Soy divorciada

Una señora que he conocido hace poco me pregunta por mi marido. Le respondo con lo que parece ser confesión. La palabra en sí es fea: “divorciada”, un participio pasado que retumba en la boca como cuatro piedras naturales en marea alta. Decirlo es contar una historia completa con una breve etiqueta que solo invita silencios y cambios repentinos de plática. Parece punto final, pero no lo es, ni lo ha sido en mi caso particular. Y si la señora no hubiera cortado la conversación le habría dicho que mi matrimonio se acabó por varias razones, nada inusuales; murió de causas naturales. Hicimos terapia de pareja y el terapeuta solo nos hizo ver que el divorcio era la mejor opción. Para entonces ya se había perdido el respeto y la confianza y una relación así no era sostenible. De todos modos no lo recuerdo como un fracaso ni lamento el tiempo que pasé casada. En parte porque en algún lugar leí que el matrimonio normal dura ocho años y el nuestro fue casi el doble de tiempo. Ahora lo pienso como una etapa de la vida; la de criar hijos y lo hicimos juntos hasta donde pudimos. Pero hay relaciones que solo son para una temporada de la vida y no se dan para más. Lo único que sí me pesa es haber dejado ir la oportunidad de formar una unidad familiar cohesiva. Pero la verdad es que los que logran formar buen equipo no se divorcian.

Sin embargo aquí no quiero concentrarme en el divorcio, que en fin solo fue una parte del proceso que terminó dando vida a otras cosas. Fue una oportunidad de ofrecerme la vida a mí misma en vez de seguir ofreciéndola inútilmente a mi pareja. Después del divorcio pasé un periodo en que la libertad nueva me hizo sentirme como un colibrí con energía frenética pero sin tener fuerza ni poder real. Solo podía desperdiciar energía porque no sabía acumularla en lo productivo. Pero al poco tiempo tuve que hacer un nuevo nido y establecer nuevas normas para mis hijos. Había empezado a pintar como forma de escape durante el tiempo que nos tocó vivir juntos antes de que se formalizara el divorcio. Al tener un propio espacio seguí desarrollándome en la pintura y con el arte. Aprendí a andar en motocicleta y ando sola en mi vieja Buell 500 por el campo de Wisconsin. Además empecé a practicar jiu jitsu, un arte marcial en el que hay que estar en contacto físico constante con otros practicantes, la mayor parte de ellos son hombres que ahora considero casi hermanos. Pero un deporte así nunca me lo habría permitido el exmarido porque lo hubiera visto como algo no conveniente para una mujer casada. Esas consideraciones ya no son parte de mi realidad; viajo, estudio y escribo sin pedir permiso ni estar rindiendo cuentas a nadie.

Y no es que el divorcio sea una solución automática para los problemas de pareja ni que sea algo conveniente para una familia. A lo que he querido llegar es que el divorcio es apenas un alto de fuego y una oportunidad para empezar de nuevo, pero lo laborioso está en construir algo de valor de las ruinas que quedan. Le quisiera haber contado todo esto a esa señora que hace poco me preguntó si yo era casada. Le quisiera haber podido decir que el divorcio no es punto final.

Carta Editorial

Hoy Monseñor Óscar Arnulfo Romero llega a la más alta distinción que puede otorgar la Iglesia católica: la santidad. Y ojalá que pasara lo mismo con su lucha por los derechos humanos, la misma que lo llevó al martirio. Pero El Salvador nunca ha podido dejar atrás las desigualdades y las injusticias que él destacaba en sus homilías. Este sigue siendo un país que castiga la pobreza, que excluye, que discrimina y que tiene un sistema gordo y sano muy dispuesto a mantener la impunidad. Este sigue siendo ese país que Romero denunciaría con esa fuerza en la voz que nace del dolor empático.

Su nombre es ahora conocido en todo el mundo. Sus palabras son citadas por cualquiera que pretenda venderse como correcto. La figura de Romero ha pasado por un proceso que la ha convertido en un símbolo aceptado, ese del que cualquiera se puede apropiar en público para verse bien y ganar simpatías. Pero parafrasearlo y colgar su imagen no significa, como hemos visto ya, compromiso. Romero es conocido, sí, pero su causa, su preocupación, el verdadero sentido de lo que dijo e hizo son interiorizados por muy pocos.

“El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una persona que me amó tanto, que reclama mi amor. El cristianismo es Cristo», dijo en una de sus homilías en 1977 el que ahora es el salvadoreño más universal. En la entrevista que hemos incluido en esta edición, José Simán, amigo de Romero, destaca ese amor que sentía por las personas a las que la sociedad marginaba y sigue marginando. Ese sentimiento era lo que lo impulsaba a pedir el fin de la represión y que no se cumplieran las órdenes que implicaran matar.

Ojalá que en esta ola de popularidad que genera la canonización, su palabra deje de ser parte de los discursos vacíos de políticos y gobernantes y se convierta en vida. Vida para entregarla a buscar que educación, salud y justicia adquieran también ese carácter universal.

A Romero, el país que tenemos le seguiría causando dolor.

Al país que tenemos, un Romero con voz plena y sin miedo le seguiría pareciendo incómodo.

“Es intolerable que haya miles de ancianos y ancianas viviendo en la miseria”

Fotografía de Josep Rodenas

¿Cómo inició su trabajo en El Salvador?

El responsable es mi padre, Emilio Espín Amprimo. Él me mostró el abandono y la pobreza de los ancianos y ancianas, y lo que vi me conmovió y me comprometió a hacer algo desde el periodismo.

¿Qué espera conseguir con ese trabajo realizado?

Molestar. Esto es mostrar, indignar y movilizar. Miles de personas mayores malviven en champas, no reciben tratamiento para sus dolencias, sufren violencia y abandono y muchas veces pasan hambre.

En tres palabras, ¿cómo describiría la calidad de vida de los adultos mayores de El Salvador?

Bastan dos: “Te afecta”. Todos los jóvenes lectores deben saber que los sistemas económico, político y social no garantizan una vejez digna en El Salvador.

¿Qué le emociona de su profesión?

No me considero fotoperiodista; a lo sumo, un periodista que puede hacer fotos. Me emocionan los fotoperiodistas que se la juegan para contar los abusos del poder; me emociona más la ética que la estética.

¿Cuáles son los temas recurrentes en su trabajo?

Como periodista, me interesan los asuntos internacionales, más concretamente la desigualdad y Centroamérica. Como investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona, llevo algunos años estudiando las relaciones entre el poder y los medios de comunicación. Y como profesor, acabo de empezar a dar clases de Economía de la Comunicación a estudiantes de tercero de Periodismo y me gusta mucho.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuviera que comenzar otra vez?

Acabo de comenzar (otra vez) y me gusta lo que hago.

¿Cuál es la mayor urgencia de los adultos mayores en El Salvador?

Tener un ingreso mínimo garantizado que les permita vivir con dignidad. Es intolerable e indecente que haya miles de ancianos y ancianas viviendo en la miseria.

CUENTOS DE MEDIO MINUTO (14)

PRIMER INDOCUMENTADO

(Homenaje al cuentista húngaro István Örkény)

Cuando regresó por la vía de la deportación, lo primero que hizo, después del encuentro en familia, fue dirigirse al predio baldío que estaba inmediato. Ahí se arrodilló, y aspiró a profundidad el aire:
–Estoy aquí contigo, aire libre, porque sé que fuiste el primer indocumentado, y por eso me podés entender como nadie…
La ráfaga pasó sobre su frente, como el aleteo del buen augurio más inspirador.

EN LA FILA INDIA

Aquella ordenada multitud no cesaba de moverse hacia el interior en ningún momento del día, ni siquiera en la nocturnidad. Todos los aspirantes al ingreso parecían aceptar la espera con voluntad pacífica. Hasta que se acerca aquel anciano a todas luces iracundo. Cuando llegó a la entrada, le espetó al empleado:
–¿Y vos qué dijiste: este pendejo ya aceptó volver a su hogar de origen? ¡Pues no, cabrón, yo sigo siendo Adán, y quiero ser libre!

FICCIÓN AZUL

Las nubes se organizaban para aquella que sería, según todos los cálculos, la primera jornada estelar de la estación lluviosa. Y alguien, que ninguno de los bloques gaseosos presentes podía identificar, se venía acercando por una de las estribaciones del terreno, y al llegar les advirtió de pronto:
–Les aviso que se acercan las nuevas corrientes cálidas del cambio climático. Tienen que dejar de ser tan inocentes, muchachas…

EL NUEVO CICLO

Colgaron en la pared principal aquella manta que contenía un dibujo del mapamundi. Todos se ubicaron frente al dibujo, como si estuvieran en un aula de las de antes. El conductor de la sesión dio el toque para el comienzo:
–¿Listos? Aquí está el mapa. Hay que decidir a dónde vamos a ir a establecernos…
Alguien preguntó:
–¿Y por qué no se lo dejamos al azar? Eso es lo más congruente con nuestra naturaleza…
El conductor se mesó la esponjosa barba blanca:
–Sí, pero recuerden que fuimos dioses y hoy ya nadie nos lo reconoce.

MISIÓN FRAGANTE

La tierra estaba húmeda y el aire estaba seco. El caminante venía moviéndose desde una lejanía que se hallaba mucho más allá de la cadena de montañas visibles. Y como ya le pesaba la pequeña bolsa que traía colgada del hombro, buscó ayuda. Entró en una tiendita de antigüedades, y de inmediato ofreció:
–¿Quiere comprarme algo para tener yo con qué comer?
–¿Y qué trae?
–Las últimas flores del jardín de mi conciencia.

AL AIRE LIBRE

Cuando llegó la primera golondrina, alguien le preguntó desde algún ramaje próximo:
–¿Ya te cansaste de querer hacer verano?
Arribó entonces el jilguero despistado y la misma voz le dijo:
–Qué bueno que has renunciado a ser solista…
El cuervo estaba por posarse y la voz tuvo un amago de burla:
–Vas a tener que pedirle a tu amigo Edgar Allan que te ayude.
Los tres miraron hacia el ramaje:
–Nunca vas a salir de ese rincón donde has estado siempre, envidioso de las alas.

LA VERDADERA IDENTIDAD

Sonó el reloj de pie, con su repique clásico. Aunque se hallaba en un rincón, tenía la actitud de ser el centro de todo. La noche estaba empezando y los invitados comenzaban a llegar. El dueño de la casa se acercó al reloj:
–Como siempre, te pido silencio cuando estén aquí. Ya los conoces.
El reloj los conocía mejor que nadie. Eran las almas en pena que se reunían en la casa de su guardián para emocionarse con sus remembranzas, y lo que más angustia les daba era recordar que el tiempo existía y que tenía voz.

REVELACIÓN DEL ECO

Mientras las frases seguían destellando en el aire, el silencio del lugar parecía estar a la defensiva. Así lo sentía él, que era el protagonista, a pesar de todo.
¿Y qué significaba “todo”?
–La pregunta te compro.
–¿Y vos quién sos?
–Si lo adivinás te lo digo –ofreció entre risas.
–Ah, ya sé. El de siempre.
–¿Cómo así?
–Mi eco favorito.
–Cuidado, sin ofender. Yo no soy tu eco: soy tu otro yo.

EL OTRO OFICIO

Los empleados iban llegando a la oficina del jefe, para la reunión a la que habían sido convocados, y se ubicaban en sus asientos de siempre. Aquel lugar era por costumbre el orden en persona. Pero en aquel encuentro algo indefinible parecía variar la rutina.
Cuando el jefe apareció, todos se pusieron en guardia. ¿Qué era aquello? El señor se colocó en su podio y comenzó a gemir. Total silencio en torno.
Pasados unos cuantos minutos, el jefe carraspeó y dio inicio a su explicación:
–Los he reunido para anunciarles que esta empresa se cierra. No es cuestión de números, sino de letras. Yo me voy a dedicar a escribir mi historia y ustedes van a tener que buscar otras ocupaciones. No quedarán en el aire, porque yo voy a estar pendiente de ustedes en todo momento. Es lo que nos toca a los espíritus liberados de sus ataduras inútiles.

HORA PICO

El tráfico era un caos anunciado. Las filas de vehículos salían por todas partes. Y, para colmo, empezaba el azote de la lluvia. Como era natural a aquella hora, ellos iban uno detrás del otro, y aunque al principio él pensó que el todoterreno de ella estaba simplemente esperando turno de avance, cuando pasaron los minutos y la pitazón se hizo estruendosa, él se dio cuenta de que el vehículo de adelante estaba detenido.
Los dos se bajaron al mismo tiempo. Y al nomás verse todo lo que les rodeaba desapareció como por encanto. Dicen que la ilusión le cierra los ojos a la realidad.

Restaurantes de EUA acusados de explotar a hispanos

Sin opción de denuncia. Hay restaurantes que utilizan agencias de empleo para hallar trabajadores mexicanos a quienes les pagan menos del salario mínimo y explotan con horarios que sobrepasan las normas.

Una tarde de un lunes de agosto, poco después de que el Parque Memorial Ping Tom de Chicago cerró a las 10 de la noche, un grupo de hombres se acomodaba para pasar la noche. Algunos eran de Guatemala, otros de México y había un ciudadano estadounidense. Bromeaban, debían cerveza y se relajaban, algunos recostados en colchones sin sábanas, otros tirados en muebles viejos entre varios carritos de supermercados.

Los focos de un campo de béisbol cercano iluminaban parte del campamento y permitían ver botellas y cartones. El río Chicago está a un paso y a la distancia relucían los rascacielos de la ciudad.
Escondidos entre los árboles, detrás de unas vías, cerca de un muro de cemento, viven estos hombres, “debajo del puente”. Conductores y transeúntes que pasan por allí probablemente ni se dan cuenta de que esta gente está allí, y duerme debajo de ellos, ni de que muchos de estos hombres son la misma gente que corta sus vegetales, limpia los pisos y lleva comida a los bufés de los restaurantes asiáticos del centro del país.

José Luis Ruiz, de 39 años, de Michoacán, México, descansa sobre un colchón en el que pasará la noche, jugando con su teléfono. Encontró su primer trabajo en un aviso de un diario que buscaba lavaplatos. Ofrecía vivienda.

Dijo que trabaja en restaurantes chinos de todo el centro del país, de 12 a 13 horas diarias y gana $2,000 por mes. Cada vez que consigue un nuevo trabajo, le paga una comisión a una agencia de empleo. Ruiz y otro hombre que pidió no ser identificado afirmaron que ganan menos que el sueldo mínimo y que no les pagan horas extras en los restaurantes chinos de la zona limítrofe entre Wisconsin e Illinois.

El segundo hombre, que sigue trabajando en esto, declaró durante una entrevista de finales de septiembre que le pagan en efectivo, por lo que no hay registros de los sueldos ni de las horas trabajadas. Dijo que sus supervisores lo tratan bien y le dan una vivienda decente, pero que el sueldo es muy bajo.

Durante un descanso mientras limpiaba pisos en un restaurante de Waukegan, Illinois, el individuo afirmó que los inmigrantes sin permiso de residencia no tienen muchas alternativas. “¿Qué podemos hacer?”, preguntó. No fue posible hablar con el propietario del restaurante.

Ruiz, por su parte, dijo que planeaba levantarse temprano para tomar un tren de Amtrak hacia Detroit, donde tenía una entrevista para trabajar en un restaurante.

“Este trabajo no me ha rendido”, dijo Ruiz. “Trabajamos, pero a veces nos tratan mal. No echan a patadas, pero no tenemos otras opciones”.

Describió como “miserables” las condiciones de vida que ofrecía uno de los dos restaurantes de Illinois de la demanda. Hasta 15 empleados “habitaban un departamento de tres dormitorios y un solo baño, sin muebles, con excepción de colchones sucios, que los mismos empleados encontraban en un vertedero de la zona”. Los fiscales afirman que las agencias y los restaurantes “en forma conjuntan fijaban sueldos para los empleados latinos que llegaban a los $3.50 la hora, muy por debajo del salario mínimo de Illinois, que es de $8.25 la hora”.

***

 

AUTORIDADES TRAS LAS AGENCIAS

En 2015, la procuradora general de Illinois, Lisa Madigan, demandó a tres agencias de empleo del barrio chino de Chicago y a dos restaurantes de Illinois que habían usado sus servicios, diciendo que explotaban a los inmigrantes latinoamericanos en varios estados, incluido Wisconsin. Muchos de los trabajadores, reconocieron las agencias, no tenían permiso de residencia.

Los restaurantes usan las agencias porque les suministran “trabajadores mexicanos a los que les pagan menos que el sueldo mínimo y que son discriminados, aparentemente sin sufrir consecuencias”, de acuerdo con los fiscales.

La demanda dice que “las agencias de empleo básicamente actuaban como centros de abastecimiento para una industria de restaurantes con bufé que trataba de sacar provecho de sueldos y condiciones de empleo ilegales y de explotación… (y que) sistemáticamente seleccionaban y enviaban a trabajadores latinos vulnerables que eran expuestos a condiciones de trabajo pésimas en restaurantes dentro y fuera de Illinois”.

Describió como “miserables” las condiciones de vida que ofrecía uno de los dos restaurantes de Illinois de la demanda. Hasta 15 empleados “habitaban un departamento de tres dormitorios y un solo baño, sin muebles, con excepción de colchones sucios, que los mismos empleados encontraban en un vertedero de la zona”.

Explotación.

Los fiscales afirman que las agencias y los restaurantes “en forma conjuntan fijaban sueldos para los empleados latinos que llegaban a los $3.50 la hora, muy por debajo del salario mínimo de Illinois, que es de $8.25 la hora”.

Los dueños de tres agencias de empleo mencionadas en la demanda (Xing Ying, Jiao y la Agencia de Empleo Chinatown) negaron las acusaciones y aseguraron que los sueldos eran negociados por el empleado y el patrón, sin la participación de las agencias.

Las agencias de empleo cobraban a los restaurantes entre $120 y $220 por empleado, el cual debía reembolsar luego el dinero mediante descuentos de sus sueldos, de acuerdo con los fiscales.

Los empleados aseguran que trabajan de 12 a 14 horas diarias, seis días a la semana, sin descansos para comer. Empleados entrevistados por la oficina de la procuradora Madigan afirmaron que eran sometidos a fuertes presiones, abusos verbales y amenazas de violencia.

***

LA HISTORIA DE BETO

Beto, un mexicano de Guadalajara de 27 años, dijo a periodistas del Centro para un Periodismo de Investigación (CPI) de Wisconsin y al diario Chicago Sun-Times que había sido explotado en restaurantes a los que llegó a través de agencias de empleo. Beto pidió que no se usara su apellido por temor a ser deportado y a perder su trabajo en los restaurantes. No quiso ser fotografiado. Sigue trabajando en los restaurantes, pero no usa más agencias de empleo.

En el sótano de un centro comercial del barrio chino de Chicago, sentado junto a un par de oficinas de agencias de empleo con escasos muebles, Beto relató cómo era enviado de un restaurante asiático a otro en el centro del país. Generalmente trabajaba 11 o 12 horas diarias, a menudo sin descansos.
Le mostró al CPI una recomendación de Xing Ying fechada a finales de junio de 2018, escrita para un restaurante en Oshkosh, Wisconsin, donde cobraría $2,100 mensuales. Le cobraron $100 por el transporte y una comisión de $100.

La demanda especifica que se pagaban sueldos mensuales fijos, sin tomar en cuenta las horas trabajadas y que los ingresos “generalmente estaban por debajo del sueldo mínimo por ley”.
Beto dijo que consiguió su primer empleo en Appleton, Wisconsin, a través de una agencia de empleo del barrio chino hace unos dos años.

“A veces ni sabes dónde estás. A veces te decían, ‘vas a Indianápolis’ y cuando estabas en Indianápolis, alguien te recogía y te llevaba a otro sitio, a ciudades pequeñas”, dijo. Afirmó que los empleos pueden ser algo pasajero. Una vez, relató, un patrón lo mandó de vuelta a la agencia porque no le gustaban sus tatuajes.

“Si no les caes bien a estos tipos (los dueños de los restaurantes), te mandan de vuelta, no les importa si no tienes dinero”, manifestó Beto.

Agregó que pasó el invierno en departamentos fríos o en sótanos mojados suministrados por sus empleadores. Dijo que trabajaban muchas horas comiendo solo arroz blanco.

“A veces los que cocinan para ti no quieren gastar mucho dinero en ti”, dijo. Si alguien se quejaba, afirmó, lo amenazaban con llamar a la policía para que fuera deportado. Por eso nadie se queja.

En una reciente visita de periodistas a la agencia Xing Ying para este artículo, Beto violó esa norma.
Dijo que fue despedido después de que uno de los dueños del restaurante se enteró de que había estado hablando con periodistas. Sus pertenencias fueron colocadas en un banco frente a la agencia de empleo. Acotó que también fue desalojado por otra agencia de empleo en la que planeaba pasar la noche.

Aseguró que la mayoría de los empleados en los sitios donde trabajó eran mexicanos y que había también chinos. Los mexicanos, explicó, “son más baratos”.

Insuficiente. El dinero que ganan los empleados hispanos en este tipo de agencias no alcanza para que puedan contar con una vida digna.

Zhu Ying Zhang (“Cindy” para los trabajadores) y Jun Jin Cheung son los propietarios de Xing Ying, y también manejan la empresa, que tenía licencia para operar en Chicago, pero no para funcionar como agencia de empleo, de acuerdo con los fiscales.

Durante una reciente visita, había varios colchones junto a una pared en el departamento del segundo piso. Hacia la derecha había un pasillo con varias habitaciones. Unos seis trabajadores descansaban en los colchones y varios salieron de las habitaciones del pasillo. Al preguntárseles por la demanda, Zhang dijo que no entendía la pregunta y se fue de allí.

Cheung, que la fiscalía describe en su presentación como alguien que manejaba a los empleados con amenazas y violencia, no habló, pero miró con cara de pocos amigos a los demás y fumó durante una breve entrevista. Según la demanda, Xing Ying cobraba a hasta 10 empleados $10 la noche para que durmieran en la agencia.

La justicia ordenó al restaurante Hibachi Suchi Buffet de Cicero, Illinois, que les pagara un total de $96,000 en sueldos atrasados a siete empleados y multas al estado. Hibachi Grill Buffet de Elk Grove Village fue conminado a pagar $100,000 en sueldos atrasados a cuatro empleados, más multas.

La agencia Jiao tuvo que pagar una multa de $16,500, y la Agencia de Empleo Chinatown dejó de funcionar. En agosto, las autoridades llegaron a un acuerdo con Xing Ying, pero no se han dado a conocer los detalles.

Lisa Palumbo, abogada de Inmigración de la agrupación LAF, de Chicago, ofreció ayuda legal a los inmigrantes del caso de Madigan. Dijo que los patronos pudieron permanecer en el país, pero muchos de los trabajadores fueron deportados.

Carolyn Morales, organizadora del Centro Arise de Trabajadores de Chicago, que educa a los inmigrantes y a personas nacidas en Estados Unidos acerca de sus derechos y los organiza para mejorar las condiciones de trabajo, dijo que “la explotación de los trabajadores es común”, porque estas redes suministran empleados a restaurantes del centro del país y más allá.

Beto sostuvo que los empleados no pueden salir adelante trabajando para las agencias por las comisiones y los sueldos bajos.

“Casi nadie sale ganando” aquí, manifestó. “Nosotros no ganamos nada”.

Explotación. Los empleados hispanos aceptan las terribles condiciones laborales ofrecidas por las agencias intermediarias por temor a ser denunciados ante las autoridades de Inmigración.

Brasil se vuelca hacia la derecha con Bolsonaro

Sus modelos. Bolsonaro ha dicho que los gobiernos militares en Brasil nunca representaron una dictadura. También mira con buenos ojos a Donald Trump.

Los brasileños parecen decididos a entregarle la presidencia a un excapitán del ejército que añora los tiempos de la dictadura y promete encarcelar a los políticos corruptos y declararle una guerra abierta al tráfico de drogas y la delincuencia que azotan esta nación.

Jair Bolsonaro, un legislador de extrema derecha, casi gana la presidencia en la primera ronda el domingo. Se quedó corto por poco y ahora enfrentará al exalcalde de Sao Paulo Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, de izquierda, en la segunda vuelta el 28 de octubre. Sacó el 46 % de los votos en la ronda inicial y necesitaría muy pocos votos más para instalarse en el sillón presidencial.

La votación representó un verdadero cataclismo político en este país de 200 millones de habitantes, donde la izquierda había ganado las últimas cuatro elecciones. El movimiento, no obstante, se debilitó por escándalos de corrupción y la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

El viro de Brasil se encuadra dentro de una tendencia mundial, en la que tanto en Europa como en Estados Unidos el electorado le da la espalda al establishment y termina votando a menudo por candidatos populares de extrema derecha que ven con malos ojos a ciertas minorías y prometen restaurar los “valores tradicionales”.

El rumbo que tome Brasil tanto en lo político como en lo económico seguramente se hará sentir en las naciones vecinas. Y podría tener un impacto decisivo en relación con el colapso social y económico de Venezuela. Bolsonaro postula una línea dura hacia Venezuela, donde se está produciendo un enorme éxodo de gente que se instala en países vecinos, incluido Brasil.

El Partido Social y Liberal de Bolsonaro era una agrupación menor, que empezó a ganar terreno a principios del año a partir del inteligente uso de las redes sociales y de concentraciones muy bien preparadas. Bolsonaro ha elogiado a menudo a Donald Trump y su campaña copió muchas cosas de las que llevaron al magnate a la presidencia de Estados Unidos, desde feroces críticas a la prensa y la clase política hasta el uso de sus hijos en la campaña.

El partido de Bolsonaro obtuvo 52 bancas en la cámara baja del Congreso, donde en la última elección había sacado apenas una. Tiene ahora el 10 % de las bancas y es el segundo partido más grande, superado solo por el PT, que suma 56.

Brian Winter, jefe de Redacción de la revista Americas Quarterly, dijo que el resultado resalta “la desaparición total del centro” en Brasil y que Bolsonaro casi seguramente será el próximo presidente.

Haddad podría recibir el apoyo de otros candidatos, pero eso dará munición a Bolsonaro para asociarlo con la política tradicional. El PT cortejó el lunes en Twitter a todo aquel que crea en la democracia, y prometió unificar a la nación. Al candidato del PT, no obstante, le costará armar una coalición amplia en una contienda con tantas divisiones.
“Si no le das respuestas al enojo de la gente, no vas a conseguir votos”, dijo Winter.

A los brasileños les sobran razones para estar furiosos. Desde 2014 han visto incrédulos cómo fiscales investigadores revelaban la forma en que el gobierno manipulaba los contratos públicos y ofrecía favores a cambio de millones de dólares en coimas y sobornos. Buena parte de esa corrupción abarcó a figuras del PT y mucha gente dijo que votaba por Bolsonaro porque quería erradicar la corrupción.

Jana Tessarolo Clemente, veterinaria de 46 años de Sao Paulo, declaró que votó por el exmilitar porque está “en contra del PT más que a favor de Bolsonaro”.
“Cualquiera que viva en Brasil sabe que la vida empeoró con el PT, especialmente para la clase media”, agregó.

Brasil, por otro lado, está saliendo de una prolongada recesión, con alto desempleo y creciente delincuencia.

Bolsonaro, cuyo lema de campaña fue “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”, ha ensayado un relato nostálgico, que evoca tiempos mejores. En ese contexto, plantea dar marcha atrás con algunas conquistas de los gays y otras minorías, y una línea dura en torno de temas como la igualdad de la mujer. Ha dicho que preferiría tener un hijo muerto a uno gay y que una legisladora era “demasiado fea” como para que la violaran.

Para combatir la delincuencia, promete darle a la Policía piedra libre para que dispare primero y pregunte después, una política que, según dice, amedrentará a los delincuentes. Habla de relajar algunas leyes sobre tenencia de armas y permitir que más gente porte armas. Propuso la privatización de empresas estatales, un gobierno más pequeño que gasta menos y una economía más abierta.

Al candidato del PT le costará armar una coalición amplia en una contienda con tantas divisiones. “Si no le das respuestas al enojo de la gente, no vas a conseguir votos”.

Su promesa de dejar que la Policía haga lo que quiera, sus críticas de los movimientos sociales y de las reformas para hacer de Brasil un país más igualitario e inclusivo, combinado con sus frecuentes elogios a la dictadura militar que gobernó de 1964 a 1985 generan temores de que su gobierno empañará los valores democráticos y de que tenga tintes autoritarios. Ha dicho que se rodeará de exmilitares¨, y su compañero de fórmula es un general retirado.

Hay quienes pronostican que el impacto más inmediato de una victoria de Bolsonaro sería un marcado aumento en la violencia policial, en un país donde la Policía ya tiene fama de cometer excesos.

Se esperaba que Bolsonaro quedase primero el domingo, pero su desempeño fue mejor de lo que se anticipaba, ya que superó ampliamente a rivales con más dinero y apoyo de partidos tradicionales, y a pesar de no haber tenido tanto tiempo gratis en la televisión.

Su resonante victoria se vio favorecida por la proscripción del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a prisión por corrupción. Bolsonaro fue apuñalado durante la campaña y estuvo hospitalizado varias semanas en la recta final.

Bolsonaro y Haddad representan dos visiones radicalmente opuestas.

Bolsonaro habla de un país al borde del derrumbe, donde los narcotraficantes y los políticos roban con impunidad y se han perdido los valores morales. Haddad, por su parte, habla de una sociedad injusta gobernada por una élite que no soporta la idea de que los pobres progresen. Promete luchar contra la desigualdad, anular una reforma a las leyes laborales aprobadas el año pasado e invertir más dinero en educación.

Haddad se pasó buena parte de su campaña diciendo que la detención del popular Lula es injusta. Pero le ha costado limpiar la imagen del PT y evitar que el partido sea asociado con la corrupción.

A numerosos votantes desilusionados con la democracia no les complacen ni Bolsonaro ni Haddad.

Andrea Martins, abogada de 46 años, dijo que no pudo votar el domingo porque no estaba empadronada donde vive. Pero afirmó que hubiera votado “por Bolsonaro, desgarrada”, en respuesta a su desdén por el PT.

“Creo que necesitamos un milagro”, manifestó. “Un milagro sería que Bolsonaro vea la luz y gobierne para el pueblo, que no sea tan radical”.

Descontento. El secreto de Bolsonaro ha sido capitalizar el descontento popular ante graves casos de corrupción.

El náhuat, a temprana edad

Desfile. Las recientes fiestas de independencia fueron diferentes en las calles de Santo Domingo de Guzmán. Los niños de la Cuna Nahuát representaron sus costumbres y tradiciones en el desfile escolar.

“Cuando iniciamos teníamos rechazo de la comunidad a su identidad indígena. ‘No queremos que enseñen náhuat, queremos que enseñen inglés y computación’, decían los papás”, comenta el investigador y lingüista Jorge Lemus. En 2010, la Cuna Náhuat abrió sus puertas a niños en edades de entre tres a cinco años, hijos o nietos de hablantes del náhuat con el propósito de reivindicar la lengua materna.

Este centro de estudios está ubicado en el municipio de Santo Domingo de Guzmán, Sonsonate, a 73 kilómetros de San Salvador. El proyecto busca la conservación de la lengua pipil a través de un relevo generacional. “Continuamos con las clases, y la gente vio que, a raíz de la Cuna, comenzaron a venir otros proyectos, la comunidad se dio a conocer”, comenta Lemus, fundador de la Cuna Náhuat y director ejecutivo del Proyecto de Revitalización del Náhuat, que impulsa la Universidad Don Bosco.

Ejemplo del éxito del proyecto es que los niños que de aquí pasan al complejo escolar obtienen mejores resultados académicos, porque ya han tenido la oportunidad de desarrollar sus habilidades psicomotoras. Por eso, las expectativas de éxito escolar son mayores que las de un niño que no ha pasado por la Cuna. “Les preparamos para el éxito escolar, esta es una ganancia extra”, sentencia Lemus.

Tradición. Santo Domingo de Guzmán es un pueblo con una fuerte herencia indígena. Durante generaciones sus habitantes se han dedicado al trabajo de la alfarería de barro. Acá uno de los niños de la Cuna Náhuat representa a un tlameme con su cacaxtle.

Actualmente, se atienden 35 infantes, quienes aprenden a desarrollar sus habilidades psicomotrices. El sonido de sus cantos y voces en una lengua nada común resaltan en las silenciosas calles del municipio tras un mural de calles empedradas y casas coloniales que se desvelan al paso de un jinete y su caballo.

“Al niño se le enseña a autodeterminarse como indígena para que, cuando llegue a su edad adolescente, no se avergüence de sus raíces, sino que lleve una identidad, sepa qué es, de dónde viene”, argumenta Rosario Álvarez, directora de la Cuna.

Las profesoras son mujeres indígenas hablantes del náhuat, a quienes se les refiere con el título de nanzin tamatxtiani (maestro). “Ellas son señoras que no fueron a la escuela, pero tienen la sabiduría de haber criado y educado a sus hijos. Es una reivindicación de la mujer indígena. Pasaron de ser alfareras, amas de casa, a maestras”, agrega.

La mayor amenaza para la extinción de la lengua náhuat es la no continuidad de la enseñanza en primaria y los grados siguientes. No se contempla en el plan de educación. Nada ni nadie garantiza la conservación de esta. Pero, el canto de aquella marimba de meninos seguirá resonando en el tímpano de quien alguna vez los escuchó cantar, gritar o hablar en náhuat: la lengua que agoniza, pero se niega a morir.

Inclusión. En Cuna Náhuat dan clase mujeres nahuablantes. Este proyecto también les ha dado a ellas la oportunidad de obtener ingresos por medio de un empleo estable.

Avances. Los niños que se integran a Cuna Náhuat tienen mayores oportunidades de obtener resultados positivos cuando pasan al sistema escolar en educación primaria. Desarrollan habilidades psicomotoras.

Cuna Náhuat
Sin seguimiento. No hay manera de garantizar la continuidad del náhuat. Los niños de esta guardería no van a seguir familiarizados con el idioma cuando pasen a primaria. Se requiere de más esfuerzos en otro nivel para seguir con el aprendizaje.
Personal. El fundador de Cuna Náhuat, Jorge Lemus (centro); y su directora, Rosario Álvarez, posan con las maestras del proyecto, mujeres nahuablantes, a quienes se les conoce como nanzin tamatxtiani, maestras.
Contraste. El calzado de moda contrasta con el colorido de huarachas hechas a mano.

Tradición en tiempos modernos. Este municipio poco a poco trata de revivir sus raíces, su lengua y sus costumbres en un mundo cada vez más invadido por la modernidad. La foto con el celular tras el desfile de parvularia para el 15 de septiembre es una mezcla de ambas corrientes.

Desde pequeños. Los niños que asisten a esta institución tienen entre tres y cinco años; la mayoría es de ascendencia indígena.

Más allá del título

El pasado 18 de septiembre, el diputado Ricardo Velásquez Parker presentó ante la Asamblea Legislativa una iniciativa de ley para reformar el Código Electoral. La reforma pretende que se establezca el poseer un título universitario como requisito para ser candidato a la presidencia y vicepresidencia de la república.

Según el diputado de ARENA, los estudios mencionados deberían de ser afines a las ciencias económicas. Si la carrera del candidato no comprendiera esas áreas, debería de poseer una maestría, una especialización o un doctorado en dichas ciencias. Al momento de entregar la petición, Parker manifestó a la prensa que el país no podía seguir teniendo presidentes “sin las credenciales, sin las actitudes profesionales, académicas y la experiencia requerida mínima para poder conducir los destinos de una nación”.

Si bien es cierto que sería de suprema utilidad que un candidato tenga estudios superiores, estos no garantizan que se conviertan en un buen presidente. Los estudios universitarios no garantizan calidad ética ni humana, así como tampoco otras cualidades sutiles que ignoramos y que deberían de ser imprescindibles para el cargo.

Integridad, sensatez, honestidad, disciplina, honradez, eficiencia, ética, capacidad de liderazgo, visión de futuro, sentido del bien común, respeto a los demás (incluidos los enemigos políticos) son algunos de esos atributos adicionales que deberíamos exigir en los candidatos.

Tampoco estaría de más que sepan escuchar a todos los estratos de la ciudadanía, que sepan dialogar y no mantenerse a la defensiva, que sepan ser directos y claros cuando se les hace una pregunta difícil, que sepan dialogar, que no se sientan atacados u ofendidos cada vez que son criticados o cuestionados, y que estén convencidos de que las decisiones de país deben tomarse trascendiendo los intereses partidarios o sectoriales porque sirven para el bienestar de la nación.

Una formación en ciencias económicas tampoco garantiza una solución o un mejor manejo de los problemas del país. Lo económico es un factor importante para el gobierno de una nación, sin duda alguna. Pero las soluciones no pueden enfocarse ni limitarse a ser tratadas estrictamente desde lo económico. Administrar una empresa y administrar un país son dos cosas muy diferentes.

¿Por qué impedir que acceda a la presidencia alguien que, por ejemplo, tenga una formación en ciencias humanísticas? Nadie gobierna solo. Un presidente no puede saberlo ni controlarlo todo. Debe tener una visión del conjunto y tiene que descansar su gobierno en colaboradores que conozcan sus áreas de experticia.

Para eso conforma un Gabinete de Gobierno y se rodea de asesores que sabrán explicar la información necesaria para que la presidencia tome las mejores decisiones. Es a todo este cuerpo de funcionarios de quienes se debe esperar estudios específicos, experiencia y conocimiento de campo para las áreas requeridas. No deben otorgarse cargos por ser parientes o amigos de alguien con o cercano al poder.

Por lo demás, un título universitario no garantiza una personalidad sólida a nivel psicológico, que no se verá afectada ante las presiones permanentes del cargo y las consabidas tentaciones del poder. Vamos, un título universitario ni siquiera garantiza que la persona sea realmente inteligente.

Esto de la titulación es un tema recurrente en nuestra sociedad. Pero siempre que sale a luz termina convertido en un insulto colectivo para quienes no tenemos estudios superiores, porque se generaliza el prejuicio de que alguien sin título no tiene capacidad de trabajo, aprendizaje, conocimiento, inteligencia, etc.

En el país esto es tan extremo que hoy en día es difícil encontrar empleos que no exijan estudios superiores. En muchos lugares, para los puestos secretariales se piden por lo menos dos o tres años de universidad, por ejemplo. Muchísimas personas realizan sacrificios inmensos para seguir estudiando, convencidos de que el diploma garantizará un trabajo de calidad o, por lo menos, la facilidad continua de obtener alguno. Los titulados desempleados que me estén leyendo saben que eso es una falacia.

En mi caso, mi padre estudió hasta tercer grado y desde niño tuvo que trabajar con su madre para subsistir económicamente y mantener a un par de hermanos menores. Su ambición era que yo fuera a la universidad, un sueño que compartí con entusiasmo. Pero entonces pasó la guerra, que provocó muchísimos cambios en mi vida y que, al igual que a mi padre, me obligó a trabajar para mi subsistencia desde entonces.

Nunca entré a una universidad. Pero conociendo mi limitación, me dediqué al autoestudio, según lo necesitaba para los trabajos que iba realizando. Hay gente que me llama “licenciada” y hasta “doctora”. Lamento mucho la expresión de desilusión y estupefacción que les causo cuando aclaro que “solo soy bachiller”. Nunca lo he negado ni me da vergüenza decirlo. Tampoco me siento inferior por ello. Es mi realidad. Soy autodidacta. Y a toda honra. Nunca lo he visto como limitante más que a la hora de buscar trabajo, porque en este país se cree más en papeles, cartones y nombramientos “al dedo” que en las habilidades manifiestas de las personas.

El Artículo 151 de la Constitución de la República establece como requisito “la moralidad e instrucción notoria” para desempeñar el cargo presidencial, términos que resultan vagos y que pueden interpretarse y manipularse de muchas maneras.

Ahí es donde la ciudadanía juega un papel importante. Se necesita a una población pensante, que actúe por convicción y no por reacción, que tenga capacidad de observación y análisis pero, sobre todo, que tenga la independencia de tomar sus propias conclusiones sin dejarse arrastrar por las mareas ideológicas o partidarias, ni tampoco por la rabia e insatisfacción social que se viene percibiendo desde algunos años ante los últimos gobiernos.

Sería preferible que en vez de ciencias económicas, los candidatos tuvieran estudios de administración pública o de ciencias políticas, carreras que por desgracia no existen en nuestro país. Se debería de considerar como algo urgente fundarlas, ya que sin duda esto contribuiría a ampliar el espectro social de quienes acceden a la participación política en El Salvador, y mejoraría la administración pública, renovando y enriqueciendo nuestra forma de hacer y vivir la política.

Porque no es posible olvidar el pasado

Disfruto filosofar y me encantaría estar sentada tomándome un café con usted y conversando sobre este tema. Porque buscar la verdad libera y en El Salvador somos muy dados a intentar dejar atrás el pasado. Y con ello las responsabilidades por el tipo de país que hemos construido. Lamentablemente con esta actitud también perdemos la posibilidad de modificar lo que hemos hecho mal. Pero la historia y los hechos, aunque desagradables, no pueden ser olvidados. Por más que lo intenten algunos. Porque estos, inevitablemente, nos definen, nos limitan o nos potencian en la construcción del futuro. Sin reconocer los efectos del pasado y sin comprender su impacto en el presente, estos solo se siguen repitiendo en un ciclo interminable de intentos fracasados.

No pretendo decir que vivir en el ayer sea la solución. Eso sería ilógico. Es requerido vivir en el presente, atento y consciente, para poder construir el futuro. Sin embargo, cuando se vive en una sociedad como la salvadoreña, con una cultura de violencia que inicia en los hogares y se traslada al tráfico, a los lugares de trabajo y a los espacios de convivencia común, es difícil desentenderse y evitar comprender por qué o desde dónde persiste esta violencia que crece y se complejiza.

El pasado sirve para ser comprendido y para corregir los errores en el momento presente. Un problema que no es identificado ni comprendido a fondo difícilmente puede ser enmendado. Y este es uno de los pecados de origen del país. Nos vamos por las ramas, justificando los acontecimientos del presente, pero no tenemos el valor de buscar en el ayer los efectos que vivimos hoy.

Somos incapaces de cuestionar a los ídolos que nos hemos creado, porque tememos que se caiga el castillo de naipes construido a través de las décadas sin ningún rigor ni capacidad de revisión o de reflexión. No existen héroes, ni líderes, ni santos que sean perfectos. Simplemente no existen. Debemos sacarnos esa carga para ejercitar nuestra humanidad inherente, reconocer los desaciertos y definir con valentía el nivel de responsabilidad de cada uno. Y desde ese espacio, sin olvidar para no volver a repetir, avanzar hacia el futuro.

Las frases vacías de “pensemos solo en el futuro” o “construyamos hacia adelante” son un intento por ocultar la historia dolorosa y vergonzosa que este país ha vivido. Y mientras las historias colectivas y personales no sean observadas, aceptadas y comprendidas, difícilmente serán sanadas. Al pasado se va a buscar entendimiento, porque inevitablemente las claves del momento actual se encuentran en esos espacios que habitamos, en esas historias que vivimos, en las familias que crecimos.

Es difícil cuestionar a los héroes, privados y públicos, pero es necesario si deseamos que al hablar de honorabilidad y de ética esos conceptos sean reales y coherentes, y no solo ficciones pálidamente coloreadas. Requerimos aceptar que lo que existe son seres humanos falibles, con claroscuros, con amor, desamor y odio, que se equivocan a diario, pero que también a diario tienen la posibilidad de reconocer esos errores y enmendarlos.

A este país, a las familias y a los individuos nos hace falta honestidad para ver de frente las verdades, personales y colectivas, lo que nos sirve, pero también lo que es urgente corregir. Y cierro con la frase de la directora ejecutiva de AccesArte, Claudia Cristiani, que en la presentación de la publicación “La muerte violenta como realidad cotidiana. El Salvador 1912-2016” ofreció: “Ante la tentación que, contra toda lógica, representa descartar nuestro pasado como insumo para la definición de nuestro futuro, consideramos indispensable detenernos un momento y mirar atrás…”

No

En Chile se conmemoran los 30 años del icónico plebiscito en el que ganó el no. Un no que puso término a un período de la historia del país que aún genera incomodidad; un no que puso fin a la dictadura de Augusto Pinochet. Un no que redefinió la historia de Chile para siempre. Un no que aún resuena con felicidad entre millones de habitantes de este largo y angosto país al Sur de América.

Después de tres décadas, la historia de Chile sigue y estará por siempre marcada por el período de la dictadura, o del gobierno militar, como algunos prefieren llamarle. El general Pinochet también será por siempre una figura polémica: admirada por algunos y repudiada por otros tantos. Lo cierto es que fue una persona que se mantuvo en el poder durante 17 años en un país que exigía democracia y justicia para los miles de detenidos y desaparecidos.

El no fue una instancia histórica que requirió vencer miedos individuales y colectivos. Son los mismos que nos siguen recordando que ni las derechas ni las izquierdas están libres de culpas, porque las dictaduras no tienen ideologías.

Otro de los aspectos que me gustaría resaltar de esta hazaña chilena -además del éxito de la campaña del no que forma parte de los hitos comunicacionales de la historia política latinoamericana– es la lección que nos entrega a las actuales generaciones sobre la importancia de votar.

El no es un hito histórico que llamó a las urnas a millones de chilenos desacostumbrados a ejercer su derecho ciudadano al voto. Acudieron de forma masiva a las urnas para expresarse democráticamente ante una dictadura militar que había permanecido en el poder durante ya 15 años.

Cuando nos encontramos ad portas de iniciar un proceso electoral, bajo un contexto mucho menos adverso que el de aquel entonces en el país suramericano, creo que también es valiosísimo para nuestro país reflexionar en torno del peso y la relevancia que tiene hacer valer nuestro voto.

Siempre hay un aprendizaje detrás de cada historia. Y, en este caso, además del triunfo de una campaña que debía generar alegría en torno del no, es el de considerar que nuestros derechos en democracia no son una garantía. Hay que hacer uso de ellos, hay que exigirlos, no darlos por sentados y hacerlos valer. Votemos, porque podemos hacerlo, porque debemos hacerlo.

La reflexión es, entonces, aprender a valorar que en nuestro país el derecho al voto se ejerce y se respeta. Por lo mismo, debemos darle la relevancia que se merece y aprovechar estas instancias.

Nuestra generación da por sentada la democracia. Asume que las cosas funcionan así y que el voto es indiscutible. Sin embargo, no es necesario ir muy lejos en la historia, ni en el mapa, para darnos cuenta de que las dictaduras son reales y que el voto no es un derecho que se practica universalmente.

Que el triunfo del no sea un ejemplo para todos, tanto para celebrar la libertad como para reconocer el valor de la democracia y las elecciones libres y confiables.

Mientras tanto, evaluemos bien a los candidatos y asegurémonos de entregarle el poder al más idóneo. Hoy por hoy, todos estarán luchando por esa crucita que los hará llegar a gobernar el país y que seguramente definirá la historia de nuestro país.