2018

Llegó ese momento en que toca hacer repaso del año. Lo hago desde los apuntes que quedaron en mi libreta de reportero. Y empiezo por lo bueno, por una de las mejores historias que me ha tocado contar en los 22 años que llevo haciendo esto: la canonización de Monseñor Óscar Arnulfo Romero en Ciudad del Vaticano el 14 de octubre.

Desde que empecé a anotar cosas en mis libretas, mucho antes de estudiar periodismo en la UCA, la mayoría de mis páginas se llenaron de las historias terribles que suele parir nuestra parte del mundo. Había, en esas notas, percepciones sobre la guerra, imágenes del exilio en México y Nicaragua. También algún recuerdo sobre las celebraciones de 1992 en el centro de San Salvador, cuando se firmó la paz. Al final, menos esperanza y más ansiedad.

Con los años llegó la certeza de que contar El Salvador, sus muertos, sus corrupciones, a sus delincuentes de cuello blanco, sus pandillas, sus tragedias naturales, sería casi siempre un ejercicio desesperanzador. Pero también el tiempo me enseñó que aun desde el sino trágico de nuestra historia hay, en las historias que la forman, destellos de luz.

La cobertura de las tragedias que siguieron a la furia de la tierra en 2001, por ejemplo. Aquel enero vi la mayor cantidad de cadáveres juntos que he visto hasta ahora, en la morgue improvisada que Medicina Legal y la Fiscalía instalaron en un edificio público de Santa Tecla. Pero vi también algo que he visto decenas de veces en los rostros salvadoreños: el apego a la vida, la terquedad de sobrevivir a todos y a todo.

Muy seguido vuelven a mi memoria las imágenes de los familiares que buscaban a sus parientes enterrados bajo el alud que cubrió la colonia Las Colinas de Tecla, la tozudez, la negativa a cesar en el empeño de encontrar a los soterrados o, como atestigüe una sola vez la madrugada del 14 de enero de 2001, la de una mujer que, por vecinos, se enteró de que su hermana no estaba en casa cuando tembló, que estaba viva. El culmen de la esperanza dibujado en un gesto.

Pero fue hasta este año que cubrí un evento en el que la historia escribió en renglón recto, con buena letra.

En la Plaza de San Pedro, durante la soleada mañana del 14 de octubre, hice lo mismo que llevo haciendo tanto tiempo: escuchar a los protagonistas, los de a pie, los que dan voz y significado a las historias. Esta vez, con la canonización de Romero, lo que quedó en mi libreta fue el reflejo de una sensación más profunda, más íntima y a la vez más universal que he intentado explicarme varias veces escribiendo que el sacerdote de Ciudad Barrios y lo que su historia de vida despierta en sus fieles es la complicidad que surge del bien.

Es la historia salvadoreña más importante que cubrí hasta ahora.

Posdata: Hubo otras cosas este año que es necesario, por registro, apuntar. Importante fue la cancelación del TPS en Estados Unidos y la arremetida del trumpismo contra los migrantes centroamericanos; es una tragedia humanitaria a la que nuestro gobierno sigue enfrentando con una indolencia criminal.

Y, claro, está todo el estruendo político que provocaron las elecciones legislativas de marzo en El Salvador y la campaña previa a la presidencial de 2019. En este caso -epílogo pobre del año- el ángulo más noticioso es, sin duda, la irrupción de Nayib Bukele en el tinglado. Sin embargo, en este tema, el análisis más urgente sigue siendo la decadencia de los dos grandes partidos políticos paridos por la guerra civil de los ochenta y los engendros que la caída de ambos amenaza con dejar como herederos.

Carta Editorial

Hace dos años, el titular de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) anunciaba que un retiro abrupto de la institución aumentaría el riesgo de que los grupos que se oponen a un manejo transparente de todo lo público recuperaran terreno. Hoy, Iván Velásquez dirige desde afuera la CICIG, no puede ingresar a Guatemala por designio del presidente Jimmy Morales.

Con la cerrada negativa de Morales a permitir que la CICIG siga en funciones después de septiembre de 2019, se corta un proceso de lucha contra la impunidad que ya había dado certeros golpes a estructuras enquistadas en lo más alto de los poderes estatales. Hay un expresidente y una exvicepresidenta tras las rejas. Pero lo que preocupa no es lo que ya se hizo, sino la continuidad. Guatemala no está lista para seguir sola, menos con los actores que han reaccionado en contra de los logros de esta institución.

Bajo el mando de Velásquez, la CICIG ayudó a fortalecer las instituciones encargadas de buscar justicia. Guatemala se asomó así a crear un ambiente de persecución del crimen de altos vuelos, ese que hace el daño más extensivo y que, por lo general, se sale con la suya porque tiene a su servicio a los poderes del Estado.

En la entrevista que la periodista Valeria Guzmán le hizo, Velásquez habla también sobre la necesidad de crear una institución que facilite las investigaciones de los delitos que involucran a los países del Triángulo Norte. Entre los principales están la trata de personas y el narcotráfico.

Las fronteras entre Guatemala, Honduras y El Salvador son porosas. Y los intentos por separado de fortalecer el combate a los delitos que se permiten en estas zonas no han dado los resultados esperados.

Velásquez deja claro que la lucha contra la corrupción exige gobernantes que no solo hablen de perseguir a otros, sino que estén completamente dispuestos a dejarse examinar y cuestionar hasta el último detalle. En la región falta asimilar que llegar al poder popular no es un blindaje, es lo contrario. Es quedar expuesto al escrutinio público sin tregua ni cuartel. Hacer propio esto y vivirlo sí es un paso en favor de la transparencia y la lucha anticorrupción.

«Hacer periodismo en Paraguay es una aventura»

¿Cuál es tu miedo más grande?

Tengo muchos miedos, pero el más grande es no poder despedirme de mis seres queridos, ya no poder verlos.

¿Qué significa para vos la muerte?

Lo veo como algo natural. Es el ciclo de la vida. Creo que no deberíamos hacerlo tan trágico, sobre todo si las personas han disfrutado su tiempo. Ahora, duele la muerte por accidente o por asesinato.

¿Cómo es hacer periodismo en Paraguay?

Es una aventura que de alguna manera tiene demasiados sinsabores, pero que tiene algunas victorias que son muy importantes. Hay demasiados grupos empresariales que manejan todo el sistema y el circuito periodístico. Cada vez hay menos voces, más medios en manos de pequeños grupos.

¿De qué cosa te arrepentirías?

De hacerle daño a algunas personas que quiero. Arrepentimiento de eso sí tendría, de lastimar a las personas que uno quiere.

¿Qué te enorgullece más de tu vida?

Que puedo mirar a la gente de frente. Me considero una persona muy honesta. Cada noche puedo dormir tranquilo.

¿Cuáles son las ventajas y cuáles las desventajas de hacer periodismo en la actualidad?

La ventaja es que ahora tenemos más acceso a información pública, se tienen mayores recursos para hacer investigaciones, hay acceso a formas de trabajo de tipo transnacional. Las desventajas: uno está mucho más expuesto en su vida personal. Es muy difícil separar lo personal de lo laboral.

¿Cuáles son los temas más urgentes en Paraguay que no se están cubriendo?

Justamente estoy por publicar algo relativo a eso ahora, que es el tema de los delitos ambientales en Paraguay, es algo a lo que no se le da importancia, tampoco a los derechos humanos de los indígenas. Tampoco hay un enfoque desde el periodismo financiero sobre las grandes desigualdades que hay en Paraguay. Acá tenemos gente que puede comprar un departamento en Miami por $200,000 o en Punta del Este. Comprarse dos o tres vehículos de alta gama por año, y su vecino puede ser una persona que no tenga un dólar al día para comer.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (212)

1734. COMPAÑÍA INSOSPECHADA

Estaban a punto de iniciar la vida en común, y lo primero era encontrar dónde vivir. Como el día del enlace se acercaba a toda prisa, tuvieron que ir a ver opciones de vivienda disponibles a los lugares aledaños. Ninguno les satisfizo, por x o por y razones. Entonces hubo que buscar más lejos, aunque fuera en los caseríos vecinos. Así llegaron a aquella vivienda más grande que lo común en la zona, pero también con más señales de abandono. La tomaron sin más, y en muy poco se hallaban instalados ahí. La primera noche ya casi concluía, y de pronto algo los despertó. Era un revoloteo ansioso. La ventana que daba hacia afuera se abrió de golpe y la bandada de zanates se fue sobre ellos, pero no en son de ataque. Era el retorno al hogar recién invadido por sus antiguos moradores, aunque fuera para compartirlo.

1735. LA VERDADERA VOCACIÓN

Era diplomático de carrera, y todas sus emociones estaban marcadas por ese título. El destino específico no le pertenecía, porque la burocracia tiene su propia lógica, pero hasta aquel momento ninguno de sus destinos parecía haber sido casual. Ahora, para el caso, estaba destinado a un país que costaba identificar en el mapa. En cuanto llegó tuvo un golpe de intuición: aquel sería su destino final. ¿Y qué era lo que le motivaba tal sensación? Instintivamente alzó la mirada hacia los cerros vecinos y hacia los nubarrones que los coronaban. Y a partir de aquel momento se volvió peregrino por los alrededores enmontados. No tardó en renunciar al puesto, para quedarse haciendo vida monástica en algún bosque vecino. Los lugareños lo conocían como “el extranjero feliz”. Él sonreía. Era la diplomacia del libre sueño.

1736. NOCTURNO SERVICIAL

Era ya un hombre mayor, que deambulaba con frecuencia por aquella zona de la ciudad. Esa tarde, ya cuando la luz iba quedando exhausta, pasó frente al lugar que todos los transeúntes evadían, pero que a él le produjo de pronto una atracción casi voluptuosa. Entró, y el empleado que atendía se le acercó de inmediato: “¿Busca algo en especial, señor? Tenemos para todos los gustos y tamaños” Él lanzó una mirada en torno, y sin dudar apuntó hacia una esquina: “Aquél”. “¿Va a llevarlo? Dígame a dónde se lo enviamos”. ” “Me voy con él”. Pagó y se alejó un par de pasos. Luego sacó de una de las bolsas de la chaqueta el instrumento insospechado. Sonó el disparo y la bala se le alojó en la sien. Sí, era una venta de ataúdes, y él acababa de elegir el suyo. La noche recién llegada lo tenía a él entre sus brazos.

1737. DOCTORADO EN LÍNEA

En aquella zona suburbana, extendida sobre promontorios rocosos, todas las posibilidades de ir al encuentro de un mejor futuro tenían la misma condición del terreno. Al fondo de la parte urbanizada había un paredón que parecía el mural de los imposibles, porque escalarlo hubiera sido una hazaña inverosímil. Casi al haz de dicho paredón se hallaban las tres viviendas más remotas, en las que vivían tres hermanos labradores. Sus hijos habían ido a la escuelita más cercana, y hasta ahí; pero el más pequeño de ellos mostraba una ilusión fuera de contexto. Le preguntaron: “¿Qué querés ser cuando seás más grande?” “¿Yo? Doctor en el arte de convertir las piedras en monumentos”. Nadie entendió. Aquel niño quizás estaba norteado. Lo llevaron a la clínica vecinal. Y el diagnóstico fue: “Déjenlo estar. Pura inocencia”.

1738. HÍPSTER Y MILLENNIAL

Atardecía, y él llegaba a su sitio más frecuentado. Pidió, como siempre, cerveza artesanal y se dedicó a engullir comida estrictamente vegana. Estaba ahí haciéndose sentir sin pretenderlo, con su atuendo exótico y su sombrero de alas anchas, que le hacían parecer un turista de origen no identificable; pero todos los que pasaban a su alrededor lo saludaban con familiaridad, hasta el punto de darle palmadas en los hombros y de hacerle señales de complicidad contemporánea. Iba ya a concluir sus raciones bebibles y comestibles, y entonces cerró los ojos y se quedó en suspenso. El bullicio del salón y la animación de la calle desaparecieron como por encanto. Al abrir los ojos, ya era de noche. El hípster era ahora un millennial con pinta de ejecutivo en cierne. Y todo en uno, como en los milagros de antes.

1739. KING SIZE

Ya en la adolescencia sus modos y sus reacciones le pusieron la viñeta de “muchacho problema”. Los padres empezaron a temer que los trastornos del ambiente lo pusieran en peligro, e hicieron todos los esfuerzos posibles para que entrara en un internado religioso. Él se avino sin resistencia ni protesta. Ya ahí, el efluvio de la fe le fue invadiendo todas las estancias de la conciencia. Pensaron que era vocación sacerdotal, y en esa línea empezaron a tratarlo. Él no se dio por aludido. Y llegado el momento, ya para concluir sus estudios medios, se explicó, con una sonrisa a la vez provocadora y condescendiente: “Mi destino es king size, y así voy a vivirlo, en la libertad de lo desconocido. Ya probé el encierro creyente, y ahora voy hacia la claridad sin ataduras. Si quieren encontrarme, búsquenme en la vibración del aire…”

1740. FAMILIA PROPIA

Necesitaba casa propia porque estaba a punto de formar familia propia. Y como sus recursos habían sido siempre escasos, tuvo un golpe de intuición: se iría a vivir al viejo centro histórico de la ciudad, prácticamente abandonado desde los inicios del gran conflicto interno. En aquella zona céntrica menudeaban las edificaciones casi en ruinas. Y como no quería ser un “okupa”, se las ingenió para buscar al dueño: esa  anciana que se hallaba recluida en un hospital público de mala muerte. “¿Cuánto me costaría el alquiler, señora?” Ella lo miró como si él fuera su ángel de la guarda: “Le costaría venir a verme con los suyos por lo menos una vez por semana. ¿No es mucho?” Él le acarició la frente arrugada con la mano áspera. Trato hecho.

1741. A FUEGO MANSO

Todo comenzó con tímidas sonrisas y miradas que de inmediato volvían hacia otra parte. Al fin llegaron las palabras, apenas emergentes del susurro. Fueron descubriendo así que sus reacciones mostraban la misma sintonía. Y cuando llegó el momento de decidirse, ya prácticamente todo estaba acordado. En la ceremonia no hubo el tradicional “sí”: bastó el gesto afirmativo de cabeza por parte de ambos. Temprano partieron hacia su noche de bodas. El lecho los acogió con serenidad atípica. Se durmieron abrazados, sin más. ¿Qué pasó después? El fuego sonreía.

La amenaza a los derechos humanos recorre América Latina

Muro fronterizo de EUA

El panorama de los derechos humanos en América Latina es preocupante en varios países de la región.

VENEZUELA

Venezuela atraviesa la peor situación en materia de derechos humanos en los últimos 30 años, según informes de ONG que han sido replicados por organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos.

En los últimos años, más de 2 millones de venezolanos se han visto obligados a dejar su país, un hecho que, según dijo a Efe el coordinador general del Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea), Rafael Uzcátegui, refleja que «hay un contexto de ausencia de democracia» y «un retroceso en materia de derechos civiles y políticos».

A ello se suma «la peor situación de pobreza y de exclusión en las últimas décadas» que explica la crisis migratoria porque «los venezolanos no tienen posibilidades de garantizar su integridad con el fruto de su trabajo».

El parlamento venezolano, de mayoría opositora, ONG y familiares de más de 400 presos políticos han solicitado en siete ocasiones la visita de la alta comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a Venezuela para que constante, aseguran, la «violación» de los derechos humanos.

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NICARAGUA

Nicaragua vive un año marcado por la llamada «insurrección cívica» antigubernamental. Organismos humanitarios han computado hasta ahora entre 325 y 545 muertos –29 niños entre ellos–, 1,315 personas «secuestradas» por la Policía y paramilitares, 610 «presos políticos», cientos de desaparecidos, 4,533 heridos y más de 25,000 exiliados.

El Gobierno tan solo reconoce 199 muertos y 273 reos, que califica como «terroristas», «golpistas» o «delincuentes comunes», y niega que en Nicaragua haya presos políticos.

Tanto la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Amnistía Internacional responsabilizaron al Gobierno de cientos de muertos, así como de ejecuciones extrajudiciales, torturas, obstrucción a la atención médica, detenciones arbitrarias, secuestros y violencia sexual, mientras el gobierno de Ortega asegura que el país «está normal».

El Gobierno de Nicaragua tan solo reconoce 199 muertos y 273 reos, que califica como “terroristas”, “golpistas” o “delincuentes comunes”, y niega que en Nicaragua haya presos políticos. Tanto la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Amnistía Internacional responsabilizaron al Gobierno de cientos de muertos, así como de ejecuciones extrajudiciales, torturas, obstrucción a la atención médica, detenciones arbitrarias, secuestros y violencia sexual, mientras el gobierno de Ortega asegura que el país “está normal”.

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MÉXICO

México está sumida en una espiral de violencia agudizada por la guerra contra el narcotráfico emprendida por el expresidente Felipe Calderón (2006-2012). El año pasado fue el más violento en dos décadas y se prevé que 2018 vuelva a marcar un máximo. Solo en los nueve primeros meses se han cometido 21,283 homicidios, 18 % más que en 2017.

Asimismo, hay más de 37,000 desaparecidos, numerosos feminicidios –organizaciones civiles registraron 1,420 asesinatos de mujeres entre 2014 y 2017, aunque no todos se investigan como feminicidios– y el ex relator especial de la ONU Juan Méndez llegó a decir que la tortura es «generalizada».

México también es considerado uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), 47 comunicadores fueron asesinados y la impunidad de estos crímenes se sitúa en el 99.2 %, de acuerdo con el artículo 19.

Tierras del narco. La guerra contra el narcotráfico está desangrando México. Este año ha sido el más violento en dos décadas.

CUBA

Las organizaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado reiteradamente la falta de libertades civiles en Cuba, el único país comunista de América, donde solo es legal el gobernante Partido Comunista, los únicos medios de comunicación permitidos son los estatales y el derecho de asociación está estrictamente regulado.

Los presos políticos se cifran en 120 –a los que el Gobierno cubano no reconoce como tales– y en lo que va de año se han producido cada mes más de 200 detenciones temporales arbitrarias, según datos recopilados por la disidencia interna, ya que a la isla no tienen acceso organizaciones civiles extranjeras.

El único caso actual de un líder de la disidencia entre rejas es el del médico Eduardo Cardet, quien sustituyó al frente del Movimiento Cristiano de Liberación a Oswaldo Payá, fallecido en un polémico accidente en 2012.

Cardet lleva dos años en prisión –de una condena de tres años– acusado de un delito de atentado contra la autoridad que él y su familia niegan, y ha sido declarado «preso de conciencia» por Amnistía Internacional.

En términos de libertad de prensa, en los últimos años y con el aumento del acceso a internet desde Cuba han surgido varios medios independientes «alegales» que tratan, con éxito pero también sorteando continuas dificultades, de contar la realidad cubana sin filtros ni censura.

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ESTADOS UNIDOS

Históricamente, EUA ha visto con escepticismo los tratados internacionales que salvaguardan los derechos humanos porque considera que podrían limitar su soberanía, razón por la que Washington, por ejemplo, no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ve aún con mayor escepticismo esos organismos multilaterales y ha iniciado el proceso para retirarse como miembro de pleno derecho de la UNESCO y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

En cuestiones migratorias, Trump ha intentado atajar la entrada irregular de inmigrantes mediante la construcción de un muro fronterizo, la firma de decretos legislativos y el despliegue de tropas en la frontera.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos se han posicionado en contra de las políticas migratorias implementadas por Trump, desde la separación de niños en la frontera hasta las restricciones al derecho al asilo.

Además, la CIDH ha expresado preocupación por las represalias que EUA ha tomado contra los inmigrantes indocumentados que lideran movimientos sociales en defensa de sus derechos.

Una de esas víctimas es el mexicano Enrique Balcázar, quien implementó en el estado de Vermont la campaña «Leche con dignidad», con la que los trabajadores inmigrantes de la cadena de suministro de productos lácteos piden condiciones dignas de trabajo, incluido seguro médico e indemnizaciones por despido.

Gracias a Balcázar, los trabajadores lograron en 2017 un acuerdo con la famosa casa de helados Ben & Jerrys, originaria de Vermont, para mejorar las condiciones laborales.

Sin embargo, Balcázar cuenta a Efe que en 2017 recibió una orden de deportación y opina que el Gobierno busca «callarlo» y «desarticular» el movimiento de resistencia que ha fraguado.

EUA. El cerco a los migrantes se ha reducido cada vez más en Estados Unidos. Entre políticas para no dejarlos entrar y medidas para sacar a los que están adentro, la situación se vuelve complicada de cara a 2019.

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BRASIL

Los asesinatos contra los homosexuales crecieron un 30 % en Brasil en el último año, desde 343 en 2016 hasta 445 en 2017, un promedio de una víctima a cada 19 horas, lo que lo convierte en el país donde más se comete este tipo de crimen del mundo.

Los datos también dejan mal parado a Brasil en lo relacionado con feminicidios. De las 2,795 mujeres víctimas de feminicidio en 23 países de América Latina y el Caribe en 2017, un total de 1,133 casos se registraron en Brasil, país que encabeza la lista, según la CEPAL.

En Brasil, país donde más se cometen homicidios contra la población LGTB en el mundo, sobrevivir es un «reto» por los discursos de odio que promueven grupos religiosos fundamentalistas.

Así lo aseguró a Efe Felipe Carvalho, presidente de la Asociación Brasileña de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transexuales e Intersexuales (ABGLT) y quien alertó que esa población cada vez tiene más miedo de morir.

«Buena parte de la población LGTBI del país corresponde a gente muy vulnerable, que trabaja en las calles, que se prostituye. La situación que estamos viviendo en los últimos años es cada vez peor y ahora sobrevivir es un reto», precisó.

Los pueblos indígenas temen un aumento de la violencia en el campo y de los ataques que sufren en las disputas por la tierra con la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro, que fue elegido con un discurso de total oposición a la concesión de más tierras para los indios.

«Ya aumentaron los ataques de paramilitares. Con certeza, la situación va a agravarse. Las comunidades están muy tensas. Nuestros chamanes y caciques no entienden la situación y dicen que van a resistir. El conflicto es inminente», afirmó a Efe el abogado Wilson Matos da Silva, un guaraní residente en la aldea Jaguapirú y coordinador regional del Observatorio de los Derechos Indígenas (ODIN).

En el campo de la defensa del medio ambiente, Brasil es el país donde más se matan defensores ambientales en el mundo. Para Antonia Melo, defensora ambiental del estado amazónico de Pará, la coyuntura actual es «muy peligrosa» y con el Gobierno de Bolsonaro «esa situación no va a mejorar». El futuro que se avecina es «negro» para los defensores ambientales, agregó.

«Bolsonaro es un ser supraarcaico, dictatorial, que apoya la violencia y la dictadura, y con el que no tenemos ninguna esperanza de que esta situación vaya a mejorar. Al contrario, con él nos sentimos más amenazados e intimidados», aseguró la militante a Efe.

“Ya aumentaron los ataques de paramilitares. Con certeza la situación va a agravarse. Las comunidades están muy tensas. Nuestros chamanes y caciques no entienden la situación y dicen que van a resistir. El conflicto es inminente”, afirmó el abogado Wilson Matos da Silva, un guaraní residente en la aldea Jaguapirú y coordinador regional del Observatorio de los Derechos Indígenas (ODIN), en Brasil.

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GUATEMALA

El Gobierno de Guatemala trabaja en la actualidad en la solución de 1,501 conflictos agrarios derivados de ocupaciones o disputas territoriales tras el fin de la guerra civil en 1996.

A las disputas que surgen por la tenencia de la tierra se suman los conflictos que tienen que ver con el uso de bienes naturales y los impactos sociales y ambientales de proyectos energéticos y extractivos en las comunidades indígenas afectadas, otro de los graves problemas del país.

Desde 1954, la historia reciente ha estado marcada por el saqueo de tierras a comunidades indígenas, adjudicaciones anómalas a grandes terratenientes o tierras arrasadas. Usurpaciones que vivieron su auge bajo el militarismo de la guerra (1960-1996).

La FAO, por su parte, indica en su último informe que entre 2005 y 2015 se dieron 37,234 conflictos asociados o derivados de la propiedad, la posesión y la tenencia de la tierra, en un país de unos 16 millones de personas de los que el 50.5 % vive en el área rural y el 59.3 % en condiciones de pobreza.

Precisamente en mayo pasado, la relatora especial de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, pidió romper el ciclo de racismo, exclusión y discriminación que existe contra los pueblos originarios, quienes sufren «una segregación racial de facto», y mencionó la tenencia de la tierra.

«La principal causa de la situación es la inseguridad de la tenencia de la tierra. Guatemala no ha adoptado legislación ni mecanismos para la protección de los derechos de los pueblos a las tierras, territorios y recursos naturales», proclamó, y criticó la criminalización contra los líderes que buscan soluciones pacíficas.

Este abandono y criminalización provoca graves violaciones a los derechos humanos de los pueblos indígenas, incluido el asesinato de sus líderes para exigir la recuperación de sus tierras.

«Ya no podemos salir a las calles porque allí anda la policía», asegura a Efe Sandra Tuc, una de las dirigentes del Comité Campesino del Altiplano (CCDA).

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HONDURAS

En Honduras, la tenencia de la tierra sigue siendo un problema debido a la mala distribución que aducen campesinos organizados y pueblos indígenas, que con frecuencia denuncian ser víctimas de desalojos, a veces con saldo de muertos, por parte de guardias de seguridad privada de terratenientes, con el apoyo de policías y militares.

Muchos campesinos sobreviven con lo poco que pueden cultivar, por lo general maíz y frijoles, en un pedazo de tierra que les permite su patrón, con el agravante de que cuando la sequía es prolongada, o llueve demasiado, no hay cosecha o en su mayoría se pierde.

El pasado día 3, la Empresa Asociativa Campesina de Producción Unidos Lucharemos y la Plataforma Agraria Regional del Aguán, en el caribeño departamento de Colón, informó que sus familias (28) fueron «desalojadas de sus tierras el 29 de noviembre por miembros de la Policía y el Ejército».

Los campesinos afectados, según indicó la Plataforma Agraria Regional del Aguán, aducen que las tierras les pertenecen, pero que una jueza, identificada como Soe Guifarro, está obedeciendo «a intereses económicos y lazos familiares con los supuestos reclamantes de la tierra».

Entre los pueblos indígenas y otras comunidades también hay oposición a proyectos de explotación minera e hidroeléctricos, aduciendo daños al medio ambiente.

Un caso más conocido es el de la ambientalista Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016 y por el que fueron acusadas y condenadas siete personas, dos de ellas, ejecutivos de la empresa Desarrollos Energéticos (DESA). «No puedo decir que siento satisfacción, pero por lo menos se hizo justicia», dijo la madre de la ambientalista, Austra Bertha Flores, tras conocer el veredicto el 29 de noviembre.

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COSTA RICA

La lucha de los indígenas térrabas, del sur de Costa Rica, consiguió parar la construcción del proyecto hidroeléctrico El Diquís, que iba a ser la hidroeléctrica más grande de Centroamérica con 650 megavatios y una inversión calculada en $2,100 millones. El líder indígena Pablo Sibar calificó como «una victoria esperada por años» la decisión.

La Sala Constitucional de Costa Rica emitió en agosto pasado un histórico fallo que legalizará el matrimonio gay, al derogar artículos de leyes que impedían este tipo de uniones.

«Se escribe una página nueva para la historia de Costa Rica y para los derechos humanos a nivel centroamericano», dijo entonces el representante de la organización Movimiento Diversidad, Geovanny Delgado.

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BOLIVIA

Bolivia tiene pendiente el esclarecimiento de las desapariciones durante las dictaduras militares.

En 2017, el Gobierno boliviano creó una Comisión de la Verdad para investigar los crímenes de las dictaduras de 1964 a 1982, incluida la desaparición del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Tras la muerte en abril pasado del dictador Luis García Meza (1980-1981), las familias de las víctimas expresaron su temor de que los crímenes ocurridos en ese período permanezcan impunes.

Contra civiles. En Nicaragua, los cuerpos de seguridad han disparado en contra de manifestaciones civiles y han sumado víctimas mortales.

Internet como herramienta para el abuso sexual de menores

Ilustración de Moris Aldana

A Fabiola le da miedo mirar videos en una computadora, en una tableta o en un celular. Teme volver a ver en la pantalla su propio cuerpo desnudo, filmado sin su autorización presuntamente por una expareja de su madre, Graciela, que vivió en su casa por un tiempo y a quien le han perdido el rastro. La joven tenía 15 años cuando eso ocurrió. Fabiola y su madre tienen constancia de que en la web circularon tres videos en los que la joven aparece desnuda.
Ahora a Fabiola le da miedo realizar cualquier actividad que requiera quitarse la ropa, como tomar una ducha en su casa.

La noticia les llegó después de que un amigo de la familia vio las grabaciones en un sitio de internet dedicado a promocionar clubes de prostitución en Centroamérica, en el que de tiempo en tiempo se cuelan videos de contenido sexual. Otra persona les mostró los videos compartidos en un grupo de WhastApp. Graciela piensa que, quizá, bien hubiera podido evitar que a su hija le pasara lo que le pasó.

“Ella me dijo que sentía que ese hombre la miraba feo, que no era normal eso, y que a veces la seguía cuando se iba al baño, que la espiaba cuando se estaba vistiendo”, dice Graciela, que muy pronto llegará a los 40 años de edad.

Graciela y Fabiola todavía no han denunciado el hecho ante ninguna autoridad. Antes se están asesorando con un abogado. El delito que pudo haber cometido la expareja de la mujer es uno de nombre bastante extenso: utilización de niñas, niños, adolescentes o personas con discapacidad en pornografía a través del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Este está incluido en la Ley Especial contra los Delitos Informáticos y Conexos, aprobada en 2016 por la Asamblea Legislativa de El Salvador y con apenas dos años de aplicación. Desde 2017 hasta el tercer trimestre del presente año, la Fiscalía General de la República ha recibido 786 denuncias en torno de estas faltas.

Un apartado de la ley se dedica a crímenes contra menores de edad: casi todos son de naturaleza sexual, en los que el perpetrador adulto se vale de las nuevas tecnologías para concretar sus fechorías. Solo de este grupo, del referido a conductas sexuales, la FGR recibió en sus oficinas 80 denuncias, más del 10 % del total.

El delito del que Fabiola fue víctima castiga a quien lo comete con una pena de ocho a 12 años de prisión. Puede contar con varios agravantes, como que el acusado sea el responsable del menor. Entonces, la pena máxima puede ser de hasta 16 años.

“A mí me aflige que ella no quiera, en un futuro, entablar una relación con una persona que le guste. Ya me ha dicho cosas que me preocupan, como que no se atrevería a estar desnuda con un hombre, en un cuarto, para tener intimidad; que no va a poder dejar de pensar en que la van a estar grabando también allí”.

Para Martin Rogel Zepeda, magistrado de la Cámara Tercera de lo Penal de la primera sección del Centro de San Salvador, las leyes deben contar con una característica: la precisión. Por eso la nueva tipificación es un paso adelante porque permite castigar a eslabones de la cadena que en el artículo correspondiente del Código Penal, su antecesor, no era posible: allí la acción se dirigía solo a aquella persona a quien se le comprobaba que había producido un material de pornografía infantil o a aquel que lo almacenaba, no a quien lo había visto, por ejemplo, vía streaming o en ese espacio un poco momentáneo de un chat.

Ahora la investigación de las autoridades debería apuntar a la expareja de Graciela, pero también a aquellos que vieron el video en el grupo de WhatsApp o a través de la página web descubierta por el amigo de la familia. Aquellas personas que dieron aviso a Graciela también podrían ser acusadas, pues tuvieron acceso al material.

Ese proceso, sin embargo, sería bastante difícil para la Policía Nacional Civil de El Salvador si no se tiene acceso físico a los dispositivos desde donde se vieron las piezas: a pesar de que se cuenta con toda una unidad dedicada a los servicios informáticos, todavía no existe la tecnología en el país para, por ejemplo, detectar qué IP (la dirección única de la conexión de un aparato con internet) se ha conectado con determinado video o fotografía, lo que sí ocurre en países desarrollados.

Las autoridades salvadoreñas encargadas de investigar este tipo de hechos también tienen otras falencias: dentro de la Fiscalía General de la República, que también cuenta con su departamento correspondiente, solo hay un experto certificado para verificar la autenticidad de la evidencia informática, pero está dentro de la Unidad de Investigación Financiera (UIF), la que se encarga de los casos de lavado de dinero y activos. Para utilizarlo, por tanto, debe haber una coordinación entre jefaturas, que lleva tiempo.

Esto parece ser un síntoma de una tendencia en El Salvador: se le da más peso a delitos que tienen que ver con aspectos financieros, como lo observa el gerente de Programas de Plan International, Adolfo Vidal.
“Aquí el tema de los delitos cibernéticos está más tipificado con el tema de fraude financiero, con el tema bancario, con eso es que se aprobó… Cuando nos digitalizamos, digitalizamos las amenazas; tenemos que avanzar realmente en esto y, por último, hacer una ley específica solo para regular la divulgación de imágenes de niños y niñas en redes sociales”, aseguró en una entrevista para LA PRENSA GRÁFICA.

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VÍCTIMAS DE LOS DELITOS

Cuando se piensa en “delitos informáticos”, lo primero que se viene a la cabeza es una serie de números binarios y un escenario parecido al de la película “Tron”, donde todo se da en un plano abstracto, casi inofensivo. Parecería demasiado sofisticado para ponerle el rostro de una víctima.

Pero internet, herramienta neutra, es utilizado para el cometimiento de crímenes atroces contra la sexualidad de menores de edad con mucha regularidad. Eso es lo que demuestran los números recogidos por la Fundación de Vigilancia de Internet (Internet Watch Foundation, IWF), una organización basada en Inglaterra que recibe denuncias de contenido de pornografía infantil de todo el mundo.

En 2017, la entidad acogió más de 80,000 reportes de páginas web que albergaban material en video o fotografía de menores de 15 años siendo abusados sexualmente. De ese grupo, en el 55 % de las piezas, las víctimas lucían como niños por debajo del umbral de la década de vida. Y un alarmante 2 % (1,600) eran menores de dos años. Alguien filmó a un adulto abusando sexualmente de un niño menor de dos años para que otro adulto lo viera. Y las cifras continúan: el 44 % del total de videos o fotografías mostraba violaciones o torturas sexuales a niños. Treinta y cinco mil doscientos, la misma cantidad de asientos que tiene el estadio Jorge “Mágico” González, de San Salvador. Hasta el 92 % del total de material pornográfico infantil estaba alojado en sitios de acceso gratuito.

Ahora la investigación de las autoridades debería apuntar a la expareja de Graciela, pero también a aquellos que vieron el video en el grupo de WhatsApp o a través de la página web descubierta por el amigo de la familia. Aquellas personas que dieron aviso a Graciela también podrían ser acusadas, pues tuvieron acceso al material.

Pero estos no son, siquiera, números que reflejan la realidad a escala mundial. La IWF asegura que hasta el 97 % de la data con la que elabora sus informes proviene de Europa y Estados Unidos. Y América Latina es la región con el menor número de reportes a la entidad, apenas alcanza la decena. No existe una institución similar para conocer el tamaño del problema en este lado del mundo.

Con ese panorama, es posible comprender las palabras de Graciela, que considera “un alivio” que su expareja no haya abusado de su hija. Pero la violación de su intimidad y la colocación de su cuerpo en un espacio de consumo sexual han dejado profundas huellas en su vida.

Desde que sucedió, ha estado viendo a un terapeuta por lo menos dos veces al mes: no puede irse de su mente la sensación de que alguien, en cualquier momento, pueda estar viendo su cuerpo. Se siente constantemente vulnerable.

Eso ha desatado un cuadro de ansiedad en la joven, muy parecido, según se le ha dicho a su madre, al de una víctima de violación.

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DEUDAS DE LA LEGISLACIÓN

La difusión de este tipo de material es un golpe fuerte para una víctima menor de edad, pues esta todavía está descubriendo su identidad. Por eso, se ha pensado en múltiples formas de prevenir estos delitos. Una de esas es la de crear una figura muy parecida a la que un sujeto obligado tiene en la ley correspondiente a lavado de dinero y activos.

Eso es lo que recomienda el Centro Internacional para Menores Desaparecidos y Explotados, con sede en Virginia, Estados Unidos, en su informe “Pornografía infantil: modelo de legislación y revisión global”, publicado en 2012.

Este señala a dos tipos de posibles sujetos obligados. En un primer grupo deben estar personas con actividades profesionales cotidianas que, como resultado de sus responsabilidades laborales, puedan estar “potencialmente expuestos a la pornografía infantil”. Allí se incluye a profesionales informáticos, quienes podrían tener acceso de forma accidental a este tipo de material cuando, por ejemplo, reparan una computadora o un teléfono celular.

El segundo grupo es el de organizaciones o empresas cuyos servicios sean usados para fomentar la proliferación de la pornografía infantil. Por eso, deben ejercer cierto grado de responsabilidad. Aquí están los proveedores de servicios de internet, las empresas de tarjetas de crédito y los bancos. Estos dos últimos se consideran porque quien busca acceso a pornografía infantil puede pagar por ella a través de estas instituciones.

“Debe promulgarse un requisito de ‘notificación y remoción’ en la legislación nacional, y considerarse la creación de protección legal para permitir que los proveedores de servicios de internet puedan denunciar de forma completa y eficiente a la Policía o a otros organismos designados cualquier incidente de pornografía infantil que descubran, incluida la transmisión de imágenes”, dice parte del informe.

En El Salvador, la Ley Especial contra los Delitos Informáticos y Conexos aún no contempla esta figura, como tampoco castiga, en específico, la promoción de turismo sexual con menores de edad como víctimas a través del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Esto último ya es una realidad en otros países de la región, como Ecuador.

Ilustración de Moris Aldana
Ilustración de Moris Aldana

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LA TRAMPA EN LA RED

El vacío legal permitía que una persona solo pudiera ser acusada si cometía el abuso sexual. Padres que se daban cuenta de que esto pasaba entre un adulto y su hijo debían conformarse con la idea de que evitaron algo peor.

El caso más mediático relativo a este delito ha sido el del sacerdote católico Adonay Chicas Campos, quien fue enviado a juicio por, además de sostener relaciones sexuales con un menor, haberlo incitado a hacerlo a través de un chat de WhatsApp. El caso tiene reserva total.

Pero este no es el único que ha llegado a las cortes del país. Hay otros que han terminado incluso en condenas. Ese es el caso de uno ocurrido en San Salvador, del que se omitirán detalles específicos por instrucciones del tribunal de Sentencia que lo vio, pues la víctima es un menor de edad.

Todo comenzó con una inocente rutina de convivencia. Ella llegaba donde la abuela del pequeño para llevarlos a él y a su prima de 14 años a pasear. Él ni siquiera había llegado a la década de vida. Pasaba en esa vivienda mientras su madre trabajaba.

Lo que ni la madre ni la abuela del niño sabían es que, en los recorridos de regreso al hogar, ella le besaba la boca. También lo acariciaba de sus partes íntimas, según explicó el infante en su testimonio.

Ella tenía alrededor de 30 años, dos hijos y un esposo. Él ya contaba con un celular. La mujer le ayudó a descargar la aplicación WhatsApp. Así pudieron estar en comunicación contante. En ese chat ella le decía palabras cargadas de sugerencias sexuales. También había conversaciones inocentes, donde le preguntaba cuál era su serie favorita, qué materias le gustaban más en la escuela, si era fan de los perros o de los gatos. Le pidió, también, que fueran novios. El niño, en su inocencia, aceptó la propuesta.

Un día a inicios de 2017, el infante se enfermó. Estaba solo en casa. Se lo hizo saber a la mujer, que no dudo un solo minuto en acercarse, no sin antes cerciorarse de que, en efecto, no había nadie más en la vivienda. Llego hasta el cuarto del pequeño y se desnudó. También a él le quitó la ropa. Lo besó y acarició. Incluso hubo contacto coital, para el que la mujer se las arregló como pudo.
Al siguiente día, el niño seguía con fiebre y con lo que parecía ser una infección urinaria, pues su madre notó que iba mucho al baño. Luego, se dio cuenta que el celular del pequeño no dejaba de sonar. Lo revisó y vio los mensajes que le había mandado a su hijo la mujer. En estos le preguntaba si le había gustado lo del día anterior. La madre denunció el hecho inmediatamente.

La mujer fue condenada por violación a purgar 14 años de cárcel. Sin embargo, una cámara superior decidió que el delito debía modificarse a otras agresiones sexuales. El castigo se redujo a ocho años. La Fiscalía decidió no acusarla por Corrupción de Niñas, Niños, Adolescentes o Personas con Discapacidad a Través del Uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, a pesar de que lo ocurrido cumplía al pie de la letra con la tipificación. Si se hubiera hecho así, la mujer podría haber enfrentado por lo menos a otros ocho años en prisión.

En el juicio donde fue condenada, dijo que ya antes había tenido experiencias parecidas y que nunca la habían atrapado.
El peligro también puede estar en la escuela. Ese fue el caso de los alumnos de Edwin Baltazar Villalobos, quien era profesor en un centro escolar de San Salvador, concretamente del octavo grado. Sus estudiantes, por tanto, eran menores de 15 años.

El hombre, de 40, les pedía a través de su cuenta personal en Facebook que se filmaran o tomaran fotografías de ellos en situaciones sexuales. A cambio, prometía comprarles regalos o ayudarlos con sus notas. Cuando los alumnos accedían a entregarle el material, este los citaba en un centro comercial para darles su regalo.

Ninguno de los alumnos denunció los hechos. El caso llegó hasta la Fiscalía General de la República cuando los padres de una joven de 14 años encontraron su teléfono desbloqueado. Allí se dieron cuenta de lo que pasaba. En la conversación pillada, Baltazar Villalobos le pedía que le enviara videos con contenido sexual. Le ofreció como pago zapatos y ropa de una exclusiva tienda.

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LAS HUELLAS

Fabiola y su madre intentan sobreponerse al golpe que les significó ver su cuerpo desnudo en una pantalla. Es un esfuerzo lento en el que hay semanas de avances y semanas de retroceso.

Sobre todo, a Graciela le interesa que su hija recupere su confianza, que, como las demás jóvenes de su edad, pueda desarrollarse con toda normalidad.

“A mí me aflige que ella no quiera, en un futuro, entablar una relación con una persona que le guste. Ya me ha dicho cosas que me preocupan, como que no se atrevería a estar desnuda con un hombre, en un cuarto, para tener intimidad; que no va a poder dejar de pensar en que la van a estar grabando también allí… Cuánto daño le hicieron a mi hija, y ni siquiera sé por qué. Parece que le quisieron arruinar la vida con algo que parece una broma”, dice Graciela.

La familia no ha decidido si podrá continuar viviendo la vida de antes, en el lugar de siempre. Han pensado, incluso, en abandonar el país. Un cambio rotundo provocado por algo que todavía les sigue pareciendo una mala broma y que impide que Fabiola pueda tomar siquiera una ducha con toda normalidad.

Muros y contramuros culturales

Hace una semana leía del novelista Juan Villoro que no sabe si es periodista o novelista, y que se siente más dentro de la ética si hace periodismo. El problema es que lo ético pareciera estar más emparentado con la objetividad, y la novela, como ficción, debe inventar, le respondo. Es su gran fuerza. El periodismo es verdad cotidiana que llega a la gente en el momento puntual, aunque las hemerotecas sean grandes fuentes de historia. Pero la novela, aun siendo ficción, se convierte en verdad por encima del tiempo. De acuerdo con una frase del Premio Nobel Vargas Llosa, «la novela es una mentira verdadera».

De mi parte hago periodismo que no solo sea puntual en la cotidianidad, sino como memoria cuya principal característica es la búsqueda de sobrepasar el tiempo. Así, cuando Fedor Dostoievski escribe «Crimen y castigo», jamás imaginó que su obra sería considerada de gran aporte a la ciencia de la psicología, tan importante como los trabajos de Sigmund Freud. Y menos se imaginaría que luego de estar en las cárceles de Siberia, donde escribió su novela «El sepulcro de los vivos», continuaría siendo leído 150 años después y recordado históricamente, aunque no pretendía escribir una novela histórica que retratase a la Rusia zarista que maltrató su figura relevante en la literatura universal, porque Dostoievski representa su idioma como Cervantes el castellano. Y James Joyce, Wolfgang Goethe, Gustave Flaubert y Víctor Hugo, maestros de su idioma inglés, alemán, respectivamente, y los dos últimos del idioma francés.

Además, sus escritos representan expresiones multiculturales. Unen al mundo. Nos hacen respetar culturas diferentes, que es forma de supervivencia. Los que escribimos español debemos sentirnos orgullosos de tener el segundo idioma con más hablantes originarios, superado solo por el mandarín, con más hablantes que el inglés.

Pongo ejemplos sencillos: viajo en tren desde Francia, pasando por Suiza, hacia el Norte de Italia. En los vagones solo se oye el leve sonido de la máquina de alta velocidad, nada de bullicio, como un tren fantasma. Muchos ciclistas y personas transitan en la tarde dorada que ilumina la calle paralela. Las ventanas van cerradas. El silencio en el vagón es interrumpido por un altoparlante que anuncia la cercanía de la frontera suizo-italiana. Al entrar lentamente a Italia, la mayoría de pasajeros, en su mayoría italianos, salen de sus camarotes al pasillo y abren las ventanas que dan a la calle. Piropean con bullicio a las muchachas jóvenes. Confirmo la lección aprendida de mi abuela, «dondequiera que fueres, haz lo que vieres». Los italianos respetaron el silencio en su tránsito por Alemania y Suiza, pero al llegar a su país se convierten en italianos.

Uno de los problemas que detecté en mi reciente viaje –julio de 2007– al área de Maryland, Virginia y D. C. es que muchos salvadoreños quieren seguir siendo salvadoreños «a la salvadoreña», lo cual choca con la intolerancia actual, incluso contra el idioma español, porque después de la tragedia en Nueva York el 11 de septiembre, Estados Unidos ya no es el mismo, aunque la mayor parte de salvadoreños o centroamericanos se asimilan a nuevos modelos educativos y de conducta.

Esos modelos deben comenzar adentro, pues somos migrantes por antonomasia. He leído, en esta revista donde escribo, sobre las increíbles matanzas de civiles, incluyendo a niños menores de un año en las zonas campesinas (El Mozote, El Calabozo, Las Tres Calles, etcétera); y sobre el irrespeto a los derechos de la mujer que culmina en feminicidios, de los índices más altos en América Latina; patriarcalismo fatal que culmina en crimen e intolerancia ante las opciones sexuales.

No se puede medir qué es lo más trágico, si las matanzas o la violación de derechos humanos, que, sin una educación cultural, culminan en crimen. Tenemos que aprender de la vida, educar para aprender a asumir nuevos valores y conductas, donde impunidad y hegemonismo culminan en delitos dramáticos por insensibilidad ante los excluidos.

El tiempo nos tomó por sorpresa y de pronto nos damos cuenta de que deponemos el bien social a favor de ambiciones y privilegios; estamos asfixiándonos en las cámaras de grandes vacíos culturales. No se trata de dar lecciones a nadie, sino de hacer reflexionar sobre la importancia de conocer el curso de nuestra vida republicana que no va a comenzar mañana, sino que pronto cumplirá 200 años. Y no estamos sentados en un lecho de rosas, como decía el emperador azteca mientras los conquistadores le quemaban los pies.

Vuelvo a recordar a mi abuela –»haz lo que vieres». Recuerdo también a unos 15,000 campesinos pobres que llegaron a Costa Rica provenientes del departamento de Chalatenango y del norte de El Salvador, y con una humildad más acentuada porque huían de masacres, dejaban atrás a niños, hermanos y abuelos calcinados; sin embargo, su resiliencia vital les permitió deponer conductas «nacionales» para asimilar que cultura y educación se complementan con documentos migratorios. Luego, al final de la guerra en nuestro país, las familias refugiadas optaron por emigrar de Costa Rica a Australia y Canadá. Por experiencia sé que aquellas personas con las que trabajé, acompañado de personalidades costarricenses, transformaron la vida a su favor.

«¿Crees que la renuencia política estadounidense para apoyar la emigración sea de tipo cultural?», le pregunto a un amigo. Me responde que la persecución se centra en los latinoamericanos –centroamericanos y mexicanos en especial– no solo por ser los que más emigran en busca de oportunidades de vida o huyendo de la muerte, influye el prejuicio racial que es cultura deprimida.

Preguntémonos por qué los pueblos asiáticos han crecido en las últimas cuatro décadas después de sufrir guerras que han costado millones y millones de víctimas, casi convertida en cenizas su geografía original. Comencemos por reconocer que el problema es nuestro, sin distinciones, y que las tragedias podrían continuar si no nos abrimos y damos pensamiento a nuevas visiones y reflexiones si queremos encontrar las respuestas a la tragedia interminable.

Al margen

La pequeña anciana hacía lo posible para evitar ir al pueblo. Caminaba solo por veredas, por caminos vecinales poco transitados, siempre ocultándose y sin mirar a nadie directo a los ojos. La última vez que se había acercado al pueblo la habían apedreado. Huyó como pudo, nadie le tuvo piedad. Ni los niños que con piedra en mano la persiguieron hasta los linderos del poblado. Resignada, ella misma se exilió. No volvería. Se pasaba los días yendo y viniendo por el campo, buscando quien le regalara un poco de comida para llevarse a la boca. La gente le temía y ella sabía perfectamente por qué. Pensaban que la anciana era una bruja, un ser capaz de lo peor y que preparaba conjuros en el rancho, rodeado de palos de jocote, donde vivía en la ribera del río Acelhuate.

La historia completa de la anciana Jacinta está en el cuento titulado “La bruja”, escrito a principios del siglo pasado por Arturo Ambrogi. Una de las grandes influencias locales de Salarrué y que se pasó la vida escribiendo sobre la gente que habitaba El Salvador. El cuento –dedicado a María de Baratta– es un perfil de una abuela que se había quedado sola y que vivía de los pocos vecinos que la consideraban. El resto de la sociedad le había dado la espalda. Esos eran los personajes que seducían a Ambrogi, los “marginales de la vida”, como él mismo los llamó. Muchos de ellos, como los contrabandistas de chaparro que se iban a las profundidades del monte a “sacar” licor, ya no se encuentran, pero hay otros, como la abuela Jacinta, que guardan su vigencia.

Hay cosas que no cambian aunque hayan pasado 100 años. Una de ellas es el abandono que sufren miles en el país cuando llegan a la vejez. Sin una pensión ni acceso a servicios de salud de calidad en el momento de la vida cuando más se necesitan. Una situación al límite que es realidad de todos los días en El Salvador. No solo se trata de la indigencia, sino de muchos que viven de lo que sus familias, con un ingreso precario, puedan darles. La mayoría se ha esforzado toda la vida para no tener nada seguro durante sus últimos años. Así es la economía que marca la vida en el país: una que te exprime cuando sos útil y te desecha cuando no te quedan más fuerzas.

Descartables. En el marco de la campaña presidencial, se han planteado temas como las medidas a tomar para enmendar el sistema de pensiones, un sistema que ya tiene más de 20 años de haber sido implementado y que no cuadra a la economía local, donde la informalidad es la norma. Pero aún para los que sí cotizan en el sistema, cada vez son más las profesoras, enfermeras, costureras de maquilas, empleados del sector servicios que –ya en edad de jubilación– se dan cuenta de que lo ahorrado en toda su vida laboral no garantiza lo más básico.

Los adultos mayores nunca han sido prioridad en el país. No es secreto. Se les pide conformarse con llegar a viejos y nada más. Pero en las próximas décadas se afrontará un panorama más complejo: nuestra población está envejeciendo como nunca antes y serán más los que lleguen a la tercera edad en vulnerabilidad. Se necesita que este deje de ser un tema periférico y que sea asumido como un eje central para el bienestar social del país. Según una investigación de FUNDAUNGO retomada en Diario El Mundo, si en las próximas dos décadas no se realizan reformas fiscales, el envejecimiento de la población haría que la deuda pública sobrepase el 80 % del Producto Interno Bruto (PIB) por un mayor gasto en salud y seguridad social para adultos mayores. Mientras no se haga nada por cambiar, más generaciones de salvadoreños se dirigen hacia un abismo.

La Navidad

Creo que voy a perder la uña de un dedo de la mano. Mientras escribo en el teclado estoy viendo el dedo medio bastante hinchado y rojo, y la uña de un amarillo verdoso. Es una flor de pascua. El dedo se me quedó machucado entre el soporte del árbol de Navidad y el tronco cuando intentaba levantarlo desde la base de hierro.

Dicen que el cuerpo es un archivo de todos los males que le han sucedido a un ser humano. Si es así, el arqueólogo que encuentre mis huesos en 400 años va a reconocer que se me fregó el dedo por insistir este año en un árbol real y no en uno artificial, que ya tenía guardado en el sótano.

Hace unas semanas me di cuenta de que la compañía Addis, que inventó el árbol artificial de Navidad en los años 1930, producía primero cepillos de baño para limpiar inodoros. La invención se dio por una cantidad de cepillos de baño que sobraban y a saber qué otras condiciones de la vida que llevaron a Addis a juntar los cepillos y armar el primer árbol de Navidad artificial. Se me grabó la imagen de pasar diciembre con un enorme cepillo de baño verde en la sala y, en ese momento, decidí mejor hacer el esfuerzo de poner un árbol auténtico y no uno artificial.

Mientras ponemos el árbol mi hija me mira de reojo y me dice que las amigas ya no creen en Santa Claus. Sigue hasta confesarme que ella tampoco. Yo le comento que, entonces, Santa va a dejar de llegar a la casa. Le digo que la imaginación es tan poderosa que cuando los niños dejan de creer en él, ya no puede entrar a la casa.

Me mira fijamente y le explico que es como la leyenda del vampiro que solo puede entrar a una casa si es invitado. Me empiezo a enredar con lo del vampiro y le recuerdo del duende de Noel. Cada diciembre hay un muñequito duende que aparece en un sitio y lo encontramos en un lugar diferente de la casa por la mañana, en medio de alguna travesura. Mi hija no me deja terminar; dice que tampoco cree en el duende ya, porque lo encontró hace unos días en el armario aplastado entre zapatos de tenis y bolsas. Le digo que eso solo es una prueba más de que existe.

Así es que este diciembre tengo el dedo chueco y la noticia de que mis hijos ya han entrado a la adolescencia. Mi hija está decepcionada con Santa Claus. Mi hijo, dos años mayor, tiene novia y no cree en nada que no sea el amor. Hago el esfuerzo de observar tradiciones con ellos y, al mismo tiempo, entiendo que cada año las cosas cambian un poco. Mientras tanto, los días se acortan, está cada vez más helado, empieza a nevar y la casa se llena de olor a pino.

Carta Editorial

Lo digital es cada vez menos etéreo. El poder que tienen las nuevas tecnologías para convocar y promover casi cualquier cosa hasta convertirla en algo tangible no se pone en duda. Pero con ese poder también han crecido los riesgos. La cantidad de víctimas menores de edad de delitos que nacen o se cometen por medio de un celular o una computadora está aumentando sin que, hasta el momento, se hayan terminado de crear y de dar a conocer los mecanismos de denuncia.

Cuando se habla de educación en sexualidad, en El Salvador hace falta partir de que en la niñez y en la adolescencia hay un déficit de información. Si esta tara es obvia para los que están inscritos en el sistema educativo, el abismo se profundiza mucho más para los que están fuera. Y si se toma en cuenta que el acceso a internet, y con ello a redes sociales, no está circunscrito a la madurez de los usuarios, lo que se obtiene es un caldo de cultivo para delitos.

El reportaje de esta edición echa luz sobre los frutos obtenidos de una ley que recién se aplica desde hace dos años. Los casos que se han iniciado dan una idea de la vulnerabilidad de las víctimas. Y también perfilan el gran margen de impunidad en el que se mueven los victimarios. Acá se juntan todos los males de una sociedad que se toma mucha molestia en juzgar si una víctima menor de edad se lo buscó o no, y se hace de vista gorda con los adultos que deberían tener claro cuándo cometen un delito.

Pese a que todos los días se utilizan las nuevas tecnologías, la regulación y los términos de uso correcto todavía están en construcción en este país, al que le falta todavía trabajar mucho en educar y en promover una cultura de denuncia que ayude a poner un alto a los abusos.