20,000 embarazos adolescentes: una plática pendiente

Prevención

Cuando Celia quedó embarazada, tenía 17 años y estudiaba bachillerato. Decidida a graduarse, siguió asistiendo a clases hasta que llegó la fecha cercana al parto. Tras dar a luz un día de agosto, cambió horas en un pupitre por una cuna durante lo que pensó como un descanso o una adaptación. Cuando su hijo ya tenía seis semanas de edad, intentó regresar a su vida de estudiante y no pudo: “Los maestros no me quisieron ayudar, ni recibir, nada, para poder terminar mi bachillerato. Entonces me tocó repetir el año”, dice hoy, cinco años después.

En 2017, el embarazo adolescente fue causa de deserción en 238 centros escolares, de acuerdo con los datos del Observatorio del Ministerio de Educación. El silencio, en términos de educación sexual, no ha sido efectivo para evitar los embarazos precoces. Solo el año pasado 19,236 niñas y adolescentes se inscribieron a controles prenatales en el sistema de salud público. Las edades de esas madres jóvenes iban desde los nueve hasta los 19 años.

A pesar de que la cifra de embarazos adolescentes es alta, el Ministerio de Educación no ha logrado establecer un mecanismo para medir la magnitud del problema. “Hay que tener en cuenta que en los centros escolares hay un gran subregistro sobre el tema de deserción por embarazo. La mayoría se va y a veces no sabemos que están embarazadas”, dice una funcionaria de ese ministerio, desde su oficina en el centro de San Salvador.

“El Órgano Ejecutivo, en el ramo de Educación, deberá incluir la educación sexual y reproductiva como parte de sus programas, respetando el desarrollo evolutivo de los niños y adolescentes”, mandata el artículo 32 de la Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia (LEPINA). Y aunque la orden de la ley es clara, está lejos de ser una realidad para la mayoría de estudiantes del sistema público de educación.

Hasta el final del año lectivo 2017, solo el 27 % de escuelas contaba con planes de educación sexual. Y ni siquiera los profesores de las escuelas están capacitados por el ministerio para brindar formación en estos temas: de todo el plantel docente a escala nacional, solo el 7.8 % ha completado un curso básico en educación integral de la sexualidad.

Más casos. La Paz, La Unión y Cuscatlán fueron los departamentos donde más casos de embarazos en niñas y adolescentes se tuvo, de acuerdo con un estudio publicado en 2015.

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NI EN LA ESCUELA NI EN LA CASA
“Todos los niños y adolescentes, de acuerdo con su desarrollo físico, psicológico y emocional, tienen el derecho a recibir información y educación en salud sexual y reproductiva, de forma prioritaria por su madre y padre”, dice también la LEPINA. Ese derecho no es una realidad para un gran número de adolescentes, como Celia.

Ella estudió en el sistema público desde que iba al kínder. Es de un pueblo del occidente del país y creció rodeada de primos, tíos y clientes del pequeño puesto de comida de su mamá. Ayudó desde niña en el negocio familiar y, además, en el cuido de sus dos hermanas menores.

A pesar de que su hogar siempre estaba lleno de ruidos y tránsito de gente, ella cuenta que nunca escuchó que le hablaran de relaciones sexuales y de cómo protegerse de un embarazo o de una enfermedad sexual. No tuvo orientación en su centro escolar ni en su hogar, y ahora cree que quizá, de recibir algún tipo de formación, su historia habría sido diferente: “A la escuela nunca llegó una enfermera a explicar cómo planificar. Yo creo que si uno tuviera más información de eso, habría más cuidado en todo”, dice.

Los embarazos adolescentes en El Salvador no escasean. En promedio, 69 niñas o adolescentes quedaron embarazadas cada día en 2015, es decir, un embarazo de menores cada 21 minutos. Así se registró en el Mapa de Embarazos en Niñas y Adolescentes en El Salvador 2015. La Paz, La Unión y Cuscatlán fueron los departamentos donde más casos de embarazos de niñas y adolescentes se tuvo. Por el contrario, en los municipios de San Antonio Los Ranchos y El Carrizal, en Chalatenango, no se registró ninguna menor embarazada durante el tiempo en el que se realizó el estudio.

Como Celia no pudo reincorporarse al sistema regular de clases, se integró al sistema de educación flexible. Así empezó a ir a clases solo los domingos. El bebé no paraba de llorar cuando se separaba de su mamá y algún familiar terminaba llevando al niño a las clases para que le diera pecho. Aun con el bebé en brazos, logró graduarse de bachiller. El papá de su hijo, quien antes fue su compañero de escuela, siguió estudiando con regularidad y en la universidad. Celia no.

“El embarazo adolescente implica la pérdida de oportunidades educativas, es una limitante para que las adolescentes puedan desarrollar su potencial como agentes productivos y sociales, y es un factor condicionante de la perpetuación de la pobreza”, sostiene un informe del año pasado del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

Que las adolescentes se mantengan en la escuela es prioritario para romper círculos de pobreza. Pero, a veces, las trabas las colocan las personas que, en el mejor de los casos, deben ir abriendo camino. Por ejemplo, en algunos colegios y escuelas se tiende a “esconder” a la adolescente embarazada y se expulsa, explican en el MINED. Así que dicho ministerio cambió la Ley General de Educación en 2011 para especificar que es “falta muy grave” discriminar a una estudiante embarazada o lactante.

A pesar de que la LEPINA brinda a los padres el derecho primario de educar a sus hijos en sexualidad, eso no se cumple en todos los casos. “Ni mi papi ni mi mami hablaron de eso conmigo”, dice ahora Celia, cuando ya su hijo ha ingresado al mismo sistema de educación pública que fue insuficiente para ella.

Enseñanza. El objetivo del programa que tiene el MINED es comenzar en parvularia a decirle a los niños cómo funciona su cuerpo y cómo son las relaciones adecuadas con otras personas.

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¿CÓMO INTENTA ASUMIR EL ESTADO?
En 2008, El Salvador firmó un pacto llamado “Prevenir con educación”. Entonces, los ministros de Educación y de Salud en Latinoamérica y el Caribe acordaron que la prevención era el camino que se tomaría ante el avance de la transmisión del VIH.

Así, se asumió el compromiso de “fortalecer estrategias intersectoriales de educación integral en sexualidad”. Ese pacto marcó también el enfoque que esa prevención debía tener en las escuelas públicas. “Esta educación incluirá aspectos éticos, biológicos, emocionales, sociales, culturales y de género”, se puede leer en el documento.

Así, se inició de un proceso de actualización del currículo nacional de clases y se creó el Programa de Educación Integral de la Sexualidad, (mejor conocido como EIS), de acuerdo con Yeni Rivas, oficial de Género del MINED. Rivas es titular de la unidad que tiene por función velar que se cumplan criterios de equidad en el ministerio y, además, trabajar en temas relativos a la enseñanza de la sana sexualidad.

La EIS está diseñada para ser un eje transversal de otros temas que ya se aprenden en la escuela. Este incluye hablar de relaciones interpersonales sanas, explicar temas de autoestima, autocuido y el respeto por el propio cuerpo. “Tenemos que tener claro que la educación integral de la sexualidad no es hablar de cosas eróticas. Cuando se empieza a hablar de la EIS, se habla del tema emocional, del tema cognitivo y se tiene que hablar del tema biológico porque es parte de la sexualidad”, comienza por explicar Rivas.

Ella sostiene que es posible educar en estos temas desde temprana edad: “¿Cómo se puede enseñar EIS para parvularia? Usted a sus niños les tiene que enseñar que tienen órganos, ahí empieza el conocimiento de su cuerpo, en llamar a su cuerpo por el nombre”.

La oficial de Género asegura que con estos temas es posible afectar positivamente al niño y adolescente. Así, según Rivas, el niño aprende que su cuerpo es íntimo y nadie debe tocarlo si él no lo desea. Y además, conoce los cambios que suceden o sucederán en su cuerpo.

En El Salvador hay más de 45,000 profesores en centros escolares, y el Ministerio de Educación solo ha podido formar a 3,571 docentes en un curso básico de sexualidad. La cifra es baja, considerando que los cambios curriculares no pueden ponerse en práctica y presentarse al adolescente si los maestros no entienden los temas. Esos más de 3,000 profesores fueron formados en un curso de 200 horas presenciales entre 2013 y 2016, asegura el ministerio.

Rivas pone un ejemplo: “Tienen que aprender a valorarse como persona para decir ‘no quiero hacerlo’. ¿De qué sirve que el ministerio les enseñe el tema de transmisión del VIH si a la hora de las horas los adolescentes no tienen la inteligencia emocional y la mente crítica y analítica para que, si toman la decisión de tener relaciones coitales, usen condón? Eso es lo primero, que logren desarrollar su inteligencia emocional, que tengan habilidades para la vida y que tengan proyectos”.

Los temas que la EIS plantea son necesarios para estudiantes, pero al socializarlos con los maestros, las autoridades del MINED se dieron cuenta de que, en algunos casos, ni siquiera los docentes tenían conocimientos básicos de anatomía. “Es duro que un docente no sepa que hay órganos genitales internos y externos”, admite Rivas.

Quienes han sido formados solo representan un 7.8 % del total del plantel a escala nacional. Además, el ministerio ha creado planes para educar en el tema a los padres de familia, pero el avance aún es limitado. Y a pesar de que el 58.9 % de las escuelas afirma que conoce sobre la actualización del currículo de educación que incluye temas de sexualidad, solo 27 de cada 100 centros escolares cuenta con planes o programas de este tipo.

“¿Cómo ampliamos la educación integral de la sexualidad a escala nacional?”, pregunta Rivas, y ella misma se responde con una negativa: “No hay presupuesto. Si hubiera una ley, talvez hubiera una designación presupuestaria al tema”, comenta.

Hace más de un mes, un grupo de mujeres presentó un anteproyecto de Ley en Afectividad y Sexualidad Responsable a la Asamblea Legislativa. La propuesta tenía cuatro páginas y planteaba que todas las escuelas deberían estar obligadas por ley a brindar un programa de este tipo. En el anteproyecto, la educación en afectividad y sexualidad responsable fue definida como “la articulación de aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos que, bajo un marco de respeto a los derechos humanos, priorice la eliminación de la cultura de la violencia”.

Dicha propuesta no presentaba los contenidos a enseñar, sino que sugería que se creara una comisión especial conformada por el Ministerio de Salud, el de Educación, la Secretaria de Inclusión Social y el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia, y que esas instituciones definieran las temáticas que estudiarían los niños desde primer grado hasta bachillerato.

A pesar de que en un inicio el anteproyecto tuvo el apoyo de algunos diputados de ARENA, GANA y PDC, el día que fue presentado ante la comisión de cultura y educación, fue archivado de inmediato. No se discutió su contenido ni las motivaciones de las personas que lo respaldaron.

El anteproyecto de ley y el programa actual de la EIS –que aún no es implementado en la gran mayoría de escuelas– coinciden en la necesidad de construir inteligencia emocional en los adolescentes antes de que se encuentren sorprendidos por los cambios hormonales de su cuerpo.

Para explicarlo, Rivas pone un ejemplo: “Tienen que aprender a valorarse como persona para decir ‘no quiero hacerlo’. ¿De qué sirve que el ministerio les enseñe el tema de transmisión del VIH si a la hora de las horas los adolescentes no tienen la inteligencia emocional y la mente crítica y analítica para que, si toman la decisión de tener relaciones coitales, usen condón? Eso es lo primero, que logren desarrollar su inteligencia emocional, que tengan habilidades para la vida y que tengan proyectos”.

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UNA DEUDA HISTÓRICA
Intentar educar en sexualidad no es algo nuevo. El recorrido viene desde, al menos, hace 20 años. Hace casi dos décadas se intentó hacer circular por las escuelas los libros titulados “De adolescentes para adolescentes, manual de la salud sexual y reproductiva”.

La idea de la creación de estos manuales surgió en 1997 tras un estudio de la Organización Panamericana de la Salud que evidenció las carencias de información para menores en este tema. El proyecto fue respaldado por el MINSAL y se pensó como un documento que le hablara directamente a los jóvenes. Pero al ser los primeros de su tipo, los manuales fueron controversiales desde su realización hasta su lanzamiento.

“‘¿Y si para representar los órganos sexuales, en vez de dibujar un pene, dibujamos un pepino?’, dijo la doctora, y se armó esta discusión solo para saber si podíamos hacer una ilustración de un pene o no en un libro de educación sexual”, cuenta, desde una cafetería, Otto Meza. Él es uno de los ilustradores que hace 20 años fueron los encargados de hacer los dibujos de estos manuales. Esta tarde, él asegura que los dibujos que hacía se sometían a discusión con el Ministerio de Salud y que dos décadas después aún puede recordar los comentarios de algunos profesionales de la medicina.

Al final, Otto Meza sí fue autorizado para dibujar órganos genitales. Ese manual estaba dividido en tres grandes áreas que intentaban explicar a los jóvenes qué significaba el afecto y el consentimiento.

La primera área estaba titulada “Adolescencia”, y ahí se explicaba en qué consiste esa etapa de la vida y los roles del joven en la sociedad. En la segunda parte, llamada “Sexualidad”, se abordaban temas como “¿Qué nos puede pasar si tenemos relaciones sexuales sin estar preparados?”, y se enunciaban diferentes orientaciones sexuales. En la última parte del libro, referente a salud sexual y reproductiva, se describía cómo se desarrolla un embarazo, métodos anticonceptivos y se ilustraban los diferentes tipos de enfermedades sexuales que existen. Los manuales fueron retirados en julio de 2000. Habían sido impresos solo siete meses antes.

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SI LA ESCUELA NO LO HACE, ¿QUIÉN EDUCA EN SEXUALIDAD?
“En las redes sociales, más que todo”, responde Kenia Mena, de 16 años, cuando se le pregunta dónde aprenden sus amigos sobre sexualidad. Kenia estudia en un colegio privado católico, viene de una familia con padres profesionales y dice que en su casa siempre le han dicho que si empieza su vida sexual, debe ser cuando ella “ya esté estable” en su relación, y que si en algún momento lo quisiera probar, se tiene “que proteger”.

Kenia ha tomado el consejo y dice que se siente en la confianza de preguntarle algunas cosas de su cuerpo a sus padres. Los dos son psicólogos y comprenden que no hablar del tema sexual con su hija puede tener efectos contraproducentes. Kenia asegura que tiene amigos a los que sus padres les han prohibido hablar de orientación sexual y eso hace que esas realidades sean percibidas como algo malo o tabú.

Si en la casa de los adolescentes algunos temas están vetados de ser discutidos y en las escuelas ni los mismos maestros se encuentran formados, los esfuerzos de orientar en sexualidad se ven relegados a organizaciones no estatales o a iniciativas personales. Por ejemplo, varios estudiantes graduados de un centro escolar católico de Santa Tecla aún recuerdan a una maestra que cierra puertas y ventanas de los salones para explicar formas de prevenir embarazos sin que la monja directora se entere, es decir, a escondidas.

Y, a veces, la información viene de grupos inesperados. Por ejemplo, Kenia se congrega en un grupo de jóvenes católico liderado por laicos. “Es un movimiento religioso, pero es de un grupo limitado… solo van los que quieren. Ahí sí me enseñaron cómo se pone un condón, en una zanahoria”, afirma, sin risa ni morbo.

El Salvador tiene una estrategia nacional de prevención de embarazos adolescentes que fue lanzada el año pasado y espera reducir drásticamente el número de madres precoces durante los próximos 10 años. Uno de los pilares en los que se pretende ejecutar esta estrategia es la educación. En ese documento se puede leer que la diferencia entre las niñas y adolescentes que terminan embarazadas y las que no “radica en la medida en que las personas adolescentes y jóvenes confronten la exposición sexual con información científica y veraz, acorde a su edad y cultura, de tal manera que puedan ejercer una decisión responsable”.

Deserción. Quienes más oportunidades pierden con un embarazo precoz son las niñas, pocas regresan tras el parto a retomar sus estudios.

Un cuento de Navidad

Ebenezer Scrooge odia la Navidad. Es un tipo que no sonríe, no es benévolo ni comprensivo con nadie, ni siquiera con quienes convive a diario. Odia a los pobres y piensa que sería mejor que todos estuvieran muertos. Así se evitarían los problemas de sobrepoblación que afean tanto la ciudad de Londres. El trabajo es lo único importante para Scrooge. Para él es incomprensible que no se trabaje el día de Navidad. No hacerlo es perder dinero.

La felicidad y la ilusión de los niños que esperan regalos y golosinas para esa noche le parecen una estupidez.
Scrooge se va a casa a pasar la Nochebuena solo. No quiso aceptar la invitación de su sobrino para cenar con su familia y está molesto por haberle tenido que dar la tarde libre a Bob Cratchit, empleado de su oficina. Ya a punto de dormir, Scrooge recibe visitas.

Primero, lo visita el fantasma de su socio Jacob Marley, quien debido a su avaricia y maldad ha sido condenado a arrastrar una pesada cadena por toda la eternidad. Marley le advierte que si no enmienda su conducta en vida, correrá el mismo destino cuando le toque morir.

Después aparecen otros fantasmas que llevarán a Scrooge en viajes por el tiempo. El fantasma de la Navidad Pasada lo hará revivir la muerte de su madre; su infancia en internados; la frialdad de su padre; el matrimonio de Scrooge y el subsiguiente abandono de su esposa cuando aquel se convierte en un adicto al trabajo. Finalmente revive la muerte de su hermana, el último afecto que le quedaba. Cada uno de esos eventos dolorosos supuso el encierro en sí mismo y la dureza que Scrooge manifiesta ante los demás.

La Navidad Presente le hace darse cuenta de que Cratchit tiene un hijo, a quien llaman Tiny Tim, quien es cojo y enfermizo. El bajo salario que le paga Scrooge no es suficiente para cuidar mejor de él. La Navidad Futura le muestra la alegría, la indiferencia y el pronto olvido que causará su muerte, debido a su mezquindad y dureza de corazón.
Esa noche de visitas fantasmales impacta a Scrooge de tal manera que al día siguiente cambia de forma radical. Ayuda a Tiny Tim, el hijo de Cratchit, y celebra de nuevo una Navidad, ante el asombro y la sorpresa de quienes conocieron su amargura.

“Cuento de Navidad” es la historia de la redención de un villano. De un milagro que solamente la potencia del espíritu navideño podría consumar. El escritor inglés Charles Dickens la escribió en el transcurso de 6 semanas (entre octubre y diciembre de 1843), por varios motivos. Por un lado, quería apoyar la renovación de la celebración y tradiciones navideñas inglesas que habían caído en desuso. Dickens además era crítico del capitalismo y la industrialización. Darle a todo un valor económico había desvalorado valores como la generosidad, dando importancia a quien acumula mayor cantidad de bienes y menospreciando a quien tiene menos.

Apoyar la renovación de las tradiciones navideñas implicaba también una crítica al consumismo que el capitalismo promovía. La compra de regalos suponía una transacción económica donde predominaba el factor dinero y donde lo emocional (el nivel de importancia afectiva que tenía el receptor del regalo) determinaba el valor en metálico que se estaba dispuesto a pagar por dicho objeto.

Dickens, que por su propia infancia de niño trabajador conocía a profundidad las miserias y carencias de la clase obrera, quiso que aquella nueva narración pudiera ser leída ese mismo fin de año por todos sus lectores. Para lograrlo, debía imprimirse en forma de libro, y debería tener un precio razonable para que personas de diferentes capacidades económicas pudieran comprarlo.

En ese momento, Dickens tenía 31 años y atravesaba problemas monetarios. Pensó que, invirtiendo parte de su propio dinero para realizar la impresión de acuerdo con sus especificaciones, las ventas le permitirían recibir alguna ganancia que aliviara su situación. Trabajó la primera edición con la editorial Chapman & Hall y el libro salió publicado el 19 de diciembre de 1843, luego de descartar una primera impresión cuyo color de portada y otros detalles no dejaron satisfecho a Dickens.

La edición de 6,000 ejemplares se agotó en los cinco días siguientes de salir a la venta. Pero cuando el escritor se sentó a hacer cuentas con la editorial, al ser deducidos todos los gastos de la edición fallida y los materiales invertidos, recibió solamente 137 libras. Dickens esperaba hacer una ganancia de 1,000 libras para compensar su inversión y resolver sus asuntos. Al año siguiente se haría una nueva edición que también se agotó. Pero incluso con la venta de esa nueva edición, Dickens no logró recibir más de 726 libras.

La historia de Ebenezer Scrooge no salvó a Charles Dickens de sus problemas financieros, pero alcanzó esa ambición secreta de los escritores de que alguna de sus historias trascienda las páginas del libro e incluso, su propio tiempo. Son numerosas las representaciones teatrales, obras musicales, dibujos animados y películas que se han realizado basados en esta historia. En algunos países, la palabra “scrooge” sirve para definir a una persona que no le gustan las fiestas de fin de año y a la que le fastidian todos los ritos y costumbres que la época impone.

Por desgracia, la percepción que tenía Dickens de su tiempo, quien pensaba que el capitalismo y la revolución industrial habían mercantilizado todo y que los valores humanos estaban relegados a la invisibilidad, pervive hasta el día de hoy. Persisten la desigualdad económica y los corazones endurecidos que no se conmueven ante el dolor ajeno. Corazones tan duros que ni la visita de algunos fantasmas ni la lectura de esta u otras historias, podría ablandarlos.

A pesar de ello, seguimos soñando con que algún día, pronto, algo cambie. Es la esperanza implícita que trae cada cambio de año.

¡Ah! Si todo fuera tan fácil como en los cuentos de Navidad…

El sueño de detener al tren del progreso

El progreso es un tren ultrarrápido que avanza sin fin, siempre en línea recta, sin detenerse, sin equilibrar nada. Corre con una obsesión infinita por acumular, por crecer, por consumir, por innovar, por hacer. Su deseo, desenfrenado, se enfoca en el tener cosas, descuidando en esa carrera lo humano y despreciando a la naturaleza.

Tuve un sueño en el que los maquinistas que dirigían ese tren ultramoderno, siempre vivo y atareado, decidían frenar por unos segundos. Durante ese breve tiempo, modificaban los techos de hierro que los mantenían aislados y los cambiaban por ventanas transparentes que abrían y cerraban a su antojo. El resultado era agridulce. Por un lado se sorprendían frente a los verdes y azules intensos del cielo y la naturaleza; y por otro, observaban la destrucción y el abandono a su alrededor. Niños sin salud ni educación, casas de lámina sin agua, espacios polvosos y grises.

Mundos paralelos rodeaban al tren del progreso. Algunos, salvajes en los que la naturaleza había tomado control de edificios y ciudades abandonadas, y se observaba poca vida humana; otros, donde solo se percibían espacios cubiertos por cemento y hierro, edificaciones que mostraban el intento por atraer al tren y que habían causado tal daño, que flores y aves se habían retirado por completo al no encontrar espacio, agua ni aire para vivir.

Los maquinistas se mostraban sorprendidos y se cuestionaban entre ellos cómo había podido suceder tanta destrucción alrededor de su tren sin que se hubieran percatado. Otros se preguntaban cómo nunca se habían detenido a ofrecer ayuda a quienes se habían quedado en esos espacios, o a cuidar que la naturaleza jamás se retirara por completo.

Entendían perfectamente que la humanidad estaba íntimamente vinculada a la vida del planeta. Lo habían leído o escuchado de alguno de sus referentes o en informes a los que eran asiduos, pero que habían ignorado por estar concentrados en el avance sin fin del progreso. Nunca pensaron en detenerse y observar lo que sucedía a las sociedades y a los individuos que habían quedado fuera del sistema. Siempre habían creído que, de alguna manera, las personas sobrevivirían y se incorporarían en algún momento a su tren.

En esos breves segundos se daban cuenta de que esos humanos que estaban fuera jamás lograrían alcanzarlos sin ayuda de los maquinistas que podían desacelerar y facilitar la incorporación de otras personas. Descubrían que el tren y la naturaleza permanecían en una constante guerra, un conflicto en el que algunas veces la máquina del progreso lograba dominar y otras en que la naturaleza salía victoriosa destruyendo con furia sus vidas y sus creaciones.

Desperté asustada porque, en el sueño no visualicé ningún punto de encuentro. Mi deseo es que los maquinistas se den cuenta de que el progreso no valdrá la pena sin el equilibrio y la armonía entre la vida humana y el mundo natural, sin que se ofrezca a todos las mismas oportunidades para que avancen y tengan la opción de subirse al tren o de dirigirse en dirección contraria, si así lo deciden. Mi aspiración es que aprendamos a desacelerar y a explorar nuevas formas de progreso en el que todos quepamos, y en el que todos tengamos opciones para avanzar a diferentes velocidades. Algunas veces será más rápido, por alcanzar un sueño, y otras más despacio, para cuidar de quienes no han tenido las condiciones necesarias para avanzar o simplemente para disfrutar del fresco de una mañana y el aroma de una flor.

¿En qué terminó?

Ahora que estamos cerrando 2018, creo que vale la pena hacer un símil acerca de cómo vamos cerrando los temas o proyectos relevantes en nuestro país.

Durante 2018 se desató una crisis ambiental de amplias magnitudes en una localidad costera chilena. Quintero, el lugar afectado, es una zona industrial con decenas de empresas que operan desde hace años en diferentes rubros. Los episodios de contaminación afectaron a cientos de personas, en su mayoría niños, que repletaron los centros asistenciales con síntomas como vómitos, mareos, fuertes dolores de cabeza y desmayos.

Las empresas aseguran estar operando de acuerdo con los límites legales. Los entes fiscalizadores continúan realizando investigaciones, pero aún no hay una respuesta clara. Los episodios críticos se detuvieron y esto logró que los que estábamos siguiendo la noticia dejáramos un poco de lado el drama de Quintero. Sin embargo, estoy segura de que cuando los resultados de las investigaciones salgan a la luz, los responsables serán –por lo menos– llevados ante la ley, debido a todo el escrutinio social y político que el caso ha generado.

Traigo este caso a colación y lo vinculo a la realidad de nuestro país porque es un caso inconcluso. El responsable aún no ha sido descubierto, pero se están realizando los procedimientos respectivos para que el problema no se vuelva a repetir.

¿Cuántos casos inconclusos existen en nuestro país? No digo solo en términos de contaminación, sino en tantos otros aspectos relevantes: proyectos en educación, en salud, en seguridad, en medio ambiente, en vivienda, etc. Y de los cuales, además, desconocemos, porque no han tenido la cobertura mediática para hacerlos de conocimiento público.

La prensa juega un papel muy relevante a la hora de difundir o darle pantalla a algunos temas sobre otros. Así como, también, es tomadora de decisión a la hora de dar o quitar tribuna a las historias, al margen de su final. ¿Cuántas noticias se han quedado a medio camino porque aparece una historia nueva?

Al final del día, esto es un reflejo de la era de la información. Una era que nos obliga a vivir bombardeados por noticias que van perdiendo relevancia, porque surge otra más novedosa. Y, finalmente, el seguimiento a los temas se diluye, dándonos solo pinceladas de lo que ocurre, pero sin profundizar en el contenido.

La reflexión es, entonces, que aprendamos a ser un país que le da seguimiento a sus temas más prioritarios. La invitación es a que no nos dejemos llevar por la ola informativa; para que no se convierta en una avalancha de titulares sin profundidad ni seguimiento. Y, también, a que no perdamos de vista lo importante por lo urgente.

Marshall McLuhan sostenía que tener un punto de vista sería imposible en nuestra era: “Un punto de vista significa una posición estática y fija, no se puede tener una posición estática fija en la era electrónica. Es imposible tener un punto de vista en la era electrónica y además significado: hay que estar en todos lados al mismo tiempo –ya sea que te guste o no–. Hay que estar participando en todo lo que sucede, al mismo tiempo. Y ese no es un punto de vista”.

Hará la diferencia aquel líder que esté participando en todo lo que sucede, sin perder de vista lo importante y cerrando, exitosamente, sus proyectos.

Carta Editorial

Cerramos el año con énfasis en una prioridad: las niñas. De la educación de ellas depende el desarrollo de una región. Durante el año elaboramos varios reportajes que buscaron poner sobre la mesa las circunstancias en las que sobreviven en un país que insiste en desarmar su integridad. La que presentamos en esta, la última edición del año, es una reedición de esos reportajes que describen con sensibilidad y atención al detalle cómo es ser niña aquí.

Primero, falta educación. Al no tener acceso a conocimientos básicos las niñas se convierten en presas del abuso. Se les cierran en la cara las oportunidades de mejorar su calidad de vida. El círculo vicioso se completa cuando aparece el embarazo precoz. Se ven, entonces, ante la necesidad de cuidar la vida de otro ser humano cuando no se les han dado las herramientas para cuidar la de ellas mismas.

Si como país fracasamos en darles educación, la respuesta que hallamos cuando delinquen es criminalizarlas sin preguntar por qué o cómo llegaron a colocarse en una situación así. Hay niñas que han conocido más la cárcel que la escuela y eso nos describe bien como una sociedad injusta y desigual. El segundo reportaje nos lleva a ese momento revelador en el que se les coloca en las manos un instrumento musical. El resultado es una canción que suena a esperanza.

Y el tercero es un grito. Es el ya basta que traemos atorado en la garganta desde hace rato y que va saliendo hoy, cuando hemos logrado construir el entorno básico para hacerlo. Acciones como la marcha de las ausentes no van a detener de facto los feminicidios, eso es imposible. Pero va a seguir colocando ladrillos para tener una sociedad más equitativa. Llenar las calles va a seguir salvado vivas, porque sirve para decirles a quienes están encerradas que no están solas, que cada vez son más las personas que se han educado para no culpar a la víctima y, lejos de eso, escucharla y acompañarla. A los sistemas que favorecen la impunidad se les cambia así, una niña a la vez.

«La vida es frágil en general y mucho más en este Triángulo Norte»

​​​​​​​¿Cómo te interesaste por la fotografía documental?

Cuando empecé a trabajar con una revista parte de las asignaciones era viajar por Honduras y conocer los sitios. Esa fue la oportunidad de mirar Honduras como no la conocía y ver otros contextos muy distintos a los míos y los momentos tan fuertes que les toca vivir a otros compatriotas.

¿Dónde y cuándo sos feliz?

Viajando y tomando fotografías, pero también soy muy feliz con la gente que quiero alrededor o mirando una buena película.

¿Qué le hace falta a Centroamérica?

Sobre todo le hace falta paz e imaginar con mayor gracia y atino un futuro que no sea como el que estamos recorriendo ahora, que está lleno de todo, menos de paz.

¿Qué soñás?

Sueño con un Triángulo Norte con otra realidad, ese me parece un sueño recurrente de mis últimos dos años.

¿Qué te emociona más de tu profesión?

Las intersecciones de la imagen con otro tipo de disciplinas o enfoques. Es un concepto que se llama fotografía extendida que tiene que ver con repensar el concepto de qué es una imagen y repensar las interacciones de las imágenes.

¿A qué artistas admirás?

Susan Meiselas, una fotógrafa que cubrió el inicio del conflicto armado en Nicaragua y El Salvador. La otra fotógrafa es Nina Berman: me parece que ella borra los límites entre la fotografía documental y artística.

¿Qué es lo que más valorás actualmente de tu vida?

La vida es frágil en general y mucho más en este Triángulo Norte. Valoro los destellos de luz que pasan por la ventana, la singularidad de los países en los que vivimos, y sobre todo, los pequeños momentos de paz que a gran escala nos han sido negados, pero que pueden ser encontrados en lo más individual y doméstico.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (213)

1742. LLEGÓ LA MEDIANOCHE

Se hallaba internado porque los médicos que le atendían habían dispuesto, luego de los exámenes y las tomografías correspondientes, extirparle de urgencia el tumor maligno que tenía en el cerebro. Llegó el día de la operación y todo estaba listo para entrar en el quirófano, pero en el último minuto uno de los médicos jóvenes llegó de prisa para anunciar que el procedimiento no sería necesario porque la prueba final había mostrado que el tumor ya no existía. En ese justo minuto se oyó la campana que anunciaba la medianoche. Los médicos se miraron sin entender. Uno de ellos se animó a decir: “Pues aquí lo único que puede haber es un milagro”. Otro redarguyó: “Según lo que sé, este hombre es un malviviente con algunos recursos. ¿Quién habrá pedido el milagro?” Y en ese instante sonó una ráfaga de viento, como si la medianoche quisiera responder.

1743. AÑO VIEJO, RECUÉRDANOS

Salimos a caminar por los entornos arbolados para que aquella sensación de vivir entre la naturaleza pese a residir en una zona profusamente urbanizada se nos mantuviera siempre viva. Como todos los años en aquel día en que el calendario multiplica sus pálpitos, nosotros, que somos una pareja que comparte desde adentro sus más sensibles emociones, estábamos listos para hacer el ruego usual. Pero ahora algo nos movía a buscar el lugar más propicio para ello. Pasamos frente al atrio de la iglesia a la que concurrimos los domingos y pasamos de largo. Seguimos avanzando hasta llegar a aquel predio baldío, abandonado desde siempre. Ahí nos detuvimos, y de pie alzamos los rostros hacia arriba. “Estrella, síguenos acompañando, para que el Año Viejo no nos olvide”. Después volvimos a la casa, donde la cena ya estaba lista.

1744. MADRUGADA EN CÍRCULO

La caravana de migrantes indocumentados que apuntaba hacia el Norte estaba ya por partir. Circulaban dudas y menudeaban advertencias, pero la decisión era una: llegar a destino para empezar a construir destino. La corriente humana se activó, como si una señal superior hubiera surgido; y en efecto, la claridad del día iba haciéndose presente con impulsos ansiosos. Nadie podía saber cuántas jornadas estaban por delante, y de seguro era mejor no saberlo. Las hojas del calendario empezaron a pasar con mucha más rapidez que la habitual. Y de pronto, los integrantes de la caravana vieron al fondo una elevada reja que rodeaba todo el horizonte. No se detuvieron, más bien avanzaron con mayor impulso. Y cuando estaban enfrente sonó un redoble de campana y la reja se disolvió como por encanto. La madrugada incipiente daba las órdenes…

1745. LA DOBLE MISIÓN

El grupo que transitaba por aquel camino polvoriento iba alejándose, luego de haber rodeado por algunas horas el establo perdido entre las brumas inmóviles y los claros por donde asomaban las estrellas. Habían cumplido la misión inicial, alrededor de aquel pesebre, con un recién nacido en su lecho de paja y un grupo de pastores acompañados por sus ovejas. Los presentes estaban entregados. Sólo quedaba la ruta por delante. Y en un momento inesperado, mientras ellos avanzaban, todo en los  entornos empezó a desvanecerse, para darle paso a una nueva iluminación. Sí, allá en el valladar rocoso del horizonte iba asomando la presencia solar. Los tres miembros del grupo detuvieron sus cabalgaduras y pensaron al unísono: “Hemos sido testigos de dos nacimientos: el de la luz celestial y el de la luz solar. El oro, la mirra y el incienso seguirán vivos para siempre”.

1746. INVITADO OLVIDADIZO

Cuando empezó a car la noche se oyeron por todos los rumbos las explosiones de los petardos propios del día y la hora. Pero en aquella oportunidad dichos retumbos tenían resonancias de un festejo supremo. Entonces empezó a circular un rumor: “El señor mayor está por llegar en su carroza de caballos voladores…” Pasaron unas cuantas horas y ya la medianoche se hallaba a las puertas. El rumor se volvió a oír: “El señor de seguro está ya en la entrada… de la mano del alba por venir” Pero cuando sonó la campanada del inicio del nuevo día se abrió la puerta como todos los años, sin nada novedoso. Los espectadores aglomerados se quedaron estupefactos: “Y el Milenio, que es el señor mayor, ¿dónde está?” El rumor se convirtió en murmullo irónico: “Ah, es que ustedes no lo conocen. Es un señor que quizás está empezando a padecer Mal de Alzheimer…”

1747. MILAGRO DE ARBOLEDA

La cabaña ubicada entre los árboles sólo tenía un ventanuco, que permanecía cerrado, y por eso el habitante único describía el lugar como “mi sepulcro anticipado”. No era un calificativo siniestro, porque cada vez que pensaba en ello se ponía a imaginar cuál sería la fórmula para hacer que aquella imagen pudiera llegar a ser verdad. Hasta que un día de tantos hubo una borrasca invernal en tiempo que no era de invierno, y todo lo que ahí había quedó con estragos evidentes; bueno, casi todo, porque la cabaña escondida permanecía intacta, como si una fuerza superior la hubiera cubierto con su manto protector. Cuando el habitante, que había dormido a profundidad toda la noche, se dio cuenta de lo ocurrido tuvo un rapto de reconocimiento subliminal. Se arrodilló, besó la tierra, y dijo en voz alta: “Gracias, sepulcro anhelado, por avisarme que serás mi refugio más fiel”.

1748. ANTES DE LLEGAR AL PUENTE

La experiencia existencial de cada quien es, en el curso de la vida, una colección de imágenes que parecen brotadas de las manos de diversos artistas, algunos muy experimentados y otros inmaduros. Las imágenes que pertenecen al inicio de la vida son, como es natural, las más entrañables, sea que recojan testimonios inspiradores o que reflejen vivencias lacerantes. Las dos primeras imágenes guardadas en la memoria de aquel hombre que parecía ajeno a toda aventura imaginaria eran un puente de madera sobre un pequeño río y los rieles de una vía férrea detenida en el tiempo. Las guardaba como un tesoro secreto. Nunca trató de desentrañarlas. Hasta que una vez un psíquico a quien conoció por casualidad le dijo sin que él le preguntara nada: “Vas a cruzar un río sagrado antes de encontrar la estación por donde pasa el tren de tu destino”.

1749. DON TOÑO Y SU GUITARRA

Algunas noches de cielo despejado se escuchaba en la vecindad inmediata un hábil guitarreo unido a una voz de tenor entusiasta. Boleros y tangos de otras épocas eran lo esperable siempre, pero en aquel atardecer de atmósfera transparente se estaban colando melodías desconocidas. El espectador invisible se animó a acercarse al sitio donde don Toño, el jefe de la estación del ferrocarril de Oriente, revivía su concierto espontáneo sin auditorio. Llegó hasta la puerta de la oficina del jefe. Todo en ruinas, salvo la voz y la guitarra, que son eternas.

Niñas de pandillas enemigas se juntan en una canción

Talento

Andrea tiene 24 años, es bachiller, toca el violín, forma parte de un grupo de coreografías y quiere estudiar Diseño Gráfico. Pero quienes la ven entrar a este salón solo pueden notar algo en ella: en la mano tiene tatuajes que la relacionan con la pandilla Barrio 18.

Ella es parte de una docena de adolescentes que a las 2 de la tarde entra cargando violines, violas y cellos a este evento en la colonia Escalón. Las adolescentes, vestidas con jeans y camiseta blanca, han sido invitadas a tocar unas canciones. Las han traído en microbuses desde el Centro de Inserción Social Femenino, donde guardan prisión. A diferencia de ellas, los maestros que se graduarán de un curso de “Educación y democracia” han venido vestidos de gala al Instituto Nacional de Formación Docente.

Al grupo de muchachas lo acompaña la directora del centro junto a una orientadora y personal del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (ISNA). Ninguno muestra un arma visible, pero llevan, cruzada sobre el pecho, una pequeña bolsa, listos para cualquier eventualidad que perturbe la convivencia que se ha logrado entre las jóvenes.

Andrea es alta, tiene la piel y ojos claros. Cuando tenía 17 años llegó al centro por una condena de secuestro. No fue capturada sola, también su novio de la adolescencia fue enviado a prisión. Ella terminó hace dos años su educación media y se está formando en cuánto taller puede. A pesar de estar ocupada, los seis años y 10 meses que lleva presa no han pasado pronto. Este día ha salido, como el resto de sus compañeras, con el permiso de un juez a realizar una presentación de lo aprendido en sus clases de música.

El centro en el que ha pasado los últimos años se divide en dos sectores para mantener el orden y la paz entre muchachas con afinidad a la Mara Salvatrucha y al Barrio 18. Las rencillas entre las dos pandillas principales de El Salvador provocan homicidios a diario. Para un buen sector de la población, las pandillas marcan fronteras sociales y geográficas que no deben ser cruzadas.

En febrero de este año, un joven fue estrangulado por pandilleros en Ciudad Delgado porque vivía en un sector donde operaba otra pandilla. Y en junio, un joven zapatero fue asesinado en Panchimalco por el mismo motivo. Ese caso es uno de los 10 homicidios diarios que se promediaron hace un mes. El mensaje es claro. Dentro de las pandillas –y sus comunidades– es prohibido relacionarse con miembros de otras estructuras.

Las jóvenes colocan sus instrumentos detrás del escenario y entran a un salón para almorzar. La escena no es fraternal, pero llama la atención. Las internas toman asiento alrededor de la misma mesa y se reparten entre ellas la comida que les han brindado. Luego, almuerzan juntas.

El grupo parece una orquesta de colegio; solo el dispositivo de seguridad que se ha armado en el edificio demuestra que no lo es. Divididos entre las gradas del local, el parqueo y la entrada hay custodios de Centros Penales con la cara tapada y armas largas sobre el pecho dispuestos a evitar que las intérpretes de hoy escapen.

 

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¿QUIÉNES LLEGAN A ESTE CENTRO?
El proyecto de formación musical ha sido gestionado por la Asociación Tiempos Nuevos Teatro (TNT). La asociación ha tenido que sortear varios retos para que las clases que se brindan tengan fruto. Por ejemplo, “el ISNA no quería que las jóvenes tuvieran los instrumentos en los cuartos”, sostiene el encargado del programa artístico, Julio Monge.

Los maestros de música llegan al centro solo una vez a la semana. Y, como las jóvenes están en sus celdas “desde las 5 de la tarde a las 6 de la mañana”, practicar con el instrumento solo media hora no daba mayores resultados, continúa explicando Monge. Por eso, hace más de un año surgió una petición: Solicitaron al ISNA que dejara que cada interna que pertenece a la orquesta tuviera su instrumento entre sus objetos personales. La institución no estaba segura de que eso fuera una buena idea. El riesgo era que algunas partes del instrumento pudieran ser utilizadas para otro fin menos loable que la música.

“El ISNA no quería porque decía que las cuerdas se podía utilizar para armas”, asegura Monge. El programa lleva ya tres años realizándose con distintas aprendices de música. Este grupo específico de la orquesta de cuerdas lleva un semestre practicando, y ya pueden tocar el instrumento dentro de sus dormitorios en sus tiempos libres. Pero cuando una cuerda se rompe, en lugar de botarla en un cesto de basura, es necesario que esta se reporte y se entregue a las autoridades.

Este martes en la colonia Escalón, más y más invitados continúan llegando al evento. Las internas se empiezan a preparar para el concierto que brindarán. La directora del centro, Graciela Bonilla, sostiene que las niñas que están a unos metros de ella “jamás en la vida imaginaron cambiar las armas que utilizaban por un violín, por un cello, por una viola”.

“Les metemos la idea de que el centro no está dividido por pandillas, porque realmente no tengo yo niñas que sean brincadas, como ellas mismas dicen, sino que son niñas que han tenido cierta afinidad, ya sea por sus amigos, por su pareja o por su familia”, sostiene la directora. Sin embargo, las clases de la escuela, de arte y servicios religiosos, sí se hacen por sectores divididos.

“El perfil, en general, de las adolescentes que ingresan al centro es la extrema pobreza, la vulneración de sus derechos, abuso sexual, niñas regaladas, explotación, relaciones inadecuadas entre la familia, familias desintegradas. Generalmente son niñas que se han acompañado a los 13, 14 años y han salido de las casas de sus padres, ya sea por pobreza o porque andan metidas con su pareja en situaciones ilícitas”.

Si una muchacha llega por un delito común –sin vinculación a pandillas– se investiga qué pandilla controla el territorio donde ella vivía, y así se le asigna sector, explica un empleado jurídico del centro.
El ISNA cuenta con cuatro centros para la inserción social de menores que han violado la ley. Estos fueron pensados como un lugar donde se le brinde orientación a los jóvenes para redireccionar sus vidas. Pero no siempre funcionan así. El año pasado se conoció de al menos tres homicidios que ocurrieron en el penal de menores de Tonacatepeque, exclusivo para adolescentes y hombres jóvenes. La participación masculina en delitos es mayor. Por ello, tres centros de inserción social están destinados para niños y jóvenes y solo uno para menores infractoras.

La mayoría de las privadas de libertad se encuentra en esa situación por el delito de extorsión o por encontrarse vinculada a estos grupos delictivos. Pero además de haber sido condenadas en un proceso penal, de acuerdo con Graciela Bonilla, la mayoría comparte el mismo perfil socioeconómico:
“El perfil, en general, de las adolescentes que ingresan al centro es la extrema pobreza, la vulneración de sus derechos, abuso sexual, niñas regaladas, explotación, relaciones inadecuadas entre la familia, familias desintegradas. Generalmente son niñas que se han acompañado a los 13, 14 años y han salido de las casas de sus padres, ya sea por pobreza o porque andan metidas con su pareja en situaciones ilícitas”, asegura la directora.

La psicóloga del centro, Gabriela Blanco, sostiene que a través de su trabajo ha podido reconocer esos mismos patrones de vida. Además, “vienen aquí con baja escolaridad porque, aunque el Gobierno les dé para los uniformes, ellas son las que ayudan en sus casas. No son delincuentes, son señoritas a las que les hizo falta orientación”, sostiene la psicóloga.

Conforme la tarde avanza, la hora de interpretar las canciones se acerca. Al verlas, seguras como se muestran en público, es imposible sospechar que están nerviosas. Lucen concentradas. Algunas han encontrado en esto una nueva pasión. Al menos tres de ellas han expresado a sus maestros que sueñan con salir y convertirse en músicos profesionales para poder entrar a la Orquesta Sinfónica Nacional.

Con permiso de juez. Para salir del centro, las jóvenes solicitan un permiso a tribunales y, de acuerdo con su comportamiento como interna, se niega o aprueba el permiso de salida a presentaciones.

Sin embargo, para cuando ellas recuperan la libertad no hay programa gubernamental que se encargue de darle seguimiento a su aprendizaje. En las academias salvadoreñas las clases de violín personalizadas pueden costar hasta $50 cada una, según el prestigio del maestro. Y el reto no es solo conseguir el dinero para la clase, sino conseguir el instrumento. En las tiendas, un violín puede tener un costo desde $50 a $200.

Conociendo de primera mano las carencias de estas muchachas, TNT se ha propuesto darle seguimiento a las que se muestren interesadas en seguir estudiando música y una carrera profesional. Por ejemplo, se enorgullecen en decir que tienen becadas a tres jóvenes en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. La directora del centro de inserción confirma que son las organizaciones no estatales las que se están preocupando por la reinserción, una vez ellas quedan libres.

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EL PUNTO MUSICAL
La graduación de maestros avanza. Se leen decenas y decenas de nombres y los aplausos van perdiendo fuerza conforme la lista de graduados continúa. Son las 2:30 de la tarde y el aire acondicionado del lugar parece no dar abasto para toda la gente que se ha reunido acá en esta tarde de julio. Entre el calor y formalidad, las jóvenes toman asiento y se preparan para tocar su instrumento.

Julio Monge, el encargado del proyecto, se encuentra viendo a la orquesta. Se le ve emocionado. “La valoración no es tanto qué tan bien tocan, aunque hay algunas que sí sueñan con ser intérpretes, pero no es ese el objetivo. Son muchachas que llevan meses acercándose al instrumento y son jóvenes de todas las afinidades pandilleriles que tocan una sola música. Hombro con hombro. Eso queremos extrapolarlo a la sociedad salvadoreña”, dice Monge. Luego reconoce, a pesar del orgullo, que lo que han logrado acá es muy pequeño comparado con los problemas de El Salvador.

Antes de que la orquesta de cuerdas empiece a tocar, los maestros, ataviados con sus sacos y vestidos de gala, miran a las internas con distancia y de reojo. Andrea, la muchacha alta y de ojos claros, se sienta al centro de la orquesta. Pone el violín sobre su hombro y levanta la quijada con solemnidad. Pronto, la música comienza a sonar. Lee la partitura y ni el calor sofocante la desconcentra.

Disciplina. La idea es que a través de una práctica artística, las adolescentes se enfoquen en perfeccionarla y aprendan valores como la disciplina, perseverancia y respeto a jerarquías.

Después de meses practicando, la orquesta interpreta en público la primera pieza de la tarde: una canción infantil llamada “Estrellita”. Esta es la primera canción que, generalmente, se aprende en violín con el método Suzuki. El creador de este método sostuvo que el talento musical no se hereda, sino que se aprende y se desarrolla. En este contexto de reinserción social, una de las frases más famosas de Suzuki cobra un valor especial: “La enseñanza de música no es mi propósito principal. Deseo formar a buenos ciudadanos, seres humanos nobles”.

Luego, la orquesta interpreta el “Himno a la alegría”, la canción de la película “Titanic”, una pieza pop y, en quinto lugar, la canción “Imagine”, de John Lennon. Durante la intervención, una de las muchachas que tocan el violín se pone de pie y toca como solista. La orquesta la acompaña.
Ella es Patricia y tiene 20 años, es morena y muy delgada. No lleva maquillaje en la cara y es la única que no está vestida de blanco. Estuvo dos años y medio privada de libertad y condenada por extorsión. Actualmente ha vuelto a vivir con su familia. Dice que nunca fue pandillera, pero acepta que sí era cercana al grupo pandilleril dentro de su comunidad.

“Toda la vida fui marginada en la casa. Mi refugio fue afuera”, confiesa. Cuenta que cuando perdió la libertad, en un principio, no pudo extrañar su casa ni su familia, porque nunca sintió su protección antes: “Cuando eso no se tiene, a veces no importa estar en el centro”. Sigue practicando el violín en la oficina de TNT, en San Salvador, a pesar de ya haber salido del centro. Quiere ser música o psicóloga, por eso se encuentra estudiando segundo año de bachillerato y trabajando.

“Al final es una sensibilización mutua. A ellas estamos abriéndoles los ojos a la cultura, al arte. Y por otra parte también nosotros nos estamos quitando fantasmas de la cabeza”, dice Sonia Megías, una compositora española que acompaña este proyecto durante las temporadas que permanece en El Salvador.

La destreza musical de Patricia, comparada con la de sus compañeras de orquesta, es más avanzada. Y si minutos antes las personas dentro del público se mostraban distantes a la presencia de estas intérpretes, eso ya ha cambiado. Patricia termina de tocar y se escuchan gritos. “¡Bravo!” le dice un hombre en primera fila y su voz hace eco entre otros maestros que repiten lo mismo y se ponen de pie. El concierto aún no ha terminado, pero el aplauso que reciben es tan largo que da tiempo para que el resto de la orquesta se levante y también reciba la congratulación de un público que terminó de aceptarlas en el evento.

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LA VIDA EN EL CENTRO
A 13 kilómetros de este lugar, en el Centro de Inserción Social de Ilopango, está el resto de privadas de libertad bajo el cuidado del ISNA. Los lugares comunes del centro, como los salones de clase y talleres, lucen como cualquier otra escuela del interior del país. En uno de esos pequeños salones, con dos ventiladores y rejas en lugar de vidrios para las ventanas, está Fernanda y su bebé, que cumplirá un año dentro de una semana.

La joven ensaya una coreografía que presentará junto a sus otras 10 compañeras en septiembre. Ese espectáculo será la muestra final del curso de artes escénicas que imparte una vez a la semana TNT. Su hijo camina en una andadera entre las bailarinas de la última fila. La escena es, a veces, contradictoria: tierna y triste. Llegó al centro cuando era menor de edad y tenía el embarazo avanzado. Su bebé no ha conocido otra vida que no sea dentro de estas paredes.

La instructora de danza le permite salir del ensayo un rato para platicar en el patio. Debajo de un árbol y bajo la vigilancia del personal del centro, Fernanda apenas cuenta su historia. Dice que está condenada por extorsión, pero ella, a diferencia de otras compañeras del centro, asegura que no cometió el delito. Habla con timidez y frases cortas. No recibe visitas, su familia también está en prisión. Después de más de un año, no tiene idea de qué le espera para cuando recupere la libertad, “pero lo que sí sé es que voy a luchar. Y es que por mi hijo soy capaz de hacer hasta lo que no hice antes”, dice.

Después vuelve a la clase y ensaya una canción de rock and roll. Como parte de la coreografía, carga a una de sus compañeras. A los pocos segundos, la compañera se convierte en una especie de guitarra sobre la que Fernanda toca algunas cuerdas imaginarias. Las internas se ríen.

“Definitivamente ellas han tomado decisiones incorrectas”, dice Sheila Reyes, la instructora de danza dentro del centro. Llega una vez a la semana y divide su tarde y mañana entre los talleres del sector. A diferencia de la orquesta, en danza aún no han podido integrar a los dos grupos. La confianza y el contacto cuerpo a cuerpo son fundamentales para bailar y hacer cargadas.

Sheila es un huracán de energía. Llega al salón y hace el silencio entre la plática de las internas. Da indicaciones y le obedecen. La instructora afirma que la matrícula inicial a este taller fue de 35 personas, pero ese número se ha reducido. La idea es que, a través del baile, aprendan a seguir órdenes, a ser disciplinadas, a seguir un ritmo, a respetar el espacio y tiempo del otro.

“Toda la vida fui marginada en la casa. Mi refugio fue afuera”, confiesa Patricia. Luego cuenta que cuando perdió la libertad, en un principio, no pudo extrañar su casa ni su familia, porque nunca sintió su protección antes: “Cuando eso no se tiene, a veces no importa estar en el centro”.

Al inicio puede sonar descabellado que tantas cosas puedan aprenderse mientras memorizan coreografías, pero conforme el ensayo avanza, la instructora se pone seria y prueba su punto. Las jóvenes repiten canciones, llevan las cuentas y Sheila, como si se tratase de una inspección rigurosa, se acurruca, coloca los codos sobre sus propias rodillas y entrelaza las manos frente a su cara. Observa con detalle los pies de las internas. Así se da cuenta de quién duda sobre el siguiente paso que hay que dar y de quién va tarde en la cuenta. Sheila no es nada tímida al señalar qué están haciendo mal para que lo corrijan.

“Lo que uno trata de inculcarles es disciplina y perseverancia. Lo que se llevan es el respeto a una jerarquía”, indica Sheila. Después del mediodía inicia la clase con el sector 1 del centro. Aquí llevan más meses entrenando y tienen tanta energía como la instructora al bailar. Entre ellas está Andrea, la joven de 24 años que toca el violín.

Está en la primera fila de la coreografía. Baila las canciones sin equivocarse en ningún paso. Y, si en el concierto era la imagen de la elegancia y la solemnidad, aquí baila ritmos urbanos donde mueve la cadera sin parar.

“Lo que quisiera, pero quizá nunca va a pasar –dice Andrea durante un receso– es que la gente comprenda que andar en la calle tiene consecuencias y uno entiende hasta que ya está aquí. Y desde que uno cae, este es otro mundo”. Ella acepta que, de haber seguir por el camino que iba, no sería bachiller. Ahora quiere ser profesional. Pero se graduó hace dos años y, desde entonces, no ha podido continuar con su educación.

“A mí lo que me gusta, me encanta, me apasiona es la cosmetología y el Diseño Gráfico. Ya no puedo seguir estancada”, cuenta antes de regresar a la coreografía.

Por sectores. En el centro de inserción hay niñas y jóvenes con afinidad a diferentes pandillas, y la mayoría de las actividades se realizan por separado.

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LA SALIDA ES ESTRECHA
Mientras el concierto en el edificio de la colonia Escalón sigue, cuatro custodios de Centros Penales vigilan la entrada del parqueo. A las 3:30 de la tarde, la orquesta termina su intervención y el público aplaude de nuevo. Luego, guardan sus instrumentos y hacen una fila para salir. Van custodiadas por personal del centro y bajan unas gradas hasta descender a una pequeña puerta que conecta con el parqueo. Ahí hay dos microbuses esperándolas.

La fila que desciende por las escaleras es lenta. Al llegar hasta la puerta se puede ver por qué. Es la vuelta a la realidad. Si hace 5 minutos recibieron felicitaciones, gritos y aplausos, hoy sus manos reciben esposas. El sonido del metal cerrándose en sus muñecas resuena en el cajón de cemento que es el parqueo. La salida de este día ha terminado oficialmente y suben en pareja a los microbuses. Adelante de los vehículos van dos custodios. Uno de ellos lleva el arma sobresaliendo por la ventana.

A unos 3 metros de distancia, Patricia, quien pasó más de dos años interna, observa el proceso: Uno tiene “la emoción de querer salir, pero que cuando llegás a la puerta del centro te pongan las esposas, es algo bien feo. Pero tratás de disimular”, dice con una sonrisa nerviosa.

Mientras este procedimiento ocurre, entra al edificio Carlos Canjura, el ministro de Educación. Su participación estaba prevista en la agenda del evento recién terminado, pero él dice que comunicó que no podría venir por una reunión en Casa Presidencial.

Ni él sabe quiénes son las jóvenes con esposas a unos metros; ni ellas, quién es el señor que ha llegado, en apariencia, tarde. Al ministro se le cuestiona sobre cuáles son las alternativas o programas de educación para las jóvenes privadas de libertad. Durante 2 minutos, él habla de las oportunidades que el ministerio tiene, como la educación a distancia, pero no menciona nada en específico para esta población.

Si, en efecto, las privadas de libertad deciden cambiar su vida con el estudio, no hay ningún proyecto ministerial específicamente diseñado para que ellas estudien, de acuerdo con el titular del MINED. Canjura asegura que se está pensando en la posibilidad de abrir aulas virtuales en los centros del ISNA para que haya más oportunidades de aprendizaje. Pero es solo eso, una idea. No hay nada ejecutado.

*Los nombres de las internas han sido cambiados a petición del ISNA.

Menores infractoras. Quienes se encuentran en el Centro de Inserción Social son menores de edad desde los 14 años. También hay jóvenes de hasta 24 años que ingresaron al centro cuando eran adolescentes.

La marcha de las ausentes

Intervención. Sobre la base del Monumento a la Constitución se colocaron mariposas negras en representación de las mujeres asesinadas.

Larissa tenía 11 años cuando un vecino le tocó los senos que empezaban a asomarse por su pecho. Ella usaba una camisa con un estampado y su vecino, un hombre mayor, se acercó a ella con la excusa de tocar la tela. El hombre terminó manoseándola. Larissa se congeló. No supo qué hacer, pero supo que algo estaba mal. Esa vez aprendió que no estaba segura en su colonia, a metros de su casa.

Más de una década después, una mujer escucha la historia que Larissa cuenta y relata algo que la hizo sentir vulnerable cerca de su casa. Un hombre de la zona intentó meterla a la fuerza a un carro. Por anécdotas así, desde niñas aprendieron a evitar ciertas calles, ciertos vecinos y a apresurar el paso cuando están en la vía pública.

Estas historias se escuchan en el patio de un café de San Salvador. Este lunes 5 de marzo hay 14 mujeres reunidas en un círculo. Hay jóvenes y adultas, empleadas, artistas y universitarias.
“¿Quién nos convoca? Pues nosotras nos autoconvocamos”, dice Montserrat, una activista por los derechos de las mujeres con amplia trayectoria. El grupo se creó cuando en un chat, algunas de ellas plantearon el deseo de realizar una protesta nocturna. Que la actividad sea de noche tiene un motivo. Quieren caminar en la oscuridad para reclamar su derecho a movilizarse y no sentir miedo de que alguien las toque o las intente subir en un carro.

En 2016, la organización Small Arms Survey posicionó a El Salvador como el país más feminicida de América Latina. Y solo en los primeros meses de 2018, una mujer ha sido asesinada cada 19 horas, de acuerdo con las estadísticas oficiales.

“En la conmemoración del 8 de marzo no deberíamos hablar de violencia, sino de las conquistas de los derechos de nosotras, de los avances en salud y educación”, explica Enayda Argueta, investigadora social del Sistema Interactivo de Avisos de Violencia de Género (SIAVG) de la organización Háblame de Respeto. “Lo que pasa es que en nuestro país hemos conquistado unos derechos pero nos siguen matando”, continúa.

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LAS ORGANIZADORAS de este evento llamaron a sus amigas y conocidas y regaron la voz. Las invitaron a vestirse de luto y llevar flores y velas para una concentración en el redondel del Monumento a la Constitución, mejor conocido como La Chulona.

A las 6:50 de la noche del 7 de marzo, ya hay 50 mujeres reunidas en la rotonda. Conforme pasan los minutos, algunas de las organizadoras entregan unas mariposas negras de papel a las asistentes. Las mariposas tienen una cinta adhesiva. Luego se le explica al grupo que en algún momento de la noche esas mariposas simbolizarán a una asesinada.

“A pesar de que sentimos rabia por las mujeres que no están, lo que prima en nosotras es la alegría”, dice Vanessa Pocasangre a las 7 de la noche, antes de iniciar la marcha. Elena Salamanca, historiadora y otra de las planificadoras del evento, habla de la importancia de visibilizar el duelo en el espacio público. Lo de hacer duelo no es exageración. Frente a ella, el colectivo de mujeres transgénero ASPIDH-Arcoíris ha colocado una manta llena de nombres y fotos de sus compañeras trans asesinadas.

Diez minutos después ya hay un centenar de mujeres reunidas en el redondel. Incluso hay niñas vestidas con el uniforme del colegio. De pronto, comienza una música suave y una bailarina vestida de blanco realiza una danza. Se tira al suelo e intenta levantarse con movimientos cortados. En el piso también yace inmóvil otra mujer de vestido azul. Algunas poses se asemejan a una escena de homicidio: la mujer quieta, boca abajo, en medio de la gente. La mayoría de mujeres víctimas de homicidios ocurridos entre enero y octubre del año pasado fueron encontradas en la calle, de acuerdo con información del Sistema Interactivo de Avisos de Violencia de Género (SIAVG).

“Cada muerte nos va a doler. Pero deben hacerse análisis diferenciados de feminicidios y homicidios, porque aunque los feminicidios sean menos, eso no quiere decir que los hombres están siendo asesinados por las mismas razones que las mujeres”.

Performance. La bailarina Paola Lorenzana interpreta una pieza denunciando la violencia contra las mujeres en una marcha nocturna del 7 de marzo.

En medio del público, una actriz vestida de blanco empieza a leer una lista de casi 200 nombres. Esta lista fue un tema de discusión hace dos días. Quienes planificaron la protesta nocturna aseguran que se acercaron al Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) a solicitar una lista con nombres de las asesinadas durante el año pasado. Ellas sostienen que la respuesta que encontraron es que ese instituto no lleva ese registro. Séptimo Sentido consultó al respecto al instituto y, hasta el cierre de la nota, no obtuvo respuesta.

El primer nombre que se lee en esta lista, creada a partir de la revisión de noticias de periódicos, es Katya Miranda. Ella tenía nueve años cuando fue violada y asesinada en un viaje familiar a la playa en 1999. El principal sospechoso, su abuelo, fue absuelto de los cargos. Su caso se convirtió en un símbolo de la impunidad de los delitos contra las niñas. Cuando su nombre se escucha en esta concentración, hay silencio. Hasta que Montserrat grita: “¡Ausente!”.

Así se marca la dinámica de la lectura. Por cada nombre de mujer asesinada, otras 100 responden “¡ausente!”, y la partida se hace palpable. Pasan los minutos, los nombres, las páginas y las lista de asesinadas no parece tener fin.

Sobrecogida por la cantidad de muertas, una joven de 22 años llora mientras sigue gritando por las ausentes. Rápido, se seca las lágrimas y sigue respondiendo a cada nombre. Por cada mujer mencionada, las manifestantes se acercan a la base del Monumento a la Constitución y pegan una mariposa negra sobre la pared. En cuestión de minutos la pared blanca es saturada por mariposas que conforman una gran mancha oscura.

Cuando la lista se termina, las manifestantes recogen del piso una manta que han pitando con tres palabras “Caminamos sin miedo”. Todas se forman detrás de ella y salen a la calle.

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Recorrido. Las mujeres que asistieron a la marcha “Caminamos sin miedo” realizaron un circuito cerrado de 3 kilómetros en el que se leyeron los nombres de decenas de mujeres asesinadas en los últimos años.

CADA 8 DE MARZO se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Este día sirve para conmemorar su lucha por salarios justos y condiciones de trabajo dignas. El año pasado, por primera vez, se realizó el Primer Paro Internacional de Mujeres. Este año se realizó por segunda vez una huelga internacional. Pero no todas pueden hacer huelga para exigir sus derechos.

Este miércoles 7 de marzo también marchan aquellas que no pueden hacerlo de día porque pueden ser amonestadas en sus trabajos. La marcha de ahora está enfocada en mujeres, aunque en El Salvador la gran mayoría de los asesinados son hombres.
En 2017 fueron asesinados 3,954 salvadoreños. Eso mantuvo a El Salvador como el país con la tasa de homicidios más alta de Centroamérica. Las mujeres asesinadas fueron 469. La mayoría de ellas eran jóvenes.

“Cada muerte nos va a doler. Pero deben hacerse análisis diferenciados de feminicidios y homicidios porque aunque los feminicidios sean menos, eso no quiere decir que los hombres están siendo asesinados por las mismas razones que las mujeres”, explica, a través del teléfono, Claudia Interiano, abogada experta en derechos humanos.

Para Interiano, es importante analizar los hechos de violencia desde sus causas: “Las situaciones de riesgo a las que se puede someter una mujer para que acaben con su vida son, por ejemplo, cuando se pone fin a una relación, un divorcio, al denunciar una situación de violencia y abuso sexual. Esas son las razones de riesgo por las que las matan. Y no son esas las razones por las que matan a los hombres”, comenta la experta.

Frecuencia. De acuerdo con las cifras oficiales, durante los dos primeros meses de 2018 una mujer fue asesinada cada 19 horas.

A las 7:40 de la noche, la concentración sale del redondel hacia la calle San Antonio Abad. De inmediato, aparece una patrulla policial. Un agente, tomado por sorpresa, les pregunta el motivo de la marcha. Cuando alguien le responde que es una manifestación contra la violencia, el agente comunica a través de su radio que se encargará de darle seguimiento a la actividad.

Por unos minutos, la manifestación toma la forma de una procesión religiosa y solemne. Algunas llevan velas y flores en sus manos. Con un megáfono, lámpara y listado van leyendo nombres de mujeres ya asesinadas y de manera serena, se sigue respondiendo que están ausentes. Después, la tranquilidad de la marcha se rompe y algunas comienzan a gritar en coro: “No sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”.

En octubre del año pasado, Vilma Pérez fue asesinada así: en la cara de la gente. Vilma salió con sus dos hijos hacia la subdelegación de Apopa para denunciar por maltrato intrafamiliar a su compañero de vida, José Menjívar. Él la mató antes. Le disparó en la calle, frente a sus dos hijos, de cuatro y ocho años. Menjívar huyó del lugar sin que nadie lo detuviera. Sigue prófugo.

Conforme la marcha avanza, más personas se unen a la manifestación. Hacia el final del grupo camina Frida tomada de la mano con su madre. Frida tiene siete años, estudia primer grado y a veces dice que quiere ser veterinaria. Hoy conoció a otra niña de su edad en la marcha y le ha tendido la mano para caminar junto a ella.

Natalia, la madre de Frida, dice que ha traído a su hija a la manifestación para que aprenda a luchar por ella misma, para que sepa que siempre es mejor denunciar las ofensas que guardar silencio.
El grupo llega hasta el redondel El Torogoz e inicia el camino de vuelta hacia el Monumento a la Constitución. Al llegar, quienes cargan flores y velas las colocan al pie de la base de La Chulona. Pronto se forma un altar para las asesinadas.

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8M. Concentración de mujeres en la alameda Roosevelt en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. En la marcha gritaban “Ni una menos, vivas nos queremos”.

IRENE DÍAZ ha descansado poco esta mañana del 8 de marzo. Ella tiene 37 años, es editora audiovisual y tiene una hija de 11 años. En 2017 participó en un proceso de formación para defender y conocer sus derechos. Desde entonces, empezó a platicar con más mujeres y a tener claro que había que defender hasta la memoria de quienes ya no viven.

Así llegó a Ni Una Menos El Salvador, un movimiento de sociedad civil conformado por 14 mujeres que se reúnen los sábados en asambleas y empiezan a discutir temas como el derecho a la tierra, a un salario justo y la seguridad.

Ni Una Menos es un movimiento que surgió en 2015 en Argentina para exigir un alto a los feminicidios. El caso que removió la indignación colectiva fue el asesinato de Chiara Páez, una joven de 14 años golpeada hasta morir por su novio. Tras esa muerte, el movimiento logró concentrar a 300,000 personas. Entre ellas estaba Franchesca Mata, una abogada salvadoreña residente en Buenos Aires. Mata vino al país este año y empezó a convocar a mujeres a través de internet para formar la filial salvadoreña del movimiento.

Ellas no pertenecen a ninguna ONG ni tienen financiamiento de nadie. Tienen diversas profesiones y oficios y se reúnen para hablar sobre sus problemas y los de la sociedad. “Sabemos que somos nada dentro de las organizaciones”, comenta Franchesca Mata. Ella explica que lo que buscan es visibilizar la realidad a través de sus denuncias: “Ante la indignación, la acción. Estamos cansadas y salimos de la red social a conocernos”.

Irene Díaz participó en la marcha nocturna del 7 de marzo, y 12 horas después, en la mañana del Día Internacional de la Mujer, ya se encuentra en otra actividad. Ella y otras siete integrantes de Ni Una Menos El Salvador han llegado ante la Fiscalía General de la República en Santa Elena.

Pretenden colocar una pancarta en la fachada de la FGR. La manta tiene cruces pintadas y la leyenda: “469 mujeres asesinadas en 2017”. En la fachada de este edificio hay una especie de gruta en la que hay un ángel. Después de unos minutos, colocan la manta sobre la gruta.

De inmediato, aparece un policía. En su uniforme lleva el apellido Interiano, y a pesar de que en la acera solo hay mujeres, pregunta:

—Buenos días, ¿quién es el encargado de esto?

El policía les explica lo que deben hacer: “Me van a quitar de ahí la manta y la van a poner en esa pared, al lado de la escalera”. El policía hace referencia a un paredón que sirve de división entre los carriles de la calle frente a la sede fiscal.

La pancarta lleva menos de 5 minutos colocada sobre la gruta. Las integrantes de Ni Una Menos se muestran un poco reticentes. El policía les pide que la muevan, que en el lugar que él les indica, todo se verá “bonito”. Antes de quitar la tela que ellas han pintado, las mujeres le toman fotos. El policía les advierte que la Ley de Seguridad Pública establece que “es prohibido” tomarle fotos al edificio de la Fiscalía.

Hace dos años el actual alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, montó una tarima con un equipo de sonido y movilizó a más de 1,000 personas para protestar contra el fiscal general. La concentración de entonces ocurrió en esta misma calle y frente a este mismo edificio público. En ese entonces, nadie fue desalojado.

Irene Díaz se muestra fastidiada por las indicaciones policiales. Ella dice que lo que buscan es hacer hincapié en que las autoridades estatales también tienen responsabilidad en las muertes de mujeres. El policía se apresura a responderle que sí, que él la comprende porque tiene estadísticas de “270 feminicidios”. Consultado sobre la fuente de su cifra, el policía responde que no está autorizado para dar estadísticas.
Las integrantes de Ni Una Menos obedecen al policía. Horas antes, en la calle San Antonio Abad, el grupo protestó por la desaparición de la agente policial Carla Ayala, quien este domingo cumple 73 días de desaparecida. Un policía la atacó con arma de fuego tras una fiesta navideña y huyó con su cadáver.

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UN PAR DE HORAS MÁS TARDE, EN LA ALAMEDA ROOSEVELT, EN EL PARQUE CUSCATLÁN, MILES DE MUJERES Y HOMBRES SE JUNTAN PARA INICIAR LA MARCHA OFICIAL DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER. EN ESTA PARTICIPAN ORGANIZACIONES FEMINISTAS, DEFENSORAS DEL MEDIO AMBIENTE, MUJERES TRANS, UNIVERSITARIOS, ETC.
Esta marcha es distinta a la de la noche anterior. Es multitudinaria. Hay colores, música, baile y se dirige hacia la plaza Salvador del Mundo.

La marcha no despierta mucha simpatía entre los conductores y las personas que ven su tránsito afectado. Desde un bus de la ruta 30-B, un hombre ve a las asistentes y dice que estas son “viejas gritonas y sin marido”. En una intersección de la alameda Roosevelt, cuatro hombres y una mujer en motocicleta no quieren esperar a que termine de avanzar el flujo de personas. Hacen sonar los motores de sus motocicletas e insinúan avanzar entre las organizaciones. Un grupo de mujeres se coloca, desafiante, frente a ellos. Entonces los motociclistas retroceden en su estrategia para salir del tráfico y piden que, al menos, les dejen espacio para dar la vuelta y regresar por la calle que venían.

La marcha termina al mediodía. La mayoría de personas empieza a buscar una sombra después de estar de pie y bajo el sol por al menos tres horas. Irene Díaz ha realizado dos marchas en menos de 15 horas, pero no se muestra cansada. Va cantando y portando un cartel que dice “Soy la mujer de mi vida”.

“La violencia de género, y en general la dominación de género, limita las oportunidades y condiciona la conducta y las aspiraciones de las personas, en particular de las mujeres. Y, en ese sentido, se constituyen barreras específicas para un grupo social”.

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Estado implicado. En la marcha del 8 de marzo, cientos de personas exigieron que el caso de la policía desaparecida Carla Ayala no quede en la impunidad.

ANA RUTH RAMOS SOBRESALE entre las personas que buscan un espacio de césped para sentarse y descansar en el Salvador del Mundo. Ella es una mujer de 22 años con un hijo de tres y una bebé en brazos. Marchó en el bloque del Foro Nacional de Salud. Ana Ruth lleva un manto de tela blanca en la cabeza para cubrir su cabello. Ella se congrega en una iglesia cristiana y profética. Su hija descansa sobre una manta en la grama y su hijo corretea alrededor de ella.

Ana Ruth dice que quería estudiar y mejorar su vida. Ahora sus sueños están puestos en sus hijos. Como ella es una mujer religiosa, cuenta que a veces la critican por asistir a estos movimientos de mujeres. “Ya me han dicho varias veces que a nosotros que somos cristianos no nos conviene andar aquí, pero yo les digo que no ando haciendo nada malo”.

“La violencia de género, y en general la dominación de género, limita las oportunidades y condiciona la conducta y las aspiraciones de las personas, en particular de las mujeres. Y, en ese sentido, se constituyen barreras específicas para un grupo social”, explica vía telefónica el Dr. Manuel Sánchez, economista y experto en temas de desarrollo humano.

En El Salvador las mujeres tienen menos acceso a educación y salarios justos. Y esta no es una percepción, está probado estadísticamente. Por ejemplo, la tasa de analfabetismo de la población femenina es de 12.5 %, mientras que la de hombres es del 8.8%, de acuerdo con la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC). Además de tener menor escolaridad, las salvadoreñas ganan menos que sus contrapartes masculinas. Un ciudadano que ha estudiado más de 13 años tiene, en promedio, un salario que sobrepasa los $600, mientras que el pago que recibe una mujer con el mismo nivel de educación es de $516.33, según la DIGESTYC.

Ana Ruth no tuvo oportunidad de estudiar. Mientras se come unas pupusas, cuenta que su madre murió cuando ella era pequeña y quedó sola con su padre, quien la maltrató. Por eso, aunque era menor de edad, dejó la casa de su papá para trabajar como niñera en San Salvador.

Cuando cumplió los 18 años se acompañó con un muchacho y dejó de trabajar para empezar a criar hijos propios. Hoy dice que marcha para protestar contra el maltrato: “A nosotras siempre nos faltan al respeto. Hay hombres que se quieren aprovechar de una o los mismos padres la quieren golpear, violar. Yo ya pasé por eso y no quisiera que las demás mujeres pasen lo mismo, porque ya sufrí”.

Al lado izquierdo de Ana Ruth, a solo unos metros de donde su hija duerme, está colocada una tarima desde la cual se saluda a los últimos bloques de hombres y mujeres que llegan al final de la marcha. Por una mañana, una calle de San Salvador fue el escenario para que más de 1,000 mujeres pudieran caminar sin miedo.

El Gran Luigi: música en el país que ignora a sus artistas

Luis Mauricio «El Gran Luigi»

Luis Mauricio tiene 11 años. Y, como a todo niño de esa edad, las palabras le salen a cuentagotas. Mira hacia abajo, con los hombros y los brazos caídos, en un cuadro que bien puede definir la timidez. Pero todo cambia cuando al fondo suena una pista para que él la decore con su voz. La postura de su cuerpo es mucho más relajada y los brazos se acompasan al ritmo mientras improvisa algunos versos.

Luis Mauricio saltó a la fama en El Salvador hace un mes y medio, cuando los miembros de una conocida página de Facebook lo grabaron haciendo lo que más le gusta en el mundo, después de que se frustró su intento por participar en el evento de un programa televisivo.

Desde entonces, su nombre artístico, el Gran Luigi, se ha convertido en uno de los más populares del ciberespacio salvadoreño: el video de su primera canción, «La vida», cuenta con más de 61,000 reproducciones con apenas una semana de lanzado. Todo un hito en un país de 6 millones de habitantes.

Aquí, sentado en el tronco de un árbol, en una acera cualquiera de San Salvador, el Gran Luigi parece no ser consciente de lo que eso significa. Apenas hace unas semanas le ayudaba a su madre, Brenda, quien vende dulces en el transporte público, a ganar algunos dólares cantando en los buses junto a su todavía inseparable bocina. Un trabajo que hacía desde hace unos años, sin el que su familia no podría haber pagado las cuentas a final de mes.

—¿Qué fue lo más arriesgado que te pasó trabajando en el transporte colectivo –se le consulta al pequeño.

—Aprender a tirarse de los buses –dice, entre risas, Brenda, su madre de 28 años, atajando la pregunta.

—¿Y él andaba solo desde el principio, cuando era un niño de nueve?

—Sí, andaba solo. Como allá en el trabajo de los vendedores es un bus cada uno. Él se iba en un bus y yo me iba en el que lo seguía, fuera la ruta que fuera –dice Brenda. El circuito de trabajo con el que cumplían todos los días iba del mercado Las Pulgas del bulevar de Los Héroes hasta Metrocentro. Unos 200 metros para ganarse la vida.

Comenzó, cuenta Luigi, cantando «canciones viejitas» acompañado de una caña, un instrumento conformado por una lata rellena de arroz o maicillo. Luego probó el beatboxing, el arte de hacer sonidos con la boca. Se decidió a rapear hace año y medio, para comenzar a imitar lo que hacían sus grandes referentes, el venezolano Canserbero y el mexicano C-Kan. Eso le cambiaría la vida.

Ahora, este niño de 11 años, residente en un barrio popular cercano al campus de la Universidad de El Salvador y asolado por las pandillas, puede jactarse de contar con casi 90,000 seguidores en Facebook y otros 45,000 en Instagram cuando apenas ha grabado una canción, una que suena por lo menos cuatro veces cada hora en la radio, según las cuentas de las emisoras Scan y YXY.

—Mi niño ha tenido suerte –dice Brenda, mirando a su hijo con una sonrisa repleta de orgullo. Yo he visto a muchos como él, pero nadie los toma en serio. Este país es un mal país para ser artista.

El Gran Luigi, además del empuje de la viralidad, ha contado con un apoyo adicional: Jota Sánchez, un veterano de la escena nacional que se ha movido como pez en el agua en el hip hop y otras hierbas. Ahora también capitanea el grupo Cumbia Negra, que combina este género musical con el rock.

Los veteranos. Adhesivo ha logrado presentarse en importantes escenarios de Colombia y México.

Él ha tomado las riendas de la carrera del pequeño después de algunas experiencias previas, como XD Five, un dúo de chalatecos que brilló hace algunos años con temas como «Dulzura», que compitió en las listas de popularidad nacionales con los artistas extranjeros.

Jota es ahora el encargado de sus redes sociales, de su agenda, de a quién o a quién no se le brinda un show, se le da una entrevista. Quien impide que un medio de comunicación visite la casa donde vive el niño, ubicada en un barrio empobrecido entre la frontera de San Salvador y Mejicanos. Brenda dice que el hombre moreno que guarda bajo una gorra su cabellera rubia se ha convertido en un regalo del cielo.

Mientras el pequeño y su mamá hablan, Jota vigila la conversación desde muy cerca. El niño dice que uno de sus temas favoritos para escribir canciones es la política. Quien platica con él, curioso, busca saber cuál es la opinión de un muchacho de 11 años sobre aquellos que manejan la cosa pública.

Jota se acerca aún más e interrumpe la conversación. Para él, este es un tema vedado, uno que les ha traído problemas en el pasado. Hace unas semanas, el Gran Luigi cantó en un evento organizado por el Gobierno. En las redes se desataron ataques contra él, en los que criticaban su apoyo a Hugo Martínez, el candiato del FMLN, que estuvo presente en esa ocasión.

—Te invitan a un evento de INJUVE y llega un político. Ya te relacionan con él… ¡si el niño ni siquiera vota! La realidad del niño es pensar en las necesidades que él tiene, que la música se puede convertir en el instrumento para cubrirlas –comenta Jota, la voz alzada, amenazando con terminar con la entrevista si se continúa con el tema.

Jota afirma que se preparan grandes cosas para el niño, como la grabación de un disco, que estará a cargo de PRV, su productor de cabecera y uno de los más respetados de la escena hip hop del país. Este se encargará de todo el proceso: el diseño de las pistas, la captación de la voz, el masterizado del producto final. No quiere que vuelva a hablarse del tema de la política alrededor de una criatura de 11 años. Por eso ha declinado las invitaciones de los equipos de campaña de los candidatos presidenciales para que el Gran Luigi dé un show en alguno de sus mítines.

—Nosotros en el trabajo con él no queremos que sea un King Flyp, pues, un fenómeno viral, sino alguien a quien se le construya una carrera. Y, usted sabe, la política es capaz de matar cualquier carrera –dice Jota.

Con tanta experiencia, Omniom sabe hablar al vuelo de lo que cuesta, por ejemplo, grabar una sola canción para una banda de cuatro personas: $300 por la captación de instrumentos y voces en el estudio, $100 por la mezcla y otros $150 por la masterización (un proceso que permite la optimización de los sonidos). En total, $550 por una sola pieza, algo elevado para una realidad económica como la salvadoreña.

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COMO EN EL TRABAJO de todo emprendedor, quien se decide a ser músico debe pensar en una inversión inicial, un primer empuje económico que permita que las potencialidades de un talento se conviertan en sonidos concretos. Si no se cuenta con recursos propios para dar este primer paso, o con el apoyo de un patrocinador que lo cubra, es prácticamente imposible. Sobre todo si quien lo sueña es un niño de 11 años que se dedica a cantar en los buses para ayudar con la subsistencia de su familia.

«Tener ingresos constantes es tan importante como el talento», dice Roberto Burgos, vocalista de la banda de death metal Dreamlore, una voz experta en el tema porque lleva casi dos décadas liderando una banda que, a pesar de su prestigio, con múltiples premios regionales, decenas de videos y canciones, todavía no es capaz de generarles ganancias a sus miembros.

Y en la música, una carrera comienza a perfilarse con el lanzamiento de un disco. La realidad es diferente dependiendo del género. No es lo mismo grabar a un solista que a una banda completa: el precio aumentará dependiendo de la complejidad y de las horas requeridas para completar el trabajo. En el país, cada corriente musical tiene un productor especializado. Si se trata de conjuntos musicales, sobre todo de jazz, el indicado es Jorge Lara, «la Vaca». Julio Rodas, por su lado, es el encargado del rock.

Agustín Anaya, mejor conocido como Omniom, es el maestro del hip hop, un estatus alcanzado en el país gracias a su trabajo de más de una década como productor del grupo Pescozada, quizá el más importante en el género de todos los que ha parido el país.

En su estudio de Mejicanos, un lugar acogedor pero diminuto, Omniom mira atento tres grandes pantallas. Allí calcula el volumen y el lugar exacto en el espacio que debe ocupar cada sonido. Acaba de recibir una visita bastante sui géneris para él: un dúo hondureño de música folclórica que colaboró con Los Guaraguao de Venezuela. Esta mañana, en cambio, trabajaba sobre una grabación del español Rapsusklei, una de las figuras más importantes del rap cantado en castellano.

Con tanta experiencia, Omniom sabe hablar al vuelo de lo que cuesta, por ejemplo, grabar una sola canción para una banda de cuatro personas: $300 por la captación de instrumentos y voces en el estudio, $100 por la mezcla y otros $150 por la masterización (un proceso que permite la optimización de los sonidos). En total, $550 por una sola pieza, algo elevado para una realidad económica como la salvadoreña. El hip hop y otros géneros parecidos, como el reguetón, resultan más baratos, sobre todo porque se trabaja sobre una pista. Un EP (disco de no más de media hora) puede grabarse en esas mismas cuatro horas.

Los veteranos. Pescozada, proveniente de Chalatenango, es el talento nacido en la periferia.

Otro asunto es el trabajo de producción. Expertos como él han sabido adaptarse al mercado salvadoreño y ofrecer facilidades. Él, por ejemplo, se ha inclinado por una suerte de combos. El artista, por ejemplo, puede comprarle una de las pistas compuestas por él, un «beat Omniom«, desde $189. A esto puede adicionarse la grabación de la voz y algunos ajustes de la mezcla. Todo esto junto a la masterización cuesta $325. Y hay todavía otras opciones, como el EP exclusivo, donde el productor se encarga de todo el proceso de hasta 30 minutos de música por $800. Una suma impensable para una familia como la del Gran Luigi y Brenda, que tendrían que ahorrar por meses todos los ingresos de su hogar para cubrirla.

Después de grabar un disco, comienza la rebusca, las estrategias por penetrar en el mercado, aquello que impida que esta inversión quede en el olvido. Una labor en la que los miembros de Pescozada son unos expertos. El grupo de Omniom, además de contar con una fuerte presencia en redes, está afiliado a dos organizaciones colectoras de regalías en Estados Unidos: así se aseguran de recibir el dinero generado cada vez que su música suena en cualquier parte del mundo.

A diferencia de Pescozada, Adhesivo, otra duradera banda nacional, no cuenta con este tipo de asociaciones. Por ello, no puede recibir más regalías por su música que aquellas que se reparten en servicios de streaming, como Spotify. Así lo explica Guillermo Serrano, líder del grupo de ska.

Guillermo es, desde hace más de una década, empleado de la Corte Suprema de Justicia. Cumple con un trabajo de 8 de la mañana a 4 de la tarde. La música, como sus tatuajes, es un elemento que se libera solo cuando deja de ser el Guillermo burócrata. Pero no podría sobrevivir sin la combinación de ambos mundos.

Adhesivo es una de las bandas salvadoreñas más conocidas a escala internacional. Ha logrado presentarse en festivales importantes, como Rock Al Parque, en Bogotá, o Vive Latino, en México. También ha colaborado con leyendas del ska como Doctor Shenka, vocalista de Panteón Rococó. Pero ello, dice Guillermo, es el resultado de una inversión: todo el dinero que Adhesivo genera (shows, venta de mercancías, streaming) no va a los bolsillos de sus miembros, sino a la banda, para que esta pueda dar unos pasos más.

«Tratamos de ser ordenados. Creo que la clave para durar está en eso. Nosotros planeamos nuestro futuro para un año o 18 meses», comenta Serrano, quien espera, después de más de 20 años de liderar a su banda, que la música alguna vez se convierta en un negocio rentable.

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EL GRAN LUIGI tiene claras sus prioridades: terminar la escuela y superar la formación de su madre, quien llegó al noveno grado, para convertirse en abogado; comprar una casa propia, donde sus hermanos y sus padres puedan, al fin, vivir con certidumbre; que de todo ello sobre algo para un carro, como el que Jota, su mánager, maneja. Por ello no le importa el cansancio, la agenda apretada para un niño de 11 años que, en un mundo ideal, debería estar en su casa y no ganándose el pan cantando en los buses.

Según Brenda, su madre, todas las pocas ganancias que se han generado con el trabajo del niño han ido a parar a sus bolsillos. Tanto que ahora ella ha podido dejar de vender dulces en los buses para acompañarlo en sus compromisos. En todo este tiempo, dice, Jota no ha recibido ni un centavo.

—Esto de la música es una inversión. No se miran ganancias sino mucho después. Mire lo que dicen los promotores de Ozuna, que para llevarlo donde está tuvieron que gastar más de $3 millones sin ver ni un solo centavo de vuelta por varios años. Esto es así, si se hace bien, es un trabajo de paciencia –comenta Jota, un hombre con pensamiento empresarial. Luego matiza su respuesta, y asegura que lo hace como una forma de devolver algo de lo que la música le ha dado. —A mí mi esposa me dice que ella nunca creyó que algún día podríamos vivir exclusivamente de la música.

El Gran Luigi, allá lejos, mientras le toman una fotografía, activa su bocina, su compañera de siempre, e improvisa algunos versos, feliz de poder sentir que el futuro, su futuro, se llena de música.