Diálogos interiores

La inteligencia positiva (PQ) es un concepto creado por el psicólogo y profesor de la Universidad de Stanford, Shirzad Chamine, resultado de su trabajo de más de 20 años acerca de la relación entre el cerebro sobreviviente (racional y responsable del mecanismo del estrés) versus el cerebro creativo (evolucionado e inteligente). Chamine estableció que la inteligencia positiva es un indicador del «control que una persona tiene sobre su mente y qué tanto trabaja para su bienestar y no para sabotearla».

El psicólogo explica cómo el cerebro sobreviviente pretende protegernos de los peligros del entorno; mientras que el creativo busca ofrecernos alternativas constructivas a los desafíos que enfrentamos. Para comprender esta relación, desarrolló una tipología de 10 saboteadores que habitan en el cerebro sobreviviente, así como la voz sabia que se desarrolla en la parte creativa y evolucionada.

Los saboteadores se presentan en forma de «diálogos internos» autogenerados que nos hacen juzgarnos a nosotros y a los demás de formas rígidas e inflexibles, o que nos llevan a buscar el control y el perfeccionismo, a complacer constantemente y sin capacidad de establecer límites a otros, a hiperracionalizar lo que nos sucede, a buscar logros de forma excesiva y a la hiperresponsabilidad. Las intenciones de esas voces, en principio, son positivas porque buscan obtener la aceptación de las primeras relaciones, fundamentales en la vida de un menor, y protegernos frente a los retos que generan las relaciones con los demás. Lamentablemente aparecen cuando aún no somos maduros emocionalmente y, si bien nos protegen en nuestros primeros años de vida, cuando alcanzamos la edad adulta se transforman en mecanismos de defensa, difíciles de reconocer, que bloquean la potencialidad de las personas.

Generalmente, esos diálogos nos llevan por rutas poco saludables de exigencia hacia nosotros mismos y hacia los demás, contribuyendo a complicar las relaciones y a drenar nuestra energía. El cerebro, que representa el 2 % del peso corporal de un individuo, utiliza el 20 % de la energía que se produce en el cuerpo y, muchas veces, esta se desperdicia cuando no se puede reducir ese incesante diálogo de la mente sobreviviente que busca activamente peligros y amenazas, reales o imaginadas.

En un mundo que constantemente se presenta amenazador, en el que se cree que lo más importante es «hacer» y «tener», y en donde el concepto del tiempo se percibe como un recurso limitado, la mayoría de las personas observan la vida a través de los lentes del cerebro sobreviviente, que las lleva a permanecer con altos niveles de estrés y en modo de lucha o de huida; silenciando, además, al cerebro creativo que tiene mejores herramientas para responder a los desafíos.

En la actualidad, disponemos de estudios científicos y psicológicos que facilitan la comprensión de estos mecanismos; así como la conexión entre las diferentes partes que conforman nuestra esencia humana. El desarrollo de la inteligencia positiva, tal como lo propone Chamine, requiere de una atención plena y de la respiración consciente que facilitan a la persona adulta observar y reducir el diálogo tóxico del cerebro sobreviviente; aumentando, en cambio, esa voz sabia y evolucionada del cerebro creativo, que responde desde un lugar de recursos e innovación.

Para conseguirlo es fundamental detenerse, dar un paso atrás, observarse y reconocer esas voces saboteadoras que han dirigido la vida de los individuos y de la civilización en la que vivimos, que frente a las amenazas responde con guerras y violencia. Es relevante aceptar la existencia de esos viejos mecanismos para sobrevivir, y abrazar consciente y activamente las posibilidades constructivas y pacíficas que también posee nuestro cerebro.

Salvadoreños: capital humano en el mundo

En esta época del año, las redes sociales y el WhatsApp se empiezan a llenar de fotos de playas, viajes, torrejas, alfombras… ¡vacaciones!

Y entonces, a uno le dan ganas de estar –bebida en mano–, disfrutando junto a todos los salvadoreños que hacen de esta semana una festividad que ya es una tradición casi patrimonial a lo largo y ancho del país. En Chile, el día libre se limita al viernes y las actividades religiosas son poco vistosas y poco concurridas, o al menos esa ha sido mi sensación durante los últimos seis años.

Para aprovechar los días libres, cientos de salvadoreños salen del país extendiendo una ola de compatriotas por el mundo. Este ejercicio de recordar las costumbres y celebraciones propias del país e imaginar a quienes estarán recorriendo diferentes lugares me hizo recordar el libro «El país que viene: jóvenes en el extranjero».

Entre sus páginas, más de 60 jóvenes que han emigrado cuentan sus historias de vida desde la perspectiva que solo vivir fuera del país de origen entrega. Algunos de los participantes han superado barreras de lenguaje, miles de kilómetros de distancia y diferencias culturales relevantes con diversas motivaciones: estudiar, mejorar su calidad de vida, superarse profesionalmente, cumplir un sueño.

Algunos de los protagonistas son parte de una segunda generación cuyos padres emigraron, sin embargo, sienten como propia la nacionalidad salvadoreña.

Una de las grandes contribuciones de este libro, editado por Diego Echegoyén, es que logró reunir, a pesar de la distancia, las historias de decenas de jóvenes que representan el talento salvadoreño distribuido por el mundo.

Desde sus ámbitos de acción, estos jóvenes autores contribuyen con llevar el nombre de nuestro país a escala internacional, posicionándolo desde una mirada positiva y relevante en temas como tecnología, historia, deporte, música, pedagogía, derechos humanos y emprendimiento, entre otras actividades.

Reconocer el talento que se encuentra distribuido en diversas partes del mundo, con ADN salvadoreño, va mucho más allá de ser excesivamente patriótico. En un contexto de país complejo, en el que es más fácil encontrar historias de violencia, delincuencia y pobreza, es importante darnos cuenta de que también contamos con un capital humano valioso y reconocido a escala internacional.

Tal como afirma el editor del texto, «crear conciencia sobre el capital social que representan los salvadoreños en el exterior proyectando la imagen y el posicionamiento que significan para nuestro país es uno de los objetivos del libro».

La relevancia de este compilado de historias –y uno de los aspectos que, a mi juicio, le agrega valor–, tiene que ver con la transparencia y el espíritu transversal de superación de sus protagonistas. El libro está construido por diferentes individuos motivados por un sueño personal enlazado con una visión de país que comprueba que es posible ir más allá de los colores políticos, al sumar los talentos individuales, con un sueño común.

Las 60 historias que este libro recoge hacen un maravilloso recorrido por las vidas de personas comunes y corrientes, como yo, que por alguna razón no viven en El Salvador. Las distintas visiones de cada uno enriquecen de manera excepcional lo que significa ser salvadoreño y, lo más importante, nos permiten reunirnos en torno de un tema común, que se construye a partir de la suma de experiencias diferentes.

Carta Editorial

Ellos vienen a ser como la imagen de esa flor que crece en una grieta del asfalto, y es con la que se ilustran la perseverancia y la esperanza por igual. En la edición de hoy presentamos cuatro historias de personas que han encontrado la manera de ver en las dificultades las rendijas por donde se puede hacer crecer algo bueno para la mayoría. Ellos son hijos de contextos marcados por la exclusión.

Esta palabra es la que no hay que olvidar. Excluir es mantener a un sector de la población alejado de los recursos necesarios para ejercer sus derechos. No es negar, por ejemplo, educación o salud, es colocarlos a una distancia (física o social) tan grande que sea imposible tomarlos.

Estas son las historias de cuatro personas que se han unido a otras para reducir la brecha entre sus comunidades y las letras, el baile, el escenario, el cine. Este es un esfuerzo enorme y maravilloso, no hay duda, pero también es necesario reconocer que es mucho trabajo para tan pocas manos.

En una sociedad más justa, en esa por la que todos deberíamos trabajar, las oportunidades de desarrollo deberían estar desbloqueadas para cualquiera. No es el caso de El Salvador, está claro. Pero en estas historias deberíamos saber reconocer el agrio sabor de la desigualdad y la culpa compartida.

Este es un país lleno de personas con talento y energía. Pero la mayoría está atada a contextos desfavorables en donde no hay tiempo para pensar en crear, cuando para lo que alcanza es para pensar solo en sobrevivir.
Acá está nuestra condena. Una de las consecuencias más terribles de la exclusión es que nos obliga a todos a permanecer estancados. Sin oportunidades equitativas, unos pocos no pueden vivir para siempre con privilegios, porque se van a acabar.

Nos ha tomado demasiado tiempo ver y entender que la única manera de avanzar es eliminando brechas absurdas en un país tan pequeño, tan rico, tan pobre y tan lleno al mismo tiempo. En estas páginas escritas por el periodista Stanley Luna hay gente que construye caminos cortos y transitables hacia el desarrollo.

“Hemos tenido grandes aprendizajes en todas las áreas del desarrollo de videojuegos”

¿Por qué crear videojuegos en El Salvador?

Existen ya estudios establecidos que cuentan con experiencia de al menos cinco años desarrollando y comercializando videojuegos internacionalmente, lo cual, ha tenido un importante impacto a escala local, generando un verdadero capital humano.

¿Qué destrezas le han generado las dificultades de hacer videojuegos?

Hemos tenido grandes aprendizajes en todas y cada una de las áreas del desarrollo de videojuegos; esto va desde el diseño, producción y comercialización del mismo en el mercado internacional.

¿Qué es lo que tiene más valor de su situación actual?

El aprendizaje que hemos tenido gracias a todos los errores que cometimos en el pasado.

¿Qué resultado espera obtener con lo que está haciendo?

Que nuestro nuevo videojuego en desarrollo, The Last Friend, se convierta en nuestro producto insignia, que logre generar suficientes ganancias para que nuestra compañía crezca y sea 100 % sostenible.

¿Qué consejo se daría?

No olvidar seguir aprendiendo de nuestros errores y siempre estar atentos al mercado internacional.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Tomar la decisión de formar una empresa dedicada completamente al desarrollo de videojuegos.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuviera que comenzar otra vez?

Gestión de proyectos relacionada con las industrias creativas.

Historias sin Cuento

RESURRECCIÓN VIRTUAL

Se miró en el espejo que parecía a punto de cerrar los párpados, y dijo en voz tenue:

–Dicen que me toca morir, pero en mi interior todo se rebela contra ese mandato…

La imagen reflejada le envió entonces una señal de prudencia, como diciéndole: «No te opongas de manera frontal a los mandatos supremos».

–¿Y qué hago entonces: me resigno?

En la habitación rinconera la luz se fue haciendo borrosa, hasta quedar convertida en un refugio penumbroso. Él se apretó el pecho con los brazos y aspiró el aire retenido como si quisiera apropiarse de él para siempre. De ese aire brotó un suspiro con voluntad de susurro:

–«Si te animas a convertirte en imagen de ti mismo, todo estará resuelto».

–¡Hago lo que sea para no dejar de ser lo que soy y lo que he sido desde que tengo memoria! ¡Dame las indicaciones y las cumpliré al minuto y al detalle!

Apareció de pronto esa figura casi etérea, pero lo suficientemente identificable para reconocerle características humanas. Se le acercó hasta poder verle a los ojos:

–¿Quién eres? –le preguntó él, en forma directa.

La figura se retiró un par de pasos, haciendo aletear su túnica:

–Soy el que te ha enviado, y el que puede traerte de nuevo a tu estado original entre las eternas nubes; pero hoy, como bien sabes, te necesito aquí, para cumplir mi misión y la tuya, que son una sola. Tienes que morir y luego resucitar.

–¡Eso es lo que no quiero! ¡Quiero seguir como estoy! ¡Ya me enamoré de la tierra y del aire! Pero alguien me dijo que si me animo a convertirme en imagen de mi mismo, puedo dejar circulando esa imagen e irme yo a peregrinar anónimamente por el mundo…

–El que te dijo eso también es enviado mío. Es el nuevo jefe de mi red de comunicaciones digitales. Hay que estar al día siempre, y eso nos abarca a todos… Hagámoslo como él indica, pues. Te conviertes en imagen virtual, y en tal condición mueres y resucitas. Nadie va a advertir el recurso. Así estarás en todas partes y a toda hora, y todos te recibirán como la presencia más próxima… Y tú, el que ahora eres, podrás irte a vagar como un peregrino anónimo y feliz por este mundo que te ha ganado la voluntad…

FUNCIÓN DEL HUMO

La empresa, que fue pionera en la innovación tecnológica estaba viniendo a menos, como si la creatividad se le agotara por falta de inventiva. El dueño, que era a la vez el CEO, comenzó a buscar auxilio, abriéndose cada vez más a los consejos enigmáticos. Nadie más que él lo sabía, y lo que se captaba desde afuera era sólo un ir y venir de personas desconocidas a su despacho.

Cuando uno de los empleados de mediano relieve llegó al trabajo aquel lunes por la mañana tenía un mensaje del jefe sobre su escritorio. Curiosamente no se lo había enviado por el correo electrónico sino en una hoja manuscrita. Le indicaba que se presentara a su despacho lo más pronto posible. Era la primera vez que lo hacía en esa forma, y al empleado le dio mala espina. Acomodó las cosas que llevaba y se dirigió al despacho, subiendo la escalera mecánica de siempre, aunque esta vez el ascenso le produjo un amago de vértigo.

La puerta estaba entreabierta, y la empujó suavemente, anunciándose:

–Aquí estoy, señor.

Desde bien adentro respondió una voz ronca y mecánica:

–Pase y cierre la puerta.

Fue la última vez que aquellas dos voces sonaron al unísono. Cuando pasaron unas horas y el silencio comenzó a llamar la atención, uno de los empleados de alto nivel se animó a abrir la puerta del despacho. Detrás de él llegaron otros de los que ahí trabajaban, atraídos por las intensas bocanadas de humo que escapaban por el hueco de la puerta.

Lo que encontraron adentro fue una escena que parecía inventada para una historia de ciencia ficción.

El jefe se hallaba sentado ante su escritorio y frente a él permanecía de pie el empleado a quien llamara. Sobre la superficie de madera se hallaba una hoja con un dibujo encabezado por una leyenda: «Usted ha sido escogido para acompañarme en la misión de buscarle nuevos horizontes al trabajo productivo que desempeña la empresa. Se trata de una decisión existencial que se va a activar con el auxilio de una hoguera del futuro».

Todos se quedaron inmóviles mientras el humo continuaba saliendo. Cuando el aire quedó libre se percataron de lo que ocurría.

El jefe y el empleado tenían exactamente las mismas apariencias de siempre, pero parecían figuras sin vida. Hasta que empezaron a reaccionar con mecánica lentitud. Y entonces a los presentes se les activó la sospecha: todo aquel ceremonial desconocido los había dejado transformados en insensibles robots…

Y la voz del jefe se dejó oír como un mandato superior:

–¡Todos a trabajar, que la nueva era ya dio inicio!

DIARIO DE VIAJE

El mar parecía estar esperándolos como a fieles conocidos que merecían la consideración ancestral. Era un mar muy distante del que ellos acostumbraban visitar en su zona de vida; pero, como siempre, para distinguir los mares había que hacer esfuerzos de identificación que estaban relacionales especialmente con el clima. Y lo curioso en este caso era que, a pesar de hallarse en una latitud contrastante con la que ellos conocían, ese mar que tenían a la vista mostraba una familiaridad impecable.

Al nomás tocar tierra se fueron descalzos a comunicarse con la espuma, que parecía hacerles sonrientes reverencias.

Uno de ellos se arrodilló sobre la superficie espumosa, extendió los brazos y exclamó:

–Estamos aquí, en la visita prometida. Hemos recorrido muchos siglos y la ilusión de llegar a este momento nos ha mantenido en pie sobre las aguas. ¡Se ha cumplido la orden trascendental que recibimos!

MISIÓN VESPERTINA

Dejó el maletín en la silla de siempre y empezó a despojarse de toda la ropa que llevaba encima, hasta quedar como vino al mundo. Luego se dirigió hacia el baño donde había una estrecha tina, soltó el agua más fría que caliente y se introdujo como en un rito religioso. Era la ceremonia de todas las tardes al regresar de la faena cotidiana que nunca tenía variaciones.

Cuando el agua estaba por llegar a su límite, se sumergió hasta el nivel de la mandíbula. No había peligro de derrame porque a esa altura el exceso de líquido se iba por un desagüe puesto al efecto. Era simplemente el efecto repetitivo de su ansia ya bien dominada de estar en el límite sin caer en el hueco de la angustia. Como si vivir fuera una piscina infinita, que se derramaba justamente hacia el infinito.

Se levantó, soltando gotas. Fue a vestirse para salir, y lo hizo por la ruta reiterada. Se dirigía al mismo jardín, ese que frecuentaban sus hadas conocidas desde la infancia.

Llegó hasta ahí, y sintió de súbito una conmoción inesperada: un conjunto de máquinas niveladoras del terreno estaban derribándolo todo, hasta dejar la tierra lista para iniciar los trabajos de construcción vertical que ahora se estilan.

Tomó una decisión explosiva y volvió corriendo a su vivienda. Fue al clóset a abrir una gaveta y extrajo el instrumento que necesitaba. Volvió de prisa al lugar de la demolición. Los trabajadores se están bajando de las máquinas. Él tomó una posición estratégica y empezó a disparar, poniendo en marcha su habilidad de experto en tiro al blanco.

Caían los cuerpos y él lanzaba gritos al aire. Cuando llegó la Policía, él se entregó sin más. Se lo llevaron esposado. En cuanto él desapareció, los cuerpos de los baleados comenzaron a incorporarse y el jardín empezó a revivir. ¿Qué había sido entonces todo aquello? Las hadas, desde sus rincones, lo observaban todo sin inmutarse.

Ana Betancourt, la feminista cubana que se adelantó un siglo a su época

Ana Betancourt
Ana Betancourt

¡Llegó el momento de libertar a la mujer!», fue el reclamo con el que hace 150 años la cubana Ana Betancourt se adelantó a su tiempo y a otros íconos feministas, cuando abogó por los derechos de su sexo ante el grupo de hombres que redactó la primera Constitución de la isla.

El asombro de los padres de la independencia cubana fue tal que, según historiadores, Carlos Manuel de Céspedes, el primer presidente de la República de Cuba en Armas contra España, aseguró entonces que «en Cuba el historiador del futuro tendría que decir que una mujer se adelantó un siglo a su época».

Sin embargo, poco se habla en los libros de texto sobre Betancourt (1833-1901), pese a su indudable relevancia en los orígenes del movimiento feminista cubano.

Ahora, 150 años después de la Constitución de Guáimaro, firmada el 10 de abril de 1869 en esa localidad de Camagüey (centro-este), el nombre de esta cubana vuelve a resonar entre los protagonistas de esos días históricos.

Su actitud, rara en una época en la que el rol de la mujer se reducía a ser madre y esposa, puede explicarse por el ambiente en el que nació: en el centro de una estrecha comunidad de familias criollas, ricas, cultas y muy influidas por el pensamiento revolucionario europeo de mitad del siglo XIX.

“Úneme a tu destino, empléame en algo, pues, como tú, deseo consagrarle mi vida a mi patria”, se despide Ana de su esposo, que marchó a unirse al ejército mambí. En su casona, Ana guarda armas, hospeda emisarios, escribe proclamas, recopila información y ayuda a las familias de los soldados, hasta que se reúne con su marido para evitar la prisión.

Ana María de la Soledad Betancourt Agramonte creció emparentada con patriotas por sus dos ramas familiares. Uno de sus parientes, Ignacio Agramonte, es uno de los próceres independentistas cubanos más relevantes.

Dentro de la alta sociedad de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, capital de la rica provincia ganadera del Camagüey, Ana llegó a ser admirada por sus «ojos negros y expresivos», su «fuerte espíritu» y «voz inalterable, de timbre dulce y severo».

«Es Anita una de las mujeres más elegantes y cultas», escribió de ella otro de sus familiares ilustres, Salvador Cisneros Betancourt, primer líder de la Cámara de Representantes insurrecta y dos veces presidente de la República de Cuba en Armas.

Con 21 años se emparentó por matrimonio con otra familia de independentistas. Su esposo, el abogado Ignacio Mora de la Pera, se convirtió –según la propia Ana– en el «maestro y mejor amigo» que la inspiró a estudiar inglés, francés, historia y le recomendó libros que pocas esposas leían entonces.

Hija, prima y mujer de «sediciosos», su hogar se volvió centro de conspiración tras la entrada, en noviembre de 1868, del Camagüey en la Guerra de los Diez Años (1868-1878).

«Úneme a tu destino, empléame en algo, pues, como tú, deseo consagrarle mi vida a mi patria», se despide Ana de su esposo, que marchó a unirse al ejército mambí. En su casona, Ana guarda armas, hospeda emisarios, escribe proclamas, recopila información y ayuda a las familias de los soldados, hasta que se reúne con su marido para evitar la prisión.

La vida del matrimonio, acostumbrado a las comodidades, cambia radicalmente. Van de un campamento a otro hasta que llegan a Guáimaro en abril de 1869, poco antes de la histórica asamblea constituyente que redacta la primera Carta Magna cubana.

Los registros sobre la participación de Ana Betancourt y su alegato en defensa de la mujer se contradicen.

Algunos historiadores afirman que presentó una petición por escrito, animada por su esposo, en favor de la igualdad de derechos para las mujeres cuando quedara establecida la república, mientras que otros aseguran que ella misma se dirigió a los asambleístas.

En una carta, la propia Ana describió cómo, el 14 de abril de 1869, se dirigió a los insurrectos.

«Por la noche hablé en un mitin. Pocas palabras que se perdieron en el atronador ruido de los aplausos, creo que fueron poco más o menos las siguientes. Ciudadanos: la mujer en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora hermosa, en que una revolución nueva rompe su yugo y le desata las alas», recordó.

Betancourt prosiguió. «Ciudadanos: aquí todo era esclavo; la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de libertar a la mujer».

Sin embargo, pasarían todavía más de cien años para que por primera vez una Constitución cubana (1976) prohibiera la discriminación por motivos de sexo y garantizara la igualdad salarial y de oportunidades entre hombres y mujeres.

La vida extraordinaria de Ana Betancourt no termina en Guáimaro, el único registro sobre ella en los libros de texto de historia de Cuba.

Fue capturada por las fuerzas españolas en 1871 tras asegurar el escape de su esposo, ya con grados de coronel, y fue sometida a un simulacro de fusilamiento y al cautiverio por tres meses atada a una ceiba como carnada para capturar a su marido.

Enferma de reumatismo y tifus escapa y se embarca hacia el exilio, adonde le llegan en 1875 noticias del fusilamiento de Ignacio Mora, al que no volvió a ver.

Después de un largo peregrinaje por México, Estados Unidos y Jamaica, llega a España en 1889. En junio de ese año empieza a copiar el diario de su esposo, botín de guerra del general de brigada español Juan Ampudia.

A los 68 años muere en Madrid, el 7 de febrero de 1901. Sus restos fueron repatriados a Cuba en 1968, en el centenario de la Guerra de los Diez Años.

En lugar de ser enterrada en su natal Camagüey, Ana Betancourt reposa hoy en Guáimaro, en el lugar donde entró a la historia.

Desde 1982 su memoria se preserva en un mausoleo en la plaza de la pequeña ciudad, donde se ha vuelto tradición que las parejas de recién casados depositen su ramo de bodas en recuerdo a la épica historia de amor y al legado del ícono feminista cubano.

«Hemos visto chicas con intentos suicidas a raíz de abusos sexuales»

Autorreconocimiento. La artista Ariel Peña dona su tiempo en el hospital. Uno de los ejercicios se basó en hacer un árbol de familia y en este reconocer fortalezas y debilidades de los familiares y de la misma paciente. Fotografías de Melvin Rivas

La sala de espera de la Unidad de Salud Mental del Hospital San Rafael suele permanecer llena. Entre las sillas, hay personas que han sufrido violencia sexual. Hay adultos, pero también niños de dos años de edad. Para atenderlos –y brindar atención a pacientes con otros tipos de condiciones mentales– el hospital solo cuenta con tres psicólogos y tres psiquiatras. Ofrecen diferentes alternativas de terapia, pero la violenta realidad salvadoreña los confronta: no dan abasto. Maritza Anaya es una de las psicólogas del área y, después de hacer cuentas, acepta que ya ha llegado a atender hasta a 150 pacientes en un solo mes.

Para un hombre o chico es difícil venir y poder aceptar que ha sido abusado sexualmente. Ellos son encontrados cuando nosotros brindamos la atención psicológica por ansiedad, por depresión.

Maritza Anaya tiene ocho años de experiencia como psicóloga dentro del hospital. Aquí ha visto el trauma a los ojos. Ha atendido a niñas violadas por sus propios padres; y ha hablado con hombres que, tras varias sesiones, revelan que la causa de su ansiedad es un abuso que nunca pudieron denunciar.

Por la alta demanda, la solución que han encontrado los psicólogos del hospital es pedir ayuda afuera. A veces piden apoyo y donaciones para el transporte de sus pacientes, para un refrigerio o para brindarles otro tipo de terapia. Los recursos públicos que les son designados no son suficientes para responder a un país en trauma.

Desde su escritorio –en un salón pequeño donde solo caben tres personas sentadas– la psicóloga ayuda a explicar cómo brinda tratamiento a sobrevivientes de violencia sexual. Lamenta que los tiempos de espera para terapia individual se pueden llegar a extender hasta dos meses. Para mitigar la necesidad, comenta, han diseñado terapias grupales que se realizan cada 15 días. Además, sostiene que no hay un solo tipo de agresor. Los perfiles suelen ser variados: alguien de la familia, un pandillero, el pastor de la iglesia.

¿Hay signos por los cuales una familia puede intuir que su hija o hijo ha sido agredido sexualmente?

Sí, hay cambios conductuales. Ante una situación así hay una alteración de conducta. Ya sea que un niño se retraiga mucho, tenga muchos miedos, presente los típicos terrores nocturnos y el no querer acercarse a determinada persona. O todo lo contrario: muchas veces se vuelven bastante hiperactivos, agresivos y comienzan a tener conductas psicosexualizadas.

Las estadísticas dicen que el agresor suele ser cercano y que hasta el 70 % de los abusos suceden en espacios conocidos. ¿Eso coincide con la realidad de los casos que ven aquí?

Sí. Muchas veces han sido de esa forma. De hecho, ahorita el grupo que tengo que son ocho chicas más las familiares. Las mamás, muchas veces han traído un abuso sexual y nunca lo habían expresado. Es como una cadenita y ellas también están ahí dentro. Estamos hablando de 12 personas. Y los agresores han sido familiares en su mayoría: padrastro, tío, hermano, primos. Y muchas veces ya múltiples abusos sexuales.

Es decir que las historias muestran que el riesgo es del entorno cercano.

Sí, uno piensa que al ir a un lugar solo tiene más peligro. Yo creo que ahorita el peligro es que te puedan asaltar u otras situaciones… pero en cuestión de niños, que es donde más se mira, el peligro es en el entorno familiar.

¿Desde qué edad han empezado a tratar a personas por violencia sexual?

Ahorita hemos visto niños de hasta dos años que vienen con sospecha. Pero en la terapia de grupo yo tengo niños desde los cinco años hasta los 12, y otro grupo de 12 en adelante: adolescentes y adultas.

¿Cuál es la diferencia por género de los casos que ve?

De varones, en el mes estoy viendo cerca de cuatro o cinco casos y de chicas estamos hablando de cerca de 12: niñas, adolescentes y adultas. Hay muchas que lastimosamente están siendo violentadas o sufriendo y no lo logran expresar. La semana pasada vi cinco casos de violencia sexual. Tres adultas y dos niñas menores de edad. Todas mujeres.

Está marcado por género.

Es que para un hombre o chico es difícil venir y poder aceptar que ha sido abusado sexualmente. Ellos son encontrados cuando nosotros brindamos la atención psicológica por ansiedad, por depresión. Y no es como que vengan y lo expresen porque tienen miedo a que los llamen gays, a que los etiqueten. Esta sociedad tiene un machismo horrible. Entonces justo ese machismo hace que no lo puedan expresar.

Pacientes y terapistas. El hospital realizó una campaña en la que ilustra cómo las sobrevivientes de violencia sexual le ponen alto a las agresiones.

¿Hay un perfil de niños más vulnerables que otros ante los agresores?

Sí. Aquellos niños que tienen unos papás bien autoritarios y que carecen de parte afectiva. Cuando el agresor es más dadivoso, puede llegar donde ellos.

¿Se pueden identificar patrones de comportamiento entre los agresores?

Son personas que usualmente muestran ser de confianza, tienden a ser bien atentos. Generalmente intentan llegar siempre a la familia bien melosos. Hace poco tuve un caso en el que el tío llegaba donde su hermana a poderle ayudar con el agua, porque ellos viven en el campo. Pero él llegaba justo cuando las niñas estaban solas. Dos niñas: una de 12 años y la otra de ocho. Cuando sale la niña de ocho años, él se aprovecha de la de 12. Cuando esta niña es entrevistada y se le hace la evaluación, ella comenta que no había sido una sola vez, sino que todas las veces que él llegaba a ayudarle a la hermana.

Incluso dentro de los grupos familiares se puede llegar a minimizar la experiencia de abuso de la niña o adolescente. ¿Cómo explicamos esta negación dentro de los círculos de confianza?

Si ya un niño puede escribir o leer o dibujar, les aplico una prueba psicológica. Si es un niño menor, que no puede dibujar, generalmente la prueba es con terapias de juego. Si la sospecha es cierta, yo le hago conciencia al familiar de que lo que el niño está diciendo es verdad. También hay aquellas personas que se niegan, porque muchas veces ha sido su pareja la que ha abusado. Tratamos la manera de que pueda llegar a entender, ya que a veces encontramos ideas como: «ella se le metía. Ella andaba usando shorts. Ella lo provocaba. Ella tiene la culpa». Entonces buscamos a otro familiar que pueda ayudarnos en ese aspecto para que pueda concientizarse, ya que muchos de ellos también son víctimas de la misma situación.

¿Se tratan como víctimas secundarias?

Sí, les doy una tarjetita donde se les pone el nombre de la persona, el grupo de terapia a la que vienen, el día que les toca y la hora. Se les entrega tanto a las chicas como a los papás. Hay terapias en los que estamos juntos. Por ejemplo, ahorita estamos hablando sobre «mitos y realidad». Las chicas están adentro con los papás porque de esa forma también se van quitando muchas cositas que les afectan para poder salir adelante.

La mayoría de las chicas que están ahí han venido por interconsultas. Por emergencia han entrado aquí al hospital y les han hechos evaluaciones tanto médicas, ginecológicas o pediátricas, dependiendo de qué tipo de paciente sean. Entonces, posteriormente, vienen a Salud Mental donde se les da la intervención en crisis si ha sido antes de 72 horas la agresión que hayan vivido.

¿Se refiere al kit de emergencia por violación?

Sí, exacto. Se les da un kit con anticonceptivos, las terapias antirretrovirales que las reciben durante un mes y, posteriormente, estar chequeándolas por VIH durante un año.

¿Qué podemos hacer para que, si el abuso sexual sucede, los niños y las niñas denuncien?

Hacerles saber cuáles son sus partes íntimas o las partes privadas que nadie debe tocar. A veces los papás dejamos de ser amigos y comenzamos a ser solo autoridad para los chicos, entonces ahí perdemos la confianza de ellos y comienzan los miedos: «Si yo le cuento a mi papá o a mi mamá, ellos me van a regañar o se van a enojar». Hacerles conciencia de que no nos vamos a enojar si en algún momento pasara algo así. Que al contrario, los vamos a apoyar.

En ocasiones, en caso de abuso sexual, los agresores dicen que el menor dio consentimiento. ¿Esta figura puede existir en un menor de edad?

No. Lo que se da es estupro. Cuando un mayor comienza a hablarle muy bonito a una chica –generalmente son los casos que más se dan–; y la chica cede por un supuesto enamoramiento, muchas veces esto tiene que ver con la carencia afectiva familiar que ella haya tenido. Entonces ahí sí se da el caso de que el agresor comienza a decir: «Mire, pero ella accedió a tener relaciones». Pero legalmente es un estupro, un abuso, un delito.

Los agresores son personas que usualmente muestran ser de confianza, tienden a ser bien atentos. Generalmente intentan llegar siempre a la familia bien melosos. Hace poco tuve un caso en el que el tío llegaba donde su hermana a poderle ayudar con el agua porque ellos viven en el campo.

¿Qué implica el consentimiento?

Es cuando tú estás de acuerdo en poder realizar dicha actividad. Por ejemplo, tú me dices: yo necesito que me ayude en esta tarea. Entonces yo te estoy diciendo que sí, te estoy aceptando. Estoy de acuerdo en poderte ayudar. En el caso de las chicas, un consentimiento se da cuando es mayor de edad. Ahí podemos decir que están en mutuo acuerdo o en consentimiento, pero cuando son menores de edad, no. A veces no se imaginan la magnitud del daño que pueden estar recibiendo.

Tarjeta de paciente. Tanto el sobreviviente de violencia sexual como su tutor reciben esta tarjeta para asistir a las sesiones terapéuticas.

¿Qué diagnóstico suele acompañar a un niño que ha sufrido violencia sexual?

Depresión, ansiedad… ahí es cuando se da la alteración en la conducta, con déficit de atención. En cuestión de adolescentes, hemos visto muchas chicas con intento suicidas a raíz de muchos abusos sexuales, también personas que han adquirido VIH u otros tipos de enfermedades de transmisión sexual.

Además de estos cuadros clínicos, ¿los sobrevivientes de abuso sexual hablan de otros factores por los que temen denunciar?

Cuando son situaciones en las cuales las chicas han sido agredidas por pandilleros, ahí es donde suelen tener más miedo a poner denuncia, o regresar a vivir en su casa y temen por la seguridad de la familia. Por ejemplo, el año pasado tuvimos el caso de una chica que fue abusada por unos pandilleros cerca de su casa.

¿Los pandilleros eran conocidos?

Sí, ellos la conocían. Sabían quién era, dónde vive y todo. Abusaron de ella y a raíz de eso, ella quedó embarazada. Ella se quedó callada porque ellos la amenazaron: si hablaba, su familia iba a morir. Obviamente ella, sabiendo qué tipo de personas eran, se quedó en silencio. Seis meses después se sintió sumamente mal. Cuando es traída al hospital, se dan cuenta de que ella también tenía un embarazo de seis meses y lo había intentado ocultar. Había una negación rotunda ante el bebé, ante todo lo que había pasado y no quería expresar por qué estaba embarazada. En ese momento la mamá empezó a pensar que a lo mejor ella tenía novio y que por eso había quedado embarazada. Cuando se habló y se le dio la terapia, se pudo conocer el caso y ella expresó cómo había sido todo y tanto a la mamá como a la niña se les dio el apoyo psicológico. De hecho, con ella tuvimos la oportunidad de hacerle un «baby shower» y posteriormente ella ha estado bien. Hace poco vino a terapia y me comentaba que aún en la PAES, ella había salido con las mejores notas.

¿Cuántos años tiene ella?

Dieciséis. Como salió con las mejores notas, le han dado una beca. Esas son las recompensas que uno tiene.

¿Cómo llegaron a atenderla?

Ella vino porque se sintió mal. La han traído de la institución donde ella estudiaba y ha sido recibida en Emergencias. En Emergencias comienzan a ver por qué el embarazo y ella no quería hablar.

En la ley salvadoreña el delito de violación prescribe a los 10 años y alguien puede llegar a decir que 10 años es tiempo suficiente para tomar medidas legales. ¿Cómo se explica que haya gente que, a pesar del paso del tiempo, no denuncie?

Es por los mismos miedos que se tienen. Si has sido agredida por una persona que es de pandillas, existe el miedo de que vayan a agredir a tu familia y el sentimiento de culpa que si algo les pasa a ellos. También el hecho de la vergüenza. Hace unos seis meses tuvimos a una niña de 11 años a la que el pastor abusó y embarazó. Ella se encargaba de llevar las tortillas que hacía la mamá a diferentes casas y en una de esas, él se aprovechó. Esta niña sale embarazada, la mamá le reclama qué es lo que había pasado, se da cuenta que había sido por abuso y vienen las demás personas de la iglesia y comienzan a discriminarla. Que la niña era la que, de seguro, se le había metido. Esos miedos abren la puerta a decir «mejor yo no hablo. Porque si lo hago, me van a agredir, van a decir que yo me le ofrecí». A la niña le dijeron: «Ya no entrás a la iglesia, porque no sos pura».

A través del arte. Artistas salvadoreños donan su tiempo para realizar ejercicios con los grupos de sobrevivientes de violencia sexual que se organizan en el hospital.

¿Los agresores tienden a hacer chantaje emocional?

Los agresores les dicen: si tú le dices a tu mamá, tu mamá te va a castigar o le va pasar algo a tu mamá, la vamos a matar. Generalmente siempre amenazan por la mamá.

¿Qué puede hacer una persona que busque ayuda si fue abusada en el pasado?

Puede ir a una unidad de salud y pide una referencia del hospital a la Unidad de Salud Mental. Ahí debe especificarle que ha sido por abuso sexual. De esa forma vienen acá.

Aquí brindan terapia individual y grupal. ¿En qué otras alternativas se apoyan para brindar tratamiento?

En la parte terapéutica, hemos sido bastante abiertos. Tenemos la arteterapia, hay un grupo que asiste a una granja de animales. También se enseña a manejar el estrés a través de las técnicas de yoga y taichí. Esas clases las estamos dando en el Cafetalón y en el Jardín Botánico de Antiguo Cuscatlán. Siempre solicitamos a personas profesionales que nos puedan impartir ese tipo de técnicas.

Terapia grupal. Los módulos de terapias grupales usualmente toman un semestre y se realizan con un colectivo de 10 a 15 pacientes.

¿Esos profesionales donan su trabajo?

Sí. También buscamos a gente altruista que nos pueda dar para el refrigerio… para algún pasaje de la chica o alguna otra necesidad. Por ejemplo, tengo a una niña de 14 años que está en las aldeas SOS y que ha sido abusada. Tiene una bebé de un año y medio, y ella no tenía dinero para la ropa, para la leche. Y entonces ahí comenzamos a buscarle ropita. A veces, nos donan de empresas y algunas cosas las vamos gestionando.

¿Ustedes, como Unidad de Salud Mental dan abasto?

Realmente, no. Para ser francos, no. Yo tendría que ver entre cinco o seis pacientes, máximo, en la mañana. A veces, estoy viendo a 10.

¿En la unidad solo hay tres psicólogos?

Sí, y los tres psiquiatras.

Es un montón de trabajo.

Para serle así, hasta más franca, yo ya estoy citando para junio y julio. Así están los tiempos de espera en mi caso. En el caso de mis demás compañeros, pues a veces los psiquiatras están hasta ya para el otro año.

Esto sucede en las terapias individuales, ¿por eso la importancia de las grupales?

Sí. Esas se dan cada 15 días.

¿Cuánto se puede llegar a estar en espera de terapia grupal?

Dependiendo. Por ejemplo, si son pacientitas que han estado en diciembre, en enero, en febrero máximo, son las que hemos ido integrando a la terapia grupal. Entonces estamos esperando unos tres meses para la terapia grupal. Pero antes de eso, se les está dando la terapia individual.

¿Con cuánto espacio de por medio?

Unos dos meses.

¿Puede existir el perdón respecto a un abuso si no hay justicia y el agresor no acepta lo que hizo?

No. El perdón lo trabajamos cuando sienten mucha culpa ellas mismas. Se trabaja el perdón con el agresor de forma más simbólica. Es sanador para ellas porque mayormente las chicas no logran verlo a veces. Es más para sentirse bien con ellas mismas y sentir que no provocaron esta situación.

¿Hay un límite de tiempo tras una agresión sexual en el que ya no se pueda pedir ayuda?

Una situación así siempre va afectar. Es como si tú tuvieras una herida y, si no la sanas, esa herida cicatriza de una forma inadecuada. Necesitas ayuda y el medicamento. Así es la parte emocional. Si no sanas esa parte emocional, toda la vida te va a afectar y muchas veces ya lo estamos teniendo en nuestro cuerpo: dolores de cabeza, el estrés, la ansiedad, problemas de insomnio.

¿Es posible llegar a sanar?

Sí. Yo no tengo una varita mágica donde pueda decir ‘dentro de cinco sesiones ya no vas a sentir nada, vas a olvidar todo’. Vamos a tratar de minimizar ese dolor y que esa herida vaya sanando de la forma más correcta: no sintiéndome culpable, tratando la manera de fortalecer mi autoestima. Nuevamente retomando mi vida, teniendo el entorno familiar y las redes con los amigos. Siempre buscamos hacerles saber que no están solas.

Contra la violencia. Dentro del hospital se promueve una campaña para que las mujeres denuncien cualquier tipo de maltrato al que sean sometidas.

Abril y la fiesta del libro

Este mes está dedicado a las celebraciones del libro, de la propiedad intelectual, de la creatividad y la innovación. Lo celebramos con el entusiasmo que se merece. Un festejo que incluye música, artes plásticas, fotografía, clown-mimos, teatro convencional y experimental. En abril florece la primavera desde el Centro Histórico de San Salvador.

Para comenzar el mes, la Biblioteca Nacional dio un paso adelante para incorporarse, desde sus instalaciones ya patrimoniales, a los festejos de la Noche Blanca (Nuit Blanche), fiesta nocturna con música y presencia cultural y artística. Se trata de un evento colectivo promovido por la Alianza Francesa y que la Alcaldía de San Salvador retomó para el Centro Histórico. También participaron entidades del Ministerio de Cultura.

Se sumaron a la convocatoria artistas independientes, cafés culturales, comercios aledaños y entidades que le dan espacio a acciones artísticas desde esa zona renovada, ombligo de identidad, que se fortalece mediante una inédita transformación; todos dispuestos a recuperar un valor urbano que por muchos años fue disminuido, ese núcleo rico en tradición política, social e histórica.

La iniciativa de celebrar la fiesta nocturna de la Nuit Blanche se tomó desde hace tres años en las zonas del poniente de San Salvador, y realizados sus eventos en esos mismos sectores. Pero en 2019 se coordinó una interacción de visitantes de ambas zonas para reconocer las expresiones patrimoniales y de recreación. En ese concepto, desde el poniente de San Salvador miles de personas llegaron a reconocer los espacios relegados desde el terremoto de 1986 del Centro Histórico. Una oportunidad de encuentro de dos realidades bajo el júbilo de una fiesta popular.

La Biblioteca Nacional puso su Libro de Oro para ser firmado y alcanzó la cantidad de 572 firmas; aunque a veces el ingreso fue de grupos grandes que no lograron firmar. El Palacio Nacional pasó de los 2 mil visitantes; los nuevos cafés de los alrededores organizaron atractivas presentaciones artísticas y, entre todos, incluyendo La Dalia, tuvieron más de 2 mil visitantes. El museo del Banco Hipotecario recibió 900; la iglesia del Rosario registró 600; el museo del Banco Central de Reserva 2,773 visitas. De la cripta de san Óscar Romero no tengo estadísticas.

Como se demuestra, una ley naranja (arte y señas de identidad como eje turístico y por consiguiente económico) puede funcionar, como lo mencioné en un trabajo reciente. Y en esa perspectiva se recupera la zona más emblemática de San Salvador. La inversión para renovarla repercute en beneficio de la economía del país y en dignificación de la patria.

En ese marco de fiesta nocturna, la Biblioteca Nacional organizó varias exposiciones: una de carácter gráfico de Roque Dalton, facilitada por el MUPI; otra de fotografía artística de la Compañía Nacional de Danza, dos más de pintura. Se agregaron dos muestras de libros y periódicos antiguos; y una última de libros traducidos o publicados en el extranjero del director de la Biblioteca Nacional.

De ese modo las iniciativas mencionadas han dado sus primeros saltos de gigante. La biblioteca, además de su Libro de Oro, puso un cuaderno para recibir opiniones sobre los contenidos expuestos. Las opiniones son positivas y de sorpresa, pues gran parte de visitantes conocía por primera vez la Biblioteca Nacional, esa especie de museo no solo para observarlo sino para ofrecerlo al lector e investigador. Considerada la catedral del libro por ser fuente espiritual para reconocer valores; repositorio de información y conocimiento de la nación, que con sus libros digitales se traslada al mundo y asume su papel de alma mater de las bibliotecas del país, como le corresponde.

Las palabras y opiniones, además de motivadoras, confirman lo que siempre habíamos divulgado: un centro renovado de San Salvador deja de ser gueto de la informalidad para convertirse en atractivo de turismo nacional. Se rompe el gueto y se libera a su población relegada. Y emergen también el Palacio y Teatro Nacional, y la cripta sagrada de san Óscar Arnulfo Romero. Transformar esa zona hace verdadero el orgullo por la patria.

Aunque no termina ahí la fiesta de abril, que no es «el mes más cruel», como decía T. S. Eliot, el poeta de lengua inglesa más importante del siglo XX, en su libro «La tierra baldía». No, para la bibliografía nacional y la lectura, en cualquiera de sus soportes, abril es para conmemorar y dar gracias al criterio humanístico que escogió estas fechas para concelebración laica del conocimiento.

De modo que continúa la fiesta del espíritu: el 21 de abril es el Día Mundial del Libro, y el 23 se conmemora el Día Internacional del Derecho de Autor; agregamos un taller de diseño de libros el 26, Día de la Creatividad y de la Innovación. En todas esas conmemoraciones sumamos lo que hemos llamado la «Biblioteca en la calle».

Entre otras cosas, el sábado 27, apoyado por la organización civil Yancor & Coaching, hemos organizado la Caravana del Libro: desde la Biblioteca Cuscatlán hasta la plaza del Salvador del Mundo, y continuará el domingo 28 con una exposición de artesanías para estimular los emprendimientos subyacentes con las innovaciones. En este evento nos acompañan grupos de clown, mimos y artistas, amigos cercanos de la Biblioteca Nacional. También recibimos cooperación de amigos y de empresas amigas.

Sí, la «Biblioteca en la calle» revierte el concepto de abril como el mes más cruel para moldearlo como festejo público ofrecido a quienes hacen posible esta tarea colateral de la educación con el libro, los autores, editores, promotores de lectura. Convencidos todos que la lectura es la calistenia mental para fortalecer el pensamiento crítico.

Agradecemos a la Alcaldía de San Salvador por ofrecernos los espacios. Y a todos los participantes en estas acciones de llevar el aula a la calle. Nos acompañan también los espíritus benignos de Salarrué, Claudia Lars, Masferrer, Chente Rosales y Rosales, Ítalo López Vallecillos, Roque Dalton, Oswaldo Escobar Velado, amantes de la poesía y la literatura como fuente de humanidad y sabiduría.

La ciudadanía digital

Julian Assange, fundador de WikiLeaks, fue detenido el jueves 11 de abril por la mañana. Katie Bouman, informática, ha liderado un equipo que trabajó varios años para que desde el miércoles 10 tengamos una foto única de un agujero negro. Estas dos noticias son algunas de las más impactantes de la semana. O quizás, al menos, sean de las más útiles para pensar en qué es o qué debería ser la ciudadanía digital.

La condición de ciudadanía debería estar asociada a la pertenencia a una comunidad, a un territorio geográfico, y a los derechos y deberes que nos corresponden según esa pertenencia. ¿Entonces por qué podremos apostar por una ciudadanía desde ese ‘territorio’ que en realidad no tiene tierras?

Una de las definiciones posibles la dan Alejandro Natal, Mónica Benítez y Gladis Ortiz, que la asocian con las prácticas políticas y ciudadanas que se ejercen a través de las tecnologías digitales para incidir en instituciones. Y bueno, también se refieren al uso de estas por grupos o movimientos para difundir ideas o retar a algunos sistemas sociopolíticos. O cómo los artistas crean nuevas estéticas en las relaciones con los entornos.

Quizás sea aventurado relacionar estas ideas con Assange y Bouman. Ojalá que no. Verán, WikiLeaks «es una organización mediática internacional sin ánimo de lucro, que publica a través de su sitio web informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público, preservando el anonimato de sus fuentes» (según nos dice Wikipedia), por lo que aplica a las prácticas ciudadanas que usan tecnologías digitales para retar sistemas sociopolíticos. Es decir, filtra información a través de la web como una manera de denuncia. ¿Voy bien, no? Assange y WikiLeaks son ejemplo de ciudadanía digital.

Con Bouman quizás es más aventurado. Pero creo firmemente que aquí hay un uso de la ciencia para crear arte. Ocho telescopios, más de 200 investigadores y 13 institutos crearon una imagen que nos acerca al estudio de los agujeros negros. Es la pura inteligencia colectiva: la cocreación, la participación, el poner nuestros saberes al común para utilizar la tecnología digital en favor del conocimiento.

Creo, además, que decenas de personas han hecho en estos días otro trabajo importantísimo de ciudadanía digital: han asumido los derechos humanos ante el conocimiento. Nos acercan a él a través de sus blogs personales, de sus publicaciones en redes sociales para explicarnos los riesgos o la magia de cada caso. O a través de las actualizaciones en Wikipedia, que implican, justamente, la libertad y responsabilidad de crear un espacio de discusión responsable, de aprendizaje colectivo.

Ahora muchos hemos podido ver «de cerca» un agujero negro, cuya gravedad no deja escapar ni la luz. [Dato curioso: la imagen ‘pesa’ 5 petabytes de datos; o sea, 5 millones de gigabytes. ¿Cuánto es? Una foto que enviamos en WhatsApp puede pesar 130 kilobytes (KB), y 1,024 KB hacen 1 megabyte (MB), y 1,024 MB hacen apenas 1 gigabyte… ] ¿No les parece que Bouman y los investigadores nos han modificado las estéticas con las que vamos a ir descubriendo más de nuestros entornos inmediatos y del universo? Sí, es aventurado pensarlo como un ejercicio de ciudadanía digital, pero creo que cada voto en un presupuesto participativo, cada documento filtrado, cada foto de un agujero negro, cada artículo de Wikipedia que nos acerca al conocimiento de lo que ocurre en el mundo cuenta. ¿Y ustedes, qué creen?

El mercado de videojuegos

La industria de videojuegos generó más de $138 mil millones en 2018, un aumento de más del 13 % respecto al año anterior. El conglomerado chino Tecent, dueño de Epic Games (creadores del juego Fortnite), y Supercell (creadores de juegos como Clash of Clans y Clash Royale) tiene un valor de mercado de unos $450 mil millones. Para ponerlo en perspectiva, el valor de Tencent es 18 veces el tamaño de la economía total de El Salvador. Activision Blizzard tiene un valor de mercado de unos $36 mil millones y genera alrededor de 10 mil empleos.

Así como Tencent y Activision Blizzard, hay muchas empresas parecidas que han venido creciendo y evolucionando desde que los videojuegos comenzaron a propagarse comercialmente a finales de los años ochenta.

Los «millennials» fuimos la primera generación que nació junto a los videojuegos. Juegos como Super Mario Bros y Duck Hunt tocaron la vida de muchos y nos entretuvieron por miles de horas. Sin embargo, la industria ha tenido una serie de ciclos de innovación desde que comenzaron a propagarse en el mercado con empresas como el Nintendo y Atari.

La experiencia alrededor de los videojuegos en los años noventa era mucho más «offline» que ahora. Era usual que grupos de amigos se juntaran en una casa a jugar Mortal Kombat, Street Fighter o Mario Kart. No siempre todos jugaban al mismo tiempo, y aun así el simple hecho de ver a uno de tus amigos pasando algún mundo de Super Mario World era suficiente entretenimiento, siempre y cuando el control te llegara eventualmente cuando fuera tu turno. De alguna forma, y aunque todo era proyectado en un televisor, al final siempre terminaba siendo una experiencia social.

Las consolas fueron evolucionando, de tal manera, que más gente podía interactuar al mismo tiempo. Títulos como Mario Party y Mario Kart permitían que cuatro personas pudieran jugar simultáneamente conectadas en la misma consola. Sin embargo, paralelo a la evolución de las consolas, a finales de los años noventa, los juegos de PC, que no necesitaban ser jugados en una consola como un Playstation o Nintendo 64, también iban evolucionando, integrando el internet. Temas como Age of Empires permitían que hasta ocho personas pudieran estar jugando el mismo juego, cada uno desde su casa, en su computadora por medio del internet.

Eventualmente las consolas también incorporaron la conexión a internet, lo cual comenzó a modificar la dinámica de juego. Aunque los grupos de amigos se reunían físicamente a jugar juntos, los partidos en línea comenzaron a ser más populares. Naturalmente es mucho más cómodo y fácil de coordinar que la alternativa «offline».

La industria de videojuegos tuvo su última gran transformación con la llegada de los «smartphones». Desde la introducción del iPhone al mercado, los teléfonos han servido para mucho más que solo hacer llamadas por teléfono, y las empresas de videojuegos han sabido capitalizar muy bien esta oportunidad. Solamente en 2018, entre las tiendas virtuales de Apple y de Google Play, se descargaron más de 113 mil millones de juegos para «smartphones». Lo curioso es que la distribución demográfica también ha ido evolucionando. Mientras que antes la mayoría de consumidores de videojuegos eran hombres, ahora las mujeres son mayoría en cuanto a descargas de juegos para «smartphones».

Sin duda es una industria fascinante, la cual provee a millones de personas alrededor del mundo un canal de entretenimiento. De cierta forma, los videojuegos compiten contra otras industrias de entretenimiento como eventos deportivos, televisión por cable, el cine y hasta la vida nocturna. Con la adopción de procesamiento en la nube y a medida vamos teniendo conexiones más rápidas al internet, la industria seguramente tendrá otro ciclo de evolución en la próxima década, fortaleciendo su modelo de negocios y encontrando nuevos nichos de mercado.