Carta Editorial

El reportaje de esta edición aborda un tema que casi siempre dejamos pasar. Nos come mucho la urgencia por centrarnos en las consecuencias y no en las raíces de los problemas.

El Área Metropolitana de San Salvador está formada por 14 municipios (AMSS). En ellos residen más de 2 millones de personas. Es alrededor de un tercio de la población de todo el país. Vivir en este territorio tiene ventajas de acceso a oportunidades laborales, de movilización, educativas y de salud, entre otras. Pero esta cercanía se paga caro.

A pesar de que somos muchos los que vivimos aquí, no deja de ser difícil que esta sociedad encuentre espacios de convergencia. Lejos de eso, el AMSS está más dividido que nunca y está más pensado para hacer esas separaciones dolorosas, que para promover la comunicación y la equidad.

Ambos conceptos son muy amplios, pero se aterrizan, por ejemplo, en contar con espacios dignos, seguros, cómodos para encontrarnos. Y no los tenemos.

En la parte del país más densamente poblada hay un déficit del 70 % de áreas verdes públicas. Y no se trata de medir esto solo en metros cuadrados. No contar con espacios para disfrutar y encontrarnos limita las oportunidades de desarrollo.

Una de las fuentes en este reportaje relaciona la falta de estos espacios abiertos y públicos con la salud mental. Ya son varias las generaciones que hemos aprendido a sentirnos seguros solo mientras estamos encerrados, cercados, alejados.

Las áreas verdes, los parques, los espacios abiertos son territorios cuya principal misión es lograr equidad. Se supone que son un piso, eso a lo que todos deberíamos tener acceso sin restricción de ningún tipo. Y, por el momento, esto no está sucediendo. Nos seguimos formando como una sociedad demasiado aficionada a los muros.

«Siempre imaginé mi vida llena de colores»

​​​​​​​¿Cómo imaginaba que iba a ser su vida?

Llena de colores. Siempre imaginé mi vida llena de colores.

¿Qué le cuesta trabajo?

Hacer algo que no me haga feliz.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Apostarle al arte.

¿A qué persona viva admira?

A mi madre.

¿Cuál es la palabra que más usa?

Desaprender.

¿Qué le hace falta para estar lista?

Levantarme.

¿Cuál sería su empleo perfecto?

Mi empleo perfecto es el que realizo.

Historias sin Cuento

LA FUENTE SOTERRADA

Las condiciones familiares se les habían venido tornando cada día más dificultosas, hasta el punto de sentir laceraciones crecientes en todas las experiencias del vivir cotidiano. Y no es que los sentimientos originales hubieran desaparecido del todo: lo que pasaba era que tales sentimientos iban asumiendo modos diferentes.

Una noche, estaban los dos cónyuges en el camastrón de siempre, que les regalara el abuelo paterno de ella como presente de boda. Despiertos en la densa penumbra, y enfundados en los atuendos nocturnos, comenzaron a hablar:

–No tengo sueño, pero siento que el sueño me llama –dijo él, en su modo enigmático.

–¿Y por qué no atendés al llamado? –le preguntó ella, conocedora de tales gestos.

–Es que no quiero que la fuente se me vaya a derramar…

–¿Fuente? ¿Cuál fuente? No me vayás a decir que tenés menstruación –se burló ella, medio ocultando la risa entre las sábanas para hacerla más provocadora.

Y la reacción de él fue inusualmente compungida:

–No, qué va a ser. Es la fuente del buen deseo. Quiero tenerla bajo control. ¿Me ayudás?

Y entonces se abrazaron, desnudos como estaban. Respiraban como recién casados.

¿Y AHORA QUIÉN NOS PROTEGE?

Para llegar a la vivienda ubicada en el pasaje final de la colonia había que recorrer varias cuadras urbanizadas por las que circulaban aquellos muchachos que a todas luces pertenecían a los grupos delincuenciales instalados por toda la zona.

Él, que laboraba como conductor de vehículo comercial en una empresa que estaba ubicada bien lejos de ahí, hacía el recorrido de ida y vuelta en la motocicleta que le proveían en el trabajo. Todos los días la misma ruta; y como nunca se desviaba, el horario de mañana y tarde era impecable.

El pasaje era el límite entre los territorios que se repartían las dos pandillas dominantes. Él estaba perfectamente consciente de ello, y nunca hacía nada que pudiera levanta sospechas, ni en la autoridad policial que tenía una sede muy cerca ni en los pandilleros que rondaban constantemente, conforme a sus reglas de reparto, por todo el lugar.

Esa tarde, sin embargo, algo estaba pasándole en el interior de la mente, porque el paisaje se le confundía a cada instante. Detuvo su motocicleta junto a un predio baldío para no levantar sospechas, y cerró los ojos. Adentro, como es natural, reinaba lo oscuro, que parecía ser tranquilizante; pero de súbito se abrió una rendija insospechada, y entró un amago de claridad.

–¿Quién está entrando? –pensó, casi tembloroso.

Y lo que oyó fue un sonido muy semejante al que se hace para guardar silencio. Y en el silencio venía un mensaje perfectamente inteligible:

–Somos los de la pandilla contraria. Vos no nos conocés, así como tampoco conocés a los de la otra pandilla. Vas a tener que tirar una moneda, porque estás entre la vida y la muerte. ¡Rápido, que aquí nadie tiene tiempo!

MISIÓN AÉREA

A la familia ni siquiera le alcanzaban los escasísimos fondos disponibles para pagar el transporte público de todos los que formaban parte de ella, y eso había hecho que los integrantes de la misma se turnaran en la forma de conducirse a sus destinos educativos y laborales. Alternativamente, algunos caminaban y otros se movilizaban en autobuses o microbuses, y los días estaban previamente decididos sin tomar en cuenta las circunstancias.

Las exigencias de la formación académica en la Universidad recién iniciada hacían que aquel adolescente ilusionado e inventivo casi no tuviera tiempo para nada más. Iba a las aulas, frecuentaba las bibliotecas y volvía a su casa, a encerrarse en su «torre de marfil», que era un desván en el que antes se arrinconaban los objetos algún día desechables, y que hoy estaban apilados como escombros de una catástrofe por venir.

Ese día, a media semana, le tocaba a él irse a pie. Emprendió camino con apuro, porque tenía examen tempranero, y era una prueba decisiva para la suerte del semestre. Había muchos vehículos y mucha gente en el trayecto, y era preciso ir sorteando obstáculos para que la marcha no se perturbara.

En una de esas, y al arribar a la acera contraria, tuvo un deslizón y fue a dar al suelo encementado, con la rodilla lastimada. Trató de incorporarse pero no pudo. Algunos transeúntes trataron de ayudarle. Él los rechazaba suavemente. Y optó por desvanecerse. Alguien llamó a una ambulancia, pero antes de que el sonido característico apareciera, ocurrió lo que tenía que ocurrir: sin que fuera visible para nadie que no fuera el desmayado apareció del aire aquella águila clásica que lo alzó como si fuera una hoja y se lo llevó en vuelo hasta su destino.

EL MEJOR SALUDO MATINAL

Cuando estaba en aquella casa de campo de los remotos entonces pasando fines de semana y vacaciones, ocupaba un cuarto esquinero cuya ventana hacia el exterior daba a un largo arriate poblado de plantas de flor aromática, que eran la debilidad gozosa de su madre. Él fue entonces asumiendo, desde la primerísima infancia, la condición instintiva de los seres privilegiados; y tal condición no la compartía con nadie porque era estrictamente íntima.

Aquel día, la noche se acercaba como si tuviera pereza de hacerlo, y las sombras iban aposentándose en cualquier lugar que encontraban a su disposición. Él no tenía la somnolencia acostumbrada, y cuando llegó la hora de retirarse al descanso porque todos lo hacían a la vez, se fue a su cama y se quedó ahí, entre la colcha de siempre, pensando con los ojos abiertos.

Cuando al fin el sueño se hizo presente, ya los primeros destellos del amanecer iban poniéndose a la vista. Entonces se incorporó, tal si tuviera la intención de iniciar el arreglo personal de todas las mañanas. Pero se quedó ahí, como si aguardara a alguien. Y lo que apareció sólo era visible para él:

–¡Buenos días, Ángel de la Guarda!

ENSUEÑO VIRAL

En esta era en la que le había tocado construir académicamente sus bases de futuro lo que llevaba la delantera en todo era la tecnología, hasta el punto de sentir –sobre todo los mayores— que la vida era un ejercicio fuera de control personal. Para él, en cambio, la volatividad tecnológica era un juego de niños y lo que en verdad le ponía los pelos de punta estaba en materias como la filosofía y la literatura clásica.

–¿Y por qué no te gusta el conocimiento serio, hijo? –le preguntaba con suavidad su padre, que era justamente experto en enseñanza trascendental.

Él movía la cabeza, como lo hacen los hindúes para decir sí o no, según se interprete. Y el padre proseguía:

–Vas a tener que ganarte la vida, y para eso se necesita más que dominar los caprichos de una máquina. ¿Entendés?

El movimiento de cabeza se reiteraba. Y así fueron pasando los días, los meses y los años, sin cambio perceptible, al menos en apariencia. Hasta que llegó el momento de decidir destino final.

Todos se miraron a los ojos, a la espera de la palabra definitoria, que al fin llegó:

–Voy a vivir de mi máquina. Ya tengo un blog que me comunica con el mundo entero. Distribuyo mensajes de ensueño viral. ¿Comprenden?

Estupor sin palabras. Él se levantó, cogió su máquina y se dirigió hacia la puerta:

–Hasta muy pronto. Nos vemos en el paraíso cibernético. Los invito a pasar una temporada sin que les cueste ni un solo centavo. ¡Bye!

La tragedia y la agonía de la desnutrición infantil en Guatemala

Desventaja. Los niños de las comunidades indígenas son los que más desventaja tienen para acceder a alimentos de forma estable.

María tiene cuatro años y a mediodía ha vuelto a comer tortillas con sal. Solo con sal. Esta es una muestra de la tragedia que supone la desnutrición crónica infantil en Guatemala. Una lacra que afecta a uno de cada dos niños menores de cinco años.

Así lo ha vuelto a recordar esta semana un nuevo informe, «La desnutrición crónica infantil en Guatemala: una tragedia que el debate político no debe evadir», elaborado juntamente com el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, Oxfam y la Embajada de Suecia en Guatemala.

El objetivo de este documento, que analiza la realidad social y técnica de este problema, es dar material práctico con sustento técnico sólido a los dos finalistas de la elección presidencial, la socialdemócrata Sandra Torres y el candidato de centroderecha Alejandro Giammattei, y a los 160 ciudadanos que integrarán la próxima legislatura (2020-2024).

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LOS DATOS SON LOS QUE SON

En términos generales, la desnutrición crónica en menores de cinco años disminuyó de un 49.8 % en el periodo 2008-2009 a un 46.5 % en 2014-2015, mientras que la incidencia de la desnutrición crónica severa pasó de un 21.2 % a un 16.6 % en el mismo período.

Pero este descenso es «demasiado lento» y provoca que en la actualidad, según las estimaciones de este documento, se calcule que hay unos 890,000 menores de cinco años padeciendo desnutrición crónica en Guatemala, con un aumento del 6.7 % de incidencia en siete municipios del corredor seco, una de las áreas más afectadas por la crisis climática.

La situación es peor en las comunidades rurales e indígenas, donde los índices son aún más elevados y donde la desigualdad se ceba con ellos: son las poblaciones más pobres las que padecen más desnutrición infantil.

Ya lo decía un informe de UNICEF el año pasado: de los 7 millones niños y adolescentes menores de 17 años que hay en el país, unos 3 millones se identifican como indígenas y la mayoría de ellos está en condiciones de desventaja. Las desigualdades en la niñez indígena son recurrentes durante todo su ciclo de vida y en todos los ámbitos, incluso desde antes de nacer. Ocho de cada 10 viven en situación de pobreza y el 60 % de los menores de cinco años tiene desnutrición crónica, en comparación con el 35 % que afecta a la población mestiza.

Las tasas de escolaridad, en las que también influye la hambruna, en todos los niveles son siempre inferiores. De cada 10 niñas y adolescentes indígenas, solo seis terminan la primaria, dos la secundaria y una accede a la universidad.

Y esto se debe, entre otros factores, a la poca distribución de la riqueza y la baja inversión del Estado: $1 por cada niño, $0.30 centavos si es indígena.

Ya lo decía un informe de UNICEF el año pasado: de los 7 millones niños y adolescentes menores de 17 años que hay en el país, unos 3 millones se identifican como indígenas y la mayoría de ellos está en condiciones de desventaja. Las desigualdades en la niñez indígena son recurrentes durante todo su ciclo de vida y en todos los ámbitos, incluso desde antes de nacer.

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LOS ÚLTIMOS 15 AÑOS

Al analizar la acción del Gobierno durante los últimos 15 años, el informe concluye que las medidas y políticas adoptadas han sido «insuficientes». Desde el programa «Creciendo bien» de 2004 hasta el de «Crecer sano» de 2019 la problemática se ha mantenido cercenando los derechos de los más pequeños.

Una baja talla, daños estructurales en el cerebro, una reducida tasa de escolaridad o el incremento de las posibilidades de perder cursos son algunos de los efectos palpables en el día a día.

El gasto público en Seguridad Alimentaria y Nutricional no ha sido una prioridad en los últimos años: cayó de su máximo histórico en 2010, el 1.78 % del PIB, al 0.94 % en 2016. Y aunque se revirtió en los últimos años, hasta volver a subir al 1.49 % para este curso, la «ineficiencia y dificultad» del Gobierno para ejecutarlo de manera transparente «apuntan a un nivel menor».

De hecho, Oxfam y el Instituto Nacional de Salud Pública de México han calificado de «inefectiva» la Estrategia Nacional para la Reducción de la Desnutrición Crónica, del gobierno del presidente Jimmy Morales.

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FUTURO DESALENTADOR

Aunque la conciencia sobre esta problemática ha aumentado, resulta «desalentador» que ninguna de las medidas políticas presentadas por los candidatos a dirigir el país tenga sustento técnico: sin metas, sin detallar costes y sin saber cómo conseguirán la financiación para su implementación. Es por ello que las califican de «poco creíbles» y «peligrosamente cercanas a la demagogia».

Es por esto que el documento propone una serie de medidas a tener en cuenta por el futuro Gobierno. Entre este pliego de propuestas está un mayor compromiso tanto de las próximas autoridades como de los diputados de la siguiente legislatura, expresando su apoyo al Frente Parlamentario Contra el Hambre.

También piden al futuro presidente crear una política pública para erradicar la desnutrición crónica, en la que tengan cabida todos los sectores de la sociedad, transparentar el gasto público o establecer como prioridad «revisar, fortalecer y, si es el caso, recuperar la institucionalidad estatal con mandatos, facultades y responsabilidades» en materia de seguridad alimentaria nutricional.

Y el fortalecimiento de los programas pasa por un aumento del gasto público. En este sentido, establece como primera meta para 2020 alcanzar y superar el gasto público en seguridad alimentaria y nutricional del 1.78 % del PIB ejecutado en 2010, el máximo histórico reciente.

Sin políticas integrales. Los gobiernos guatemaltecos de los últimos 15 años no han dirigido políticas encaminadas a reducir la desnutrición infantil.

Una generación sin límites

Al ritmo actual Guatemala necesitaría hasta 90 años para alcanzar la tasa de desnutrición crónica infantil de 14 % que tuvo El Salvador en 2014.

El «Quinto Informe Estado de la Región», presentado en 2016, decía que en las próximas décadas Centroamérica tendrá el porcentaje de población en edad productiva más elevado de su historia, el conocido como bono demográfico, y esta es una «oportunidad única» para que la región impulse el crecimiento económico y social para lograr el ansiado desarrollo.

Este bono demográfico, en el que la población activa crece de manera sostenida y con mayor rapidez que las personas dependientes, se prolongará hasta 2020 en Costa Rica y Panamá, 2030 en El Salvador, 2035 en Belice, Honduras y Nicaragua y 2050 en Guatemala.

Los gunas, la etnia panameña marcada por el albinismo

Probabilidades. Cuando dos padres portadores de albinismo se juntan hay un 25 % de probabilidades de que el niño salga albino, un 50 % de que sea portador y un 25 % de que salga sano.

Yaili, Aydili y Ceily se apretujan bajo un mismo paraguas para caminar por la calle, se han olvidado en casa la otra sombrilla. El sol es inclemente y sus pieles son casi transparentes. Aunque van tapadas hasta arriba y se han embadurnado de crema. La radiación en Panamá es muy intensa y traspasa la ropa.

En su barrio, habitado en su mayoría por indígenas guna, las conocen como «las hermanas fulas», el apelativo cariñoso con el que los panameños se refieren a los rubios. Yaili, Aydili y Ceily son hermanas, las dos primeras gemelas, y las tres son albinas.

«Nuestra mamá nació muy blanquita y creían que era albina, pero luego se fue oscureciendo. Nuestro bisabuelo siempre le decía que iba a tener hijos blancos, de alguna forma lo presintió», cuenta a Efe Ceily, de 18 años y la menor de las tres.

No son las únicas en su familia que sufren este trastorno hereditario que se caracteriza por la ausencia parcial o total de pigmentación en la piel, los ojos y el pelo. También tienen un primo y un tío albinos.

«Normalmente no salimos a la calle a esta hora. Esperamos a que caiga el sol», dice una de las gemelas.

Su caso podría parecer una anomalía genética, pero es una realidad bastante común en esta etnia indígena: los expertos dicen que tiene una de las tasas de albinismo más altas del mundo y calculan que hay un albino por cada 150 gunas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la proporción es de uno sobre 18,000 personas, mientras que en Mali es de uno sobre 1,000.

ENDOGAMIA Y AISLAMIENTO

La antropóloga francesa Pascale Jeambrun lleva décadas estudiando esta condición genética y nunca ha visto un caso así: «El gen del albinismo está presente en América desde la migración de Bering (cuando se pobló el continente) y hay 10 etnias amerindias que lo tienen, pero en ninguna es tan fuerte como en esta».

La endogamia y el aislamiento geográfico son su principal explicación. Los gunas, una de las siete etnias que viven en Panamá, son un pueblo de 60,000 personas, originario de un archipiélago de pequeñas islas en el Caribe panameño.

Muchos islotes están a más de 5 horas en lancha de la costa y los más poblados no tienen más de un millar de habitantes. Aunque la mitad de la población vive en la capital panameña, se siguen casando con gunas de su misma isla y uno de cada siete es portador del gen.

«Cuando se juntan dos progenitores portadores, hay un 25 % de probabilidades de que el niño salga albino, un 50 % de que sea portador y un 25 % de que salga sano», explicó a Efe Jeambrun, que recientemente viajó a Panamá para seguir con sus investigaciones.

La antropóloga francesa Pascale Jeambrun lleva décadas estudiando esta condición genética y nunca ha visto un caso así: “el gen del albinismo está presente en América desde la migración de Bering (cuando se pobló el continente) y hay 10 etnias amerindias que lo tienen, pero en ninguna es tan fuerte como en esta”.

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CUIDADOS DE POR VIDA

El tipo de albinismo de los gunas (AOC2) no es el más grave de todos porque se desarrolla cierta melanina con la edad. Pero sí requiere cuidados de por vida para evitar el cáncer de piel, sobre todo en países tropicales.

Brenda está a punto de cumplir siete años, pero tiene muy claro el ritual que debe repetir todas las mañanas: impregnarse de crema y ponerse la gorra. Pese a su corta edad, ha terminado aceptando que no puede salir al recreo a jugar con sus compañeros.

El único momento del día que sus maestros le dejan estar en el patio es cuando toca cantar el himno nacional, pero lo hace en una esquina y a la sombra.

«Es una niña muy madura. Los albinos de la ciudad suelen estar más concienciados con el sol», reconoce su madre, Yamilca Guerrero, quien preside la Fundación SOS Albinos Panamá, con la que hacen giras dermatológicas y reparten cremas en el archipiélago, especialmente entre los más pequeños porque son los más reacios a echarse bloqueador.

«En las islas he visto niños con manchitas muy oscuras y quemaduras muy feas. Nosotras vamos a revisión cada seis meses», asegura Yaili, la otra gemela y voluntaria de la asociación.

Además de las lesiones cutáneas, los albinos sufren un sinfín de problemas oculares como nistagmo (movimiento involuntario de los ojos), estrabismo, fotofobia o miopía, lo que les obliga a revisarse la vista constantemente.

«Mi esposo y yo decidimos no tener más hijos porque no nos podemos arriesgar a que nos salga otro albino. Los cuidados son demasiados costosos y el dinero no alcanza», lamenta Guerrero.

Tipo de albinismo. El tipo de albinismo de los gunas (AOC2) no es el más grave de todos, ya que desarrolla cierta melanina con la edad, sin embargo, requiere cuidados de por vida.

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UNA BENDICIÓN PARA LOS GUNAS

A diferencia de algunos países de África donde mutilan a los albinos o de otras etnias americanas donde los discriminan, los gunas han mitificado esta condición genética. De hecho, tienen hasta una palabra para referirse a ellos: «sibbu».

Cuenta la mitología que los «sibbus» eran los descendientes directos del sol y los encargados de dispararle flechas al dragón que trataba de comerse la luna durante los eclipses. Por eso también se les conoce como «hijos de la luna» o «nietos del sol».

«Los albinos ocupan un lugar preferencial en la cosmovisión guna y tener uno en la familia se considera una bendición», aseguró la antropóloga francesa, que acaba de publicar el ensayo «Hijos de la luna: el albinismo en los amerindios».

Sentado tras la mesa de su despacho, Maxilimano Ferrer, de 63 años, ordena papeles y se pone al día con la agenda después de varios días de gira por las islas. Es uno de los tres «saglas» o máximos líderes del pueblo guna y viene de una familia llena de albinos, entre ellos su madre y su abuelo.

Criado en un ambiente de «amor y respeto por (ser) el diferente», se le tuerce el gesto cuando habla del drama que viven «muchos hermanos» en el mundo, pero también cuando recuerda un capítulo negro de la historia de su pueblo: «No siempre fuimos inclusivos».

Tras la llegada de los españoles, cuenta, los gunas acusaron a los albinos de ser descendientes de los crueles colonizadores y ejecutaron cientos de infanticidios.

«Gracias a Dios superamos esa etapa y hoy estamos totalmente integrados en nuestra sociedad. Le pido al mundo que haga lo mismo», dice el «sagla», consciente de la suerte de haber nacido un «hijo de luna».

Rizos y «espendrús» para reivindicar la cultura afrocubana

“Pelo malo”. En Cuba, los jóvenes abrazan la africanidad con cambios en su apariencia, como usar el cabello afro que es considerado como un cabello que hay que arreglar.

«A veces me preguntan si se me perdió el peine», sonríe Leydis, que hace casi tres años decidió «liberarse de la tortura del laciado» y llevar con estilo su gran afro, una imagen que poco a poco ha dejado de ser rara en las calles de Cuba.

Aunque en la isla caribeña todos aceptan que «el que no tiene de congo, tiene de carabalí», como muestra la gran mayoría mestiza de su población, paradójicamente la cultura afrocubana ha sido relegada a un estatus casi marginal que una nueva generación se ha propuesto revertir comenzando por lo más visible: el cabello.

Para los jóvenes cubanos, abrazar su africanidad empieza por cambiar su apariencia para romper con siglos de colonización y cánones de belleza que han provocado que en el país caribeño el cabello afro se vea como «pelo malo» que hay que arreglar.

En coincidencia con el auge del «black power» en Estados Unidos a fines de 1960 y principios de 1970, en la isla se vieron los primeros «espendrús» –término popular cubano para el peinado afro–, pero la moda no sobrevivió mucho tiempo y fue sustituida por trenzas y «desrices» diseñados para domesticar el cabello.

«A pesar de que muchas personas se identifican con las raíces afro desde el punto de vista de la religión, existe una desconexión con la forma en la que te sientes como afrodescendiente», aseguró a Efe Adriana Heredia, coordinadora del proyecto «Beyond Roots» («Más allá de las raíces»).

Esta propuesta, que comenzó como una serie de «experiencias» en la web Airbnb dedicadas a mostrar facetas de la cultura afrocubana a visitantes extranjeros, ha mutado en una iniciativa social que «enseña los valores positivos» de la identidad afro.

Lo que empezó con llaveros, tazas y camisetas con frases como «Yo amo la cultura afrocubana» diseñados por los miembros del proyecto, derivó en alianzas con emprendedores para fabricar productos dirigidos específicamente a la comunidad afrocubana que fueran más allá de la bisutería religiosa.

Además de contactar a artesanos, «Beyond Roots» –que espera abrir la primera tienda de productos afrocubanos en los próximos meses– se asoció con iniciativas que defienden la afroestética y el cabello natural, uno de los primeros pasos para dejar atrás «estereotipos europeos que tristemente todavía persisten», precisó Heredia.

«La gente me dice: ‘Me encanta la cultura afro. Yo practico la santería’. Pero cuando preguntas por qué lleva el pelo lacio responde: ‘Imagínate, con el pelo así (natural) no me veo linda’», señala la joven profesora de Economía, que alterna su trabajo en la Universidad de La Habana con la coordinación de «Beyond Roots».

Para «descolonizar mentes», el proyecto organiza talleres y encuentros donde comparten consejos de belleza y enseñan técnicas del cuidado del cabello natural ante un público cada vez mayor, más ávido de información y que no solo se limita a las mujeres.

“La gente me dice: ‘Me encanta la cultura afro. Yo practico la santería’. Pero cuando preguntas por qué lleva el pelo lacio responde: ‘Imagínate, con el pelo así (natural) no me veo linda’”, señala Adriana Heredia, coordinadora del proyecto “Beyond Roots” (“Más allá de las raíces”).

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PRODUCTOS NATURALES

Erlys Pennycook, peluquera autodidacta y creadora de ¡Que Negra!, una línea de productos naturales para el cabello afro, se asombra «para bien» de un interés «que ha superado expectativas» en volver a las raíces y mostrar con orgullo el «pelo natural, con rizos pero hidratado, lindo y con toque».

Pennycook comenzó a investigar sobre plantas y productos naturales para cuidar el cabello porque desde que hace unos años sufrió «una experiencia bien fea» cuando enfermó y comenzó a sufrir «alopecia por tracción» por llevar trenzas durante más de 15 años y usar «desriz» con químicos fuertes como el hidróxido de potasio.

“Beyond Roots”. Surgió como una serie de “experiencias” en la web Airbnb para mostrar facetas de la cultura afrocubana a los visitantes extranjeros, pero hoy es una iniciativa social.

«Usamos la moringa, el romero, la albahaca, que es un excelente anticaída. Empezamos a experimentar, lo usé en mí; a un vecino mío le encantó y me dijo: deberías compartir estos conocimientos con el resto del país», explicó la estilista, que vive y trabaja a domicilio en la ciudad de Ciego de Vila (centro del país).

Sus productos: una crema definidora y un spray hidratante completamente artesanales. Ambos se han vuelto muy populares entre la comunidad afrodescendiente, que se identifica con el eslogan «Sé tú misma, sé natural» impreso en las etiquetas de ¡Qué Negra!

Confesó que aunque ahora se ha despojado de los «complejos», ha sufrido «discriminación por los dos lados: demasiado blanca para andar con las negras y demasiado negra para andar con las blancas», un «estigma» del que decidió desprenderse cuando se apropió del término despectivo con que la llamaban.

«Yo soy jabá, que es una expresión despectiva, pero lo soy y voy orgullosa (…) Me involucré más en este tipo de eventos porque no quería que las adolescentes pasaran por lo que yo pasé y supieran que pueden lucir hermosas, por ejemplo, en su fiesta de 15, con su pelo natural», insistió.

Dos años atrás, a los 17, Arla decidió dejarse el pelo natural por primera vez.

«Mi mamá me lo laciaba a pesar de las protestas de mi padre. Al principio no sabía cómo rizármelo, la transición fue horrible porque se me rizaban algunas partes y otras no», explica la estudiante.

A su lado, Sheyla (19 años) admite que por el contrario «siempre lo ha llevado así», aunque se quejó de que aún no existen suficientes salones de belleza dedicados al cabello afro.

«Yo me identifico con mi pelo rizo, con toda la melanina que mi piel tiene, con toda la historia que tiene que contar, por qué me voy a laciar el pelo y ser una más del montón. La vida es muy corta para llevar el pelo aburrido», sentenció.

Raíz. Erlys Pennycook es la creadora de la línea de productos naturales ¡Qué Negra! para el cabello afro; que según ella, “ha superado expectativas” de volver a la raíz al pelo natural.

Una radio para educar sin límites ni etiquetas

Fotografías de Franklin Zelaya

«Desde que el mundo es mundo, la diversidad sexual ha existido. Lesbianas, bisexuales, gays hemos estado en todas partes, en todos los momentos de la humanidad», dice Néstor Urquilla, un activista LGBTI, al inicio de una entrevista transmitida por la Radio Victoria, el martes 4 de junio de 2019.

Urquilla habla esta tarde de los gays y lesbianas dentro de la exguerrilla salvadoreña. Sobre ellos dice que, aunque no aceptaron públicamente su orientación y expresión de género por temor a ser reprimidos, fueron violentados de diferentes formas. Y que en el caso de los hombres gays, uno de los castigos fue enviarlos frente a los combates para que murieran.

Su mensaje tiene alcance hasta los departamentos de Cabañas, parte de Cuscatlán, San Vicente y Chalatenango, y los departamentos hondureños de Lempira e Intibucá, que son los lugares que cubre Radio Victoria.

Santa Marta es un cantón de Ciudad Victoria, en Cabañas. Sus habitantes tienen la costumbre de escuchar radio. Los jóvenes prefieren conectarse desde sus celulares con planes de datos, pero la mayor parte de adultos lo hace desde aparatos radiales, como Alba Méndez, quien este mediodía escucha «En voz alta», un programa de noticias que es transmitido al mediodía por Radio Victoria, previo al espacio de la entrevista en la que participa Néstor.

Ella lo hace mientras prepara el almuerzo. Deja de palmear en el comal y sale con sillas, desde una casa, al patio que está cubierto por las sombras de árboles que hace varios años plantó con su familia.

«En la radio hablan de que no debemos discriminar a una persona solo porque es lesbiana, porque es gay», dice Alba, y cuenta que, en la comunidad donde vive, sus habitantes son abiertos con la diversidad sexual, y aunque aún hay discriminación hacia la población LGBTI, no se compara a años anteriores. «La radio ha servido mucho en ese sentido, que ha dado la información y la gente la ha tomado en cuenta», señala.

Alba pertenece a la Organización de Mujeres de Santa Marta. Tiene tres hijos –una niña y un niño, mellizos de 10 años– a los que, dice, les enseña a respetar a la población LGBTI. Su hija mayor, de 19 años, vive en Estados Unidos, pero recuerda que cuando vivía en la comunidad tuvo un amigo gay que llegaba a su casa y con el que salía a pasear. Ella no le veía problema a esa relación.

“La radio es una radio para esa gente que ha sido más excluida, que no ha sido tomada en cuenta en diferentes espacios. La radio ha abierto estos espacios, y la comunidad gay en El Salvador ha sido una comunidad muy olvidada, no se le da espacios. Difícilmente en diferentes medios van a aceptar que un gay trabaje”, cuenta Elvis Zavala, miembro del equipo de dirección de la Radio Victoria.

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La radio con la bandera arcoíris

La cabina de radio está frente a esta sala, en la entrada de la casa. En minutos, un grupo de jóvenes estará al aire con el programa «Contacto juvenil». A la derecha de la cabina, al atravesar una puerta que lleva a un pequeño corredor, está la sala de prensa y la sala de producción radial. Entre la una y la otra, arriba, colgada de una pared, hay una bandera arcoíris, a la par de una bandera de El Salvador.

«La radio es una radio para esa gente que ha sido más excluida, que no ha sido tomada en cuenta en diferentes espacios. La radio ha abierto estos espacios, y la comunidad gay en El Salvador ha sido una comunidad muy olvidada, no se le da espacios. Difícilmente en diferentes medios van a aceptar que un gay trabaje», cuenta Elvis Zavala, miembro del equipo de dirección de la Radio Victoria, en la terraza techada de la radio, a una cuadra del parque de Ciudad Victoria.

Elvis era un niño de 12 años cuando vio nacer Radio Victoria, en Santa Marta, aquel 15 de julio de 1993. Tres años después comenzó como periodista. Recuerda que la radio nació por iniciativa de líderes comunitarios que recomendaron crear medios de comunicación como una estrategia para quitar el estigma que pesaba sobre ellos, ya que entre el 17 y 18 de marzo de 1981, miles de personas de la comunidad y zonas aledañas huyeron hacia Honduras por la Operación Tierra Arrasada, en la que el Ejército salvadoreño ejecutó a los campesinos en cifras que oficialmente aún no son contabilizadas.

Actualmente la radio está ubicada en el centro de Ciudad Victoria y en su sala principal tiene cuadros que cronológicamente cuentan en «collage» de fotos la historia del proyecto desde su fundación. Hay dos imágenes que retratan sus inicios: en una, personas que colocan una vara de bambú para instalar un transmisor de 20 watts, que dio cobertura a Santa Marta; y otra, un grupo de periodistas dentro de la casa de bahareque transmitiendo.

La radio dejó de tener la sede en Santa Marta porque, según Elvis, para llegar con la señal hasta otras localidades necesitaba estar en un lugar geográficamente más alto. Subieron hasta Ciudad Victoria, un municipio a 711 metros sobre el nivel del mar. Ahí solo cubrían un par de cuadras del pueblo y a una comunidad cercana, en Santa Marta ya no se escuchaba la radio.

Pasaron cuatro años con la poca cobertura, pero hicieron gestiones y recibieron fondos para comprar un transmisor de 200 watts. Una familia del municipio les dijo que tenía un terreno en el cerro conocido como Las Vueltas del Cerro, siempre en Ciudad Victoria, donde podían instalar torres con el transmisor. Lo hicieron.

Periodistas. La Radio Victoria cuenta con 25 periodistas y una red de corresponsales en los municipios del departamento de Cabañas. Este año cumple 26 años al aire.

Esta tarde cuenta, emocionado, que aquello fue una locura, porque las comunidades ya tenían una radio y se sentían parte de ella. Mandaban cartas para reportar desde dónde les escuchaban, y de esa forman coordinaban encuentros deportivos. Ahora este espacio comunitario también es ocupado para hablar de diversidad sexual.

A diferencia de las radios comerciales, las radios comunitarias funcionan, en su mayoría, a base del voluntariado de sus periodistas, de cooperación internacional, cooperación de personas del lugar donde transmiten o produciendo cuñas a negocios pequeños para generar ingresos.

Radio Victoria cuenta con 25 periodistas y una red de corresponsales en los municipios de Cabañas. Está afiliada a la Asociación de Radios y Programas Participativos de El Salvador (ARPAS), que aglomera a radios comunitarias de El Salvador. Y desde hace años, cuenta Elvis, el proyecto decidió incluir dentro de su parrilla programática el tema de la diversidad sexual.

Todos los lunes, los equipos de producción y programación de la radio se reúnen para definir la pauta de la semana, y para junio le apuestan mucho a hablar sobre la población LGBTI desde diferentes enfoques. Elvis, además, señala que todos los miembros del proyecto están en constante preparación en temas de género y masculinidades con el objetivo de concientizarse antes de comunicar a las comunidades, y que entre el personal han tenido a personas de la diversidad sexual, que le han ayudado al grupo de periodistas y a la audiencia a informarse.

Como hoy, todos los días de la semana la puerta principal de la radio está abierta para que así la comunidad acceda a la cabina. Si quiere hacer una denuncia o dar un aviso, lo hace sin ninguna burocracia. A esa cabina, dice el periodista, muchas veces han llegado miembros de la población LGBTI a denunciar abusos de parte de la Policía Nacional Civil (PNC) y el equipo de la radio no se limita a darles el espacio para la denuncia, también, a través de las coberturas, le da seguimiento al caso si transciende a instancias como la Fiscalía General de la República (FGR).

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El género es un espectro

—Aquellos géneros que no están dentro del sistema de género binario, hombre-mujer, se le llaman género no binario –dice un hombre.

—¿Y sabías que una persona puede estar inconforme con el género asignado al momento de su nacimiento y prohibirle que se identifique con otro es una violación a su identidad de género? –pregunta una mujer.

Los mensajes están inmersos dentro de una cuña de 44 segundos que fue transmitida en junio en Radio Victoria y en la radio municipal de San Isidro, otro de los municipios de Cabañas. La cuña termina con el mensaje «el género no es binario, es un espectro», y quienes la locutan son Alonso Argueta y Marina Sorto, dos periodistas comunitarios que utilizan la radio como un vehículo para sensibilizar e informar a la población de Cabañas, entre otros temas, acerca de la diversidad sexual.

La cuña es una de las tres que transmitieron por estas radios en junio, pero ellos también son los encargados de producir el microprograma «Educación sin límites», que es transmitido en la radio municipal de San Isidro, todos los miércoles a las 9 de la mañana. En este abordan temáticas como la diversidad sexual, la prevención de la violencia, las ITS y el VIH. Lo hacen en 20 minutos o menos.

Y en el noticiero «En voz alta», de Radio Victoria, tienen espacio para publicar dos notas periodísticas por semana. En la edición del 4 de junio, Marina publicó una sobre la desaparición de la Secretaría de Inclusión Social, anunciada por el presidente Nayib Bukele en la primera semana de su gestión. Para ello entrevistó a diferentes fuentes locales.

El microprograma, las notas y las cuñas son grabados en el pequeño estudio de la Asociación Comité contra el Sida en Cabañas (CoCoSI), una asociación que queda en el cantón El Zapote, a 3 kilómetros de Santa Marta y a 5 de Ciudad Victoria. El estudio está compuesto por dos computadoras –de esas, una que sirve para editar audios–, tres micrófonos, una consola y dos ventiladores. Todo lo han obtenido con ayuda de cooperación internacional. Para aislar el sonido, tres paredes están tapizadas de cartones de huevo. En la única pared que no tiene cartones, hay una pequeña bandera arcoíris.

CoCoSI funciona en una casa en forma de pentágono. Aparte del estudio de grabación, tiene otra oficina levantada con madera, y otras que están a la vista, formadas con escritorios y computadoras. En medio de una de estas oficinas hay pequeñas banderas arcoíris. Ver estos colores alrededor de las paredes, acompañados de mensajes sociales, es común. En una hay un banner que dice «Cero lesbofobia, cero homofobia, cero bifobia, cero transfobia. LGBTI= tú y yo», y siluetas de hombres y mujeres, de diferentes colores, tomados de las manos. En otro banner también hay lazos rojos, símbolo representativo del apoyo a las personas que viven con VIH.

Alonso y Marina comenzaron a trabajar en la asociación luego de haber recibido un taller de prevención de VIH, porque en noveno grado, la escuela de Santa Marta donde estudiaron les pidió horas optativas. Él ya tiene 15 años en la asociación y ella 13. Ninguno ha estudiado periodismo, pero se han formado a través de cursos y talleres.

Teatro. Una de las formas de CoCoSI para informar y sensibilizar a las comunidades es el teatro. Tiene un grupo que se llama Realidad en Escena, conformado por 11 jóvenes.

Ambos forman parte del Programa de Incidencia Social y Política de CoCoSI, en el que se encuentra el área de comunicaciones, y no reducen la diversidad sexual a las siglas LGBTI, sino que prefieren llamarle diversidad sexual o género no binario. Lo hacen así, explica Alonso desde el estudio de radio, porque al decir las siglas etiquetan a la población en lesbiana, gay, trans, bisexual o intersexual, cuando entre un hombre y una mujer existe una cantidad de identidades sexuales que no se ven. «Estamos nuevamente replicando casi los mismos modelos (sociales de sexualidad). Es mejor no poner etiquetas», dice.

Junio fue a escala internacional el mes de la diversidad sexual. Alrededor del mundo hubo actividades de la población LGBTI, entre ellas la marcha por la diversidad sexual, que comúnmente se realiza el último fin de semana del mes.

Para ese mes, CoCoSI destinó todos sus microprogramas a la diversidad sexual. En uno de ellos entrevistaron, vía teléfono, al activista William Hernández, de la Asociación Entre Amigos, quien habló sobre las deficiencias del sistema judicial para investigar los crímenes de odio. En otros hablaron sobre el uso y las diferencias de los términos heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad.

Además de trabajar como periodista comunitario, Alonso es parte de un grupo de jóvenes con estudios en Informática que hace cuatro años llevó el internet inalámbrico a Santa Marta; antes de esto lo tenían de forma satelital. Para hacerlo, el grupo compró el servicio de internet a una empresa y en una casa del centro de Sensuntepeque, donde se colocó una antena en una torre, logró enviar señal hasta una antena en el cerro Moidán, ubicado en esta ciudad; y de ahí envió señal a otra antena en el cerro El Zelaque, en Santa Marta.

El periodista explica que entre los planes de la asociación está tener una radio comunitaria en línea y para esto ya comenzaron las reuniones.

CoCoSI nació en agosto de 1999 por iniciativa de Brenda Hubbard, una estadounidense que viajó a El Salvador 10 años antes para trabajar con el Comité de Madres de Reos y Desaparecidos Políticos de El Salvador Monseñor Romero (COMADRES), un grupo creado por madres y familiares de desaparecidos, presos y víctimas del conflicto, para darse apoyo y buscar a sus parientes.

Hubbard cuenta que ella estaba en Japón y su plan era venir por dos meses a El Salvador, porque quería saber cómo el Gobierno de Estados Unidos invertía sus impuestos en la guerra civil para «matar y desaparecer personas», pero ya lleva 30 años trabajando en el país.

“Todos los días de la semana la puerta principal de la radio está abierta para que así la comunidad acceda a la cabina. Si quiere hacer una denuncia o dar un aviso, lo hace sin ninguna burocracia.”, dice Elvis Zavala, miembro del equipo de dirección de la Radio Victoria.

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El doctor que participa en la radio

Radio Victoria forma parte del plan de trabajo colectivo de Santa Marta, en el que también están involucradas instituciones como la Unidad de Salud y el Complejo Educativo 10 de Octubre de 1987, llamado así por el día en que la comunidad comenzó el retorno a El Salvador.

«Me han invitado a programas relacionados a la salud de la mujer, pero también a programas relacionados con la salud del género no binario», cuenta Salvador Escobar, el director de la unidad de salud de la comunidad al referirse a las invitaciones que ha atendido en programas de Radio Victoria.

La unidad está a la par de una siembra de maíz. En esta atienden entre 60 y 80 pacientes a diario, pero hoy está vacía. El doctor dice que es porque un grupo de excombatientes de la comunidad anda por San Vicente recibiendo la pensión que el Gobierno les entrega cada mes. Su oficina está al final de un pasillo.

Cuando al doctor lo han invitado a hablar sobre el género no binario –prefiere llamarle así en lugar de población LGBTI– se ha enfocado en los derechos de las personas de la diversidad sexual, la discriminación y estigmatización, dice, pero también en los deberes de los trabajadores de salud para atenderles sin ningún prejuicio.

Señala que el personal de la unidad de salud fue capacitado sobre diversidad sexual por CoCoSI, lo que ha permitido que exista un mejor trato a los pacientes de esta población. Desde el año pasado, dice, las personas trans pueden pasar consulta e identificarse con el nombre que ellas han elegido conforme a su identidad de género, no necesariamente con el que aparece en su DUI, y su expresión de género. Como los casos de tres hombres trans que han llegado a consultas.

Para él es importante que desde Radio Victoria todos los días se transmitan cuñas radiales o programas relacionados con la diversidad sexual, porque esto ayuda a sensibilizar a los radioescuchas. Además que la misma radio sea abierta en el tema y tenga dentro de su personal a periodistas LGBTI.

La prevención del VIH, una de las apuestas de CoCoSI, ha ayudado también a visibilizar la necesidad de información sobre este tema en la comunidad. De acuerdo con Salvador, para 2011, diagnosticaron siete casos, pero esto ha tenido una tendencia a la baja. Ahora conocen de cinco, cuatro de ellos diagnosticados en la población LGBTI. Lo cual para él causa alarma porque fueron personas, dice, que no tuvieron la oportunidad de protegerse o no supieron cómo, sin embargo, espera que con la información adecuada el problema se reduzca.

Y apunta a algo esencial para cambiar la perspectiva de estos temas: la educación en todos sus niveles.

Murales. En Santa Marta hay varias casas con murales en contra de la violencia y uno que otro verso. La comunidad trabajaba basada en un plan de desarrollo colectivo.

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Contra el «bullying«

Hace 14 años, un joven dijo que era gay. Estudiaba sexto grado y tenía ataques de ira porque era víctima de «bullying«, recuerda Antonio Beltrán, el director del Complejo Educativo 10 de Octubre de 1987. Era la primera vez que un alumno aceptaba abiertamente su orientación sexual, y la planta docente tuvo que intervenir para que fuera respetado. Hoy, cuando conocen a alumnos de población LGBTI, dice Antonio, los envían a la psicóloga que atiende el área de Salud Mental en la unidad de salud, para que los aconseje y decida qué procesos llevar y si involucra a sus familias.

Antonio es una de las fuentes consultadas por Marina para el material periodístico que envía a Radio Victoria. De las actividades realizadas en alianza con la escuela, Marina recuerda un cine-foro con los padres de familia en el que vieron «Plegarias para Bobby«, una película clásica que trata sobre el suicidio de un joven gay a causa de la intolerancia religiosa de su familia. Ella entrevistó a los asistentes y dice que hubo muchas personas conmovidas.

El complejo educativo tiene 23 secciones, desde kínder hasta bachillerato. Antonio señala que en este lugar los niños asumen tareas como barrer y trapear, porque trabajan contra el prejuicio social que esto solo lo pueden hacer niñas. Y dice que el personal ha sido capacitado en género y también en diversidad sexual. Por ello le apuestan a prevenir el «bullying«.

Recuerda que 10 años antes, hablar de sexualidad era un problema y tuvieron que reunirse hasta con un sacerdote que llegaba celebrar misas a Santa Marta, porque él se oponía a que se hablara de esto. Como planta docente le explicaron que el tema debía ser abordado desde la escuela, porque a los niños y jóvenes no debía escondérseles, sino darles la información necesaria.

«La radio ha sido muy determinante, muy fundamental, para la divulgación de este tipo de contenido», acepta el director, quien considera que, de momento, el público adulto se ha quedado solo como receptor de la información, ya que los programas de Radio Victoria han tenido más enfoque en los jóvenes.

En la parte derecha del muro externo del complejo educativo hay un mural. Es el dibujo de un condón con manos y pies, que tiene un martillo en su mano derecha y está saltando sobre virus. «Úsame, yo te protejo», dice el mensaje que le acompaña.

«Esta es la parte que nos dieron a nosotros para hacer el diseño», sostiene Marina, frente a este mural. Cuenta que hace siete años hicieron una encuesta a escala de Cabañas para conocer qué opinaban las personas sobre el programa que CoCoSI tiene en la radio. La mayoría estaba en contra, porque dijo que abordaban temáticas que ni los niños podían conocer. Con los años esto ha cambiado, dice la periodista.

Educación sexual. La comunidad Santa Marta trabaja en la educación sexual. La comunidad ha logrado reducir en nueve años de 39 % a 9.4 % los embarazos en adolescentes.

Reflexiones desde una literatura personal

En 1986 tuve la oportunidad de publicar en inglés la primera edición de mi novela «Cuzcatlán donde bate la mar del sur». Salió al mismo tiempo en Londres y en Nueva York y, posteriormente, en Bonn, Alemania. Algo inusual para un escritor centroamericano. Posteriormente se editó en español, en Costa Rica y Honduras. Y 12 años después se publicó en El Salvador, aunque sin mi autorización; no lo reclamo, solo señalo una paradoja, dada nuestras realidades, por lo general trágicas, por lo cual no es fácil ponderar el júbilo.

Pese a todo, debemos reconocer que los salvadoreños estamos en todas partes, y más ahora con los nuevos tiempos de cuarta y quinta generación tecnológica que el pensamiento transgrede fronteras, nos consideramos ciudadanos del mundo por capacidades propias u obligados a huir de los dramas vitales, para buscar un destino, llámese felicidad o desgracias (pienso en la niñez, pienso en Valeria y Óscar Martínez).

Esa vocación de éxodo me hace recordar en la India a dos parejas salvadoreñas con sus respectivos niños y niñas, propietarias de una escuelita en español, cuyos estudiantes y maestros me concedieron el honor de invitarme a un almuerzo. «Somos biólogos, pero la necesidad nos hizo maestros en Calcuta«, me dijeron en una visita que hice para presentar un libro en aquel país. Como vemos, nuestra gente es bella.

Pero volviendo a «Cuzcatlán donde bate la mar del sur», mi tendencia a hacer novela histórica me ha vuelto en cierta forma un privilegiado, pues por ellas despierto un afán por conocer un país pequeño y de corazón grande, pero también desfallecido por dramas y tragedias.

La obra, poco conocida en El Salvador, despertó emoción en las editoriales arriba mencionadas, incluso se produjo una película documental con apoyo de la BBC de Londres y Channel Four de Inglaterra. Se trató de una época de oro literario propiciada desde Costa Rica. Por eso decía, las diásporas (el éxodo, las huidas) producen hallazgos y tragedias. Es como jugar a la ruleta rusa, caso de las caravanas que parten de nuestro llamado Triángulo Norte.

De mi parte he aprendido a fortalecer mi espíritu regional después de descubrir la Guerra Patria Centroamericana que me llevó a escribir la novela «Así en la Tierra como en las aguas», (EUNED, 2018). En fin, los recuerdos son historia, y es una veta para el escritor. Permiten descubrir con propiedad que el pasado es presente y futuro a la vez (es el actual milagro de los pueblos asiáticos, hace poco asolados, y ahora de reconocido desarrollo). Pero hay algo más, esos recuerdos deben culminar con la búsqueda de la trascendencia social, y de ahí la importancia de la obra literaria que por lo general no tiene edad (excepto los llamados «best seller«, que pueden ser flor de un año).

Esas evocaciones me han llevado a escribir novela histórica sin proponérmelo, pues partí hacia dicho género desde mi posición de conocer la poesía desde niño. También es histórica «Caperucita en la zona roja», y una última novela que tuvo reconocimiento de trascendencia en Nueva York (2007). Libro que se mantiene inédito, dadas nuestras explicables y lastimosas penurias en el ramo de las publicaciones. Esa obra tiene que ver con los orígenes de una violencia que se vuelve difícil afrontarla por su gran permanencia en nuestra rutas siniestras de tragedias y que por eso hacen parecer la violencia como una señal arraigada de cultura nacional. Creo que no nos hemos apropiado de lo que mencioné arriba: que los tiempos pasados son los tiempos de siempre. El cohete que nos lleve al futuro no va a arrancar sin el combustible fósil del pasado y el presente.

Con esos antecedentes un amigo, maestro universitario y fundador de talleres de literatura, me aconsejó dedicarme a escribir, agradezco el consejo pero esa labor me apropié desde mis 12 años, en San Miguel, cuando en cuarto grado comencé a descubrir las claves del poema hasta llegar a la novela. Por ejemplo, esa obra mencionada de 2007, no hubiera sido posible sin escribir en mis viajes y en mis fines de semana. En otra de ellas: «Los poetas del mal», decidí cerrar con una nota final que dice: «Noches de Antigua Guatemala, aeropuertos y hoteles de Chicago, Lisboa, Managua, Panamá, Bogotá, Estocolmo, Chile, Argentina, Madrid. Y días aciagos de San Salvador, 2001-2003″. Lo escribí para mis colegas directores de Bibliotecas Nacionales por mi aparente insociabilidad, por no poder acompañarlos a las recreaciones nocturnas después de largas horas de trabajo en reuniones iberoamericanas. Dada su fraternidad, me entendieron. Gracias por comprender mis horas de trabajo literario.

Por supuesto que comprendo la sugerencia, escribo los fines de semana, asuetos, en «fiesta de guardar»; para escribir aunque sea una obra cada cinco u ocho años una obra sobre las realidades que me asombran. Por eso no es contradictorio escribir para no publicar. Hay que resguardar algo para el futuro, para que los nietos del jaguar conozcan su pasado, aunque no siempre fue mejor; pero ayuda a reconstruir en todas sus dimensiones el bien común, relacionado con el sueño de lograr una Centroamérica distinta, sin niños y niñas prisioneros en el extranjero por huir de la muerte nacional.

Reflexión primera: pese a las dificultades que tiene el oficio de escribir es importante fomentar el poder de la palabra. Poder que me permite reiterar: nunca he viajado con viáticos, ni pasaporte oficial, ni pasajes pagados por GOES. Mis gastos deben ser financiados por la entidad organizadora. Consciente de nuestras penurias culturales.

Reflexión dos: ante la tragedia de Angie Valeria y Óscar Martínez, repienso ¿qué estamos haciendo todos para dignificar a nuestra gente, niños, jóvenes o ancianos?

Reflexión tres: ¿por qué decido donar mi biblioteca para el Museo Roque Dalton? Porque él debe estar con sus hermanos de literatura, no solo mi persona sino Escobar Velado, López Vallecillos y Roberto Armijo. Todos con un lema para su vocación «no puede haber estética sin ética social». Autenticidad hasta el fin.

Innovación pública: el hacer juntos

«Un laboratorio es justamente eso, un espacio para probar en pequeño, cometer errores, corregir y alcanzar un prototipo o producto mínimo viable»: dice «El método Santalab«. El laboratorio de innovación pública Santalab.

En septiembre pasado en este espacio hablamos del MediaLab Prado, en Madrid; del Laboratorio de Innovación para la Paz, en la Universidad Nacional de Colombia, y del Laboratorio de Innovación Ciudadana, en Argentina. Ahora les quiero contar del laboratorio que hay en la provincia de Santa Fe, también en el sur de nuestro continente.

Este espacio tiene que ver, por supuesto (como casi todo lo que comentamos acá), con el gobierno abierto; con datos abiertos, transparencia y rendición de cuentas de lo público. Pero también con la idea del Estado abierto de mezclar o hibridar la participación ciudadana en dos ámbitos, para que se potencialice lo que se puede hacer en lo presencial y en lo digital. Y con diálogos y esfuerzos de cocreación, de poner al común procesos de diseño y prototipado para plantear soluciones a problemáticas reales y cotidianas a partir de la puesta en práctica de la inteligencia colectiva. Resolvemos entre todos, haciendo las cosas juntos.

Con la idea de hacer innovación pública a partir de la creatividad ciudadana, desarrollan actividades de trabajo bajo tres líneas: el hacking cívico, la cultura digital y el desarrollo sostenible. La primera implica iniciativas de datos abiertos, participación digital y leyes colaborativas, por ejemplo; la segunda con la promoción del acceso al software libre y cultura libre, entre otros puntos, y el tercero con la apuesta por el reciclaje y la mejora de la movilidad urbana, por mencionar algunos puntos.

¿Qué actividades hacen en el Santalab? Conversatorios sobre acceso a la información pública, por ejemplo. Datatones para que tanto los empleados públicos como la ciudadanía aprendan a trabajar y a visualizar datos abiertos. O el desarrollo de una plataforma digital, llamada Virtuágora y hecha en software libre, para hacer presupuestos participativos en línea y para redactar las bases colaborativas de nuevas leyes.

La clave es la cocreación, lo colectivo, lo abierto. Saber que «no estamos aquí para mandar. Estamos aquí para construir las herramientas para que mande la gente», como decía Pablo Soto, concejal de participación ciudadana, transparencia y #GobiernoAbierto en el Ayuntamiento de Madrid. En ese video de Open Government Partnership, por ejemplo, hablan sobre cómo la ciudadanía se puede unir en línea (desde lo digital para cambiar lo presencial) para organizarse por un cambio legislativo. ¿Qué herramientas podríamos construir en El Salvador de 2019 para que la ciudadanía tome su parte?

Por eso creo que estas discusiones siguen siendo relevantes. La innovación en la educación pasa porque tengamos las habilidades para leer, ocupar y sacar provecho de lo digital. A partir de ahí podemos pensar en innovación en lo público: que como ciudadanía nos reunamos con otras entidades para promover espacios de reflexión que nos permitan pasar a acciones concretas de incidencia en las políticas públicas o de incidencia en nuestro espacio público inmediato. No debemos desaprovechar una oportunidad como esta, la de ocupar la tecnología en pro de lo cívico, en favor de volvernos una ciudadanía (digital) responsable y participativa.

Y bueno, como dicen las Naciones Unidas, que nadie se quede atrás: hay que pensar globalmente y actuar localmente. Y debemos aprovechar las tecnologías (cívicas y tecnopolíticas) que ponen al usuario/ciudadano al centro para ayudarnos a ello, al (re)hacer juntos para lo público.

Libra (la de Facebook, no la esterlina)

El pasado 18 de junio Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Facebook, anunció que en 2020 lanzarían una nueva moneda llamada Libra. No es la primera vez que una empresa, o una entidad no pública, lanza una unidad de cambio. Ya hemos visto como otros tipos de moneda (o criptomonedas) como Bitcoin y Ethereum han tenido muchos problemas de eficiencia, riesgo y legitimidad.

Este es un sector relativamente nuevo, en el cual nadie ha logrado descifrar aún de manera muy eficiente. Bitcoin, por ejemplo, es una moneda que sufre de una volatilidad que asusta, no tiene un sustento o respaldo como lo tienen otras monedas con reservas de bancos centrales, y es muy ineficiente en su operación (cada transacción de Bitcoin usa una cantidad absurda de energía, por todas las computadoras que deben estar conectadas para sostener su ecosistema). Facebook, siendo una empresa enorme y con recursos suficientes, tiene una muy buena oportunidad de ser exitoso en este nuevo proyecto.

De cierta forma, Facebook está intentando resolver algunos de los riesgos o preocupaciones asociados con las criptomonedas. La manera en la que funcionaría, según explicó Zuckerberg en junio es que la Libra estaría respaldada por una combinación de monedas estables, mitigando la volatilidad y especulación que sufren otros instrumentos financieros. La plataforma de Libra sería mucho más rápida que Bitcoin, al procesar unas 1,000 transacciones por segundo en vez de 7. Libra también estaría controlada por un consorcio de potencialmente 100 empresas que tendrían igual poder decisión y votos, de las cuales 28 se han sumado hasta la fecha (Spotify, Uber, Visa, etcétera). Esto significa que Facebook no tendría control completo sobre la moneda, lo cual ayuda a disipar un poco la preocupación sobre los problemas de seguridad de información que Facebook ha tenido últimamente.

De ser exitoso, el proyecto de Libra tiene un potencial enorme que revolucionaría cómo funciona la banca tradicional en el mundo. Con una base de 2,400 millones de usuarios de Facebook, Libra podría convertirse en una de las monedas de mayor circulación en el mundo y facilitaría la bancarización de millones de personas que no tienen acceso a servicios financieros por limitantes económicas o geográficas, especialmente en mercados emergentes. También haría las transacciones de dinero mucho más fáciles y baratas. En vez de cobrar comisiones de alrededor de 5 % como lo hacen algunos bancos, transferir Libras costaría apenas centavos por transacción. De esta manera Facebook está diversificando su negocio más allá de las otras 72 empresas que ya ha comprado hasta hoy.

¿Qué significa esto para El Salvador? La implementación de este nuevo producto financiero (o tipo de cambio) sería operativamente fácil. Somos un país donde hay más teléfonos celulares que personas. La alta penetración de Facebook y WhatsApp haría que el proceso para sumarse a la plataforma de Libra sea muy simple. El verdadero desafío sería regulatorio. En un país con altos niveles de corrupción el dinero mal habido (pensemos en sobornos y extorsiones) podría cambiar de manos de manera más ágil. Será muy interesante ver cómo otros países van construyendo la estructura legal sobre la cual funcione Libra y cómo nosotros adaptamos nuestro marco legal para sumarnos a esta nueva herramienta.