo con su hermano. El joven se resbaló de la piedra y quedó pegado en el azufre bajo el agua. Así murió ahogado en minutos.

Mendoza es el presidente de la Asociación de Desarrollo Comunitario (ADESCO) del caserío Los Mendoza, uno de los cinco caseríos que pertenecen al cantón San Juan, ubicado a 2 kilómetros del casco urbano de Alegría, y donde está la laguna. Es un joven taciturno que conoce la zona, sus caminos, sus veredas, a los animales y a las plantas que conviven ahí.

“No tenemos reporte histórico, de la conquista para acá, no existe ningún escrito ni nada que nos permita decir que el volcán ha entrado en erupción. Se conoce que hace unos 700 años el volcán El Hoyón –que está en la parte oeste de la laguna de Alegría o de Tecapa, y es un pequeño cráter– tuvo un periodo eruptivo”, aclara Eduardo Gutiérrez, coordinador del Área de Vulcanología del MARN.

Esta mañana camina por una vereda que hace una semana fue a limpiar de maleza, en la ladera sur del Tecapa. Desde acá, cuando los árboles no cubren el paisaje, se ve la laguna, ese cuerpo de agua pequeño a la orilla de una zona blanca donde una vez hubo agua, pero hoy hay piedras de diferentes tamaños y marcas de azufre.

Hace cuatro años hubo un incendio que acabó con un bosque de pinos en esta ladera del volcán. El incendio, según la Alcaldía de Alegría, consumió 50 manzanas. Comenzó en las faldas del volcán y subió toda la pendiente. Comenzó a las 2 de la mañana del 2 de marzo de 2015, un día después de las elecciones de alcaldes y diputados, recuerda Mendoza. Las llamas salieron del caserío Nieto González, a 1.5 kilómetros de distancia de donde hoy lo cuenta. Desde lo alto del volcán, señala a lo lejos, una casa para ubicar que atrás de ella fue el punto de inicio.

«Al final, la naturaleza pagó algo que no debía», lamenta, porque en Alegría suponen que el culpable fue un político de un partido diferente al que en esa ocasión ganó las elecciones municipales, pero nada se investigó.

Bosque submontano. El volcán Tecapa tiene una altura de 1,600 metros sobre el nivel del mar. Al bosque que crece en este tipo de altura se le denomina submontano.

El incendio paró hasta que, a las 5 de la tarde, llegó la Fuerza Aérea a tirar agua de un helicóptero. Antes de esto, los habitantes del Nieto González subieron con cántaros para intentar apagar las llamas, que, por suerte, no dañaron sus casas.

En ese incendio, Mendoza vio morir pinos y también encontró a una mazacuata, una de las serpientes más comunes en la zona, sujeta y calcinada en un árbol. Dice que por cómo la encontró colgada, el animal daba la impresión que quería huir y no pudo.

Entre el 26 y el 30 de septiembre de 2010, El Salvador sufrió la tormenta tropical Matthew, que luego fue degradada a depresión tropical y produjo un temporal lluvioso que dejó inundaciones y deslizamientos en varias zonas del país.

La estación meteorológica ubicada en Santiago de María, en el departamento de Usulután, con la que el Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) monitorea el comportamiento de la lluvia en municipios de la zona norte de ese departamento, registró para entonces un acumulado de 253.5 milímetros de precipitación. Fue la zona donde llovió más en todo el país.

Si se parte de que el SNET determinó que el promedio histórico de lluvia fue un acumulado de 1,800 milímetros en todo el país –superados en 2010 por el paso de la tormenta–, en esa zona llovió en cada día del temporal casi tres veces más del promedio diario de toda la época lluviosa. Fue en ese año, según estudios realizados días después de la tormenta, que la laguna incrementó su nivel de agua desde abril a octubre de 1.55 a 2.35 metros. Otro estudio determinó que también había existido un incremento de agua similar en 1957.

Asentamiento. El caserío Nieto González está dentro de la zona que la Alcaldía de Alegría propuso en 2011 para que fuera declarada área natural protegida. Ahí viven unas 200 personas.

Para la geología, el volcán Tecapa es un volcán joven que fue formado hace aproximadamente 100,000 años por las grandes erupciones de un volcán que estuvo en Berlín, que hizo una caldera y dio origen al complejo volcánico Berlín-Tecapa, donde también está el volcán El Hoyón y el Cerro Pelón. Así lo dice un estudio que Jasmin Raymund, un canadiense experto en energía geotérmica e hidrología, realizó en 2001 con fines geotérmicos. Lo hizo para la LaGeo, una empresa de CEL, que extrae energía geotérmica en la zona de Alegría y Berlín.

Para el Ministerio de Medio Ambiente (MARN), lo que sucedió en octubre de 2010, cuando incrementó el nivel del agua de la laguna de Alegría, no fue que el volcán se inflara, sino que hubo una precipitación de lluvia. Esta laguna, explica Eduardo Gutiérrez, el coordinador del Área de Vulcanología de ese ministerio, no se alimenta de ningún afluente natural cercano que la llene, se alimenta de agua lluvia infiltrada, que no puede penetrar en los materiales porosos del volcán.

“Pareciera ser como si por dentro hay una corriente, como si tuvieras aquí la laguna y de pronto todo se colara, se fuera por un tubo, y toda el agua se perdió. Entonces como que está conectado a un río subterráneo y de pronto el río subterráneo disminuye de cantidad y la laguna se seca. El río aumenta y la laguna se llena. Coincide que los años que ha llovido muchísimo se desborda y llega hasta la escuela, pero en la mayoría de tiempo permanece bien pequeña”, señala el biólogo Néstor Herrera.

Desde que el MARN comenzó a monitorear la laguna de Alegría todavía no sabe cuánto tiene de profundidad, tampoco las características de su cámara magmática. Los lugareños que trabajan en la laguna hablan de 28 metros de profundidad, pero aún no hay estudios oficiales por la falta de recursos.

En uno de los edificios del MARN está el Centro Integrado de Monitoreo y Amenazas, el lugar donde se observa el comportamiento de la lluvia, los vientos, la tierra y los volcanes.

Para monitorear los volcanes, a través de equipo científico y tecnológico, hay tres personas que trabajan en conjunto con otros expertos para analizar los sismos y los deslaves.

El monitoreo volcánico consiste en detectar si hay alguna anomalía en un volcán, identificar las zonas que podría tener más impacto si existiera una erupción y en tener un sistema de alerta temprana con alcaldías y con la Dirección General de Protección Civil, por si es necesario evacuar a las personas.

«No tenemos reporte histórico, de la conquista para acá, no existe ningún escrito ni nada que nos permita decir que el volcán ha entrado en erupción. Se conoce que hace unos 700 años el volcán El Hoyón –que está en la parte oeste de la laguna de Alegría o de Tecapa, y es un pequeño cráter– tuvo un periodo eruptivo», aclara Eduardo Gutiérrez, en el espacio asignado al Área de Vulcanología, en el lado izquierdo de esta sala.

Bruja. La laguna de Alegría, según la tradición popular, es conocida como laguna bruja, ya que en época lluviosa se seca, pero en época seca se llena. Para los lugareños es un lugar misterioso.

Del equipo, el geoquímico Francisco Montalvo es el encargado de monitorear el comportamiento del volcán Tecapa y, por lo tanto, de su laguna cratérica. Esto lo hace de tres a cuatro meses por año. Montalvo es un hombre callado que está sentado frente a una computadora donde almacena gráficas y mapas que indican el comportamiento del volcán. Cuando se trata de volcanes, habla con propiedad de ese ser vivo que estudia. Lo hace sin pausas.

Antes de entrar en detalles, aclara que el comportamiento del Tecapa es similar al comportamiento del resto de volcanes activos que monitorean. Cuenta que su trabajo consiste en medir las temperaturas de la laguna, los niveles de agua y, desde hace dos años, también analiza la composición química de los gases de las fumarolas o las grietas que existe en el cráter.

Laguna de Alegría

Luego recolecta el agua, la lleva a un laboratorio y ahí analiza su nivel de cloruro, sulfato, sodio y potasio, para determinar los tipos de gases que el Tecapa está emitiendo, y así establecer si el volcán está tranquilo o si está incrementando su actividad. Al agua también le analiza su acidez (pH), que ronda entre los 1.7, 1.8 y 2.5, lo que indica que es ácida y de carácter volcánico; y su vapor, esto lo hacen con otro equipo del MARN.

Gutiérrez, por su parte, prefiere comparar la reacción del volcán cuando presenta un comportamiento fuera de lo normal con una persona que se comienza a sentir mal de salud y va donde un médico, y que al llegar al consultorio le hace saber que está irritada. El médico le hace el diagnóstico, y pese a que aún no identifique los signos que posteriormente vendrán, lo trata. El volcán es el enfermo dando señales de una posible enfermedad, los médicos son ellos.

Él muestra en una computadora una gráfica que representa las variaciones que han existido desde 2003, cuando el MARN comenzó a monitorear sistemáticamente el volcán, hasta el 29 de julio de este año, la última visita realizada. Se observan temperaturas que van desde los 50 hasta los 100 grados centígrados. El 29 de julio la temperatura fue de 72 grados.

El sulfato y el cloro son dos gases que están en el interior de la Tierra y acompañan al magma. Son los gases a los que, de acuerdo con Gutiérrez, les gusta ponerle atención, porque hacen relación entre estos y el nivel de volumen de la laguna. Las emanaciones de gases del volcán, dice, son las que aumentan el sulfato, y esto hace que la laguna tenga agua de color verde.

Laguna de Alegría

Para entender la combinación de estos gases, Gutiérrez pone otro ejemplo: si hay un vaso con agua al que se le ha mezclado una cucharada de azúcar y este se saca al sol, el agua va a comenzar a evaporarse, pero el azúcar no se va a mover. Por lo tanto, al medir nuevamente su nivel con el del agua, habrá más azúcar en relación con el agua.

Algo similar sucede con la laguna, si se comparan los niveles altos y subientes del espejo de agua se determina que la relación de dichos gases no ha cambiado. El Tecapa se mantiene dentro de un comportamiento normal de un volcán.

«Pareciera ser como si por dentro hay una corriente, como si tuvieras aquí la laguna y de pronto todo se colara, se fuera por un tubo, y toda el agua se perdió. Entonces como que está conectado a un río subterráneo y de pronto el río subterráneo disminuye de cantidad y la laguna se seca. El río aumenta y la laguna se llena. Coincide que los años que ha llovido muchísimo se desborda y llega hasta la escuela, pero en la mayoría de tiempo permanece bien pequeña», señala el biólogo Néstor Herrera, al referirse al comportamiento que históricamente ha tenido la laguna de Alegría, que forma parte del inventario de humedales del MARN.

Para la geología, el volcán Tecapa es un volcán joven que fue formado hace aproximadamente 100,000 años por las grandes erupciones de un volcán que estuvo en Berlín, que hizo una caldera y dio origen al complejo volcánico Berlín-Tecapa, donde también está el volcán El Hoyón y el Cerro Pelón. Así lo dice un estudio que Jasmin Raymund, un canadiense experto en energía geotérmica e hidrología, realizó en 2001 con fines geotérmicos.

Para Herrera, es probable que la laguna funcione así: el volcán Tecapa hizo erupción, pero hubo una roca que cerró. Los materiales de esta se hicieron impermeables y cayó el agua durante cientos de años y llegó un espejo de agua, que se hundió en un 10 %.

En una pendiente donde antes hubo cafetales y que está ubicada en la ladera externa del volcán Tecapa, cercana al casco urbano de Alegría, hay construcciones de casas en una parcelación y en una lotificación. Para hacer esas casas, asegura el coordinador de la Unidad de Medio Ambiente de la Alcaldía de Alegría, Mauricio Hernández, los dueños no solicitaron permisos.

Según Hernández, han abierto expedientes de estos casos después de recibir una alerta del MARN e inspeccionar la zona, ya que ninguna de las construcciones tiene los permisos de ese ministerio, de la alcaldía, del Ministerio de Agricultura y tampoco del Ministerio de Vivienda. Por el momento, las obras –que además están en una zona de riesgo por deslaves y en un municipio donde son frecuentes los sismos por su composición volcánica– están paralizadas.

Este tipo de construcciones, dice el biólogo Néstor Herrera, generan especulaciones, porque si más personas ven que en este sector hay casas, van a querer vivir ahí también, lo que implicaría mayor extracción de un manto acuífero que, de momento, no se sabe si está conectado con la laguna.

Él hace una comparación con un estudio que realizó en 1998 en la laguna Verde, en Apaneca, Ahuachapán, cuando había cuatro bombas que directamente le extraían agua. Veintiún años después, dice, hay seis bombas y el espejo de agua se ha reducido aproximadamente en un 30 %. De tal forma que prevé que en 20 años más, la laguna estará seca.

Planos. Este es uno de los dos planos de las construcciones que han comenzado sin autorización en las faldas del Tecapa. La zona donde ya hay inmuebles es propensa a deslaves.

Luis Castillo, experto en física y geofísica y profesor de la Universidad de El Salvador, señala que tras formarse la laguna, el espejo de agua se fue llenando con la precipitación en los diferentes ciclos hidrólogos por siglos. También comparte la idea de que esta no puede ser la única forma en que se llene, debido a que en algunos casos, un lago o una laguna cratérica tiene un sistema hidrotermal subterráneo que puede alimentarle de agua que se recicla en otros volcanes o en elevaciones cercanas, y que llegue hasta el espejo.

De acuerdo con Castillo, si en los tiempos precolombinos en la zona de Alegría hubo asentamientos es porque los habitantes buscaron condiciones mínimas para vivir, como el agua. Aunque, dice, en ese lugar no observa esto, así que posiblemente se pobló por lo fértil que es la tierra o por la siembra del café.

Actualmente la Alcaldía de Alegría y el MARN gestionan declarar la laguna y parte del volcán Tecapa como área natural protegida, tras una petición de convertir 303 hectáreas en monumento natural. En 2011, el MARN hizo una precalificación, pero todavía falta que la alcaldía compruebe a las autoridades ambientales que la laguna es propiedad municipal y falta estudiar la zona para determinar si el ecosistema encaja dentro la categoría planteada.

Con el paso de los años, los abuelos de Alegría no dejan de contar las historias acerca de la laguna y sus características. Otra de las leyendas que sobrevive al tiempo es que esta laguna, así como otras, la formó un brujo que se encargaba de robar lagunas. El hombre volaba sobre el cráter del volcán Tecapa y llevaba un huevo: en la mitad había una laguna de agua dulce y en la otra mitad agua azufrada. Por accidente, el huevo se le cayó y se quebró en el cráter del lado donde estaba el agua azufrada, y así nació aquel espejo de agua.

Sus aguas crecen en la época seca y disminuyen en la época lluviosa. Por eso en algún tiempo la llamaron la laguna bruja. Era misteriosa y lo sigue siendo. Alguien que no conozca su comportamiento desde la ciencia no se explica qué sucede con aquel espejo azufrado que se resiste a morir.

Construcciones. Estas son parte de las casas construidas sin permiso en una de las laderas del volcán Tecapa, cerca del casco urbano de Alegría.